Mostrando entradas con la etiqueta b. Evolución ¿Para qué sirve?. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b. Evolución ¿Para qué sirve?. Mostrar todas las entradas

19/11/19

Por qué hombres y mujeres tienen distintas enfermedades mentales. La esquizofrenia y el autismo son más frecuentes entre los varones, mientras que la depresión y los trastornos de ansiedad son más habituales en la población femenina...

"Hombres y mujeres tienen más similitudes que diferencias, pero se sabe que muchas enfermedades no se distribuyen por igual entre los dos sexos. Las enfermedades mentales son un caso evidente. 

Las mujeres suelen recibir más diagnósticos de estrés postraumático, depresión o trastornos de ansiedad, mientras que los hombres suelen sufrir más de hiperactividad, esquizofrenia o autismo. En el inicio de la era de la medicina personalizada, entender esas diferencias será necesario para mejorar la prevención y los tratamientos, aunque como reconocen algunos expertos, pronunciarse sobre estas diferencias puede resultar polémico. 

El reconocimiento de diferencias innatas en los cerebros de hombres y mujeres, aunque solo sea hablando en términos globales y se recalque que dominan los rasgos comunes, puede entenderse como un intento de justificar y perpetuar desigualdades históricas.

En realidad, como suele suceder en todos los ámbitos, desligar lo biológico de lo social es complicado, porque la sociedad es fruto de la naturaleza humana y los cambios sociales pueden transformar la biología. Los paleoantropólogos plantean, por ejemplo, que fue la selección de machos más dados a la cooperación y a cuidar de sus crías por parte de las hembras lo que impulsó la evolución humana hacia la aparición de hombres con colmillos más pequeños y músculos menos potentes, pero más dotados para la interacción social.

“El dimorfismo sexual [las diferencias entre sexos] es algo que existe en muchos animales y también se da en el ser humano”, explica Eduard Vieta, director científico del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM). “Algunas diferencias son susceptibles de ser cambiadas a nivel cultural y otras menos. Por mucho que entrene una mujer el levantamiento de peso, no va a lograr los mismos resultados que un hombre que entrene lo mismo”, añade. “En lo que se refiere a la conducta humana, la discusión está en ver qué proporción de las diferencias que se observan tiene un origen cultural y cuál viene de la biología. 

Algunos de los mecanismos son biológicos, sería un error atribuir todo a cuestiones culturales”, continúa. “Hay una biología distinta a nivel hormonal, y por ejemplo, la exposición a la testosterona durante la adolescencia puede hacer que un hombre sea más violento”, explica. “Aunque eso no significa que un hombre más violento vaya a tener mayores niveles de testosterona que uno menos violento. Son factores de riesgo”, aclara.

Hombres y mujeres tienen diferentes niveles de distintas hormonas que además se expresan de forma diferente a lo largo de la vida. Eso puede explicar, en parte, que los niños sean más propensos a sufrir algunas enfermedades durante la infancia y ellas empiecen a tener más problemas mentales durante la pubertad y la adolescencia. En ambos casos, el estrés es uno de los principales desencadenantes de estas dolencias. 

En los niños, según explica en un artículo publicado en Biological Psychiatry Georgia Hodes, del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (EE UU), el periodo de mayor vulnerabilidad parece el propio embarazo y los años inmediatamente posteriores al nacimiento, y las enfermedades que desencadena son las relacionadas con la socialización, como los trastornos del espectro autista, los trastornos de atención o los problemas cognitivos. 

En esta etapa, según se indicaba en un trabajo liderado por Debra Bangasser, de la Universidad del Temple en Filadelfia (EE UU), parece que los estrógenos protegen a las mujeres de estas dolencias. Sin embargo, épocas de cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la transición a la menopausia, hacen más vulnerables a las mujeres a desarrollar depresión o trastornos de ansiedad.

Junto a la predisposición biológica, que está mucho más relacionada con la familia que con el sexo, las circunstancias estresantes tienen que ver con el entorno en el que nace y crece cada individuo. La exposición a sustancias tóxicas en el útero o a través de la alimentación más adelante puede desencadenar una esquizofrenia en alguien propenso. En las mujeres, las experiencias de acoso o la presión por sentirse el pilar que sustenta a los hijos o a familiares enfermos pueden estar en el origen del estrés postraumático, los trastornos de ansiedad o la depresión.

