Mostrando entradas con la etiqueta hh. Movimientos sociales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hh. Movimientos sociales. Mostrar todas las entradas

24/9/23

Los marineros y piratas del siglo XVIII son precursores de los movimientos anticapitalistas modernos... “Todos vivimos con los fantasmas de la esclavitud”

 "El historiador Marcus Rediker (Kentucky, 71 años) pronuncia con sosiego palabras cargadas de rebelión. No le hace falta alzar la voz. Avala su contenido con un estudio profundo de los testimonios y acciones de “las personas de abajo” que claman justicia histórica. Otorga el protagonismo de su investigación a los esclavos africanos llevados por millones a mejorar la vida de otros en otras latitudes durante siglos y defiende que los marineros y piratas del XVIII son precursores de los movimientos anticapitalistas modernos. Como muestra de su activismo por reescribir una Historia dominada por los vencedores comparte que en todas las cárceles de Texas está prohibido su libro La hidra de la revolución (2022), que ha presentado este mes en España junto a Villanos de todas las naciones (2023), los dos de Traficantes de Sueños

Pregunta. ¿Qué lecciones dejaron los piratas?

Respuesta. Los piratas eran marineros, trabajadores comunes con bajos salarios, mala alimentación y castigos violentos infligidos por los todopoderosos capitanes de barcos. Ellos se organizaron de manera diferente. Elegían a su capitán, establecían límites a su poder, dividían los recursos en partes iguales y le daban a la tripulación el poder de establecer los castigos... El barco pirata era una utopía democrática e igualitaria para el marinero común. Desafiaron los modelos existentes sobre cómo gestionar un barco.

P. ¿Y quiénes serían los piratas del siglo XXI?

R. Probablemente la comparación más cercana serían los hackers. Ocupan una posición estratégica. Así como los piratas provocaron una crisis comercial mundial, los piratas informáticos tienen un poder similar en el sistema de comunicaciones, algunos con intenciones subversivas.

P. ¿Siente que ahora tiene el poder para renegociar la Historia con su trabajo?

R. Siento que hago un aporte a la sociedad. Pero la historia es colectiva, no individual, y muy amplia. Se necesita una revisión con nuevas miradas, de la esclavitud o de las mujeres. Esto puede conducir a resultados que para algunos no son lo suficientemente patrióticos o desafían el nacionalismo de una historia pasada de moda.

P. ¿Detecta cambios en los discursos históricos?

R. Sí. Crecí durante la Guerra Fría con una historia dominada por una élite de hombres blancos. Ahora hay más personas incluidas y representadas, pero todavía tenemos trabajo por hacer; que el público en general comprenda la importancia de la esclavitud, por ejemplo. Y esto es controvertido.

P. ¿Se pueden sentir todavía en África los efectos de millones de personas desarraigadas de sus tierras durante siglos?

R. Definitivamente. Todos vivimos con los fantasmas de la esclavitud. No es casualidad que en África Occidental se encuentren muchos de los países más pobres del mundo. Durante siglos, los europeos y sus aliados africanos capturaron y se llevaron a millones de los más jóvenes y fuertes de su población. Los europeos también han explotado allí sus recursos naturales. No hay duda de que se han causado graves daños.

P. ¿Qué recomienda ahora?

R. En mis estudios veo una conexión directa entre la violencia deliberadamente calculada utilizada en el sistema esclavista y el racismo y la violencia que existen hoy. Debemos comenzar con un reconocimiento honesto de lo que sucedió en el pasado. Hay disculpas, pero necesitamos ir más allá. Necesitamos reparar los daños causados por la trata de esclavos y la esclavitud, eliminar los prejuicios, la pobreza, la desigualdad y las muertes prematuras. Las reparaciones no son solo una cuestión de dinero, sino de educación, de justicia social y de creación de una vida mejor para todos. Si no afrontamos el daño causado por nuestra historia violenta, persistirá una injusticia masiva.

P. ¿Dónde encuentra las evidencias de las personas a las que llama “sin rostro” o “sin voz”?

R. He encontrado que los registros judiciales son muy útiles, entre otras cosas porque los pobres casi siempre están en el lado equivocado del mundo. En esos documentos legales se pueden encontrar sus testimonios con su versión de los hechos, sus creencias, sus culturas... Hay muchos secretos dentro de esas fuentes.

