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29/1/24

Giorgia Meloni resume en una frase el odio de la derecha hacia los pobres... Pasar la responsabilidad de un sistema a sus víctimas es el objetivo de quienes quieren gobernar a los pobres, no liberar a la sociedad de la pobreza. Hay algunos que están “orgullosos” de ello, como Meloni

 "La fuerza impulsora detrás del odio a los pobres es la idea de “trabajo”. No sólo el trabajo disponible –precario, brutal, cada vez peor pagado, a veces incluso sin remuneración– sino, lo más importante, el trabajo que no existe. Este trabajo inexistente es lo que se supone que persiguen los “pobres empleables” –aquellos considerados “aptos para trabajar”-, inscribiéndose en el galimatías de los cursos de capacitación, con la esperanza de que estos les conduzcan a un trabajo, sin importar cuál sea, y con la esperanza de obtener los míseros 350 euros al mes que les prometen durante el proceso. Incluso inscribirse en los cursos no garantiza que recibirán dinero alguno, según informes de prensa de las últimas semanas.

 Aquellos entre los “empleables” que se encuentran atrapados en este círculo del infierno recibieron otra reprimenda el miércoles por parte de Giorgia Meloni, hablando durante el “tiempo de primer ministro”. “Si no estás disponible para trabajar”, dijo, “no puedes esperar que te mantengan con el dinero de quienes trabajan todos los días”.

 Sus palabras dicen mucho. Quiere decir que la pobreza es culpa de quienes no quieren trabajar. Porque, como todo el mundo sabe, a los pobres que tienen empleo les va muy bien. Se han redimido de la culpa de la pobreza. Se han emancipado de la necesidad. Han sido elevados al paraíso de las mercancías y lo disfrutan felizmente. La historia del capitalismo está plagada de ejemplos de discursos tan atroces. Ya estuvieron allí entre 1597 y 1601, cuando Isabel I aprobó las primeras “leyes de pobres” en Inglaterra. Hoy podemos estar en una época diferente, pero seguimos en el mismo lugar. Los pobres no escapan de la pobreza, ni siquiera cuando trabajan. Se les llama "trabajadores pobres". Este eufemismo angloamericano está ahí para encubrir lo espantoso de una vida pasada en la necesidad, y no hace nada para evitar añadir insulto al daño cuando alguien pierde su trabajo y no puede encontrar otro.

 Las palabras de Meloni también son deshonestas. Lo que no dijo fue que su gobierno cambió los criterios mediante los cuales se evalúa la “disponibilidad para trabajar” de los pobres. Estos criterios no tienen nada que ver con la voluntad de trabajar de un individuo, sino que se utilizan para emitir una condena moral, contrastándolos con aquellos que “trabajan todos los días” – en una línea de pensamiento que termina tildando de “vagos” a quienes reciben asistencia pública. o "moochers". En concreto, hablamos de la rebaja del umbral máximo de renta estimada, según el indicador de situación económica equivalente (ISEE), de 9.360 euros a 6.000 euros anuales para poder acceder a la nueva medida. Esto no es un tecnicismo sino una cuestión política. Esta norma ha excluido a muchos de los "empleables" del acceso al "apoyo a la formación y al empleo", la medida destinada a ellos, en paralelo al "subsidio de inclusión" destinado a los pobres considerados "no aptos para trabajar". Los datos fueron proporcionados por la propia Meloni: de 249.000 personas potencialmente “empleables” que recibían los ingresos de la ciudadanía, sólo 55.000 solicitaron la nueva medida, algo más del 22 por ciento.

 "Es posible que algunas de estas personas hayan encontrado trabajo por sí mismas", dijo el Primer Ministro, "pero también es posible que algunas de ellas no estuvieran buscando empleo o prefirieran trabajar fuera de los registros: esta es la razón por la que Estoy muy orgullosa del trabajo que hemos realizado”.

 Qué tipo de trabajo pueden encontrar las personas con ingresos ISEE superiores a 6.000 euros pero inferiores a 9.350 euros queda a la imaginación del lector. Y nadie puede sorprenderse de que esto no esté registrado en los libros. Una vez más, Meloni pasó por alto el punto esencial: el problema no existiría en absoluto si hubiera empleadores dispuestos a contratar personas legalmente y no explotarlas “fuera de los libros”; si había un gobierno dispuesto a limpiar la selva de contratos precarios; si hubiera un Estado de bienestar con una renta básica, un sistema fiscal justo y un sistema escolar y de salud pública que no estuvieran aplastados por las garras de la corporativización. Por no hablar de la “autonomía diferenciada”, próximamente, que causará aún más estragos.

 Pasar la responsabilidad de un sistema a sus víctimas es el objetivo de quienes quieren gobernar a los pobres, no liberar a la sociedad de la pobreza. Hay algunos que están “orgullosos” de ello, como Meloni. Quienes la critican hoy sólo necesitan señalar que un umbral más estricto para la asistencia pública no es lo mismo que “abolir la pobreza”, para citar las palabras de un anterior ocupante del Palazzo Chigi."                  (Roberto Ciccarelli, Il Manifesto Global, 29/01/24, traducción google)

23/9/21

Daniel Susskind: “El desafío económico del siglo XXI es la distribución de la riqueza... para lo que hay que elegir entre la renta básica universal o el trabajo garantizado

 "El trabajo no es solo una fuente de ingresos. Para muchas personas, es también una fuente de significado que forma su identidad y orienta sus vidas. Según el experto en inteligencia artificial y profesor de Economía en la Universidad de Oxford Daniel Susskind, todo eso podría estar a punto de cambiar. 

En su libro A world without work (seleccionado por The Financial Times como uno de los cuatro mejores títulos de economía de 2020), Susskind argumenta que la revolución de la inteligencia artificial se distinguirá de los anteriores avances tecnológicos porque esta vez el riesgo de competir con una máquina se extiende a muchos más sectores. 

Como explicó durante una entrevista por Skype, el estrago no se limitará al mercado laboral “sino que puede significar un gran agujero en esa idea de sentido, de estar contribuyendo y de tener un propósito que proporciona el trabajo”.

 Según Susskind, no hay que esperar al futuro para entender la importancia de estas cuestiones. Los desempleados del cinturón industrial estadounidense que se niegan a buscar trabajo en tareas eminentemente femeninas como la enfermería o la enseñanza infantil son, dice, un ejemplo de lo relevante que es el tema de la identidad en el trabajo. 

Lo mismo con los universitarios desocupados de Corea del Sur que rechazan ofertas laborales por debajo de su nivel de formación. “Todo esto es para decir que no nos bastará con formar a la gente para que adquiera nuevas habilidades, también vamos a tener que pensar en estos conceptos de significado, identidad y propósito”.

Pregunta. ¿Qué otras actividades podrían convertirse en esa brújula vital que ha sido hasta ahora el trabajo?

Respuesta. Si nos tomamos en serio la amenaza de un mundo donde no habrá trabajo suficiente para todos, tenemos que pasar menos tiempo diseñando políticas de mercado laboral y más tiempo pensando en la manera en que la gente va a pasar su tiempo libre, cómo hacer para que el tiempo en el que no están trabajando lo pasen de una manera significativa, valiosa y gratificante.

P. ¿Por ejemplo?

R. Parece una idea poco común, pero no es tan radical. En las políticas de los gobiernos de todo el mundo hay un montón de pequeñas intromisiones en lo que hace la gente en su tiempo libre. En el Reino Unido, tenemos un departamento ministerial para la cultura, los medios y el deporte. Es decir, todo un departamento del gobierno ocupado en moldear la manera en que la gente pasa su tiempo libre haciendo que los museos sean gratis y que los parques sean bonitos y accesibles, incentivando que los niños lean, naden y monten en bicicleta. 

Son intrusiones menores pero intrusiones al fin. Pero es que incluso en el sistema de pensiones hay una valoración implícita y es la de que te tomes tu tiempo de descanso solo cuando tienes menos utilidad como trabajador. Todas estas cosas son relativamente accidentales, pequeñas intrusiones, pero si vamos a un mundo en el que no habrá suficiente trabajo, es el tipo de intervenciones en el que vamos a tener que pensar de forma más sistemática y detenida.

