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20/1/22

La humanidad ha sobrepasado el límite planetario de plásticos y contaminantes químicos... Se calcula que hay unos 350.000 tipos diferentes de productos químicos manufacturados en el mercado mundial...

 "Dada la persistencia en el medio ambiente de los productos químicos sintéticos y de una producción al alza desde las últimas décadas, una nueva investigación revela que se ha superado el umbral para estos procesos, lo que podría poner en peligro la salud del sistema terrestre. El equipo hace una llamada a la acción para reducir el daño asociado a estos compuestos.

Cambio climático, agotamiento de la capa de ozono, deforestación, acidificación de los océanos, pérdida de biodiversidad, ciclo de nitrógeno o contaminación química son algunos de los problemas ambientales que amenazan la salud del planeta. Son los conocidos como límites planetarios, un concepto establecido en 2009 por el equipo liderado por Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo (SRC, por sus siglas en inglés).

Una vez detectados, los científicos establecieron una serie de variables y límites que en teoría no se debían sobrepasar para mantener la estabilidad de la Tierra de los últimos 10.000 años. De los nueve umbrales identificados, cuatro de ellos ya se han superado, según un estudio publicado en Science en 2015 y dirigido por Will Steffen, de la Australian National University.

Sin embargo, en aquel momento algunos límites, como el de los compuestos químicos, no se pudieron cuantificar por falta de información. “Ahora esto ha cambiado”, afirma a SINC Patricia Villarrubia Gómez, estudiante de doctorado en el SRC de la Universidad de Estocolmo en Suecia y coautora de un estudio que se publica en la revista Environmental Science & Technology.

La investigación, liderada por Linn Persson del Instituto Medioambiental de Estocolmo, da un paso adelante en el análisis de nuevas entidades y contaminación química, y ha permitido evaluar por primera vez el efecto del cóctel de productos químicos sintéticos que inundan el medio ambiente. Los resultados revelan que la humanidad ha sobrepasado un límite planetario relacionado con los contaminantes ambientales, incluidos los plásticos.

“Nos centramos en documentar la preocupación por la seguridad planetaria como consecuencia de la sobreproducción y liberación de sustancias sintéticas como plásticos, pesticidas, retardantes de llamas y otros químicos industriales; así como de materiales naturales que son movilizados como consecuencia de las actividades humanas”, apunta Villarrubia Gómez.

A ellos también se suman antibióticos y otros productos farmacéuticos. Se calcula que hay unos 350.000 tipos diferentes de productos químicos manufacturados en el mercado mundial, creados por los humanos con efectos en gran medida desconocidos sobre el sistema terrestre. Cada año entran en el medio ambiente volúmenes significativos de estas nuevas entidades. 

Compuestos persistentes en el medio ambiente

En la actualidad, dado que algunos de estos contaminantes pueden ser extremadamente persistentes, pueden encontrarse por todo el planeta, desde el Ártico hasta la Antártida. Su presencia provoca impactos negativos en los sistemas de la Tierra, incluyendo la biodiversidad y los ciclos biogeoquímicos.

 “El ritmo de aparición de estos contaminantes en el medio ambiente supera con creces la capacidad de los gobiernos para evaluar los riesgos globales y regionales, y mucho menos para controlar los posibles problemas”, destaca la coautora Bethanie Carney Almroth, de la Universidad de Gotemburgo.

Plásticos, los mayores contaminantes

Los científicos se centraron en parte en el estudio de la contaminación por plásticos por varias razones. “La cantidad de la masa total de plásticos que se ha producido ya excede a la cantidad total en masa de todos los mamíferos existentes”, indica Villarrubia Gómez. Además, los edificios e infraestructuras creados (los cuales contienen plásticos y miles y miles de químicos sintéticos) exceden la masa de todos los árboles y arbustos existentes, según un estudio reciente. 

“Cada vez hay más evidencias científicas que apuntan a una gran preocupación. A día de hoy, sabemos que existen múltiples razones por las que los químicos y los plásticos producen impactos negativos en la salud de nuestro planeta, y que mayoritariamente se debe a la manera en la que los utilizamos en el día a día”, recalca la científica.

 Los impactos negativos de estas sustancias químicas se producen en todas las fases de su ciclo de vida, causando problemas en cada uno de los procesos –desde la extracción de las materias primas, su transformación e industrialización, pasando por el uso mismo de los productos– hasta que estos son desechados como basura.

Además, en el caso de los plásticos, “sabemos que hay una conexión directa con el cambio climático, pues al menos el 98 % de los plásticos vírgenes son un producto derivado de la producción de combustibles fósiles como la gasolina o el gas natural, lo que tiene asociado grandes emisiones de CO2 a la atmósfera, así como la contaminación de cuerpos de agua y suelos”, subraya.

Hacia una economía circular

Con este trabajo, los científicos piden que se tomen acciones de manera urgente para reducir el daño asociado a químicos sintéticos y plásticos, controlando y limitando su producción. “Consideramos que aún estaríamos a tiempo de revertir los daños producidos si llevamos a cabo acciones ambiciosas y concretas”, asevera Villarrubia Gómez.

 “A la hora de actuar, los investigadores estamos convencidos de que estos resultados pueden informar a gobiernos e instituciones intergubernamentales a tomar decisiones basadas en ciencia”, añade. Hasta ahora, los nuevos productos químicos, así como las nuevas formas de utilizar los ya existentes, llegan a los mercados con una rapidez tal que se excede con creces la capacidad de evaluación de los organismos gubernamentales y el control de los impactos relacionados con ellos.

Ante esta situación de desajuste extremo entre las tasas de producción y evaluación, el equipo sugiere que “se trabaje hacia una economía circular real mediante el cambio en el diseño de materiales y productos, diseñar nuevos que puedan ser reciclables, y mejorar el control de seguridad y sostenibilidad de los mismos”, detalla la autora.

También proponen establecer cuotas fijas para la producción y liberación de químicos, “como se está haciendo para tratar de controlar el cambio climático a través de cuotas para la emisión de gases de efecto invernadero”. Para la científica, “los cambios que estamos creando en nuestro planeta van a terminar repercutiéndonos de manera continuada y acumulativa si no llevamos a cabo acciones urgentes”, concluye. "                     (Adeline marcos, SiNC, 18/01/22)

22/9/21

La economía circular desplaza el poder de los grandes hacia los pequeños... Una economía circular empieza a alejar la economía de las megacorporaciones y la devuelve a los pequeños productores que producen bienes que duran porque están bien hechos... El método de acceso a esos bienes (arrendamiento, préstamo, reparación) significa que los costes se reparten y, por lo tanto, no es necesario aplastar la cadena de suministro y fabricación para conseguir pequeñas reducciones en el precio de venta.

"Sabes que un concepto medioambiental ha llegado a la corriente principal cuando los tories escoceses intentan superar al Gobierno escocés en este tema (aunque el Gobierno escocés lo esté poniendo bastante fácil). En eso estamos con la "economía circular".

Pero también significa que debemos empezar a estar atentos porque también es una señal de que existe un grave riesgo de subversión. Cada vez que un concepto reformador importante ha entrado en el debate principal en los últimos tiempos, ha sido capturado, distorsionado y emasculado.

Hemos visto cómo todo, desde la "economía del bienestar" hasta el "hidrógeno verde", se ha transformado sutilmente, pasando de ser ideas radicales y transformadoras a ser "lo de siempre con algunos trucos de presentación".

Para evitar que sea capturado y subvertido, se necesita algo más que entender y luchar por el concepto, sino tener claras las implicaciones y luchar por ellas, porque se trata de un concepto verdaderamente radical y transformador y de ninguna manera de más de lo mismo.

Common Weal ha escrito tanto sobre la economía circular y cómo llegar a ella que lo mejor es ir a ver algunos de estos trabajos, pero un breve resumen:

Piensa en una economía sin residuos. Piensa en los "residuos" de cualquier tipo como la ruptura del círculo económico. Si un material que sale del sistema no vuelve a entrar en él para ser utilizado de nuevo como material, entonces lo que estamos viendo no es una economía circular.

