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26/3/24

En defensa de la Semana Santa... nunca he tenido una educación religiosa; no estoy bautizada y siempre me consideré atea; sin embargo, si escucho las primeras notas de la saeta de Antonio Machado cantada por Serrat, o huelo el incienso que, durante estos días, queman mis vecinos en el alféizar, el estómago se me recoge en un nudo y valoro como nunca una celebración de la que no pude gozar durante los años que viví en Estados Unidos... Cada primavera de mi infancia se articulaba en torno a una espera ansiosa por el inicio de estas vacaciones que me conducirían al pueblo y, allí, de la mano de mi abuela, contemplaría el ritmo lento de los pasos a la luz de los cirios... no comprendía del todo la emoción de mi abuela, pero me gustaba acompañarla en su éxtasis, nacido horas atrás, pues acicalarse para la ocasión y coger sitio ya constituía, en sí, una fiesta... creo que la clave de mi defensa de la Semana Santa reside en ese vínculo, etéreo y, a la vez, de carne y hueso... los rituales son "técnicas simbólicas de instalación en un hogar", mecanismos para hacer habitable el tiempo, que nos arrope en un reconocimiento donde radican "las metáforas generadoras de sentido y fundadoras de comunidad que dan estabilidad a la vida"... estos procesos celebratorios nos hilvanan a otra gente que comparte con nosotros momentos dilatados y construye verdaderas redes, alejadas de la perniciosa cámara de eco de las digitales... es posible abrazar una tradición tan abarcadora desde las izquierdas sin que se nos tilde de retrógrados, ni beatos carentes de raciocinio, especialmente al enunciar desde el Sur... Desde luego, no seré yo quien cercene la ilusión de mi abuela, ni cierre los ventanales de mis vecinos (Azahara Palomeque)

 "Hace dos días que comenzó la Semana Santa. A pesar de las procesiones canceladas por la lluvia (agua bendita para la sequía), he podido toparme en Córdoba con fervorosos fans de esta festividad abarrotando las calles, hasta el punto de que ayer me fue casi imposible entrar en mi casa: un hueco, por favor –pero nadie se movía–; disculpen –y la barrera humana, pétrea como un muro, infranqueable, seguía allí-. De repente, a un señor engominado le trepó la ira por el pecho y, amarrado en jarras a su familia, me espetó: "por aquí no se pasa"; a lo que contesté, furiosa: "¡por donde tú quieras, lo que me faltaba!", y, como si hubiera pronunciado las palabras mágicas frente a la cueva de Alí Babá, mi cabreo y un par de empujones desataron la magia, y se apartó, refunfuñando.  

Al margen de su penetración cultural, nunca he tenido una educación religiosa; no estoy bautizada y siempre me consideré atea; sin embargo, si escucho las primeras notas de la saeta de Antonio Machado cantada por Serrat, o huelo el incienso que, durante estos días, queman mis vecinos en el alféizar, el estómago se me recoge en un nudo y valoro como nunca una celebración de la que no pude gozar durante los años que viví en Estados Unidos. Quizá esa privación haya despertado en mí una admiración más entusiasta de esta fiesta popular, por mucho que critique fenómenos indeseables asociados –como la turistificación– y me corten el camino señores engominados. 

Una parte de mi disfrute se debe, indudablemente, a la memoria, y es tan visceral que a duras penas podría narrarlo en detalle. Cada primavera de mi infancia se articulaba en torno a una espera ansiosa por el inicio de estas vacaciones que me conducirían al pueblo y, allí, de la mano de mi abuela, contemplaría el ritmo lento de los pasos a la luz de los cirios y el compás de la banda de música. Identificar a algún pariente entre los nazarenos me provocaba una alegría ingenua que, de alguna manera, simbolizaba una atadura al rito, lo mismo que los dedos que me agarraban suavemente me enlazaban a aquel territorio. A veces, no comprendía del todo la emoción de mi abuela, pero me gustaba acompañarla en su éxtasis, nacido horas atrás, pues acicalarse para la ocasión y coger sitio ya constituía, en sí, una fiesta.

Un año, el único que logré escaparme de Estados Unidos en estas fechas, fui yo quien la sostuvo cuidadosamente contra unas piernas ya muy frágiles, protegiéndola del vaivén del gentío; no me importaron las veinticuatro horas sin sueño del viaje, porque aquel gesto representaba tanto una deuda con ella como la confirmación de un vínculo. Más allá de que haya aprendido a apreciar también la belleza artística del espectáculo, creo que la clave de mi defensa de la Semana Santa reside en ese vínculo, etéreo y, a la vez, de carne y hueso.

