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30/3/15

Primera prueba neurofisiológica del origen de la creatividad

"Según una investigación de la Universidad Northwestern, en EEUU, la creatividad tiene un origen neurofisiológico: una capacidad cerebral reducida para filtrar estímulos sensoriales irrelevantes. En otras palabras, “para aislarse del mundo y concentrarse”. La buena noticia es que, bien dirigida, esta condición “puede hacer la vida más rica y significativa”, aseguran los autores del estudio.

¿Por qué algunos seres humanos son más creativos que otros? ¿Qué es lo que nos convierte en seres creativos? Una investigación de la Universidad Northwestern, en EEUU, proporciona una respuesta -la primera en forma de evidencia fisiológica, dicen sus autores- a estas cuestiones.

Según el estudio, la creatividad del ser humano estaría asociada con una capacidad reducida de filtrar información sensorial irrelevante. En otras palabras, que aquellas personas a las que más afecta el bombardeo diario de información sensorial tienden a ser más creativas.

¿Por qué? Pues porque el hecho de recibir y procesar más información sensorial ayuda a integrar ideas que están fuera de nuestro núcleo de atención y, en consecuencia, propicia la “creatividad”.

Rastreando el cerebro

Como hemos dicho, los científicos de la Northwestern han proporcionado la primera prueba fisiológica de que esto es así.

Para conseguirlo, estudiaron la respuesta de las células cerebrales a una forma muy temprana de atención: la ‘entrada sensorial’ (que es el proceso neurológico de filtro de estímulos redundantes o innecesarios que proceden de nuestro entorno). Dicha respuesta celular se conoce en electroencefalografía como ‘P50’, y se produce aproximadamente 50 milisegundos después de la presentación de un estímulo.

Por otra parte, los investigadores relacionaron la P50 de una serie de sujetos con dos medidas de la creatividad: el pensamiento divergente o lateral (que consiste en la búsqueda de alternativas o posibilidades creativas y diferentes para la resolución de un problema) y los logros creativos de los participantes en el mundo real.

En total 100 sujetos informaron de sus logros en dominios creativos a través del Creative Achievement Questionnaire (Cuestionario de Logros Creativos, CAQ, por sus siglas en inglés) y además fueron sometidos a pruebas de pensamiento divergente.

Creatividad y entrada sensorial

En los tests de este tipo de pensamiento se mide la cognición creativa pidiendo a los participantes que produzcan numerosas respuestas, dentro de un tiempo limitado. En el presente estudio, se constató así que el pensamiento divergente sí estaba correlacionado con una entrada sensorial selectiva, esto es, con una capacidad incrementada de filtrar la información sensorial.
 
No ocurría lo mismo con los logros creativos en el mundo real. Estos, por el contrario, fueron asociados con un procesamiento sensorial “con fugas” o una capacidad reducida para detectar o inhibir estímulos de percepción consciente.
 
Por tanto, aunque el pensamiento divergente también contribuye a la creatividad,  parece ser independiente del proceso de pensamiento creativo, que estaría asociado con un filtro sensorial más “relajado”, explican los investigadores.
 
En definitiva, el presente estudio sugiere que las personas con una entrada sensorial menos limitada  serían más propensas a dirigir su atención a focos más amplios o a una gama más amplia de estímulos. De este modo, podrían “si canalizan su sensibilidad en la dirección correcta, hacer su vida más rica y significativa, y proporcionar una mayor sutileza a sus experiencias”, concluyen los investigadores. 

Referencia bibliográfica:

Darya L. Zabelina, Daniel O’Leary, Narun Pornpattananangkul, Robin Nusslock, Mark Beeman. Creativity and sensory gating indexed by the P50: Selective versus leaky sensory gating in divergent thinkers and creative achievers. Neuropsychologia (2015). DOI: 10.1016/j.neuropsychologia.2015.01.034."                 (Tendencias21)

13/4/12

“La creatividad es el residuo del tiempo desperdiciado”.

"La creatividad puede parecer cuestión de magia. Nos fijamos en personajes como Steve Jobs y Bob Dylan y concluimos que tienen poderes sobrenaturales que nos fueron denegados al resto de los mortales, un don que les permite imaginar lo que nunca existió. Son “tipos creativos”. Nosotros no.

