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14/6/21

Imaginad un país donde la violencia de género no existe, estos crímenes pasan desapercibidos, las mujeres y los niños están completamente desprotegidos y denunciar el maltrato en un piso alquilado te cuesta un desahucio. Es vuestro admirado Estados Unidos

 Azahara Palomeque @Zahr_Bloom

 Un maltratador nunca será un buen padre -leo acertadamente. Voy más allá, un maltratador es un criminal por los cuatro costados y están demostrados los vínculos entre VG y terrorismo, por ej. Parar la violencia contra las mujeres es parar la violencia en general, punto.

Antes de que me lluevan críticas, esto no es un "borrado" de mujeres; nada más lejos de la realidad. Como con toda identidad, existe una interseccionalidad entre el género y otras violencias que hay que reconocer. Es la infancia, son también otros colectivos vulnerables. 

4:01 a. m. · 11 jun. 2021
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Azahara Palomeque @Zahr_Bloom

 Imaginad un país donde la violencia de género no existe, estos crímenes pasan desapercibidos, las mujeres y los niños están completamente desprotegidos y denunciar el maltrato en un piso alquilado te cuesta un desahucio. Es vuestro admirado #EEUU.

3:24 a. m. · 11 jun. 2021
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12/3/21

"Nos hacen creer que conseguir sexo o pareja es tan sencillo como comprar en Amazon"

  "Las periodistas Rosa Márquez y Marta Jaenes, creadoras del documental de Netflix ¿Qué coño está pasando?, reflexionan sobre las agresiones sexuales y la cultura de la violación en ¿Cerró usted las piernas? (Ediciones B). Un título que surge de la pregunta que en 2016 una jueza le hizo a la víctima de una violación, y que da entrada a un ensayo periodístico que busca desmontar los mitos y falacias en los que se sustentan la violencia machista y la cultura de la violación.

Cada capítulo comienza con la transcripción de un caso de violación. ¿Por qué es tan importante ponerle palabras?

Rosa Márquez (RM): La violencia sexual ha estado históricamente muy silenciada y eso ha propiciado que siguiera reproduciéndose, por eso creíamos que era necesario aportar testimonios de mujeres que hubieran vivido una situación así y se atrevieran a contarla.

Marta Jaenes (MJ): Cuando las entrevistamos, tanto Cristina Fallarás como Lucía Lijtmaer, ambas periodistas, nos hablaron de la importancia de los relatos en primera persona para el activismo. A través de estas experiencias otras mujeres pueden identificarse y perder a su vez el miedo a hablar.

 Se ha perpetuado un perfil de violador que es extranjero, de clase baja, marginal y reincidente. ¿Por qué es importante impugnar ese retrato?

MJ: En el 80% de los casos, agresor y víctima se conocían de antes, lo que significa que el violador era alguien de su entorno: un familiar, la pareja, un compañero de trabajo... Tampoco es verdad que la mayor parte de las agresiones las cometan extranjeros, ni enfermos mentales o psicópatas, son en su mayoría hombres normales y perfectamente integrados en la sociedad.

RM: Presentarlos como enfermos o monstruos sirve para separarlos del conjunto social y nos lleva a creer que esos actos que repudiamos solo pueden hacerlos tipos marginales. La sorpresa viene cuando los agresores resultan ser militares, guardia civiles, productores de cine o deportistas famosos a los que admirábamos, porque no encajan en nuestra idea (errónea) de lo que es un violador.

¿Qué peso tiene la cultura en nuestro modo de entender la violación?, ¿de qué forma la ha ido moldeando?, ¿creen que la ha idealizado?

RM: Se ha idealizado por ejemplo en la mitología. A partir de violaciones y raptos se han fundado ciudades o han nacido estirpes de dioses y héroes.

MJ: En el arte se ha erotizado porque se entendía que la sexualidad masculina era agresiva por naturaleza y que las mujeres, aunque al principio se resistieran, en el fondo les gustaba así.

