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19/2/24

¿Cuál cree que es la principal ventaja de la democracia frente a la dictadura? No creo que la democracia conduzca a un mayor crecimiento, menos corrupción o menos desigualdad. No hay pruebas de ninguna de estas cosas. Para decirlo quizás con demasiada fuerza, creo que la democracia no tiene ningún efecto sobre ningún fenómeno social real, pero sí permite a la gente, a nivel puramente personal, sentirse mejor al acceder a información más diversa, y expresar cualquier opción que tenga. (Nótese que esta libertad sólo se aplica a la esfera política, no al lugar de trabajo, que en las democracias capitalistas se gobierna dictatorialmente)... La libertad de “equivocarse”: la única ventaja real de la democracia... se equipara el proyecto liberal moderno con el proyecto comunista... En ambos casos, se supone que una determinada visión del mundo se basa en la comprensión científica de cómo funciona el mundo, y todos los que no lo ven de esa manera deben ser "reeducados"... La ideología liberal expansiva crea conflictos innecesarios al insistir en que en todas las cuestiones políticas y sociales importantes la gente debe compartir la misma opinión, y al denigrar a quienes no lo hacen... No debemos temer la polarización y el desacuerdo... Entre la uniformidad de opinión que se impone a través del control de los medios de comunicación (personificada por la televisión) y la pluralidad, o incluso la multitud infinita, de puntos de vista que ofrecen las cámaras de eco de los medios sociales, hay que elegir lo segundo (Branko Milanović)

 "Se juntaron varias cosas. Un amigo me envió este post de N S Lyons. Luego, de forma independiente, se produjo una breve conversación en Twitter sobre las estadísticas que muestran que los jóvenes de hoy en día obtienen casi toda su información de los medios sociales, mientras que los mayores confían (como hacían en el pasado) en la televisión. Y, por último, y quizá para este post lo más importante, mi propia reflexión reciente sobre las siguientes cuestiones: ¿Cuál cree que es la principal ventaja de la democracia frente a la dictadura?

Permítanme empezar por la número 3. Cuando pensé en ello, mi respuesta fue: la libertad de leer y escuchar lo que quiera, y de decir lo que quiera. Y creo que esto es todo. No creo que la democracia conduzca a un mayor crecimiento, menos corrupción o menos desigualdad. No hay pruebas de ninguna de estas cosas. Para decirlo quizás con demasiada fuerza, creo que la democracia no tiene ningún efecto sobre ningún fenómeno social real, pero sí permite a la gente, a nivel puramente personal, sentirse mejor al acceder a información más diversa, y expresar cualquier opción que tenga. (Nótese que esta libertad sólo se aplica a la esfera política, no al lugar de trabajo, que en las democracias capitalistas se gobierna dictatorialmente).

 Pero esa definición de la ventaja de la democracia ha sido atacada recientemente por quienes piensan que las redes sociales conducen a las "noticias falsas", la fragmentación de la opinión pública, la polarización de la política y todo tipo de fenómenos nocivos. Y luego pintan un mundo de fantasía en el que todo el mundo está de acuerdo en todas las cuestiones y defiende los valores liberales en los que cree. Para mí, esto es precisamente el debilitamiento o la destrucción de la parte más (o la única) valiosa de la democracia.

N S Lyons cita in extenso al filósofo político polaco Ryszard Legutko, que equipara el proyecto liberal moderno con el proyecto comunista. Y, en efecto, las similitudes son grandes. En ambos casos, se supone que una determinada visión del mundo se basa en la comprensión científica de cómo funciona el mundo, y todos los que no lo ven de esa manera deben ser "reeducados" o, si se aferran obstinadamente a puntos de vista erróneos, considerados moralmente defectuosos. Así pues, el desacuerdo es con las personas que son cognitiva o éticamente deficientes.

 Escribo esto como alguien que cree en la ilustración y el crecimiento económico. Pero no creo que la gente vaya a tener nunca la misma opinión sobre cuestiones clave relacionadas con la organización de las sociedades. Siempre habrá importantes diferencias de valores y antecedentes. Cualquier intento de imponer los puntos de vista de uno que no sea a través del debate (sin pensar seriamente que se tendrá éxito, véase mi post aquí), o de considerar a los demás como "moralmente desafiados" si no están de acuerdo, no sólo está destinado al fracaso. Es un error. La segmentación del espacio para el discurso público no sólo es inevitable; es, en conjunto, algo bueno. Entre la uniformidad de opinión que se impone a través del control de los medios de comunicación (personificada por la televisión) y la pluralidad, o incluso la multitud infinita, de puntos de vista que ofrecen las cámaras de eco de los medios sociales, hay que elegir lo segundo.

No debemos temer la polarización y el desacuerdo. Son mucho mejores que la unanimidad. Ahora bien, no me estoy refiriendo aquí únicamente a la unanimidad forzada que se deriva de tener un solo periódico y un solo canal de televisión (me recuerda a un viejo chiste comunista. "Acabamos de introducir el segundo canal. ¿Qué hay en el segundo canal? Un funcionario del KGB que dice: "Y a usted, camarada, parece que no le gusta el primer canal..."), sino la uniformidad que proviene del actual proyecto liberal.

 Recuerdo que en los años noventa, una amiga holandesa me señaló a mí, el pagano, las ventajas de la democracia holandesa y la calificó de "vibrante" (por oposición a la unanimidad forzada). Pero cuando aparecieron en escena los "integralistas islámicos", y luego Geert Wilders y gente como él, ya no le pareció tan "vibrante". Lo mismo, sólo que más, ocurre en Francia: de algún modo, los islamistas, Melenchon, Le Pen y les gilets jaunes, aunque todos ellos procedentes de bandos ideológicos muy diferentes, no eran compatibles con esta "vitalidad". Resulta que "vibrante" significaba que todo el mundo estaría de acuerdo con las creencias fundamentales de mi amiga y que la disputa debería centrarse en cuestiones puramente periféricas. Ella representaba la pensée unique que siguió a la caída del comunismo, cuando la visión liberal del mundo y la economía neoliberal se consideraron "normales" y de "sentido común", no una ideología.

Esto fue rudamente desafiado por el Islam (que comprensiblemente en muchos temas tiene una visión totalmente diferente), por la crisis financiera de 2008, por el Sonderweg de China, el ascenso de las democracias iliberales, la presidencia de Trump y luego 75 millones de votos, el abrazo de Rusia al euroasianismo. Es evidente que no refleja las realidades actuales.

 La ideología liberal expansiva crea conflictos innecesarios al insistir en que en todas las cuestiones políticas y sociales importantes la gente debe compartir la misma opinión, y al denigrar a quienes no lo hacen. Muy a menudo sueñan, sobre todo si son mayores, con el regreso de un mundo de tres canales de televisión estadounidenses y dos semanarios que tuvieran siempre las mismas noticias y la misma portada. Esto supuestamente creó un consenso de gente sensata. Pero lo hizo sólo porque los demás no podían opinar. Ese mundo, creo que afortunadamente, nunca volverá porque Internet lo ha hecho imposible. Pero en lugar de pensar que esto es un mal desarrollo, deberíamos abrazar la libertad de pensar lo que queramos, y de decir lo que queramos (por extraño que pueda parecer a los demás). Porque ésta es probablemente la única ventaja real de la democracia."

 (Branko Milanović, Brave New europe, 18/02/24; traducción DEEPL)

4/5/22

Los determinantes políticos de la felicidad

 "Las Naciones Unidas acaban de publicar un informe que cada año produce su Grupo de Trabajo sobre Desarrollo Sostenible (United Nations Sustainable Development Solutions Network) que  ha catalogado a la gran mayoría de países de las Naciones Unidas según su Nivel de Felicidad. 

La edición de este año es la 10ª y su intento ha sido hacer una valoración de 148 países de tal organización por nivel de felicidad. Su intento de definir la felicidad se basa en la propia evaluación de la persona entrevistada, de su situación en la vida actual, así como sus respuestas a situaciones concretas de distinto contenido emotivo que puedan configurar tal medida de felicidad. Los investigadores son científicos sociales de disciplinas variadas que incluyen  primordialmente psicólogos, sociólogos y economistas. Y gran parte de la información ha sido recogida por Gallup World Poll.

LAS ENORMES LIMITACIONES DE UTILIZAR INDICADORES ECONÓMICOS PARA DEFINIR El DESARROLLO HUMANO

El objetivo de este tipo de análisis es presentar una alternativa a la manera más común de analizar el grado de desarrollo de un país centrándose en indicadores económicos, como por ejemplo su nivel de riqueza, medida por su Producto Interno Bruto, qué es el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos en un país en un determinado tiempo. Si el objetivo del desarrollo sostenible es alcanzar el mayor nivel posible de calidad de vida, bienestar y felicidad de las poblaciones actuales y venideras, entonces hay que admitir que la evidencia muestra que muchos de los mayores indicadores económicos que se utilizan hoy para medir el desarrollo son insuficientes, cuando no erróneos. Por ejemplo, ninguno de los países más ricos del mundo, con mayor Producto Interno Bruto (el indicador más frecuente para medir riqueza económica), como son los Estados Unidos no.1 , China no. 2, India no 7, y Rusia no.13, están entre los países más felices del mundo. Antes al contrario, todos ellos están, según este informe, en niveles bajos y la mayoría, muy bajos en este ranking de  felicidad:  Estados Unidos no.16, China no.72, Rusia no. 80 y la India no.136.

Estos países de elevada riqueza tienen modelos económicos distintos e incluso opuestos (ej. EEUU y China), pero todos ellos tienen enormes desigualdades sociales con enorme concentración de las riquezas, generando impactos negativos en el bienestar, calidad de vida y felicidad de la mayoría de sus poblaciones. Y esto sucede, en gran parte, como consecuencia de la excesiva influencia que los super-ricos (billonarios) tienen sobre sus gobiernos. En la lista del número de billonarios (empresarios, gestores, y accionistas de grandes empresas) por país, EEUU es no.1. China es no.2. India es no.3 y Rusia es no.5.

