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25/5/21

La lectura en papel facilita la concentración y también la adherencia cognitiva a largo plazo. La pantalla en cambio, favorece la lectura de barrido, más fragmentaria y superficial. Pero su versatilidad ofrece también ventajas extraordinarias que reducen el esfuerzo y el tiempo de aprehensión

 "Cuando la humanidad pudo desarrollar la escritura se produjo un cambio profundo en la mente humana. Hasta entonces, la posibilidad de almacenar conocimiento estaba limitada a la capacidad del cerebro humano más dotado, y la transmisión oral era la única vía de compartirlo y traspasarlo a otras generaciones. 

 Durante un tiempo la gente solo sabía leer en voz alta. Leer en voz baja implicaba una capacidad de interiorización que se desarrolló con el tiempo. 

La mente humana se ha ido moldeando con cada uno de los avances técnicos. La imprenta supuso además una revolución social. La lectura lineal ha moldeado nuestras habilidades cognitivas, nuestra forma de aprehender el mundo y generar conocimiento. Internet permite ahora no solo almacenar y compartir grandes cantidades de información y conocimiento, sino interactuar a través de las pantallas. Permite engarzar cerebros en tiempo real. Y eso va a incidir en la forma en que las neuronas trabajan. 

El cerebro es de una plasticidad extraordinaria. Al comienzo de los juegos de consola el profesor Álvaro Pasqual Leone, profesor de la Universidad de Harvard, observó que los chicos que jugaban tenían mucho más desarrollada el área del cerebro que controla el movimiento de los dedos.

Como ha mostrado la neuróloga norteamericana Maryanne Wolf, directora del Centro de Lectura e Investigación del Lenguaje de la Universidad de California, la capacidad de hacer una lectura concentrada no es innata sino desarrollada y está relacionada “con algunos de nuestros más importantes procesos intelectuales y afectivos: el conocimiento internalizado, el razonamiento analógico y la inferencia; la toma de perspectiva y la empatía; el análisis crítico y la generación de conocimiento”. 

¿Cómo afectarán las tecnologías digitales a esta capacidad? Más de cien académicos europeos participaron durante cuatro años en el proyecto de la Unión Europea E-READ (Evolución de la Lectura en la Era de la Digitalización, según sus siglas en inglés) que pretendía responder a esta cuestión. Partían de la base de que el soporte no es neutral y querían averiguar si la lectura en pantalla podía afectar al proceso de cognición, comprensión y retención. 

Los diferentes paneles mostraron que la lectura en papel facilita la concentración y también la adherencia cognitiva a largo plazo. La pantalla en cambio, favorece la lectura de barrido, más fragmentaria y superficial, y está sometida a múltiples estímulos simultáneos que afectan a la concentración. Pero su versatilidad ofrece también ventajas extraordinarias que reducen el esfuerzo y el tiempo de aprehensión.

Enfrentar papel y pantallas es plantear una falsa dicotomía. Vivimos ya en un entorno híbrido. Usamos el papel y la pantalla y de lo que se trata es de optimizar las ventajas de procesamiento que cada uno aporta. Para reforzar los mecanismos de lectura profunda en el aula, el libro puede ser más idóneo. Pero también hay que trabajar las habilidades específicas que exigen las tecnologías digitales y dotar a los alumnos de herramientas cognitivas que les permitan contrarrestar los efectos adversos asociados a la multitarea, la convergencia de medios y la sobreabundancia informativa.

 Entre los cambios observados por Miha Kovac y Adriaan van der Weel en el panel de expertos de E-READ figura precisamente que los lectores de texto en pantalla se sienten más seguros de lo que leen y creen entender más de lo que realmente entienden, lo que “aumenta nuestra susceptibilidad a las noticias falsas y hace que los sesgos y los prejuicios se amplifiquen por el exceso de confianza en nuestras habilidades de lectura digital”.      (Milagros Pérez Oliva , El País, 16/05/21)

20/7/20

El orgullo de un profesor por el 9,176 en matemáticas de sus alumnos de un instituto rural

"David Hernández ha vivido gran parte de su vida en Olivares de Duero, un pequeño municipio de 313 habitantes situado en la provincia de Valladolid. Él, como otros tantos niños de la zona, tenía que recorrer cada día más de 23 kilómetros para poder acudir a su instituto, situado en Tudela de Duero.

 Ese obstáculo no le impidió años después graduarse en Arquitectura y cursar un máster para convertirse en profesor. Sus ahora alumnos de segundo de bachillerato del IES Conde Lucanor, situado en Peñafiel (Valladolid), también han estudiado en un instituto de un medio rural y han tenido buenos resultados académicos en Selectividad: estos 24 estudiantes han conseguido un 9,176 de media sobre 10 en matemáticas. “Me siento orgulloso de ellos y a la vez me siento identificado con su situación”, cuenta el docente a Verne por teléfono.

Este profesor, de 32 años afincado en Valladolid, se sintió “eufórico al ver los resultados” y quiso compartirlo en Twitter, una de sus redes sociales favoritas, explica. El tuit, publicado el 10 de julio, ya acumula 18.000 me gusta y más de 1.500 comentarios. En él, destaca sobre todo el mérito que tiene el hecho de que esta nota tan alta se haya dado en un instituto público situado en un municipio que cuenta con unos 5.000 habitantes.

 “En el pueblo, que está a 50 kilómetros de la capital, las familias tienen un nivel socioeconómico más bajo. Por norma general suelen tener muchas más dificultades”, explica Hernández. "Además, sigue siendo diferente el acceso a la cultura que puedes tener respecto a una gran ciudad”. Al centro también acuden alumnos de pueblos más pequeños de la zona.

Este curso es el primero en el que el docente imparte clases de matemáticas en este centro. Sin embargo, no es la primera vez en la que da clases en pequeños municipios ya que antes había sido profesor en otro pueblo situado en Soria. Y no solo en medios rurales, también estuvo trabajando dos años en un colegio concertado en Valladolid. Comparando todas sus experiencias, opina que “los avances siempre llegan en último lugar” a los pueblos. “Desde las instituciones dicen que apuestan por la "España vacía" y no es cierto. Puede parecer una tontería, pero la diferencia con la ciudad se nota desde las pizarras que usamos hasta las ventanas que hay en el aula. Todo está más deteriorado”, sostiene el profesor.

Este es solo uno de los ejemplos que pone para entender la diferencia entre la educación pública en centros rurales o en las ciudades. Entre todas las dificultades con las que se ha encontrado, Hernández cree que la más importante es la elevada tasa de interinidad. “En Castilla y León no sacan prácticamente plazas fijas y los alumnos cada año tienen un profesor, que no conocen y que se acaba yendo”, explica. A esta traba, y según sus palabras, se suma otra: el difícil acceso a los pueblos. “La carretera que lleva a Peñafiel es una de las más peligrosas de España. Si se arreglase la comunicación, además de que desde Valladolid se tardaría 30 minutos y no 50 en llegar, la gente tendría más ganas de quedarse allí”, cuenta.

Aún con todo, Hernández reconoce que - como apuntaba uno de los comentaristas en Twitter - la enseñanza rural a veces tiene la ventaja de ser personalizada. “Me han dicho que en los pueblos, y sobre todo en cursos superiores, se da clase muy bien. Es verdad que a veces se puede poner más empeño con menos alumnos, pero este año tampoco ha sido mi caso porque tenía a 27 estudiantes en clase”, explica. Este curso, la experiencia ha estado limitada por la interrupción de clases por la covid-19. Sin embargo, el profesor cuenta que han seguido comunicándose “mucho a través de videollamada” y que afortunadamente ningún alumno ha tenido problemas con la conexión. “Al pueblo no llega la fibra óptica, tenemos ADSL, pero es suficiente para dar clase”, afirma.

Para Hernández, ser el tutor de la clase durante todo el curso ha ayudado a que los resultados fueran tan buenos, porque le ha permitido seguir el desarrollo de los estudiantes y tener una enseñanza más personalizada. "Lo importante es conectar con los alumnos, que estén a gusto y de ahí empezar a aprender”, cuenta. Este vallisoletano tiene un perfil en Twitter (Fun with functions) en el que trata de enseñar conceptos difíciles de matemáticas con representaciones visuales.