 P. En alguna ocasión ha defendido la capacidad de la tecnología para agrandar el pastel como un argumento para el optimismo, ¿pero no es un problema de distribución de riqueza el que enfrentamos?

R. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad el problema ha sido el tamaño del pastel a repartir, cómo hacerlo lo suficientemente grande para que diera para todos. Pero en los últimos cien años nos hemos acercado mucho a la solución de ese problema. Por supuesto que eso no significa que el pastel vaya a ser distribuido de manera equitativa automáticamente. Al contrario, mucha gente tiene una parte muy pequeña, migajas. 

El desafío económico del siglo XXI será claramente uno de distribución, de reparto del pastel, pero en cualquier caso es un desafío mucho mejor que el que enfrentaron nuestros antepasados durante siglos. El mercado laboral ha sido uno de los mecanismos que tradicionalmente hemos usado para hacer ese reparto, ¿pero cómo hacerlo si los salarios pierden eficacia en un mundo con menos trabajo disponible?

P. Si no es con el mercado laboral, ¿de qué otra manera se podrá hacer el reparto?

R. Una de las ideas que están tomando forma para enfrentar estos desafíos tecnológicos es que el gobierno dé un paso al frente y desarrolle un programa de trabajo garantizado. Sería una alternativa a la renta básica universal, otro enfoque que también resuelve el tema del reparto en un mercado laboral incapaz de proporcionar todos los trabajos que hacen falta. La diferencia es que el programa del que hablo proporciona un ingreso a través de ese trabajo garantizado, mientras que la renta básica universal no tiene en cuenta si la persona trabaja o no. 

Las dos propuestas parten de asunciones diferentes sobre la relación que hay entre el trabajo y estas nociones de sentido, significado y propósito. Si crees que hay una relación fuerte, entonces el esquema de trabajos garantizados parece el más atractivo. Si por el contrario crees que es posible encontrar significado y propósito fuera del trabajo, entonces la opción de la renta básica universal parece mejor.

P. En estos años de concentración de riqueza y retrocesos en derechos laborales por las nuevas formas de contratación de las tecnológicas, ¿no es utópico pensar en un gran Estado que garantizará ingresos y trabajos?

 R. El economista estadounidense J. K. Galbraith escribió que uno de los problemas de la economía estadounidense fue que el poder estaba concentrado en manos de grandes industrias y empresas, y hacía falta que los trabajadores lo contrarrestaran con su negociación colectiva. Una de las áreas en las que la tecnología no ha influido mucho, y no entiendo por qué, es nuestra forma de hacer negociación colectiva. Los sindicatos tratan de ejercer el poder de una forma verdaderamente anticuada, no han aprovechado los cambios tecnológicos de las últimas décadas.

 Hay una oportunidad de empezar, con una hoja en blanco, a pensar de qué manera las opciones tecnológicas disponibles pueden usarse para reformular el funcionamiento de los sindicatos y hacer que se conviertan en un contrapeso en este mundo en el que los avances están quitándole poder a los trabajadores y dándoselo a las grandes tecnológicas."                 (Entrevista a Daniel Susskind, Francisco de Zárate, El País, 29/08/21)

7/6/21

¿De dónde vino el desempleo? La palabra no se volvió ampliamente utilizada hasta el siglo XIX... El desarraigo de los campesinos creó un "ejército industrial de reserva" y las altas tasas de desempleo se convirtieron en la norma del siglo XX... COVID puede ofrecer una oportunidad para reconsiderar la idea del pleno empleo, que durante tanto tiempo ha sido abandonada por los legisladores

 "En las sociedades agrícolas, incluso en las capitalistas, la mayoría de la gente trabajaba en la tierra. Un número menor trabajaba en pueblos y ciudades: zapateros y carpinteros, etc. Algunos pueden ir y venir del campo a la ciudad, dependiendo de la disponibilidad de trabajo. Si su trabajo en la construcción de casas en la ciudad se secó, podría regresar al campo para la cosecha. 

 El economista Mario Seccareccia, que ama la historia, señala que antes de la Revolución Industrial era impensable que alguien listo y capaz de trabajar no tuviera trabajo que hacer. Preguntas: Si alguna vez se desconocía el desempleo, ¿por qué lo aceptamos ahora? ¿De dónde vino el desempleo? 

 En aquellos tiempos anteriores a la Revolución Industrial, había pobres, en su mayoría personas que no podían trabajar por alguna razón, como una discapacidad. Estos fueron considerados merecedores de caridad. Un pequeño número de indigentes fueron considerados desviados y tratados con dureza, quizás obligados a trabajar en casas de trabajo públicas en condiciones viles. Seccareccia señala que los primeros economistas clásicos como Adam Smith y David Ricardo reconocieron que las personas sanas podían experimentar un desempleo temporal, pero no la variedad a largo plazo. 

La palabra "desempleo" no se volvió ampliamente utilizada hasta el siglo XIX. A medida que las ciudades crecían y la manufactura despegaba, la gente que vivía en ciudades y pueblos se separó. El movimiento entre los dos lugares se hizo menos fluido. El sector agrícola de la economía se estaba contrayendo.

 Al principio, si perdiera su trabajo en la fábrica, probablemente aún podría recoger algo en el campo para ayudarlo. Pero si hubieras crecido en la ciudad, como lo hizo cada vez más gente, es posible que no supieras cómo hacer el trabajo rural. A finales del siglo XIX, la mayoría de los habitantes de las ciudades ya no podían contar con recurrir al trabajo agrícola durante los tiempos difíciles.

 Karl Marx señaló que el movimiento de cercamiento de Inglaterra, que ganó impulso ya en el siglo XVII, había dificultado las cosas para los trabajadores agrícolas a medida que los terratenientes adinerados se apropiaban de los derechos sobre las tierras comunales que tradicionalmente se les había permitido usar a los trabajadores y que eran una parte vital de su sustento económico.

 El desarraigo de los campesinos de la tierra y las formas de vida tradicionales, observó Marx, creó un "ejército industrial de reserva", básicamente un grupo de personas que querían trabajar pero que no podían encontrar un trabajo en momentos en que los industriales retuvieron la inversión o cuando las máquinas se apoderaron de ciertas trabajos.

 Marx vio que este nuevo tipo de desempleo era una característica del capitalismo, no un error. Aún así, muchos economistas burgueses de la corriente principal pensaron que el mercado de alguna manera arreglaría las cosas y eventualmente proporcionaría suficientes puestos de trabajo para evitar el desempleo masivo. No resultó así. 

Prueba A: La Gran Depresión. 

Especialmente después de la Primera Guerra Mundial, muchos economistas posteriores, sobre todo John Maynard Keynes, advirtieron que las altas tasas de desempleo se estaban convirtiendo en la norma en el siglo XX. Keynes predijo que mucha gente seguiría sin trabajo a menos que el gobierno hiciera algo. Esto fue muy malo para la sociedad. 

 Keynes enfatizó que el pleno empleo nunca sucederá por sí solo. Los economistas de la corriente principal pensaban que si los salarios caían lo suficiente, eventualmente prevalecería el pleno empleo. Keynes lo cuestionó. A medida que los salarios cayeron, la demanda se contrajo aún más, lo que llevó a una menor inversión empresarial y así sucesivamente en un ciclo interminable. No, el capitalismo, con sus ciclos económicos llevó al desempleo involuntario, según Keynes. 

Seccareccia observa que el economista Michał Kalecki estuvo de acuerdo en que el gobierno podría hacer políticas para ayudar a que más personas permanezcan empleadas con un salario decente, pero solo había un problema: los capitalistas ricos no lo iban a permitir.

 Se opondrían a los sistemas apoyados por el estado para mantener la demanda de modo que el miedo al desempleo frenara las demandas de los trabajadores de mejores salarios y mejores condiciones laborales. Durante un tiempo, después de la Segunda Guerra Mundial, los capitalistas estuvieron a la defensiva.

 La Gran Depresión y la amenaza comunista asustaron lo suficiente a los países occidentales como para aceptar el argumento de Keynes de que los gobiernos deberían tratar de fomentar el empleo haciendo cosas como la creación de grandes proyectos para que la gente trabaje. Se crearon redes de seguridad para evitar que las personas cayeran en la pobreza. El objetivo del pleno empleo ganó popularidad y muchos más trabajadores se afiliaron a sindicatos.

