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18/10/23

Zizek: Comunistas y liberales se quedaron cortos: no se puede arreglar el mundo sin antes comprenderlo... “Mi mundo está tan alejado de la libertad como aquel del que mis padres intentaron escapar. Ninguno de los dos alcanza ese ideal. Pero sus fracasos han sido diferentes, y hasta que no los comprendamos seguiremos divididos"... Cuando el comunismo llegó a su fin todos estaban eufóricos y esperaban que la libertad y la democracia trajeran consigo una vida mejor; pero con el tiempo, muchos perdieron esas esperanzas. Es entonces cuando empieza el trabajo real... se trata, primero y ante todo, de ver el mundo y comprenderlo

 "El libro de Lea Ypi Libre: el desafío de crecer en el fin de la historia (Anagrama, 2023) ha tenido una recepción hostil en su país natal, Albania; es fácil ver por qué. La descripción que hace de sí misma (“profesora de Teoría Política en la London School of Economics, albanesa y marxista”) lo dice todo.

Leyendo el libro de Ypi, me sorprendió el parecido entre su vida y la de Viktor Kravchenko, el funcionario soviético que desertó durante una visita a Nueva York en 1944. Su famoso y exitoso libro de memorias Yo escogí la libertad se convirtió en el primer testimonio directo sustancial de los horrores del estalinismo, comenzando por su detallada descripción de la gran hambruna ucrania de principios de los años treinta. Kravchenko sabía de qué hablaba: en aquellos tiempos todavía era un creyente convencido y participó en la colectivización forzada.

La historia pública de Kravchenko termina en 1949, cuando logró una sonada victoria en un importante juicio por difamación contra un periódico francés comunista. Al juicio, celebrado en París, los soviéticos llevaron a su exesposa para que prestara declaración, acusándolo de corrupción, alcoholismo y violencia doméstica. Nada de eso influyó en el tribunal; pero la gente tiende a olvidar lo que ocurrió después. Apenas terminado el juicio, cuando en todo el mundo se lo aclamaba como héroe de la Guerra Fría, Kravchenko comenzó a sentirse cada vez más inquieto por la caza de brujas anticomunista que se desarrollaba en Estados Unidos. Combatir al estalinismo con macartismo, advirtió, era ponerse al nivel de los estalinistas.

La vida en Occidente hizo a Kravchenko cada vez más consciente de sus injusticias y se obsesionó con la idea de reformar las sociedades democráticas occidentales desde dentro. Tras escribir una continuación no tan conocida de Yo escogí la libertad, titulada Yo elegí la justicia, se embarcó en una cruzada para descubrir un nuevo modo de producción económica menos explotador. Esa búsqueda lo llevó a Bolivia. Participó en un intento fallido de organizar a agricultores pobres en nuevas estructuras colectivas.

Abrumado por el fracaso, se retiró a la vida privada y terminó pegándose un tiro en su casa de Nueva York. No hubo de por medio ninguna infame operación de chantaje de la KGB. El suicidio de Kravchenko fue una muestra de desesperación y una prueba más de que su denuncia original contra la Unión Soviética había sido una protesta genuina contra la injusticia.

Con su libro, Ypi hace en un solo volumen lo que Kravchenko hizo en dos. Cuando en 1997 Albania cayó en la guerra civil, la vida de Ypi se vino abajo. Obligada a quedarse escondida en casa escribiendo un diario, mientras afuera tableteaban las kaláshnikov, tomó una decisión extraordinaria: iba a estudiar filosofía.

Pero lo más extraordinario es que su compromiso con la filosofía la llevó de regreso al marxismo. Su historia demuestra una vez más que los críticos más penetrantes del comunismo suelen ser excomunistas, para quienes la crítica del “socialismo real” fue el único modo de mantenerse fieles a su compromiso político.

Libre nació de un tratado anterior respecto de la interrelación entre las nociones de libertad para el socialismo y el liberalismo, y esa perspectiva estructura el libro. La primera parte, sobre cómo los albaneses “eligieron la libertad”, es un relato ameno de la infancia de Ypi durante la última década del régimen comunista en Albania. Sin omitir los horrores de la vida diaria (la escasez de alimentos, las denuncias por razones políticas, los mecanismos de control y sospecha, la tortura y los castigos crueles), el libro está salpicado de momentos cómicos. Incluso en condiciones tan duras y desesperadas, la gente hallaba formas de preservar un mínimo de dignidad y honestidad.

En la segunda parte, que describe el tumultuoso periodo poscomunista en Albania después de 1990, Ypi relata la incapacidad de la libertad que los albaneses eligieron (o, mejor dicho, la que les impusieron) para generar justicia. Culmina con un capítulo sobre la guerra civil de 1997, momento en el que la narración se interrumpe y es reemplazada por fragmentos del diario de Ypi. La potencia de su escritura radica en que, incluso aquí, la autora no deja de lidiar con las grandes preguntas y explora de qué manera proyectos ideológicos ambiciosos suelen terminar, no en triunfo, sino en confusión y desorientación.

En los noventa, uno de esos grandes proyectos fue reemplazado por otro. Derribado el comunismo, la ciudadanía albanesa fue sometida a una “transición democrática” y a “reformas estructurales” pensadas para hacerla más “parecida a Europa” con su “libre mercado”. La amarga conclusión de Ypi en el último párrafo del libro merece una cita completa:

“Mi mundo está tan alejado de la libertad como aquel del que mis padres intentaron escapar. Ninguno de los dos alcanza ese ideal. Pero sus fracasos han sido diferentes, y hasta que no los comprendamos seguiremos divididos. Escribí mi historia para explicar, para reconciliar y para continuar la lucha”.

He aquí una irónica refutación de la famosa undécima tesis de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. El contrapunto es que no se puede cambiar el mundo para mejor sin antes comprenderlo. Ahí es donde los grandes iniciadores de los proyectos comunista y liberal fallaron.

Pero de esta intuición, Ypi no extrae la conclusión cínica de que los cambios importantes son imposibles o inevitables. Su conclusión, más bien, es que la lucha (por la libertad) no se ha detenido ni se detendrá. Por eso la autora se siente en deuda con “todas las personas del pasado que lo sacrificaron todo, porque no eran apáticas, no eran cínicas, no creían que basta dejar que las cosas sigan su curso y estas se acomodarán solas”.

Este es el problema actual del mundo. Si creemos que las cosas se acomodarán solas, acabaremos con una multiplicidad de catástrofes: ruptura ecológica, ascenso del autoritarismo, caos y desintegración social. Ypi expresa aquello que el filósofo Giorgio Agamben denominó “el coraje de la desesperanza”, su reconocimiento de que el optimismo pasivo es una receta para la autoindulgencia y, por tanto, obstáculo contra un pensamiento y una acción significativos.

Cuando el comunismo llegó a su fin todos estaban eufóricos y esperaban que la libertad y la democracia trajeran consigo una vida mejor; pero con el tiempo, muchos perdieron esas esperanzas. Es entonces cuando empieza el trabajo real. Al final, Ypi no ofrece soluciones fáciles y ahí radica la fortaleza de su libro. Esa abstención es lo que lo convierte en una obra filosófica. No se trata de cambiar el mundo a ciegas; se trata, primero y ante todo, de ver el mundo y comprenderlo."                 (Slavoj Zizek , El País, 13/10/23)

14/3/23

¿Quién perdió a Rusia? La terapia de choque aplicada en Rusia para transitar del comunismo a una economía de mercado.. una triste historia

 Carme Vallverdú @karmetxu

1) ¿Quién perdió a Rusia? Con esta pregunta nos reta Stiglitz en su libro "El malestar de la globalización" y va desglosando LA TERAPIA DE CHOQUE aplicada en Rusia para transitar del comunismo a una economía de mercado. Acompañadme en esta triste historia.

2) 25/12/1991 Gorbachov renuncia a la presidencia de la URSS tras el golpe de Estado de agosto. Atrás queda Afganistán, la caída del bloque de acero, el muro de Berlín, Chernobyl, el Tratado antinuclear (Reagan) y... la Perestroika y el Glásnot.

3) Se disuelve la URSS. Boris Yeltsin se pone al cargo de la política económica con Anatoly Chubáis y Yegor Gaidar además de la intervención directa del Consenso de Washington (FMI y BM) y asesores de Clinton (Departamento del Tesoro de EEUU).

4) Si los “Chicago Boys” habían proporcionado las teorías económicas para justificar las terapias de choque en Chile y Argentina. En Rusia, fueron los “Harvard Boys”: control inflación, austeridad, liberalización de mercados nacionales e internacionales y privatizaciones.

5) En este documental de Naomi Kleim se comenta la terapia de choque implantada en Rusia a partir del minuto 36:25 ... https://www.youtube.com/watch?v=Nt44ivcC9rg&t=2191s


6) Los retos eran grandes: se debía pasar de un sistema de precios estatales a uno de mercado, no habían mercados ni instituciones ni regulaciones y se tenía que privatizar todas las empresas, además,con gestores especializados en burlar reglas y leyes. Todo con máxima rapidez.

7) 02/01/1992 LIBERALIZACIÓN de los precios, del comercio exterior y la moneda. Los precios de los recursos naturales no se liberalizaron. Eso permitió, por ej. , acceder a petróleo barato y revenderlo a Occidente, ganando millones de dólares, algunos “empresarios” burócratas.

8) La liberalización instantánea produjo una hiperinflación brutal (2610%)que lapidó por completo los ahorros de la población. Con la hiperinflanción, la terapia de choque, pidió de inmediato, la segunda acción:ESTABILIZACIÓN. Estricta austeridad.

9) La estabilización se tradujo en elevar los tipos de interés hasta máximos (política monetaria restrictiva) y en no implementar ningún plan de protección (desempleo, vivienda, financiación, innovación…), es decir, política fiscal restrictiva también por parte del Estado.

10) PRIVATIZACIÓN. En teoría, cada ciudadano disponía de un voucher privatizacion para convertirse en accionista de una empresa. La realidad, la población estaba inmersa en la pobreza y necesitaba comer. Condiciones beneficiosas para grupos de poder. https://elpais.com/diario/1992/10

11) Tampoco existía financiación disponible (altos tipos de interés y gran depresión) ni instituciones de mercado para poder restructurar la industria, por lo tanto, el incentivo era claro: liquidación de activos. Barrido de industria. Extraer rentas en lugar de crear riqueza.

12) El resultado del Estado de regalar sus activos a un pequeño grupo de poder de Yeltsin, fue la creación de un grupo de multimillonarios mientras el Estado no podía pagar las pensiones de 15$ mensuales. La confianza en la reforma y en la democracia se había perdido.

13) Cada vez el país era más pobre,más desigual y más corrupto. Al terminar el proceso más del 40% de la población tenía menos de 4$ diarios (BM), la esperanza de vida se redujo, y la recesión fue peor que la Gran Depresión. 1993,el Parlamento invalida la presidencia de Yeltsin

14) Octubre Negro 1993. Conflicto violento entre el poder presidencial y el legislativo, resuelto con el bombardeo y la disolución del Parlamento con apoyo de EEUU y de Occidente.

15) Política de regulación eco.(1995-98). No existía inversión, se liquidaban los activos y se mandaban a fuera,tampoco producción de bienes de equipo ni de consumo y el tipo de cambio del rublo se mantenía sobrevaluado. La sobrevaluación era un desastre para la población pero no

16) para los oligarcas que podían importar bienes de lujo y además obtenían más dólares por sus rublos en sus cuentas offshore. Pero el FMI consideraba que una devaluación traería inflación y derramaron miles de millones de dólares para intentar mantener el tipo de cambio.