El cine ha contribuido y de qué manera a esa idealización...

MJ: La violación de Mónica Belluci en Irreversible es una agresión a tiempo real de un sujeto misógino que además no para de insultarla mientras la golpea. Es una escena muy buscada en las páginas porno de internet, es decir, hay gente que se masturba viéndola.

RM: En el cine también se ha insistido mucho en que el "no" inicial de una mujer es el fondo un "sí" encubierto. Lo vimos en Perros de paja, donde la mujer del protagonista es violada por dos hombres pero en el fondo parece estar disfrutando o en Elle de Paul Verhoeven, donde la protagonista busca a su violador e inicia una extraña relación con él.

 Hablan de la hipersexualización del cuerpo de las mujeres y también de la cultura del porno. ¿En qué medida son corresponsables de esta cultura de la violación?

RM: Gran parte del porno que se hace hoy día se basa en la violencia y la humillación de las mujeres, solo hay que entrar en cualquier buscador y ver los títulos, a esto hay que añadir que la línea entre la realidad y la ficción se ha desdibujado, hasta el punto de que en páginas como Pornohub hay vídeos de violaciones reales y han estado colgados meses e incluso años hasta que alguien lo ha denunciado.

MJ: El principal problema es que el porno se está convirtiendo en la educación sexual de los jóvenes, porque es gratuito y de muy fácil acceso.

¿Hasta qué punto la violación incide en el deseo y el deseo en la violación? Me explico; ¿cómo se conjuga algo tan reprobable como una violación y la posibilidad de excitarse con ello?

RM: Todas las fantasías sexuales, mientras sean entre personas adultas y desde el consentimiento por parte de ambas, son legítimas, no hay nada de malo en ello. Pero no está de más preguntarnos de dónde vienen esos deseos y cómo los hemos construido.

MJ: Seguramente son consecuencia de esa erotización de la violencia de la que hablábamos.

¿De qué forma creen que la 'tinderización' de las relaciones trastoca nuestra forma de entender el deseo?, ¿se ha banalizado?

RM: El deseo se ha mercantilizado, se ha convertido en un bien de consumo muy rentable. La tinderización de las relaciones en consecuencia, por un lado del auge de la tecnología, y por otro del neoliberalismo porque en estas aplicaciones somos a la vez en consumidores y en productos y nos hacen creer que conseguir sexo o una pareja puede ser tan sencillo como comprar en Amazon (aunque luego no es así).

¿Qué dice de nuestra sociedad la proliferación de artilugios como Satisfyer o Lelo?

MJ: Somos, cada vez más, una sociedad individualista y sin tiempo para la pareja o para un deseo más elaborado, de ahí que el Satisfyer se presente como una revolución porque puede conseguir orgasmos en menos de dos minutos.

¿Y qué hay de la proliferación de los aliados feministas? Los hay muy motivados...

MJ: Una sociedad no cambia si solo lo hace la mitad de su población y la lucha por la igualdad nos beneficia a todos, por tanto los hombres son bienvenidos en el feminismo, siempre y cuando venga a aportar y no solo a hacerse la foto.

RM: Lo que pasa es que hay mucho falso aliado que en público defiende la lucha feminista y en su casa no es capaz ni de recoger la mesa, para ser feminista hay que empezar por ahí, compartiendo las tareas domésticas y los cuidados.

Canciones como 'Merichane' de Zahara o series como 'Podría destruirte', de Michaela Coel, empoderan y sirven de catarsis. Algo está cambiando...

