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24/9/24

El veneno oculto de tu casa: más de cien científicos piden legislar contra la toxicidad cotidiana invisible... “diariamente estamos en contacto con productos que, aunque están en el mercado, no son seguros, juguetes, pañales, cosméticos, productos de limpieza, ropa, envases alimentarios… Utensilios de uso cotidiano, hechos generalmente con materiales derivados del petróleo, y con “una toxicidad lenta pero persistente”... “Todas las placentas tienen residuos de policarbonato. El mercurio y los metales pesados están en la leche materna. Llevamos años demostrándolo”... “el 90% de las enfermedades crónicas están relacionadas con el medio ambiente”... “entre el 15 y el 20% de los cánceres pediátricos podrían ser evitables y están relacionados con la contaminación ambiental, y si nos vamos a los respiratorios sería un 60%”

 "Personalidades del ámbito de la ciencia llevan al Congreso el manifiesto Futuro sin tóxicos, una declaración que exige incrementar las medidas para proteger la salud de las personas ante los tóxicos presentes en productos de uso habitual.

El ser humano ha creado a lo largo de su historia unos 350.000 compuestos químicos de síntesis. Nos guste o no, químicamente hablando, hemos modificado el medio en el que desarrollamos nuestra existencia a niveles inéditos. Un ejemplo cotidiano: si en una casa de hace unas décadas los materiales utilizados apenas habían sido modificados —las cortinas eran de lino o algodón, el piso y los muebles estaban fabricados en madera—, “ahora el suelo es de PVC rociado de ftalatos, las paredes son de polietileno, los muebles de melanina, las telas de poliéster y el techo de policarbonato, todos ellos derivados del petróleo”.

Lo cuenta Nicolás Olea, representante del grupo de Endocrinologia y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinologia y catedrático del Departamento de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada, quien da otros datos que no dejan nada tranquilo a quien los escucha. “El 83% de los niños valencianos mea todos los días clorpirifos, un pesticida usado de forma masiva en las naranjas y prohibido desde el año 2021 —debido a los graves efectos neurológicos y genotóxicos que podía producir en humanos, especialmente niños, lo que incluye daño cerebral, déficit cognitivos y problemas conductuales como la hiperactividad— ”, pero que aún hoy está muy presente.

Las sustancias que nos rodean y pueden afectarnos negativamente se cuentan por miles, cifra que se ha incrementado de forma importante en los últimos años. Conocidos son los casos del bisfenol A o los ftalatos, presentes en muchos plásticos, entre otros materiales, y bajo sospecha de ser disruptores endocrinos. Hablamos de elementos capaces de modificar el funcionamiento de nuestro sistema hormonal, con un abanico de consecuencias en la salud que van desde los trastornos reproductivos, a los defectos y malformaciones al nacer o el cáncer.

También de los llamados contaminantes orgánicos persistentes, “sustancias muy estables que cuando las incluyes en el medio ambiente persisten muchos años”, explica Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico ambiental y Estudios del Agua del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La contaminación silenciosa que estará muy presente en el futuro

Eljarrat habla de la contaminación silenciosa de sustancias “que no nos van a dar un efecto rápido e inmediato como en la pandemia, sino que tienen una toxicidad que se debe a la exposición diaria de a dosis muy pequeñas”, exposición que se convierte en “crónica” y llega a provocar efectos tóxicos.

Lo que produzcamos hoy, además, puede tener consecuencias insospechadas en el futuro. “Estamos dejando entrar en nuestros hogares muchas sustancias potencialmente perjudiciales para la salud no solo de esta generación, sino también de la futuras”, denuncia Elena Codina, responsable de la Unidad de Salud Medioambiental del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y representante de la Sociedad Catalana de pediatría. Estas, continúa, “tienen un efecto transgeneracional, pues pueden hacer que se expresen más, o menos, en ciertos genes, también en las futuras generaciones”.

Olea pone otro ejemplo sobre la mesa al respecto de una investigación en la que trabaja: “La mala calidad seminal de un individuo de 24 años que va a una consulta de fertilidad porque no fecunda a su pareja se definió en las primeras 34 semanas en el vientre de su madre. Esa es la hipótesis que barajamos”.

Como denuncia Marta Beltrán, directora de proyectos de la Fundación Rezero, “diariamente estamos en contacto con productos que, aunque están en el mercado, no son seguros”. Habla de juguetes, pañales, cosméticos, productos de limpieza, ropa, envases alimentarios… Utensilios de uso cotidiano, hechos generalmente con materiales derivados del petróleo, y con “una toxicidad lenta pero persistente”.

Declaración por un futuro sin tóxicos

Numerosos estudios han demostrado la presencia de algunas de estas sustancias en el cerebro, la sangre, la orina y hasta en la placenta humana, el órgano encargado de ofrecer oxígeno y nutrición al futuro bebé. “Todas las placentas tienen residuos de policarbonato. El mercurio y los metales pesados están en la leche materna. Llevamos años demostrándolo”, lamenta Olea.

Para contribuir a paliar esta situación, desde la Fundación Rezero están promoviendo desde abril la declaración Futuro sin Tóxicos, avalada por más de un centenar de personalidades científicas, que esta semana han llevado al Congreso. Olea, Codina, Eljarrat y profesionales como Juan Antonio Ortega, presidente de la Asociación Española Científica de Pediatría, acompañaron este 17 de septiembre a Marta Beltrán y a Rosa García, directora de Rezero. Todos ellos se reunieron con la presidenta del Congreso, Francina Armengol, quien recibió de la comitiva la necesidad de acelerar el cumplimiento de la normativa existente en todos los productos del mercado, independientemente del lugar de producción y canal de venta. La presidenta, quien afirmó que “sin ciencia, no hay legislación”, se comprometió con los presentes a pedir a los ministerios de Sanidad y Transición Ecológica que aceleren las medidas para eliminar la carga tóxica de los productos de consumo.

El grupo de científicos se reunió también con representantes de los partidos políticos con representación en la Cámara baja para trasladarles la necesidad de que se renueve la Ley General de Sanidad con una perspectiva amplia de salud planetaria; así como que hagan cumplir la Ley de residuos y suelos contaminados, actualmente estancada.

Asimismo, les trasladaron la urgencia del cumplimiento del reglamento REACH —normativa para el registro, evaluación, autorización y restricción de sustancias y preparados químicos— y la hoja de ruta de restricciones propuesta por la Comisión Europea en el marco de la Estrategia para la Sostenibilidad de las Sustancias Químicas en todos los productos del mercado.

Del principio de precaución a la inteligencia humana

“Las personas consumidoras no tenemos que tener un máster en química para ver si ese producto que voy a llevar a casa puede tener impacto en mis hijos e hijas”, denunciaba la directora de Rezero. Es por ello que la declaración reclama medidas efectivas para proteger la salud ante los tóxicos presentes en los productos de uso cotidiano.

Entre las medidas urgentes que plantea, además de las que la comitiva trasladó a los diputados, se encuentra la implementación del principio de precaución en el diseño y fabricación de los productos. Este dicta que no es necesario la confirmación total y absoluta de un riesgo para la salud para que se pase a la acción. “Si una sustancia puede ser potencialmente dañina, ¿por qué no la legislamos antes?”, se preguntaba la responsable de la Unidad de Salud Medioambiental del Hospital Sant Joan de Déu. También exigen la transparencia de la información sobre la composición de los artículos y la evaluación del riesgo de exposición para las personas y el medio ambiente.

Todas ellas son medidas que pretenden frenar un problema cuyas cifras no son mainstream mediaticamente hablando pero su volumen sí lo es. Como denuncia el presidente de la Asociación Española Científica de Pediatría, “el 90% de las enfermedades crónicas están relacionadas con el medio ambiente”. Juan Antonio Ortega, quien lleva 25 años investigando sobre salud y medio ambiente, afirma que “entre el 15 y el 20% de los cánceres pediátricos podrían ser evitables y están relacionados con la contaminación ambiental, y si nos vamos a los respiratorios sería un 60%”.

“Cuántas lágrimas secas habríamos eliminado en muchas familias afectadas. Cuántas podíamos haber evitado si hubiésemos tenida una mirada más juiciosa, cautelar, basada en la inteligencia humana”, lamenta Ortega, quien finaliza: “Evidencias nos sobran. Necesitamos políticos valientes con determinación suficiente para trasladar las alternativas disponibles”."                (Pablo Rivas, El Salto, 20/09/24)

16/1/24

Zulema Varela, investigadora da USC: "Consumimos microplásticos ata na auga da billa "... a preocupación "está máis nas substancias químicas que poidan ter eses plásticos que no material en si"

 "A gran preocupación agora que os pellets están esparexidos por case todas as praias de Galicia é saber ata onde pode chegar a súa toxicidade, para comprender que efectos poden ter nos ecosistemas mariños. Dende a Universidade de Santiago de Compostela (USC), o grupo de Ecotoxicoloxía xa recolleu mostras de pellets da praia de Riazor que pretenden analizar, para ver realmente cal é a súa composición e os aditivos que poden ter e se estes son ou non contaminantes para o medio. Tamén pretenden recoller mostras doutras zonas, porque aínda que nun principio non debería haber diferenzas, ao proceder todos da mesma vertedura, "máis vale previr".