17) Irónicamente,el FMI pensaba que podía ir contra el mercado y no quería la devaluación por riesgo de que Rusia no pudiera pagar sus deudas en dólares y siendo consciente de la alta corrupción y como, por ej, se podía cobrar impuestos a las petroleras, apostaron por el RESCATE.

18) Empeora con la Crisis de los Países Asiáticos (julio1997) y los precios del petróleo caen. El FMI manda a Rusia un préstamo de 11.200millones. El BM estimó que aguantaría el tipo de cambio durante tres meses. Tres semanas. Aparecieron en cuentas bancarias en Chipre y Suiza.

19) 17/08/1998 anuncia la suspensión de pagos unilateral y la devaluación del rublo. La moneda cayó un 45% (enero1999). La crisis se desata, los tipos de interés para los mercados emergentes crecieron más que el punto más alto de la Crisis del Este asiático.

20) Se expande, a Brasil, Argentina, Ecuador y Colombia entre otras. EEUU activa un rescate privado de uno de los mayores fondos de cobertura, Long Term Capital, porque la Fed temía una crisis finaciera global.

21) Y hasta aquí el hilo, las consecuencias ya son bien conocidas después de Yeltsin, viene Putin y todo su imperio oligárquico. Las referencias, espero no dejarme ninguna. Los dos libros: Joseph Stiglitz: El malestar de la globalización'... y Thomas Piketty: Capital e ideología, y un paper, Antonio Sánchez Andrés: La economía rusa en transición (CIDOB, n.59)

22) Wikipedia y varias páginas: https://bbc.com/mundo/noticias-internacional-59497643

https://ctxt.es/es/20220401/Firmas/39406/rusia-privatizaciones-default-vladimir-putin-terapia-del-shock.htm#.YmUimBRmDH0.twitter

https://es.wikipedia.org/wiki/Crisis_co

23) Documentales: La doctrina del skock y El cercamiento. https://youtube.com/watch?v=Nt44ivcC9rg

24) Y creo que no me dejo ninguna referencia más, consulto mucho hay algo mis disculpas por adelantado. Finalmente, es complicado resumir situaciones en un tweet sé que he simplificado bastante de eso se tratan los hilos. Muchas gracias quién haya leído hasta aquí.

6:52 p. m. · 4 ago. 2022
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3/2/23

Un punto de vista del establishment ruso sobre la guerra de Ucrania... En Moscú tardaron años en comprender la seriedad del proyecto globalista occidental que contemplaba una Rusia subalterna con una elite nacional compradora subordinada a las grandes transnacionales occidentales y a la que no se piensa reconocer "soberanías" ni cotos privados derivados del tradicional control estatal de los negocios y desfalcos en el mayor país del mundo. Los occidentales querían libre acceso sin restricciones para sus multinacionales a los recursos de Eurasia, y, por supuesto, no reconocían "zonas de influencia" políticas, económicas ni militares, mas allá de su propio dominio hegemónico. La inicial colaboración de Moscú fue considerada debilidad... el reproche de Karaganov a Occidente es el de no haber sido capaz de "acordar con Rusia y China los términos del nuevo mundo"

 "Para entender la guerra de Ucrania es imprescindible conocer los puntos de vista de todas las partes beligerantes. Comprendemos el del nacionalismo ucraniano defendiendo su país ante la agresión imperial de su vecino y al mismo tiempo imponiendo su identidad a las regiones menos nacionalistas acusadas de "colaboracionismo" con el invasor. Comprendemos también los intereses y el papel de Estados Unidos en esta "guerra por procuración" en la que se trata de derrotar de forma ejemplarizante el desafio militar ruso iniciado en 2014 con la anexión de Crimea.  Importantes estrategas y responsables de Washington nos lo han explicado con toda claridad y admiten que se trata de un "precalentamiento a lo que está por venir" contra China (Charles Richard, jefe del Stratcom y uno de los máximos jefes militares de Estados Unidos). Pero comprendemos mucho menos los motivos de Rusia.

Este artículo de Sergei Karaganov, presidente honorario del Consejo ruso de política exterior y de defensa, presenta un punto de vista del establishment ruso sobre el conflicto, vetado de nuestros medios por la censura y el foco unilateral en las tesis atlantistas.

Karaganov fue un típico "occidentalista" durante la época de Yeltsin en la que se produjo el gran desfalco de la privatización que instauró la rapiña del patrimonio nacional. En aquella época la élite rusa occidentalista de nuevos ricos y la intelligentsia liberal celebraban su ascenso a la "civilización" y soñaban con la homologación con sus socios del oeste. Los obstáculos "ideológicos" de la guerra fría ya no estaban y se daba por supuesto que a Rusia se le haría, automáticamente, un lugar en el nuevo escenario del capitalismo global.

Hoy Karaganov expresa las frustraciones y evolución del establishment ruso por no haber sido aceptado en pie de igualdad por sus homólogos capitalistas occidentales. La irritación fue creciendo con los años a medida que avanzaba el rodillo geopolítico de Estados Unidos en Europa, via OTAN, que complicaba y envenenaba cualquier intento de integración de una Unión Europea en la inopia geopolitica con su principal socio energético ruso y su primer socio comercial chino, hasta dar lugar al giro en las prioridades de la elite rusa al que estamos aistiendo hoy.

¿Qué significaba ser aceptados "en pie de igualdad"? Fundamentalmente que Occidente reconocía la soberanía y primacía de la elite rusa en la rapiña del patrimonio nacional y de los ricos recursos en su propio país, incluyendo en ese reconocimiento el de los intereses rusos en su entorno geográfico, una especie de "Doctrina Monroe" del espacio postsoviético aunque fuera en condiciones de condominio con Occidente, Turquía y China, como viene ocurriendo en Asia Central y Transcaucasia.

 En Moscú tardaron años en comprender la seriedad del proyecto globalista occidental que contemplaba una Rusia subalterna con una elite nacional compradora subordinada a las grandes transnacionales occidentales y a la que no se piensa reconocer "soberanías" ni cotos privados derivados del tradicional control estatal de los negocios y desfalcos en el mayor país del mundo. Los occidentales querían libre acceso sin restricciones para sus multinacionales a los recursos de Eurasia, y, por supuesto, no reconocían "zonas de influencia" políticas, económicas ni militares, mas allá de su propio dominio hegemónico. La inicial colaboración de Moscú fue considerada debilidad y las repetidas quejas de Putin, ignoradas durante años. Todo eso es lo que contiene, desde mi punto de vista, el reproche de Karaganov a Occidente de no haber sido capaz de "acordar con Rusia y China los términos del nuevo mundo".

Karaganov expresa el cambio de humor y mentalidad de la élite rusa al calor de las duras realidades y lecciones aprendidas, que ahora desembocan en el desastre de la guerra. Suscribe un discurso antioccidental con denuncia del "imperialismo globalista" en el mundo, y defiende la necesidad de una purga de los "elementos occidentalistas y compradores" en la propia Rusia, lo que parece anunciar cambios fundamentales en ese país. 

ASISTIMOS AL SURGIMIENTO DE UN NUEVO MUNDO

Sergey Karaganov

La crisis no comenzó en 2022, sino a mediados de los años 90, al igual que la Segunda Guerra Mundial, que comenzó realmente con la Paz de Versalles, que fue injusta y sentó al 100% las bases de la misma.

Hace 25-27 años, Occidente se negó a hacer una paz justa con Rusia. Y, como le pareció a muchos en su momento, creó un nuevo sistema para su dominación basado en «reglas». Otros se refirieron más tarde a él como imperialismo liberal global. Pero el sistema fue construido sobre la arena. En él se colocó una mina de la Tercera Guerra Mundial que tarde o temprano podía explotar. Los veteranos como yo suelen compartir recuerdos, a menudo inventados. En mi caso puedo documentar que desde 1996/1997 ya escribía y decía que un mundo basado en la expansión de la OTAN y la dominación occidental conduce a la guerra.

La hegemonía de Occidente comenzó a desmoronarse en 1999 cuando, en un frenesí de impunidad, violó a Yugoslavia. El desmoronamiento fue a más cuando, eufórico, se metió en Afganistán, luego en Irak y perdió, devaluando su entonces superioridad militar y su liderazgo moral. Al mismo tiempo, se producían dos procesos aún más importantes. Rusia - convencida tras Yugoslavia, Afganistán, Irak y la retirada de Estados Unidos del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) - de que era imposible construir una paz justa y duradera con Occidente, comenzó a restablecer su poderío militar. Y así, una vez más, como había hecho en los años 60 y 80, comenzó a derribar los cimientos de la dominación occidental en la economía, la política y la cultura mundiales, que se basaba en la superioridad militar. Este dominio duró quinientos años y comenzó a desmoronarse en la década de 1960. En la década de 1990, debido al colapso de la URSS, parecía haber regresado, pero ahora Rusia ha empezado a derribar de nuevo esos cimientos.

Al mismo tiempo, Occidente dejó pasar el ascenso de China. Paralelamente cometió un error aún más sorprendente. A finales de la década de 2000, Occidente comenzó a frenar a China y a Rusia al mismo tiempo, empujándolas hacia un bloque político-militar común que no entrara en conflicto con sus intereses fundamentales.

La manifestación del poderoso desmoronamiento de Occidente fue la crisis de 2008, que tuvo como telón de fondo los procesos antes mencionados y socavó la confianza en su liderazgo moral, económico e intelectual. Desde finales de la década de 2000, Occidente comenzó a desatar la Guerra Fría. Pero todavía había una ventana de oportunidad para acordar con Rusia y China los términos del nuevo mundo. Existió en algún momento entre 2008 y 2013. Esta ventana no se ha utilizado. Desde 2014, Occidente intensificó su política activa de contención de China y Rusia, incluyendo un golpe de Estado en Kiev para preparar a las tropas de choque y tratar de socavar a Rusia para recuperar la hegemonía.

Occidente, al perder terreno militar, político y moral, incluso su núcleo moral (recordemos el rechazo de Europa al cristianismo ya en 2002), pasó al contraataque histérico. La guerra se hacía inevitable, la cuestión era dónde y cuándo.

Al mismo tiempo, los problemas globales a los que se enfrenta la humanidad - el clima, la energía, la escasez de agua y de alimentos, el crecimiento explosivo de la desigualdad dentro del propio Occidente y la erosión de la clase media - no se resolvieron, sino que se agravaron. Su no resolución exigió maniobras dilatorias. Eso fue un poderoso factor en dirección a la guerra.

Durante dos años, la Covid se utilizó como sustituto de la guerra, pero una vez que su efecto se ha diluido, se hizo inevitable que se produjese un choque aquí o allá. Consciente de ello, Rusia decidió atacar primero.

Esta guerra tiene varios objetivos: impedir que Occidente cree una cabeza de puente militar ofensiva en las fronteras de Rusia, que se estaba creando rápidamente, y preparar a Rusia para una existencia a largo plazo en un mundo de conflictos y cambios rápidos, que requiere un modelo diferente de sociedad y economía: un modelo de movilización.

El siguiente objetivo es purgar a la elite rusa de los elementos pro-occidentales y compradores. Pero quizás el contenido principal de esta guerra u operación en términos de la historia mundial, no sólo de la historia rusa, es la lucha por la liberación final del mundo de quinientos años de yugo occidental, que reprimió a los países y civilizaciones, imponiéndoles condiciones desiguales de interacción. Primero simplemente saqueándolos, a través del colonialismo, luego del neocolonialismo, y después a través del imperialismo globalista de los últimos treinta años.

La guerra de Ucrania, al igual que muchos acontecimientos de la última década, no trata sólo y no tanto del desmoronamiento del viejo mundo, sino también de la creación de un mundo nuevo, más libre, más justo, más plural y policromo política y culturalmente.

