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26/4/23

Boaventura de Sousa Santos: Diario de una difamación

 "Las acusaciones de acoso sexual en contra de Boaventura de Sousa Santos, vuelven a abrir un tema complejo. Es obvio y evidente que hay que estigmatizar y condenar todo abuso de poder en el mundo académico, y su derivación en el campo del acoso sexual. Sobre esto, Othernews ha siempre inducido una campana continua, dando eco a Mee Too y toda expresión de defensa de la dignidad de la mujer.

Por otro lado, es posible crear situaciones donde acusaciones lleven a destruir la imagen profesional y humana del supuesto agresor. Es una situación compleja, ya que se trata de episodios que nunca tienen testigos.

Othernews quiere abrir su espacio a sus lectores dando la palabra a los que quieran intervenir, para que sea el lector que decida su posición  en esta materia , que se  abre tras décadas de silencio.

Empezamos para dar la palabra al Prof. Boaventura de Sousa Santos, acusado de abuso de poder y acoso sexual.

Estimados/as colegas y estudiantes (antiguos/as y actuales),

Les escribo desde Santiago de Chile donde voy a participar en la feria del libro.

El Centro de Estudios Sociales (CES), algunos de nuestros investigadores y yo, acabamos de ser víctimas de una difamación anónima, vergonzosa y vil por parte de tres autoras. Una de ellas era becaria Marie Curie en el CES (Lieselotte Viaene), las otras dos eran estudiantes de doctorado (Miye Tom y Catarina Laranjeiro). En primer lugar, me gustaría decir que todos los casos de mala conducta mencionados en el texto por cualquier persona, si se confirman, deben ser juzgados rápidamente tanto en el CES como en los órganos judiciales y, como en el momento era director del CES, asumo la responsabilidad institucional por cualquier negligencia que pueda haber ocurrido.

Aunque el artículo está centrado en mí, nunca he tenido reuniones con dos de las autoras (Miye Tom y Catarina Laranjeiro) y con la tercera, la autora principal (Lieselotte Viaene), tuve dos reuniones, una como su supervisor dentro de la beca Marie Curie cuando llegó al CES y otra como director estratégico del CES, a petición del director ejecutivo, para intentar resolver los problemas de comportamiento incorrecto e indisciplinado desde el punto de vista institucional de esta investigadora. Su comportamiento fue tan insolente e incorrecto que el CES finalmente abrió un procedimiento disciplinario contra ella y no aceptó que designara al CES como institución anfitriona en un proyecto del Consejo Europeo de Investigación (ERC). 

Esta negativa se basó en su conducta anterior en el CES. En resumen, esta investigadora fue expulsada del CES. Aquí está la declaración de culpabilidad con fecha del 6 de junio de 2018: 

«Asunto: Proceso disciplinario – Despido. Lieselotte Viaene: Tras haber sido objeto de un procedimiento disciplinario por parte del Centro de Estudios Sociales (CES), se le notifica el procedimiento de despido que se le ha levantado (anexo). Una vez establecidos los hechos indicados en la nota de acusación, el CES tiene la intención de despedirla con justa causa. De conformidad con el artículo 335 del Código de Trabajo, puede rechazar el acta escrita de la acusación, indicando los elementos que considere pertinentes para el esclarecimiento de los hechos y su conducta. Puede adjuntar documentos de respaldo que considere pertinentes para el esclarecimiento de la verdad. Los documentos que se relacionan con este caso están en la Secretaría del CES con Célia Viseu»

En mi opinión, que obviamente no compromete a la Dirección del CES, del que ahora solo soy Director Emérito, este artículo, en lo que respecta a su autora principal, Lieselotte Viaene, es un miserable acto de venganza institucional y personal. Como pueden leer en el texto publicado, toda la información difamatoria que se refiere a mi es anónima y se basa en rumores, es decir, en «hechos» para los que no se ofrece ningunaprueba o forma de llegar a ella.

Ante esto, la primera cuestión que me surge es la perplejidad de cómo una editorial respetable (que ha publicado algunos de mis libros) puede publicar un texto tan engañoso, tan poco veraz en lo que directamente me concierne y tan desconcertante, como el que estoy comentando. Es un texto que tiene una mezcla entre un sólido marco teórico, tomado de la literatura que se ha producido a raíz del movimiento Me Too, al que se superpone una información empírica basada en referencias anónimas, rumores e incidentes no identificados ni probados de forma que puedan ser rebatidos. 

Me pregunto, ¿Quiénes fueron los revisores inter pares (peer reviewers) que analizaron este texto? ¿Qué clase de ciencia es ésa que permite que se mancille y enturbie una institución de prestigio y, en concreto, al investigador que fue su director durante tantos años? En el texto se hace referencia a mí como «profesor estrella» (Star professor), una denominación acuñada en Estados Unidos para caracterizar a los profesores que, por su trabajo o su fama, percibían salarios inmensamente superiores a los de sus colegas. Ese nunca fue mi caso. Lo que fui y con gran placer digo es un caput scholae, un director de escuela que fundó hace cuarenta y cuatro años una institución con la colaboración de un pequeño grupo dedicado y entusiasta de jóvenes investigadores orientados a producir conocimiento crítico, libre, plural e independiente sobre la sociedad portuguesa, sobre Europa y sus relaciones con el mundo, especialmente lo relacionado al colonialismo portugués. 

Fue esta institución la que creció y floreció durante décadas y lo que motivó a las autoras a elegirla como institución para continuar sus estudios. De hecho, las dos autoras en su momento estudiantes de doctorado concluyeron sus doctorados con la máxima calificación. También lo hizo la autora principal.

Reconozco que debido al hecho de compartir mi tiempo entre Portugal y los Estados Unidos habré decepcionado a la autora principal en cuanto a la orientación de su beca. Pero también es cierto que los becarios Marie Curie son generalmente muy autónomos y no requieren una supervisión estricta. Sea lo que sea, nada de lo dicho justifica esta diatriba contra una institución y, además, tan personalizada, contra alguien que a lo sumo estuvo ausente en su orientación. ¿Cómo se justifica arrastrar al barro a toda una institución que en el momento en que las autoras asistieron a ella ya tenía más de un centenar de investigadores e investigadores, con perspectivas e intereses que nada tenían que ver con el «profesor estrella»?

He podido comprobar que se trataba de una forma habitual de comportamiento. Entre septiembre del año pasado y este mes de abril, recibí peticiones de ayuda de estudiantes indígenas de doctorado de la Universidad española en la que ahora se ubica el proyecto que el CES había decidido no acoger. Conocedores de los problemas que la autora principal había causado en el CES, se comunicarán conmigo. 

He aquí elcontenido algunos de los correos electrónicos que recibí eliminando detalles que pudieran violar el anonimato: “Hemos conversado con los compañeros de otros países y la mayoría de nosotros hemos sido víctimas de la misma persona. Es una larga y triste historia este Proyecto en mi vida y la de los compañeros, por eso nos gustaría conversar con usted. Le escribo hoy, justo porque mi indignación a su histeria envidiosa me conmueve…. Es por demás mi indignación. Hemos vivido muchas situaciones de violencia. Nadie de los compañeros llevó a cabo ninguna situación judicial porque no tenían los recursos económicos y los costes emocionales que requería un proceso judicial. Principalmente porque todos los afectados somos de otros países… Estamos viendo acciones para denunciar el extractivismo epistémico que Lieselotte a través del proyecto RIVERS comete contra los pueblos indigenas. 

Pero parece que ella es solo impune, esto es frustrante, al mismo tiempo que buscamos caminitos de esperanza para lograr justicia.” (Mantengo el anonimato de la autora del correo electrónico, pero su nombre está depositado en la dirección del CES y puede ser revelado si mi corresponsal lo autoriza).

Tengo claro que el texto difamatorio al cual me he referido aquí configura una intención de difamación que responde a un patrón de conducta bien documentado en la literatura y que en este caso se centró en mi para proceder a una venganza institucional.

Respecto a las insinuaciones vertidas contra mí, quiero manifestar que responderé a cualquier presunta víctima con serenidad y sentido de la responsabilidad.

Tengo la conciencia tranquila. Me repugnan especialmente dos aspectos de este indigno texto.

El primero es la indigna forma de referirse a mis asistentes de investigación que, según la autora principal, habría explotado o abusado de ellos/as. Obviamente me apoyaron en la investigación porque para eso fueron contratados. Pero mis libros los he escrito yo. Facilito al CES los nombres de todos mis asistentes de investigación, portugueses, norteamericanos, brasileños, mozambiqueños, angoleños y colombianos que han trabajado conmigo en los últimos cincuenta años, por si alguien deseapreguntarles. Estoy muy orgulloso de haber trabajado con todos ellos. 

He escrito muchos libros porque trabajo incesantemente y nunca he tenido vacaciones, porque amo mi trabajo y porque tengo una secretaria y una ayudante de corrección, dos personas maravillosas y excelentes profesionales que me acompañan desde hace varias décadas.

