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19/8/22

Anna Teixidor, especialista en yihadismo: «Aún tenemos muchos déficits en la detección de la radicalización»

 "Anna Teixidor (Figueres, 1978) hacía tres años que se había especializado en yihadismo cuando tuvieron lugar los atentados de Barcelona y Cambrils. Como periodista de TV3 había codirigido varios ’30 minuts’ sobre esta temática, entrando en contacto con decenas de familias musulmanas que vivían en Cataluña y habían visto cómo alguno de sus miembros se iba a Siria, y en 2016 publicó Combatents en nom d’Al·là (Ara Llibres).

Cuando se producen los atentados, para Teixidor querer saberlo todo será un proceso natural en el que se volcará hasta un extremo que superaba con creces lo que se derivaba de sus obligaciones profesionales. Después de hablar con más de un centenar de fuentes, en 2020 publica Los silencios del 17-A (Editorial Diéresis), libro que ha sido la base del documental de tres capítulos estrenado hace unos meses por Netflix en todo el mundo, 800 metros, en el que también ha estado directamente implicada.

Hablamos con Teixidor, que además de periodista también es profesora del Máster en Prevención de la Radicalización de la UB, coincidiendo con el quinto aniversario de aquel 17 de agosto que marcó un antes y un después en la historia reciente de Cataluña.

¿Por qué Barcelona?

Sabíamos que habría un atentado y que probablemente sería en Barcelona, había muchas señales de alarma y una alerta de amenaza terrorista de 4 sobre 5, pero no por ser esperado fue menos traumático. Estos grupos ya habían puesto a Barcelona en el mapa, esto se ve en algunos vídeos, pero es que en aquellos momentos los Mossos y el Ministerio del Interior tenían identificadas a un centenar de personas que se habían ido a Siria y el número fue aumentando hasta el final de la guerra. Había un núcleo de personas que sentían que tenían que ir en un momento u otro a Siria. Y a veces era gente que venía del mundo de la venta de droga. Recuerdo en un piso de Badalona, hablando con 7 o 8 chicos y todos decían que tenían que irse a Siria, y ya tenían el referente de tres personas que estaban ahí y a los cuales veían en las redes vestidas de militares y cogiendo el kalashnikov.

Y, en cambio, ningún miembro de la célula de Ripoll había estado en Siria ni parecía que hiciera tanto de tiempo que le daban vueltas al tema, ¿no?

Entre mediados y finales de 2014 los hermanos mayores de la célula de Ripoll ya se están conectando a la propaganda de grupos yihadistas, ya se están descargando materiales, e incluso en febrero o marzo de 2015 crean un grupo para hablar del islam con otros chicos de Ripoll y de la zona, en total 15 o 20. Y allí ellos ya explican que se sienten discriminados, hablan de cómo es la religión, cómo tiene que ser, del porqué sus padres no saben más de religión…, es decir, en el mismo momento que nosotros estamos haciendo reportajes por Badalona, Salt, Figueres, Vilanova i la Geltrú o Calafell ellos ya se están haciendo preguntas. Pero esto pasa en todas partes. En Ripoll, Olot, Balaguer… Todos los musulmanes se están preguntando qué está pasando en Siria y si tienen que ir o no.

¿Y esto era detectable?

En aquel momento esto pasaba en círculos muy reducidos, se lo dicen entre amigos. Pero sí que era detectable en un nivel más general. Había imanes que ante la cámara nos explican que el viernes, cuando se acaba la oración, hacen una reunión y que la gente, con unos papelitos, escribe preguntas de forma anónima, y en estas mezquitas los musulmanes ya están preguntando si tienen que ir a Siria o se tienen que quedar. Por lo tanto, el entorno musulmán sabe que hay esta inquietud, sobre todo entre la gente joven, que confía más en el que les llega por las redes sociales que en lo que se dice en la mezquita, porque todo el mundo sabe que ahí pueden haber confidentes de la policía.

Entonces, ¿qué hace diferente lo que ocurre en Ripoll de este runrún que se está cociendo en todas partes?

Hay un agente catalizador, que es el imán. De hecho, cuando se produce el atentado, nosotros pensábamos en otro pueblo, porque había varias células bajo sospecha que estaban siendo investigadas por varios cuerpos policiales. Sabíamos que en algunas poblaciones había grupos pequeños muy sospechosos de radicalización y no sabíamos hacia donde podían derivar.

¿Durante tu trabajo previo no habías contactado con los de Ripoll?

No. Con Ripoll hay un problema. Forma parte del área policial de Girona, pero de Girona a Ripoll hay más de una hora, se tiene que ir expresamente. Desde Vic sí que queda cerca, pero no forma parte del área policial de Catalunya Central y por tanto no se va.

Volvamos al agente catalizador.

Estos chicos, antes de que llegue el imán, ya están consumiendo esta propaganda yihadista, y esto se ha podido ver al analizar sus dispositivos móviles. El imán llega a principios de 2015 y se encuentra un grupo de gente que ya está interesada por este tema. No sabemos si Abdelbaki Se-Satty va a Ripoll porque sabe que hay un grupo de gente interesada o porque alguien le dice que vaya ahí porque es un lugar que está fuera del radar policial, no sabemos quién o qué le envía a Ripoll. El caso es que llega y a mediados de marzo de 2015 se crea el grupo de WhatsApp donde empiezan a cuestionarse cosas, y en el que participan otros chicos de Ripoll que después no tendrán ninguna vinculación con la célula. Pero aquí es donde Es-Satty empieza a sondear a los chicos que van a la mezquita y a encontrarse y tomar el té, y aquí es donde empieza el contacto con Younes Abouyaaqoub y Youssef Aalla, no sabemos con quién de los dos primero, y con Mohamed Hichamy.

Sabemos que hay otros chicos de Ripoll que van a estos encuentros, pero que irán siendo descartados. Y el núcleo duro serán estos tres hermanos mayores con el imán. Entonces, claro, muchos chicos podrían sentirse llamados para ir a Siria, pero hace falta alguien que pula todo el discurso, que vehicule todas las frustraciones que tienes hacia un proyecto concreto y que finalmente todo esto tome forma y se acabe materializando en un atentado. Esta figura clave es el agente de radicalización, que es Es-Satty.

¿Qué sabemos de su vínculo con el CNI? ¿En qué nos basamos cuando decimos que era un confidente?

En el hecho de que, cuando él estaba en la cárcel de Castellón de 2010 a 2014, por tráfico de drogas, recibe cuatro visitas: dos son de agentes de información de la Guardia Civil y dos de agentes del CNI. Son visitas habituales para sondear a internos y ver si pueden ser fuentes más o menos fidedignas una vez salgan de allí. El mismo CNI admite estos contactos, pero no ha aclarado qué tipo de colaboración se acuerda. Yo he localizado a individuos que estuvieron muy cerca de Es-Satty en la prisión y a los que les explicaba estos contactos. Por ejemplo, cuando sale de prisión se va a la mezquita de la Caridad de Castellón y allí conoce a dos conversos, con los que entra en una relación muy franca en su casa, y con los que habla abiertamente de la yihad, de realizar atentados, y allí dice a estos jóvenes que no le molesten, porque va a tener una conversación con estos agentes. Con uno de estos conversos, que aparece en el documental de Netflix, he tenido muchas entrevistas, para ver si estaba diciendo la verdad, e incluso le he llevado al máster de radicalización violenta, y éste lo explica claramente. O sea que Es-Satty ya sale de la prisión con una idea muy clara.

También pude contactar con uno de los compañeros de celda que tuvo el segundo semestre de 2010. Le contacté por teléfono, y decía que Es-Satty no era una persona como cualquier otra, sino que tenía un rol más importante dentro de la prisión, y que le decía que cuando te vengan a ver los de información les tienes que seguir el rollo, porque si no nos expulsarán, y para tener arraigo nos tenemos que quedar aquí. Y entonces ves que todos los compañeros de módulo que tuvo Es-Satty (salen en el sumario) han acabado expulsados de España en un momento u otro, excepto él, que consiguió demostrar el arraigo. Y lo que aconsejaba a este compañero de celda era que si le pedían colaboración, que hiciera este doble juego con la policía española para poderse quedar.

Y, en tercer lugar, por la actividad de Es-Satty cuando se va a Bélgica. Fui a hablar con el presidente de la mezquita de Diegem y este hombre explica (también lo dice en el sumario) que un día entra en la mezquita y ve que el imán está hablando en español. Cuando cuelga, y sin que el otro le pida nada, le explica que está hablando con la policía española porque allí es muy habitual que los imanes hablen con la policía y los servicios secretos. El otro queda muy sorprendido y a partir de esto es cuando se va a la policía para que mire quién es este hombre. O sea que tenemos varios testimonios que van corroborando que él mismo explica que existe esta relación.

O sea que lo que sabemos es que había una relación fluida con el CNI.