Zulema Varela Río, investigadora postdoutoral de Ecoloxía, pertencente ao grupo de Ecotoxicoloxía  da USC, explica a Galicia Confidencial que nesta problemática hai dous puntos que son fundamentais respecto ao impacto dos pellets: "Por un lado, os problemas que pode causar a súa acumulación nos organismos, sobre todo agora que se están a ver moi xuntos, e que hai moitísimas boliñas xuntas que poden ser inxeridas por algún organismo e, pola acumulación das mesmas no seu tracto dixestivo, remate por perxudicarlle; e, por outro lado, a posible toxicidade das substancias químicas, dos aditivos, que se lle botan aos pellets no seu proceso de produción". Como apunta, polo momento, "nin sequera a Xunta coñece a composición" destes pellets.

De ter algunha substancia tóxica na súa composición, con todos estes pellets dispersos no medio, os organismos que estean en contacto con estes plásticos si se poderían ver afectados, pero "ata que non sepamos a ciencia certa a súa composición nos podemos dicir nada". Iso si, cre que se deberían instalar colectores especiais para a súa recollida, pois botalos no amarelo, no de plástico, non é o adecuado: "É que co plástico o que se reciclan son os envases, realmente". 

Sobre o que si fan un chamamento especial é sobre ter coidado coa masificación das praias e os elementos usados na limpeza. Zulema asegura que "o impacto que pode haber polo de agora, polo que estamos a ver nas imaxes, ten máis que ver con como se están a recoller estes pellets, pois en moitos casos faise con restrelos". E "se hai dúas ou tres persoas angazando non pasa nada, pero se hai 500 ou 600 persoas nunha praia con angazos, removendo toda a area, pode ser un gran problema, pois esa area é hábitat de moitos organismos, polo que vaise producir un impacto medioambiental", advirte a experta.

"Evidentemente os voluntarios fano por ben, pero deben ter moito coidado", alerta Zulema, que asegura que tamén deben ter coidado con como van ataviados para recoller os pellets: "Que se poñan sempre guantes, aínda que supoñemos que as máscaras non son precisas". "Se pasan por enriba de dunas nas que haxa vexetación poden danar o medio e danos un pouco de medo o impacto que de súpeto poida ter sobre estes ecosistemas o que chegue tanta xente a eles", indica a investigadora da USC. Ademais, ao pasar sobre os pellets, pois moitos non se vén ben, pódense introducir aínda máis na area. 

Así as cousas, dende o seu punto de vista, a Xunta "debería reunir a un comité de expertos que elaborase un protocolo unificado para a recollida dos pellets en todos os lados de Galicia". Pois, un a un, como se está a facer, vai ser moi díficil. De feito, Zulema é consciente de que "vexo difícil limpalos todos, por desgraza isto vai ser moi difícil de limpar". Con todo, apunta que "isto non é chapapote, como aconteceu co caso do 'Prestige', que era moi tóxico e que nada máis tocalo ou inhalalo quedabas perxudicado ao momento, este tipo de contaminación igual se ve máis a longo e medio prazo".

O que tamén hai que ter en conta é que máis aló dos voluntarios que se achegan para a recollida dos pellets, non é convinte pasear pola praia porque si, xa que precisamente ao pisar os pellets pódense afundir na area e dificultar a súa posterior recollida. Tampouco debería ser recomendable levar animais, como cans, ata os areais, pola súa seguridade, pois poderían inxerir as boliñas. "En principio non é recomendable o contacto cos pellets para ningún animal", explica Zulema. Aínda así, cre que o efecto dos pellets sobre a fauna, en caso de producirse, "sería máis a longo e medio prazo", non agora mesmo.

Con todo, a investigadora da USC apunta que "a pesares de que os microplásticos crean moitísima alarma, porque non terían que estar nestas zonas, contaminándoas, hai que ter en conta que non son algo raro para nós, pois na propia auga da billa que bebemos hai microplásticos, e bebémolos e non pasa nada, non hai problema para a saúde humana porque van en pequena cantidade". E é que, segundo indica, "por desgraza, os microplásticos están en todos os lados, e estamos en contacto con eles". Por iso a preocupación "está máis nas substancias químicas que poidan ter eses plásticos que no material en si". "                (Angela Precedo, Galicia Confidencial, 13/01/24)

15/1/24

Los daños de los pélets de Galicia son la punta del iceberg

 "No es la primera vez que una marea de pélets llega a las costas españolas. Un ejemplo es la playa de La Pineda, en Tarragona, que lleva años contaminada con bolitas de plástico, producto de las pérdidas de las industrias petroquímicas cercanas que las corrientes marinas arrastran hasta la playa.

El temporal Gloria de 2020 también dejó la playa de Barcelona repleta de pélets, entre otros microplásticos de distinta índole.

Pero son solo la punta de un iceberg: el de la contaminación por plástico de playas y océanos. Más de 12 millones de toneladas de desechos plásticos ingresan a los océanos cada año.

Limpiar el mar es como barrer en el desierto

Limpiar el mar de microplásticos es como barrer en el desierto. Las bolitas se esparcen por todos lados y no se pueden retirar fácilmente con redes, ya que se arrastrarían también organismos de ese tamaño, claves para el correcto funcionamiento del ecosistema marino.

Limpiar la arena tampoco es fácil. Se puede tamizar y separar los pélets si son de mayor tamaño que los granos de arena, pero ante tales cantidades el trabajo es muy tedioso y puede llevar años.

Y nadie nos asegura que no sigan llegando más y haya que volver a empezar el proceso como si de un castigo de los dioses griegos se tratara.

Nada menos que 28 toneladas de bolitas de plástico o pélets se vertieron al mar el 5 de diciembre tras el accidente del barco carguero Toconao. Las autoridades no le dieron la importancia necesaria hasta que llegaron a playas de Galicia y Asturias.

El plástico que se vierte al mar en forma de pélets o de otro tipo tiene múltiples consecuencias nocivas para los organismos marinos que en última instancia pueden afectarnos a nosotros. Si este plástico es micro, de menos de 5 mm, las consecuencias son aún más graves.

La consecuencia más evidente es la ingestión de estos microplásticos por parte de los animales marinos. Algunos que los ingieren acaban muriendo con su estómago lleno de plástico y otros, aunque no mueran, ven afectado su crecimiento y reproducción. Algunos de estos animales son especies comerciales por lo que el plástico o sus productos de degradación pueden llegar hasta nosotros.

Los animales marinos prefieren el plástico colonizado

El plástico empieza a ser “colonizado” en cuanto llega al mar. Diversos microorganismos como bacterias, algas microscópicas, hongos, etc., se adhieren a la superficie del plástico liberando exudados que atraen a otros microorganismos y forman en conjunto una película, un biofilm.

El plástico colonizado es más atractivo para muchas especies de animales marinos, que lo prefieren al plástico sin colonizar.

Sucede que las aguas de la costa gallega son muy ricas en nutrientes, lo que las convierte en una zona pesquera tan productiva. Cuánta más concentración de nutrientes tengan las aguas de la superficie, más vida habrá y los microorganismos formarán con más rapidez un biofilm sobre el plástico flotante.

Teniendo en cuenta el tiempo que los plásticos del vertido del Toconao llevan flotando en las ricas aguas gallegas, deben estar ya colonizados y se han hecho más apetecibles para los animales marinos.

Algunos de los colonos del plástico flotante a menudo son especies invasoras y patógenas. Y el plástico sirve de vehículo para transportarlas de unas regiones a otras del océano. Las nuevas especies pueden causar desequilibro allí donde lleguen.

Un 60 % del peso del plástico son aditivos químicos

Pero hay otros efectos del plástico que son menos evidentes. El plástico no suele ser nunca un polímero puro sino que lleva aditivos (retardantes de llama, antioxidantes, estabilizantes, etc.) que le proporcionan las cualidades requeridas para su uso.

Hasta un 60 % del peso del plástico se debe a aditivos químicos. Una vez en el mar, empieza a liberar aditivos o subproductos de degradación, proceso que se potencia si está afectado por la luz solar.

Nuestro grupo de investigación del Instituto de Ciencias del Mar-CSIC ha calculado que anualmente se liberan unas 57 000 toneladas de carbono orgánico, en forma disuelta, de todo el plástico que llega al océano.

Parte de este carbono es consumido y degradado por las bacterias marinas, y descubrimos que este aporte hace que se reproduzcan más rápidamente.

Los compuestos liberados por el plástico afectan a otros muchos organismos marinos. Por ejemplo, disminuyen la capacidad de crecimiento de los organismos fotosintéticos más abundantes en la Tierra, parte fundamental del fitoplacton marino. La exposición a los compuestos liberados del plástico reduce su producción de oxígeno.

Malformaciones en erizos de mar

Son muchos los ejemplos de daños a animales marinos. Entre ellos, se encontró que los compuestos químicos liberados por pélets recogidos en playas provocaban malformaciones en erizos de mar. Las larvas de erizo criadas en agua contaminada por sustancias químicas presentes en los plásticos mostraron graves deformidades; sin embargo, los plásticos que nunca habían sido tratados químicamente no causaron deformidades.

Los compuestos liberados por el PVC también aumentan la resistencia a los antibióticos y la virulencia de comunidades bacterianas marinas.

El plástico atrapa y concentra contaminantes

El plástico que flota en el mar puede actuar como una esponja, atrapando contaminantes y concentrándolos cientos de veces por encima de la concentración a la que están en el agua. Estos contaminantes pueden ser liberados de nuevo cuando las condiciones del medio circundante cambian. Por ejemplo, en el interior de un organismo marino que lo haya ingerido.

