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4/12/18

Siete décadas del fin del Ejército en Costa Rica: una decisión rentable... La abolición militar de 1948 permitió al país centroamericano triplicar su cobertura educativa y sanitaria, e impulsar el crecimiento económico...

"Costa Rica elevó este sábado una efeméride, la de la abolición del Ejército, a rango de fiesta nacional con la certeza de que sus 70 años sin fuerzas armadas han dado mucho más réditos que una imagen internacional de pacifismo o su ya sabida estabilidad política alcanzada a mediados del siglo pasado. 

Los beneficios de aquella decisión se miden ahora directamente en números, en un progreso apalancado por la inversión social que se elevó después de 1948, según concluye la investigación estadística e histórica elaborada por un instituto de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Los índices de bienestar que mantienen a Costa Rica por encima del promedio latinoamericano se pueden explicar en parte por el crecimiento que tuvo la inversión en educación y salud después la eliminación del Ejército, determina el estudio del Observatorio del Desarrollo de la UCR. La inversión social se multiplicó por cinco —del 2,6% del PIB pasó al 13,4%— en los 25 años posteriores a la decisión concretada en 1948 por el presidente José Figueres, de origen catalán, aunque la promovieron antes otros políticos de la época.

Los investigadores apuntan también a una reducción en el presupuesto para seguridad en ese período, después de que el exrevolucionario Figueres, más por estrategia política que por pacifismo o por cálculo económico, firmara el decreto de la abolición. Esta medida fue posteriormente incluida en la Constitución de 1949.




En esos 25 años posteriores a la desmilitarización Costa Rica elevó del 15% a 35% la inversión en educación y pudo triplicar la cantidad de escuelas (2.610 en el año 1974). También pudo aumentar a 29% del PIB el dinero destinado salud y hacer que se triplicara el porcentaje de seguro social de la población (66% en 1974), según los datos recogidos por los investigadores Alejandro Abarca y Suráyabi Ramírez.

Ellos analizaron datos de la base de historia económica del centro de estudios latinoamericanos de Oxford y siguieron un método de “control sintético” para poder precisar los efectos atribuibles a la abolición del ejército.

El avance educativo y sanitario, explican, incidió en que la tasa promedio de crecimiento de la economía pasara de 1,33% del PIB antes de 1949 a 2,44% en la segunda mitad del siglo XX. “Este shock es único en Latinoamérica”, apunta el estudio, que señala a Costa Rica como el país con la segunda tasa de crecimiento más alta en este período. Esta expansión sin precedentes coincide, agrega la investigación, con una serie de cambios institucionales realizados en buena medida gracias a la estabilidad política: en estos 70 años el país solo ha sufrido un intento de golpe de Estado (1955), que se acabó resolviendo por la vía diplomática.

 “Nuestros resultados proporcionan pruebas empíricas sólidas para afirmar que la abolición del ejército de Costa Rica contribuyó significativamente al desarrollo a largo plazo del país”, se lee en el estudio.

El presidente costarricense, Carlos Alvarado, elevó este sábado el rango a la celebración y homenajeó a la figura de “Don Pepe” Figueres, fallecido en 1990. Además, el Presidente reiteró su mensaje político sobre la necesidad de “abolir” el consumo de combustibles fósiles, en la línea ambiental de “descarbonización” que se propuso desde que tomó el poder, el 8 de mayo. También condecoró a la antropóloga y economista Christiana Figueres, hija de “Don Pepe” y líder mundial de la lucha contra el cambio climático.

En un paralelismo con los beneficios económicos que tuvo la abolición del ejército, a pesar de que no eran el propósito, Christiana Figueres participó en el acto oficial mediante una comunición desde India y dijo que la descarbonización de la economía puede traer a largo plazo réditos al desarrollo y las finanzas de los países. Costa Rica se ofrece ahora como sede en noviembre de 2019 para la Cumbre del Clima (COP25), tras la decisión de Brasil de no auspiciarla como estaba programado.

El 70 aniversario de la abolición y la revelación de su impacto en el progreso se cruzan con un momento de incertidumbre en las finanzas públicas y dificultades para sostener la inversión social. Para ello el mandatario impulsó una reforma fiscal que podría aprobarse de manera definitiva esta semana, pese a la oposición de gremios de trabajadores públicos reflejada en la huelga que mantienen miles de educadores del sistema estatal."                    (Alvaro Murillo, El País, 03/12/18)

18/1/10

El pactismo republicano de Francesc Eiximenis

"El año que acaba de expirar señaló el 600 aniversario de la muerte del mayor pensador político catalán de la historia, Francesc Eiximenis. Su aportación a la filosofía política republicana es una de las más descollantes entre las inmediatamente anteriores a la realizada por Nicolás Maquiavelo. Sorprende que, a pesar de la dimensión europea que alcanzó en vida, Eiximenis luzca por su ausencia en los anales más conocidos del republicanismo. (...)

