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18/8/11

"(El 'burka') muestra la imagen oscura del islam, en contradicción con sus valores reales y los de la República (francesa)"

"Hace poco más de un año copó las portadas de la prensa en Francia al convertirse en el primer imán en defender públicamente la prohibición del velo integral, que entró en vigor esta primavera. (...)

"Primero, el velo integral no es una obligación religiosa", dice cuando se le pregunta de nuevo por qué se opone al uso del burka. (...)

"En segundo lugar, muestra la imagen oscura del islam, en contradicción con sus valores reales y los de la República. Y mi deber como hombre de fe y como ciudadano es decir que no queremos esa imagen, y por la dignidad y el lugar de la mujer en el islam debo decir que el velo integral no tiene derecho a existir".

Tras meses de debate, el Parlamento francés aprobó el veto al burka en octubre de 2010. La ley, que prohíbe cubrirse el rostro en todo el espacio público, entró en vigor el 11 de abril, tras un periodo dedicado a la pedagogía. El uso de la polémica prenda se castiga con una sanción de 150 euros y/o con un cursillo de ciudadanía. (...)

Para el imán, que asegura que el islam en Francia está amenazado por la intervención de grupos extranjeros como los Hermanos Musulmanes y denuncia la influencia de los salafistas en el país en su libro Pour l'islam de France [Por el islam de Francia], la ley es "también una forma para el Gobierno de mostrar firmeza".

Pero lamenta que se haya perdido la oportunidad de acompañarla de la pedagogía necesaria. "Hay que dialogar y recuperar a esas mujeres. Dicen que son 2.000 en Francia, pero en realidad son más y la cifra va aumentado. En general, son mujeres convertidas al islam que quieren ser más papistas que el Papa". (...)

Su objetivo es llegar a un "islam moderado, sin injerencia extranjera, sin políticos que manipulen los lugares de rezo y con imanes formados aquí". (El País, ed. Galicia, 11/08/2011, última)

7/7/10

Las religiones minoritarias piden al Estado que no financie confesiones

"Todos contra el modelo de financiación de la Iglesia católica. Las confesiones minoritarias rechazan que los contribuyentes puedan destinar el 0,7% a su IRPF a las arcas de la religión mayoritaria en España. La única excepción son las iglesias ortodoxas, que se muestran algo más comprensivas con los privilegios de los que, gracias al Concordato de 1979, goza la Iglesia católica.

El texto desarrolla el laicismo -algo que alaban-, pero lamentan, en cambio, que no aborde la financiación de las iglesias ni recorte las competencias de unos Ayuntamientos generalmente muy cicateros a la hora de permitir la apertura de templos.

Tres religiones firmaron en 1992 acuerdos con el Ministerio de Justicia: los musulmanes, que rondan los 1,4 millones de fieles, los protestantes (un millón) y los judíos (33.000). Se convirtieron así en interlocutores del Estado que les otorga, además, subvenciones.

Otras cuatro confesiones obtuvieron en esta década la consideración de "notorio arraigo", que conlleva algunas ventajas fiscales: los mormones (44.000 fieles), los budistas (80.000), los Testigos de Jehová (110.000) y los cristianos ortodoxos (600.000). Hinduistas e Iglesia de la Cienciología aspiran, como mínimo, a lograr este estatuto. "Pedimos igualdad de derechos", afirma Iván Arjona, presidente de los cienciólogos.

"Nuestra mayor objeción al borrador de la ley la hacemos a algo que no figura en ella: la financiación", señala Jaume Llenas, secretario general de la Alianza Evangélica Española, que agrupa a profesionales protestantes.

Todas las confesiones minoritarias lamentan, en mayor o menor medida, esa omisión. "Mantener ese 0,7% es discriminatorio con los demás", sostiene Mohamed Ali, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), uno de los dos pilares del islam español.

