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16/6/22

Si la política hiciera más por los pobres, votarían... El círculo vicioso de la abstención: así se adueñan los barrios ricos de la democracia... los pobres votan menos que los ricos... esa abstención está vinculada a la incapacidad de la política y el Estado para dar respuestas satisfactorias, sobre todo en las zonas más pobres... además la abstención se contagia

 "Lo habrán oído durante la precampaña, sobre todo desde la izquierda: hay que movilizar a los “barrios obreros”. A las capas populares. A los trabajadores. A la gente humilde. A los municipios del sur de la Comunidad de Madrid. Hay una base cierta en el llamamiento: en los barrios pobres se vota menos que en los ricos. Y cuanto más pobre el barrio, por regla general, menos se vota. Ahora bien, observada en detalle la cuestión, quizás habría que invertir el enfoque y pasar del si los pobres votaran, la política podría hacer más por ellos al si la política hiciera más por los pobres, votarían.

“La participación electoral, aunque a algunos no se lo parezca, es costosa”, explica Pedro Riera, director de la Escuela de Posgrado en Economía y Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid, que acredita una “sobrerrepresentación del abstencionista en barrios trabajadores”. Es un fenómeno que, por supuesto, no se ciñe sólo a Madrid. Y que obedece a unas causas observables. El trabajo de más de una década de los investigadores en Ciencia Política y Sociología Manuel Trujillo y Braulio Gómez ha servido no sólo para dar soporte empírico a lo que la mayoría intuye, es decir, que los pobres votan menos que los ricos, sino también para evidenciar que esa abstención está vinculada a la incapacidad de la política y el Estado para dar respuestas satisfactorias, sobre todo en las zonas más pobres. 

 El conjunto es un círculo vicioso. Por un lado, “los ciudadanos con más recursos económicos –mayores ingresos, mayor estatus socioeconómico, con trabajo– y con más nivel educativo son más propensos a votar, ya que disponen de una mayor disponibilidad de tiempo, dinero y capital cognitivo para implicarse”, como ha explicado en un informe de la Fundación Alternativas el doctor en Ciencia Política por el Instituto Universitario Europeo en Florencia Guillem Vidal. Por otro lado, añade, “si los ricos votan sistemáticamente más que los pobres, las políticas redistributivas podrían resultar menos ambiciosas o más regresivas”.

Mientras tanto, en los barrios de menor renta la abstención no es sólo mayor que en los más aventajados. Es que, además, se contagia. Y se hereda. Lo que provoca el problema es precisamente su mala situación material. La pandemia genera ahora las condiciones óptimas para perpetuar la brecha. Toni Rondón, politólogo especializado en comportamiento electoral y profesor en la Universitat Pompeu Fabra, recalca que existe una amplia literatura académica que avala la relación entre sociedades igualitarias y alta participación, poniendo como ejemplo el trabajo de Aina Gallego, de la Universitat de Barcelona, Desigualdad política y participación en EuropaDesigualdad política y participación en Europa: “La desigualdades socioeconómicas en la participación” son “inequívocamente visibles” en la mayoría de los países europeos, anota Gallego.

¿Queremos más participación en los barrios con más necesidades? Todo apunta a necesitamos más igualdad.

Los 'agujeros negros'

Ya se ha dicho: los pobres votan menos que los ricos. La frase, aunque exige trazo fino para explicarla en detalle, es cierta de la primera a la última letra, como acredita el trabajo de Manuel Trujillo, coordinador de la Unidad Estadística del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), y Braulio Gómez, profesor en la Universidad de Deusto y director del Deustobarometro [aquí se pueden consultar publicaciones de 2011, 2015, 2016, 2019 y 2020]. Su informe de 2011 localizó por primera vez más de cien “puntos negros”, en los que la mayoría de sus habitantes sistemáticamente eluden las urnas. “Los agujeros negros de la democracia” coinciden “casi milimétricamente” con los “barrios marginales de las grandes ciudades”, concluyen los autores. El ranking de abstención lo copan diez barrios en “exclusión extrema”, destacando Cañada Real, en Madrid (con un 80% de abstención), Polígono Sur, en Sevilla (78%), y el Barrio Gótico, en Barcelona (76%). Dentro de los excluidos, los gitanos, cuya población se estima en cerca de un millón, son los que menos votan, según han acreditado Trujillo y Gómez. “Sin embargo, los poderes públicos han obviado el desarrollo de políticas directas orientadas a la inclusión política de los más débiles”, han denunciado los autores.

 Los resultados fueron similares al establecer la clasificación tras las autonómicas de 2015 en Andalucía, una comunidad que ofrece un óptimo campo de pruebas, dado que contiene 12 de los 15 más pobres de España. Otra vez acaparan la cabeza del listado los barrios que entran dentro de los parámetros de “exclusión extrema”: Polígono Sur de Sevilla, el Puche de Almería, los Asperones y Palma-Palmilla de Málaga o Almanjáyar de Granada, por citar sólo a los primeros. Un dato salido de las municipales de 2015: de las 100 secciones electorales donde hay una mayor diferencia entre la abstención propia y la media de abstención en dicho municipio, “todas se caracterizan por estar situadas en barrios que padecen algún grado de exclusión social”.

Más pobreza, menos voto

La mayor abstención no se da sólo en barrios marginales. Allí es más elevada, pero la diferencia es observable en todo el espectro de renta. El informe de Trujillo y Gómez La segregación electoral interurbana en EspañaLa segregación electoral interurbana en España, publicado por la Fundación Foessa en 2019, acredita una “altísima correlación” entre la renta y la participación. Ambos autores subrayan que la tendencia es además “ascendente” en todas las ciudades entre 2011 y 2016, con las excepciones de Barcelona y Sevilla. Los investigadores se detienen en el caso de la ciudad de Madrid: “Los barrios donde la renta media no alcanza los 15.000 euros, localizados en el Sur y el este de Madrid, en distritos como Usera, Puente de Vallecas, San Blas o Villaverde, concentran la abstención más elevada”.

Prácticamente nadie ubicado en el “espacio de integración”, es decir, los que no sufren ningún tipo de carencia fundamental, afirman no votar nunca. En cambio, entre los que están en “espacios de exclusión” hasta un 22% reconoce no acudir jamás a las urnas, señalan los autores. Además, las personas con mayor nivel de estudios participan “siempre” hasta 20 puntos más que las que tienen estudios de primaria o menos, según la investigación publicada en 2020. “Las urnas se llenan de votos procedentes de las zonas integradas de las ciudades. Un 74,1% de ellos votan siempre. Apenas la mitad de los ciudadanos que padecen algún tipo de exclusión declara que siempre se acerca a las urnas cuando llegan las elecciones. La brecha es demoledora”, apuntan.

A conclusiones similares ha llegado Guillem Vidal en el último Informe sobre la Democracia en España, de la Fundación Alternativas, de 2019. A más pobreza, menos voto. Y vale comparando barrios y ciudades. Los datos del INE le permitieron cruzar la relación entre la renta media por persona del municipio con la abstención. La relación es clara. Los municipios pobres tienen una probabilidad más alta de abstención que los ricos.

'Efecto contagio'

Los barrios más pobres, en torno a un 5% de la población, ofrecen la mejor muestra para observar el círculo vicioso de la abstención, que adquiere allí un carácter “estructural”, explica Braulio Gómez a infoLibre. ¿Por qué? Hay múltiples motivos, entre ellos el efecto contagio.

“No es sólo ese 5% de la población en el que la abstención es especialmente elevada. Es que además en esos barrios abundan las personas fuera del censo, por ejemplo inmigrantes, o gitanos que no están empadronados. Esto refuerza la abstención, que es un fenómeno contagioso”, explica. La práctica de no votar se reproduce a sí misma. El abstencionismo llama al abstencionismo. Lo explica la conocida como “teoría de la movilización”: el elector participa en mayor medida si alguien le aconseja que lo haga. Todos los factores se conjugan para hacer casi irrompible la dinámica. “La abstención elevada es un fenómeno de fuerte arraigo, vinculado al abandono institucional, pero que además se hereda, al igual que la pobreza. Hablamos de zonas que aparecen en las mismas posiciones [en los listados] desde hace 30 años”, explica Gómez.

Cuatro factores aparecen una y otra vez en los análisis: trabajo, vivienda, educación y relaciones-contactos. Son realidades materiales que se incrustan en el elector, llegando donde difícilmente es capaz de llegar una campaña electoral. La impronta de la clase social y su influencia en el comportamiento electoral se heredan. Así lo expone por escrito Guillem Vidal, doctor en Ciencia Política por el Instituto Universitario Europeo en Florencia: además de que las clases sociales más aventajadas –profesionales superiores, directivos, grandes empleadores, técnicos superiores– tienen menos probabilidad de abstenerse que parados y trabajadores con menos cualificación y de sectores más precarios, hay inidicios de que dicho estatus acaba por “influir en las actitudes políticas de los hijos”. “El estatus ocupacional de los padres [...] nos permite comprobar esta hipótesis. Incluso controlando por el nivel educativo del individuo y otras variables socioeconómicas, la clase social de los padres afecta a la probabilidad de abstención de los hijos”, escribe.

¿En campaña? Demasiado tarde

La evidencia que vincula renta y posición social con abstención es firme. Es más difícil sostener empíricamente a quién beneficia más la abstención. Es un asunto controvertido en ciencia política y social. No obstante, hay elementos que indican que, con carácter general, la abstención perjudica más a la izquierda. “Los ciudadanos que tienen condiciones de vida más precaria, cuando votan, lo hacen por partidos más de izquierdas que de derechas”, apuntan con carácter general Trujillo y Gómez, que en el caso de los barrios más deprimidos detectan un voto mayoritario al PSOE. Pero, claro, eso es cuando votan. Hay que suponer que los del mismo barrio que no votan, si lo hicieran, harían lo mismo. Es razonable suponerlo. Pero hay que tener en cuenta otras factores, como la abstención diferencial –que gana peso en los barrios de clase media-baja– y la polarización política. La ecuación “más voto igual a más izquierda” tiene riesgos.