La creatividad, sin embargo, no es magia y no existen los tipos creativos. No es una característica que heredamos en nuestros genes, ni una bendición concedida por los ángeles. Es una habilidad. Cualquiera puede aprender a ser creativo y mejorar.
Nuevos estudios arrojan luz sobre los factores que permiten a las personas inventar productos revolucionarios y resolver los problemas más complejos. Como resultado, ha surgido una serie sorprendentemente concreta de lecciones sobre lo que es la creatividad y cómo estimularla en nosotros mismos y en el trabajo.
La ciencia de la creatividad es relativamente nueva. Hasta la Ilustración, los actos de imaginación quedaban relegados a los poderes superiores. Ser creativo significaba canalizar a las musas y darles voz a los dioses. Incluso en tiempos modernos, los científicos prestaron poca atención a las fuentes de la creatividad.

 En la última década, no obstante, eso ha empezado a cambiar. Las últimas investigaciones sugieren que la presunción de que la creatividad es un tipo de conocimiento independiente es falsa. En realidad, usamos el término de “creatividad” como una etiqueta que abarca una variedad de herramientas cognitivas, cada una de las cuales aplica a tipos concretos de problemas.

El desafío que afrontamos, ¿necesita de un momento de lucidez? ¿O puede resolverse gradualmente? La respuesta a menudo determina si debemos tomarnos una cerveza para relajarnos o quedarnos hasta tarde en la oficina.
Los nuevos estudios también sugieren la mejor manera para abordar los problemas más peliagudos. Solemos dar por sentado que los expertos son genios creativos en sus respectivos ámbitos. Pero los grandes descubrimientos a menudo dependen de inocentes osadías de personas de fuera.
Partamos por los problemas más difíciles, aquellos que a primera vista parecen imposibles. Éstos suelen resolverse (si es que se resuelven) con un momento de lucidez.
Consideremos el caso de Arthur Fry, un ingeniero del departamento de productos de papel de 3M. En 1974, Fry asistió a una presentación de Sheldon Silver, un ingeniero que trabajaba con adhesivos.

Silver había desarrollado un pegamento extremadamente débil que apenas servía para pegar dos trozos de papel. No parecía que el compuesto tuviera aplicaciones prácticas. Después de todo, ¿para qué sirve un pegamento que no pega?

Sin embargo, una gélida mañana de domingo, Fry se acordó del pegamento en un contexto insólito. El ingeniero cantaba en el coro de la iglesia y solía poner pequeños pedazos de papel en su cantoral para marcar las piezas del día.

Los papeles a menudo se caían, obligándolo a buscar frenéticamente la página correcta. 
Parecía un problema insoluble, uno de esos fastidios ordinarios con los que no nos queda otra que convivir.

Pero durante el sermón, Fry tuvo una epifanía. Se le ocurrió que podía aplicar el pegamento débil al papel para crear un marcador de libros reutilizable. Al ser tan débil, se adheriría a la página pero no la rompería al retirarlo.

 Esa revelación finalmente se convirtió en uno de los artículos de oficina más usados en el mundo: el Post-It.La invención de Fry fue un clásico momento de lucidez. Si bien esas ocurrencias parecen surgir de la nada, los científicos han empezado a estudiarlas.

 Lo hacen administrando rompecabezas lógicos y observando lo que ocurre en el cerebro. Las investigaciones de Mark Beeman y John Kounios identificaron de dónde venía la chispa de inspiración que observaban cuando a los participantes se les ocurría la respuesta al enigma planteado.

En los segundos previos al hallazgo, un área del cerebro llamada la circunvolución temporal superior (aSTG por sus siglas en inglés) exhibe un salto en su actividad. Esta región, ubicada en la superficie del hemisferio derecho, se especializa en conectar información muy vagamente relacionada, precisamente lo que hay que hacer a la hora de resolver un problema de creatividad.
Beeman y sus colegas descubrieron que ciertos factores aumentan las probabilidades de uno de esos momentos de lucidez. Por ejemplo, mostrar un breve video humorístico mejora las probabilidades de acierto en un promedio de 20%.
El alcohol también funciona. Investigadores de la Universidad de Illinois, en Chicago, compararon el desempeño en esta clase de rompecabezas entre estudiantes sobrios y ebrios. Éstos últimos resolvieron casi 30% más problemas de palabras que sus compañeros que no estaban intoxicados.

¿Qué explica los beneficios creativos de la relajación y el alcohol? La respuesta involucra la sorprendente ventaja de no prestar atención. Si bien vivimos en una era que le rinde culto a la concentración, este enfoque puede inhibir la imaginación. Puede que estemos concentrados, pero en la respuesta incorrecta.