Pero las discrepancias afloran cuando formulan ideas sobre cómo subsanar esa "parcialidad". Algunos aspiran a que se generalice el modelo de financiación del que se beneficia la Iglesia católica. No es el caso de los Testigos de Jehová, que optan por una separación clara entre las iglesias y el Estado. "¿Por qué debe pagar el Estado a los profesores de religión o subvencionar el ejercicio de mi fe?", se sorprende Aníbal Matos, portavoz de los Testigos de Jehová. "Que las instituciones reciban directamente dinero supone convertir al Estado en recaudador de esa confesión y crear relaciones de dependencia no deseables", añade Llenas.

"Si de verdad España avanza hacia un Estado laico lo mejor sería que desaparezca esa contribución impositiva a la Iglesia", recalca Mohamed Ali. "Ahora bien, si no es posible eliminarla, entonces los contribuyentes de otras confesiones deben poder hacer esa misma aportación del 0,7% a sus instituciones".

"Quizá el Estado no debería costear con los impuestos el culto, pero sí las actividades sociales de las confesiones como lo hace con las ONG", matiza Jacobo Israel Garzón, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España. Lo ideal, para los evangélicos, sería más bien que se aumente la cantidad deducible del IRPF por donaciones a instituciones religiosas.

Cuanto más pequeña es la comunidad religiosa, más empeño ponen sus líderes en subrayar su autonomía económica. "Nosotros nos autofinanciamos a través del diezmo", subraya Faustino López, director de los mormones. "Los budistas siempre hemos sido autosuficientes y la envidia [hacia los católicos] no encaja en nuestras creencias", añade Luis Morente." (El País, ed. Galicia, sociedad, 20/06/2010, p. 37)

4/7/10

La financiación abusiva de la Iglesia Católica

"El Gobierno ha presentado los cambios de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 como un desarrollo de la "laicidad del Estado". Entre otras medidas, prohibirá la presencia de símbolos religiosos -como el crucifijo cristiano- en edificios públicos y buscará una fórmula para que los llamados funerales de Estado sean civiles, sin ceremonias religiosas. También se propone extender a otras religiones de "notorio arraigo" privilegios que disfruta la mayoritaria confesión católica, a la que el Estado financia con unos 6.000 millones de euros anuales.

De esta cifra, 3.000 millones se destinan, según cifras oficiales, a sostener los colegios religiosos concertados, pero también se paga con dinero público el sueldo de obispos y sacerdotes; a los profesores de catolicismo en la escuela pública (unos 15.000); el salario de más de un millar de capellanes castrenses, hospitalarios y carcelarios, e incluso gran parte de la restauración o sostenimiento del ingente patrimonio histórico artístico de esa religión, la segunda propietaria inmobiliaria después del Estado. (...)

"El laicismo es el mapa sobre el que se asientan las diferentes culturas. La laicidad es una característica esencial del Estado moderno. El Estado, laico, debe garantizar el derecho de cualquier cultura a expresarse y desarrollarse, desde la no confesionalidad de los poderes públicos. Los Acuerdos con la Santa Sede impiden que en España contemplemos hoy un mapa así de libre", añade el también director de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo-Campo de Gibraltar. (...)

"Es iluso creer que se avanza hacia la laicidad mientras persistan los privilegios de la Iglesia católica, acordados en Roma en la Navidad de 1979 por el ministro de Asuntos Exteriores español y el secretario de Estado de la Santa Sede". "La tentación de extender los privilegios del catolicismo a otras religiones agravaría la confesionalidad encubierta del Estado". "España es ahora un Estado aconfesional con querida.

Mañana podemos ser un Estado aconfesional con cuatro o cinco mantenidas más, es decir, habremos retrocedido en laicidad y neutralidad religiosa". Con esta contundencia se expresan los eclesiasticistas partidarios del laicismo y gran parte de los líderes de las religiones llamadas minoritarias, con tres o más millones de fieles. (...)

"La laicidad es producto de una historia de luchas por la libertad religiosa y de conciencia, una historia limitada en el tiempo -dos siglos- y en el espacio -Occidente- durante la cual la vida política y social ha logrado emanciparse fatigosamente de las primitivas hipotecas confesionales", afirma el historiador Ramón Teja, catedrático de la Universidad de Cantabria y presidente honorífico de la Sociedad de Ciencias de las Religiones.