El segundo aspecto que me ofende y me disgusta particularmente se refiere a las tertulias que durante muchos años tuvieron lugar después de mis clases en el restaurante Casarão. Cito: «En esta institución, este tipo de relaciones de poder desequilibradas a menudo ocurrieron en forma de eventos sociales como parte de la cultura institucional, como cenas en restaurantes y casas privadas, donde se fomentaron relaciones personales más íntimas entre investigadores de diferentes posiciones jerárquicas. 

La regla no escrita es que después de las Clases Magistrales del Profesor Estrella todos los investigadores se reúnen en cierto restaurante. De hecho, en una reunión con la exestudiante postdoctoral, el Profesor Estrella le aconsejó ir a estas cenas para integrarse mejor en la institución. A la ex Doctoranda Nacional lo mismo le aconsejaron ambos coordinadores del programa de doctorado». 

Como nunca he promovido fiestas en mi casa, solo puedo referirme a las reuniones en el restaurante Casarão. Sólo mentes perversas pueden transformar la más sana convivencia entre alumnos y profesores en maquinaciones maquiavélicas de pastores de pobres rebaños de estudiantes. Invito a todos a ir al restaurante para ver los marcos de azulejos con los nombres de los estudiantes de doctorado que a lo largo de los años han compartido buenos momentos de conversación, leyendo poesía y música allí. 

El dueño del restaurante me dice que incluso hoy los estudiantes de Brasil muestran a sus hijos las fotos donde están sus nombres cuando eran estudiantes. ¡Qué perversidad puede transformar una convivencia en el más puro espíritu académico en manipulaciones de conciencia y rituales de lealtad!

Se mencionan otros casos de mala conducta relacionados con otros investigadores. En relación con ellos, estoy seguro de que los investigadores involucrados y las víctimas/supervivientes, si las hay, encontrarán en el CES y en las instituciones judiciales diversos foros para discutir juzgar y determinar sus consecuencias. A todos se les debe dar espacio para explicarse. El CES tiene una estructura de gobernanza muy descentralizada, distribuida entre varios de sus órganos.

Si hubiera omisiones de los titulares de estos órganos, deben ser analizadas, evaluadas y corregidas. Independientemente de los procedimientos internos y judiciales que adopte el CES, quiero informarles que voy a presentar una denuncia penal por difamación contra las autoras. Me declaro disponible para dar toda la información y proporcionar todas las aclaraciones que se me soliciten, tanto en el contexto del proceso judicial como en el contexto de los procedimientos internos, que el CES sin duda pondrá en marcha.

Un abrazo solidario con todos, un abrazo indignado, pero un abrazo, un largo abrazo, de creer en la lucha por la verdad y la justicia. El CES es una gran institución, se ha ganado merecidamente prestigio tanto a nivel nacional como internacional. Sus investigadores seguirán luchando por merecer este prestigio, corrigiendo errores, siendo rigurosos y transparentes ante todos los actos de violación de la ética profesional y denunciando a quienes, yendo más allá de los límites de la verdad y la justa denuncia, pretenden distraernos de nuestra mayor misión, la de contribuir a la ciencia ciudadana que es una marca de nuestra presencia en el ámbito académico nacional e internacional.

Esta es mi primera información con respecto a este procedimiento de difamación y ciertamente daré otras informaciones según corresponda. Este texto corresponde a laersión en español del original publicado en portugués y del cual también saldrá una versión en inglés.

Boaventura de Sousa Santos

Santiago de Chile, 11 de Abril de 2023

*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial"            (OtherNews, 18/04/23)

13/4/22

La explicación de Eduardo Madina sobre la diferencia entre "violencia intrafamiliar" y violencia machista: "Violencia intrafamiliar es que tu primo le pega un puñetazo a tu cuñado en la cena de Nochebuena", dice Madina. Y continúa: "La violencia machista forma parte de un ataque a los derechos humanos que sufren solo las mujeres por el hecho de serlo, cuando se desvían de lo que se supone que deben ser sus roles desde el punto de vista subjetivo de algunos hombres"

 "La llegada de Vox a la vida política española sigue trayendo consecuencias… A los bulos, la xenofobia, el revisionismo y un largo etcétera hay que sumar su negacionismo de la violencia machista.

 Un peligroso postulado que ya se le está contagiando al Partido Popular en la era Feijóo y con el pacto entre ambas formaciones en Castilla y León. Ultimamente ya hemos visto a responsables de PP claudicar ante la ultraderecha en Andalucía y en Castilla y León, y hablar de "violencia intrafamiliar". Y el propio Feijóo también se metió en el jardín.

Para los que les cuesta entender por qué se trata de violencia machista, el exdiputado del PSOE Eduardo Madina se lo ha explicado muy claro en una intervención este martes en el programa Hoy por Hoy de la Cadena Ser.

 "Violencia intrafamiliar es que tu primo le pega un puñetazo a tu cuñado en la cena de Nochebuena", dice Madina. Y continúa: "La violencia machista forma parte de un ataque a los derechos humanos que sufren solo las mujeres por el hecho de serlo, cuando se desvían de lo que se supone que deben ser sus roles desde el punto de vista subjetivo de algunos hombres".  (...)"              (Tremending, 13/04/22)

3/6/21

Maribel Verdú revela que sufrió acoso sexual: “Gente influyente llamaba al camerino y yo les decía ‘¿Puede salir usted de aquí?”

 "Con más de 100 títulos en su haber, 11 nominaciones a los Premios Goya y dos cabezones ganados, Maribel Verdú es una de las actrices más conocidas y reconocidas del cine español. A los 50 años, la intérprete tiene una activa carrera en el cine, la televisión y el teatro, tanto en España como en América Latina, y el domingo por la noche se acercó un poco más al público con su participación en Planeta Calleja (Cuatro).

En su aparición en el programa de Jesús Calleja, la artista viajó junto al aventurero a Santo Tomé y Príncipe, un pequeño país insular en el golfo de Guinea. Verdú habló sobre su vida, sus miedos (como la práctica del buceo, que superó con la ayuda del presentador del programa), de su marido —”el amor de mi vida”, dijo de él—, Pedro Larrañaga, o de su decisión de no tener hijos. Pero uno de los momentos más llamativos de la charla fue cuando habló sobre el miedo a envejecer, la cosificación femenina e incluso el acoso, personal y laboral.

 “Tú eres un mito para muchas personas... ¿No sufriste acoso?”, le preguntó Jesús Calleja a la actriz. “Sí, y no conozco a ninguna mujer a la que no le haya pasado, que no haya tenido que soportar barbaridades. Que, de repente, has llevado a juicio, como fue mi caso hace muchos años”, reconoció la intérprete sobre un hecho que le ocurrió “hace mucho tiempo cuando estaba empezando”, explicó, sin querer entrar en pormenores.

 Hace años, Verdú tuvo un pleito por esta cuestión, pero entonces no se les prestaba la misma atención por parte de la prensa y la opinión pública. Además, aunque decidió no dar más detalles, sí hizo referencia a algún momento en el que se había sentido acosada. “Que se te coloque un señor con el paquete detrás y saber que lo está haciendo adrede da mucho asco”, confesó, explicando que a veces ha reaccionado en público y otras, por no armar un escándalo, ha preferido evitarlo.

“En el trabajo me ha pasado”, aseguró. “Ha habido gente que llamaba al camerino, gente muy influyente, y [tuve que] decirle: ‘¿Puede salir usted de aquí?, ¿puede repetirme esto delante de mis compañeros?”, relató Verdú. “¿Con una proposición deshonesta?”, le preguntó Calleja, a lo que ella respondió que sí, que eso era lo que había ocurrido. 

 Entonces, contó, salió rápidamente de ese camerino y llamó a un par de compañeros, “muy conocidos, actores, chicos”, a los que les dijo: ‘Por favor, me acaba de pasar esto, yo temblando ¿me podéis acompañar?”. Volvían al camerino, detalló la actriz, y le decía a esa persona: ‘¿Ahora puede repetir esto mismo?”. ”Es una presencia masculina que esté contigo ahí y ya se cortan. Y es que me pone enferma”, afirmó.

“Para mí fue liberador”, dice sobre la aparición del movimiento Me Too. De hecho, asegura que se ha llegado a cambiar de acera en una calle si veía a un grupo de hombres y estaba caminando con sus hermanas para evitar “escuchar gilipolleces y barbaridades”. También explica que el hecho de poder sacar el móvil y decir: “Te estoy grabando, cuidado”. “Eso a mí me da una tranquilidad muy grande...”, explicó. 

Verdú aseguró que hay cosas que no soporta: “Aparte de la injusticia, es el abuso de poder, extrapolándolo a cualquier sitio, en cualquier espacio, y eso se ejerce mucho, desgraciadamente, todavía”. De hecho, contó que ha vivido situaciones muy delicadas, pero prefirió confiárselo solo a sus íntimos y “a la gente que lo tiene que saber”, explicando que “de repente, se aprovecha de ti alguien en quien confías plenamente, y dices: ‘Si eres un delincuente. Eres un impresentable”.