Fluida no lo sé, solo que había relación. Y tampoco podemos confirmar o descartar si él colaboraba con los servicios secretos marroquíes, porque sabemos que estos servicios tienen mucha implantación ahí donde hay comunidades musulmanas. Por tanto, esto no se puede excluir, pero no lo podemos afirmar.

O sea que hay bastantes indicios de esta relación, y de aquí algunos llegan a la conclusión que los servicios secretos españoles estaban al corriente de los planes de Es-Satty y que le dejaron hacer porque ya iba bien para desviar la atención del 1-O y que la gente sintiera la necesidad de la protección del Estado. Me gustaría conocer tu opinión sobre esta teoría.

Esto puede ser una hipótesis de trabajo, pero hoy en día no está confirmado, ni tenemos ningún elemento sobre la mesa que nos ratifique esta hipótesis. En el sumario aparecen todas las comunicaciones entre los terroristas, se han podido geocalizar (cosa que se ha hecho a posteriori, a pesar de que algún diario digital haya publicado que se había hecho con anterioridad) y gracias al hecho de que Mohamed Hichamy tenía una aplicación llamada call-recorder muchas conversaciones han quedado grabadas. Lo que pasa es que el móvil de Younes Abouyaaqoub, que sería muy interesante porque probablemente de todo el grupo era quien estaba más empoderado, no lo tenemos. Es-Satty tuvo la habilidad de empoderar mucho a los hermanos mayores. Y los que hacen viajes por el extranjero en momentos claves son los hermanos mayores. Por tanto, no podemos descartar que en alguno de estos viajes este empoderamiento venga de haber establecido contactos con otra gente.

¿Estos viajes cuando se producen?

Hay uno el 11 y 12 de agosto, a Francia, cuando van a ver la torre Eiffel y hacen un reportaje fotográfico, y todavía en los meses previos ya habían ido ahí, y Es-Satty a finales de marzo de 2017 se va dos días entre semana a Bélgica. Es muy curioso, porque allí se ha intentado reseguir sus pasos sin demasiada fortuna, pero cuando regresa sí que se ve claro que se aceleran los preparativos de los atentados. Es decir, cuando él vuelve de Bélgica la decisión ya está tomada.

Pero parece una obviedad que el atentado de las Ramblas fue una improvisación, como consecuencia de la explosión de Alcanar, y que tenían en mente otros objetivos.

Sí, pero cuando uno está radicalizado tiene esto en la cabeza continuamente, no le deja de dar vueltas, mientras reza, lee libros y consume propaganda. Antes de los atentados, esta gente que iba a Siria y con quién yo hablaba me llamaba a cualquier hora del día para hablar. Con esto quiero decir que los miembros de la célula de Ripoll tenían planeada otra cosa, pero seguramente habían pensado en muchos planes b, seguro que se había hablado de lo que harían si fallaba algo. Este converso de Castellón te lo explica. Dice que hubo una temporada con Es-Satty que todo el día era hablar de esto. Y este chico se va un tiempo a Alcanar, en 2016, cuando todavía no estaban haciendo los explosivos, y está con estos chicos, y te explica que todo el día hablaban de esto.

De hecho, ya había un precedente de atentado terrorista con un camión en Niza.

Se ve claro que es a la desesperada y que lo quiere hacer solo para dar ejemplo a los demás de lo que tienen que hacer, porque los demás estaban de camino, y Mohamed Hichamy estaba en la misma carretera que Younes yendo hacia Alcanar. Pero Younes no espera a nadie, da media vuelta y se va hacia Barcelona. Por tanto, estaba muy empoderado y por eso es difícil que no hubieran conexiones internacionales de este atentado.

Lo que se ha deducido es que querían hacer ataques coordinados y/o consecutivos, a la Torre Eiffel, la Sagrada Familia y el Camp Nou. Y lo que dicen quienes entienden de explosivos es que el TATP es tan volátil que quizás no habría llegado ni a la furgoneta. Es cierto que fueron a comprar congeladores, pero habría podido explosionar antes. Y con el calor que hacía en agosto, un viaje tan largo… por eso se ve a un grupo muy amateur. ¿Hasta qué punto esta gente estaban bajo el auspicio de una organización más grande?

¿En otros atentados yihadistas en Europa se ha visto este nivel de amateurismo?

En los atentados estamos muy acostumbrados que el primer y el segundo día hay seguimiento de los temas y que una vez se termina la investigación ya no hay seguimiento, pero en todos los casos –esto lo decía la Dolores Delgado cuando era coordinadora fiscal– siempre se encuentra a una persona que enlaza con otra operación, o sea que hay una red.

¿Y en el caso de Barcelona falta el vínculo?

Hoy en día, la conexión no la sabemos, pero hay estos desplazamientos.

Otro de los debates recurrentes es si se ha investigado lo suficiente o no. A menudo se oye decir que “no lo han querido investigar” porque no se abrió una comisión de investigación en el Congreso, que en cambio sí que se abrió con el 11-M. Pero claro, decir que no se ha investigado cuando ha habido toda una investigación policial y judicial… ¿Cómo lo ves?

Yo me fui a mirar la comisión del 11-M en el Congreso con muchas expectativas. Y también me miré la comisión de investigación del 17-A que se hizo en el Parlament de Catalunya. Y la palabra en ambos casos es “decepción”. Estas comisiones de investigación están hechas por políticos y al final cada partido hace sus propias conclusiones de acuerdo con sus dictados o intereses ideológicos.

Una de las primeras preguntas que te haces como periodista es: ¿quién está detrás de esta investigación? ¿Quién lleva esto? Yo he podido conocer a varias personas que llevaban la investigación policial y he visto a personas muy honestas, que no estaban marcadas políticamente, al contrario, que no querían entrar en ningún tema político. De hecho, en los Mossos hay un protocolo por el que ya está claro quién tiene que ser la persona que lleve la investigación de un atentado terrorista antes de que ocurrra. Y he hablado con esta persona y te explica que después de un año se dio cuenta de que su hijo había crecido. De la intensidad y de cómo se tuvo que volcar en la investigación. Piensa que hay momentos en que hay 200 personas trabajando en la investigación y que se doblan turnos de seguridad ciudadana. Y después esta persona, con todo su equipo, estuvieron trabajando durante los dos años que dura la instrucción. A toda esta gente la veo honesta. No hablo de cúpulas policiales ni de mandos, sino de la gente que hizo la investigación. Y esta gente asegura que han intentado ir hasta el fondo de la cuestión. Durante el juicio vi intereses políticos por parte de alguno de los abogados de las acusaciones, con la estrategia de cuestionar algunas cosas.

La policía no abona la teoría de la conspiración.

No, ni la cúpula policial tampoco, que sí que está marcada políticamente. El mismo Trapero tampoco, al contrario, cuando ha hablado con Javier Martínez y su entorno les ha dicho “no vayáis por aquí”. ¿Que la fiscalía o el juez instructor tenga más o menos interés en investigar algún tema concreto? Pues sí, evidentemente. Con el juez Andreu he hablado bastante y en la última entrevista que hicimos para Netflix decía que creía que no se había cerrado el tema con Es-Satty, y que con el tiempo sabríamos más cosas. Nos sorprendió mucho que dijera esto, y que por lo tanto reconociera que es un capítulo abierto.

¿Tuvieron buena acogida los reportajes de Netflix?

La repercusión es grande, porque se traduce a 50 lenguas y se puede ver en 192 países. Ahora bien, es un tema incómodo, que no ves un sábado por la noche cuando te quieres distraer y por tanto es muy difícil que pueda estar de manera consecutiva entre los documentales más populares de Netflix. Lo estuvo durante los primeros quince días y después fue bajando.

Me refería más a la acogida entre los mismos interesados, puesto que en el reportaje estos interrogantes que alimentan las teorías conspirativas no se destacan mucho.

Se hizo un pase privado con las víctimas y todo fue en positivo y todos estuvieron agradecidos, también Javier Martínez. Porque lo que sienten las víctimas es que se las ha olvidado. Ser víctima del terrorismo es muy chungo, pero una vez ha pasado lo que les da pánico es que todo aquello se olvide. Que se olviden los muertos y que se olviden las personas a las que todavía les cuesta salir de casa por aquello. El hecho de que Netflix les acogiera en una serie documental de tres capítulos, que aquello quede fijado, que lo pueda ver todo el mundo, porque hay muchas víctimas extranjeras, para ellos es un alivio, y por tanto lo vieron en positivo. Diría que los Mossos también, porque es un escaparate internacional y también han salido reforzados.

¿Y la comunidad islámica, supongo que también?

Bueno, las comunidades islámicas de Ripoll no quisieron salir en el reportaje. Y ahora, de cara al aniversario, tampoco quieren hablar. La asociación musulmana Annour [la segunda que contrató a Es-Satty] ha hecho una mezquita nueva, más grande, pero la jornada de puertas abiertas no la quieren hacer hasta septiembre. No quieren que se les estigmatice.

¿Mantienes todavía contacto con la comunidad de Ripoll?