Así que primero se toma prestado o se comparte cuando se puede. Cuando no se puede tomar prestado o compartir, hay que asegurarse de comprar cosas que se puedan reutilizar. Cuando algo ya no puede ser reutilizado, debe ser reparado. Si no se puede reparar, hay que volver a fabricarlo (desmontarlo y reutilizar sus componentes).

Y cuando eso no sea posible, hay que hacer compost, porque se han fabricado cosas en gran parte con materiales orgánicos que se han cultivado (ese compost vuelve a alimentar lo siguiente que se cultiva).

Lo que queda debe ser en su mayoría minerales fundamentales - metal, vidrio y demás. Esto debería ser reciclado y devuelto a un estado que vuelva al principio del proceso de fabricación.

¿Por qué es esto tan radical? Hay tres grandes razones. La primera es las posibilidades que abre. Si tenemos una sociedad dominada por productos de alta calidad y larga duración (en lugar de los bienes de consumo de mala calidad y corta duración que dominan ahora) y cambiamos la forma de acceder a esos productos, el ciudadano medio tendrá acceso a más y mejores cosas.

Lejos de ser un sacrificio, se trata más bien de un "lujo universal". Este artículo explica la idea con más detalle.







La segunda es que, al facilitar el acceso a las cosas, empezamos a romper la cadena de necesidad-coste-sobretrabajo que define a Gran Bretaña. Como nuestras vidas están tan dominadas por la desechabilidad, estamos perpetuamente subiendo una escalera mecánica. Más pronto que tarde, todo lo que tenemos se rompe y se deshace y volvemos a las tiendas, comprando las mismas cosas una y otra vez.

Y esto nos lleva al tercer y más importante factor: socava todo el principio de la economía minorista moderna. Vivimos en una economía en la que sólo puedes tener éxito si eres capaz de competir en el mercado de bajo precio, baja calidad, bajo margen y alto volumen. Si no puedes producir bienes de baja calidad a precios extremadamente baratos, sobrevivir con pequeños beneficios en cada uno de ellos, pero vender almacenes llenos de ellos, eres un "nicho".

Eso significa que sólo puedes vender a clientes de alto nivel de ingresos y bajo volumen: los supermercados y la ropa de la calle principal están cerrados para ti y, en cambio, debes vender en mercados de agricultores y pequeñas tiendas boutique en los suburbios acomodados. Es casi imposible crecer.

Sin embargo, Escocia es, por naturaleza, un país de alta calidad y alta cualificación. Nuestras materias primas y materiales son de primera categoría, nuestra mano de obra está muy bien formada. La economía lineal (tomar, hacer, vender, tirar, repetir) nos obliga a jugar con nuestras debilidades, no con nuestras fortalezas.

Una economía circular empieza a alejar la economía de las megacorporaciones y la devuelve a los pequeños productores que producen bienes que duran porque están bien hechos. El método de acceso a esos bienes (arrendamiento, préstamo, reparación) significa que los costes se reparten y, por lo tanto, no es necesario aplastar la cadena de suministro y fabricación para conseguir pequeñas reducciones en el precio de venta.

Esta es una oportunidad para transformar Escocia exactamente en los aspectos que mucha, mucha gente dice que quiere ver cambiar: salarios altos, alimentos y bienes de consumo de calidad, menor pobreza, un rendimiento medioambiental inmensamente mejor.

Y por eso la subversión es un riesgo tan grande. El Gobierno escocés corre el riesgo de verse superado por los tories escoceses porque, una vez más, su compromiso hasta ahora es de papel. El desvanecido Proyecto de Ley de Economía Circular era poco más que retórica y un esquema de depósito en las tazas de café, aproximándose a la definición de lo mínimo que era posible poner en la legislación y llamarlo "circular".

Mientras tanto, Zero Waste Scotland (la agencia pública encargada de avanzar hacia una economía circular) parece creer que todo esto es realmente "un gran negocio, para los grandes". Parecen profundamente comprometidos con que los mismos actores poderosos tengan el mismo poder en una futura economía circular.

La forma en que las agencias públicas escocesas que se supone que deben transformar Escocia se quedan tan impresionadas por sus actuales actores con mucho dinero que se precipitan en una especie de Síndrome de Estocolmo voluntario es una plaga absoluta en nuestra sociedad (véase, por ejemplo, Scottish Enterprise, la industria del petróleo y el hidrógeno "verde").

Una economía circular no es "esto pero con tazas de café reutilizables y un año más de garantía de los productos", es una reorientación fundamental de nuestra economía. De hecho, sería la mayor reorientación económica de los últimos 100 años si la hiciéramos de verdad.

La economía circular desplaza el poder de los grandes hacia los pequeños, porque la economía de la grandeza, tan central en la economía lineal, ya no se aplica. Las mayores empresas (y, lamentablemente, los organismos públicos de Escocia) parecen resistirse a ello.

En esto, como en muchas otras cosas, Escocia se encuentra en una encrucijada. Tenemos dos opciones. Podemos tomar el control del futuro de Escocia y diseñar políticas y enfoques que creen el futuro que necesitamos. O podemos establecer adjetivos que describan el futuro que necesitamos y luego entregarlo a las grandes empresas para que lo hagan como les parezca.

Es casi imposible identificar un solo caso en el que Escocia haya tomado el primer camino. Si la economía circular sigue el segundo camino, acabará llegando a un punto final.

En ese final se encontrará, con la ropa raída y la cabeza agachada, el "goteo thatcheriano", las "asociaciones público-privadas blairistas", la "economía del bienestar del Gobierno escocés" y cualquier otro dogma falso y fallido del libre mercado disfrazado de progreso que se ha infligido a Escocia en los últimos 40 años.

Intentemos todos salvar la economía circular de ese destino."                

(Robin McAlpine es el director del think and do tank escocés Common Weal. Brave New Europe, 09/09/21; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

28/7/20

Economía circular: una oportunidad para la recuperación sostenible

"La economía actual, una economía lineal, de usar y tirar, genera una cantidad de residuos asombrosa. Esto implica una pérdida de valor igualmente disparatada. En Europa solo el 12 % de los recursos materiales utilizados provienen del reciclaje y de la recuperación. El 88 % restante se pierde. 


Gobiernos y empresas han empezado a darse cuenta de que este sistema lineal aumenta su exposición a grandes riesgos, por la volatilidad de los precios de los recursos y las posibles interrupciones del suministro. Estos peligros han quedado patentes con la crisis de COVID-19. 


Muestras de esta preocupación política son, por ejemplo, el Plan para la Economía Circular europeo, vigente desde 2015, y la recientemente aprobada Estrategia Española de Economía Circular.


Más allá del deterioro, a veces irreversible, del medioambiente, las consecuencias del modelo lineal son un desafío fundamental para la creación de riqueza global a largo plazo.

Es momento de desbloquear la economía lineal


Nos encontramos bloqueados en un sistema económico que arrastra una poderosa inercia equivocada desde la Revolución Industrial. Entonces se sentaron las bases del modelo lineal, sin por supuesto prever su incompatibilidad con las actuales dinámicas ambientales y demográficas. 


Dentro de su gravedad, el actual frenazo en la economía mundial también puede leerse como una oportunidad para arrancarla de nuevo con una orientación más sostenible. Arreglar una bicicleta en marcha es imposible, pero parece que estaremos en la cuneta durante algún tiempo.


Debemos aprovechar esta oportunidad para dar un paso atrás y plantearnos soluciones alternativas a nuestros problemas y necesidades, para ecoinnovar y rediseñar nuestro modelo equivocado de creación de valor económico, que está demostrando ser insostenible. 


