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28/1/13

Algo más de 16 de cada 100 habitantes del mundo, exactamente 16,3, no se identifican con ninguna de las religiones existentes

"Algo más de 16 de cada 100 habitantes del mundo, exactamente 16,3, no se identifican con ninguna de las religiones existentes. Son el tercer grupo de población en el paisaje religioso global que ha diseñado el think tank estadounidense Pew Center. 

Se trata de un mapamundi con el tamaño y la distribución de decenas de confesiones que van desde el cristianismo o el islam —las dos principales, en ese orden— hasta los zoroástricos (o parsis), los jainistas y los seguidores de Tenrikyo, la secta más influyente de Japón, pasando por yazidíes, rastafaris o cienciólogos: en el informe Pew hay sitio para todos.

Los 1.100 millones de descreídos que hay en el mundo, casi tantos como católicos, no son necesariamente ateos, subraya el estudio, sino simplemente individuos que pueden albergar sentimientos espirituales o de trascendencia pero no se identifican con ninguno de los sistemas existentes. 

“Los límites entre creyentes, personas que se adhieren a los dogmas, los aceptan, y religiosos, gente con sentimientos espirituales o una cierta dimensión de profundidad, son difusos”, señala el teólogo y filósofo Manuel Fraijó, que imparte Historia de las Religiones en la UNED. 

Abunda en la idea Juan José Tamayo, teólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid: 
“Se trata de una desafección institucional; no supone una renuncia a las creencias, la experiencia religiosa personal o las opciones éticas. Ese 16% de desafectos institucionales pueden experimentar sentido de la trascendencia, espiritualidad, actitudes religiosas y valores éticos de manera espontánea y gratuita, es decir, al margen de las instituciones, que son el fracaso de la religión porque dogmatizan mensajes éticos y los mercantilizan”.  (...)

Aunque el informe Pew no precisa si los “no adscritos” son desencantados de alguna fe o si esta es su primera opción, Fraijó aventura la procedencia de parte de ellos: “Del islam no se sale nadie, porque es una forma de vida; salirse implica abandonar la sociedad. Pero del cristianismo sí se van muchos, hay una secularización muy fuerte. 

La religión donde más movimiento hay en Europa es el cristianismo”. Un ejemplo: del 18% de españoles sin adscripción religiosa, según un estudio de 2008 de la Fundación Bertelsmann, “el 87% de ellos habían tenido una educación católica”, subraya Fraijó.

 “Independientemente de lo que diga el informe, yo creo que el mayor grado de desafección se produce en Occidente y, más concretamente, en el catolicismo, una religión con una estructura jerárquica patriarcal inamovible”, coincide Tamayo. (...)

Del mapamundi de Pew puede inferirse que la región de Asia-Pacífico es la reserva espiritual del planeta: varios grupos tienen allí una poderosa presencia, incluida la aplastante mayoría de hindúes y budistas, con una población cercana al 90% del total. Paradójicamente, tres cuartas partes de los “no afiliados” (76%) también se concentran en esa región, y solo en China son 700 millones (dos veces la población de EE UU)."    (El País, 13/01/2013)

3/12/09

"¿Se acaba la religión?

El siglo XX y el inicio del XXI considerados como los de la ciencia y de sus aplicaciones prácticas, se clausuraron con una mirada a la astrología, la magia, el esoterismo, las religiones orientales y a toda una serie de manifestaciones de la necesidad de nuevas solidaridades. Asistimos a una reevaluación de sentido de misterio, de lo religioso y de lo sagrado. La sociedad actual tiene hambre de lo sagrado. La constatación de este fenómeno puede apreciarse en la proliferación de movimientos y grupos de diferentes tipos y tendencias, de sectas, la multiplicación de publicaciones, películas y libros, programas con temáticas sobre lo mágico, lo maravilloso, lo milagroso, lo misterioso.

Los tiempos modernos, refractarios en tantos sentidos a lo sobrenatural, lo han sustituido con harta frecuencia por la trascendencia societaria en vez de por una trascendencia de lo divino que está fuera de toda cosa humana. La religión en nuestros días es vida subjetiva, fruto de la fuerte individuación a que llegó nuestra sociedad. La mayor parte de las veces se trata de un fenómeno social, fruto de una magia personal, que halla significado en la moralidad y en el subjetivismo emocional.

El sagrado actual es una construcción de diversos imaginarios sociales y un intento de dotar nuevamente de sentido a las cosas porque las cosas no son lo que son sino lo que significan. Todos tratan de reconstruir un mundo de símbolos y de magia que sirve para que las personas imaginen que influyen sobre fenómenos en los que a penas pueden intervenir. Se trata, pues, de una energía difusa, de proveniencia social según la cual el contacto entre lo sagrado y lo profano modifica a los dos.

La participación en el rito permite al individuo inscribir la realidad en un sistema de sentido, le da una imagen total del mundo que sustituye la troceada y analítica que da la ciencia, y le ofrece la oportunidad de reencontrarse emocionalmente, de expresarse con libertad y, al mismo tiempo, estar dentro de un orden." (f

28/10/08

Savater y El Papa

" (...) las afirmaciones papales en su jornada galicana, sosteniendo que "la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle sigue siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura" y que "una cultura meramente positivista (...) sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves" no pasan de ser proclamas obligadas (...)

¿qué es la "laicidad positiva"? Pues aquella fórmula institucional que respeta la libertad de creer o no creer (en dogmas religiosos, claro) porque ya no hay más remedio, pero considera que las creencias religiosas no sólo no son dañinas sino beneficiosas social y sobre todo moralmente. "La búsqueda de espiritualidad no es un peligro para la democracia", asegura triunfal Sarkozy. ¡Claro que no! Pero ¿quién le ha dicho que la espiritualidad hay que buscarla prioritariamente en la fe o la religión? Más aún: ¿quién le ha ocultado que la crítica de los dogmas y la denuncia de las iglesias proviene de quienes buscaron -y buscan- realmente una espiritualidad que no se pare en barras... ni en reclinatorios? (...)

Entre otros se lo recuerda Jean Baubérot, que es profesor emérito de historia y sociología de la laicidad en la Escuela Práctica de Altos Estudios (no, no es ateo sino protestante), en un libro interesante y divertido: La laicidad explicada al Sr. Sarkozy... y a quienes le escriben los discursos (ed. Albin Michel). Para Baubérot, la llamada "laicidad positiva" no es sino una forma de neoclericalismo, confesional pero no confeso. Y eso porque un Estado realmente laico no sólo no puede dejarse contaminar por ninguna religión, ni privilegiar ninguna de las existentes sobre las demás, sino que tampoco puede declarar preferible tener una religión a no tenerla. El lema que hoy trata de imponerse es: "crea en lo que quiera, pero tenga religión; siempre es mejor tener una religión que carecer de ella; a quien tiene religión no le sobra nada, mientras que a quien no tiene siempre le falta algo" (...)

La laicidad (que en buen castellano se llama laicismo) no necesita apellidos que la desvirtúen: "laicidad positiva" pertenece a la misma escuela que "sindicatos verticales" o "democracia orgánica". (FERNANDO SAVATER: Siempre negativa, nunca positiva. El País, ed. Galicia, Opinión, 16/10/2008, p. 33/4)