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4/1/23

El amor roto de Isabel y Mario: una moraleja... Vargas Llosa ocupó el lugar que le correspondía cuando inició su convivencia con Isabel Preysler, la reina del Hola. Qué mejor encuentro: la burguesía que marcaba la diferencia con el valor de la expresión cultural matrimoniaba con la de la apariencia, la estética y la popularidad. Ambas eran el complemento de color de las élites que dictaban las reglas... Fue significativo que las cosas entre la pareja funcionaran de una manera muy distinta que si la unión hubiera tenido lugar unas décadas antes. En lugar de que la reina del corazón se convirtiera en la anfitriona de recepciones culturales, sucedió al revés, y el escritor de éxito se convirtió en la 'pareja de', en su acompañante en actos públicos, en ornamento para las revistas... refleja cómo el aprecio social de la cultura, esa distinción o esa elevación que se le atribuía, ha desaparecido en buena medida... Y sobre todo refleja cómo la cultura carece de valor distintivo para las élites; se trata de un ornamento desgastado. Solo es considerada, como cualquier otro elemento, en la medida en que produce éxito. Nuestras élites no leen un libro ni aunque se lo aten a una mano. Sus intereses son otros, y tiene que ver con la apariencia y la comparación, la competición y el poder, y los toques de color distintivos que añaden a sus vidas... Que Vargas Llosa ocupe un lugar secundario en ese escenario es lo normal: las élites se han vuelto vulgares, y no están atareadas en disimularlo... (Esteban Hernández)

 "No conozco a Vargas Llosa, carezco de información fiable sobre su vida amorosa, y tampoco me importa demasiado, entre otras cosas porque es algo que le compete a él y, en su caso, a sus allegados. En estas cosas conviene algo de distancia: estamos como para andar metiendo las narices en la vida de los demás, aunque sea algo que no terminemos de aprender. Sin embargo, hay algunos elementos que merecen reflexión, a partir de un relato, Los Vientos, que publicó Letras Libres y que, según El País, contiene aspectos autobiográficos de la relación del escritor con la famosa.

El personaje del relato abandona a una mujer con la que lleva muchos años casado a causa de un enamoramiento impetuoso, y se encuentra con el desencanto sentimental, pero también con la sensación de habitar un mundo fantasmagórico, el del espectáculo: "Es imposible gozar de un concierto, o de una ópera y hasta de una comedia ligera, rodeado de gente que no hace más que teclear o acariciar las tabletas que tienen bajo los ojos", escribe Vargas Llosa. O "La cena me impresionó mucho, es cierto, no por la comida, nada del otro mundo, sino por los hologramas. Toda la noche estuvimos rodeados de esos personajes fantasmales, duplicando a camareros o camareras, sirviendo la mesa, pasando las fuentes con bocaditos y bebidas".

Ese desasosiego podría ser la causa real de la ruptura, especulan diferentes medios. Otros se ciñen a la versión oficial difundida por Isabel Preysler, "un ataque de celos infundado". El entorno del escritor subrayaba que "eran incompatibles. A él le interesa la cultura y a ella el espectáculo". Los celos contra la vulgaridad, el despecho herido contra la falta de sustancia que hacía imposible la relación. La cultura contra el espectáculo.

Cultura contra espectáculo

Lo cierto es que, respecto del Vargas Llosa real, siempre pensé que había ocupado el lugar que le correspondía cuando inició su convivencia con Isabel Preysler, la reina del Hola. Qué mejor encuentro: la burguesía que marcaba la diferencia con el valor de la expresión cultural matrimoniaba con la de la apariencia, la estética y la popularidad. Ambas eran el complemento de color de las élites que dictaban las reglas. El centro intelectual de las clases altas actuales ya no está en la cultura, sino en la economía, en la consultoría y en la tecnología, y a quienes tienen poder les gusta poco salir en la prensa, en general; tampoco en la del corazón. Una ligazón como esta ponía involuntariamente de relieve que cultura y espectáculo no se enfrentaban, que formaban ya parte de lo mismo. 

 Fue significativo también que las cosas entre la pareja funcionaran de una manera muy distinta que si la unión hubiera tenido lugar unas décadas antes. En lugar de que la reina del corazón se convirtiera en la anfitriona de recepciones culturales, sucedió al revés, y el escritor de éxito se convirtió en la 'pareja de', en su acompañante en actos públicos, en ornamento para las revistas. De alguna manera, si esto fuera un ejemplo de la lucha entre cultura y espectáculo, el segundo habría resultado vencedor.

Plantear las cosas de esta manera tiene algo de falso, en la medida en que, después de un siglo de industria cultural, después de Adorno y Horkheimer, de todos los análisis de la interrelación entre capitalismo y cultura, de las oposiciones entre alta y baja cultura y demás, mantener la discusión en estos términos implica reducir enormemente su alcance. Pero también tiene algo de cierto, en la medida en que refleja cómo el aprecio social de la cultura, esa distinción o esa elevación que se le atribuía, ha desaparecido en buena medida.

 Y sobre todo refleja cómo la cultura carece de valor distintivo para las élites; se trata de un ornamento desgastado. Solo es considerada, como cualquier otro elemento, en la medida en que produce éxito. Nuestras élites no leen un libro ni aunque se lo aten a una mano. Sus intereses son otros, y tiene que ver con la apariencia y la comparación, la competición y el poder, y los toques de color distintivos que añaden a sus vidas no están moldeados por viejas poesías o narraciones vigorosas: prefieren toquetear sus aparatos móviles. Desprecian la cultura como un inconveniente del que se han liberado, es una obligación que ya no tienen que cumplir. Que Vargas Llosa ocupe un lugar secundario en ese escenario es lo normal: las élites se han vuelto vulgares, y no están atareadas en disimularlo.

Vargas Llosa se pregunta en Los vientos: "¿Será que la cultura ya no tiene ninguna función que cumplir en esta vida? ¿Que sus razones antiguas, aguzar la sensibilidad, la imaginación, hacer vivir el placer de la belleza, desarrollar el espíritu crítico de las personas, ya no hacen falta a los seres humanos de hoy, pues la ciencia y la tecnología pueden sustituirlos con ventaja?". Esa es la mentalidad de las élites, cierto, pero es una mentalidad que ha alabado, en otros aspectos, el mismo Vargas Llosa. Pero esa es otra historia."                (Esteban Hernández  , El Confidencial, 31/12/2022)

22/9/22

Con tambores, disfraces y una pompa envejecida, Gran Bretaña lloró más que la reina... ofrecimos la droga más hipnótica disponible para cualquier país en decadencia: el nacionalismo con moda y un sólido pedigrí... La aristocracia británica es la élite más duradera del mundo, y lo sabe.

 "No era el funeral del jefe de Estado de una potencia mediana, que ha presidido la decadencia gestionada desde 1952: la lista de invitados lo decía. Era algo más antiguo, más mágico y más salvaje.

Cabezas coronadas y presidentes de repúblicas llegaron en autocar desde el Royal Hospital de Chelsea -no es realmente el oeste de Londres, como dijeron algunos medios, pero déjenlo estar- para despedirse del único vestigio real de la monarquía sagrada: la reina regente del trono más antiguo del mundo. (Sólo Joe Biden parecía estar exento del estrafalario viaje en autocar: El excepcionalismo americano se une al excepcionalismo británico. Pero Estados Unidos solía ser británico. También Francia, pero eso fue hace mucho tiempo, incluso para los relojes Windsor).

Fue un espectáculo: un teatro de asombro, con los plebeyos primero, y luego la calidad. Isabel II fue probablemente la última persona que creyó realmente en la monarquía sagrada, y por eso fue buena en ella: ser engreído, o mimado, no es lo mismo que creerse santificado. Es una idea la que lloramos, no una mujer, y sospecho que los que dicen que esto demuestra que Gran Bretaña importa en el escenario mundial se equivocan: vi lástima, y nostalgia, tanto como asombro. El excepcionalismo se fue con ella como el agua. Es exquisito, pero no es real.

 La pompa era explícitamente imperial: la fanfarronería. Aparentemente se ha hecho más grande, no más pequeña, desde que gobernamos un imperio, pero eso tiene sentido. Los Windsor son muy hábiles en el marketing. Fantaseo con que los jóvenes portadores de ataúdes fueron elegidos por sus rostros sublimemente expresivos: uno podría imaginárselos en Passchendaele o Agincourt. Las fuerzas armadas han estado practicando toda la semana, pero es fácil ocupar tu propia capital. Se sacaron trajes absurdos de los armarios oscuros y se desempolvaron porque, bajo el moderno estado británico, esto todavía existe: los heraldos; los tamborileros; la caballería; el duque de Norfolk con su sombrero ladeado y sus gafas, practicando el tipo más enrarecido de excentricidad inglesa. Parecía demasiado cómodo para ser absurdo, pero la aristocracia británica es la élite más duradera del mundo, y lo sabe. La edad es lo que tenemos a nuestro favor ahora y por eso le ofrecimos la droga más hipnótica disponible para cualquier país en decadencia: el nacionalismo con moda y un sólido pedigrí.

En homenaje, la BBC dio la espalda al periodismo por completo y ofreció un zumbido tranquilizador de tonterías hagiográficas, como la música de arpa, pero menos afinada. Espero que se callen los que les llaman revolucionarios peligrosos desde la votación del Brexit de 2016 -la BBC advirtió de los peligros del Brexit demasiado para la comodidad de los Leavers-. Si se es cínico, todo sonó como un vasto alegato para mantener el canon -el método por el que se financia- en su nivel actual.

No había ningún detalle más allá de lo caprichoso y lo sentimental: mencionar la vasta riqueza de la familia, o los errores -o cualquier dato duro de cualquier tipo- se consideraría inapropiado. Es curioso: la enterramos como una reina, pero seguimos tratándola como una mujer en nuestro salón. Así que rumiaron las cualidades de su sonrisa; hablaron de su afición al Scrabble y del placer que le producía ver parir a los caballos, sobre lo que me hubiera gustado saber más, para ser justos; mencionaron que ganaba premios por el manejo de perros de caza; permitieron que un colaborador la llamara "Reina del Mundo" sin comentarios. ¿Por qué lo harían? Su propio presentador calificó el funeral como "el mayor acontecimiento que ha ocurrido en el Reino Unido en décadas". ¿Está seguro?

