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18/7/26

¿Quién quiso la Guerra Civil? Fue el resultado de una conspiración de cinco años de duración. Su corte fue monárquico y fascista a la que, por la fuerza, hubo que incorporar desde su comienzo a generales, jefes y oficiales... Empezó en serio y en términos operativos en 1934 con la firma de un convenio entre monárquicos, civiles y militares, y carlistas con la Italia fascista. Los primeros al menos aseguraron la continuidad de los contactos. De ellos y de las repetidas demandas de fondos para comprar voluntades y costear los gastos de propaganda se encargó en primera línea el exministro Antonio Goicoechea. En retaguardia se situó siempre José Calvo Sotelo. En junio de 1936 se incorporó a las continuas peticiones de fondos José Antonio Primo de Rivera... Los contactos corrieron a cuenta de Sainz Rodríguez y de Ernesto Carpi, un banquero fascista, radicado en Barcelona y agente de varios servicios de inteligencia italianos. En 1935 los conspiradores españoles lo nombraron enlace con el Ministerio de Aeronáutica, cuyo responsable era el propio Mussolini. Esto implica que la conspiración se había percatado que necesitaría aviones... Goicoechea se entrevistó con el Duce en octubre. Le declaró las intenciones de los conspiradores. Si la izquierda volvía al poder, ellos, los falangistas y los militares se sublevarían. En el interín pidió más fondos... El 1 de julio Sainz Rodríguez se desplazó a Italia y firmó cuatro contratos de suministro de aviones de bombardeo y de caza, más tres hidroaviones y abundantísima munición, motores, piezas auxiliares y gasolina de un tipo que apenas si entonces había en España. El pago lo había asegurado previamente Juan March (Ángel Viñas)

"Sobre el 18 de Julio de 1936 (y II)

Lo que desde hacía tiempo se sabía de la Guerra Civil como producto de una conspiración, hoy se ha identificado, no del todo, pero sí lo suficiente

El artículo anterior no alude a la historia que los investigadores españoles (y algunos extranjeros, en particular sir Paul Preston) hemos ido reconstruyendo penosamente. Nuestro foco de la atención ha ido cambiando, merced a influencias exteriores (de la historia política y militar se ha ido pasando a la social, cultural y de género, con las aportaciones de la medicina, arqueología, ciencia de los suelos, psicología social, etc.) y al desplazamiento hacia los vencidos, a la represión y sus circunstancias.

Sin embargo, ha tardado en darse una respuesta a la pregunta del millón. ¿Quién quiso la Guerra Civil? Para ello hay que volver a la esencia del relato histórico: los comportamientos de los seres humanos, en condiciones dadas, creadas desde el pasado y activadas en su presente, en una mezcla de voluntades y acciones colectivas e individuales, en persecución de unos fines u otros.

Lo que desde hacía tiempo se sabía de la Guerra Civil como producto de una conspiración, hoy se ha identificado, no del todo, pero sí lo suficiente. Fue el resultado de una conspiración de cinco años de duración. Su corte fue monárquico y fascista a la que, por la fuerza, hubo que incorporar desde su comienzo a generales, jefes y oficiales. No es, pues, una tesis nueva. La expuso parcialmente en 1951 uno de sus protagonistas (el piloto Juan Antonio Ansaldo) y abundó en ella un dirigente monárquico (el catedrático Pedro Sainz Rodríguez), en 1978. Ambos dejaron de lado la parte esencial y la que escribió ha sido objeto de cuidadosos trabajos académicos por historiadores muy diversos.

Entre ellos destacan españoles (Ismael Saz, Eduardo González Calleja y otros) y extranjeros (sir Paul Preston y Morten Heiberg, que avanzó más que nadie hasta entonces). Ninguno pudo rematarla. No por incompetencia, sino porque no llegaron a conocer sus resultados.

La documentación imprescindible se encuentra en la Fundación Universitaria Española, en la madrileña calle de Alcalá, y se complementa acudiendo a los Ministerios de Relaciones Exteriores (Farnesina) y de Aviación en Roma, sumados al equivalente del primero y al Archivo Militar en París.

Empezó en serio y en términos operativos en 1934 con la firma de un convenio entre monárquicos, civiles y militares, y carlistas con la Italia fascista. Los primeros al menos aseguraron la continuidad de los contactos. De ellos y de las repetidas demandas de fondos para comprar voluntades y costear los gastos de propaganda se encargó en primera línea el exministro Antonio Goicoechea. En retaguardia se situó siempre José Calvo Sotelo. En junio de 1936 se incorporó a las continuas peticiones de fondos José Antonio Primo de Rivera.

Los contactos corrieron a cuenta de Sainz Rodríguez y de Ernesto Carpi, un banquero fascista, radicado en Barcelona y agente de varios servicios de inteligencia italianos. En 1935 los conspiradores españoles lo nombraron enlace con el Ministerio de Aeronáutica, cuyo responsable era el propio Mussolini. Esto implica que la conspiración se había percatado que necesitaría aviones.

Para entonces Goicoechea planeaba un tercer viaje a Roma y entrevistarse con el Duce en un contacto decisivo. Tuvo lugar en octubre, a pesar de la invasión fascista de Abisinia. Le declaró las intenciones de los conspiradores. Si la izquierda volvía al poder, ellos, los falangistas y los militares se sublevarían. En el interín pidió más fondos.

Ansaldo tuvo que huir a Francia para transportar a los tres intervinientes en el intento de asesinato de Luis Jiménez de Asúa, reputado catedrático de Derecho Penal y vicepresidente socialista de las Cortes surgidas de las elecciones de febrero de 1936.

La ocasión la pintaron calva. Ansaldo quedó disponible para resolver el problema de los aviones. Negoció con una empresa aeronáutica (Società Idrovolante Alta Italia) que, como todas las del ramo, estaba controlada por el Ministerio de Aeronáutica. El 1 de julio Sainz Rodríguez se desplazó a Italia y firmó cuatro contratos de suministro de aviones de bombardeo y de caza, más tres hidroaviones y abundantísima munición, motores, piezas auxiliares y gasolina de un tipo que apenas si entonces había en España. Los contratos completos han sido reproducidos en dos libros publicados por Crítica. El pago lo había asegurado previamente Juan March.

El primer envío debía hacerse antes del 31 de julio y los fascistas empezaron a prepararlos, convenientemente disfrazados, en los días siguientes a la firma. No se echaron atrás en ningún momento durante la guerra.

Pregunta: ¿Con qué apoyo extranjero demostrado contaban quienes no iban a sublevarse el 17 y el 18 de julio?"     (Angel Viñas , El País, 18/07/26)  

 

"Sobre el 18 de julio de 1936 (I).

Los historiadores militares del régimen hicieron denodados esfuerzos para justificar el golpe de Estado por la amenaza de una revolución en ciernes.

 Se cumplen ahora 90 años del hecho que cambió la historia de España. Que se me ocurra, solo el 2 de mayo de 1808 es medianamente comparable en sus repercusiones.

Los historiadores hemos investigado el camino hacia el más reciente. Desde el momento mismo del golpe, los militares y civiles sublevados lo defendieron como la única operación imprescindible para prevenir la “revolución comunista” que estallaría en agosto. Se trataba, nada menos, que salvar a ESPAÑA (con mayúsculas) de caer en las garras de Stalin. Aunque no solo a España: también a la Europa occidental y cristiana e impedir que surgiera un foco de subversión en su retaguardia.

Con su supremo sacrificio, los buenos españoles lo evitaron. No solo para sí mismos, sino también para los demás europeos.

La posibilidad de una revolución en ciernes la había anunciado la Embajada británica en Madrid. No la francesa. La confirmó el recién llegado embajador republicano en Londres. El gobierno británico la aceptó. El cónsul general en Barcelona y el propio embajador en Madrid continuaron echando petróleo al fuego.

La tesis la mantuvo la dictadura y Franco se regodeó en un nuevo título de “Centinela de Occidente”. Todavía hay gente, mucha, que se lo cree. Los denodados esfuerzos de los historiadores militares del régimen intensificaron tal interpretación en tres títulos de obligada consulta publicados en los años cuarenta, cincuenta y sesenta por el Servicio Histórico Militar.

Con las necesarias adaptaciones derivadas de la evolución de las técnicas de comunicación, tales tesis sobreviven hoy. Modernizadas por el creciente énfasis en el supuestamente inmenso y único desbordamiento de asesinatos y asaltos a la propiedad y a las personas en la primavera de 1936.

Coincidiendo con la largo tiempo contenida etapa del desarrollismo en los años sesenta, en el mundo de habla inglesa aparecieron las primeras historias que presentaban la Guerra Civil bajo otro ángulo. Hugh Thomas, Herbert R. Southworth y Gabriel Jackson fueron pioneros en rescatar lo que, en realidad, había ocurrido desde 1931. La dictadura respondió con la censura más abyecta primero y con la “modernización” de la interpretación clásica.

De ello se encargó un avezado técnico de Información y Turismo llamado Ricardo de la Cierva bajo la égida del inolvidable ministro del ramo, Manuel Fraga Iribarne.

Eso sí, los archivos permanecieron celosamente cerrados excepto a los militares (un teniente general glosó las semejanzas entre 1808 y 1936) y consiguió que su panfleto fuera declarado de interés para las Fuerzas Armadas. Le proporcionó un mercado cautivo bastante significativo.

En la retaguardia, el Ministerio de Educación Nacional y la púdicamente denominada Secretaría General del Movimiento), más el aparato policial y judicial en su conjunto, obraron de consuno para que los españoles no se desviaran del camino que se les imponía.