 Además, Verdú quiso hablar sobre la presión de envejecer en la pantalla y sobre el miedo a perder trabajos, que para ella es real porque le ha pasado a amigas suyas según han ido cumpliendo años.“Siempre pienso que puede que cada año sea el último, porque eres mujer, vas cumpliendo años... 

Desgraciadamente para las mujeres es un lastre gordo, ves que todas terminan tocándose, haciéndose…”, dijo en referencia a la cirugía estética. Explicó que a muchas mujeres les ha pasado, mientras que a muchos hombres no: “Pasa como en la vida, que creemos que hemos conseguido mucho y hemos conseguido muy poco. Por eso tenemos que estar en la lucha constante por la igualdad”.

Sobre las escenas de sexo en pantalla, Calleja le preguntó a Verdú por qué las mujeres “pueden enseñar las tetas y los hombres no pueden enseñar el culo”. “Esto es una cosa lamentable, patética”, le respondió la actriz. “He reflexionado acerca de eso. Si llego a decir que no a escenas de estas me hubiera perdido películas como La buena estrella, Amantes, Belle époque… películas que han significado tanto para mí. Pero hoy en día diría ¿tengo que hacer esto?, ajá, muy bien, los dos iguales. Los dos iguales o ninguno”.              (El País, 31/05/21)

21/4/21

Las lecciones de la pionera del #MeToo en España... el caso Nevenka

 "Hay una escena en Nevenka, el documental recién estrenado en Netflix, que resume a qué se enfrentaba una mujer que denunciara acoso en la España de 2001.

 La protagonista lleva a juicio al poderoso alcalde de la ciudad de Ponferrada Ismael Álvarez y los vecinos salen a la calle para mostrar su indignación. Pero no con el agresor, sino con la víctima. “¡A mí nadie me acosa si yo no me dejo!”, grita una señora.

Nevenka Fernández ganó la primera querella por acoso contra un político en España, convirtiéndose sin saberlo en la pionera de un movimiento al estilo del #MeToo que no terminó de despegar. El fiscal tuvo que ser apartado del caso tras interrogarla como si el delito lo hubiera cometido ella, los compañeros de partido le dieron la espalda y la estigmatización forzó su marcha al extranjero. A pesar de la victoria judicial, el precio pagado dejó un aviso a otras mujeres en su situación.

Nevenka nos traslada a una España machista e insensible ante el acoso, un país que, en parte gracias al movimiento feminista, desde entonces ha hecho importantes progresos y ahora se sitúa como el octavo país con más igualdad del mundo. Las españolas no pudieron abrir su propia cuenta bancaria hasta 1975 y hoy están entre las que más presencia tienen en política y en el sector empresarial. ¿Quiere eso decir que la batalla por la igualdad está ganada? ¿Es el progreso de estos años irreversible? La respuesta a ambas preguntas es no.

La reemergencia de la extrema derecha ha coincidido con una ofensiva encaminada a cuestionar derechos de la mujer y tumbar políticas de protección todavía necesarias. Grupos ultracatólicos tratan de avanzar una agenda retrógrada sobre su papel en sociedad y defienden que es el hombre el que está siendo discriminado. Vox, la tercera fuerza del país, lidera en el parlamento un movimiento que niega la existencia de la violencia de género. “Es imposible demostrar machismo porque a ninguna mujer se la agrede por el hecho de serlo”, aseguró hace unos días en el Congreso la diputada Carla Toscano.

La afirmación, en un país donde más de un millar de mujeres han sido asesinadas por sus parejas desde 2003, y miles siguen sufriendo el maltrato en silencio, es negligentemente disparatada.

Uno de los éxitos del nuevo negacionismo del machismo ha sido contaminar de ideología lo que debería ser una mera cuestión de derechos. El término feminismo, que la Real Academia de la Lengua define como “principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”, es utilizado por medios y políticos conservadores como un insulto; programas de prevención en violencia de género son denostados con generalizaciones simplonas; y las celebraciones del Día Internacional de la Mujer, cada 8 de marzo, se enfangan en peleas políticas para desviar la atención de lo importante.

Uno de los grandes consensos de la democracia, la unión de todos los partidos en la lucha por la igualdad, ha saltado por los aires.

Esa politización absurda tuvo un punto álgido cuando el Ayuntamiento de Madrid aprobó en enero una moción de Vox pidiendo la eliminación de un mural donde estaban representadas mujeres icónicas. La obra incluía entre otros los retratos de la primera astronauta, Valentina Tereshkova, la activista estadounidense Angela Davis o la tenista Billie Jean King. La decisión fue posteriormente corregida, pero, como suele ocurrir, la estupidez política ya se había trasladado a la calle: extremistas aprovecharon la cobertura de la noche para sabotear el mural.

 Ana Pastor, cuya empresa Newtral coprodujo el documental sobre Nevenka, dirigido por Maribel Sánchez-Maroto, destaca los avances logrados en estos veinte años y recuerda el camino que todavía queda por recorrer. “Ahora las alertas saltan mucho antes y, aunque sigue ocurriendo, hay una sensibilidad social que protege más a las víctimas”, dice Pastor. Y, sin embargo, añade que denunciar sigue siendo difícil: “Exigirle valentía a una mujer después de haber sufrido una agresión o acoso es muy injusto”.

Nevenka Fernández era una joven economista de 26 años cuando entró en el Ayuntamiento de Ponferrada como concejal de Hacienda. Tras mantener una breve relación sentimental con el alcalde, su decisión de romper supuso el inicio de meses de acoso sexual y finalmente su baja por depresión. Su testimonio, tras dos décadas de silencio, nos recuerda lo difícil que ha sido para las mujeres avanzar en sus derechos y la importancia de no dar pasos atrás.

Nevenka muestra también por qué es importante que legisladores y jueces faciliten un ambiente seguro para la exposición de los abusos. En Cataluña, una de las pocas regiones que ofrece datos de acoso en el trabajo, solo el 8 por ciento de las víctimas denuncian a sus agresores. El problema no está en las leyes, que se han adaptado a los delitos machistas, sino en la cultura que los ampara. El manual para desacreditar a las víctimas es siempre el mismo: se incide en la vestimenta o actitud de la mujer, se indaga en su pasado para cuestionar su moral y se invierte la culpa, a menudo alegando que buscaba un ascenso profesional. Esos prejuicios, que Nevenka sufrió durante dos años de proceso judicial, hasta la ratificación de la condena en el Tribunal Supremo, no han muerto del todo.

Y lo que es más preocupante: siguen enraizados en parte de la política y judicatura españolas.

Esta misma semana una víctima de una violación múltiple en la localidad catalana de Sabadell, que tenía 18 años cuando fue agredida, tuvo que responder al continuo cuestionamiento de su relato, a pesar de haber tenido que repetirlo en numerosas instancias anteriores. La falta de empatía mostrada por la defensa y el fiscal, mientras la víctima lloraba desconsolada, obligan a revisar la formación y los protocolos seguidos por jueces, fiscales y abogados.

La incorporación de la mujer a la política también ha mejorado, pero encuentra resistencias. El 22 de marzo, el diputado del Partido Popular Diego Movellán mostró la persistencia del machismo durante comparecencia de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y vicepresidenta tercera del Gobierno. En una intervención que tuvo que leer, Movellán dijo que las mujeres del partido de Díaz, Unidad Podemos, solo “suben en escalafón si se agarran bien a una coleta”, en referencia al entonces líder de la formación, Pablo Iglesias.

El hecho de que la acusación viniera de un diputado sin méritos profesionales fuera de la política, con un currículo claramente inferior al de la ministra, muestra hasta qué punto el problema es justamente el contrario: las ventajas que todavía permiten a varones mediocres alcanzar responsabilidades que les superan. El Partido Popular, al no censurarle, alienta que se repitan comportamientos similares.

Muchos de los avances pendientes para la mujer están ligados al trabajo, incluida la brecha salarial, los obstáculos que encuentran para llegar a puestos de responsabilidad y el acoso, donde una condena sin matices de la sociedad aumenta la protección. Políticos, jueces y ciudadanos tenemos la obligación de asegurarnos de que ninguna mujer vuelve a pasar por el escarnio público que sufrió Nevenka Fernández. “Lo que las víctimas necesitan es acompañamiento en todos los sentidos. Judicial, social, mediático…”, recuerda Ana Pastor."                  (David Jiménez, The New York Times en español, 08/04/21)

23/3/21

Rocío Carrasca contra David Flores... la sociedad del espectáculo. Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada... y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco

  AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Llevan cebando el programa toda la semana con declaraciones de Antonio David Flores. Esta misma semana cuando ya sabían el contenido del documental porque lo habían grabado ellos le entrevistaban en la puerta de su casa para que cebara el enfrentamiento.