Pedro Riera, director de la Escuela de Postgrado en Economía y Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid, y Sebastián Lavezzolo, investigador en la misma universidad, concluyeron en un informe de 2008, tras el análisis de 50 circunscripciones, que “a medida que aumenta la cantidad de gente que vota, aumenta la proporción de ciudadanos que lo hace por partidos de izquierda”. Existe en España, añaden, un “sesgo ideológico” de la abstención “en perjuicio de los partidos progresistas”. Como ha publicado eldiario.es, la derecha domina electoralmente la Comunidad de Madrid a pesar de que sólo es mayoritaria entre el 30% más rico del electorado. 

 Tiene su lógica, ciertamente, que la izquierda anhele una participación masiva de eso que se da en llamar “barrios populares”, “barrios obreros” o “barrios trabajadores”. Y tiene su lógica que así lo reclame antes de una cita electoral. Ahora bien, ¿puede deshacerse ese sesgo con una campaña electoral? Los análisis recabados lo ponen en seria duda.

Manuel Trujillo recuerda que la abstención en las zonas de baja renta viene determinada por factores profundos, de fuerte capacidad de arrastre, que no dependen del acierto de un eslogan de campaña. Numerosos electores, afirma, se atribuyen incluso a sí mismos una “falta de competencia”, es decir, interiorizan la idea de que las elecciones no van con ellos, ni tienen capacidad para decidir sobre las mismas. “Y también está la idea de que lo que se hace con el voto no sirve, una idea que se basa en la percepción de falta de avance. Es un comentario muy frecuente en los barrios obreros: 'El político sólo viene en campaña”, señala Trujillo, que afirma además que la política está por lo general “centrada en una agenda de clase media”. Lo releva en en análisis Braulio Gómez: “Una campaña electoral es el peor espacio para generar confianza entre los abstencionistas, sobre todo los estructurales. Esa idea continua de la 'atención a los más pobres', lanzada de forma cortoplacista durante la campaña, sencillamente no llega a quien en apariencia va dirigida”.

Subdesarrollo del gasto social y pandemia

Es elocuente cuál es el listado de medidas que Trujillo y Gómez, dos autores que han destacado en el estudio de la segregación electoral, han propuesto para mitigar el abstencionismo. ¿Llamamientos apasionados al voto? No, no va por ahí. Planes contra la pobreza con objetivos medibles, concesión del derecho a voto a la población inmigrante, esfuerzo político-administrativo para incorporación de la minoría gitana más excluida al censo... Se trata de un trabajo de largo aliento, de índole social, que choca con la práctica política en España, un país que queda por debajo del conjunto de la UE-27 en gasto en todas las áreas clave del Estado del bienestar: vivienda, inclusión social, sanidad, discapacidad, tercera edad, familia e infancia. El Estado español dedica a todas las áreas englobadas dentro de la "protección social" 3,6 puntos menos de PIB que la UE. Así lo revelan los datos de Eurostat, cuyo último ejercicio cerrado para todos los países es 2018.

 El barrio más rico supera ocho veces en renta al más pobre de España, según los datos del proyecto Urban Audit de Eurostat. Antes de la crisis del covid-19, en España ya había más de un 25% de la población (cerca de 11,9 millones de personas) en riesgo de pobreza o exclusión social. Ahora el coronavirus agrava la situación. La pandemia ha dejado después a 750.000 personas más en zona de "riesgo de pobreza o exclusión”, según un estudio de Caixabank. La crisis del covid-19 también ensancha una brecha educativa que ya era grave y tiene un impacto electoral. Lo dicen los datos. En el periodo 2004-2019, un individuo sin estudios tenía más de un 20% de probabilidad de contestar que se abstendría en unas elecciones generales, mientras que la de un universitario es del 12%, según el trabajo realizado por Guillem Vidal, que concluye: “La desigualdad política relacionada con el nivel educativo es un fenómeno que está cobrando importancia en España, sobre todo a raíz de la crisis económica de 2008”. La pandemia ha acelerado esas divisiones, cebándose con el el 9,2% de los hogares con menores que en España carecen de acceso a internet y con el 20% de las familias con menos renta que no disponen ni siquiera de un ordenador.

Ahí sigue la abstención, en su círculo vicioso."                   (Ángel Munárriz , InfoLibre, 11 de abril de 2021)

6/6/22

El impulso populista de derechas que recorre Europa tiene tres características fundamentales. En primer lugar, prometen restaurar la soberanía nacional y aplicar políticas que priorizan a los nativos sobre los inmigrantes... En segundo lugar, el cordon sanitario se ha roto, se ha producido un afianzamiento de estos partidos en sus respectivos sistemas políticos con el acceso a los cargos... En 3 lugar, han ganado más capacidad para influir en la agenda política de otros partidos, sobre todo en materia de inmigración... ¿Qué explica este fenómeno? La inmigración, el nacionalismo y los agravios culturales... su herramienta de movilización es el nacionalismo, han hecho cada vez más hincapié en el "modo de vida nacional"... ofrecen soluciones nacionalistas a todo tipo de inseguridades que impulsan el comportamiento de voto... justifican la exclusión por motivos ideológicos; y se centra en el bienestar social y el chovinismo asistencialista... Los partidos de centro-izquierda deberían apelar a las inseguridades económicas que preocupan a muchos votantes de partidos populistas de derecha, centrándose en una cuestión que el centro-izquierda "posee", como la igualdad, abordando las quejas (económicas) que preocupan a una parte mucho mayor del conjunto del electorado, poniendo más energía en pensar en nuevas estrategias de inversión social y en regímenes de crecimiento

 "El ascenso del populismo de derechas ha sido una característica de la política europea en los últimos quince años. Basándose en un nuevo informe, Daphne Halikiopoulou y Tim Vlandas explican lo que hemos aprendido sobre el atractivo de los partidos populistas de derecha, y lo que otros partidos pueden hacer para contrarrestar su éxito.

Tras una actuación variada y más apagada en la década de 1990 y principios de 2000, la crisis financiera de 2008 y la crisis de los refugiados de 2015 impulsaron un aumento del apoyo a los partidos populistas de derechas en toda Europa. Preocupantemente, esta evolución se ha producido a expensas de la corriente principal: mientras que la puntuación electoral media de los partidos populistas de derechas ha ido aumentando de forma constante a lo largo del tiempo, el apoyo tanto a la corriente principal de la izquierda como a la de la derecha ha disminuido (...)

Este impulso populista de derechas que recorre Europa tiene tres características fundamentales. 

En primer lugar, el éxito electoral de los partidos que prometen restaurar la soberanía nacional y aplicar políticas que priorizan sistemáticamente a los nativos sobre los inmigrantes. Muchos partidos populistas de derechas han mejorado sus resultados electorales a lo largo del tiempo, aunque sigue habiendo importantes variaciones entre países (...)

El Rassemblement National (RN) francés, el Partido por la Libertad (FPÖ) austriaco y la Alternativa para Alemania (AfD) alemana han conseguido movilizar cada vez más a los votantes más allá de sus grupos de apoyo, aumentando significativamente su apoyo en sus ámbitos electorales nacionales. Al mismo tiempo, los países que antes se consideraban "atípicos" por la ausencia de un partido populista de derechas con éxito electoral han dejado de ser excepcionales, como Portugal con el ascenso de Chega y España con el ascenso de Vox. (...)

En segundo lugar, se ha producido un creciente afianzamiento de estos partidos en sus respectivos sistemas políticos mediante el acceso a los cargos. Un número considerable de partidos populistas de derechas han gobernado recientemente o han servido como socios de cooperación formal en gobiernos minoritarios de derechas. Algunos ejemplos son la Lega en Italia, el FPÖ en Austria, Ley y Justicia (PiS) en Polonia, Fidesz en Hungría, el Partido Popular Danés (DF) y la Alianza Nacional (NA) en Letonia. El llamado cordón sanitario -la política de marginación de los partidos extremos- se ha roto incluso en países donde ha sido tradicionalmente eficaz, como Estonia y Suecia.

En tercer lugar, los partidos populistas de derechas han ganado cada vez más capacidad para influir en la agenda política de otros partidos. Partidos como el Rassemblement National, los Demócratas de Suecia y el UKIP han competido con éxito en sus sistemas nacionales, calando en la corriente principal e influyendo en las agendas de otros partidos. Como resultado, los partidos mayoritarios de la derecha y, en algunos casos, de la izquierda, han adoptado a menudo estrategias acomodaticias, sobre todo en materia de inmigración.

Entender el ascenso de los partidos populistas de derechas

¿Qué explica este fenómeno? Tanto los investigadores como los expertos tienden a hacer hincapié en el clima político de normalización y afianzamiento sistémico del populismo de derechas, en el que destacan los temas "propios" de estos partidos: la inmigración, el nacionalismo y los agravios culturales. La importancia de los valores culturales a la hora de determinar el comportamiento de voto ha llevado a un consenso emergente según el cual el creciente éxito de los partidos populistas de derechas puede entenderse mejor como una "reacción cultural". (...)

Sin embargo, centrarse únicamente en la cultura pasa por alto tres cuestiones clave en los niveles de demanda, oferta y política, (...)