No se trata de hacer menos malo lo que ya hacemos mal, poniendo filtros en nuestros desagües y chimeneas, enterrando nuestros residuos o reciclándolos parcialmente en productos de menor valor. Se trata de hacer las cosas de un modo diferente, que permita compatibilizar la sostenibilidad del crecimiento socioeconómico con la del sistema natural: se trata de transitar con urgencia hacia una economía circular.


La teoría: principios de la economía circular



  • El desperdicio no existe. Los productos deben ser diseñados y optimizados para un continuo ciclo de desensamblado y reutilización al final de su vida útil.
  • La cuidadosa gestión del flujo de materiales. De acuerdo con esta perspectiva, son de dos tipos: por una parte, nutrientes biológicos, diseñados para reincorporarse sin impacto ambiental negativo al ecosistema, contribuyendo de ese modo al crecimiento del capital natural. Por otra parte, nutrientes tecnológicos, diseñados para reincorporarse sin pérdida de valor al sistema industrial, contribuyendo al crecimiento del capital económico.
  • La energía para alimentar este ciclo debe ser renovable. De nuevo para reducir la dependencia de recursos e incrementar la resiliencia del sistema natural y del sistema económico.

Aplicación práctica: ejemplos inspiradores


Cada uno de nosotros, como ciudadanos, podemos contribuir a la economía circular. Por ejemplo, contratando energía verde, comprando productos eficientes energéticamente, comprando alimentos de temporada y proximidad y, en general, reduciendo nuestro consumo y desperdicios.


Sin embargo, y a pesar de que la fuerza de la demanda es poderosa, esta transición exige compromisos e inversiones que corren a cargo de las empresas. Las empresas y los emprendedores pueden contribuir a la economía circular utilizando diferentes modelos de negocio.


Encontramos algunos ejemplos inspiradores en firmas que proveen a la industria de recursos renovables, reciclables o biodegradables. Uno es BFT, una empresa canadiense que produce fibras textiles a partir de cultivos de lino y cáñamo. Los productos de BFT son compatibles con las tecnologías de la industria textil tradicional y tienen propiedades tan buenas como el algodón o las fibras sintéticas. Sin embargo, tienen un impacto ambiental mucho menor en términos de consumo de agua y no producen residuos insostenibles como los microplásticos.


Cada vez hay más empresas que buscan valor no solo en los productos finales, sino también en las corrientes de materiales que se utilizan en sus sistemas productivos. Un ejemplo es Procter & Gamble, que aspira a operar todas sus fábricas con el objetivo de cero residuos.


También hay empresas que contribuyen a la economía circular prolongando la vida útil de sus productos. A través de su negocio de reacondicionamiento, la tecnológica Dell recupera viejos equipos y los revende cuando es posible.


Igualmente contribuyen a la economía circular las empresas de plataformas de uso compartido. En lugar de desechar o infrautilizar productos que se encuentran inactivos, permiten que otras personas tengan coacceso o copropiedad. Como ejemplos se podrían mencionar Airbnb o BlaBlaCar.


Por último, también contribuyen las empresas que operan bajo el modelo de negocio de producto como servicio. Este no se centra en generar grandes volúmenes de producción, sino que se enfoca en las prestaciones y la capacidad de actualización que tienen sus productos. Desmaterializa así la entrega de valor para ofrecer siempre las últimas innovaciones. Encontramos otro ejemplo inspirador en la propuesta de “iluminación como servicio” de Philips. El cliente paga por los lúmenes de los que disfruta, y no por el equipamiento. De su diseño, operación, mantenimiento y renovación se encarga la compañía holandesa.


Una transición difícil pero urgente


En conclusión, la transición desde el actual sistema económico lineal hacia una economía circular permitiría compatibilizar el desarrollo y bienestar económico de la creciente población mundial con la capacidad natural del planeta para soportarlo.


Evidentemente, tal cambio representa un gran desafío a la inercia equivocada en la que se encuentra instalado nuestro sistema económico desde hace más de un siglo. 


Pero esta transición también representa una gran oportunidad para países y empresas. Se estima que podría generar un valor próximo a 4,5 billones de dólares en 2030, al tiempo que abundantes oportunidades de empleo y una mayor innovación.


Este proceso puede ser largo, lento, costoso y tal vez frustrante en el corto plazo. Quizás no muchos países y empresas puedan permitirse liderar esta transición. Lo que parece evidente es que pocos podrán mantenerse al margen de ella."                   (, The Conversation, 12/07/20)

21/4/20

Kate Raworth: "La 'economía del donut' satisface las necesidades de todas las personas, pero dentro de los límites del planeta"

"Para ella, la economía tendría que tener la forma de un donut, de una rosquilla. Kate Raworth (Londres, 1970) ha planteado una teoría que rompe con el mercado tal y como es hoy. Propone dejar de buscar riqueza a costa de los límites ambientales y la justicia social. 

Su teoría fue presentada como un documento de trabajo para Oxfam en 2012, después tomó protagonismo en la Asamblea General de la ONU y fue un referente para el movimiento social Occupy London. 

Su teoría perfila una transición desde la que llama economía del siglo XX a la del XXI, en la que el PIB, un índice finito, sería sustituido por una rosquilla que pone en relación las necesidades humanas con el impacto ambiental de la economía en la sociedad y la Tierra como ente vivo.

Estudió Economía pero no se siente economista. ¿Por qué?

Me defino como economista renegada y me parece razonable. Creo en el concepto griego de economía como el arte de gestionar el hogar. La Universidad debería reconocer que el sistema de producción y distribución depende de la sociedad y del mundo vivo, donde está integrado, y de la salud de ambos. La economía es interdependiente de la salud y los recursos del planeta, son las fuentes a las que recurre. Todos los economistas deberían repensar los indicadores del mundo en el que vivimos y plantearse cómo manejamos nuestros recursos planetarios. Este debería ser el punto de partida: la naturaleza es inherente a la economía.

Cuando llama a huir del planteamiento del siglo pasado, ¿a qué se refiere?

En la década de 1870 los economistas hicieron una analogía entre las leyes del movimiento de Newton y la economía: al igual que la gravedad atraía cosas hacia ella, los precios iban a atraer a la economía al equilibrio. El problema es que, mientras la ciencia avanzó, la economía se quedó en el siglo XIX. Si se trata de manejar tu hogar, primero tienes que entender cómo funciona. Aprender de la psicología, la neurociencia, la sociología, la antropología y la ciencia terrestre. Hay que poner por delante el bienestar humano y planetario y la salud de ambos. El indicador del crecimiento es el PIB, pero debería ser la prosperidad humana. Hay que plantearse qué tipo de mentalidad económica, instituciones, políticas y estructuras hacen falta para ello.

Propone una nueva estructura en forma de donut. ¿Qué significa?

Es un diagrama que aspira a condensar el salto del viejo al nuevo pensamiento económico. El reto es crear economías locales y globales que lleven a todos al espacio seguro y justo del donut [el aro principal, por debajo del cual se encuentran las carencias del sistema y por encima, los excesos]. En lugar de perseguir un PIB cada vez mayor, es hora de descubrir cómo prosperar de forma equilibrada. La economía del donut satisface las necesidades de todas las personas, pero dentro de los límites del planeta. ¿Qué tipo de economía del siglo XXI podrá hacer esto?

Quiere cambiar el PIB por el donut

El Producto Interior Bruto pertenece a lo que yo llamo economía del siglo XX, es una forma de medir la producción con la que llevan obsesionados desde 1930. Aquel indicador de progreso resultó útil: sirvió para compararse con otros países. La OCDE ha hecho clasificaciones desde 1960 para incentivar la competitividad y seguir creciendo. Se ha utilizado para justificar desigualdades extremas de renta y la destrucción del medio natural. Hay muchos aspectos limitantes en esta forma de pensar. El siglo XXI va a incluir otras métricas que respeten los derechos humanos de todas las personas y el planeta.

¿Por qué es tan importante el medio ambiente en su sistema?