Los años republicanos, en particular, continuaron con la mácula que sobre ellos impusieron los vencedores. Sus tesis, escasamente modificadas siguen empapando la educación y, sobre todo, las nuevas tecnologías de la comunicación. Si acaso no se acentúa tanto que la rebelión del 18 de julio se había adelantado, por meras semanas, a un golpe de Estado comunista teledirigido desde Moscú. A muchos les parece ya un poco exagerado.

Con todo, la vieja interpretación retorna en tiempos absolutamente diferentes. Los desastres de la guerra se achacan básicamente a la izquierda y se desvanecen las hambrunas de la posguerra y la represión en y tras el conflicto. Se ha revivido gran parte de lo señalado por el implacable Abc de la época. Recomiendo echar un vistazo a lo que afirmó el 13 de febrero de 1936.

El general Francisco Franco y el exministro de la Guerra, José María Gil Robles, intentaron dar un golpe blando, hoy todavía muy desfigurado. El presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, lo impidió y ordenó la lectura por el conducto reglamentario y reservado de un mensaje suyo a todos los generales, jefes y oficiales.

Anticipaba que “hoy un golpe de Estado lejos de ser sin lucha comenzaría por esta en su forma más feroz” y esto “solo puede llevar a la destrucción de España y del Ejército”.

Claro que esto importaba un bledo a los conspiradores monárquicos, militares y fascistas. Buscaban otra cosa, algo que desde entonces se ha desfigurado en la gran mayoría de las versiones que las derechas han escrito sobre la supuesta gloria del asalto contra el orden legítimo y legalmente establecido. Forzados, claro, por la necesidad de salvar a la PATRIAAAAAAAA.

(Angel Viñas , El País, 17/07/26)

4/2/26

No, no, la guerra no la perdimos todos. La guerra la perdieron los republicanos, los demócratas. Pero por encima de todo es la guerra que ganaron los fascistas... los ricos que acudieron a la guerra salieron más ricos de ella... Precisamente porque la ganaron, porque expoliaron, porque robaron los recursos y porque no los quieren devolver, les interesa transmitir el mensaje de que todos perdimos la guerra, porque si todos la perdimos no hay nada que restituir. Si alguien reconoce que ganó con un Golpe de Estado y una guerra cruenta con el apoyo de potencias extranjeras lo siguiente es reconocer que todo lo que se quedaron lo hicieron de manera ilícita y toca reconocer que hay que devolver las propiedades al perdedor de la guerra, al que fue asesinado, al que fue expoliado, al que fue robado... Antonio Machado tuvo que huir y murió como una alimaña, enfermo y solo en un hostal de Colliure... Por eso perdimos, y decir que todos lo hicimos es querer robarnos hasta el dolor y el desarraigo (Antonio Maestre)

 "No, no es la guerra que perdimos todos. Es la guerra que perdieron los republicanos, los demócratas. Pero por encima de todo es una guerra que ganaron los fascistas. Es normal que para los relativistas de la historia pueda existir un relato que considera que tanto Miguel Hernández como Luis Almarcha fueran perdedores por igual de la guerra. Que sus herederos sufrieron lo mismo el rigor de la posguerra. Pero para los que tenemos algo de decencia, conocimiento de los hechos, la historia y un mínimo de respeto a los derechos humanos sabemos que uno fue víctima y el otro un victimario miserable que se negó a salvar la vida al poeta por negarse a plegarse a su religión. Este es solo uno de los miles de ejemplos que los revisionistas procuran retorcer.

El ejercicio de contorsionismo moral de la prensa patria impulsado por los lloros de Pérez Reverte -que están compitiendo en prolífica humedad con el tren de borrascas que nos está amargando el ánimo a los españoles- quiere hacer pasar por un ejercicio de cancelación el hecho de que haya escritores, periodistas o historiadores que no están dispuestos a hacerle el caldo gordo a Reverte. Es una cancelación porque Vigorra y Reverte han decidido cancelar un acto al que no quería ir nadie. Pero eso ya da igual. Son siempre así. Agreden y luego lloran, pero hoy venimos a poner el foco en otro asunto.

La guerra de España es la única donde los ricos que acudieron a la guerra salieron más ricos de ella. Esto no es una ocurrencia mía. Es algo que dijo Francisco Franco en el año 1940 en un discurso en Lugo donde su literal era el siguiente: "Nuestra Cruzada es la única lucha en que los ricos que Nuestra Cruzada es la única lucha en que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos. Y es así, porque aquellos bienes y aquellas riquezas que estaban desvalorizadas y en trance de perderse cuando enarbolamos nuestra bandera; cuando los bienes materiales los daban por cualquier cosa con tal de conservar la vida, al terminar la guerra han sido sobrevalorizados".

Precisamente porque la ganaron, porque la expoliaron, porque robaron los recursos y porque no los quieren devolver les interesa transmitir el mensaje de que todos perdimos la guerra, porque si todos la perdimos no hay nada que restituir. Si alguien reconoce que ganó con un Golpe de Estado y una guerra cruenta con el apoyo de potencias extranjeras lo siguiente es reconocer que todo lo que se quedaron lo hicieron de manera ilícita y toca reconocer que hay que devolver las propiedades al perdedor de la guerra, al que fue asesinado, al que fue expoliado, al que fue robado. Pero eso solo se produce si hay un perdedor y un ganador, si se reconoce la legitimidad moral de quien perdió para poder recuperar aquello de lo que le despojaron.

Los que perdieron la guerra, a pesar de la maravillosa sentencia de Antonio Machado que afirmaba que moralmente la ganaron, no pueden olvidar el dolor, el exilio, la muerte y el robo de todo lo que fueron y tuvieron. El gran poeta sevillano dijo a Ilia Ehrenburg: "Para los estrategas, para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro... Quizá la hemos ganado". Estoy convencido de que humana y moralmente los republicanos fueron los ganadores de la guerra, pero lo concreto es que Antonio Machado tuvo que huir y murió como una alimaña, enfermo y solo en un hostal de Colliure, allí, en una tumba donde acudimos a homenajearle cada año continúa enterrado. Por eso perdimos, y decir que todos lo hicimos es querer robarnos hasta el dolor y el desarraigo."                        (Antonio Maestre, blog, 03/02/26)

5/4/24

El honor de la República siempre estribó en haber combatido hasta la extenuación los avances del fascismo en Europa. ¿Por qué cree que España sí opuso resistencia a lo que después sería la dictadura más larga del continente? Porque los españoles de la época eran así, porque no bajaron las armas. Incluso cuando muchos de ellos sabían que sin ayuda extranjera perderían, como dijo Manuel Azaña en septiembre de 1936, decidieron luchar. Nuestros antepasados eran así (Ángel Viñas)

 "No hace falta más que una pajarita en la portada para presentar La forja de un historiador (Crítica, 2024), el último libro de Ángel Viñas (Madrid, 1941). En él, el investigador repasa su periplo personal y profesional desde los inicios. Cuenta que ayudó a dar misa a un tío un par de veranos, asistió al recital de Raimon en la Ciudad Universitaria de Madrid en 1968, Serrano Suñer le rogó que no lo atacara durante una emisión del programa La Clave y sintió una emoción inusitada al poder analizar los documentos de Negrín.

Conocido por alumbrar nuevas tesis que desacreditan los mitos inculcados por el franquismo sobre la izquierda, Viñas no se olvida de su misión como alto diplomático español, su paso por el FMI y todas las vicisitudes que pasó tras iniciar sus investigaciones en torno a la República, la Guerra Civil y la dictadura.

Hemos podido charlar con el historiador sobre la desclasificación de documentos, el revisionismo histórico e incluso el oro de Moscú. También abordamos cuestiones personales como su militancia política o el orgullo por la historia de nuestro país.

Publica este libro a los 83 años, una especie de memorias. Ha trabajado como economista, alto funcionario, diplomático e historiador. ¿De qué se siente más orgulloso al echar la vista atrás?

Fui alto funcionario internacional durante veinte años de mi vida en los que hice muchas cosas de las que me siento, creo que legítimamente, orgulloso. Otras dos décadas las pasé como historiador, de las que también me siento orgulloso. ¿De qué me enorgullezco más? Pues de las dos cosas, no puedo decantarme por una u otra.

Aquel chaval madrileño de clase media baja que comenzó husmeando en archivos en 1971 ha terminado siendo uno de los historiadores más respetados y laureados de España. En su publicación dice que “la España de hoy no ha llegado a reconciliarse del todo con su pasado”. ¿Qué hace falta para que eso llegue a ocurrir?

En España hacen falta dos cosas. Primero, abrir los archivos. No se pueden desmontar los mitos del pasado sin tener acceso a los archivos ni a los repositorios donde se guardan las huellas del pasado. Yo me he cansado de decírselo a quien corresponde y no me han hecho caso; es como predicar en el desierto. En algún momento, se desclasificará todo.

En segundo lugar, hace falta renovar la enseñanza, desde Primaria hasta la universitaria, para incluir todas las concepciones sobre la historia de España que hemos revisado los historiadores. Para mí es inconcebible que en un país avanzado como este todavía tengan cabida interpretaciones falsas o distorsionadas. Sin ir más lejos, debería ser evidente que el general Franco fue un asesino, un mangante y un traidor, porque los papeles lo han demostrado.

¿Dónde ubica el inicio de esta eclosión de falsedades y distorsión de la realidad?

Desde la llegada al poder de Donald Trump ha habido una difusión atroz de mentiras y barbaridades sobre el pasado de nuestras sociedades. En España, durante muchos años la derecha ha estado callada, porque la derecha tiene mucho que callar, al igual que la izquierda, pero aquí la dictadura tuvo cuarenta años para decir lo que quiso de los presuntos desmanes de la izquierda, y eso se lo cree mucha gente todavía hoy. Es decir, los españoles de hoy en día siguen creyendo mentiras sobre la izquierda difundidas durante el franquismo.