 Capitalistas contra pleno empleo Los economistas han hablado sobre varias definiciones de cómo debería ser el pleno empleo, explica Seccareccia: “Una definición muy conocida vino de William Beveridge, quien dijo que lo que querías eran tantos puestos de trabajo abiertos como personas que los buscaban, o incluso más puestos de trabajo. porque todas las personas no pueden aceptar todo tipo de trabajo ". 

 A mediados del siglo XX, cuando la economía iba bien, los economistas neoclásicos como Milton Friedman comenzaron a rechazar la idea del pleno empleo. Desalentó el uso de la política fiscal y monetaria para apoyar el empleo, argumentando que los intentos de reducir el desempleo más allá de lo que él insistió era su tasa "natural" en la economía simplemente conducirían a la inflación. En la década de 1960, sucedió algo de lo que Friedman advirtió. El empleo era bajo y los precios empezaron a subir levemente, especialmente durante la era de la Guerra de Vietnam. 

Sin embargo, el mayor impulso a la credibilidad de Milton Friedman se produjo con los aumentos del precio del petróleo del cartel de la OPEP de la década de 1970 que empujaron la tasa de inflación a niveles de dos dígitos y al mismo tiempo aumentaron el desempleo. Entonces, en los años 70, los países occidentales comenzaron a dejar de fomentar el pleno empleo y mantener fuertes redes de seguridad. 

Los defensores del nuevo marco neoliberal estaban a favor de cortar las redes de seguridad, eliminar los puestos de trabajo del gobierno y dejar que el mercado decidiera cuánto desempleo habría. Dijeron que tenía que ser así para evitar que la inflación subiera, aunque la causa de esa alta inflación de los años 70 no tenía nada que ver con el alto gasto público y la excesiva creación de dinero de la que hablaban Friedman y sus amigos.

 Seccareccia apunta a la prueba de que la lógica neoclásica no se mantuvo. En las dos décadas anteriores a la crisis financiera mundial de 2007-2008, la tasa de desempleo bajó, pero la inflación no aumentó. 

Eso demostró que los economistas neoclásicos estaban equivocados. Pero, desafortunadamente, los legisladores no lo asimilaron realmente antes de que golpeara la Gran Recesión. Por lo tanto, estropearon la respuesta al frenar el gasto público demasiado rápido debido a los temores de déficits presupuestarios excesivos y una inflación futura potencialmente más alta que nunca se materializó. 

Siguieron insistiendo en que el nivel de empleo volvería a ese estado "natural" del que Friedman había hablado si simplemente dejaban las cosas en manos del mercado. "Pero no funcionó de esa manera", dice Seccareccia. “El desempleo se disparó y tomó una década volver a los niveles anteriores a la crisis. Lo que nos lleva a la crisis del COVID-19.

 Una crisis es algo terrible de desperdiciar Seccareccia dice que tenemos que entender la diferencia entre la situación actual y la Crisis Financiera Global. Esta vez, realmente es diferente. “La crisis anterior comenzó en el sector financiero y se extendió a la economía real”, explica. "Pero en 2020, cuando surgió el coronavirus, los sectores financiero e industrial fueron golpeados al mismo tiempo". Esto significó que la gente de ambos sectores dejó de gastar. Los hogares no podrían gastar aunque quisieran porque viajar, salir a cenar y otras actividades estaban prohibidas. Las empresas recortaron la inversión ante la amenaza de la incertidumbre y la caída de las exportaciones debido a las restricciones en las fronteras.

 A menos que fuera Home Depot o una empresa de comercio electrónico, no podría vender nada. La crisis del COVID-19 también provocó que los trabajadores se retiraran de las actividades que se consideraban de alto riesgo para la propagación del virus. En todo el país, los trabajadores no esenciales fueron enviados a casa y se les dijo que se quedaran allí. La mayoría, especialmente en sectores como el ocio y la hostelería, no puede hacer su trabajo desde casa.

 Muchas de estas personas perdieron su salario y, debido a que la mayoría de ellos tenían salarios bajos para empezar, eran los que menos podían permitirse el golpe. Muchos solo pudieron mantener sus ingresos a través del seguro de desempleo del gobierno. Mientras tanto, las empresas se mantuvieron a flote con subsidios. Seccareccia señala que el desempleo tuvo un giro interesante en la pandemia porque fue tanto el problema como la cura inicial para la crisis de salud. El desempleo impidió la circulación del virus. Salvó vidas. 

 Avance rápido hasta fines de la primavera de 2021.

 A medida que Estados Unidos y otros países occidentales buscan dejar atrás la pandemia, la economía se está abriendo nuevamente. Los empleadores quieren contratar e incluso compiten entre sí por los trabajadores. Pero muchos buscadores de empleo esperan volver a trabajar. Hay muchas razones por las cuales: cuidar a los niños sigue siendo una carga enorme y la gente todavía está preocupada por enfermarse. Las rutas de tránsito se han interrumpido, lo que dificulta que las personas lleguen al trabajo.

 También es posible que algunos trabajadores se resistan a los trabajos que se ofrecen con salarios bajos y prestaciones inadecuadas. Los empleadores han comenzado a quejarse de que no pueden encontrar trabajadores y culpan a la red de seguridad social como el problema. Algunos empleadores, como los de la industria hotelera, están ofreciendo salarios más altos para atraer a los trabajadores de regreso.

 Tal como predijo Kalecki, los capitalistas ricos se están inquietando. La Cámara de Comercio, por ejemplo, ha presionado a Estados Unidos para que detenga la expansión de los beneficios del seguro de desempleo para que las personas se vean obligadas a regresar a trabajos de bajos salarios. Algunos estados dominados por los republicanos se han sumado a esta idea. 

El economista Larry Summers, por su parte, advierte sobre la inflación y le dice a la Reserva Federal que suba las tasas de interés para que los salarios no suban. Se queja de que cuando camina afuera, todo lo que ve son personas ansiosas por cubrir vacantes de trabajo. No está claro dónde estaba viviendo cuando dijo eso, o de qué personas está hablando.

 Otros argumentan que la expansión del seguro de desempleo no es el problema, sino los trabajos de mierda que se ofrecen. Seccareccia cree que es bueno que los empleadores aumenten sus salarios, incluso si eso significa un poco de inflación. El aumento de la desigualdad, enfatiza, es insostenible en una sociedad sana, y ya es hora de que la gente común tenga un poco de poder para mejorar su suerte. “Cuando a los empleadores les preocupa que la gente deje de fumar”, dice, “es cuando sabes que te estás acercando al pleno empleo.

 Y en una sociedad capitalista, es una situación extremadamente rara cuando el número de renuncias comienza a exceder el número de nuevas contrataciones a medida que una economía se acerca al pico de un ciclo económico ". En opinión de Seccareccia, “hay un acto de equilibrio entre los trabajadores 'temen al despido' y los empleadores 'temen el abandono'”. Observa que los capitalistas son muy buenos para asegurarse de que la primera situación sea más común, y han tenido un éxito espectacular en los últimos 40 años.

 “Es por eso que tiene salarios fijos y una desigualdad desbocada”, dice Seccareccia. "La productividad aumenta, pero los trabajadores no la comparten". Las ganancias se acumulan en la parte superior. En este momento, la inflación ha aumentado en algunas áreas. En un par de sectores, como los autos usados, está aumentando mucho. La pregunta es, más allá de un par de casos únicos, ¿qué pasará con la inflación en general? ¿Y será temporal? Muchos economistas piensan que la inflación será de corta duración y no será muy alta, así que no hay nada de qué emocionarse.

 Algunos economistas, como Antonella Palumbo, creen que la preocupación por la inflación es exagerada. Ella señala que con el desempleo todavía alto y un gran número de personas que anteriormente trabajaban pero aún están fuera de la fuerza laboral, las filas del famoso ejército de reserva de desempleados siguen siendo enormes. A medida que la economía se reinicia, están surgiendo todo tipo de cuellos de botella a corto plazo, pero ese ejército de reserva no va a ninguna parte rápidamente y continuará limitando los aumentos salariales.