Es difícil que estos pélets lleguen a nosotros a través de los productos marinos que consumimos, ya que suelen quedarse en el estómago del animal que es un órgano que retiramos y no comemos. Además, son lo suficientemente grandes y duros como para notarlos durante la masticación. Sin embargo, podríamos estar expuestos a los compuestos químicos que estos plásticos puedan liberar en el animal que consumimos.

Protocolos de actuación

Por todo esto, las consecuencias en el ecosistema marino de un vertido como el de las costas gallegas pueden ser aún mayores y a más largo plazo.

Aunque este problema no es nuevo, la marea blanca que está llegando a las costas del norte de España le ha dado visibilidad y ha hecho consciente a la población. Hace ya más de un mes que ocurrió el accidente en que los contenedores cayeron al mar y no puede ser que ante una catástrofe de este tipo se tarde tanto en actuar.

Esperemos que este incidente sirva para concienciar del gran daño que hacen este tipo de vertidos, que en un futuro se tomen en serio cuando ocurran y se ponga en marcha un protocolo de emergencia de inmediato. Porque una rápida intervención tras el accidente puede prevenir mucho daño. Los vertidos de plástico al mar son un problema serio."

(Cristina Romera Castillo.  Investigadora Ramón y Cajal en el Departamento de Biología Marina, Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC). Rebelión, 15/01/24)

10/1/24

Bruxelas advirte de que a vertedura de pellets nas costas galegas "ameaza" o medio mariño e a pesca... O Executivo europeo propuxo medidas para reducir a contaminación de pellets de plástico en outubro de 2023, unhas normas que Virginijus ​Sinkevicius considera "fundamentais" para loitar contra a contaminación por plásticos no futuro.

 "A Comisión Europea advertiu esta cuarta feira de que a vertedura de 26 toneladas de pellets de plástico fronte ás costas galegas "ameaza o medio mariño e actividades económicas como a pesca". "Estamos desexosos de debater como podemos axudar", sinalou o comisario europeo de Medio Ambiente, Océanos e Pesca, Virginijus Sinkevicius, no seu perfil da rede social X.

O Executivo europeo propuxo medidas para reducir a contaminación de pellets de plástico en outubro de 2023, unhas normas que Sinkevicius considera "fundamentais" para loitar contra a contaminación por plásticos no futuro.

A mensaxe do comisario responde á chamada de varios eurodeputados españois que reclamaron este martes á Comisión que se pronunciase sobre o que consideran unha "catástrofe" ambiental, aínda que Bruxelas insiste polo momento en que a xestión desta situación compete ás autoridades estatais.

Esta mesma cuarta feira, a eurodeputada do BNG, Ana Miranda, referiuse a estra "traxedia medioambiental" e exixiu á Comisión, "medidas urxentes para paliar a contaminación". Fronte a este "desastre ecolóxico que afecta a costa galega de norte a sur", coa chegada de pelets desde A Guarda á Mariña, e que volve representar unha enorme ameaza para o entorno natural, fauna mariña, para a pesca de baixura e para a conservación medio ambiental, a eurodeputada do Bloque subliña que é fundamental a aplicación de medidas urxentes por parte das distintas institucións

O ministro de Agricultura, Pesca e Alimentación, Luis Planas, asegurou este martes que "neste momento" o sector pesqueiro nacional non sofre "ningunha afectación" pola presenza de pellets de plástico na costa.

Saúde alimentaria

"Non temos noticia neste momento de ningunha afectación concreta que puidese situarse no noso sector pesqueiro. Non existe nestes momentos ningunha información de problemas e vinculadas a esta situación que deriven en problemas para o consumo de peixe ou de mariscos", sinalou na rolda de prensa posterior ao Consello de Ministras e Ministros, recalcando que a saúde alimentaria é "fundamental".                (Nós, 10/01/24)

26/6/23

Europa ha perdido más de 500 millones de aves en 40 años. ¿La principal causa? Pesticidas y fertilizantes... La destrucción de la biodiversidad europea no sólo afecta a las especies amenazadas, sino que acabará minando la base de la producción de alimentos

 "El goteo de estudios que advertían de que la enorme variedad de seres vivos de la Tierra está disminuyendo se ha convertido en una avalancha. La evidencia de estas pérdidas dentro de las regiones y a escala mundial es innegable. Pero los datos sobre la biodiversidad y las causas de su declive siguen siendo fragmentarios y se limitan a algunas causas, algunos lugares y algunas especies. Pero no ocurre lo mismo con las aves en Europa.

Las aves han fascinado durante mucho tiempo a científicos aficionados y profesionales, y la estrecha cooperación en toda Europa ha creado un profundo acervo de conocimientos sobre sus hábitos, necesidades y número. Algunos de los conjuntos de datos más antiguos se refieren a aves que viven al menos parte de su vida en Europa.

Estos datos dibujan un panorama desolador: se calcula que en los últimos 40 años se han perdido unos 550 millones de aves de la población total de Europa. Es una estadística estremecedora, y nos dice algo profundo sobre la relación rota de la humanidad con la naturaleza.

Los científicos saben que la biodiversidad está sometida a una presión cada vez mayor, sobre todo por los rápidos cambios en el uso de la tierra (de bosques a tierras de cultivo, por ejemplo) y el aumento de las temperaturas. Pero la forma en que las distintas especies responden a esas presiones, cuál de ellas es la más importante y cómo pueden responder los conservacionistas para aliviarlas han seguido siendo temas polémicos.

Aprovechando datos de alta calidad sobre aves, en un nuevo artículo que he escrito con investigadores franceses se analiza cómo han respondido 170 especies de aves a las presiones antropogénicas en Europa, utilizando datos recogidos en más de 20.000 puntos de seguimiento de 28 países a lo largo de 37 años, incluidos datos del Reino Unido.

Descubrimos que los productos químicos utilizados en las granjas para controlar insectos y plantas consideradas malas hierbas que podrían reducir el rendimiento de los cultivos están privando a muchas aves de su principal fuente de alimento, y que ésta es la principal causa de su declive en toda Europa.
Los factores de cambio antropogénicos

Hemos analizado cuatro grandes fuentes de presión sobre las poblaciones de aves: la intensificación de la agricultura (medida por el elevado uso de pesticidas y fertilizantes), el cambio climático y su influencia en las temperaturas, los cambios en la cubierta forestal y la urbanización.

Los métodos agrícolas modernos fueron la principal causa del declive de la mayoría de las poblaciones de aves, especialmente de las que se alimentan de insectos y otros invertebrados, como vencejos, lavanderas boyeras, papamoscas moteados, collalbas y tarabillas. La respuesta de las aves a los cambios en la cubierta forestal, la urbanización y el cambio climático fue mucho más variable y específica de cada especie.

Entre 1980 y 2016, la abundancia de aves comunes en Europa se redujo en una cuarta parte. Sin embargo, el número de aves de tierras de cultivo se redujo en más de la mitad durante este periodo. También se registraron descensos tanto en las aves de los bosques como en las urbanas, en las aves septentrionales que prefieren el frío e incluso en algunas especies de aves meridionales que prefieren el calor, aunque la tendencia general en este último grupo de aves es de crecimiento constante.

 Una de las principales conclusiones del estudio es que el uso masivo de plaguicidas y fertilizantes en las explotaciones agrícolas es el principal factor de reducción de las poblaciones de aves en toda Europa, incluido el Reino Unido. Esto no es una gran sorpresa, ya que muchos estudios han llegado a esta conclusión. Pero éste es el primer estudio que examina los factores de origen humano de una sola vez, utilizando algunos de los mejores datos disponibles y métodos estadísticos modernos. Los resultados son claros.

Las prácticas agrícolas empezaron a cambiar significativamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los países introdujeron medidas para aumentar la producción de las explotaciones. Sin embargo, estos esfuerzos por aumentar la producción, incluida la creciente dependencia de pesticidas y fertilizantes, han tenido un coste considerable para las aves y otros animales salvajes y, lo que es más importante, para la salud general del medio ambiente.

Según un reciente informe del Gobierno británico, la pérdida de biodiversidad, junto con el cambio climático, representa la mayor amenaza a medio y largo plazo para la producción nacional de alimentos. La pérdida de biodiversidad tiene consecuencias para la sociedad que van mucho más allá de las especies amenazadas.

Creemos que las aves se ven afectadas principalmente por los pesticidas y fertilizantes a través de la pérdida de alimento, aunque estos productos químicos también pueden estar afectando directamente a su salud. Los pesticidas están diseñados para matar a los insectos e invertebrados que comen las aves. Los fertilizantes cambian el tipo de plantas que crecen en un entorno, a menudo en detrimento de una gran variedad de especies. Los invertebrados necesitan esta vegetación como alimento y refugio, y las aves también la necesitan, al igual que los invertebrados.

Los invertebrados son una parte importante de la dieta de muchas especies de aves, pero son el combustible de los cohetes para el crecimiento de los polluelos, que son el motor del crecimiento de la población. Los invertebrados son especialmente importantes durante el periodo de cría para más del 80% de las aves de nuestro estudio. La dramática pérdida de insectos de la que a menudo oímos hablar parece estar teniendo un profundo impacto en las aves.
Alimentos respetuosos con la naturaleza

La cuestión es cómo reaccionar. La naturaleza tiene problemas en las tierras de cultivo, pero los agricultores pueden ser una parte importante de la solución si cuentan con el apoyo de las políticas adecuadas.