En primer lugar, el poder de predicción de las preocupaciones económicas sobre la inmigración y la distinción crítica entre la galvanización de un núcleo de votantes, por un lado, y la movilización más amplia más allá de este núcleo, por otro. En segundo lugar, las estrategias que siguen los propios partidos populistas de derechas para aprovechar las múltiples inseguridades, tanto culturales como económicas. Y en tercer lugar, el papel de las políticas sociales para mitigar esas inseguridades que impulsan el apoyo de los partidos populistas de derechas.

Gente

Para abordar estas cuestiones, en un nuevo informe examinamos la interacción entre lo que llamamos las "tres P": personas, partidos y políticas. Con respecto a las personas, una cuestión clave es cómo los agravios culturales y económicos afectan a la probabilidad de que los individuos voten a un partido populista de derechas. Asimismo, ¿cómo se distribuyen estos agravios entre el electorado de los partidos populistas de derechas?

Argumentamos que la suposición de que la inmigración es por defecto una cuestión cultural es, en el mejor de los casos, problemática. Tanto la preocupación cultural como la económica por la inmigración aumentan la probabilidad de votar a un partido populista de derechas 

Sin embargo, aunque las preocupaciones culturales suelen ser un factor de predicción más fuerte del comportamiento de voto de los populistas de derechas, esto no significa automáticamente que importen más para el éxito de los partidos populistas de derechas en términos sustantivos, porque las personas con preocupaciones económicas suelen ser un grupo numéricamente mayor. La cuestión principal a la que hay que prestar atención aquí es el tamaño: (...) muchos votantes de partidos populistas de derechas no tienen preocupaciones exclusivamente culturales sobre la inmigración.

Esto sugiere que debemos distinguir entre grupos de votantes centrales y periféricos. Los votantes que se preocupan principalmente por el impacto cultural de la inmigración son los votantes del núcleo de los partidos populistas de derechas. Aunque es muy probable que voten a partidos populistas de derechas, también suelen ser un grupo numéricamente pequeño. Por el contrario, los votantes que se preocupan principalmente por el impacto económico de la inmigración son votantes periféricos. También es muy probable que voten a los partidos populistas de derechas, pero además son un grupo numéricamente más numeroso. Dado que los intereses y preferencias de estos dos grupos pueden ser diferentes, los partidos populistas de derechas que tienen éxito suelen ser los que son capaces de atraer a ambos grupos. (...)

Lo que determina el éxito de los partidos populistas de derechas es, por tanto, la capacidad de movilizar una coalición de intereses entre los votantes centrales y los periféricos. (...), es posible que los partidos populistas de derechas galvanicen a los votantes con preocupaciones culturales sobre la inmigración, mientras que al mismo tiempo su éxito depende de su capacidad para movilizar a los votantes con preocupaciones económicas más amplias.

Partidos

 ¿Qué estrategias adoptan los partidos populistas de derechas para sacar provecho de sus electorados centrales y periféricos? Aunque examinamos el éxito de los partidos que suelen definirse como "populistas de derechas", también somos escépticos sobre la utilidad analítica del término "populismo" para explicar el auge de este fenómeno. En su lugar, destacamos la importancia del nacionalismo como herramienta de movilización que ha facilitado el éxito de los partidos populistas de derechas. Los partidos populistas de derechas han hecho cada vez más hincapié en el "modo de vida nacional" (...)

Los partidos populistas de derechas de Europa Occidental emplean una estrategia de normalización nacionalista cívica que les permite ofrecer soluciones nacionalistas a todo tipo de inseguridades que impulsan el comportamiento de voto. Esta estrategia tiene dos características: presenta la cultura como una cuestión de valores y justifica la exclusión por motivos ideológicos; y se centra en el bienestar social y el chovinismo asistencialista. (...)

Los partidos populistas de derechas de Europa del Este, en cambio, siguen siendo mayoritariamente nacionalistas étnicos, centrándose en criterios adscriptivos de pertenencia nacional y movilizando a los votantes sobre posiciones socialmente conservadoras y un rechazo a los derechos de las minorías. Los partidos populistas de derecha de Europa del Este también son más propensos a enfatizar las actitudes negativas hacia el multiculturalismo. (...)

Políticas

¿Qué tipo de políticas pueden mitigar los riesgos económicos que llevan a los distintos grupos sociales a apoyar a los partidos populistas de derechas? Las democracias europeas han operado en un contexto de caída de las tasas de crecimiento económico durante las últimas décadas, con crisis económicas recurrentes en los años 70, a principios de los 90 y a partir de 2008.

Muchas economías avanzadas se han recuperado con el tiempo, pero a menudo el crecimiento no ha vuelto al nivel de las décadas anteriores y lograr una baja inflación ha sido una prioridad política. Muchos gobiernos han liberalizado y "activado" sus mercados de trabajo (Figura 8), a menudo a expensas de un creciente grupo de los llamados outsiders del mercado laboral con contratos precarios.

Además, la acumulación de deuda está conduciendo a un clima de austeridad permanente, al tiempo que limita las inversiones físicas y sociales necesarias que podrían apuntalar el crecimiento futuro. Aunque la evolución económica afecta obviamente a las oportunidades de vida y a la inseguridad de los individuos, así como a los riesgos a los que se enfrentan, el grado de redistribución y la seguridad social que proporcionan los estados de bienestar desarrollados determinan su prevalencia y sus consecuencias políticas.

Las políticas del Estado del bienestar moderan una serie de riesgos económicos a los que se enfrentan los individuos. Nuestro análisis ilustra que esto reduce la probabilidad de apoyar a los partidos populistas de derecha entre los individuos inseguros - por ejemplo, los desempleados, los pensionistas, los trabajadores de bajos ingresos y los empleados con contratos temporales.

Nuestro punto clave aquí es que los actores políticos tienen agencia y pueden dar forma a los resultados políticos: para entender por qué algunos individuos votan a los partidos populistas de derecha, no sólo debemos centrarnos en sus agravios por el riesgo, sino también en las políticas que pueden moderar estos riesgos. Esto es coherente con una literatura de economía política más amplia que documenta los efectos protectores de las políticas del estado de bienestar sobre la inseguridad y la desigualdad.

¿Qué hacer al respecto?


Aunque se trata de un fenómeno amplio, no existe una fórmula única de éxito para los partidos populistas de derechas. Nuestro análisis identifica patrones regionales y diferentes bases de votantes y agravios que impulsan el éxito de los partidos populistas de derecha en toda Europa. Las estrategias progresistas que las abordan se enfrentan necesariamente a diferentes obstáculos según el contexto. Por ejemplo, el centro-izquierda de Europa Occidental tiene más posibilidades de centrarse en la expansión del bienestar como una cuestión que les "pertenece" que muchos homólogos de Europa del Este, que han perdido la propiedad de esas cuestiones en favor de los partidos populistas de derechas que promueven versiones nacionalistas y chovinistas distorsionadas de ideas similares.

Los partidos de centro-izquierda no deberían engañarse pensando que pueden simplemente copiar el libro de jugadas de los partidos populistas de derecha, volviéndose totalmente populistas y abrazando políticas de inmigración restrictivas y cuestiones de identidad nacional. En su lugar, deberían apelar a las inseguridades económicas que preocupan a muchos votantes de partidos populistas de derecha periféricos, centrándose en una cuestión que el centro-izquierda "posea", como la igualdad. Después de todo, los votantes de centro-izquierda tienden a ser pro-inmigración y un giro nacionalista probablemente los aleje. (...)

El éxito de las estrategias de centro-izquierda debe tratar de galvanizar a la base de votantes de centro-izquierda, abordando las quejas (económicas) que preocupan a una parte mucho mayor del conjunto del electorado. Por lo tanto, se debería invertir más energía en pensar en nuevas estrategias de inversión social, regímenes de crecimiento y/o una renta básica universal, en lugar de centrarse únicamente en las preocupaciones culturales de una pequeña parte del electorado."                  

(Daphne Halikiopoulou es profesora de Política Comparada en la Universidad de Reading, Tim Vlandas es profesor asociado de Política Social Comparada en el Departamento de Política e Intervención Social y miembro del St Antony's College de la Universidad de Oxford. LSE, 01/06/22)

30/6/21

Lo que une a los votantes de Le Pen es el sentimiento de no poder hacer frente a la crisis y de no tener futuro, personas que se sienten amenazadas o bloqueadas en sus vidas o en su trabajo... no son tanto los más frágiles socialmente los que votan a FN como los que están cerca de ellos y temen caer en la precariedad, y que están obsesionados con la degradación personal

 "La tesis del demógrafo Hervé Le Bras: «Más que la condición social o la profesión, lo que une a los votantes de este partido es más bien el sentimiento de no poder hacer frente a la crisis y de no tener futuro. 

El FN recluta a una población más amplia, que incluye a artesanos y comerciantes, pertenecientes a una clase media baja o a una clase trabajadora alta: personas que se sienten amenazadas o bloqueadas en sus vidas o en su trabajo”. Para él, «no son tanto los más frágiles socialmente los que votan a FN como los que están cerca de ellos y temen caer en una u otra forma de precariedad», y que están obsesionados con la degradación personal.

 El encuestador y politólogo Jérôme Fourquet acaba de publicar una nota para la Fundación Jean Jaurès, ‘1988-2021: 30 años de metamorfosis del electorado del Frente’, dedicada al estudio del electorado de la Rassemblement National (RN) en un contexto en el que se atribuye a Marine Le Pen una alta intención de voto para las elecciones presidenciales de 2022. Subraya, en primer lugar, «la solidez de este electorado» y «el profundo anclaje de esta corriente de pensamiento en el paisaje político francés».

Aunque «las estructuras socio-culturales de este electorado han sufrido cambios muy marcados», para Fourquet presenta, sin embargo, dos características específicas ya conocidas. La primera es que RN es «el partido de los perdedores de la nueva estratificación educativa». A partir de 1995, se observa un claro aumento del voto de las categorías menos formadas a favor del FN/RN (...)

