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15/2/22

La nostalgia de Hilarión... él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más

 "Como tantos inmigrantes, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Salió del segundo turno a las tres de la tarde, ha trabajado de 5 a 10 de la mañana en una mueblería cortando madera y de 11 de la mañana a las 3 de la tarde el segundo turno, limpiando oficinas.  En su camino para el tercer turno donde trabaja de ayudante de mesero en un restaurante libanés se detiene en un supermercado mexicano para enviar su remesa semanal a su familia en San Sebastián, Retalhuleu, Guatemala, es domingo en donde vive todos los días de la semana los trabaja por igual.  

Una enorme fila lo espera en el supermercado, siempre hay gente enviando remesas a cualquier hora cualquier día de la semana, siempre está el volumen del radio a todo lo que da con música mexicana, huele a carne frita, a pocos pasos hay otra fila esperando comprar los tacos de carne de coche que son la especialidad de la casa. Ve apiladas las cajas de aguacate maduro que se irán en un santiamén, es lo que más compra la gente los fines de semana  y los  tamales en bolsa que venden maleteados, también maleteadas venden las hojas de nopal, cosa que nunca deja de asombrarlo pues en Guatemala no se comen, las vio una vez que fue a Zacapa, enormes plantas de cactus que nadie tocaba y resulta que en donde está los mexicanos los compran como quien compra un rimero de tortillas o una bolsa de pan, parecieran el conqué y no un acompañamiento en el plato de comida.

Al principio, de recién llegado a Hilarión le llamaba la atención que la gente ponía remesas, recargaba tarjetas de teléfono en sus países de origen, cambiaban sus cheques y dejaban hasta el último centavo entre el supermercado y la licorería de al lado, nunca imaginó que pasarían tantos años y que él haría una rutina tan similar a la de esas personas que vio cuando recién llegó a ese lugar donde neva en   la época en la que los árboles de mango están a todo lo que dan en su pueblo natal.

Hilarión emigró cuando recién cumplió 17 años, con tres hijos por mantener dejó a su esposa y a los niños en casa de sus suegros y prometió regresar en dos años, si le iba bien y llevar dinero para comenzar un negocio, han pasado 25 años desde entonces, le falta por graduar de la universidad al último de sus hijos y al último de sus hermanos, no piensa regresarse hasta que lo logre.  En Guatemala trabajaba en las fincas de caña de azúcar, si le revisaran el cuerpo todavía le encontrarían  en la piel las tunas de la caña que como espinas se entierran hasta lo más profundo, en esas fincas se pasó la infancia y la adolescencia trabajando con sus papás y sus tíos, durmiendo en galeras y comiendo una vez al día, ganando  sólo para el pasaje de ida y vuelta a su pueblo,  no sabe leer ni escribir porque la escuela nunca fue una opción para la pobreza de su familia, tenía que ayudar a sus papás en la crianza de sus hermanos pequeños.  Se ha dado cuenta que en la fila esperando para enviar sus remesas hay tantos como él, a cargo de papás, abuelos, hermanos pequeños e hijos, cuando conversa con ellos resultan con historias similares, no importa de qué lugar de Latinoamérica lleguen, ahí hay hasta bisnietos de los braceros.

Hilarión se enteró de la existencia de los braceros cuando un día hace varios años se fue a tomar unas cervezas con un joven después de que ambos enviaron sus remesas, su bisabuelo había sido bracero. No era el único con una carga familiar en la espalda, era la mayoría de migrantes indocumentados, por eso es que no se regresaban en dos años como pensaron al principio. Como él también cargan fotos de los hijos y en sus teléfonos celulares, no los vieron crecer, pero lograron criarlos con el envío de remesas. Y también conoció en el transcurso de los años a tantos que nunca han contado a sus familias en sus países de origen cómo viven realmente en Estados Unidos, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Hilarión sale del supermercado, ese día no ha estado tan frío, el sol se ha dejado ver por momentos y las temperaturas no son tan deprimentes y desesperantes, respira el aire fresco que por un segundo le llevó el aroma del corozo y de los mangos tiernos de los árboles en su natal San Sebastián, se pregunta mientras conduce hacia su tercer trabajo si los otros migrantes también extrañarán como él cuando el sol se asoma entre el cielo plomizo el invierno estadounidense. "                ( Ilka Oliva Corado , Rebelión, 15/02/2022)

19/11/21

«La invasión fotovoltaica de los campos de España»... Las promotoras fotovoltaicas han diseñado silenciosamente la ocupación y despiece de productivas tierras agrícolas, para instalar en ellas grandes «parques» solares fotovoltaicos (PSFV), con el pretexto de la energía «verde» y la financiación de los fondos Nest Generation EU... los megaproyectos fotovoltaicos (y eólicos) amenazan con la expropiación forzosa de tierras —una «nueva desamortización agraria»—, y la eliminación de empleo agrícola... “¡Renovables sí, pero no así!”

 "Este libro nace de la preocupación por el atentado «ecológico» que se pretende perpetrar contra el patrimonio natural, cultural, económico y paisajístico, en muchos lugares de España, y el bienestar de sus habitantes.

Las promotoras fotovoltaicas han diseñado silenciosamente —a veces, más allá de nuestras fronteras— la ocupación y despiece de hermosas y productivas tierras agrícolas, para instalar en ellas grandes «parques» solares fotovoltaicos (PSFV), con el pretexto de la energía «verde» y la financiación de los fondos Nest Generation EU.

Estamos asistiendo así a un aluvión, una avalancha, una invasión de megaproyectos fotovoltaicos (y eólicos) que amenaza con la expropiación forzosa de tierras —una «nueva desamortización agraria»—, la eliminación de empleo agrícola y toda otra serie de perjuicios, incluida su repercusión en la factura eléctrica de las familias.

Esa arrolladora invasión queda recogida en numerosas noticias —una aportación bibliográfica del autor— que han ido apareciendo en los medios de comunicación, alertando y denunciando este proceso invasor que amenaza a muchos pueblos de España.

El libro apunta también diversos temas controvertidos que deberían servir para estimular la investigación y aportar soluciones en temas tan actuales y candentes como el oligopolio eléctrico, el precio de la luz, la despoblación, el empleo agrícola, la vivienda social, las residencias de mayores o el dudoso funcionamiento de algunos Ayuntamientos.