Necesitamos un mayor apoyo a las prácticas agrícolas respetuosas con la naturaleza y abandonar la agricultura dominada por los pesticidas y los fertilizantes inorgánicos. Esto sería bueno para la naturaleza, para los agricultores y la producción de alimentos, para el clima y para los consumidores, y muchos agricultores progresistas están abriendo el camino.

Nuestros resultados también muestran el poder de la ciencia ciudadana y la cooperación transfronteriza para hacer avanzar la ciencia y comprender mejor el mundo natural, y cómo cambiar las cosas.

Ahora necesitamos que los gobiernos de todo el mundo apoyen planes de gestión de la tierra que recompensen la agricultura respetuosa con la naturaleza, como comprometerse a gestionar al menos el 10% de las tierras agrícolas para la naturaleza, lo que a su vez ayudará a mantener o incluso aumentar los rendimientos agrícolas.

 Pero también necesitamos una reforma más amplia del sistema alimentario, que incluya dietas respetuosas con la naturaleza. Minoristas, proveedores y transformadores pueden contribuir a garantizar un medio ambiente sano que nos alimente y nos devuelva la naturaleza, con todos los beneficios que ello conllevará para las personas."                    

(Richard Gregory es profesor honorario de Genética, Evolución y Medio Ambiente en el University College de Londres. Brave New Europe, 05/06/23; traduccion DEEPL)

23/5/23

¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿Somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? Las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario... Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición

 "El cénit de la producción de petróleo tiene muchas aristas y, posiblemente, el impacto y las consecuencias sobre el sistema agroalimentario mundial, sea una de las cuestiones más complicadas de tratar y quizás por eso, se convierta en una cuestión que se suele quedar en un segundo plano.

Los combustibles fósiles son esenciales en el mantenimiento del sistema agroalimentario actual: maquinaria agrícola, bombeo de agua en el regadío, producción de fertilizantes de síntesis, todo tipo de plásticos de uso agrícola, etc. afectando a toda la cadena que va desde la producción, a la distribución y al consumo.

Alrededor del 30% del consumo de energía[1] se emplea en el mantenimiento del sistema alimentario mundial y produce 1/3 de las emisiones de GEI[2]. Algunos estudios cifran en 13 unidades de energía fósil las que se utilizan por cada unidad de energía alimentaria producida[3].

Esta abundancia energética que nos han proporcionado los combustibles fósiles nos ha permitido disponer —especialmente en los países occidentales— de una gran variedad de productos desestacionalizados en las estanterías de nuestros supermercados y poder elegir entre diferentes tipos de dietas, en función a nuestro estilo de vida. Esta supuesta capacidad de elección, si la observamos desde una perspectiva más larga, seguramente sea una ficción propia de las sociedades opulentas contemporáneas, que sólo se puede sostener en un corto período de la historia de la humanidad, gracias al proceso de Haber-Bosch. Convertimos calorías de combustibles fósiles en calorías de nuestros alimentos. Hay estimaciones de que al menos el 30% de los átomos de nitrógeno de nuestro cuerpo proviene de este proceso de síntesis.

Si analizamos la historia agraria de la Península Ibérica, veremos cómo a lo largo de la historia hemos desarrollado sistemas alimentarios de base territorial. Nos alimentábamos mayoritariamente a través de los recursos que teníamos en nuestro ámbito geográfico y esto estaba determinado por la capacidad de sostener con esos pastos, forrajes etc., una cabaña ganadera con la que cerrar el ciclo de fertilidad de los cultivos. Nuestros antepasados tenían un gran ingenio y conocimiento del medio que los llevaba a hacer un aprovechamiento muy eficiente y generalmente sostenible de los recursos del entorno. Se trata de un patrimonio cultural basado en la gestión agroecológica del territorio que será muy importante de recuperar de cara al descenso energético en el que nos encontramos (Columela, Al Awan, la gestión comunal, etc.). Estos modelos agroalimentarios tradicionales —de base agrosilvopastoril— no eran perfectos y alrededor del siglo XIX, con la crisis finisecular y diferentes sucesos políticos y sociales, comenzaron a chocar contra límites físicos de la geografía donde se desarrollaban, lo que llevó a trasladar la huella territorial de los sistemas agroalimentarios locales a otros países con sus consiguientes impactos: importación de guano, de nitrato de chile, etc. (Una mayor profundización sobre el metabolismo agrario se puede realizar en los estudios de González de Molina y el Laboratorio de Historia de los Agroecosistemas de la UPO[4] y de Enric Tello en Catalunya[5]).

Esta necesidad/disponibilidad de fertilizantes se dispara con el mencionado proceso de Haber-Bosch y de ahí a la intensificación de la mal llamada revolución verde que conforma el sistema agroalimentario que tenemos en la actualidad.

Me dedico a la regeneración de suelos que han sido degradados tras décadas de impactos derivados de las prácticas de la revolución verde. En zonas de cultivos de secano de la península es habitual encontrarse con suelos con porcentajes de materia orgánica que no llegan al 1%. Son suelos muertos, en los que los ciclos de fertilidad del suelo están rotos y, por si fuera poco, los niveles de diferentes contaminantes, son muy elevados. En el momento en que a esos suelos les quitas su dosis de fertilizante de síntesis, el rendimiento productivo cae de manera abrupta. Dentro del proceso de regeneración, utilizamos las técnicas más avanzadas del conocimiento científico que disponemos: abonos verdes, biofertilizantes, cultivos de microbiología, BRF, introducción de diferentes secuencias de animales en pastoreos rotacionales regenerativos… Los procesos de recuperación de la fertilidad de los suelos son muy lentos y en muchas ocasiones puede llevar hasta 4-5 años conseguir alcanzar porcentajes del 2-3% de materia orgánica (contenido mínimo para recuperar cierta fertilidad en un secano medio). Y esto contando aún con tractores y maquinaria que nos facilitan de manera increíble el trabajo. Imaginemos lo que sería todo este trabajo de regeneración sin la ayuda de los combustibles fósiles.

Hay ocasiones en las que mientras realizas trabajo de campo, te da por pensar en los miles de hectáreas que te rodean y que están siendo aún cultivadas con químicos, en el trabajo tan inmenso y el tiempo que será necesario invertir para recuperar en un grado mínimo su fertilidad. En que un aumento de los precios de los fertilizantes nos puede poner contra las cuerdas, como ya está pasando en muchos lugares del planeta. En esos momentos, son muchas las preguntas que te asaltan y para las que no tienes respuesta.

¿Cómo vamos a fertilizar sin químicos superficies tan grandes? ¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿De donde van a salir todos estos restos orgánicos? ¿Nos podemos arriesgar a basar toda nuestra reposición de la fertilidad en un proceso tan pobre desde un punto de vista termodinámico como el compostaje de restos vegetales? ¿Es posible fertilizar grandes territorios sin la intervención animal?

Aunque tuviéramos maquinaria, el reto sería colosal, pero si nos vamos a ver abocados a una menor disponibilidad de combustible, ¿somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? ¿Cuántas personas en las ciudades estarían dispuestas a hacer esos trabajos? ¿Cuantas estarían hoy preparadas físicamente para aguantar la cosecha manual durante 6 horas al día en julio en Castilla? ¿Quién va a hacer esos trabajos?

¿Podemos realmente elegir el tipo de alimentación que queremos tener, sin esa ingente cantidad de energía que nos aportan las fósiles, o la dieta vendrá determinada por las características de nuestros territorios y los recursos que seamos capaces de sostener en los mismos sin esquimarlos?

Las circunstancias derivadas del agotamiento de los combustibles fósiles y las dificultades de la adaptación a las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario. Y para ello, es necesario planificar la transición agroecológica de esos millones de hectáreas y poder superar las dificultades técnicas que esto supone. Se trata de un reto enorme al que como sociedad nos vamos a ver enfrentados. Las cadenas largas de producción, distribución y consumo basadas en la disponibilidad de combustibles fósiles baratos, nos permiten vivir una ficción que no va a ser posible mantener mucho en el tiempo. Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición."                   (, 15/15/15, 2023-05-12)

20/1/22

La humanidad ha sobrepasado el límite planetario de plásticos y contaminantes químicos... Se calcula que hay unos 350.000 tipos diferentes de productos químicos manufacturados en el mercado mundial...

 "Dada la persistencia en el medio ambiente de los productos químicos sintéticos y de una producción al alza desde las últimas décadas, una nueva investigación revela que se ha superado el umbral para estos procesos, lo que podría poner en peligro la salud del sistema terrestre. El equipo hace una llamada a la acción para reducir el daño asociado a estos compuestos.

Cambio climático, agotamiento de la capa de ozono, deforestación, acidificación de los océanos, pérdida de biodiversidad, ciclo de nitrógeno o contaminación química son algunos de los problemas ambientales que amenazan la salud del planeta. Son los conocidos como límites planetarios, un concepto establecido en 2009 por el equipo liderado por Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo (SRC, por sus siglas en inglés).

Una vez detectados, los científicos establecieron una serie de variables y límites que en teoría no se debían sobrepasar para mantener la estabilidad de la Tierra de los últimos 10.000 años. De los nueve umbrales identificados, cuatro de ellos ya se han superado, según un estudio publicado en Science en 2015 y dirigido por Will Steffen, de la Australian National University.