El bienestar humano depende de la tierra viva. Si queremos tener suficiente comida, necesitamos suelos fértiles y un clima estable. Si queremos vivir de forma saludable, necesitamos aire limpio y una capa de ozono. Nuestro bienestar depende de los sistemas que soportan la vida en la Tierra. Estos apenas se entendieron en el siglo pasado y se dejaron al margen de la teoría económica. Es hora de ponerlos en el centro de nuestra visión del bienestar.

¿Cómo propone su teoría repartir la riqueza?

Hay que pre-distribuir las fuentes del crecimiento y de conocimiento. Por ejemplo, ayudar a que la propiedad distribuida, compartida, de energías renovables y ayudar a que a que las comunidades sean propietarias. El crecimiento de las licencias de código abierto son conocimiento de forma distributiva; en cuanto a la vivienda, apoyar un modelo más distributivo, por ejemplo, mediante cooperativas. La reforma es profunda. Más que confiar en la redistribución de los ingresos, hay que plantear instituciones más distributivas y pensar cómo crear una economía con tecnología, con diseño.

¿En qué se diferencian la gestión centralizada y distributiva?

Pensemos en la energía fósil: se extraía, se refinaba y se vendía, eso era una gestión centralizada en manos de una empresa que tiene los derechos de una explotación y gestiona todo. En el caso de la energía, la distribución por diseño serían las pequeñas estaciones solares de una casa. En el siglo XX la propiedad se volvió muy importante, un campo de batalla entre compañías, con sus patentes y la propiedad intelectual. Se boicoteaban para que la innovación no creciera. Hoy tenemos 'creative commons', licencias de uso colectivas y estándares abiertos, otra forma de distribución por diseño. En materia de instituciones, se puede aplicar el mismo modelo y cambiaría su comportamiento.

¿Cómo deberíamos cambiar entonces la forma de hacer negocios?

Planteándonos: ¿Por qué una compañía puede explotar los recursos de la tierra con la bandera de conseguir beneficios y aumentar las ventas?; ¿por qué tiene derecho a socavar los derechos sociales? El diseño de las empresas del siglo XXI tiene que generar valor social, ambiental y cultural y compartir y beneficiar la creación conjunta y devolver al planeta del que dependemos. Entonces, de pronto las empresas viejas se van a quedar realmente viejas, caducas, no van a tener sitio. Pero, cuidado, hay empresas que quieren repensar sus modelos y puede pasar como con la mal llamada economía colaborativa: que sean negocios de antes con el disfraz de nuevo.

¿No cree usted en la economía compartida?

Los cambios de modelo, tecnológicos y de uso siempre van a traer de la mano posibilidades muy distintas, pero la palabra compartir implica otras cosas más humanas y profundas en la naturaleza. Nunca llamaría a Airbnb economía compartida. Esto es microcapitalismo, sigue siendo alquiler, no es compartir, aunque el término esté tan extendido. La tecnología no siempre aboga por distribuir de forma igualitaria los recursos. La red, por ejemplo, está dominada por Facebook, Ebay, Google… unas pocas empresas toman ventaja de las redes en las que están.

¿Internet tiene marcha atrás?

Internet 2.0 se ha vuelto algo muy concentrado, pero no siempre fue así. Internet 1.0 alojaba redes más auténticas, con más valor. Estamos en los inicios de Internet 3.0; la gente está empezando a reaccionar, a rebelarse contra todo, a entender los efectos negativos de esas redes, de ese Internet. Les preocupa la privacidad, los precios de los alquileres… Internet tendrá un valor distinto si somos capaces de crear, de tejer otro tipo de redes de colaboración: más pequeñas, mejor conectadas entre sí y no dominadas por los grandes de Internet.

¿Cómo se hará la transición?

Habrá viejos agentes que se transformarán para formar parte del nuevo sistema, pero va a ser costoso. Por ejemplo, el rediseño que plantea el donut consiste en que las compañías podrían empezar a vender servicios en vez de productos: iluminación en lugar de bombillas.

¿Qué ejemplos conoce que estén en este nuevo paradigma?

El director ejecutivo de Unilever, Paul Polman, está intentando reinventar la compañía, darle un propósito del siglo XXI, pero sigue estando en manos del mercado, cotiza en bolsa, sigue rigiéndose por el cortoplacismo. Patagonia es una empresa que de base tiene un sistema distinto, que trabaja para cambiar el sistema en el que vivimos. Yvon Chouinard (1938, Lewiston) la fundó sobre valores realmente ambientales –es escalador y ecologista– y así la filosofía de marca.

O Houdini, fundada en la base de los límites planetarios. Las empresas pueden pensar que su sistema no puede aplicarse en el mundo en el que vivimos, en donde casi todo es extractivo o tiene obsolescencia. Yo hablo también en mi teoría de la ética. Supongo que no es muy ético fabricar algo que sabes que se va a romper.

¿Las pequeñas empresas tienen más posibilidades de transformarse en empresas del siglo XXI?

Es cierto que las start-up, a priori, tienen más posibilidades de cambiar sus estructuras o de nacer con un modelo de negocio más circular, pero cuando hablo con ellas, lo que más repiten es que tienen que crecer, es lo que más les importa, en eso está basado su modelo. Todas están compitiendo en el mismo terreno de juego, aunque a veces en mundos paralelos. Puedes centrar tus esfuerzos en ser sostenible y regenerador, pero en última instancia depende de la estructura de la compañía. Obtener el mayor retorno y beneficios posibles debe dejar de ser la meta. Y la base debe ser la protección ambiental, no puede ser algo accesorio.

No es partidaria de poner freno a los abusos ambientales con impuestos. ¿Por qué?

Los impuestos, las cuotas y los precios escalonados pueden contribuir a aliviar la presión que la humanidad ejerce sobre las fuentes de la Tierra, pero son insuficientes. Las empresas ejercen presión para retrasar su puesta en práctica o reducir los tipos fiscales, obtener bonificaciones... Los Gobiernos ceden porque temen que su país pueda perder competitividad o su partido pierda votos. 

Las cuotas e impuestos que limitan las existencias y reducen los flujos de contaminación pretenden cambiar el comportamiento de un sistema; pero son palancas de baja influencia. Cuando la industria va de fabricar, usar y tirar, los incentivos no evitan que los recursos se agoten; lo que se necesita es un paradigma de diseño regenerativo que cambie las empresas.

¿Y por dónde empezamos?

Por ejemplo, por sacar del mercado los plásticos de un solo uso y los productos con obsolescencia. Hay que crear un ecosistema de materiales distinto al que tenemos y hacerlo de la mano de las empresas. Algunas compañías tienen en sus plantillas algunos de los ingenieros y diseñadores más ingeniosos y brillantes, estoy segura de que harían diseños más efectivos si fuera su objetivo. 

Hay que pensar que todos los materiales, sean biológicos o técnicos, sean metales, fibras que no se descomponen naturalmente deben ser diseñados para ser reutilizados o reacondicionados y en última instancia, reciclados.
Mire por ejemplo los teléfonos móviles: en 2010 solo se reutilizó el 6%, el 9% se desmontó para reciclar y el 85% fue al vertedero. Se tiene que diseñar de otra forma.

¿El donut acabará con la desigualdad?

El 45% de las emisiones contaminantes parte de la demanda de un 10% de la población. Hay una enorme diferencia en el uso que se hace de los recursos planetarios. Uno de los principales propósitos del donut es crear una economía regeneradora y reducir esta brecha; eliminar los extremos en el bienestar. 

Y una de las razones por las que he insistido tanto en los límites planetarios es por el cambio climático. Sé que es un proyecto muy audaz para el siglo XXI, pero es precisamente este el tipo de proyecto que debemos abordar, porque no podemos dejar este legado a los que vengan después y los hijos de éstos. Y debemos sentirnos orgullosos de ponérnoslo como meta."          

