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25/11/21

La herencia, fuente de desigualdad: explica hasta el 35% de la brecha entre los más ricos y pobres

 "En un contexto de depresión salarial, trabajo temporal y estancamiento económico, ¿a qué se aferran miles y miles de jóvenes en todo el mundo para sostener el nivel de vida que una vez disfrutaron sus padres? A la herencia. Las transferencias intergeneracionales ocupan paso a paso el debate público, ya sea en forma de impuestos que llegan o se van (sucesiones) o en forma de inversiones en vida y respaldo familiar que facilitan acceder a determinados ámbitos laborales y sociales.

La herencia influye en tu vida. ¿Pero cuánto?

 País a país. Hay toda una corriente académica interesada de forma específica en el impacto que tienen las herencias y las donaciones intergeneracionales en la desigualdad de los países. ¿La agravan o la suavizan? Varios estudios apuntan a lo segundo: las herencias representan un % mayor en el patrimonio de las familias pobres, permitiendo a sus beneficiarios compensar parte de sus magras rentas del capital o del trabajo. Si no existieran, la desigualdad sería más alta.

Contrafactual. Otros sugieren lo contrario. Lo cierto es que sólo un porcentaje reducido de familias heredan cuantías o patrimonios lo suficientemente abultados como para que tengan un impacto en su porvenir económico a largo plazo. Y ese porcentaje reducido lo suelen copar los hogares de clase alta, aquellos que ya parten con una ventaja socio-económica antes de la transferencia intrafamiliar. Así las cosas, las herencias sólo agravarían las desigualdades de un país.

¿Pero cuánto?

 Nuevo estudio. Es lo que se propone averiguar este estudio publicado en el Oxford Economics Papers. Su metodología es compleja pero parte de un postulado sencillo: si partimos de una distribución de la riqueza equitativa e hipotética entre todos los hogares de un país, ¿de qué modo distorsionarían las herencias y las donaciones en vida tal equidad? Para averiguarlo acuden a varias bases de datos censales y económicas en cuatro países desarrollados (España, Francia, Estados Unidos, Reino Unido) y tratan de aislar el impacto de la herencia en el porvenir de cada hogar, controlando por otros factores como la edad o el género.

Resultados. Bastante significativos en materia de distribución de la riqueza. Los autores atribuyen a las herencias o a las donaciones intergeneracionales en torno al 35% en Francia, en torno al 33% en España y en torno al 31% en Estados Unidos. Sólo en Reino Unido las herencias explicarían menos de un tercio de la desigualdad nacional (en torno al 26%). El impacto del contexto familiar (cómo de rica es tu familia) explicaría asimismo el 9% en Francia, el 10% en Reino Unido, el 13,9% en España y el 16,9% en Estados Unidos. Dónde nacemos y qué recibimos con ello sería así determinante.

Era algo que hasta cierto punto podíamos intuir. Otras investigaciones recientes habían llegado a conclusiones similares. En esta, centrada en Estados Unidos, la desaparición de las herencias reducía al 57% el volumen total de la riqueza nacional del 10% de las familias más ricas (respecto al 73% previo).

El debate. Cuánto heredamos y cómo lo heredamos es un asunto candente. Lo vimos hace poco a cuenta de España: el 95% de la riqueza de la clase media es "herencia", muy en especial patrimonio inmobiliario. Cuando se habla de un "impuesto de sucesiones" muchos españoles piensan en su propia herencia, vector principal de riqueza en el país (aunque la abrumadora mayoría queden exentos). Es algo bueno pero también negativo. Como recuerda la OCDE, España es el segundo país de la organización con mayores herencias y un lastre para la movilidad social. Favorecen un status quo al margen del mérito.

El futuro. La cuestión de la sucesión es vieja. Tanto que las familias más ricas de Florencia a día de hoy siguen siendo las mismas que hace 500 años. O tanto que Adam Smith, padre del liberalismo moderno, ya las consideraba un problema en términos meritocráticos: "La Tierra y todas las riquezas que hay sobre ella pertenecen a cada generación, y la anterior no debe poseer el derecho a obstruirlas desde la posteridad". En la práctica el debate se encamina hacia un menor peso del impuesto de sucesiones y un mayor peso de la herencia en la distribución de la riqueza de cada país (en España, recordemos, la vivienda sigue siendo la inversión por defecto)."               (MOHORTE, Magnet, 02/11/21)

9/1/09

La base visceral del racismo es resistente a la educación

"El racismo que colonizó la Alemania de Hitler no tiene nada que ver con la biología, salvo por la metáfora del virus ideológico. Pero los neurólogos distinguen con claridad ese fenómeno racional de otro racismo inconsciente, similar a una fobia y producto de la evolución de nuestros ancestros. Un experimento psicológico con personas de varias etnias ilumina hoy una de las mayores fuentes de dolor y destrucción de la historia humana.