Ejemplos de cómo el poder económico se transforma en poder político de forma perjudicial para la felicidad de la mayoría de la población, son múltiples. Y ello ocurre en países de sistemas económicos distintos e incluso opuestos. En EEUU por ejemplo (el país más rico del mundo y uno de los más desiguales), los poderosos empresarios y dueños de la industria del carbón de aquel país hicieron fracasar la altamente popular propuesta energética del Gobierno Federal (que hubiera aumentado el bienestar, calidad de vida y felicidad de la mayoría de la población), esto debido al voto negativo en el Senado Estadounidense del Senador Manchin, miembro del mismo Partido Demócrata que está gobernando el país. Tal Senador está financiado por tales grupos empresariales de la industria del carbón, lo cual es legal en un sistema político considerado como Estado Liberal Demócrata, en donde la mayoría del sistema electoral está financiado privadamente. En el polo opuesto, en China (también uno de los países con mayores desigualdades), el propio Presidente, el señor Xi Jinping Jen, ha indicado en plena campaña electoral (pues se presenta para reelección de Secretario General del Partido Comunista Chino, el partido gobernante por definición), que por el bien del país, hay que controlar más a los oligarcas (término utilizado en China para definir a los billonarios), temeroso a que tengan excesiva influencia sobre el Estado Chino (que él ha estado presidiendo por muchos años), definido como Estado Popular.

Tampoco es una condición de felicidad el ser muy poderoso y tener gran poderío militar. De nuevo, ninguno de los países que tienen mayor gasto militar está entre los más felices. Antes al contrario, ninguno entre los cuatro países más armados del mundo, Estados Unidos no.1, China no.2, India no.3 y Rusia no.4 (que sumando su gasto militar representan más del 60 % del gasto militar mundial), están entre los países más felices. La mayoría de sus poblaciones dista mucho de ser feliz. En realidad, en muchos de estos países el elevado gasto militar se ha alcanzado a costa de un descenso del gasto público social. Por cierto, el país con menor nivel de felicidad es Afganistán no.146 (el país que ha estado en guerra por más tiempo).

¿CUÁLES SON LOS MÁS FELICES? ¿HAY ALGO EN COMÚN ENTRE ELLOS?

Según el informe, los 10 países más felices del mundo son: Finlandia no.1, Dinamarca no. 2, Islandia no.3, Suiza no.4, Holanda no.5, Luxemburgo no.6, Suecia no.7, Noruega no.8, Israel no.9 y Nueva Zelanda no.10. España por cierto es el no.29, por encima de Italia no.30. Es interesante señalar que tampoco hay una relación entre nivel de felicidad y PIB per cápita. Entre los 10 más felices, siete de ellos (Finlandia, Dinamarca, Islandia, Holanda, Suecia, Israel y Nueva Zelanda, no están entre los doce países con mayor PIB per cápita. Finlandia es el país más feliz del mundo, y en cambio es el no. 25 en la lista de países catalogados por su PIB per cápita. Nueva Zelanda es el no. 10 entre los más felices y solo el no.31 en cuanto al PIB per cápita. Por otro lado, Singapur, el no. 3 en la lista de PIB per cápita, es el no. 27 en cuanto a felicidad. Debería ser obvio que el indicador de PIB per cápita tiene también muy escaso valor, pues asume que la riqueza está igualmente distribuida entre los ciudadanos, lo cual nunca es cierto. Y de ahí que su valor para analizar el grado de bienestar y felicidad sea muy limitado, pues no define ni documenta un tema clave para determinar ambos indicadores, que es precisamente la distribución de la riqueza, así como de los bienes y servicios. Y ello queda claro cuando analizamos las características de algunos de los países catalogados como más felices.

En este sentido es importante destacar que los cinco países nórdicos escandinavos, Finlandia, Dinamarca, Suecia, Noruega e Islandia, que están todos ellos entre los más felices, tienen características comunes que sorprendentemente el informe no detalla. Todos ellos han estado gobernados (por periodos largos después de la II Guerra Mundial) por coaliciones de partidos progresistas de izquierda que históricamente han priorizado las políticas redistributivas,  estando entre los países con menos desigualdades de renta y menos concentración de la riqueza, con menos desigualdades también por clase social y por género, con programas universales de derecho de acceso a la  asistencia sanitaria, a la educación y a los servicios  de ayuda a las familias, denominado este último como el Cuarto Pilar del Bienestar (el primero es el Derecho de Acceso a la Sanidad; el  segundo, a la Educación; el tercero, a la Jubilación; y el cuarto, a los Servicios de Atención Familiar, como son las escuelas de infancia y los servicios de atención a las personas dependientes). Es sorprendente la escasa atención del informe a estos servicios esenciales y transferencias del Estado de Bienestar, que juegan un papel clave en determinar la calidad de vida y el bienestar de la mayoría de la población. Y por cierto, estos países tienen relativamente bajo gasto militar. Su gasto militar es 1.22% del PIB en Suecia, 1.49% en Dinamarca y 1.53 % en Finlandia (mucho más bajos que el 2.88% en India, el 3.74% en EEUU y el 4.26 % en Rusia).

Ni que decir tiene que tales países escandinavos tienen problemas graves y algunos de ellos están diluyendo su vocación transformadora. Pero ello no desmerece la importancia de los datos que muestran que aquellas formaciones políticas que históricamente han llevado a cabo políticas redistributivas, basadas en principios de solidaridad  y equidad, hayan alcanzado niveles de bienestar y felicidad más acentuados que aquellos países gobernados (durante la mayor parte del periodo post II Guerra Mundial) por formaciones liberales y conservadoras poco redistribuidoras de la riqueza y del bienestar, y que priorizan la acumulación individual de bienes y servicios sobre la universalización de los derechos y el bien común. Y lo que es  también interesante es que, como ha tenido que reconocer incluso el Vaticano del neoliberalismo -Davos, están entre los países de mayor eficiencia económica.

ÚLTIMA OBSERVACIÓN. LO QUE EL INFORME NO CITA.

Como he indicado en el artículo, el enorme dominio del pensamiento neoliberal en las llamadas ciencias económicas explica la sobreutilización de indicadores económicos sesgados en los trabajos de evaluación del Desarrollo Sostenible, llevados a cabo por agencias e instituciones internacionales, que van desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a muchas agencias de las Naciones Unidas. De ahí que sea muy positivo desarrollar indicadores distintos, como hace este informe, que valoren más directamente la felicidad de la mayoría de las poblaciones, que por cierto, en cualquier país son las clases populares.

Ahora bien, también es importante que tales informes vayan más allá que la mera descripción del fenómeno y que traten de analizarlo para cambiarlo. Y ahí es donde el informe que he analizado tiene vacíos importantes. Y uno de ellos, es el silencio sobre la importancia del contexto político para configurar la naturaleza del Desarrollo Sostenible y sus objetivos. Entre las variables que hay que analizar  para explicar el nivel de felicidad de un país, hay que incluir las variables políticas, estudiando las políticas públicas de las formaciones políticas existentes en cada país, sean del color que sean. Y de ahí que pueda analizarse si hay alguna que mejoren más que otras su nivel de felicidad. Y es ahí donde radica el silencio sistemático en estos informes internacionales sobre este punto, pues la evidencia muestra claramente que algunas políticas públicas (por ejemplo, las redistributivas) características de opciones políticas progresistas, crean mayor seguridad, bienestar y felicidad que otras. Y esto es lo que incomoda a algunos gobiernos enormemente poderosos en estas agencias e instituciones internacionales.

Hay otros temas también en el informe que merecen mayor explicación, como el elevado nivel de felicidad de países como Arabia Saudita, bien conocidos por su explotación de clase y genero entre la mayoría de la población, así como la importancia que el informe atribuye a factores genéticos como determinantes de felicidad para algunas poblaciones. No creo que haya sido la intención de los autores, pero esta última consideración puede generar interpretaciones de determinismo racial, que sorprenden aún más si hacen parte de un informe de las Naciones Unidas. Por lo demás y a pesar de sus vacíos e imprecisiones, el informe es un paso importante en la búsqueda de alternativas a la sabiduría convencional neoliberal que domina los estudios sobre el Desarrollo Sostenible."               ( Vicenç Navarro , Público, 04/05/22) 

21/9/21

Nueva Zelanda deja de lado el PIB para centrarse en el 'bienestar real' de la población

 "Nueva Zelanda presentará el próximo jueves su primer presupuesto de "bienestar", que prioriza la mejora en la calidad de vida frente a los indicadores económicos, en lo que sus partidarios ven un ejemplo de vanguardia social y sus detractores pura retórica.

"Si bien el crecimiento económico es importante, y es algo que seguiremos buscando, por sí mismo no garantiza las mejoras de los estándares de vida de los neozelandeses", dijo el pasado viernes la primera ministra, Jacinda Arden, en un encuentro con empresarios en Auckland.

"Nadie quiere vivir en un país donde a pesar de un fuerte crecimiento económico hay familias sin hogar, el medio ambiente se degrada con rapidez o las personas con problemas de salud mental no reciben el trato que necesitan", añadió la dirigente laborista.

Un presupuesto social

El presupuesto -cuya preferencia por el bienestar fue anunciado por Ardern en el Foro Económico Mundial de Davos de enero- pone el foco en la indigencia, la pobreza infantil, la violencia doméstica, la salud mental y los maoríes y los indígenas del Pacífico, entre otros.

Ardern defendió cambiar el enfoque tradicional del presupuesto basado en un análisis de coste beneficio "cortoplacista" y centrarlo "en áreas en las que las pruebas muestran que tenemos grandes oportunidades para mejorar el bienestar de los neozelandeses".

Para establecer las prioridades se utilizó una herramienta del Ministerio de Finanzas llamada "Marco de los estándares de vida", basada en parámetros como la identidad cultural, el medio ambiente, la vivienda, los ingresos, el consumo y las conexiones sociales.