Yo me leí todo el sumario, leí todas las declaraciones y me fui a encontrar con todo el mundo, fui a ver a cada persona, estuviera en Marruecos, Bélgica, Cataluña o cualquier zona de España, pero la parte más importante fue en Ripoll. Allí iba cada semana, sobre todo para conocer a las familias directas, y después para conocer a otra gente de ahí, a ver qué te explicaba. Y sobre todo era esencial ir a encuentros de mujeres en comedores de casa. Lo importante con las personas musulmanas es llegar al comedor de su casa, que te abran la puerta, te inviten a un té y a partir de aquí puedas hablar. El hecho de ser mujer te permite poder entrar en casa de alguien, hablar con mujeres, y como que tampoco está mal visto, también puedes hablar con chicos, aunque es más difícil. Y en Ripoll nadie quiere que se vea que estás hablando con una periodista o alguien de fuera.

¿Tú te presentabas como periodista?

Eso siempre.

¿Y te costó mucho entrar en estos comedores?

Es difícil, porque no puedes llamar la puerta y presentarte. A lo largo del tiempo he podido tener contacto con cuatro de las cinco familias. Hay una que está muy cerrada y ni siquiera quiere saber nada de los servicios sociales. Y también hay diferencia entre quienes tienen los hermanos muertos y quienes los tienen vivos y en la cárcel. Piensa que en Ripoll han sido investigadas una veintena larga de personas que no han sido detenidas, también hermanos y hermanas. Poco antes de cerrar la instrucción todavía se les volvió a llamar ante los Mossos para presionarles, a ver si decían algo que no habían dicho previamente, pero al final todos quedaron en libertad sin cargos. En aquellos momentos todo el mundo vigilaba lo que decía por el móvil, y hubo gente de la mezquita que hizo ver que prácticamente no conocía a estos chicos ni se hablaba con Es-Satty, cuando después, por la triangulación de los móviles, se vio que había tenido mucha relación y tuvieron que rectificar sus declaraciones.

¿Qué hay de la teoría según la cual Es-Satty todavía puede estar vivo?

Aquí todo el mundo busca un chivo expiatorio. Y para la comunidad musulmana de Ripoll, una de las vías de escape ha sido pensar que aquí detrás había el Estado y el CNI, y que los han puesto en medio de un problema que tiene que ver con el independentismo y que ellos no se podían dar cuenta de nada porque esto era un complot que iba mucho más allá. El caso es que en Ripoll no se ha hecho una reflexión clara en el seno de la comunidad sobre lo que ocurrió. La gente joven, que eran amigos de estos chicos, no ha recibido ninguna reflexión sobre el porqué de este imán. Hay amigos de estos chicos, amigos muy próximos, que todavía ahora están muy desorientados, no entienden qué ha pasado, ni por qué si eran tan buenos amigos no les invitaron a participar en todo aquello. Y aquellos días previos vemos que hay al menos tres personas próximas a estos chicos que dejan Ripoll. Uno se va a Alemania y no ha vuelto. Este ha sido sometido a una vigilancia importante. Hay otro que era muy amigo de los más jóvenes que se va a casa de una hermana en Francia. Y hay un tercer chico de 17 años que se va con unos parientes, y la madre no entiende por qué, y después del atentado llama a su madre y le dice que se había ido porque veía y oía cosas que no le gustaban. Pero después, cuando le preguntas qué cosas, dice que veía a Es-Satty medio dormido y que su amigo hacía distinciones entre los musulmanes fieles e infieles…

No parece que esto sea motivo para largarse.

Este chico tiene la particularidad de que toda su formación religiosa la hizo en Marruecos, porque llega a Ripoll con 16 años. Por tanto, está más capacitado para no hacer seguidismo de Es-Satty.

Me parece que no me has dicho si hay alguna posibilidad de que esté vivo.

Yo no lo sé. Pero cuando se hacen las pruebas de ADN no se coge solo un resto humano, sino muchos, y en Alcanar encuentran muchos y los Mossos lo que dicen es que cogieron una túnica que encontraron en el piso de Ripoll y en su furgoneta que tenía en La Ràpita y lo compararon. Los Mossos tenían la duda inicialmente y después de todo esto lo descartaron totalmente. Pero sí que hay algunos elementos, que si quieres hablamos, de cosas que hoy no tienen explicación.

Pues hablemos.

Hay unos testigos franceses que estaban en una casa junto al chalé de Alcanar que tras la explosión ven una furgoneta que se va. Ahora bien, no te saben decir ni el modelo ni el color, ni mucho menos quién había dentro. Los Mossos miraron las cámaras de vigilancia de la carretera, lo que pasa es que estaban en una urbanización aislada, y de la que te puedes ir por muchos caminos, y estoy segura de que esta gente habían calculado ya todos los caminos, porque el converso nos dice que Es-Satty decía que un mujahidin siempre tiene que dormir con el chaleco explosivo puesto por si viene la policía. Por tanto, seguro que sabía todos los caminos en los que no había cámaras de vigilancia.

La segunda cosa es que la furgoneta de Es-Satty se encuentra en La Ràpita. Aunque también puede ser por muchos motivos.

¿Te parece que la radicalización de aquel momento está ahora más atenuada, o esto es un espejismo?

En aquel momento se estaba creando un Estado, el autodenominado Estado islámico, con un territorio, moneda propia… era una causa muy concreta. Esto se ha derrumbado. Y esto ha hecho que el llamamiento hacia un territorio real se haya apagado. También ha habido la pandemia. Pero todavía últimamente en Cataluña ha habido tres detenciones por este tema y de momento no se ha bajado la alerta terrorista de 4 sobre 5, y por lo tanto todavía es una preocupación importante que debería haber en Cataluña. Lo que pasa es que otro atentado tanto puede ser que sea de raíz yihadista como que sea por extremismo de derecha. Hablo a nivel europeo, no solo catalán.

¿Quieres decir que se está detectando que se está radicalizando mucho el mundo de la extrema derecha?

Hay un auge del supremacismo. Hace un par de años hubo una operación en Lleida, con la detención de un grupo que estaba en una masía aislada y que seguía toda la doctrina del nacionalismo blanco supuestamente con base científica. Consideraban que la actual clase política quería perjudicar a los blancos favoreciendo la llegada de la inmigración clandestina.

¿Podrías hacer un resumen rápido de qué errores no se tendrían que volver a cometer?

Lo primero es que ni en Ripoll ni en otros puntos de Cataluña no había ni hay una concienciación lo suficientemente clara de lo que es un proceso de radicalización. Nos pensamos que no va con nosotros. No hay ningún organismo que no sea policial al que pueda acudir un padre, una madre o un hermano para explicar que mi hijo se está radicalizando. Porque si tú vas a la policía y lo denuncias, inmediatamente se abre una investigación, y a veces hay padres, hermanos o amigos que no quieren algo así, lo que quieren es actuar con discreción para que esto no acabe siendo un delito.

¿Los técnicos de integración social no realizan esta función?

La mayoría de los técnicos que había en Ripoll en 2017 han dejado lo que estaban haciendo en aquel momento, por agotamiento emocional, porque la administración no les ha apoyado, porque el dinero que se dijo que se invertiría en Ripoll y su entorno no ha llegado, porque se sienten frustrados… Como mínimo seis han dejado el trabajo o están haciendo otras tareas dentro de la administración, por todo el desgaste de estos cinco años. Dos de las técnicas que más trabajaron han hecho un libro sobre el impacto que aquello supuso para Ripoll, desde la visión de la psicología, y no lo publican.

¿Por qué?

Porque creen que la sociedad hoy no es lo suficiente madura para encarar este debate. Y porque lo han hecho en horas libres, sin el apoyo de la administración. De hecho, la administración no quiere cuestionar en ningún momento el modelo de integración y convivencia que tenemos en Cataluña.

Sigamos con los errores que no se tienen que repetir.

Los que únicamente están haciendo cosas son los Mossos d’Esquadra, que han ajustado protocolos, pero la mirada tiene que ir más allá de los Mossos, aunque ellos ahora introduzcan los educadores sociales, a los que también están formando. Yo creo que la tarea de neutralizar discursos extremistas no lo tendría que liderar la policía, se tendría que hacer desde un organismo civil.

Hay amigos de estos chicos con depresiones profundas y que todavía lloran a moco tendido cuando hablan de ellos. Y hay unos cuántos, de estos que han sido investigados o detenidos, que un año después han colgado la foto de su amigo en instagram diciendo que lo añoraban. A veces nos preguntamos: “¿Cómo puede ser que pasara tan desapercibido?” Es que no pasó tan desapercibido, todo el mundo vio que la gente hacía vida aparte, pero no supieron traducir lo que veían en lo que podía ser. Yo creo que los padres sabían muy poco, pero cuando todo esto pasa ¿qué lectura hacen los padres? Porque ahí también hay hermanos y sobrinos pequeños, y todos viven en Ripoll. ¿Y qué lectura harán estos hermanos y primos de lo que hicieron los terroristas? Todo esto para decirte que sí que era importante trabajar con el entorno.