Afirma el filósofo Byung-Chul Han que los rituales son "técnicas simbólicas de instalación en un hogar", mecanismos para hacer habitable el tiempo, que nos arrope en un reconocimiento donde radican "las metáforas generadoras de sentido y fundadoras de comunidad que dan estabilidad a la vida". Colectivos por definición, estos procesos celebratorios nos hilvanan a otra gente que comparte con nosotros momentos dilatados y construye verdaderas redes, alejadas de la perniciosa cámara de eco de las digitales. Que se paralice, en general, la rueda productiva del trabajo y surja una experiencia contrapuesta al rendimiento y al narcisismo de cada día, siguiendo con Han, contiene mucho de subversivo, sin mencionar cómo la ritualidad es capaz de enraizarnos al pasado y proyectarnos hacia el futuro ahora que nuestras sociedades parecen trastabillarse en una inmediatez perpetua muy próxima a la orfandad.  

Por supuesto, ni todos los rituales han de ser católicos, ni aceptados acríticamente –una comunidad puede forjarse alrededor de la violencia salvaje contra los excluidos, por ejemplo–, pero pretender castrarnos de la espiritualidad comunal, el jolgorio y las raíces supone ampliar aún más la atomización social en una época caracterizada por la aceleración sin rumbo. Al menos, me digo, en Semana Santa se permanece en alguna parte; al menos, puedo trazar una afinidad superior a mi tribu con personas que, en cualquier otra circunstancia, me serían extrañas y probablemente antagónicas ideológicamente, pero, de la misma forma que el comunista Carlos Cano logró cantar un himno tan sobrecogedor como Pasan los campanilleros y labrar con él un puente afectivo a lo largo y ancho del espectro político, es posible abrazar una tradición tan abarcadora desde las izquierdas sin que se nos tilde de retrógrados, ni beatos carentes de raciocinio, especialmente al enunciar desde el Sur. 

Es más, si la religión se concibiese en su connotación etimológica –del verbo "re-ligare", reunir–, o mutase en impulsos de justicia social similares a los presentes en la teología de la liberación o el ecologismo que busca salvar el planeta como creación divina, o aumentase el número de cofradías obreras, tal vez desencadenaría menos rechazo entre aquéllos que, en nuestro país, sólo pueden señalar su apropiación por el franquismo y herederos. Cambiar, resignificar, moldear el rito hacia posturas no dañinas; interrogarlo al modo de Saramago, pero no desear eliminarlo: ¿una solución? Desde luego, no seré yo quien cercene la ilusión de mi abuela, ni cierre los ventanales de mis vecinos. "              (Azahara Palomeque, Escritora y doctora en Estudios Culturales, Público, 25/03/24)

2/12/22

La historia del niño lama español que abandonó su templo de la India por las ‘raves’ de Ibiza

 "De Osel Hita Torres se han escrito muchas cosas durante muchos años, como prueba una rápida búsqueda en Google. “Pero son retazos de una vida que nunca se había contado de principio a fin. Hasta ahora, casi nadie me entendía”, explica él mismo a principios de noviembre en las oficinas de HBO Max España. La suya es una vida que resulta irrepetible. O quizá sería más descriptivo decir que las suyas son muchas vidas encerradas en un mismo cuerpo.

Es la única persona occidental declarada por el Dalai Lama como la reencarnación de un maestro budista. La plataforma suma a su catálogo una serie documental de la productora Mr. Monkey que lleva su nombre y cuenta su historia.

El director Lucas Figueroa inicia el relato con un capítulo lleno de contexto que sitúa al espectador en un viaje que no acabará tal y como lo empezó. Es el testimonio que descubrió al leer el libro biográfico de María, la madre de Osel. Un suceso conmocionó al mundo en 1986, cuando un bebé de la Alpujarra fue reconocido como la reencarnación de Lama Yeshe. Este visionario maestro budista decidió mezclarse con la cultura hippy de Europa y Estados Unidos durante los setenta y ochenta, para así romper las barreras culturales que alejaban a su doctrina religiosa del mundo occidental. 

Durante sus visitas a una comuna española, conoció al matrimonio formado por María Torres y Paco Hita, quienes constituían un curioso triángulo con el francés Francois Camus, joven millonario benefactor del lugar. El líder espiritual vislumbró que sería allí donde regresaría tras su muerte. El nacimiento de uno de los hijos de la pareja, Osel, encajó en la profecía y fue trasladado a la India, para su entronización y formación.