 Sin embargo, y aunque mantiene que con una cuenta así ha podido “ganárselos un poco más desde el principio”, sostiene que sus clases son “bastante convencionales”. “En segundo de Bachillerato no tenemos tiempo de hacer cosas ni innovadoras ni divertidas casi, tenemos muy poco margen para acabar el temario de la EBAU”, explica el docente.

La palabra “cercanía” es la primera que se le viene a la mente a dos de sus alumnas, ambas de 17 años, cuando analizan las claves que han permitido a la clase sacar tan buenas notas en la asignatura. Alicia de Lucas, con un 9,60 en el examen de matemáticas, comenta: “Si no entendíamos algo lo volvía a explicar y también nos daba muchas facilidades compartiéndonos bastantes ejercicios. 

Siempre nos ha intentado transmitir seguridad a la hora de hacer la Selectividad”. Por su parte, Claudia García - que ha sacado un 9,55 en la prueba - destaca sobre todo que el docente enseñaba de un modo “muy cercano que se entendía muy bien”. Además de cómo daba la materia estipulada, esta alumna destaca que les “recomendó documentales muy interesantes” que le permitieron “entender mejor la estadística a nivel mundial”.

El futuro de sus alumnos que han aprobado selectividad está fuera del pueblo. Por ejemplo, Alicia y Claudia planean irse a Madrid. Con un 13,58 y un 13,5 respectivamente, Alicia quiere estudiar Arquitectura y Claudia un doble grado de Administración y Dirección de Empresas con Análisis de Negocios. Otros estudiantes, sin embargo, van a cursar sus estudios en ciudades de Castilla y León.

 “En la provincia, aunque a veces solo haya una opción en cada ciudad, hay mucha oferta de carreras", afirma Hernández. Él no sabe cuántos años dará clase en Peñafiel. Aún con la plaza de profesor recién sacada en el municipio, el profesor duda si su carrera profesional va a seguir allí. “Que arreglaran la carretera sería fundamental para que me quedara. No me veo jugándome la vida durante 10 años para llegar al instituto. Es inasumible”, sostiene."                 (Laura Romerales, El País, 15/07/20)

16/7/20

Por qué afecta la pobreza al cerebro... crecer y vivir en pobreza se vincula a modificaciones del sistema nervioso en todos sus niveles de análisis... la investigación demostró que es posible modificarlo

"Más de la mitad de la población mundial es pobre: un problema notorio y prevalente en la humanidad pero evitable. ¿Por qué extinguir la pobreza no es prioridad? Desde la niñez diversos factores inciden en el desarrollo potencial del órgano clave en el organismo humano: el cerebro. 

“En los últimos cinco años los estudios de la neurociencia y la psicología del desarrollo vinculados a la pobreza se actualizaron. Las primeras pruebas empíricas, con información de nivel neural, vinculadas al sistema nervioso, surgen desde 2003. En 17 años se ampliaron mucho los estudios y la evidencia”, explica el psicólogo Sebastián Lipina que indaga el tema en su libro Pobre cerebro. Lo que la neurociencia nos propone pensar y hacer acerca de los efectos de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo y emocional (Siglo XXI/ampliado y actualizado). 

“Como fruto de ese trabajo y de esfuerzos semejantes de otros investigadores, lanzaremos en un mes la primera red virtual internacional de investigadores en neurociencia y pobreza, de la que estaremos a cargo con la doctora Martha Farah: un sitio web con publicaciones, contactos para consultar a los investigadores del mundo que trabajan en esa área y ponen su trabajo a disposición del planeta, gratis”, explica el autor en videollamada con Ñ.

–¿Qué descubrimiento reciente destacás en tu campo de trabajo y por qué?

El área maduró, hay más conciencia del carácter asociativo de los hallazgos: al analizar y comparar variables es distinto mirar cómo se asocian, los motivos por los que la pobreza se relaciona con el sistema nervioso y los efectos que genera. 

 La evidencia disponible confirma y amplía lo que otras disciplinas aportan: que crecer y vivir en pobreza se vincula a modificaciones del sistema nervioso en todos sus niveles de análisis.

 Es decir, desde lo genético-molecular al funcionamiento de millones de células en simultáneo; cómo eso se interrelaciona con conductas en distintos contextos de desarrollo, en el desempeño académico o simplemente en la expresión de conductas cotidianas. Se ampliaron los estudios a distintas sociedades, culturas, lo cual es expresión de una visión del desarrollo integral, compleja en la que la cultura es un factor modulador de la forma de vivir y experimentar la pobreza. 

Los países centrales apoyan a los periféricos con tecnología, mejoras en diseños de estudios, acompañando, debatiendo e incorporando la visión latinoamericana; en foros con sociólogos, antropólogos, economistas, entre otros investigadores. En un sentido general sigue como en 2016 al no conocer todas las relaciones causales que permitan explicar por qué la pobreza produce esos efectos a nivel neural. 

También sigue vigente la noción de que el impacto de la pobreza depende, al menos, de cuatro componentes fundamentales: la acumulación de riesgos (por ejemplo, experimentar privaciones materiales y afectivas); en qué momento del desarrollo se experimentan esas privaciones; la susceptibilidad de cada chico o chica; y la ocurrencia de múltiples privaciones y amenazas en forma simultánea. 

La pobreza infantil se asocia a factores negativos en el desarrollo cognitivo, emocional o académico a futuro. Es importante entender que la investigación demostró que es posible modificarlo.

–¿A qué referís con el concepto crítico de qué es la pobreza y cómo se vive?

Una cosa es medirla y otra, lo que le pasa a la gente, cómo la experimenta. Cuando se vive en pobreza pasan cosas internas por mucho tiempo, como por ejemplo el desgaste de los sistemas fisiológicos, lo cual altera la manera de procesar aspectos emocionales, cognitivos y de la relación con el entorno. 

Para evaluar un fenómeno tan complejo, no contamos con suficientes instrumentos. Esto significa que sólo podemos explorar una parte de estos fenómenos. Por otra parte, existen diferentes creencias sobre sus causas. Un colega puede pensar que la pobreza es natural, “es algo que va a existir siempre”; mientras que otros pensamos que es consecuencia de un problema de organización socioeconómica. 

El investigador es responsable si tiene una mirada potencialmente reduccionista: no debe faltarle el respeto a quien padece esta tragedia. Eso significa que también debemos trabajar con ellos, con los que padecen la pobreza. Y en ese sentido, completar un estudio implica modificarlo: además de la imagen cerebral, precisamos tener una etnografía hecha por un antropólogo; y la voz de quien la vive.

-Subrayás la importancia de diferenciar entre los períodos críticos y los sensibles.

 períodos críticos son momentos de organización máxima de una función neural. Tiene un momento específico de inicio y final. Si ocurre un cambio dentro de ese período las consecuencias pueden ser permanentes, para bien o para mal. Los períodos sensibles también son momentos de organización pero de más de una función, suelen tener más duración, sin claridad en el momento de inicio y final y durante el cual un cambio puede afectar la organización de esas funciones. 

No obstante, es posible de modificación por intervenciones y un gran esfuerzo. Las funciones cognitivas de autorregulación y el aprendizaje se organizan a la manera de estos períodos sensibles. El ciclo embrionario tiene muchos períodos críticos para funciones básicas del organismo. A medida que el desarrollo avanza y se organiza tempranamente, las posibilidades de cambiarlo se reducen. Esos fenómenos de plasticidad involucran otros, como los epigenéticos (ciencia que estudia cómo se expresan los genes). 

 En esta etapa de la investigación, estamos acumulando evidencia de fenómenos epigenéticos que podrían ser causales de la relación entre pobreza y desarrollo del sistema nervioso. Pero aún debemos definirlo con más evidencia. En cualquier caso, desde el punto de vista del cuidado infantil, cualquier chico o chica debe tener la alimentación necesaria para que su organismo esté sano; ser mirado, respetado y estimulado para querer, aprender, jugar. Si no ocurre todo esto, pueden aparecer dificultades en su desarrollo. 