Has comentado que la administración no ha hecho todo aquello que dijo que haría.

Creo que el 17-A no ha servido para tomar nota de las lecciones que tendríamos que haber aplicado después del 17-A. Han pasado cinco años, pero todavía tenemos muchos déficits en la detección de la radicalización y en los protocolos que se tienen que seguir, porque son excesivamente policiales. Todavía no tenemos suficientes herramientas para detectar estos procesos de una manera discreta, y que la gente pueda tener confianza para pedir consejo sobre ello. Hemos tenido la pandemia, que también ha hecho que estos temas pasaran a segundo plano, y al final del 17-A solo hablamos en agosto, y ahora porque es el quinto aniversario, pero en el sexto o séptimo no sé si hablaremos de esto. Los supervivientes tienen mucho interés en continuar haciendo el acto que hacen en la Rambla cada 17 de agosto, que para ellos es una necesidad, pero por ejemplo este año el Ayuntamiento de Ripoll ya no quiere hacer declaraciones sobre este tema y el de Cambrils ya no lo quería hacer el primer año."               (Victor Saura, La Marea, 17/08/22)

8/6/17

Por qué no pillan a los yihadistas antes de los atentados: una teoría social

"Después de cada atentado, hay una serie de prácticas y de afirmaciones que se repiten insistentemente. 

Una de ellas, quizá la más perturbadora, y lleva ocurriendo así desde el 11-S, es que quienes cometieron los atentados estaban bajo el radar de los servicios de inteligencia y de seguridad. Había alertas evidentes de que eran personas potencialmente peligrosas, y aun así no se las investigó o no se las sometió a vigilancia.

Los atentados, por más que sean frecuentes, siempre resultan traumáticos. Para lidiar con ese estado anímico, los gobernantes, que deben dar respuesta ante una población alarmada, tienen una fórmula invariable: insisten en la unidad y en que no nos vencerán, organizan actos de homenaje y prometen ser firmes contra las amenazas futuras. 

May no ha hecho algo distinto, pero ha añadido que, en esa necesidad de protección frente a un peligro demasiado frecuente, hay que hacer más cosas, fundamentalmente endurecer la legislación y ser mucho menos tolerantes con los extremistas y la difusión de sus ideas, lo cual suele llevar no a controlar a los radicales sino a poner el foco en la mayoría de la población, con los riesgos que conlleva.

Esta es otra de las cosas típicas, como es poner el acento en los lugares equivocados. El problema en el Reino Unido no es de legislación, como tampoco lo es en España. Con el tipo de atentados que están ocurriendo, ¿qué legislación se quiere implantar para impedir que tres personas cojan una furgoneta y acuchillen a quienes encuentran a su paso? ¿Qué clase de peso coercitivo van a tener las leyes respecto de gente que ha decidido inmolarse?

El terrorista, hoy

Este es un punto crucial, porque la tipología del terrorista ha cambiado también, lo que hace más difícil anticipar los atentados, máxime cuando el bajo coste de los mismos les permite autofinanciarse. 

Según 'La evolución del perfil del yihadista en Europa', documento del Instituto Español de Estudios Estratégicos, la gran mayoría de quienes llevan a cabo estos actos criminales son europeos, hijos de emigrantes, cuyos padres suelen ser oriundos de Marruecos, Argelia, Túnez, Malí o Somalia. Pertenecen a la clase media baja, y abandonaron pronto los estudios, o si llegaron a la universidad, se marcharon antes de licenciarse. 

A menudo están vinculados a la delincuencia y al consumo y tráfico de drogas. O tienen trabajos precarios o se ganan la vida trapicheando. La desestructuración familiar, una de las causas supuestas de esta clase de violencia, no está presente en su perfil, y tampoco las enfermedades mentales. Son personas que se radicalizan tras su paso por la cárcel, en las mezquitas o simplemente a través de las redes.

Pero a estas características se suma una novedosa, que Enzensberger atisbó en 'El perdedor radical', y que alude a una especie de resentimiento acumulado que encuentra salida en esta violencia indiscriminada. Pero esto no es exclusivo del terrorismo yihadista, y lo vemos en otras sociedades, por ejemplo en la estadounidense. 

El pasado martes, cinco personas fueron asesinadas en Orlando: un antiguo trabajador de la empresa regresó armado y disparó al que se encontró por allí. Este tipo de actos son bastante frecuentes en la sociedad americana: pueden ocurrir en colegios, universidades, centros de trabajo o en discotecas. Todavía no se han encontrado explicaciones satisfactorias, y menos aún formas de preverlos en un mundo donde las armas de fuego están al alcance de cualquiera.

No es retórica

La frustración, la ira o el deseo de venganza son elementos que siempre salen a relucir, pero que todavía no nos permiten entender bien qué ocurre. Son actos sorpresivos que parecen anclarse en un punto nihilista: como si alguien no aguantase más y decidiera que lo mejor es acabar con todo el que se cruce en su camino.

 Ese sentimiento que lleva a que te dé todo igual, esa expresión tan típica de “me hacen eso y me llevo a 15 por delante” que tantas veces hemos oído en conversaciones informales, es lo que hace especialmente difícil prever los atentados terroristas. Solo que, en estos casos, dejan de ser amenazas retóricas.

La violencia terrorista de los últimos tiempos tiene mucho que ver con esto, solo que esa rabia existencial encuentra además una justificación. Son hijos de una clase media baja que han tenido muchas menos opciones de las que sus padres les dieron a entender, que van acumulando resentimiento, y que encuentran una explicación en esta separación radical entre ellos y nosotros que los radicales forjan.

 De pronto son conscientes de que hay un mundo perverso y pervertido, el de los occidentales, que justifica las acciones de venganza: ellos, que tienen dinero y viven bien gracias a nuestro sufrimiento, tienen una cuenta que pagar. 

El extremismo religioso les ofrece un sentido y una justificación para llevarlas a cabo que excede de lo personal, como si el vengador estadounidense encontrase una bandera con la que arroparse. Son estos perfiles los que hacen mucho más complicado prever los atentados futuros, además de que son baratos y fáciles de llevar a cabo.

Cuando la vida se agota rápido

Desde luego, hay que ser más intolerante con los discursos del yihadismo y con las personas que los difunden, pero mucho más con el contexto que los produce. Una situación en que la gente tiene escasas opciones de futuro lleva a una violencia en la que la vida se agota rápido.

 Puede ser como en Latinoamérica, donde las bandas ligadas a la droga han tomado el papel del Estado en muchos territorios, como en muchos países africanos, donde la pobreza es la primera causa del auge de los yihadistas, en las ciudades estadounidenses cuyos barrios están despoblados, o en la Europa de los sin futuro. En el fondo, todo es un poco lo mismo: ante la ausencia de futuro, se escoge la vía de la violencia, ya sea para tener más bienes materiales o simplemente como acto de venganza.

La paradoja final es que el mismo contexto de falta de recursos y de precariedad, que desestructura ciudades y países, y que es el abono esencial de ese nihilismo, impide también que las fuerzas de inteligencia hagan su trabajo de forma eficiente. Casi todos los terroristas estaban bajo el radar de los servicios de inteligencia y de las fuerzas de orden público. 

Y el caso británico es ejemplar, porque después de haber sido denunciados por personas que iban con ellos a la mezquita, su caso no fue seguido. La explicación ha sido sencilla: si hay 3.000 radicales sospechosos, solo tienen personal y recursos para poner el foco en 300. Los recortes son así, y afectan en todas direcciones.

 De modo que, además de querer prohibir por ley que la gente se inmole, no estaría de más llevar a cabo otro tipo de políticas que generen mejores expectativas vitales. Eso haría no solo que el nihilismo fuese menos frecuente, sino que la sociedad estuviera mucho más cohesionada frente a quienes tratan de desestructurarla."                    (Esteban Hernández, El Confidencial, 07/06/17)

5/6/17

¿Qué es lo que sabemos exactamente, tras dos décadas de terrorismo islámico?

"Enmudece la voz, se agotan las palabras, las lágrimas se secan, el horror anida en nuestra vivencia y se hace imagen rutinaria sin que, aparentemente, podamos detener ese vértigo de destrucción que nos conduce a la negación de lo humano. O tal vez a la supremacía de esa humanidad destructora que todos llevamos dentro.

 Y sin embargo, sabemos todo. Sabemos quiénes se hacen terroristas y por qué. Sabemos cómo lo hacen. Y sabemos que la necesaria represión policial y las innecesarias guerras de exterminio alimentan la espiral de odio y violencia en todos los ámbitos de nuestras vidas. Y es que nuestra práctica institucional utiliza lo que sabemos para fines que tienen poco que ver con atajar el terrorismo.