Sin embargo, en aquel momento algunos límites, como el de los compuestos químicos, no se pudieron cuantificar por falta de información. “Ahora esto ha cambiado”, afirma a SINC Patricia Villarrubia Gómez, estudiante de doctorado en el SRC de la Universidad de Estocolmo en Suecia y coautora de un estudio que se publica en la revista Environmental Science & Technology.

La investigación, liderada por Linn Persson del Instituto Medioambiental de Estocolmo, da un paso adelante en el análisis de nuevas entidades y contaminación química, y ha permitido evaluar por primera vez el efecto del cóctel de productos químicos sintéticos que inundan el medio ambiente. Los resultados revelan que la humanidad ha sobrepasado un límite planetario relacionado con los contaminantes ambientales, incluidos los plásticos.

“Nos centramos en documentar la preocupación por la seguridad planetaria como consecuencia de la sobreproducción y liberación de sustancias sintéticas como plásticos, pesticidas, retardantes de llamas y otros químicos industriales; así como de materiales naturales que son movilizados como consecuencia de las actividades humanas”, apunta Villarrubia Gómez.

A ellos también se suman antibióticos y otros productos farmacéuticos. Se calcula que hay unos 350.000 tipos diferentes de productos químicos manufacturados en el mercado mundial, creados por los humanos con efectos en gran medida desconocidos sobre el sistema terrestre. Cada año entran en el medio ambiente volúmenes significativos de estas nuevas entidades. 

Compuestos persistentes en el medio ambiente

En la actualidad, dado que algunos de estos contaminantes pueden ser extremadamente persistentes, pueden encontrarse por todo el planeta, desde el Ártico hasta la Antártida. Su presencia provoca impactos negativos en los sistemas de la Tierra, incluyendo la biodiversidad y los ciclos biogeoquímicos.

 “El ritmo de aparición de estos contaminantes en el medio ambiente supera con creces la capacidad de los gobiernos para evaluar los riesgos globales y regionales, y mucho menos para controlar los posibles problemas”, destaca la coautora Bethanie Carney Almroth, de la Universidad de Gotemburgo.

Plásticos, los mayores contaminantes

Los científicos se centraron en parte en el estudio de la contaminación por plásticos por varias razones. “La cantidad de la masa total de plásticos que se ha producido ya excede a la cantidad total en masa de todos los mamíferos existentes”, indica Villarrubia Gómez. Además, los edificios e infraestructuras creados (los cuales contienen plásticos y miles y miles de químicos sintéticos) exceden la masa de todos los árboles y arbustos existentes, según un estudio reciente. 

“Cada vez hay más evidencias científicas que apuntan a una gran preocupación. A día de hoy, sabemos que existen múltiples razones por las que los químicos y los plásticos producen impactos negativos en la salud de nuestro planeta, y que mayoritariamente se debe a la manera en la que los utilizamos en el día a día”, recalca la científica.

 Los impactos negativos de estas sustancias químicas se producen en todas las fases de su ciclo de vida, causando problemas en cada uno de los procesos –desde la extracción de las materias primas, su transformación e industrialización, pasando por el uso mismo de los productos– hasta que estos son desechados como basura.

Además, en el caso de los plásticos, “sabemos que hay una conexión directa con el cambio climático, pues al menos el 98 % de los plásticos vírgenes son un producto derivado de la producción de combustibles fósiles como la gasolina o el gas natural, lo que tiene asociado grandes emisiones de CO2 a la atmósfera, así como la contaminación de cuerpos de agua y suelos”, subraya.

Hacia una economía circular

Con este trabajo, los científicos piden que se tomen acciones de manera urgente para reducir el daño asociado a químicos sintéticos y plásticos, controlando y limitando su producción. “Consideramos que aún estaríamos a tiempo de revertir los daños producidos si llevamos a cabo acciones ambiciosas y concretas”, asevera Villarrubia Gómez.

 “A la hora de actuar, los investigadores estamos convencidos de que estos resultados pueden informar a gobiernos e instituciones intergubernamentales a tomar decisiones basadas en ciencia”, añade. Hasta ahora, los nuevos productos químicos, así como las nuevas formas de utilizar los ya existentes, llegan a los mercados con una rapidez tal que se excede con creces la capacidad de evaluación de los organismos gubernamentales y el control de los impactos relacionados con ellos.

Ante esta situación de desajuste extremo entre las tasas de producción y evaluación, el equipo sugiere que “se trabaje hacia una economía circular real mediante el cambio en el diseño de materiales y productos, diseñar nuevos que puedan ser reciclables, y mejorar el control de seguridad y sostenibilidad de los mismos”, detalla la autora.

También proponen establecer cuotas fijas para la producción y liberación de químicos, “como se está haciendo para tratar de controlar el cambio climático a través de cuotas para la emisión de gases de efecto invernadero”. Para la científica, “los cambios que estamos creando en nuestro planeta van a terminar repercutiéndonos de manera continuada y acumulativa si no llevamos a cabo acciones urgentes”, concluye. "                     (Adeline marcos, SiNC, 18/01/22)

21/12/21

Los arrecifes de coral del Caribe mexicano, en riesgo por las cremas solares. Se liberan más de 200 toneladas anuales de sustancias nocivas para la vida en el mar, contenidas en estos productos

 "Más de 200 toneladas anuales de restos de cremas de protección solar ponen en peligro la vida de la segunda barrera de coral más grande del mundo, en el Caribe mexicano, por la presencia de productos nocivos, según indica un nuevo estudio.

 Ante la ausencia de normas que regulen el uso de estos productos, los especialistas sugieren proteger la piel de la radiación ultravioleta usando productos que no contengan compuestos identificados como dañinos para los corales, o barreras físicas como sombreros, gafas o camisas de manga larga.

La Riviera Maya, ubicada en la costa del Estado mexicano de Quintana Roo, es visitada por más de 15 millones de turistas al año. En sus playas no existen regulaciones sobre el uso de esta clase de productos, varios de los cuales contienen sustancias perjudiciales para la vida marina, indicó el trabajo publicado en Applied Sciences.

Sobre este tema, Hawaii ya legisló en 2018, y lo mismo se repite en unos pocos destinos turísticos, como en la República de Palau, el municipio insular de Bonaire (Países Bajos), Key West e Islas Vírgenes (EE UU) y Aruba (Venezuela). Recientemente, Tailandia se sumó a la prohibición de filtros con oxibenzona, octinoxato, 4-metilbencilideno alcanfor o butilparabeno.

En México, para estimar la presencia de estos contaminantes en los corales de esta región, los investigadores trabajaron a partir de una fórmula que incluye el porcentaje de turistas que usan cremas solares y sus hábitos en las playas, como cantidad de aplicaciones de estos productos, porcentaje de protector que se desprende por el contacto con el agua, etc. Así, los autores estimaron que anualmente se liberan al mar entre 231 y 313 toneladas de protector solar.

“Algunos protectores solares contienen químicos como oxibenzona y octinoxanato. Estos compuestos son altamente tóxicos porque se bioacumulan en los tejidos de los corales, ocasionan blanqueamiento, anormalidades en su desarrollo, pueden alterar el ADN e incluso matarlos”, explicó SciDev.Net la investigadora Karelys Febles-Moreno, una de las autoras del estudio.

Los corales son lugares de desove de peces de valor económico y, entre otros servicios ecosistémicos, protegen a comunidades costeras de mareas de tormenta, son atracciones turísticas y recreativas y ofrecen materias primas para medicamentos.

Para Febles-Moreno, investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, en lugar de protectores con compuestos nocivos, los turistas pueden optar por el uso de barreras físicas o productos reef safe, sin oxibenzona ni octinoxanato. Y aclaró: “Los bloqueadores solares eco-amigables no son regulados, por lo que es crucial identificar en la etiqueta los ingredientes activos y asegurarse de que no contienen estos dos compuestos químicos”.

María Sandra Churio, química de la Universidad Nacional de Mar del Plata y Conicet, quien no participó en el estudio, apunta: “Se sabe que los filtros UV no solo contaminan océanos, lagos, ríos, sino también aguas subterráneas, ya sea por liberación directa en el agua superficial (desde la piel durante la natación y el baño) o indirectamente con el agua utilizada para higiene personal o lavado de ropa, a través de plantas de tratamiento de aguas residuales”.

Churio recordó además que “el potencial genotóxico de estos compuestos” es también para peces, aves marinas, esponjas, medusas, gusanos, crustáceos, moluscos, estrellas de mar, erizos de mar, pepinos de mar, y tortugas, entre otros animales.

Por su parte, para el biólogo marino Carlos Vergara-Chen, investigador en la Universidad Tecnológica de Panamá, quien no participó en el estudio, el trabajo “contribuye a crear conciencia y responsabilidad ambiental en los turistas que emplean cremas solares en las playas aledañas a arrecifes de coral” y sus resultados “podrían auxiliar al diseño y ejecución de normativas que regulen el uso de protectores solares”.

Para Churio, si bien la información sobre la contaminación de los filtros UV orgánicos es “limitada”, “la liberación continua de este grupo de compuestos en el agua, su potencial de bioacumulación y las consecuencias de la exposición prolongada de los organismos acuáticos demandan mayor investigación”.