El impacto de la pobreza en el desarrollo infantil empieza en la panza. Es muy importante al hablar de “crítico y sensible”, no tomar lo sensible como crítico y no cerrar la posibilidad de que hay cosas por hacer, a pesar de vivir en pobreza.

–¿Cuáles son los principales problemas hoy, en el estudio científico de la pobreza, el desarrollo de la disciplina de neurociencia de la pobreza y el estudio neurocientífico?

El primer problema son las preguntas que nos hacemos los que estamos en el área, que aún debemos responder en la próxima década, que tienen que ver con entender si lo que encontramos en cada cultura es universal o no. ¿Qué aspectos afectan a todos los seres humanos y cuáles se relacionan con las diferencias culturales e individuales? Sigue siendo necesario conocer los mecanismos por los que la pobreza impacta sobre el cerebro.

 Y en tal sentido, es necesario considerar fenómenos básicos como los epigenéticos, así como también los psicológicos y sociales. Importa encontrar mecanismos que nos expliquen las causas, por qué se asocia la pobreza con el sistema nervioso que genera esos efectos.

–¿Cómo se relacionan los “costos cerebrales de la pobreza”, con la producción de “residuos humanos”?

Durante la acumulación de adversidad por pobreza estás expuesto a situaciones de privación materiales, simbólicas-afectivas y se activa el sistema de regulación del estrés de manera crónica. Ello desgasta la fisiología de diferentes sistemas: nervioso, inmunológico, cardiovascular; son costos biológicos y neurobiológicos que si aumentan, incrementan la posibilidad de que te enfermes y mueras antes de lo esperado. 

Esto es producto de cómo nos organizamos socioeconómicamente y sin intervenciones políticas es como generar “residuos humanos”. La clave de esta asociación es el lugar donde te parás respecto de la causa de la pobreza. El costo cerebral de la pobreza, con la hipótesis de Zygmunt Bauman de residuo humano, es un componente ideológico: o es un problema de la gente pobre o uno institucional. Adhiero a la última.

–¿Por qué la pobreza no es prioridad, en tu opinión?

Es necesario seguir trabajando en un sentido multilateral o intersectorial dentro y entre países, atentos a cuáles son los valores que deberían alimentar nuestras sociedades, sin excluir a la gente. Bauman decía que estábamos en un interregno: el conocimiento que generamos no permite aún entender qué debemos hacer para sacar de la miseria a más de media población mundial. La peste muestra que la estructura en que estamos organizados es del todo desigual. 

Me preocupa cómo enfocar el conocimiento generado y crear futuros estudios, para mejorarla. ¿Qué le podemos acercar a una familia, a un político, o un colega de otra disciplina, que permita mejorarnos como personas y salir un poco de esta gran desigualdad? La desigualdad se resuelve con política, imposible soslayarla."                     (Entrevista a Sebastián Lipina, Gisela Daus, Viento Sur, 15/07/20)

22/11/19

En los noventa nos quedamos aterrorizados con varios casos de secuestro. Con la extensión del miedo se empezó a sobreproteger a los hijos a la vez que los crímenes disminuían... muchas de las cosas que siempre había enseñado de pronto incomodaban a mis alumnos. “Vi una velocidad para alcanzar el enfado que no conocía”... han crecido sobreprotegidos, causando efectos negativos en las universidades: “Van de cabeza al fracaso”

"Jonathan Haidt (Nueva York, 1963) es un reconocido psicólogo social estadounidense que estudia el funcionamiento de nuestros juicios morales. De origen judío y ateo, se reconoce políticamente de centro. Da clase de Liderazgo Ético en la Universidad de Nueva York. 

Hace unos años, pocos, se percató de que muchas de las cosas que siempre había enseñado de pronto incomodaban a sus alumnos. “Vi una velocidad para alcanzar el enfado que no conocía”, describe durante la entrevista, mantenida en la Fundación Rafael del Pino, en Madrid. 

En La transformación de la mente moderna (Deusto) —escrito junto al abogado Greg Lukianoff—, alerta sobre la fragilidad de estos jóvenes, que han crecido sobreprotegidos y usando redes sociales, así como de los efectos negativos que estos están causando en las universidades: “Van de cabeza al fracaso”.

PREGUNTA. En el libro mencionan que la reducción de las horas de juego en grupo de los niños trae consigo muchos problemas. ¿Por qué es tan importante algo tan sencillo?

RESPUESTA. El juego para los mamíferos es una necesidad biológica. Y cuanto más grande es tu cerebro, más ayuda el juego. Los padres construyen un campo base seguro a partir del cual los niños se arman de confianza para salir a explorar y es en esas experiencias cuando más aprenden. A ser independientes, a resolver disputas, a colaborar. Son habilidades que funcionan en democracia. En los noventa nos quedamos aterrorizados con varios casos de secuestro. Con la extensión del miedo se empezó a sobreproteger a los hijos a la vez que los crímenes disminuían.

P. ¿A partir de qué edad deberíamos dejar de sobreprotegerlos?

R. Con ocho años. He estudiado a los niños callejeros y a esa edad pueden encontrar comida, buscar a la policía, colaborar y sobrevivir. Y además son felices haciéndolo. En Escandinavia sucede. A esa edad pueden manejar su libertad. Y animo a dar poco a poco cada vez más autonomía a los niños. Mi mujer y yo muy pronto mandamos a nuestra hija a comprarnos bagels para desayunar y al colegio iba ella sola. No tenemos que dejarnos llevar por nuestro miedo; acaba generando ansiedad.

P. ¿De qué forma es distinta la generación Z de la previa, la milenial?

R. Durante la adolescencia pocos de ellos trabajaron o condujeron y beben también menos. Cuando yo era joven bebíamos todas las semanas. Podrías pensar que es algo bueno que no beban, pero no. Y el efecto de todo esto es devastador. Sobre todo para ellas: depresiones y suicidios se duplican. Los mileniales empezaron a usar las redes a los 17. Ellos, en cambio, empezaron a hacerlo entre los 10 y 12 años.

P. ¿De qué manera les afecta haber usado desde niños las redes?

R. Hay dos tipos de comunicación. Tú y yo hablando. Y tú y yo hablando ante varios testigos. En este caso, no hablaríamos tan honestamente, nos dirigiríamos a la audiencia. En las redes es lo que pasa. En realidad tú me das igual. Lo que me importa es lo que piensen ellos. Y esto es muy poco saludable y nos está dirigiendo a una cultura del señalamiento, donde yo obtengo un montón de credibilidad por señalar tus errores. Eso causa crueldad, humillación… Es pésimo para todos, pero especialmente para los niños.

P. ¿Y cómo se vuelven frágiles?

R. En EE UU hemos sobreactuado ante el bullying. Hemos intentado frenar cada comentario negativo y eso es un gran error. Los niños tienen que encontrarse ante conflictos. Lo contrario los hace débiles. Ahora hay un aumento del razonamiento emocional. En muchas disciplinas los alumnos no critican los argumentos, sino a la persona que los desarrolla. Y eso es algo nuevo que hace difícil el pensamiento crítico. Si la universidad se convierte en el diván del terapeuta, se morirá.

P. En resumen: las redes nos vuelven más débiles.

R. Sospecho que se nos meten en el cerebro y golpean nuestra psicología moral de una forma que nos mantiene cabreados y divididos permanentemente. Y eso dificulta el compromiso necesario en política. En una democracia, que es algo arriesgado e inestable, es peligroso.

P. Antes escribió La mente justa, donde estudió la polarización reinante. Quizá tenga algún consejo para los políticos en España, que no logran ponerse de acuerdo.

R. El problema es que ahora los políticos no se hablan. Antes, en EE UU los políticos vivían en Washington y se veían los fines de semana. Ahora no es así, cada uno vive en su ciudad y no crean vínculos. La mayoría de los políticos son muy sociables y en parte los contratamos para que usen esa habilidad. Pero ahora parece imposible. Habría que mejorar el diseño de las dinámicas de gobierno para aumentar las amistades y reducir el escrutinio público. Todo lo que puedas hacer para aumentar la comunicación directa entre los políticos sin que haya una audiencia de por medio es bienvenido.