Hita creció en ese templo, con unas luces y sombras que explica por vez primera de forma detallada en esta serie de cuatro capítulos. Cuando rememora su infancia, habla del sentimiento de abandono, al creerse vendido por los suyos, que le ha acompañado durante años. Y de los estrictos códigos que afrontó en su educación como lama, que le llevaron a tener estrés, con siete años, viviendo en medio de la nada. No podía hacer deporte, no podía ver películas, ni comer acompañado de nadie. Solo podía estudiar durante horas, entre 8 y 16 al día, a menudo textos en tibetano, recuerda Hita. 

 Tras su mayoría de edad, decidió abandonar el lugar para viajar por el mundo, acercarse a su familia y conocer una visión terrenal de la vida que hasta entonces apenas había experimentado, salvo en contadas visitas a su hogar español. Y así es como fue adolescente en la Ibiza de Pachá, las drogas y las raves, un sin hogar en Venecia, estudiante en prestigiosas escuelas de Suiza y Canadá… Ahora, a sus 37 años, se siente en paz con su familia y con su pasado religioso, es padre y activista medioambiental, que une las visiones extremas de dos mundos, el de la espiritualidad oriental y el hedonismo capitalista de Occidente.

“Yo vivía en Argentina cuando todo esto ocurrió y, al leer los recuerdos de María, me parecía una historia inverosímil”, cuenta Figueroa, que decidió viajar por diferentes países para conocer y grabar con su cámara a las personas que aparecían en el texto. Tras años de trabajo, Hita, desaparecido de forma voluntaria de los medios de comunicación durante más de una década, decidió que él también quería participar en el testimonio visual de la que es la historia de su vida.

 “Ese camino que hacen los protagonistas de la serie documental, en el que lo malo termina siendo bueno y a la inversa, es el que busco para la audiencia”, comenta el director. Lo hace a través de dos personajes especialmente fascinantes, el niño lama convertido en un adulto y María, una madre con miradas muy poco comunes que pasa de ser enjuiciada a comprendida. “Ella, su forma de ser, hacen que al final termines mirándote a ti mismo y analices tus propios prejuicios”, defiende el responsable de la serie. En realidad, Osel es “la historia de una familia en medio de situaciones extraordinarias”, continúa.

Mundos irreconciliables

Son tantos los choques culturales que muestra Osel, que también cuestiona si las sociedades occidental y oriental están condenadas a no entenderse, por mucha globalización que llegue al mundo. “Hay y habrá aproximaciones, pero solo en asuntos muy puntuales”, opina Figueroa. “Yo creo que se puede compartir, unificar, romper tabúes, derribar barreras… Para mí es un honor formar parte de ese proceso”, cuenta Hita, que siente que su vida ha sido “un experimento” con el que probar que el entendimiento es posible.

El ponerse por una vez en el lugar de espectador gracias a este proyecto ha ayudado a Hita a cambiar la perspectiva de su biografía. “La serie me ha ayudado mucho a ver las cosas de forma objetiva ante una experiencia que me resultó tan extrema. Ha sido como una terapia, un largo proceso de aprendizaje”, cuenta quien fuera niño lama. En su actual proyecto de vida, Hita da charlas en todo el mundo, también en centros budistas de aquellos que han aceptado que se desviara del camino que le había marcado su religión. Se presenta como un líder que sigue aprendiendo, no como un gurú que sabe de todo. Su fundación Global Tree Initiative recopila las enseñanzas que ha recibido y las aplica en la lucha por proteger el medioambiente. Será uno de los asuntos que la serie trate en las dos temporadas más que su creador tiene planeado para ella.

“Mi apego emocional fue con mi maestro, la única figura constante que hubo en mi infancia. Con mis padres no me he criado, los he ido conociendo poco a poco. Me costaba tener intimidad y comunicación con ellos. Pero para mí siempre ha sido más fácil entender a mis padres que ellos a mí. La primera vez que vi la serie terminada, no pude esperar a que acabaran los capítulos para enviar un mensaje a mi madre y mi padre y decirles que les amo”, confiesa."                (Héctor Llanos Martínez , El país, 06/11/22)

7/8/20

Santa Sofía y los motivos del 'nacionalislamista' Tayyeb Erdogan

"¡Casi como la voladura de la estatua de Buda en Afganistán por los Talibán!