La segunda característica reside en que el FN/RN «tendrá un éxito creciente entre los obreros y los empleados», ya que «actualmente reúne más del 40% de los votos emitidos en estas categorías». Fourquet concluye que, «en 30 años, el voto del FN se ha convertido en hegemónico en los círculos obreros» (...)

 Estos datos parecen hacerse eco de la idea repetida por Le Pen de que el RN es el principal partido obrero de Francia. Al mismo tiempo, el director del Cevipof, Martial Foucault, llama a la prudencia: «Dejemos de decir que RN es el partido de los trabajadores y de los no cualificados, y digamos que es el partido de las clases infelices».

¿Cuál es la realidad? En primer lugar, las clases trabajadoras (obreros y empleados) conservan un peso demográfico importante en la población francesa. Según el Institut National de la Statistique et des Études Économiques (Insee), en 2020 representaban el 25,1% de la población, y hasta el 43,7% si se suman los trabajadores y empleados jubilados. Una encuesta del Ifop indicó que, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, las personas de clase trabajadora representaron el 27,3% de los votantes.

Sin embargo, una proporción significativa de trabajadores y empleados no se registran para votar, y los que lo hacen a menudo prefieren abstenerse, especialmente en las elecciones intermedias: por ejemplo, sólo el 44% de los electores de las clases trabajadoras en las elecciones europeas de 2019 (encuesta Ifop). En 2018, el Insee recordaba que «las tasas de inscripción [en los censos electorales] varían […] según la categoría social: los trabajadores, y más aún los inactivos o desempleados que nunca han trabajado, son de esta forma los grupos con menos inscritos». Otra encuesta del Insee muestra que sólo el 26,1% de los obreros y el 30,3% de los trabajadores blancos votan sistemáticamente, frente al 45,1% de los altos ejecutivos. Los trabajadores son también la categoría que más se abstiene siempre. Además, el 24% del CSP lo hizo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, frente al 13% de los ejecutivos.

El voto de las clases trabajadoras y, en particular, de los obreros está muy diversificado. Como escribe Fourquet, «no debe percibirse como un bloque monolítico». Según la encuesta del Ifop, tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 los votos de CSP se distribuyeron de la siguiente manera: Le Pen (34%), Mélenchon (24%), Macron (16%), Fillon (10%), Hamon y Dupont-Aignan (5%). Al final, el 24% de la clase trabajadora se abstuvo, el 26% votó a Marine Le Pen y el 24% lo hizo a un candidato de izquierdas (si calculamos la proporción de votos emitidos en relación con el total de votantes del CSP). Asimismo, el 24% de los trabajadores prefirió abstenerse, el 30% votó a Le Pen y el 26% a la izquierda. Por último, estas categorías obreras representan una parte importante de los votantes de Le Pen (42,5%), pero también de los candidatos de extrema izquierda y de François Asselineau (más del 50%) y, en menor medida, de Mélenchon (33,1%). Los trabajadores como tales representan el 20,4% de los votantes de Le Pen y el 14,3% de los de Mélenchon.

 Aunque no exista un consenso académico sobre la cuestión del voto al FN/RN entre las clases trabajadoras, y en particular entre los obreros, sin embargo es posible ponerse de acuerdo sobre algunos puntos. En primer lugar, hemos observado un cambio espectacular en el voto de la clase trabajadora desde finales de los años 70. Cada vez votan menos a la izquierda y más a la derecha y, sobre todo, a la extrema derecha. Fue a partir de 1995 cuando la derecha en su conjunto se convirtió en mayoría sistemática entre los votantes de esta clase en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. El éxito electoral del FN/RN se explica en gran parte por esta movilización de una parte del mundo obrero y asalariado. Es lo que la politóloga Nonna Mayer ha llamado «ouvriéro-lepénisme [obrero-lepenismo]».

Pero esto no significa, como hemos visto, que las clases trabajadoras, y especialmente los antiguos votantes de izquierdas, se hayan pasado masivamente al partido de Le Pen y que el votante medio del FN/RN sea un trabajador. Los trabajadores que votan al FN/RN se sitúan más bien a la derecha del espectro político o que están en una lógica de ni derecha ni izquierda. Esto es mucho más raro en el caso de los trabajadores de izquierdas, que prefieren abstenerse.

El voto obrero del FN/RN también es generacional. Las más antiguas de trabajadores que ahora están jubilados, que estaban bajo la influencia del PC y votaban automáticamente a la izquierda no son muy proclives a hacerlo a Le Pen. Ya no es el caso de las generaciones siguientes, marcadas por la desindustrialización, la desilusión con la izquierda en el poder, el declive del PCF, el ascenso del FN y la inseguridad económica, social y cultural.

Además, no existe el «votante típico del FN/RN», como dijo Nonna Mayer en 1997, yesto sigue siendo cierto. El «ouvriéro-lepénisme» corresponde a un tipo específico de votante, pero hay otros. Así, Arnaud Huc, que ha estudiado el electorado del FN en Hauts-de-France y Paca, ha identificado «dos familias de votantes del FN con características particulares»: «En el norte de Francia, y en el Pas-de-Calais en particular, el voto es sobre todo obrero, de ciudades en declive económico»; pero «en el sur, en cambio, y en particular en Bouches-du-Rhône, no es el voto de los olvidados«. […] El voto al FN es elevado tanto en los municipios de «clase trabajadora» como en los de «clase media». Al final, «mientras que las ciudades favorables al Le Pen se definen por su popularidad en Pas-de-Calais, en Bouches-du-Rhône es más bien la «urbanidad» y el dinamismo inmobiliario lo que indica un voto significativo para el FN.

Al final, como afirma Martial Foucault, «lo decisivo no es la condición socio-profesional, sino la situación subjetiva y sentida«. Ésta es también la tesis del demógrafo Hervé Le Bras: «Más que la condición social o la profesión, lo que une a los votantes de este partido es más bien el sentimiento de no poder hacer frente a la crisis y de no tener futuro. El FN recluta a una población más amplia, que incluye a artesanos y comerciantes, pertenecientes a una clase media baja o a una clase trabajadora alta: personas que se sienten amenazadas o bloqueadas en sus vidas o en su trabajo”. Para él, «no son tanto los más frágiles socialmente los que votan a FN como los que están cerca de ellos y temen caer en una u otra forma de precariedad», y que están obsesionados con la degradación personal."                   

(  , Agenda Pública, 26 junio 2021; Este análisis fue publicado originalmente por  Telos)

10/5/21

Isabel Díaz Ayuso es un producto político que es 100% made in USA

 "Una de las paradojas de la campaña de Isabel Díaz Ayuso y su reivindicación de la auténtica identidad madrileña es que ella es un producto político que –si se permite la frase inglesa– es  100% made in USA.

Desde el inicio de la campaña se veía que los asesores de la candidata del PP ni tan siquiera se han tomado la molestia de añadir un poco de contenido local a las importaciones de trumpismo en la campaña. Para las marcas globales, el contenido local se considera imprescindible, debido a aquellas idiosincrasias imposibles de borrar. Incluso McDonald’s incluye un “deseo” de tortilla de patatas y tostada ibérica en la carta de desayuno de sus locales madrileños.

Pero los diseñadores de la campaña de Ayuso han aplicado la fórmula Trump sin hacer la más mínima concesión o adaptación al paladar político madrileño. Los mensajes telegráficos tremendistas están calcados. Las referencias al comunismo sacados de la pequeña Habana en la calle Ocho de Miami también. La traducción de la palabra  freedom se ha hecho como si “libertad” fuera exactamente igual. En la Miami del exilio cubano y venezolano, tal vez basta con traducir tal cual los lugares comunes, los bloques lingüísticos e ideológicos del inglés estadounidense. Pero en Madrid resulta sorprendente que Ayuso piense que todo puede traducirse con el diccionario de su teléfono móvil. (La referencia a que “si te dicen que eres fascista estás en el lado bueno de la historia”, contiene un anglicismo –the right side of History– sacado del diccionario de  tópicos rimbombantes made in USA).

 Pasa lo mismo con la propaganda del PP en las calles. Cuando hice un reportaje sobre el Barrio Salamanca y Miami hace un mes puse la frase: “Aún no hay torres iluminadas de diez metros de altura con el mensaje con luces neón Against socialism como los del expresidente estadounidense en Florida, aunque nada es descartable”. Y efectivamente, ya hay una enorme valla publicitaria en la calle de Diego de León (distrito Salamanca) que nada tiene que envidiar a las de Trump. Todo ha sido copiado de Florida en la campaña madrileña del PP.

El último ejemplo –ya rozando lo absurdo–  de la importación directa de lenguaje e ideología de la derecha estadounidense se dio hace unos días cuando la presidenta madrileña calificó a Pablo Iglesias como “el Mal”, tal vez con mayúscula, una traducción directa de Evil, el adjetivo satánico utilizado por la derecha evangélica en Estados Unidos. Tal vez pudiera valer para Brasil con sus 30 millones de  neopentecostales. Pero en Madrid ni el Evil ni el Mal  parecen el término más indicado, y menos en el mismo discurso en el que se defiende el derecho a tomar unas cañas y escaparse del “ex.”  Tal vez el asesor de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, recibiera un wasap de Steve Bannon que, en realidad, iba destinado a Eduardo Bolsonaro sin que el supuesto cerebro del PP se diera cuenta…

Lo más preocupante para quienes elegimos vivir en Madrid por sus encantos inimitables es que la candidata de la  campaña made in USA parece estar a punto de ganar las elecciones.