P. ¿Hay algún político que crea que puede unir a Estados Unidos?

R. Me gusta Pete Buttigieg [demócrata]. Tiene 37 años, es gay, fue marine en Afganistán. Que sea un veterano está genial. Y que sea gay no tendría por qué ser un obstáculo, hemos avanzado mucho. Habla de maravilla y une a la gente. Es el alcalde de una pequeña ciudad en Indiana. No tiene una gran carrera, pero Trump tampoco la tenía. Creo que podría atraer a la mayoría de los estadounidenses.

P. La polaridad, ¿tiene un tope?

R. Nada sigue creciendo para siempre. De aquí a 100 años globalmente estaremos mejor. Pero creo que en 10 o 20 años EE UU empeorará. Veo muchas opciones de que mi país falle. Son tiempos difíciles para la democracia. Quizá se divida, se vuelva funcionalmente inefectiva o entremos en guerra. Todo esto era inconcebible hace cinco años. Cuando Trump se marche, habrá muchos cambios, pero el sistema ya está fastidiado de partida. Permitió que saliera elegido. Si no tuviéramos redes sociales, no habría pasado."       

(Entrevista a Jonathan Haidt , psicólogo social, Carmen Pérez-Lanzac, El País, 27/10/19)

6/10/17

El sexo del cerebro: más allá de los prejuicios

"[A la luz de los conocimientos actuales en neurociencia, estaríamos tentados de creer que los viejos prejuicios sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres ya han sido barridos. Sin duda no es así: los medias y obras de divulgación pretenden que las mujeres son “naturalmente” habladoras e incapaces de leer un mapa de carreteras, mientras que los hombres habrían nacido buenos en matemáticas y competitivos.

 Estos discursos hacen creer que nuestras aptitudes, emociones, nuestros valores, están conectados con estructuras mentales inmutables desde tiempos prehistóricos.

Es necesario colocar el debate alrededor de las diferencias entre los sexos en un terreno científico rigurosos más allá de las ideas preconcebidas. El desafío consiste en comprender el papel de la biología pero también la influencia del ambiente social y cultural en la construcción de nuestras identidades de hombres y mujeres. ]

Los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos personalidades y formas de pensar diferentes. ¿Son innatas o adquiridas? ¿Qué parte corresponde a la biología y cuál al entorno social y cultural en la construcción de nuestras identidades? Estas cuestiones son objeto de debates apasionados desde hace siglos. Se podría estar tentados de pensar que con el progreso del conocimiento tanto en biología como en sociología los argumentos se hubiera clarificado y las polémicas hubiera amainado. 

Nada de eso. Ideas adquiridas y falsas evidencias continúan proliferando sobre este tema. Medias y revistas nos saturan de viejos clichés que pretenden que las mujeres son “naturalmente” dotadas para el lenguaje, multi-atareadas incapaces de leer un mapa, mientras que los hombres serían por esencia buenos en matemáticas y competitivos. 

Estos discursos sugieren que nuestras aptitudes, nuestros gustos, nuestros comportamientos estarían conectados con estructuras mentales inmutables desde el nacimiento. Sin embargo, el progreso en las investigaciones en neurociencia muestran lo contrario: actualmente, gracias a las técnicas de imágenes cerebrales por IRM (Imagen por Resonancia Magnética) sabemos que el cerebro fabrica sin cesar nuevos circuitos de neuronas en función de los aprendizajes y de las experiencias vividas.

 Estas propiedades de “plasticidad cerebral” descubiertas hace una quincena de años han revolucionado nuestra concepción del funcionamiento del cerebro (Vidal, 2015). Nada está solidificado ni programado en nuestras neuronas. La plasticidad neuronal es un concepto clave para comprender cómo se construyen nuestras identidades de mujeres y hombres.

¿El cerebro tiene sexo?

En el siglo XIX, la forma del cráneo y el tamaño del cerebro eran utilizados para justificar la jerarquía entre los sexos. Se pensaba que los hombres, pretendidamente más inteligentes, estaban dotados naturalmente de un cerebro más grande que el de las mujeres. Algunos médicos, especialmente Paul Broca, alimentaron esta tesis mediante la medida comparativa de cerebros cuidadosamente seleccionados para confirmar la demostración.

 Aunque en la misma época otros estudios demostraron, claramente, que el tamaño del cerebro no era la causa de la inteligencia, la ideología conservadora lo llevaba hasta el rigor científico (Gould, 1997).

¿Qué se puede responder hoy a la pregunta de si el cerebro tiene sexo? La respuesta científica es sí y no (Vidal 2015, Vidal y Benoit-Browaeys 2015). Sí porque el cerebro controla las funciones asociadas a la reproducción sexuada que evidentemente son diferentes en los hombres y las mujeres. En los cerebros femeninos, encontramos neuronas que se activan cada mes para desencadenar la ovulación, lo que no sucede entre los hombres. 

Pero en lo que respecta a las funciones cognitivas, la respuesta es no. Los conocimientos actuales sobre el desarrollo del cerebro y la plasticidad cerebral demuestran que las chicas y los chicos tienen las mismas capacidades de razonamiento, de memoria y de atención.

La plasticidad cerebral 

Los estudios IRM no cesan de aumentar para mostrar cómo la experiencia modela el cerebro, tanto en los niños como en las personas adultas. (May 211, Vidal 2010). El ser humano recién nacido viene al mundo con un cerebro muy inacabado: posee un stock de 100 000 millones de neuronas pero pocas vías nerviosas para conectarse entre ellas. Solamente el 10 % de las conexiones -sinapsis- están presentes en el momento del nacimiento.

 Esto significa que el 90 % de las sinapsis se fabrican a partir del momento en el que el bebé entra en contacto con el mundo exterior. Las influencias de la familia, de la educación, de la cultura, de la sociedad, juegan un papel importante sobre las conexiones neuronales y la construcción del cerebro. El término plasticidad describe esta propiedad del cerebro humano de modelarse en función de los aprendizajes y de las experiencias vividas. Por ejemplo, entre los pianistas, se observa un espesamiento de las regiones del córtex cerebral especializadas en la motricidad de los dedos y la audición. 

 Este fenómeno es producido por la fabricación de conexiones suplementarias entre las neuronas. Además, estos cambios del córtex son directamente proporcionales al tiempo dedicado al aprendizaje del piano durante la infancia. La plasticidad cerebral está también activa durante la vida adulta. Así entre las personas que aprenden a hacer malabarismo con tres bolas, se constata después de tres meses de práctica, un espesamiento de las zonas que controlan la coordinación de los brazos y la visión. Y si se interrumpe el entrenamiento, las zonas espesadas anteriormente, se encogen.

Estos ejemplos, y muchos otros, muestran cómo la historia propia de cada persona se inscribe en su cerebro. Resulta que ningún cerebro se parece a otro. La IRM ha permitido revelar que las diferencias cerebrales entre las personas de un mismo sexo son tan importantes que sobrepasan las diferencias entre los sexos (Kaiser 2009, Joel 2015). Cada uno de los 7 000 millones de individuos en el planeta poseen un cerebro único en su género, independientemente del hecho de pertenecer al sexo femenino o masculino.

El concepto de plasticidad permite superar el dilema clásico que intenta oponer naturaleza y cultura. De hecho, en la construcción del cerebro, lo innato y lo adquirido son inseparables. Lo innato aporta la capacidad de conexión entre las neuronas, lo adquirido permite la realización efectiva de esa conexión. Toda persona humana, tanto por su existencia como por su experiencia, es simultáneamente un ser biológico y un ser social. (Rose 2006, Kahn 2007). 

Todas esas adquisiciones de la neurobiología confirman y enriquecen las investigaciones en ciencias humanas y sociales sobre el género. El sexo y el género no son variables separadas sino que se articulan en un proceso de incorporación (personificación) que designa la interacción entre el sexo biológico y el entorno social y esto desde el nacimiento (Fausto-Sterling 2012 a-b).