Y describe el modus operandi de las promotoras fotovoltaicas, tomando como ejemplo el caso paradigmático de la localidad toledana de Méntrida, en Castilla-La Mancha, completando el análisis con referencias al rechazo popular de los macroproyectos en otros muchos lugares de España, que defienden las energías limpias y renovables, pero discrepan del modo y extensión como están siendo implantadas e impuestas:

“¡Renovables sí, pero no así!”."    
                 (Rebelión, 18/11/21)

25/10/21

Nadie espera a la España Vaciada... Uno de los conflictos germinales de la modernidad fue el sostenido entre el campo y la ciudad que se resolvió con una victoria total e incontestable de lo urbano... con el horizonte de la descarbonización de la economía, las zonas mineras y las de instalación de renovables van a devenir en territorios tan estratégicos como Arabia Saudí o Texas en el siglo XX... Con todo lo que eso implica. Es esta una perspectiva desasosegante, pero también esperanzadora...

 "¿Tan importante es la relación que se da entre el mundo de lo lleno y de lo vaciado? Parece probable que sí, que sea necesario todo este despliegue orientado a disimular la naturaleza conflictiva de las relaciones sociales de lo vaciado, hacia dentro y hacia fuera, sobre todo porque todos los sujetos implicados arriesgan mucho en este juego.

1. NADIE ESPERA A LA ESPAÑA VACIADA

Lo que sigue es un relato de odio. Lo es, al menos, en la medida en que uno tiene que elegir entre a) y b) para definir el humor con el que escribe. Digamos, de manera más amable, que es una historia a la contra de toda esa corriente de opinión que, por lo que sea, necesita negar la España Vaciada. Ese "por lo que sea" abarca desde la compulsión de refutar el proceso de abandono para no tener que asumir la existencia de, al menos, un problema ("siempre estuvo vacía"), hasta el intento de captura de la España Vaciada como rehén de algún tipo de proyecto nacional (sutil, liberal, autoritario) que, como norma, tendrá poco que ver con los movimientos y reivindicaciones de esos territorios en trance de desertificación demográfica. En general, nos referimos a un mar de fondo que arrastran quienes vivieron con un cierto pesar la autodenominada "Revuelta de la España Vaciada" en 2019, por cuanto ésta suponía sacudirse unas tutelas (políticas, culturales, simbólicas) que se habían dado por supuestas sobre el universo de la despoblación.

...Y que no te sepa malo

Empecemos por el principio: la España Vaciada es un concepto incómodo, más que más porque no se deja atrapar ni se corresponde por completo con otros previos. España Interior, despoblada, desaprovechada, Serrania Celtibérica / Laponia española, el despectivo Tractoria en Catalunya o incluso el propio España Vacía han fracasado a la hora de cumplir con los dos objetivos de un apelativo, a saber: describir y ser aceptado por aquel a quien se describe. Algo en lo que fallaron en mayor o menor medida todos los nombres y adjetivos anteriores, y muchos otros

 Los nombres en los mapas (esto no es un paréntesis)

Antes de seguir, cuatro avisos. Primero, escribo como aragonés. No sé hacerlo de otra forma, y si existe algo como la España Vaciada, la estoy analizando con esas gafas. Segundo: soy urbanita; en tiempos fui eso que se ha dado en llamar "híbrido", pero ahora vivo en Zaragoza full time, y enseño en Teruel. Por consiguiente, intento hablar de los aspectos de la España Vaciada con los que se relaciona la "gente de lo lleno", o de los que me siento legitimado para dialogar; del resto, por respeto y decencia, me callo o solo pregunto. Tercero: a causa de lo anterior, no busco dar una definición de la España Vaciada más allá de una ad hoc que nos sirva de hilo conductor, a saber: aquellas zonas en las que, de acuerdo con la lógica neoliberal, es más razonable o rentable dejar de prestar un servicio que privatizarlo. No es la mejor definición del mundo, pero nos sirve para pensar ciertos malestares y ciertas luchas y las representaciones que llevan aparejadas.

Cuarto, y último, también caeré puntualmente en la confusión entre la España Vaciada (permitidme, de aquí en adelante, EV) y la rural. Muy al contrario, el movimiento de la EV se fundamenta en una alianza entre zonas rurales, gentes híbridas y la débil trama urbana con la que se articulan (resulta enternecedora, por cierto, la vehemencia de los opinadores al descubrir en 2021 -¡en 2021!- que las ciudades pequeñas de la EV también se están vaciando). En ese sentido, a pesar de reconocerse las mútuas diferencias y conflictos entre zonas rurales y urbanas, se ha desarrollado un marco de análisis y una identidad común, contrapuesta a una España llena, metropolitana y densa. De hecho, a lo largo del texto emplearé el par "lo vaciado" y "lo lleno" para expresar esa oposición.

 O al menos, nadie le había dado vela ni en su entierro ni en el del Régimen del 78, si es que llegaban a celebrarse. No es de extrañar. La Transición se fundó sobre una serie de pactos entre los cuales no figuraban la despoblación y la desigualdad territorial. Hubo varias razones para esta ausencia, empezando por que a nadie parecía importarle lo suficiente. De otro lado, la herida de la despoblación estaba todavía abierta -apenas habían pasado veinte años desde el inicio del gran éxodo rural- y aún no se tenía una idea clara de sus posibles derivadas en el futuro. Así, la perspectiva popular albergaba la esperanza de "revertir la despoblación", misión encomendada a partir de 1985 a las comunidades autónomas; el proyecto de la dirigencia, a su vez, estaba a algo muy distinto y ya aprestaba las reformas del campo -agrario no es rural, ni vaciado, pero...- previstas para el ingreso en la Comunidad Económica Europea.