Añade Teja: "Laicidad significa la existencia de un espacio público a disposición de todos los ciudadanos para ejercer sus derechos en condiciones de libertad y de igualdad, una ciudad de los hombres en la que haya espacio para todos, no una ciudad de Dios en la que solo haya lugar para sus creyentes". (...)

El Vaticano se comprometió en los Acuerdos de 1979 a que su Iglesia en España se autofinanciaría con el llamado "impuesto religioso". Mientras tanto, Gobierno y episcopado acordaron un mecanismo transitorio de asignación tributaria mediante el IRPF. El plazo acabó hace dos décadas. En 2007, Rodríguez Zapatero aceptó la renuncia de los obispos a su compromiso de autofinanciación, e incluso les elevó un 34% (del 0,52% al 0,7%) el porcentaje de la cuota de IRPF que los católicos pueden destinar a su confesión, sin añadir un céntimo más que el resto de los contribuyentes. (...)

"El marco de relaciones entre el Estado y la Iglesia católica es manifiestamente mejorable y en algunos casos profundamente inaceptable", sostuvo Eguiagaray cuando la Fundación Alternativas presentó en sociedad su proyecto de Estatuto de laicidad. "El sistema vigente de financiación es inconstitucional. El acuerdo sobre asuntos económicos, de 1979, estableció un régimen temporal de financiación estatal de la Iglesia católica que, además de haber sido incumplido por ambas partes, resulta de difícil encaje en la definición de un Estado laico o aconfesional, ya que la financiación de las confesiones religiosas no puede entenderse como contenido del derecho de libertad religiosa, amén de que su mantenimiento únicamente en favor de la Iglesia católica supone una violación del principio de igualdad", sostiene la Fundación Alternativas. (...)

"La Iglesia católica lleva incumpliendo más de 30 años el compromiso de 'lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades' (artículo 2.5 del Acuerdo de Asuntos Económicos). Recordar esto no es anticlericalismo pues si dividimos los 250 millones de euros que percibe la Iglesia en concepto de Asignación Tributaria entre: 1) 44 millones de españoles, tocan cada español a 5,6 euros al año. 2) El 80% de esos 44 millones de españoles, que según el CIS se declaran católicos, tocan cada católico a 7,1 euros al año. 3) El 20% de esos 44 millones de españoles, que son católicos practicantes, toca cada católico practicante a 28,40 euros al año, menos de 50 céntimos por cada misa dominical. (...)

El Ejecutivo tiene donde apoyarse si quisiera reformar el sistema de financiación. Esta es la tesis del profesor Fernando Amérigo, de la Universidad Complutense de Madrid y autor de La financiación de las confesiones religiosas en la UE. "A la hora de financiar a las confesiones religiosas hay dos grandes sistemas: los directos y los indirectos. Los sistemas directos (dotación presupuestaria, asignación tributaria, subvenciones directas o la creación de fondos estatales para el culto y clero) se caracterizan porque el Estado financia a las Iglesias mediante fondos públicos, es decir, considera la actividad estrictamente religiosa como parte del gasto público.

Los sistemas indirectos se basan en que el Estado facilita o promociona el sostenimiento económico de las confesiones a través de los ciudadanos de forma voluntaria. Es el caso de las desgravaciones fiscales a las donaciones, que se dan en Francia, Holanda o Portugal, o del impuesto religioso o cuota eclesiástica que se aplica en Alemania, Austria, Suecia o Finlandia.

Hay países donde las Iglesias se autofinancian -Reino Unido y Eslovenia- o donde se prohíbe la financiación de las confesiones, como Irlanda (si bien la Iglesia católica recibe allí ayudas en el sistema educativo). "Los sistemas directos son, en puridad, incompatibles con la laicidad del Estado, puesto que suponen una violación tanto de la separación como de la neutralidad", sostiene Amérigo." (El País, ed. Galicia, 03/07/2010, p. 32/3)

Laicidad positiva... contra la pederastia... a favor de la eutanasia...