"Telecinco deja de contar con Antonio David, que no volverá a ninguno de sus programas. El tertuliano desaparecerá de 'Sálvame' y del resto de espacios después de las confesiones y acusaciones de Rocío Carrasco en 'Rocío, contar la verdad para seguir viva'." (Vertele, 22/03/21)

En los programas de Telecinco promovieron hasta este mismo viernes ese maltrato que luego denuncian en el programa del domingo. No entiendo cómo se tolera este lavado de imagen corporativo usando el sufrimiento de una mujer.

Sálvame Oficial @salvameoficial

ANTONIO DAVID: "El documental de Rocío Carrasco es una farsa" #yoveosálvame

2:28 p. m. · 22 mar. 2021
202 Retweets 16 Tweets citados 892 Me gusta

AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Una de las premisas básicas a la hora de informar sobre violencia machista es no equiparar la versión de víctima y maltratador. Si han hecho bien su trabajo, de forma comprometida, sincera y rigurosa no pueden luego dar voz al victimario. A no ser que solo busquen un show.

10:40 a. m. · 22 mar. 2021
235 Retweets 13 Tweets citados 1.257 Me gusta


AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada...y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco.

11:27 p. m. · 21 mar. 2021
882 Retweets 60 Tweets citados 5.179 Me gusta


AntonioMaestre @AntonioMaestre 

Seguid haciendo de este caso una denuncia sincera contra el maltrato. Que se emite días antes de que la mujer del denunciado por maltrato vaya a un reality para seguir haciendo dinero de un drama social. Es un negocio. Hacer de la violencia machista un negocio.

12:08 a. m. · 22 mar. 2021
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 "El caso Rocío Carrasco o cómo el fin justificó los medios.

 Nadie como Telecinco y La fábrica de la tele —la productora de la casa que se ha encargado del especial sobre Rocío Carrasco—, nadie como ese paradigmático (de lo bueno y de lo malo) imaginario de Mediaset podía hacer lo que hizo ayer en televisión. Un 33,2% de audiencia, 3.700.000 espectadores.

¿Fue un espectáculo lo de Rocío Carrasco de anoche? Claro. Pero al acabar pensé en una frase tópica y típica: el fin justifica los medios. Ayer Telecino jugó en una liga, cómo decirlo ¿más sincera? ¿más sólida?

 Tranquilos, ya sé que la puesta en escena, los silencios, las músicas, esos momentos en los que Jorge Javier se levantaba a ofrecer 12.000 euros tras un testimonio letal de Rocío Carrasco, eran show televisivo puro, pero, salvo todo eso —insisto, sé que es mucho, pero así es la tele de Vasile, que vemos todos, no nos vamos a llevar ahora las manos a la cabeza—, el especial —la entrevista de ella, fundamentalmente— estuvo a la altura de lo que se venía anunciando desde el martes. La historia había colonizado la parrilla y otros tantos medios digitales, era un bombazo televisivo en toda regla, y sí, el contenido parecía ser dinamita. De la mala.

 Yo que estoy bregada en procelosos momentos televisivos, que suelo ir con el chaleco antibalas puesto ante estos dramas, me quedé estupefacta y conmovida. Por supuesto me creí a esta mujer a quien no conozco en persona, pero a quien he visto, crecer, casarse, presentar programas, llorar, desaparecer, renacer… También he visto cómo la propia cadena que anoche la acogía, la había despedazado día a día. En el documental, que está hecho sin remilgos, a saco, se pudo ver un buen resumen de ese machaque. Invito a cualquiera a imaginarse en esa situación sólo unos minutos. Y luego a alargar esos minutos a 20 años.

Sí, ya sé —o ya supongo, porque nadie ha comunicado de manera oficial nada en esa dirección— que Rocío Carrasco ha hecho este especial a cambio de una sustanciosa cantidad económica, ya sé que Telecinco no lo ha hecho para luchar contra la violencia de género o para hacerse perdonar por la hija de la Jurado. Todo eso lo sé. Pero también sé que anoche estaba frente a la tele un público diverso, el especifico de Telecinco y el otro, el que no se suele acercar a su universo. En ambos hay mujeres maltratadas, seguro, mujeres que nunca lo cuentan por miles de razones, mujeres de todo tipo. Cultas, analfabetas, adineradas, discretas, madres, famosas… Y las frases mortales de la hija de Rocío Jurado se quedaron ahí, en sus cabezas, y quizá las llevó a tomar decisiones. A contarlo todo ante quien deben contarlo: la policía, los jueces…

 Lo más importante de anoche fue que un personaje tan de casa, tan popular como Rocío Carrasco contase su maltrato y el vínculo de este con la maternidad, algo de lo que se habla poco y de lo que yo sé poco o nada. Pero también fue importante por varias cosas, relacionadas con la trascendencia televisiva, que nunca me cansaré de repetir:

1. Que la tele puede ser muy cruel y destrozar y levantar reputaciones y en lo que dura una pausa publicitaria.

2. Que su repercusión es siempre mayor de la que nos creemos. A Rocío Carrasco, una mujer muy hecha desde pequeña a los medios, que ha negociado mil veces con ellos, que conoce su lenguaje perverso, sus trampas, la condujo, literalmente, a un intento de suicidio.

 3. Que dar voz, minutos, risas, defensas, a maltratadores, elegir a los gallitos del corral en los castings (da igual que estén en La Isla de las tentaciones, en Supervivientes, en los platós de tertulianos, en Mujeres, hombres y viceversa, en GH…) emponzoña el mundo y es perverso. Y debería, sí, estar vetado."           (Mariola Cubells, HuffPost, 22/03/21)

 

"En casi cuatro horas de programa, y tras 25 años de silencio, Rocío Carrasco pasó de ser un ‘diablo’ y “una mala madre” para muchos espacios del corazón y audiencia a ser una víctima. 

Su testimonio en la serie documental Rocío, contar la verdad para seguir viva, emitido en Telecinco, ha sido más que revolucionario. No sólo en la calles: en las redes sociales seguía siendo uno de los temas más comentados 24 horas después del programa. “Es lo que le pasa a todas las mujeres que han sufrido violencia de género. No les creen nunca. De hecho, muchos de los que participaron en la tertulia rectificaron su opinión y se han dado cuenta de lo que hay. No por lo que cuenta ella, sino porque empiezan a entender cosas”, explica Gregorio Gómez Mata, secretario de la Asociación ALMA.

Entre otras muchas declaraciones, Rocío Carrasco dijo mirando a cámara entre lágrimas y con síntomas visibles de ansiedad sobre su exmarido Antonio David Flores: “Nunca se le ha cuestionado, siempre se ha dado por veraz lo que esta persona ha dicho de mí. Si no hubiese tenido a mis hijos no me habría importado, pero eso es lo que recibían mis hijos día a día y con lo que ellos han crecido, con ese ’mala madre”.

 Su dolor es, sobre todo, el que surge después de que le hayan arrancado “lo más importante” de su vida, sus hijos. Carrasco aseguró que el colaborador, del que Telecinco ha decidido prescindir en sus programas, le increpaba cuando llegaba a su casa a dejar a los niños. La hija de Rocío Jurado está diagnosticada desde 2011 de un síndrome ansioso-depresivo moderado y grave cronificado en el tiempo.

Como apunta a El HuffPost la ministra de Igualdad, Irene Montero, la importancia de esta entrevista no sólo reside en la cantidad de gente a la que ha llegado y en las mujeres que se puedan sentir identificadas, sino también en todas “las que sufren o han sufrido violencia machista y no lo han denunciado por miedo a no ser creídas, como dicen los datos de la macroencuesta que presentamos”.

 Datos, indica la ministra, que son preocupantes: “De media se tardan 8 años y 8 meses en denunciar la violencia machista. El ‘Yo sí te creo’ es una manera de ensanchar esas puertas de acceso, y más cuando se tiene una repercusión a tan gran escala. Que todas esas mujeres que han visto el programa y viven una situación de violencia machista sepan que no están solas”.

No hay un “prototipo” de mujer maltratada

Es importantísimo “señalar que en la cuestión del maltrato a las mujeres no hay ninguna barrera, ni que seas rico ni que seas pobre, ni que tengas una madre famosa o anónima”, indica la expolítica y abogada Cristina Almeida. De ahí también la importancia de que se emita en una cadena como Telecinco, en la que más de 9,5 millones de personas vieron alguna parte del programa este domingo. De hecho, Gómez Mata reconoce que ALMA ha recibido ya varias llamadas a raíz del documental de mujeres que se han visto reflejadas.

“Con la audiencia que tiene y con el tipo de programas que emite en los que todo ha sido siempre a favor del padre, que alguien diga ‘ahora voy a hablar yo’, independientemente de las razones que le muevan, es importante. Desgraciadamente, sólo en estos casos la trascendencia es tan grande, y hace ver que el maltrato es algo muy cotidiano”, puntualiza Almeida.