Escuchamos a algunas de las últimas personas que asistieron al velatorio en Westminster Hall, después de esperar en la Cola. La Cola, que se escribe con mayúsculas por el asentimiento popular, era una pieza de masoquismo y giro de oro: si se aguantaba toda la noche en el frío, se podía lograr La Presencia. Se podría haber votado y multado, pero no habría dolor de por medio. (Todavía no se han dado a conocer las cifras definitivas de los hospitalizados por La Cola. Sean cuales sean, se considerará que ha merecido la pena). El Sr. y la Sra. Barlow se situaron en una página de la historia, como si se tratara de una pieza de rompecabezas a la espera de ser montada. Ella aprovechó la oportunidad para decir que era lo mejor que le había pasado en la vida, incluyendo el tener hijos. Un superfan de la realeza de Bristol dijo a un periódico sensacionalista que la reina siempre estaba "feliz". Pero eso es lo que hace el mito: te emplaza en los deseos de los demás y te convierte en un extraño para ti mismo. Un niño se preguntaba si la reina la verá por televisión desde el cielo. Un tuit del oso Paddington -un refugiado ficticio- agradeciendo a la reina "por todo" obtuvo un millón de likes. "Estoy en Londres pero me siento como si estuviera en un lugar completamente diferente", dijo una mujer, y tenía razón: lo estaba.

En funerales como éste es fácil separar a la gente que ama de la que ama el poder. Fue explícito en el funeral de Margaret Thatcher en la Catedral de San Pablo: sólo su hija Carol y su secretario de prensa Bernard Ingham parecían preocuparse. El resto se alegró, sin molestarse en disimular sus sonrisas. Lo mismo ocurrió aquí: las damas de su casa, vestidas muy parecidas a ella, como si fueran un espejo, lo cual es conmovedor - austeros sombreros de ala ancha, enormes bolsos - parecían apenadas, pero conocían a Elizabeth Mountbatten tan bien como a Elizabeth Regina. La Primera Ministra Elizabeth Truss sonrió al entrar en la catedral - todos los demás primeros ministros la precedieron. Luego leyó la lección, mencionando a Dios como si se tratara de un dignatario con el que aún no se había reunido, pero que podría hacerlo si hubiera espacio en la agenda.

 Nadie habló bien -el sermón del arzobispo de Canterbury fue apenas pedestre-, pero eso se ajustaba a la ocasión: nadie se atrevería a agraciar el funeral de una reina regente con algo que no fuera un tópico. Eso podría interpretarse como un alarde. Así que la poesía permaneció en su rincón designado. En su lugar hubo música coral, que es la que mejor expresa los anhelos de los monárquicos, y la que mejor cantan los niños pequeños, lo que no es casualidad. (Un niño parecía un veterano: tenía como mucho 12 años). La gente a la que le gustan los presagios también se alegró: había una araña en el ataúd de la Reina, trepando por la carta del Rey: "En amoroso y devoto recuerdo". Las arañas son constructoras, y también lo es Carlos III.

 Parte de la diversión consiste en ver cómo aguanta la familia: es esencialmente un deporte nacional sádico que se juega con orbes, no con pelotas. Si conviertes a la gente en dioses, ¿entonces qué? Tiene cliff-hangers secuenciales: "Sucesión", pero los actores sufren de verdad, y a veces mueren. Isabel II fue amada porque parecía sobrevivir moralmente: ¿lo hará Carlos III? Tenía un aspecto lamentable, pero su esposa, la nueva reina, tenía un aspecto peor: nunca lo buscó cuando coqueteaba con Carlos Windsor en los partidos de polo en los años setenta. Miraba a su alrededor con temor, como si una corona pudiera caer literalmente sobre su cabeza en ese mismo momento. No se sentiría tan extraña, no aquí. El duque de Sussex estaba en la segunda fila, detrás de su padre, irradiando rabia. ¿Qué pasa con los segundos hijos? El duque de York parecía haber estado sollozando dentro de sus osos de peluche, que deben estar dispuestos de cierta manera, como una compañía de soldados, durante once noches. Es parte de la crueldad de la monarquía: la primogenitura, o el ganador se lo lleva todo.

En el Palacio de Buckingham, las doncellas salieron con sus zapatos planos para ver pasar el féretro: más tarde, en Windsor, los novios hicieron lo mismo con brazaletes negros. En el Arco de Wellington, al ver partir a la reina hacia Windsor, parecía que el rey dejaba caer su saludo primero; y el resto se retiraba agotado, como un juego de cartas que hay que guardar. De camino a Windsor, viendo el coche fúnebre de Estado -una hermosa máquina de Jaguar Land Rover- la gente sostenía sus iPhones para hacer malas películas. Ojalá no lo hicieran. Desde la distancia parecía que estaban haciendo el saludo de Hitler a un coche.

Pero al final disminuyeron, y fueron sustituidos por los corgis supervivientes, que no parecían más confundidos que la mayoría de la gente. El servicio en Windsor fue más pequeño, y más comedido: al anochecer, cuando haya un servicio privado para la familia, puede que, por un momento, vuelva a ser una mujer. Pero para el resto de nosotros, Isabel II, como Thorin Oakenshield, pasó a la leyenda. Ese es el trabajo."  
               (Tanya Gold  , POLITICO , 19/09/22)

19/9/22

Histeria colectiva, al estilo de la realeza británica... El público está siendo azuzado para guardar un duelo emocional por la difunta reina, mientras que aquellos que uno esperaría que estuvieran verdaderamente apenados se dedican a un frío cálculo político.

 "Cuando el llamado líder de la oposición se opone a protestar contra un nuevo jefe de Estado no elegido, por respeto al anterior jefe de Estado no elegido, sabes que vives bajo el totalitarismo.

Excepto que casi todas las dictaduras tienen al menos la forma de una elección. De hecho, algunos de los peores dictadores de la historia moderna han sido realmente elegidos, un hecho desafortunado que generalmente preferimos eludir.

Más de una semana de histeria colectiva en el Reino Unido nos ayuda a entender cómo.

El fenómeno psicológico del espasmo emocional de la sociedad está bastante bien estudiado, pero todavía no se explica del todo. Cómo llegamos a una etapa en la que, en 2022, los periódicos promueven seriamente como milagrosas nubes que "se parecen a la Reina", arco iris dobles o meteoros, es una pregunta difícil.

Lo que no está en duda es la tendencia de las turbas ilusionadas a volverse contra los que no se suman, y la capacidad de los inescrupulosos para explotar ese poder.

Los intentos de intimidar a la gente para que no proteste contra la monarquía parecen haber tenido éxito en general. La semana pasada vimos algunos ataques horribles a la libertad de expresión, incluyendo la detención de personas por llevar pancartas, por expresar pacíficamente su desacuerdo, o incluso por llevar huevos o papeles en blanco.

Varias personalidades han salido a defender la libertad de expresión: Andrew Marr, Martin Bell, John Sweeney, David Davis, Joanna Cherry, Michael Russell. Todas ellas son figuras que representan ampliamente un consenso liberal en la sociedad que parece haber desaparecido. Como conozco a todos ellos menos a uno, espero que me perdonen por decir que tienden a estar ligeramente pasados de moda.

Nadie en el poder, ni en Westminster ni en Escocia, ha afirmado la importancia de la libertad de expresión, mientras que el líder de la oposición, Keir Starmer, ha hecho lo contrario, destacando el "respeto" a la autoridad como más importante que la libertad de expresión, una posición adoptada por los antidemócratas en todas partes.

En la actualidad se utilizan dos argumentos contra la libertad de expresión:

1) Debemos honrar a los muertos y respetar la santidad del periodo de luto.

En general, no descarto el valor de toda convención social, y tengo cierta simpatía por este enfoque. Sin embargo, la dificultad estriba en que la ascensión de un nuevo monarca se produce en el momento de la muerte del antiguo. Este último no puede ser utilizado para sofocar toda protesta contra el primero.

El establishment confunde deliberadamente ambas cosas para evitar la protesta. Tenemos el extraordinario y macabro espectáculo del traslado del cadáver de la difunta reina por todo el país y la exhibición pública de su ataúd.

Si la gente realmente se preocupara por ella, habría pensado que sería mucho más respetuoso enterrarla, pero la histeria monárquica tiene que pasar del 11 durante el mayor tiempo posible, y hay que mantener la excusa para reprimir la disidencia.

 El joven Rory, de 22 años, que fue agredido física y viciosamente por abroncar al príncipe Andrés, autor de abusos sexuales, en la procesión de Edimburgo, y luego detenido, esposado y acusado, fue ampliamente condenado por los medios de comunicación por perturbar un funeral. Pero no era un funeral. Ese funeral todavía no es hasta el lunes, cuando esta farsa finalmente termina.

La palabra correcta para lo que hemos presenciado hasta ahora no es un funeral, sino una serie de extrañas exequias. El Estado está exigiendo que todos los ciudadanos sean obsequiosos.

Hay una razón por la que esa palabra tiene connotaciones tan negativas, y si el Reino Unido tuviera periodistas educados en lugar de taquígrafos del Estado podrían explorarla.

El féretro de la reina Isabel II sale del Palacio de Holyroodhouse en un coche fúnebre negro en Edimburgo. (Taras Young, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons)

Muchas cosas han sido totalmente irracionales. Un momento que se me quedó grabado fue la crítica a la nueva primera ministra, Liz Truss, por no hacer una reverencia al féretro de la reina cuando llegó a la RAF Northolt. Esto se calificó de "grotesco", como si hacer una reverencia a un cadáver no fuera en sí mismo una imagen sacada de Edgar Allan Poe.

La concomitancia de alargar el periodo antes de que la pobre Isabel descanse por fin, es utilizar ese periodo con la máxima ventaja política para la presentación del nuevo rey, mientras el aura de su madre aún brilla.

Ridículo que compara la información británica con la de Corea del Norte:

Tenemos la confusión deliberada de los dos procesos. Tanto el hombre de Oxford que se limitó a preguntar "¿quién lo ha elegido?" como la mujer de Edimburgo que sostenía el cartel que decía "Que se joda el imperialismo, abolid la monarquía" estaban en la proclamación concreta del acceso del rey Carlos III, acontecimientos distintos a las exequias. Sin embargo, ambos fueron condenados por la falta de respeto a la reina muerta.

