Los motivos para no denunciar dan idea de hasta qué punto la
violencia sexual sigue estigmatizando a las mujeres. El 40,3% de quienes
sufrieron violencia sexual y el 20,6% de las mujeres que fueron
violadas no denunciaron por vergüenza. El 8,4% porque sintió que no era
lo suficientemente importante. "Seguimos escuchando relatos que ponen
sobre la vida sexual de las mujeres una especie de honra que queda
manchada si se produce una agresión. Un ataque contra la sexualidad es
algo que se tiene que tapar, y esto es algo que tiene que ver con cómo
situamos la sexualidad femenina en la sociedad", explica la abogada
especializada Carla Vall.
El 40,2% relata también que el hecho de ser menor las
desincentivó a acudir a la justicia. El 'yo sí te creo' encuentra en
esta encuesta un sentido cuantitativo: el 36,5% de las mujeres que
sufrió violencia sexual y no denunció menciona el miedo a no ser creídas
como factor clave.
Vall señala que hay un imaginario social perverso que sigue
operando. "Parece que si sufres violencia sexual ya no puedes hacer
nada. En ese sentido, los estereotipos sobre la violencia son mensajes
aleccionadores". Por ejemplo, cuando la víctima de 'la manada' fue
señalada por quedar con amigas, ir a la piscina y subir fotos en una
fiesta a redes sociales. "No tenemos otro delito con una tensión tan
fuerte entre la norma social y la jurídica: se pone el foco sobre la
víctima, se la estigmatiza y recae en ella la sanción social, cuando
normalmente opera sobre el agresor", describe la abogada.
Un dato da idea del impacto emocional que tiene para las mujeres
la violencia sexual. El 27,7% de las mujeres que la sufren tienen
pensamientos suicidas en algún momento de sus vidas, hasta el 38,2% de
las mujeres que son violadas. "Tenemos aún un relato social muy ajeno a
las violencias sexuales, cuesta a veces reconocer que eso que te ha
pasado es violencia sexual, esa disociación entre el imaginario social y
lo que a ti te pasa es un choque", cuenta Montse Pineda, experta en
violencia sexual y coordinadora de Creación Positiva.
La cifra se mezcla, además, con otra que indica que son muchas
las mujeres que no acuden, no solo a la justicia, sino a los recursos
disponibles en busca de algún tipo de ayuda. "No vas por la vergüenza
pero también porque te sientes cuestionada", añade Pineda.
Agresores conocidos
El choque puede aumentar si además el agresor es conocido:
"Piensas 'qué he hecho para que me pase algo así' y si encima es tu
pareja o un amigo familiar te sientes traicionada en el elemento de
confianza". La Encuesta apunta a que el 9% de las mujeres de más de 16
años han sufrido violencia sexual por parte de alguna pareja actual o
pasada.
Pero más allá de las relaciones 'estables', los datos del
estudio desmontan la imagen clásica de la violación solo como eso que
perpetra un hombre desconocido en un callejón. El 60% de las agresiones
las cometen hombres conocidos. En el caso de las violaciones, el 20% las
perpetran desconocidos frente al 80% de conocidos, familiares o amigos.
Además, el 44,2% de las mujeres que relatan violencia sexual cuentan
que sucedió en una casa. El 32%, en zonas abiertas, el 17,8%, en bares,
discotecas o restaurantes.
"Ante conocidos no sueles verte tanto en una situación de
riesgo, cuesta más identificar la violencia sexual e identificar a ese
hombre como tu agresor", afirma Pineda, que se muestra preocupada por la
raíz de toda esta violencia: "No estamos trabajando como deberíamos la
base de todo esto ni la educación". (Ana Requena, eldiario.es, 10/09/20)
"2,8 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual. La
Macroencuesta del Ministerio de Igualdad muestra el machismo en todas
sus formas: un 57% ha sido víctimas de tocamientos, miradas lascivas o
‘stalking’.
La violencia machista física o sexual sufrida por las mujeres por parte de la pareja o exparejas se mantiene casi inalterable. La Macroencuesta de Violencia contra la mujer 2019,
que se realiza cada cuatro años y se presentó este jueves, concluye que
un 13,7% (2.802.914 mujeres) de la población femenina de 16 años o más
residentes en España han soportado violencia sexual a lo largo de su
vida de cualquier persona —pareja actual, parejas pasadas o personas con
las que no se ha tenido relación—. Se ha producido un ligerísimo
descenso en las agresiones dentro de la pareja, pero han aumentado,
también en una ínfima proporción, fuera de la pareja con respecto a la
encuesta de 2015.
¿Qué es lo que falla? Timanfaya Hernández, psicóloga forense y
especializada en este tipo de violencia, explica que la situación no
cambia debido a que se interviene “cuando ya ha pasado algo”. “Es
necesario actuar en edades tempranas para que no se adopten ideas o
mitos sobre los roles del hombre y la mujer, el control y la desigualdad
en la relación”, aclara. En las consultas de su gabinete Globaltia
psicología tratan situaciones de violencia en adolescentes. “A esa edad
ya hay que tener muy interiorizados los valores de la igualdad, pero hay
veces que no ocurre. Y eso es lo que falla”, comenta.