 No es solo el marketing político lo que está importado tal cual desde Estados Unidos. Con Ayuso y el PP al mando, Madrid se ha convertido en la franquicia más obediente de la marca estadounidense del neoliberalismo –liberalización total para las marcas multinacionales y sus aliados en las elites locales; represión policial para los demás–. Ha sido la seña de identidad de Estados Unidos durante 40 años. Ahora es la seña madrileña. Lo más irónico es que ha sido rotundamente rechazada en Estados Unidos por el electorado, por el movimiento de base demócrata e, incluso, por un viejo clintonista como Joe Biden. Hasta el viejo Joe sabe que es un ideario caduco ya. Pero la joven Isabel lo ha importado como si se tratase de un bote de mantequilla de cacahuete, con fecha caducada. Es la defensora del recorte de impuestos para todos, de la desregulación de todo, de la privatización de los servicios públicos  incluyendo la sanidad, pese a que, como se ve en esta entrevista realizada el 3 de mayo en la cola de vacunación en el estadio Metropolitano, incuso madrileños que van a votar al PP sin reflexionar, no quieren  una sanidad privatizada y externalizada.

Así mismo, los homenajes de Ayuso al modo de vida “a la madrileña” camuflan la conversión de la capital española en la ciudad de franquicias y fondos buitres inmobiliarios. Un buen ejemplo tal vez, comentado en este artículo: poco después de que Esperanza Aguirre liberalizara el juego en Madrid en 2006, la empresa española de juego Codere se comió parte de la vieja churrería que estaba en la plaza de Lavapiés. Ahora, esa churrería es una de las 400 casas de apuestas que hay en Madrid, ocho veces más que en Barcelona. La sala de juegos ha ido ocupando el local donde los descendientes de las chulapas y los chulapones mojaban sus churros en el café. Una barrera de tragaperras y pantallas ha convertido el desayuno más castizo en un agobio. Ahora para ir a desayunar la porra con café con leche hay que enseñar el carné de identidad para que te abran una barra metálica.

Esta es la libertad, o sea freedom, de Isabel Ayuso que –el lector recordará– adjudicó el contrato de distribución para alimentar a los niños madrileños más necesitados durante el confinamiento a Telepizza, cadena fundada por otro millonario cubano exiliado en Florida, Leopoldo Fernández Pujals. (Por si eso fuera poco, la primera franquicia española de Kentucky Fried Chicken la gestionó el padre cubano de Roció Monasterio, la candidata de Vox).

En definitiva, en el Madrid made in USA de Isabel Ayuso hay muchas banderas rojigualdas. Pero el desayuno de los gobernantes de la capital española no son los churros sino el dunkin donut."             (Andy Robinson , CTXT, 04/05/21)

7/2/20

Bernie Sanders 2020 y el Trabajo Garantizado

"El senador norteamericano Bernie Sanders compite por la candidatura a la presidencia de Estados Unidos con una agenda económica transformadora. Una de sus propuestas es el Plan de Trabajo Garantizado (TG) -Job Guarantee-. 

El TG es parte integral de otra estrategia, el Green New Deal (GND). El GND se inspira en la Segunda Declaración de Derechos del “the New Deal” original implementado en 1933 por el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt. Dicha Declaración garantizó a todo ciudadano un empleo y salario digno, entre otros beneficios.

De acuerdo al Job Quality Index (JQI), generado por organizaciones como el Global Institute for Sustainable Prosperity (GISP), el 63% de los empleos que se generan en Estados Unidos son de muy baja calidad. Son trabajos mal pagados, bajo condiciones que no garantizan el bienestar y la seguridad de las personas. 

En 2017, por lo menos 17 millones de personas no encontraron un empleo estable y bien remunerado. Para Pavlina Tcherneva, economista e investigadora del GISP, el desempleo se comporta como una enfermedad que genera grandes costos económicos, sociales y de salud. 

Ante esta crisis que experimenta Estados Unidos, Sanders propone la implementación de un Plan de Trabajo Garantizado (TG). El objetivo principal del TG es proveer empleos dignos bien remunerados para todas las personas que quieran trabajar. Las funciones particulares del TG son principalmente: el garantizar que el trabajo sea un derecho humano básico; instituir una opción pública de trabajo; establecer un salario mínimo para la economía en su conjunto; y generar empleos que sirvan al propósito público.

El TG estará enfocado a resolver las necesidades de la población. Específicamente, los trabajos se centrarán en el cuidado del medio ambiente, de las comunidades, y de las personas. Por ejemplo, en este último caso se generarán empleos enfocados al cuidado y salud de los niños. El TG será financiado a nivel federal y administrado localmente. 

¿De dónde saldrá el dinero para el TG? Detrás del TG está la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Para la TMM y bajo ciertas condiciones, países con soberanía monetaria (que es proveedor monopolista de su moneda) como Estados Unidos y México tienen la capacidad de financiar todo aquello en esa moneda. Especialmente, el trabajo.

El senador Sanders considera que las personas deben poseer el derecho a contar siempre con un trabajo. En este sentido, Scott Ferguson, profesor e investigador de la University of South Florida, establece que “el empleo es siempre y en todo lugar una decisión política, y no una mera función de la empresa privada. No hay por lo tanto, nada inevitable sobre el desempleo y la miseria que este causa. De ninguna manera estamos destinados a un futuro sin trabajo”.

En el difícil contexto global que estamos experimentando, solo la candidatura demócrata de Bernie Sanders puede impulsar un gran cambio positivo tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. "                   (Jesús G. Resendiz Silva, Milenio, 26/01/20)

14/10/19

¿Quién vota a la derecha? En todas las elecciones la clase trabajadora y las profesiones socioculturales votan significativamente más a la izquierda, mientras que directivos y cuadros, profesionales tradicionales, profesionales de gestión, otras profesiones, pequeños propietarios y autónomos y agricultores votan más a la derecha...


"(...) nuestro interés reside en contrastar empíricamente dos hipótesis. En primer lugar, queremos conocer si el comportamiento electoral de la población española en 2015, 2016 y 2019 sufrió algún tipo de desclasamiento. En segundo lugar, queremos averiguar si la clase trabajadora se encuentra detrás del ascenso de Vox o, al menos, de las derechas españolas. En ambos casos usaremos algunos resultados de la investigación, más amplia, que se publicará en ¿Quién vota a la derecha? en la editorial Península en otoño de este año.

El voto de clase en España

En lo que se refiere a España, la investigación del sociólogo Miguel Caínzos concluyó que «la presencia del voto de clase ha sido una característica relevante y persistente del comportamiento de los electores españoles durante el período estudiado»[4], es decir, entre 1986 y 2000. A la misma conclusión llegó el también sociólogo Modesto Gayo en su investigación para un período que se extendía hasta 2008[5]. Ambos trabajos han demostrado que la clase social importa a la hora de votar, al menos hasta la primera década de siglo.

En concreto, los estudios de Caínzos y Gayo revelaron que las clases trabajadoras tienen una mayor probabilidad de votar a la izquierda (especialmente PSOE, pero también IU) mientras que las clases medias tienen una probabilidad mayor de votar a la derecha (PP).
Sin embargo, existe una excepción notable entre las clases medias, y se encuentra en un segmento radicalizado que tiene una mayor probabilidad de votar a IU que al resto. Se trata de las llamadas profesiones socioculturales, y que engloba a profesores de universidad, científicos, músicos y profesionales del espectáculo, escritores y periodistas, especialistas y científicos sociales, entre otros –ver nota explicativa al final del artículo–. Se trata de un conjunto particular de ocupaciones que se diferencia del resto de las clases medias.

Lógicamente, toda investigación empírica se realiza dentro de un marco teórico que nos permite disponer de herramientas con las que proceder a la contrastación. En la tradición del análisis de clase hay múltiples corrientes, desde las inspiradas por Karl Marx hasta las inspiradas por Pierre Bourdieu, pasando por las que se derivan del trabajo de Max Weber.
En otro lugar[6] hemos descrito y discutido estas corrientes, pero aquí nos vale recordar que los esquemas de clase neomarxistas, como los de Erik Olin Wright, se han aproximado mucho en la práctica a los esquemas de clase neoweberianos. De ahí que nosotros hayamos utilizado, para nuestra investigación, el esquema neoweberiano de Erikson-Goldthorpe-Portocarero (EGP) con algunas modificaciones.

Utilizando el citado esquema EGP, y descomponiendo las clases medias en diferentes segmentos para observar mejor en su interior, en ¿Quién vota a la derecha? hemos demostrado que las conclusiones de Caínzos y Gayo pueden extenderse, básicamente, hasta 2019. Es decir, España sigue manteniendo un voto de clase muy marcado en el que las clases trabajadoras tienen mayor probabilidad de votar a la izquierda y las clases medias mayor probabilidad de votar a las derechas. También, como veremos luego, se mantiene la excepción de algunos segmentos radicalizados de la clase media.

Debemos recordar que los estudios empíricos sobre clases sociales han demostrado que la clase media no es un conjunto homogéneo y que, como hemos visto, está compuesta de segmentos que difieren notablemente en su comportamiento electoral. De ahí que tenga más sentido hablar de clases medias en plural. Por eso conviene abandonar tanto la versión dicotómica de la estructura social, que señala a capitalistas y trabajadores, pero también la más convencional versión tridente conformada por clase alta, clase media y clase baja. (...)