[Relacionado: Manifestante contra la monarquía: incluso la policía dudó de la legalidad de la detención].

También tenemos el extraordinario espectáculo de Carlos, inmediatamente después de la muerte de su madre, abandonando su luto y embotellando su dolor mientras viajaba furiosamente por Escocia, Irlanda del Norte y Gales para asistir a actos totalmente políticos.

Done hoy a la campaña de recaudación de fondos de otoño de 2022 de CN

Esto no tenía que ocurrir. Esto no es en absoluto una tradición. Nunca había ocurrido nada remotamente parecido.

No había ninguna razón por la que Carlos tuviera que visitar el parlamento escocés, la asamblea galesa o la asamblea del norte de Irlanda, ahora. Esto podría haber esperado hasta después del funeral. Incluso podría haber tenido una semana de descanso y reflexión después del funeral antes de embarcarse en una gira por las naciones.

Hubo una decisión deliberada de celebrar estos actos políticos en Edimburgo, Belfast y Cardiff, destinados a fortalecer la monarquía y la unión, mientras el cadáver estaba todavía metafóricamente caliente, para maximizar el rebote político para la monarquía de la muerte de Isabel.

Banderas a media asta en el despacho del primer ministro y residente en el número 10 de Downing Street en Londres en observancia de la muerte de la reina. (Rory Arnold / No 10 Downing Street)

Parte de este cálculo era que, si la primera visita de Carlos como rey era después del funeral, habría protestas políticas por la adhesión en Edimburgo, Cardiff y Belfast, posiblemente bastante importantes.

No hay absolutamente ningún precedente moderno de una gira real entre la muerte y el funeral del monarca anterior. Es, cuando se piensa en ello, una falta de respeto.

Edimburgo es explicable en términos de la muerte de Isabel en Escocia, pero ¿Belfast y Cardiff?

Lo que nos dice que el "rey Carlos III" habría aprovechado el periodo de luto para hacer su visita de consolidación del poder a Edimburgo, sin importar dónde hubiera muerto su madre.

No hay nada más cínico. Se nos incita a observar el luto emocional, mientras que aquellos que uno esperaría que estuvieran realmente de luto se dedican a un frío cálculo político.

Una de las cosas más divertidas de los últimos días fue ver a todos los monárquicos ilusos en las redes sociales excusando la extraordinaria rabieta de Carlos en Irlanda del Norte por un bolígrafo, alegando que debía estar agotado haciendo esta gira cuando su madre acababa de morir.

Pero la respuesta, por supuesto, es que no tenía que ir instantáneamente a Irlanda del Norte, dejando atrás los ritos para su madre. Lo hizo para obtener un beneficio político.

Es un Dios caprichoso que apoya tanto a una familia real que hace nubes a su imagen y las celebra con arco iris y cometas, pero hace que las plumas goteen sobre ellas "cada vez que apestan".

2) La protesta puede causar una ruptura de la paz.

Este es un argumento verdaderamente siniestro. Lo que equivale a esto es lo siguiente:

Se anima a la turba a golpear a los disidentes, por lo que la expresión de la disidencia es ilegal.

Es el fascismo literal, el ejercicio de la fuerza violenta por parte de los matones en la calle para sofocar la disidencia, con el Estado respaldando a los matones y criminalizando a los disidentes. Así es precisamente como funcionan todos los regímenes fascistas.

Ahora se está utilizando descaradamente. Ninguno de los matones que atacaron a Rory en Edimburgo ha sido acusado. Rory ha sido acusado de alteración del orden público.

Si una ruptura de la paz es una acción que puede provocar desórdenes, entonces las personas que deberían ser acusadas son aquellas que decidieron poner en exhibición en posiciones de gran honor a un hombre que evitó un juicio por tráfico sexual mediante el pago de 12 millones de libras.

Una señal de lo envalentonada que está la escoria de la sociedad por este periodo de gobierno de la mafia, es el número bastante extraordinario de personas en las redes sociales que defienden activamente al príncipe Andrés, algo que era extremadamente raro antes de la muerte de la reina.

En Twitter, es interesante ver cómo muchos de los que defienden a Andrés muestran las características que he identificado de las unidades de trolls del gobierno británico. Se trata de un número muy bajo de seguidores para una cuenta que afirma llevar al menos 10 años de existencia, y una línea de tiempo que consiste enteramente en retweets.

La rehabilitación de Andrew es otro de los fines políticos a los que se destina la muerte de Elizabeth, a la que no se nos permite objetar por motivos de "decoro" y "respeto".

Ahora bien, yo personalmente no habría hecho lo que hizo Rory, en presencia de un ataúd. Pero eso es una cuestión de etiqueta, gusto y comportamiento, no de derecho penal.

Cualquiera que haya prestado atención no debería sorprenderse de que la fiscalía escocesa esté canalizando alegremente este fascismo y de que haya personas que vayan a ser juzgadas por alteración del orden público, incluida la joven que no hizo más que sostener una pancarta en la ceremonia pública de proclamación al aire libre.

El domingo, la policía de Escocia ha prohibido Yestival, una manifestación anual por la independencia en George Square, Glasgow, con el argumento de que el funeral de la reina es al día siguiente, a 400 millas de distancia.

Los organizadores han reprogramado discretamente el acto, pero yo acudiré de todos modos para dar testimonio de mis creencias, porque me opongo a que me digan que no puedo expresar mis opiniones políticas. No espero que seamos más de una docena de personas y no se ha organizado nada en particular: ni escenario ni micrófonos. A no ser que los fascistas consideren que el mero hecho de mi existencia es una violación de la paz, no estoy seguro de cómo podría ser ilegal. Pero puede que encuentren una manera. Esto es Escocia 2022.

A largo plazo, no estoy desanimado. La propaganda funciona, y no me cabe la menor duda de que el monarquismo e incluso el unionismo recibirán un impulso medible en las encuestas de opinión gracias a los actuales tejemanejes.

Pero no será cierto que la sustitución de un monarca popular por otro impopular vaya a fortalecer a medio plazo la monarquía. El acceso del público y de la prensa será sofocado para suprimir el conocimiento de la atroz prepotencia y temperamento de Carlos y la forma en que trata al personal.

Pero no se puede hacer popular a este hombre, y su reina consorte será un recordatorio constante de cómo trató a su desafortunada primera esposa.

En cuanto a la histeria de la multitud, soy de la generación que fue enviada a la iglesia todos los domingos de mi infancia. Recuerdo que el sermón de cada Domingo de Ramos señalaba que la misma multitud arrobada que aclamaba a Jesús en Jerusalén, pedía su muerte cinco días después.

Todas las grandes religiones contienen mucho sentido común dentro de su misticismo."    
       (craig Murray, Consortium News, 16/09/22)

25/6/21

De mejor actor y actriz a mejor interpretación: eliminar las categorías de premios por sexo, una decisión del Festiva de San Sebastián, muy controvertida... "En condiciones de igualdad no tendríamos duda pero esa igualdad no es real y la decisión va en contra de la visibilidad de las actrices y de sus oportunidades"

 "No habrá este año premio al mejor actor y la mejor actriz en el Festival de Cine de San Sebastián. 

El Zinemaldia premiará las mejores interpretaciones, sin distinción por sexo, para "seguir evolucionando y ayudando a construir una sociedad más justa e igualitaria", tal como anunció su director, José Luis Rebordinos, este martes. El festival sigue los pasos de la Berlinale, que tomó la misma decisión el año pasado, y de otros festivales y premios de disciplinas distintas, como la música o la televisión. 

Detrás de un objetivo loable –premiar sin distinción por sexo para trasladar la idea de que lo importante es la actuación– hay, sin embargo, una estrategia –eliminar unas categorías que dan visibilidad a quien menos la tiene– cuestionada por muchas profesionales del sector.

Y respuestas no siempre fáciles de responder: las categorías diferenciadas por sexo, ¿ayudan a que el público y la industria reconozcan el talento de las actrices, que sufren discriminación en el sector, o reproducen la idea de que hacen falta epígrafes distintos para que las mujeres lleguen a ser premiadas, como si su talento estuviera por debajo o tuviera características diferentes al de sus compañeros?, ¿maquillan la desigualdad? 

 Para la Asociación De Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) la respuesta es clara. "En condiciones de igualdad en la presencia de roles masculinos y femeninos no tendríamos duda sobre la conveniencia de esta opción pero es que esa igualdad no es real. Y como no partimos de esa igualdad de base nos parece una decisión errónea porque va en contra de la visibilidad de las actrices y de sus oportunidades de acceder a un premio", explica una de sus portavoces, la guionista Virginia Yagüe.

Los datos de los informes que periódicamente publica CIMA sustentan su postura. El 67% de la estructura laboral de la industria audiovisual está formada por hombres, una composición nada paritaria, según su último estudio, de hace solo unos días. Ellos dirigen mucho más que ellas (81% de hombres frente a 19% de mujeres), firman más guiones (74% frente a 26%), componen más bandas sonoras (89% frente a 11%) y dirigen la fotografía (85% frente al 15%). La abrumadora presencia masculina en casi todas las áreas influye en el campo de la interpretación, afirma Virginia Yagüe. "Ese desnivel influye en el contenido, en el que siguen teniendo más protagonismo los hombres", apunta.

¿Por qué no entonces distinciones por sexo en otras categorías, donde la dificultad de las mujeres para hacerse ver es evidente? "Para ser director o directora no tienes un requerimiento de sexo que cubrir. Si en los guiones el personaje es un varón caucásico de 40 años eso excluye directamente a las actrices", agrega la portavoz de CIMA. La investigadora y escritora especializada en Historia de las Mujeres y representaciones de género en la industria audiovisual María Castejón apunta a que, mientras en otras categorías nunca ha existido esta división, sí en el caso de la interpretación, donde se remonta a hace décadas. No surgió como respuesta a este debate, sino fruto de la mayor visibilidad de los y las intérpretes.

 El Festival de San Sebastián argumentaba: "El cambio obedece a la convicción de que el género, una construcción social y política, deja para nosotros de ser un criterio de distinción en la actuación. El criterio para el Jurado será el de distinguir entre malas o buenas actuaciones, sumándonos así al camino iniciado ya por nuestras amigas y amigos del Festival de Berlín". La explicación contiene, sin embargo, un error relevante. El género es la explicación social y cultural para entender la desigualdad, para desentrañar los procesos que llevan a que mujeres y hombres no discurran por sus carreras en igualdad de condiciones.