Dos meses después de que su imagen apareciera en una pantalla gigante en la Santa Sophia junto a un imán recitando el Corán, y recibir el aplauso de una masa exaltada, y una semana antes del aniversario del fallido golpe de estado de EEUU contra su persona en 2016, un desafiante Tayyeb Erdogan declara la reconquista islámica del fue museo durante ocho décadas. La antigua catedral de Estambul volvía a ser testigo de la manipulación de la espiritualidad de los ciudadanos por las instituciones religiosas y los desesperados embusteros que representan el poder.

La turbulenta historia de Hagia Sofia es la de muchos espacios sagrados históricos. En Oriente Próximo, cuna de las principales religiones del mundo, las actuales estructuras sagradas llevan la huella de los credos que fueron derrotados siempre después de la masacre de sus fieles.

La Kaaba, un templo pagano, por ejemplo, se convirtió en mezquita en 630 tras varias guerras de Mahoma, quien destruyó los ídolos que acogía, preservando su forma cuadrada de templos tradicionales árabes: la estrategia respondía a la intención de no perder a los antiguos fieles y atrayendo nuevos creyentes que buscaban respuestas, felicidad y paz. En Irán, los conquistadores árabes levantaron sus mezquitas sobre los escombros de los Templos de Fuego (Atashkadé) zoroástricos y los Baharestán budistas, y al no conseguir que el pueblo vencido reconociera a Alá y siguiera adorando a su Jodá «Nacido de sí mismo», decidieron asimilar gran parte de sus mitos y rituales elaborados con sofisticación: 

Las mezquitas tendrán grandes patios a cielo abierto, y estarán adornadas con los mismos árboles que hacían de columnas para sujetar el cielo en el océano cósmico zoroastriano; tendrán minaretes (palabra árabe que significa "lugar del fuego", elemento central del credo mitraísta iraní, el culto a la diosa solar), y además en números pares, representando el dualismo filosófico persa, en el que el Dios Mazda estaba unido al anti-dios Ahriman, el Bien al Mal, y el paraíso al infierno. 

Los iraníes ya islamizados mantuvieron las "piscinas" llenas de aguas puras delante de las mezquitas, para así integrar en los ritos islámicos un elemento ausente en los desiertos árabes, que de paso duplicaba la imagen del santuario, como la manifestación de su doctrina dualista. También salvaron los azulejos, mosaicos y espejos de sus antiguos santuarios, y llenaron los nuevos con coloridas alfombras persas obligando a los fieles quitarse los zapatos al entrar para no ensuciar aquellas valiosas obras de arte, cuyos motivos representaba al paraíso, «jardín» en persa.

Este mestizaje arquitectónico de los templos, también se ve en las iglesias, levantadas en Europa sobre los mitrium, templos de Mitra, la diosa solar persa. Sus entradas en forma de cueva recuerdan la leyenda iraní del nacimiento diario de "la Sol" de estas cavidades y el lugar de su reposo cada noche; los sacerdotes cristianos se vestirán como los "Sabios Mogs", llamarán Mitra al gorro de su Papa y Natividad al solsticio de invierno. Los "disidentes" Cátaros también harán suya, con retoques, la doctrina de Mani, el profeta pintor. Hoy, la Haiga Sofía, el símbolo de este sincretismo, que es presentada como un trofeo de un pequeño hombre guerrero con delirios de grandeza, y mañana tendrá otro destino.

Demoler templos está de moda: Israel lo ha hecho con un centenar de mezquitas tras ocupar las tierras palestinas, y los hinduistas de la India lo practicaron con la Mezquita de Babri de Ayodhya (s.XVI), levantada sobre un templo sagrado hindú, devolviéndole a Rama su templo.

