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20/4/23

Casi nunca vemos nada sobre la naturaleza del trabajo, exactamente cómo se hace, qué efecto tiene en la mente y el cuerpo de quienes lo hacen, y por qué está organizado de una manera especial, radicalmente diferente a la mayor parte de la existencia humana... La esencia de la gestión en una economía capitalista es el control... La triste verdad es que para miles de millones de personas el trabajo es, de hecho, un tormento. ¿Y por qué? Para que los muchos hagan ricos a los pocos

 "(...) Hoy en día, leemos en los periódicos y revistas reportajes sobre los trabajadores. Cómo han tenido que hacer frente a la propagación del COVID en sus lugares de trabajo. Cómo trabajar desde casa, especialmente si eras una mujer con hijos, era agotador. Que decenas de millones de personas abandonaron sus puestos de trabajo, y cómo decenas de miles más están formando sindicatos. Pero casi nunca vemos nada sobre la naturaleza del trabajo, exactamente cómo se hace, qué efecto tiene en la mente y el cuerpo de quienes lo hacen, y por qué está organizado de una manera especial, radicalmente diferente a la mayor parte de la existencia humana.  

(...) el trabajo en la sociedad moderna es un tormento, una aflicción derivada de la naturaleza del sistema económico, que no podría ser más antitético a la forma en que trabajamos durante más del 95% de los 200.000 años de existencia del Homo Sapiens. Nuestro trabajo se ha convertido en una mercancía, algo que se compra y se vende en el mercado, como cualquier otra mercancía, no diferente en principio de las materias primas, los equipos y los edificios que albergan nuestros lugares de trabajo. Y al igual que estas mercancías no humanas son propiedad de quienes las poseen, también lo es nuestra capacidad de trabajo. Cuando trabajamos, en efecto, pertenecemos a nuestros empleadores. Los materiales y las máquinas deben ser puestos en producción de forma controlada, y nosotros también. La esencia de la gestión en una economía capitalista es el control.

Desde el punto de vista del empresario, el control sobre los trabajadores es el tipo de mando más crítico porque los que trabajan son los únicos elementos activos en todas las empresas, ya sean privadas o públicas, siendo estas últimas, en la mayoría de los casos, un complemento de las primeras. No sólo somos indispensables para que todas las empresas obtengan beneficios y crezcan -los impulsos imperativos de todas las empresas privadas- sino que también somos la única mercancía que puede interrumpir la producción y detener el flujo de beneficios que hace posible el crecimiento. Los trabajadores siempre han protestado contra su condición de mercancía, organizando disturbios, formando sindicatos, creando organizaciones políticas e incluso fomentando la revolución.

Dada la disparidad de circunstancias entre los que ofrecen y los que demandan mano de obra (los que ofrecen son mucho más numerosos que los que demandan), los trabajadores siempre temen que no se les contrate o, si se les contrata, que se les despida, se les degrade, se les transfiera o se les destituya. Este miedo ejerce lo que podríamos llamar una forma interna de control. Obedecemos las órdenes de la dirección porque no hacerlo podría ser catastrófico. Tenemos que trabajar, y no solemos tener suficiente dinero y otros activos líquidos para estar ociosos, incluso durante un corto periodo. Con el tiempo, la mayoría de nosotros nos acostumbramos a nuestras circunstancias, considerándolas inevitables. Estamos destinados a trabajar, así que lo mejor es acostumbrarse.

Pero como este control interno no ha resultado suficiente para frenar la resistencia de los empleados, los empresarios han cultivado y desarrollado otras técnicas para asegurarse de que el proceso laboral, es decir, la forma en que se realiza el trabajo, garantice un flujo de producción constante y predecible. Las empresas presionan a los gobiernos para que aprueben leyes y utilizan su poder policial para mantener a los trabajadores a raya. A veces, las empresas han tenido sus propias fuerzas policiales para hacer lo mismo. La historia de todos los países capitalistas del mundo está repleta de ejemplos, muchos de ellos espantosos, de violencia perpetrada contra los trabajadores que han tenido la temeridad de desafiar el control de la patronal. Para elegir sólo uno, entre 1971 y 2018, 3.280 sindicalistas fueron asesinados en Colombia.

En todos los lugares de trabajo se han puesto en marcha mecanismos de control de la dirección, cuyo resultado ha sido el estrés, las lesiones, la depresión y un profundo sentimiento de alienación, consecuencia de vivir bajo el control de otros. Los trabajadores fueron primero agrupados en lugares centrales -fábricas- donde podían ser disciplinados por el silbato y el reloj de la fábrica y donde podían ser constantemente observados. Pronto, los supervisores se dieron cuenta de que el trabajo artesanal solía dividir sus tareas en detalles discretos, para poder cumplir un pedido más rápidamente. Por ejemplo, una vez completado el patrón para un embudo de metal, con una tarea de 100 embudos, un herrero realizaba cada parte del proceso de producción de forma secuencial -disposición del patrón en una hoja de metal, corte, conformación, unión y pulido- 100 veces. Entonces, ¿por qué no asignar a las mujeres y a los niños, a menudo huérfanos, el trabajo de detalle, haciendo una subtarea de forma repetitiva, cada día, reduciendo enormemente los costes y haciendo que la mayoría de los trabajadores sean piezas intercambiables? Las máquinas pronto mecanizaron algunos de estos detalles, y luego las máquinas interconectadas nos dieron la cadena de montaje, con los trabajadores convertidos en apéndices de su ritmo incesante. Frederick Taylor racionalizó los mecanismos de control de su época, inventando la "gestión científica", según la cual toda la conceptualización de los procesos de trabajo es monopolizada por el empleador, y los trabajadores se limitan a cumplir órdenes previamente planificadas. Los departamentos de personal (recursos humanos) aplicaron enfoques de palo y zanahoria para forzar el cumplimiento de la nueva dispensación, con la compañía de motores de Henry Ford como ejemplo principal.

Desde Taylor, los gurús de la gestión, liderados por la Corporación Toyota, idearon la "producción ajustada", con su contratación sistemática, equipos de trabajo, formación cruzada, inventarios justo a tiempo y kaizen. Este último, que en japonés significa "mejora constante", es una forma insidiosa de aceleración continua. La dirección pone en tensión el sistema de producción -por ejemplo, retirando a un miembro del equipo o acelerando una línea de montaje- y presiona a los equipos de trabajo para que la producción siga funcionando sin problemas. El trabajador del sector del automóvil Ben Hamper, autor de Rivethead, describió las fábricas modernas de automóviles como gulags. Y no es de extrañar. Los trabajadores deben trabajar 57 segundos de cada minuto.

La producción ajustada también ha supuesto una supervisión de los trabajadores que supera con creces todo lo que Taylor y su banda de ingenieros industriales podrían haber imaginado. Una tienda de comestibles Whole Foods tendrá tantas cámaras y escáneres manuales que los empleados tendrán que buscar en la tienda un lugar seguro para hablar. Los algoritmos abundan. Las empresas siempre están inventando nuevas formas de vigilar a sus trabajadores, tanto si trabajan en casa como fuera de ella. Los clientes suelen participar en esta vigilancia. ¿Qué otra cosa podemos llamar a las omnipresentes evaluaciones de los estudiantes sobre los cada vez más inseguros profesores universitarios adjuntos sino mecanismos de control de los trabajadores? O a las reseñas de clientes de Yelp y TripAdvisor. Los lugares de trabajo de hoy en día se parecen mucho al panóptico de Jeremy Bentham, en el que las prisiones debían diseñarse de manera que los prisioneros pudieran ser vigilados en cualquier momento, pero sin saber nunca cuándo estaban siendo observados. Bentham pensaba que esto podía aplicarse a toda la sociedad y que la gente se comportaría mejor en beneficio de todos.

La mayoría de nosotros sabemos poco sobre el trabajo que realiza la mayoría de la gente. Un vistazo a la publicación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo desengañará rápidamente al lector de cualquier idea romántica sobre el trabajo. Hay más de 800 millones de trabajadores agrícolas en todo el mundo, que producen cuerpos dañados mientras producen nuestros alimentos. En 2020, la OIT estimó que el 45% de los 3.250 millones de personas empleadas en todo el mundo tenían un "empleo vulnerable", trabajando por "cuenta propia", al margen de las leyes laborales y de bienestar social, como los estatutos de salud y seguridad y la compensación por desempleo o por trabajo, y sin beneficios adicionales. Hombres, mujeres y niños rebuscando en los vertederos, empujando o tirando de rickshaws, haciendo repartos, vendiendo baratijas, comida o billetes de lotería en las calles, buscando chatarra en gigantescos escoriales.

La triste verdad es que para miles de millones de personas el trabajo es, de hecho, un tormento. Para decirlo sin rodeos, los empresarios quieren nuestros cuerpos y nuestras mentes. Nos desgastan, nos descartan y contratan a otros nuevos. ¿Y por qué? Para que los muchos hagan ricos a los pocos.

¿Hay una solución? No dentro de este sistema. Ningún tipo de organización sindical o legislación progresista alterará la naturaleza del trabajo en él. Sólo un cambio radical en cómo se realiza el trabajo y quién lo controla puede hacer que el trabajo vuelva a ser una parte integral de la vida, a través de la cual podamos desarrollar plenamente nuestras capacidades como seres humanos pensantes y actuantes. Las cooperativas y las comunas, organizadas y controladas localmente, son dos vías a seguir. Producir bienes, especialmente alimentos, y servicios para su uso sin ánimo de lucro. Pero sea lo que sea, debe ser radicalmente democrático, y lo que se produzca debe ser socialmente útil, ecológicamente regenerativo y distribuido de la forma más equitativa posible. Esto puede sonar utópico. Pero, ¿cómo nos está yendo con lo que hemos estado haciendo?"             


(Michael D. Yates es el director de Monthly Review Press en Nueva York, Brave New Europe, 09/08/22; traducción DEEPL)

7/10/22

Lidia Undiemi: El manifiesto de la lucha de clases en el siglo XXI... La sociedad corre rápido hacia una inexorable interrupción de la capacidad de los trabajadores para generar ingresos, para ellos y sus familias... la verdad desnuda: la tecnología dejada al uso y consumo del capital ha hecho que los trabajadores sean altamente reemplazables, incluso con trabajadores extranjeros que cobran una décima parte de lo que cobran los trabajadores italianos... casi todos los empleos se caracterizan por esta deriva en la relación entre el trabajo, la tecnología y el capital...

 "Mientras el debate laboral continúa a buen ritmo sobre cuestiones insignificantes, la realidad corre mucho más rápido hacia una inexorable interrupción de la capacidad de los trabajadores para generar ingresos, para ellos y sus familias.

Hasta hace poco, hemos vivido en el mito del empleo "estable" que puede garantizar el bienestar económico, sin demasiadas exigencias.