"La "laicidad positiva" fue un hallazgo léxicoorwelliano con el que el presidente Sarkozy, en 2007, pretendía redimensionar la laicidad laica, la laicidad coherente, aunque podríamos decir incluso la laicidad sin adjetivos, de la tradición francesa. En la neolengua de 1984 de Orwell las palabras eran forzadas por el régimen del Gran Hermano para que llegaran a significar lo contrario de lo que siempre habían querido decir. (...)

Por fortuna, desde el 26 junio de 2010 existe en Europa otra versión de "laicidad positiva", en la que el adjetivo "positivo" tiene efectivamente el significado de "positivo" (bueno, favorable, constructivo, ventajoso, leo en el diccionario de sinónimos).

La interpretación auténtica del único sentido que en una democracia liberal puede tener la expresión "laicidad positiva" nos la han proporcionado los gendarmes belgas enviados por el ministerio fiscal de Bruselas a registrar las sedes de la Conferencia Episcopal y a secuestrar cualquier documento útil para llevar a juicio a los sacerdotes pederastas de ese país que habían escapado a la justicia.

Los obispos recibieron el mismo trato que habrían recibido los miembros de cualquier otra poderosa organización sobre la que pesara la sospecha de haber colaborado a que, durante décadas, unos peligrosos criminales se sustrajeran al imperio de la ley. En el curso de las nueve horas del registro les fue impedido salir del edificio y usar el teléfono móvil. Comunicar, en definitiva, con posibles cómplices.

Ningún demócrata puede hablar por lo tanto de "hecho inaudito y grave del que no existen precedentes ni siquiera en los regímenes comunistas de infausta memoria" si un obispo es tratado como cualquier otro ciudadano. Por el contrario, el cardenal Tarcisio Bertone -secretario de Estado de Benedicto XVII- lo ha hecho, ignorante de que en una democracia la ley es igual para todos.

Ya había recibido una respuesta por adelantado del ex primer ministro belga, Yves Leterme, cuando recordaba que "quienes cometen abusos deben ser perseguidos y condenados según la ley belga" y añadía que las investigaciones "son la prueba de que en Bélgica rige la separación de poderes entre Estado e Iglesia". Leterme no es un "comunista de infausta memoria" sino un demócrata-cristiano. Para quien cuenta también la primera parte de la definición, a diferencia del cardenal Bertone.(...)

Precisamente mientras Bélgica (país tradicionalmente católico) explicaba con hechos lo que debe entenderse por "laicidad positiva", el Tribunal Constitucional alemán legalizaba definitivamente la eutanasia pasiva, anulando la condena de un abogado que había aconsejado a uno de sus clientes que arrancara el tubo del gotero de un pariente suyo a quien se mantenía con vida artificialmente y contra su voluntad. La Iglesia luterana ha aprobado la sentencia, no así la católica.

Y en efecto, en un cuadro de laicidad realmente positiva el paso sucesivo -lógica y jurídicamente inevitable- es el derecho a la decisión soberana de cada persona acerca del final de su propia vida. En la católica Bélgica, al igual que en la protestante Holanda, ello ya es posible." (PAOLO FLORES D'ARCAIS: . aicidad positiva. El País, ed. Galicia, opinión, 01/07/2010, p. 27)

18/1/10

Imperialismo religioso... el islamismo...

"Antaño, luchamos contra las ideologías marxista y nazi, que se transformaron en religiones. Hoy, en ciertas zonas del mundo, es al revés. Tenemos que enfrentarnos con unas religiones que se transforman en ideologías: el islamismo, sobre todo -que aún golpea en Irak, Afganistán y parte de Pakistán-, una forma mesiánica del sionismo judeoamericano y una mística, la de los evangélicos estadounidenses, que empujó a Georges W. Bush a desencadenar la guerra en Irak.