En este sentido, el Decenio de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible de 2021 a 2030, proclamado por la ONU, tiene, entre otras metas, la identificación de las fuentes de contaminación de los océanos para su eliminación y limpieza. “La relación del océano y el ser humano debe ser sustentable y responsable”, sintetizó Febles-Moreno."                  (Nicolás de la Barrera, El País, 21/08/21)

30/11/21

Un nuevo estudio muestra que los plaguicidas están “destruyendo los cimientos mismos de la red de la vida”... Los escarabajos y los colémbolos tienen un enorme impacto en la porosidad del suelo y están siendo dañados, y las lombrices también se están viendo afectadas

 "Estos preocupantes descubrimientos aumentan la urgencia de aplicar un control en el uso de plaguicidas para salvar la biodiversidad”

 “Los escarabajos y los colémbolos tienen un enorme impacto en la porosidad del suelo y están siendo dañados, y las lombrices también se están viendo afectadas” dijo el coautor del estudio Nathan Donley, un científico del Centro para la Diversidad Biológica.

Un estudio publicado el jueves en la revista Frontiers in Environmental Science da la voz de alarma sobre el papel que juegan los plaguicidas agrícolas en lo que los científicos han denominado la “bichocalipsis”, y ha llevado a los autores a demandar normativas más estrictas en todo EE.UU.

Investigadores de la Universidad de Maryland además de grupos como Amigos de la Tierra EE.UU. y el Centro para la Diversidad Biológica están detrás de lo que describen como “el mayor análisis y el más completo que se haya hecho nunca sobre los efectos de los plaguicidas agrícolas en los organismos del suelo”

Los autores del estudio alertan de que los plaguicidas analizados suponen un grave peligro para invertebrados que son esenciales para la biodiversidad, para mantener un suelo sano y para el secuestro de carbono en la lucha contra la emergencia climática, y que las autoridades reguladoras de EE.UU no se están prestando atención a estas amenazas.

“Bajo la superficie de los campos cubiertos de monocultivos de maíz y de soja, los plaguicidas están destruyendo los cimientos mismos de la red de la vida”, dijo en una declaración el coautor del estudio Nathan Donley, un científico del Centro para la Diversidad Biológica.

Un estudio tras otro indican que el uso de plaguicidas sin control en decenas de millones de hectáreas cada año está envenenando a los organismos esenciales para mantener suelos sanos”, añadió Donley. “Sin embargo, nuestras autoridades reguladoras llevan ignorando los daños en estos importantes ecosistemas durante décadas”.

Como detalla el documento, los investigadores revisaron casi 40 estudios “sobre los efectos de los plaguicidas en invertebrados a los que no están dirigidos  y que tienen huevos, larvas o desarrollo inmaduro en el suelo”,  también en hormigas, escarabajos, abejas que anidan en el suelo y lombrices.  Han examinado 275 especies únicas, taxones, o taxones combinados de organismos del suelo y 284 ingredientes activos distintos  o mezclas únicas de plaguicidas.

“Encontramos que el 70,5% de los parámetros probados mostraban efectos negativos”, dice el documento “mientras que el 1,4% y el 28,1% de los parámetros mostraron un efecto positivo o uno no significativo con la exposición del plaguicida respetivamente”.

Donley dijo a The Guardian que “el nivel de deterioro que estamos viendo es mucho mayor de lo que creíamos que sería. El suelo es extremadamente importante. Pero la manera en la que los plaguicidas están dañando a los invertebrados del suelo consigue menos cobertura mediática que los polinizadores, los mamíferos y los pájaros, es enormemente importante que esto cambie”.

“Los escarabajos y los colémbolos tienen un impacto enorme en la porosidad el suelo y están siendo dañados, las lombrices también se están viendo afectadas”, dijo. “Mucha gente no sabe que la mayoría de los escarabajos anidan en el suelo, y esa es una importante vía de exposición para ellos”.

Subrayando la necesidad de cambios de gran alcance, Donley apuntó que “no es solo uno o dos plaguicidas los que están causando los daños, los resultados son muy consistentes en toda clase de venenos químicos”.

La coautora Tara Cornelisse, una entomóloga del Centro por la Diversidad Biológica,  coincide en que “es extremadamente preocupante que más del 70% de los casos muestran que los plaguicidas dañan de manera significativa a los invertebrados del suelo”.

“Nuestros resultados se añaden a las pruebas que muestran que los plaguicidas están contribuyendo al descenso en el número de insectos, como los beneficiosos escarabajos buceadores, y las abejas polinizadoras solitarias”, dijo en una declaración. “Estos preocupantes descubrimientos aumentan la urgencia de controlar el uso de plaguicidas para salvar la biodiversidad”

En diciembre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó un informe destacando lo esenciales que son los organismos del suelo para la producción de alimentos y para la lucha contra la crisis climática, destacando que estas criaturas y las amenazas a las que se enfrentan no están recibiendo una atención adecuada a escala mundial.

 “Los suelos no son solo los cimientos de los sistemas agroalimentarios  y donde se produce el 95% de los alimentos que consumimos, sino que su diversidad también es de vital importancia en nuestros esfuerzos para terminar con el hambre y conseguir sistemas agroalimentarios sostenibles”, dijo entonces el Director General de la FAO QU Dongyu, exigiendo que se intensifiquen las medidas para proteger a los “héroes dedicados y silenciosos” que son los organismos del suelo.

Un creciente número de investigaciones también ha revelado que ha habido un descenso de casi un 25% en el número de insectos como hormigas, mariposas y saltamontes en los últimos 30 años.  Los expertos detrás del análisis no solo lo achacaron a los plaguicidas sino también a la pérdida de hábitat y a la contaminación lumínica.

En enero, una colección de documentos científicos alertaban de que “los insectos están sufriendo “una muerte por miles de heridas”, y apelaron a los responsables políticos de todo el mundo a que abordaran el tema con urgencia. El llamamiento siguió a la publicación de una hoja de ruta realizada por 73 científicos en enero del año anterior, que resumía los pasos necesarios para abordar el “apocalipsis de los insectos”.

Las principales recomendaciones de esa hoja de ruta incluían frenar las emisiones que calientan el planeta, limitar la contaminación lumínica, del agua y acústica, evitar la introducción de especies exóticas invasoras y reducir el uso de plaguicidas y fertilizantes sintéticos.

“Sabemos que las prácticas agrícolas como los cultivos de cubierta y el compostaje construyen un ecosistema del suelo sano y reducen la necesidad de plaguicidas” dijo Aditi Dubey de la Universidad de Maryland, coautora del nuevo estudio. “Sin embargo, nuestra políticas agrícolas continúan apoyando un sistema alimentario con un uso intensivo de plaguicidas”.

“Nuestros resultados subrayan la necesidad de políticas que apoyen a los agricultores a adoptar métodos que ayuden a hacer crecer la biodiversidad, tanto dentro del suelo como en su superficie” declaró Dubey.

Aunque según los investigadores las soluciones están claras, la industria química está bloqueando el camino.

“Las empresas que producen plaguicidas están intentando continuamente hacer un lavado de imagen verde a sus productos, defendiendo el uso de plaguicidas en la agricultura “regenerativa” o “climáticamente inteligente””, dijo la coautora Kendra Klein, una científica de los Amigos de la Tierra. “Esta investigación echa por tierra esa noción y demuestra que la reducción del uso de plaguicidas debe jugar un papel esencial para combatir el cambio climático en la agricultura."                 (Jessica Corbett |  , Rebelión, 12/06/2021; fuente: commomdreams.org)

5/11/21

Insecticidio, el ocaso de la flora intestinal del planeta

 "Los pequeños seres que mantienen la biosfera desaparecen a un ritmo tan poco conocido como frenético. Son la base de multitud de procesos ecosistémicos sin los que la vida desaparecería. El ser humano está detrás de su declive, especialmente con la proliferación de la agricultura industrial intensiva y los productos que esta necesita: los biocidas. 

 Una colmena de Bombus terrestris, el abejorro común, cuesta unos 30 euros en internet. Los humanos los utilizamos para la polinización de cultivos hortofrutícolas en entornos artificiales. Un invernadero de El Ejido, por ejemplo, los necesita. A ellos o a algún tipo de abeja. Se usan sistemáticamente para el cultivo de la mayoría de las hortalizas. Concepción Ornosa, entomóloga de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y especialista en polinizadores, cuenta que ha llegado a encontrarse subespecies italianas en pleno Maresme catalán, “y eso es porque los habían utilizado para polinizar cultivos”. El negocio no debe de ir mal. Se venden cada vez más, según asegura Theo Oberhuber, coordinador de proyectos de Ecologistas en Acción. Como explica, “en el cultivo bajo plástico no cuentan con polinizadores silvestres. O esa función se realiza a mano, con un pincel, o se tienen que comprar”.

Mientras la caja de abejorros llega vía mensajero a El Ejido, un agricultor castellano esparce insecticida con su tractor en campos de Valladolid. La llegada de la llamada revolución verde, en la segunda mitad del siglo XX, trajo consigo un mayor rendimiento agrícola, pero implicó el uso de técnicas y productos para que el vegetal produjese más, y más rápido, sin amenazas ni plagas. A los fertilizantes se les suman los biocidas: herbicidas, fungicidas e insecticidas. Y estos afectan al resto de otros habitantes del campo.