(Entrevista a Kate Raworth, economista, Belén kayser, 16/04/20 , esta entrevista ha sido publicada en el N15 de la revista Ballena Blanca)

31/10/19

Pikkety: con las diferencias de riqueza que existen en este momento, no es posible ninguna ambición ecológica... existen soluciones más ambiciosas con elementos clave como la transparencia financiera y el retorno a la progresividad fiscal para financiar la salud y la educación para todos, y la transición ecológica

"La idea de la economía circular con frecuencia trae a la mente problemas de reciclaje de residuos y materiales y el uso moderado de los recursos naturales. Pero para que surja un nuevo sistema que sea sostenible y equitativo, habrá que repensar todo el modelo económico. Con las diferencias de riqueza que existen en este momento, no es posible ninguna ambición ecológica. El ahorro de energía solo puede provenir de la moderación económica y social y no de fortunas y estilos de vida excesivos. 

Tendremos que construir nuevas normas de justicia social, educativa, fiscal y climática a través de la discusión democrática. Estas normas tendrán que decir no a la actual hiperconcentración del poder económico. Por el contrario, la economía del siglo XXI debe basarse en la circulación permanente de poder, riqueza y conocimiento.

Es la difusión de la propiedad y la educación lo que permitió que el progreso social y humano se hiciera realidad en el siglo XX. Un poderoso movimiento de reducción de la desigualdad social y una mayor movilidad (cuyos primeros signos intelectuales ya eran visibles en los siglos XVIII y XIX) cobraron impulso entre 1900-1910 y en los años 1970-1980, gracias a un nivel de inversión sin precedentes en educación. Se estableció un nuevo equilibrio con los derechos de los accionistas igualados por los de los asalariados (particularmente en el norte de Europa): la circulación de los ingresos y la riqueza estuvo acompañada de impuestos progresivos (en particular en los EE. UU.), Y así sucesivamente.

Este movimiento se interrumpió en la década de 1980-1990 tras el cambio de dirección a raíz de la desilusión poscomunista y la caída en el enfoque Reagan. El poscomunismo se convirtió en el mejor aliado del hipercapitalismo. Los recursos naturales fueron sobreexplotados y privatizados en beneficio de una minoría, los sistemas legales fueron sistemáticamente burlados a través de paraísos fiscales, cualquier forma de impuestos progresivos fue eliminada por completo. 

En la Rusia de Putín, el impuesto sobre la renta es del 13% si su ingreso es de 1000 rublos o mil millones de rublos. Los mismos excesos se pueden ver en China, donde aquellos cercanos a los que están en el poder, se han forjado imperios que transmiten a sus herederos sin impuesto a la herencia. Hong Kong es, por lo tanto, un ejemplo sorprendente de un país que se ha vuelto aún más desigual al someterse a la autoridad de un régimen supuestamente comunista.

 El enfoque de Reagan en la década de 1980 fue menos radical: redujo la tasa de impuestos aplicada a los más ricos del 70% al 30%. Reagan tenía la intención de poner fin a lo que expuso como redistribución excesiva e igualitarismo como resultado del New Deal y que, en su opinión, había debilitado el espíritu empresarial y la cruzada anticomunista de Estados Unidos. Al liberar las energías del emprendedor, Reagan prometió una nueva fase de crecimiento sin precedentes. 

Por supuesto, las desigualdades iban a aumentar, el número de millonarios aumentaría y serían más ricos, pero todo eso proporcionaría un grado de innovación que beneficiaría a las masas, lo que significa que todos ganarían con ello. De hecho, el dominio de los multimillonarios sobre la economía estadounidense ha crecido considerablemente desde la década de 1980, con una concentración de propiedad en los niveles cercanos a los observados en Europa a principios del siglo XX.

El problema es que el aumento dinámico en el crecimiento no ha tenido lugar: el ingreso nacional per cápita ha sido testigo de su progresión dividida en dos (2.2% anual entre 1980 y 1990, 1.1% entre 1990 y 2020). Los salarios se han estancado y un porcentaje creciente de la población comienza a dudar de los beneficios de la globalización. El endurecimiento del nacionalismo de Trump está directamente relacionado con este fracaso del reaganismo: dado que el liberalismo económico no es suficiente, los mexicanos y los chinos ahora están acusados ​​de robar el trabajo duro a la América blanca.

 En realidad, el fracaso del reaganismo demuestra principalmente que la hiperconcentración de la propiedad y el poder no se corresponde con los requisitos de una economía moderna y circular. No es porque una persona haya hecho una fortuna a la edad de 30 años que deba continuar concentrando el poder como accionista a la edad de 50, 70 o 90 años. La disminución del crecimiento también se explica por un estancamiento preocupante en la inversión educativa desde la década de 1990, así como por las inmensas desigualdades en el acceso a la educación y la formación tanto en los Estados Unidos como en Europa.

 El desafío del calentamiento global y la conciencia internacional de las crecientes desigualdades actúan como palanca para el cambio, pero todavía estamos lejos de la meta. Los proyectos de la OCDE para la tributación de las ganancias de las multinacionales solo se refieren a una pequeña fracción de estos últimos y la escala de la contribución propuesta es mucho más favorable para los países ricos que para los pobres (como lo demuestra el trabajo de ICRICT. Triumph of Injustice, un libro publicado esta semana en Estados Unidos por Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, demuestra que existen soluciones más ambiciosas con elementos clave como la transparencia financiera y el retorno a la progresividad fiscal para financiar la salud y la educación para todos, y la transición ecológica: el éxito de estas ideas entre los demócratas estadounidenses (en particular Warren y Sanders) permite el optimismo.

Pero Europa no puede simplemente esperar y esperar que el cambio venga de América. Si vamos a ir más allá de simplemente adoptar una postura, y finalmente dar sustancia al Green Deal, es urgente que se tomen medidas firmes para la justicia social y fiscal en Europa. Este también puede ser el precio a pagar por la esperanza de devolver al Partido Laborista británico a la órbita europea y evitar una desastrosa victoria conservadora en las próximas elecciones. Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, es hora de que la marcha hacia la igualdad, la economía circular y el socialismo participativo vuelvan a la normalidad."                     (Piketty, blog, 15/10/19)

29/4/19

“Se puede producir sin agredir al suelo, sin envenenar los alimentos y siendo protagonistas”... Nosotros tenemos toda la cadena: producción, elaboración, transformación, venta. Nosotros entregamos el alimento a ciudades y pueblos de 23 de las 24 provincias del país. Tenemos redes...

"Aquí explican cómo es posible producir sin agredir a la naturaleza, sin envenenar los alimentos y sin esclavizarse como productores. “Al productor le devuelve las ganas de vivir, el entusiasmo, porque pasa a ser la parte más importante del proceso productivo”, mientras que en la agricultura de los agroquímicos “es un paria, un instrumento de las multinacionales”.

“Naturaleza Viva” es una chacra de unas 200 hectáreas, en el norte santafesino, en Guadalupe Norte, donde trabajan quince familias que producen una gran variedad de alimentos sin utilizar agroquímicos ni transgénicos. Su producción llega a miles de hogares en numerosas provincias argentinas. La notable experiencia es liderada desde hace tres décadas por Irmina Kleiner y Remo Vénica, una pareja de ex militantes del Movimiento Rural de la Acción Católica, perseguidos por la dictadura militar por organizar a los campesinos en lucha.

 La increíble historia de supervivencia de Remo e Irmina durante cuatro años en el monte chaqueño quedó reflejada primero en el libro Monte Madre de Jorge Miceli (edición del autor, 2006) y luego en la película Los del suelo, del director Juan Baldana (2015).

La revolución por la que entonces lucharon tomó otros rumbos en las vidas de Remo e Irmina: su chacra “Naturaleza Viva” es una poderosa muestra de que es posible producir alimentos de otra manera, de que la agroecología es sostenible y que puede resistir a crisis económicas y modelos injustos de la más variada índole.

 La granja recibe escuelas, delegaciones y familias interesadas en conocer esta experiencia, y es constante la presencia de estudiantes y profesionales que realizan pasantías, produciendo un rico intercambio de saberes y experiencias procedentes de distintos puntos del país y del mundo.