Este retorno al imperialismo religioso ha cobrado una importancia mucho mayor aún desde la revolución iraní de 1979 y desde que las autoridades de Teherán consolidaron su liderazgo sobre los puestos avanzados del Hezbolá libanés, el Hamás palestino y, ahora, de los rebeldes de Yemen, que amenazan a Arabia Saudí. Varios Estados musulmanes de la región temen a Irán hasta el punto de desear una intervención militar, aunque sea israelí, contra el régimen de los mulás.

Se trata de las relaciones que Occidente mantiene con el islam y que Barack Obama se ha propuesto transformar, en particular con su discurso de junio del pasado año en El Cairo. Pero, sin embargo, hay un hecho que no debemos olvidar nunca: entre el 85% y el 90% de las víctimas de los atentados islamistas son musulmanes. Junto a la amenaza del "choque de civilizaciones", está la inmensa realidad de una verdadera guerra civil y religiosa." (JEAN DANIEL:¿Será 2010 el año de Camus?. El País, ed. Galicia, opinión, 11/01/2010, p. 31)

15/12/09

La religión, la moral, la laicidad, la razón... lo público, lo privado...

"Los ciudadanos religiosos deben respetar la autonomía del Parlamento y desechar cualquier intento de eclesiastizar la política y el ordenamiento jurídico. Tienen que aprender a distinguir entre ley y moral, pues las leyes tienen una finalidad específica que las diferencia de los imperativos éticos. Sería conveniente que reconocieran el valor de la moral autónoma. La libertad religiosa no puede impedir el desarrollo de la libertad de conciencia de quienes no son religiosos. (...)

Los ciudadanos no religiosos también tienen que aprender a ser laicos. La proclamación de la identidad laica no vacuna contra la intolerancia. El fundamentalismo laicista es tan rechazable como el integrismo religioso. Por esto, Regis Debray afirma que hemos de pasar de una laicidad de ignorancia o desprecio del hecho religioso a una laicidad de comprensión y reconocimiento de las aportaciones de las religiones a las culturas. Desde esta posición, se entiende su defensa de una enseñanza laica de la religión en las escuelas públicas y su afirmación de que la libertad religiosa es más que libertad de cultos.

Hay que superar la concepción de la religión como un asunto privado que no ha de tener ningún papel en los debates sociopolíticos y culturales en las democracias. La religión es una cuestión pública y las confesiones religiosas tienen todo el derecho a participar en estos debates. No debe despreciarse la demanda de sectores cristianos de incrementar la precaución moral a la hora de legislar sobre algunos problemas sociales. Ese mundo es plural y es de justicia reconocer el rol positivo de bastantes comunidades cristianas. Desde la lógica de la laicidad, cabe apelar a una apertura a aportaciones éticas de las religiones, como hizo Aranguren, y una mayor atención a la racionalidad de las convicciones religiosas, como hace Habermas." (RAFAEL DÍAZ-SALAZAR: Aprender a ser laicos. El País, ed. Galicia, opinión, 07/12/2009, p. 23)

El velo... la cruz... lo público... lo privado...

"La primera gran diferencia entre el caso del crucifijo y el del velo apunta al espacio en el que cada uno se sitúa. Ni el laicismo como ideal de tolerancia ni el liberalismo como teoría política subyacente tienen problema alguno con el crucifijo en sí, sino con el lugar en el que algunos se empeñan en colocarlo: la escuela pública. Porque, aunque esos algunos no parezcan querer entenderlo, "público" significa "obligado para todos".

Un crucifijo en un centro público (sea un hospital, un juzgado o una escuela) supone adscribir una y sólo una determinada religión a todos y cada uno de los usuarios de tal centro.

Y, claro, una cosa así choca con la libertad religiosa, porque algunos usuarios adoran a otro Dios, otros no adoran a ninguno y otros no acaban de saber a qué o a quién adorar. De ahí que el fundamento jurídico de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo haya sido precisamente ése: la libertad religiosa.