Por ejemplo, para ganar elecciones mediante la exacerbación de xenofobia e islamofobia. Como ha hecho Trump e intentó Le Pen. O para controlar el petróleo de Oriente Medio. Como hicieron Bush, Blair y Aznar invadiendo Irak y desestabilizando el país para siempre, mediante la mentira de las armas de destrucción masiva. O para destruir la convivencia abriendo vías al autoritarismo. Como hizo Putin cuando asumió el poder en medio de la emoción de un atentado mortífero en Moscú atribuido espuriamente a chechenos.

Pero ¿qué es lo que sabemos exactamente, tras dos décadas de terrorismo islámico?

Los terroristas son jóvenes musulmanes radicalizados, que rechazan los valores dominantes de la sociedad en que viven, se solidarizan con sus correligionarios en Oriente Medio y se sienten parte de un movimiento global para defender al islam. La inmensa mayoría de los terroristas en Europa son europeos, nacidos y criados en nuestros países y ciudadanos de su país. Pero son una ínfima minoría de la comunidad musulmana.

 Los 19 millones de musulmanes que viven en la Unión Europea (1,6 millones en España) en su inmensa mayoría condenan el terrorismo, siguen las normas de convivencia y simplemente piden respeto a sus valores y tradiciones. Solamente unos mil han sido detenidos por posible radicalización. Y hay que recordar que el peor terrorismo islámico ocurre en países musulmanes.

 Ha habido cien veces más víctimas musulmanas que víctimas cristianas. Aun así, el pavor que suscita el terrorismo indiscriminado está teniendo un efecto profundo en nuestro modo de vida. El miedo cotidiano corroe la convivencia. Y aunque los radicalizados sean una ínfima minoría, aumentan en cantidad y en velocidad de su radicalización, a partir de la conexión creciente entre Oriente Medio y lo que sucede en Europa.

La adhesión al Estado Islámico es más mental que organizativa. La imagen de columnas de combatientes avanzando en Irak y Siria y derrotando a ejércitos apoyados por los poderes mundiales suscita el entusiasmo de los jóvenes que buscan en el proyecto purificador del yihadismo, incluido el martirio, el sentido de una vida que se les escapa, faltos de integración cultural en las sociedades europeas.

Aunque busquemos conexiones organizativas porque nuestra policía está entrenada para esto, las bombas se fabrican en casa, aprendiendo por internet o con consejos y materiales facilitados por redes clandestinas que han ido formándose a lo largo del tiempo. Redes que se reconfiguran constantemente en función de un ideal que se reproduce bajo distintas siglas, de Al Qaeda al Estado Islámico. 

Mientras las fuentes de radicalización aquí y de guerras diversas allí no se eliminen, no habrá policía capaz de impedir que un camión se precipite en un paseo o que un asesino con un cuchillo degüelle a inocentes o que una bomba de clavos con una carga de productos químicos domésticos mate y mutile a niños en la alegría de un concierto. Pero como algo hay que hacer y lo más fácil es hacer lo de siempre, poco a poco entramos en una vida dominada por el miedo en que el espacio público pasa a ser militarizado. 

Si la acción policial no es suficiente, aun apoyada por el ejército, ¿cómo prevenir la destrucción y la muerte? Se habla de integración de las comunidades musulmanas. Pero ello requiere una voluntad política, apoyada por la ciudadanía, que implica una tolerancia cultural y social profunda, que se contradice con la hostilidad creciente después de cada atentado.

 La crisis educativa y laboral de los jóvenes musulmanes discriminados requeriría darles una prioridad que los ciudadanos rechazan. Y el sentimiento de humillación y marginación que muchos sienten no se apacigua con buenas palabras.

Por otro lado, la anulación de la referencia simbólica en Medio Oriente exigiría una victoria militar que buscan Trump y Putin en este momento, pero que es improbable porque llevaría a nuevas invasiones y más gastos en vidas y dinero que los ciudadanos occidentales no están dispuestos a aceptar: “Que se maten entre ellos”, es la actitud general. 

Y las medidas más eficaces contra el EI no se contemplan. En concreto, se supone que el reino y los emiratos de la península Arábiga financian indirectamente las huestes islámicas (por eso no sufren ataques), pero son aliados esenciales de Estados Unidos que no se pueden tocar.

En esas condiciones, algunos dicen que “sólo nos queda rezar”. Pues no es mala idea, no sólo por el valor de la plegaria, sino como estrategia. Porque hacer una alianza de líderes religiosos cristianos y musulmanes por la paz y la vida puede ser más eficaz que las bombas con respecto de un movimiento de referencia religiosa, deslegitimando el terrorismo.

 En eso está desde hace un tiempo la Comunidad de Sant’Egidio, en colaboración con el papa Francisco y con su equivalente suní, el rector de la mezquita Al Azhar de El Cairo, adonde fue Francisco hace unas semanas. Sólo la paz de las mentes puede lograr la paz en el mundo. Porque todo lo demás está fracasando y arrastra en su fracaso nuestra forma de ser."                 (Terrorismo incesante, de Manuel Castells en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 27/05/17)

5/4/16

El terrorismo en la España democrática ha sido un factor determinante en la historia de nuestros últimos cincuenta años. En todos los sentidos. Eso puso a prueba todo y a todos

"(...) Siempre he sostenido que la larga existencia del terrorismo en la España democrática ha sido un factor determinante en la historia de nuestros últimos cincuenta años. En todos los sentidos. Su existencia ha atravesado todo el tejido social, político, educativo, condicionando, influyendo o modificándolo perversamente.

La Comunidad Autónoma Vasca, Euskadi, ha sido un laboratorio para España. Un laboratorio en el que se han puesto a prueba las más delicadas actitudes políticas, sociales, ideológicas y, llevadas al extremo, las actitudes cívicas.

 La falta de racionalidad, coherencia y pensamiento crítico, la merma del sentido de la autoridad, del compromiso o de la concienciación social y el asentamiento del sectarismo, el relativismo y la fascinación por lo identitario, crearon corrientes de comportamiento de efectos contagiosos que se extendieron geográficamente al resto de España y aún hoy perduran.

Los políticos, los artistas, los profesionales, los profesores, la policía, el ciudadano, la derecha y la izquierda, ricos y menos ricos, todos nos vimos envueltos en situaciones críticas, en tomas de decisiones marcadas por el miedo, por el oportunismo o la confusión.

España sufrió un continuo examen en profundidad a sus valores provocado por una actitud violenta envuelta en una ideología extremista a la que no ha sabido responder de la misma manera que a otra a la que sí se empeñó en eliminar y lo consiguió, a la de extrema derecha.

La impaciencia política

La impaciencia política ligada a la tendencia a la baja del mantenimiento de los grandes valores democráticos llevaron a repetidos intentos negociadores, a la búsqueda de atajos, cuyo resultado no sólo no sirvió para su bienintencionado propósito sino que fue socavando los cimientos de una sociedad que pretendía hacerse madura y sólida democráticamente.

La impaciencia condujo a continuas cesiones a los nacionalismos porque se dio por bueno el argumento de que a más autonomía menos violencia, y a pesar de haberse revelado como tenazmente falso, se consiguió crear una injusta rutina política que premiaba cualquier solicitud nacionalista respecto a las demás.

Este ha sido un país en el que se admitía como opinión respetable que tras un asesinato se acusara al gobierno de turno en vez de únicamente a los asesinos.

 La política actual es el resultado de las respuestas que se dieron y de las que no se dieron a tantos años de terrorismo ultranacionalista, de la blanda actitud ante tantas provocaciones, de las concesiones o ambigüedades respecto a la ideología que inspiraba a los asesinos, de la atención desbocada por sus pretensiones, por integrarles en la sociedad en lugar de perseguirles con la fuerza de la ley, de la injusta actitud frente a las víctimas que iban dejando año tras año. 

Ahora se va recogiendo el destilado de todo ese tiempo oscuro de actitudes poco defendibles.

¿Qué queremos?

¿Qué queremos si, mientras unos morían otros, en su mismo partido se forraban, si mientras unos morían, su mismo partido negociaba con los asesinos, si se premiaba a una comunidad cuyo partido contemporizaba con los asesinos? 

¿Qué queremos si a los (no muchos) que se la jugaron plantándose en primera fila contra el terror, se les recuerda como reaccionarios, si a los que dieron la cara en ayuntamientos, universidades, foros cívicos, parece que se les ha premiado únicamente con su supervivencia?

¿Qué queremos si se ha permitido a los simpatizantes de los terroristas que nos den sus mismos discursos de siempre desde las tribunas públicas?

España es como es, los españoles somos como somos por cómo nos comportamos frente a ese gran problema que nos tocó en suerte: la lucha contra el terrorismo de corte nacionalista y la gestión de sus víctimas. Eso puso a prueba todo y a todos. 

Los españoles somos como somos hoy por la despreocupación con que se pensó que Euskadi estaba lejos y que sería difícil que a otros les tocara de cerca, que aquello terminaría enseguida, tras cualquier mesa de negociación, tras unas pocas cesiones y silenciando a las víctimas.