Los factores culturales también pueden estar detrás de que, como plantea la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe sobre el distinto impacto de las enfermedades mentales en hombres y mujeres, los hombres acudan menos al médico cuando sufren este tipo de problemas o de que los médicos, dejándose llevar por estereotipos, diagnostiquen depresión a más mujeres y les ofrezcan más ansiolíticos, un tipo de fármacos mucho menos consumidos por los hombres. En España, el 13,9% de las mujeres los consumen, frente al 7,4% de los hombres. Hasta ahora, sin embargo, ellos sufren adicciones con mucha más frecuencia, algo que más que una tendencia biológica a beber o a drogarse puede reflejar una forma de reaccionar a los problemas.

El suicidio es otro aspecto de la enfermedad mental en el que los datos dibujan una gran brecha entre los dos sexos. Según Eurostat, de las 53.500 personas que se suicidaron en los países de la Unión Europea en 2016, el 77% eran varones. Sin embargo, según cuenta Vieta, las mujeres realizan más intentos que los hombres, aunque no los consumen. “Las mujeres emplean formas poco letales para intentar suicidarse. No suelen pegarse un tiro, en parte también porque tienen menos acceso a las armas, ni saltan de un edificio o se ahorcan”, ejemplifica. “En muchas mujeres, los intentos de suicidio son una demanda de ayuda, porque las mujeres, cuando tienen problemas, suelen pedir más ayuda que los hombres”, añade.

El conocimiento de los riesgos específicos de las personas de distinto sexo en distintos momentos de su vida puede ayudar a mejorar las labores de prevención de la enfermedad mental. Por ahora, aunque no se sabe si se debe a un incremento global de estas dolencias o a que se tienen más en cuenta y se diagnostican problemas que antes pasaban desapercibidos, hay indicios de que la prevalencia de problemas mentales está creciendo. 

En España, según el INE, en 2012, el 9,3% de los ingresos hospitalarios se debía a enfermedades psiquiátricas. En 2015, era del 9,7%. En el Reino Unido, que lleva midiendo la prevalencia de estas dolencias desde 1993, se observa una clara tendencia al alza. En aquel año, un 6,9% de la población tenía un trastorno mental, que subió al 7,9% en 2000, al 8,5% en 2007 y al 9,3% en 2014. Y el problema es mucho peor en mujeres y en particular entre las jóvenes, de entre 16 y 24 años. 

En 2014, el 26% tenía síntomas de alguna enfermedad de este tipo, frente al 9,1% de los hombres de la misma edad. En España, según la Encuesta Nacional de Salud, el 9,1% de las mujeres decía sufrir ansiedad crónica frente al 4,3% de los hombres. Las cifras eran similares para la depresión, con un 9,2% y un 4%, respectivamente."                  (Daniel Mediavilla, El País, 23/10/19)

29/12/13

Cincuenta años de altruismo… evolutivo

"(...) se cumplen 50 años de la aparición del artículo “The evolution of altruistic behavior“, de William D. Hamilton [American Naturalist 97, 354-356 (1963)], tres breves páginas que adelantaban un trabajo fundamental de la biología teórica: “The genetical evolution of social behavior“, publicado a principios de 1964 y escrito en realidad antes de la nota de 1963 a la que me refiero. 

Bill Hamilton tenía entonces 27 años y acababa de consagrarse, con el trabajo de su tesis doctoral, como el teórico de la evolución más importante de la segunda mitad del siglo XX. Pero ¿de qué va esto del comportamiento altruista, y por qué es un problema? 

Como ya he dicho otras veces, Darwin fue una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad y, con todo y eso, no fue capaz de resolver un grave problema de su teoría de la evolución: la existencia de comportamientos altruistas. 