En todas las elecciones la clase trabajadora (formada por trabajadores cualificados, trabajadores no cualificados y jornaleros) y las profesiones socioculturales votan significativamente más a la izquierda, mientras que directivos y cuadros, profesionales tradicionales, profesionales de gestión, otras profesiones, pequeños propietarios y autónomos y agricultores votan más a la derecha. Además, la tendencia entre elecciones es de estabilidad. (...)
La clase trabajadora

La clase trabajadora rara vez es definida con precisión en los discursos políticos, pero muchas veces tampoco en los escritos académicos. El pensador que encarnó la ortodoxia del catecismo marxista de la II Internacional, Karl Kautsky, ni siquiera logró esquivar la confusión entre sus referencias al proletariado industrial, es decir, al obrero fabril de mono azul, y el más amplio conjunto de asalariados.

Lo mismo le había pasado a Karl Marx, y tuvo que llegar Nicos Poulantzas para reconocer que a lo largo de la historia del pensamiento socialista habían existido múltiples definiciones de lo que era la clase trabajadora. De hecho, Poulantzas optó por una definición mínima que incorporaba bajo ese rótulo únicamente a los trabajadores manuales, siguiendo la tradición obrerista que otorga a dicho grupo social la misión histórica de cambiar el mundo de base.

El problema es que ese grupo social no ha sido nunca mayoritario, frente a lo que predijo el Manifiesto Comunista, y por lo tanto cualquier organización política de trabajadores tendrá que verse abocada a pactar con algún segmento de las clases medias si no quiere verse como un mero reducto de marginalidad.

Esta fue, precisamente, la conclusión lógica a la que llegó Poulantzas en su defensa de las tesis eurocomunistas. Al menos era rigurosa, dado que aún hoy es común oír hablar de clase trabajadora sin haber pasado una mínima prueba socrática, esto es, sin saber muy bien a qué nos estamos refiriendo.

Dado que la clase trabajadora es un concepto central no sólo en la teoría marxista, sino también en la práctica política –puesto que la interpelación también construye clase– conviene definir correctamente el concepto y seguirlo históricamente con acierto. No podemos dejar de observar que la noción de clase trabajadora ha estado simbólicamente vinculada con la mayoría de los proyectos de emancipación y que, por tanto, su declive numérico ha sido causa de innumerables discusiones académicas y políticas.

En efecto, las desindustrializaciones que han tenido lugar en las últimas décadas han mermado numéricamente el conjunto de ocupaciones que caían dentro del proletariado industrial o clase fabril, la más icónica y que, no en vano, es germen de la mayor parte de la simbología socialista. La estructura de clases de las sociedades postindustriales ha sido, no en vano, el punto de inicio de todo debate sobre el final de las clases.

Y es que, por ejemplo, en España el empleo industrial ha pasado de representar el 25% durante la Transición a representar actualmente el 13%. La trayectoria histórica, que puede seguirse en el siguiente gráfico, revela un período de auge durante todo el siglo XX, interrumpido durante la Guerra Civil y los años inmediatamente posteriores, pero que llega a su fin con la recuperación de la democracia.

Puede decirse, entonces, que la clase trabajadora, en términos de empleo industrial, ha mermado no como efecto de ninguna conspiración política sino como efecto de los cambios y transformaciones económicas, sociales y tecnológicas de las últimas décadas. Desde nuestro punto de vista es imposible interpretar la evolución del Partido Comunista de España y de los sindicatos de clase, por ejemplo, sin atender a estas transformaciones estructurales. (...)

Con todo, la clase trabajadora, en una definición neoweberiana, sigue siendo el grupo social más numeroso de toda la estructura de clases española. Según nuestros cálculos, la clase trabajadora es aproximadamente el 50% de la población (lo que incluye un 30% de trabajadores no cualificados, un 15% de trabajadores cualificados y un 5% de jornaleros), mientras que la clase de servicio sería del 22% y las ocupaciones intermedias (trabajadores no manuales, supervisores y pequeños propietarios y autónomos) el 28% restante.

Pero ello implica comprender que la clase trabajadora ya no refiere únicamente al obrero de mono azul, sino que incluye a muchos otros tipos de ocupaciones que tienen en común lo que los weberianos llaman situación de mercado y situación de trabajo, es decir, la cantidad y calidad de ingresos y seguridad económica y el tipo de autonomía y control que se tiene sobre el proceso de trabajo.

Como hemos dicho, algunas tesis que han proliferado en los últimos tiempos sugieren que la clase trabajadora es el sostén principal de los nuevos proyectos políticos de extrema derecha. Pero ¿ocurre eso en nuestro país para el caso de Vox y de otras derechas? Hasta la fecha, algunos análisis sobre el voto de Vox, como el de José Fernández-Albertos[9], han mostrado que no hay indicios de que este partido esté siendo capaz de llegar a los grupos sociales más desfavorecidos. Sin embargo, la mayoría de estos análisis refieren a categorías socioeconómicas diferentes de las de clase, así que con ayuda de nuestra metodología debemos explorar este campo.

Ya hemos visto que, en general, para España no es cierto que la clase trabajadora vote más a la derecha. De hecho, sucede exactamente lo contrario. El problema es que los bloques que hemos construido pueden ser heterogéneos y se puede estar perdiendo información. (...)

En general, y teniendo en cuenta otros análisis complementarios cuyos resultados no podemos incorporar aquí pero que pueden analizarse en el libro ¿Quién vota a la derecha?, estamos en condiciones de confirmar algunas ideas:

En primer lugar, no es cierto que la clase trabajadora esté detrás del ascenso de la extrema derecha en España y tampoco de la derecha tradicional. De las tres derechas, el partido con mayor fortaleza entre la clase trabajadora era hasta 2016 el Partido Popular, aunque con claro sesgo de edad y nivel de estudios. Desde las últimas elecciones generales, el que más se aproxima es Vox entre los trabajadores no cualificados, PP entre los jornaleros y Ciudadanos entre los trabajadores cualificados. Esta conclusión no es estadísticamente significativa y debe tomarse con cautela porque carecemos de datos suficientes como sí tenemos para 2015 y 2016. En todo caso, la mayor fortaleza entre la clase trabajadora la tiene destacadamente el PSOE.

En segundo lugar, es llamativa la ausencia de fortaleza relativa de Unidas Podemos entre la clase trabajadora, pero es algo que también le ocurría a Podemos (2015) y a IU (1986-2015) por separado. Como nuestra investigación ha subrayado, la composición de clase de IU y de Podemos en las elecciones de 2015 fue prácticamente idéntica y sólo en el caso de los jornaleros, más inclinados hacia IU, pudo constatarse una diferencia significativa. En general es válido decir que en términos de composición de clase Podemos vino a ocupar prácticamente el espacio que ocupaba IU. 

Y este espacio, lejos de lo que se puede deducir por los discursos políticos, no es el de la clase trabajadora. La fortaleza de Unidas Podemos está en las profesiones socioculturales, que no por casualidad es el grupo más izquierdista de todos. Como han demostrado Medina y Caínzos[10], durante los años ochenta el grupo más izquierdista fue el de la clase trabajadora, pero este grupo social ha ido derechizándose con el paso de los años al tiempo que el segmento de la clase media que comprende las profesiones socioculturales ha ido en dirección opuesta. 

En definitiva, el voto de clase está profundamente ideologizado y la clase trabajadora es más moderada que los partidos que más la interpelan en sus discursos. Una paradoja que, sin embargo, no es tampoco específicamente española. (...) el grupo social más izquierdista –en una escala del 1 al 10– es claramente el de las profesiones socioculturales, seguido de las profesiones técnicas. Sólo después llegan los otros grupos sociales de las clases trabajadoras, a saber, los jornaleros, trabajadores cualificados y trabajadores no cualificados. Todos estos grupos se encuentran más a la izquierda que la media de la población española. A la derecha se encuentran el resto, y como se esperaba destacan aquellos en los que los partidos de derechas tienen mayor fortaleza. (...)

En tercer lugar, la aparición de Vox ha difuminado las diferencias, en términos de clase, dentro del bloque de la derecha. Así, en comparación con las elecciones de 2015, donde existían algunas diferencias notables entre Ciudadanos y PP, los datos de 2019 revelan un bloque mucho más homogéneo. En todo caso, todos ellos tienen una mayor inclinación a ser más votados entre las clases medias y menos entre las clases trabajadoras que el bloque de izquierdas. Llamativamente, y con los datos de las últimas elecciones generales, el votante de Vox se parece más al de Ciudadanos que al del PP.

Finalmente, debe recordarse de nuevo que estamos trabajando con datos doblemente relativos y que expresan las fortalezas relativas de cada partido, pero no sus apoyos absolutos dentro de cada grupo social. Nuestra investigación es más completa, pero de momento creemos que con estos elementos pueden rechazarse las dos hipótesis que se habían planteado al comienzo de este artículo para la revista LaU. Por un lado, Podemos y Ciudadanos no han desclasado el voto en España, que sigue manteniendo pautas estándar donde la clase trabajadora vota más a la izquierda y las clases medias lo hace más a las derechas. Por otro lado, la fortaleza de la extrema derecha y del resto de las derechas se encuentran en las clases medias y, en particular, en los directivos y cuadros y profesionales tradicionales."

(Alberto Garzón (@agarzon) es director de la revista LaU, economista y autor de ¿Quién vota a la derecha?, libro que se publicará en otoño en la editorial Península. Economía crítica y crítica de la economía, 09/08/19)

21/5/19

Facebook cierra las cuentas de una compañía israelí que interfirió en numerosas elecciones

"Facebook ha prohibido todas las actividades de la empresa israelí Archimedes Group y de todas sus subsidiarias en su red social por abrir un gran número de cuentas y páginas que distribuían noticias falsas con el fin de interferir en los procesos electorales de un gran número de países de América Latina, África y Asia, influir en sus discusiones políticas y manipular a los usuarios.