La relajación ayuda. No es hasta que nos relajamos en la ducha o nos distraemos viendo el video de un humorista que logramos girar el foco de la atención hacia adentro, revisando todas esas asociaciones al azar en el hemisferio derecho del cerebro. Cuando necesitamos un momento de lucidez, esas asociaciones suelen darnos la respuesta.

Los estudios también explican por qué tantos grandes descubrimientos se hicieron en lugares insólitos, como Arquímedes en la bañera o el físico Richard Feynman que garabateaba ecuaciones en clubes de strip-tease. Igualmente validan la lógica de Google de colocar mesas de ping-pong en el vestíbulo y confirman las ventajas prácticas de soñar despierto. Tal como dijo Einstein: “La creatividad es el residuo del tiempo desperdiciado”.

Desde luego, no todos los desafíos requieren una epifanía ni una ducha caliente resolverá todos los problemas. A veces, necesitamos seguir trabajando y resistirnos a la tentación de una siesta inducida por la cerveza.

Esa clase de creatividad es menos divertida. Consiste básicamente en sudor y fracasos. Es el lapicero rojo en la página y el boceto arrugado. Nietzsche se refirió a esto como el “proceso de rechazo”, señalando que si bien a los creadores les gusta jactarse de sus grandes epifanías, la realidad cotidiana es mucho menos romántica. “Todos los grandes artistas y pensadores son grandes trabajadores”, escribió.

Pero si diferentes clases de problemas creativos se benefician de diferentes clases de pensamiento creativo, ¿cómo podemos asegurarnos de que estamos pensando de la manera adecuada en el momento indicado? ¿Cuándo deberíamos fantasear y dar un paseo o cuándo deberíamos seguir dibujando y jugando con las posibilidades?
La buena noticia es que el cerebro humano tiene una sorprendente capacidad natural para evaluar la clase de creatividad que la situación requiere. Numerosos estudios demostraron que, cuando se topa con problemas que no necesitan inspiraciones repentinas, la mente es sorprendentemente hábil para calibrar la probabilidad de que el problema sea resuelto, sabiendo si está cerca o no, aunque desconozca la solución.
Otra clase de problema creativo, sin embargo, es cuando uno carece de la materia prima en la cabeza. Si está tratando de ser más creativo, una de las cosas más importantes que puede hacer es aumentar el volumen y la diversidad de la información a la que se expone.

Steve Jobs dijo que “la creatividad consiste simplemente en conectar cosas”. Pese a que creemos que los creadores inventan algo de la nada, Jobs asegura que incluso los conceptos más remotos surgen usualmente de combinaciones de cosas que existen. Bajo su batuta, Apple no inventó los reproductores MP3 ni las computadoras tipo tableta, sino que se limitó a mejorarlos, incorporando elementos de diseño.

¿Cómo puede mejorar la gente a la hora de establecer esas conexiones? Jobs sostiene que los mejores inventores buscan “experiencias diversas”, recopilando muchos puntos que luego pueden ligar.

La creatividad es una chispa. Puede ser exasperante frotar las dos piedras y no conseguir nada. Y puede ser increíblemente satisfactorio cuando sale la llama y una nueva idea conquista el mundo.

Por primera vez en la historia, empieza a ser posible ver cómo crear más chispas y asegurar que prendan. Con todo, debemos ser honestos: el proceso creativo siempre será difícil, independientemente de cuánto aprendamos sobre él."           (En positivo, 'Los nuevos estudios sobre la creatividad', Jonah Lehrer)

19/11/10

Una sociedad democrática de intérpretes... de la información

"Jugando a profetizar, Ray Kurz-weil aseguraba que en 2048 nuestro buzón recibirá un millón de mails cada día, pero un asistente virtual los gestionará sin que tengamos que preocuparnos. Sería incluso posible que unos nanorreceptores-transmisores conectaran directamente nuestras sinapsis con unas supermáquinas que nos harían capaces de pensar un millón de veces más rápido.

El problema es qué querrá decir "pensar" en tales condiciones. Contra la reducción de la inteligencia a una lectura de datos o a la aceptación de formas predefinidas, es necesario subrayar que elsaber requiere libre acceso a la información, pero también capacidad de eliminar el "ruido" de lo insignificante.

Más que almacenar, lo decisivo es interpretar la información. El problema no es la disponibilidad, sino la valoración de la información (su grado de fiabilidad, pertinencia, significación, el uso que de ella puede hacerse).