Solo un 30% de los personajes

También lo tiene claro la actriz Berta Ojea, que es responsable de Igualdad de la Unión de Actores y Actrices. "Es algo que aplaudiríamos si estuviéramos en una industria igualitaria pero eso no es real. Los grandes personajes siguen siendo para hombres, hay menos mujeres con personajes importantes o que no sean personajes que acompañan al protagonista de alguna manera. De hecho esta falta de contratos que las actrices tienen a partir de los 35 años tienen que ver con ese concepto de que las mujeres a partir de una edad ya no son deseadas y, por tanto, ya no tienen relato. Empiezan a hacer personajes 'de cuidados' –la madre, la hermana– algunos maravillosos pero siempre con ese sesgo", dice.

Ojea subraya otro dato, en este caso de uno de los informes que la Unión hace con AISGE (Artistas Intérpretes, Entidad de Gestión de Derechos de Propiedad Intelectual): las mujeres ocupan solo el 30% de los personajes de todo el sector audiovisual, una cifra que cae pasados los 35% años, cuando bajan hasta el 19% de los personajes.

María Castejón subraya el error de eliminar a día de hoy estas categorías. "No podemos quitarlas cuando estamos en un mundo, como el cine, que es de lo más lento en transformarse, tenemos todo tipo de personajes masculinos y una infrarrepresentación de las mujeres. No hay igualdad de condiciones, la meritocracia no existe y solo servirá para invisibilizarnos".

No obstante, compartido el diagnóstico, hay quien difiere en la solución. Las columnistas de varios medios estadounidenses Kim Elsesser y Lilly J. Goren han defendido en los últimos años que hacer distinciones por sexo esconde o "maquilla" la desigualdad, mientras que una categoría unificada permitiría visibilizar esa falta de acceso a la industria y al relato. "El problema de desigualdad se resuelve llamando la atención y diversificando tanto a la Academia como a la industria", decía Goren en Fortune.

Virginia Yagüe, de CIMA, no lo ve claro: "Sería partidaria de activar medidas en positivo, no de que volvamos a sufrir desigualdad. Si hacemos eso muchas mujeres durante mucho tiempo se verán fuera del espacio de reconocimiento y eso es una penalización. Además, históricamente los avances han sido muy lentos para quienes han estado discriminadas con lo cual tampoco sabemos hasta qué punto eso sería eficaz".

Hay algo en lo que todas, sin embargo, coinciden: sean premios con categorías separadas o unificadas, no servirán por sí solos para acabar con la discriminación ni las brechas del cine, un trabajo en el que quieren poner su energía."                   (Ana Requena Aguilar, eldiario.es, 23/06/21)

23/3/21

Rocío Carrasca contra David Flores... la sociedad del espectáculo. Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada... y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco

  AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Llevan cebando el programa toda la semana con declaraciones de Antonio David Flores. Esta misma semana cuando ya sabían el contenido del documental porque lo habían grabado ellos le entrevistaban en la puerta de su casa para que cebara el enfrentamiento.

"Telecinco deja de contar con Antonio David, que no volverá a ninguno de sus programas. El tertuliano desaparecerá de 'Sálvame' y del resto de espacios después de las confesiones y acusaciones de Rocío Carrasco en 'Rocío, contar la verdad para seguir viva'." (Vertele, 22/03/21)

En los programas de Telecinco promovieron hasta este mismo viernes ese maltrato que luego denuncian en el programa del domingo. No entiendo cómo se tolera este lavado de imagen corporativo usando el sufrimiento de una mujer.

Sálvame Oficial @salvameoficial

ANTONIO DAVID: "El documental de Rocío Carrasco es una farsa" #yoveosálvame

2:28 p. m. · 22 mar. 2021
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AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Una de las premisas básicas a la hora de informar sobre violencia machista es no equiparar la versión de víctima y maltratador. Si han hecho bien su trabajo, de forma comprometida, sincera y rigurosa no pueden luego dar voz al victimario. A no ser que solo busquen un show.

10:40 a. m. · 22 mar. 2021
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AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada...y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco.

11:27 p. m. · 21 mar. 2021
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AntonioMaestre @AntonioMaestre 

Seguid haciendo de este caso una denuncia sincera contra el maltrato. Que se emite días antes de que la mujer del denunciado por maltrato vaya a un reality para seguir haciendo dinero de un drama social. Es un negocio. Hacer de la violencia machista un negocio.

12:08 a. m. · 22 mar. 2021
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 "El caso Rocío Carrasco o cómo el fin justificó los medios.

 Nadie como Telecinco y La fábrica de la tele —la productora de la casa que se ha encargado del especial sobre Rocío Carrasco—, nadie como ese paradigmático (de lo bueno y de lo malo) imaginario de Mediaset podía hacer lo que hizo ayer en televisión. Un 33,2% de audiencia, 3.700.000 espectadores.

¿Fue un espectáculo lo de Rocío Carrasco de anoche? Claro. Pero al acabar pensé en una frase tópica y típica: el fin justifica los medios. Ayer Telecino jugó en una liga, cómo decirlo ¿más sincera? ¿más sólida?

 Tranquilos, ya sé que la puesta en escena, los silencios, las músicas, esos momentos en los que Jorge Javier se levantaba a ofrecer 12.000 euros tras un testimonio letal de Rocío Carrasco, eran show televisivo puro, pero, salvo todo eso —insisto, sé que es mucho, pero así es la tele de Vasile, que vemos todos, no nos vamos a llevar ahora las manos a la cabeza—, el especial —la entrevista de ella, fundamentalmente— estuvo a la altura de lo que se venía anunciando desde el martes. La historia había colonizado la parrilla y otros tantos medios digitales, era un bombazo televisivo en toda regla, y sí, el contenido parecía ser dinamita. De la mala.

 Yo que estoy bregada en procelosos momentos televisivos, que suelo ir con el chaleco antibalas puesto ante estos dramas, me quedé estupefacta y conmovida. Por supuesto me creí a esta mujer a quien no conozco en persona, pero a quien he visto, crecer, casarse, presentar programas, llorar, desaparecer, renacer… También he visto cómo la propia cadena que anoche la acogía, la había despedazado día a día. En el documental, que está hecho sin remilgos, a saco, se pudo ver un buen resumen de ese machaque. Invito a cualquiera a imaginarse en esa situación sólo unos minutos. Y luego a alargar esos minutos a 20 años.

Sí, ya sé —o ya supongo, porque nadie ha comunicado de manera oficial nada en esa dirección— que Rocío Carrasco ha hecho este especial a cambio de una sustanciosa cantidad económica, ya sé que Telecinco no lo ha hecho para luchar contra la violencia de género o para hacerse perdonar por la hija de la Jurado. Todo eso lo sé. Pero también sé que anoche estaba frente a la tele un público diverso, el especifico de Telecinco y el otro, el que no se suele acercar a su universo. En ambos hay mujeres maltratadas, seguro, mujeres que nunca lo cuentan por miles de razones, mujeres de todo tipo. Cultas, analfabetas, adineradas, discretas, madres, famosas… Y las frases mortales de la hija de Rocío Jurado se quedaron ahí, en sus cabezas, y quizá las llevó a tomar decisiones. A contarlo todo ante quien deben contarlo: la policía, los jueces…

 Lo más importante de anoche fue que un personaje tan de casa, tan popular como Rocío Carrasco contase su maltrato y el vínculo de este con la maternidad, algo de lo que se habla poco y de lo que yo sé poco o nada. Pero también fue importante por varias cosas, relacionadas con la trascendencia televisiva, que nunca me cansaré de repetir:

1. Que la tele puede ser muy cruel y destrozar y levantar reputaciones y en lo que dura una pausa publicitaria.

2. Que su repercusión es siempre mayor de la que nos creemos. A Rocío Carrasco, una mujer muy hecha desde pequeña a los medios, que ha negociado mil veces con ellos, que conoce su lenguaje perverso, sus trampas, la condujo, literalmente, a un intento de suicidio.

 3. Que dar voz, minutos, risas, defensas, a maltratadores, elegir a los gallitos del corral en los castings (da igual que estén en La Isla de las tentaciones, en Supervivientes, en los platós de tertulianos, en Mujeres, hombres y viceversa, en GH…) emponzoña el mundo y es perverso. Y debería, sí, estar vetado."           (Mariola Cubells, HuffPost, 22/03/21)

 

"En casi cuatro horas de programa, y tras 25 años de silencio, Rocío Carrasco pasó de ser un ‘diablo’ y “una mala madre” para muchos espacios del corazón y audiencia a ser una víctima. 

Su testimonio en la serie documental Rocío, contar la verdad para seguir viva, emitido en Telecinco, ha sido más que revolucionario. No sólo en la calles: en las redes sociales seguía siendo uno de los temas más comentados 24 horas después del programa. “Es lo que le pasa a todas las mujeres que han sufrido violencia de género. No les creen nunca. De hecho, muchos de los que participaron en la tertulia rectificaron su opinión y se han dado cuenta de lo que hay. No por lo que cuenta ella, sino porque empiezan a entender cosas”, explica Gregorio Gómez Mata, secretario de la Asociación ALMA.

Entre otras muchas declaraciones, Rocío Carrasco dijo mirando a cámara entre lágrimas y con síntomas visibles de ansiedad sobre su exmarido Antonio David Flores: “Nunca se le ha cuestionado, siempre se ha dado por veraz lo que esta persona ha dicho de mí. Si no hubiese tenido a mis hijos no me habría importado, pero eso es lo que recibían mis hijos día a día y con lo que ellos han crecido, con ese ’mala madre”.

 Su dolor es, sobre todo, el que surge después de que le hayan arrancado “lo más importante” de su vida, sus hijos. Carrasco aseguró que el colaborador, del que Telecinco ha decidido prescindir en sus programas, le increpaba cuando llegaba a su casa a dejar a los niños. La hija de Rocío Jurado está diagnosticada desde 2011 de un síndrome ansioso-depresivo moderado y grave cronificado en el tiempo.