El significado global de la lucha en Ucrania es la devolución de la libertad, la dignidad y la autonomía a los no occidentales (proponemos llamarlos con otro nombre: la Mayoría Mundial, que antes era reprimida y robada y humillada culturalmente). Y, por supuesto, una parte justa de la riqueza mundial.

Rusia no puede dejar de ganar esta guerra, aunque será difícil. Muchos de nosotros no habíamos contado con una disposición tan alta de Occidente para luchar militarmente, ni tampoco con una disposición tan alta de una parte de los ucranianos, convertida en algo parecido a los nazis alemanes enfrentados contra la URSS en el pasado, por luchar desesperadamente.

Probablemente, dadas las tendencias generales del mundo y el equilibrio de poder mundial, deberíamos haber golpeado antes. Pero no conozco el nivel de preparación de nuestras Fuerzas Armadas. Aunque creo que en 2014 deberíamos haber actuado con más decisión, abandonando las esperanzas de un acuerdo.

Vivimos un periodo peligroso, al borde de una tercera guerra mundial en toda regla que podría acabar con la existencia de la humanidad. Pero si Rusia gana, lo que es más que probable, y el conflicto no llega a una guerra nuclear total, no deberíamos considerar las próximas décadas como una época de peligroso caos (como dice la mayoría de Occidente). Llevamos demasiado tiempo viviendo en esas condiciones.

El viejo sistema de instituciones y regímenes ya se ha derrumbado (libertad de comercio, respeto a la propiedad privada), instituciones como la OMC, el Banco Mundial o el FMI, la OSCE me temo y la UE, están llegando a sus últimos años. Empiezan a surgir nuevas instituciones a las que pertenece el futuro. Son la Organización de Cooperación de Shanghai, la ASEAN+, la Organización de la Unidad Africana y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). El Banco Asiático de Desarrollo ya presta mucho más dinero que el Banco Mundial.

No todas las nuevas instituciones sobrevivirán, esperemos que sobrevivan algunas de las antiguas, especialmente en el sistema de la ONU, que necesita urgentemente una reforma, principalmente para la representación de la Mayoría Mundial , y no de Occidente, en la secretaría. Lo principal es no permitir que el Occidente perdedor frene la historia o la descarrile con una guerra mundial.

No sólo los países de la Mayoría Mundial, sino también los países occidentales pueden vivir bastante felices en este mundo, en el que estos últimos han invertido muchos de sus eruditos, escritores. Cervantes, Shakespeare, Stendhal, Hemingway, los grandes rusos. Occidente simplemente perderá la oportunidad de saquear al resto del mundo, tendrá que encogerse un poco. Vivir dentro de sus posibilidades.

Temo que este nuevo mundo que está tomando forma ahora se cree más allá de mi vida intelectual o física. Pero mis jóvenes colegas y seguramente sus hijos verán ese mundo. Pero hay que luchar por este hermoso mundo, en primer lugar evitando una tercera guerra mundial, por el intento de venganza de Occidente. Fue en Europa donde se desencadenaron las dos primeras guerras mundiales. Rusia lucha ahora, entre otras cosas, para que no se den las condiciones necesarias para una tercera. Pero los conflictos se producirán en una época de rápidos cambios. Así pues, la lucha por la paz debería ser uno de los temas principales de nuestra comunidad intelectual y del mundo en general, quizá también el foco de atención del Club Valdai."

 (Rafael Poch de Feliu ; aporrea, 07/12/22)

14/10/22

Lo que se conocía en el lenguaje popular de los sovietólogos bajo el inconsistente término de “nomenclatura”... pasó a ser una 'estadocracia'... que hoy se define como “capitalismo político”

 " (...) Con el fin de la URSS concluyó el poder de aquella “especie de clase” que el principal analista soviético en la materia, Marat Cheskov, un expreso de los campos de Mordovia que llegó a investigador del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú (IMEMO), bautizó como estadocracia y que en el lenguaje popular de los sovietólogos se conocía bajo el inconsistente término de “nomenclatura”. 

La estadocracia unificaba y concentraba las cinco funciones esenciales: el poder político, la propiedad, la ideología, la dirección y la organización. Elementos de la estadocracia existieron en otras sociedades; en el Brasil de los años treinta y setenta del siglo XX, en varios países en desarrollo, en la Francia del general De Gaulle, en la Italia de la Democracia Cristiana y hasta en la España franquista. Pero fue la URSS la que creó su versión “total” y la elevó hasta su expresión más absurda. Ese absolutismo era el que privaba de oxígeno a la sociedad soviética y arrojaba un ambiente tan asfixiante en el difunto superestado soviético. La estadocracia realizó la modernización soviética sin crear no ya una sociedad civil, sino una sociedad. Por eso fue incapaz de transformarse  (...)

La estadocracia fue adecuada para aquella modernización que resultaba de la industrialización y para el crecimiento extensivo, pero se demostró completamente inútil para la modernización postindustrial en las condiciones de lo que en la URSS se llamaba “revolución científico-técnica” con un desarrollo intensivo. En agosto de 1991 esa estadocracia dejó de existir. 

Concluí en 2002, en mi modesta crónica del desmoronamiento soviético (La Gran Transición, Rusia 1985-2002), preguntándome qué le sucedería a aquella estadocracia y apuntando el enorme problema que significaba para el futuro de Rusia la ausencia de un modelo socioeconómico de desarrollo y un marco institucional mínimamente sostenible y viable. (...)

Hoy el Gobierno de Putin ha ordenado algo aquella situación. Comenzó con el sector energético y continuó en otros ámbitos. 

 Analistas de la izquierda rusa, como Aleksandr Buzgalin y Andrei Kolganov de la Universidad Lomonosov de Moscú, definen el actual sistema ruso como un capitalismo burocrático basado en el acuerdo entre la burocracia y el capital privado. En ese sistema, el Estado permite al capital ganar dinero como sea y, a cambio, el capital no debe meterse en política. La propia burocracia participa activamente en la depredación. La rapiña de los enormes recursos de Rusia es monopolio de la elite capitalista rusa. De puertas para fuera su sistema no permite que los intereses de la depredación extranjera se instalen en su coto, más allá de determinado nivel que ponga en peligro su propia depredación. El sueño occidental es convertir a la élite capitalista rusa en mera intermediaria, como se apuntaba en la época de Yeltsin, y eliminar las barreras que obstaculizan el libre acceso a lo que hoy se parece mucho a un coto privado. 

Ishchenko utiliza el concepto del sociólogo húngaro Iván Szelényi “capitalismo político” para describir el tipo de sistema que hoy tenemos en gran parte del espacio postsovietico (Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán…). “El capitalismo político florece allí donde históricamente el Estado jugó un papel dominante en la economía y acumuló un inmenso capital, que ahora está abierto a la explotación privada”. El sujeto de ese sistema, continúa Ishchenko, “es un grupo social cuya ventaja competitiva no se deriva de la innovación tecnológica o de una fuerza de trabajo particularmente barata, sino de beneficios selectivos del Estado”. En Occidente puede sonar muy abstracto, pero esto es algo que los rusos y los ucranianos de a pie entienden perfectamente porque lo viven cada día. Los “capitalistas políticos” necesitan un control mucho más firme sobre la política que la burocracia estatal normal de cualquier sistema capitalista occidental. Por supuesto, más allá de cierto límite no quieren competidores en su coto.  (...)"                         (Rafael Poch  , CTXT, 11/10/2022)

4/10/22

Branko Milanović: Fukuyama se equivocó en 1989... las revoluciones de independencia nacional y autodeterminación que eran esencialmente revueltas nacionalistas fueron proclamadas por Fukuyama y otros maîtres à penser de la época como revoluciones de la democracia... Si eran las revoluciones de la democracia, el liberalismo y el multinacionalismo, ¿por qué se disolvieron las tres federaciones comunistas en lugar de limitarse a democratizarse? ¿Por qué, por utilizar un contraste, se democratizó España y se mantuvo como una federación democrática de base étnica, mientras que se disolvieron todas las federaciones étnicas comunistas? Está claro que había algo más que la simple democratización, y ese algo más era la autodeterminación étnica. Esta era la característica clave de las revoluciones de Europa del Este; la democracia era contingente... Toda la ideología de 1989 eludió esta cuestión... pero responde a la pregunta de qué motivó una serie de guerras, incluida la actual, que hemos presenciado desde 1989. Hubo 12 guerras en los llamados países en transición. Todas ellas se libraron en las antiguas federaciones comunistas

 " 1 - Rusia es una nación con vastos recursos naturales, una población bien educada y una profunda base científica. Sin embargo, por persona, Rusia es sólo la 67ª nación más rica del mundo. ¿Por qué?

Branko Milanović: El problema de Rusia es lo que he llamado su "historia económica circular". Para enriquecerse, las naciones necesitan paz interna y externa, no caos. Se puede recordar la famosa afirmación de Adam Smith de que "la paz, los impuestos fáciles y una administración de justicia tolerable" son suficientes para que los países transiten de una renta muy baja a una muy alta. Rusia no ha tenido esa experiencia durante todo un siglo. El periodo de rápido crecimiento económico tras la eliminación de la servidumbre en 1861 -es decir, antes del fin de la esclavitud en Estados Unidos- terminó con la Primera Guerra Mundial y luego con la revolución bolchevique y la Guerra Civil. 

Otra aceleración del crecimiento en los años 30 gracias a la industrialización estalinista fue detenida por la Segunda Guerra Mundial. El repunte del crecimiento de los años 50-60 se ralentizó bajo Brezhnev, pero al menos no hubo declive entonces. El declive llegó con la disolución de la Unión Soviética y la transición al capitalismo. El PIB ruso disminuyó más del 40% (más de lo que disminuyó el PIB estadounidense durante la Gran Depresión). En el último episodio de la dinámica "crecimiento-guerra-y-vuelta", los resultados relativamente buenos de la Rusia de Putin hasta aproximadamente 2012, han terminado definitivamente con la guerra.

Se pueden discutir otras razones, quizás más fundamentales, para la falta de avance tecnológico de Rusia, pero quería destacar un hecho muy simple que a menudo se pasa por alto: para llegar a ser desarrollados y ricos, los países necesitan estabilidad y crecimiento constante durante largos períodos de tiempo. Para cualquier persona razonable (salvo el presidente de Rusia), esto se traduce simplemente en que Rusia necesitaba al menos cincuenta años de paz, estabilidad y una administración de justicia tolerable para alcanzar los países avanzados. Nunca tuvo esa oportunidad.

2 - ¿Durante cuánto tiempo continuarán las sanciones occidentales a Rusia, y cuál será el efecto a largo plazo en la economía política de este país?

Creo que las sanciones continuarán durante varias décadas porque los problemas abiertos por la invasión rusa de Ucrania son excepcionalmente difíciles de resolver políticamente. Son tan difíciles, si no más, como el problema de Oriente Medio (Israel-Palestina), o el problema chipriota (Chipre del Norte) o el de India y Pakistán (Cachemira). Ninguno de estos problemas se ha resuelto en los últimos 50-70 años. Así que tampoco se resolverá el problema entre Rusia y Ucrania, lo que a su vez significa que las sanciones occidentales, y especialmente las estadounidenses, seguirán en vigor.

Las sanciones tendrán un impacto devastador en la economía rusa. Ese impacto es de medio a largo plazo. No tiene sentido centrarse en las oscilaciones diarias o semanales de los tipos de interés o de cambio, como hace mucha gente.