 Seccareccia señala que los capitalistas ricos que intentan evitar que los trabajadores reciban mejores salarios y los conservadores que se quejan de la pereza no mencionan que, mientras tanto, el mercado de valores se está disparando, haciendo más ricos a los ricos. Además, el mercado de la vivienda está en auge porque las personas más pudientes que tuvieron la suerte de haber mantenido sus trabajos durante la pandemia ahora tienen dinero extra ahorrado para gastar en artículos caros. 

“¿Es realmente justo”, pregunta, “quejarse de unos cientos de dólares a la semana que reciben los que están en la parte inferior de la escala económica? En especial, ¿cuánto está ya titulada la economía a favor de los que tienen? " Entonces, ¿qué debería hacer exactamente el gobierno con respecto al desempleo? ¿Debería hacer algo en absoluto? Por parte de Seccareccia, cree que este es un momento perfecto para reconsiderar la idea del pleno empleo, que durante tanto tiempo ha sido abandonada por los legisladores en favor de una tasa de desempleo "natural".

 “Los formuladores de políticas deben comprender por qué COVID puede ofrecer una oportunidad que no se veía desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, dice. "De hecho, podríamos hacer que la economía sea más justa para la gente común".               (Lynn Parramore, Brave New Europe, 03/06/21; traducción google)

7/6/18

El Partido Demócrata de Bernie Sanders ha introducido los programas de Trabajo Garantizado en el debate político. ¿Estarían las instituciones de la eurozona dispuestas a aceptar los Programas de Garantía de Empleo como pilar fundamental de sus reformas?

"(...) El desempleo es un fenómeno monetario. Es un síntoma de que falta dinero en la economía, un problema que el mercado no puede resolver endógenamente por medio de ninguna redistribución entre agentes privados o por transferencias entre socios.

 Los agentes privados y los estados miembros de la Eurozona, todos ellos como usuarios de moneda, no crean dinero. Cómo se introduce el dinero en la economía importa. No es lo mismo que el Estado introduzca el dinero a cambio de nada que lo haga a cambio de trabajo. 

Ciertamente, hay espacio para que el excedente de bienes y servicios producidos pueda ser absorbido por una parte de la sociedad con la creación de nuevo poder adquisitivo, como podría ocurrir, por ejemplo, con el pago de las pensiones de algún modo por iniciativa del Banco Central Europeo. 

El estudio de la introducción del dinero por parte de la Teoría Monetaria Moderna tiene claras implicaciones sobre la teoría del valor y el valor de la moneda en relación a otras divisas internacionales, así como con el funcionamiento y gestión del mercado de trabajo, por eso se liga al empleo. 

El valor de la moneda se vincula a lo que se debe hacer para obtenerla, y el sector público puede establecer directamente sus términos de intercambio con la compra de trabajo a través de los Programas de Garantía de Empleo.

Los Programas de Garantía de Empleo están ganando protagonismo en la escena política de los países anglosajones. El Partido Demócrata en Estados Unidos, con Bernie Sanders a la cabeza, ha introducido en el debate este mecanismo como guía de política económica. 

¿Estarían las instituciones de la eurozona dispuestas a aceptar los Programas de Garantía de Empleo como pilar fundamental de sus reformas? ¿Se podría reformar el Banco Central Europeo para que tuviese una función activa como facilitador de la movilización de los recursos inactivos en lugar de ser un errático guardián de la disciplina fiscal de los estados miembros? 

El próximo 7 de junio de 2018 a las 19:30h en el espacio ecooo, en Madrid, habrá la oportunidad de escuchar una propuesta de reforma de Europa a cargo del economista alemán Dirk Ehnts. 

Bienvenido sea el debate por la situación y diseño de la zona euro, desde Red MMT llevábamos mucho tiempo esperándolo, para lo cual elaboramos en enero del pasado año la Carta de Madrid junto a nuestros compañeros italianos de Rete MMT y que presentamos junto a la economista Pavlina Tcherneva, una de las principales figuras mundiales en el desarrollo de los Planes de Trabajo Garantizado. 

Sin este debate plural sobre las deficiencias del euro hablar de consenso es una ficción."                

14/10/16

La destrucción de empleo en el sector manufacturas por efecto de la robotización en España ronda el 38%... superior al sueco y al alemán


"Hace unos días, tras la conferencia que ofrecí en el World Trade Center de Barcelona durante el I Forum Cárnico dedicado a la innovación y la transformación digital, el presidente de una de las principales empresas del sector me aseguró que el riesgo de que la robotización destruya empleo en España es todavía escasa y que eso, si sucede, pasará dentro de varias décadas. 

Le respondí con datos que me sirven para empezar este post. Desde 1996 la destrucción de empleo en el sector manufacturas por efecto de la robotización en España ronda el 38%, superior al sueco, coreano o alemán por ejemplo.  (...)

Pasan los días y los meses y el tren del futuro sigue alejándose. La sociedad del conocimiento se resiste a perderlo gracias a la iniciativa de miles de emprendedores y empresas tecnológicas que luchan contra los elementos, las reglas y leyes que no son favorables y que, por comparación con otros países, son puro fuego amigo.

El esfuerzo inversor en investigación sigue cayendo. Del 1,35% del PIB ha bajado al 1,23% y no parece que esa tendencia catastrófica vaya a cambiar en breve. El asunto se pone feo pues la brecha con nuestros competidores naturales sigue creciendo.  (...)

La verdad es que poco importa si hay o no terceras elecciones, que no las habrá. Tampoco si el gobierno es más o menos estable. En teoría la obligación de sus señorías es llegar a acuerdos que permitan legislar para marcar la hoja de ruta para solucionar problemas que este país no puede mantener por más tiempo en el cajón de los temas a solucionar más adelante.

 No hay más adelante, el futuro ya llegó y parece que los señores del pasado no lo ven porque permanecen en su espacio natural.

¿Saben que se destruye empleo como he dicho antes en base a la robotización? ¿Que independientemente de cómo y qué hagan eso va a ir en aumento? ¿Piensan diseñar un plan para que el parto no sea tan doloroso?

 ¿Saben estos señores que las cinco mayores empresas del Estados Unidos son tecnológicas y que apenas existían hace dos décadas? ¿Tienen idea de lo importante que es vincular el crecimiento de un país a este tipo de empresas? 

¿Saben nuestras señorías que la pujanza del modelo productivo digital es de tal calibre que sino nos situamos a su estela vamos a quedarnos como un país totalmente irrelevante en el concierto internacional? ¿Tienen idea del coste que tiene para el futuro de todos nosotros su desidia o desconocimiento? ¿Se hacen a la idea de que la economía digital no es un eslogan sino un objetivo irrenunciable?

 ¿Han hecho el cálculo de la posición económica mundial que nuestro país ocupará en una década sino se arremeten medidas de calado político y estratégico que impulsen el cambio de modelo de crecimiento? 

 ¿Han imaginado como es un país desequilibrado con dos polos alejados entre las ciudades tecnológicas y el resto del territorio? ¿Saben que supone en materia de garantizar servicios y derechos a los ciudadanos de la década siguiente el pertenecer a un limbo no competitivo más próximo a Marruecos que a Dinamarca?

Si preguntáramos a esos representantes si saben, en palabras de Enrique Dans, que es ‘la economía de la verdad’ que sustituye a ‘la Nueva Economía’ pocos o ninguno sabría realmente responder. Si les preguntáramos que es 'Facebook, Google o Amazon seguramente su respuesta sería una aplicación frívola, un buscador y una tienda de libros cuando la realidad es que son el espacio donde sucede la economía real. Nada que no sea digital será economía y de eso va todo este debate'. Sino lo ven, sino lo aceleran, nos vamos a dar una hostia que la del 2008 va a ser una especie de broma escolar.

Y es que en agosto ya tuvimos un aviso. El peor verano para la seguridad social desde 2008 se nos plantó delante de las narices y pocos quisieron verlo. Casi 150.000 cotizantes desaparecían sin dejar rastro mientras los discursos continuaban con el ‘seguimos creando empleo’. La creación de empleo se va a ir ralentizando porque no hay empleo que crear. 

Los sectores que mejor representan el cambio de modelo irremediable y al que no podemos renunciar no generan empleo. El sector biotecnológico ya es más importante que el todopoderoso turístico pero no empleo a casi nadie en comparación.

ia por mejorar el modelo productivo sumamos los previsibles problemas de ocupación estacional, el porcentaje insultante de paro juvenil que pagaremos con creces a medio plazo, un sistema de pensiones insostenible y una nula estrategia política por modular un escenario socioeconómico vinculado a la robotización y la economía digital, el asunto es chusco de narices y poco tiene que ver con la idea de que vamos bien.  (...)