Los más mayores pueden atestiguar que en las siete horas en coche que existen entre el campo vallisoletano y el invernadero almeriense hay algo que ya no ocurre. Antes, faros y parabrisas quedaban impregnados de los cuerpos de gran cantidad de insectos que fallecían por el impacto contra los coches. Hoy, la cantidad es tan pequeña que a menudo no hay que usar ni el agua del limpiaparabrisas.

Apocalipsis micro

Se comparta este último hecho o no, las matemáticas siempre mandan. Un 41% de los insectos está amenazado y podría extinguirse en cuestión de décadas debido a las “dramáticas tasas de disminución de poblaciones”, con un tercio del total en “grave peligro de extinción”. No es que lo diga un estudio en concreto, lo dice el trabajo, publicado en la revista Biological Conservation en 2019, que revisa otros 73 informes sobre la reducción de biomasa de insectos.

 Francisco Sánchez-Bayo, ecólogo asentado en la Universidad de Sídney (Australia), es uno de los dos responsables del mencionado informe, un documento que apuntaló las últimas dudas sobre la extinción masiva de insectos actual. “Nuestro estudio es una revisión de todo lo que se ha publicado en los últimos 20 años sobre su declive”. Habla de que aún hay una importante falta de datos en muchos grupos, pero otros se conocen muy bien, especialmente los más visibles, como las mariposas o los escarabajos. Son los que han estudiado, comparando las poblaciones actuales con las de hace medio siglo. Y los resultados son duros: se han dado disminuciones de poblaciones “del 50% o más” en varias especies de mariposas o polillas. En términos humanos, sería el apocalipsis.

La crisis de los insectos se enmarca en la llamada sexta extinción, que engloba a todo el reino animal y vegetal y tiene en la pérdida de ecosistemas, la contaminación, las especies invasoras y el cambio climático sus principales causas. Todas, claro, se concentran en una: la actividad humana.

 La crisis es global y las cifras, aterradoras. Entre 1970 y 2016, las poblaciones de especies de vertebrados han disminuido una media del 68%, según señala el informe Planeta Vivo 2020, de WWF. Pero en el reino de los insectos, lo es aún más: “Los insectos tienen una tasa de extinción ocho veces mayor que mamíferos, aves y reptiles”, señala Oberhuber.  Los ejemplos están por doquier. En Alemania, un estudio publicado en la revista científica PLOS alertaba de disminuciones del 75% de la biomasa total de insectos voladores de las áreas protegidas del país. Se había producido en tan solo 27 años, entre 1989 y 2016.

Otra investigación, en este caso firmada por la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, habla de importantes reducciones de las poblaciones de abejas y mariposas en el continente europeo. Del 37% y el 31%, respectivamente. Como expone la entomóloga de la UCM, “un 46% de las especies de abejorros en Europa están amenazadas”.

 Si se quieren ejemplos más cercanos, en el caso español no se puede decir que no se hubiese lanzado la alarma hace tiempo. En 2013, una investigación alertaba de la pérdida para siempre de siete de las 73 especies de la reserva natural de El Regajal-Mar de Antígola, con otras 27 en grave declive. Y en los Pirineos, nueve de las 37 especies de abejorros ya han desaparecido, según investigaciones en las que ha participado la propia Ornosa. En relación a los polinizadores ibéricos, “se estima que el 40% está en peligro de extinción”, señala Oberhuber.

Excrementos perennes

La humanidad no es consciente de lo que es un mundo sin insectos. La entomóloga califica de “inimaginable”un planeta sin ellos. De la desaparición de miles de especies de plantas por la falta de polinizadores a un mundo cubierto de mierda —en el sentido literal de la palabra—, la pérdida de fertilidad del suelo o la extinción de los predadores de los insectos. “Sin ellos, el mundo estaría cubierto de excrementos, porquería, animales muertos y muchas más cosas”, explica el entomólogo de la Universidad de Sídney.

El reciclado de los ecosistemas y la degradación del material orgánico son labores fundamentales de los insectos. Los animales muertos son devorados por ellos tras los carroñeros. Moscas y escarabajos se alimentan de heces y animales en descomposición. Si el ecosistema está sano, no se produce un reciclado como el de Ecoembes: este es total. Su papel como descomponedores fertiliza además los suelos, consumiendo y digiriendo hongos, así como materia vegetal y animal, para descomponerla en sustancias que enriquecen el suelo y proveen de alimento a las plantas.

 Otro de sus papeles fundamentales es la polinización. “La mayor parte de las plantas con flores son polinizadas por insectos”, explica Ornosa. Y en su gran mayoría, esta función la realizan las abejas. No hablamos solo de la abeja de la miel. “Se calcula que hay 17.000 especies de abejas —cuatro veces más que mamíferos—, y la melífera es solo una”, continúa la especialista.

 Si bien en este grupo de insectos se cuelan algunas mariposas, escarabajos y algunos animales más, incluidos algunos murciélagos, son las abejas las responsables de entre el 90 y el 95% de la polinización. “Tienen unas características morfológicas distintas al resto de animales que les sirven para recolectar néctar y llevarlo a sus nido”, explica la entomóloga, lo que incluye “unos cestitos especiales que las hacen absolutamente únicas”.

Por supuesto, los agricultores se benefician de ellas, ya que la mayoría de los cultivos dependen de los polinizadores. Como explica el especialista de Ecologistas en Acción, “sin ellos no vas a poder comer manzanas o se van a encarecer muchísimo porque dependerán de una polinización artificial o a mano, con su coste”.

La base de la cadena

“No nos damos cuenta de que son fundamentales para los ecosistemas”, cuenta Sánchez-Bayo. Desde las antípodas enumera las cadenas tróficas que se romperían: el 60% de los pájaros depende de los insectos porque son su alimento. A ello hay que sumarle, entre otros grupos, sapos, lagartos y la mitad de los peces del planeta, con larvas de insectos como alimento. “Incluso mamíferos: erizos, osos hormigueros, murciélagos… Eliminarlos supone que todos estos animales desaparezcan”.

Es algo que ya está pasando. Un estudio publicado en Nature asociaba directamente el uso de pesticidas neonicotinoides con el declive de las aves en Holanda. Es una cadena que ni siquiera alcanzamos a imaginar dónde acaba, y es global. Como señala Ornosa, “no hay red ecológica donde los insectos no estén representados en todos los niveles”.

 Las causas de este desastre son conocidas. Solo el 2% de los insectos tienen efectos ‘negativos’ para el ser humano, pero la búsqueda de su eliminación abarca mucho más. Yolanda Picó, química e investigadora de la Universitat de València y especialista en toxicidad de los biocidas, explica que, en general, estas sustancias son compuestos diseñados para eliminar seres vivos. Sin embargo, “digamos que no son tan selectivos y, si eliminan a un insecto, probablemente eliminen también toda una serie de insectos beneficiosos”.

Desde Sídney, Francisco Sánchez-Bayo pone el foco en que un nueve de cada diez biocidas no son un problema, pero el restante 10% “se utiliza de continuo y en todas partes: las compañías los promueven y dan incentivos a los agricultores para quelos sigan usando”. De hecho, cada año es peor. “Los insectos crean resistencias y hay que añadir cada vez más sustancias”, explica Picó, quien no comparte el dictamen del entomólogo sobre ese 10%: “El problema está en todos, se han diseñado para eso”.

La especialista asegura, sin embargo, que se ha mejorado mucho en la Unión Europea. “Hace unos años se hizo un cribado de todos los pesticidas que se utilizaban para eliminar los más tóxicos y se prohibieron muchos”. Es el caso de la atrazina o muchos neonicotinoides, sustancias que afectan al sistema nervioso central, causando parálisis en el animal.

Tóxicos y lobbies

La concienciación sobre la desaparición de las abejas llevó a que en 2013 la UE comenzara a limitar neonicotinoides como la clotianidina, el imidacloprid y el tiametoxams, insecticidas utilizados en 140 tipos de cosechas por todo el mundo, ampliando su prohibición en 2018 a todo cultivo al aire libre. Sin embargo, en junio el Parlamento Europeo aprobó una resolución que pedía una nueva evaluación científica y consideraba que la evaluación del riesgo del imidacloprid había sido “deficiente”.

“En principio, la legislación es estricta y se sigue, pero cuando más dinero tienes más capacidad tienes para realizar estudios y para presentarlos de una manera adecuada, y ahí existe una cierta capacidad de lobby [de la industria]”, apunta la química.

 El Europarlamento también recordaba que varios estudios habían catalogado el imidacloprid “como una sustancia tóxica para la reproducción y un alterador endocrino que puede afectar negativamente al corazón, el riñón, la tiroides y el cerebro y puede provocar síntomas neurológicos, como insuficiencia respiratoria y la muerte”. Precisamente, ese mismo mes tenía lugar un debate sobre la propuesta de utilizarlo para acabar con los parásitos de los salmones en las piscifactorías de Gran Bretaña. “Habrán hecho estudios y las compañías dijeron que no era peligroso para los peces porque tenía solo cierto nivel de toxicidad. Pero claro, en el agua no solo están los salmones”, añade Sánchez-Bayo.

 Las dos grandes amenazas, para Theo Oberhuber, están ligadas a la actividad agraria. Además de los biocidas, señala los cambios de uso del suelo y la continua pérdida de hábitats por la expansión agrícola, que deja sin su espacio a insectos que han evolucionado para adaptarse a medios concretos. “La agricultura, con las famosas concentraciones parcelarias, se ha ido intensificando y ha supuesto la destrucción de hábitats de muchas especies”. Por su parte, Sánchez-Bayo añade que “la agricultura intensiva supone la deforestación de bosques originales y zonas arbustivas”, remarcando que la tala masiva para macroexplotaciones intensivas en países como Brasil, Indonesia o varias naciones tropicales africanas supone la causa fundamental en el ecocidio de los insectos en dichos lugares.