Comenta que, a finales de la década de los sesenta, descartó la opción comunista y también la democracia cristiana. Por aquel entonces, leía Cuadernos para el diálogo y Triunfo. ¿Alguna vez ha militado en alguna organización política?

Cuando volví a España a mediados de los sesenta, algunos compañeros de universidad me dijeron que me fuera con ellos al Partido Comunista de España (PCE). Les dije que no. Yo conocía la República Democrática Alemana, y aunque la Stasi no me siguió y me pude mover con libertad las numerosas veces que la visité, les dije que no me sentía atraído por el PC.

No milité en ningún partido hasta el 14 de abril de 1983, cuando fui a trabajar al Ministerio de Asuntos Exteriores como asesor del entonces ministro Fernando Morán. Pensé que tenía que descubrir mis cartas si le iba a aconsejar en un momento crucial, porque estaba pendiente el tema de la OTAN. Nunca me dijeron qué tenía que escribir o pensar.

En el terreno de la investigación histórica, repite como un mantra lo que llama evidencia primaria relevante de época (EPRE) como uno de los principales puntales en todas sus indagaciones. Resulta llamativo que recalque algo que debería ser común en todos los analistas del pasado.

[Ríe]. Pues no, no es tan común. Los temas sobre los que yo he trabajado requieren visitar muchos archivos en diferentes idiomas y en diversos países. Yo he trabajado en más de 40 archivos de ocho países en cinco idiomas distintos, y todo me lo he pagado en gran medida con mis propios fondos.

Comprendo que no es algo al alcance de todo el mundo, pero en lugar de comprarme una casa en la playa, he invertido esos fondos en hacer lo que me gusta. Ya está, es así de simple. Solo he tenido ayudas oficiales en dos ocasiones, y así las he reconocido abiertamente.

En un momento dado, afirma que el honor de la República siempre estribó en haber combatido hasta la extenuación los avances del fascismo en Europa. ¿Por qué cree que España sí opuso resistencia a lo que después sería la dictadura más larga del continente?

Porque los españoles de la época eran así, porque no bajaron las armas. Incluso cuando muchos de ellos sabían que sin ayuda extranjera perderían, como dijo Manuel Azaña en septiembre de 1936, decidieron luchar. Nuestros antepasados eran así.

En España se ha derramado mucha sangre en busca de la democratización de la política

¿Eso le hace sentir orgulloso?

No es una cosa de la que sentirse orgulloso como tal. En España se ha derramado mucha sangre en busca de la democratización de la política y la mejora de las condiciones sociales en las que vivía la mayor parte de la gente. Ha sucedido lo mismo en otros países, pero aquí tuvimos menos suerte.

¿Qué ha cambiado en su terreno desde que empezó a estudiar la historia de España?

En 1975, la historia de España la escribían historiadores extranjeros o desde el extranjero. Nada que objetar ante eso, nosotros todavía vivíamos con una censura casi de guerra. ¿Cómo diablos íbamos a poder escribir nuestra propia historia? Ahora, la mejor historia, bien o mal, se hace desde España, que es lo normal.

La Transición, que hoy se critica mucho, y yo también critico en cierta medida, nos dejó sobre todo ciertos puntos como la libertad de expresión o cátedra que se encontraban a años luz de lo vivido durante el franquismo. Hemos importado nuevas formas de ver el pasado y las hemos aplicado a nuestra propia historia. Por eso hemos podido hacer cosas que hasta entonces no eran posibles.

 

Aprovecha la monografía para retomar algunos de sus grandes hitos como historiador. Uno de ellos es la investigación sobre el “robo” del oro de España que, supuestamente, llegó a Moscú durante la Guerra Civil. Asegura que alguien del Ministerio de Exteriores franquista se llevó toda la documentación que pudo al respecto, y que sospecha de tres o cuatro personas. ¿Quiénes son?

No quiero decir los nombres porque son solo sospechas, yo no tengo la documentación para acreditarlo. Son un círculo muy reducido. Alguno de ellos robaría los papeles, no sé por qué, quizá para salvar la patria o el honor de la dictadura, o impedir que otros investigadores avanzaran en descubrir la verdad, o incluso que yo mismo avanzara.

Llegué a denunciar a uno con nombre y apellidos, el ministro de Hacienda del Plan de Estabilización y luego gobernador del Banco de España, Mariano Navarro Rubio. Conseguí que un subsecretario del mismo Ministerio le escribiera preguntándole por la cuestión. Jamás he recibido respuesta de este señor y yo no sé si él robó esa documentación, eso lo tendrá que decir otro historiador.

Lo que sí puedo decir es que, si conocimiento es poder, conocer lo que pasó indudablemente es una cosa que debió atraer la atención de algunos altos funcionarios, incluso ministros, que sabían bien del tema.

Que los rusos robaron las reservas del oro del Banco de España durante la guerra es algo que sigue pensando mucha gente.

Eso es tan falso que hasta el propio régimen lo sabía desde 1956, pero se callaron. Además, nadie habla del oro de Francia, porque el 25% de las reservas españolas fueron a parar al país vecino. Es cierto que todavía hay algún descerebrado hablando del oro de Moscú. ¿Qué puede hacer un historiador? Escribir las cosas como fueron, pero si eso el sistema educativo no lo recoge, ahí te salen los tíos de Vox que reclaman todavía el mayor expolio de la historia de la Humanidad o como lo llamen ellos. Yo tampoco puedo influir sobre Vox. Son unos sinvergüenzas históricamente hablando y nada más.

Como sabe, la Ley de Secretos Oficiales franquista de 1968 sigue vigente en España. ¿Qué intereses puede haber en ello?

No tengo ni idea de qué intereses se esconden detrás de eso, y he reflexionado sobre la cuestión. Cuando estuve en el Ministerio de Asuntos Exteriores, conseguí que se abrieran los archivos a la investigación con un plazo de cadencia de 25 años. De golpe y porrazo podíamos ver los documentos hasta 1958. Se han publicado libros y tesis doctorales en base a esa documentación y no ha pasado absolutamente nada. No sé por qué ahora no se podría hacer lo mismo.

¿Usted abriría los archivos sin excepción?

Es curioso, porque en España los archivos están muy mal dotados de personal, y eso que son la memoria de un pueblo, de una nación, de un país. Aquí hay trabas a la hora de investigar que no te encuentras en otros países. La historia no mata, quien mata son los hombres y, a veces, abducidos en base a una mala historia.

Aquí hay trabas a la hora de investigar que no te encuentras en otros países

Si yo formara parte del Gobierno, abriría los archivos hasta el 75 sin problemas, quitando dos o tres temas que lo dejaría a un examen algo más pormenorizado por parte de la Administración. No hay que temer el pasado franquista.

¿Qué temas dejaría todavía sin desclasificar?

Esto prefiero no decirlo. Quien conoce los archivos más o menos los podrá identificar fácilmente, pero no me siento autorizado para decirlo.

¿Y desclasificar los archivos hasta 1981?

Sí, se podría hacer una excepción por el golpe de Estado, porque es un tema acotado. ¿Qué se podría descubrir? Que el rey entonces estuviera más o menos implicado… ¡Pero si Juan Carlos está completamente desacreditado ya ante la opinión pública!

¿Qué opinión le merece el revisionismo histórico que se está estableciendo en algunos sectores de la sociedad?

Para empezar, hay un revisionismo de periodistas de medio pelo, y luego hay un revisionismo profesional de los historiadores. Qué quieres que te diga… Yo he escrito libros que todavía nadie ha podido echar por tierra. El revisionismo forma parte de la profesión, pero ahora nos adentramos en un revisionismo que solo se ocupa de desmontar a los gobiernos republicanos de izquierdas. En ese sentido, tan solo es la prolongación del combate ideológico que atraviesa España desde los últimos 40 años. Es parte del combate que libra la derecha contra la izquierda, solo que con otras armas.

Terminemos con algo más personal. ¿Qué ha sentido a lo largo de todas estas décadas dedicadas a desentrañar los entresijos del pasado oscuro más reciente de España? ¿Está trabajando en alguna nueva investigación?

Me he sentido, a veces, muy cansado y dubitativo, pero no pierdo las ganas. Yo suelo escribir dos libros a la vez, y ahora estoy enfrascado junto con un amigo en uno sobre un tema muy importante. Tratamos de documentar adecuadamente una interpretación que se hace de las incipientes victorias de Franco a lo largo de la segunda mitad de 1936. Es algo que nadie ha dicho hasta ahora, y que puede cambiar radicalmente lo que se sabía hasta el momento.

Hace unos días, me llegaron 1.500 papeles todavía sin examinar desde el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares. Vivo en Bruselas y a nadie se le ha ocurrido examinarlos, pero a mí sí. A partir de aquí, solo queda aplicar el método inductivo primero y la crítica después. Si te basas en el método deductivo, en lo que otros han escrito o tus propias ideas preconcebidas, no haces una historia documentable. Además, la crítica es necesaria porque no todo lo que aparece en los papeles responde a la realidad. Hay mentiras que se filtran y afirmaciones que esconden intereses detrás."             (Ángel Viñas, CTXT, 01/05/24)

22/3/23

Hay algo que convendría no dejar pasar del discurso de Tamames, esa pretensión perversa de equiparar en el pasado a víctimas y verdugos, rematando su discurso con una cita de Machado, quien murió en Colliure, precisamente por el golpe fascista y criminal del que tuvo que huir... No se trata de hacer balanza de atrocidades, sino de afirmar que aquello consistió en cercenar una república para defender los privilegios bastardos de banqueros, terratenientes y clero. La sangre de los españoles convertida en botín

Daniel Bernabé @diasasaigonados

Hay algo que convendría no dejar pasar del discurso de Tamames, esa pretensión perversa de equiparar en el pasado a víctimas y verdugos, rematando su discurso con una cita de Machado, quien murió en Colliure, precisamente por el golpe fascista y criminal del que tuvo que huir.