Como apunta a El HuffPost la ministra de Igualdad, Irene Montero, la importancia de esta entrevista no sólo reside en la cantidad de gente a la que ha llegado y en las mujeres que se puedan sentir identificadas, sino también en todas “las que sufren o han sufrido violencia machista y no lo han denunciado por miedo a no ser creídas, como dicen los datos de la macroencuesta que presentamos”.

 Datos, indica la ministra, que son preocupantes: “De media se tardan 8 años y 8 meses en denunciar la violencia machista. El ‘Yo sí te creo’ es una manera de ensanchar esas puertas de acceso, y más cuando se tiene una repercusión a tan gran escala. Que todas esas mujeres que han visto el programa y viven una situación de violencia machista sepan que no están solas”.

No hay un “prototipo” de mujer maltratada

Es importantísimo “señalar que en la cuestión del maltrato a las mujeres no hay ninguna barrera, ni que seas rico ni que seas pobre, ni que tengas una madre famosa o anónima”, indica la expolítica y abogada Cristina Almeida. De ahí también la importancia de que se emita en una cadena como Telecinco, en la que más de 9,5 millones de personas vieron alguna parte del programa este domingo. De hecho, Gómez Mata reconoce que ALMA ha recibido ya varias llamadas a raíz del documental de mujeres que se han visto reflejadas.

“Con la audiencia que tiene y con el tipo de programas que emite en los que todo ha sido siempre a favor del padre, que alguien diga ‘ahora voy a hablar yo’, independientemente de las razones que le muevan, es importante. Desgraciadamente, sólo en estos casos la trascendencia es tan grande, y hace ver que el maltrato es algo muy cotidiano”, puntualiza Almeida.

 Incluso políticos como Íñigo Errejón, líder de Más País, Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, y también Irene Montero se pronunciaron sobre el testimonio de la hija de Rocío Jurado en Twitter.

 Aunque esto no es nuevo. Cristina Almeida ya vivió esta situación hace años con Carmina Ordóñez, recuerda. “Denunció a Ernesto Neyra y el juez dijo que ‘no era el prototipo de mujer maltratada’. No hay un prototipo, este tipo de cosas demuestran que el maltrato es consustancial a las mujeres de todo el mundo por una cuestión heteropatriarcal y machista que está en todas las sociedades”, relata la abogada.

En el caso de Rocío Carrasco, “siempre ha tenido una visibilidad en los medios relacionada con otros asuntos y no con este problema”, por eso para Almeida es tan importante su discurso como que “su supuesto maltratador —una figura que siempre cuida su imagen hacia el exterior y que consigue la distancia emocional de la que no se desprende la víctima, según los expertos— ya no esté en en todos los programas, hablando de todo el mundo y acallando el problema, como si no pasara nada. Necesitan su reproche y Telecinco se lo ha dado”.

Como ha apuntado Carlota Corredera este lunes en Sálvame, los protagonistas de estas tragedias también son los hijos, porque el maltrato está vinculado también a la maternidad. En este punto coincide el secretario de la asociación ALMA: “El pacto de estado está guardado en un cajón. Rocío Carrasco habla en el documental de la manipulación que sufren sus hijos. El pacto de estado decía que en el momento que hubiera una denuncia por violencia de género la custodia compartida se eliminaría, pero sigue ahí”. Como en el caso de Rocío Carrasco y Antonio David Flores.

“Su testimonio demuestra que la violencia de género no depende de estatus sociales ni de formación, ese es el error que comete la sociedad, afecta a cualquier mujer. En Rocío se ve cómo es el proceso de la manipulación. Necesitamos más mujeres que den el paso al frente”, sentencia Gregorio Gómez Mata."           (Paula M. Gonçálvez, HuufPost, 22/03/21)

 

 ".Irene Montero corta 'Sálvame' por sorpresa y habla sin rodeos de Rocío Carrasco : "Ha sido valiente"

 El documental de Rocío Carrasco y su desgarrador testimonio sobre el maltrato que habría recibido durante estos años de Antonio David Flores ha causado gran conmoción. Incluso el tema ha llegado al mundo de la política después de que Irene Montero, la Ministra de Igualdad, no dudara en mostrar su opinión sobre el problema de la hija de Rocío Jurado.

Tras el revuelo causado, ‘Sálvame‘ ha querido contar este lunes 22 de marzo con Irene Montero en directo para conocer su visión de la historia de Rocío Carrasco. “Muchas gracias por intervenir esta tarde en ‘Sálvame’. ¿Cómo se vive desde el ministerio de Igualdad un testimonio como el de Rocío Carrasco que llegaron a ver hasta diez millones de personas, al menos algunos minutos del programa?”, le preguntaba Carlota Corredera.

“Creo que tanto el testimonio como los niveles de audiencia, es una obligación estar ahí como Ministra de Igualdad. Se expone a esa mujer para revivir esas situaciones de maltrato. Tenemos que estar ahí siempre que una mujer se atreve a dar el paso a hablar de su historia de violencia de género y ese relato de mala madre; y de tacharla así sin conocer su historia”, expresaba Irene Montero nada más empezar.

“Es importante como Gobierno estar ahí”

Justo después, Montero destacaba lo que puede suponer públicamente que se de voz a un testimonio como el de Rocío Carrasco. “Hay miles de mujeres que pueden sentirse identificadas con su relato o verse reflejadas en algunas de esas historias. Y es importante como Gobierno anunciar que estamos con ellas, que da igual donde hayas nacido, si tienes fama o no, que todas las mujeres en cualquier circunstancia puede ser víctima; y que hay un teléfono el 016 para ayudar. Además de que tenemos todas las herramientas puestas para ayudarlas”, proseguía afirmando la ministra.

“Es muy importante el testimonio de Rocío Carrasco para poner en valor y se ponga el foco en esa violencia tan difícil de demostrar. ¿Qué ha ocurrido para que los jueces hayan un sobreseimiento. En qué les estamos fallando a las mujeres?”, le preguntaba entonces Carlota Corredera a la política de Unidas Podemos.

“Hay muchos retos por delante. Lo primero que hicimos fue que se reconociera a todas las víctimas por igual. Hemos visto los casos de la Manada que hay una justicia patriarcal. Y uno de esos retos y por eso quiero dar la cara hoy porque hay mucha gente que está siguiendo esto; es que las puertas de acceso institucional para denunciar son pequeñas para ojos de muchas mujeres y los datos están ahí. De media una mujer que sufre violencia machista tarda 8 años y 8 meses en denunciar y muchas tienen miedo de que no se las crea y por eso está el grito de ‘Hermana, yo sí te creo'”, le respondía Irene Montero.

 “Lo que no podemos es pedirle a las mujeres que denuncien y que el sistema no esté a la altura. Hay mucha gente que lo que contó ayer Rocío creen que es mentira”, le destacaba Carlota Corredera a Irene Montero tras escucharla. “Ella ha sido valiente, se ve también en lo que he podido ver y como revive esas experiencias de violencia que sigue siendo dolorosa para ella”.

“Es una revictimización que es a lo que se enfrentan las víctimas de violencia de género. Es verdad que nuestra sociedad ha avanzado mucho en la conciencia y en radicar la violencia machista pero tengo la sensación de que tenemos muy distante aún lo que es vivir una historia de maltrato”, añadía después de que Carlota le preguntara si quería decirle algo directamente a Rocío Carrasco.

“Y me importa mucho que las mujeres puedan verse reflejadas en su historia y les pueda hacer pensar en sus propias vidas y buscar esos apoyos. Al igual que el que haya también un periodismo que de voz a las mujeres víctimas de género y que las apoyen es muy necesario. Jugáis un papel fundamental”, concluía diciendo la ministra dando las gracias al programa por visibilizar un problema tan serio como el de la violencia de género."                    (Roberto Jiménez, Huff Post, 22/03/21)

2/3/21

Mara Wilson (Matilda: Hollywood ha decidido enfrentar el acoso en la industria, pero yo nunca fui acosada sexualmente en un plató de filmación. Mi acoso sexual siempre vino de los medios y el público. Desde que tenía seis años, la gente me preguntaba en las entrevistas si tenía novio. Los periodistas llegaron a pedirme que dijera quién pensaba yo que era el actor más sexi y que diera mi opinión sobre el arresto de Hugh Grant por contratar una prostituta

 "Pasé mi cumpleaños número 13 encerrada en una habitación de hotel en Toronto.

Era julio de 2000 y estaba en una gira de prensa para promocionar la película Thomas y el tren mágico. Me habían prometido un día libre por mi cumpleaños, pero al llegar a Los Ángeles la noche anterior, me enteré de que pasaría todo el día hablando con periodistas. Trabajar el día de mi cumpleaños no era algo nuevo para mí —había cumplido ocho años en el plató de Matilda y nueve mientras filmaba Un simple deseo—, pero aun así era decepcionante. Salvo por la compañía de una niñera, estaba sola.

A la mañana siguiente me levanté somnolienta por el desfase horario y me puse mi mejor atuendo de Forever 21. Dos coordinadores de prensa se me acercaron antes de comenzar la entrevista: “¿Quieres que apaguemos el aire acondicionado? ¿Quizás una gaseosa?”. Les dije que estaba bien: no quería ganar reputación de quejumbrosa. Pero cuando la periodista me preguntó cómo me sentía, cometí uno de los mayores errores de mi vida: le dije la verdad.

No sé por qué me sinceré con ella, pero nunca había sido buena ocultando mis sentimientos (actuar, para mí, es algo muy distinto a mentir). Y a la periodista realmente parecía importarle mi bienestar.

Al día siguiente, el periódico canadiense me puso en la portada de su sección de entretenimiento. El artículo iniciaba con la frase: “La entrevista con la estrella infantil Mara Wilson ni siquiera había empezado y ella ya se estaba quejando con su equipo”.

El texto continuó describiéndome como una “niña malcriada” que había alcanzado “la mediana edad”. Describió los caminos oscuros que las estrellas infantiles como yo suelen terminar recorriendo. Adoptó lo que ahora llamo “El Relato”, esa idea de que todos los que crecen en el ojo público tendrán un final trágico.