La prédica de ambos, presentes a veces en persona pero multiplicada por un aura que de a poco se convierte en leyenda a lo largo y a lo ancho del país, es un mensaje pleno de lucidez, convicción y sensatez, y así aparece en este diálogo sostenido en Gualeguaychú, en el marco de una jornada sobre producción agroecológica como parte de las actividades del Plan de Alimentación Sana, Segura y Soberana de esa ciudad.

Los responsables de “Naturaleza Viva” explican aquí cómo es posible producir sin agredir a la naturaleza, sin envenenar los alimentos y sin esclavizarse como productores. La calma de Irina contrasta con Remo, quien habla con un apasionamiento admirable. Por supuesto, la transcripción de la entrevista no logra transmitir la calidez y entusiasmo de sus voces, al contar cómo fue apostar –treinta años atrás– a lo que aun no se conocía con el nombre de agroecología: el modo más natural de emanciparse de las deudas que los agobiaban. 

Y aseguran que esta forma de producir vuelve a poner en el centro, junto a la naturaleza, “al productor, le devuelve las ganas de vivir, el entusiasmo, porque pasa a ser la parte más importante del proceso productivo”, mientras que en la agricultura de los agroquímicos “es un paria, un instrumento de las multinacionales”.

Remo e Irmina, ustedes están al frente desde hace ya más de 30 años, desde 1987, de una de las experiencias más interesantes de producción natural, de producción agroecológica, en la Argentina. Quisiera saber cómo fue el inicio, que los decidió a apostar a esa manera de producir.

Remo: Respecto al cómo fue, al momento del cambio… ¿Sabés qué pasa? Cuando te ajusta el zapato, lo que tenés que hacer es cambiarlo. En este caso, nosotros ya estábamos en un momento perverso de la “revolución verde”, del uso de agroquímicos. Y entramos en ese juego sin ser conscientes de él, entonces nos fuimos endeudando. En el campo de mi padre hubo un gran endeudamiento, con riesgo a perder la tierra.

 Entonces lo que hicimos fue: señores, demos vuelta, provoquemos un cambio posible, salvemos la tierra. Y para eso decidimos impedir el uso de los agrotóxicos en el campo, porque ya veíamos el efecto negativo de los agrotóxicos en la calidad de la tierra.

Irmina: La decisión fue no seguir endeudándose comprando más insumos, y por otra parte también el suelo, que estaba muy deteriorado, muy empobrecido, no tenía vida. Eso era un desafío muy fuerte, había que reconvertir, empezar otro proceso de volver a fertilizar, a vivificar, a generar árboles en el ambiente, materia orgánica. Ese fue uno de los elementos para tomar la decisión.

Remo: ¿Cuál es la cuestión más grave, para el productor, de las técnicas de producción que la “Revolución Verde” convirtió en habituales, las técnicas de la agricultura industrial? Es el endeudamiento permanente del productor, porque compra insumos y los saca a cuenta de la producción que va a sacar dentro de cuatro a seis meses. 

Pero si nuestros abuelos, nuestros padres, nunca entraron en eso, porque eran autosustentables en el tema, porque producían sus semillas, y no necesitaban comprar venenos o insumos porque trabajaban mirando la tierra, mirando la calidad y la vitalidad del suelo.

¿Y cómo fue la decisión?

Remo: Fue de un día para el otro. Decidimos no usar más agrotóxicos y comenzamos. No teníamos muchos indicadores de experiencias similares en el país ni en el exterior. Estamos hablando de 1987, y no había ni siquiera marco legal. Hubo una resolución sobre producción orgánica en 1994 y la Ley 25.127 de producción orgánica recién es del año 1999.

En 1987 tampoco había internet como para buscar…

Remo: No. No había internet. Vos hoy apretás un botoncito y tenés experiencias de China, de Estados Unidos, de Europa, de Brasil, etcétera. No teníamos nada de eso. Pero teníamos nosotros una percepción de lo que sucedía, porque los dos fuimos dirigentes campesinos, del Movimiento de Ligas Agrarias, del Movimiento Rural de Acción Católica Argentina, que ha trabajado mucho en la región formando grupos de jóvenes campesinos. 

Eso nos ha permitido identificar y observar campesinos de Misiones, de Formosa, de Chaco, de Corrientes, de Santa Fe, de distintas partes del país y del Noroeste, ver cómo se desarrollaban las actividades. Muchos de los pequeños campesinos eran agroecológicos sin ponerle nombre. No tenían el rótulo, pero ellos no usaban venenos, no usaban semillas compradas, no usaban herbicidas, usaban el lomo, la azada. Y eso para nosotros fue muy fuerte.

Irmina: Y otro de los ingredientes es que nosotros en el 84 habíamos regresado del exilio, habíamos estado en Europa, y ahí vimos fuertemente los movimientos ambientales, la lucha contra la contaminación. Vimos los ríos muy contaminados, el ambiente contaminado. Entonces veíamos a dónde llevaría este proceso de matar la fertilidad del suelo, de contaminar y usar agroquímicos. Teníamos la imagen muy cerca. 

 ¿Cómo funciona Naturaleza Viva?  

Remo: Nuestra perspectiva es biodinámica, pero en el mismo trabajo que estamos realizando utilizamos otras según las condiciones: ya sea si son frutales, horticultura, producciones extensivas. Hay variables, hacemos de todo. Tambo y producciones lácteas. 

Nunca, o excepcionalmente, vendemos leche: lo que vendemos es queso, yogur, ricota, manteca, dulce de leche. En las otras actividades que tenemos, agricultura, hacemos la producción agropecuaria pero también hacemos la transformación de los productos. 

El hilo y el girasol los transformamos en aceite prensado en frío. El pellet, que queda de ese proceso de prensado, vuelve a ciclar en la granja. Por eso hablamos de granjas integrales, por eso hablamos de la importancia de saber cuántos minerales le quitamos al suelo a través del tipo de producciones que hacemos, para que el suelo no se desgaste y pierda la capacidad productiva. 

En eso es muy importante la agroecología, es decir, la recuperación de los nutrientes del suelo a partir de los procesos biológicos de los modos de producción. Y el trigo, el maíz, transformados en harinas integrales, que también tienen una diferencia respecto de las harinas integrales con lo que consumimos como harina blanca.

Es como un circulo virtuoso ¿verdad?

Irmina: Un suelo fértil es muy eficiente para producir sin agroquímicos. Porque los insectos y las malezas vienen en suelos deteriorados. De suelos deteriorados surgen plantas enfermas, y las plantas enfermas son atacadas por microorganismos, insectos, plagas en general. Pero las plantas plagas desaparecen con la fertilidad de la tierra, y la fertilidad se mantiene a través del ciclado de los elementos de nuestro ecosistema: el sol es gratis, el aire es gratis, el agua es gratis y la tierra es naturalmente gratis para el campesino.

 Un correcto manejo del sol, del aire, de la tierra y del agua optimiza la producción. Y si en el proceso productivo hacés rotación de cultivos, combinación de cultivos, combinación de agricultura y ganadería, se favorecen la vida y la incorporación de nutrientes. En el caso de “Naturaleza viva”, hacemos un agregado muy importante que es devolver el fósforo a la tierra a partir de la molienda de los huesos de nuestros propios ganados, que se vende la carne pero no los huesos. 

No hay que ser estúpidos en el trabajo agrícola, hay que ser inteligentes en la recuperación de los nutrientes. Si yo vendo el grano de girasol estoy vendiendo los minerales, porque lo que vendo es energía, vendo el aceite que consumen. Lo mismo si yo, en vez de vender la naranja, vendo el jugo, todo el resto forma parte del ciclado de los elementos, y así sucesivamente.

 Entonces, ¿cómo ciclan estos elementos? A través del animal. Las vacas lecheras consumen el pellet del girasol, consumen elementos vitales para ciclar, los minerales en el suelo para permitir una agricultura sustentable de alta rentabilidad pero además sustentable en el tiempo. 