Ahora estamos en la fase de anquilosamiento, aquella en la que todos, en mayor o menor medida, nos hemos dado cuenta de que el empleo va perdiendo sus dos atributos de "estabilidad" y "bienestar".

Sin entender el porqué, no tiene sentido discutir cuál es la alternativa.

Como explico detalladamente en mi investigación en el libro "La lucha de clases en el siglo XXI", las razones están básicamente relacionadas con la deriva del sistema capitalista globalista, que conduce inevitablemente a conflictos entre superpotencias, cuyas consecuencias podemos empezar a ver ahora con el peligroso aumento del coste de la vida debido a la guerra energética.

 La vuelta al trabajo tecnológico al estilo fordista

Por un lado, la tecnología ha mejorado indudablemente ciertos procesos de trabajo y la calidad de vida en general en muchos aspectos, pero por otro lado está perjudicando gravemente el bienestar de los trabajadores al volver a proponer modelos de organización del trabajo cada vez más parecidos a las cadenas de montaje de los siglos XIX y XX: tiempos de trabajo estandarizados por máquinas "virtuales", resultados cada vez más basados en la mera capacidad de los trabajadores de procesar papeles en el menor tiempo posible sin una aportación significativa de conocimientos, que en cambio se incorporan directamente al software de las máquinas en uso.

Muchos las llaman apps, pero en contextos más técnicos se las denomina más genéricamente software o aplicaciones, que no son más que engranajes de una compleja infraestructura tecnológica a través de la cual es posible procesar de forma estandarizada y altamente controlable los servicios realizados por los empleados, llamados a realizar tareas cada vez más repetitivas, que por tanto suelen requerir menos conocimientos técnicos que en el pasado, que en cambio son "adquiridos" por las máquinas, o mejor dicho por el gran cerebro "virtual", del que el trabajador es el último eslabón de la cadena.

Esta es la verdad desnuda: la tecnología dejada al uso y consumo del capital ha hecho que los trabajadores sean altamente reemplazables, incluso con trabajadores extranjeros que cobran una décima parte de lo que cobran los trabajadores italianos.

 Sin ir más lejos, la intercambiabilidad puede tener lugar incluso sin cruzar las fronteras nacionales, con trabajadores contratados por empresas de externalización que compiten entre sí, lo que puede garantizar una reducción rápida y poco conflictiva de los costes laborales.

En los albores del siglo XXI, se pensaba que esta forma de precarización inducida por la tecnología era un fenómeno limitado a ciertos trabajos considerados marginales, como los realizados en los centros de llamadas.

 De hecho, hoy en día casi todos los empleos se caracterizan por esta deriva en la relación entre el trabajo, la tecnología y el capital.

La consecuencia inevitable de esta involución es que el poder de negociación de los trabajadores disminuye.

"La flexibilidad, traducida en precariedad en nombre de la tecnología y de la renovación del mercado, se ha experimentado efectivamente a gran escala en sectores como el de la atención al cliente, que hoy representa un enorme negocio en todo el mundo. Con la ilusión de que sentarse frente a un monitor en vez de frente a un papel significaría realizar quién sabe qué función, los trabajadores pioneros de esta nueva realidad pronto se dieron cuenta de que era algo parecido a las cadenas de montaje de las grandes industrias que producen bienes materiales. Horarios de trabajo puntuados por sistemas de aplicación, formas de ejecutar el trabajo rígidamente predeterminadas y muy estandarizadas, y así durante toda la jornada laboral y las siguientes. Los trabajadores se convierten en meros ejecutores de una máquina tecnológica que guarda para sí el conocimiento del oficio, y detrás de la cual, por supuesto, se encuentra el equipo directivo que da entrada al sistema".                   (cit. La lucha de clases en el siglo XXI).

 La política ha destruido las normas laborales para satisfacer las exigencias de beneficios de las grandes empresas

No es sólo una cuestión de tecnología y sistemas organizativos, el trabajo ya no es lo que era también porque la política no ha hecho otra cosa que destruir las leyes de protección laboral, que precisamente por la reproposición del trabajo fabril "virtual", podrían haber seguido desempeñando un papel muy eficaz contra las pretensiones del capitalismo global.

El ataque se produjo en dos frentes: el de las normas que consagran los derechos individuales de los trabajadores, como las normas sobre despidos, y el de la negociación colectiva. Las consignas han sido, y siguen siendo, la competitividad y la productividad. Términos utilizados con tanta facilidad (explico sus paradojas en el libro), detrás de los cuales está la arbitrariedad del gran capital al poder reducir los costes laborales a voluntad, con sistemas de control antes inimaginables. Por eso he definido el capitalismo del siglo XXI como la apoteosis del capitalismo del siglo XIX. Marx, después de todo, nos advirtió.

"La importancia del tiempo de trabajo crece en la medida en que la organización productiva, gracias a la tecnología, logra crear sistemas estandarizados de gestión del trabajo controlados en tiempo real por máquinas que transmiten los insumos al gerente de turno encargado de controlar a los trabajadores, amplificando lo que Marx sostenía en la relación entre los empleados y los medios de producción: "Ya no es el trabajador el que utiliza los medios de producción; son los medios de producción los que utilizan al trabajador"".                   (cit. La lucha de clases en el siglo XXI).

El encarecimiento de la energía y el aumento exponencial del coste de la vida son un aviso

Ahora bien, no hace falta que venga el experto a decirnos que el poder adquisitivo de los trabajadores y los pensionistas está a punto de verse gravemente comprometido. Por tanto, lo que debemos preguntarnos ahora es cuánto durará y hasta dónde llegará.

Por desgracia, no es posible hacer predicciones más o menos precisas. Depende de las relaciones con Rusia, de lo bueno que sea el próximo gobierno en el manejo de esta crisis (el de Draghi fue un desastre), del posible compromiso energético con Rusia y otros países proveedores.

 Está claro que cuanto más se prolongue esta situación, mayores serán los perjuicios para los empresarios y los trabajadores.

Aunque ya existen formas de indexación salarial, que en cualquier caso siguen siendo una miseria, actualmente no hay ninguna propuesta sobre la mesa para frenar la diferencia entre el crecimiento de los salarios y la inflación.

Con el coco de la espiral inflacionista de los años 70, la gente probablemente optará por soluciones extemporáneas, como las primas, la paga extra y luego ya veremos, y cosas parecidas a las limosnas, con la esperanza de que la crisis energética se revierta en poco tiempo (desde luego, no la pueden resolver los que la han generado).

En cualquier caso, no habrá una cobertura efectiva de esta brecha, por lo que la pérdida de poder adquisitivo debe considerarse como un hecho cierto, sólo queda cuantificar el daño (esto también es difícil por las razones de incertidumbre antes expuestas), que obviamente no será igual para todos, sino que dependerá del tipo de contrato, del tipo de actividad y de otros factores.

Todo esto debe ser visto como una advertencia, un anticipo de lo que está por venir: la hambruna y la privación de los derechos básicos.

De hecho, parece que alguien ha lanzado la hipótesis de más cierres (léase toques de queda) para permitir el ahorro de energía, como cerrar los locales por la noche a las 23 horas, reducir el alumbrado público, etc.

A estas alturas el sistema se está derrumbando, fuentes autorizadas hablan del fin de la globalización, así que es una pérdida de tiempo preciosa pensar que una vez que esta crisis energética termine (si es que termina) todo volverá a ser como antes. Nada será igual que antes, y cualquier cambio sólo será en sentido negativo. Al racionamiento energético podría seguirle el racionamiento de alimentos (que ya con la subida de precios la gente está empezando a hacer por sí misma), y quién sabe qué más.

 Reaccionar y no esperar

Hemos vivido décadas con el privilegio de la espera, de la ilusión del salvador de la patria. Ahora debemos reaccionar. La crisis laboral está estrechamente vinculada a la expansión incontrolada del capitalismo globalizado. La única manera de evitar lo peor es tomar medidas concretas para contrarrestarlo, primero socialmente y luego políticamente.

La vuelta al conflicto es inevitable.

 EL MANIFIESTO DE LA LUCHA DE CLASES EN EL SIGLO XXI


(extracto del libro La lucha de clases en el siglo XXI)

La lucha. La capacidad de lucha de los hombres, es un patrimonio de la humanidad, siempre ha sido el medio utilizado por los seres humanos para evolucionar, para mejorar. Desgraciadamente, el valor de la lucha se ha desvirtuado y degradado hasta quedar aprisionado en la idea de la violencia, la violencia por sí misma.

    Abandono de la lógica de la post-ideología.El primer paso es el abandono de la post-ideología, es decir, el vacío ideológico debido al abandono de las ideologías, que es la savia del engaño de la paz social: como ya no hay conflicto entre el capital y el trabajo, ya no hay necesidad de ideas, de post-ideología precisamente.

    Se ha olvidado, pero todo el orden democrático y constitucional, en Italia y en muchas partes del mundo, se ha construido sobre el valor de la conflictividad como elemento clave para garantizar el equilibrio entre los más fuertes y los más débiles. El reconocimiento del derecho de huelga en los sistemas constitucionales es la máxima expresión de ello.

III. Superar la idea falsa de un estado mínimo pro-capitalista y un estado de bienestar neoliberal. A menudo se piensa erróneamente que el capital quiere eliminar los derechos sociales, de cualquier orden y naturaleza, en verdad necesita un estado de bienestar mínimo para poder mantener un equilibrio sostenible y evitar la rebelión de las masas. Así que debemos aspirar a un verdadero estado de bienestar que no sea para el uso y consumo del capital.

 1 - La conciencia política de la existencia de un orden jurídico de mercado es una de las mayores ilusiones de los últimos tiempos tras las que se ha atrincherado la política. No existe un orden natural de mercado, las reglas económicas son las establecidas por el hombre a través de las leyes, es por tanto mediante la elección de éstas que se crea una economía, una crisis o un crecimiento.La responsabilidad por tanto es siempre de la política.

2 - Reorganización de la comunidad internacional en clave antineoliberal y respetuosa con la soberanía y la democracia interna de los estados. Los estados deben revolucionar las relaciones con las organizaciones internacionales, no es posible, no es democrático que hoy sean las organizaciones económicas internacionales las que decidan las reformas, las que sometan a poblaciones enteras a las lógicas del poder económico y financiero.

 3 - Redefinir la relación entre la política y los interlocutores sociales y cuestionar el interés superior. A pesar de ser históricamente la idea que subyace a los regímenes totalitarios, el interés superior de la nación o de Europa -a veces una crisis económica, a veces una emergencia sanitaria- sigue siendo la clave ideológica para silenciar la disidencia, para reprimir la protesta. Hay que preocuparse cuando la política desata el interés superior, hoy como en el pasado, el mismo método.