No se trata de hacer balanza de atrocidades, táctica militar del terror en los sublevados, sino de afirmar que aquello consistió en cercenar una república para defender los privilegios bastardos de banqueros, terratenientes y clero. La sangre de los españoles convertida en botín.

Y eso Tamames lo sabe. Tanto como que fingiendo ser de una tercera España, pasando a arrepentido por no decir traidor, lo que le esperaba era el confort de los micrófonos y una cuenta bancaria saneada. De economía, de la suya, siempre supo, de dignidad y poesía mucho menos.

12:46 p. m. · 21 mar. 2023
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13/3/23

Ángel Viñas: «Me he cargado los fundamentos de las leyendas franquistas que decían que la guerra era inevitable»... A Stalin no le interesaba que en España se estableciera una república soviética porque eso le hubiera enemistado con los países con los que quería combatir al fascismo

 "Nada cambia más constantemente que el pasado; porque el pasado que influye en nuestras vidas no consiste en lo que realmente sucedió, sino en lo que los hombres creen que sucedió”. Ángel Viñas ha seleccionado brillantemente esta cita de Gerald W. Johnson para introducir su último libro Oro, guerra, diplomacia. La República española en tiempos de Stalin, que acaba de publicar con la editorial Crítica. Este libro es continuación de los dos anteriores: ¿Quién quiso la guerra civil? y El gran error de la República. Con él concluye la trilogía con la que desmonta los mitos que el franquismo inventó para justificar su golpe de Estado, unos relatos que alimentaron durante décadas quienes detentaron el poder y se beneficiaron de él: querían hacer ver que España estaba al borde del precipicio.

Decía Walter Benjamín que la historia la escriben los vencedores y se la imponen a los vencidos. Y así fue durante décadas, pero el trabajo que hacen historiadores como Ángel Viñas rastreando pacientemente archivos durante años, trabajando con fuentes primarias, erosiona los pilares de cartón piedra sobre los que se levantó la gran mentira de quienes atentaron contra la República e impusieron una dictadura de 40 años en este país. “Sin buscarlo me he encontrado que me he cargado los fundamentos básicos de las leyendas franquistas que decían que la guerra era inevitable para prevenir una revolución comunista, luego largo-caballerista, y que era una guerra santa para evitar la sovietización del país. Todo esto es mentira. Mucho de lo que analizo en los libros ya se había dicho pero nadie lo había demostrado con documentación primaria. Y cuando no puedes demostrar algo queda en interpretación, en una teoría. Yo lo demuestro con papeles”.

Ángel Viñas, economista de formación, fue el número uno de su promoción al  Cuerpo de Economistas y Técnicos Comerciales del Estado, trabajó en la Comisión Europea, y fue su embajador en la ONU, entre otras cosas. Era profesor en la Escuela Diplomática cuando le llamó Fernando Morán,  ministro entonces de Asuntos Exteriores, para ficharle como asesor en temas de seguridad. Cambió la economía por la historia, y al final de su vida laboral dejó la Administración e impartió clases en las Facultades de Historia y de Economía. Ahora desde Bruselas, donde reside, concentra  su tiempo en reconstruir, con la documentación de los archivos, lo que el llama “evidencia primaria relevante de época” (EPRE), la historia no contada de nuestro país. Viñas es uno de los referentes imprescindibles de la historia de la II República y la Guerra Civil. Su libros son el armazón con el que levantar los cimientos de la Memoria Democrática de este país.

GEMA DELGADO: ¿Cuáles son las principales aportaciones de este último libro de la trilogía, o de la tetralogía si incluye el libro con Fernando Hernández Sánchez?

ÁNGEL VIÑAS: En primer lugar, el proceso que llevó al establecimiento de embajadas mutuas en España y la URSS, que apenas se conocía. Salvador de Madariaga escribió pero no contó la historia como fue. El último capítulo sobre el comercio hispano-soviético es totalmente nuevo.

La parte del oro, que está en dos capítulos, recoge los documentos soviéticos que me permitieron ver o que han publicado. Y ahí nos dan cuenta de la visión de la URSS que no es como se nos había contado en occidente.

Me he detenido en los primeros envíos de armas y ayuda humanitaria soviética a España. Sobre las armas ya se conocía algo. He profundizado en el  último envío. También he tratado de mostrar una tesis que Gerald Howson emitió pero que no le dio tiempo a fortalecer. Entregó todos sus papeles a Paul Preston, quien me pasó muchos de esos documentos. Howson ya decía, y ya lo había tratado con menos profundidad que luego hice en la trilogía, lo que Stalin no pudo o no quiso hacer a pesar de la insistencia de militares y diplomáticos soviéticos y líderes de la Comintern.

G.D.: Las relaciones bilaterales con la URSS estaban suspendidas desde la revolución de 1917 y la República comenzó las relaciones comerciales con ellos, como ya venían haciendo otros países. La URSS tenía  petróleo suficiente y a precios muy favorables. Hasta Mussolini importaba petróleo soviético.

A.V.: No había motivos ideológicos para que no se restablecieran relaciones con la URSS. Había intereses económicos, como en el caso de Estados Unidos: se trataba de acceder al petróleo y a las materias primas soviéticas y de abrir nuevos mercados para las exportaciones españolas. Esa relación se vio distorsionada con el comienzo de la guerra civil. Las democracias occidentales, bajo la bandera de la no intervención, cerraron las puertas a la República; la URSS no lo hizo. Franco utilizó esa relación para alimentar su propaganda contra la República.

G.D.: Uno de los mitos franquistas para justificar su golpe, y que desmontas en este libro, es el peligro de la sovietización de España

A.V.: A Stalin no le pasó jamás por la mente sovietizar España; no digo que no se le pasara a otros por la cabeza pero a Stalin no. A Stalin no le interesaba que en España se estableciera una república soviética o parasoviética porque eso le hubiera enemistado claramente con los países con los que quería llegar a un acuerdo para combatir al fascismo, que eran los países aliados, aunque éstos no le hicieron caso y lo despreciaron, sobre todo los ingleses.

G.D.: ¿Por qué el gobierno de la República fue a buscar apoyo a la Unión Soviética?

A.V.: Negrín hizo todo lo posible y lo imposible para demostrar a franceses e ingleses que no había peligro comunista en España, pero no consiguió que le vendieran armas. Todo el mundo les cerró las puertas.

Sin el oro y sin el apoyo de la Unión Soviética, la República se hubiera hundido enseguida porque las democracias occidentales no quisieron apoyarla, unas por motivos ideológicos y otras por económicos. La única que facilitó aviones, tanques y artillería moderna fue la URSS. Sólo les quedó eso y el mercado negro. Los franceses permitieron que funcionarios republicanos actuaran en territorio francés para agenciar armas. Pasaron fusiles, ametralladoras, granadas, cañones. Pero en el mercado negro la República se vio estafada por todo tipo de gente sin escrúpulos.

G.D.: ¿Cuál fue el motivo por el que Stalin dejó de abastecer a los republicanos desde noviembre de 37 hasta finales del 38?

A.V.: Stalin no abandonó a la República a su suerte, simplemente no quiso enviar más material de lo que hizo. La explicación está en que Stalin no podía atender a tres frentes: el primero, el asiático, con los japoneses avanzando hacia Siberia; el segundo, frente a Hitler; y al mismo tiempo ayudar a España. Sabía que no podía. Si los ingleses y los franceses hubieran intervenido a favor de Checoslovaquia, en lugar de plegarse, Stalin hubiera hecho causa común con ellos.

G.D.: ¿Por qué volvió Stalin a ayudar en el 38, cuando ya acababa la guerra?

A.V.: Pues la única manera de explicarlo es que para entonces los rusos habían batido, con un coste enorme en hombres, a los japoneses en lo que fue la primera confrontación fuerte. Y eso apaciguó por un tiempo el peligro sobre las fronteras soviéticas en Asia.

Algunos han dicho que Stalin no tenía una estrategia de sustitución, por eso continuó apoyando a la República de una manera muy importante y muy rápida. Aunque el sistema soviético era lento,  Stalin dio en diciembre de 1938 un salto de tigre y a una velocidad de vértigo manda un primer envío con un montón de armas. Las primeras órdenes de Stalin son de diciembre del 38 y los primeros desembarcos de material en las costas catalanas tienen lugar a finales de mes. Y enviaron mucho más que se quedó en Francia. Sólo pudo pasar la frontera una serie de cargamentos en enero. Pero con los flancos catalanes desplomándose frente a la acometida franquista apoyada por la aviación nazi y la infantería y aviación italiana, Barcelona cae el 27 de enero. Ya no queda nada. ¿Dónde enviar el material soviético que estaba en Francia? Se queda en Francia. Cuando termina la guerra, Francia reconoce al gobierno de Franco y este, a finales de febrero de 1939, solicita el envío de ese material soviético, pero Francia no hace caso y lo devuelve a la Unión Soviética. Tiene que haber documentación al respecto pero nadie la ha encontrado que yo sepa.

G.D.: Este es el tercer libro que escribe sobre el famoso oro de Moscú. El primero fue en 1976, el segundo en 1979 y ahora este con fuentes nuevas. ¿Qué pasó con el oro de Moscú?

A.V.: El oro fue la pieza fundamental de la resistencia republicana. Sin el oro, la República hubiera acabado en el mes de septiembre u octubre de 1936. Se vendió en su totalidad: un 75% a la Unión Soviética y un 25% a Francia, aunque de este último no se ha hablado mucho. Se gastó todo. El contravalor en divisas se empleó en armamento, pero sobre todo para pagar las importaciones; y también en comprar alimentos. Se pasaba mucha hambre.