P. En Barco de esclavos (Capitán Swing, 2021) se lee que un capitán mató a latigazos a una chica de 15 años que se negaba a bailar desnuda, entre otras atrocidades. ¿Cómo afrontó el dolor de realizar esta investigación?

R. Es doloroso, pero hay que estar dispuesto a decir la pura verdad. Cuando uno escribe sobre un tema como la trata de esclavos, también debe intentar hacer justicia a las víctimas de tanta violencia y terror. Lo que pasé al escribir el libro no es nada comparado con lo que ellos sufrieron."                       (Ángeles Lucas, El País, 23/09/23)

4/4/22

En un evento que tiene pocos paralelos en la historia del movimiento obrero estadounidense posterior a Ronald Reagan, los trabajadores de los almacenes de Amazon en Estados Unidos han conseguido el reconocimiento de un sindicato por primera vez... Amazon gastó 4,3 millones de dólares en consultores para romper el sindicato, una cantidad inaudita para cualquier empresa... Muchos de los consultores que dirigen la guerra de Amazon contra la sindicalización cobraron 3.200 dólares al día... las demandas de los trabajadores: un salario mínimo de 30 dólares por hora, aumento del tiempo libre remunerado y de los días de vacaciones, descansos remunerados durante la jornada, representación sindical en cualquier reunión disciplinaria y un fuerte apoyo para el cuidado de los niños

 "(...) La votación supervisada por la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB) en JFK8, un centro de distribución en Staten Island, fue de 2.654 a favor de la sindicalización con el Sindicato de Trabajadores de Amazon (ALU), y 2.131 en contra, en una instalación con 8.325 votantes. Los sesenta y siete votos impugnados y once anulados no serán determinantes, dado el margen de victoria del sindicato.

 Es difícil exagerar los obstáculos a los que se enfrentaron los trabajadores de Nueva York para llegar incluso hasta aquí. Los archivos del Departamento de Trabajo publicados ayer muestran que Amazon gastó 4,3 millones de dólares en consultores para romper el sindicato, una cantidad inaudita para cualquier empresa. Normalmente, incluso las megacorporaciones tardan años en acumular ese tipo de factura con los especialistas de la industria exclusivamente estadounidense de expertos antisindicales profesionales. Muchos de los consultores que dirigen la guerra de Amazon contra la sindicalización cobraron 3.200 dólares al día.

En Staten Island, los trabajadores dijeron que los agentes antisindicatos eran una presencia habitual en el JFK8 y que difundían propaganda contra el sindicato en los baños del almacén, en los pasillos y a los trabajadores a través de correos, anuncios de Instagram, llamadas telefónicas, mensajes de texto y vídeos proyectados en pantallas dentro de las instalaciones. Por su parte, ALU tiene claras las demandas de los trabajadores: un salario mínimo de 30 dólares por hora, aumento del tiempo libre remunerado y de los días de vacaciones, descansos remunerados durante la jornada, representación sindical en cualquier reunión disciplinaria y un fuerte apoyo para el cuidado de los niños.

 Los líderes de la campaña sindical se enfrentaron nada menos que a arrestos, ya que la policía de Nueva York detuvo al presidente de la ALU, Christian Smalls, junto con los trabajadores Brett Daniels y Jason Anthony, el 23 de febrero de este año, después de que Amazon llamara a la policía por un supuesto allanamiento. A juzgar por la votación de hoy, esos esfuerzos resultaron contraproducentes, haciendo que Amazon parezca más represivo e hipócrita que nunca a los ojos de los trabajadores.

El esfuerzo del JFK8 es notable también por otra razón. ALU es independiente, es decir, no está afiliada a ningún sindicato existente. Smalls, el fundador del sindicato, también es único. Se inició en la organización sindical cuando, en los primeros días de la pandemia, ayudó a organizar una protesta frente al JFK8 en respuesta a lo que consideraba medidas inadecuadas de salud y seguridad adoptadas por Amazon mientras Covid-19 arrasaba la ciudad. En respuesta, la empresa le despidió y unas grabaciones filtradas revelaron que los altos cargos de Amazon habían buscado una campaña de desprestigio contra él, y el consejero general de Amazon, David Zapolsky, describió a Smalls como “no inteligente ni elocuente” en una reunión con Jeff Bezos. 