VII. Otro cambio de paradigma debe referirse a la forma en que se redistribuye la riqueza. El tan discutido método de la riqueza patrimonial, que actúa aguas abajo del sistema de producción, y en el que el pueblo no tiene ningún control porque requiere el filtro de la política, que le quita acciones que en todo caso son marginales al gran capital, con la promesa de redistribuirlas a las masas, es ineficaz y dispersivo. En cambio, habría que reconsiderar la idea de una redistribución ascendente, a través de un aumento del poder de negociación y económico de los trabajadores, para que el aumento de los salarios vaya inmediatamente a los trabajadores, lo que tendría entonces también una eficacia redistributiva mayor y más generalizada.

VIII. Reorganización interna del sindicato y su reposicionamiento ideológico.En esta revolución de las ideas, el sindicato es, o debería ser, el sujeto colectivo más importante, que debe necesariamente abandonar la inclinación a aceptar el interés superior para reabrir la temporada de la conflictividad.

1 - Relanzamiento y refuerzo de la no-derogación de la negociación colectiva a nivel nacional.Uno de los elementos clave a través de los cuales se ha debilitado el poder de los trabajadores ha sido la ampliación de los poderes de las empresas para decidir a nivel local y de cada empresa una reducción de los derechos de los trabajadores en sentido peyorativo.

2 - Contrarrestar la arbitrariedad del criterio de productividad en la fijación de los salarios.En concreto, la idea del interés superior de la nación o de Europa ha asumido el interés superior de la productividad de las empresas a la posibilidad de reducir los salarios, un juego demasiado fácil para el capital ya que dispone de tantas formas de desvincularlo artificialmente de los salarios.

3 - El reconocimiento del grupo empresarial como único ente empresarial con el que se puede negociar las condiciones de trabajo. Hay que oponerse al método de desarrollo de las multinacionales, mediante el cual logran tomar todo y dar sólo lo que creen conveniente. En este sentido, la subcontratación es una de las principales estrategias utilizadas por las grandes corporaciones y multinacionales para reducir los salarios, lo que hoy representa tal vez la mayor máquina de desigualdad social en el mundo.

XII. El lado oscuro de la tecnología ha llegado a considerar posible que los trabajadores que dependen absolutamente de las grandes empresas puedan ser considerados como autónomos, lo que supone una ganancia para el capital, ya que un trabajador autónomo cuesta menos que un empleado.

XIII. Reorganización interna de los partidos coherente con la vuelta al reconocimiento de la conflictividad. Los partidos, especialmente los de izquierda, deben cerrar la temporada de la paz social para devolver la dignidad política a la conflictividad que nos llevó a la era de los derechos.

XIV. Cuestionar la globalización y el capitalismo moderno en su forma actual mediante investigaciones específicas sobre el terreno. En contra de la creencia popular, la globalización puede ser un proceso reversible, pero se necesitan ideas para aplicarla.

1 - Para cuestionar la globalización para el uso y consumo del capital, hay que admitir que la tecnología se ha convertido en un instrumento de explotación laboral que está haciendo retroceder las manos de la historia.

XVI. Reconocimiento del papel del poder judicial en la investigación del capitalismo actual.El poder judicial en Italia y en todo el mundo está desempeñando un papel muy importante para desvelar las estrategias del capital.

XVII. Otras propuestas para regular la globalización, incluyendo así la expansión de las multinacionales, dentro de los límites democráticos y constitucionales. Las ideas, investigaciones y estudios realizados en este campo deben concretarse en leyes y normas para situar a las multinacionales dentro de los rangos constitucionales y democráticos. Propongo una nueva teoría económica sobre la expansión de las multinacionales, para regular un fenómeno que genera desigualdad. (...)
          (Lidia Undiemi, L'Antidiplomatico, 29/08/22)

25/8/22

La actuación de Amazon que la Inspección sanciona forma parte de una estrategia empresarial generalizada desde hace años. La digitalización propicia la externalización productiva mientras se mantiene el control del proceso productivo. Eso sí, externalizando riesgos a terceros... En el extremo de las externalizaciones nos encontramos a los autónomos, a los que eufemísticamente se llama autoemprendedores, cuando de hecho son autoexplotadores de si mismos. El caso extremo de externalización... Establecer responsabilidades de la empresa principal -que controla producto y mercado- respecto a las personas que participan en el proceso productivo, con independència de la sociedad para la que formalmente trabajan, deviene clave para combatir la externalización de riesgos... Este es uno de los muchos retos del nuevo Estatuto de las personas trabajadoras del siglo XXI

J.Coscu @jcoscu

1/7 Detecto que algunos medios le dan mucha importancia a la multa impuesta por Inspección de Trabajo a Amazon por cesión ilegal de trabajadores. Sugiero que además de celebrarlo y felicitarnos por el buen hacer de la Inspección @UPIT_ITSS profundicemos un poco más (sigue hilo)

2/7 La actuación de Amazon que la Inspección sanciona forma parte de una estrategia empresarial generalizada desde hace años. La digitalización propicia la externalización productiva mientras se mantiene el control del proceso productivo. Eso sí, externalizando riesgos a terceros

3/7 En el extremo de las externalizaciones nos encontramos a los autónomos, a los que eufemísticamente se llama autoemprendedores, cuando de hecho son autoexplotadores de si mismos. El caso extremo de externalización

Una vez más se corre el riesgo de dar una notícia que, al afectar a una empresa “mala” es jugosa y lava conciencias. sin profundizar en las causas que la producen. Castigar a Amazón es simbólicamente importante. Pero la sanción le hace cosquillas a sus cuentas de resultados.

Para abordar el problema de fondo debemos constatar la importancia de la reforma laboral pactada recientemente con sindicatos y patronales. Avanza en el abordaje de las causas de fondo, però resulta aún insuficiente para acabar con estas pràcticas. Hay que avanzar aún más.

Establecer responsabilidades de la empresa principal -que controla producto y mercado- respecto a las personas que participan en el proceso productivo, con independència de la sociedad para la que formalmente trabajan, deviene clave para combatir la externalización de riesgos

Este es uno de los muchos retos del nuevo Estatuto de las personas trabajadoras del siglo XXI. Intentemos no quedarnos atrapados en el árbol -Amazon- y hagamos el esfuerzo de mirar el bosque -estrategia empresarial de externalización de costes y riesgos.

3:39 p. m. · 11 ago. 2022
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4/4/22

En un evento que tiene pocos paralelos en la historia del movimiento obrero estadounidense posterior a Ronald Reagan, los trabajadores de los almacenes de Amazon en Estados Unidos han conseguido el reconocimiento de un sindicato por primera vez... Amazon gastó 4,3 millones de dólares en consultores para romper el sindicato, una cantidad inaudita para cualquier empresa... Muchos de los consultores que dirigen la guerra de Amazon contra la sindicalización cobraron 3.200 dólares al día... las demandas de los trabajadores: un salario mínimo de 30 dólares por hora, aumento del tiempo libre remunerado y de los días de vacaciones, descansos remunerados durante la jornada, representación sindical en cualquier reunión disciplinaria y un fuerte apoyo para el cuidado de los niños

 "(...) La votación supervisada por la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB) en JFK8, un centro de distribución en Staten Island, fue de 2.654 a favor de la sindicalización con el Sindicato de Trabajadores de Amazon (ALU), y 2.131 en contra, en una instalación con 8.325 votantes. Los sesenta y siete votos impugnados y once anulados no serán determinantes, dado el margen de victoria del sindicato.

 Es difícil exagerar los obstáculos a los que se enfrentaron los trabajadores de Nueva York para llegar incluso hasta aquí. Los archivos del Departamento de Trabajo publicados ayer muestran que Amazon gastó 4,3 millones de dólares en consultores para romper el sindicato, una cantidad inaudita para cualquier empresa. Normalmente, incluso las megacorporaciones tardan años en acumular ese tipo de factura con los especialistas de la industria exclusivamente estadounidense de expertos antisindicales profesionales. Muchos de los consultores que dirigen la guerra de Amazon contra la sindicalización cobraron 3.200 dólares al día.

En Staten Island, los trabajadores dijeron que los agentes antisindicatos eran una presencia habitual en el JFK8 y que difundían propaganda contra el sindicato en los baños del almacén, en los pasillos y a los trabajadores a través de correos, anuncios de Instagram, llamadas telefónicas, mensajes de texto y vídeos proyectados en pantallas dentro de las instalaciones. Por su parte, ALU tiene claras las demandas de los trabajadores: un salario mínimo de 30 dólares por hora, aumento del tiempo libre remunerado y de los días de vacaciones, descansos remunerados durante la jornada, representación sindical en cualquier reunión disciplinaria y un fuerte apoyo para el cuidado de los niños.

 Los líderes de la campaña sindical se enfrentaron nada menos que a arrestos, ya que la policía de Nueva York detuvo al presidente de la ALU, Christian Smalls, junto con los trabajadores Brett Daniels y Jason Anthony, el 23 de febrero de este año, después de que Amazon llamara a la policía por un supuesto allanamiento. A juzgar por la votación de hoy, esos esfuerzos resultaron contraproducentes, haciendo que Amazon parezca más represivo e hipócrita que nunca a los ojos de los trabajadores.

El esfuerzo del JFK8 es notable también por otra razón. ALU es independiente, es decir, no está afiliada a ningún sindicato existente. Smalls, el fundador del sindicato, también es único. Se inició en la organización sindical cuando, en los primeros días de la pandemia, ayudó a organizar una protesta frente al JFK8 en respuesta a lo que consideraba medidas inadecuadas de salud y seguridad adoptadas por Amazon mientras Covid-19 arrasaba la ciudad. En respuesta, la empresa le despidió y unas grabaciones filtradas revelaron que los altos cargos de Amazon habían buscado una campaña de desprestigio contra él, y el consejero general de Amazon, David Zapolsky, describió a Smalls como “no inteligente ni elocuente” en una reunión con Jeff Bezos. 

Esa caracterización indignó a Smalls, que lleva mucho tiempo señalando la falta de empleados negros incluso en puestos de gestión de bajo nivel en Amazon –a él mismo se le negaron los ascensos durante años– como prueba de que el racismo está integrado en la empresa. Esto le llevó, como me dijo durante el verano, a intentar «hacer que se coman esas palabras». 

Se trata de alguien despedido de forma muy personal y pública, que tomó el resentimiento que sentía por lo que su empleador le hizo y lo dirigió a la lucha. A la luz de la victoria de hoy, merece la pena citar la explicación de Smalls sobre cómo entendió su transformación de no activista a militante, alguien decidido a organizar el JFK8:

Es curioso, porque lo digo todo el tiempo: Amazon me preparó para esto. Aunque no era gerente, estuve haciendo el trabajo de un gerente durante los últimos cuatro años y medio. Los principios de liderazgo que tenía en Amazon me facilitaron la transición al activismo que estoy haciendo.
 