Desarrollo del cerebro e identidad sexual 

Las propiedades de plasticidad del cerebro aportan una nueva aclaración sobre los procesos que contribuyen a forjar nuestras identidades. Al nacer, las criaturas humanas no tienen conciencia de su sexo. Lo van a aprender progresivamente a medida que sus capacidades cerebrales se desarrollan. Solo a los dos años y medio empieza a ser capaz de identificarse con uno de los dos sexos (Fausto-Sterling 2012a, Le Maner-Idrissi 1997).

Sin embargo, desde el nacimiento, evoluciona en un entorno sexuado: la habitación, los juguetes, la ropa diferente según el sexo del bebé. Además, los adultos, de manera inconsciente, no nos comportamos igual con los bebés. Tenemos más interacciones físicas con los niños mientras que hablamos mucho más con las niñas. Es la interacción con el medio familiar, social, cultural, la que va a orientar sus gustos, las capacidades y contribuir a forjar los rasgos de personalidad en función de los modelos de masculino y femenino ofrecidos por la sociedad.

Pero todo no se juega en la infancia. Los esquemas estereotipados no están gravados en las neuronas de forma indeleble. A todas las edades de la vida, la plasticidad del cerebro permite cambiar de hábitos, adquirir nuevos talentos, elegir diferentes itinerarios de vida. La diversidad de las experiencias vividas hace que cada cual forje su propia manera de vivir, su vida de mujer o de hombre. En materia de identidad sexual, la evolución actual de las costumbres, de las normas culturales y de las layes (paridad entre mujeres y hombres, matrimonio homosexual) es un ejemplo más de nuestra capacidad de plasticidad cerebral.

Hormonas y cerebro 

La acción de las hormonas sobre el cerebro es invocado regularmente par explicar la vida amorosa, los encuentros, los lazos sociales, los conflictos, etc. Por ejemplo, la hormona oxitocina sería responsable del flechazo, de la fidelidad, del instinto maternal. En cuanto a la testosterona, es la que haría a los hombres ligones, competitivos, coléricos y violentos. En realidad, los datos experimentales sobre el papel de las hormonas sobre el cerebro y los comportamientos son mucho menos sólidas de lo que dan a entender ciertos discursos de divulgación científica (Jordan-Young 2016).

¿La oxitocina es la hormona del vínculo social?

La hormona oxitocina, que es segregada a la sangre por la glándula hipófisis, es conocida porque actúa sobre las contracciones del útero en el momento del parto y sobre las glándulas mamarias para la lactancia. Entre los animales (ovejas, ratas, ratones) esta hormona tiene también efectos sobre el comportamiento. Algunas experiencias han mostrado que la inyección de oxitocina directamente en el cerebro refuerza los jadeos recíprocos, el aseo, la interacción entre madres y crías, y entre machos y hembras. De esta forma, la oxitocina ha sido calificada de hormona de la unión y los vínculos sociales (Roos y Young 2009).

¿Pero qué pasa entre los humanos? El problema es que, al contrario de lo que ocurre con los animales, casi es imposible medir la concentración de oxitocina en el cerebro o inyectar en el interior para ver sus efectos... 

Tampoco se puede inyectar en sangre pues la oxitocina no pasa la “barrera hemato-encefálica” que protege el cerebro. Algunas experiencias han intentado suministrar un spray nasal, pero el acceso directo de la oxitocina al cerebro a través de la mucosa nasal no está demostrado. Además, la presencia de receptores de oxitocina en la membrana de las neuronas no ha sido detectada en el cerebro humano (Galbally 2011).

Al final, los argumentos científicos a favor de un papel de la oxitocina en el instinto maternal, los vínculos, la comunicación social, la empatía, están lejos de estar establecidos, al contrario de lo que dicen los media (Fillod 2012). En relación a los vínculos madre-hijo, los casos de maltrato, de abandono y de infanticidio muestran que el instinto maternal no depende de una ley biológica universal e ineludible. 

Lo que no afecta al placer que puede procurar la lactancia y ocuparse de un bebé. No se trata de instinto sino de amor, materno y paterno, construido biológicamente, psicológicamente y socialmente. Los lazos afectivos se moldean y evolucionan según las experiencias de vida que se inscriben en el contexto cultural y social. La oxitocina no tiene nada que ver en ello.

¿Es la testosterona la hormona de todos los poderes? 

Sin duda, la testosterona tiene, efectos sobre el cuerpo afectando especialmente al volumen y a la fuerza muscular. Pero en lo que se refiere a su efectos sobre el cerebro y la conducta está lejos de haber un consenso científico.

En general, en la población de hombres adultos de buena salud, no hay relación estadística significativa entre el deseo sexual y la concentración de testosterona en sangre (Van Anders 2013). Claro que, en condiciones patológicas de castración, no hay erección, pero esto no provoca necesariamente la pérdida de deseo ni la desaparición de toda actividad sexual. Entre los humanos, el órgano sexual más importante, es el cerebro... 

Sus capacidades cognitivas confieren a la sexualidad humana múltiples dimensiones que ponen en juego el pensamiento, el lenguaje, las emociones, la memoria... En principio, el deseo sexual es el fruto de una construcción mental que varía según la vida síquica y los sucesos de la vida. No tiene nada que ver con un acto reflejo desencadenado por la testosterona.

En cuanto al pretendido papel de la testosterona en la agresividad y la violencia, tampoco los estudios científicos son concluyentes. Investigaciones realizadas entre varones adolescentes de trece a quince años, muestran que la concentración de testosterona en sangre no está asociada a comportamientos agresivos o de conductas de riesgo presentes, a menudo, mucho antes que la pubertad. Entre los varones autores de actos delictivos, la tasa de testosterona no es correlativa con el grado de violencia del comportamiento. Al contrario, se observa una fuerte correlación entre los factores sociales tales como el nivel de educación y el medio socioeconómico (Archer 2006).

Todos los roles atribuidos a la testosterona, que justifican el apetito sexual y la agresividad de los hombres, no están respaldados por pruebas experimentales que tengan consenso en la comunidad científica (Jordan-Young 2016). 

Por el contrario, las investigaciones en sociología y en etnología muestran que si muchos hombres adoptan estos comportamientos, es el resultado de una larga historia cultural de dominación masculina aliada a factores sociales, económicos y políticos que favorecen la expresión de la violencia (Héritier 1996).

Cerebro humano y evolución

Los avances de las neurociencias permiten comprender mejor por qué el ser humano escapa a la ley de las hormonas. El homo sapiens posee un cerebro único en su género que le distingue del de los grandes simios. La diferencia es debida al desarrollo del córtex cerebral que recubre el resto del cerebro. A lo largo de la evolución de la especie humana, la superficie del córtex ha crecido de tal forma que debe plegarse formando surcos para poder caber en la cavidad craneal. 

Hoy, mediante métodos informáticos, se sabe desplegar el córtex virtualmente: mide dos metros cuadrados de superficie sobre tres milímetros de espesor, es decir, 10 veces más que en los monos. Gracias a su córtex cerebral, el homo sapiens ha podido desarrollar su capacidad de lenguaje, de conciencia, de razonamiento, de proyección hacia el futuro, de imaginación... Muchas facultades que le han permitido al ser humano adquirir la libertad de elección en sus acciones y sus comportamientos (Rose 2006, Kahn 2007).

Una de las consecuencias del desarrollo del córtex cerebral es que controla las zonas profundas del cerebro implicadas en los instintos y las emociones. Por esto, el ser humano es capaz de cortocircuitar los programas biológicos instintivos que están regidos por las hormonas. Entre los seres humanos, cada instinto no se expresa en estado bruto. 

El hambre, la sed o la atracción sexual están claramente ancladas en la biología pero sus formas de expresión están controladas por la cultura y las normas sociales. El ser humano puede decidir hacer huelga de hambre o renunciar a su sexualidad. Las mujeres y los hombres, en su vida personal y social, utilizan estrategias inteligentes, basadas en representaciones mentales que no dependen de la influencia de las hormonas.