Solo debatiendo su papel electoral le fue permitida a la EV una discreta presencia. Pues recordemos lo que el historiador Carmelo Romero nos ha repetido hasta la saciedad: el sistema electoral vigente desde 1977 privilegió la sobrerrepresentación de una serie provincias, no por corregir desequilibrios territoriales, sino por ser donde habían ganado las derechas en las últimas elecciones democráticas, las de febrero de 1936. Es decir, la EV era, de acuerdo con la cultura política de la Transición, la España sumisa o adherida al franquismo, y ese papel de brida conservadora era lo que la definía y la silenciaba; una ilusión, pues, de acuerdo con Berger, al menos el mundo campesino no se define tanto por la defensa del orden político como la de su significado: la continuidad. Puede, entonces, que la irrupción de el movimiento de la EV en 2019 fuera especialmente incómoda para ciertos actores -culturales, políticos- porque rompía con el principal papel que se le había asignado y de cuya representación tantos dependían.

2. SERÁ USTED MÁS FELIZ CON ESTA MODERNA ASPIRADORA

Arranca el conflicto, escúpelo

Uno de los conflictos germinales de la modernidad fue el sostenido entre el campo y la ciudad. En el Estado español -en general, en la Europa continental; más en general: el mundo- éste se resolvió con una victoria total e incontestable de lo urbano, hasta tal punto que numerosos autores dudan que se pueda seguir hablando, en propiedad, aquí y ahora, de lo rural. Ahora bien, por interesante que sea este debate académico, nuestro interés radica en que, muriera o no lo rural, seguimos ante un conflicto, y negar su existencia se ha transformado en una de las Bellas Artes.

 Esta relación antagónica tiene que ver, aunque no se limita, con los intereses de gentes en territorios históricamente desiguales; por ello, con su negación se buscará, en primer lugar, recluirla en un lugar del pasado donde no moleste: "aquello (desamortizaciones, desposesión, guerras, proletarización y empobrecimiento) existió, pero ya no existe". Ante la evidencia de las desigualdades en la distribución de renta, riesgo de pobreza, acceso a servicios o abandono escolar en zonas rurales, se pasará a hablar de "problemas", que pueden ser resueltos -la sombra del solucionismo es alargada- mediante la vuelta a, por ejemplo, la nación (liberal o autoritaria) como garantía de igualdad, que toma decisiones "correctas", pero sin violar nunca las jerarquías que separan lo lleno de lo vacío. Pero, en cualquier caso, es importante que los procesos de desposesión, metropolización y de mantenimiento de las desigualdades permanezcan en un segundo plano frente al pasado, ya felizmente superado, y a la promesa de una solución.

"Nuestra adhesión y nuestra gratitud"

El orden social de la modernidad distingue y clasifica los territorios, las gentes y los saberes. La eliminación u ocultación del conflicto se daría en falso si no hubiera mecanismos que legitimaran la diferencia que, de hecho, se da entre el mundo de lo lleno y de lo vaciado, y esto se consigue, fundamentalmente, por dos vías. En primer lugar, muchas de las relaciones sociales rural-urbanas, incluso urbano-metropolitanas se fundan en la discriminación de saberes, especialmente los saberes expertos; por otra parte, el (neo)caciquismo crea figuras relevantes y redes de patronazgo que, en realidad, disfrazan su posición subordinada mediante la integración en las gramáticas y redes sociales urbanas.

El resultado suele ser invariable, esto es, la pérdida de agencia, de capacidad para hacer, de lo vaciado frente a lo lleno; una pérdida, además, imbuida en un fatalismo (es algo "inevitable"), por el cual no habría alternativa a la metropolización del mundo: ante ella solo existen espacios atomizados. Por ello, desde el sistema educativo y las universidades a los partidos políticos, cada uno de los territorios tiende a dialogar con el centro individualmente y no como un conjunto y, además, de acuerdo con unas normas de representación muy específicas que excluyen la visibilidad y la autonomía. No es raro que cuando estas normas fueron cortocircuitadas en 2019-2020 (preferencia de España Vaciada frente a Vacía, presentación a elecciones de Teruel Existe, investidura de Pedro Sánchez) la reacción del mundo lleno, el metropolitano o el que está conectado con sus organizaciones, fuera visceral, casi furibunda.

Todos rasos

Visto en perspectiva, debería haber sido sencillo imaginar la emergencia de este fenómeno durante la última década. Por una parte, como toda desigualdad, lo territorial se vio acentuado después de 2008 con una degradación más intensa de las condiciones de vida y de los servicios. Pero, por otro, a raíz de un tímido flujo de retorno a los pueblos como fruto de la crisis -generalmente, en busca menos de nuevas experiencias que de vidas más baratas- se desplegó a partir de 2014-16 toda una corriente (idilista a veces, irónica otras) sobre lo rural de la que surgieron ensayos, novelas, programas de televisión o influencers; nótese, por cierto, como este proceso se ha repetido, y agudizado, con los movimientos de población durante la emergencia pandémica.

 Como norma, estos productos culturales eran creados desde entornos urbanos y llevaban en su ADN una visión de lo rural inmóvil, uniforme, no conflictiva y en la que la historia de estas comunidades era sustituida por algo parecido a la tradición o a fragmentos mutilados de memoria. Por ello mismo, en medio de esta marea creativa el papel de estos territorios no podía ser sino funcional a otros fines. ¿Quiere usted criticar la vacuidad y el estrés de la vida urbana? ¿Se siente agobiado por la pérdida de empleo, por la incertidumbre? ¿Necesita una esperanza y una seguridad, aunque sean modestas? ¿Añora la España de siempre? ¿Cuál de ellas? No se preocupe: en el campo / España Vacía / lo que sea, podrá usted encontrar una respuesta a todas esas preguntas. Claro, que, entre tanta respuesta a los malestares urbanos, quedaba poco sitio para responder a los rurales o vaciados, algo todavía más difícil porque estos son, al contrario que su representación, diversos y conflictivos, aunque, oh paradoja, esta homogeneización ha sido muy útil al movimiento de la EV para fomentar su identidad y su movilización.

Nascut a Denguin

Ahora bien, existe un cierto género de malestares que no pueden ser reducidos a la homogeneidad, someterse a una jerarquía ni, tampoco, extirparse, ya que el conflicto que los originó sigue vivo. Llegados a ese punto, el mundo de lo lleno necesita de un esfuerzo mayúsculo de ocultación y violencia simbólica para legitimar una situación dada. En este esfuerzo, la asimetría de fuerzas y el enmascaramiento de las necesidades del mundo de lo lleno tras grandes principios que faciliten la desposesión serán más visibles, escandalosamente visibles, hasta el punto de invisibilizarse; ante ésta, el mundo de lo vaciado podrá optar por la aceptación, el silencio o la resistencia más allá del margen de lo "aceptable".