Rusia tendrá que proceder a la sustitución de importaciones en unas circunstancias únicas en las que la importación de maquinaria fabricada en el extranjero que normalmente se necesita para poner en marcha la sustitución de importaciones es imposible. Por lo tanto, Rusia tendrá que proceder a lo que llamé "sustitución regresiva de importaciones", es decir, a sustituir los bienes producidos hoy en día en Occidente, empezando por las cosechadoras, los coches y los aviones, hasta las patatas fritas y la novocaína (para las cirugías dentales) por sustitutos nacionales de calidad inferior. En otras palabras, la política será, a discreción, retroceder en términos de desarrollos tecnológicos y/o tratar de reinventar todo de nuevo por fuerzas propias. Nadie en la historia se ha visto obligado a hacerlo.

Es en ese sentido que la sustitución "regresiva" de las importaciones es fundamentalmente diferente de la sustitución de las importaciones de Stalin que estaba, en la parte técnica, basada en la tecnología occidental, es decir, en la tecnología avanzada de la época.

La idea de que China ayudará de alguna manera a Rusia a no tener que retroceder es parcialmente cierta. Pero China tendrá mucho cuidado de no caer en las sanciones secundarias de Estados Unidos. Además, China no puede sustituir a Occidente en todos los campos tecnológicos. La propia China depende en muchos ámbitos de la cooperación con Occidente.

Permítanme mencionar que dentro de 5-6 años, el transporte aéreo civil ruso no podrá dar servicio a zonas lejanas: no se podrá viajar en avión directamente desde Moscú a (digamos) Vladivostok. En muchos aspectos, el modo de vida ruso retrocederá, tecnológicamente, a los años 80. Sí, se puede decir, pero la gente vivía, y muchos muy bien, en la década de 1980. Es cierto, pero es muy diferente vivir con la tecnología de los años 80 en los años 80 que vivir con la tecnología de los años 80 en la actualidad.

3 - ¿Sigue siendo apropiado llamar a Rusia una oligarquía, o es ahora evidente que los oligarcas son benefactores del Estado sin influencia?

 Esta es una muy buena pregunta. Antes de la guerra, cuando apenas se amenazaba con las sanciones, la suposición en Occidente era que los oligarcas eran lo suficientemente influyentes como para que el miedo a perder todos (o casi todos) sus activos concentrara sus mentes y los empujara a disuadir a Putin de la invasión. Esto no ocurrió. Así que la suposición en la que se basaba toda esta idea de amenazar con sanciones a los oligarcas era errónea. Es importante tener esto en cuenta por dos razones.

En primer lugar, no tenemos ni idea de por qué se castiga hoy a los oligarcas. Supongo que por no ser lo suficientemente poderosos. Occidente les está diciendo: "ahora sabemos que no sois poderosos y os castigaremos por ello". ¿No es extraño? Escribí sobre ello aquí.

 En segundo lugar, la naturaleza de la oligarquía rusa había cambiado de manera fundamental entre Yeltsin y Putin. He escrito sobre eso en 2019 aquí. Para decirlo de forma sencilla, bajo Yeltsin, los oligarcas mandaban. Tomemos como ejemplo la famosa reunión de invierno de 1996 de los principales multimillonarios rusos en Davos cuando, junto con George Soros, decidieron financiar la campaña presidencial de Yeltsin, traer asesores y consultores estadounidenses y hacer todo lo posible para ayudar a Yeltsin a ganar en junio (1996). Tuvieron éxito y fueron ricamente recompensados mediante el infame acuerdo de préstamo por acciones.

Con Putin las cosas cambiaron, aunque gradualmente. En efecto, fue llevado al poder por Berezovsky, que creía que él, Berezovsky, sería el titiritero y Putin la marioneta. En realidad, sin embargo, Berezovsky acabó ahorcándose (probablemente) en su antigua casa de Inglaterra. Bajo el mandato de Putin, los principales oligarcas (no necesariamente todos) podían conservar sus bienes sólo si no contradecían los intereses del Estado, tal como los definían Putin y los ministerios del poder, y podían aumentar su riqueza si hacían lo que el Estado les decía. La relación de poder entre los ultra-ricos y los gobernantes políticos se ha invertido. Parece que en Washington y en Londres no fueron conscientes de ese cambio hasta el 24 de febrero de 2022; o tal vez fingieron no ser conscientes de ello. (...)

5 - ¿En qué acertó y se equivocó Fukuyama en "El fin de la historia"?

Admiro profundamente el trabajo de Fukuyama en "El origen del orden político". Es, en mi opinión, un libro de primera clase. He escrito dos reseñas, aquí hay una.

Pero se equivocó en 1989. Esto es lo que vemos claramente ahora. Hubo dos errores. En primer lugar, las revoluciones de independencia nacional y autodeterminación que eran esencialmente revueltas nacionalistas fueron proclamadas por Fukuyama y otros maîtres à penser de la época como revoluciones de la democracia. Esto fue un rompecabezas para mí desde el principio. 

Si eran las revoluciones de la democracia, el liberalismo y el multinacionalismo, ¿por qué se disolvieron las tres federaciones comunistas en lugar de limitarse a democratizarse? ¿Por qué, por utilizar un contraste, se democratizó España y se mantuvo como una federación democrática de base étnica, mientras que se disolvieron todas las federaciones étnicas comunistas? Está claro que había algo más que la simple democratización, y ese algo más era la autodeterminación étnica. Esta era la característica clave de las revoluciones de Europa del Este; la democracia era contingente.

Toda la ideología de 1989 eludió esta cuestión. Es una cuestión fundamental, porque responder a esa pregunta no sólo pone de manifiesto la verdadera naturaleza de las revoluciones, sino que responde a la pregunta de qué motivó una serie de guerras, incluida la actual, que hemos presenciado desde 1989. Hubo 12 guerras en los llamados países en transición. Todas ellas se libraron en las antiguas federaciones comunistas, y 11 de estas 12 guerras fueron las guerras por las fronteras. (La única guerra que no fue por las fronteras fue la guerra civil en Tayikistán.) Por lo tanto, la respuesta sobre lo que motivó estas revoluciones debe ser obvia para todos, pero para las mentes más dogmáticas.

Pero, incluso si Fukuyama tuviera algo de razón en su explicación de 1989, el punto más amplio que planteó, siguiendo a Hegel, en relación con un término en la evolución de las instituciones humanas, a saber, la democracia en la esfera política y el capitalismo en la esfera económica, es simplista y es poco probable que se haga realidad. Como muestra el propio Fukuyama en "Orígenes...", la experiencia humana, ya sea la historia, la filosofía, el trasfondo económico, las instituciones, la "cultura", etc. de los distintos pueblos, es tan diversa que creer que un sistema se ajustará a todas esas necesidades y creencias tan diversas es poco menos que utópico. 

Y el peligro de la utopía de Fukuyama, como el de todas las utopías, es que el deseo de conjurar su existencia conduce inevitablemente al conflicto. Si creemos que Rusia y China, y Egipto y Sudáfrica, y Nigeria y Brasil, y Irán y Argelia, y Birmania y Arabia Saudí, y todo el mundo en este amplio mundo estaría mejor si tuvieran un sistema, el sistema político occidental, lógicamente tenemos que convencerles de ello. Y si se obstinan en persistir en lo "erróneo de sus formas", tenemos que hacerles la guerra. Así, la utopía de Fukuyama conduce a una cadena interminable de conflictos. (...)"                  

 (Branko Milanović es un economista especializado en desarrollo y desigualdad, Brave New europe, 31/07/22; traducción DEEPL)

5/9/22

La visión de Gorbachov de una Rusia europeizada representaba una amenaza para la hegemonía estadounidense (militar y económica), ya que prometía unir a Europa Occidental y a Rusia en una causa común. Eso hacía que la visión de Gorbachov fuera estratégicamente subversiva... Rusia y Europa Occidental constituyen un matrimonio económico perfecto. Rusia tiene recursos naturales y necesita capital. Europa tiene capital y necesita recursos naturales. Ambos tienen conocimientos científicos y poblaciones educadas... la expansión de la OTAN hacia el este ha creado un caballo de Troya estadounidense que promete desestabilizar Europa en el siglo XXI... porque los nuevos Estados miembros son más leales a Estados Unidos que a Europa Occidental... La culpa del fracaso de Europa recae principalmente en Francia y Alemania, que son los líderes de Europa y han fracasado en el desarrollo de un proyecto geopolítico europeo independiente

 "Mijaíl Gorbachov murió el 30 de agosto de 2022. Desde entonces, los líderes occidentales se deshacen en elogios. Esas alabanzas ocultan cómo Occidente traicionó a Gorbachov tras su caída del poder, y cómo esa traición sembró el conflicto de Ucrania.

La historia es complicada porque la caída de Gorbachov fue provocada por los partidarios de la línea dura del Partido Comunista, por lo que los problemas que sufrió Rusia a partir de entonces también se deben en gran medida a las acciones rusas. Dicho esto, Gorbachov buscó una asociación para la paz, la prosperidad y la democracia. Después de su caída, Occidente renunció al acuerdo refrendado con un apretón de manos. 

Un homenaje a la inspiradora visión de Gorbachov

Antes de pasar a los detalles de esa traición, se justifica un homenaje a Gorbachov. Gorbachov pretendía transformar la Unión Soviética de un sistema represivo cerrado en un sistema socialista consultivo abierto que formara parte de la familia europea. Esa aspiración se describió como glasnost (apertura) y se impulsó a través del movimiento de reforma de la Perestroika.

Su aspiración quedó plasmada en su histórico discurso de 1989 ante el Consejo de Europa. En él, invitó a Europa Occidental a unirse a la Unión Soviética en la creación de una Europa abierta, fraternal y próspera que pusiera fin a las animosidades de la Guerra Fría. Su discurso termina con un llamamiento a la inclusión de la Unión Soviética en una Europa armoniosa:

"Estamos convencidos de que lo que necesitan es una Europa, pacífica y democrática, una Europa que mantenga toda su diversidad y sus ideas humanistas comunes, una Europa próspera que extienda sus manos al resto del mundo. Una Europa que avance con confianza hacia el futuro. Es en esa Europa donde visualizamos nuestro propio futuro".

Trágicamente, su visión no se hizo realidad. Por el contrario, fue deshecha por la espiral de acontecimientos desencadenados por el golpe de Estado de la línea dura de 1991, la hostilidad de Estados Unidos y la ingenuidad de los líderes de Europa Occidental.

El golpe comunista de 1991

El desmoronamiento de la visión de Gorbachov comenzó con el golpe de Estado del 19 de agosto de 1991, en el que los partidarios de la línea dura del Partido Comunista intentaron derrocarlo y cerrar el proceso de reforma de la Perestroika. Aunque el golpe fracasó, desencadenó fuerzas que desgarraron la Unión Soviética y provocaron la desaparición política de Gorbachov.

La República Socialista Soviética de Ucrania anunció su intención de independizarse el 24 de agosto, seguida por una declaración similar de la República de Bielorrusia el 25 de agosto. El 27 de agosto, el Soviet Supremo de Moldavia declaró su independencia; el 30 de agosto, el Soviet Supremo de Azerbaiyán se separó; y el 31 de agosto, el Soviet de Kirguistán se separó. Había quince repúblicas soviéticas. En noviembre, sólo tres (Rusia, Kazajstán y Uzbekistán) no habían declarado su independencia. En efecto, ya no había una Unión Soviética que presidir, y Gorbachov dimitió como presidente el 25 de diciembre de 1991. Al día siguiente, el Sóviet Supremo votó su propia desaparición y la de la Unión Soviética.

En retrospectiva, el fallido golpe de Estado de la línea dura dio el pistoletazo de salida a la disolución de la Unión Soviética, ya que los jefes de la República Comunista se apresuraron a hacerse con el poder que les daría la ventaja en el saqueo que se avecinaba. En Rusia, la carrera la ganó Boris Yeltsin, que era presidente de la República Soviética Rusa.