Sigue la vivienda disparada y no es más que un disparo al pie. La locura ha empezado y de locos el futuro va a estar vacio. En el segundo trimestre del año las ventas se incrementaron un 23,7%, el precio se encareció en 7,5%, las hipotecas se han vuelto a poner de moda en los almuerzos de esa falaz clase media y los vientos parecen empezar a traer ese olorcillo tibio a sequía que permaneció durante años. 

No aprendemos, es hasta comprensible, pero que un gobierno no establezca urgentemente las medidas que eviten la que se avecina, no se puede entender. Lloverá sobre un charco. La demanda se ha activado y vuelve a no tener ningún límite. Allá vamos, cuesta abajo y sin frenos.

Sin frenos porque mientras re-fabricamos nuestra sociedad soportada en viga de hormigón pretensado y ladrillo cerámico, el empleo se irá reduciendo, no creando. El recorte de personal es irremediable en miles de empresas. No porque vayan a tener menores ingresos, sino porque las funciones que millones de personas realizan ahora mismo en breve serán sustituidas por robots o software.

 ¿Has analizado cuantos puestos de atención al público en los que hasta hace unos pocos años una persona te atendía, ahora esa relación la formalizas con una máquina? No es necesario leer informes, con revisar tu entorno verás que el recorte masivo es exponencial. Sino lo ves, entonces mira lo que pasa en otros lugares.

¿Cuánto te queda en tu puesto de trabajo? ¿Lo has pensado? Me gusta ser optimista y hablar de un mundo mejor a medida que la tecnología nos ofrezca un mundo más humano, pero me preocupa que eso va a pasar en algunos lugares que han empezado a preguntarse como abordar el mayor desafío al que se ha enfrentado la humanidad, mientras que en otros nadie está analizando como hacerlo.

 En España la transición a una economía que automatizará todo lo automatizable no tiene timonel y cuando el mar que hay que surcar es bravo y lleno de peligros sin alguien que tome el timón la deriva es muy mala consejera, se suele naufragar. "                 (Marc Vidal, 10/10/16)

1/6/16

Las consecuencias morales del desempleo

"Las consecuencias económicas y sociales del desempleo son devastadoras. El desempleo suele venir acompañado de una importante pérdida de poder adquisitivo de las personas que lo padecen y supone uno de los mayores gastos sociales para un estado. 

Además, el desempleo ha sido relacionado con problemas de salud como el estrés, la depresión, la ansiedad o, comparando países, con un aumento de los suicidios, los homicidios o las muertes relacionadas con el alcohol. Y el desempleo no solo se padece en primera persona, sino que también tiene efectos sobre la salud física y mental de otros miembros de la familia.

Por si fueran pocos todos estos efectos negativos, recientemente los científicos sociales han puesto su lupa sobre otra consecuencia del desempleo: un cambio de los valores o preferencias sociales y políticas de las personas que lo sufren. Lo que economistas, politólogos y sociólogos, entre otros, han empezado a preguntarse es si, al quedarse desempleadas, las personas cambian sus valores morales y sus demandas políticas.

 Un estudio reciente realizado en EEUU muestra que tras quedarse desempleadas las personas demandan más políticas sociales. Sin embargo, se trata de un efecto pasajero. Cuando la situación laboral de las personas mejora, éstas vuelven a apoyar las políticas sociales que apoyaban antes de quedarse desempleadas.

¿Por qué se produce este cambio de preferencias? ¿Por qué el desempleo hace que las personas demanden más políticas sociales? Hay al menos dos posibles respuestas a estas preguntas. La primera es que los desempleados experimentan una pérdida de poder adquisitivo y por tanto necesitan más al Estado. Y hasta cierto punto esto es lo que han asumido los economistas hasta tiempos recientes. Pero hay una segunda posibilidad: puede que al quedarse desempleadas, las personas cambien sus preferencias o valores más allá de su propio interés. Claro, simplemente preguntándoles a las personas, incluso a lo largo del tiempo, sobre sus opiniones políticas no podemos distinguir entre las dos explicaciones planteadas. Es en estos casos donde los científicos sociales hemos comenzado a utilizar experimentos conductuales, similares a los que desde hace décadas se llevan a cabo en psicología, para intentar distinguir entre diversas explicaciones de un fenómeno social.
En un estudio experimental reciente intentamos diferenciar el efecto del desempleo sobre la necesidad o el propio interés, de un cambio de los ideales de justicia distributiva de las personas. Este tipo de estudios tienen dos dificultades. 

Una es cómo medimos los valores, al menos hasta que la neurociencia nos permita escanearlos directamente. Un segundo problema es cómo medimos el cambio de valores. En nuestro estudio, intentamos salvar la primera dificultad con un experimento conductual bastante simple y, la segunda, haciendo que los participantes tomen parte en el estudio dos veces, antes y después de quedarse desempleados. 

Si solo las que se han quedado desempleadas cambian sus valores diremos que el desempleo es el causante. Pero antes de contar qué resultados obtuvimos, vamos a detenernos un poco en qué consistía ese experimento que pretendía medir los valores de las personas.

Lo que sabemos por estudios anteriores es que las personas tienden a distinguir entre dos tipos de desigualdades: aquellas que no estamos dispuestos a aceptar bajo ningún concepto y aquellas que consideramos que aceptamos hasta cierto punto. Entre las primeras se encuentran todas las desigualdades que hoy en día consideramos arbitrarias e injustas, como las diferencias salariales entre hombres y mujeres, entre personas de distinto origen étnico, etc. 

 Entre las segundas se encontrarían desigualdades que hasta cierto punto aceptamos al estar relacionadas con el mérito o el esfuerzo, como que un médico gane más que un enfermero o que la estrella de un equipo de fútbol gane más que el utillero. 

Lo que hacemos en el laboratorio es generar de forma artificial estos dos tipos de desigualdades. ¿Cómo? Pues primero hacemos que todos los participantes realicen una tarea productiva y, después, les pedimos que decidan cómo quieren repartir lo producido en grupos de cuatro personas.

 El truco (experimental) está en que en algunas sesiones del experimento, los participantes se han ganado lo que van a repartir luego y en otras lo que tiene cada uno nada tienen que ver con el desempeño en la tarea productiva.

Lo que observamos es que cuando las personas no se han ganado los recursos de los que disponen, la inmensa mayoría de los participantes proponen un reparto igualitario. La diferencia viene cuando nos fijamos en la condición experimental en la que se transmite un cierto sentido de que las personas se lo han ganado. 

En este caso es donde encontramos nuestro resultado principal: las mismas personas que estando empleadas o estudiando respetaban hasta cierto punto lo que cada uno se había ganado, pasan a proponer distribuciones igualitarias después de quedarse desempleadas. Lo importante del resultado es que es la misma persona la que pasa de reconocer lo que otras se han ganado a no hacerlo tras quedarse desempleada.

 Además, el diseño de este experimento permite ver si las personas se han vuelto más egoístas, simplemente observando si se quedan con más dinero en el reparto tras quedarse desempleadas. Y esto no es así. Los nuevos desempleados realizan repartos más igualitarios, sin que esto suponga quedarse con más dinero respecto al año anterior. 

Nosotros interpretamos este hecho como un cambio genuino en los valores de las personas, que pasan de reconocer y recompensar el esfuerzo a proponer repartos más igualitarios una vez que se han quedado desempleadas.

¿Qué efectos prácticos tiene el cambio de valores que hemos identificado? Aquí podemos distinguir entre efectos directos y efectos indirectos. De forma directa, este cambio de valores implicaría la pérdida de una de las motivaciones para buscar trabajo, en concreto, la pérdida de la motivación de trabajar por el hecho de ganarse el sustento con tu propio esfuerzo, más allá de la compensación material que te da el trabajo. Sin esta motivación es probable que la reincorporación al mercado de trabajo sea más lenta y menos efectiva.