Entre aquellos grandes principios que afectan con más fuerza al mundo de lo vaciado, podemos citar el "interés general" o la "utilidad pública", amén de la "rentabilidad", que justifica el cierre de servicios públicos ("los de la ciudad os pagamos los servicios": recordemos el traumático cierre de líneas férreas de 1985). En los últimos años le ha llegado su turno a la "transición ecológica", en cuyo nombre fondos de inversión y empresas energéticas -con la bendición de la administración e, incluso, de Greenpeace- están apropiándose de amplísimas zonas rurales para la instalación de energías renovables. Es importante subrayar que esta violencia simbólica no implica por fuerza falta de reconocimiento hacia las “gentes de lo vaciado”, sino que, cuando se da (durante el franquismo se prefirió el silencio), es simbólico y aparece como como ritual "de noble corazón", obligando al subalterno a situarse en una postura de, incluso, agradecimiento.

3. EL CORAZÓN DE LA BESTIA / LA BESTIA SIN CORAZÓN

Pero entonces, ¿por qué se necesita tanto velo, tanto trampantojo? ¿Por qué tantas molestias? Es decir: ¿tan importante es la relación que se da entre el mundo de lo lleno y de lo vaciado? Parece probable que sí, que sea necesario todo este despliegue orientado a disimular la naturaleza conflictiva de las relaciones sociales de lo vaciado, hacia dentro y hacia fuera, sobre todo porque todos los sujetos implicados arriesgan mucho en este juego.

La bestia sin corazón

Si hablamos del "hacia dentro", el hecho es que ciertas estructuras de la EV necesitan de su relación con esta desigualdad para perpetuarse. Como hemos visto, esto suele equivaler a ocultar ambas: desigualdad y estructura; éstas no se limitan a los fenómenos de neocaciquismo incrustados en distintas instituciones, aunque sean su expresión más llamativa. Un neocaciquismo al que, por cierto, haríamos mal en interpretar solo en un plano moral (una forma de corrupción), y muy bien en hacerlo en otro político y material (un régimen de gobierno), como nos recomienda Carmelo Romero; por favor, leamos a Carmelo Romero.

Las estructuras del vaciamiento de la EV, con frecuencia, son mucho más discretas y tienen que ver con (la crisis de) su opuesto, las que se ocupan del mantenimiento de población; por ejemplo, después del gran éxodo de los años 50-70, la constante mejora de la educación entre las mujeres en el ámbito rural (frente al estancamiento relativo de los hombres) y el consiguiente cambio de expectativas llevarán a la intensificación de la emigración del colectivo femenino, y a la masculinización de amplias zonas rurales de la EV. Si bien es cierto que en las generaciones más jóvenes -escasas, con frecuencia- operan otros imaginarios, entre la población masculina de más edad es frecuente el verse como depositarios de una libertad y a una autonomía que, sin embargo, requiere de todo un sistema de cuidados y un tipo de vida que hace tiempo que entraron en crisis.

El corazón de la bestia

Sin embargo, creo que es "hacia fuera", es decir, en su relación con el mundo urbano y metropolitano, donde se justifica todo el esfuerzo desplegado en disimular, es decir, en conseguir que la propia devaluación del “mundo-vaciado” se devalúe, que carezca de relevancia, que sea un mero “proceso” o “devenir” histórico, facilitando de paso la labor de desposesión. Es central esta doble pérdida de valor. Ejemplo: se puede tener la opinión que a uno le plazca sobre la Iglesia, o sobre el papel de los párrocos (con frecuencia los expolios de bienes culturales corrían de y para su cuenta), pero eran los encargados de mantener y actualizar los archivos parroquiales. Al tener que compartir sacerdote entre varios pueblos -con el consiguiente cierre de las Casas del Cura-, muchos archivos locales se echaron a perder, y con ellos, siglos de historia y memoria local. Otro tanto ocurre con las casas del Maestro, mantenidas y sostenidas por los ayuntamientos, y ahora en desuso debido a la mayor movilidad de muchos docentes que, además, cambian de destino año tras año. Otro tanto, en fin, con los cines rurales, clausurados en su mayoría. Pues bien, no solo pierde valor la institución y sus bienes, sino que se pierden el capital construido en común por los y las vecinas y su consideración. Sin esta pérdida de valor -y toda puesta en valor producida por los subalternos o que redunde en su favor será siempre cuestionada- no son posibles los procesos de desposesión, que son, al fin y al cabo, la columna vertebral del conflicto entre el mundo de lo lleno y el de lo vaciado.

"De buen grado beberé tu sangre"

El pantano de Mularroya (Morata de Jalón, Aragón) es una obra inacabada y así debería seguir. No por algún principio ético o ecológico, sino porque acumula cinco sentencias contrarias a sus obras por motivos ambientales. Cuando el pasado abril se hizo público el último fallo en contra del embalse, el diputado del PP aragonés, Eloy Suarez, cargaba contra la Directiva Marco del Agua (DMA) en la que se basaba la sentencia, aduciendo que la DMA "está pensada para las cuencas fluviales de países centroeuropeos, lluviosos y húmedos, pero no para las zonas más áridas". Estas palabras, en cierto modo, acarician la verdad, porque las leyes ambientales europeas se crean con la mente puesta en contextos de acumulación por desposesión en los que ya no es necesaria una ofensiva constante sobre "lo vaciado", v.g., secar ríos. Pero aquí, esa constante ofensiva hace falta para seguir inyectando recursos a la agroindustria.

 

Por eso, uno de sus principales mecanismos, la Ley de Expropiación Forzosa, en lo sustancial sigue siendo la franquista de 1954, que sustituyó a otras, aún menos garantistas, de 1879 y 1939; la ley otorga al Estado un enorme poder para llevar a cabo grandes expropiaciones siempre que medie la declaración de utilidad pública. En su preámbulo llega a garantizar la posibilidad de "referir sus beneficios [de la expropiación] a particulares por razones de interés social". Por leyes como esta y por el uso que se les dio es legítimo definir el franquismo como un régimen de desposesión.