 Para financiar el giro hacia el bienestar, Ardern dio instrucciones a sus ministros para que identifiquen áreas en las que se puedan hacer recortes y elevó el límite de la deuda neta del 20 al 25% del PIB, lo que ha sido criticado por la oposición conservadora.

 La búsqueda del bienestar en el presupuesto se aplicará a los "nuevos gastos y no a todo el presupuesto de forma integral", precisó a Efe el expresidente del Banco Central de Nueva Zelanda y profesor de Economía de la Universidad Victoria, Arthur Grimes. "Esto es importante saberlo porque los nuevos gastos son una pequeña parte del presupuesto", indicó.

"La retórica es nueva, pero la práctica no lo es", añadió Grimes que señaló que los anteriores gobiernos del país ya incluyeron medidas de asistencia social en sus presupuestos y que el cambio estaría más en la atención en "unos cuantos aspectos específicos del bienestar".

Las cuentas del Bienestar cogen en un buen momento a Nueva Zelanda que, según prevé el FMI, crecerá un 2,5% en 2019 y un 2,9% en 2020 pese al ralentizamiento de la economía global y la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

"Estrella del rock"

Su economía, que ha sido calificada como una "estrella del rock", no es inmune a la incertidumbre global que podría afectar las exportaciones del país, que goza de una baja inflación, una tasa estable de paro, superávit presupuestario y una deuda pública moderada. "Pero, ¿cómo podemos ser 'estrellas de rock' con indigencia, pobreza infantil y con un alza de la desigualdad?", se preguntó el ministro de Finanzas, Grant Robertson.

La iniciativa neozelandesa sigue a la de Bután, que en 2008 introdujo el indice de felicidad nacional para guiar la política de su gobierno, y a declaraciones como las del ex primer ministro británico David Cameron o del expresidente francés Nicolás Sarkozy, que en su momento abogaron por priorizar como criterio el bienestar frente al PIB.

Pero según Grimes, la propuesta gubernamental plantea dudas debido a la falta de metas claras y de mecanismos para evaluar sus resultados y por dar por descontado que la mejora de ciertos aspectos llevará a la gente a pensar que también mejora su bienestar.

"No sabemos si esto ayudará a la gente a mejorar sus vidas. Esto es algo que falta (...) no tenemos cómo medirlo", dijo el expresidente del Banco Central. "La intención es fantástica, la retórica es mejor y estamos aguantando la respiración para ver cuál es la sustancia", concluyó Grimes."    (El Economista, 27/05/19)

27/3/20

¿Quebró aquel empresario que decidió hace cinco años subir el salario de todos sus empleados a 70.000$?

"¿Qué ocurriría si de repente a usted su jefe decidiese subirle el sueldo a 70.000 dólares? ¿Qué ocurriría si además a la vez se lo subiese a la misma cantidad a todos sus compañeros? 

Tal vez ya hayan leído sobre esta disruptiva decisión que tomó un ahora famoso empresario estadounidense, y también tal vez hayan leído los incontables vaticinios que al respecto hicieron muchos analistas, y que auguraban un siniestro futuro financiero para el disruptor empresario.


Pero ahora ya ha pasado un tiempo prudencial desde aquella desorbitante subida salarial en aquella empresa, así que ya va siendo momento de, más allá de vaticinios fúnebres de unos, y de efusivos aplausos de otros, valorar de verdad qué ha sido de aquella empresa y de su disruptivo empresario. 

Así que la última pregunta que les planteo ahora es ¿Quebró finalmente aquel empresario que decidió subirle el sueldo a todos sus empleados a la “mágica” cantidad de 70.000 dólares brutos anuales? Pues no sé si la respuesta les sorprenderá, pero lo que es seguro es que hay otros empresarios y analistas que pueden aprender de la experiencia (entre los cuales me incluyo, al igual que hago para cualquier otro tema).

El dueño y fundador de la ahora famosa Gravity Payments, el disruptor Dan Price, fue el que allá por 2015 sorprendió al panorama empresarial estadounidense y a parte del mundo con la resoluta y disruptora medida de subir el salario de todos sus empleados hasta cobrar la generosa cantidad 70.000$ anuales. 

Sin quitar ni un ápice de valentía a un empresario cuyo osado movimiento considero un auténtico experimento de campo, lo cierto es que analistas como un servidor preferimos abogar por una u otra receta socioeconómica con más datos objetivos en la mano, y menos corazonadas que, por muy bienintencionadas que puedan llegar a ser en algunos casos, al final nos hacen correr el riesgo cierto de traer destrucción socioeconómica, pérdida de puestos de trabajo, y muy probablemente también incontables muertes provocadas por el supuesto suicidio económico.


En este sentido, un servidor considera infinitamente más valiosos los datos que arroje el experimento socioeconómico, que las motivaciones de Price, que pueden ser lo mismo acertadas que equivocadas, e igualmente ser visionarias o meras corazonadas. Ante el terreno de lo desconocido e inexplorado, un servidor prefiere buscar las causas a posteriori, una vez observado que los resultados merecen la pena como para dedicar tiempo a la investigación forense de las condiciones iniciales que llevaron a dicho resultado. 

Es por un mero tema de eficiencia y optimización de ese tiempo del que (casi) todos vamos siempre tan escasos. Pero aún así, y para satisfacer una comprensible y lógica curiosidad que aflorará a las mentes de algunos lectores, voy a simplemente sintetizar brevemente las razones que llevaron a este empresario a hacer de Papá Noel con las nóminas en el saco de regalos.


Como habrán podido leer en el enlace anterior del New York Times, Dan Price dio a luz su nueva política salarial tras leer un artículo en el que participaba el Nobel Kahneman y que versaba sobre la felicidad y sobre el nivel salarial adecuado para conseguirla, y que le cambió su visión de la empresa y… de la vida. Este hombre vio claro que sus empleados serían mucho más felices en términos generales con un salario de 70.000$ (un punto bastante obvio), pero donde verdaderamente está lo osado de su apuesta fue en creer que ello redundaría en una mayor calidad en su trabajo y en su vida profesional. 

Al menos para un servidor, este segundo punto es igualmente bastante obvio; lo que ya no me resulta tan obvio es saber a priori si la mejora en la eficiencia y la productividad que ello va a revertir sobre la empresa es suficiente para compensar un incremento de los costes salariales tan importante. Ahí es donde ni más ni menos Dan Price se la jugó totalmente, porque con los datos disponibles en aquel momento, ni él ni nadie podía asegurar con un mínimo rigor ningún tipo de resultado.


En este sentido, el factor oculto más importante podría ser cómo mejora la productividad de la empresa porque la gente con mejores ingresos tiene por lo general menos problemas graves en su vida personal, y puede dedicarse a pensar más en el trabajo, y a centrarse en las capacidades de orden superior de la pirámide de Maslow, que son las que más beneficios personales y profesionales pueden llegar a aportar. Es un argumento que respaldaría todos esos grandes beneficios que trae también para las empresas que puedan contar con empleados que mantengan una vida armoniosa y equilibrada. 

Y este es un punto socioeconómico clave, porque a veces parece que ciertos resortes de nuestro sistema tratan de buscar desesperadamente que una proporción mayoritaria de la población tenga una vida personal desordenada y caótica, que les mantenga presos de preocupaciones personales muy graves, para que quizás así no se preocupen tanto por otros problemas del país, y pasen automáticamente a ver como un tema menor la corrupción política, el deterioro de la clase media, la ausencia de la búsqueda del bien común... y otros tantos temas socioeconómicos clave de verdad, y que nuestros políticos prefieren mantener oportunistamente "apartados" de nuestras mentes.

 Así por ejemplo, aunque no acabe de venir al caso pero que demuestra el razonamiento anterior, hoy en día se está tratando de normalizar e incentivar la infidelidad en la pareja, y ya no se trata exclusivamente de perpetuar la infidelidad masculina con el clásico de "todos los hombres somos iguales" o de que "resistirse a los encantos de una mujer es inútil", sino que la vuelta de tuerca por el inevitable cambio de modelo familiar pasa en algunos medios por vendernos exactamente los mismos mantras falsos respecto a las mujeres.

 Y oigan, que puedo llegar a admitir que pueda haber parejas en las que se ambos sean infieles sistemáticamente y con consentimiento mutuo, pero que así también otros puedan llegar a disfrutar de cierta estabilidad personal, pero realmente esas parejas son las menos (y por mucho). De nuevo, a veces parece que se buscan familias infelices, parejas con problemas graves, vidas personales inestables, y gente que se vea desbordada por una vida familiar nefasta, para que así no pueda ni preocuparse por los problemas reales del sistema, que son debidamente explotados por terceros "camuflados de lagarterana".

 Volviendo al tema de hoy, la mañana en que Price reunió a los 120 empleados de Gravity Payments en sus oficinas de Seattle para darles la “buena nueva” (y tan buena), sus empleados no daban crédito. Les iban a subir el salario a toda la plantilla y de una sola vez hasta la “mágica” cantidad de 70.000$ brutos anuales, y además lo iban a hacer igualmente para todos, indistintamente de su ocupación, puesto, funciones o desempeño. Más de uno debió de darse la vuelta buscando por algún lado la cámara de algún programa de bromas televisivas. 

Pero no la había, el asunto iba totalmente en serio, y durante los tres subsiguientes años a aquel 2015 ésa iba a ser su generosa asignación salarial para cada uno de ellos. Como en todos sitios hay todo tipo de opiniones, buena parte de las resistencias a las que Price se enfrentó para sacar adelante su nueva política salarial fueron paradójicamente internas, con algunos de los “pesos pesados” de su empresa mostrando una frontal oposición a una “feliz idea” que iba a arruinar la empresa y acabar dejándoles sin empleo a todos. Pero Price persistió con determinación, y siguió adelante puesto que, al fin y al cabo, él era el dueño de la empresa.