Estoy utilizando muchos de los principios que aprendí en Amazon, contra ellos. Mi favorito es: «tener coraje y comprometerse». Odiaban el hecho de que yo usara eso todo el tiempo. Pero es probablemente la razón por la que nunca fui promovido: tuve coraje, defendí lo que creía que era correcto y me comprometí a la transformación. Otro principio es “verlo, asumirlo, arreglarlo”, que es probablemente uno de mis principios originales: vi los problemas, los asumí y ahora intento arreglarlos.
 
Irónicamente, cuando planearon desprestigiarme, dijeron que querían convertirme en el rostro negativo del sindicalismo. Esas fueron sus palabras. Así que, en cierto sentido, estoy intentando que se coman esas palabras. No tengo nada más que hacer. Sigo desempleado, no puedo encontrar trabajo en ningún sitio. Este es mi trabajo a tiempo completo, y esta vez estoy en un equipo diferente.

En la primavera de 2021, Smalls comenzó a organizar a sus antiguos compañeros de trabajo estableciendo su base en una parada de autobús pública fuera de JFK8, por donde pasaban muchos de los trabajadores del almacén en su camino hacia y desde las instalaciones. Pronto se unieron al esfuerzo otras personas que aún trabajaban en JFK8: Derrick Palmer, por ejemplo, que anteriormente fue supervisado por Smalls en JFK8, y que ha trabajado en Amazon durante seis años. El grupo organizó comidas al aire libre, repartió folletos, difundió su mensaje en aplicaciones de redes sociales como TikTok y creó un comité organizador dentro de las instalaciones.

Amazon mantuvo un flujo constante de propaganda contra el esfuerzo, pero ALU también siguió adelante. Como informó Labor Notes, el comité organizador de veinticinco personas contrarrestó el mensaje de la dirección, llamando por teléfono y sentándose en la sala de descanso del almacén para hablar de las preocupaciones de los trabajadores. Ahora, han conseguido el primer sindicato de Amazon en Estados Unidos.

 El enfoque de ALU va en contra de lo que se considera de sentido común en el movimiento sindical. ALU no tenía apenas personal remunerado, contaba con un solo abogado frente al ejército de expertos jurídicos de Amazon y no tenía experiencia en la negociación de un contrato. Sin embargo, ALU insistió en que esto era una ventaja, dado el método probado por los empleadores de lo que se llama “tercerizar” un sindicato, que es cuando el jefe tilda un sindicato de «entidad externa» en lugar de estar simplemente compuesto por los propios trabajadores. 

Aunque se trata de una propaganda de manual, y los trabajadores suelen contrarrestarla señalando que los sindicatos son impulsados por los propios trabajadores –explicando que, independientemente de los defectos que puedan tener los sindicatos existentes, corresponde a los trabajadores votar los contratos o rechazarlos, elegir a los comités de negociación y a los delegados sindicales, etc.–, el carácter independiente de ALU permitió a los trabajadores del JFK8 eludir por completo el argumento de la patronal.

Las imágenes del primer día del recuento de votos de la NLRB en Brooklyn subrayaron el carácter de David y Goliat de la lucha entre el sindicato independiente y una de las empresas más poderosas del mundo. En una de ellas, tomada por Lauren Kaori Gurley, de Vice, que ha cubierto el esfuerzo de la UAL desde el principio, los líderes de la UAL están de pie fuera del edificio de la NLRB, abrazados unos a otros. En otra, Smalls está solo y dice de los abogados de Amazon en la sala de recuento de votos: «Me encanta ver cómo se retuercen».

Con esta histórica victoria llega el siguiente reto para la UAL: conseguir un primer contrato. En Estados Unidos, la norma es que los empresarios den largas luchas en la mesa de negociación –algunos estudios muestran que menos de la mitad de las unidades de negociación alcanzan un primer contrato al año de sindicalizarse– y no es inaudito que una empresa cierre una instalación antes que aceptar un contrato sindical. Amazon es la vanguardia del antisindicalismo y de la dictadura patronal, por lo que la probabilidad de que oponga esa resistencia es alta. Por eso ha emprendido una guerra contra estos esfuerzos sindicales incipientes: Amazon sabe tan bien como los trabajadores que una vez que los empleados de un lugar se organizan, sienta un precedente e inspira a los demás trabajadores en otros lugares. Después de todo, basta con mirar a Starbucks, donde se vive una oleada sindical a escala nacional en la franquicia de café estadounidense.

 El movimiento sindical más amplio tendrá que recalibrar sus suposiciones sobre la organización de Amazon, dada la victoria de ALU, y ofrecer toda la solidaridad a los trabajadores en su lucha por un primer contrato. La distancia y las tensiones entre ALU y otros sindicatos son reales, y no desaparecerán de la noche a la mañana. Pero será necesaria la plena cooperación del movimiento obrero para que la victoria de ALU se extienda a los cientos de instalaciones de Amazon en Estados Unidos. La empresa emplea a más de un millón de personas en todo el país -sin contar los numerosos conductores y otros trabajadores empleados indirectamente a través de terceros- y esa cifra no hace más que aumentar a medida que Amazon envuelve una parte cada vez mayor de la economía.

Amazon es un imperio, con operaciones en expansión que ejercen una influencia sobre los trabajadores de innumerables industrias. Hay muchos brazos: Whole Foods, donde Amazon vigila agresivamente la organización potencial, y donde hay esfuerzos de organización en sus primeras etapas; Amazon Fresh, donde los trabajadores de una ubicación en Seattle ya han comenzado a organizarse; la legión de trabajadores de cuello blanco de Amazon, algunos de los cuales han sido despedidos por su organización, y que tienen una gran cantidad de problemas en el lugar de trabajo, incluso si sus condiciones están a un mundo de distancia de las de JFK8; la fuerza de trabajo de entrega, cuyo salario es muy inferior al de sus homólogos sindicalizados en UPS y cuya propia existencia socava las normas existentes.

Estos esfuerzos de organización en los almacenes de Amazon son importantes para todos, ya que existimos dentro de un sistema de vigilancia y control que se está extendiendo y del que Amazon es pionero. La victoria en el JFK8 es sólo un pie en la puerta. Pero casi todo el mundo dijo que los trabajadores no podrían llegar tan lejos, que tales campañas no llegarían a nada, que Amazon era demasiado grande para enfrentarse a ella hasta que el movimiento obrero fuera mucho, mucho más fuerte. Esas consideraciones no eran infundadas, pero tampoco eran del todo correctas. 

Mientras Amazon exista, debe organizarse. No hay manera de evitarlo, y hay trabajadores que están asumiendo esa tarea. Ahora es el momento de aprender de ellos. Es imperativo que tengan éxito."                     ( , JACOBIN, 03/04/22)

21/1/21

Por qué los trabajadores de 50 años son un estorbo: La burocracia de las grandes empresas contemporáneas alcanza un grado de intensidad mayor que la de aquel Estado de los años setenta que tan criticado resultaba... por eso, quiénes cuentan con talento, conocimiento o experiencia se resisten ante los despropósitos con los que se encuentran en su desempeño cotidiano... con la pérdida de talento, de eficacia y de sentido que está suponiendo lo que en teoría era un avance facilitado por las nuevas tecnologías

 "El trabajo va a ser el punto central de los próximos meses, y probablemente de los próximos años. Además de la destrucción del empleo de la primera parte de la pandemia, cuyas consecuencias exactas vamos a constatar con el fin de los ERTE y cuando hagamos recuento del número de pequeñas y medianas empresas que quedan en pie a finales de 2021, vamos a vivir una segunda oleada de pérdida de puestos de trabajo. 

Hasta ahora, los empleados vinculados a los servicios, los más precarios, los que no podían teletrabajar, han sido los más perjudicados, así como los negocios cuya baza esencial era el contacto directo con el cliente, como la hostelería. Pero los recortes están llegando a las grandes empresas y a los sectores que requieren empleados con mayores cualificaciones, como fruto de las fusiones y adquisiciones, o de la necesidad de seguir manteniendo la confianza de los mercados mediante el aumento de la rentabilidad. La suma de ambas tendencias implicará momentos difíciles para el empleo en nuestro país.

Este será el gran reto de España, ya que llueve sobre mojado. Y no asoman soluciones claras que puedan venir en nuestra ayuda. Es complicado que los planes de reconversión tecnológica y verde constituyan una baza real, ya que la tecnología gira en el sentido de la destrucción de empleo y porque los trabajos que cree esa todavía tímida economía verde serán más coyunturales —como los ligados a la rehabilitación de edificios— que permanentes.

En este escenario, que perjudica a la gran mayoría de la gente, desde los parados hasta las firmas medianas, pasando por los autónomos, empleados por cuenta ajena y pequeñas empresas, hay un sector en el que se ha reparado menos, pero que vivirá momentos difíciles. Es el de los profesionales liberales y de los cuadros intermedios, que ahora se verán muy presionados.

Jóvenes y mayores, parte de lo mismo

Se trata de un sector peculiar, ya que era una vía típica de mejora social, así como un espacio profesional que parecía garantizar un nivel de vida digno. Ahora se ve presionado a la baja en muchos sentidos, especialmente porque acelerará tendencias ya presentes. Hay dos sectores particularmente perjudicados, el de los jóvenes y el de los mayores de 50. Sobre el primero, se ha insistido en muchas ocasiones a causa del elevado paro juvenil español. 

Es ciertamente un problema, porque no solo la incorporación al mundo laboral se produce de una manera mucho más reducida de lo que sería necesario, sino que además acontece en malas condiciones. Incluso en los sectores prestigiosos, los salarios de las generaciones más jóvenes son muy escasos, y se prolongan durante demasiados años; no se trata únicamente de los becarios, sino de que la inestabilidad y las retribuciones insuficientes son situaciones habituales incluso tras años en la empresa o en el sector.

Como bien explica Carlos Sánchez, el segundo ámbito perjudicado es el de los mayores de 50 años (o incluso de 45). Dado que muchas empresas suelen utilizar la política de ‘up or out’, estas personas suelen ocupar puestos mejor retribuidos, ya sea porque realizan tareas de coordinación o por su especial conocimiento, por lo que desprenderse de ellos contribuye en gran medida a reducir costes. Esta ha sido una tendencia muy habitual en los últimos años, a menudo disfrazada bajo las prejubilaciones, pero que va mucho más allá de ellas.

 En estos instantes, además, esos despidos pueden acogerse a una justificación aceptada, como son las reestructuraciones causadas por las nuevas tecnologías, pero lo cierto es que se trata mucho menos de estas que de las exigencias del capitalismo financiarizado: lo primero ocurre, pero afecta en la realidad menos de lo que se subraya; de lo segundo se habla menos, pero su importancia es incomparablemente mayor.

En todo caso, la salida de esta mano de obra formada del mercado laboral también señala la ambigua relación de la empresa con la experiencia y el conocimiento, cualidades a menudo inconvenientes en el trabajo del siglo XXI.