 Incluso políticos como Íñigo Errejón, líder de Más País, Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, y también Irene Montero se pronunciaron sobre el testimonio de la hija de Rocío Jurado en Twitter.

 Aunque esto no es nuevo. Cristina Almeida ya vivió esta situación hace años con Carmina Ordóñez, recuerda. “Denunció a Ernesto Neyra y el juez dijo que ‘no era el prototipo de mujer maltratada’. No hay un prototipo, este tipo de cosas demuestran que el maltrato es consustancial a las mujeres de todo el mundo por una cuestión heteropatriarcal y machista que está en todas las sociedades”, relata la abogada.

En el caso de Rocío Carrasco, “siempre ha tenido una visibilidad en los medios relacionada con otros asuntos y no con este problema”, por eso para Almeida es tan importante su discurso como que “su supuesto maltratador —una figura que siempre cuida su imagen hacia el exterior y que consigue la distancia emocional de la que no se desprende la víctima, según los expertos— ya no esté en en todos los programas, hablando de todo el mundo y acallando el problema, como si no pasara nada. Necesitan su reproche y Telecinco se lo ha dado”.

Como ha apuntado Carlota Corredera este lunes en Sálvame, los protagonistas de estas tragedias también son los hijos, porque el maltrato está vinculado también a la maternidad. En este punto coincide el secretario de la asociación ALMA: “El pacto de estado está guardado en un cajón. Rocío Carrasco habla en el documental de la manipulación que sufren sus hijos. El pacto de estado decía que en el momento que hubiera una denuncia por violencia de género la custodia compartida se eliminaría, pero sigue ahí”. Como en el caso de Rocío Carrasco y Antonio David Flores.

“Su testimonio demuestra que la violencia de género no depende de estatus sociales ni de formación, ese es el error que comete la sociedad, afecta a cualquier mujer. En Rocío se ve cómo es el proceso de la manipulación. Necesitamos más mujeres que den el paso al frente”, sentencia Gregorio Gómez Mata."           (Paula M. Gonçálvez, HuufPost, 22/03/21)

 

 ".Irene Montero corta 'Sálvame' por sorpresa y habla sin rodeos de Rocío Carrasco : "Ha sido valiente"

 El documental de Rocío Carrasco y su desgarrador testimonio sobre el maltrato que habría recibido durante estos años de Antonio David Flores ha causado gran conmoción. Incluso el tema ha llegado al mundo de la política después de que Irene Montero, la Ministra de Igualdad, no dudara en mostrar su opinión sobre el problema de la hija de Rocío Jurado.

Tras el revuelo causado, ‘Sálvame‘ ha querido contar este lunes 22 de marzo con Irene Montero en directo para conocer su visión de la historia de Rocío Carrasco. “Muchas gracias por intervenir esta tarde en ‘Sálvame’. ¿Cómo se vive desde el ministerio de Igualdad un testimonio como el de Rocío Carrasco que llegaron a ver hasta diez millones de personas, al menos algunos minutos del programa?”, le preguntaba Carlota Corredera.

“Creo que tanto el testimonio como los niveles de audiencia, es una obligación estar ahí como Ministra de Igualdad. Se expone a esa mujer para revivir esas situaciones de maltrato. Tenemos que estar ahí siempre que una mujer se atreve a dar el paso a hablar de su historia de violencia de género y ese relato de mala madre; y de tacharla así sin conocer su historia”, expresaba Irene Montero nada más empezar.

“Es importante como Gobierno estar ahí”

Justo después, Montero destacaba lo que puede suponer públicamente que se de voz a un testimonio como el de Rocío Carrasco. “Hay miles de mujeres que pueden sentirse identificadas con su relato o verse reflejadas en algunas de esas historias. Y es importante como Gobierno anunciar que estamos con ellas, que da igual donde hayas nacido, si tienes fama o no, que todas las mujeres en cualquier circunstancia puede ser víctima; y que hay un teléfono el 016 para ayudar. Además de que tenemos todas las herramientas puestas para ayudarlas”, proseguía afirmando la ministra.

“Es muy importante el testimonio de Rocío Carrasco para poner en valor y se ponga el foco en esa violencia tan difícil de demostrar. ¿Qué ha ocurrido para que los jueces hayan un sobreseimiento. En qué les estamos fallando a las mujeres?”, le preguntaba entonces Carlota Corredera a la política de Unidas Podemos.

“Hay muchos retos por delante. Lo primero que hicimos fue que se reconociera a todas las víctimas por igual. Hemos visto los casos de la Manada que hay una justicia patriarcal. Y uno de esos retos y por eso quiero dar la cara hoy porque hay mucha gente que está siguiendo esto; es que las puertas de acceso institucional para denunciar son pequeñas para ojos de muchas mujeres y los datos están ahí. De media una mujer que sufre violencia machista tarda 8 años y 8 meses en denunciar y muchas tienen miedo de que no se las crea y por eso está el grito de ‘Hermana, yo sí te creo'”, le respondía Irene Montero.

 “Lo que no podemos es pedirle a las mujeres que denuncien y que el sistema no esté a la altura. Hay mucha gente que lo que contó ayer Rocío creen que es mentira”, le destacaba Carlota Corredera a Irene Montero tras escucharla. “Ella ha sido valiente, se ve también en lo que he podido ver y como revive esas experiencias de violencia que sigue siendo dolorosa para ella”.

“Es una revictimización que es a lo que se enfrentan las víctimas de violencia de género. Es verdad que nuestra sociedad ha avanzado mucho en la conciencia y en radicar la violencia machista pero tengo la sensación de que tenemos muy distante aún lo que es vivir una historia de maltrato”, añadía después de que Carlota le preguntara si quería decirle algo directamente a Rocío Carrasco.

“Y me importa mucho que las mujeres puedan verse reflejadas en su historia y les pueda hacer pensar en sus propias vidas y buscar esos apoyos. Al igual que el que haya también un periodismo que de voz a las mujeres víctimas de género y que las apoyen es muy necesario. Jugáis un papel fundamental”, concluía diciendo la ministra dando las gracias al programa por visibilizar un problema tan serio como el de la violencia de género."                    (Roberto Jiménez, Huff Post, 22/03/21)

12/3/21

"Nos hacen creer que conseguir sexo o pareja es tan sencillo como comprar en Amazon"

  "Las periodistas Rosa Márquez y Marta Jaenes, creadoras del documental de Netflix ¿Qué coño está pasando?, reflexionan sobre las agresiones sexuales y la cultura de la violación en ¿Cerró usted las piernas? (Ediciones B). Un título que surge de la pregunta que en 2016 una jueza le hizo a la víctima de una violación, y que da entrada a un ensayo periodístico que busca desmontar los mitos y falacias en los que se sustentan la violencia machista y la cultura de la violación.

Cada capítulo comienza con la transcripción de un caso de violación. ¿Por qué es tan importante ponerle palabras?

Rosa Márquez (RM): La violencia sexual ha estado históricamente muy silenciada y eso ha propiciado que siguiera reproduciéndose, por eso creíamos que era necesario aportar testimonios de mujeres que hubieran vivido una situación así y se atrevieran a contarla.

Marta Jaenes (MJ): Cuando las entrevistamos, tanto Cristina Fallarás como Lucía Lijtmaer, ambas periodistas, nos hablaron de la importancia de los relatos en primera persona para el activismo. A través de estas experiencias otras mujeres pueden identificarse y perder a su vez el miedo a hablar.

 Se ha perpetuado un perfil de violador que es extranjero, de clase baja, marginal y reincidente. ¿Por qué es importante impugnar ese retrato?

MJ: En el 80% de los casos, agresor y víctima se conocían de antes, lo que significa que el violador era alguien de su entorno: un familiar, la pareja, un compañero de trabajo... Tampoco es verdad que la mayor parte de las agresiones las cometan extranjeros, ni enfermos mentales o psicópatas, son en su mayoría hombres normales y perfectamente integrados en la sociedad.

RM: Presentarlos como enfermos o monstruos sirve para separarlos del conjunto social y nos lleva a creer que esos actos que repudiamos solo pueden hacerlos tipos marginales. La sorpresa viene cuando los agresores resultan ser militares, guardia civiles, productores de cine o deportistas famosos a los que admirábamos, porque no encajan en nuestra idea (errónea) de lo que es un violador.

¿Qué peso tiene la cultura en nuestro modo de entender la violación?, ¿de qué forma la ha ido moldeando?, ¿creen que la ha idealizado?

RM: Se ha idealizado por ejemplo en la mitología. A partir de violaciones y raptos se han fundado ciudades o han nacido estirpes de dioses y héroes.

MJ: En el arte se ha erotizado porque se entendía que la sexualidad masculina era agresiva por naturaleza y que las mujeres, aunque al principio se resistieran, en el fondo les gustaba así.