La gran diferencia entre el velo y la cruz es que el velo es algo privado. No es un símbolo religioso que se quiera imponer en ciertos espacios públicos, sino una prenda que algunas personas deciden lucir (y soy consciente de todo lo problemático que encierra este "deciden" cuando estamos hablando de niñas o adolescentes).

Un aula, cuando es pública, no puede adornarse con trajes religiosos pertenecientes a una determinada confesión. Nada público puede hacerlo: ni las aulas, ni los libros, ni los temarios, ni (por cierto) los juramentos de los funcionarios, ni (por cierto) los funerales de Estado, ni (por cierto) la declaración de la renta, ni... en fin, nada que obligue a todos. Ésa es la gran diferencia: el velo es algo privado, el crucifijo -el que se ha prohibido en Estrasburgo, quiero decir- pretendía ser público.

Por eso, para enfocar con justicia la cuestión, al velo no habría que compararlo con los gruesos crucifijos de pared de las aulas, sino con los diminutos que muchos de nuestros estudiantes llevan colgados al cuello, con las medallas de la virgen, con las estampas de santos, con la kipá que lucen los judíos, etcétera. Es decir, con símbolos religiosos, sí, pero perfectamente privados. ¿Hay algo en el laicismo que implique prohibir los símbolos religiosos privados? No, en absoluto.

De hecho, si el laicismo garantiza la neutralidad de los espacios públicos lo hace precisamente para que cada uno podamos hacer uso de nuestra libertad individual en el ámbito privado. Es gracias al laicismo que unos pueden lucir una cruz y otros un velo, y ésa es su grandeza civilizatoria.

Contra lo que mezquinamente nos venden algunos en este país, el laicismo no se opone a ninguna religión, sino todo lo contrario: lo que viene a hacer es garantizarlas todas. El laicismo es sinónimo de tolerancia, de igualdad, de respeto. Es el gran invento de la modernidad para facilitar la convivencia entre los diferentes credos: saca a Dios del salón público del trono y lo instala en el corazón privado de los hombres y de las mujeres libres." (JORGE URDÁNOZ: El velo y la cruz. El País, ed. Galicia, Opinión, 02/12/2009, p. 27 )

4/6/09

¿Es la religión enemiga de la civilización?

"La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios... Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones "morales" como garantía del orden racional del mundo. (...)

Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. (...)

La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo. (...)

No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser "dirigentes" de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo. (...)

Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios.

El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil." (GIANNI VATTIMO: ¿Es la religión enemiga de la civilización?. El País, ed. Galicia, Opinión, 01/03/2009, p. 29 )

28/4/09

La inquisición...

"Pregunta. Sostienen ustedes que la Iglesia católica está cometiendo "ridículos mayores que los del caso Galileo".

Respuesta. Galileo tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, pero no la tenía en sus argumentos. En cambio, hoy la ciencia suministra datos que la curia romana prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida. La consecuencia es que la proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho. Hay que evitar nuevos casos Galileo. Es muy cómodo rehabilitar a los Galileos del pasado mientras se condena a los de hoy. La Inquisición ha de extinguirse. La Congregación para la Doctrina de la Fe, que presidió Ratzinger tantos años, debería haber desaparecido.

P. ¿Por qué ahora ese manifiesto por la crisis eclesial, y no antes?

R. Era muy necesario. La situación eclesiástica en algunas áreas es francamente anormal. Parece como si las autoridades eclesiásticas estuvieran haciendo todo lo posible por ahuyentar a las personas para apartarlas de la Iglesia. Hacia fuera pierden credibilidad y hacia dentro dañan la comunión eclesial [Masiá distingue eclesial y eclesiástico; peyorativo lo segundo, como curial]. Callar sería irresponsable. Nos lo reprocharían en el futuro como hoy reprochamos los silencios cómplices de la era de la dictadura. (...)