Kerry Kawakami y un equipo de las universidades norteamericanas de York, Yale y British Columbia presentan hoy los resultados en la revista Science. El experimento consiste en preguntar a un grupo de personas (por ejemplo, blancos) cómo se sentirían si presenciaran tal o cual situación racista.

Y después someter a otro grupo distinto de blancos a esas mismas situaciones racistas en la vida real (una simulación con actores). El resultado se deriva de comparar lo que la media de la gente dice con lo que la media de la gente hace ante la misma situación. Los científicos dan este rodeo estadístico para evitar que los mismos sujetos que responden la pregunta tengan después que reaccionar ante la misma situación, un experimento que no diría nada útil.

Por ejemplo, los investigadores preguntan a un grupo de blancos (no-negros de varias etnias, en realidad) qué sentirían si otro blanco les dice "mira que es torpe ese puto negro". La mayoría (83%) asegura que se sentiría molesto y que eludiría la compañía del racista. Pero cuando otro grupo de blancos presencia la escena realmente, el 63% elige al racista como compañero para un trabajo.

Los psicólogos descartan que se trate de un caso masivo de cinismo. La mayor parte de los voluntarios muestra signos convincentes de haber asimilado realmente el resultado de décadas de educación, campañas cívicas y convivencia en las ciudades norteamericanas. Los autores creen que las opiniones antirracistas que manifestaron en las pruebas eran sinceras.

La interpretación de Eliot Smith, de la Universidad de Indiana, y Diane M. Mackie, de la de California en Santa Barbara, se basa en las identidades múltiples. Todos oscilamos entre varias identidades posibles, y son las emociones, no la razón, las que delatan la identidad que predomina en cada situación. Por ejemplo, si una mujer se siente feliz por el ascenso de una competidora en la empresa, es que su identidad de "mujer" domina sobre la de "individuo". De manera que, aunque piensen racionalmente lo contrario, los blancos tienden a adoptar emocionalmente la identidad de "blancos" ante una situación racista.

"El resultado no me sorprende", dice el presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, Alberto Fernández de Liria. "Hay una distinción muy bien establecida entre el racismo como doctrina, al estilo del propugnado por Hitler, por ejemplo, y el racismo instintivo o visceral, más similar a una fobia. La diferencia entre los dos experimentos se debe a que, en las distancias cortas, son las emociones las que dominan".

"El racismo ha sido adaptativo en el pasado de la especie", prosigue el psiquiatra. "Por inaceptable que resulte en nuestro mundo, debemos entender que la aversión al extraño está enraizada en nuestra fisiología, tanto como la fobia a las serpientes, casi universal en la especie. Pero eso no quiere decir que la tendencia no sea reeducable. Sabemos que lo es, aunque con esfuerzo, y también conocemos la importancia de que los niños crezcan juntos".

"El resultado no es sorprendente", coincide su colega Pau Pérez, especializado en la cuestión. "La falta de reacción ante la situación racista de la vida real tiene explicaciones muy simples. La principal es que las reacciones emocionales primarias, las inmediatas, sólo se disparan al percibir una amenaza, y en este experimento no la hay". Pérez también subraya la inutilidad de ignorar el componente biológico del racismo.

"La respuesta defensiva a lo distinto es un mecanismo etológico fundamental [un comportamiento regulado por la evolución]. Si los experimentadores esperaban que la educación y la cultura hubieran suprimido esa respuesta fisiológica, realmente estaban pidiendo demasiado. Pero la educación puede canalizar estas tendencias. Y más importantes aún son las experiencias comunes, que los niños compartan las aulas". (El País, 09/01/2009)

Genética del amor La oxitocina controla los lazos afectivos y favorece la tendencia de las personas a formar pareja

"El amor brilla poco en la naturaleza: sus exponentes más destacados entre los mamíferos son el ser humano y el topillo de la pradera (Microtus ochrogaster). Estos roedores son fieles hasta la muerte, colaboran en el cuidado de la prole y conviven con sus suegros, pese a que sus primos de la montaña (Microtus montanus) son infieles y desatentos en extremo. La diferencia clave entre las dos especies de topillos reside en sólo dos genes. Y las variantes humanas en esos mismos genes reducen a la mitad los casamientos en los hombres, y la satisfacción conyugal en sus parejas.