Vínculado a los servicios secretos y al ejército israelí, el Archimedes Group “creaba páginas para beneficiar a ciertos candidatos y usaba las páginas para presentar mensajes negativos de los candidatos rivales para perjudicarlos”, dijo el jueves Nathaniel Gleicher, director de política de ciberseguridad de Facebook. La opaca empresa israelí, que tiene por lema “Ganando campañas en todo el mundo”, no ha respondido a las acusaciones.

Según su página publicitaria, “Archimedes Group ha creado y opera en el único campo del área de los medios sociales. Cuando afrontamos el desafío de uno de nuestros clientes, estudiamos todas las facetas posibles que guardan relación con él, y entonces formulamos una solución concisa pero global que usaremos como herramienta, y tomaremos toda la ventaja posible con el fin de cambiar la realidad de acuerdo con los deseos de nuestro cliente”.

Sin embargo, según Facebook, la realidad es mucho más mundana y consiste en que Archimedes Group aplica una estrategia para ganar campañas conduciéndose a través de un “comportamiento coordinado inauténtico y creando un gran número de cuentas falsas y grupos, seguramente con la intención de ‘cambiar la realidad’ como asegura la compañía”.

El gigante de la red social suprimió 265 cuentas de Facebook e Instagram, páginas, grupos y eventos relacionados con Archimedes Group, que tiene su sede en Tel Aviv, donde está el ministerio de Defensa. La firma, de la que apenas se tienen noticias, dice dedicarse a la consultoría política y a campañas de persuasión de lobbies.

Gleicher dijo que a Facebook no le corresponde desvelar los motivos que mueven al Archimedes Group, aunque señaló que “pueden ser comerciales o políticos”. Pero sí que insistió en el “comportamiento coordinado e inauténtico” de la compañía, que invirtió en Facebook un total de 812.000 dólares desde 2012 hasta abril de este año, consiguiendo más de 2,8 millones de seguidores y cientos de miles de visitas, e introduciendo “noticias falsas”.

En algunas cuentas el titular se hacía pasar como un candidato echando pestes de los candidatos rivales y a veces se presentaba como una organización de noticias locales que filtraba supuestas noticias e informaciones que aparentemente no tenían ninguna base.

El director ejecutivo de la compañía es Elinadav Heymann, quien, según la firma suiza Negotiations.CH, también es uno de sus consultores. Una biografía de Heymann que figura en la página web de Archimedes Group lo presenta como exdirector del lobby Amigos Europeos de Israel, con base en Bruselas, exconsejero político del parlamento israelí y exagente de los servicios de inteligencia militares de la Fuerza Aérea de Israel.

La empresa dice que está activa en Latinoamérica y el Caribe, en Asia y en África, aunque no precisa en qué países de Latinoamérica y el Caribe opera. En cuanto a África, los principales objetivos son Túnez, Nigeria, Senegal, Togo, Angola y Níger, donde sus empleados se presentan como gente local y como representantes de medios de comunicación con el fin poner en marcha debates en función de la agenda política de la compañía.

Facebook está bajo presión para que se comporte con más transparencia y agresividad contra las compañías que como Archimedes Group operan desinformando a través de las redes sociales con el fin de crear división y confusión alrededor de las elecciones. En 2016 se reveló que Rusia usó Facebook para interferir en las elecciones presidenciales que dieron la victoria a Donald Trump, una acusación que Moscú ha negado repetidamente."                      (Eugenia García Gascón, Público, 20/05/19)

24/4/19

Manual para acabar con Vox: lo más importante no son las propuestas políticas en sí mismas, sino la negación o el aplauso que provoquen... su aceptación por parte de los ciudadanos no depende de lo razonable o disparatado del mensaje, sino de cómo sean percibidos quienes lo apoyan o rechazan... si quien se muestra contrario a la proposición provoca en nosotros un rechazo visceral, veremos con simpatía la propuesta por muy descabellada que, en principio, pudiera parecer... la izquierda tendría que lograr repercusión por la profundidad de las reformas propuestas, por lo imaginativas e innovadoras que resulten y por la voluntad real de llevarlas a cabo, algo que no preocupó demasiado a Trump ni a Vox...

"(...) Los think tanks creados desde los años ochenta, más de 500 distribuidos por todo el territorio norteamericano con infinidad de investigadores sociales generosamente remunerados, han sido especialmente activos en los principales centros de poder. Todo ello culminó con la adquisición o puesta en servicio de un importante aparato de propaganda que difundiera y aplicara las recetas elaboradas en aquellos centros. (...)

Con tamaña maquinaria para propagación de sus ideas, los republicanos han logrado ocupar la Casa Blanca, desde los años ochenta, tanto o más que los demócratas. 

Frente a la corriente general del pensamiento progresista, que sostiene que los seres humanos hacemos nuestras elecciones basándonos únicamente en el cálculo de la razón, los think tanks conservadores, basándose en estudios neurológicos, se percataron de que la razón viene a ser un factor ajeno a la motivación profunda que determina la mayor parte del pensamiento, de la palabra y de la acción de las personas. 

La neurociencia había demostrado que el pensamiento consciente de los seres humanos representa solamente el 2% y que el 98% restante era inconsciente. La intervención de la razón consciente acaece normalmente para justificar ex post facto las decisiones tomadas, insertándolas en una lógica discursiva, como racionalización ad hoc.

No se trata aquí de ninguna suerte de conjetura o desiderátum reaccionario.  (...)

Damasio sostiene que el pensamiento, todo pensamiento, tiene su origen en la emoción. Ese estudio constató que los pacientes que habían sufrido daños en los centros cerebrales de la emoción, de los sentimientos, pero cuyo raciocinio no había perdido un ápice de su capacidad lógica, pensaban, hablaban y actuaban como seres asociales, casi sociópatas, incapaces de articular una respuesta adecuada a los desafíos más simples de la vida cotidiana. 

Por ello, Reagan y su equipo de comunicación dirigieron sus mensajes a la mente emocional de los americanos. De ahí que sus discursos políticos se vieran siempre preñados de alusiones continuas y machaconamente recurrentes a la metáfora política que ve la nación como si fuera una familia, metáfora que permite hablar de “padres fundadores”, “madre patria”, etc.  Este ha sido el telón de fondo constante del discurso político republicano, desde entonces. Discurso mimetizado por M. Thatcher en Gran Bretaña, H. Khol en la RFA, J. Chirac en Francia o J. M. Aznar en España.

No pienses en el elefante republicano
La victoria de Trump en las elecciones de 2016 tomó un cariz especial pues las estrategias desarrolladas por el equipo liderado por Steve Bannon, derrotando al poderoso stablishment norteamericano (tanto al demócrata, como al republicano), se produjo aplicando los más recientes avances de la neurociencia cognitiva, algo que los demócratas y la izquierda europea en general aún no han sabido ver ni aprovechar. 

La estrategia desarrollada a partir de esos conocimientos es sencilla y tremendamente eficaz, la llamaremos la técnica del “no pienses en un elefante”, en reconocimiento al lingüista cognitivo George Lakoff por ser quien mejor, más lúcida y claramente la ha analizado. La aplicación de dicha técnica permite dominar la agenda política.

 Imponer una determinada agenda política significa hacer prevalecer el marco propio (el Estado como padre estricto de los republicanos o bien como padre cuidador de los demócratas) sobre el marco de los oponentes.

 Hacerse con las riendas de la agenda política se logra de forma aparentemente simple y sencilla: proponiendo iniciativas que atraigan el foco y provoquen la reacción mediática, generando un debate tanto dentro como fuera de las filas del partido. Numerosas investigaciones han demostrado fehacientemente que da igual el apoyo o el rechazo que genere una propuesta, su aceptación por parte de los ciudadanos no depende de lo razonable o disparatado del mensaje, sino de cómo sean percibidos quienes lo apoyan o rechazan. 

Si quien se muestra a favor de una determinada propuesta, que defiende públicamente, genera nuestro rechazo, la propuesta nos parecerá inaceptable por muy razonable que esa, y al revés, si quien se muestra contrario a la proposición provoca en nosotros un rechazo visceral, veremos con simpatía la propuesta por muy descabellada que, en principio, pudiera parecer.

(...) si quien se muestra contrario a la proposición provoca en nosotros un rechazo visceral, veremos con simpatía la propuesta por muy descabellada que, en principio, pudiera parecer.

Dicho con otras palabras, cada opinión que genera en los medios producirá una hueste de seguidores y detractores que aumentará en proporción directa al número de opiniones vertidas y difundidas. Lo más destacable de esta teoría es que la negación de un argumento no invalida en ningún caso los efectos cognitivos que induce, de ahí lo ingenioso del mensaje “no pienses en un elefante” que inmediatamente ilumina su imagen en nuestro cerebro, aunque intentemos evitarlo.

 Por consiguiente, lo más importante no son las propuestas en sí mismas, sino la negación o el aplauso que provoquen. Además, entra en juego otro factor de la máxima importancia: cuanto más relevantes sean los personajes que las comentan y con mayor fervor las avalen o rechacen, mayor será su impacto. La intuición artística de Salvador Dalí supo percibir esos efectos cuando comentó irónicamente que “lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”.

Teniendo en cuenta lo dicho, el gurú de la campaña de Donald Trump diseñó toda la estrategia victoriosa del magnate abatiendo, contra todo pronóstico, primero al stablishment republicano y luego al demócrata. 

Cada día Trump presentaba una propuesta o hacia una valoración sobre algún tema relevante tanto o más descabellada que la del día anterior, pero que, involucrando de alguna manera los sentimientos más inconfesados y recónditos del americano medio, fuera acumulando apoyos hasta la derrota de todos sus oponentes. Armar a los docentes en los institutos de enseñanza media como solución a la inseguridad que se produce en algunos centros escolares de los barrios más pobres para atajar episodios como la matanza de Columbine; construir un muro de 2.200 kilómetros para detener la supuesta invasión sigilosa de los inmigrantes latinos para robar, violar y asesinar americanos o, al menos, arrebatarles sus empleos, son dos ejemplos palmarios del tipo de iniciativas que incitaron la reacción, a veces histérica, de los medios, suscitando más y más adhesiones (con sus correspondientes rechazos). 