Por exceso o por defecto

La experiencia es un asunto paradójico. Cuando se desea ingresar en el mercado laboral suele ser exigida, justo cuando no se tiene. Y cuando se cuenta con ella, porque se ha desarrollado una carrera en un sector, se convierte en un exceso del que desprenderse. Cuando no se posee, se considera un valor; y cuando se tiene de sobra, un obstáculo, ya que es justo ese plus el que parece impedir que las personas se adapten a los nuevos tiempos. De modo que no eres contratado en una época de tu vida y eres despedido en otra por la misma causa, ya sea por defecto o por exceso.

Esa relación extraña con la experiencia y con el conocimiento profesional implica un deterioro sustancial en la cantidad de talento con que cuentan las empresas. En el caso de los jóvenes, porque al entrar en un entorno exigente y con mano de obra escasa, la falta de tiempo conlleva también la enorme dificultad para formar en los criterios profesionales a los recién llegados, que deben aprender demasiado a menudo por sí mismos y a golpes cómo se hacen las cosas (y cada firma tiene sus códigos y sus exigencias). 

En el caso de los mayores, porque al no valorar sus cualidades, acaban desprendiéndose de personas con vida profesional muy útil mucho antes de tiempo. De manera que se pierde conocimiento por un lado y por otro, ya sea por acortar la trayectoria laboral pronto, ya por no ofrecer el contexto que permite que las personas desarrollen sus capacidades.

La recompensa de la lealtad

Sin embargo, lo más llamativo de esta desaparición de los mayores de 50 de muchas grandes empresas tiene que ver con una de las cualidades más típicas de la trayectoria laboral. La lealtad y la fidelidad son elementos altamente valorados en un entorno duro y complicado, pero ocurre igual que con la experiencia: se exige, pero llega un instante en que resulta prescindible. Muchos de estos trabajadores que son despedidos se encuentran con la dura realidad, que toda esa lealtad no les ha servido para evitar la cola del paro.

Pero esta tendencia, que constituye un problema, no suele ser considerada como tal. La experiencia o el conocimiento no son algo valorado en sí mismo, sino en la medida de su funcionalidad. Y dados los objetivos de la mayoría de las grandes empresas, resultan mucho más valoradas cualidades como la energía, la actitud y las ganas de comerse el mundo que la garantía de profesionalidad. Esas son las aptitudes que se demandan de los jóvenes, pero también de los mayores. Por eso muchos de quienes pasan de los 45 dedican tanto tiempo al cuidado físico: que las marcas de la edad no se noten es positivo porque subraya que aún se cuenta con la energía y la decisión suficientes; que no te vean flaquear.

Mucha más burocracia

Precisamente por esta exigencia de funcionalidad, a menudo la experiencia y el talento se convierten en un obstáculo en sí mismos. Hay dos tendencias implantadas en la gestión del trabajo cotidiano que sirven como ejemplo. 

 La primera es la supeditación de las tareas habituales en la compañía a sistemas informáticos que conforman los pasos a seguir. Al rediseñar los procesos laborales a través de estos sistemas, es posible prescindir también de cuadros intermedios destinados a la supervisión o a la toma de decisiones cotidianas, lo que supone tanto un (teórico) ahorro de costes como una gestión más eficiente e integrada. 

Sin embargo, estos sistemas, hasta la fecha, solo pueden operar a través de reducir la complejidad habitual (imaginemos la gestión de una oficina bancaria, por señalar un sector que va en esa dirección) a una serie de pasos mecánicos, que fundamentalmente funcionan como un sistema altamente burocratizado y simplificado, lo que no puede llevar más que a la ineficiencia. 

La burocracia de las grandes empresas contemporáneas alcanza un grado de intensidad mayor que la de aquel Estado de los años setenta que tan criticado resultaba. En ese escenario, es obvio que quienes cuentan con talento, conocimiento o experiencia no pueden más que resistirse ante los despropósitos con los que se encuentran en su desempeño cotidiano.

El segundo es el sinsentido que se ha apoderado de la gestión, que ha optado por aumentar el número de empleos dedicados a la medición y al control del rendimiento y por disminuir el número de personas que se dedican a realizar la tarea. Todos estos trabajos, que entran en esa categoría últimamente popular de 'bullshit jobs', se dedican a la reorganización, a cambiar protocolos, a medir los niveles de satisfacción, a diseñar nuevas formas de gestión del trabajo, a llenar Excel y a organizar tormentas de ideas, mientras los empleados que realizan las tareas deben asumir estas, al tiempo que destinan más tiempo a justificar lo realizado que a hacerlo. Es obvio que estas tendencias crean fricciones, y quienes se pueden oponer más fácilmente a ellas son personas con cierta responsabilidad dentro de esas empresas, lo que las convierte en incómodas.

En esta reestructuración de la gestión de las empresas, no solo se debería poner el acento en la pérdida de empleo, que es un asunto muy grave, sino que convendría complementar el análisis con una crítica a cómo son gestionadas, y con la pérdida de talento, de eficacia y de sentido que está suponiendo lo que en teoría era un avance facilitado por las nuevas tecnologías."                     (Esteban Hernández, El Confidencial, 14/12/20)

18/9/20

El artista ha muerto.... “Soy como un trabajador del automóvil o del acero: mi industria se ha vuelto arcaica”. La música es un sector cuyo viejo modelo está desapareciendo, y el nuevo se ha llevado por delante las condiciones de subsistencia de los artistas... en 2018, las obras de 20 personas supusieron el 64% de las ventas totales de artistas vivos. Fuera de ese núcleo reducidísimo, apenas queda nada para repartir... de los más de seis millones de libros disponibles en Kindle, el 68% vende menos de dos copias al mes; y sólo hay dos mil de ellos que ingresan 25.000 $ anuales... La cultura sigue ahí y continúa generando beneficios, la cuestión es para quién... lo que se ha producido es la devaluación del precio de la mano de obra, aun cuando las obras continúen costando lo mismo o más... Crear es cada vez más cosa de ricos

 "El libro cultural más importante de este año es ‘The death of the artist’, de William Deresiewicz. No traza nuevos caminos formales, no promueve el nacimiento de una nueva corriente creativa, no señala sendas artísticas que deberían explorarse. 

Su punto de partida es mucho más inmediato: expone las condiciones de vida de la gran mayoría de la gente que se dedica a la práctica artística, en sus múltiples vertientes. Y llega a una conclusión que es muy de la cultura, siempre aficionada a términos grandilocuentes: la literatura ha muerto, la pintura ha muerto, el rock ha muerto, ese tipo de afirmación. Sólo que, en este caso, no se trata de llamar la atención, sino de constatar una realidad: el artista ha muerto.

Una conversación, recogida en el texto, entre Deresiewicz y Kim Deal, miembro de Pixies y The Breeders, nos da una pista sobre las contradicciones contemporáneas. Deal se crió en Dayton (Ohio), y continúa viviendo allí cuando ya ha alcanzado la cincuentena. Su paisaje vital es el del medio Oeste industrial, ese que amplió su prosperidad gracias a las fábricas. 

Deal se identifica con ese horizonte, también porque su experiencia profesional es muy similar:“Soy como un trabajador del automóvil o del acero: mi industria se ha vuelto arcaica”. La música, como casi todo lo relacionado con la segunda mitad del siglo XX, es un sector cuyo viejo modelo está desapareciendo, y el nuevo se ha llevado por delante las condiciones de subsistencia de quienes formaban parte de él.

'Eppur si muove'

Sin embargo, como bien puntualiza Deresiewicz, no estamos hablando de la minería del carbón o de las lámparas de gas. La cultura está excepcionalmente viva, y la pandemia lo ha subrayado: la gente dedica una parte no despreciable de su tiempo a leer novelas, ver series, conciertos o películas, escuchar música y tantas otras experiencias ligadas con la creación. De modo que si hay algo que se ha ido, no ha sido la industria cultural. Quizá deberíamos mirar en otro lugar para entender qué está ocurriendo.

Tengamos en cuenta que el libro de Deresiewicz expone el caso de EEUU, que es un país culturalmente privilegiado por la difusión global de sus creaciones: es mucho más sencillo que un músico, novelista, pintor o cineasta estadounidense vea sus obras publicadas en cualquier otro país que al revés, lo que tiene una enorme importancia a la hora de generar ingresos, ya que incluso las obras minoritarias pueden resultar muy rentables gracias a su difusión por todo el mundo. Sin embargo, incluso en ese ámbito privilegiado, las cifras son crueles.

 Algunos ejemplos. Del 1% de los creadores de las artes visuales que más ingresan por sus obras, el último de ellos genera 13.000 dólares anuales, lo que subraya claramente el nivel de pobreza del 99% restante. El mercado del arte está concentrado: en 2018, las obras de 20 personas supusieron el 64% de las ventas totales de artistas vivos. Fuera de ese núcleo reducidísimo, apenas queda nada para repartir.

Dos ejemplares al mes

Las cosas no mejoran en otros sectores. Más cifras recogidas por Deresiewicz: de los más de seis millones de libros disponibles en Kindle, el 68% vende menos de dos copias al mes; la gran mayoría de los libros son autoeditados, y sólo hay dos mil de ellos que generen ingresos equivalentes o superiores a 25.000 $ anuales. Y así sucesivamente: sólo el 3% de las personas que dirigen una película de bajo presupuesto vuelve a dirigir en un par de ocasiones más.

 En Spotify hay dos millones de artistas, y el 4% de ellos concentra más del 95% de las reproducciones; hay un 20% que no ha sido escuchado ni una sola vez.

 En cuanto a los ingresos, los pagos en esas plataformas varían dependiendo de diversos factores. Deresiewicz asegura que las tarifas se mantienen en secreto, pero que estimaciones muy aproximadas en marzo de 2018 eran las siguientes: Apple Music pagaba 0,74 centavos de dólar por reproducción; Spotify, 0,44 centavos; Pandora, 0,13 centavos; YouTube, 0.07 centavos. Pero eso sólo son promedios, porque la práctica real varía mucho. 

La violinista Zoë Keating ingresó 2400 $ por 1,44 millones de escuchas, lo que entra en la tasa promedio. Pero el rapero Sammus recibió 6.35 $ de Spotify por 14.000 reproducciones, menos de 0.05 centavos por cada una de ellas; y Rosanne Cash ganó 104 $ por 600.000 reproducciones, a 0.017 centavos por reproducción. Y esas diferencias, apunta Deresiewicz, se dan entre aquellos que cobran algo, lo que no siempre ocurre.

Marc Ribot, un excelente guitarrista que, además de su carrera en solitario, ha trabajado con Tom Waits, Elton John, McCoy Tyner o Elvis Costello, subraya el cambio que ha vivido el sector: con su banda Ceramic Dog ganó 187 $ en Spotify haciendo un tipo de música minoritaria que antes le generaba entre 4.000 y 9.000 dólares por la venta de cds. Hubo tiempos mejores, y esa conciencia permanece clara en la mente de los creadores, que ven cómo sus ingresos han disminuido sin lo que haya hecho su aceptación. Y este es el centro del asunto.