MJ: Hasta ahora en la cultura como en casi todo, las mujeres apenas estábamos presentes como creadoras. Los cuadros, las novelas o las películas las hacían los hombres y las artistas eran invisibiles. Por suerte esto está cambiando y los ejemplos que nombras nos parecen muy valiosos porque aportan un punto de vista nuevo y distinto."                     (Entrevista a Rosa Márquez y Marta Jaenes,  Juan Losa, Público, 24/02/21)

15/9/20

El 60% de la violencia sexual es cometida por hombres conocidos, amigos o familiares de las mujeres... 2,8 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual

 "No contarlo por vergüenza. Temor a denunciar a un hombre que conoces. Miedo a que no te crean, a que tu historia no encaje son la imagen habitual de violación. Pensamientos suicidas. La última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer publicada por el Ministerio de Igualdad constata el impacto estadístico de la violencia sexual, pero también el impacto vital y emocional. 

En los últimos años, las mujeres de todo el mundo han roto el silencio sobre la violencia sexual en un fenómeno que marcará un antes y un después, pero los estigmas y estereotipos son aún la norma. Solo el 8% de las mujeres que sufren agresiones sexuales fuera de la pareja acude a los juzgados, la Policía o la Guardia Civil. La mayoría de agresores —un 99,6%— son hombres y un 60% de la violencia sexual es cometida por conocidos, amigos o familiares.

Los motivos para no denunciar dan idea de hasta qué punto la violencia sexual sigue estigmatizando a las mujeres. El 40,3% de quienes sufrieron violencia sexual y el 20,6% de las mujeres que fueron violadas no denunciaron por vergüenza. El 8,4% porque sintió que no era lo suficientemente importante. "Seguimos escuchando relatos que ponen sobre la vida sexual de las mujeres una especie de honra que queda manchada si se produce una agresión. Un ataque contra la sexualidad es algo que se tiene que tapar, y esto es algo que tiene que ver con cómo situamos la sexualidad femenina en la sociedad", explica la abogada especializada Carla Vall.

El 40,2% relata también que el hecho de ser menor las desincentivó a acudir a la justicia. El 'yo sí te creo' encuentra en esta encuesta un sentido cuantitativo: el 36,5% de las mujeres que sufrió violencia sexual y no denunció menciona el miedo a no ser creídas como factor clave.

Vall señala que hay un imaginario social perverso que sigue operando. "Parece que si sufres violencia sexual ya no puedes hacer nada. En ese sentido, los estereotipos sobre la violencia son mensajes aleccionadores". Por ejemplo, cuando la víctima de 'la manada' fue señalada por quedar con amigas, ir a la piscina y subir fotos en una fiesta a redes sociales. "No tenemos otro delito con una tensión tan fuerte entre la norma social y la jurídica: se pone el foco sobre la víctima, se la estigmatiza y recae en ella la sanción social, cuando normalmente opera sobre el agresor", describe la abogada.

Un dato da idea del impacto emocional que tiene para las mujeres la violencia sexual. El 27,7% de las mujeres que la sufren tienen pensamientos suicidas en algún momento de sus vidas, hasta el 38,2% de las mujeres que son violadas. "Tenemos aún un relato social muy ajeno a las violencias sexuales, cuesta a veces reconocer que eso que te ha pasado es violencia sexual, esa disociación entre el imaginario social y lo que a ti te pasa es un choque", cuenta Montse Pineda, experta en violencia sexual y coordinadora de Creación Positiva.

La cifra se mezcla, además, con otra que indica que son muchas las mujeres que no acuden, no solo a la justicia, sino a los recursos disponibles en busca de algún tipo de ayuda. "No vas por la vergüenza pero también porque te sientes cuestionada", añade Pineda.

Agresores conocidos

El choque puede aumentar si además el agresor es conocido: "Piensas 'qué he hecho para que me pase algo así' y si encima es tu pareja o un amigo familiar te sientes traicionada en el elemento de confianza". La Encuesta apunta a que el 9% de las mujeres de más de 16 años han sufrido violencia sexual por parte de alguna pareja actual o pasada.

Pero más allá de las relaciones 'estables', los datos del estudio desmontan la imagen clásica de la violación solo como eso que perpetra un hombre desconocido en un callejón. El 60% de las agresiones las cometen hombres conocidos. En el caso de las violaciones, el 20% las perpetran desconocidos frente al 80% de conocidos, familiares o amigos. Además, el 44,2% de las mujeres que relatan violencia sexual cuentan que sucedió en una casa. El 32%, en zonas abiertas, el 17,8%, en bares, discotecas o restaurantes.