Lo crucial de este planteamiento, al margen del rechazo de quienes jamás lo admitirían, es que gente que antes no pensaba en Trump ahora sí que lo hacían, esto es, movilizaba a su favor a los indiferentes.

La estrategia, brillantemente descrita por Lakoff, forma parte de un programa conservador que intenta difundirse a escala global y ahí están los ejemplos de Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina o Salviani en Italia. 

Vox, que también fue asesorado por el equipo de Bannon en su campaña de las elecciones andaluzas, tomó buena nota de ello, y explotó ese tipo de mensajes impactantes, provocando a la opinión pública y a los líderes sociales más representativos, para que hablaran cada día de sus propuestas, imponiendo el qué, el cómo y el cuándo en la agenda política andaluza. 

De esa manera logró 12 diputados en la cámara y se volvió imprescindible para la formación del gobierno de derechas que ahora gobierna Andalucía, saliendo de la irrelevancia más absoluta de elecciones previas.

La misma estrategia (asesorado nuevamente por Bannon) es la que Abascal está aplicando a pies juntillas en esta precampaña para las elecciones de 28 de abril, y lo más grave es que la izquierda política y mediática ha mordido el anzuelo y están convirtiendo a una formación política, antes residual e insignificante, en un actor de primera división en el debate político español.

La cuestión debería ser ¿cómo se combaten este tipo de estrategias? Lo primero sería no caer en el error de rebatir o negar cada una de las palabras de Vox, sino más bien declararlas fuera de lugar, extemporáneas o simplemente reírse, sin mayor comentario. 

El humor, la sátira, la ironía y el sarcasmo son las opciones más corrosivas, deslegitimadoras y útiles para hundir el discurso político de la extrema derecha, sin olvidarse del lanzamiento de las propias iniciativas que, para atraer el foco de atención mediático y recuperar así la agenda política, deben ser lo suficientemente novedosas e impactantes como para imponer el relato propio.

Inconscientemente me temo, esa estrategia fue la que, en su debut, elevó a los cielos a Podemos. La descalificación del Régimen del 78, el cuestionamiento de la Monarquía, la salida del euro, de la Unión Europea y de la OTAN y el ataque inmisericorde contra los políticos corruptos del bipartidismo, eran el tipo de discurso radical e iconoclasta que movilizaba la reacción vociferante, imperiosa y convulsiva de los poderes fácticos (políticos, económicos y mediáticos) del Estado, generando un tsunami de adhesiones que, con la moderación y el acomodo posterior, se ha ido desinflando poco a poco. 

El victimismo que ahora exhibe el partido morado (aunque pueda beneficiarle en algo) no sirve para volver alcanzar aquellos resultados. Refrescar aquel discurso y proponer reformas radicales del sistema, claramente de izquierdas, debería preñar su discurso electoral si de verdad pretenden asaltar los cielos de nuevo.

Con una estrategia similar, aunque mucho menos agresiva y provocativa, José Luis Rodríguez Zapatero, asesorado por lo que se llamó en su día el “comité de sabios” (entre los que se contaban dos premios nobel, Helen Caldicott y Joseph Stiglitz y otros intelectuales progresistas como André Sapir, Mª Joao Rodrigues, Wolfang Merkel, Jeremy Rifkin, Nicolas Stern y el mismo George Lakoff), lanzó en la campaña de las elecciones de 2008 una serie de iniciativas rompedoras y claramente 
progresistas que desataron la histeria de la derecha mediática, pero que lograron, a la postre, imponer la agenda política socialista y llevarse de calle el voto de los electores.

La diferencia cardinal entre conservadores y progresistas en la utilización de las estrategias descritas más arriba debería ser de orden ético, mientras la derecha busca el impacto en el exabrupto rayano en la grosería, la izquierda tendría que lograr repercusión por la profundidad de las reformas propuestas, por lo imaginativas e innovadoras que resulten y por la voluntad real de llevarlas a cabo, algo que no preocupó demasiado a Trump ni a Vox."                   (José Carlos Fernández . Doctor en Ciencias Políticas y Sociología, Público, 18/04/19)

3/12/18

España legaliza el spam electoral y las bases de datos por ideología

"El Senado ha aprobado este miércoles la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales, tras no haber introducido ningún cambio en la misma al haber sido rechazadas las treinta y tres enmiendas presentadas en la cámara alta. Sólo los senadores de Unidos Podemos, Compromís, Nueva Canarias y Bildu, han votado en contra.

La nueva ley, que ha logrado el acuerdo de PSOE, PP y Ciudadanos, permite el spam electoral por SMS, Whatsapp, email y mensajes privados a través de las redes sociales, realizado por los propios partidos sin consentimiento de los ciudadanos. La posibilidad de enviar propaganda electoral sin consentimiento está estipulada en la disposición final tercera de la nueva LOPD y en el artículo 58 bis.

Artículo 58 bis. Utilización de medios tecnológicos y datos personales en las actividades electorales.

1. La recopilación de datos personales relativos a las opiniones políticas de las personas que lleven a cabo los partidos políticos en el marco de sus actividades electorales se encontrará amparada en el interés público únicamente cuando se ofrezcan garantías adecuadas.

2. Los partidos políticos, coaliciones y agrupaciones electorales podrán utilizar datos personales obtenidos en páginas web y otras fuentes de acceso público para la realización de actividades políticas durante el periodo electoral.

3. El envío de propaganda electoral por medios electrónicos o sistemas de mensajería y la contratación de propaganda electoral en redes sociales o medios equivalentes no tendrán la consideración de actividad o comunicación comercial.

4. Las actividades divulgativas anteriormente referidas identificarán de modo destacado su naturaleza electoral.

5. Se facilitará al destinatario un modo sencillo y gratuito de ejercicio del derecho de oposición.

La ley permitirá también a los partidos políticos, coaliciones y agrupaciones electorales, elaborar bases de datos y montar su propio archivo donde se detallen el perfil ideológico de los ciudadanos con información extraída de páginas web y sus redes sociales. Es decir, un partido fascista (por si sus señorías no ha pensado en ellos), podrá extraer datos nuestros de las redes sociales y tener su propio archivo. Esto supone legalizar en España las prácticas de Cambridge Analytica.

Ambas cuestiones juntas, supone la introducción de propaganda personalizada enfocada en tus cuestiones de interés. Esto puede tener un uso positivo, explicando propuestas, etc., pero también podrán hacerlo de forma negativa, poniendo de relieve errores de otros partidos o fomentando las falsedades. Todo esto viene, precisamente, tras el uso nocivo de WhatsApp en la campaña presidencial de Brasil, donde este servició de mensajería móvil sirvió de medio para la propagación de fake news que beneficiaban a Bolsonaro.

La propia ley establece que se tiene que facilitar al destinatario del spam un modo sencillo y gratuito para ejercer el derecho de oposición, siempre a posterior. Es decir, habrá un método para evitar que no nos vuelvan a contactar más. Ahora bien, los detalles al respecto no se han especificado, y se dejan a lo que establezca el Decreto que desarrolle la nueva LOPD.

El derecho a rectificación digital que establece el artículo 85 de la ley, puede dar lugar, según su punto cuarto, a que el perjudicado pueda ejercitar la acción de rectificación dentro de los siete días hábiles ante el Juez de Primera Instancia de su domicilio.

Esto supone, que si el responsable del medio de comunicación no rectifica, se podrá avisar a un juez para que lo haga pero sin mediar juicio. Esto servirá para limitar la libertad de expresión y facilitar que los  políticos obliguen a rectificar informaciones comprometidas. Ahora bien, la publicación no requiere ser eliminada, solamente incluir un aviso en un lugar visible junto a la publicación original.

Los responsables de redes sociales, plataformas digitales y servicios de la sociedad de la información equivalentes adoptarán y ejecutarán protocolos efectivos para garantizar el ejercicio del derecho de rectificación, en particular en relación con los contenidos que atenten contra el derecho al honor, la intimidad personal y familiar en Internet y el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz. A los efectos anteriores, la legislación sobre el derecho de rectificación en los medios de comunicación social resultará de aplicación a redes sociales, plataformas digitales y servicios de la sociedad de la información equivalentes.

Cuando los medios de comunicación digitales deban atender la solicitud de rectificación formulada contra ellos deberán proceder a la publicación en sus archivos digitales de un aviso aclaratorio que ponga de manifiesto que la noticia original no refleja la situación actual del individuo. Dicho aviso deberá aparecer en lugar visible junto con la información original.

El Parlamento Europeo aprobó el RGPD en 2016, dando dos años a los Estados miembros y empresas para que adaptaran sus procesos a la nueva normativa de protección de datos, y fijó el 25 de mayo de 2018 como la fecha en la que entraría en vigor. A diferencia de las directivas europeas que requieren ser transpuestas, el Reglamento no necesita ser asumido por los congresos nacionales, por lo tanto, no era necesaria una adaptación de la ley española.

Unidos Podemos ya ha anunciado que recurrirá inconstitucionalidad de la nueva ley ante Tribunal Constitucional. Mientras que la Agencia de Protección de Datos, ha adelantado que no permitirá a los partidos políticos crear bases de datos con información ideológica de los ciudadanos, aunque asume que la recopilación de datos de contacto para enviar propaganda electoral a los votantes sin su consentimiento previo ha sido ya legalizada en España."                   (Eduardo Bayón, Debate21, 23/11/18)