Hoy en día, la severidad de este régimen ha decaído. Lo lleno necesita de lo vaciado (desde votos a paisajes y destinos turísticos pasando por comida o energía), pero lo necesita débil para que acepte de buen grado la explotación del territorio. Como resultado, la desposesión -primero, los comunales, luego, la proletarización; entonces, la expropiación y/o la emigración; por fin, los recortes y de nuevo el extractivismo- ha moldeado una visión y una forma de relacionarse con el mundo de lo lleno. Es en ese cambio estratégico, fruto de experiencias acumuladas y cambios sociales geológicos donde se entiende mejor la alianza entre zonas urbanas y rurales de la EV, compleja e inestable, pero basada en habitus compartidos.

4. PASEANDO A MISS VACIADA

Conocimiento del opresor

Los comunes, al igual que otros bienes y formas de capital, son sustancia viva que se alimenta de las relaciones sociales en las surgen. Hace, aproximadamente, ciento setenta años no existían bienes con vocación de común, tal que el paisaje o el patrimonio cultural. El medio natural, en la manera que lo entendemos, es incluso más reciente. A pesar de encontrarse con mayor frecuencia en zonas rurales, del mundo de lo vaciado, son invenciones urbanas. Otro tanto se podría decir del triángulo antagonista del anterior, desarrollo-energías (carbono)-movilidad (tren-autovías), y que forma con los servicios públicos el leitmotiv de buena parte de los discursos en las plataformas de la EV. Siempre resulta chocante como la EV y la ruralidad han terminado por necesitar de códigos urbanos para articular sus identidades.

 Nos hallamos ante una letra rural con música urbana, en cierto modo, pero que consiguen al fin y a la postre revitalizar y devolver dignidad al territorio que habitan, y esgrimirlo como arma de resistencia, a falta de un lenguaje propio que designe la naturaleza que realmente se le quiere otorgar a lo vaciado. Esa es, por cierto, una buena pregunta. Cuando hablamos de la España Vaciada, ¿hablamos realmente de ella? Es, después de todo, solo un término de fortuna creado al calor de una movilización en 2019, dándole la vuelta a una creación de 2016. Por tanto, ¿hay realidades más allá de esa situación de regresión y crisis secular y de esa fina pero firme red de activistas y plataformas que conforman la EV? ¿Cuáles?

El héroe de las mil caras

Es difícil de decir. En ocasiones parece acercarse o tener puntos de encuentro con la parte más suburbana o rural de los Chalecos Amarillos; alguna vez, parece beber de un federalismo de identidades periféricas dentro de las periferias de sus propias comunidades autónomas, y del hecho de que estas enarbolaron durante la Transición la bandera de la lucha contra despoblación, y fallaron. 

Hay momentos en que se diría que la EV es poco más que un lobby territorial centrado en las infraestructuras. De vez en cuando, incluso, nos encontramos con una manifestación -embrionaria, si se quiere- de una especie de "indigineidad débil", probablemente con muchos semejantes en Europa, entendida en un sentido no-étnico -ni mucho menos-, sino como la férrea voluntad de "vivir aquí" y de custodiar el territorio.

Hay muchas preguntas, algunas de las cuales afectan también al mundo-lleno. Las transiciones a las que nos enfrentamos, ¿nos abocan a un giro centrífugo, hacia una ruralidad más potente en la que nos refugiaremos? ¿Se reproducirá la desigualdad rural-urbana que creíamos superable? El rural proofing tan en boga implicaría tenerla en cuenta cuando se plantean medidas como, por ejemplo, la generalización de peajes, también cuando se plantean soluciones como dar ayudas (a las zonas rurales) para pagarlos, en lugar de eximirlos. Pero no. Si eres pobre, haz papeles. Si vives en un pueblo, haz papeles. Hay una presunción de abuso sobre el grupo subalterno que se tiene que refutar con copias compulsadas.

 Al hilo de estos cambios, me acecha el pensamiento de que, con el horizonte de la descarbonización de la economía, las zonas mineras y las de instalación de renovables van a devenir en territorios tan estratégicos como Arabia Saudí o Texas en el siglo XX o Alsacia y Lorena, Silesia o las Midlands para el XIX. Con todo lo que eso implica. Es esta una perspectiva desasosegante, pero también esperanzadora.

Hay muchas preguntas, pero se acaba mi tiempo, y mi texto. Solamente una mas: una de las derivadas de la "hipotesis Bott" es que territorios como los barrios obreros tradicionales o, incluso, los más eminentemente burgueses pueden ser espacios donde los individuos se ven sometidos a un control y a una censura social semejantes a la que se le achaca a los pueblos y "ciudades de provincias". Sitios donde todo el mundo se conoce, donde las familias extensas viven puerta con puerta, o calle con calle. La idilización de la comunidad rural, o de la pequeña ciudad nos devuelve siempre un debate sobre las condiciones (la presión, el acoso o la vigiliancia) que muchos grupos sufren. 

Ahora bien, ¿por qué no se da una idilización y un debate semejante respecto a territorios urbanos, y se asume, por el contrario, su riqueza? O, dicho de otro modo, sabiendo como sabemos de la gran pluralidad dentro del cuerpo social de lo rural y lo vaciado, ¿por qué sigue imperando una visión del mundo vaciado, idílica o infernal, pero siempre uniforme?"                         (Lorient Jiménez Martínez, ECCS, 24/06/21)

11/1/19

Las unidades reales de migración no fueron (y no son) ni individuos ni familias, sino grupos de personas unidas por parentesco y por experiencia de trabajo... Una vez que las redes transnacionales están establecidas, las personas empiezan a trasladarse por una variedad de razones muy diferentes a las de aquellos que iniciaron la salida: para reunirse con la familia, para atender a enfermos, para obtener educación, o incluso porque se vuelve “la conducta de moda” entre jóvenes de ambos sexos en comunidades expulsoras... los orígenes de los flujos inmigrantes contemporáneos no representan una “invasión silenciosa” de masas empobrecidas provenientes de los países menos desarrollados, sino que han sido iniciados y puestos en curso por gobiernos y actores económicos poderosos de los propios países receptores...

"La visión popular y periodística de los actuales desplazamientos de población desde países menos desarrollados a ciudades del mundo avanzado es que éstos ocurren como escape al hambre y la necesidad, como un éxodo en busca de oportunidades. 