"Ante conocidos no sueles verte tanto en una situación de riesgo, cuesta más identificar la violencia sexual e identificar a ese hombre como tu agresor", afirma Pineda, que se muestra preocupada por la raíz de toda esta violencia: "No estamos trabajando como deberíamos la base de todo esto ni la educación".               (Ana Requena, eldiario.es, 10/09/20)

 

"2,8 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual. La Macroencuesta del Ministerio de Igualdad muestra el machismo en todas sus formas: un 57% ha sido víctimas de tocamientos, miradas lascivas o ‘stalking’.

 La violencia machista física o sexual sufrida por las mujeres por parte de la pareja o exparejas se mantiene casi inalterable. La Macroencuesta de Violencia contra la mujer 2019, que se realiza cada cuatro años y se presentó este jueves, concluye que un 13,7% (2.802.914 mujeres) de la población femenina de 16 años o más residentes en España han soportado violencia sexual a lo largo de su vida de cualquier persona —pareja actual, parejas pasadas o personas con las que no se ha tenido relación—. Se ha producido un ligerísimo descenso en las agresiones dentro de la pareja, pero han aumentado, también en una ínfima proporción, fuera de la pareja con respecto a la encuesta de 2015.

 ¿Qué es lo que falla? Timanfaya Hernández, psicóloga forense y especializada en este tipo de violencia, explica que la situación no cambia debido a que se interviene “cuando ya ha pasado algo”. “Es necesario actuar en edades tempranas para que no se adopten ideas o mitos sobre los roles del hombre y la mujer, el control y la desigualdad en la relación”, aclara. En las consultas de su gabinete Globaltia psicología tratan situaciones de violencia en adolescentes. “A esa edad ya hay que tener muy interiorizados los valores de la igualdad, pero hay veces que no ocurre. Y eso es lo que falla”, comenta.

Este año, la consulta realizada por la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género ha querido ir más allá y ha preguntado por primera vez a las entrevistadas (9.568 personas) sobre otras formas de violencia sexual, que permiten concluir al Ministerio de Igualdad que una de cada dos mujeres (11,6 millones, un 57,3%) ha soportado violencia sexual por el mero hecho de serlo. Esta última cifra es global y comprende desde conductas más o menos severas como miradas lascivas, tocamientos, envíos de imágenes para intimidar, stalking (acoso continuado vigilando de forma permanente a la víctima), entre otras, a violaciones.

Se interpela a las entrevistadas sobre si han soportado miradas insistentes, si han recibido fotos o imágenes sexualmente explícitas, bromas sexuales o insinuaciones inapropiadas en las redes sociales que les hayan hecho sentirse ofendidas o humilladas. También, se pregunta por amenazas con consecuencias desagradables en su trabajo, como despidos si se rechazan propuestas sexuales y si se ha tenido contacto físico no deseado como tocamientos.

De esos 2,8 millones de mujeres víctimas de violencia física y sexual, un 6,5% (1,3 millones) fueron agredidas por personas con las que no han mantenido ninguna relación y a un 3,4% les sucedió en la infancia (antes de cumplir los 15 años). Un 2,2% (453.000 mujeres) han reconocido haber sido violadas alguna vez en su vida. Casi el total de las mujeres que han sufrido violencia sexual, aseguran que el agresor fue un hombre, y en la mitad de las ocasiones (49%) se trataba de un amigo o conocido.

El problema se agudiza debido a las pocas denuncias. Solo ocho de cada 100 víctimas de ataques y acosos fuera de la pareja denunciaron las agresiones a la Policía, la Guardia Civil o el Juzgado. En el caso de las que viven en pareja, ese índice sube al 22%. Las mujeres víctimas de una violación, aducen como motivos para no acudir a las instituciones y denunciar, la vergüenza, el ser menor, el temor a no ser creída y el miedo al agresor, por ese orden.