Los dos genes están relacionados con la oxitocina y la vasopresina, dos hormonas que afectan al circuito del placer (o de la recompensa) cerebral. Estas hormonas actúan a través de unos receptores situados en las neuronas de esos circuitos. Los dos genes clave fabrican el receptor de la oxitocina y el receptor de la vasopresina.

Hasse Walum y sus colegas del Instituto Karolinska, en Estocolmo, han estudiado a 552 pares de gemelos o mellizos, y a sus parejas. Han analizado su gen avpr1a (el receptor de la vasopresina) y los han sometido a pruebas para evaluar sus "índices de calidad en la relación marital" y de "vinculación con la pareja". El 32% de los hombres con el gen variante permanecen solteros (frente al 17% con el gen estándar), y todos sus índices de "calidad marital" y vinculación afectiva son significativamente menores. Los datos se presentan en PNAS (105:14153).

Cuando una topilla de la pradera recibe una dosis cerebral de oxitocina, se siente vinculada de inmediato al macho que esté más cerca en ese momento, y de forma perdurable. En humanos se ha hecho una prueba similar, pero con dinero. Un equipo de economistas y psicólogos suizos demostró que una simple inhalación de un aerosol de oxitocina hace que la gente confíe más en los extraños y, por ejemplo, les preste mucho más dinero en una situación ficticia (pero con dinero real puesto por el voluntario)." (El País, ed. Galicia, Sociedad, 08/01/2009, p. 28)

29/7/08

La oxitocina es la base de la ¿química social?, o de la ¿sociedad química?

“Amor de madre, ¿sólo química?. Las hormonas mandan en el cariño que las parturientas tienen por sus hijos, pero factores sociales como la pobreza extrema pueden alterar ese proceso biológico.

Las madres quieren a sus hijos. Pero ¿por qué a veces resulta que ese absoluto no lo es tanto, como demuestra el fenómeno, universal y atemporal, de los abandonos? ¿De qué está hecho el vínculo madre-hijo? Los científicos le prestan cada vez más atención. Están averiguando cómo se establece, qué papel juega en el desarrollo y si deja huellas en el futuro adulto. Y ¿qué pasa con los padres? De fondo está el debate eterno de cuánto en nuestro comportamiento es biológico y cuánto cultural. La respuesta es: mucho más de lo que creemos -y esto vale para lo biológico y para lo cultural-.

El amor, ya se sabe, es pura química. O pura biología. Los neurobiólogos conocen ya varios ingredientes, como la hormona oxitocina y los opiáceos, que intervienen en lo que ellos llaman apego, y saben en qué áreas cerebrales actúan. Por ejemplo en los circuitos de recompensa, que nos hacen querer más de lo que nos da placer. La cosa es simple hasta el punto de que sin estas hormonas no hay amor. Ni amor materno, ni de pareja. El cóctel químico cambia más o menos en cada caso, pero siempre está ahí. La conducta humana, incluso en rasgos tan personales como la generosidad, la confianza o la capacidad de amar, depende de unas cuantas moléculas.

La mencionada oxitocina, en concreto, parece ser una auténtica bomba de emociones positivas. En los últimos años se ha demostrado su importancia en la sociedad y la familia, tanto en animales como en humanos. (…)

Es decir, que "la oxitocina es el pegamento de la sociedad, tan simple y tan profundo", ha declarado Zek, cuyo trabajo ha publicado Nature. Los opiáceos, por su parte, son los encargados de mantener la conducta y de hacernos en cierto modo adictos al afecto. (…)

¿en qué momento producimos las personas más oxitocina? No es difícil adivinarlo: en el orgasmo, en las interacciones sociales placenteras y durante el parto y la lactancia. (…)

En cuanto a la madre, para ella el bebé es una máquina de producir sonidos, caricias y olores que disparan su neuroquímica del amor. Basta que el bebé chupe los pezones para que ella produzca oxitocina y prolactina. (…)

Eso que muchos niños con secuelas deben superar es la muesca cerebral de la indiferencia. Un estudio hace tres años descubrió que niños que habían pasado sus primeros años en orfanatos de la Rumania de Ceausescu respondían con menos oxitocina de lo normal a sus madres adoptivas. También se ha visto que los niños que no han podido establecer vínculo alguno con un cuidador tienen a menudo síntomas propios del autismo. Y es que hoy se sabe que la explosión bioquímica del apego moldea el cerebro y deja su firma en la vida adulta.