 Esa alta rentabilidad, en el caso de ustedes, está vinculada además con el hecho de que no venden las materias primas…

Remo: Exacto. Nosotros tenemos toda la cadena: producción, elaboración, transformación, venta. Nosotros entregamos el alimento a ciudades y pueblos de 23 de las 24 provincias del país. Tenemos redes. Porque además lo hacemos a través de redes.

¿Es central entonces que el productor no resigne la elaboración de su propio producto?

Remo: Y además tiene que ver con la historia de la agricultura. La historia de los pueblos originarios. La historia de nuestros abuelos europeos. Ellos entregaban los productos al mercado porque en aquella época no nos olvidemos que más del 50% de las personas vivían en el campo. Hoy tenemos apenas el 7%, y me parece que estoy exagerando.

 Todo este fenómeno hizo que se apropiaran del trabajo del productor agropecuario. Entonces el productor agropecuario pasa a ser simplemente un productor de materia prima, que es el rubro más complejo y más riesgoso que existe. Porque tenés los factores climáticos: lluvia, sequías, plagas, enfermedades. 

Todo eso se fue complicando cada vez más y nos han quitado, conscientemente, esto de ser productores de alimentos. Porque además, detrás estaba todo el uso de los venenos, que no tienen nada que ver con la producción de alimentos. Esta es la gran paradoja de la sociedad actual, para los hombres de las ciudades, para los trabajadores agropecuarios. No puede ser que seamos productores de alimento contaminado con agroquímicos, y peor todavía, afectando la vida de nuestra Pachamama, que es la que nos da la posibilidad de vivir hoy y de seguir viviendo en el futuro. Estamos en una sociedad con mucho riesgo a partir de este gran fenómeno de urbanismo y cero ruralidad. Y además hemos perdido esto de la totalidad de la cadena de elaboración de alimentos. 

Remo: ¡Claro! Cuando nosotros nos dimos cuenta de eso, pues ahí estaba la papa: triplicamos la ganancia reduciendo los riesgos. ¿Te imaginás? Nos quedamos con los tres eslabones, pero no solo eso, lo más rico de esto es que de un eslabón a otro no hay trasmisión ni impuestos porque es el mismo productor el que genera todo. 

Por lo tanto desde la producción primaria, del movimiento de suelo, hasta el producto terminado es toda una cadena donde queda toda la ganancia para el productor y de esa manera puede reinvertir, puede recrear los sistemas productivos. 

Y todo eso a partir de recuperar la vida de la tierra, del suelo, el potencial más extraordinario que debemos cuidar para que las nuevas generaciones, tanto de los argentinos como de todos los que vivimos en el planeta podamos seguir viviendo en el futuro.

Irmina: Y por otra parte cada uno de esos eslabones productivos requiere manos y cabezas atrás haciendo y concretando las cosas, entonces del campo despoblado pasamos a un campo generador de empleo, de ocupación, y por lo tanto de recursos para las familias. Y se vuelve a poblar. Es un aspecto social fundamental, la estructura productiva del campo es una cuestión social.

Remo: Estamos acostumbrados a ver los campos libres de personas, de individuos, de familias. Tenemos que replantearnos seriamente esto, es muy grave lo que ha sucedido. Tenemos que repoblar la tierra.

Ustedes demuestran que no es una utopía, no es imposible.

Remo: Trabajamos doscientas hectáreas quince familias. Y si tenemos en cuenta que hay más de 60 millones de hectáreas en el país que no están pobladas, entonces 60 millones de hectáreas, dividido 200 por 15 necesitan de entre 4 y 5 millones de familias para repoblar el campo. Y seguramente me vas a decir “Che, ¿pero cómo vas a repoblar el campo?, si se perdió la cultura”.

 ¡La debemos recuperar! La cultura no está enterrada, está viva en nuestros abuelos y en experiencias de muchos campesinos, porque hay experiencias de Paraguay, de Brasil, de Colombia, de Ecuador, de Costa Rica, extraordinarias en este sentido, y hay universidades que se están replanteando los sistemas educativos y formativos para impedir este proceso decadente de una agricultura de los agrotóxicos y de los venenos y provocar una agricultura de la vida, de la fraternidad, de las relaciones afectivas y constructivas entre el campo y la ciudad.

Es un fenómeno que ya se está dando.

Remo: Sí ¿sabes por qué? Porque está colapsando la “Revolución Verde”, la cultura de los agrotóxicos: no saben qué hacer porque los suelos se están deteriorando. Según datos de los organismos internacionales, cada minuto se desertifican doce hectáreas en el planeta Tierra. ¡Doce hectáreas! Es grave.

Irmina: Sí, es muy grave. Y por el otro lado, el argumento fuerte de la “Revolución Verde” siempre fue la necesidad de producir alimentos para combatir y reducir el hambre en el mundo. Resulta que después de 30 años no se reduce el hambre en el mundo, al contrario, sigue aumentando: entonces sabemos que no es un problema de producción de alimentos, sino de distribución de esos alimentos. 

Y que con las tierras desertificadas o pérdidas importantes de fertilidad obvio que se va a producir menos, si de dónde va a salir si matamos la vida del suelo. Eso es muy lógico: si no tenemos suelo, no podemos producir alimentos.

Remo: Tenemos problemas de hambre y a la vez de enfermedades graves, pero ¿cómo vamos a tener una población sana si consume agroquímicos, agrotóxicos, venenos? Entonces tenemos que modificar el sistema productivo para producir. Hay una frase muy linda de un gran maestro de la humanidad que fue Hipócrates, 350 años antes de Cristo: “Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento”.

Otro concepto que ustedes mencionaban, en relación con la diversidad de experiencias y de técnicas que se van generando. Hasta hace poco esas perspectivas tenían poco contacto entre sí, pero ahora cada vez hay más interrelación, en buena medida por los avances comunicacionales. Ustedes mencionaban que no son perspectivas contradictorias sino complementarias…

Remo: Sí, son propuestas que han surgido de la realidad, de personas muy habilidosas, entre ellos maestros como el caso de Masanobu Fukuoka, en Japón, con la agricultura natural. O la propuesta de Jairo Restrepo con la agricultura regenerativa, la biodinámica de Rudolf Steiner, la permacultura de Bill Mollison. 

Con todas ahora, por suerte, estamos interactuando, buscando los aspectos favorables de cada una, porque en una región favorece una, en otra región favorece otra, favorece con un sistema productivo, con otro sistema productivo. Son complementarias, y esto es lo importante: hay varias maneras de producir sin agredir y sin envenenar fundamentalmente los alimentos para nuestra querida población.

Y algunas de esas técnicas son milenarias, o están inspiradas en prácticas muy antiguas.

Irmina: ¡Es que antes de la “Revolución Verde” también existía la agricultura! Pero a partir de este sistema, todos los organismos de investigación fueron apoyando, investigando y dedicando sus energías y recursos a esa propuesta. Y se dejó de investigar lo otro. Entonces hoy es un terreno que desde la ciencia tendrán que recuperar.

 Pero menos mal, tenemos todas estas otras instituciones, organizaciones y estudiosos que por cuenta propia fueron desarrollando muchas herramientas para producir de otra manera, o para apoyar con técnicas específicas esa producción natural que se venía haciendo. Con errores, pero que no dañaban ni contaminaban el ambiente como la agricultura basada en agroquímicos.

Remo: Nosotros trabajamos en 200 hectáreas, de las cuales 110 son propias, y 120 que se alquilan a productores que han abandonado a partir de las deficiencias de la productividad de los suelos. Nosotros las vamos recuperando e incorporando a la producción agroecológica. Esto es muy importante decirlo porque lentamente los pooles de siembra, en nuestra región que es el norte de Santa Fe, con suelos de tercera, están abandonando las chacras porque terminan siendo improductivas.