En el maltrato dentro de la pareja, no se denuncia sobre todo “por haberlo resuelto sola o no dar importancia a la violencia sufrida o haber terminado la relación”. A todo ello, se suman las consecuencias psicológicas que arrastran las víctimas. El estudio concreta que seis de cada 100 mujeres que han pasado por un episodio de violencia sexual, han tenido pensamientos de suicidio, cifra que sufre al 38% en las violaciones.

Autocrítica

Ante los datos, la ministra de Igualdad, Irene Montero, reconoció durante la presentación de la macroencuesta: “Es evidente que necesitamos hacer una autocrítica severa. Necesitamos políticas públicas concretas, porque somos conscientes de que la respuesta institucional es insuficiente”. Para ello, anunció la elaboración de una Estrategia Nacional contra las Violencias Machistas para 2021 a 2025.

Una víctima de violencia machista, que pide que no se den sus datos, explica que no se denuncia “por miedo”. “Yo me callé durante mucho tiempo. Al principio no eres consciente y cuando lo eres sigues ahí, porque has apostado por esa relación, tienes un hijo...”. Ella, licenciada y con un doctorado, denunció después de que su entonces marido le pegara un puñetazo que la tiró al suelo que le produjo una brecha en la cabeza. “Delante de mi hijo, a las puertas del colegio”. Uno de los problemas son las pruebas, tener testigos, un parte médico... “No es siempre posible, porque no te pegan una paliza, son bofetones, te cogen del cuello, te tiran contra la pared, puedes tener moratones, pero pueden pasar por un golpe con una puerta”. Ahora ha pasado página, pero reclama más especialización en el personal de los juzgados y más información de a qué se enfrentan las víctimas al denunciar.

Los hombres van por detrás en los cambios

Miguel Lorente, exdelegado de violencia de género, considera que se está produciendo cierto cambio en la sociedad en cuanto a la violencia de género, pero no es homogéneo. “Han aumentado las denuncias con respecto a 2011, pero es una circunstancia propiciada por el cambio de conciencia de las mujeres, que no aguantan determinadas situaciones”, comenta. Sin embargo, considera que los hombres van por detrás de este cambio de mentalidad y “no han cambiado casi nada al respecto, van por detrás de las mujeres, y por eso todavía se recurre a la violencia”. 

Esta es la razón por la que existen muchos episodios relacionados con violencia de género que ni se cuestiona denunciarlos. "La agresión física, psicológica, sexual, todo se sigue encuadrando dentro de una cierta normalidad. Incluso se justifica con razonamientos del tipo “se me ha ido la cabeza”. “Se intenta quitar trascendencia a estos hechos”, concreta. Esta situación, de restar importancia a la violencia, la ha vivido Lorente con mujeres ejerciendo de forense. “Me impactaron comentarios como 'mi marido me pega lo normal, pero esta vez se ha pasado”, relata. Mantiene que hay que detectar a las mujeres con problemas, no esperar a que denuncien. “Porque estamos viendo que no lo hacen”.                  (Esther Sánchez, El País, 10/09/20)

9/1/09

La violencia doméstica

"Muchas asociaciones feministas se preguntan por qué, si el que pega a su vecino no va a rehabilitación, lo hace el que golpea a una mujer. Enrique Echeburua, catedrático en Psicología Clínica y pionero del estudio de la violencia machista en España, considera que las primeras interesadas en que esto sea así son las mujeres. Él llegó a la rehabilitación de maltratadores hace 15 años a partir del trabajo con maltratadas. "Esos hombres tendrán más relaciones aunque vayan a la cárcel, y alguien violento es una bomba". En todo caso, los programas no llevan aparejados beneficios penitenciarios.