"En la última década el estudio del desarrollo del cerebro ha dado evidencias incuestionables sobre la importancia de los afectos y la formación del vínculo del recién nacido", explicó la neurobióloga chilena Eugenia Moneta en una reciente charla en el hospital del Niño Jesús, en Madrid. "El desarrollo del cerebro depende de interacciones externas, en particular las relaciones de afecto con los cuidadores. Estos aspectos afectivos moldean las redes neuronales". Pero esta experta recuerda también que, al margen de cuándo empiece, el apego se construye toda la vida.

Hasta aquí, el inmenso poder de la biología. Pero entonces, ¿por qué a veces falla? (…)

"La maternidad entraña una decisión, no es exclusivamente biológica. Empieza con una aceptación, un deseo, de cuidar un niño", ha dicho otra antropóloga, Nancy Scheper-Hughes, que estudió una localidad brasileña muy pobre donde las madres dejaban morir a algunos de sus hijos.

Antropólogos, trabajadores sociales e historiadores identifican elementos comunes en los abandonos: falta de recursos y, sobre todo, de apoyo del entorno social o familiar. ¿Va a resultar al final que el entorno social gana la partida a la biología? Blaffer Hrdy no se resigna a ello, y compara a los humanos con los tamarinos. En estos primates los machos son indispensables para cuidar la prole, hasta el punto de que cuando no están disponibles la madre puede abandonar las crías. Lo social, entonces, se integra en la biología: la madre sabe que si trata de cuidar sola a las crías ella misma morirá, algo fatal para la evolución, que no selecciona esa conducta.” (El País, ed. Galicia, Sociedad, 13/07/2008, p. 40/1)

“Ellos también paren. O casi.

En el año 2000 se descubrió que en los hombres que conviven con mujeres embarazadas también aumentan hormonas como la oxitocina y la prolactina a medida que progresa el embarazo hasta alcanzar un 20% de media en las semanas anteriores al parto. Es más, da igual si él no es el padre de la criatura: también le pasará. Las hormonas ayudan al hombre a querer al bebé, lo que casa muy bien con lo que los expertos ven en la clínica. "Ellos se apegan prácticamente igual a los bebés", dice Ibone Olza. "Hay cosas, como la lactancia, que sólo la madre puede hacer, pero los papás también segregan oxitocina cuando se ponen encima a los bebés, y su cerebro también cambia. Hay que animar a los papás a que cojan y acaricien a los bebés". (El País, ed. Galicia, Sociedad, 13/07/2008, p. 41)

27/3/08

Cerebro masculino, cerebro femenino

“Aunque no admite la existencia de un cerebro de hombre y otro de mujer, como postulan algunos autores, sí que ha observado en sus trabajos diferencias claras según los sexos. Lo que más le ha llamado la atención, dice, es que "mientras que los niños prestan más atención a los objetos, las niñas se muestran más interesadas por las personas". (…)

¿Qué significado puede tener esta observación? "Es difícil saberlo todavía, aunque creemos que con el tiempo llegaremos a conocerlo. Pues lo más probable es que no sea algo casual y que, efectivamente, tenga un significado", responde. En los seis primeros meses de vida el bebé es capaz de distinguir las emociones de quienes le rodean por los gestos faciales, y muy especialmente las de la madre. En este periodo, explica, el lenguaje gestual de la cara es determinante para ellos. (…)

La necesidad de interactuar visualmente se acusa de un modo evidente en los niños institucionalizados. Según los psicólogos, se supone que en los orfanatos o en los centros de acogida están bien atendidos en cuanto a su alimentación, higiene y otros cuidados básicos. "Pero les falta la estimulación que suponen los besos, las miradas o los gestos", advierte Csibra.

La importancia de la interacción visual, según este experto, también se ha estudiado en bebés con madres que sufrían depresión posparto de larga duración y que no interaccionaban visualmente con el niño de igual manera que otra madre sin depresión. Los seres humanos somos esencialmente culturales o sociales, según Csibra, y poseemos unas potencialidades que sólo se desarrollarán si se da el entorno adecuado: "Por muchas potencialidades innatas que posea un bebé, éstas nunca aflorarán en su desarrollo emocional si no se producen los estímulos necesarios". (GERGELY CSIBRA: "Los niños prestan más atención a los objetos y las niñas a las personas". El País, ed. Galicia, Salud, 25/03/2008, p. 48)