El conocimiento que se atiene a lo concreto más que a lo general tiene una fuerte dimensión intuitiva. Desde el imperialismo de las ciencias de la universalidad, la intuición interpretativa ha sido presentada como una forma menor de conocimiento, cuando no algo completamente irracional.

Pero la experiencia nos muestra que no es sensato prescindir de estos modos de conocimiento, especialmente en contextos de gran complejidad. Si pensamos en casos como la crisis provocada en buena medida por la matematización de la economía o en los desequilibrios ecológicos que implican ciertas tecnologías, lo que tenemos es un cuadro muy contrario: las pretensiones de exactitud han dado lugar a decisiones irracionales y solo las culturas de interpretación (esos entornos críticos en los que se interroga por la inserción social de las tecnologías, se discuten sus aplicaciones sociales, se hacen valer criterios éticos y políticos) han conseguido corregir su inexactitud social.

La intuición interpretativa que practican las humanidades tiene un enorme valor epistemológico, heurístico y prudencial en espacios de gran incertidumbre (como son los de las sociedades contemporáneas).

Cuando las certezas son escasas, hacerse una idea general es más importante que la acumulación de datos o el examen pormenorizado de un sector de la realidad. Las interpretaciones generalistas orientan mejor que el saber especializado. Esta es la razón por la cual lo más demandado es adivinar el futuro.

Las preguntas más inquietantes que nos planteamos tienen que ver con el posible devenir de las cosas (¿cuándo saldremos de la crisis?, ¿cómo va a evolucionar el terrorismo?, ¿de qué manera se comportarán los electores?).

El saber de mayor utilidad no es el que se refiere a una utilidad inmediata o sectorial, sino el que permite hacernos una idea general de lo que va a suceder y gracias a lo cual podemos poner en marcha operaciones tan importantes como anticipar, prevenir, favorecer o asegurar.

La interpretación tiene además un especial valor en contextos dominados por la rapidez y el automatismo. Vivimos en unas sociedades en las que los flujos comunicativos nos atraviesan permanentemente. Pues bien, esa sociedad de flujos requiere filtros para evitar ser arrollado por la información sin sentido o el cliché banal.

La verdadera soberanía epistemológica consiste en interrumpir, no reaccionar mecánicamente, no responder rápidamente al mail, resistir contra la aceleración, escapar del esquema estímulo-respuesta, no contribuir ni al pánico ni a la euforia, establecer una distancia, una dilación, posponer la respuesta y posibilitar incluso algo nuevo e imprevisible. La inteligencia y la libertad subjetivas necesitan constituirse, especialmente hoy, como centro de indeterminación e imprevisibilidad. (...)

Si concebimos nuestras sociedades democráticas como sociedades que se interpretan a sí mismas, entonces tenemos mayores posibilidades de escapar del paradigma dominante que entiende la sociedad del conocimiento como el encuentro vertical entre los expertos y las masas.

Puede entenderse la democracia como aquel sistema político que parte del presupuesto de que todos somos intérpretes. La sociedad es la puesta en común, frágil y conflictiva, de nuestras interpretaciones, algo más democratizador que la sumisión a unos datos supuestamente objetivos.

Contra el automatismo de los lectores, la idea de una sociedad de los intérpretes es más discontinua, compleja y conflictiva. A una sociedad así entendida no le corresponde una política entendida a partir del modelo de la mera gestión. Una política de la interpretación supone siempre abandonar los lugares comunes, reconsiderar nuestras prioridades, describir las cosas de otra manera, formular otras preguntas...

Frente a esta indeterminación democrática, todos los sedicentes realistas han apelado siempre a los datos para impedir la exploración de las posibilidades. Pero sabemos que esto no es sino una forma sutil de poder que consiste en insistir en los datos sin cuestionar las prácticas hegemónicas a partir de las cuales se obtienen precisamente esos datos y no otros.

Esa dimensión crítica de la interpretación la hemos aprendido en el cultivo de eso que llamamos humanidades, que son, por cierto, la mejor educación para la ciudadanía." (El País, opinión, 16/11/2010, p. 27/8)

6/7/10

La crisis creativa del escritor según Aguilar Camín

"A doña Emma Camín le gustaban las frases contundentes. "El que expulsa de su vida la mentira deja la verdad afuera", podía llegar a decir. Esas sentencias son un recuerdo insuficiente para su hijo, Héctor Aguilar Camín. Prefiere su presencia. Su muerte, hace cinco años, le ha dejado inmerso en una orfandad creativa. Así lo confesó ayer el escritor mexicano en la jornada inaugural del ciclo literario Lecciones y maestros. El curso se abrió en Santillana del Mar con él, continúa hoy con Rosa Montero y concluirá mañana con Manuel Vicent.(...)