El pactismo obliga al respeto a acuerdos entre partes desiguales y el reconocimiento por parte de las más altas o generales de los derechos de las más circunscritas. Tiene una dimensión pública -para ceñirnos a la época medieval, entre señores y vasallos, o entre éstos y sus superiores, como lo era el monarca, o entre éste y otros soberanos- y otra privada, entre particulares. No constituye quintaesencia alguna catalana que la haga única en Europa -la alusión al documento inglés basta para dejarlo claro- pero no cabe duda de que el pactismo ha formado una de "las formas de la vida catalana" más características, para decirlo con la conocida expresión de José Ferrater Mora.

Jaume Vicens Vives, en su Noticia de Cataluña, de 1954, supo presentar los avatares, pero también la permanencia, de la mentalidad pactista y de su manifestación -con altibajos, reveses y logros- en la política de todos los territorios de cultura catalana a lo largo de los siglos. La visión de Vicens se apoya explícitamente en la eiximeniana.

Eiximenis parte de la necesidad de que los mayores -rey, magistrados, señores- cumplan los acuerdos que se alcancen con todos los estamentos y personas, sobre todo respetando la integridad de cada cual. Por eso no manda el pueblo mismo, sino -según una noción esencial en todo republicanismo- la ley. Su imperio es garante de la paz, la prosperidad y la justicia, así como del albedrío que a cada cual corresponde.

El republicanismo rehúye el populismo. La ley pactada deja así de ser abstracta para adaptarse a las necesidades y dignidad de cada cual. Aunque esta visión parezca estar más acorde con un mundo feudal que con el burgués, hay que entender que para Eiximenis, defensor de la burguesía y de los oficios, y enemigo abierto del mundo rural, feudal, que mantenía a los siervos en práctica esclavitud, el mayor respeto debe rendirse a los estamentos cívicos, sobre todo a la mà mitjana, o clase media.

La libertad sólo podía ejercerse si éstos gozaban de una autonomía protegida por su alianza y pacto con el monarca. Éste era, para el "republicano monárquico" Eiximenis, el árbitro protector de la cosa pública, garante del cumplimiento de los pactos entre los elementos desiguales de la Corona de Aragón y entre sus diversos territorios, extendidos por el Mediterráneo. (Una concepción que nuestros Habsburgos mantuvieron con mayor convicción -a pesar de Olivares- que Felipe V o las políticas jacobinas que tanto estrago y malhumor engendrarían en las Españas).

Por si cupieran dudas acerca del protorrepublicanismo eiximeniano, Lo regiment apoya su argumentación en el concepto de la virtud cívica. Elaborada desde Tucídides, Aristóteles y Cicerón hasta Maquiavelo, esa noción es crucial en el republicanismo moderno, desde Milton, Locke y los padres de la Constitución yanqui hasta hoy. Eiximenis, moralista franciscano, no se hace ilusiones sobre la virtud del hombre, pero comprende, aristotélicamente, que es menester confiar en el ciudadano medio, trabajador y honrado, que hace posible la ciudad. (La idea de cómo debe ordenarse una buena ciudad atrae también la atención de nuestro fraile, uno de los urbanólogos más notables del Medioevo.)

Su preocupación por el ejercicio de la virtud cívica llega a inspirarle normas para desterrar de la ciudad a inútiles y perezosos -jamás a los dispuestos a ganarse el pan- y también a no excluir de su condena a los mismos magistrados, notarios y oficiales. Su número debe ser el justo y no excesivo, so pena de convertirse en parásitos que viven del sudor de sus conciudadanos. La corrupción de magistrados y cargos públicos es el mayor pecado, pues "echa por tierra todo el edificio de la comunidad".

La identificación del trabajo con la virtud cívica es uno de los rasgos más modernos de la obra eximeniana. De ahí su entusiasmo por los mercaderes como estamento decisivo para el buen gobierno y prosperidad de la ciudad. Los mercaderes pactan. Cuando violan pactos, especulan con sus precios o indebidamente "regatean" -compran barato, almacenan y venden carísimo-, caen en el vicio y destruyen el tejido social. Eiximenis admira y promueve pero no glorifica. Censura cuando es menester.

No hay en su obra una teoría temprana del capitalismo, una concepción de la reinversión del capital. Eso sí, hay una legitimación del trabajo y una dignificación de la honestidad en la vita activa del ciudadano que ya es plenamente moderna. (...)

La promoción de la convivencia armoniosa como negociación entre gentes honradas, la de la libertad como responsabilidad en la esfera pública, la de la ley y la justicia como fuentes de soberanía, la de la república como cosa común, la de la virtud como práctica política, son algunas aportaciones de Eiximenis al desarrollo posterior de la filosofía política republicana." (SALVADOR GINER: Orígenes del pactismo republicano. El País, ed. Galicia, opinión, 13/01/2010, p. 29)