No es que Price adoptase una política salarial que podía permitirse financieramente, sino que tuvo que hacer también ímprobos esfuerzos corporativos y personales para poder sacar la medida adelante con un mínimo de sostenibilidad. Así, Price se redujo su propia asignación salarial desde alrededor de 1 millón de dólares hasta los mismos 70.000$ que iban a cobrar a partir de aquel momento todos sus empleados. 

Y además Price apalancó financieramente a su empresa, utilizando por adelantado en torno a un 80% del beneficio estimado de su compañía para el año en curso. Desde luego, la osadía de Price era épica, puesto que no se trataba de un simple capricho socioeconómico de un multimillonario que se podía permitir incluso prescindir totalmente de su empresa; no, Price se la estaba jugando realmente.


Pero las motivaciones de Price no iban encaminadas simplemente por una corazonada centrada en la mera felicidad que una posición económica más desahogada puede aportar. No. Dan Price también había decidido hacer lo que hizo por una sana convicción en la que (esta vez sí) coincidimos desde estas líneas mayormente, al menos en lo referente a la degenerativa tendencia salarial de la clase media en los últimos años de la que tanto les hemos escrito (a pesar de la reciente revitalización que llega demasiado tarde). 

Y es que Price tenía muy claro que la ampliación de la brecha salarial entre los ejecutivos y el trabajador medio era insostenible, y perjudicial socioeconómicamente. En la “feliz idea” de Dan había pues buena dosis de sistémica, y decidió emprender por su cuenta la guerra esencial de refundar ese capitalismo que ha dejado mayormente de ser de los ciudadanos según les hemos analizado.

Pero lo cierto es que, ni de lejos, todo es color de rosa en esta historia económica de Dan Price y Gravity Payments. Aquí, como siempre, hay también algunas sombras, y con la mala costumbre del rigor al que nos debemos desde estas líneas, no podemos hacer otra cosa que hacernos también eco de la parte de la historia menos azucarada. Como bien informaba Bloomberg Businessweek, el tema es que algunos de sus ejecutivos más preciados optaron por dejar la empresa, se dice que porque no veían compensado el mayor esfuerzo y la mayor responsabilidad que sus cargos implicaban respecto a otros empleados de base.


Efectivamente éste fue un momento difícil para Price, especialmente porque su hermano estaba entre esas dimisiones, que además era co-propietario de Gravity Payments con un 30% de participación en la empresa. Price no sólo se enfrentó a un problema de personal de alto nivel, sino que los problemas que su política le ocasionó le afectaron incluso en el plano más personal, deteriorando sus relaciones familiares. Otras sombras de la historia son que realmente las cuentas de Gravity Payments no son públicas, y hay que hacer un acto de fé en base a lo que Dan Price afirma al respecto. 

Además, a Price le echan en cara que el partió en su apuesta desde una posición holgada con un salario que era anormalmente alto para la casuística y situación de su empresa, un punto que para algunos muestra cierto grado de incongruencia personal entre el Dan de antes y el Dan de después, así como que le puede haber puesto en una posición mucho más favorable para poder afrontar el reto, donde otros empresarios no puedan permitirse enfrentarse a una apuesta similar sin poner seriamente en riesgo su empresa.

 Y es que además, el experimento de Price podría estar “viciado”, no tanto ya por las condiciones iniciales, sino por el mero desarrollo del mismo, que entró en una dinámica que se realimentaba a sí misma, y tanto el experimento como el propio Price se volvieron tan mediáticos que con ello la experiencia de campo pudo desvirtuarse por sí misma, y perder por el camino su útil condición como fuente de datos objetivos y experimentales. 

El hecho es que muchos ciudadanos a lo largo y ancho del país (y del mundo) se sintieron ampliamente identificados con Price y su idea, y así esto pudo traducirse en decididas apuestas por este modelo empresarial que consideraban más sostenible, y llevarle o mantenerle a Price negocio por el mero hecho de ser quién ahora era, en vez de por la actividad y servicios que su empresa era capaz de dar destacando sobre la competencia gracias al incremento salarial.

De una manera u otra, el caso de Gravity Payments es el que es, y Dan Price actúa con total coherencia empresarial si la fórmula a él en concreto le ha dado buenos resultados a nivel corporativo. Y estos resultados no deben ser calificados de buenos por las meras cifras financieras tan positivas que arroja la compañía, a lo que habría que añadir los beneficios mayormente imponderables como buen ambiente de trabajo, que pueda realizar mejores contrataciones porque más perfiles con talento quieren optar a sus vacantes, etc. Aquí hay que remitirse a los hechos, y ver que Price predica con el ejemplo: está plenamente convencido de que los resultados cosechados son muy positivos, puesto que, en 2019, no sólo no revertió su disruptiva política salarial (que recuerden, en principio era para tres años), sino que Price redobló su apuesta salarial y la hizo extensiva también a todas las nuevas incorporaciones en plantilla.


Pero ahora estamos ya en 2020, y el horizonte temporal de la visibilidad sobre la política de los 70.000$ se ha ampliado considerablemente, y puede arrojar nuevos datos más allá de los tres años iniciales que Price se puso como plazo inicial de su plan. A fecha de hoy, la BBC hizo una nueva evaluación del estado de Gravity Payments y de sus políticas salariales, y los resultados demuestran que la apuesta de Price sigue vigente con todo su alcance. Price sigue manteniéndose actualmente su propio salario en los mismos 70.000$ que cobra cualquier otro empleado de su empresa.


Tras cinco años de camino recorrido a bordo de la experiencia, Price sólo se siente responsable de un error: pasó por alto que las conclusiones del estudio académico en el que se basó no ubicaban el umbral mínimo salarial para dar felicidad a los empleados en los 70.000$, sino en los 75.000$. Pero poca es realmente la diferencia, y Price explica cómo, aún así, aquella cifra supuso un importante incremento salarial para una buena parte de su plantilla, que llegó incluso a cobrar el doble de dinero en el caso de 30 de sus 120 asalariados; unos asalariados que, en términos globales, hasta aquel momento cobraban una media de 48.000$. En estos cinco años, la plantilla de la compañía se ha duplicado, y el importe de pagos procesados por la compañía (es éste su principal negocio) ha pasado de los 3.800 millones de dólares anuales a los 10.200: se han multiplicado por un galopante 2,7 veces, y con ellos se ha multiplicado también, lógicamente, el negocio que hace Gravity Payments y sus beneficios.

Pero otros parámetros no habituales en las cuentas corporativas, y que también demuestran la calidad de vida de los empleados, su confianza en el futuro (hay indicadores macroeconómicos que utilizan el número de embarazos como indicador adelantado), así como su capacidad y disposición a asumir nuevos gastos, es la natalidad. Antes del mediático incremento salarial, en la empresa de Price, entre los 120 de empleados traían cada año entre ninguno y dos bebés al mundo. Por el contrario, a partir del incremento el número de nacimientos se ha catapultado como un cohete hasta alcanzar los 40 nuevos bebés en los cuatro años y medio que llevan desde que se tomase la medida.


Se trata de un dato contundente e incontestable, con muchísima más trascendencia de la que podría parecer, porque es un dato que además refrenda la tesis de que el problema de natalidad y de las pensiones en los países desarrollados van en realidad de la mano, y que la falta de recién-nacidos tendría mucho más que ver con unas condiciones económicas de la clase media venidas a menos que con otros factores, como el clásico argumento de determinados sectores que afirman categóricamente que el progreso implica que las mujeres deciden liberarse de la “esclavitud” de ser madres: sí, puede ser que estemos hablando de esclavitud, pero este último dato de Gravity Payments apunta a que la esclavitud depende más bien de las facturas y de los salarios exiguos en el banco, que de no querer traer niños a un mundo que los necesita, y al que traen gran felicidad y muy buenos sentimientos para la práctica totalidad de los padres y madres que deciden tenerlos.


La mayor parte de lo anterior, y en especial tanto que Price redoble su apuesta como los datos que arroja su empresa a día de hoy, verdaderamente apuntan en la dirección de dar validez a los resultados empresariales que Price airea (recuerden que no son públicos). 

Aunque, sin pretender quitar ni un ápice de mérito al movimiento salarial de Price, la pregunta procedente es: ¿Todas las empresas pueden permitirse esta política salarial contando con que van a tener la misma progresión de ingresos que tuvo Price tras volverse tan mediático? ¿En qué proporción la mejora de los resultados de su empresa se debieron a la nueva política salarial y no a otros factores que han podido estar influyendo en estos años, como por ejemplo la recuperación económica? Personalmente yo no tengo una respuesta rigurosa a estas intrigantes preguntas, pero realmente encuentro una confirmación muy interesante el hecho contrastado de la mejora del bienestar de los empleados y del conjunto de la socioeconomía que un mejor salario para la clase media puede aportar.


Mucho me temo que, aún así, tampoco puedo decidirme en este punto por ser partidario de abogar por una extensión del experimento de Price a gran escala, pensando que es demasiado pronto como para defender llevarlo a toda la economía en su conjunto o a una parte importante de ella. 

Pero lo que sí se puede hacer, como en todo experimento inconcluso aunque con resultados prometedores, es apostar por el siguiente paso de ampliar la base experimental, y sin hacer el nuevo experimento masivo, ampliar ligeramente la escala a una serie de empresas más heterogéneas y dispares, y ver la evolución de todas ellas para sacar nuevos datos y conclusiones. Ahí sí que íbamos a poder dilucidar de verdad si lo de Price fue un milagro admirable pero auto-inducido, o si por el contrario es algo replicable para el conjunto de la socioeconomía, que al final es de lo que verdaderamente se trata.

 El caso de Gravity Payments es efectivamente un caso muy concreto de una única empresa con una casuística que puede serle muy particular. No todas las empresas desarrollan su actividad en un mercado que les permita catapultar de esta manera sus ingresos, ni aunque en ello influya el bienestar de sus empleados. Al final el mercado en su conjunto es el que es, y va a seguir siendo el mismo pastel a repartirse más o menos entre las mismas empresas. 