 Esto es algo que ya estamos estudiando, analizando el efecto que tienen sobre los valores las intervenciones públicas, como las acciones de orientación o el coaching. Entre los efectos indirectos, y aunque es algo que va mucho más allá de nuestro estudio, siempre acabamos dándole vueltas a los efectos del cambio de valores identificado sobre la participación política.

 Un reciente artículo nos hace pensar que el cambio de valores que provoca el desempleo, la pobreza y la desigualdad tiene también su reflejo en la arena política. Sobre esto todavía queda mucho que investigar y que decir."                    (Luis Miller, eldiario.es, 14/04/16)

15/4/16

La sensación de inutilidad, de fracaso, se abre paso, hasta acabar incubando un estado crónico de desesperanza... Este es el círculo vicioso que los protagonistas describen y que se va tragando las relaciones sociales

"Conforme van pasando los días, la autoestima se va hundiendo. Estar en una situación de paro prologado, especialmente a partir de cierta edad, acaba haciendo mella no solo en la salud física, como comprueban los médicos de familia cada día, sino también en el plano psicológico. 

Esto es algo que Josep Moya, fundador del Observatori de Salut Mental de Catalunya, ha podido constatar en su larga trayectoria como psiquiatra. 

Esa experiencia, y la evidencia empírica del estudio que dirigió sobre el impacto de la crisis en la salud mental de la población, le llevaron a impulsar una iniciativa que ha permitido demostrar que compartir, salir del aislamiento y participar en la vida colectiva mejora la salud de las personas en paro.

La experiencia ha hecho camino y de ella ha surgido un documental dirigido por Gustavo Vizoso. Se titula El Grup y tiene como protagonistas a los parados del barrio de Sant Antoni de Barcelona que acudieron a la llamada de los servicios sociales para participar en la experiencia grupal impulsada por Josep Moya. 

Tras las cinco sesiones previstas, se establecieron tales vínculos entre ellos que decidieron formar un grupo de ayuda mutua bajo el paraguas de la asociación de vecinos. La semilla ha germinado y ahora existen iniciativas parecidas en otros barrios.

Las sesiones del grupo recuerdan mucho aquellas experiencias alfabetizadoras del pedagogo brasileño Paulo Freire, que al enseñar a leer enseñaba también a pensar y a observar el mundo a partir de la propia realidad. Basado en un método de discusión grupal, la pedagogía del oprimido de Paulo Freire se convirtió en la pedagogía de la esperanza, porque quienes aprendían con ella, no solo recuperaban la dignidad sino la fuerza para transformar esa misma realidad.

El trabajo es mucho más que el medio para ganarse la vida. Es el principal engarce con la colectividad. Del trabajo pende casi todo lo demás. En este contexto, perder el empleo supone un pérdida que, como explican quienes la sufren, deja heridas muy profundas.

 Y no es solo por las consecuencias materiales, sino por su devastador efecto que tiene sobre la percepción de la propia valía. Al principio es relativamente fácil mantener la esperanza, pero cuando pasan los meses, los años, sin encontrar un nuevo trabajo, todo cambia de sentido.

Poco a poco, la falta de actividad o lo que es peor, la hiperactividad inútil que consiste en deambular dejando currículos que irán a la papelera, va haciendo mella. Se convierten en apatía o en frustración. La sensación de inutilidad, de fracaso, se abre paso, hasta acabar incubando un estado crónico de desesperanza.

 Este es el círculo vicioso que los protagonistas describen y que se va tragando las relaciones sociales. Romper esa dinámica exige, en primer lugar, romper el aislamiento. Ese fue el primer logro del grupo, a partir del cual lograron fuerzas para abordar los demás.

 Se reforzaron mutuamente, algunos pudieron dejar los antidepresivos, otros proseguir los estudios y algunos hasta encontrar trabajo. Precario, pero trabajo.

Recuperaron la esperanza. Al menos los que aparecen en el documental, porque caer en el paro prolongado es como hundirse en una cisterna de agua, de manera que cuanto más abajo se cae, más fuerza se necesita para volver a la superficie. 

Y no todos están en condiciones siguiera de intentarlo, como explica la asistente social, cuya luminosa figura nos hace caer en la cuenta del importante papel que tienen en la vida de los demás esos profesionales que no se limitan a ejercer su trabajo de forma rutinaria, sino que se comprometen a fondo con lo que hacen. 

 Explica que para formar el grupo de ayuda mutua se hizo una selección previa. Algunos parados fueron descartados para esta experiencia porque su situación mental era en ese momento tan devastadora, que ni siquiera podían beneficiarse de la dinámica de grupo.

No es casualidad que durante la crisis se haya disparado la venta de antidepresivos y ansiolíticos. El miedo a no tener un futuro se paga con crisis de angustia y depresiones. La falta crónica de esperanza lleva al aislamiento, la incapacidad para disfrutar y la pasividad. Compartir el dolor es el primer paso para desprenderse del sentimiento de culpa y recuperar la iniciativa.

 Compartir con otros los miedos, las dudas, las frustraciones, permite reforzarse mutuamente y mirar de otra manera la realidad. En grupo es más fácil abordar el porqué de las cosas e identificar mejor las causas y los verdaderos culpables de una crisis que ha privado a tanta gente del derecho al trabajo."                (Milagros Pérez Oliva, El País, 20/03/16)

17/11/15

Todos quisiéramos ser felices, pero una gran parte del mundo está hoy preocupada porque los programas de austeridad que muchos países padecen nos harán infelices

"(...) No solo la economía, también la psicología y la filosofía dedican cada vez más atención a este campo de investigación, conocido como "ciencia de la felicidad". Incluso los institutos de estadística nacionales e internacionales vienen demostrando su interés por medir el nivel de bienestar dentro de su habitual seguimiento de la vida de los países.

 Todos quisiéramos ser felices, pero una gran parte del mundo está hoy preocupada porque los programas de austeridad que muchos países padecen nos harán infelices, quizá durante bastantes años. (...)

La investigación sobre el bienestar pregunta acerca de las vidas de las personas. Los investigadores inquieren sobre ingresos, sobre empleos y sobre lo que la gente hace. Además, las encuestas preguntan a la gente sobre cómo piensa que le van las cosas -lo que sirve para valorar la satisfacción vital- y también sobre su vida emocional.

 Hay diversos modos de preguntar por las emociones, pero una de ellas -la que utiliza Gallup en sus encuestas- consiste en preguntar a una persona sobre sus experiencias del día anterior: si sintió mucha felicidad, o tristeza, o preocupación, o estrés, o cólera. Resulta que todas estas dimensiones de nuestra vida son distintas. Alguien puede decir que su vida va muy bien, pero que ayer estaba triste: tal vez ha conseguido un ascenso, pero está llorando la pérdida de un ser querido. 

Otro puede estar en paro, tener malas perspectivas laborales, y decir que su vida va fatal, pero informar de que ayer se lo pasó genial con sus amigos. Las vidas emocionales son complejas, y la nueva investigación intenta tener en cuenta todas estas dimensiones. Es algo muy útil cuando pensamos en los efectos que la austeridad tiene en la vida de las personas. (...)

cuando la gente pierde su trabajo no solo pierde dinero, sino otra dimensión de su vida que es valiosa. Esto no significa que el dinero no tenga importancia por sí mismo. La gente de los países más pobres suele estar menos satisfecha con su vida, y no hay un solo país donde la gente con más ingresos no tenga en más alta estima su vida que la gente que gana menos. Son estas medidas para valorar la vida las que revelan el dolor que provoca la austeridad. (...)

Como nos dicen los poetas y los filósofos, el dinero no lo es todo, y puede que ni siquiera sea lo más importante. Nuestros estudios han demostrado que las vidas emocionales son más resistentes a las circunstancias económicas que nuestra percepción de cómo nos va la vida. El sentimiento de felicidad, alegría, preocupación, tristeza, enfado, dolor o placer que forman el tapiz de nuestra experiencia día a día guarda mucha menos relación con nuestras circunstancias económicas. 

Aquello que nos produce alegría -nuestros amigos, la familia, los niños, o en mi caso, mis nietos- no depende tanto del dinero. Los datos de la Encuesta Mundial Gallup demuestran que en los países más pobres del mundo la gente experimenta felicidad con tanta frecuencia como en los países más ricos, y también que algunos de los países del mundo con mayor nivel de satisfacción vital -Dinamarca sería un ejemplo- van bastante peor en el asunto de la felicidad. Este no es el caso de España, que hoy por hoy ocupa el puesto 25 (de 158) en satisfacción vital y el 26 en felicidad.