Así describía sus dificultades al respecto en su libro “The Descent of Man“, de 1871 (la traducción es mía): “Aquél que está dispuesto a sacrificar su vida (…), en vez de traicionar a sus camaradas, a menudo no dejará descendencia que herede su noble naturaleza. Por tanto, parece prácticamente imposible (…) que el número de hombres dotados de tales virtudes (…) se incremente por selección natural, es decir, por la supervivencia de los más dotados.” 

Por decirlo mal y pronto: los buenos y generosos se extinguen debido a esas mismas características. ¿Por qué, entonces, hay una mayoría de gente que se comporta bien con los demás, incluso con los que no conoce y no volverá a ver? ¿Por qué ocurre esto en muchas especies, en particular entre los insectos, en las que hay castas enteras de individuos estériles que se limitan a defender a otros? ¿Cómo se puede explicar evolutivamente el altruismo?
 
El trabajo de Hamilton es una primera explicación de la viabilidad del comportamiento altruista, restringida al caso en que los beneficiados comparten genes con su benefactor. Pero ojo con el calificativo ‘restringido’, porque el avance que suponen las ideas de Hamilton es descomunal.

 Después de todo, ¡en cien años no se había registrado avance alguno! Ese gran salto, la gran idea de Hamilton, fue generalizar el concepto que se venía manejando en evolución, el de fitness (no tengo traducción para esto, ni la usaría aunque la tuviera; Wikipedia propone aptitud). La fitness de un organismo viene a ser, básicamente, el éxito reproductivo de cada ser vivo: cuántos más descendientes deja, más fitness.

 Así definida, está claro que realizar actos altruistas reduce la fitness, y con ello la probabilidad de que si hay un gen responsable de esos comportamientos, se pueda propagar a la siguiente generación.  Lo que Hamilton hizo fue mostrar que, si se redefine la fitness para incluir a la descendencia de los parientes, es decir, de los individuos relacionados genéticamente con uno, el problema simplemente desaparece.

Es interesante, para entender estas ideas, fijarse en un problema concreto, de los que molestaban sobremanera a Darwin: la existencia de insectos estériles que ayudaban a otros de la colonia. ¿Qué sentido tienen estos individuos de fitness cero? La respuesta a esta pregunta la da la extraña estructura genética de muchos insectos del género Hymenoptera, llamada “haplodiploidía“.

 Las hembras nacen de huevos fecundados, y (como nosotros) son diploides, tienen un juego de cromosomas de la madre y otro del padre. Los machos, en cambio, son haploides: nacen de huevos no fecundados y sólo tienen un juego de cromosomas, el de la madre. 

Por tanto, las hembras comparten un 50% de los genes de la madre, pero el 100% de los del padre (el único cromosoma de éste pasa entero a la descendencia), por lo que entre ellas, entre las hermanas, comparten el 75% de sus genes, más que una hembra con su propia descendencia, que como ya hemos dicho es el 50%.

 Por tanto, y simplificando un tanto, no reproduciéndose y ayudando a sus hermanas a sobrevivir “ayudan” a más copias de sus genes. Así pues, el planteamiento del problema en términos de genes revela que el supuesto altruismo de las obreras estériles no es tal, sino que está orientado a propagar sus propios genes.

Pero Hamilton no se detuvo ahí, sino que desarrolló toda una teoría matemática en la que detallaba sus ideas sobre su nuevo concepto. En su cálculo entraba el descenso de fitness que supone a cada individuo un acto altruista y el incremento de fitness que tal acto proporciona al receptor.

 El resultado es que si el beneficio (B), ponderado por la relación genética entre altruista y receptor (r), es mayor que el coste del acto (C), los genes responsables de ese comportamiento pueden aumentar en las siguientes generaciones: la famosa regla de Hamilton de la selección de parentesco, rB>C. Otros grandes habían intuido la importancia de esa visión genética, como Haldane cuando dijo en 1930 “Daría mi vida por dos hermanos u ocho primos”, pero nadie había sido capaz de formalizarlo y entenderlo como Hamilton. (...)"             (Por Anxo Sánchez , Nada es gratis, el 29/11/2013)

24/1/11

El hombre no es ninguna excepción


Tomás Pollán

"Bajo un título interrogativo -¿Fin de la excepción humana?-, este filósofo (Tomás Pollán) que se resiste a publicar lo que escribe recordó las tres grandes "afrentas" que, según Freud, la ciencia ha infligido al "amor propio" de los seres humanos:

cuando descubrió que la tierra no es el centro del universo; cuando la teoría de la evolución redujo a la nada el privilegio del hombre como un ser excepcional en la creación y cuando, con su teoría del inconsciente, el psicoanálisis sembró la sospecha de que el yo "ni siquiera es el amo en su propia casa". (...)