Cerebro, ciencia y sociedad

A pesar de los progresos científicos sobre la plasticidad cerebral, el argumento de las diferencias de “naturaleza” siempre está muy presente para explicar las diferencias entre las mujeres y los hombres en la vida social y privada. El ambiente mediático contemporáneo contribuye activamente a reforzar la “biologización” de los comportamientos humanos (Fillod 2015, Jurdant 2012). 

Televisión, prensa escrita, páginas de internet, nos suministran regularmente “descubrimientos” científicos que explicarían nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras acciones: gen de la homosexualidad, hormona del deseo, neuronas de la empatía, etc. Necesariamente, este contexto es propicio a la promoción de tesis esencialistas orquestadas por los movimientos conservadores que se oponen a nuevas fórmulas de familia, al matrimonio homosexual, a la legalización del aborto...

Estas ideas tienen implicaciones sociales y políticas de graves consecuencias. Invocar razones biológicas (genéticas, cerebrales u hormonales) para los comportamientos de hombres y mujeres, da por sobrentendido su carácter normal e inmutable. ¿Para qué luchar contra nuestra naturaleza?

Sin embargo, si las chicas y los chicos no hacen la misma opción de estudios o profesional, no es a causa de las diferentes capacidades cognitivas de su cerebro (Vouillot 2015). Afirmar que es más natural que una mujer se ocupe más de los niños que un hombre a causa de la oxitocina es cuestionar las leyes de la igualdad, las vacaciones familiares y la legalización de homoparentalidad. También es frenar las ambiciones profesionales de las mujeres, animar su trabajo a tiempo parcial que va a la par de salarios reducidos.

 Pretender que la testosterona da a los hombres más apetito sexual que a las mujeres, o incluso que la violencia resulta de pulsiones hormonales irresistibles, lleva a aceptar que esta violencia como inevitable y cuestiona las leyes que reprimen el acoso sexual y la violencia contra las mujeres.

En el contexto actual en el que las tesis esencialistas resurgen para atacar los estudios de género, es crucial que los biologicistas se comprometan al lado de las ciencias humanas y sociales para cuestionar las falsas evidencias que querrían que el orden social fuera un reflejo del orden biológico. Abordar el frente de los prejuicios esencialistas es indispensable para combatir los estereotipos, desenvolver acciones políticas y construir conjuntamente una cultura de la igualdad."              (Catherine Vidal , alencontre.org, en Viento Sur, 10/06/17)

30/5/16

Así es el cerebro del futbolista

 Gareth Bale celebra la Champions que ganó el Real Madrid al Atlético el pasado 24 de mayo de 2014, en Lisboa. AP

"Lejos de ser algo tan simple como dar patadas a un balón hasta que éste se cuela en la portería, el fútbol es una compleja actividad humana en la que participa todo el cerebro. A la hora de moverse en el terreno de juego, lo más importante del futbolista es su corteza motora, una región del cerebro situada en el lóbulo frontal, su porción más anterior. 

Los millones de neuronas que contiene esa región se organizan en diferentes zonas con funciones sucesivas y subordinadas, una para planificar los movimientos que requiere cada jugada, otra para organizar las secuencias correctas de los mismos y otra finalmente para hacer llegar a los músculos las órdenes necesarias para ejecutar esos movimientos.

 El cerebelo, otra importante parte del cerebro situada en su parte posterior, ayuda a que los movimientos a realizar por el futbolista estén bien coordinados y sean precisos.

Pero la corteza motora no planifica los movimientos a ciegas, pues se basa para ello en las cortezas posteriores del cerebro, la parietal, la occipital y la temporal, que permanentemente le envían información sobre el estado del cuerpo y sus miembros, y sobre la visión y los sonidos del terreno de juego, los demás futbolistas, el entrenador y el público. 

Esa información permite a la corteza motora corregir permanentemente los movimientos del futbolista en cada jugada cuando estos son erróneos o poco certeros. Además, la corteza motora no decide por su cuenta los movimientos a realizar, pues para ello recibe continuamente instrucciones de la corteza prefrontal, la parte más evolucionada y anterior del cerebro humano, encargada de dirigir el pensamiento, resolver conflictos, tomar decisiones y planificar el futuro. Es en esta otra parte del cerebro donde el jugador decide la jugada a realizar y prevé las siguientes.

En general, cuando aprendemos un hábito o actividad motora, es la corteza cerebral quien más trabaja, pero cuando hemos practicado mucho y dominamos ese tipo de comportamiento la corteza cerebral deja de ser imprescindible y toman el control de la situación otros circuitos de neuronas que se encuentran bajo ella, en el interior del cerebro. 

Son los llamados ganglios basales: el pálido, el putamen, el caudado, la sustancia negra, además del cerebelo, que sigue siendo importante. Es por eso que cuando una misma jugada o regate se ha hecho muchas veces deja de ser una conducta dirigida por el pensamiento y la voluntad y pasa a ser una conducta refleja u automática, controlada por esos núcleos y estructuras subcorticales.

 ¿Qué hace de un individuo un buen futbolista?

En la calidad de un jugador intervienen muchos factores, algunos innatos y otros adquiridos con la experiencia. La herencia biológica puede proporcionar a un jugador facultades perceptivas y de ejecución motora que le permitan coordinar sus movimientos mejor que lo hacen otros. Esas mismas cualidades mejoran también con la práctica.

 También es posible que algunos jugadores tengan más capacidad que otros para mejorar con la práctica sus habilidades innatas. Ni que decir tiene por otro lado, que en la calidad de un jugador interviene también la inteligencia general del mismo, y sus inteligencias práctica, creativa y emocional, basadas todas ellas en factores tanto heredados como aprendidos.

La inteligencia de todo tipo puede hacer que algunos jugadores sean más capaces que otros para intuir la mejor jugada a realizar o para averiguar las intenciones del contrario, en cada situación del juego. Todo ello sin olvidar la motivación que tenga el jugador por el fútbol y el éxito en el mismo, lo que a su vez está muy condicionado por sus experiencias y su educación tempranas. Los genios del fútbol, como los de otras profesiones, resultan siempre de predisposiciones genéticamente heredadas que el ambiente adecuado y una práctica intensiva acaban desarrollando.

¿Qué factores afectan al rendimiento?

Aparte del indiscutible estado físico, la ejecución y el rendimiento en el fútbol requieren un determinado estado cerebral. Muy poca activación es malo y mucha activación también. Lo ideal es un estado intermedio de activación emocional, ni pocos ni demasiados nervios. El público interviene siempre modificando el estado emocional del futbolista. Nada de público o de ánimos es malo. Excesiva presión también. Pero todo eso depende mucho de cada jugador, de su propia reactividad emocional y de su personalidad.

Algunos jugadores se desmoralizarán por un gol en contra y eso disminuirá su rendimiento. Otros, con más inteligencia emocional, pueden utilizar el fracaso para reanimarse analizando enseguida las causas del mismo y las maneras de cambiar el comportamiento inmediato para obtener mejores resultados.

 El estado de ánimo, además, se contagia mucho y es muy importante para el éxito. Cuando ves a los demás preocupados intuyes que hay razones para ello, al igual que si los ves contentos. Sin olvidar tampoco la motivación añadida que pueden causar las primas y el percibir o imaginar las consecuencias futuras de una victoria o una derrota.


Asegurado un buen estado físico y suficiente motivación para ganar, lo más importante para la victoria es la percepción que los jugadores tienen de su rival. Cuando éste se percibe cómo invencible o muy difícil de vencer disminuye considerablemente su rendimiento. Cuando el rival se percibe como inferior, igual o superable el rendimiento se incrementa. 

Todo aquello, incluyendo los ánimos de la afición, que contribuya a que los jugadores sientan que pueden ganar es psicológicamente muy importante. En definitiva, una percepción positiva de la situación mejora la motivación de los jugadores y proporciona activación a sus cerebros para rendir más. Todo esto por lo que se refiere al cerebro del jugador. Otro día podríamos hablar también del cerebro de los seguidores y aficionados."                (Ignacio Morgado Bernal, El País, 27/05/16)

30/3/15

Primera prueba neurofisiológica del origen de la creatividad

"Según una investigación de la Universidad Northwestern, en EEUU, la creatividad tiene un origen neurofisiológico: una capacidad cerebral reducida para filtrar estímulos sensoriales irrelevantes. En otras palabras, “para aislarse del mundo y concentrarse”. La buena noticia es que, bien dirigida, esta condición “puede hacer la vida más rica y significativa”, aseguran los autores del estudio.