Las vidas emocionales no son completamente ajenas al dinero. Si yo fuera tan pobre que no pudiera visitar a mis nietos, sería muy infeliz. En general, la falta de dinero -la pobreza- puede interferir gravemente en nuestras vidas emocionales, seguramente porque no tengamos suficiente ni siquiera para hacer vida social, comer con los amigos o practicar deporte con ellos. Pero más allá de eso, el dinero no importa tanto.

Son buenas noticias, y supone también una advertencia. La advertencia de que los programas de austeridad deben diseñarse para proteger a los más desfavorecidos, porque la pobreza puede arruinar gran parte de lo que importa a la gente. Pero si eso se logra, por más que la gente percibe la austeridad con enorme fastidio, hay muchas menos razones para preocuparse por la felicidad. 

La gente seguirá siendo igual de feliz (o infeliz) que antes, se preocupará quizá un poco más, pero no por ello estará más triste, o más enfadada, y disfrutará igual de sus vidas. La austeridad es mala -ya lo creo que lo es-, pero no tiene por qué destruir nuestros placeres diarios."                   ( (Premio Nóbel), El País,  11 MAR 2012)

12/11/15

La conclusión de que en el futuro apenas habrá trabajo, pues los trabajadores serán sustituidos por robots, es falsa

"Una de las percepciones más extendidas que existen sobre las causas del desempleo en España es la que asume que la introducción de nuevas tecnologías, como robots, está destruyendo un gran número de puestos de trabajo, pues lo que antes hacían seres humanos ahora lo hacen máquinas. 

 De esta percepción se llega a concluir que en el futuro apenas habrá trabajo, pues los trabajadores serán sustituidos por robots. 

(...) los vaivenes en el tamaño de la población activa (es decir, personas que están en el mercado laboral) dependen muy poco de la introducción de nuevas tecnologías. 

Estoy hablando de toda la población ocupada o que busca trabajo y no de sectores específicos en los que el tamaño de la población activa sí que puede variar según la densidad tecnológica del sector. Pero las variables más importantes para determinar el tamaño de la población activa son variables políticas, no variables tecnológicas.

 La evidencia científica acumulada a lo largo del siglo XX muestra claramente que el porcentaje de la población que trabaja en un país depende en gran manera del contexto político que configura las relaciones laborales en dicho país. 

En general, en Europa, a mayor la fuerza de mundo del trabajo, mayor es el porcentaje de la población que trabaja, mayores son los salarios, mejores son las condiciones de trabajo y menores son las desigualdades de renta en un país. 

La importancia del contexto político

No es, pues, la tecnología en sí, sino cómo se utiliza y para qué objetivos, lo que afecta al proceso del trabajo. Los robots, por ejemplo, pueden sustituir personas en trabajos altamente repetitivos, pero necesitarán siempre gestión y dirección humana, lo cual quiere decir que destruirán puestos de trabajo, en general de poca cualificación, requiriendo, sin embargo, otros de elevada cualificación, que generarán mejores salarios, que quiere decir mayor demanda doméstica, produciendo mayor actividad económica y mayor número de puestos de trabajo.

Por otra parte, el aumento de la productividad puede generar mayor rentabilidad en la inversión productiva, con un aumento de beneficios que, en lugar de destinarse a enriquecer a unos pocos, se puedan dedicar a inversión de nuevo para crear empleo. Que se cree empleo o no depende primordialmente de quién controla el uso de los beneficios, es decir, de quién es el que controla el capital.

 No es, pues, la tecnología –los robots-, sino quién los posee, es decir, quiénes son sus propietarios, lo que determinan a qué usos se asigna el capital producido. En realidad, el enorme incremento de la productividad que ha habido en los últimos cien años no ha producido un descenso del número de trabajadores, ni siquiera un descenso de las horas trabajadas. 

John Maynard Keynes, por cierto, creía que a principios del siglo XXI, es decir, ahora, la gente trabajaría solo dos días a la semana. El potencial –es decir, la riqueza creada- para que ello ocurriera está ahí, pero no se está utilizando para este fin.

Hay que insistir en que el tiempo de trabajo (así como las condiciones del trabajo) no dependen de la productividad, ni de la tecnología, sino de la fuerza política que tenga el mundo del trabajo, tanto en las instituciones políticas como en las financieras, económicas, sociales y culturales de un país. 

La historia del siglo XX muestra que cada reducción del tiempo de trabajo ha sido consecuencia primordialmente de decisiones políticas, derivadas de la presión del mundo del trabajo.

Las necesidades humanas desatendidas

Depende también de decisiones políticas la configuración no solo del número sino también del tipo de trabajo que se cree. Por ejemplo, España tiene solo un adulto de cada diez que trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar (sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia y servicios domiciliarios, entre otros). 

Si tuviera alrededor de una de cada cuatro, como en Suecia, España tendría unos tres millones y medio más de puestos de trabajo, eliminando una parte muy importante del desempleo. El hecho de que España tenga tan poca gente en los servicios del Estado del Bienestar se debe precisamente a la enorme debilidad del mundo del trabajo. 

El mayor desarrollo del Estado del Bienestar en los países escandinavos se debe primordialmente a la mayor fuerza del movimiento obrero en aquellos países que no en el sur de Europa, donde históricamente el movimiento obrero ha sido débil y ha estado dividido.

 En realidad, las necesidades humanas desatendidas en los países del sur de Europa son enormes, siendo los servicios del Estado del Bienestar una de las canteras más importantes de puestos de trabajo. El hecho de que exista un desempleo tan alto en estos países del sur de Europa –como en Grecia y en España- no tiene nada que ver (repito, nada que ver) con la introducción de la tecnología, sino única y exclusivamente con el enorme domino que las fuerzas conservadores y liberales han tenido sobre los aparatos del Estado, responsables de unas políticas tributarias y fiscales enormemente regresivas, y de un escaso gasto público social. España tiene la riqueza para desarrollar un buen Estado del Bienestar.

 Si su Estado no la tiene (y la evidencia de que no la tiene es abrumadora), se debe a que el Estado (a nivel central, autonómico y local) no la recoge. Los ingresos al Estado están entre los más bajos de la Unión Europea.  (...)"            

 (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 5 de noviembre de 2015, en www.vnavarro.org, 05/11/15)

10/11/15

El trabajo es un bien cada vez más escaso. Si se observan las tasas de inversión a nivel global, se corrobora esta apreciación.

"(...) El primer aspecto que no explica claramente a la sociedad española es que el factor trabajo es un bien cada vez más escaso y más restringido. Si uno observa las tasas de inversión a nivel global puede corroborar esta apreciación, y así se deja notar en las principales economías del mundo desarrollado. 

Con el cambio del paradigma de las empresas productivas, por el de las empresas rentables, hemos optado por engordar las arcas, principalmente, de los accionistas y consejeros delegados, eso sí en las grandes empresas cotizadas. El gran problema es que estas empresas, especialmente en España, son las responsables de gran parte del empleo indirecto que se genera alrededor de las empresas de componentes y/o auxiliares. 

Hay comarcas enteras que están sufriendo la progresiva desinversión de las grandes empresas que utilizan sus filiales como moneda de cambio en sus estrategias de acumular más valor para el accionista, que en su mayoría desprecia los daños colaterales en forma de despido y pobreza que van dejando por el camino.

Este reguero de damnificados, que esta semana pasada he podido ver de primera mano en Asturias con el ERE parcial de Arcelor Mittal, muestra la tendencia del empleo a medio y largo plazo. 

La sociedad tiene que prepararse para que colectivos enteros de personas prácticamente no tengan ocupación remunerada a partir de cierta edad, el umbral de los 45 años es crucial, pero también que por la parte baja de la pirámide de población, tengamos que exportar mano de obra o soportar estoicamente entradas y salidas de los más jóvenes sin ninguna expectativa de futuro. 

Aquí surge siempre la discusión, desde mi punto de vista ya estéril, de cómo modificando los aspectos institucionales del mercado laboral, negociación colectiva, contratación o flexibilidad, unido al coste del despido, solucionaría completamente el desastre al no está abocando el modelo productivo globalizado sin reglas.