Hay mucha verdad en tal análisis porque, como arriba señalo, los migrantes siempre se han trasladado hacia la metrópolis en pos de la libertad y del progreso económico. Sin embargo, por lo menos en el mundo moderno, la historia es aún más complicada. 

Si los orígenes de la migración contemporánea estuvieran exclusivamente arraigados en la necesidad desesperada, el flujo debería originarse en las regiones y países más pobres y dirigirse hacia las áreas de mayor riqueza de las naciones desarrolladas, pero no sucede así.

 Un vistazo rápido a la evidencia empírica revela que los países africanos y asiáticos más pobres —como Sierra Leona, Burkina Faso, Myanmar o Indonesia— no están bien representados entre las principales fuentes de migrantes internacionales hacia Estados Unidos; de manera semejante, países latinoamericanos pobres, como Bolivia, Honduras o Paraguay, envían un número insignificante de migrantes a Francia, Alemania y el Reino Unido (Massey et al., 1998; Portes y Rumbaut, 1996; U.S. Immigration and Naturalization Service, 1998, y Weil, 1999). 
En cambio, las principales fuentes de inmigración contemporánea hacia Estados Unidos se originan en México, Filipinas, Cuba, Taiwán y Vietnam. Los principales contribuyentes de flujos de migración hacia Francia son Argelia, Marruecos, Túnez y, en menor grado, los países de la África francófona. 
La India, Pakistán y las Indias Occidentales Británicas estan bien representadas en las colonias de inmigrantes de Londres y Manchester, y Turquía tiene el lugar de honor entre las principales fuentes de población extranjera de Alemania. En cada caso, estos desplazamientos reflejan una historia de anteriores relaciones económicas y políticas entre naciones expulsoras y receptoras. 
Algunas veces estas relaciones están marcadas por la proximidad física, pero más comúnmente se originan en intervenciones y ocupaciones coloniales o semicoloniales de los países más débiles (expulsores) por los más fuertes (receptores) (Portes, 1981; Sassen, 1988; Bade, 1995, y Seifert, 1998). 

En el caso norteamericano, Cuba y las Filipinas estuvieron ocupadas durante largos periodos por fuerzas militares de Estados Unidos como consecuencia de la guerra entre España y ese país; México perdió la mitad de su territorio ante el ejército estadunidense y sufrió la ocupación de su capital; Taiwán surgió y sobrevivió como país independiente gracias a la protección estadunidense, y Vietnam fue blanco de una prolongada intervención militar por ese país para evitar una ocupación comunista. 
Los lazos coloniales a largo plazo definen los orígenes de las principales corrientes migratorias hacia Francia y Gran Bretaña. Turquía nunca fue una colonia alemana, pero aun en este caso hay una historia de relaciones clientelistas y de colaboración geopolítica que datan por lo menos de la Primera Guerra Mundial. 
Estas relaciones históricas establecieron firmes lazos políticos y económicos entre las naciones y transformaron parcial o totalmente el orden social de la colonia o país dependiente, familiarizando a grandes sectores de su población con el idioma, cultura y oportunidades económicas de la nación más fuerte (Massey et al., 1998, y Portes, 1990).
Así, los principales flujos de migración contemporáneos no siguen una lógica económica absoluta, sino que están normados por lazos históricos de hegemonía y por el desequilibrio estructural de sociedades periféricas sujetas a la influencia de naciones más poderosas. Esta influencia se manifiesta hoy en fenómenos novedosos, tales como la difusión masiva del estilo de vida y modos de consumo de Norteamérica y Europa occidental en países menos desarrollados. 
Sus poblaciones son atraídas por relucientes promesas de prosperidad, mientras que carecen de los medios para obtener acceso a ellas en sus propias sociedades (Alba, 1978; Sassen, 1988, y Grasmuck y Pessar, 1991). Estas nuevas formas de desequilibrio cultural de las sociedades más débiles, desde luego, han incrementado y diversificado las fuentes de migración internacional más allá de las áreas de influencia colonial o semicolonial originales.
 
Eventualmente, las relaciones de colonialismo y dependencia entre naciones siguen un modelo clientelista en el que el poder dominante no sólo encuentra más fácil contratar trabajadores dentro de su esfera de influencia, sino que también adquiere ciertas obligaciones hacia las poblaciones dependientes. Es por eso que cuando acontecen desastres políticos o económicos en un área geopolítica particular, el flujo subsecuente de refugiados normalmente se dirige y es aceptado por el Estado-nación hegemónico. 
Por ejemplo, el fin del coloniaje argelino activó corrientes diversificadas de refugiados hacia Francia; el triunfo comunista en Cuba causó un fenómeno semejante hacia el sur de la Florida, y su derrota en el sur de Vietnam obligó al gobierno estadunidense a recibir a sus vencidos aliados del sudeste asiático (Zolberg y Suhrke, 1986; Eckstein, 1994; Rumbaut, 1990, y Bach y Gordon, 1984). Incluso, el pequeño Portugal ha sido obligado a enfrentarse con las incómodas consecuencias de las guerras civiles en su antiguo imperio colonial (Sole, 1995).
 
Estos acontecimientos históricos estructuraron los desplazamientos demográficos contemporáneos, pero no los explican completamente. Dentro de los mismos países expulsores, algunas comunidades producen grandes cantidades de migrantes y otras apenas si son afectadas por el proceso. En las clases trabajadora y media baja, algunas familias optan por desarraigarse en busca de mejores oportunidades en el extranjero, mientras que otras se quedan en sus lugares de origen. 
Una vez más, las decisiones individuales no se toman aisladamente sino que están insertas en un contexto social que hace viables y concebibles algunas opciones y no otras. Entre las fuerzas que moldean este contexto inmediato de la migración externa, dos son especialmente importantes:
 
Primero, la contratación deliberada de trabajadores representa un mecanismo importante para activar tendencias establecidas por pasadas relaciones de colonialismo y semicolonialismo. El reclutamiento deliberado de mano de obra ha conducido a migraciones transcontinentales, por lo menos, desde principios del siglo XIX, y continúa hasta el momento de diversa manera (Piore, 1979, y Portes y Bach, 1985).
 