Dos terapeutas controlan a grupos de 10 reclusos. La terapia consta de reuniones de dos horas semanales durante un año, aparte de la tarea para hacer en casa o la celda. La autoexploración sentimental es parte fundamental del tratamiento de hombres que no saben contener su ira. Para aprender a reaccionar, apuntan en un bloc qué han sentido y cómo han reaccionado a determinados acontecimientos.

Para un déspota, cualquier tos es una provocación. Buena parte de los incidentes nacen de la incapacidad de los maltratadores para entender que el mundo no está en guerra contra ellos. A Rita Cassia Santos su novio le pegaba "porque era guapa". El 29 de enero de 2007 la mató de un disparo en Soria. Una de las prioridades de los terapeutas es hacer comprender a los agresores que si, cuando llegan del bar, la sopa está fría, no es porque su mujer haya estado flirteando con todo el barrio.

Los psicólogos insisten también en transformar los roles. Ángel Gramage, terapeuta de familia y miembro del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, considera que el reparto de papeles activos y pasivos desde la infancia explica que entre homosexuales también exista la violencia doméstica: "Se enseña a vivir en pareja desde la desigualdad. La parte que ha sido educada para luchar (el papel masculino) recluye a la preparada para amar y cuidar (el femenino), cortándole la autonomía. Es el prejuicio de la dominación".

Según Enrique Echeburua, el maltrato nace no sólo de una mala educación sobre el papel de la mujer, también del uso de la violencia para resolver conflictos. "Si los niños ven en casa que ejerciendo la violencia te sales con la tuya, seguirán ese camino".

Los terapeutas de Instituciones Penitenciarias calculan que un tercio de los participantes en los programas quedan rehabilitados casi por completo y la mitad parcialmente. Echeburua es más pesimista: sus estudios muestran que sólo un 60% no se desvincula de los programas; de los que siguen, el 67% no reincide pasado un año. "No es para tirar cohetes, pero es necesario", concluye.

Frente a la reinserción, se plantea un debate ético: ¿cómo acoger a un hombre que maltrata a su mujer? Joan Carles Navarro, director del centro penitenciario Brians 1 (Cataluña), sabe que "tiene mejor pronóstico la persona que es bien acogida, pero eso es muy complicado". Jesús Herrero, psicólogo de un programa de rehabilitación en cárceles del País Vasco, está de acuerdo: "El rechazo social tiene que ser patente, pero individualmente hay que tender puentes para recuperar al maltratador y salvar vidas". (...)

Conocer al que mata mujeres parece imprescindible. El problema es que, más allá de los clichés, no hay un prototipo de maltratador. El cruce de perfiles psicológicos y un estudio de casos del Consejo General del Poder Judicial muestra un tipo que ni está loco, ni es drogadicto ni alcohólico, sino un español de entre 25 y 40 años con un trabajo poco cualificado que actúa en pleno uso de sus facultades mentales. Pasearse por un juzgado de violencia parece corroborar la extracción social de los maltratadores, pero la juez Chirinos avisa contra las opiniones precipitadas: "Hoy no, pero otros días hemos juzgado a profesores universitarios e incluso a abogados". Ninguna clase social está a salvo de la ira.

La idea de la predeterminación psicológica del agresor tiene mucho de bálsamo tranquilizador, "pero también es cierto que la mayoría de los que llegan a los delitos más graves (homicidio, lesiones) reúnen una serie de características", explica Isabel Iborra, del Centro Reina Sofía. Son las distorsiones de la realidad, la falta de empatía... ¿Y existe un perfil psicológico de maltratada? "La responsabilidad hay que ponerla exclusivamente en el maltratador", ataja Iborra. Sin embargo, resulta innegable que hay mujeres que huyen de la vera de su verdugo antes que otras. "Es cierto que algunas personas han vivido situaciones anormales que les hacen pensar que otras son corrientes. Un tercio de las maltratadas habían sufrido ya maltratos alguna vez. Otras han sido educadas en la sumisión, y siempre hay gente más vulnerable; pero lo principal es que los agresores trabajan machacándolas psicológicamente para que acepten los abusos". Echeburua confirma que hay mujeres que sufren a veces alteraciones cognitivas. Incluso chicas muy jóvenes aceptan el control masculino como una demostración de cariño, como un corolario a la pasión. (...)