Así corroboraba el peso de ambas en su presentación su amigo el escritor Hugo Hiriart: "Para lograr un destilado de Aguilar Camín se requieren los siguientes ingredientes esparcidos en una retorta: un poco de Chetumal, el pueblo donde nació, lugar primitivo y selvático. Una pizca de su madre y de su tía, dos mujeres que ponían a los niños a cantar para espantar sus miedos, y los jesuitas, donde estudió desde niño hasta llegar a la universidad". (...)

Aguilar Camín se refirió a sí mismo en tercera persona: "No sé qué decir del escritor que se llama como yo. Escribe sin fe en lo que escribe, lleno de fragmentos que no van a ningún lado". Por dentro se le siguen revolviendo los temas de siempre: el poder, la política, el amor, las mujeres misteriosas, el periodismo, la historia, el whisky... México trágico, pujante y violento. Un país que vive una auténtica guerra contra personas dispuestas a matar por 400 euros al mes. "¿Qué hacer con ellos? La guerra, no queda otra solución", aseguró. (...)

¿Y ahora? Ahora sufre terror a la hoja en blanco. Desazón, poca motivación. "El escritor del que hablo quisiera tener al menos un libro largo. Conoce el estado de gracia que es eso".

Lo ha moldeado entre sus manos. Cuenta la historia de la separación de sus padres y su familia. Pero igual que le llegó la inspiración, desapareció. "Cuando llevaba tres capítulos y 100 páginas de notas, la magia se fue. Había ido a visitar a su padre. No quería fallar ante su mirada. Menos con una historia que contaba su fracaso y la destrucción de su progenitor por su propio padre, es decir, su abuelo". En ella se mezclan la separación, el desgarro, la huida, sus ancestros. Ayer quiso conjurarlos. Ojalá el exorcismo le lleve a arrancar de nuevo desde sus páginas moribundas. A desencallar y tomar de nuevo el rumbo." (El País, ed. Galicia, cultura, 22/06/2010, p. 37)

23/11/07

Intuición y creatividad

“P.- Últimamente, sus trabajos se han orientado a estudiar la intuición y la creatividad. ¿Qué es la intuición?

R.- Una manera de razonar que no sigue las fases habituales del proceso consciente. Si usted me hace una pregunta y yo contesto de una manera razonada, pasaré por toda una serie de fases lógicas en la producción del pensamiento. Una cosa me llevará a otra, y así sucesivamente. La intuición pasa de la pregunta a la respuesta sin seguir el camino habitual del raciocinio. Es la experiencia del "eureka, lo he conseguido", sin saber cómo ha sido. Es muy interesante porque la intuición es la manifestación de una ayuda emocional al sistema de razonamiento. En la intuición, lo que sucede es que el raciocinio está funcionan¬do, pero no de una forma consciente, y la emoción le está ayudando en este recorrido. Ahora bien, si una persona es intuitiva, es porque ha educado su intuición.

P.- Entonces, ¿no hay personas por naturaleza más intuitivas que otras?

R.- Puede que algunas personas tengan más probabilidades de ser intuitivas, pero la intuición se puede educar. Es como la suerte. La buena suerte lo que hace es ayudar a quien está mentalmente preparado, a quien sale a buscarla. Si una persona va por la vida observando a los demás, meditando y analizando las consecuencias de lo que hace, tendrá muchas más posibilidades de ser muy intuitiva.

P.- ¿Y qué tiene que ver la intuición con la creatividad?

R.- Mucho, muchísimo. La creatividad se basa en respuestas intuitivas, porque hay que distinguir entre la creatividad en sentido propio y la innovación. Muchas veces ese confunden, pero son diferentes. La creatividad es lo que hace que podamos realizar nuevos trabajos, procede de un conjunto de imágenes que hay en nuestra mente y que nos permiten crear nuevas combinaciones. Si estas combinaciones son completamente nuevas en relación con el pasado, esa creatividad es innovadora. Esa persona tiene no sólo una mente creativa, sino una mente innovadora. En este proceso, la intuición es muy útil porque lleva directamente a la respuesta.” (Antonio Damasio: “Todos podemos convertirnos en bestias horribles”. El País Semanal, 11-11-07, pps. 48)