El beneficio en realidad sería socioeconómico y en forma de progreso de nuestra sociedad y del bienestar de los ciudadanos, pero para ello inevitablemente las cuentas tienen que salir microeconómicamente y también macroeconómicamente. Pero lo cierto es que parece haber terrenos inexplorados en los que no se adentra nadie, y de los que además nos vamos alejando con salarios medios cada vez más exiguos para la clase media. Se hace necesario tener más resultados y que sean más concluyentes, y aunque a unos pueden sorprenderles y a otros reafirmarles, lo importante aquí será saber cuál es la mejor dirección para seguir avanzando en el progreso socioeconómico real de nuestros sistemas, además de en sus sostenibilidad en los plazos más largos. El resto es caminar a ciegas con la venda puesta."                 ( , El blog salmón, 26/03/20)

16/7/19

Oia, viaje al pueblo que quiere ser feliz...

"A 45 kilómetros de Vigo, 141 de Santiago, 618 de Madrid, 5.908 de Míchigan y 8.288 de São Paulo, tal y como rezan las señales puestas para los peregrinos que llegan al pueblo, trepa montaña arriba desde el rompeolas el lugar más feliz del mundo. 

Un hombre de mediana edad juega al sol lanzando una pelota a su perro rubio; otro coloca una sábana fresca sobre el asiento del coche para que su madre no pase calor; pandillas de adolescentes bajan a bañarse en la playa y un sinfín de turistas se hacen fotos ante el ruinoso monasterio que en 2004 compró una empresa consignataria de buques, con un millonario proyecto de urbanización que sigue parado.

 Esto es Oia (3.018 habitantes), el municipio del sur de la provincia de Pontevedra que ha creado tras las elecciones la primera Concejalía de la Felicidad en España, con precedentes en Ceregnano (Italia, 4.000 vecinos), que instauró el mismo departamento en 2012, y en el reino de Bután, donde lo que se fundó fue un ministerio.

Hoy es un día grande para un buen puñado de vecinos de Oia. Después de seis años sin noticias de San Benito y San Bernardo, que habían marchado a restaurarse a Pontevedra, el nuevo cura del pueblo, Daniel Goberna, ha recobrado las imágenes del siglo XVIII y a la tarde se celebra la fiesta de bienvenida. El párroco, prefecto de música en la catedral de Tui y famoso en la comarca por sus dotes de canto, corre calle arriba y calle abajo. "¿Está aquí ya San Benito?", le grita Jesusa Crespo. "Está durmiendo la siesta", le responde bromista el hombre joven con alzacuellos. 

Como todos los días cuando no llueve, Jesusa, de 82 años, baja con sus dos bastones después de comer a la plaza Centinela, al borde del Atlántico. Allí, además de un crucero antiguo "donado por un panadero", hay un banco corrido de piedra, de unos 10 metros de largo, donde se dan cita más de 20 vecinas y vecinos de la misma quinta. Se conocen desde tiempos de la escuela, y más de 70 años después siguen reuniéndose cada tarde "sin riñas ni roces" para charlar y jugar a la rana.

Los primeros en juntarse con Jesusa en la sobremesa son María Puertas, de 80 años, Josefa Pérez, de 81, y Jesús Cividanes, de 82. En breve llegará Matilde Álvarez, la más veterana (92) y más convencida de su felicidad presente, sobre todo si recuerda episodios del horror de la guerra, como cuando el convento benedictino se convirtió en campo de concentración. 

 Estos días las señoras prueban una especie de alfombrillas para el trasero, de momento solo un par de prototipos de cojín ultrarresistente, que les ha proporcionado la alcaldesa, Cristina Correa (PP), porque el granito del banco es frío y duro para pasar la tarde entera. Jesusa telefonea al móvil de la regidora ("la Cristina") para recordarle que hay que limpiar la mancha de aceite que dejó el otro día una furgoneta en el pavimento. "Afea la plaza", reprocha.

La alcaldesa tiene claro que la felicidad "no es un estado permanente", sino "momentos" ensartados en un collar donde abundan también piedras menos preciosas y muchos malos ratos. Para encontrar esas satisfacciones emocionales, está organizando un "consejo de sabios" con "gente que destaca por su vocación de ayudar". "Cada día se me ocurre algún nombre" pero "casi todas son mujeres", reconoce. Así que será un consejo de sabias.

La abogada de 38 años llegó a su cargo en noviembre de 2015 tras una moción de censura que descabalgó al PSOE, y desde hace más de un año maduraba la idea que al fin ha puesto en práctica ahora que repite de regidora, por mayoría absoluta. "Quería llamarla simplemente Concejalía de la Felicidad, pero tuve miedo a que me llovieran las críticas", admite. 

Por eso le añadió los apellidos de "Vecindad, Cultura y Servicios Sociales". Eligió para el cargo a la edil Carmen Estévez, que se sienta en un despacho unido por una puerta abierta con la alcaldía. Por el empeño que en esta aventura está poniendo Correa, es evidente que el peso de la cartera lo van a llevar a medias.

El consistorio ha encargado un buzón decorado donde las personas de todas las edades podrán dejar sugerencias, ideas que les harían felices. Una mujer encamada ha pedido que le vayan a leer un libro por capítulos, porque ella no sabe y no se siente ya capaz de aprender. Un hombre ha propuesto que al caer la tarde se cierre al tráfico el centro histórico, el barrio de O Arrabal, y que la gente se vista guapa para pasear. 

En la zona de Pedornes, uno de los seis núcleos de población desperdigados a lo largo de 83 kilómetros cuadrados, las mujeres reclaman que el centro cultural pase de abrir solo los domingos a "todos los días" para echar la partida de cartas. En cualquier caso, la felicidad de los mayores pasa por tener alguien al lado. Por eso Mercedes, que al quedar viuda se fue a vivir a la casa color rosa de su hija, pegada al muelle, otea desde el piso alto con los prismáticos, ansiosa por ver llegar por el horizonte a su nieto y su yerno, que trabajan en el mar.




S. R. P.

El mismo día que regresa el San Benito al pueblo, llega al Ayuntamiento el logotipo de la nueva concejalía. A modo de emoticono, dentro de un círculo las letras OIA hacen de ojos y nariz sobre una línea curva que traza una sonrisa. "Estamos contentas porque crear esta concejalía ha servido al menos para abrir una reflexión", dicen la alcaldesa y su edil. "Además, Oia sale al fin en la prensa por algo positivo, después de tantas noticias malas".

 No hay que rastrear apenas la hemeroteca para recopilar un montón de titulares: en este municipio prosperó la secta de los Miguelianos, cuyo líder fue condenado en diciembre a nueve años por abusos sexuales. El municipio también fue escenario este año de la tortura y muerte de caballos salvajes a manos de desalmados, probablemente de la zona, todavía sin rostro para la Guardia Civil.

Pero en el pueblo, lo que está abierto ahora es un debate que abarca lo metafísico y lo más carnal. "Para mí la felicidad es tener salud", apunta sin dudarlo María Puertas, que camina con andador. "Yo aún lloré esta mañana", confiesa Jesusa; y los demás se ríen cuando cuenta que es que no pudo comer pollo y se tuvo que conformar con "verdura y dos patatas". La tristeza no estaba en el menú frugal, sino en la impotencia que sintió al no ser capaz de encontrar en su casa la tabla para trocearlo.

"Paz en la familia"

"Es una agonía no estar ya en condiciones", lamenta la vecina. "Y una pena que la gente no se dé cuenta de esto cuando es joven para disfrutar la vida", dice mientras sigue con la mirada a los chavales del pueblo bajar por el camino de la playa. "Cuando nosotras éramos jóvenes a la que íbamos era a la playa negra a trabajar", rememora, en alusión a los labradíos cercados de muros de piedra que mueren al borde de las rocas donde rompen las olas. Viuda desde los 30 años, Jesusa iba a cosechar el maíz con el bebé de un año "metido en un cesto" y los mayores, de cuatro y siete, pegados a su falda.

El párroco, mientras tanto, aprovecha el tema de moda en el ayuntamiento para ejercer estos días su labor pastoral: "Alexander Ross, del Instituto de Ciencias Psicológicas de Arlington (Virginia), hizo un estudio que revela que el 43% de las mujeres que van a misa se declaran muy felices frente al 29% de las que no van", lee consultando una noticia en su smartphone. "En los hombres, la diferencia es aún mayor". "Y no vale igual ver la misa por la tele", defiende más tarde ante sus feligresas, "igual que no te quita la sed ver un anuncio de cerveza".

"Hasta el más millonario tiene una hora para llorar al día", sentencia resignada María. "Los ricos sueñan con dinero", asegura Mercedes, "pero lo más importante, para mí, es que haya paz en la familia".                 (Silvia R. Pontevedra, El País, 14/07/19)

23/4/19

El negocio de la felicidad, el fraude del siglo XXI. Coca Cola “ayudarte a averiguar si realmente existe la felicidad y, si es así, determinar dónde se puede encontrar”. “Las empresas se dan cuenta de que la infelicidad, la depresión, son problemas gravísimos. Ahora bien, lo que buscan no es una solución directa, sino que la estrategia se basa en reforzar esa doble dinámica de relación mercantil y deseos. Por ello lo que la narrativa empresarial nos vende es que el único lugar donde de verdad seremos felices es en el trabajo”

"En el invierno de 2013, la corporación multinacional de bebidas refrescantes Coca-Cola anunció el lanzamiento de una página web con más de 400 estudios sobre felicidad y salud que pretendía ser un referente en el campo de la investigación acerca del bienestar. Lo hizo a través del llamado Instituto Coca-Cola de la Felicidad, integrado en una iniciativa de la división española de la compañía que en 2010 y 2012 ya había organizado en Madrid dos ediciones de un evento denominado Congreso Internacional de la Felicidad.

