30/12/16
FMI: cuanto mayor es la libertad de movimientos del capital más elevada es la desigualdad
30/12/11
"Las inyecciones de dinero barato no incrementan las inversiones productivas porque los bancos emplean los fondos en sanear sus cuentas"
Los beneficios empresariales no se destinaron a inversión productiva, sino a una economía especulativa favorecida por el dinero barato. Y la brutal desregulación de los mercados financieros dio lugar al crac bursátil del 29, y a la crisis financiera generada por los productos de alto riesgo vinculados a las hipotecas, en 2008. (...)
Pero la base del problema fue -y es ahora- la desigualdad en el reparto de la riqueza. Sin poder de compra en manos de amplias capas de la sociedad, la crisis de demanda era inevitable. Ya en 1925 disminuyeron la fabricación de automóviles y la construcción residencial, haciendo caer los precios, llevando al progresivo cierre de fábricas y al desempleo.
Hoy la caída de la demanda se ha visto ralentizada a causa del artificial poder de compra generado en la etapa de los créditos baratos. Lo cierto es que a finales del siglo XX, por primera vez después del pacto social nacido tras la Segunda Guerra Mundial, un crecimiento económico sostenido varios años, aun siendo superior la población activa, no ha implicado incremento de la participación salarial en la renta, debido a la aplicación de políticas fiscales y económicas que benefician a las rentas del capital, en España, Europa y EE.UU.
La opción ortodoxa para salir del estancamiento, a modo de impuesto revolucionario, ha consistido en inyectar dinero barato a los bancos, para que éstos, en teoría, lo repercutan en consumidores y empresas, y ello a pesar de que Keynes ya había advertido de la asimetría existente en la política monetaria.
Porque cuando el banco central reduce la oferta monetaria, sí se disminuye el volumen de préstamos. Pero no al contrario; las inyecciones de dinero barato no incrementan las inversiones productivas porque los bancos emplean los fondos en sanear sus cuentas. El monetarismo sólo sirve para trasvasar dinero público a las entidades bancarias, y sin que nadie alce la voz.
De la Gran Depresión de los años treinta se salió con inversión pública para estimular la demanda, mediante la creación de instituciones de protección social, base de un incipiente Estado de bienestar, supervisando el sistema financiero y creando empleo público; justo lo que los defensores de las políticas de austeridad, con mayor influencia y poder que nunca, se niegan a aplicar ahora.
La I Guerra Mundial fue conocida como Gran Guerra hasta que hubo una Segunda. Esperemos que la actual crisis no pase a los libros de historia como II Gran Depresión." (Rebelión, 30/12/2011, 'Equivalencias', de
15/12/11
Nosotros tenemos que trabajar para reconvertir la renta privada en renta social: por la socialización de la deuda, por la reactivación de la demanda y los consumos de los bienes socialmente útiles... Algunas de las consignas de la lucha de estos años, desde la renta mínima garantizada a la tasa Tobin, van ya en esta dirección
Es cierto, en el sentido de que debemos reintroducir la solidaridad en la medida justa, a la altura de las contradicciones producidas por la crisis. La resocialización de la deuda y la función original de los bancos es un camino para doblegar a nuestro favor la financiarización de la capital, luchando en su terreno.
Sin embargo, ¿la financiarización se puede detener? ¿Se puede invertir su marcha? Has explicado muy bien que la economía financiera ya no es separable de la economía real y se basa en la implicación activa de los comportamientos y modos de vida de la gente común: los consumidores que utilizan tarjetas de crédito para las compras, los asalariados que lidian con los fondos de pensiones, la clase media ahogada por los préstamos hipotecarios, los pobres que se endeudan poniendo como única garantía su "vida desnuda".
Si es así, ¿se puede desfinanciarizar, al menos en parte, el sistema, o sólo se pueden sanear los abusos de los bancos? Si la producción y el consumo están tan entrelazados con la deuda, ¿es posible evitar una salida recesiva y depresiva de la crisis?