Si la filosofía se resiste a asimilar del todo la lección de Darwin es porque, por remoto que parezca, existe un vínculo entre la vieja doctrina de la unicidad de Dios y la de la excepción humana. Esta, dice Pollán, tiene "el estatuto de una trascendencia". Liquidar esa teoría es liquidar el antropocentrismo, el esencialismo y la teleología (la creencia en la existencia de una causa final).

A algunos les produce "zozobra" reconocer que el cosmos no emite señales, que es mudo e indiferente, dice Pollán. Lo mismo que admitir que la evolución no supone necesariamente progreso: "No se supera nada con el hombre". (...)

"Cambia la actitud. Y eso lleva tiempo, no se hace a golpe de decisión. Saber que hay una continuidad entre los seres vivos nos obliga a tener un mayor respeto hacia lo que nos rodea. Causar sufrimiento gratuitamente no se sostiene. Y siempre, claro, está el límite de la sobreviviencia: matar para comer".

¿Tienes derechos los animales? "Los derechos no tienen por qué ser lo más elevado. Tal vez el cuidado y el respecto sean más meritorios. ¿Aceptaríamos que un genio tiene más derechos que una persona normal? Si ahora se presentara aquí un homo erectus, ¿lo llevaríamos al zoo o a la escuela?"." (El País, 22/01/2011, p. 36)

14/5/09

La evolución que provocamos

""Hace 150 años, cuando Charles Darwin dio a conocer El origen de las especies, se empezó a construir el metro de Londres", explica el biólogo Andrew Hendry. ¿Pero qué tienen que ver esos dos aniversarios? "Pues que una especie de mosquito normal, que vivía en la superficie, colonizó las obras del metro, se reprodujo en aislamiento en los túneles y se convirtió en una nueva especie que ya no es capaz de cruzarse con la de fuera, a la vez que Darwin presentaba su teoría de la evolución". Hendry, 41 años, profesor de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), investiga en ecoevolución las interacciones en la naturaleza entre la evolución y la ecología a corto plazo. "Los humanos provocamos cambios ambientales que influyen en la diversificación evolutiva", resume. (...)

Pregunta. ¿Cómo reaccionan las especies a los cambios en el medioambiente?

Respuesta. Pueden desplazarse a lugares más apropiados para vivir, lo que no requiere ningún tipo de adaptación -y tenemos muchas pruebas de desplazamientos así durante cambios climáticos anteriores-. Pero en muchos casos hay barreras, como ríos o montañas o carreteras, los organismos no se pueden desplazar y tienen que intentar adaptarse in situ, donde están. Lo hacen de dos formas: una es la respuesta del individuo con cambios de comportamiento, morfológicos o fisiológicos, la llamada plasticidad. Por ejemplo, los animales, si hace más calor, pueden adelantar su época de cría; la otra es genética, es decir, el cambio en la población a lo largo del tiempo adaptándose mejor a las nuevas condiciones.

P. Puede haber muchas alteraciones, no sólo de clima.

R. Sí. Se habla mucho de calentamiento global pero hay muchas alteraciones medioambientales que obligan a las especies a reaccionar: contaminación, sobreexplotación humana, introducción de nuevas especies, destrucción de hábitats, etcétera. Incluso en el contexto de calentamiento no se trata sólo del aumento de la temperatura media, sino también de las precipitaciones o los fenómenos extremos... Otro factor es la interdependencia: si las flores florecen antes, los insectos también se adelantan y los pájaros que se alimentan de ellos crían antes.