Además, junto a las especies invasoras transportadas por el ser humano, que desequilibran los ecosistemas, el cambio climático se suma al cóctel, favoreciendo la proliferación de algunas “especies plaga”. “En los bosques, en concreto, se ha demostrado que les afecta mucho la falta de humedad. Con el calentamiento se evapora del suelo y muchas de las larvas que viven allí mueren”, explica a El Salto el entomólogo.

Modelo agrario

Hecho el diagnóstico, faltan soluciones. Theo Oberhuber incide en la necesidad de cambiar el modelo agrario y favorecer una transición a una agricultura más ecológica, que limite al máximo el uso de fitosanitarios: “Hay que explicar a los agricultores que, en el fondo, son prisioneros de esos productos porque cada vez tienen que echar más”, dice, algo que también ocurre con los fertilizantes.

Picó, por su parte, insiste en aplicar mejor los productos, un mayor control de las sustancias permitidas y el uso de sustancias más dirigidas a una plaga en concreto y que sean menos tóxicas para el resto. “Hay productos muy prometedores, pero están en una fase experimental o no se han generalizado entre los agricultores”, apunta. El cumplimiento y la ampliación de normativas que mejoren la situación, tales como no fumigar en periodos de floración, también son claves para la investigadora.

 Incidiendo en que lo principal es controlar el uso de biocidas y promover una agricultura más sostenible, Ornosa habla de restaurar la flora autóctona. “No hay que quitar las malas hierbas de las ciudades, que en realidad no lo son, sino que son la flora autóctona; hay cantidad de seres que las utilizan”.

Sánchez-Bayo, por su parte, apuesta por el control integrado de plagas, como se conoce al uso de métodos naturales para prevenirlas. “Hay que utilizar las especies naturales depredadoras de estos insectos, así como los parásitos, para controlar las plagas”, afirma. “Son cosas que se conocen bastante bien en muchos casos, pero hay que implementarlas”.

Existen además soluciones más simples. Como plantea Oberhuber, “hay cosas superfáciles; por ejemplo, en los años 60 las cunetas y los terrenos cercanos a las carreteras eran silvestres y una zona con una altísima densidad de plantas silvestres. Al final son muchas hectáreas, y todo eso ha desaparecido”. Es una solución que se está implantando en Alemania.  

También en el entorno urbano hay opciones, como la iniciativa holandesa de plantar especies silvestres sobre las marquesinas de autobús. Favorecer especies autóctonas en la jardinería de las ciudades en vez de plantas ajenas al medio en concreto, “algo que además cuenta con un presupuesto importante”, recuerda Oberhuber, ayudaría asimismo a incrementar la biomasa de insectos de pueblos y ciudades. Y volviendo al campo, la implantación de zonas arbustivas o silvestres en los lindes de los cultivos sería un paso de gigante, explica.

Por último, Francisco Sánchez Bayo lanza un mensaje: “Somos consumidores y como tal tenemos que exigir que los productos que compramos utilizan el mínimo de pesticidas”. Ahora, a trabajar."           (Pablo Rivas, El Salto, 21/08/21)

21/10/21

Los peces se vuelven adictos a las metanfetaminas vertidas en los ríos

 "Una nueva investigación ha revelado cómo las truchas marrones de los ríos de la República Checa se están volviendo adictas a las metanfetaminas consumidas y excretadas por los seres humanos. 

Estas sustancias llegan a los ríos a través de las aguas residuales. Pavel Horký, profesor del departamento de zoología de la Universidad de Ciencias de la Vida de Praga y primer autor del trabajo, explica que los usuarios de esta droga ilícita pueden causar, sin saberlo, la dependencia de los peces.

Según los resultados del trabajo, publicados el 6 de julio en la revista Experimental Biology, el consumo agudo e inmediato de la metanfetamina aumentó la actividad en el cerebro de los peces por un periodo corto de tiempo, mientras que durante los momentos de abstinencia la actividad cerebral disminuyó. “Los antojos de recompensa de drogas de los peces podrían remplazar las recompensas naturales como la búsqueda de comida o el apareamiento”, dice el científico checo.

 De acuerdo con Horký, el efecto directo sobre el comportamiento de las truchas puede variar en función de muchos aspectos, como el tiempo de exposición o la concentración del fármaco. 

“La consecuencia más grave es que la droga altera los patrones de comportamiento naturales de los animales”, afirma por correo electrónico. Y continúa: “La contaminación de los ríos con estas sustancias podría cambiar el funcionamiento de ecosistemas enteros”.

 Para llegar a estas conclusiones, el equipo liderado por Horký, en alianza con colegas de la Universidad del Sur de Bohemia, en la República Checa, diseñó un experimento que midió el nivel de adicción de los peces. Los científicos dividieron 120 truchas marrones en dos tanques de agua de 350 litros durante ocho semanas. Uno de los tanques tenía cientos de nanogramos de anfetaminas por litro, el mismo nivel de concentración de la droga hallado en los ríos del país europeo.

Al terminar el tiempo de prueba, los investigadores eliminaron la metanfetamina del tanque experimental y analizaron al azar el comportamiento de los peces en los siguientes diez días para detectar signos de adicción y abstinencia. Con ese propósito, diseñaron un tanque con dos compuertas que simulaba el fluir del río. En un lado, los peces podían nadar en agua contaminada con el mismo nivel de anfetaminas al que habían sido expuestos antes. En el otro, el agua estaba limpia.

“El pez de control no mostró preferencia por un lado del arroyo o por el otro, pero el pez que había sido drogado eligió repetidamente permanecer en el agua con metanfetaminas”, se lee en las conclusiones del trabajo. Los científicos también revelaron que habían encontrado altos niveles de la sustancia psicoactiva en el tejido cerebral de los animales y que al pasar los días de abstinencia, los peces afectados eran menos activos que los otros. Esto podría “reducir sus posibilidades de sobrevivir y reproducirse”.

Las conclusiones del estudio son preocupantes: “Nuestros resultados sugieren que la llegada de drogas ilícitas a los ecosistemas de agua dulce causa adicción en los peces y modifica las preferencias de hábitat con consecuencias adversas inesperadas de relevancia a nivel individual y poblacional”. El estudio es una prueba más, dicen los científicos, de la transmisión de problemas sociales humanos a los ecosistemas acuáticos.

 Aunque en la actualidad hay pocos experimentos similares, Horký y sus colegas coinciden en que la contaminación de drogas en los ríos es un problema muy común en todo el mundo. “La adicción a la metanfetamina se considera ahora una de las amenazas para la salud mundial más difíciles de controlar. Sabemos que donde hay usuarios de metanfetamina, también hay contaminación de agua dulce por metanfetamina”.

Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito de 2018 revela que la metanfetamina es la droga sintética más usada en el mundo y que su consumo ha ido creciendo exponencialmente en los últimos años. “En 2005 se incautaron 25 toneladas de esta droga, mientras que en 2016 se incautaron 159 toneladas”.

Los hallazgos de este trabajo son similares a los encontrados hace poco por un grupo de científicos estadounidenses que mostró como las anfetaminas estaban alterando la base de la vida de los ríos en Norteamérica. Según esa investigación, publicada en la revista Environmental Science & Technology, las aguas residuales llevan narcóticos que afectan a las algas, las bacterias y los insectos fluviales.

Emma Rosi-Marshall, investigadora del Instituto Cary para el Estudio de los Ecosistemas y autora del trabajo, afirmó: “Al exponerlas a las anfetaminas, vimos que la producción de las algas se detenía. Las productoras primarias de la biopelícula hacían peor la fotosíntesis, por lo que crecían menos. Esto es una mala noticia para los organismos que dependen de las biopelículas para alimentarse”.

Los científicos plantean una última reflexión: “La contaminación humana a menudo es evidente por las manchas de petróleo y el plástico que se arrastra a la orilla, pero muchas de las drogas que consumimos también terminan en el agua y el tratamiento actual de las plantas residuales y de los ríos no está preparado para eliminarlas”, afirman en el trabajo. Un porcentaje alto del principio activo de las drogas llega a los ríos. Por eso en la actualidad muchos gobiernos miden el consumo de estas sustancias haciendo análisis en los ríos. Solo en la Unión Europea se hace un seguimiento periódico a las aguas residuales de 67 ciudades para el programa de control de estupefacientes.

Horký reconoce que a pesar de que los resultados del trabajo parecen concluyentes, aún se necesitan muchas más investigaciones de campo para detallar los efectos de abstinencia y la adicción de la metanfetamina observados en este estudio experimental en ecosistemas naturales. El científico termina con una anécdota: “La República Checa es el mayor productor de metanfetaminas en Europa, una droga ilícita generalmente conocida bajo la marca Pervitin”, dice Horký. Y continúa: “La historia de su auge se remonta a la década de 1970, cuando esta droga se convirtió en parte de la clandestinidad, la consumían muchas personas que se oponían al régimen comunista y al establecimiento, originalmente jugó un papel similar al LSD en los Estados Unidos durante la revolución hippie”.                (J. M. Hernández Bonilla, El País, 06/08/21)