A los 13 años, ya sabía todo sobre El Relato. Debuté como actriz a los cinco años y ya protagonizaba películas a los ocho, así que se me entrenó para parecer —para ser— lo más normal posible; se hizo todo lo que fuera necesario para prevenir mi inevitable caída. Compartía una habitación con mi hermana menor. Fui a una escuela pública. Fui una niña exploradora. Cuando alguien me llamaba “estrella”, debía insistir en que era una actriz y que las únicas estrellas estaban en el cielo. Nadie tocaría el dinero que ganaba hasta que cumpliera 18 años. Pero en ese momento tenía 13 años y ya estaba arruinada, como todos esperaban.

Hay una parte del artículo que llama mi atención hoy, en medio de los agentes que dicen que las niñas de 12 años tenían que verse “inocentes” y como “niña de comercial de detergente para ropa de bebé” para obtener papeles y de las horrendas descripciones de las estrellas infantiles con problemas de adicción. La periodista pidió mi opinión sobre Britney Spears. Al parecer, le respondí que la “odiaba”.

En realidad no odiaba a Britney Spears. Pero jamás habría admitido que me agradaba. En ese momento estaba pasando por una fuerte etapa de actitud tipo “no soy como las demás”, lo cual es algo vergonzoso ahora, aunque ¿cómo no creer eso cuando había pasado gran parte de mi infancia compitiendo en audiciones contra tantas otras chicas? En parte lo dije por puros celos: celos porque ella era hermosa y genial de una manera que yo jamás lograría ser. Creo que, sobre todo, yo ya había absorbido la versión de El Relato que rodeaba a Spears.

La forma en que la gente hablaba en ese momento de Britney Spears me aterrorizaba y me sigue aterrorizando en la actualidad. Su historia es un ejemplo notable de un fenómeno del que he sido testigo durante años: nuestra cultura construye a estas chicas solo para poder destruirlas. Afortunadamente, las personas se están dando cuenta de lo que le hicimos a Spears y han comenzado a pedirle disculpas. Pero seguimos viviendo con las cicatrices.

Para 2000, Spears ya había sido etiquetada como una “chica mala”. Las chicas malas, por lo que pude observar, eran en su mayoría chicas que mostraban algún atisbo de sexualidad. Seguí el escándalo sobre su artículo de portada en la revista Rolling Stone, donde la primera línea describía su “terso muslo”, y el furor en los foros de discusión de AOL cuando se le veían los pezones a través de la camisa. Vi a muchas actrices y cantantes adolescentes abrazar la sexualidad como un rito de iniciación al aparecer en las portadas de revistas para chicos o en videos musicales provocativos. Decidí que esa jamás sería yo.

De todos modos, ya había sido sexualizada y lo odiaba. Actué principalmente en películas familiares: la nueva versión de Milagro en la calle 34, Matilda, Papá por siempre. Nunca aparecí en pantalla con algo que fuera más revelador que un vestido de verano hasta la rodilla. Todo eso fue intencional: mis padres pensaron que sería más seguro de esa manera, pero no funcionó. Desde que tenía seis años, la gente me preguntaba en las entrevistas si tenía novio. Los periodistas llegaron a pedirme que dijera quién pensaba yo que era el actor más sexi y que diera mi opinión sobre el arresto de Hugh Grant por contratar una prostituta. Fue lindo recibir cartas de niños de diez años diciendo que estaban enamorados de mí. No lo fue cuando quienes las mandaban eran hombres de 50 años. Incluso antes de cumplir 12 años, había imágenes mías en sitios web de fetichismo de pies y en montajes de pornografía infantil creados con Photoshop. Todas las veces sentí vergüenza.

Hollywood ha decidido enfrentar el acoso en la industria, pero yo nunca fui acosada sexualmente en un plató de filmación. Mi acoso sexual siempre vino de los medios y el público.

Una parte importante de El Relato es la suposición de que los niños famosos se lo tienen merecido. Se lo ganaron por volverse famosos y privilegiados, así que está bien atacarlos. De hecho, El Relato por lo general tiene mucho menos que ver con la estrella infantil que con las personas que la rodean. MGM le dio a Judy Garland pastillas para evitar el sueño y perder peso durante su adolescencia. La actriz Rebecca Schaeffer fue asesinada por un acosador. Drew Barrymore, quien estuvo en rehabilitación durante su temprana adolescencia, tuvo un padre alcohólico y una madre que en vez de llevarla a la escuela la llevaban a Studio 54. Y a esto habría que sumarle la cantidad de abuso que los actores no blancos, en particular los negros, reciben del público. Amandla Stenberg fue acosada tras aparecer en la película Los juegos del hambre por interpretar a un personaje que había sido concebido por la autora como de raza negra, pero que algunos lectores de la saga de libros habían imaginado blanco.

Lo más triste del “colapso” de Spears es que nunca hubo necesidad de que sucediera. Cuando se separó de su esposo, se afeitó la cabeza y atacó furiosamente el auto de un paparazzo con un paraguas, El Relato se le impuso, pero la realidad es que acababa de tener un bebé y estaba lidiando con cambios importantes en su vida. Las personas necesitan espacio, tiempo y cuidado para lidiar con esas cosas. Ella no tuvo nada de eso.

Muchos momentos de la vida de Spears me son familiares. Ambas tuvimos muñecas creadas y basadas en nosotras, amigos cercanos y novios que compartieron nuestros secretos, así como hombres adultos que hicieron comentarios sobre nuestros cuerpos. Sin embargo, mi vida fue más fácil no solo porque nunca tuve el nivel de fama requerido para salir en los tabloides, sino porque, a diferencia de Spears, siempre tuve el apoyo de mi familia. Sabía que tenía dinero guardado para mí y que era mío. Si necesitaba escapar de la atención pública, podía desaparecer y estar a salvo en casa o en la escuela.

Cuando se publicó el artículo que me describió como una malcriada, mi padre fue empático. Me recordó que debía ser más positiva y amable en las entrevistas, pero me di cuenta de que él también pensaba que el artículo no había sido justo. Mi padre sabía que yo era más de lo que esa periodista había escrito sobre mí. Eso me ayudó a saberlo también.

A veces la gente me pregunta: “¿Cómo hiciste para terminar bien?”. Una vez, alguien a quien consideraba mi amigo me preguntó, con una enorme sonrisa: “¿Qué se siente saber que ya alcanzaste tu punto máximo?”. En aquel momento no supe cómo responder, pero ahora le diría que esa pregunta es incorrecta. No he alcanzado mi punto máximo porque, para mí, El Relato ya no es una historia que alguien más está escribiendo. Yo misma la puedo escribir."                   

(Mara Wilson apareció en las películas Matilda y Papá por siempre. The New York Times, 25/02/21)

27/11/20

Diego Maradona... Más que humano... Adiós a Diego y adiós a Maradona

 


 "Entre las mil imágenes que bombardearon las redes en cuanto se supo la noticia, vi una que mostraba al Diego de espaldas, caminando por el túnel, en botines, shorcitos, la diez en la espalda, la nube de rulos en la cabeza. 

Se está yendo rumbo al campo de juego, casi se alcanza a oír el ruido de los tapones contra el piso y, a sus costados, dos filas de superhéroes despidiéndolo. Superhéroes de pacotilla, de la Marvel: a él, que nunca fue un muñequito, que rompió todos los moldes por ser de carne y hueso, por ser tan rabiosamente humano. 

Diego yéndose por el túnel, yéndose como le hubiera gustado a él: vestido para jugar, listo para romperla toda una vez más.

Pelusa, cebollita, barrilete cósmico, mano de Dios, Segurola y Habana, me cortaron las piernas, la pelota no se mancha, más solo que Kung-Fu, ¿sabés qué jugador hubiera sido sin droga? Rey del bardo, siempre al mango, el que dijo, el que se animó a decir: “Yo nunca quise ser un ejemplo”. Y también: “Yo me equivoqué y pagué”. 

El que dijo: “Yo nací en un barrio privado: privado de luz, de agua, de teléfono y de gas”. Y también: “Cuando entré al Vaticano y vi todo ese oro dejé de creer”. El que dijo: “Soy completamente zurdo: con el pie, con la mano, con la cabeza y con el corazón”. Y también: “Gracias a la pelota le di alegría a la gente; con eso me basta y sobra”.

Gracias a vos, genio inmortal, imposible no quererte, nunca te vamos a olvidar. "                (Joan Forn, Página12, 26/11/20)

 

 "Maradona.

Ningún futbolista consagrado había denunciado sin pelos en la lengua a los amos del negocio del fútbol. Fue el deportista más famoso y más popular de todos los tiempos quien rompió lanzas en defensa de los jugadores que no eran famosos ni populares.

Este ídolo generoso y solidario había sido capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles más contradictorios de toda la historia del fútbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no sólo era digno de admiración el gol del artista, bordado por las diabluras de sus piernas, sino también, y quizá más, el gol del ladrón, que su mano robó. Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable.

Pero los dioses no se jubilan, por humanos que sean.

Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía.

La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero.

Maradona fue condenado a creerse Maradona y obligado a ser la estrella de cada fiesta, el bebé de cada bautismo, el muerto de cada velorio. Más devastadora que la cocaína es la exitoína. Los análisis, de orina o de sangre, no delatan esta droga."    (Eduardo Galeano, JACOBIN América Latina, 26/11/20)

 

"Maradona, según Eduardo Galeano: "El más humano de los dioses".

Diego Armando Maradona y Eduardo Galeano compartían una admiración mutua que no temían manifestar, hecho que se puede comprobar en diferentes declaraciones públicas y en las múltiples referencias al astro argentino que el escritor uruguayo plasmó en sus obras. 

Una de las más resonantes y recordadas aparece en su libro Cerrado por Fútbol (2017), en el cual Galeano describe al "10" como “el más humano de los dioses”, una definición que ya había adelantado en el programa Los días de Galeano.

“Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que él conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón”, decía Galeano.

En ese mismo fragmento, el escritor uruguayo hacía referencia al precio de la fama y el éxito que debió soportar Diego, por ser el mejor de la historia del fútbol: “Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero”, agregó Galeano.

Su libro "El fútbol a sol y sombra" (1995), biblia imprescindible para quienes defienden que deporte y letras pueden convivir, incluye ocho relatos en los que aparece Maradona.

En uno de ellos, "Gol de Maradona", narra un tanto del que fuera técnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata cuando integraba los equipos infantiles de Argentinos Juniors, en 1971.