La desfinanciarización del capitalismo la está preparando el proprio capitalismo tanto en forma recesiva de reducción de la deuda, como acabamos de decir, lo que deprime la demanda y los consumos, como en forma de disciplina de la culpa, que deprime las existencias.
En cambio, nosotros tenemos que trabajar para reconvertir la renta privada en renta social: por la socialización de la deuda, por la reactivación de la demanda y los consumos de los bienes socialmente útiles, por la reapropiación del espacio público, por la reconstrucción de la socialidad y la felicidad colectiva.
Lo común es esto y no hay otra forma de salir de esta espiral autodestructiva de la financiarización. Algunas de las consignas de la lucha de estos años, desde la renta mínima garantizada a la tasa Tobin, van ya en esta dirección.
¿Y qué piensas de la reivindicación al derecho a la insolvencia? En los movimientos se presenta como un derecho de resistencia contra la financiarización de la vida; muchos economistas creen que es una medida demagógica; otros lo ven como una oportunidad de restablecer la soberanía nacional cancelada por la tecnocracia europea.
Creo que es justa sólo si se convierte en una medida subjetiva y contextual, no si se deja en manos de los Estados. Te pongo un ejemplo: en los Estados Unidos está madurando desde hace mucho tiempo una burbuja de becas, que equivale aproximadamente a la mitad del volumen de hipotecas de alto riesgo (subprime): en ese caso, los estudiantes y sus familias han de ejercer sin duda el derecho a la insolvencia para distinguir la deuda legítima de la ilegítima.
Sin embargo, no les confiaría a los Estados ese derecho, ni a sus veleidades para volver a hallar así la soberanía nacional perdida." (Rebelión, 09/12/2011, 'Entrevista con el economista Christian Marazzi: Estado de la deuda, ética de la culpa,Ida Dominijanni,Il Manifesto)
11/5/09
El final de la revolución conservadora, de la desregulación, de las privatizaciones
En un Reino Unido quebrantado por las políticas asistenciales del Partido Laborista, la doctrina neoliberal alienta la iniciativa privada. Como setas tras una noche de lluvia, surgen las pequeñas empresas. Un resurgir facilitado por la demolición de las cuotas fiscales, la más elevada de las cuales queda reducida al 40%, y por la privatización de los bienes estatales.
Durante varios años, Reino Unido vende sus joyas: escuelas, parques, hospitales, y hasta los transportes y la telefonía acaban en manos privadas. Las cajas del Estado se hinchan y la política monetaria se convierte en un ejercicio contable, tal y como había sugerido el gurú del neoliberalismo, Milton Friedman, el economista más admirado por la Dama de Hierro.
Había terminado la era en la que se imprimía papel moneda para que tirase del vagón del Estado, y con ella las oleadas de inflación galopante.
Pero si alguien se beneficia mayormente de las nuevas políticas ése es el sector financiero. Con su Bing Bang, Margaret Thatcher abre las puertas de la City de Londres a los banqueros europeos y americanos. Un conjunto de desgravaciones fiscales, de incentivos monetarios y de relajación de controles transforma a la capital británica en el centro de negocios más dinámico y codiciado del mundo. Es el inicio de la desregulación.
El caballo de batalla del nuevo sistema económico pasa a ser la privatización, un virus entero y verdadero. Desde Londres, los bancos internacionales guían su contagio embolsándose cifras de vértigo mediante sus asesorías.
El modelo thatcheriano se presenta como el esquema económico de la globalización, un modelo que, sin embargo, funciona sólo en algunos países y que no resiste la prueba del tiempo. En Rusia crea la casta de los oligarcas; en Estados Unidos da vida a los abusos financieros que han arrastrado a la economía mundial a la recesión, y hasta en Reino Unido la herencia de la Thatcher consiste en el caos económico." LORETTA NAPOLEONI: Adiós a la Dama de Hierro. El País, ed. Galicia, Opinión, 09/05/2009, p. 29 )