¿Por qué algunos seres humanos son más creativos que otros? ¿Qué es lo que nos convierte en seres creativos? Una investigación de la Universidad Northwestern, en EEUU, proporciona una respuesta -la primera en forma de evidencia fisiológica, dicen sus autores- a estas cuestiones.

Según el estudio, la creatividad del ser humano estaría asociada con una capacidad reducida de filtrar información sensorial irrelevante. En otras palabras, que aquellas personas a las que más afecta el bombardeo diario de información sensorial tienden a ser más creativas.

¿Por qué? Pues porque el hecho de recibir y procesar más información sensorial ayuda a integrar ideas que están fuera de nuestro núcleo de atención y, en consecuencia, propicia la “creatividad”.

Rastreando el cerebro

Como hemos dicho, los científicos de la Northwestern han proporcionado la primera prueba fisiológica de que esto es así.

Para conseguirlo, estudiaron la respuesta de las células cerebrales a una forma muy temprana de atención: la ‘entrada sensorial’ (que es el proceso neurológico de filtro de estímulos redundantes o innecesarios que proceden de nuestro entorno). Dicha respuesta celular se conoce en electroencefalografía como ‘P50’, y se produce aproximadamente 50 milisegundos después de la presentación de un estímulo.

Por otra parte, los investigadores relacionaron la P50 de una serie de sujetos con dos medidas de la creatividad: el pensamiento divergente o lateral (que consiste en la búsqueda de alternativas o posibilidades creativas y diferentes para la resolución de un problema) y los logros creativos de los participantes en el mundo real.

En total 100 sujetos informaron de sus logros en dominios creativos a través del Creative Achievement Questionnaire (Cuestionario de Logros Creativos, CAQ, por sus siglas en inglés) y además fueron sometidos a pruebas de pensamiento divergente.

Creatividad y entrada sensorial

En los tests de este tipo de pensamiento se mide la cognición creativa pidiendo a los participantes que produzcan numerosas respuestas, dentro de un tiempo limitado. En el presente estudio, se constató así que el pensamiento divergente sí estaba correlacionado con una entrada sensorial selectiva, esto es, con una capacidad incrementada de filtrar la información sensorial.
 
No ocurría lo mismo con los logros creativos en el mundo real. Estos, por el contrario, fueron asociados con un procesamiento sensorial “con fugas” o una capacidad reducida para detectar o inhibir estímulos de percepción consciente.
 
Por tanto, aunque el pensamiento divergente también contribuye a la creatividad,  parece ser independiente del proceso de pensamiento creativo, que estaría asociado con un filtro sensorial más “relajado”, explican los investigadores.
 
En definitiva, el presente estudio sugiere que las personas con una entrada sensorial menos limitada  serían más propensas a dirigir su atención a focos más amplios o a una gama más amplia de estímulos. De este modo, podrían “si canalizan su sensibilidad en la dirección correcta, hacer su vida más rica y significativa, y proporcionar una mayor sutileza a sus experiencias”, concluyen los investigadores. 

Referencia bibliográfica:

Darya L. Zabelina, Daniel O’Leary, Narun Pornpattananangkul, Robin Nusslock, Mark Beeman. Creativity and sensory gating indexed by the P50: Selective versus leaky sensory gating in divergent thinkers and creative achievers. Neuropsychologia (2015). DOI: 10.1016/j.neuropsychologia.2015.01.034."                 (Tendencias21)

13/4/12

“La creatividad es el residuo del tiempo desperdiciado”.

"La creatividad puede parecer cuestión de magia. Nos fijamos en personajes como Steve Jobs y Bob Dylan y concluimos que tienen poderes sobrenaturales que nos fueron denegados al resto de los mortales, un don que les permite imaginar lo que nunca existió. Son “tipos creativos”. Nosotros no.

La creatividad, sin embargo, no es magia y no existen los tipos creativos. No es una característica que heredamos en nuestros genes, ni una bendición concedida por los ángeles. Es una habilidad. Cualquiera puede aprender a ser creativo y mejorar.
Nuevos estudios arrojan luz sobre los factores que permiten a las personas inventar productos revolucionarios y resolver los problemas más complejos. Como resultado, ha surgido una serie sorprendentemente concreta de lecciones sobre lo que es la creatividad y cómo estimularla en nosotros mismos y en el trabajo.
La ciencia de la creatividad es relativamente nueva. Hasta la Ilustración, los actos de imaginación quedaban relegados a los poderes superiores. Ser creativo significaba canalizar a las musas y darles voz a los dioses. Incluso en tiempos modernos, los científicos prestaron poca atención a las fuentes de la creatividad.

 En la última década, no obstante, eso ha empezado a cambiar. Las últimas investigaciones sugieren que la presunción de que la creatividad es un tipo de conocimiento independiente es falsa. En realidad, usamos el término de “creatividad” como una etiqueta que abarca una variedad de herramientas cognitivas, cada una de las cuales aplica a tipos concretos de problemas.

El desafío que afrontamos, ¿necesita de un momento de lucidez? ¿O puede resolverse gradualmente? La respuesta a menudo determina si debemos tomarnos una cerveza para relajarnos o quedarnos hasta tarde en la oficina.
Los nuevos estudios también sugieren la mejor manera para abordar los problemas más peliagudos. Solemos dar por sentado que los expertos son genios creativos en sus respectivos ámbitos. Pero los grandes descubrimientos a menudo dependen de inocentes osadías de personas de fuera.
Partamos por los problemas más difíciles, aquellos que a primera vista parecen imposibles. Éstos suelen resolverse (si es que se resuelven) con un momento de lucidez.
Consideremos el caso de Arthur Fry, un ingeniero del departamento de productos de papel de 3M. En 1974, Fry asistió a una presentación de Sheldon Silver, un ingeniero que trabajaba con adhesivos.

Silver había desarrollado un pegamento extremadamente débil que apenas servía para pegar dos trozos de papel. No parecía que el compuesto tuviera aplicaciones prácticas. Después de todo, ¿para qué sirve un pegamento que no pega?

Sin embargo, una gélida mañana de domingo, Fry se acordó del pegamento en un contexto insólito. El ingeniero cantaba en el coro de la iglesia y solía poner pequeños pedazos de papel en su cantoral para marcar las piezas del día.

Los papeles a menudo se caían, obligándolo a buscar frenéticamente la página correcta. 
Parecía un problema insoluble, uno de esos fastidios ordinarios con los que no nos queda otra que convivir.

Pero durante el sermón, Fry tuvo una epifanía. Se le ocurrió que podía aplicar el pegamento débil al papel para crear un marcador de libros reutilizable. Al ser tan débil, se adheriría a la página pero no la rompería al retirarlo.

 Esa revelación finalmente se convirtió en uno de los artículos de oficina más usados en el mundo: el Post-It.La invención de Fry fue un clásico momento de lucidez. Si bien esas ocurrencias parecen surgir de la nada, los científicos han empezado a estudiarlas.

 Lo hacen administrando rompecabezas lógicos y observando lo que ocurre en el cerebro. Las investigaciones de Mark Beeman y John Kounios identificaron de dónde venía la chispa de inspiración que observaban cuando a los participantes se les ocurría la respuesta al enigma planteado.

En los segundos previos al hallazgo, un área del cerebro llamada la circunvolución temporal superior (aSTG por sus siglas en inglés) exhibe un salto en su actividad. Esta región, ubicada en la superficie del hemisferio derecho, se especializa en conectar información muy vagamente relacionada, precisamente lo que hay que hacer a la hora de resolver un problema de creatividad.
Beeman y sus colegas descubrieron que ciertos factores aumentan las probabilidades de uno de esos momentos de lucidez. Por ejemplo, mostrar un breve video humorístico mejora las probabilidades de acierto en un promedio de 20%.
El alcohol también funciona. Investigadores de la Universidad de Illinois, en Chicago, compararon el desempeño en esta clase de rompecabezas entre estudiantes sobrios y ebrios. Éstos últimos resolvieron casi 30% más problemas de palabras que sus compañeros que no estaban intoxicados.