La expansión de la OTAN hacia el este

Incluso después de la disolución de la Unión Soviética, el desastre de la terapia de choque económica y el saqueo de Rusia, la visión de Gorbachov podría haberse hecho realidad. Sin embargo, la expansión de la OTAN hacia el este la ha impedido de forma decisiva.

Como ha documentado el embajador Jack Matlock Jr., el último embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética, un elemento crítico para que Gorbachov pusiera fin a la Guerra Fría fue el acuerdo de que no hubiera una expansión de la OTAN hacia el este más allá de la inclusión de Alemania Oriental. Ese acuerdo de apretón de manos fue esencial para la tranquilidad de la seguridad nacional rusa.

Sin embargo, tras la desintegración de la Unión Soviética, Occidente aprovechó la debilidad de Rusia para ampliar la OTAN hasta sus fronteras. El resultado fue la destrucción de la base de la confianza y la creación de una razón duradera para los temores militares rusos.

La OTAN se estableció como una alianza defensiva de la Guerra Fría. Es comprensible que continuara, pero la expansión hacia el este fue un acto inequívocamente agresivo que sólo ha empeorado la seguridad de los estados miembros originales de la OTAN. Los nuevos miembros contaban con activos militares insignificantes, pero todos aportaban un enorme riesgo de conflicto. Casi todos tenían tradiciones democráticas inexistentes, largas historias de intolerancia política, historias de conflicto con Rusia y eran intolerantes con los rusos étnicos dentro de sus fronteras. Su ingreso en la OTAN significaba que los Estados miembros originales se comprometían a defender a los países que podían provocar un conflicto con Rusia.

La hostilidad de EEUU

Dicho esto, la expansión de la OTAN hacia el este siempre ha tenido sentido desde el punto de vista de EEUU. En primer lugar, Estados Unidos se adhiere a la doctrina neocon que sostiene que Estados Unidos debe ser hegemónico a nivel mundial. Eso significa que ningún país debería poder desafiar a EE.UU. como lo hizo en su día la Unión Soviética. Rusia todavía tiene ese poder, lo que la convierte en una amenaza continua a los ojos de los neoconservadores.

En segundo lugar, Estados Unidos está protegido por los océanos Atlántico y Pacífico. En consecuencia, nunca sufre el daño directo o el retroceso de los conflictos que inicia. Por ello, la expansión de la OTAN hacia el este fue prácticamente gratuita para Estados Unidos.

En tercer lugar, la visión de Gorbachov de una Rusia europeizada representaba una amenaza fundamental para la hegemonía estadounidense (militar y económica), ya que prometía unir a Europa Occidental y a Rusia en una causa común. Eso hacía que la visión de Gorbachov fuera estratégicamente subversiva.

La ingenuidad europea

En el otro lado de la balanza, Europa ha perdido mucho con el fracaso de la visión de Gorbachov. En primer lugar, Europa sufre los daños directos y el retroceso de los conflictos. Así lo han demostrado los conflictos de Bosnia, Serbia, Irak, Libia, Siria y Afganistán, y lo está demostrando de nuevo el conflicto de Ucrania.

En segundo lugar, Europa ha perdido una enorme oportunidad económica al seguir el liderazgo estratégico de Estados Unidos. Rusia y Europa Occidental constituyen un matrimonio económico hecho en el cielo. Rusia tiene recursos naturales y necesita capital. Europa tiene capital y necesita recursos naturales. Ambos tienen conocimientos científicos y poblaciones educadas.

En tercer lugar, la expansión de la OTAN hacia el este ha creado un caballo de Troya estadounidense que promete desestabilizar Europa en el siglo XXI. Los nuevos Estados miembros son más leales a Estados Unidos que a Europa Occidental. Esto ha sido ilustrado repetidamente por Polonia. Ha comprado aviones militares y civiles estadounidenses en lugar de aviones europeos, y ahora ha establecido una base militar estadounidense autónoma a gran escala dentro de Polonia.

La culpa del fracaso de Europa recae principalmente en Francia y Alemania, que son los líderes de Europa y han fracasado en el desarrollo de un proyecto geopolítico europeo independiente. Ese fracaso también puede reflejar la captura por parte de Estados Unidos del liderazgo europeo -un tipo de efecto "Candidato de Manchuria"- que se hace evidente en las trayectorias profesionales y el currículo de los líderes.

Epitafio

Mijaíl Gorbachov no quería la disolución de la Unión Soviética ni el fin del socialismo. Quería un nuevo capítulo para Rusia que pasara la página de los horrores del siglo XX. Se montó en el tigre con la esperanza de lograr un cambio social noble, pero el tigre le tiró.

Incluso después de ser descartado y de la desaparición de la Unión Soviética, su visión de una Rusia integrada en una Europa pacífica y democrática podría haber sido posible. Sin embargo, para ello se necesitaba la buena voluntad de Estados Unidos y un liderazgo europeo inteligente, dos elementos de los que se carecía (y se carece).

Esto hace que los elogios de los líderes estadounidenses y europeos sean huecos. Dichos líderes representan a los establecimientos políticos que, en última instancia, traicionaron la visión de Gorbachov, y esa traición explica por qué ahora es un hombre rechazado en su país."

(Thomas Pailey, Brave New Europe, 01/09/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

31/8/22

Luces y sombras de Mijaíl Gorbachov: El gran ruso universal que minusvaloró al imperialismo... El sistema político de la Rusia de hoy es hijo de Yeltsin, y de Occidente, tanto o más que de la tradición soviética. El futuro, si es que vamos hacia un mundo mejor, queda para el ejemplo y los precedentes que Gorbachov sentó... Gorbachov demostró que lo irreformable no era el comunismo, sino el capitalismo... la retirada imperial de Rusia no contribuyó a la necesaria integración mundial, sino al avance y crecimiento del otro gangster global de la Guerra Fría que desde entonces va de una guerra a otra. Fue una gran ocasión perdida. Esperemos que no sea irremediable para la humanidad y el planeta... puede considerarse a Mijaíl Gorbachov como una de las grandes personalidades del Siglo XX. Un ruso universal que podemos colocar en la galería de los grandes hombres universales, al lado de los Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o Che Guevara... Un cuarto de siglo después del fin de la Guerra Fría, la falta de libertad que había en los países de Europa del Este palidece al lado de la pobreza, y las relaciones de desigualdad, explotación y vasallaje que imperan en la mayor parte del mundo, incluidos algunos de los países antes dominados por la URSS

 "Fallecido en la noche del 30 de agosto a los 91 años de edad, Mijaíl Gorbachov fue un político extraordinario; honesto, valeroso y humanista. Es el único político que he conocido y tratado personalmente y cuya foto tengo enmarcada en mi biblioteca. Si hubiera podido tratar a Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o al Che, y posar junto a ellos, los tendría también, pero no fue el caso.  

Era un tipo simpático. Con sentido del humor y exento de toda arrogancia. Con las mejores cualidades del hijo de muzhik de Stávropol que era, Gorbachov tendía a ver en los demás el aspecto positivo. Creía en la capacidad de las personas y sociedades en avanzar hacia algo mejor. Sin ese fondo de ingenuidad y optimismo sobre las personas y el mundo, nunca habría podido proponerse metas como acabar con la Guerra Fría o democratizar el sistema soviético.

La ingenuidad y el optimismo, además de la valentía, son imprescindibles en un político que quiera cambiar las cosas. Esos rasgos convierten a Gorbachov en una figura universal. Armados únicamente del pragmatismo y del cálculo aritmético, los realistas nunca cambiarán el mundo. Si además son mediocres administradores de “lo que hay” y están sometidos a intereses financieros, empresariales y oligárquicos, como suele ser el caso, el asunto no tiene vuelta de hoja...

 Pero Gorbachov era, al mismo tiempo, un animal político. Lo más curioso de su ingenuidad era que convivía con la piel de lobo, con las habilidades necesarias para moverse y ascender en el mundo de la nomenclatura soviética, un universo lleno de intrigas por el que subió desde lo más bajo hasta lo más alto. Aún más curioso fue que, en ese ascenso, Gorbachov fuera potenciado por sus mentores –fundamentalmente por Yuri Andrópov– precisamente por el fondo de honestidad que se veía en él y que lo hacía preferible a otros, como Gregori Románov o Viktor Grishin, en la URSS de los años setenta y ochenta. 

Ese hecho sugiere que un sistema que históricamente era a la vez heredero de Stalin y de la desestalinización, un sistema que creíamos tan podrido, quizá no lo fuera tanto puesto que algunos de sus máximos responsables aún eran capaces de distinguir, valorar y potenciar las cualidades positivas de Gorbachov y preferirlas a los rasgos de sus adversarios.

En el grupo dirigente soviético que le acompañó, había otros personajes a los que traté personalmente y siempre consideré como honestos; el primer ministro Vladímir Rizhkov, por ejemplo, o el miembro del politburó Yegor Ligachov, que acabó siendo un adversario de Gorbachov y al que la leyenda occidental convirtió en una especie de demonio con rabo y cuernos, o el mariscal Sergei Ajromeyev… Pero Gorbachov destacaba claramente entre todos ellos.

Anomalía nacional

Desde el punto de vista de la secular tradición del poder moscovita, Gorbachov es una anomalía. Esa tradición, tanto con el llamado comunismo como en la época zarista, se fundamenta en la autocracia. La tendencia natural del gobernante autócrata es acumular y centralizar más y más poder en su persona. Gorbachov rompió con esa lógica. Delegó poder de autócrata en cámaras representativas. Eso no tiene precedentes en la secular historia rusa y fue interpretado como debilidad por la arcaica y tradicional mentalidad de la sociedad. Gorbachov iba claramente por delante de ella. Creía en la democratización –y en un socialismo más humano– y se suicidó políticamente en aras de esa creencia, porque en Rusia fue un general sin ejército para aquella causa. 

Recuerdo sus declaraciones, muy claras, ante una veintena de periodistas rusos y extranjeros reunidos en el Kremlin el día que le disolvieron la URSS, en la que mencionó la soledad de Jesucristo en la cruz. Lo hizo sin la más mínima pretensión. Los periodistas rusos allí presentes no entendieron aquella analogía. Los americanos (Bill Keller –luego director de The New York Times– y David Remnick de The Washington Post) sonrieron cínicamente. Yo me quedé boquiabierto. Y él era consciente de aquella incomprensión, pero le daba igual: estaba en paz consigo mismo. Por eso no es una figura trágica, como afirman equivocadamente tantos observadores.

Gorbachov fue un socialdemócrata, pero un socialdemócrata en las condiciones de la URSS. En un universo sin poder financiero, sin propiedad privada y donde lo político dominaba a lo económico, ser socialdemócrata no tenía nada que ver con el SPD o el PSOE. Era democratizar el socialismo. Palabras mayores sin la menor relación con la acción de los Mitterrand, Soares, González y demás personajes.

 La sociedad rusa que tanto criticó a Gorbachov prefirió seguir a caudillos como Boris Yeltsin, o luego Vladímir Putin, mucho más tradicionales y acordes con su mentalidad. Gorbachov no tuvo nada que ver con la creación del actual sistema político ruso, un conglomerado de estatismo moscovita y capitalismo parasitario de magnates. 

Al revés, con Gorbachov como Zar, el adversario, Boris Yeltsin, ganó unas elecciones. Pero Yeltsin ya no consintió lo mismo: cuando su poder fue puesto en cuestión sacó los tanques y disparó contra su parlamento, fiel a la tradición autocrática y ante el aplauso de Occidente. El sistema político de la Rusia de hoy es hijo de Yeltsin, y de Occidente, tanto o más que de la tradición soviética. El futuro, si es que vamos hacia un mundo mejor, queda para el ejemplo y los precedentes que Gorbachov sentó.