G.D.: Los soviéticos dijeron en su momento que el gobierno republicano había dejado una deuda de 50 millones de dólares

A.V.: Los rusos citan un solo documento, una carta firmada por Negrín en el mes de agosto de 1938, que no se ha publicado. He de confesar que cuando el ministro de Asuntos Exteriores Lavrov me autorizó a entrar en los archivos del Ministerio de la época soviética, puso como condición que no se me dejara ver los papeles relativos al oro. Tuve las mismas dificultades que teníamos los españoles en el Ministerio de Asuntos Exteriores de los años 70, después de la muerte de Franco. Y no vi ese papel, no lo han publicado. Entonces, yo me temo que la carta no existió o que fue un invento, o que dijo otra cosa.

G.D.: Franco también tuvo que financiar su guerra y comprar armamento, ¿de dónde sacó el dinero?

A.V.: Los sublevados tuvieron crédito casi ilimitado de los nazis, fascistas y algunas multinacionales, mientras el gobierno republicano pagaba al contado. Franco no acaba de pagar esas deudas hasta finales de los sesenta.

G.D.: Con este libro cierras la trilogía sobre la República en guerra

A.V.: Me interesé por la conspiración de Franco y lo he hecho con especial atención al contexto internacional. Me he dedicado a ella mucho tiempo, afortunadamente. Ahora tengo una visión, y creo que acertada, de la conspiración contra la República. Los conspiradores se querían cargar la República desde el año 32 con la ayuda fascista. Para desmontar los mitos necesitas pruebas. Y a mí lo que me despertó todas las alarmas fueron los contratos fascistas que los monárquicos firmaron con una empresa italiana el 1 de julio de 1936 y que están en la calle de Alcalá; yo los descubrí en el año 2012.

Por otra parte, una tesis doctoral de Carlos Píriz mencionó una infiltración de la policía gubernativa en la UME. A mí me sonaron todas las alarmas. Y a partir de ahí han salido los tres últimos libros. En ellos se demuestra que no hubo riesgo de sovietización de España.

De no haberse quebrado la normalidad a consecuencia del golpe monárquico-militar-fascista, la República hubiera seguido orientándose por coordinadas similares a las de las restantes democracias occidentales.

Franco no era una pieza central. Se “coló” porque era el único que podía colarse, era el que quedaba. Todo esto se ha distorsionado mucho. Yo he sido probablemente el único que ha reencauzado las distorsiones.

Yo no me baso en libros, voy a las fuentes. Sobre la guerra civil y la República se han escrito miles de libros y artículos. Decir algo nuevo es difícil; aunque no imposible, como he demostrado. La única forma de hacerlo es dejar los libros y los artículos de lado e ir a los archivos. Yo lo explico siempre todo en los prólogos.

Se había escrito mucho pero sin papeles o con los papeles alemanes y en algunos casos con los británicos, que ya se empezaban a desclasificar. Yo además de esos papeles quería ver los papeles soviéticos. Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo habían escrito un libro titulado Queridos camaradas sobre las relaciones de la Cominterm y España desde 1920 hasta 1940. Pero no era lo que yo buscaba. Yo quería ver los papeles del gobierno soviético.

En Naciones Unidas conocí a Lavrov. Le escribí. No contestó pero a los 6 meses recibí una llamada del Consejero Cultural ruso en Bruselas para decirme que ya podía solicitar el visado y que se me había autorizado la consulta. Estuve en Moscú tres o cuatro veces.

G.D.: ¿Cuál es la clave para comprender la guerra civil?

A.V.: La clave está en quién quiso, quien preparó la guerra. No fue la izquierda. Fueron ciertos sectores monárquicos, carlistas y alfonsinos, un sector del ejército y la ayuda fascista de Mussolini, aparte de toda la órbita de la derecha desde los periódicos (ABC, El Debate, La Nación) a quien puso el dinero. Fue una guerra civil internacionalizada desde antes de que estallara.

El gran error de la República fue no cortar el golpe, que lo podría haber hecho. Algunos pensaron que sería como una sanjurjada, pero se les olvidó el vector italiano…

La historia española no es como nos la han contado. Ni como escriben algunos, como Stanley Payne y un par de militares y periodistas que han bebido en las ubres del franquismo y se creen y repiten las mentiras.

Les invito a que estudien las fuentes. Las claves de la guerra están siempre en ellas. Por eso durante la dictadura no se abrieron los archivos: ni los franquistas ni los que incautaron a la República.

G.D.: ¿Cuándo empezaron a sembrar el miedo a los rojos?

A.V.: Empieza en el año 1932/33 (aunque ya había florecido antes de las elecciones de 1931). Primero es lo que sentían, y luego es lo que necesitaban para adoctrinar a los cuadros del ejército proclives a la sublevación. Lo hicieron las derechas. El manifiesto del Frente Popular se publica en enero del 36 y las octavillas que circulan entre los militares lo distorsionan de manera radical. Lo hacen para crear una atmósfera de excitación a la que contribuye en paralelo la prensa de derechas. No lo digo yo, ya lo dijo hace años Tuñón de Lara.

Al final, la batalla está en los medios. Y si la derecha lo aprendió de alguien tuvo que ser de los fascistas italianos y de los nazis. Goebbels es el maestro de la propaganda política de todos. Si vas a los periódicos de la primavera del 36 lo ves, en los comentarios de primera página y en los artículos de fondo.

G.D.: La derecha sigue haciendo campaña con el miedo al comunismo. ¿La historia se repite?

A.V.: Claro. Yo hago un paralelismo. No cito mucho al PP pero a Vox sí. La propaganda es útil cuando identifica unos mensajes simples y los repite y repite doscientas mil veces, que fue lo que todos los propagandistas del mundo aprendieron de Goebbels. Ellos lo hicieron con una idea muy simple repetida hasta la saciedad: los judíos son culpables. Aquí se convierte en “los rojos son culpables”. Si es que la derecha española no necesita copiar a Trump ni a Bolsonaro; tiene en sus genes lo que pasó en la primavera del 36. Han crecido en ello.

G.D.: Imagino tu trabajo como el de un minero o un arqueólogo, que cuanto más profundiza más material encuentra. ¿Cuál será tu próximo libro?

A.V.: Tengo un libro casi terminado: la forja de un historiador, que es de alguna forma un recorrido por mis aventuras en los archivos. Y otro, del que ya tengo unas 200 páginas, sobre el petróleo y la TEXACO. Lo escribo con un amigo, economista e ingeniero.

G.D.: Has recibido muchos premios a lo largo de toda tu carrera, incluida la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.  ¿Cuáles conservas con más cariño?

A.V.: Los de la sociedad civil. Los de los últimos años: el de Albert Camus, el de la Asociación Cultural Arte y Memoria; el del Foro Milicia y Democracia; el de Guernika; y que me hicieran hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria. Tengo también algunas condecoraciones, pero son las que recibes como funcionario."               (Entrevista a Ángel Viñas, Gema Delgado  , El Mundo Obrero, 09/03/2023)

9/3/23

Un cómic para rescatar del olvido la figura de Juan Negrín, el hombre de la resistencia republicana

 “Lucharemos hasta el triunfo incondicional de la causa del pueblo español y del Gobierno legítimo de España”. Es una de las frases recogidas en las viñetas del cómic Juan Negrín, dedicado a contar la vida de esta figura clave de la II República y que para los autores representa la capacidad de “resistencia” que mostró en un período tan convulso de la historia, como fue el golpe de Estado franquista y la Guerra Civil. El periodista Francisco de Zárate y el dibujante Fer Clavi narran en forma de historieta la biografía de este personaje nacido en Las Palmas de Gran Canaria, con amplia formación médica y científica y que dominaba cinco idiomas. Un hombre altamente preparado cuya condición de “médico ilustre” le llevó primero a incorporarse al laboratorio de Fisiología General en Madrid y después a ser diputado socialista, para finalmente ser el último presidente del Gobierno de la II República antes del fin de la Guerra Civil y el exilio.

Para ambos autores, Negrín fue un total “descubrimiento”. Francisco de Zárate, nacido en Las Palmas de Gran Canaria, pero criado en Tenerife, explica que durante su etapa escolar apenas le nombraron a este personaje, pese a ser canario y ocupar un lugar relevante en la historia. “Nací en 1974 y en EGB nunca llegábamos a la II República; me imagino que porque las cosas estaban muy frescas”, añade. Fer Calvi (Buenos Aires) también conocía muy poco y este trabajo de documentación le ha permitido destacar de él que “su esfuerzo permanente por lograr sus objetivos sin traicionarse, como humanista y como hombre de ciencia, ni traicionar a su pueblo”. De Zárate considera que ese desconocimiento que sigue existiendo sobre el personaje se debe principalmente a esas leyendas negras que construyeron sus adversarios sobre él y que se desmontan con su biografía. “Negrín fue una persona excepcional que fue vencido en una Guerra Civil y eso explica todo; que el bando contrario lo demonizara durante los 40 años que duró su Gobierno, pero también explica las divisiones dentro de su propio bando cuando se producen las derrotas o en casi todas, dentro del bando socialista y de exiliados fuera de España”, resume.

El escritor de la historieta lo compara con Churchill por su capacidad de resistencia. La diferencia, recuerda, es que el primer ministro inglés tuvo finalmente el apoyo de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Negrín, que siempre esperó la ayuda de Francia e Inglaterra vio desvanecer las esperanzas de la República mientras la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler apoyaban a Franco, una ayuda con la que pudo ganar la Guerra. Ejemplo del tesón de Negrín fue su discurso en la Sociedad de Naciones en 1937. “Hemos sido las primeras víctimas. Tened cuidado. No seremos las últimas”, dijo. 