A grandes males grandes remedios

La conversión de Hagia Sofia en mezquita no se debe a su escasez en Turquía, sino a la suma de una serie de fracasos que han puesto en jaque al islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) y su presidente Erdogan, en un intento de reconstruir su imagen, con medidas y consignas panturquistas y ultrareligiosas:
  • Cuando los sondeos preelectorales del 2019 revelaron que PJD iba a perder la alcaldía de la estratégica ciudad de Estambul, Erdogan prometió en un mitin rezar en Hagia Sofia si iban a ganar. Aun así, perdieron: Marx ya habia advertido que la economía es lo que manda, y la preocupación de los "musulmanes" sin trabajo y sin una vivienda digna que encima aguantan una férrea dictadura no era dónde rezar.  Desde su trono en el Palacio Blanco de 1000 habitaciones, Erdogan decidió seguir con su plan, convencido de la fuerza reclutadora del sentimiento de nostalgia de los más fanáticos. Recuperar Estambul mediante este gesto se parece al traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén por Trump, en busca del voto evangélico.
  • Atraer la simpatía de los extremistas y los sectores subdesarrollados de la sociedad, mientras los liberales y centristas se alejan de él y su discurso.
  • La crisis económica agravada por la aparición del coronavirus, que ha golpeado duramente la industria turística turca que atendió el año pasado a 45 millones de visitantes, quienes dejaron unos 34.500 millones de dólares en el país.
  • La militarización de la política exterior ha agravado la crisis económica y social. Turquía que ya estaba implicada en las guerras de Siria el norte de Iraq se ha metido de lleno en el conflicto libio, pretendiendo recuperar la "patria Azul".
  • En Siria, Bashar el Asad sigue en su palacio, a pesar de que Turquía ha invertido miles de millones de dólares en desbancarlo. Ocupar la Santa Sofia es un intento  de resaltar la figura de Tayyeb Erdogan, como líder del inexistente "mundo islámico"
  • Profundizar el culto a su personalidad, para aislar las voces críticas en el seno de su partido, sobre todo por su gestión de la "cuestión kurda".
  • Aumentan las denuncias sobre las detenciones arbitrarias de cerca de 150.000 opositores -entre ellos cerca de 120 periodistas-, torturas, violaciones en las cárceles turcas por la Organización de Inteligencia Nacional (MIT) que recuerdan los peores años de las dictaduras militares. En protesta a esta situación, dos cantantes del grupo folk Grup Yorum perdieron la vida tras una larga huelga de hambre, cada mes miles de  mujeres protestan,  por los continuos ataques a sus derechos.
  • Tapar los escándalos de corrupción financiera y urbanística que involucraron a él y su familia.  
  • Impulsar, bajo la cortina de humo de restaurar las glorias pasadas, medidas impopulares económicas y políticas.
  • Reforzar el nacionalislamismo en el PJD.
  • Representar la toma de Hagia Sophia como una victoria no bélica, señalando a los cristianos y o "los occidentales" como los enemigos del pueblo, para que no vean a la clase burguesa corrupta, oscurantista, y militarista que le gobierna.
  • Vengarse a Europa, por haberle cerrado las puertas definitivamente. Los europeos, tras las guerras de EEUU en Oriente Próximo, se dieron cuenta que mejor tener a Turquía como Estado Tapón que compartir fronteras con Iraq, Siria e Irán. El abandono europeo  acercó a Turquía a Rusia, e Irán a China.
  • Buscar la condena internacional para demostrarla al pueblo como prueba de que el mundo está contra Turquía y él es el único capaz de defender su soberanía.
  • Es un contundente gesto no sólo contra el laicismo de Ataturk, sino contra el propio Padre de Turquía. El Tribunal que ha firmado la autorización para usar Hagia Sophia como mezquita afirma que la decisión del gobierno de Araturk fue una "traición a la historia".
  • El "líder espiritual" turco se queda sin ideas. 

    Los siguientes pasos "bomba" de Erdogan podrán ser recuperar la escritura árabe-persa, inhabilitar al padre de la nación Kemal Ataturk e incluso adelantar las elecciones presidenciales previstas para 2022, antes de que la situación se empeore aún más para su partido. 

    Hasta 2023, el centenario de la fundación del país, los ciudadanos tendrán más mezquitas y megaproyectos en vez de hospitales, puestos de trabajo y derechos, un megalómano Erdogan, patrocinador del Estado Islámico, construirá las mezquita más grandes de Albania, Kirguistán y Ghana  y va a levantar otras en Venezuela y Cuba, mientras los "musulmanes" yemeníes se mueren literalmente de hambre"        (Nazanín Armanian, Público, 05/08/20)

24/6/15

Sugiere a los cristianos que reconozcan a Mahoma, los judíos a Jesús, ambos a Buda…

"A los 18 años se metió a monja católica, pero admite que era “una monja muy mala”. En vez de seguir esa vocación, Karen Armstrong (Wildmoor, Worcestershire, 1944), inglesa de ascendencia irlandesa, dedicó su vida a conocer a fondo todas las creencias —cristianismo, islam, judaísmo, budismo o hinduismo— desde fuera de los dogmas. Se alejó de la fe, pero tampoco se define como agnóstica: su religión ahora es el estudio de las religiones. (...)