El abaratamiento del creador

 La cultura sigue ahí y continúa generando beneficios, la cuestión es para quién. La afirmación de Kim Deal sobre lo obsoleto de su trabajo no acierta a describir lo que sucede, porque los coches siguen fabricándose, pero en lugares donde la obra es mucho más barata. La gente no dejó de comprar coches de repente y las fábricas siguieron existiendo; lo que se produjo fue su desplazamiento para reducir costes

A la cultura le ocurre algo similar, sólo que no se han llevado nada a China: han abaratado enormemente la producción, hasta el punto de que la gran mayoría de los autores asume el coste de su obra y lo cuelga en las plataformas esperando generar algún ingreso. Los que no, aquellos que tienen la teórica suerte de contar con firmas que ponen su obra en el mercado, aceptan condiciones a la baja ante la imposibilidad de competir en un entorno saturado.

En este punto suelen confundirse los conceptos con la realidad. Se discute sobre si el soporte digital es mejor que el físico, sobre la comodidad de poder ver las películas en casa, sobre si tener los libros en un ebook es mejor que ne la estantería o sobre los beneficios de ver los conciertos de tu grupo preferido en el sofá; o sobre lo mala que era la industria discográfica, o la editorial, o la cinematográfica, de décadas anteriores, y se tacha a quienes la recuerdan de nostálgicos que todavía no se adaptado. Pero todo eso es palabrería, porque lo que se ha producido es la devaluación del precio de la mano de obra, aun cuando las obras continúen costando lo mismo o más. Dicho de otra manera, lo que está en juego son las condiciones de reparto de los beneficios, no el soporte o su modernidad.

El auge del aficionado

En esa situación de abaratamiento radical de la mano de obra, la primera consecuencia es la muerte del artista, ya que no existen las condiciones de reproducción necesarias para que puedan desarrollar su trabajo. El entorno malthusiano, de sobrepoblación cultural, que generan los nuevos canalizadores de la cultura, empobrece masivamente al sector, lo que facilita pagar precios mucho menores. El artista no sólo aporta su conocimiento, su talento y su esfuerzo sino que añade a menudo los medios de producción; a cambio, apenas consigue retribución por su trabajo, salvo casos muy esporádicos. 

La cultura no era una cuestión de cara o cruz, sino que incluía una clase media relevante, personas que, de distintas maneras, podían vivir de su actividad. Los nuevos modelos de negocio convierten a la gran mayoría de los creadores en simples aficionados que producen prácticamente gratis para que los canales de distribución ganen cada vez más dinero, o que aceptan trabajar para las empresas físicas del sector sin apenas cobrar o, en los mejores casos, con ingresos menguantes.

La cultura se ha convertido en la actividad secundaria de personas que se ganan la vida con otros empleos, y el libro de Deresiewicz constata hasta qué punto es así. Crea en sus ratos libres, los que otros dedican a montar en bicicleta o en tomar unas cañas en las terrazas, mientras espera que alguna vez la suerte le sonría y pueda encontrar algo que le saque de la pobreza o que le dé cierta estabilidad. 

Las condiciones de subsistencia de las personas que se dedican mayoritariamente a la creación son paupérrimas, y por eso sólo personas sin hijos suelen dedicarse a ello. O, por supuesto, quienes tienen recursos familiares que les permiten vivir de las rentas. Crear es cada vez más cosa de ricos, ya que no sólo tienen el dinero, también los contactos que permiten que las carreras profesionales sean más exitosas.

La cultura española

Fruto de esta situación, las obras suelen ser cualitativamente pobres, porque se carece de las condiciones (tiempo, dinero y consejo) que ayudarían a potenciar lo que que contienen. Al mismo tiempo, en un entorno de gran saturación, es muy difícil que incluso las obras formalmente logradas destaquen: la cantidad de material producido vuelve muy complicado que alcance al público potencialmente interesado.

Este escenario era el previo a la pandemia, y el coronavirus no ha hecho más que empeorarlo. Muchos sectores de la cultura española, en particular aquellos que todavía generan ingresos, se están quejando de la falta de apoyo institucional y del desinterés del ministro por apoyar a un ámbito que es claramente rentable. Pero hay que entender el propósito de fondo. 

No se trata únicamente de que el Gobierno tenga poco dinero para todo, lo cual es cierto, sino de que ve con buenos ojos esta transformación hacia lo digital que el virus ha acelerado. Igual que en otros sectores de la economía las empresas “tradicionales”, las no digitales, están perdiendo la confianza del mercado, se entiende que la cultura debe ser más eficiente, que está en proceso de transformación y que lo deseable es que dé el salto hacia la nueva época: la parte “presencial” del sector tendrá que adaptarse o salir del juego.

Las implicaciones sociales, económicas y políticas de este giro en la cultura son mucho mayores de lo que suele pensarse. Pero de ellas hablaremos otro día; baste hoy con constatar que ese mundo que parece caerse es todo lo contrario: es vibrante y floreciente, lo que ocurre es que quienes crean, aquellos sin los cuales nada sería posible, (los artistas, pero también quienes los rodean y ayudan, incluida una parte no menor de técnicos) son los que están desapareciendo. El sector se ha convertido en fabricación de mercancía ‘low cost’ para el contenedor, y sus productores en ‘low cost’ ellos mismos."                 (Esteban Hernández, El Confidencial, 6/09/20)

4/9/20

El teletrabajo no era esto. Estrés crónico, aislamiento, deterioro físico, jornadas interminables...

 "-Trabajas de sol a sol. Es mentira que puedas administrar mejor tus tiempos. Mezclas tu espacio de trabajo con tu espacio privado. No desconectas. Me he encontrado con 20 correos a las diez de la noche. Los fines de semana también [Ana, 61 años, técnica del Estado].

A mediados de marzo, los edificios de oficinas se vaciaron de gente y se llenaron de incertidumbre. Siete de cada diez empresas españolas enviaron a todos o parte de sus trabajadores a casa, según una encuesta reciente. Más de tres millones de personas teletrabajaron durante el confinamiento. Cuatro veces más que el nimio 4,8% de empleados que realizan sus tareas habitualmente en remoto parte de la semana.

La inmersión en el teletrabajo por la crisis sanitaria de la covid-19 tuvo mucho de zambullida temeraria. Los empleados se fueron de un día para otro a abrir el portátil sobre la mesa del comedor mientras los niños se les colaban en el Zoom. Los empresarios tuvieron que buscar en tiempo récord ordenadores con el país cerrado, adecuar plataformas seguras y organizar virtualmente tareas hasta entonces presenciales, expone Rosa Santos, directora de relaciones laborales de la patronal CEOE. Casi cinco meses después y con los brotes multiplicándose, la recomendación de priorizar el teletrabajo permanece.

Nos tuvimos que adaptar bruscamente a los nuevos usos laborales, explica la especialista en Medicina del Trabajo Teófila Vicente-Herrero. “No todo el mundo está preparado y no a la misma velocidad”, asegura. La tensión de mantener el nivel de rendimiento ante unas demandas a las que no se está habituado, dice la también experta en teletrabajo, causa “somatizaciones, con alteraciones digestivas, del ciclo del sueño y ansiedad por esa mala adaptación a la nueva situación de estrés”. Se agrava entre quienes nunca habían trabajado a distancia. “Había desinformación, falta de formación y de tecnología. Se han roto los horarios. En muchos casos se hacen jornadas interminables, y eso genera una alteración de los ciclos biológicos y de las relaciones familiares y sociales”.

Hemos trabajado más. Hasta dos horas diarias en exceso en Europa y tres en Estados Unidos, según datos de NordVPN, un proveedor del cordón umbilical que une los ordenadores domésticos con los servidores de las empresas. Uno de cada cuatro empleados ha tenido que aplicarse en su tiempo libre para cumplir, refleja una encuesta de Eurostat. Y lo hemos hecho desde el sofá o la silla de la cocina, compartiendo espacios improvisados con parejas e hijos. Trabajando a costa del sueño.

—Ha sido una de las peores experiencias de mi vida. He tenido tres trabajos. Deberes, por un lado, teletrabajo por otro, las cosas de la casa... He hecho videoconferencias de formación con gente nada interesada, que no sabían cómo hacerlo, o que no tenían datos en el móvil o que se reían. Y mis hijos apareciendo [María Tovar, 36 años, orientadora de empleo en una empresa. Dos hijos, de ocho y cinco años].

¿Qué ocurre después de todos estos meses? “No nos hemos adaptado, hemos pensado que teletrabajar es trasladar la oficina a casa y ya está. No tenemos un control de la situación, padecemos estrés crónico. No hay descansos”, dice el profesor de Psicología Social en la facultad de Relaciones Laborales y Recursos Humanos de Granada Francisco Díaz Bretones. “Hemos expandido el tiempo y el espacio. Si el trabajo antes estaba circunscrito a un lugar durante un tiempo, eso ha desaparecido. Trabajando bajo una sombrilla en la playa, en casa, en la oficina, a todas horas. Es lo primero que hacemos al despertarnos y lo último al acostarnos. No disponemos de tiempos de recuperación y de descanso. La recuperación física es mucho más rápida. Pero psicológicamente tardamos mucho más en volver a un estado de relajación”.

—Cuando termino una videoconferencia, me duelen el cuello y los hombros. Me siento muy expuesta y a la vez, me falta información. Para alguien introvertido y observador como yo, Zoom tiene todo lo malo de reunirte con gente en la vida real, pero en esos encuentros cara a cara hay muchas cosas que aquí no están [Carly Micó, 42 años, traductora y editora].

Zoom, como epítome de todas las plataformas de videoconferencias, se adueñó de los ordenadores durante el confinamiento. Saltó de los 10 millones de participantes diarios de diciembre a los 300 en el grueso de la crisis. Los expertos defienden su enorme utilidad: “Ahorra tiempo, no hay que desplazarse, permite la comunicación no verbal y trabajar bien compartiendo pantalla”, mantiene Jeremy Bailenson, fundador del laboratorio de Interacción Humana Virtual de la Universidad de Stanford. “Sin las videoconferencias, el mundo estaría sufriendo aún más durante la pandemia”. El profesor Díaz Bretones asegura que las reuniones virtuales son más efectivas: “Optimizamos mejor el tiempo, dado que suprimimos parte del contacto social, pues nos centramos más en el desarrollo de la reunión. Y hay otra cosa, en un encuentro presencial, si se alarga o es un rollo, hay que mostrar atención. En Zoom se pueden hacer otras cosas”.