Desmontar los mitos sobre Negrín

Francisco de Zárate señala que en el cómic no quisieron responder a las leyendas negras para no darle más peso, ya que consideran que con la propia biografía del personaje se desmontan. Una de ellas es la del oro. “En los documentos que las autoridades franquistas recibieron por insistencia de Negrín quedó demostrado que las reservas del Banco de España se emplearon íntegramente en el esfuerzo de la guerra”, recoge el cómic. Un dato que se puede comprobar además en los documentos que atesora la Fundación Juan Negrín, que realiza un trabajo de divulgación y de estudio de los documentos de la II República y de la biblioteca del expresidente. Además, Moscú se quedó sin cobrar los 50 millones en créditos concedidos a la República, lo que desmonta una supuesta conspiración con los soviéticos para robar el oro español. 

Otro de los mitos que se han difundido con los años tiene que ver con la pérdida de vidas por su resistencia. De Zárate insiste en que Negrín esperaba esa ayuda de Francia o Inglaterra, pero además Franco siempre se negó a negociar una rendición en la que se acordara el respeto a las personas que habían sido leales al Gobierno de la República, por lo que no podía producirse una rendición en esos términos. En el cómic se recogen los “13 puntos de Negrín” y que sirvieron como testimonio de sus principios democráticos.    

El reto de traducir al lenguaje del cómic

Los autores se han enfrentado al reto de traducir al lenguaje del cómic cientos de páginas de la historia más dura de España. Para apoyarse y documentarse han utilizado la biografía de Enrique Moradiellos, de la Real Academia de la Historia y el tratado de la Guerra Civil de Helen Graham. “El cómic permite aportar información no solo descriptiva, por ejemplo, del avión con el que Negrín viajó cuando salió de España, sino información emocional de cómo se vivía cada momento”, resume de Zárate, que se define como traductor de la historia al lenguaje del cómic. Considera que este tipo de narración permite acercar la figura de Negrín a un perfil de público que quizás no se habrían leído una biografía de 300 páginas. Por ello, celebra la oportunidad que puede suponer el cómic para que su historia sea conocida o se pueda trabajar en un aula. 

“Ojalá el libro ayude a que personas que no conocen en profundidad la vida y obra de Negrín se interesen y la descubran. Es lo que me pasó a mí, entonces confío que a algunos lectores les pasará”, señala Fer Calvi, quien explica que la elaboración de las viñetas tiene su parte trabajosa, “todos los cómics la tienen, pero particularmente los históricos”, pero en especial una gran parte del trabajo es el proceso de documentación: “buscar referencias gráficas para todo, máquinas, paisajes, personas, vestidos, etc ya que nada se podía dibujar sin una referencia histórica fiable”. Se trata de una cuestión a la que se enfrentan “quienes hacen cómics históricos siempre y se termina disfrutando”, apunta. A Francisco de Zárate, encargado de la parte de narración, se le debe la parte de síntesis, algo a lo que está acostumbrado por su profesión periodística y porque lleva diez años trabajando en periodismo de historietas. 

Un cómic que aborda todas las etapas de Negrín

Pese a que la etapa de la Guerra Civil centraliza gran parte del cómic, en sus páginas se repasa toda su biografía, desde la descripción de sus padres; su madre (María Dolores López Marrero) venía de una familia propietaria de terrenos agrícolas y su padre aunque no venía de una familia acomodada hizo dinero antes de casarse gracias al comercio de frutas, fincas y solares. También ahondan en la juventud de Negrín, su importante etapa de formación en Alemania. “Era un investigador muy importante, pero también destacó como formador de investigadores”, destaca de Zárate. De hecho, nada más regresar de Alemania puso en marcha, por encargo del propio Ramón y Cajal, el laboratorio de Fisiología General en Madrid y tuvo un papel central en la constitución de la ciudad universitaria antes de la guerra. 

“Me pareció mientras iba leyendo sobre él, que tenía una resistencia sobrehumana, con la responsabilidad tan gigantesca que tenía encima, nunca huyó de su responsabilidad y siempre tomó las decisiones que él creía que favorecía al interés general”, apunta el escritor de la historieta. Confiesa que, como le ocurrió cuando leyó el Quijote, la muerte del personaje le llama mucho la atención ya que se encuentra “triste” en el final de su etapa. “Estaba triste y es una muestra más de que era un ser humano, maravilloso, pero un ser humano con su fragilidad y que resistió muchísimo”, concluye de Zárate. 

Las Casas Consistoriales de Las Palmas de Gran Canaria acogen durante el mes de marzo una exposición sobre esta historieta, publicada por la Fundación Canaria Cine+Cómic. Cuarenta paneles que erigen en este lugar céntrico de la ciudad donde nació Negrín cuentan la historia de este personaje."                    (Jennifer Jiménez  , eldiario.es, 4 de marzo de 2023)

19/7/16

Al terminar las fiestas de los sanfermines se dio luz verde al golpe de estado contra la república española. El de los que le dieron la victoria a Franco, el de los carlistas, el de los navarros... la 'carlistada' vasco-navarro-catalana, y hasta hoy

"Al terminar las fiestas de los sanfermines que convocaban a buena parte de la oficialidad y los mandos militares de la ciudad se dio luz verde a una de las más grandes tragedias jamás conocidas: el golpe de estado contra el legítimo gobierno de la república española.

El alzamiento, la cruzada o la sublevación tuvo un especial protagonismo en Navarra. Y esto sucedió porque el gobierno de la república nombró al General Mola como gobernador militar de Pamplona -supuestamente para alejarlo del cuartel general de Madrid donde se le identificó como un potencial conspirador.

Este personaje nacido en Placetas (Cuba) e hijo de un capitán de la Guardia Civil era realmente el cerebro y planificador de la asonada. El golpe se había preparado con meses de antelación pues la derecha hablaba sin tapujos de tomar medidas contundentes para “salvar a España de la debacle”. Los militares pro monárquicos, los falangistas o los militantes de la CEDA, los católicos tradicionalistas, los carlistas solían reunirse a conspirar en clubes, los casinos, los cafés y los hoteles.

 En cualquier ciudad o pueblo de España se repetía el mismo escenario donde los burgueses, aristócratas, curas y militares de alta graduación estaban decididos a tumbar al gobierno del Frente Popular recién salido de las urnas. La república encarnaba las fuerzas del mal, el mismísimo demonio, los herejes de la anti España que atentaban contra sus símbolos más sagrados, los comunistas ateos, los anarquistas que quemaban iglesias o fusilaban curas y monjas.

 Acusaban a los republicanos de promover la revolución bolchevique, poner en marcha la dictadura del proletariado, la reforma agraria, la colectivización, abolir la propiedad privada y decretar la laicidad. España estaba en peligro y había que salvarla del naufragio. Se necesitaba un redentor que recuperara el espíritu de ese glorioso pasado imperial que un día dio luz al mundo con el descubrimiento de América y las gestas de los conquistadores.

El Hotel la Perla, el Café Iruña y el Nuevo Casino ubicados en la plaza del Castillo de Pamplona eran los lugares donde se reunían los conspiradores. En los salones del Hotel la Perla despachaba el general Emilio Mola que había trabado amistad con los falangistas, carlistas, requetés, y monárquicos. José Moreno su propietario estaba afiliado a la Falange Española y era el jefe territorial de la misma.

  Mola se confesaba un partidario dictadura militar bajo la tricolor republicana . Los Carlistas, por el contrario, exigían para sumarse al levantamiento la disolución de los partidos políticos, la defensa del catolicismo (humillado y herido) y el nombramiento de Sanjurjo como presidente. Las negociaciones eran muy tensas y en muchas ocasiones irreconciliables pero con el asesinato de Calvo Sotelo se llega a un acuerdo temporal con la promesa de resolver los puntos más álgidos una vez acabada la contienda.

Los seguidores del Frente Popular igualmente se daban cita en el hotel al Perla pues muchos solían allí alojarse o pasar largas horas de tertulia en el restaurante o en el cercano café Iruña. Ellos también se aprestaban a intervenir para contrarrestar las maquiavélicas intenciones de los golpistas. 

Este hotel era muy frecuentado por las fuerzas vivas de la ciudad de Pamplona ya sean de la derecha o de la izquierda. Recordemos que en el hotel la Perla se realizó el acto de fundacional de la Falange Española con la presencia de José Antonio Primo de Rivera y en otras ocasiones se alquilaban sus salones al PNV para celebrar el Aberri Eguna.

Ante el clima de crispación e incertidumbre el gobierno de la República envió al general Batet para intentar calmar los ánimos exaltados de los militares navarros. En el monasterio de Irache se reúne con Mola y mantienen un agrio encuentro en el que incluso llegaron a las manos puesto que su superior le exigía fidelidad a la república “yo lo que le aseguro es que no me lanzó a ninguna aventura”- le contesto Mola haciendo gala de su carácter cínico y perverso. 

El monasterio fue cercado por orden del alcalde nacionalista de Estella el señor Fortunato Aguirre que mandó guardias de asalto parta detener al conspirador. Pero el gobernador Civil lo desautorizó tras consultar con el presidente de gobierno Casares Quiroga.

El 19 de julio bien temprano llegan autobuses y camiones cargados con requetés procedentes de todos los rincones de Navarra. Son miles de jóvenes tocados con boinas rojas que forman disciplinados en la plaza del Castillo. El carlista Ignacio Baleztena ya tenía listos los fusiles polacos adquiridos de contrabando para repartirlos entre los alzados.

También se hacen presentes los falangistas aunque en menor proporción. Los miles de voluntarios estaban dispuestos a marchar al frente de batalla y entregar su vida por Dios y por España y por el rey. De inmediato se desplegaron en la plaza del Castillo las enseñas rojigualdas, así como las banderas falangistas y carlistas. Tampoco faltaban las cruces y los emblemas de Cristo Rey o las alusiones a San Fermín.