Las mujeres van ganando poco a poco cotas de libertad, y los hombres más refractarios a permitirlo actúan con agresividad. La sucesora de Comas, Inmaculada Montalbán, coincide en el análisis de que el crimen es el resultado de los intentos de la mujer por deshacerse de las cadenas del hábito de dominación. "Estas muertes revelan que hay hombres que no admiten el uso que hace la mujer de su autonomía. La violencia es una respuesta al intento de liberación. Por eso es en los momentos en los que se anuncia la separación cuando aumenta el riesgo de agresión". En los días en que las mujeres no protestaban, no hacía falta matarlas.

Maximino Couto o Antonio Urban aniquilaron a sus víctimas no en un arranque de ira, sino como un ajusticiamiento. Sus asesinatos estaban planeados. Se hicieron con el arma del crimen, esperaron a que la víctima no pudiera escapar, a que bajase la guardia. Sabían que sacrificaban su libertad, sus apoyos sociales, incluso el amor de su vida, pero la frialdad con la que cometieron el asesinato hace pensar que era una cuestión de principios, los suyos. Con su aborrecible crimen dejaban escrito un manifiesto y la defensa de un proyecto social: la supremacía masculina, el sometimiento de las mujeres levantiscas.

Isabel Iborra opina que esta línea de análisis, la más común entre los grupos feministas, entraña el riesgo de convertir al asesino en mártir; y tampoco se puede caer en idealizaciones: al lado del 20% de maltratadores que se suicidaron este año porque no soportan la condena social o el dolor, y del 20% que se entregaron con culpa u orgullo, más de un 50% escaparon como conejos. Para esta especialista es fundamental no regalar justificaciones al asesino.

Iborra desarrolla la idea: el crimen pasional es un concepto romántico para explicar un acto horrendo; el crimen por compasión (ancianos que matan a su pareja por no poder cuidarla y luego se suicidan), una nueva versión de impotencia y sentido de la propiedad. "Siempre hay un hecho precipitador, o una simple excusa: una pelea, el miedo a que te abandonen, a no responder a las expectativas, pero el problema es que estos individuos no saben resolver los conflictos", concluye. El crimen es el último eslabón, otra cosa es que los vecinos no sintieran que los tabiques palpitaban mientras en su interior se gestaba el drama.

El ciclo sólo lo puede romper la mujer. Y las que están en una situación más dramática únicamente lo harán con ayuda. Pero hay pocas que piden auxilio. El porcentaje de fallecidas en 2008 que habían denunciado a su pareja o ex pareja fue tan sólo del 23%, menor que en 2006. (...)

Para responder a la primera cuestión, se puede revisar el Segundo informe internacional de violencia contra la mujer del Centro Reina Sofía. El trabajo, con datos de 2003, sitúa a España porcentualmente a la cola de los países europeos en número de asesinadas por violencia de género, por debajo de países de la primera división social, como Reino Unido, Dinamarca, Finlandia o Suiza. (...)

El caso de España es particular: se viven como un problema cultural, en buena parte como resultado de una muerte traumática, la de Ana Orantes, una granadina a la que en 1997, tras haber denunciado por televisión a su marido, éste ató a un radiador y quemó viva con gasolina.La preocupación por el tema, que ha llevado a computar los casos de violencia machista como la primera causa de muerte dolosa violenta, ha convertido a España en una referencia judicial en el mundo. Se ha sacado el problema del ámbito privado y trasladado al público como problema de derechos humanos. Las autoridades no se cansan de repetirlo. El lado oscuro de esa actitud es que ha creado una sensación de depresión y culpa generalizada." (El País, Domingo, 04/01/2009, p. 2/5)