Quien haya mantenido videoconferencias a diario, como los profesores, obligados a dar clases, saben de lo que se conoce como “fatiga de Zoom”. Bialenson acaba de iniciar una ambiciosa investigación sobre el fenómeno y explica lo que ocurre cuando las reuniones son unas cuantas cabezas en la pantalla del ordenador. “En un encuentro presencial con una decena de personas, el tiempo que pasan mirándose mutuamente a los ojos es muy corto. Cuando ocurre, no dura más de unos pocos segundos. Con Zoom, una reunión con el mismo número de participantes transcurre en una retícula de caras y cada uno te mira desde la pantalla todo el tiempo. Eso puede ayudar para la productividad, pero tiene un coste. La gente se siente muy incómoda al ser observada permanentemente. El cerebro se muestra particularmente atento a las caras, y cuando las vemos en grande, interpretamos que están muy cerca. Nuestro reflejo de pelea o huida responde. En un estudio que hicimos en Stanford hallamos que cuando uno se expone a caras virtuales de gran tamaño, se encoge físicamente. Esto puede ser en parte la razón por la que Zoom es tan agotador. Cada minuto que estamos en videoconferencia tenemos caras que nos miran a pocos centímetros de la nuestra”.

Las videoconferencias han entrado en la vida laboral sin visos de marcharse. Hay que replantear las reuniones, como dice Eva Rimbau, profesora de Recursos Humanos y Organización de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC) y especialista en teletrabajo, cuando unos están en la oficina y otros no. “Hay que sentarse como si todos estuvieran fuera, porque si no, los que están juntos físicamente toman el poder. La reunión es suya y se olvidan de los ausentes. Ahora es el momento de aprenderlo”. También de potenciar “la comunicación asíncrona, con herramientas que permiten que no estemos todos al mismo tiempo conectados para darnos respuesta, uno deja su información y otro la encuentra después”. Y luego hay trucos para paliar el agotamiento que causan las reuniones virtuales. Uno evidente, muy repetido, es desconectar la cámara para dejar de vernos constantemente. Otros los propone el profesor Bailenson. “Una de mis reuniones semanales dura dos horas. Después de las primeras que hicimos, que nos dejaron exhaustos, decidimos que solo aparecería en pantalla el que hablaba. Ayudó. Que salgan nuestros perros o gatos o nuestro mobiliario constantemente no es crucial para la mayoría de las reuniones. Zoom también permite controlar la posición y el tamaño de las ventanas que muestran la cara de los otros participantes, así que se puede jugar con los ajustes.También se puede instalar una webcam para que tu imagen salga próxima en la pantalla y puedas alejar el ordenador”.

El cansancio de la conexión virtual no es la única consecuencia de estos meses de teletrabajo. El estrés nos ha hecho comer más y peor. Y pasar 10 horas frente al ordenador, rota la rutina de ejercicio si la había, rompe también espaldas y articulaciones. “Ahora que empezamos a hacer analíticas, vemos que todo está alterado, suben los niveles de colesterol, de azúcar, de triglicéridos. En los artrósicos, y en la gente que tenía problemas de tendones, y han tenido que limitar totalmente la actividad, han perdido movilidad. Eso es lo que empezamos a ver ahora. Y yo creo que en un plazo de seis u ocho meses saldrá más a la luz”. La primera causa de absentismo laboral siempre han sido los problemas musculoesqueléticos y este 2020 los está disparando.

—Me he sentido solo. Echo de menos esa conversación con los compañeros que no es de trabajo, en la que surgen ideas. De todos modos, me gustaría poder trabajar algunos días en casa [Arturo, 30 años, periodista].

“Hemos perdido súbitamente el lugar del trabajo, una conquista social, vuelves a una soledad que te aísla de esa cultura del café y de la conversación, que te vincula. A largo plazo, no sabemos cuáles serán las consecuencias. Hace falta cierta forma de ser para llevar ese ensimismamiento del que precisa la escritura o el arte. Puede llegar a ser una amenaza si tu trabajo no es creativo”, dice el psiquiatra Enrique García Bernardo recordando que buena parte de nuestro entorno social nace del laboral. Un riesgo clásico del teletrabajo es el aislamiento y las consecuencias depresivas que pueda acarrear.

¿Teletrabajar era esto? No, dicen los expertos. Eva Rimbau cree que la situación es excepcional: “Nuestros niños dejaron de ir al colegio, nuestra familia o nosotros hemos estado enfermos, no podíamos salir. Han cambiado tantas cosas a peor… No podemos sacar ninguna conclusión más que decir: ¿el teletrabajo en caso de crisis es un horror? Sí. Estamos muy cansados, como ahora nos sintamos no es representativo de cómo podemos sentirnos en un teletrabajo normal”. También Rosa Santos, de la CEOE, cree lo mismo. Aún así, dice, los empleados no quieren regresar a la presencialidad. “Es una mezcla de miedo y de apreciar el poder para conciliar de poder trabajar en casa”.

Y lo que ocurre en la normalidad es que los teletrabajadores “pueden estar más estresados porque entremezclan mucho más el trabajo con la vida personal”, dice Rimbau, citando investigaciones. “Es un poco paradójico porque al tiempo están más satisfechos porque le permite conciliar”, afirma. Hay dos tipos de empleados en remoto: los integradores, que, asegura la experta, “hacen cosas personales en horario laboral y al revés, mientras esperan a que salgan los niños de extraescolares contestan mails. Corren el peligro de estar trabajando a todas horas”. Los llamados separadores —demedian trabajo y vida personal— se enfrentan al mismo riesgo. “Su reto sería aprender a decir ‘bueno, yo antes separaba porque me iba de la oficina. Ahora lo tengo que hacer de otra manera, cerrando la puerta del cuarto del ordenador o algo así”. Tenemos que reaprender, dice el psicólogo, “reaprender que si no contesto un correo a las diez de la noche, por ejemplo, no es que soy un mal trabajador”. El trabajo permanente estaría alentado por jefes que, al no vernos, disparan con el correo electrónico, el WhatsApp y la videoconferencia. Dirigir a distancia es dar confianza, aseguran los expertos.

A la soledad del teletrabajador, se suma otra peculiaridad: si no estás, no te ven. “En empresas en las que unos trabajan a distancia y otros no, los teletrabajadores recibían menos promociones, menos formación, menos feedback sobre su desempeño”, asegura Rimbau, “porque están un poco fuera de la vista. Y eso es un peligro que existe”.

Teletrabajar es ahora una realidad mucho más tangible. Twitter da esa opción a sus empleados para siempre. Facebook planea que la mitad de su plantilla trabaje a distancia en cinco años. Google no tendrá empleados en la oficina hasta mediados de 2021. En España, algunas compañías, como ING, darán opciones para teletrabajar de una forma completamente flexible. Algo menos de la mitad (41%) de las empresas españolas planea seguir con la fórmula de trabajo en remoto. Y un 30% de los trabajadores podría hacerlo, según cálculos del Banco de España. Pero será distinto. El Gobierno ultima un proyecto de ley que ha negociado con los agentes sociales para regularlo, que incluye la voluntariedad y flexibilidad y el derecho a la desconexión."                  (Ana Alfageme, El País, 10/08/20)

18/3/20

La situación de la clase obrera española: La situación laboral de los jóvenes trabajadores es, lisa y llanamente, catastrófica... 1.7 millones (un 20%) ha emigrado... y la brecha salarial entre mujeres y hombres sigue creciendo

"José Daniel Lacalle, ingeniero aeronáutico, miembro del Consejo de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), su trabajo en el campo de la sociología se ha centrado en la sociología de la ciencia, las profesiones, las clases sociales y la clase obrera. 

En este siglo XXI se ha centrado en la situación específica de la clase obrera y el mercado laboral: “La clase obrera en España. Continuidades, transformaciones, cambios” (El Viejo Topo-FIM, Barcelona, 2006), “Trabajadores precarios, trabajadores sin derechos” (El Viejo Topo, Barcelona, 2009), “Conflictividad y crisis. España 2008-2013” (El Viejo Topo-FIM, Barcelona, 2015); también ha contribuido a la publicación colectiva, “Dígaselo con Marx” (Ediciones GPS, Madrid, 2018). Desde 2008 dirige y coordina la publicación digital “Indicadores Económicos y Sociales” en la FIM.


Me gustaría preguntarte sobre una ponencia que has presentado en la Escuela del PCE de Madrid que se celebró en Cercedilla el pasado 19 julio de 2019. Recuerdo el título a los lectores: “¿Cómo es la clase obrera de hoy?”. Te apoyas en Edward P. Thomson, y comentas que “una clase social no debe verse como un componente de una estructura sino como una relación entre componentes de una estructura”.  ¿Nos puedes explicar con algo más de detalle esta definición? ¿No valdría entonces aquella definición de que la clase obrera incluye a todos los ciudadanos asalariados no propietarios ni directivos de los medios de producción, servicios y finanzas?

Sobre a la clase obrera, yo siempre me he apoyado en los marxistas anglosajones, no solo en Edward 

P. Thomson, sino en Ralph Milliband y sobre todo en Eric J. Hobsbawn. Pero el concepto de clase como relación está en el mismo “Manifiesto Comunista”, en donde la burguesía y el proletariado solo existen la una en función del otro, y viceversa, es decir, solo existen en su relación, que se concreta en la lucha de clases.


En cuanto a la definición de la clase obrera como todos los asalariados no propietarios ni directivos no es una buena herramienta para acercarse a la enorme complejidad que supone el conjunto de la clase obrera dentro del capitalismo globalizado (falsos autónomos, falsos cooperativistas, y otras figuras).


¿Ser asalariado o asalariado no es lo mismo que ser obrero/a?


Evidentemente ser asalariado/a no es lo mismo que ser obrero/a; la inmensa mayoría de los asalariados pertenecen a la clase obrera, por las mismas razones que las indicadas en la respuesta anterior.


Te cito de nuevo: “Para acercarnos a la situación de la clase obrera en España y en la Comunidad de Madrid utilizaremos la encuesta de población activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística, a principios de 2019, completándola con otra serie de datos a partir de estadísticas oficiales, como encuestas salariales, de accidentes laborales, de conflictividad laboral, etc.”. ¿No hay aquí riesgo de confiar en exceso de los datos oficiales, de la documentación institucional? Pienso, por ejemplo, en las estadísticas sobre accidentes de trabajo y no son siempre datos “neutros”, “objetivos”.


Sobre la validez de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Instituto Nacional de Empleo (INEM), y me refiero a los de la Encuesta de Población Activa (EPA), Accidentes de Trabajo, Encuestas de Salarios, Datos de Huelgas y Paros laborales, son lo más fiable que puede obtenerse, y son los que aceptan en Eurostat como válidos.


En el apartado “nación de asalariados”, hablas de la importancia de la “economía sumergida” en España. ¿Por qué sigue siendo tan importante en nuestro país ese tipo de economía? ¿Qué trabajadores y trabajadoras se ven abocados a ella?


Sobre la economía sumergida, en 2019 en nuestro país, está calculada en el 25% del Producto Interior Bruto; España dobla la media de la Unión Europea y el que se mantenga alrededor de esa cifra es debido, fundamentalmente, a la falta de recursos de todo tipo (materiales y humanos) que se dedican a su persecución. Los trabajadores abocados a ella son los inmigrantes sin papeles, pero también aquellos que tienen los trabajos más precarizados.