Demasiado optimista hacia Occidente

En política internacional, Gorbachov emprendió algo también glorioso. Se centró en la cancelación del conflicto Este-Oeste con la idea de abordar los retos del siglo que amenazan a toda la humanidad: el apocalipsis nuclear, el calentamiento global, la desigualdad Norte/Sur, las pandemias, añadiríamos ahora… En definitiva, la necesidad en el siglo actual de un mundo integrado. Para ello hablaba de “desarrollar el enorme potencial del socialismo” y de la necesidad de propiciar una nueva civilización, un concepto que tomó de Einstein y fue siempre su referencia finalista. 

Todo eso, que dicho por un predicador de provincias habría sido banal e irrelevante, era, por errático que fuera, sensacional en boca del líder de una de las dos superpotencias mundiales. Pero en ese camino glorioso se olvidó del imperialismo, es decir del dominio mundial de las naciones más fuertes sobre las menos, del desarrollo desigual y de la competición por los recursos. Aún nos falta perspectiva histórica para juzgarlo, pero es evidente que ese olvido fue nefasto y garrafal.

 Con la URSS aún no disuelta, Occidente recibió luz verde para amarrar un poco más su control sobre el petróleo, con la primera guerra de Irak. Luego todos los espacios de los que la URSS se retiró fueron ocupados por la OTAN contra Rusia, operación que continúa aún hoy con dramáticas consecuencias bélicas. 

 En Occidente no creían en ninguna “nueva civilización”. Los interlocutores de Gorbachov eran políticos vulgares y reaccionarios como Ronald Reagan o Margaret Thatcher, y socialdemócratas que abrazaron el neoliberalismo de aquellos, como Mitterrand o González. Y en el sistema en el que estaban insertos esos líderes no había la menor intención de reforma. Gorbachov demostró que lo irreformable no era el comunismo, sino el capitalismo.

En la operación de la reunificación alemana, cometió un error monumental sobre el que discutimos acaloradamente en varias ocasiones: podría haber condicionado la reunificación a la firma de un documento que excluyera la pertenencia de Alemania a la OTAN así como su ampliación al Este, aspecto que quedó en poco más que declaraciones verbales de buenas intenciones. Gorbachov no lo hizo pese a que la opinión pública alemana estaba claramente de acuerdo con ello. 

 El oportunismo occidental, y en especial de Estados Unidos, que sin la OTAN perdía su control sobre Europa; el caos ruso de los años noventa, con tres golpes de Estado, y la ansiedad de los antiguos vasallos de Moscú por ser vasallos de Washington, pusieron el resto. Por todo ello, la retirada imperial de Rusia no contribuyó a la necesaria integración mundial, sino al avance y crecimiento del otro gangster global de la Guerra Fría que desde entonces va de una guerra a otra. Fue una gran ocasión perdida. Esperemos que no sea irremediable para la humanidad y el planeta.

 Un cuarto de siglo después del fin de la Guerra Fría, los muros Norte/Sur, viejos y nuevos, convierten en minucia aquel “telón de acero” del comunismo. La falta de libertad que había en los países de Europa del Este, en el marco de aquella mezcla de socialismo y dictadura, palidece al lado de la pobreza, y las relaciones de desigualdad, explotación y vasallaje que imperan en la mayor parte del mundo, incluidos algunos de los países antes dominados por la URSS y que hoy padecen la habitual mezcla de democracia de baja intensidad y capitalismo. 

Desde ese punto de vista, el de Gorbachov es un balance muy, muy ambiguo. Pero pese a ese balance creo firmemente que puede considerarse a Mijaíl Gorbachov como una de las grandes personalidades del Siglo XX. Un ruso universal que podemos colocar en la galería de los grandes hombres universales, al lado de los Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o Che Guevara."               (Rafael Poch  , CTXT, 31/08/2022)

29/6/22

Para entender el contexto histórico de la invasión de Ucrania... Baker propuso la unificación alemana con garantías de que “la OTAN no se expandirá ni un centímetro hacia el este”. Gorbachov respondió que sí. Lo que ocurrió en los siguientes años tal vez ayude a explicar por qué Vladímir Putin suele repetir sardónicamente la frase “ni un centímetro más” en sus denuncias contra Occidente... pues hemos creado una tensión parecida a la guerra fría en semanas. Es muy preocupante. Y el problema es que hemos perdido la capacidad cultural de entender la gravedad del peligro. Rusia es una potencia militar... Puede destruir nuestras centrales eléctricas con ciberataques. Las cosas van mal y pueden ir mucho peor

 "Para entender el contexto histórico de la invasión de Ucrania conviene remontarse a una reunión celebrada en febrero de 1990 en Moscú tras la caída del muro de Berlín. Sus protagonistas: James Baker, el secretario de Estado de George Bush padre, y el último premier de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. En aquel encuentro, Baker propuso la unificación alemana con garantías de que “la OTAN no se expandirá ni un centímetro hacia el este”. Gorbachov respondió que sí. Lo que ocurrió en los siguientes años tal vez ayude a explicar por qué Vladímir Putin suele repetir sardónicamente la frase “ni un centímetro más” en sus denuncias contra Occidente. Desde 1990, 14 países se han incorporado a la OTAN, entre ellos Polonia, Hungría, Checoslovaquia y los estados bálticos. Pronto ingresará Finlandia, tal vez Suecia.

 Mary E. Sarotte, historiadora estadounidense de la Universidad John Hopkins, en Washington, analiza si hubo engaño o no en su nuevo libro, titulado precisamente Not one inch (Baker dijo “una pulgada”, unos tres centímetros). Su conclusión: “El deshielo tras la guerra fría fue un momento precioso y desaprovechado”.

Un error histórico

¿Sabemos seguro que Baker propuso frenar la ampliación de la OTAN en aquella reunión con Gorbachov?

Sí. Baker escribió un resumen secreto que fue entregado al embajador alemán en Moscú. Y, en 1998, Helmut Kohl desclasificó otros documentos que lo confirman. Nunca he entendido a quienes en Occidente lo niegan. Ahora bien, Putin ignora el trasfondo histórico cuando denuncia el engaño. Todo el año 1990 es un largo proceso para averiguar qué va a pedir Moscú a cambio de dar su consentimiento a la reunificación alemana. En febrero, Baker ofrece aquello de “ni un solo centímetro”. Pero cuando vuelve a Washington, Bush le dice que no.

¿Por qué tuvieron que negociar esto con Gorbachov?

Legalmente, Alemania no podía ser reunificada sin el beneplácito de Rusia, que era integrante clave de la alianza ganadora de la guerra en 1945. Es más, había 400.000 soldados rusos en la ex República Democrática Alemana (RDA).

¿Por qué lo propuso Baker a Gorbachov si Bush no estaba de acuerdo?

Baker hacía caso a Hans-Dietrich Genscher, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, que defendía un sistema de seguridad paneuropea sin la OTAN ni el Pacto de Varsovia. Es decir, que Gorbachov recibió la propuesta de no ampliación de Baker y los alemanes, también. Pero Bush tenía otra idea. Baker tuvo que mandar una carta secreta a los alemanes en la que dice: “Olvídense de todo aquello de ni un centímetro más”. Gorbachov dijo después: “He caído en una trampa”.

Entonces al final, ¿Qué se dio a Gorbachov a cambio de apoyar la reunificación alemana?

Dinero, principalmente alemán, para evitar el colapso total de la economía soviética. El acuerdo de 1990 reconoce que el Artículo 5 de la Carta Atlántica –la garantía de intervención colectiva de la OTAN en caso de agresión a un país miembro– puede ser ampliado hasta la frontera de la ex RDA.

¿La opción de la no expansión de la OTAN habría facilitado una relación mejor entre EE.UU., Europa y Rusia?

Esa es una hipótesis. Lo que sí se puede decir es que, con George Bush padre no era una opción. Para Bush, la OTAN había ganado la guerra fría y EE.UU. era la potencia dominante en la OTAN. Lo que sí es extraño es que Bush anunciara un supuesto nuevo orden mundial. Porque el orden mundial ya existente resultaba estupendo para EE.UU. En realidad, Bush tenía que detener lo que sí habría sido un nuevo orden mundial en caso de haberse desmantelado la OTAN.

La lectura en Occidente es de buenos y malos…

Hay quienes dicen que la ampliación de la OTAN es la mejor opción. Y hay gente, como John Mearsheimer, que cree que provocará la tercera guerra mundial. Hay que superar esa división binaria. No estoy en contra de la ampliación de la OTAN. El problema era cómo se hizo. Había una amplia gama de posibilidades. Podríamos haber llegado a una relación más sostenible y menos violenta.

¿Cómo?

Cuando llega Clinton a la presidencia ya se daba por hecho que habría una ampliación de la OTAN. La cuestión era cómo. Clinton, al principio, apoyaba un proceso gradual para que Rusia no tuviera que sufrir una humillación, la llamada Alianza para la Paz. Se acordó un periodo de transición y la posibilidad de ingresar sin el Artículo 5. Rusia y Ucrania habrían podido incorporarse también. Pero luego la derecha republicana empezó a presionar en favor de la ampliación sin límites y Clinton cambió de opinión.

¿Fue un error?

Sí. La Alianza para la Paz habría resultado menos molesta para Rusia. Tenía el mérito de ser aceptada por todos, Moscú, la Europa del este y central, y Occidente.

¿Cree que Putin habría aceptado esa opción?

Cuando Putin llegó al poder, en 1999, ya era tarde. Hacía falta resolverlo en los noventa y no se hizo. Son recuerdos vivos para Putin. Estuvo en Alemania del este en 1990 trabajando para el KGB. Vivió el colapso de la URRS. Todavía está furioso.

¿La situación actual conlleva peligro?

Mucho. Hemos creado una tensión parecida a la guerra fría en semanas. Es muy preocupante. Y el problema es que hemos perdido la capacidad cultural de entender la gravedad del peligro. Rusia es una potencia militar. En mis briefings con los gobiernos estadounidense, alemán y canadiense todo el mundo pregunta: ¿Por qué no ha habido una escalada? Rusia tiene armas químicas, biológicas, nucleares tanto estratégicas como tácticas. Puede destruir nuestras centrales eléctricas con ciberataques. Las cosas van mal y pueden ir mucho peor."                 (Andy Robinson, La Vanguardia, 10/05/22)

15/6/22

La estafa piramidal que casi provoca una guerra civil... Tras la caída de la Unión Soviética, las empresas de Albania prometieron grandes beneficios a los ciudadanos que invirtieran en ellas. Pero las inversiones resultaron ser masivas estafas piramidales, y su colapso en 1997 desencadenó un violento conflicto

 "A finales de febrero de 1997, los estudiantes de mi instituto en la capital albanesa, Tirana, boicotearon las clases y se reunieron en el patio de la escuela. Empezamos a gritar consignas en solidaridad con los estudiantes universitarios de la ciudad costera de Vlorë, unos cincuenta de los cuales se habían puesto en huelga de hambre la semana anterior exigiendo la dimisión del gobierno. Muchos de nosotros responsabilizábamos a esa administración de la quiebra de las estafas piramidales que recientemente habían despojado a muchos albaneses de los ahorros de toda su vida, desatando la ira y la desesperación generalizadas.

Pronto, alguien propuso que saliéramos a la calle y nos reuniéramos con estudiantes de otras escuelas para formar una protesta más amplia. Tras marchar 200 o 300 metros, un grupo de policías de civil se acercó a nosotros y empezó a agredirnos físicamente. Aterrorizados, nos dispersamos.

Avancemos una semana. Cerca de mi barrio, vi una gran multitud marchando hacia el centro de la ciudad. Alguien apuntó a una persona, exponiéndola como agente de policía de civil. Un grupo de hombres intentó atraparlo y golpearlo, pero el policía armado empezó a disparar al aire. Pocos minutos después, estallaban escaramuzas entre manifestantes y policías antidisturbios en todos los rincones de mi barrio.