Entre la maniobra publicitaria y la generación de una imagen de marca amigable, bajo la coartada filantrópica de responder al creciente interés sobre el tema, Coca-Cola se sumó a una agenda global que propone ser feliz como respuesta a todos los males.

Margarita Álvarez es una de las 50 mujeres más poderosas de España, según la revista Forbes, y también fue incluida en el listado de las 100 mujeres más influyentes en nuestro país en 2016, elaborado por la plataforma Mujeres&Cia, en la categoría de Directivas. Álvarez creó y presidió el Instituto Coca-Cola de la Felicidad entre enero de 2008 y marzo de 2011. Acaba de publicar Deconstruyendo la felicidad, un libro cuyo propósito, según se lee en la nota de prensa difundida por la editorial Alienta, es “ayudarte a averiguar si realmente existe la felicidad y, si es así, determinar dónde se puede encontrar”.

 La nota añade que en sus páginas no hay “reglas ni pautas: solo conocimiento. Porque saber y tener información sobre algo tan relevante te ayudará a entender cómo funciona el cerebro, cómo te utilizan tus pensamientos y cómo puedes identificar y aceptar todas tus emociones para afrontar mejor las circunstancias de la vida”.

Parece poco probable que la idea de ser feliz que maneja Álvarez guarde relación alguna con la que puedan tener, por ejemplo, las más de 800 personas afectadas desde 2014 por el ERE de la embotelladora de Coca-Cola en la planta de Fuenlabrada (Madrid).

La suya, más bien, es otra de las voces privilegiadas que han participado durante los últimos 30 años en la construcción y propagación de una noción de felicidad que reposa en el entusiasmo, la voluntad y la superación individual como herramientas para llegar a ella. Libros de autoayuda, talleres de pensamiento positivo y charlas motivacionales han difundido la especie de que ser feliz está a tu alcance y solo tienes que desearlo.

En el tiempo de la crisis económica mundial más grave desde el crac del 29, estos discursos han encontrado un público desesperadamente receptivo al que se le ofrece bienestar simplemente mirando a su interior, sin tener que relacionarse con nadie. Aunque esto último no es del todo así: esa felicidad prometida pasa necesariamente por pagar, pues lo que hay detrás de ella tiene poco de altruista.

“Se considera que es una elección personal y que, para ser feliz, una persona simplemente tiene que decidir serlo y ponerse a ello a través de una serie de guías, consejos, técnicas, ejercicios que proponen los que se suponen expertos en estos campos: científicos, psicólogos, coaches, escritores de autoayuda y una gran cantidad de profesionales que se mueven en el mercado de la felicidad”, explica Edgar Cabanas a El Salto.

Este doctor en psicología e investigador de la Universidad Camilo José Cela de Madrid es el autor, junto a Eva Illouz, de Happycracia (Paidós, 2019), un ensayo que aplica el bisturí a los argumentos empleados desde la ciencia de la felicidad, que ignoran cuestiones sociales, morales, culturales, económicas, históricas o políticas para presentar unas tesis aparentemente objetivas.

 “Mientras la vocación de esta idea de felicidad es producir seres completos, realizados, satisfechos, lo que queda es una permanente insatisfacción: la felicidad está conceptualizada como una meta que nunca se alcanza, que nunca se llega a materializar. Es siempre un proceso constante que embarca a la persona en una búsqueda obsesiva de formas de mejorarse a uno mismo, su estado emocional, la administración de sí mismo en el trabajo, en la educación, en la intimidad”, sostiene Cabanas.

En este sentido, la investigadora Sara Ahmed, que publicó hace una década La promesa de la felicidad, traducido al español esta primavera por la editorial argentina Caja Negra, apuntaba en marzo en una entrevista a El Salto que “la felicidad, como promesa de vivir de una determinada manera, es una técnica para dirigir a las personas”.
Precisando aún más, Fefa Vila Núñez, profesora de Sociología del Género en la Universidad Complutense de Madrid, señala que esta concepción “nos empuja, nos ordena y dirige hacia el consumo vinculado a una idea de vida sin fin, forjada en un hedonismo sin límites donde melancolía y tecnofilia se unen en un abrazo íntimo para forjar la idea de logro, de éxito, de inmortalidad, de un placer infinito para aquel sujeto que no se salga del camino marcado”. En su origen, ella encuentra una “maquinaria de felicidad” activada después de la I Guerra Mundial y relacionada con un “capitalismo de consumo” que ha ido modelando la idea de felicidad hasta nuestros días.

La ecuación de la felicidad

El libro de Margarita Álvarez cuenta con dos firmas invitadas muy significativas: el prólogo es de Marcos de Quinto, exvicepresidente de Coca-Cola España y número dos por Madrid de Ciudadanos para las elecciones generales, y el epílogo corre a cargo de Chris Gardner, cuya historia siempre es usada como ejemplo por la psicología positiva.

 Un caso de excepción convertida interesadamente en norma, la biografía de Gardner va de la pobreza al éxito empresarial y quedó retratada en la película En busca de la felicidad, protagonizada en 2006 por Will Smith. Gardner es hoy un multimillonario que se dedica a la filantropía y a dar conferencias sobre cómo la felicidad depende de la voluntad individual. “Si quieres, puedes ser feliz” es su mensaje.

Un nombre clave en el desarrollo de la ciencia de la felicidad es el de Martin E.P. Seligman. Elegido presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología en 1998 (APA, en sus siglas en inglés), puede ser considerado uno de los fundadores de la psicología positiva, ya que participó en su manifiesto introductorio publicado en el año 2000. Seligman proponía un nuevo enfoque sobre la salud mental, alejado de la psicología clínica y enfocado en promover lo que él consideraba positivo, la buena vida, para encontrar las claves del crecimiento personal.

En su despacho de la APA, Seligman pronto empezó a recibir donaciones cuantiosas y cheques con varios ceros procedentes de grupos de presión conservadores e instituciones religiosas interesadas en promover la noción de felicidad que promulgaba esta nueva corriente de la psicología. La difusión por parte de los medios de comunicación y otros canales de algunas de sus publicaciones generó la impresión de que existía una disciplina científica que aportaba claves inéditas para alcanzar el bienestar.

La repercusión de estas teorías fue mundial. Sin embargo, sus objetivos, resultados y métodos han sido criticados por su falta de consenso, definición y rigor científico. “Más que engaño, yo diría que puede ser peligroso en términos sociales y políticos; y decepcionante en términos personales”, valora Cabanas, que apunta al mercado, las empresas y la escuela como agentes principales en la elaboración y divulgación de unas nociones que entroncan directamente con valores culturales arraigados en el pensamiento liberal estadounidense.


















Seligman llegó a formular una ecuación que explicaría la proporción de factores que dan como resultado la felicidad. Esta sería la suma de un rango fijo (la herencia genética), elementos de la acción voluntaria y circunstancias personales. Su fórmula otorga al primer factor el 50%, a lo volitivo el 40% y únicamente el 10% restante a cuestiones como el nivel de ingresos, la educación o la clase social. Siguiendo esta receta, la psicología positiva se ha mostrado categórica al considerar que el dinero no influye sustancialmente en la felicidad humana.

En La promesa de la felicidad, Ahmed resumió la tautología que sustenta al campo de la psicología positiva. “Se basa en esta premisa: si decimos ‘soy feliz’ o hacemos otras declaraciones positivas acerca de nosotros mismos —si practicamos el optimismo hasta que ver el lado amable de las cosas se convierte en rutina—, seremos felices”.
De la página web presentada por Coca-Cola como el gran archivo sobre la felicidad no queda absolutamente nada cinco años después.

Felicidad Interior Bruta

Desde 2013, el 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad. La Asamblea General de la ONU decretó en su resolución 66/281 de 2012 esa fecha para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. 

Se trata de una medida controvertida, por la dificultad para encontrar baremos objetivos que cuantifiquen el grado de felicidad y por las repercusiones derivadas de su conversión en faro de las acciones de gobierno, por delante de otras metas como la reducción de las desigualdades, la lucha contra la corrupción o el desempleo. En otras palabras: el riesgo de que la administración preste más atención a un gurú del mindfulness que a los sindicatos es real.

“Las formas de hacer política basadas en la felicidad —opina Cabanas— suponen ensalzar las cuestiones individuales y desdibujar las sociales, objetivas y estructurales. Vienen a hacer énfasis en que lo más importante es la forma en que se sienten los individuos, como si la política se redujera a hacer sentir bien o mal, como si no se tratara de cuestiones de discusión moral o ideológica”.

Tras firmar algunos de los recortes presupuestarios más importantes en la historia del país, con especial incidencia en el gasto social, a finales de noviembre de 2010 el primer ministro británico David Cameron propuso la elaboración de una encuesta para medir la felicidad de los ciudadanos, con la idea de difundir en la opinión pública que el bienestar se encuentra en otras variables distintas al Producto Interior Bruto.

 Es una iniciativa recurrente en distintos países, que se puede entender como una cortina de humo para distraer la atención. En 2016, el primer ministro y vicepresidente de Emiratos Árabes Unidos, Sheikh Mohamed ben Rashid Al Maktoum, anunció la creación del Ministerio de la Felicidad para generar en el país “bondad social y satisfacción como valores fundamentales”. Asimismo, situó esta novedad en el marco de una serie de reformas entre las que destacaba que se permitiría al sector privado hacerse cargo de la mayoría de los servicios públicos. 

En su informe 2017/2018 sobre Derechos Humanos, Amnistía Internacional concluía que Emiratos Árabes Unidos restringe arbitrariamente el derecho a la libertad de expresión y de asociación, que continuaban en prisión decenas de personas condenadas en juicios injustos, muchas encarceladas por sus ideas políticas, y que las autoridades mantenían a las personas detenidas en condiciones que podían constituir tortura. También señalaba que los sindicatos seguían estando prohibidos y que los trabajadores migrantes que participaban en huelgas podían ser expulsados, con la prohibición de regresar al país durante un año.