Lo que podría haber dado como resultado el asentamiento de valores como la solidaridad, la piedad, la justicia, generó un agujero propicio para el relativismo, el infantilismo y el vicio de mirar para otro lado.  (...)"                 (Iñaki Arteta, Libertad digital, 21/03/16)

28/3/16

Los salafistas tratan de enfrentar a los musulmanes con el resto de la sociedad y eso no tienen ningún fundamento teológico

"Hocine Benabderrahmane es un conocido imán reformista de Bruselas que se siente derrotado. Historiador, de origen argelino, piensa que los salafistas están ganando la batalla, que si el islam no se reforma se estrellará contra un muro y que hace falta deconstruir el discurso extremista con argumentos teológicos. 

Benabderrahmane dirige un centro de reflexión islámica y da cursos para jóvenes en las mezquitas de todo Bélgica. “Todos los días veo chicos radicalizados que creen que solo hay una versión del islam”, se lamenta.

 
Pregunta. ¿Cómo es posible que haya tantos jóvenes musulmanes en Europa que crean a pies juntillas la distorsión del islam que propaga el Estado Islámico?

Respuesta. Desde los años ochenta, el islam europeo ha estado representado fundamentalmente por la escuela salafista y la de los hermanos musulmanes. Esa base teológica clásica nunca se ha cuestionado. 

Los imanes aquí imitaban a los de Arabia Saudí, empeñados en aislar a los musulmanes del resto de la sociedad. Han ido imponiendo fatuas [edictos] como las de que dar la mano a una mujer o decir a tu vecino feliz navidad es haram.

 Ese es el discurso que ha escuchado la juventud europea y para ellos eso es el islam. Empiezan a autoimponerse reglas que el islam no ordena porque creen que ese es el islam verdadero. 

Ese es el inicio de la radicalización y el movimiento yihadista se apoya en estas ideas. Los grupos radicales las instrumentalizan a favor de su causa. Todos los días veo chicos radicalizados que creen que solo hay una versión del islam.

P. ¿Qué hace que den el paso de la ideología salafista al terrorismo?

R. Ahí es donde entra en juego el reclutamiento que se hace en familia, entre amigos o a través de Internet. Es cuando empiezan a considerar el discurso de las mezquitas y de las instituciones ilegítimo. La mayoría son jóvenes ignorantes, que no conocen el islam.

P. ¿Cómo se les puede frenar?

R. Hay que hacer una deconstrucción de sus ideas con argumentos teológicos. Hay que hacer un trabajo de fondo para desmontar las ideas de la yihad, del martirio. La familia de Bilal Hadfi [uno de los terroristas suicidas de París] me vino a ver después de los atentados de París y me preguntó si su hijo era un mártir. Les dije que ni hablar, que era un criminal y punto.

P. ¿Están los imanes europeos en condiciones de hacer ese trabajo?

R. La mayoría de los imanes no se enfrentan ni conocen la realidad social. Para empezar porque no son europeos y porque importan fatuas de otros países, a miles de kilómetros de distancia y con una realidad social totalmente diferente.

P. Ustedes, los reformistas, ¿están perdiendo la batalla?

R. Sí. El discurso salafista ha conseguido deslegitimar a los imanes de las mezquitas. Hay que restablecer al confianza de los jóvenes, pero para eso, los imanes tienen que tener más nivel.

P. ¿Es necesaria una reforma del islam?

R. Es inevitable. Sin una reforma jurídica, de interpretación de los textos, nos estamparemos contra un muro. Tenemos que evolucionar al ritmo del resto de la humanidad. En el islam hay muchas voces progresistas, pero están dispersas. El islam tradicional está ganando la batalla y cada vez tiene más fuerza.

P. Los extremistas se alimentan de la confrontación y la creciente separación entre musulmanes y no musulmanes.

R. Ese es el gran caballo de batalla. Los salafistas no tienen un discurso de cohesión social, al contrario. Tratan de enfrentar a los musulmanes con el resto de la sociedad y eso no tienen ningún fundamento teológico. El discurso salafista ha lanzado una OPA sobre el islam.

P. ¿Qué le dice usted a los jóvenes que quieren irse a Siria para ayudar a sus hermanos musulmanes?

R. Que cuando el pueblo sirio se levantó [2011], no pidió el establecimiento de la sharía [ley islámica], pidió la libertad y la caída de Bachar el Asad. Yo les digo que Daesh nunca ha servido al pueblo sirio ni iraquí, que el único que se ha beneficiado de lo que ha pasado en París y en Bruselas ha sido El Asad. 

Que si quieren servir la causa justa del pueblo sirio no lo van a conseguir con la violencia. No se sirve una causa justa con medios injustos. Que los muertos del Bataclán o del aeropuerto [de Bruselas] no tienen ninguna culpa de lo que pasa en Siria.

P. Se habla mucho de que los padres han perdido el control de sus hijos.

R. Es verdad. Hay una ausencia de autoridad parental. Cuando cumplen 12 o 13 años, ya hacen lo que quieren. Para ellos sus padres no saben nada, que no se enteran. Ellos [los jóvenes] han nacido aquí, conocen la lengua, las instituciones.

P. A Salah Abdeslam, uno de los terroristas de París, la policía le encontró en Molenbeek. Es difícil pensar que la comunidad no le ha encubierto.

R. También hay que deconstruir el concepto de colaboración. Los colaboradores no están bien vistos. Hay que explicar que por el bien de nuestra religión tienen que informar."         (Ana Carbajosa, El País, 18/03/16)

21/1/16

“La violencia política es un proceso relacional”

"Recientemente se ha publicado el libro 'Enclaves de riesgo', en el que aparece un texto tuyo dedicado al disciplinamiento de los jóvenes de las periferias francesas y su deriva securitaria. ¿Por qué ligas derechos y empleo con el asunto de la seguridad?

Es totalmente artificial separar la seguridad de la cuestión social. Existe un estrecho vínculo entre la inseguridad existencial y los pequeños desórdenes urbanos. En la sociedad fordista, los desórdenes característicos de la juventud (violencia, pequeños robos, vandalismo, etc.) se regulaban en su mayoría a través de la integración en el mundo de la fábrica. 

Con el paso de los años la integración profesional permitía “sentar cabeza”, como se decía entonces. Hoy ya no es el caso. La precariedad, las discriminaciones o el desempleo masivo que experimentan hoy muchos jóvenes de las periferias francesas les impide encontrar esta estabilidad y favorece la permanencia de los desórdenes juveniles. Además, estos jóvenes son percibidos de manera diferente que en el pasado.

 Los viejos obreros no reconocen en las nuevas generaciones sus herederos. Su mundo se ha deshecho y estos jóvenes encarnan de manera especialmente visible este declive colectivo.

 Todo ello genera un repliegue en el espacio doméstico y un malestar profundo que los politólogos analizan de manera sesgada como “sentimiento de inseguridad” y que los políticos usan en sus campañas par intentar reconquistar un electorado masivamente abstencionista.

Los atentados de París de la noche del 13 de noviembre de 2015, así como el ataque a la revista Charlie Hebdo o al museo judío belga, han tenido como protagonistas a jóvenes franceses, na­cidos y educados en Francia, y no a terroristas llegados de otros países. ¿Qué condiciones han hecho posible que jóvenes de barrios periféricos cometan actos de una extrema violencia en sus propias ciudades?

Es cierto que varios de los autores de estos ataques presentan unas trayectorias parecidas: intervención precoz de los servicios sociales, escolaridad técnica, sociabilidad callejera y delictiva y por fin encarcelamiento. 

Todos comparten una visión del islam compuesta de combatientes convertidos en héroes (los muyahidines), hazañas y escenarios lejanos de conflicto. De hecho, varios viaja­rían a esos destinos (Siria, Pakistán, Afganistán, Yemen).

 La pro­pa­ganda, las pré­dicas y las es­tancias iniciáticas les proporcionan una representación del mundo bastante simple que reúne en un todo coherente su experiencia concreta de la dominación, de la discriminación, la que sufren otros pueblos (en Mali, en Chechenia, en Palestina, etc.) y un gran relato civilizatorio que designa a los judíos y a los infieles como responsables de todos esos males.

 Esta concepción de la religión es fácil de asumir, dado que es al mismo tiempo una toma de conciencia (de su situación) y una liberación, que le ofrece a la rebeldía un ideal más ‘elevado’ y universal que la delincuencia y la marginalidad.

Sin embargo, estas características no son sólo las de unos individuos que han cometido atentados, sino las de decenas de miles de jóvenes. De ahí la gran ingenuidad de buscar perfiles. El uso de la violencia en política (en tiempo de paz) concierne a muy pocas personas, y no sale de la nada. 

Hay que dibujar sus genealogías –la guerra civil argelina juega sin ninguna duda un papel en los últimos atentados– y entender las dinámicas propias de las trayectorias de estos individuos, sin nunca olvidar el papel de las autoridades públicas (y particularmente de la policía y de la justicia): la violencia política es un proceso relacional.