El reclutamiento de trabajadores ha moldeado los orígenes y destinos de muchos flujos migratorios y les ha dado suficiente impulso para hacerlos autosustentables. El reclutamiento inició los flujos transatlánticos desde Irlanda, seguida por Italia en el siglo XIX, y fue el motivo de la migración campesina proveniente del interior de México hacia el medio oeste y suroestecde Estados Unidos. 
Muchas compañías enviaron agentes pagados cuyoobjetivo fue informar a grupos “preparados” por anteriores procesos históricos de penetración y desequilibrio estructural acerca de las nuevas oportunidades disponibles en Estados Unidos. 
Las acciones de estos reclutadores determinaron cuáles comunidades emisoras encabezarían el flujo y cuáles se quedarían atrás; también establecieron la dirección del movimiento, arreglando de antemano su destino (Piore, 1979; Lebergott, 1964, y Barrera, 1980). Aún en nuestros días, pequeñas comunidades puertorriqueñas pueblan las ciudades desindustrializadas de Pensilvania, Ohio e Illinois. 
Tales fueron los puntos de arribo original de los flujos de trabajadores agrícolas contratados para laborar en la industria pesada en periodos anteriores. Incluso, hay una comunidad puertorriqueña en Hawai, la cual es el resultado del esfuerzo de un propietario de plantación del siglo XIX al enfrentar la escasez de mano de obra en la industria azucarera (Portes y Grosfoguel, 1994).
 
Podría agregar más ejemplos, pero llevarían a la misma conclusión. El reclutamiento de trabajadores no es ciertamente el único factor que determina movimientos de población internacionales, pero ha sido significativa al formar lo que pueden llamarse las “microestructuras” de la migración; esto es, los esquemas perceptuales que hacen dicho traslado viable para algunos individuos y familias, pero no para otros.
 
Segundo, una vez iniciados, los flujos inmigrantes fácilmente se autoperpetúan a causa del funcionamiento de otro par de fuerzas: a) los desequilibrios sociales y económicos entre sociedades fuertes y débiles y b) el fortalecimiento de las redes sociales. 
La primera fuerza apoya el deseo potencial de marcharse de amplios segmentos de la población del país expulsor; la segunda activa ese potencial de manera continua. 
La migración internacional es, sobre todo, un mecanismo constructor de redes. Una vez iniciada por el reclutamiento de trabajadores u otros fenómenos activadores, el movimiento crea una red de lazos sociales a larga distancia. 
El crecimiento de tales lazos hace que la decisión para trasladarse sea cada vez menos costosa, ya que reduce la incertidumbre y los peligros del viaje para los migrantes más recientes.
 
La relación entre redes sociales y migración ha sido un leitmotif de las literaturas histórica y sociológica acerca del tema: desde el estudio de los lazos sociales entre migrantes portugueses que se dirigían a Toronto (Anderson, 1974) hasta los modelos contemporáneos de la migración mediada por redes de comunidades rurales mexicanas construidos por Massey (1987) y sus colegas. Tilly (1990) ha llegado a declarar que “las unidades reales de migración no fueron (y no son) ni individuos ni familias, sino grupos de personas unidas por parentesco y por experiencia de trabajo” (p. 84). 
La aportación práctica fundamental de las redes sociales no sólo es que bajan los costos de la migración, sino que pueden sostener el proceso, incluso cuando los incentivos originales desaparecen o son debilitados en gran medida. 
Una vez que las redes transnacionales están establecidas, las personas empiezan a trasladarse por una variedad de razones muy diferentes a las de aquellos que iniciaron la salida: para reunirse con la familia, para atender a enfermos, para obtener educación, o incluso porque se vuelve “la conducta de moda” entre jóvenes de ambos sexos en comunidades expulsoras (Massey y García España, 1987).
 
Este prolongado excursus sobre los orígenes de los flujos inmigrantes contemporáneos tiene la intención de mostrar que tales movimientos no representan una “invasión silenciosa” de masas empobrecidas provenientes de los países menos desarrollados, sino que han sido iniciados y puestos en curso por gobiernos y actores económicos poderosos de los propios países receptores. 
En gran parte, las migraciones contemporáneas de trabajadores y refugiados representan la contrapartida lógica de las expediciones de colonización europeas y posteriormente norteamericanas que subordinaron a grandes sectores del planeta en el contexto de la economía mundial capitalista. El conocimiento de estos determinantes y de las fuerzas que sostienen a la migración puede ayudar a elaborar una propuesta más inteligente para su asentamiento en las ciudades de países avanzados. 
Con redes sólidamente establecidas entre naciones, las medidas hostiles y restrictivas contra la población inmigrante no sólo son inútiles sino, con frecuencia, también contraproducentes. Los resultados de políticas que buscan deshacerse de la población inmigrante, pueden retardar su proceso de incorporación, fragmentar socialmente a las ciudades receptoras y promover el crecimiento de una subclase urbana. 
Extraído de "Inmigración y metrópolis:  Reflexiones acerca de la historia urbana" de Alejandro Portes"                     (Nikolás Santos, Socioideas, 12/12/18)

25/9/18

En España, el proceso de liquidación de la sociedad rural fue excepcionalmente acelerado, pasando el sector primario entre 1950-1975, del 50% al 25%; siendo el proceso de destradicionalización más acelerado de Europa (a excepción de Serbia)




"La jornada final del Curso de Verano “Marxismo, nación y territorio”, concluyó con la participación del Profesor de Sociología Armando Fernández Steinko, quien dedicó su intervención a realizar un análisis materialista del concepto identidad nacional. 

Steinko, dio continuidad del día anterior, al comentar como fue en la década de los cincuenta del siglo XX, cuando surgen con fuerza los discursos basados en la identidad tal como los conocemos en la actualidad, siendo una manifestación de la modernización capitalista y las relaciones sociales producto de dicho proceso.

Junto a dicho proceso de modernización capitalista, aparece un proceso de modernización no capitalista protagonizada por el Estado, que conviven con las formas tradicionales de vida y propiedad que puedan pervivir en cada país. 