La noche anterior, en Vlorë, los manifestantes habían tomado los cuarteles del Ejército y distribuido armas entre la población. Esto desencadenó una serie de acontecimientos que destruyeron la capacidad de gobierno del Estado albanés. Aproximadamente 1500 personas murieron en el caos nacional que se produjo.

¿Cómo se llegó a esto? Solo unos años antes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) había elogiado a Albania como modelo de reforma económica postsocialista. En 1997, una confluencia de factores creó una tormenta perfecta, desencadenando una rebelión popular contra la injusticia y la desigualdad. Sin embargo, con la clase trabajadora desorganizada y el socialismo ampliamente desacreditado ante la opinión pública, la revuelta no pudo formular una visión alternativa y pronto se convirtió en un caos violento.

Socialismo burocrático y terapia de choque

La transición al capitalismo en Albania inició más tarde que en otros países de Europa del Este. Las primeras manifestaciones antigubernamentales comenzaron a finales de 1990 y se radicalizaron a lo largo del año siguiente, pero el traspaso formal del poder del gobernante Partido del Trabajo al anticomunista Partido Democrático (PD) no se produjo sino hasta 1992, meses después de que la Unión Soviética dejara de existir.

El hecho de ser los últimos en derrocar el socialismo burocrático no impidió que la nueva élite albanesa se contara entre los primeros y más entusiastas defensores de la reestructuración neoliberal radical. La terapia de shock económico impuesta por la DP pronto trajo consigo una rápida desindustrialización, la privatización a toda máquina, una rápida caída de la productividad, desempleo masivo (con casi 200 000 despidos solo en 1992) y emigración. Una mezcla de entusiasmo y desesperación se extendió por toda la población, dependiendo del lugar en el que uno se encontrara en la nueva sociedad capitalista.

El proceso de privatización fue muy corrupto. Los activos públicos, empezando por las pequeñas y medianas empresas, se vendieron a particulares a precios artificialmente bajos. Sin embargo, esta transferencia masiva de propiedades e infraestructuras no logró crear una burguesía adecuada capaz de dirigir industrias productivas. La mayoría de los nuevos ricos se limitaron a vender las viejas empresas por piezas de recambio, mientras se dedicaban a la especulación comercial y financiera.

Para el albanés medio fueron años de explosión de la desigualdad y de creciente pobreza. Para sobrevivir, muchos emigraron o pasaron a depender de las remesas de sus familiares que trabajaban en el extranjero (unos 500 millones de dólares anuales). Esta desesperación contribuyó a facilitar el ascenso de un régimen cuasi autoritario dirigido por el líder del PD y presidente de Albania, Sali Berisha. Los partidos de la oposición y los periodistas críticos fueron acosados. Fatos Nano, líder del Partido Socialista (PS) —el vástago supuestamente socialdemócrata del Partido del Trabajo estalinista— fue encarcelado en 1993 por cargos de corrupción, aunque muchos lo consideraron un acto de venganza política.

El capitalismo de casino de Albania

La desilusión generalizada tras las grandes expectativas de 1991-92, cuando el futuro capitalista aún parecía brillante, alimentó una creciente red de esquemas piramidales. Los especuladores empezaron a prestar dinero a altos tipos de interés, cobrando entre un 8% y un 10% al mes. Al principio se hacía al margen de la ley, pero a partir de 1995 estas «empresas rentistas» alcanzaron un estatus legal, se hicieron cada vez más poderosas y, como es lógico, empezaron a tener influencia política. En su punto álgido, en 1996, el dinero invertido en ellas representaba el 10% del PIB de Albania.

La aparición de estos sistemas respondió a la necesidad de acelerar la acumulación primitiva de capital tras la transición del socialismo burocrático. El sistema capitalista albanés había surgido como resultado de las revueltas populares de 1991, por lo que la élite política y la clase dirigente emergente no podían darse el lujo de limitarse a desalojar a la gente de sus tierras agrícolas y viviendas urbanas recién ganadas. Había que idear algo más para convencer a los ciudadanos de a pie de que mercantilizaran más partes de su vida y las transfirieran a las empresas rentistas como activos.

Durante los primeros años del capitalismo, muchos albaneses esperaban que el nuevo sistema les permitiera enriquecerse rápidamente o, al menos, aumentar sustancialmente su nivel de vida. Muchos pusieron los ahorros de toda su vida en las estafas piramidales. Luego, cuando el frenesí especulativo se intensificó, muchos vendieron sus casas. Otra fuente de dinero fueron las crecientes remesas de los albaneses que trabajaban en el extranjero, especialmente en Grecia e Italia. Ocupando los peldaños más bajos de la clase trabajadora local, enfrentados a la discriminación y viviendo y trabajando ilegalmente, no podían ahorrar suficiente dinero para iniciar un pequeño negocio en casa como la mayoría había soñado y decidieron cada vez más «invertir» sus ahorros en las empresas rentistas, esperando obtener un rápido rendimiento.

Como cada vez más personas pusieron su dinero en estas empresas, se convirtieron, paradójicamente, no solo en un lastre económico y político a medio plazo, sino también en un pilar temporal de la economía albanesa. La más poderosa de ellas, Vefa Holding, llegó a patrocinar una carrera de Fórmula 1 en 1996. En esta situación, ningún actor político se atrevió a tomar partido contra la creciente burbuja financiera.

El gobierno esperaba que esta vorágine financiera aliviara mágicamente el descontento social, al menos temporalmente, al tiempo que aceptaba el apoyo financiero de las empresas rentistas durante las elecciones de mayo de 1996. Los partidos de la oposición, liderados por el Partido Socialista, no se atrevieron a desafiar el entusiasmo popular por estas empresas. El Partido Democrático acabó ganando, ayudado no solo por la mejora artificial de la situación económica, sino también por haber amañado el proceso de votación y haber reprimido a sus oponentes cuando intentaron organizar protestas.

Pero la burbuja especulativa no podía durar para siempre. En otoño de 1996 surgieron rumores de que las empresas rentistas tenían dificultades financieras. En septiembre, el FMI pidió públicamente al gobierno albanés que las redujera y controlara. Durante varios años, el FMI había elogiado al país como modelo para otras economías postsocialistas. Pero el desastre que se avecinaba y el empeoramiento de las relaciones políticas entre Sali Berisha y Estados Unidos tras las elecciones amañadas empujaron al FMI a dar la voz de alarma.

Ante estas crecientes dudas, la contramarcha de las empresas rentistas fue subir los tipos de interés. Algunas prometieron devolver el 200% del dinero prestado en tres meses. La vorágine continuó durante un par de meses más, con algunos retirando su dinero mientras otros invertían más; pero en enero de 1997, la primera empresa, Sude, se declaró en quiebra. Esto inició un efecto dominó, y en pocas semanas las demás hicieron lo mismo. El gobierno albanés trató de congelar sus activos en los bancos estatales y prometió que los prestamistas recuperarían entre el 30 y el 40% de su dinero, mientras seguía afirmando que la mayoría de las empresas rentistas tenía suficiente inversión productiva para soportar la crisis.

Las uvas de la ira

Las primeras protestas estallaron ese mismo mes. Comenzaron de forma espontánea, con cientos de personas reunidas frente a las oficinas de las empresas para exigir la devolución de su dinero. La policía trató de dispersar a la multitud, provocando violentos enfrentamientos. Las protestas pronto se extendieron a casi todas las ciudades importantes de Albania. Tras la quiebra de la empresa Xhaferri, en Lushnjë se produjeron manifestaciones especialmente violentas, en las que los manifestantes tomaron como rehén al presidente del Partido Democrático, Tritan Shehu. Éste había acudido al estadio de la ciudad para calmar a los manifestantes y explicar las medidas del gobierno. En casi todos los casos, la policía trató de reprimir violentamente a los manifestantes, radicalizándolos aún más.

Los partidos de la oposición liderados por el Partido Socialista trataron de dar al descontento popular una articulación política. Durante años habían acusado al gobierno de ser autoritario y cleptocrático. El gobierno respondía afirmando que los excomunistas querían hacer retroceder la rueda de la historia. La contrapartida del PS fue la formación de una gran coalición de partidos de la oposición, desde la centroizquierda hasta la derecha, llamada Foro por la Democracia, dirigida por tres antiguos presos de conciencia de la era anterior a 1992. Organizaron varias protestas en Tirana, que provocaron enfrentamientos ocasionales con la policía, pero las protestas más radicales se organizaron de forma independiente en otras ciudades, donde la oposición solo tenía una escasa influencia.

La última fase de las protestas, la más radical, comenzó en febrero, sobre todo en el sur de Albania, donde más gente había invertido en las estafas piramidales y había más animosidad política hacia el gobierno del PD. Después de que la empresa Gjallica se declarara en quiebra estallaron las protestas en Vlorë, la mayor ciudad del sur, donde posteriormente, el 5 de febrero, murió un manifestante. Los manifestantes expulsaron a la policía del centro de la ciudad y la mantuvieron fuera durante varios días, demostrando la debilidad del aparato represivo del Estado.

La espiral de violencia pareció encontrar una salida política cuando los estudiantes de la Universidad Ismail Qemali de Vlorë iniciaron una huelga de hambre el 20 de febrero. Sus reivindicaciones eran una mezcla de demandas económicas —que las empresas rentistas devolvieran el dinero del que se habían apropiado— y políticas, instando a la dimisión del gobierno dirigido por Aleksandër Meksi, subordinado del presidente Berisha. La huelga de hambre de los estudiantes funcionó como punto de encuentro diario para decenas de miles de manifestantes en Vlorë. Mientras tanto, los partidos de la oposición la compararon con la huelga de hambre que los estudiantes organizaron en Tirana en febrero de 1991, que desempeñó un papel importante en la caída del régimen anterior. Hicieron hincapié en el potencial de una nueva revolución democrática con el espíritu de 1990-91.

Apertura de los cuarteles

La situación en la ciudad se agravó radicalmente la noche del 28 de febrero. Corrió el rumor de que agentes del Shërbimi Informativ Kombëtar (SHIK), una institución a caballo entre un servicio secreto y una banda paramilitar, habían secuestrado a uno de los partidarios de la huelga de hambre y planeaban desalojarlos violentamente del recinto universitario.

Esto provocó una respuesta violenta por parte de un grupo de manifestantes, algunos de los cuales estaban armados. Nadie sabe de dónde sacaron las armas. Se dirigieron a la sede del SHIK en Vlorë y, tras intercambiar disparos con los agentes allí destinados, mataron a dos de ellos. Los testimonios posteriores sugieren que los rumores sobre el SHIK aplastando violentamente la huelga de hambre no eran ciertos, pero los manifestantes estaban tan indignados que los creyeron fácilmente.

Al día siguiente, con los acontecimientos en Vlorë aún envueltos en la niebla de la guerra civil, los partidos de la oposición organizaron una gran protesta en Tirana que terminó en otra ronda de intensos enfrentamientos. Lo que es más importante, a partir del 1 de marzo —primero en Vlorë y luego en otras ciudades del sur—, grupos organizados de personas se dirigieron a los cuarteles del Ejército, desbordaron a los desanimados y desorientados soldados, tomaron las armerías y distribuyeron armas entre la población.

Enfadados por lo que mucha gente consideraba un robo organizado dirigido por el Estado en forma de pirámides, temiendo la respuesta violenta del gobierno y el efecto de bola de nieve entre los civiles (incluidos varios delincuentes) que se apropiaban de las armas, un número cada vez mayor de personas se dirigió a los cuarteles del Ejército y prácticamente quebró el aparato estatal en el sur de Albania durante las primeras semanas de marzo. El gobierno respondió declarando la ley marcial y enviando lo que quedaba de las Fuerzas Armadas para aplastar la revuelta. Pero ante la resistencia popular armada y, sobre todo, la bajísima moral de soldados y oficiales (la mayoría de los cuales habían perdido sus propios ahorros), el Ejército no tardó en plegarse.