Frente al activismo ateo, un laicismo que considera agresivo y los crecientes recelos contra el islam, Armstrong defiende una visión comprensiva del hecho religioso y, sobre todo, de la tendencia humana a la búsqueda de la espiritualidad. (...) promotora de la ‘Carta por la Compasión’, un documento que aboga por el entendimiento entre culturas y credos.

PREGUNTA. Sostiene que las religiones hacen bien a la gente. Pero ¿están en lo cierto? ¿Existe un dios, un cielo?

RESPUESTA. En el mundo moderno, tenemos una idea muy primitiva de Dios: que hay algo allá arriba que creó el mundo y escribió un libro, que sabe las cosas y piensa como nosotros..  (...)

P. La religión ¿es una creación humana?

R. Sí.

P. ¿Y está perdiendo terreno según avanza la ciencia y el racionalismo?
R. Está perdiendo terreno en Europa, pero Europa se está quedando muy pasada de moda en su secularismo. En otros lugares la gente se está haciendo más religiosa, para bien o para mal. En la religión hay de todo, como en el arte, el sexo o la gastronomía. Hay excelente arte, o sexo, y muy malo. La idea de que la religión es dañina no es muy inteligente.  (...)

P. ¿El laicismo puede ser intolerante?

R. Sí puede serlo, como la religión, porque somos gente agresiva. Hay quien dice que la religión está detrás de todas las guerras, pero aquí en Occidente tuvimos dos guerras mundiales, el Holocausto, el gulag, Hiroshima. La Revolución Francesa fue un gran momento en la historia europea pero causó miles de muertes.

P. Pero no es intolerante separar religión y política.

R. Creo que esa es una buena idea, y es una buena idea para la religión. Porque una vez que la religión tiende lazos con los aparatos del Estado pierde muchos de sus ideales. El problema es que en muchas partes del mundo la secularización se hizo de forma agresiva. El sha de Irán Reza Phalevi utilizaba a hombres armados para quitar el velo a las mujeres. (...)

Tenemos el caso de Egipto, que tuvo campos de concentración para los Hermanos Musulmanes, o de Atatürk, relacionado con prácticas de limpieza étnica. En muchas partes del mundo el secularismo no ha sido liberador. (...)

P. Dice que en ausencia de religión, la gente busca experiencias místicas en la música, el sexo o las drogas.

R. Buscamos experiencias trascendentes, salir momentáneamente de nosotros mismos, en el arte, en la belleza, en el sexo. Es algo que forma parte de la humanidad. Antes de que existieran los museos o el disco compacto, la forma de buscar el arte era la religión. Como el mejor arte, la religión da la posibilidad de escapar del horror que nos rodea y buscar sentido para nuestras vidas.

P. Señala que el fundamentalismo es un fenómeno muy moderno, una reacción a la colonización, el laicismo, Darwin o la Ilustración. ¿De verdad nadie interpretaba literalmente los libros sagrados en el pasado?

R. No.

P. Y dice que a los autores de la Biblia no le importaban las incoherencias. ¿De verdad no importan?

R. No. No podemos pensar que esos libros descendieron del cielo. La Biblia es una biblioteca elaborada durante siglos. No sabemos cuál fue el uso original de esos libros. Se convirtieron en algo sagrado después de la caída del templo de Jerusalén en el siglo VI antes de Cristo. 

Los judíos hicieron de la Biblia su templo. Cada vez que uno se enfrentaba a los textos sagrados tenía que usar su imaginación para encontrar un sentido diferente para su comunidad. Los católicos no leen mucho la Biblia. Es una colección de libros muy difícil. (...)

La doctrina de que cada palabra de la Biblia es cierta, como el controvertido dogma católico de la infalibilidad del Papa, surgió a finales del XIX. Fue un deseo de encontrar certezas en un mundo moderno en que todo se cuestionaba, como un niño buscando seguridad.

P. Pero mucho antes de esos fundamentalismos existió, por ejemplo, la Inquisición.

R. Sí, pero eso no iba sobre la Biblia. La Inquisición iba sobre todo sobre política interna en un tiempo en que España se enfrentaba a la amenaza del imperio otomano, estaba en la línea del frente, había caído Granada y el país tenía unas comunidades musulmana y judía. Se intentó unir al país luchando contra un enemigo común. Lo que llamamos herejía es casi siempre política.