El cine ha contribuido y de qué manera a esa idealización...

MJ: La violación de Mónica Belluci en Irreversible es una agresión a tiempo real de un sujeto misógino que además no para de insultarla mientras la golpea. Es una escena muy buscada en las páginas porno de internet, es decir, hay gente que se masturba viéndola.

RM: En el cine también se ha insistido mucho en que el "no" inicial de una mujer es el fondo un "sí" encubierto. Lo vimos en Perros de paja, donde la mujer del protagonista es violada por dos hombres pero en el fondo parece estar disfrutando o en Elle de Paul Verhoeven, donde la protagonista busca a su violador e inicia una extraña relación con él.

 Hablan de la hipersexualización del cuerpo de las mujeres y también de la cultura del porno. ¿En qué medida son corresponsables de esta cultura de la violación?

RM: Gran parte del porno que se hace hoy día se basa en la violencia y la humillación de las mujeres, solo hay que entrar en cualquier buscador y ver los títulos, a esto hay que añadir que la línea entre la realidad y la ficción se ha desdibujado, hasta el punto de que en páginas como Pornohub hay vídeos de violaciones reales y han estado colgados meses e incluso años hasta que alguien lo ha denunciado.

MJ: El principal problema es que el porno se está convirtiendo en la educación sexual de los jóvenes, porque es gratuito y de muy fácil acceso.

¿Hasta qué punto la violación incide en el deseo y el deseo en la violación? Me explico; ¿cómo se conjuga algo tan reprobable como una violación y la posibilidad de excitarse con ello?

RM: Todas las fantasías sexuales, mientras sean entre personas adultas y desde el consentimiento por parte de ambas, son legítimas, no hay nada de malo en ello. Pero no está de más preguntarnos de dónde vienen esos deseos y cómo los hemos construido.

MJ: Seguramente son consecuencia de esa erotización de la violencia de la que hablábamos.

¿De qué forma creen que la 'tinderización' de las relaciones trastoca nuestra forma de entender el deseo?, ¿se ha banalizado?

RM: El deseo se ha mercantilizado, se ha convertido en un bien de consumo muy rentable. La tinderización de las relaciones en consecuencia, por un lado del auge de la tecnología, y por otro del neoliberalismo porque en estas aplicaciones somos a la vez en consumidores y en productos y nos hacen creer que conseguir sexo o una pareja puede ser tan sencillo como comprar en Amazon (aunque luego no es así).

¿Qué dice de nuestra sociedad la proliferación de artilugios como Satisfyer o Lelo?

MJ: Somos, cada vez más, una sociedad individualista y sin tiempo para la pareja o para un deseo más elaborado, de ahí que el Satisfyer se presente como una revolución porque puede conseguir orgasmos en menos de dos minutos.

¿Y qué hay de la proliferación de los aliados feministas? Los hay muy motivados...

MJ: Una sociedad no cambia si solo lo hace la mitad de su población y la lucha por la igualdad nos beneficia a todos, por tanto los hombres son bienvenidos en el feminismo, siempre y cuando venga a aportar y no solo a hacerse la foto.

RM: Lo que pasa es que hay mucho falso aliado que en público defiende la lucha feminista y en su casa no es capaz ni de recoger la mesa, para ser feminista hay que empezar por ahí, compartiendo las tareas domésticas y los cuidados.

Canciones como 'Merichane' de Zahara o series como 'Podría destruirte', de Michaela Coel, empoderan y sirven de catarsis. Algo está cambiando...

MJ: Hasta ahora en la cultura como en casi todo, las mujeres apenas estábamos presentes como creadoras. Los cuadros, las novelas o las películas las hacían los hombres y las artistas eran invisibiles. Por suerte esto está cambiando y los ejemplos que nombras nos parecen muy valiosos porque aportan un punto de vista nuevo y distinto."                     (Entrevista a Rosa Márquez y Marta Jaenes,  Juan Losa, Público, 24/02/21)

15/2/21

El feminismo se encuentra actualmente en una peligrosa coyuntura que puede derivar en la desaparición del mismo como fuerza política liberadora. Debido, en parte, a la imposición de una “cierta lógica inquisitorial” (Nuria Alabao y Emmanuel Rodríguez) se amedrenta a quienes podrían articular un necesario disenso mediante la amenaza victimista de ser acusados de complicidad con el sexismo o de no pertenecer a la categoría identitaria adecuada. Según esta formulación, interpretar un silencio como una conformidad para participar en un acto sexual puede ser constitutivo de un delito de agresión sexual. De nuevo, un exceso punitivo que el feminismo no debería admitir en su nombre

 "El feminismo se encuentra actualmente en una peligrosa coyuntura que puede derivar en la desaparición del mismo como fuerza política liberadora. Varios elementos están contribuyendo a ello, pero quizás uno de los más destacables es su tendencia al punitivismo y a la defensa de los intereses de las clases más privilegiadas y conservadoras. 

Esto ocurre ante la mirada desorientada y atemorizada, no solo de parte del feminismo, sino también de otros movimientos políticos emancipatorios. Debido, en parte, a la imposición de una “cierta lógica inquisitorial” (Nuria Alabao y Emmanuel Rodríguez) se amedrenta a quienes podrían articular un necesario disenso mediante la amenaza victimista de ser acusados de complicidad con el sexismo o de no pertenecer a la categoría identitaria adecuada.

Tal es el caso de la dificultad para impugnar de forma contundente el actual anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual –en trámites antes de ser discutido en el Congreso–, una medida que, amparándose en demandas feministas, sigue la senda neoliberal del incremento punitivo.

Esto no significa que no hayan aparecido voces críticas. Juristas feministas como Laia Serra, Patsili Toledo o Maria Luisa Maqueda han puesto el acento en los problemas que presenta el anteproyecto. Sobre todo, se han centrado en el aspecto de la desautorización de las voces de las trabajadoras del sexo ya que tipifica como delito el proxenetismo no coactivo y la tercería locativa –el alquiler de espacios para el ejercicio de la prostitución–, lo que acabará dificultando, todavía más, el desarrollo seguro de la actividad, en lugar de intervenir para fortalecer unos derechos laborales inexistentes.

Ahora bien, no es de extrañar que las personas que están siendo capaces de articular un discurso crítico sean mayoritariamente profesionales del derecho puesto que una de las características de los actuales modelos punitivos es que cualquier problema social queda remitido a los marcos de la gestión estatal del conflicto. Esto sirve como elemento disuasorio añadido que desautoriza implícitamente las críticas que provengan desde contextos no jurídicos, como pueden ser los de los movimientos y organizaciones políticas de base.

 La ley penal dispone de una potente capacidad performativa, es decir, construye las formas en las que entendemos la realidad social. A su vez, este procedimiento se oculta y hace parecer inevitables decisiones políticas basadas en la preservación de la estructura social como, por ejemplo, la remisión de cualquier problemática social a la resolución penal. Esto limita el campo de discusión a los marcos de lo posible, es decir, a los marcos de la política criminal y el derecho estatal, que además se autolegitiman mediante discursos que, con frecuencia, resultan complejos y excesivamente técnicos para la mayoría de la población.

Por ello es imprescindible sumar voces críticas que, desde las organizaciones políticas de base, analicen los problemas originados por las medidas legislativas que, como ocurre con este anteproyecto de ley, refuerzan el punitivismo y el puritanismo sexual poniendo en riesgo la supervivencia de muchas mujeres y colectivos “vulnerabilizados” y disciplinando a toda la población según los valores morales de las clases dominantes.

Estado punitivo, sujetos frágiles

Uno de los elementos más característicos del anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual ha sido un supuesto cambio de paradigma, según el cual, los delitos sexuales deben fundarse en la falta de consentimiento y no en el medio empleado para doblegarlo. En este sentido, el nuevo articulado establece que “todo acto que atente contra la libertad sexual de otra persona sin su consentimiento” será considerado agresión sexual, eliminando la distinción actual entre abuso y agresión.

A pesar de lo limitado del término, el consentimiento es el elemento indispensable para establecer acuerdos sociales y políticos en la definición de lo que es considerado una agresión sexual o un acto sexual en el que se vulnera la voluntad de otra persona. Ahora bien, una cosa es establecer el consentimiento como elemento cuya falta define un ataque sexual y otra muy distinta es decidir que la vía penal es la más adecuada cuando se producen actos sexuales no consentidos, sean estos de la intensidad que sean. Esto último es una decisión política, pero que debido al uso expansivo del sistema penal y a los “sentidos comunes” actuales se presenta como la única posible.