El alcance de dichos procesos es diferente en cada uno de ellos, siendo Inglaterra y EE UU los primeros países en los que las relaciones tradicionales quedaron casi extinguidas, siendo en Italia y Alemania dos países donde dicho proceso de modernización y su liquidación fue más lento y prácticamente se realizó desde la II Guerra Mundial hasta la década de los setenta, donde el Estado tuvo un importante peso. De ahí se pueden percibir diferentes capitalismos en el área central del sistema mundo.

Steinko continua analizando, como los países centrales el proceso de modernización capitalista fue acompañado de un importante papel del Estado como regulador social y articulador del territorio. Sin embargo, España es un caso único.

 En nuestro país, en tan solo 25 años el proceso de liquidación de la sociedad rural fue excepcionalmente acelerado pasando el sector primario entre 1950-1975, del 50% al 25%; siendo un proceso de destradicionalización más acelerado que en el resto de Europa (excepción de Serbia en la antigua Yugoslavia), que se produce con una escasa presencia del papel del Estado (solo el 16% del PIB), gestionado por un Gobierno autoritario de carácter dictatorial. (...)"            

(Conferencia de Armando Fernández Steinko (UCM), Eddy Sánchez Iglesias , Mundo Obrero, 14/07/18)

14/3/17

El rural... ‘Mientras estemos, aquí estaremos’

"La noche de este domingo, el programa 'Salvados' de Jordi Évole ha escogido un asunto tan desconocido como necesario. Nos referimos a la España rural, esa amplia zona geográfica a la que generalmente se mira con una mezcla de pena y desprecio desde los años ochenta, cuando se impusieron las ansias (un poco paletas) de integrarse a toda mecha en el sueño europeo y copiar en todo lo posible a ingleses, franceses y alemanes. (...)

Pedimos a Del Molino su opinión sobre la visión hegemónica, que presenta al campo español como patriarcal, derechista y atrasado. “El campo español -suponiendo que exista, yo lo dudo y casi lo doy por extinguido- es menos plural y diverso que las ciudades, pero hace tiempo que dejó de ser un territorio inculto, machista o reaccionario. 

En el plano político, las elecciones demuestran que la proporción de votos en las provincias rurales es muy similar a la de las grandes ciudades. Si da la impresión de que tienden a ser más conservadoras es por el reparto de escaños en la ley electoral, que hace que el sistema se comporte como mayoritario en las circunscripciones menos pobladas, haciendo inútiles los votos que no vayan a la lista que obtiene el primer puesto”. (...)

¿Cuáles son esas resistencias? Nos lo explica Paco Cerdá, autor del aclamado 'Los últimos. Voces de la Laponia española' (2017, Pepitas de Calabaza), publicado recientemente, pero que va ya por la tercera edición.

 “Para escribir mi libro, conocí la vida de los últimos resistentes de ese territorio tan deshabitado, que abarca al 13% del país y donde solo vive el 1% de la población española. También conocí muchas otras formas de vida, desmarcadas del capitalismo salvaje. Y comprobé que no hay bandera ni pancarta de amor a una tierra que iguale la dignidad y la defensa de un territorio que mantienen estos últimos habitantes, condensada en una frase que me dijo Antonio en Bubierca (Zaragoza, 25 habitantes): ‘Mientras estemos, aquí estaremos’. Aprendí que la despoblación extrema que afecta al interior de España está mermando la vida de estos resistentes”.  (...)

Cerdá explica con precisión la pinza de falsos mitos que atenaza la imagen del campo español. “El medio rural ha sido víctima de una campaña persistente de demonización, por un lado, y de falso espejismo bucólico, por el otro. 

En ‘Los últimos’ hay una voz que aparece para subrayar que las zonas gravemente despobladas tienen una parte de Belfast, en el sentido de que hay un conflicto político invisibilizado que genera desigualdades a sus víctimas, pero también de Toscana: tierra sin contaminación y reserva espiritual de valores en peligro de extinción a escala urbana como lo son el silencio, la ausencia de consumismo compulsivo, la 'tecnoadicción' o un ritmo de vida más humano”, explica.  (...)

Además, ofrece datos capaces de hacernos abrir los ojos. “No es conocido que casi 5.000 pueblos tienen menos de 1.000 habitantes en este país y todos juntos apenas suman el 3% de la población estatal. 

O que en estas diez provincias que conforman la llamada Laponia española hay una densidad de 7,3 habitantes por kilómetro cuadrado, la única zona de Europa junto a la Laponia escandinava con semejante nivel de desertificación humana (Barcelona supera los 15.000 habitantes por kilómetro cuadrado). O que en ese territorio, que dobla en tamaño a Bélgica y tiene 1.355 municipios, vive menos gente que en los distritos madrileños de La Latina y Carabanchel juntos”, señala. (...)

 Del Molino recuerda la inmensa obra de Miguel Delibes. De ella podríamos subrayar ‘El disputado voto del señor Cayo’ (1978), un clásico que contiene pasajes memorables, donde un político de la capital, candidato a las primeras elecciones democráticas, acaba rendido a la sabiduría del anciano protagonista, que sobrevive en un pueblo de solo tres habitantes.

 “Ese tío sabe darse de comer, es su amo, no hay dependencia, ¿comprendes? Esa es la vida, Dani, la vida de verdad y no la nuestra (...) Tú estás sofisticado, yo estoy sofisticado, este está sofisticado, todos estamos sofisticados. No hemos sabido entenderlos a tiempo y ahora ya no es posible. 

Hablamos lenguajes distintos”, lamenta el personaje. Poco después, se extiende con lucidez en plena borrachera. “Imagina, por un momento, que un día los dichosos americanos aciertan con una bomba como esa de neutrones que mata pero no destruye, ¿no? Bueno, es una hipótesis, una bomba que matara a todo dios menos al señor Cayo y a mí, ¿te das cuenta? Es una hipótesis absurda, ya lo sé, pero funciona. 

Pues bien, si eso ocurriera, yo tendría que ir corriendo a Curueña, arrodillarme ante el señor Cayo y suplicarle que me diera de comer, ¿comprendes? –casi sollozaba–: el señor Cayo podría vivir sin Víctor, pero Víctor no podría vivir sin el señor Cayo. Entonces, ¿en virtud de qué razones le pido yo el voto a un tipo así, Dani, ¿me lo quieres decir?”. (...)"              (Victor Lenore, El Confidencial, 12/03/17)