6/3/08

Evolucionamos para resolver líos de familia

“Seyfarth se agita en la silla. "Creemos que la competencia social tiene un papel grande en el proceso evolutivo y que nuestra mente evolucionó porque la de nuestros antepasados lejanos estaba orientada para resolver problemas sociales. La hipótesis es que fue un proceso en dos etapas: la mente evolucionó para afrontar problemas de complejidad social, como los de los babuinos, y luego volvió a evolucionar para resolver problemas tecnológicos". (ROBERT SEYFARTH: "La sociedad de los babuinos es digna de Jane Austen". El País, ed. Galicia, Última, 05/03/2008)

24/1/08

El ambiente influye en los genes. Sobre todo, los cuidados maternos

“¿Es la violencia un componente intrínseco de la esencia humana? (…)

Tremblay encontró que a los 17 meses de edad más de la mitad de las variaciones en las respuestas agresivas de los niños estaban directamente relacionadas con factores genéticos. Sin embargo, la violencia desciende a medida que los niños crecen, su cerebro madura y aprenden a controlar su comportamiento.

Nuestros estudios demuestran que los niños no aprenden a agredir físicamente, sino que deben aprender a no hacerlo. Es fundamental que a los niños se les enseñe, durante los primeros años de vida, a reprimir los comportamientos violentos", afirma Tremblay. Los años de preescolar se convertirían así en la etapa clave a estudiar para entender la aparición y posterior desarrollo de comportamientos violentos en el ser humano. (…)

La dicotomía genes o ambiente se disuelve la primera vez que alguien demuestra que en realidad la violencia ni se aprende ni se hereda, sino que, más bien, es una combinación de los dos. Los profesores Terrie Moffit y Avashom Caspi, del Instituto de Psiquiatría del King's College de Londres, fueron los primeros en demostrar la relación directa entre el ambiente y un gen, el de la enzima MAOA (monoamina oxidasa), al estudiar desde su infancia a su madurez una población de chicos sometidos a diferentes grados de maltrato. Extrañamente algunos de ellos desarrollaban comportamientos antisociales y otros no.

Los estudios genéticos demostraron una relación directa entre una versión poco funcional del gen de la MAOA y comportamientos agresivos en niños que habían sido severamente maltratados. Un déficit crónico del nivel normal de MAOA provoca una alteración de los niveles de algunos neurotransmisores y puede producir una hiperactividad cerebral hacia cualquier amenaza o estímulo estresante.

El gen de la MAOA se sitúa en el cromosoma X, por lo que los hombres sólo tienen una copia del gen. Si la copia que reciben es de baja actividad no hay otra para compensarla, como puede ocurrir en el caso de las mujeres, que tienen dos copias del gen. Sin embargo hay otros factores que podrían explicar la menor frecuencia de comportamientos agresivos determinados genéticamente en la mujer.” (El País, ed. Galicia, Futuro, 23/01/2008, pp. 43)

15/1/08

El de izquierdas es más flexible ¿Stalin, Mao?, el de derechas más rígido ¿Sarkozy?

“Los autores de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience aseguraban haber hallado diferencias en el funcionamiento de un cerebro liberal frente a otro conservador. En pocas palabras: el primero reacciona mejor ante los cambios, mientras que el segundo es más rígido. (…)

Esta investigación demuestra que se empieza a dilucidar cómo un producto abstracto, aparentemente inefable de la mente, como la ideología, tiene su reflejo en el cerebro humano", dice Amodio. ¿Alguien se escandaliza por esta afirmación? ¿Alguien piensa que es absurdo que pueda verse algo así en un escáner cerebral? No los neurocientíficos, desde luego. (…)

En él se hacen las siguientes analogías: pensamiento menos rígido equivale a ideología liberal; pensamiento menos rígido equivale a más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos; y, por tanto, más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos equivale a ideología liberal. (…)

Ahora bien, no hay que equivocarse: que haya un sustrato biológico no implica ni que ese hardware nos ha sido transmitido genéticamente, ni que es inmutable. "Nosotros no examinamos si la orientación política se hereda, si nos viene dada de nacimiento", explica Amodio. "El cerebro es maleable, así que incluso si nacemos con un sistema neural más sensible a información conflictiva, es posible que este sistema neural cambie con el tiempo". Y ¿es fácil de cambiar el hardware que nos viene de fábrica? En otras palabras, ¿Qué pesa más, lo heredado o el ambiente?

"Puede que esa no sea la manera correcta de formular la pregunta", responde Amodio. "Los genes proporcionan unos mecanismos de base para la supervivencia. Pero lo bonito es que la expresión génica es muy sensible al ambiente". (El País, ed. Galicia, Sociedad, 01-10-07, pp. 39)