"El número 10 de Argentinos recibió la pelota de su arquero, esquivó al delantero centro del River y emprendió la carrera. Varios jugadores le salieron al encuentro: a uno se la pasó por el jopo (tupé), a otro entre las piernas y al otro lo engañó de taquito. Después, sin detenerse, dejó paralíticos a los zagueros y al arquero tumbado en el suelo, y se metió caminando con la pelota en la valla rival. En la cancha habían quedado siete niños fritos y cuatro que no podían cerrar la boca".

Pero, sin duda, es "Maradona" el relato que mejor disecciona al futbolista y sus circunstancias, su choque frontal con el poder y hasta la carga de 'ser' él.

"El estaba agobiado por el peso de su propio personaje. Tenía problemas en la columna vertebral, desde el lejano día en que la multitud había gritado su nombre por primera vez. Maradona llevaba una carga llamada Maradona, que le hacía crujir la espalda", detalla Galeano, que agrega: "No había demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios, pero desde el principio supo que era imposible dejar de hacerlo".

Quizá el más emotivo relato dedicado a Maradona sea "El parto", de "Bocas del tiempo" (2004).

Allí cuenta el nacimiento de Diego Armando y explica que su madre, doña Tota, "encontró una estrella, en forma de prendedor", en el suelo del hospital cuando fue a dar a luz. "La estrella brillaba de un lado, y del otro no", narra Galeano en una mágica fábula de lo que luego sería su vida. "Esa estrella de plata y de lata, apretada en un puño, acompañó a doña Tota en el parto. El recién nacido fue llamado Diego Armando Maradona", concluye.

“La exitoína es una droga muchísimo más devastadora que la cocaína, aunque no la delatan los análisis de sangre ni de orina”, concluyó el escritor en el conmovedor video.

En vida, cada uno de ellos era declarado fanático del otro. Los unían ideales, pensamientos que defendieron siempre. 

En 2015 cuando “el 10” supo que Galeano había muerto le dedicó un cálido mensaje: “Gracias por luchar como un 5 en la mitad de la cancha y por meterles goles a los poderosos como un 10. Gracias por entenderme, también. Gracias, Eduardo Galeano: en el equipo hacen falta muchos como vos. Te voy a extrañar”.

Este 25 de noviembre pasará a la memoria de los argentinos por la muerte de Maradona. Lo que muchos creían imposible finalmente sucedió en el mediodía de este miércoles. 

Por eso, es necesario recordar el día que Galeano cayó a sus pies."                 (Página 12, La Haine, 26/11/20) 


Daniel Bernabé @diasasaigonados
 
Diego Armando Maradona es el paradigma de la cultura popular del sigloXX: acontecimiento inesperado, héroe plebeyo, rebelde iconoclasta, icono en sí mismo, genio inédito, culpable ejemplarizante, barro y brillo, vida y obra con auge y caída.

Maradona dio a los demás la oportunidad de escapar de sus vidas aunque fuera por 90 minutos, de sentir una tristeza y una alegría sinceras. Fue hundimiento, pero también gloria. Pero sobre todo fue todavía de verdad. La última estrella del rock and roll en un terreno de juego.
 
10:02 p. m. · 25 nov. 2020
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"Adiós a Diego y adiós a Maradona.

Hay algo perverso en una vida que te cumple todos los sueños y él sufrió como nadie la generosidad de su destino. Fue el fatal recorrido desde su condición de humano a la de mito el que lo dividió en dos.

 Aquellos que arrugan el rostro pensando en el último Maradona, con dificultades para caminar, problemas para vocalizar, abrazando a Maduro y haciendo de su vida lo que le daba la gana, harán bien en abandonar esta despedida que abrazará al genio y absolverá al hombre. No van a encontrar un solo reproche, porque el futbolista no tenía defectos y el hombre fue una víctima. ¿De quién? De mí o de usted, por ejemplo, que seguramente en algún momento lo elogiamos sin piedad.

 Hay algo perverso en una vida que te cumple todos los sueños y Diego sufrió como nadie la generosidad de su destino. Fue el fatal recorrido desde su condición de humano al de mito, el que lo dividió en dos: por un lado, Diego; por el otro, Maradona. Fernando Signorini, su preparador físico, tipo sensible e inteligente y, posiblemente, el hombre que mejor le conoció, solía decir: “Con Diego iría al fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina”. Diego era un producto más del humilde barrio en el que nació. A Maradona lo sobrepasó una fama temprana. Esa glorificación provocó una cadena de consecuencias, la peor de las cuales fue la inevitable tentación de escalar todos los días hasta la altura de su leyenda. En una personalidad adictiva como la suya, aquello fue mortal de necesidad.

 Si el fútbol es universal, Maradona también lo es, porque Maradona y fútbol ya son sinónimos. Pero a la vez era inequívocamente argentino, lo que explica el poder sentimental que siempre ha tenido en nuestro país y que lo hizo impune. Un hombre que, por su condición de genio, dejó de tener límites desde la adolescencia y que, por su origen, creció con orgullo de clase. Por esa razón, y también por su fuerza representativa, con Maradona los pobres le ganaron a los ricos, de manera que las adhesiones incondicionales que tenía allá abajo fueron proporcionales a la desconfianza que le tenían los de arriba. Los ricos odian perder. Pero hasta sus peores enemigos tuvieron que sacarse el sombrero ante su descomunal talento futbolístico. No había más remedio.

 Con poco más de 15 años empezó a concursar para dios del fútbol. Lo hizo, además, en un país que lo acogió como a un mesías sentimental, porque el fútbol, en Argentina, es un juego que solo llega a la mente después de pasar por el corazón. La fascinación por el arte barrial que Diego llevó a los estadios trascendió al hinchismo. No importaba la camiseta que llevara, era un genio, era argentino y eso resultaba suficiente para desatar el orgullo.

Domador de la pelota

Como es su obra lo que lo hizo grande, y no su vida, empecemos por ahí. Hay una primera imagen de Diego dominando la pelota en un escenario humilde, concentrado como un burócrata y feliz como un niño que arma y desarma la pelota, el juguete de su vida. Primero la zurda y luego la cabeza no la dejan caer en lo que parece una amable discusión con esa pelota que aún se le rebela. Está a punto de escaparse, pero Diego no la deja, la somete, como si la estuviera domando más que dominando. Tiene poco más de diez años y ya apunta para virtuoso, aunque la pelota y Diego aún se estén conociendo.

El idilio del domador con la pelota creció con el tiempo hasta llegar a un punto en que ver a Diego manejarla era un espectáculo aparte. Cuando entrenaba, y solo para dar un ejemplo, la tiraba hasta el cielo con un efecto que solo él entendía y, mientras la pelota viajaba, Diego hacía ejercicios como si no se acordara de lo que había dejado colgado en el aire. Pero cuando la pelota, ya cayendo, llegaba a su altura, volvía a mirarla haciéndose el sorprendido, para devolvérsela al cielo con otro efecto y olvidarse de ella otro ratito. Sabía exactamente el momento y el lugar del reencuentro. Lo demás corría a cuenta de su precisión milimétrica. Su infinito repertorio acomplejaba."            (Jorge Valdano, El País, 25/11/20)

 

 "Muchos lloran su muerte, pero la mayoría acabaron con su vida. Son cómplices necesarios. 

Periodistas deportivos, cronistas políticos, tertulianos, cómicos. Aquellos que pasan del amor al odio en cuestión de segundos, que disfrazan su mediocridad bajo la crítica fácil y la descalificación. Se han reído de sus enfermedades, de su adicción, la han instrumentalizado para subir audiencia. A esta lista, debemos agregar compañeros, quienes compartieron vestuario, los que callaron. Lo abandonaron. Los presidentes de clubes en los cuales se entregó en cada partido, lo ningunearon. Lo transformaron en un esclavo de sus intereses, fue moneda de cambio.

Diego jugó y jugaba con la pelota. Fuese de trapo, plástico, cuero, o papel en una media anudada. Pero le tocó vivir en un mundo en transición, el tiempo del neoliberalismo, donde el futbol mutaba en negocio especulativo. Incluso el balón tuvo nombre. Diego retrasó su advenimiento, pero lo situó en el centro del huracán. La televisión era el medio de comunicación por excelencia. Titulares, entrevistas, era noticia.

En 1990, cuando Maradona había dado todo al Nápoles, su afición lo criminalizó. No soportaron la eliminación de Italia en el Mundial de Futbol [en su tierra] a manos de Argentina. Lo persiguió el poder y su equipo lo aisló. La FIFA lo inhabilitó por consumo de drogas. Hubo de abandonar Italia, con su mujer e hijas, una familia rota. Un viaje entre la desesperación y la depresión. Tenía 30 años. Su vida se desmoronaba.

Unos pocos amigos dieron la cara, el resto se dedicó a maldecir. Surgió un Maradona al cual difamar. La prensa amarillista lo hundió un poco más. Periodistas sin escrúpulos. Ocupó las primeras planas de todos los periódicos del mundo por lo que hacía, dejaba de hacer, decía o dejaba de decir. Así fueron sus segundos 30 años. Idas y venidas. Recaídas y momentos de euforia. Jugaron con su persona, lo maltrataron, lo persiguieron, hasta hundirlo en una profunda depresión. Los que hasta hace 24 horas lo ridiculizaban, hoy le lloran. La hipocresía les acompaña. Nunca soportaron su compromiso político, del cual se enorgullecía y con razón.

La revolución cubana, su apoyo a Venezuela, la petición de salida al mar para Bolivia o la defensa de Lula da Silva. Se solidarizó con Cuba y Fidel, se abrazó a Chávez y Maduro, apoyó a todos los líderes populares. Cuba le tendió la mano en medio del tormento. Un país nada futbolero, supo de su grandeza. Entendió su sufrimiento. Pero otra vez padeció la mofa de la prensa. Hiciese lo que hiciese, su vida se fue apagando, entre la desilusión y la incomprensión. En internet, youtube o twitter fue objetivo fácil de aquellos que desde el anonimato lo trasformaron en un monstruo. Todos, unos y otros, no tuvieron la humanidad de la que ahora hacen gala. Lo maltrataron hasta quebrarlo.

Maradona cometía tantos pecados que hasta sus muchos pecadores que lo rodearon de tentaciones se animaron a juzgarlo y simulando ser inmaculados pusieron el grito en el cielo. Un personaje excesivamente famoso que las élites dominantes utilizaron para hacer fortuna, también excesivamente. En el Mundial del 86, en México, fue coronado como rey del futbol, después de gambetearle a todos los rivales ingleses que le aparecieron e hiciera el gol más bonito de la historia. Eso fue después que Dios le prestara la mano en ese mismo partido.