Esa caracterización indignó a Smalls, que lleva mucho tiempo señalando la falta de empleados negros incluso en puestos de gestión de bajo nivel en Amazon –a él mismo se le negaron los ascensos durante años– como prueba de que el racismo está integrado en la empresa. Esto le llevó, como me dijo durante el verano, a intentar «hacer que se coman esas palabras». 

Se trata de alguien despedido de forma muy personal y pública, que tomó el resentimiento que sentía por lo que su empleador le hizo y lo dirigió a la lucha. A la luz de la victoria de hoy, merece la pena citar la explicación de Smalls sobre cómo entendió su transformación de no activista a militante, alguien decidido a organizar el JFK8:

Es curioso, porque lo digo todo el tiempo: Amazon me preparó para esto. Aunque no era gerente, estuve haciendo el trabajo de un gerente durante los últimos cuatro años y medio. Los principios de liderazgo que tenía en Amazon me facilitaron la transición al activismo que estoy haciendo.
 
Estoy utilizando muchos de los principios que aprendí en Amazon, contra ellos. Mi favorito es: «tener coraje y comprometerse». Odiaban el hecho de que yo usara eso todo el tiempo. Pero es probablemente la razón por la que nunca fui promovido: tuve coraje, defendí lo que creía que era correcto y me comprometí a la transformación. Otro principio es “verlo, asumirlo, arreglarlo”, que es probablemente uno de mis principios originales: vi los problemas, los asumí y ahora intento arreglarlos.
 
Irónicamente, cuando planearon desprestigiarme, dijeron que querían convertirme en el rostro negativo del sindicalismo. Esas fueron sus palabras. Así que, en cierto sentido, estoy intentando que se coman esas palabras. No tengo nada más que hacer. Sigo desempleado, no puedo encontrar trabajo en ningún sitio. Este es mi trabajo a tiempo completo, y esta vez estoy en un equipo diferente.

En la primavera de 2021, Smalls comenzó a organizar a sus antiguos compañeros de trabajo estableciendo su base en una parada de autobús pública fuera de JFK8, por donde pasaban muchos de los trabajadores del almacén en su camino hacia y desde las instalaciones. Pronto se unieron al esfuerzo otras personas que aún trabajaban en JFK8: Derrick Palmer, por ejemplo, que anteriormente fue supervisado por Smalls en JFK8, y que ha trabajado en Amazon durante seis años. El grupo organizó comidas al aire libre, repartió folletos, difundió su mensaje en aplicaciones de redes sociales como TikTok y creó un comité organizador dentro de las instalaciones.

Amazon mantuvo un flujo constante de propaganda contra el esfuerzo, pero ALU también siguió adelante. Como informó Labor Notes, el comité organizador de veinticinco personas contrarrestó el mensaje de la dirección, llamando por teléfono y sentándose en la sala de descanso del almacén para hablar de las preocupaciones de los trabajadores. Ahora, han conseguido el primer sindicato de Amazon en Estados Unidos.

 El enfoque de ALU va en contra de lo que se considera de sentido común en el movimiento sindical. ALU no tenía apenas personal remunerado, contaba con un solo abogado frente al ejército de expertos jurídicos de Amazon y no tenía experiencia en la negociación de un contrato. Sin embargo, ALU insistió en que esto era una ventaja, dado el método probado por los empleadores de lo que se llama “tercerizar” un sindicato, que es cuando el jefe tilda un sindicato de «entidad externa» en lugar de estar simplemente compuesto por los propios trabajadores. 

Aunque se trata de una propaganda de manual, y los trabajadores suelen contrarrestarla señalando que los sindicatos son impulsados por los propios trabajadores –explicando que, independientemente de los defectos que puedan tener los sindicatos existentes, corresponde a los trabajadores votar los contratos o rechazarlos, elegir a los comités de negociación y a los delegados sindicales, etc.–, el carácter independiente de ALU permitió a los trabajadores del JFK8 eludir por completo el argumento de la patronal.

Las imágenes del primer día del recuento de votos de la NLRB en Brooklyn subrayaron el carácter de David y Goliat de la lucha entre el sindicato independiente y una de las empresas más poderosas del mundo. En una de ellas, tomada por Lauren Kaori Gurley, de Vice, que ha cubierto el esfuerzo de la UAL desde el principio, los líderes de la UAL están de pie fuera del edificio de la NLRB, abrazados unos a otros. En otra, Smalls está solo y dice de los abogados de Amazon en la sala de recuento de votos: «Me encanta ver cómo se retuercen».