Este año, la consulta realizada por la Delegación de
Gobierno contra la Violencia de Género ha querido ir más allá y ha
preguntado por primera vez a las entrevistadas (9.568 personas) sobre
otras formas de violencia sexual, que permiten concluir al Ministerio de
Igualdad que una de cada dos mujeres (11,6 millones, un 57,3%) ha
soportado violencia sexual por el mero hecho de serlo. Esta última cifra
es global y comprende desde conductas más o menos severas como miradas
lascivas, tocamientos, envíos de imágenes para intimidar, stalking (acoso continuado vigilando de forma permanente a la víctima), entre otras, a violaciones.
Se
interpela a las entrevistadas sobre si han soportado miradas
insistentes, si han recibido fotos o imágenes sexualmente explícitas,
bromas sexuales o insinuaciones inapropiadas en las redes sociales que
les hayan hecho sentirse ofendidas o humilladas. También, se pregunta
por amenazas con consecuencias desagradables en su trabajo, como
despidos si se rechazan propuestas sexuales y si se ha tenido contacto
físico no deseado como tocamientos.
De esos 2,8 millones
de mujeres víctimas de violencia física y sexual, un 6,5% (1,3 millones)
fueron agredidas por personas con las que no han mantenido ninguna
relación y a un 3,4% les sucedió en la infancia (antes de cumplir los 15
años). Un 2,2% (453.000 mujeres) han reconocido haber sido violadas
alguna vez en su vida. Casi el total de las mujeres que han sufrido
violencia sexual, aseguran que el agresor fue un hombre, y en la mitad
de las ocasiones (49%) se trataba de un amigo o conocido.
El
problema se agudiza debido a las pocas denuncias. Solo ocho de cada 100
víctimas de ataques y acosos fuera de la pareja denunciaron las
agresiones a la Policía, la Guardia Civil o el Juzgado. En el caso de
las que viven en pareja, ese índice sube al 22%. Las mujeres víctimas de
una violación, aducen como motivos para no acudir a las instituciones y
denunciar, la vergüenza, el ser menor, el temor a no ser creída y el
miedo al agresor, por ese orden.
En el maltrato dentro de la pareja, no se denuncia sobre
todo “por haberlo resuelto sola o no dar importancia a la violencia
sufrida o haber terminado la relación”. A todo ello, se suman las
consecuencias psicológicas que arrastran las víctimas. El estudio
concreta que seis de cada 100 mujeres que han pasado por un episodio de
violencia sexual, han tenido pensamientos de suicidio, cifra que sufre
al 38% en las violaciones.
Autocrítica
Ante
los datos, la ministra de Igualdad, Irene Montero, reconoció durante la
presentación de la macroencuesta: “Es evidente que necesitamos hacer
una autocrítica severa. Necesitamos políticas públicas concretas, porque
somos conscientes de que la respuesta institucional es insuficiente”.
Para ello, anunció la elaboración de una Estrategia Nacional contra las
Violencias Machistas para 2021 a 2025.
Una víctima de violencia machista, que pide que no se den
sus datos, explica que no se denuncia “por miedo”. “Yo me callé durante
mucho tiempo. Al principio no eres consciente y cuando lo eres sigues
ahí, porque has apostado por esa relación, tienes un hijo...”. Ella,
licenciada y con un doctorado, denunció después de que su entonces
marido le pegara un puñetazo que la tiró al suelo que le produjo una
brecha en la cabeza. “Delante de mi hijo, a las puertas del colegio”.
Uno de los problemas son las pruebas, tener testigos, un parte médico...
“No es siempre posible, porque no te pegan una paliza, son bofetones,
te cogen del cuello, te tiran contra la pared, puedes tener moratones,
pero pueden pasar por un golpe con una puerta”. Ahora ha pasado página,
pero reclama más especialización en el personal de los juzgados y más
información de a qué se enfrentan las víctimas al denunciar.
Los hombres van por detrás en los cambios
Miguel
Lorente, exdelegado de violencia de género, considera que se está
produciendo cierto cambio en la sociedad en cuanto a la violencia de
género, pero no es homogéneo. “Han aumentado las denuncias con respecto a
2011, pero es una circunstancia propiciada por el cambio de conciencia
de las mujeres, que no aguantan determinadas situaciones”, comenta. Sin
embargo, considera que los hombres van por detrás de este cambio de
mentalidad y “no han cambiado casi nada al respecto, van por detrás de
las mujeres, y por eso todavía se recurre a la violencia”.
Esta es la
razón por la que existen muchos episodios relacionados con violencia de
género que ni se cuestiona denunciarlos. "La agresión física,
psicológica, sexual, todo se sigue encuadrando dentro de una cierta
normalidad. Incluso se justifica con razonamientos del tipo “se me ha
ido la cabeza”. “Se intenta quitar trascendencia a estos hechos”,
concreta. Esta situación, de restar importancia a la violencia, la ha
vivido Lorente con mujeres ejerciendo de forense. “Me impactaron
comentarios como 'mi marido me pega lo normal, pero esta vez se ha
pasado”, relata. Mantiene que hay que detectar a las mujeres con
problemas, no esperar a que denuncien. “Porque estamos viendo que no lo
hacen”. (Esther Sánchez, El País, 10/09/20)