¿Qué explica los beneficios creativos de la relajación y el alcohol? La respuesta involucra la sorprendente ventaja de no prestar atención. Si bien vivimos en una era que le rinde culto a la concentración, este enfoque puede inhibir la imaginación. Puede que estemos concentrados, pero en la respuesta incorrecta.

La relajación ayuda. No es hasta que nos relajamos en la ducha o nos distraemos viendo el video de un humorista que logramos girar el foco de la atención hacia adentro, revisando todas esas asociaciones al azar en el hemisferio derecho del cerebro. Cuando necesitamos un momento de lucidez, esas asociaciones suelen darnos la respuesta.

Los estudios también explican por qué tantos grandes descubrimientos se hicieron en lugares insólitos, como Arquímedes en la bañera o el físico Richard Feynman que garabateaba ecuaciones en clubes de strip-tease. Igualmente validan la lógica de Google de colocar mesas de ping-pong en el vestíbulo y confirman las ventajas prácticas de soñar despierto. Tal como dijo Einstein: “La creatividad es el residuo del tiempo desperdiciado”.

Desde luego, no todos los desafíos requieren una epifanía ni una ducha caliente resolverá todos los problemas. A veces, necesitamos seguir trabajando y resistirnos a la tentación de una siesta inducida por la cerveza.

Esa clase de creatividad es menos divertida. Consiste básicamente en sudor y fracasos. Es el lapicero rojo en la página y el boceto arrugado. Nietzsche se refirió a esto como el “proceso de rechazo”, señalando que si bien a los creadores les gusta jactarse de sus grandes epifanías, la realidad cotidiana es mucho menos romántica. “Todos los grandes artistas y pensadores son grandes trabajadores”, escribió.

Pero si diferentes clases de problemas creativos se benefician de diferentes clases de pensamiento creativo, ¿cómo podemos asegurarnos de que estamos pensando de la manera adecuada en el momento indicado? ¿Cuándo deberíamos fantasear y dar un paseo o cuándo deberíamos seguir dibujando y jugando con las posibilidades?
La buena noticia es que el cerebro humano tiene una sorprendente capacidad natural para evaluar la clase de creatividad que la situación requiere. Numerosos estudios demostraron que, cuando se topa con problemas que no necesitan inspiraciones repentinas, la mente es sorprendentemente hábil para calibrar la probabilidad de que el problema sea resuelto, sabiendo si está cerca o no, aunque desconozca la solución.
Otra clase de problema creativo, sin embargo, es cuando uno carece de la materia prima en la cabeza. Si está tratando de ser más creativo, una de las cosas más importantes que puede hacer es aumentar el volumen y la diversidad de la información a la que se expone.

Steve Jobs dijo que “la creatividad consiste simplemente en conectar cosas”. Pese a que creemos que los creadores inventan algo de la nada, Jobs asegura que incluso los conceptos más remotos surgen usualmente de combinaciones de cosas que existen. Bajo su batuta, Apple no inventó los reproductores MP3 ni las computadoras tipo tableta, sino que se limitó a mejorarlos, incorporando elementos de diseño.

¿Cómo puede mejorar la gente a la hora de establecer esas conexiones? Jobs sostiene que los mejores inventores buscan “experiencias diversas”, recopilando muchos puntos que luego pueden ligar.

La creatividad es una chispa. Puede ser exasperante frotar las dos piedras y no conseguir nada. Y puede ser increíblemente satisfactorio cuando sale la llama y una nueva idea conquista el mundo.

Por primera vez en la historia, empieza a ser posible ver cómo crear más chispas y asegurar que prendan. Con todo, debemos ser honestos: el proceso creativo siempre será difícil, independientemente de cuánto aprendamos sobre él."           (En positivo, 'Los nuevos estudios sobre la creatividad', Jonah Lehrer)

18/9/09

El cerebro de los asesinos en serie

"A mí me impresiona, por ejemplo, la velocidad con la que progresa el conocimiento del cerebro. Es apabullante. Y la sociedad no es consciente de la influencia y el debate ético que va a suponer todo lo que podremos hacer con el cerebro.

Como por ejemplo...

Podremos leerlo como una ventana abierta, saber qué piensa una persona. Podremos manipularlo, modificarlo, estimularlo, hacer ver cosas que en realidad el individuo no ve, hacer sentir cosas que no se sienten. Podremos saber cómo enseñar a los niños para que aprendan. Ahora todo lo hacemos empíricamente.

¿Podríamos modificar un cerebro física o químicamente?

También genéticamente. Haciendo que se expresen unos genes que antes no se expresaban o introduciendo unos genes que modifican un determinado circuito o haciendo que un circuito se desarrolle más que otro o reforzando una sinapsis... Ya se está aplicando al estrés postraumático con gente que ha participado en guerras como las de Irak o Afganistán. Ese síndrome impide dormir a la gente, que se despierta horrorizada porque el cerebro conserva las experiencias más traumáticas para poder evitarlas en el futuro. Gracias a ello hemos sobrevivido a nivel evolutivo. Para esa gente se ha encontrado el remedio: borrarles selectivamente ese recuerdo. El debate ético a plantear es dónde poner los límites.

Porque se puede borrar la memoria, pero también seleccionar a la gente; tener un hijo más listo, por ejemplo.

O decidir que sea músico. ¿Pero quién es usted para decidir que su hijo sea músico si a lo mejor su cerebro estaba más preparado para que fuera periodista? En un futuro será posible hacerlo o, al menos, no es una cuestión imposible o descabellada. Y, claro, los límites son muy borrosos entre la delincuencia y el éxito social, por ejemplo. No hay más que leer los periódicos. No es sencillo programar un cerebro para que uno sea banquero o asaltador. ¿Qué es Madoff? [Bernard Madoff, responsable del mayor fraude financiero de la historia].

Sí parece que hay unas diferencias más evidentes entre el cerebro de un asesino en serie y el de una persona normal.

Sí, bueno, ése es un caso muy patológico. Los asesinos en serie tienen un cerebro muy diferente. Hay una zona del cerebro, la corteza orbitofrontal, que es la última en desarrollarse y es ahí donde se establecen los circuitos que inhiben conductas impulsivas y que determinan nuestras valoraciones éticas y nuestra empatía emocional con otros. A los 18, 19, 20 años de un individuo, todavía se está engrosando esa zona cerebral. Según un estudio realizado en una prisión de Estados Unidos, el 30% de los internos tenía alteraciones funcionales graves en esas zonas. Hay gente que tiene serias alteraciones de esas partes del cerebro y que no es capaz de prever las consecuencias de sus actos. Es lo que determina la madurez."

(Carlos Belmonte: Leeremos y manipularemos el cerebro como queramos". El País Semanal, 13/09/2009, p. 26 y ss.)

29/7/08

¿Dentro de 100 años nos entenderemos?

“¿Cómo resume el descubrimiento que le valió el Oscar de Medicina en 2000? "Aprender cambia la forma como las células del cerebro se comunican entre ellas en centros específicos. El punto de comunicación se llama sinapsis, y demostré que éste puede transformarse según la forma de aprendizaje". Es decir, que los recuerdos de larga duración cambian la anatomía del cerebro.

"Aún no sabemos qué es la consciencia. Ahora comprendemos sólo del 15% al 20% del cerebro. Hemos progresado mucho, y no se resolverá en menos de cien años. Cuando yo empecé en los cincuenta, teníamos el 5%. Parecía un sueño imposible. Según mi filosofía, uno debiera tener sueños imposibles sólo si supone que los va a transformar en posibles. Dedicarse a sueños imposibles que uno sabe que no son realizables es perder el tiempo". ¿No es cuestión de carácter? "No, es estupidez". (ERIC KANDEL: "¡Ya he logrado comprender el 15% del cerebro!". El País, ed. Galicia, última, 17/07/2008)