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26/5/09

Las listas del famoseo

"Vivimos la época de listas incrustadas en el alma: los más ricos (especialidad de Forbes), los más influyentes (cortesía de Time), los más glamourosos (según Vanity Fair). De los Oscars de Hollywood al Festival de Cannes hay listas: gente destinada a ser conocida, mirada, venerada. En un mundo "culturalmente desregulado", estas listas crean jerarquías, prestigios, cotizaciones. Referencias. Modelos de conducta. Dinero. (...)

Lista tras lista, los 6.000 millones de habitantes del planeta encuentran en esas celebridades una constelación de referentes del estilo espectacular del mundo. El ejército de nombres es un espejo en el que el mundo se mira para encontrarse a sí mismo. De todas esas celebridades (don que, presuntamente, otorgan los ciudadanos y administran los medios) se dirá que marcaron época. (...)

Lo que los estadounidenses llaman genero people ha creado una cultura de la peopolización, si se me permite tal expresión, cuya cumbre está en la intimidad / exhibicionista de las listas de amigos -tribus- que se reúnen en Facebook. Ahí cada cual cuelga su ranking y exhibe la fuerza de su propia red vital: éstos son mis poderes, toda esta gente está conmigo. ¿Quién ha dicho que la gente de hoy no necesita, frenéticamente, de los demás?

Estar en alguna, en cualquiera, de estas listas es ya obsesión. La peopolización viene a ser un eufemismo del lobbysmo. Los más ricos, glamourosos, influyentes o populares son prototipos, una troupe de élite, que cada individuo, por su cuenta y riesgo, reproduce en su propia lista de favoritos, de contactos, de amigos o de fantasías. Así armados, los individualistas se complotan y agrupan en tribus, preferentemente electrónicas, pero, desde luego, conceptuales con un objetivo claro: estar presentes. Sin mi tribu, sin mi lobby, sin mi capillita, sin mis iguales, no existo. Mi éxito es mi lista. Todo lo demás son outsiders. (...)

Es obvio: está en juego el poder, el éxito, la supervivencia social. Así comienzan todas las mafias: hay un orden de prioridades y de jerarquías en cada lista o círculo de amigos. (...)

Comienza entonces el más difícil todavía: mantenerse, consolidar el rango, el prestigio, la capacidad de influencia. La exhibición del estatus alcanzado es obligada: se trata de estar siempre presente, frase que ya dijo Ovidio en su día y que conocen a la perfección los grandes publicitarios. (...)

Tom Wolfe los describió, en los ochenta, como "los amos del universo", y como tales actúan. A Il Cavaliere Berlusconi lo he podido observar, hace años, en Bruselas, adonde viajaba acompañado de una troupe que incluía maquilladores, estilistas y escenógrafos: un espectáculo digno de verse. Esto es hoy el éxito." (MARGARITA RIVIÈRE. De listas y del éxito. El País, ed. Galicia, Opinión, 23/05/2009, p. 35)

19/2/09

Dios siempre sale a la palestra

"¿Por qué se ha mantenido a lo largo de la historia esta idea de un ser excepcional al que llamamos Dios? Un artículo no puede dar respuesta a esta sencilla pero olvidada pregunta. Sí es posible, en cambio, constatar el hecho de que Dios siempre reaparece donde menos puede esperarse, incluso en la sociedad laica, para desespero de atávicos comecuras cuya obsesión sólo muestra ignorancia sobre la especie humana. Se precisa, al menos, otra constatación: el hombre tiene tendencia a encontrar dioses en lo más inverosímil.

G. K. Chesterton lo explicó con su habitual desparpajo: "Cuando no se cree en Dios, se cree en cualquier cosa". Así la sociedad laica, para horror de las religiones oficiales -que administran un Dios compacto-, traslada a sectas, iconos, marcas, dirigentes, teorías económicas y hasta equipos de fútbol toda suerte de equivalentes al poder, básicamente sobre el bien y el mal, que la divinidad genera en las conciencias. El ser humano, pese a sus logros, vive aún atenazado por el misterio de su propia existencia y la posibilidad de conjurar esa extrañeza se encarna de manera persistente en el intento de respuesta -que ni siquiera la ciencia ha podido arrinconar- a la que llamamos Dios.

No es raro, pues, que ciertos espabilados encuentren la manera de apropiarse de la respuesta al misterio humano más difícil de encontrar: es decir, de Dios mismo. Ahora se observa cómo la crisis económica pone en cuestión al Dios encarnado en la sociedad de consumo: cuando este nuevo Dios falla parece que todo se viene abajo y hasta se niega la capacidad humana de encontrar mejores respuestas -concretas- a su necesidad de supervivencia.

Que me perdonen los teólogos; ellos saben, aunque no siempre lo reconocen, que la idea de Dios es múltiple, misteriosa y se ha manifestado de formas bien distintas: Dios encarna la paradoja humana. Los individuos necesitan tanto de Él como de ellos mismos: Dios, y con él la religión, es la respuesta humana a lo inexplicable de la existencia y una forma de organizar la convivencia social. Quien desee ampliar la imprescindible noticia de que Dios es humano encontrará todavía en Las formas elementales de la vida religiosa (1912), del sociólogo Émile Durkheim, un libro de hace casi un siglo, una actualísima introducción a las noticias de Dios que hoy no deberían desconcertarnos." (MARGARITA RIVIÈRE: Noticias de Dios. El País, ed. Galicia, Opinión, 08/02/2009, p. 25)