P. Tampoco fue un fénomeno limitado a España.

R. No, lo tuvimos también aquí. La Inquisición mató a menos gente que lo que los católicos y protestantes mataron en Europa tras la reforma. Pero se convirtió en un símbolo del catolicismo ante los protestantes, símbolo del horror absoluto.

P. La España de los Reyes católicos ¿perdió una oportunidad histórica de convertirse en un ejemplo de país multicultural para Europa occidental cuando expulsó a musulmanes y judíos?

R. Absolutamente. En España había convivencia. Cuando se introdujeron esas medidas muchos españoles se horrorizaron. El antisemitismo es algo característico de Europa occidental que no tenían los musulmanes.

P. Algunos autores creen que se ha idealizado la convivencia en Al Andalus.
R. Cuando la gente convive siempre hay tensiones. Era mucho mejor de lo que ocurría en el resto de Europa.

P. La cristiandad y el islam llevaban siglos guerreando. Pero ¿cuál es el origen del antisemitismo?

R. El islam era lo que hoy son los Estados Unidos. Estaba en todas partes. En un momento en que, tras la caída del imperio romano, Europa cayó en un nivel muy bajo de civilización y desarrollo, aunque no España gracias al islam. 

En el siglo XIV, empezó la modernización que nos transformó de una economía agraria en una comercial. Eso ocurrió en las ciudades. A los judíos se les asociaba con esa nueva economía, que fue una ruptura social. 

P. Usted defiende que el Corán es un mensaje de paz.

R. Sí.

P. Y que Mahoma fue más un pacificador que un guerrero.

R. A diferencia de Jesús, Mahoma se convirtió en jefe de Estado cuando todo Estado tenía que hacer la guerra. Cuando fue atacado por La Meca, tuvo que combatir. La historia dice que Mahoma levantó un imperio sobre todo mediante la diplomacia. Nosotros en Occidente tenemos la idea de que el Corán es sobre la yihad. 

La yihad y sus derivadas aparecen más de 40 veces en el Corán, solo en diez referidas a la guerra. La yihad también es la mejora personal, compartir con los pobres. Mahoma llevó la paz a Arabia y gestionó la unificación mediante la diplomacia.

P. Tanto en el Corán y la vida de Mahoma como en la Biblia uno puede encontrar justificaciones para la violencia.

R. El Corán tiene una actitud mucho más positiva hacia las demás religiones que ninguna escritura hasta ese momento. Dios le dice a Mahoma que la diversidad religiosa es parte de su deseo.

P. ¿Qué piensa cuando grupos violentos como el Estado Islámico proclaman que son los auténticos musulmanes?

R. Mucha de la militancia en el Estado islámico no era particularmente religiosa sino que procede del régimen de Sadam Husein, socialista y laicista.

P. Pero ¿por qué es tan magnético el Estado Islámico para tantos jóvenes occidentales? ¿Hay una motivación religiosa en los que marchan a combatir?

 R. Es complicado. A muchos jóvenes que fueron a la yihad contra la Unión Soviética en Afganistán, y luego a Al Qaeda, no les movía la lectura del Corán sino por las imágenes de sufrimiento en el mundo islámico, en Palestina, en Líbano.  (...)

No es muy distinto a lo ocurrido durante la Guerra Civil española, cuando mucha gente viajó allí a combatir el fascismo. La gente joven ama el combate particularmente. Para muchos es excitante, como un videojuego, se sienten vivos. 

Una de las cosas que más motiva para la guerra es el aburrimiento. Lo entiendo porque cuando entré en el convento miré a mi alrededor y dije: esto parece algo grande. Quería vivir intensamente. Y muchos miembros de las comunidades musulmanas en las sociedades occidentales no se siente en casa.

P. ¿Es la democracia compatible con el islam? Algunos lo dudan porque esa religión, en teoría, aspira a dominar la vida pública.

R. Sí lo es. Todas las religiones son así, la idea de una religión como algo privado y personal es algo moderno. Hasta el siglo XVIII, era conceptualmente imposible para los cristianos separar la religión de la política. Sería como sacar la ginebra del cóctel. Pero el islam está lleno de tradiciones que encajan con la democracia muy bien.

 Durante las manifestaciones en París [tras los atentados contra Charlie Hebdo y contra la comunidad judía], se pedía libertad y se defendían valores de la Ilustración, y se decía que los musulmanes no se adaptan al mundo moderno porque no han tenido una Ilustración. La Liberté era un valor de la Ilustración. 