Hablas también en este apartado de los falsos autónomos de la mal llamada economía ‘colaborativa’. ¿Qué dimensión tiene esa economía antiobrera en estos momentos en España? ¿Cómo ves el futuro de esa economía de agresión en nuestro país?


Se denominan falsos autónomos los que tienen una facturación que está monopolizada por una sola empresa, los casos de Globo, Deliveroo, Uber, Cabify, Mapfre y las corporaciones locales son los más conocidos. Se calculan, según la UATAE que son 225.000 personas en 2019, con un crecimiento de 15.000 en este último año y que la cifra continúa creciendo. El futuro de este colectivo depende de la derogación de las últimas reformas laborales y la aprobación de un Estatuto de los Trabajadores que le tenga en cuenta.


Se habla en ocasiones, tú también lo haces, de que una de las consecuencias básicas de la globalización es la diversificación y fragmentación de la clases obrera. ¿De qué diversificación y fragmentación hablamos? ¿Qué novedades generan en las clases trabajadoras esta diversificación y fragmentación?


Como ya he planteado en otras ocasiones, y perdón por la autocita: “la globalización ha incrementado las diferencias dentro de la clase, tanto a nivel internacional como dentro del capitalismo avanzado o global. La existencia de un mercado de trabajo dual entre trabajadores precarios, la mayoría, y no precarios, la minoría, que enlaza con la existencia de lo que Lenin calificó como ‘aristocracia del trabajo’; nos lleva a un mercado laboral con múltiples diferencias internas, salariales, de derechos y condiciones de trabajo, de género, de edad, por nivel de educación, por tipo de contratación” (J.D. Lacalle, “Las clases sociales en ¿El Manifiesto Comunista”, en el libro colectivo “Dígaselo con Marx”, referenciado más arriba).


Señalas también un segundo error en las previsiones de Marx y Engels. ¿Qué segundo error es ese?… Y por cierto, ¿cuál fue el primer error?


Sobre los errores de previsión en “El Manifiesto” son, en primer lugar, la desaparición de los grupos intermedios, pequeños industriales y comerciantes, artesanos y labriegos, que plantean que proceden del feudalismo, y en segundo lugar que el incremento cuantitativo de la clase obrera iba acompañado por su homogeneización. Es evidente que ninguna de las dos se ha cumplido.


Hablando de la diversidad en las condiciones de trabajo haces referencia a los trabajadores precarios. ¿Qué sería para ti un trabajador precario? Tal como estás las cosas tras las últimas contrarreformas laborales, ¿no lo seríamos todos?


Sobre el precariado, en primer lugar, un trabajo precario es aquél que no permite unas condiciones de vida y trabajo dignas. Desde luego, tras las últimas contrarreformas laborales es aplicable a la gran mayoría de los trabajadores dependientes, o de la clase obrera.


El precariado, algunos sociólogos de renombre usan esta expresión, ¿sería una nueva clase social desde tu punto de vista?


Desde mi punto de vista y aún a sabiendas de que el precariado es considerado como una nueva clase social, esto no es así. La clase obrera, a lo largo de la historia del capitalismo, nunca ha sido un grupo social homogéneo, el que esta falta de homogeneidad se haya agudizado con la globalización capitalista no nos debería llevar a inventarnos una nueva clase social.


Hablas a continuación de la importancia de la división de género. ¿Por qué es tan importante esta división?


Su importancia está en que en principio afecta a más de la mitad de la población. En el mercado laboral las mujeres están hiperresentadas (con tasas de feminización superiores al peso de las mujeres en la población en edad de trabajar) en el trabajo a tiempo parcial, el paro, el paro de larga duración y la inactividad, y prácticamente equilibradas en la contratación temporal; infrarrepresentadas lo están en la actividad, ocupación, y salarización.


¿Sigue pasando que las tareas domésticas están realizadas básicamente por mujeres?


Aunque ha habido avances en la participación masculina en las tareas domésticas, estas siguen siendo realizadas mayoritariamente por las mujeres.


La brecha salarial entre mujeres y hombres, ¿ha aumentado o ha disminuido estos últimos años?


Utilizando el trabajo de Marta Hernández para “El Mundo” de 12/2/18 a partir de los datos de GESTHA en su informe “Brecha salarial y techo de cristal”, la brecha salarial estaría creciendo; como media las mujeres cobran 4.745 euros menos anuales que los varones, un 30% menos, y en el caso de las pensiones la diferencia sube al 37% menos.


¿Cómo describirías brevemente la situación de las mujeres trabajadoras en España?


A partir de los datos de la EPA, la mayor precariedad del trabajo de las mujeres está recogida en una pregunta anterior, la que me hacías sobre la división de género.


En cuanto a la edad, ¿no ha sido siempre así? Si pienso en mi vida laboral, por ejemplo, cuando empecé a trabajar a los 14 años mis condiciones eran malas, francamente malas, mucho peores que las de mis compañeros de mayor edad.


La situación laboral de los jóvenes trabajadores es, lisa y llanamente, catastrófica en los menores de 30 años, como se deduce de los análisis de la EPA para ese grupo de edad. Con una tasa de actividad 4’5 puntos porcentuales por debajo de la del total de la población, una tasa de ocupación casi 11 puntos porcentuales por debajo, apenas por encima del 75, una tasa de temporalidad por encima del 55%, casi 29 puntos porcentuales por encima de la media, en el trabajo a tiempo parcial están contratados algo más de 1 de cada cuatro jóvenes, más de 11 puntos porcentuales por encima de la media, desempleados están casi 1 de cada cuatro jóvenes y más del 59% ni encuentran trabajo ni lo buscan.


Al referirte al nuevo salario mínimo haces referencia a las dificultades para su implantación y a su cuantía. ¿Dónde residen las dificultades para su implantación? La ley está aprobada desde hace meses. ¿Cuál sería una cuantía justa, desde tu punto de vista, para el salario mínimo en la España actual?


El problema está en lo difícil que es el seguimiento de una ley dentro de la maraña de pequeñas empresas y comercios que conforman el modelo productivo en nuestro país. La cuantía debería estar marcada por conseguir un trabajo digno.


¿Por qué es tan importante el sector servicios en la estructura económica española (¡nada menos que el 75,5% de los asalariados!)? ¿Qué consecuencias podemos extraer de ese dato?


En el capitalismo avanzado el grueso de la ocupación está en el sector servicios, de todos modos esta es una situación ficticia, puesto que el sector servicios es una especie de cajón de sastre en el que todo cabe. Hay que distinguir entre los servicios con trabajadores de elevada cualificación, como son la enseñanza y la sanidad, los servicios con alto contenido tecnológico, y el resto. En España, por desgracia, los servicios, en su mayoría, son de valor añadido bajo. Con esto quiero decir que el peso del 75% en el empleo en el sector servicios no dice nada, a priori, es un porcentaje normal.


¿Qué trabajadores españoles ganan más? ¿Los de la industria, los de la construcción, los de servicios? ¿Por qué?


En España, los salarios son mayores en la industria, un 14’7% por encima de la media, unos 4.000 euros anuales más, seguido de los servicios, la construcción es la que tiene salarios más bajos, (datos de 2017). La razón está en la productividad del trabajo en los distintos sectores.


¿Son muy importantes las diferencias salariales en las comunidades españolas? ¿Pueden ser causa esas diferencias de migraciones internas en busca de una mejor remuneración? ¿Los trabajadores de las comunidades ricas (las de mayor renta per capita) viven mejor que los de las comunidades más pobres? ¿Sus clases dominantes son más generosas?


Las Comunidades más ricas tienen salarios más altos, debido al valor añadido producido. Eso no tiene nada que ver con la generosidad o no de las clases dominantes. Además esas Comunidades tienen menor tasa de paro, que es, probablemente, la principal causa de migraciones internas.


¿Qué futuro tiene nuestro país, y sus clases trabajadoras, partiendo de la descripción que haces (que pone los pelos de punta) de la situación de los jóvenes trabajadores?


Evidentemente, la situación laboral de los jóvenes es prácticamente insostenible, como hemos mostrado en una respuesta anterior. Esto ha producido una emigración al exterior. En 2007 había en nuestro país 8,38 millones de jóvenes entre 16 y 30 años, en 2019 son solamente 6’68 millones, 1.7 millones (un 20%)  menos; la única explicación de esta caída es la emigración.


Afirmas que en España el conflicto laboral es, esencialmente, un conflicto industrial. ¿Por qué? Por lo demás, ¿no siempre ha sido así?


Hace un tiempo se generalizó la propuesta de que el conflicto laboral estaba perdiendo fuerza frente al conflicto social. Esto afirmación es la que me llevó a hacer, desde la FIM, una investigación sobre el conflicto laboral, que se publicó en 2015 y se ha ido completando en los “Indicadores económicos y laborales”. El resultado de esa investigación, que cubre desde 2007 a 2018 es que el número de huelgas diarias estrictamente laborales ha oscilado entre 2’5 y 3 en los datos del Ministerio de Empleo.


Teniendo en cuenta datos e interpretación, ¿la clase obrera es, hoy por hoy, un sector social en lucha?


La clase obrera sigue siendo el principal sector social en la lucha frente a la globalización capitalista.


Los sindicatos de clase, ¿están a día de hoy a la altura de las circunstancias? ¿Pueden hacer más de lo que hacen?


Los sindicatos de clase hacen lo que pueden, hay que recordar que un conflicto laboral registrado es generalmente llevado a cabo por uno o más sindicatos.


¿Por qué sigue habiendo tan baja afiliación sindical en España?


La afiliación sindical en España siempre ha sido muy baja, con la crisis y la recuperación macroeconómica el porcentaje de afiliación ha bajado, del 17’1% en 2008 al 13’9% en 2015. Hay que tomar en consideración que en la negociación colectiva, que llevan a cabo los sindicatos es aplicable a todo el colectivo, estén o no sindicados.


Hablan los sociólogos de la desaparición de las clases medias, de su proletarización creciente. ¿Es así? La crisis económica en la que seguimos inmersos, ¿les golpeó con más dureza?


La desaparición de las clases medias y la progresiva proletarización de las mismas. A lo largo de la historia el capitalismo ha jugado con la existencia de los grupos intermedios con el fin de encontrar una barrera que evitan la existencia de un enfrentamiento entre las dos clases principales. Es cierto que la globalización ha incrementado las diferencias de ingresos y modos de vida, ahora bien, volver a plantearse la progresiva proletarización hasta la desaparición no creo que se vaya a producir                   


Mil gracias por tu tiempo y tus documentadas respuestas."                   

(Entrevista a José Daniel Lacalle, Salvador López Arnal , Rebelión, 24/02/20. Fuente: El Viejo Topo, enero de 2020)