Los ataques yihadistas están siendo usados por los gobernantes para mostrar músculo ante la opinión pública en forma de respuestas represivas bélicas. En este sentido, el discurso del Frente Na­cional parece marcar el paso desde hace años en la política francesa. ¿A qué verdad apela Marine Le Pen que ha atraído a tantos franceses?

Los atentados que experimenta Europa desde el principio de los años 2000 son terribles. Pero en ningún caso han desestabilizado los Estados. Los servicios de inteligencia, la policía y la justicia han hecho su trabajo, generalmente de manera eficiente. 

Los autores y sus cómplices han sido neutralizados o arrestados rápidamente. En vez de felicitarse por ello, el Gobierno francés usa un discurso bélico, o peor aún, de guerra de civilizaciones. Marine Le Pen no puede pedir más… Ni siquiera tiene que decir nada, si el propio Gobierno socialista señala el “islamismo radical” como enemigo.

El discurso de guerra implica una polarización (entre “ellos” y “nosotros”) que es un sinsentido en materia de violencia política. Dos discursos simétricos se enfrentan: el de las autoridades (“o están con nosotros o están con los terroristas”) y el de las organizaciones armadas (“o están con nosotros o son malos musulmanes, nacionalistas, revolucionarios, etc.”). 

Ahora bien, la “relación terrorista” no incluye a dos participantes, sino a tres. El enfrentamiento entre los dos primeros se realiza ante la mirada por lo general indiferente del grueso de la población, que ocupa una posición de espectadora a través de los medios de comunicación. 

Este distanciamiento constituye precisamente la condición de la no extensión de la violencia, particularmente cuando los grupos radicales no disponen de bases sociales o territoriales fuertes.

 Pero la presión que se ejerce para desembocar en condenas unánimes, las vejaciones y las humillaciones (tales como las que se pueden observar en los registros que se llevan a cabo con el estado de emergencia) pueden, por rechazo, incitar a una minoría de esos espectadores a unirse a los objetivos, o incluso a las filas, de las organizaciones que están en el punto de mira.

¿Qué puede desactivar el dispositivo securitario en forma de guerra y miedo que se ha apoderado de la vida cotidiana en Francia?

Es difícil de momento, dada la unanimidad política sobre este tema. El problema con las medidas descritas como “excepcionales” tomadas en momentos de crisis es que no hay vuelta atrás. El caso de Irlanda del Norte o de Italia de los 70-80 lo demuestran muy bien. Se convierten en la manera normal de gestionar una determinada situación.

 ¿Quién será el político francés que tendrá el valor de no activar el estado de emergencia después del próximo atentado? Por tanto, no estamos frente a un estado de excepción. Para la mayoría de la gente, nada cambia, y es la razón por la cual estas medidas pueden existir y recibir un cierto apoyo. La excepción concierne sólo a ciertos grupos, definidos por su “peligrosidad”, y por extensión unos medios cercanos a ellos. Vivimos dentro de regímenes liberales con bolsas de excepcionalismo. 

Eso dificulta la mo­vilización más allá de las orga­nizaciones tradicionales de defensa de los derechos humanos. Por eso hay que mostrar que además de discriminatorias, estas políticas son inútiles y, peor aún, contraproducentes. En efecto, participan de la radicalización de gente que no lo estaba y difunden un visión del mundo social dividido entre musulmanes y no musulmanes.

 Una división que defienden tanto los neoconservadores norteamericanos y la extrema derecha europea como el Estado Islámico y los grupos yihadistas..."                (Entrevista a Laurent Bonelli, profesor de Ciencia Política en la Universidad París X Nanterre, Diagonal, 05/01/16)

19/1/16

La mítica Edad de Oro, la del etarra, la del yihadista, se contrapone a un mundo decadente que les obliga a recurrir al terrorismo

"Uno de los elementos más llamativos de la violencia religiosa y nacionalista que actualmente golpea el planeta es su utopía regresiva a una presunta Edad de Oro cuyo recobro la justificaría. 

Dicha mítica Edad de Oro, ya sea la del etarra, ya la del yihadista, se contrapone a un mundo decadente e impuro que contamina los valores de la perdida Arcadia y obliga a quien se aferra a ellos a recurrir a la fuerza de las armas, al terrorismo impuesto por una exaltación legítima. 

Un examen comparativo del paso del abertzale a etarra y del salafista a yihadista nos muestra la existencia de un elemento común: la de servirse del pasado legendario como un instrumento contra el presente, un salto atrás de varios siglos que les proyectaría a un futuro justiciero y feliz.

Para el padre fundador de la moderna nación vasca, el ultracatólico y xenófobo Sabino Arana, la utopía se articula en torno a raza, lengua y fueros cuya prístina pureza y homogeneidad étnica habrían sufrido de la contaminación de los que él denominaba “nuestros moros” o maketos que habría desvirtuado su genuino espíritu primigenio. 

Diversos historiadores (Juan Pablo Fusi, Juaristi, Elorza, etcétera) han analizado con pertinencia la transformación del pensamiento carlista de Sabino Arana en la ideología supuestamente revolucionaria del núcleo duro del extremismo etarra (el salto del idílico mundo de Amaya o los vascos en el siglo VIII, la novela de Navarro Villoslada que leí en mi niñez, a un discurso ideológico con ingredientes marxistas) y esto me dispensa de demorarme en ello.

 Señalaré no obstante que el odio a la supuesta opresión del etarra no abarcaba únicamente a quienes la encarnaba (policía, militares, funcionarios estatales) sino también a civiles que nada tenían que ver con ella.

En el caso de la violencia yihadista, primero de los talibanes, luego de Al Qaeda y ahora del autoproclamado Califato Islámico o Daesh nos hallamos así mismo ante una idealización del pasado, de un retroceso de 14 siglos ya sea al del mundo tribal de la Península arábiga en tiempos del Profeta, ya al del poder político y religioso velador de la fe islámica de los llamados cuatro califas justos de la dinastía rachidí.

 Dicha regresión ideal tampoco tiene en cuenta el hecho de que las luchas tribales y de clanes acarrearon el asesinato de tres de los cuatro califas y desmienten la Arcadia feliz de la pureza primigenia que reivindican. 

Sobre el cisma que enfrentó entre sí a los musulmanes a la muerte de Mahoma y ocasionó la ruptura definitiva entre suníes y chiíes, el lector de estas líneas puede acudir con provecho a la obra del historiador tunecino Hicham Djaït, La gran discordia.

Conviene recordar que el imaginario occidental en torno a los califas omeyas y sobre todo abasíes —el esplendor de la corte de Harún Al-Rachid evocado en Las mil y una noches— refleja un mundo que nada tiene que ver con el rigorismo extremo y el fanatismo llevado a los límites del delirio de Abu Bakr Al-Bagdadi y sus huestes de Raqqa y Mosul.

 La civilización árabe de los primeros siglos de la hégira es al contrario una civilización abierta a las culturas de los territorios que conquista, en las antípodas de quienes hoy destruyen los tesoros de Nínive y Palmira con un odio irracional a cuanto simboliza el saber y las artes.

 La actual utopía yihadista atenta no solo a cuanto representa el enemigo opresor aunque se trate de víctimas civiles situadas a miles de kilómetros de distancia sino también contra las creaciones del espíritu humano a partir de un borrón y cuento viejo de un totalitarismo ciego que se erige en paradigma aberrante de la destrucción del patrimonio creado por el ser humano desde que entró en la historia.

 Si el terrorismo etarra es por fortuna cosa del pasado el yihadista se extiende por cuatro continentes, azota a diario el orbe musulmán y no se prevé su extinción durante años o décadas. Tanto el Dar Al-Islam como en Occidente habrá que habituarse a contender con él. 

La guerra contra la barbarie terrorista engendra nueva violencia y a estas alturas no se le ve salida alguna. Nos movemos en un círculo vicioso: los ataques del Estado Islámico en Europa y Estados Unidos y su repercusión mediática, alimentan la fascinación nihilista de quienes se inmolan para alcanzar el glorioso Estatus de mártires. Ningún Gobierno se siente a salvo de un posible atentado y este es precisamente el objetivo de los yihadistas."           (  , El País, 17 ENE 2016)

8/1/16

Los terroristas judíos y los terroristas blancos cometen más atentados que los terroristas islámicos... en Estados Unidos

"Esta semana se conmemora el 150 aniversario de la fundación de la organización terrorista que más muertes ha causado en Estados Unidos, el Klu Klux Klan (KKK).
 
Desde el 11 de septiembre extremistas vinculados a diferentes ideologías de extrema derecha, incluidos el KKK y extremistas judíos, han asesinado a muchas más personas en Estados Unidos que los extremistas motivados por el Islam radical.