Víctima del personaje que hubo de representar, Diego fue desapareciendo y Maradona tomó su lugar para protegerse. La batalla era desigual. Diego era un amigo entrañable, cariñoso y generoso. Diego era un chico de barrio. Había nacido en Buenos Aires, en una villa miseria. Se llamaba Villa Florito, condenado al hambre y la miseria. Su sueño ayudar a sus padres y hermanos. Comprar una vivienda para su familia y jugar al futbol en un equipo de primera división.

Diego jugaba al futbol como dios, pero mejor. Con la pelota esquivaba el hambre y la tristeza. Repartía alegría, ilusiones, fantasías y belleza. Diego no abandonó nunca a la gente de su barrio, de su clase social. Y siempre alzó la voz. Denunció las injusticias, se encaró con los que mandan para defenderse y defenderlos.

Por eso, Diego vivirá siempre en su pueblo y en el recuerdo de todo el mundo que supo apreciar, disfrutar de su arte y compartir su rebeldía. Lo mató Maradona. Y a Maradona lo mataron quienes lo explotaron hasta el último día. Quienes lo sabían y no hicieron nada, quienes no sabían y prefirieron no saber. Todos, salvo aquellos que no sabían y en todo caso no podían hacer otra cosa que amarlo."                  

 (Ángel Cappa y Marcos Roitman Rosenmann , La Haine, 28/11/20; fuente. La Jornada)

 

 "Maradona, sin autoengañarnos. Huérfanos de jugadores rebeldes como seguimos estando, quienes reconocemos en el fútbol una manifestación fundamental de la cultura popular sujeta a un contexto socioeconómico del que no escapa, acogimos a Maradona como si fuera un revolucionario.

 Era El Diego, o d10s, con esa familiaridad con la que nos queremos acercar a las alturas emparentándonos de pega con ellas. También intuyo que un poco meme para bastantes personas jóvenes. Fácil con una cámara apuntándote siempre, teniendo que ser tantas cosas a la vez. Porque puede que la vida de Maradona —corta, intensa y con un final no menos abrupto por muchas veces que fuera anticipado en reuniones informales o redacciones— estuviera marcada precisamente por lo que se esperaba de él desde pronto y en diferentes momentos concretos.

Su trayectoria puede ser también vista como una especie de cartografía del último medio siglo que excede a la persona. Ese mapa le lleva primero de Villa Fiorito a los Cebollitas, el equipo de Argentinos Juniors con el que ganó uno de los Juegos Nacionales Evita. Ese último nombre, el del otro icono nacional, llevaba el hospital de Lanús donde había nacido. Es por esa época que deja un vídeo en el que asegura que tiene dos sueños que en realidad eran el mismo: jugar el Mundial y ganarlo.

Cuando debuta en Primera, el matrimonio Perón ya no vive y en su lugar manda en el país la dictadura más sangrienta de América Latina. La de los militares y Maradona es una historia entretejida a voluntad, sobre todo, de la primera de las partes. Menotti le deja fuera de la convocatoria de Argentina’78, la Copa del Mundo que Videla levanta a menos de un kilómetro del centro de torturas de la ESMA, y la pregunta que se hace Maradona es “¿cómo se lo digo a mi padre?”. A partir de ahí, se da cuenta de que la bronca, el cabreo, ser contrariado, la rabia, le da combustible. Ese es un hambre que seguramente no saciaría jamás.

Con la mayoría de edad, a Diego le llega el turno de la colimba, acrónimo de “correr, limpiar y barrer” y nombre popular de la mili argentina. La del nuevo ídolo vestido de milico era una imagen que la dictadura no podía dejar escapar, pero más importante era dejarle la libertad de que fuera a Japón a ganar el Mundial Juvenil. Aquellos días de septiembre del 79, la Organización de Estados Americanos estaba en Buenos Aires investigando las violaciones de Derechos Humanos denunciadas por colectivos como el de las Madres de Plaza de Mayo. El gobierno no dejó que Maradona y sus compañeros se asomasen al balcón de La Casa Rosada a celebrar nada. El fútbol, sin tampoco total culpabilidad, volvía a echar un capote a quienes arrojaban cuerpos vivos al Río de La Plata. De la estrella se esperaba que, como hasta entonces, no se saliera de la foto.

Pero nada, ni siquiera el torturador Suárez Mason, conocido como “el carnicero del Olimpo” y dirigente de Argentinos Juniors, fue capaz de detener la carrera de Diego hacia un grande, Boca, y poco después hacia, esta vez sí, el primer Mundial. España’82 —jugado en mitad del trauma colectivo por la derrota en Malvinas y el destrozo de una generación de soldados, los nacidos en 1962 y 1963, casi coetáneos al “diez”— lo pasó prácticamente tirado en el césped, cosido a patadas de los rivales. Iba a ser duro en Europa, pero ese verano Maradona llegó a Barcelona. Se esperaba de él que levantase la autoestima de un equipo en depresión. “No creía ser tan importante”, dijo al aterrizar en El Prat.

Si la vida deportiva de Maradona fuera una serie, su etapa en Barcelona sería un capítulo de transición donde van ganando peso un par de tramas hasta ahora subterráneas que después cobrarán mayor importancia. El Diego se convierte, cerca de su representante Jorge Cyterszpiler, en una marca. Anuncia Coca-Cola, McDonald’s. El entourage, cuando ni siquiera se llamaba así la pléyade de personas que pululan con afectos y legitimidades dispares en torno a una persona famosa, carismática y millonaria, aumenta. El “clan Maradona”, lo llamaron. Casi nunca estaba solo.

Los entrenamientos con Menotti eran por la tarde en lugar de por la mañana. Se abren de par en par las posibilidades que brindaba para un chico de 21 años una ciudad como la Barcelona ochentera de vivas Ramblas, Ocañas, Nazarios, y también la de los reservados y los chalets en Pedralbes. Hubo destellos, claro, regates de escándalo o calentamientos de otra época, pero también enfrentamientos con Núñez, un tobillo roto y una noche, tal y como siempre mantuvo él mismo, en que probó la cocaína. Una sanción de meses —con una directiva nada dispuesta a defenderle por los rumores de sus salidas— por una batalla campal tras la final de Copa entre el Barça y el Athletic en su último partido fue el detonante final de su firma con el Nápoles.

El ventajismo dice que la historia de amor entre Maradona y la ciudad del Vesubio estaba casi escrita. Ambas partes carismáticas, desprolijas, exageradas, viscerales. Mágicas. Ya solo la fecha del 5 de julio de 1984 queda en el recuerdo de la afición napolitana, correspondiendo a su presentación. Llegaba tras una grave lesión y a un club que jamás había ganado un scudetto, pero que tenía una fortaleza simbólica latente: este sí, mucho más que aquel Barcelona incluso, podía ser el ejército en pantalón corto, quizá la guerrilla más bien, de un territorio económicamente sometido al tirón capitalista de otras latitudes. El sur de Italia por fin tenía bandera.

Para muchas de las gradas escoradas a la derecha, y para parte del aparato mediático del país, Nápoles representaba un motivo de cruel escarnio. Fue precisamente una pancarta dándoles la “bienvenida” a Italia lo primero que vieron Maradona y sus compañeros al llegar al primer partido en el estadio del Verona. Se fueron sucediendo cánticos xenófobos por varios campos hasta que desde el norte, desde Milán y desde Turín, vieron que aquello iba en serio. Pero la culminación tuvo que esperar a que Diego fuese a México a conquistar el mundo, primero tirando de un equipo al que la propia prensa argentina vaticinaba, y casi deseaba, un descalabro. La bronca por demostrar que los medios estaban equivocados y que aquella albiceleste sin grandes nombres podía salir del Azteca como campeona fue la gasofa que por el camino dejó el gol con la mano y el del barrilete cósmico a los ingleses.

Volvió a Nápoles, donde siguen diciendo hoy día que quien ama no olvida, y le ganó dos ligas a Berlusconi. Una de ellas con polémica arbitral a favor, que así escuece más a los poderosos acostumbrados a hacer ley de su voluntad. Pero, precisamente, con el paso del tiempo, que incluye su paso por Sevilla, Newell’s y Boca de nuevo, las suspensiones por distintos positivos, los intentos de establecerse como entrenador o declaraciones políticas quizá con más alma de manifiesto personal que de contribución a una transformación colectiva real, Maradona fue dibujándose como un símbolo intocable para un montón de aficionados al fútbol. Intentamos congelar la imagen en una gambeta, una celebración, un puño apretado, hicimos lema aquello que supo definir el escritor Roberto Fontanarrosa: “Qué importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”. Evocábamos un tiempo perdido, la nostalgia de cuando era posible competir no con publicidad de casas de apuestas en el pecho, sino con la de salsas Buitoni o chocolatinas Mars.

Huérfanos de jugadores rebeldes como seguimos estando, quienes reconocemos en el fútbol una manifestación fundamental de la cultura popular sujeta a un contexto socioeconómico del que no escapa, acogimos a Diego como si fuera un revolucionario. Alguien que, al menos, parecía libre. Pero ni lo era ni lo fue, ni tampoco dejó de estar la mayoría de su vida en una posición privilegiada, a pesar de esa retórica transgresora que por momentos parecía que iba a acabar, qué menos, con la formación del sindicato de futbolistas definitivo que le diese la vuelta a este maravilloso juego secuestrado por el marketing, la falsa neutralidad, por el capital.

 Lo que se dice no es nunca más importante que lo que se hace. Por eso, obviar que, con el fogonazo que en nuestras cabezas siguen encendiendo esos goles, camisetas y fotos, convive la desmesura y egolatría de quien pudo usar su poder para no tratar bien, para tratar mal, para maltratar —hay que escribirlo si recordamos a sus compañeras denunciantes—, sería injusto. Con ellas, sobre todo, con quien a su lado haya podido sentirse mal. Pero también con él, por reducirle de manera condescendiente a objeto de consumo adaptado a nuestra comodidad. E injusto hasta con nosotros mismos por autoengañarnos."                 (Ignacio Pato, el Salto, 26/11/20)