 Un grupo de “Margaritas” (colectivo femenino carlista) salieron en procesión junto a la turba emocionada gritando vivas a España presas de amor patrio. La casa de los Baleztena (situada también en la plaza del Castillo) se había convertido en providencial refugio para todos aquellos que deseaban unirse a la insurrección e igualmente en sala de prensa donde se entregaban los comunicados oficiales.

Aunque la asonada militar ya había comenzado el 18 de julio en Ceuta y Melilla el general Mola -Auténtico cerebro del golpe de Estado- esperó hasta la madrugada del 19 de julio para dar la orden de ataque a las huestes fascistas.

En la mañana del 19 de julio Franco impaciente llama por teléfono a Pamplona con la intención de hablar con el general Mola (el director) para informarle que por ahora solo se habían sublevado Melilla y Pamplona. Pero Mola no atendió la llamada pues estaba en la plaza del Castillo pasando revista a las tropas. Por fin cuando fue localizado tomó el teléfono en el vestíbulo del hotel la Perla y atónito escuchó a Franco decir que el golpe había fracasado recomendándole abortarlo pues el gobierno de la república había resistido el envite. 

Ante la actitud tan pesimista este le respondió: “Francisco, tu haz lo que quieras, pero en la plaza del Castillo hay miles de hombres listos para luchar y me están diciendo que por Dios y por España ¡adelante! Así que yo con ellos estoy, y esto ya es imparable” Ante una respuesta tan contundente el joven general Franco no tuvo más remedio que contestarle: “pues si tú estás dispuesto a seguir yo no voy a ser menos”.

La táctica del general Mola no contemplaba ni una pizca de misericordia: “es necesario utilizar el terror eliminando sin escrúpulos y sin vacilación a los enemigos. Todo aquel que no piense como nosotros es un sospechoso de ser simpatizante de la República o de apoyar el FP y por lo tanto debe ser fusilado”.

 “La represión ha de ser en extremo violenta para desmovilizar el enemigo que es fuerte y está bien organizado” “serán encarcelados todos los líderes de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos con el alzamiento” “Se aplicarán castigos ejemplares para prevenir los actos de rebeldía o las huelgas”.

Los republicanos intentan reaccionar pero no lo consiguieron pues habían perdido la iniciativa desbordados por unas fuerzas muy superiores. El PNV contaba con muchos adeptos en Navarra pero ante la vertiginosa ascensión de los traidores argumentaron que su ideología católica y fiel a los fueros les obligaba a mantenerse neutrales. Más adelante muchos de sus afiliados se unirían a los requetés y al franquismo.

En Navarra la sanguinaria maquinaria de guerra se puso en marcha y no se hicieron esperar las detenciones, juicios sumarísimos, fusilamientos, las torturas, los tiros en la nuca y desapariciones forzadas.

En un gran mapa de España colocado en el vestíbulo del Hotel la Perla el general Mola comenzó a colocar las banderas triunfantes: una en Pamplona y otra en Melilla. Lo demás estaba bajo el dominio de la república. Pero él sabía que poco a poco irían cayendo las distintas guarniciones militares pues contaba con el apoyo de oficiales de alto rango que le habían jurado fidelidad.

Los Carlistas ya habían pagado a un piloto para que transportara al general Sanjurjo -originario de Pamplona- (el León del Rif) exiliado en Estoril. Él tenía según lo acordado que asumir el puesto de comandante del “movimiento nacional” por ser el general de más prestigio. Pero el día 20 de julio el avión que lo iba a conducir de Estoril hasta Burgos sufre un accidente y muere carbonizado. Ahora Mola y Franco se disputarían el liderato.

Los golpistas estaban confiados en que la república caería en un par de semanas pues creyeron que el pueblo no iba prestar resistencia pues carecían de armas y experiencia militar para afrontar tamaño desafío. Pero se equivocaron pues en defensa de la república se alistaron miles de milicianos y combatientes dispuestos a plantarle cara al fascismo.

Comenzó entonces una penosa guerra que se prolongaría durante tres años sembrando la muerte y destrucción por toda la geografía española en uno de los episodios más trágicos de la historia contemporánea."                   (Carlos de Urabá , Rebelión, 18/07/16)

18/12/15

Los habitantes de Otero eran pobres, pero no penetraban en el infierno del hambre extrema... hasta que llegó la Desamortización

"(...) Durante la primera mitad del siglo XIX, Otero de Herreros (un municipio de unos ochocientos vecinos) tenía una economía de subsistencia basada en la actividad agropecuaria. 

Las pequeñas rentas individuales se redondeaban, como en el Antiguo Régimen, gracias a la explotación por los vecinos de los bienes comunales. En primer lugar, los frutos del uso del agua, la recogida de leña y el pastoreo eran recursos gratuitos para los campesinos y jornaleros por su aprovechamiento de los bienes del común.

 Por otro lado, los bienes de propios (mediante cesión onerosa a terceros del patrimonio municipal reservado a tal efecto) proporcionaban al Ayuntamiento unos ingresos que le permitían mantener el modesto patrimonio urbano y sus servicios (como la escuela de niños) y aliviar las cargas tributarias de los vecinos. 

Los habitantes de Otero eran pobres, pero –salvo en los casos de graves inclemencias meteorológicas– no penetraban en el infierno del hambre extrema y sus miserias concomitantes.

Sin embargo, las rutinas de la pequeña localidad segoviana desaparecieron bruscamente en 1855, con la desamortización de los bienes municipales auspiciada por el ministro liberal Pascual Madoz. En esa fecha, comenzaron a pasar a manos privadas los montes, prados, dehesas boyales, e incluso una parte estimable del patrimonio urbano de Otero. 

La subasta de los bienes comunales (entre otros terrenos, el que responde al extravagante nombre de Meadero de los machos) prosiguió sin solución de continuidad, culminando en el despojo total de la comunidad de vecinos, hasta la Dictadura de Primo de Rivera (bienintencionada, en este apartado, merced a la política municipal de Calvo Sotelo, si bien con escasos resultados en la práctica). 

En la lista de los ganadores figuraban los principales miembros de la oligarquía burguesa de la capital de la provincia (juristas y comerciantes, sobre todo), como el famoso abogado y sabio local Carlos de Lecea.

 Sin olvidar a los pocos campesinos acomodados del propio Otero, que controlaban el gobierno municipal, siendo esta desigualdad doméstica la que elevó hasta un grado de calor explosivo el clima de tensión social y política que hacía irrespirable el aire del pueblo.

 A la mayor parte de los vecinos se la privó de sus medios tradicionales de subsistencia, con la circunstancia agravante de que los nuevos propietarios de los terrenos parasitaron aún más la economía municipal con sus delirios de grandeza y su falta de iniciativa para modernizar la vida local a través de sus cuantiosas adquisiciones en el municipio.

Había ganas de revancha en el pueblo. La antigua armonía vecinal se había fundido en una olla a presión. Y la tapa estaba a punto de volar por los aires. 

El odio a los poderosos dio sus primeros frutos a partir de 1931, con la llegada de la Segunda República. Los humillados –casi todos los vecinos– no escatimaron medios para darle la vuelta a la tortilla. Lo primero que hicieron fue controlar el Ayuntamiento y utilizar el poder municipal para castigar a los caciques, especialmente a los domésticos (y a sus clientes y empleados), así como a la Iglesia local. 

En esta labor de acoso –y, en ocasiones, de puro matonismo– destacaron los vecinos afiliados al Partido Radical Socialista y el Ayuntamiento paralelo organizado por los militantes de la UGT y de la Casa del Pueblo. Todo ello bajo el telón de fondo de la legislación agraria del primer bienio republicano, que luego quedaría en nada gracias a los amigos políticos en Madrid de la oligarquía segoviana. 

Pero, volviendo a Otero, el rencor popular pasó a ser venganza, y la creciente prepotencia de los nuevos ricos se convirtió, antes de la irrupción del terror falangista contra los jornaleros locales, en angustia de los privilegiados y expoliadores. Para estos últimos pintaban bastos, mientras que los campesinos y jornaleros extenuados por casi un siglo de abusos señoriales se afanaban en recuperar sus tierras expropiadas.

Vino el 18 de julio de 1936 y la violencia truncó las ilusiones revolucionarias: juicios militares sumarísimos, numerosas penas de cárcel para los gamberros (en palabras del Marqués de Lozoya), y cinco asesinatos de republicanos a manos de los militares rebeldes y sus aliados de Falange.

 El tiempo retrocedió, la propiedad –después de las zozobras republicanas– se consolidó en los registros de los beneficiarios ilegítimos del proceso desamortizador (con efectos de futuro a favor de sus herederos) y resucitó en este humilde pueblo de Segovia  la sumisión y el silencio forzoso. Este segundo elemento se extinguió (no del todo) con la muerte de Franco. 

Pero el primero –la estructura jurídica de la propiedad– ha permanecido intacto hasta el año 2015. No se trata de nada retórico. Los dueños del antiguo patrimonio vecinal o de su producto son ahora los sucesores de los beneficiarios de la Ley Madoz. 

Naturalmente, hoy sería absurdo remover los títulos dominicales. Pero –y en esta conclusión reside el gran mérito del paciente trabajo de Javier Monjas– no se debe añadir una segunda injusticia –la del olvido– a la primera, la del gran despojo patrimonial que unos señoritos con dinero cometieron contra sus vecinos más humildes e indefensos. 

Dicen que el tiempo lo cura todo. Estoy de acuerdo. Pero a condición de que el sonido de la verdad histórica sea más potente que el de las agujas del reloj."               (Félix Bornstein, Cuarto Poder, 20/10/2015)

24/6/14

Juan March 'engrasó' a Franco con 316 millones (de euros de hoy), para comprar aviones, y...