El tristemente célebre KKK es un ejemplo con siglos de antigüedad del doble rasero del gobierno estadounidense cuando se trata de terrorismo. El KKK ha aterrorizado y asesinado a muchas más personas estadounidenses que los terroristas islámicos y a pesar de ser la organización terrorista más antigua de Estados Unidos, el gobierno estadounidense nunca ha considerado oficialmente al KKK organización terrorista y se ha limitado a clasificarla como “grupo de odio”*.

Al clasificar las acciones del KKK como de odio en vez de terroristas, el gobierno permite a esta organización (a diferencia del ISIS) celebrar manifestaciones libremente, recaudar fondos e incluso aparecer en la televisión para promover su ideología. Recientemente Franc Ancona, un líder del KKK, apareció en la televisión nacional y amenazó que usaría “fuerza letal” contra los manifestantes negros.

El KKK se fundó unos pocos días después de que se aboliera la esclavitud en Estados Unidos y desde entonces el distintivo del KKK siempre ha sido los ataques con bomba, los linchamientos, el emplumar con alquitrán y otras formas violentas de terrorismo contra quienes desafíen la supremacía blanca. En su momento de apogeo durante la década de 1920 los miembros del KKK eran más de 8 millones de estadounidenses repartidos por todo el país.

El simple hecho de que hasta el momento el gobierno estadounidense se haya negado a calificar al KKK de organización terrorista nacional dice mucho acerca de la implicación de la nación en la lucha contra el terrorismo y la promoción de la igualdad racial.

El atentado terrorista más mortífero en suelo estadounidense antes del 11 de septiembre fue el atentado de Oklahoma, cuyo cerebro fue Timothy McVeigh, un hombre estrechamente vinculado con círculos militares nazis de extrema derecha. En 2011 Kevin Harpham, un veterano de guerra, puso una bomba en el recorrido del desfile del Día de Martin Luther King Jr. 

 En 2012 Wade Michael Page asesinó a seis personas inocentes en un tiroteo en un templo Sijh en Wisconsin. Page era miembro de una banda de supremacistas blancos y estaba asociado al violento grupo neonazi los Hammerskins. Hace unos meses un Gran Mago Imperial del KKK de Kansas empezó a matar a cualquiera que se le puso por delante mientras gritaba “Heil Hitler”. Una de las víctimas fue un chico de catorce años.

A pesar de la cantidad cada vez mayor de tiroteos contra masas y de ataques terroristas por parte de la extrema derecha los medios de comunicación eligen poner el foco de atención casi exclusivamente en una amenaza menor del Islam radical. 

De forma rutinaria los expertos de los medios exigen a musulmanes moderados que condenen los actos de violencia perpetrados por musulmanes. ¿Cuándo fue la última vez que ha visto usted presionar a sacerdotes blancos para que acudan a la televisión a denunciar la violencia de supremacistas blancos con el fin de demostrar que “no todos los cristianos” son así?

 ¿Cuánto tiempo se permitiría a un grupo musulmán que tuviera un historial violento como el KKK actuar libremente antes de ser cerrado por el Departamento de Seguridad Nacional? Está claro que el racismo exacerba la guerra contra el terrorismo tanto como el petróleo.

En gran medida la amenaza del terrorismo islámico nacional se ha elaborado de manera que la llamada guerra contra el terrorismo puede promover un militarismo lucrativo en el extranjero y erosionar las libertades civiles dentro del país.

Catorce años después del 11 de septiembre al Qaeda no ha cometido otro atentado dentro de Estados Unidos. Según un reciente informe de la Universidad de Harvard llamado The Exaggerated Threat of Home Grown Terror [La exagerada amenaza de un terrorismo nacional], “[…] desde 2001, a pesar de las advertencias de los funcionarios públicos y de analistas del terrorismo, sigue habiendo pocas pruebas de que el peligro de ataques terroristas en Estados Unidos por parte de musulmanes estadounidenses sea especialmente grave o creciente”.

Entonces, ¿por qué Estados Unidos ha gastado más de 6 billones de dólares en la guerra contra el terrorismo?

Datos del FBI desde 1980 hasta 2005 demuestran que los terroristas judíos cometieron el 7% de los actos terroristas dentro de Estados Unidos, lo que es más que el 6% cometido por extremistas islamistas. El hecho de que el FBI reduzca drásticamente los casos de terrorismo perpetrados por extremistas judíos debido al doble rasero racial institucional da más notoriedad a los datos estadísticos.

 ¿Cuántos estadounidenses conocen el nombre de Jewish Defense League [Liga de Defensa Judía] o Jewish Armed Resistance [Resistencia Armada Judía], dos grupos terroristas que han cometido más actos terroristas que sus homólogos musulmanes?

La tristemente célebre Jewish Defense League lleva actuando en Estados Unidos más de medio siglo. Un informe del Departamento de Energía sobre amenazas a instalaciones nucleares señala que “[…] durante más de una década la Jewish Defense League ha sido uno de los grupos terroristas más activos en Estados Unidos”. 

Sin que muchos estadounidenses lo sepan, estos extremistas judíos han enviado cartas bomba a la policía, atacado embajadas estadounidenses y lanzado bombas incendiarias a civiles que asistían a un concierto de la Orquesta Sinfónica.

Si el gobierno estadounidense se toma en serio la lucha contra el terrorismo nacional y los tiroteos contra masas, las estadísticas del FBI sugieren que debería vigilar agresivamente a varones blancos. 

El simple hecho de que las fuerzas de seguridad estadounidenses no se haya infiltrado en comunidades cristianas o judías conservadoras ni las haya espiado para impedir el extremismo violento de extrema derecha confirma que los musulmanes en Estados Unidos saben por experiencia que rezar a Ala hace que una persona sea sospechosa.

Los musulmanes estadounidenses tiene cada vez más la sensación de vivir en un Estado policial totalitario en el que el acoso, la creación de perfiles [de delincuencia] y la vigilancia son cada vez peores. 

El investigador Arun Kundnani ha demostrado que el FBI tiene un espía antiterrorista por cada 94 musulmanes en Estados Unidos, lo cual se aproxima a la ratio de la tristemente célebre agencia de espionaje de Alemania Oriental Stasi de un espía por cada 66 ciudadanos.

Los cristianos y judíos blancos no tienen que preocuparse de que un agente o informante secreto se haya infiltrado en sus iglesias, grupos de estudiantes o clubes sociales.

Durante siglos se ha permitido a los terroristas blancos en Estados Unidos un amplio espacio para difundir su ideología y para planificar y organizar sus atentados, lo que explica tanto la mayor letalidad relativa del terrorismo supremacista blanco como la mucho menor tasa de personas blancas condenadas por atentados.

En Estados Unidos se considera por acto reflejo que las personas de piel oscura y negra son terroristas, matones y pandilleros que merecen el desdén de la sociedad, mientras que las personas blancas que cometen atentados terroristas son simplemente “perturbados mentales” solitarios que necesitaban de la ayuda de la sociedad.

La decisión de la sociedad de denominar “terrorismo” un acto de violencia particular indica que el acto pertenece a un modelo más extendido que exige una consideración que va más allá de la lucha normal contra el crimen. El denominar los tiroteos contra masas por parte de supremacistas blancos como meramente “odio” o asesinato en vez de terrorismo resta importancia al significativo papel de las motivaciones racistas del autor y evita preguntas difíciles acerca del predominio del racismo en la sociedad estadounidense.

Hace poco James Holmes disparó contra 80 personas en un cine pero las fuerzas de seguridad lo detuvieron con vida y los medios de comunicación no calificaron su acción de terrorismo sino que en vez de ello se centraron en retratar a Holmes como “torpe” y tierno “solitario”. 

De forma similar, el supremacista blanco Dylan Roof asesinó a nueve feligreses en Charlestown y no solo fue detenido con vida, sino que además en el momento de la detención la policía describió a Roof como “muy tranquilo, muy calmado … no problemático”. 

 La policía llegó incluso a comprarle un almuerzo en Burger King momentos después de que hubiera desatado el terror entre los feligreses. Comparado con los innumerables linchamientos actuales cometidos por la policía de chicos y hombres negros inocentes y a menudo desarmados, es evidente que las fuerzas de seguridad estadounidenses son tan tolerantes con el terrorismo blanco como son institucionalmente racistas hasta la médula.

A todas luces existe una costosa e insana obsesión entre la sociedad y las fuerzas de seguridad estadounidenses con evitar la violencia perpetrada por musulmanes estadounidenses, una obsesión que ignora tanto la amenaza real del terrorismo blanco como el constante terrorismo de la policía respecto a los ciudadanos americanos negros.

* Según Wikipedia, un grupo de odio es “un grupo o movimiento organizado que defiende y practica el odio, la hostilidad o la violencia hacia miembros de una raza, etnia, nacionalidad, religión, sexo, identidad de género, orientación sexual o cualquier otro sector de la sociedad”. (N. de la t.)"              (Garikai Chengu  , CounterPunch , en Rebelión,  29/12/15)