Como ciudadanos los obispos tienen derecho a expresar su opinión, y como creyentes tienen derecho a proponer sus valores. Pero no deben interferir en el proceso legislativo de la manera que lo hicieron contra la ley de reproducción asistida o la de investigación biomédica, ni deben imponer al parlamentario católico una disciplina de voto." (JUAN MASIÁ: "Se rehabilita a los Galileos del pasado y se condena a los de hoy". El País, ed. Galicia, Sociedad, 25/04/2009, p. 40)

19/2/09

Dios siempre sale a la palestra

"¿Por qué se ha mantenido a lo largo de la historia esta idea de un ser excepcional al que llamamos Dios? Un artículo no puede dar respuesta a esta sencilla pero olvidada pregunta. Sí es posible, en cambio, constatar el hecho de que Dios siempre reaparece donde menos puede esperarse, incluso en la sociedad laica, para desespero de atávicos comecuras cuya obsesión sólo muestra ignorancia sobre la especie humana. Se precisa, al menos, otra constatación: el hombre tiene tendencia a encontrar dioses en lo más inverosímil.

G. K. Chesterton lo explicó con su habitual desparpajo: "Cuando no se cree en Dios, se cree en cualquier cosa". Así la sociedad laica, para horror de las religiones oficiales -que administran un Dios compacto-, traslada a sectas, iconos, marcas, dirigentes, teorías económicas y hasta equipos de fútbol toda suerte de equivalentes al poder, básicamente sobre el bien y el mal, que la divinidad genera en las conciencias. El ser humano, pese a sus logros, vive aún atenazado por el misterio de su propia existencia y la posibilidad de conjurar esa extrañeza se encarna de manera persistente en el intento de respuesta -que ni siquiera la ciencia ha podido arrinconar- a la que llamamos Dios.

No es raro, pues, que ciertos espabilados encuentren la manera de apropiarse de la respuesta al misterio humano más difícil de encontrar: es decir, de Dios mismo. Ahora se observa cómo la crisis económica pone en cuestión al Dios encarnado en la sociedad de consumo: cuando este nuevo Dios falla parece que todo se viene abajo y hasta se niega la capacidad humana de encontrar mejores respuestas -concretas- a su necesidad de supervivencia.

Que me perdonen los teólogos; ellos saben, aunque no siempre lo reconocen, que la idea de Dios es múltiple, misteriosa y se ha manifestado de formas bien distintas: Dios encarna la paradoja humana. Los individuos necesitan tanto de Él como de ellos mismos: Dios, y con él la religión, es la respuesta humana a lo inexplicable de la existencia y una forma de organizar la convivencia social. Quien desee ampliar la imprescindible noticia de que Dios es humano encontrará todavía en Las formas elementales de la vida religiosa (1912), del sociólogo Émile Durkheim, un libro de hace casi un siglo, una actualísima introducción a las noticias de Dios que hoy no deberían desconcertarnos." (MARGARITA RIVIÈRE: Noticias de Dios. El País, ed. Galicia, Opinión, 08/02/2009, p. 25)

28/10/08

Rouco relaciona laicismo y nazismo

"La Iglesia debe ser fermento de las culturas modernas, y participar en la vida pública y los debates legislativos, afirmó Rouco, para oponerse al laicismo, esa gran fuente de peligros históricos: "El Estado moderno, en su versión laicista radical, desembocó en el siglo XX en las formas totalitarias del comunismo soviético y del nacional-socialismo", advirtió.

Para Rouco, los males de esa dictadura laicista son evidentes. "El tratamiento legal dado al derecho a la vida, como si el Estado pudiera disponer ilimitadamente de él, constituye una prueba elocuente. Urge, pues, una respuesta cultural del Evangelio que, en un diálogo sincero entre fe y razón, haga presente en la vida pública la verdad de Dios Creador y Redentor del hombre: del Dios que es amor".

Rouco tomó la palabra el martes ante la asamblea sinodal y lanzó el reto de hacer que la Palabra de Dios luche contra "uno de los rasgos que más intensamente caracteriza la cultura moderna, sobre todo en el contexto euroamericano: la concepción inmanentista del hombre y del mundo, sin referencia ni explícita ni implícita a Dios Creador y Redentor del hombre". (El País, ed. Galicia, Socoiedad, 16/10/2008, p. 38)