"(...) La Segunda República ha dado origen a una literatura inabarcable. La cruenta dictadura que le sucedió estableció un canon para justificar la sublevación y la guerra civil. Sus puntos esenciales han vuelto a aflorar. Son perennes. 

Anarquía y desbarajuste continúan siendo los motivos dominantes. Ni rastro de las obras críticas (Rafael Cruz, Francisco Espinosa, José Luis Ledesma, Paul Preston, Francisco Sánchez Pérez, entre muchos otros) que han ahondado en lo que había detrás. La autoridad inmarcesible es Stanley G. Pa yne.

Ahora bien, los comentaristas y políticos (no citaré nombres excepto el de Doña Esperanza Aguirre) han pasado sobre ascuas sobre algunos descubrimientos más o menos recientes.

El primero, señalado por José Ángel Sánchez Asiaín (de la Real Academia de la Historia), es que la conspiración monárquica contra la República empezó el a l atardecer del mismo 14 de abril de 1931, a las pocas horas de su proclamacion. Es lo que se dice vulgarmente, correr.

El segundo, siempre menospreciado, es la inmediata animadversión que la República produjo en el líder de la potencia revisionista por excelencia, Italia, documentada Morten Heiberg. Con consecuencias operativas inmediatas que pocos autores de corte “aguirriano” se han molestado en escudriñar.

Estas consecuencias se tradujeron, tras múltiples contactos, en el famoso acuerdo entre militares, monárquicos y carlistas con Mussolini de 31 de marzo de 1934, es decir, mucho antes de la “revolución de octubre”. 

Las implicaciones tampoco suelen destacarse: en España gobernaba el centro lerrouxista, con el apoyo parlamentario de la CEDA, y el ministro de la Gobernación, Rafael Salazar Alonso, se distinguía por la combinación de la mano dura y sus constantes provocaciones a las izquierdas en el marco de una reversión implacable de las previas reformas económicas, sociales y laborales (estudiadas entre otros recientemente por Julio Aróstegui y Ricardo Robledo). 

Que Ismael Saz, Eduardo González Calleja, amén de Sánchez-Asiain, hayan iluminado este vector no importa. Tampoco que ello conllevara un rápido proceso de fascistización de las derechas, en particular las monárquicas. El pensamiento subyacente lo han explicado Raúl Morodo, González Calleja y, muy recientemente, Ferran Gallego. Pero, ¿quién lee estas cosas?

Francisco Franco en campaña

Con todo, hay que juzgar la acción, y en función de ella la retórica y las “ideas”. Desde esta perspectiva tiene mayor importancia el que, fracasados los intentos de anular el resultado de las elecciones de febrero de 1936, monárquicos y militares se dedicaran inmediatamente a negociar la adquisición de modernísimo material de aviación con la Italia fascista, gracias a un préstamo de Juan March equivalente a unos 316 millones de euros de hoy. Una fruslería.

 El importe total de los aviones, municionamiento y utillajes, de los cuales una primera remesa debía enviarse urgentemente en el curso del mes de julio, ascendió a 339 millones. Los contratos correspondientes se firmaron en Roma el día 1. Para entonces Calvo Sotelo y Gil Robles habían pronunciado discursos espeluznantes denunciando el estado en que se encontraba España. 

La benemérita (porque no deja de fabricar historiadores anti-franquistas) Fundación Nacional Francisco Franco se ha hecho eco de ello en estos días. ¡Que no se olvide!

Está por ver si las negociaciones fueron conocidas de Alfonso XIII o de su hijo, Don Juan de Borbón. En cualquier caso hay indicios de que no las ignoraban personajes monárquicos tan relevantes como el general Alfredo Kindelán (uno de los destructores de Gernika y “engrasado” por March en los primeros años de la segunda guerra mundial), el “Técnico” de la conspiración, teniente coronel Valentín Galarza (igualmente agraciado) o el diplomático monárquico José Antonio Sangróniz).

De todo esto no se ha dicho una palabra en la “épica” pero es indudable que sobre los monárquicos recae, en gran medida, la responsabilidad por la guerra civil. Es un tema que hay que ocultar a cualquier precio. (...)

 Pero si uno se retrotrae al período comprendido entre diciembre de 1935 y junio de 1936, se detecta un análisis de la situación española dirigido a la población y a crear (con la ayuda de pistoleros falangistas pagados también por los monárquicos hasta el punto de solicita ayuda financiera a Italia, que no la dio) la sensación de un “estado de necesidad” agudo que justificase la insurrección.

La insistencia en un golpe revolucionario inminente, la denuncia de los aviesos designios de Moscú sobre España y el seguidismo de la propaganda que esparcía el maestro Goebbels fueron siempre en tal dirección. Claro que el propietario de ABC, el marqués de Luca de Tena, se guardó de revelar su papel en la trama civil de la conspiración y, por supuesto, dio gato por liebre a cualquier explicación que no encajara con el canon franquista. (...)"             (Exaltación monárquica e historia, de Ángel Viñas en El Confidencial, en Caffe Reggio, 19/06/2014)

7/5/14

¿Por qué hubo una Guerra Civil en España?

"(...) 1. ¿Por qué hubo una Guerra Civil en España?
 
En 1936 había en España una República, cuyas leyes y actuaciones habían abierto la posibilidad histórica de solucionar problemas irresueltos, pero habían encontrado también, y provocado, importantes factores de inestabilidad, frente a los que sus gobiernos no supieron, o no pudieron, poner en marcha los recursos apropiados para contrarrestarlos.


La amenaza al orden social y la subversión de las relaciones de clase se percibían con mayor intensidad en 1936 que en los primeros años de la República. La estabilidad política del régimen también corría mayor peligro. El lenguaje de clase, con su retórica sobre las divisiones sociales y sus incitaciones a atacar al contrario, había impregnado gradualmente la atmósfera española.

 La República intentó transformar demasiadas cosas a la vez: la tierra, la Iglesia, el Ejército, la educación, las relaciones laborales. Suscitó grandes expectativas, que no pudo satisfacer, y se creó pronto muchos y poderosos enemigos.

La sociedad española se fragmentó, con la convivencia bastante deteriorada, y como pasaba en todos los países europeos, posiblemente con la excepción de Gran Bretaña, el rechazo de la democracia liberal a favor del autoritarismo avanzaba a pasos agigantados. Nada de eso conducía necesariamente a una guerra civil.

 Ésta empezó porque un golpe de Estado militar no consiguió de entrada su objetivo fundamental, apoderarse del poder y derribar al régimen republicano, y porque, al contrario de lo que ocurrió con otras repúblicas del período, hubo una resistencia importante y amplia, militar y civil, frente al intento de imponer un sistema autoritario.

 Sin esa combinación de golpe de Estado, división de las fuerzas armadas y resistencia, nunca se habría producido una guerra civil. 

Vista la historia de Europa de esos años, y la de las otras República que no pudieron mantenerse como regímenes democráticos, lo normal es que la República española tampoco hubiera podido sobrevivir. Pero eso no lo sabremos nunca porque la sublevación militar tuvo la peculiaridad de provocar una fractura dentro del Ejército y de las fuerzas de seguridad.

 Y al hacerlo, abrió la posibilidad de que diferentes grupos armados compitieran por mantener el poder o por conquistarlo. El Estado republicano se tambaleó, el orden quebró y una revolución radical y destructora se extendió como la lava de un volcán por las ciudades donde la sublevación había fracasado.

 Allí donde triunfó, los militares pusieron en marcha un sistema de terror que aniquiló físicamente a sus enemigos políticos e ideológicos. Era julio de 1936 y así comenzó la Guerra Civil española. (...)

4. ¿Por qué se movilizaron tantos extranjeros en la guerra española?

Dentro de esa guerra internacional en suelo español hubo varias y diferentes contiendas. En primer lugar, un conflicto militar, iniciado cuando el golpe de Estado enterró las soluciones políticas y puso en su lugar las armas. Fue también una guerra de clases, entre diferentes concepciones del orden social, una guerra de religión, entre el catolicismo y el anticlericalismo, una guerra en torno a la idea de la patria y de la nación, y una guerra de ideas que estaban entonces en pugna en el escenario internacional.

 En la guerra civil española cristalizaron, en suma, batallas universales entre propietarios y trabajadores, Iglesia y Estado, entre oscurantismo y modernización, dirimidas en un marco internacional desequilibrado por la crisis de las democracias y la irrupción del comunismo y del fascismo. Por eso tanta gente de diferentes países, obreros, intelectuales y escritores, se sintió emocionalmente comprometida con el conflicto.

5. ¿Por qué ganó Franco la guerra?

Los militares sublevados en julio de 1936 ganaron la guerra porque tenían las tropas mejor entrenadas del ejército español, al poder económico, estaban más unidos que el bando republicano y los vientos internacionales soplaban a su favor. Después de la Primera Guerra Mundial y del triunfo de la revolución en Rusia, ninguna guerra civil podía ser ya sólo “interna”.

 Cuando empezó la Guerra Civil española, los poderes democráticos estaban intentando a toda costa “apaciguar” a los fascismos, sobre todo a la Alemania nazi, en vez de oponerse a quien realmente amenazaba el equilibrio de poder. La República se encontró, por lo tanto, con la tremenda adversidad de tener que hacer la guerra a unos militares sublevados que se beneficiaron desde el principio de esa situación internacional tan favorable a sus intereses.

La victoria incondicional de las tropas del general Francisco Franco, el 1 de abril de 1939, inauguró la última de las dictaduras que se establecieron en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. La dictadura de Franco, como la de Hitler, Mussolini u otros dictadores derechistas de esos años, se apoyó en el rechazo de amplios sectores de la sociedad a la democracia liberal y a la revolución, quienes pedían a cambio una solución autoritaria que mantuviera el orden y fortaleciera al Estado.  (...)"          (Julián Casanova, El País, 01 de abril de 2014)