 Porque además tienen que pagar el alquiler al productor y sacar sus ganancias. Y ahora están con algunos fenómenos mínimos, algunos de grandes lluvias y otros de sequía como las que tuvimos actualmente, entonces colapsa el sistema porque ellos, la agricultura de los químicos, tiene un alto porcentaje de costos, y sí o sí tienen que sacar cultivo para pagar las inversiones, los insumos comprados. Conozco casos de familias que producían en 13 a 15 mil hectáreas y que colapsaron. 

En la agroecología la ventaja es que vos no arriesgás previamente: la semilla la producís vos, los insumos de la fertilidad de la tierra los producís vos a través del manejo de las pasturas, de los abonos verdes, de los composts, a través de los biofertilizantes, a través de los preparados biodinámicos, a través de la agricultura regenerativa, que con una tonelada de preparados que vos hacés podés hacer 100 hectáreas, 200 hectáreas vitalizar y provocar el efecto de mayor fertilidad y de mayor productividad de la tierra.
El otro elemento que me parece central en una época que la que hay tantos factores que encadenan a las personas, es que la producción natural le devuelve la autonomía al productor, el poder sobre sí mismo, el sentido de ser dueño de su destino ¿verdad?

Remo: ¡Claro! Y no solo la autonomía. Le devuelve las ganas de vivir, el entusiasmo, porque el agricultor pasa a ser la parte más importante del proceso productivo, el que genera el proceso productivo. En la agricultura de los agroquímicos, el productor es un paria, es un instrumento de las multinacionales.

De hecho puede estar o no estar. Da lo mismo.

Remo: Puede estar o no estar, tenés los personeros de las corporaciones que le pueden desarrollar el cultivo sin necesidad de que estén presentes. Pero en la agricultura ecológica el campesino es parte activa, porque va desarrollando el proceso, un proceso de crecimiento. Un proceso ascendente de fertilidad. Un proceso ascendente en mano de obra. Un proceso ascendente de calidad de vida, de salud, de bienestar, de diversidad biológica, de comenzar a vivir procesos extraordinarios. También desde el punto de vista de los animales que vienen a repoblar el lugar.

“En la agricultura ecológica el campesino es parte activa, porque va desarrollando el proceso, un proceso de crecimiento. Un proceso ascendente de fertilidad. Un proceso ascendente en mano de obra. Un proceso ascendente de calidad de vida, de salud, de bienestar, de diversidad biológica, de comenzar a vivir procesos extraordinarios”.

¿Cómo es eso?

Irmina: A nosotros nos preguntan “Che pero ustedes que hacen mermelada de higo, hacen higos en almíbar, ¿cómo hacen, si a mí me comen todo los loros?” Bueno, en la granja habitan las águilas coloradas y los caranchillos que no dejan una cotorrita. No existe una cotorra en “Naturaleza viva”. Pero si no era por la reflexión de este productor, no sabríamos por qué. Entramos a observar de qué manera están las aves. Porque tenemos árboles altos. Eucaliptus, y otros árboles altos…
Remo: De todo tipo de árboles muy altos. 

Además tenemos una familia de monos, que lo poblaron hace 8, 10 años, vino una hembra, pionera, y antes del año vino el macho, y ahora son ocho monos que están poblando “Naturaleza Viva”. Y además es una forma eficiente: nos siembran los bosques que construimos. Porque nosotros empezamos “Naturaleza Viva” con 60 árboles que los gringos teníamos en aquellos tiempos nada más, porque todo había que dedicarlo a la agricultura. 

Hoy tenemos más de 20 mil árboles, en un sistema de bosques interactuando con frutales, además con otras especies del lugar y especies misioneras, de frutales, que se adaptan perfectamente a nuestra región del norte de Santa Fe porque pasamos a ser una zona casi tropical.

Qué maravilla. Dan ganas de ir a ver “Naturaleza Viva” 

Remo: ¡Cuando quieras! Y te aseguro que es un lugar que al ir a verlo, da ganas de compartir, porque el ser humano es protagonista, no es un paria. Porque mientras que para el sistema molesta el agricultor, para la agroecología es el protagonista. Es el que conduce el proceso. Porque además tenés muchas alternativas.
Me hizo acordar a la idea del antropocentrismo humilde, que propone Guillermo Priotto. El ser humano asumiéndose como parte del ambiente, pero dirigiendo el proceso, claro que con otros valores.

Remo: ¡Sí! Y a tal nivel de humildad que me tuve que sentar en el bosque a reírme porque los monos me enseñaron a producir en el bosque.

A ver, cuente eso.

Remo: Claro, porque el grupo de monos que tenemos come los frutales que están en el predio de la granja y me los llevan al bosque. Como decir, cerella, mamón, chirimoya, dátiles, nísperos, chaucha ingá, una chaucha dulce. Todo eso lo comen, y van y duermen en el bosque. No hace mucho me tuve que sentar a reír en el bosque. 

Pensar que los monos me enseñaron. Porque yo peleando para producir frutales que me afectaban por el sol o las heladas. Y ellos, no: me los sembraron con abono y en el bosque. Así que ahora tengo los plantines hechos por la familia de los monos.

Hecho naturalmente por los monos, al ir a hacer sus necesidades…

Remo: Naturalmente. Te aseguro que yo no les dije nada (risas).

La última: ¿qué debemos exigirle al Estado? Hoy conversábamos acerca de su rol, la presencia o la ausencia, la complicidad del Estado o la decisión de impulsar algo distinto. En el caso del estado municipal, que normalmente se desentiende de estas cuestiones (“no es problema mío, es problema de la provincia o el Estado nacional”).

 ¿Qué pasa si el Estado, y en especial el Estado municipal acepta el desafío de impulsar a sus productores a producir alimentos de manera ecológica, para darle de comer a su gente, a sus propios vecinos? 

Irmina: Es fundamental: que el Estado, que sin duda alguna tiene el rol de velar por toda la población y procurar que su organización, sus caminos, vayan por el mejor lugar posible. Si nosotros integramos el problema de la salud que está relacionado íntimamente con esta cuestión del alimento, lo ambiental, el suelo, y la parte productiva, creo que la mejor propuesta es esto, ir limpiando metafóricamente los caminos, porque a todos va a favorecer, a los productores porque van a retomar el camino de las producciones limpias y dejar de gastar en agroquímicos que en realidad no son necesarios; en contribuir que desde la producción se revitalice el suelo, y así cerrar el camino de la pérdida de la fertilidad; a repoblar de árboles donde se pueda repoblar, o sea, los árboles pueden ser para uso forestal como árboles de producción de alimentos, las dos cosas. 

Y sobre todo, la salud para la población, en un ambiente limpio, la salud de la población obviamente va a ser mucho mejor. 

Remo: Un intendente debe ser, entre otras cosas, el administrador de la calidad de vida de la ciudad, y debe provocar a la gente de campo a que revise su comportamiento para evitar que se sigan deteriorando los suelos, pero también evitar que se sigan hipotecando comprando agrotóxicos y venenos, y que además proyecten una acción de la agroecología que ya nos está dando ejemplos. Es lo que tenemos que hacer. A partir de este fenómeno de la “Revolución Verde”, hemos perdido la sensibilidad de las relaciones mutuas entre los seres humanos, entre el campo y la ciudad, entre la producción de alimentos y los consumidores. 

Tenemos que recrear relaciones de humanos, de seres humanos, no de bestias como sucede en este momento. Y digo que es posible porque nosotros hace ya 31 años que somos autosustentables en la producción de alimentos. Lo único que tenemos que comprar es la sal, pimienta y un par de otras cosas. 

El resto lo producimos todo, porque la Pachamama es maravillosa, nos da la oportunidad con mínimos manejos que nosotros como agricultores, como campesinos, como personas vinculadas a la tierra, podemos generar todo en nuestras tierras. La agricultura de los agrotóxicos, la agricultura industrial, le hace perder al productor el cariño a la tierra. ¡A cualquier ser humano! ¿Qué cariño puedo tenerle si la estoy envenenando?"