 

Desplazar la importancia de la lesividad de los medios comisivos, es decir, desplazar la importancia de la intensidad o gravedad de los medios que se emplean para doblegar el consentimiento, supone ampliar las conductas que pueden ser incluidas bajo el delito unificado de “agresiones sexuales”. A mi entender, un feminismo no punitivo debería abordar la complejidad de la sexualidad, el consentimiento y el deseo en otros contextos educativos, políticos, comunitarios y relacionales. Y debería reservarse el ámbito penal para los casos en los que la voluntad se doblega mediante actos graves y altamente lesivos como aquellos en los que existe violencia, intimidación o anulación de la voluntad con fines de atentar contra la libertad sexual de otra persona. Todo ello con la finalidad de minimizar el campo de lo penal y tender a una progresiva intervención mínima del mismo puesto que, como ha afirmado Maqueda, “la lógica propia del sistema penal –que es la de un sistemático incremento de la represión– tiene efectos sociales contraproducentes y perversos, como por ejemplo la expansión del control estatal” y el refuerzo de un sistema de “intolerancia selectiva” hacia los delitos cometidos por las poblaciones más vulnerables y transgresoras. El criminólogo Adam Crawford se pregunta, respecto a las supuestas proclamas de tolerancia cero con el delito, ¿dónde está la “tolerancia cero” de los delitos administrativos, el fraude comercial, la contaminación ilegal de las empresas o los delitos contra las personas trabajadoras? Efectivamente, como ha venido apuntando la criminología crítica, el funcionamiento de la justicia penal es altamente selectivo y se dirige de forma casi exclusiva contra las clases populares en base a los criterios racistas y clasistas de las sociedades neoliberales.

Por otra parte, el anteproyecto de ley incorpora una definición de consentimiento, entendiendo que no existirá cuando “la víctima no haya manifestado libremente por actos exteriores, concluyentes e inequívocos conforme a las circunstancias concurrentes, su voluntad expresa de participar en el acto”. Esta forma de expresar el consentimiento es la plasmación jurídica del conocido lema feminista “solo sí es sí” mediante el que se elimina la necesidad de articular una respuesta negativa, porque solo cuando se afirma la voluntad es un acto consentido.

Esta definición de consentimiento no solo aumenta la punitividad sino que además lo hace a costa de fragilizar e infantilizar la sexualidad de las mujeres. Según esta formulación, interpretar un silencio como una conformidad para participar en un acto sexual puede ser constitutivo de un delito de agresión sexual. De nuevo, un exceso punitivo que el feminismo no debería admitir en su nombre. Y no porque sea deseable que, en cualquier caso, se desoigan los deseos de la pareja sexual, se ignoren sus gestos y se prescinda de la empatía, sino porque es cuestionable que deba utilizarse el código penal para evitarlo. Además, un amante no empático puede disgustar a algunas personas, pero creo que es urgente dejar de aceptar que se denomine como violencia, y mucho menos como delito, actos de tan baja entidad que incluso pueden ser fruto de malos entendidos debido a la construcción patriarcal de la sexualidad femenina y masculina. Todo ello abona un campo amplio para los castigos desproporcionados, la criminalización de determinadas conductas sexuales, mayoritariamente masculinas, pero no en exclusiva, y refuerza los valores patriarcales de la sexualidad femenina.

Rearticulación victoriana

La exposición de motivos del anteproyecto explicita que el acceso efectivo de las mujeres a la libertad sexual ha estado condicionado por los roles de género establecidos en la sociedad patriarcal. Pero a pesar de ello, el texto no hace más que reincidir en esos mismos roles mediante la victimización y la visión infantilizadora de la sexualidad femenina.

Al incorporar conductas de tan baja entidad al Código Penal se incapacita a las mujeres para establecer un límite sexual o articular una negativa, pero además, se incide en la visión de una sexualidad femenina pasiva, emotiva y necesitada de protección. Si solo un sí explícito puede ser interpretado como voluntad para participar en el acto sexual, cabe entender que de partida las mujeres no desean sexo, reificando la visión patriarcal de que para las mujeres el sexo es algo secundario, vinculado a la emotividad y a la búsqueda de otros intereses más elevados como el amor o la pareja estable.

 Esta visión sacralizada y frágil de la sexualidad femenina impregna todo el texto y el establecimiento como delito del “acoso sexual callejero” o la negación de la capacidad de decisión de las trabajadoras sexuales son buena muestra de ello. Esto resulta problemático porque constriñe la libertad sexual de las mujeres, debido a la capacidad performativa de la ley penal. Pero además es mucho más preocupante si tenemos en cuenta que este disciplinamiento sexual resulta útil a los intereses neoliberales de acumulación de capital.

Para entender la relación que esta construcción de la sexualidad femenina tiene con el punitivismo y la defensa de los intereses neoliberales es necesario partir de una determinada mirada respecto a la utilidad de la pena en nuestro derecho. Como han apuntado José Cid y Elena Larrauri, en los actuales sistemas de control, el aumento del punitivismo no se produce en correlación con los índices de delito. Además, la principal justificación de la pena –la prevención general o inhibición mediante amenaza de castigo– no se ha demostrado empíricamente eficaz, es decir, el aumento de la penalidad no ha supuesto cambios significativos en cuanto a los índices de violencia contra las mujeres, por poner un ejemplo. Es por ello, que siguiendo las formulaciones de la criminología crítica feminista podemos señalar otros fines latentes de la pena, como la construcción de un mal colectivamente reconocido como tal, la transformación de los modelos culturales y la preservación de un determinado orden socio-económico.

 La regulación penal tiene un efecto disciplinador sobre los sujetos a los que interpela, a los cuales no solo representa, sino que principalmente constituye. Esta interpelación es, por una parte, difusa, promoviendo determinados valores culturales, es decir, disciplinando a toda la población en base a los criterios morales de las clases dominantes. Pero también es una interpelación concreta al exigir determinadas características a los sujetos que acceden a los sistemas de justicia. La reiterada desprotección y cuestionamiento a las víctimas que no cumplen con los mandatos hegemónicos de la feminidad es buena muestra de ello. Por otra parte, la constitución de un sujeto femenino sexualmente infantilizado, débil y necesitado de protección, promovido por el anteproyecto de ley, es imprescindible para la preservación de la estructura de clases. Los valores patriarcales de la sexualidad femenina son necesarios para la preservación de la familia, institución que, como afirma Nuria Alabao, es indispensable para obtener trabajadores listos para ser explotados gracias a los trabajos reproductivos desarrollados gratuitamente, principalmente por mujeres.

 

La moral sexual victoriana estableció a las mujeres ya en el  siglo XVIII, como las garantes de la familia, a costa de constreñir su sexualidad con la finalidad de contener los irrefrenables deseos sexuales masculinos. La disciplina obrera, necesaria para el trabajo fabril y el enriquecimiento de la burguesía, debía garantizarse mediante la reclusión de la sexualidad al ámbito de la familia heterosexual y el disciplinamiento de los deseos que podían resultar peligrosos para una determinada economía política. De esta forma, las mujeres debían mostrarse sexualmente inapetentes y temerosas de la sexualidad para no provocar los deseos masculinos, bajo la amenaza de la violencia o el estigma para las incumplidoras.

La libertad sexual de las mujeres, el desafío a las políticas del terror sexual y a la corrección sexual femenina, así como las disidencias sexuales de otros sujetos feministas, suponen poner en riesgo la continuidad de la familia como institución necesaria para los intereses capitalistas.

Se ha evidenciado que los Estados con mayores índices de redistribución de la riqueza y los derechos tienen menores índices de encarcelamiento. Todo parece indicar que, a más inversiones sociales, menos delitos. Como ha señalado Loïc Wacquant, el debilitamiento del Estado social se relaciona con el fortalecimiento y la glorificación del Estado penal y, por tanto, un Estado más punitivo supone una menor inversión en prestaciones sociales y servicios públicos y universales. Muestra de ello es cómo la puesta en práctica de las leyes contra la violencia de género acaba pivotando principalmente sobre el desarrollo de las medidas penales o cómo se tiende a incorporar delitos para impedir el desarrollo del trabajo sexual. Todo ello es una decisión política, pero, además, como ha apuntado Miren Ortubay, “cambiar la letra del Código Penal resulta –a corto plazo– mucho más barato que poner en marcha los recursos y servicios necesarios para proteger y reparar a las víctimas” o articular un marco de derechos laborales para las trabajadoras sexuales. Para el neoliberalismo punitivo la familia sigue siendo necesaria, más si cabe, como depositaria de las funciones que el Estado deja de cubrir a sus ciudadanos. Es por ello que, como ha apuntado Verónica Gago, el neoliberalismo necesita aliarse, ahora más que nunca, con las fuerzas retrógradas de la extrema derecha al compartir objetivos estratégicos de normalización y gestión de la obediencia que continúen garantizando una institución clave para la acumulación de capital: la familia y los valores asociados a la misma.