Pero no había libertad para los esclavos africanos trabajando en las plantaciones americanas, ni para los nativos americanos cuando los fundadores de EE UU se inspiraban en la Ilustración. 

Para la Ilustración, los derechos humanos eran solo para los europeos. John Locke no solo defendía la esclavitud en las colonias, sino el derecho del amo a matar al esclavo. Otro ejemplo: la democracia en Egipto a partir de la independencia fue un chiste malo.  (...)


R. Sí, y hay movimientos en ese sentido. Pero cuidado, porque nuestra reforma en el siglo XVI fue catastrófica por las muertes que provocó. A veces la reforma puede ser dura, cruel e intolerante. 

Lutero no era un hombre tolerante: él odiaba a católicos, judíos, mujeres, turcos y a cualquiera que le llevara la contraria. En cuanto al islam, es muy difícil para la gente ser creativa cuando está siempre a la defensiva. Es difícil encontrar el espacio.

P. ¿Es usted Charlie?

R. Sí.

P. Algunos escritores se han opuesto al premio del PEN a Charlie Hebdo por sus ofensas a los sentimientos religiosos.

R. Es triste que tengamos que expresar nuestra libertad insultando a la gente. Tenemos que recordar que caricaturas de este tipo han sido utilizadas en el pasado contra los judíos antes de que empezara el holocausto, preparando a los alemanes para el genocidio. 

Es verdad que Charlie Hebdo satirizaba todo, y que gente del periódico dijo que lo último que querían era ser antimusulmanes.

P. Meterse con una religión no es exactamente lo mismo que insultar a personas.

R. De acuerdo. Pero ¿por qué hacerlo? Creo que insultar a cosas o a personas es contraproducente. No me preocupa ese tipo de crítica, pero sí que se fomenten estereotipos que hacen que la gente piense de determinada manera. 

En un momento en que tratamos, pero no muy en serio, de crear una sociedad global, mostrarnos arrogantes y poco respetuosos es peligroso. En Occidente Debemos aprender que compartimos el planeta con iguales y no con inferiores. (...)

P. Defiende el entendimiento interreligioso. Y sugiere a los cristianos que reconozcan a Mahoma, los judíos a Jesús, ambos a Buda…

R. No todo el mundo está preparado para eso. Pero es arrogante decir que una sola fe tiene la verdad.

P. Todas las religiones pretenden ser la única verdadera.

R. Eso es ego humano. Como cuando decimos que nuestro país es el mejor."         (   , El País , 20 JUN 2015)

15/6/11

"Las pretensiones de imposición pública de dogmas y control de comportamientos que pretenden las iglesias"

"Últimamente abundan en el pensamiento anglosajón los adalides de la crítica inmisericorde de las religiones. (...)

Grayling repite de modo sintético algunos razonamientos ya planteados en extenso por obras mayores, con algunas aportaciones personales. Por ejemplo, refuta la pretensión de las religiones de merecer un respeto especial en el debate teórico (la comparten, por cierto, con las formas de vida y las ideas políticas).

El respeto a aquellos rasgos no elegidos (edad, color de piel, minusvalías, etcétera) es exigible democráticamente como reconocimiento de la dignidad de cada cual. Pero en lo tocante a opciones personales, ideológicas o de comportamiento, hay que resignarse a la crítica y a las bromas, de mejor o peor gusto. Puede aconsejarse cortesía en ese campo, desde luego, pero no exigirse intangibilidad so pena de ser acusado de "fóbico" o "intolerante". (...)

En realidad, el discurso de Grayling argumenta polémicamente contra las pretensiones de imposición pública de dogmas y control de comportamientos que pretenden las iglesias. Pero la cuestión de fondo teórica -a qué responde la religión y qué problemas de comprensión existencial atiende o atendía- es algo mucho más complejo y creo que más apasionante.

Un buen tratamiento filosófico de la cuestión es el que ofrece Vicente Serrano en La herida de Spinoza, reciente ganador del Premio Anagrama de Ensayo. (...)

Las religiones brindaron en su día una autocomprensión de la vida y de los afectos de miedo y esperanza que nos constituyen; perdido ese marco de referencia, quizá haya sido el pensamiento de Spinoza el último intento de establecer límites extraeclesiales al impulso deseante de la modernidad.

Serrano explora las consecuencias posmodernas del abandono de las religiones: un tema más sugestivo que la refutación de las iglesias..." (FERNANDO SAVATER: Iglesia y religión. El País, 14/06/2011, p. 40)