Emiratos Árabes Unidos ocupa el puesto 21 de un total de 156 países en la edición de 2019 del informe anual sobre felicidad mundial que Naciones Unidas publicó el mismo 20 de marzo. Se trata de la séptima entrega de un estudio que este año pone el foco, según sus autores, en la relación entre felicidad y comunidad, en cómo la tecnología de la información, los gobiernos y las normas sociales influyen en las comunidades. Finlandia, Dinamarca y Noruega se sitúan en el podio de este peculiar ranking, mientras Israel y Estados Unidos —dos países con enormes tasas de desigualdad y pobreza; el primero, además, sostenido sobre la discriminación de la población palestina— alcanzan los puestos 13 y 19 respectivamente.

 La felicidad en España sube en un año del 36 al 30 en un listado para cuya confección se tienen en cuenta variables como la esperanza de vida saludable, el apoyo social, la libertad para tomar decisiones, la generosidad o la percepción de corrupción.

De los meandros que entrecruzan política y felicidad sabe bastante la filósofa Victoria Camps, senadora por el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) entre 1993 y 1996 y ganadora del Premio Nacional de Ensayo en 2012 por El gobierno de las emociones. En su opinión, la búsqueda de la felicidad es “un derecho, expresado de diferentes formas: el derecho a la igualdad, a tener una protección por parte de los poderes públicos para que esa libertad necesaria para escoger una forma de vida la tenga todo el mundo, no solo unos pocos”. 

Por eso considera que la política no debe garantizar la felicidad sino “que podamos buscar la felicidad”. Ella entiende que el modelo de Estado de bienestar “iba en ese sentido de proteger socialmente a los más desprotegidos, redistribuir la riqueza e igualar las condiciones de felicidad”. Para esta filósofa, el Estado de bienestar está en crisis pero cree que “era un buen modelo y que habría que potenciarlo e intentar adaptarlo a las nuevas necesidades y corregir todo aquello que no está funcionando”.

Camps conversa con El Salto a propósito de su reciente ensayo, titulado precisamente La búsqueda de la felicidad (Arpa Editores, 2019). Como filósofa, marca distancias entre su disciplina y la palabrería de autoayuda: “Creo que están en las antípodas una de otra. La filosofía no da recetas, sino que plantea cuestiones y obliga a profundizar, a pensar, a encontrar soluciones”.

También recuerda un factor que el paradigma de la psicología positiva tiende a olvidar: “Las condiciones materiales afectan bastante. Ya lo decía Aristóteles muy claramente: la felicidad no está en la riqueza, en el honor, en el éxito, pero todo eso es necesario para ser virtuoso. O como decía Bertolt Brecht, primero hay que comer y después hablar de moral”.

Y reflexiona sobre algunos aspectos nocivos consecuencia de esa promoción de la felicidad como objetivo ineludible: “Lo que se busca es que la gente esté contenta y no moleste mucho. En todos los ámbitos —en la política, en la empresa, en la educación— se busca por vías muy similares a las de la autoayuda, muy simples, que no tienen nada que ver con la felicidad. En la política, todas las medidas antipopulares, difíciles de explicar aunque sean buenas para las personas, son difíciles de proponer porque dan miedo al político, que prefiere que la gente esté contenta con medidas mucho más simples”.

A la felicidad por la huelga

En una entrevista publicada en la web de El Salto en junio de 2018, el músico asturiano Nacho Vegas hablaba de reivindicar la infelicidad, ya que que, en su opinión, “hay veces que parece que vivimos en esto que Alberto Santamaría llama capitalismo afectivo en el que algunas empresas miden cuánto les cuesta la infelicidad de sus trabajadores y se dedican, con estos rollos motivacionales y de coaching, no a crear felicidad, porque el capitalismo no puede hacer eso, sino a cambiar la respuesta de la gente ante la infelicidad”.

Alberto Santamaría es profesor de Teoría del Arte en la Universidad de Salamanca y el año pasado publicó En los límites de lo posible (Akal), un intento de rastrear la actividad de los agentes que posibilitan que la creatividad, las emociones o la imaginación conformen un mapa afectivo necesario para la prosperidad económica.

 “Las empresas se dan cuenta de que la infelicidad, la depresión, son problemas gravísimos. Ahora bien, lo que buscan no es una solución directa, sino que la estrategia se basa en reforzar esa doble dinámica de relación mercantil y deseos. Por ello lo que la narrativa empresarial nos vende es que el único lugar donde de verdad seremos felices es en el trabajo”, contesta a El Salto.

Para Isabel Benítez, socióloga y periodista especializada en la cuestión del trabajo y conflictos laborales, la respuesta que las empresas ofrecen ante la infelicidad de las plantillas es un “mecanismo sofisticado de domesticación que busca productividad, directa al intentar mejorar la satisfacción y movilizar los recursos emocionales propios, internos de las trabajadoras; pero también productividad indirecta: reducir la conflictividad laboral, la articulación colectiva del malestar común”.

En su opinión, es “harto difícil” que en el trabajo asalariado se encuentre una posibilidad de realización personal-profesional, aunque precisa que “a nivel individual hay quienes sí lo consiguen a pesar de la inestabilidad, la arbitrariedad, la falta de perspectiva, la ausencia de control sobre el qué, cómo y para qué de tu trabajo”.

Benítez escribió junto a Homera Rosetti La huelga de Panrico (Atrapasueños, 2018), un libro sobre la experiencia de la huelga indefinida que entre octubre de 2013 y junio de 2014 mantuvo la plantilla de la única fábrica de Panrico en Cataluña. Ella cree que los momentos de organización, ganar posiciones y lograr cambios en lo laboral son fuente de satisfacción y crecimiento para los trabajadores, pese a todos los obstáculos.

Por eso considera que la huelga no deja indiferente a nadie: “Es una alteración de la normalidad donde se incrementa la sociabilidad entre trabajadores, se pone a prueba la capacidad de análisis y de organización colectiva, y se descubren habilidades ‘ocultas’: creatividad a todos los niveles para pensar —dónde, cuándo, cómo presionar a la empresa, para dirigirte al resto de compañeras, para activar solidaridades externas a la empresa o centro de trabajo—, para hacer —construir barricadas, campamentos—, negociar, estrategia. Las huelgas, los procesos de lucha colectiva, cambian a las personas que participan. Son momentos de mucha tensión y emoción, en todos los sentidos”.

Yo no quiero ser feliz

“Pero a mí me sabe tan mal”, dice la letra de una canción del grupo de rock Los Enemigos que reconoce la incomodidad propia ante quien puede sonreír cuando lo exige la ocasión, quien distingue el principio del final y sabe hacia dónde va. Ante quien, en suma, es tan feliz y encaja. La canción, incluida en el disco La vida mata (1990), se puede leer como un anticipo del hastío por la imposibilidad de alcanzar esa meta de la felicidad que se sugiere como ideal desde tantos frentes. También, de algún modo, como una reacción.

Casi treinta años después de su grabación, Edgar Cabanas observa que en España se está generando una conciencia crítica. “El otro discurso gana, porque es más simplista, traducible a titulares, integrable en políticas de empresa, comercializable, pero está habiendo un caldo de cultivo crítico que intenta hacerle frente”, señala el coautor de Happycracia.

La profesora Vila Núñez entiende que “mientras haya resistencia, no hay triunfo” aunque no tiene dudas de que estamos en una nueva fase del avance del capitalismo, “un estadio sofisticado definido por el asalto al deseo, a la propia subjetividad. Un infierno a la medida de nuestro deseo, nos recordaría hoy, si estuviese entre nosotras, Jesús Ibáñez. Ya no solo somos cuerpos disciplinados sino deseos expropiados, cuerpos sin memoria”.

Según su parecer, en la sociedad que afirma el imperativo de la alegría “ya nada tiene sentido porque nada tiene principio ni fin, solo existe el ¡ya!, el just do it!, porque no hay recuerdos ni compromisos, no somos nadie, no venimos de ninguna parte y no vamos a ninguna parte, este es el estado de la cuestión, es el cuento del estado de las cuentas. Sísifo arrastrando la piedra que al llegar a la cumbre siempre puede volver a caer”.

A finales de 2018 se publicó La vida de las estrellas (La Oveja Roja), segunda novela de Noelia Pena. Un relato acerca de las otras realidades que la imposición del arquetipo de persona triunfadora, hecha a sí misma y feliz pretende ocultar. Lo que le interesaba, cuenta la escritora a El Salto, era “arrojar un poco de luz sobre algunas problemáticas y conflictos a los que no siempre queremos mirar de frente, como la enfermedad, la soledad, el aislamiento o el maltrato.

 La proliferación de enfermedades como la ansiedad y la depresión evidencia que este sistema no nos deja vivir: nos exprime y asfixia. ¿Qué sucede cuando una depresión nos impide ir a trabajar o cuando perdemos un trabajo? Nuestra seguridad se tambalea y con ella el modelo de vida que proyectamos alrededor del éxito profesional”.

Pena entiende que el gran problema social sigue siendo la emancipación y en el libro aborda esta cuestión. Pero asegura que no se propuso que sus personajes fuesen el contrapunto a lo que prescribe la psicología positiva: “Lo que puede verse en las problemáticas de los personajes de la novela es la dimensión colectiva de los malestares contemporáneos. 

A pesar del individualismo creciente, gran parte de nuestros problemas tienen una dimensión social: la soledad de los personajes, sin ir más lejos, especialmente los mayores. Tanto el mindfulness como los libros de autoayuda intentan convencernos de que cambiando nuestra mente podemos cambiar la realidad e individualmente podemos conseguir la felicidad, pero ¿cómo ser felices si la solución a nuestros problemas no es individual, sino que comporta decisiones ajenas, ya sean políticas, médicas o bien apuntan a estructuras de poder asentadas desde hace siglos o a la violencia sobre nuestros cuerpos por parte de otras personas?”. La respuesta a esta pregunta es, posiblemente, la más importante de todas las que se buscan a lo largo de la vida."                       (José Durán Rodríguez, El Salto, 13/04/19)

24/4/15

Bután y su modelo de desarrollo... la Felicidad Nacional Bruta

"(...) ¿qué hace a Bután diferente? La respuesta corta es que han hecho una de las apuestas más serias por un modelo de desarrollo que supere los fracasos del modelo capitalista tal y como lo conocemos. (...)