Esta victoria animó a los manifestantes armados, que empezaron a pensar en términos de doble poder. En Vlorë y otras ciudades del sur se formaron «Comités de Seguridad Pública», evocando la Revolución Francesa. Estaban compuestos por ciudadanos comunes: intelectuales locales, exoficiales del ejército, estudiantes y trabajadores emigrantes que habían regresado a su país para exigir que se les devolviera su dinero. A pesar de la retórica revolucionaria, las demandas de los comités eran bastante modestas: todo lo que querían era su dinero y la dimisión de Sali Berisha.

Algunos insinuaron una marcha armada sobre Tirana para derrocar a Berisha, pero nunca se materializó. Los comités locales de varias ciudades intentaron unirse, y se celebraron diferentes reuniones para coordinar las acciones políticas. A principios de marzo intentaron convertirse en un tercer polo entre Sali Berisha y el PS, procurando sonar más radical que este último. Pero al final, debido a la falta de experiencia política de los comités y a la penetración de los representantes locales del PS, fueron cayendo bajo la hegemonía de ese partido.

Caos, no revolución

El mayor defecto de los Comités de Seguridad Pública era la falta de trabajadores organizados en sus filas. La clase obrera albanesa —o más bien, las partes de ella que aún no habían emigrado— había sido desempoderada, pulverizada y dispersada en una plétora de pequeñas empresas en los años de las reformas neoliberales. Los sindicatos oficiales eran muy débiles y estaban totalmente controlados por los principales partidos. En consecuencia, los trabajadores no participaron en estos acontecimientos como clase, ni su conciencia de clase fue más allá de varios actos luditas de venganza contra las máquinas y las fábricas durante los primeros días de marzo.

Al carecer de un movimiento obrero, el levantamiento resultó incapaz de superar sus limitaciones ideológicas. Los participantes en la revuelta, aunque armados y envalentonados por la quiebra del Estado, no imaginaban una sociedad radicalmente nueva: solo querían nuevas elecciones y recuperar su dinero. Más allá de eso, muchos tenían una vaga concepción de la justicia social como prioridad de los intereses de los pobres y la gente común, pero poco más.

Tratando de controlar el fervor cuasi revolucionario, los partidos políticos de Tirana acordaron compartir el poder. El 9 de marzo, Sali Berisha y los representantes de la oposición formaron un gobierno común de reconciliación nacional dirigido por el representante del PS, Bashkim Fino, y acordaron celebrar nuevas elecciones en junio. Berisha quería salvar lo que pudiera de la autoridad del Estado, mientras que el PS necesitaba una transición política legal, temiendo que el levantamiento armado pudiera escapar a su control.

Sin embargo, ninguna de las partes parecía confiar plenamente en la otra. Así, tras la firma del acuerdo, se abrieron cuarteles del ejército en Tirana y en ciudades del norte de Albania. Algunos testigos presenciales afirman que los cuarteles fueron abiertos deliberadamente por los partidarios de Sali Berisha, supuestamente para contrarrestar a la población armada del sur de Albania. Algunos temían que el conflicto político pudiera derivar en una guerra civil, con los socialistas dominando en el sur, mientras los demócratas eran más populares en el norte. Pero no ocurrió nada de eso. La gente común estaba armada en todas partes, pero no había ninguna animosidad regional ni siquiera un indicio de organización de la gente contra los demás. Los principales partidos, al parecer, habían decidido consolidar sus bases de poder armadas y esperar a las elecciones generales del 29 de junio.

En esta paradójica situación —en la que el nuevo gobierno de Tirana no controlaba más que el bulevar principal de la capital, los dos principales partidos esperaban su momento hasta las elecciones y los Comités de Seguridad Pública estaban subordinados al PS— no había más alternativa que la anarquía, que dio lugar a la aparición de bandas criminales como agentes de poder local. En los tres meses de caos que siguieron, muchas personas murieron en peleas entre estas bandas (algunas de las cuales estaban relacionadas con los partidos políticos de Tirana) o como transeúntes inocentes cuando grandes grupos disparaban sus armas al aire.

Esto último se hizo bastante popular en toda Albania, cuando la gente común, al carecer de un objetivo político, expresaba su frustración y una especie de entusiasmo infantil disparando al aire. Este fenómeno, irónicamente, fue posible gracias a la experiencia acumulada durante el socialismo, cuando los ciudadanos estaban obligados a participar en ejercicios militares anuales. Todavía recuerdo a algunos de mis vecinos disparando al aire en el patio de nuestro edificio cada tarde.

Llega la caballería italiana

La sublevación, el desmoronamiento de la autoridad estatal y el temor a que el conflicto se extendiera a los países vecinos, al tiempo que creaban enormes oleadas de inmigrantes, desencadenaron la intervención de los Estados europeos y de Estados Unidos. El exprimer ministro austriaco, Franz Vranitzky, fue nombrado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) como mediador entre las partes en conflicto.

Uno de los primeros actos del nuevo gobierno de Tirana fue la firma de un acuerdo con Italia, que le permitía patrullar las aguas territoriales de Albania e impedir la emigración ilegal. El 28 de marzo, una fragata italiana interceptó y alcanzó una embarcación con 120 inmigrantes. Ochenta y una personas se ahogaron, incluidos niños pequeños. La trágica noticia agudizó la desesperación social en Albania justo en el momento en que las dimensiones políticas del levantamiento se desvanecían.

En un giro irónico, la oposición italiana de centroderecha liderada por Silvio Berlusconi acusó al gobierno de centroizquierda de Romano Prodi de trato inhumano a los refugiados. Como muestra pública de arrepentimiento, Prodi visitó Albania el 13 de abril. Fue recibido por una gran multitud en Vlorë, donde uno de los más notorios gánsteres locales le sirvió de guardaespaldas. Esta tragedia dentro de una tragedia mucho mayor, en un contexto en el que los albaneses consideraban en general al gobierno italiano como benévolo, pareció convencer a la mayoría de la gente de que lo ocurrido era solo un trágico accidente, o al menos un crimen sin componente político.

Ese mismo día, las Naciones Unidas aprobaron la Resolución 1101, que creaba una fuerza multinacional de mantenimiento de la paz y humanitaria de siete mil soldados, en su mayoría italianos. Sin embargo, la Operación Alba no se dedicó a ningún «mantenimiento de la paz» en Albania. Su cometido era bastante modesto: entregar ayuda humanitaria a la población necesitada, tomar el control de los puertos albaneses para evitar la migración y proteger a los observadores internacionales durante las elecciones del 29 de junio. Se mantuvieron al margen de los enfrentamientos armados y asistieron pasivamente a las escaramuzas entre bandas criminales.

Las elecciones se celebraron en un clima de miedo, con vigilantes armados situados cerca de los colegios electorales. La policía ordinaria albanesa y los soldados de la Operación Alba estuvieron presentes, pero no tuvieron mucho impacto, al menos fuera de Tirana. Sin embargo, parecía que los partidos políticos habían acordado implícitamente un traspaso de poder, y el Partido Socialista ganó la votación de forma abrumadora.

En los años siguientes, los dos partidos se acusaron mutuamente de los sucesos de 1997: el PD los calificó de rebelión comunista, mientras que el PS subrayó sus aspectos antiautoritarios. Con el tiempo, sin embargo, surgió un consenso ideológico entre los partidos de que 1997 había sido simplemente un año maldito para el pueblo de Albania. Las imágenes del caos armado desvirtuaron el potencial emancipador del levantamiento, mientras que las causas del mismo se discutieron en términos del violento legado del comunismo, la falta de instituciones democráticas del país e incluso la locura colectiva de gente sin nada que perder.

La astucia de la historia

Tras liderar la liberación de Albania de la ocupación fascista y nazi en la Segunda Guerra Mundial, el Partido Comunista de Albania (rebautizado como Partido del Trabajo) gobernó el país durante cuarenta y siete años, convirtiéndolo en la última dictadura estalinista de línea dura de Europa. En 1992, tras cambiar su nombre por el de Partido Socialista, se presentó como un partido socialdemócrata que pretendía establecer una economía mixta y democratizar el Estado. Durante un par de años, el partido estuvo bastante cerca de los socialdemócratas austriacos y adoptó una postura crítica respecto a la pertenencia a la OTAN, mientras hablaba abiertamente de socialismo democrático. El líder adjunto Servet Pëllumbi, que básicamente dirigió el partido tras el encarcelamiento de Fatos Nano, solía sorprender a los visitantes manteniendo una pequeña estatua de Karl Marx en su despacho.

Sin embargo, al haber perdido el grueso de la clase obrera durante la transición de 1991-92 —una clase que pronto se desvaneció como actor político en sí mismo—, la postura socialdemócrata del PS funcionaba más bien como una cobertura ideológica. En efecto, era el partido de las clases medias profesionales del socialismo burocrático, que perdieron su estatus durante la reestructuración neoliberal dirigida por el Partido Democrático.

En consecuencia, el partido cambió su alineación. Fatos Nano cambió su lema de «socialismo democrático» a «economía de mercado más solidaridad social» en 1995. El partido aceptó la integración en la OTAN y se vio cada vez más influenciado por la Tercera Vía blairista. Tras tomar el poder en 1997, los socialistas se convirtieron en el agente político perfecto para profundizar en las reformas neoliberales en Albania. Trabajaron estrechamente con el FMI y el Banco Mundial para privatizar las grandes empresas estatales e iniciaron la privatización de los sectores estratégicos de la economía, desde el sector extractivo hasta los bancos y las telecomunicaciones, entre otros.

La economía albanesa se convirtió en un apéndice del capital italiano y griego, y la única manufactura que seguía existiendo consistía en fábricas textiles subcontratadas. La organización de la clase obrera se deterioró aún más rápidamente. En 1994, por ejemplo, alrededor del 93% de la menguante clase obrera seguía organizada en sindicatos, pero en 1996 esa cifra había descendido al 40% y, a finales de 1997, al 12%. Hoy en día solo un número insignificante está oficialmente sindicado.

En 1991, los trabajadores albaneses se alzaron contra la tiránica y desorientada burocracia socialista, mientras soñaban con una nueva sociedad de prosperidad, libertad e igualdad, animados por una vaga idea de socialismo con rostro humano, o tal vez un capitalismo jeffersoniano. Ganaron políticamente pero perdieron como clase cuando las reformas neoliberales los pulverizaron como fuerza social. En 1997, los restos de la clase obrera, junto con las multitudes empobrecidas por los esquemas piramidales, se levantaron en armas soñando con una sociedad más social y democrática. Su pírrica victoria dio el poder a un partido que los traicionó a cada paso.

Aún hoy, el Partido Socialista constituye la columna vertebral del neoliberalismo y del capitalismo oligárquico en Albania. Esto lleva a una concepción de los desarrollos sociopolíticos en términos de consecuencias no deseadas, o de la «astucia de la historia», que puede tener un efecto debilitador al promover la ideología de «no hay alternativa». Sin embargo, como muestran las protestas y huelgas de los últimos años —desde las grandes manifestaciones estudiantiles de diciembre de 2018 hasta la fundación de nuevos sindicatos independientes en los sectores de la minería, el textil y los call center, y las recientes protestas masivas contra la subida de precios—, todavía hay esperanza para un futuro justo y democrático en la sociedad albanesa."                   

(Arlind Qori, Militante de Organizata Politike y profesor de teoría política en la Universidad de Tirana (Albania). JACOBIN, 13/06/22)