 Por tanto, parece inútil discutir qué tipo de contrato puedo tener, si las expectativas de inversión son tan ridículas como las que se vienen publicando. Si la inversión es una variable que dependen esencialmente de los fondos propios, y estos se invierten mayoritariamente por parte de muchas empresas, en compras de sus propias acciones, estamos abocados a un mercado laboral cada vez más pequeño, y con peores condiciones laborales. 

Resulta desolador comprobar que por cada euro que se invierte en autocartera, se deja de invertir 0,3 euros en la empresa, lo que da idea de la magnitud del problema y también el cambio en la gerencia de las grandes corporaciones, que se ha impregnado ya, incluso, entre empresas de distinto tamaño.  (...)

Hay que decir alto y claro a la sociedad, que vamos hacia un modelo mixto en materia laboral. Por un lado, la competencia asiática provoca, de facto, una devaluación salarial sin que medie nada, ni nadie en el sector exportador. 

Esto se deja notar en el sector textil en el que ya hace años que los salarios y las condiciones laborales se parecen mucho, salvando las barreras legales, a las de China. Solo les frena a las empresas de este sector los impedimentos legales que les obligan a pagar un salario mínimo de 648€ y los descansos semanales, las vacaciones y las bajas laborales.

 En el otro lado, el modelo anglosajón es también un espejo en el que algunos se quieren mirar. Ese modelo en el que no hay apenas subsidio de desempleo, no hay vacaciones pagadas, ni tampoco permisos retribuidos por maternidad/paternidad o por baja laboral. Esta parte de la reforma laboral es lo que echan de menos los grandes empresarios de este país, pero también la pueden compartir partidos como el PP, Ciudadanos y una rama liberal muy arraigada del PSOE (...)

En suma, cuando apenas va quedando industria en España, cuando los fondos de inversión especulativos van tomando posiciones en grandes corporaciones industriales, sin ninguna vocación industrial, las expectativas sobre el empleo de calidad, cualificado y bien pagado se van esfumando. (...)

 Las próximas generaciones en el mundo, pero también en España, verán cómo se trabajarán pocos años, habrá grandes colectivos expulsados de la cohesión social, la negociación colectiva será una rémora que apenas tendrá sitio en unas relaciones laborales completamente individualizadas y sin ningún poder de negociación por parte del trabajador. 

Ello va a conllevar que la sociedad tendrá que acostumbrarse a largos periodos de desempleo, rentas de inserción para grandes colectivos y derechos laborales históricos revocados sin ninguna resistencia. No es descartable que empecemos en la próxima legislatura por un recorte aún mayor del subsidio de desempleo, progresiva supresión de las vacaciones pagadas y de las bajas maternales. Al tiempo."               (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 01/11/15)

29/4/15

Cómo se vive durmiendo en la calle: "Esperanza Aguirre no duraría ni un día, se volvería loca"

 Francisco Javier, antes reparador de máquinas de coser, en el albergue de la Fundación San Martín de Porres, en Madrid

"Esperanza Aguirre, candidata a alcaldesa de Madrid, quiere ocultar a las personas que viven en la calle. Sacar a las personas que duermen en el centro de la ciudad porque "ahuyentan" a los turistas.

 A veces, según la excondesa consorte de Bornos y grande de España, ni siquiera están pasando dificultades económicas, sino que están en la calle no solamente para sobrevivir, sino para formar parte "de organizaciones" que buscan "tener un muy buen vivir".

El experto en cartones y asfalto Francisco Javier propone invitar a Aguirre o a cualquier político a vivir en la calle: "Se volverían locos, muchos de ellos se suicidarían, no duraban ni un día". Francisco Javier hasta el pasado octubre dormía en un cajero en Villaverde con un par de mantas que le prestaron. Ahora ha cambiado de vida.

Y mientras la candidata hace campaña, ¿en qué pasa el tiempo una persona que vive en la calle? "Te levantas, aunque no sueles dormir del tirón, y lo primero es ir a desayunar a algún comedor". Andando, claro. O te cuelas en el metro. No es desayuno continental: café con leche y un trozo de pan con mantequilla.

Luego, a dar vueltas hasta la hora de comer. Este 'paseo por la ciudad' es distinto del 'dolce far niente' que sugiere Aguirre. "Vas pensando, sin nada que hacer, sin un duro, bebiendo y sintiéndote culpable porque has fracasado", dice Francisco Javier, que ahora vive en un albergue. Y luego la comida. 

A mesa puesta. Eso sí, con menú "de mili o de cárcel". Haces cola, intentas no meterte en líos, buscas un sitio entre cientos que quieren comer como tú y a los que no conoces de nada. Otra vez a la calle.

Hasta ahí el "buen vivir". Por la noche la cosa se complica un poco. "Hay que estar muy espabilado. Como te pillen de pardillo vas listo, porque en la calle estás vendido". Así que el alojamiento incluye peleas o golpes por el mismo precio. A él le dieron una en el Retiro: 

"Unos chavales me llamaron con la mano, fui y ahí se acabó, me dieron por todo". Otros chavales le dieron un botellazo en la cara sin mediar palabra en Lavapiés. Como recuerdo, una brecha de boxeador que le cruza la nariz. Así que el mejor hotel para sobrevivir es "encontrar un sitio apartado, tranquilo".

Las cifras oficiales de Madrid capital dicen que hay unas 700 personas viviendo en la calle, pero no salen las cuentas. Si fuera así, las 1.478 plazas que dice tener el Ayuntamiento en albergues darían de sobra y no haría falta sacar 543 extra en la campaña de frío todos los inviernos.

 "Hay muchos más", constata Daniel, trabajador social en la fundación religiosa San Martín de Porres, que atiende a gente sin hogar. "Me hace mucha gracia que se diga que el que está en la calle es porque quiere".   (...)

Aguirre se dio cuenta de que llamar a todo eso buen vivir era quizás demasiado y por la noche, en el canal 13TV, reculó diciendo que construiría más albergues si hace falta para que no haya gente en la calle. 

Una manera de reconocer que puede que no haya sitio para todos. Aun así le han llovido las críticas, también dentro de su propio partido. Es el caso de la candidata a la Comunidad del PP, Cristina Cifuentes, o la delegada de Gobierno de Madrid, Concepción Dancausa, que ha recordado que "no se puede prohibir a nadie que esté en la calle, salvo que se apruebe una ordenanza".

Para Francisco Javier, que estaba en lista de espera y se fue al albergue en cuanto le llamaron en octubre, la presidenta del PP "vive en los mundos de Yupi". Si pudiera sentarse en el chéster que la alcaldable ha montado para peticiones del oyente él pediría... "un bocadillo de calamares del Brillante".

Ahora ya no bebe y está aprendiendo a hacer su currículum. Entre sus aficiones no está el golf, pero sí la micología, leer (está con Los renglones torcidos de Dios) o las películas. La última que vio en el cine fue la española Espérame en el cielo. Es de 1988 y él tenía 27 años. Ahora tiene 54. Pero para entender realmente bien cómo es vivir en la calle, recomienda a Aguirre o a quien quiera la cinta Qué asco de vida, de Mel Brooks.

Pero no solo la candidata ha ondeado esta bandera: la actual alcaldesa, Ana Botella, quería prohibir la mendicidad –muchas personas sin hogar también piden en la calle– y planteó incluso multas de 750 euros, que por supuesto no hubiera cobrado nunca. Lo que sí hizo para librarse de los sintecho fue cambiar los bancos de las marquesinas de los autobuses para que un reposabrazos en el centro les impida tumbarse.

El tiempo en la calle se pasa haciendo "nada, pensar, beber, dar vueltas". Para sacar algo de dinero, Francisco Javier, que antes se dedicaba a reparar máquinas de coser, buscaba cosas en contenedores y luego las vendía en mercadillos ilegales. Nada que ver con el plácido deambular para ganar dinero que Aguirre ha pintado. "Lo que haces en la calle es sobrevivir".

¿Votará Francisco Javier a Aguirre en las elecciones municipales? "Sí, claro, pero de una patada. Y la mandaba a su planeta, a Saturno, a que baile en los anillos".         (  , eldiario.es, 28/04/2015)