P. ¿Se han detectado ya adaptaciones de organismos al cambio climático actual?

R. Sí, hay muchos ejemplos, pero es muy difícil saber si se trata de adaptaciones de la plasticidad o genéticas. De las segundas sólo hay algunos ejemplos demostrados. Por ejemplo, hay un pájaro que se alimenta de las semillas de las píceas, y como estos árboles las producen antes por el calentamiento, las aves han adelantado el tiempo de cría. Creo que en muchas especies se puede estar dando ya la adaptación de tipo genético, evolutivo, pero sólo en algunas, una media docena, se han podido demostrar.

P. ¿Pese al poco tiempo de cambio climático?

R. Puede haber cambio genético en una sola generación, depende de la especie. (...)

P. ¿Se ha podido demostrar la adaptación genética ante otras presiones?

R. Sí, por ejemplo en casos de explotación humana de las especies, pero sólo la puedes identificar a escala de poblaciones y con varias generaciones. En una zona de Alberta (Canadá) hay unos carneros de grandes cuernos que se cazaban preferentemente por eso mismo, por el tamaño, y con el tiempo los cuernos de la población se han reducido porque la probabilidad de sobrevivir es mayor con la genética de cuernos más pequeños. A menudo, la presión humana hace que la evolución seleccione rasgos menos útiles. Esto es muy típico en la pesca, con poblaciones que evolucionan a menor tamaño porque se pescan los más grandes. (...)

P. ¿Cómo se han apañado las especies en el pasado para adaptarse?

R. Ha habido muchos cambios, pero lo específico ahora es que el calentamiento es muy rápido. En el pasado ha habido extinciones masivas debido a cambios climáticos, como las glaciaciones, pero han sido relativamente lentos y los organismos han tendido a desplazarse o a evolucionar en respuesta. Los pingüinos, por ejemplo, son increíblemente flexibles en su capacidad de adecuarse al medio: los hay en los hielos antárticos y en el Ecuador.

P. ¿Y el que no se adapta se extingue?

R. Ahora mismo hay extinción en masa, pero la responsabilidad del cambio climático no está clara, no creo que haya ningún ejemplo concluyente." (ANDREW HENDRY: "Los humanos presionan la evolución". El País, ed. Galicia, Sociedad, 13/05/2009, p. 42)

6/3/08

Somos un subproducto no buscado... pues vaya

“R. La evolución, tal como la conocemos ahora por las evidencias científicas, no permite pensar en una escalera, sino en un árbol de la vida. Trastorna todo el concepto de lo que somos.

P. ¿Cómo lo hace?

R. Si hay un objetivo para nuestra existencia es un objetivo que nos tenemos que buscar nosotros mismos, no existe un agente externo, sea Dios o la naturaleza, que nos lo fije. Tenemos que vivir con la conciencia de eso. Y por eso a ciertas personas no les gusta. No pueden aceptar que la evolución no tiene un objetivo.

P. ¿Se debe a la religión?

R. No necesariamente. Gente que no es convencionalmente religiosa tiene muchas ideas equivocadas. Leen libros populares, en los que se empieza por las amebas, luego los peces, siguen los reptiles y los mamíferos y nosotros estamos en la cúspide. Ésa no es la forma adecuada de comprender la evolución. La gente se pone nerviosa, no es por el sentimiento religioso, es algo más fundamental, no soportan que la evolución sea ciega y que nosotros seamos un subproducto no buscado.” (PETER BOWLER: "Que la evolución sea ciega pone nerviosa a mucha gente". El País, ed. Galicia, Futuro, 05/03/2008, p. 50)

Evolucionamos para resolver líos de familia

“Seyfarth se agita en la silla. "Creemos que la competencia social tiene un papel grande en el proceso evolutivo y que nuestra mente evolucionó porque la de nuestros antepasados lejanos estaba orientada para resolver problemas sociales. La hipótesis es que fue un proceso en dos etapas: la mente evolucionó para afrontar problemas de complejidad social, como los de los babuinos, y luego volvió a evolucionar para resolver problemas tecnológicos". (ROBERT SEYFARTH: "La sociedad de los babuinos es digna de Jane Austen". El País, ed. Galicia, Última, 05/03/2008)