Un feminismo de clase tiene la obligación de incorporar los intereses de las personas migradas, de las trabajadoras precarias, de las sindicadas, de las putas, de las trans, de las encarceladas, de las desocupadas y de las disidentes sexuales. Esto no se consigue excluyendo a las partes menos insertables del colectivo, aliándose con el punitivismo y los intereses de las élites económicas o disciplinándonos según sus valores. Si este es el camino, debemos informarles, que no cuentan con nosotres."   (Laura Macaya, CTXT, 11/02/2021)

5/6/20

Una novelista en el huracán del MeToo. Mary Gaitskill da voz a los hombres acusados de abusos y a las mujeres que sintieron ambivalencia ante la ola de denuncias

"En el arranque de Esto es placer (Literatura Random House) Margot confiesa que ha dejado de hacerle gracia la vieja anécdota, con la que ella y su marido habían reído en tantas ocasiones, sobre su amigo Quin, un seductor y brillante editor británico afincado en Nueva York. 

Sofisticado, intenso y provocador, siempre al límite, Quin y su buena amiga Margot alternan sus voces en la narración de su estruendosa caída en desgracia por las denuncias de abusos que una serie de mujeres han presentado contra él. La escritora Mary Gaitskill (Kentucky, 65 años) se colocó en el ojo del huracán del MeToo y en apenas un centenar de páginas —en lo que le gusta definir más como cuento que como nouvelle—, no es que pusiera el dedo en la llaga, sino que se metió en la herida con un afilado bisturí. Sin que la temblara el pulso ha construido un memorable relato cargado de matices, grises y controversia.

 Empezó con Esto es placer a principios de 2018; había pasado un tiempo en Chicago con su madre muy enferma y se había perdido el arranque del tsunami de denuncias. “Cuando llegué a Nueva York vi que la mierda realmente había llegado al ventilador. Un amigo perdió su trabajo, y después a su mujer, al ser acusado por el MeToo. Yo no tenía ninguna duda de que se había propasado, lo había visto, pero no pensaba que había sido algo tan extremo. Tenía sentimientos encontrados”, explicaba en videoconferencia el jueves. En su libro decidió dar voz, desde la ficción, a quienes menos se escuchaba en aquel momento: los hombres acusados, y las mujeres que sentían cierta ambivalencia respecto del MeToo.

 Cuando saltaron las primeras denuncias, no faltaron voces que llamaban a todos, hombres y mujeres, a hacer balance y evaluar su responsabilidad en los abusos perpetrados. ¿La respuesta de Gaitskill fue este libro? “Algunos lectores piensan que el personaje de Margot es demasiado permisiva, yo no lo creo, es muy crítica y le echa muchas charlas a Quin. Un facilitador es alguien que no solo trata de ignorar el abuso, sino que de hecho ayuda a que ocurra como sucedió con la amiga de Jeffrey Epstein que le buscaba niñas. Él por cierto, hizo algo criminal, mientras que el protagonista de mi libro lo que hace puede ser a menudo detestable, manipulador y grosero, pero no delito”. 

La escritora, contenta con la recepción del libro, se refiere durante la videollamada a la diferencia entre un delito judicial y un crimen social, y a la idoneidad o no de determinada conducta. “No quería que hubiera villanos en el libro porque no me interesan. Mira, uno de los personajes acusa a Quin, y claramente le usa pero tengo simpatía por ella, cae bajo el embrujo de él y fueron amigos, él no se equivoca, pero luego se siente estúpida y rechazada”, señala. “Se deja llevar a un terreno sin darle importancia y entiendo su incomodidad más adelante. No es una villana pero él tampoco, porque ella entró al juego”.

 A Gaitskill le sorprende lo tajante de algunas opiniones. “La gente en blogs y chats, habla como si nunca jamás hubieran hecho nada desconsiderado. Cuando saltó el MeToo le dije a alguien que si esto iba de tratar de castigar a los que se han comportado como capullos ¡pues eso sería un montón de gente! Todos en un momento o en otro se han comportado de una forma grosera. Yo esperaba hasta que me acusaran a mí de acoso”, apunta, antes de añadir que nunca ha tenido nada con ningún alumno, pero alguna vez les ha abrazado, y “a veces he hecho comentarios, no de flirteo, pero sí con connotaciones sexuales”.

 Recuerda la escritora que una vez bromeó sobre las bonitas piernas de una alumna: al final de la clase le preguntó si tenía algo más que decir y, al responder ella que no, Gaitskill le dijo que, al fin y al cabo, sus piernas hablaban por ella. “Todos se rieron. No había mala intención pero ¿puede salir y decir que la acosé en clase?”, se pregunta. “Si se lo hubiera dicho de una determinada manera o criticara siempre su trabajo, podría haber sido algo francamente desagradable y ofensivo. No se ofendió porque ese no era el caso y lo dije de una forma ligera y juguetona”. 

Pero todo es susceptible de ser sacado de contexto, el contexto puede cambiar, la interpretación y percepción también, lo que hoy te hace gracia mañana ya no, y de todo esto escribe en Esto es placer. “Distinta gente tiene posturas diferentes sobre lo que es aceptable y lo que no, y es parte de lo que creo que hace que la vida sea interesante”, reflexiona y sonríe.

Desde que se estrenó en las librerías con Mal comportamiento en los ochenta, en novelas como Verónica —que será próximamente reeditada— y relatos como el que inspiró la película Secretary, Gaitskill no ha temido nunca llevar la contraria y meter su pluma en asuntos escabrosos para demostrar que ahí se puede hacer buena literatura. El sexo, el poder, la sumisión, la belleza, los excesos o la envidia han sido asuntos que ha tratado, esquivando clichés y respuestas sencillas. Sorprende verla al otro lado de la pantalla con gafas y una modosa camisa de algodón con bordados, en una habitación con muros blancos que ofrece pocas pistas sobre ella.

Gaitskill cuenta que intuía el MeToo. “Pasé unos años separada de mi marido, viviendo sola en Nueva York, y vi lo mal que se trataba a las mujeres. Era peor que cuando yo era joven. Había habido feminismo y las cosas supuestamente eran más igualitarias, y pensaba ¿pero qué es esto, mujeres inteligentes haciendo lo imposible por complacer a hombres que se portan horrible, en plan pasivo agresivo?”, señala. Para su sorpresa, luego, cuando llegaron las denuncias aquello le pareció también “fuera de foco”, le surgieron dudas, objeciones. “No me gusta ver el sexo demonizado. 

Si un hombre expresa su deseo y le dices que no y no hace caso, o te da un beso a la fuerza, eso es cruzar la línea y es un ataque sexual, me da igual que no haya violación propiamente, porque lo que ha hecho es perder el respeto. Pero me parece equivocado el énfasis en la pulsión sexual. La devaluación de la mujer toma muchas formas más sutiles, hay cosas más amorfas a través de las que se las empequeñece y desprecia, que no tienen que ver con el sexo”.

No ser víctima

La escritora no tiene duda de que Trump forma parte de la ecuación del MeToo — “la gente se siente frustrada y asustada y por eso hay menos margen para los matices; en el libro Quin dice si no puedes ir por el rey ve por el bufón”—. También siente que tiene una actitud distinta sobre el acoso respecto a mujeres más jóvenes. “¿Debería sentirme terriblemente ofendida porque un tipo trató de agarrarme o tocarme de determinada manera? No lo sé, y quizá mi postura prueba una falta de autoestima. Pero si no dices: ‘¡Para!’, ¿cómo esperas que sepa que no te gusta? Entiendo que puedes quedarte congelada, en shock, a mí me ha pasado de joven, pero no puedes dejarlo ahí”.

Sobre el revisionismo y las relecturas que surgieron a partir del MeToo, la novelista tampoco duda en señalar que prefiere que los hombres expresen su misoginia en literatura a que lo hagan en la vida real o a que sus colegas se autocensuren al escribir. “Mientras lo hagan de una manera artística y no sea un simple vómito me interesa. Me gustaría que las mujeres también lo hicieran, que no sintieran que tienen que agradar, que algunas veces hablaran de si sienten asco por el tipo que tienen al lado”.

En los 90 la escritora publicó un ensayo autobiográfico en Harper’s hablando de abusos titulado Sobre cómo no ser víctima. Ahora, quiso entrar en el tema desde la ficción, ¿por qué? “No he escrito un artículo sobre el MeToo porque es algo tan grande y hay tanta gente metida y todas las situaciones son distintas. Las acusaciones contra algunos hombres han sido totalmente correctas y ellos han sido castigados como debían y, otras veces, las mujeres han ido demasiado lejos y han usado el MeToo para ganar poder. Pero todo está bajo el mismo paraguas.

 En un relato puedes fijarte en un caso muy concreto y mirarlo con todo detalle”. No le importó a Gaitskill que el material de su ficción estuviera hirviendo: ella no cree en esa regla de que hay que esperar 60 años para escribir sobre un acontecimiento histórico, ni siquiera tiene claro que, transcurrido ese tiempo, alguien vaya a escribir sobre la ola del MeToo. ¿Su amigo, que en la vida real perdió empleo y esposa, leyó el relato? “Sí, no le gustó todo, pero me apoyó”.                  (Andrea Aguilar, El País, 31/05/20)