La economía de la felicidad es un moderno acuño de la economía política y las teorías del desarrollo para referirse a algunos experimentos que pretenden superar la clásica concepción del desarrollo en términos puramente monetarios. (...)

Es así que hace 40 años, cuando las modernas potencias occidentales introdujeron el desarrollo como un proceso consciente de agencia y comenzaron a intentar cuantificarlo se le preguntó a Bután: ¿cuál es el Producto Interior Bruto (PIB) de vuestro país? Lo que sucede a continuación es el punto de partida de la historia de Bután que nos interesa para este artículo.
 
ARTÍCULO RELACIONADO: Introducción al concepto de desarrollo (Juan Pérez Ventura, Enero 2015)

El que había sido recientemente coronado Rey de Bután en 1972, Jigme Singley Wanchuck, respondía a la anterior pregunta con su famosa cita: “A Bután no le importan las posesiones materiales de sus habitantes, sino lo felices que son”. Sobre la orientación que iba a dar a su modelo de desarrollo el rey de Bután concluía: “No nos importa medir el PIB, sino el FIB, la felicidad interior bruta de nuestro país”. 

En ese momento es en el que se forja el compromiso de Bután en torno a la satisfacción de los indicadores que convinieron en medir con el Índice de Felicidad Bruta o la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Y se mantiene intacto hasta la actualidad. Este índice se ha convertido en una verdadera alternativa al PIB y constituye una apuesta firme por orientar su política económica y social hacia otros objetivos que difieren del simple progreso económico, al menos en los términos en que lo conocemos.



El índice de FNB incluye nueve áreas a las que atender para medir el desarrollo del país, aunque se suelen resumir en cuatro objetivos: bienestar económico, salud, educación y diversidad y resiliencia ecológica. En efecto, de los nueve indicadores sólo uno es el que se refiere al progreso económico, medido a través de la cuantificación de los bienes, la posesión de vivienda y el ingreso per cápita familiar. 

¿Significa esto que a Bután le preocupa poco el bienestar material de sus habitantes? La realidad es que si en algo están de acuerdo todas las teorías del desarrollo es en que la necesidad básica de bienestar material, esto es: un ingreso suficiente, una provisión de alimentación, de salud, y vivienda-descanso adecuadas, son cuestiones que van más allá de la “buena vida” y son supervivencia directa. 

Lo que Bután plantea con su índice de FNB es la necesidad de incluir en la agenda política otras cuestiones que vayan más allá del progreso en términos económicos, y que en cualquier caso busquen el equilibrio entre el progreso material y el crecimiento sostenible. Bután se haya en la búsqueda de una buena vida, de la felicidad. ¿Para qué si no se organizan los humanos como colectividad?


Las cuestiones que van más allá del progreso económico son, entre otras, el buen uso del tiempo, y especial atención a la diversidad y resiliencia ecológica. Junto a esto, Bután entiende que la felicidad se halla en la satisfacción de un tipo de necesidades inmateriales que se refieren a la libertad, la estabilidad emocional y psicológica y la identidad.

La vitalidad de la comunidad de referencia y la participación en los ritos sociales y prácticas culturales cumplen la función de dar un sentido a la trayectoria vital de los individuos. Esta búsqueda de la realización personal y social del individuo está estrechamente ligada a la concepción sobre la felicidad para los budistas (el sukha). 

Esta felicidad habrá de encontrarse en un verdadero entendimiento del mundo y el yo: en las relaciones interpersonales, y no en las posesiones materiales. En el fondo la cuestión del equilibrio entre PIB vs. FIB representa la oposición: producir vs. felicidad o desarrollo económico vs. desarrollo personal y social.

Dice al respecto Sulak Sivaraksa que: “De acuerdo con los especialistas de desarrollo occidentales, podemos aumentar la felicidad y satisfacción mediante el consumo de bienes y servicios; mientras que, de acuerdo con los budistas, nuestra felicidad y satisfacción sólo pueden aumentar reduciendo nuestro deseo de bienes materiales”. Esta profunda convicción ha orientado hasta ahora la manera de gobernar en Bután. Es lo que podemos llamar “las políticas del eco-budismo”.

Eco-budismo en el Himalaya. ¿Es posible entender Bután sin entender el budismo?

 Bután enfrenta la dificultad de combinar el rápido crecimiento económico propio de las primeras fases de desarrollo de un país, con la importancia de la conservación de sus vastos recursos naturales. 

La Constitución de Bután (aprobada en el año 2009) incluye la satisfacción de la Felicidad Nacional Bruta como objetivo político de primer orden, y específicamente incluye, en su artículo 5, apartado 3, la obligación del gobierno de asegurar el mantenimiento de un mínimo del 60% de bosque salvaje. 

Es una constitución sin precedentes al crear una protección tan específica para sus espacios naturales vírgenes. Y es que se han tomado muy en serio la satisfacción de sus objetivos de diversidad y resiliencia ecológica: de ello depende el futuro del país y su turismo, por lo que es una cuestión que merece ser tratada con especial mimo.

Abierta la nueva etapa constituyente, el país debe plantearse las soluciones posibles para enfrentar problemas ecológicos derivados del daño a la vida silvestre y los problemas de urbanización consecuencia del desarrollo. Se propone así una visión integral de la protección del medio ambiente desde la acción del Estado.

 Para ello, se crea la Comisión Nacional del Medio Ambiente, la cual enfrenta 4 problemas principales: el alto nivel de explotación de las tierras; la elevada deforestación; los problemas de erosión e inundaciones; y la degradación de la baja productividad de las tierras de cultivo, de las que depende casi totalmente su economía.

 Paralelo a ello, numerosas voces del entorno económico internacional han instado repetidamente a Bután para que explote sus vastos recursos madereros y cinéticos como vía rápida de desarrollo. En efecto, la riqueza y diversidad natural del país es un poderoso activo económico que ha llamado la atención de la industria transnacional. 

Sin embargo, lo que se ha hecho ha sido respetar y acogerse al primer principio que uno encuentra en “el manual del buen ecologista”: hacer un uso del entorno que trate de no comprometer el uso de futuras generaciones. Es así que, por ejemplo, Bután ha optado por el sector hidroeléctrico como fuente de energía renovable y actividad económica sostenible para el país. 

En la actualidad va camino de convertirse en una de las fuentes principales de ingresos de la nación. Mientras, mantiene prácticamente intactos sus recursos naturales. ¿Hasta cuándo resistirá Bután la presión desarrollista que le invita a explotar su patrimonio? ¿Está sólo en el mundo en este intento? (...)

Bután: la dictadura de la virtud 

En el empecinado intento por mantener su posición frente a la corriente de desarrollo económico y social hegemónica, Bután ha legislado activamente por la defensa de la virtud como ellos la entienden. 

Apuntaremos a continuación algunas curiosidades o datos sobre el país que nos hacen pensar en Bután como un bastión en defensa de la vida recta, pura y virtuosa. Lo llamaremos “la dictadura de la virtud”, aunque desde 2009 pasara de ser una monarquía absoluta a una constitucional. 

A estas alturas se hace especialmente importante recordar que Bután es un país muy pequeño, de pocos habitantes, y predominantemente agrario. Hasta hace medio siglo era prácticamente un desconocido y su aislamiento en la espiritualidad budista hacía que nadie prestara atención a un país que no parecía más que un mosaico de monasterios religiosos y pequeñas poblaciones rurales. 

 A continuación se detallan algunas particularidades que han de ser entendidas en este contexto, pero algunas pueden servir de ejemplo para inspirar modelos de desarrollo de países vecinos o de similares características. Reconozcamos no obstante la singularidad de Bután, en el que no todo son luces sino que esconde también algunas sombras.

En Bután no hay semáforos. Su capital, Thimbu, es una pequeña población urbana con el caótico tráfico tan propio de India o Nepal, pero que parece poder prescindir de las convencionales normas de tráfico occidentales. 

Entre 1999 y 2000 se introducen en Bután por primera vez servicios limitados de televisión e internet. Ambas tecnologías, tan asumidas por el “mundo desarrollado”, fueron objeto de recelo para el modelo de desarrollo butanés durante un tiempo. Igualmente, están prohibidas las bolsas de plástico. 

Es una medida ejemplar que muestra el compromiso del país con el respeto por la naturaleza y el uso consciente de los recursos naturales. También está prohibida la venta y distribución de tabaco y productos derivados del tabaco. El tabaquismo, como otras adicciones, es una de las mayores contradicciones de la racionalidad del individuo moderno. Así lo entienden los budistas.

El turismo en Bután es un potente activo económico, pero es estrictamente regulado por el Estado en aras de mantener la sostenibilidad de la explotación de su patrimonio natural y cultural. Sólo se puede viajar desde el extranjero mediante un paquete turístico cerrado previo pago de un importe (que en la actualidad es en torno a 200$ por día, aunque está en continúa revisión) que incluye el alojamiento, manutención y las visitas por el país.

Como última cuestión, pero quizá la más preocupante, es la de las minorías étnicas de origen indio o nepalí: los ithosampas. Esta población asentada principalmente en el sur del país fue privada del derecho de ciudadanía en 1985, lo que forzó al exilio a una buena parte de ellos durante las siguientes décadas. En 2007 se estimaron 108.000 refugiados en campamentos de Nepal, aunque se han ido reasentando la mayoría en países extranjeros. La situación sigue sin resolverse en la actualidad. "                 (  , El orden mundial s. XXI, 28 mar, 2015)