Con esta histórica victoria llega el siguiente reto para la UAL: conseguir un primer contrato. En Estados Unidos, la norma es que los empresarios den largas luchas en la mesa de negociación –algunos estudios muestran que menos de la mitad de las unidades de negociación alcanzan un primer contrato al año de sindicalizarse– y no es inaudito que una empresa cierre una instalación antes que aceptar un contrato sindical. Amazon es la vanguardia del antisindicalismo y de la dictadura patronal, por lo que la probabilidad de que oponga esa resistencia es alta. Por eso ha emprendido una guerra contra estos esfuerzos sindicales incipientes: Amazon sabe tan bien como los trabajadores que una vez que los empleados de un lugar se organizan, sienta un precedente e inspira a los demás trabajadores en otros lugares. Después de todo, basta con mirar a Starbucks, donde se vive una oleada sindical a escala nacional en la franquicia de café estadounidense.

 El movimiento sindical más amplio tendrá que recalibrar sus suposiciones sobre la organización de Amazon, dada la victoria de ALU, y ofrecer toda la solidaridad a los trabajadores en su lucha por un primer contrato. La distancia y las tensiones entre ALU y otros sindicatos son reales, y no desaparecerán de la noche a la mañana. Pero será necesaria la plena cooperación del movimiento obrero para que la victoria de ALU se extienda a los cientos de instalaciones de Amazon en Estados Unidos. La empresa emplea a más de un millón de personas en todo el país -sin contar los numerosos conductores y otros trabajadores empleados indirectamente a través de terceros- y esa cifra no hace más que aumentar a medida que Amazon envuelve una parte cada vez mayor de la economía.

Amazon es un imperio, con operaciones en expansión que ejercen una influencia sobre los trabajadores de innumerables industrias. Hay muchos brazos: Whole Foods, donde Amazon vigila agresivamente la organización potencial, y donde hay esfuerzos de organización en sus primeras etapas; Amazon Fresh, donde los trabajadores de una ubicación en Seattle ya han comenzado a organizarse; la legión de trabajadores de cuello blanco de Amazon, algunos de los cuales han sido despedidos por su organización, y que tienen una gran cantidad de problemas en el lugar de trabajo, incluso si sus condiciones están a un mundo de distancia de las de JFK8; la fuerza de trabajo de entrega, cuyo salario es muy inferior al de sus homólogos sindicalizados en UPS y cuya propia existencia socava las normas existentes.

Estos esfuerzos de organización en los almacenes de Amazon son importantes para todos, ya que existimos dentro de un sistema de vigilancia y control que se está extendiendo y del que Amazon es pionero. La victoria en el JFK8 es sólo un pie en la puerta. Pero casi todo el mundo dijo que los trabajadores no podrían llegar tan lejos, que tales campañas no llegarían a nada, que Amazon era demasiado grande para enfrentarse a ella hasta que el movimiento obrero fuera mucho, mucho más fuerte. Esas consideraciones no eran infundadas, pero tampoco eran del todo correctas. 

Mientras Amazon exista, debe organizarse. No hay manera de evitarlo, y hay trabajadores que están asumiendo esa tarea. Ahora es el momento de aprender de ellos. Es imperativo que tengan éxito."                     ( , JACOBIN, 03/04/22)

6/9/21

La ciudad de Goldfield (Nevada) representó durante un año (1906-1907) la realización del sueño industrialista estadounidense, el socialismo de autogestión obrera

Jaime Caro @JaimeCaroM 

La ciudad de Goldfield (Nevada) representó durante un año (1906-1907) la realización del sueño industrialista estadounidense, el socialismo de autogestión obrera.

Desde 1906, el sindicato Industrial Workers of the World (IWW), y su sección minera los Western Federation of Miners (WFM), comenzó a sindicalizar a los mineros de todas las compañías que operaban en la ciudad de más de 20.000 habitantes.

Al cabo de meses, teniendo sindicalizados a, absolutamente, todos los mineros reclamaron un salario mínimo y una escala salarial, el mínimo seria $3 por jornada de 10 horas. Los dueños, sin alternativa aceptaron, aun así compraron el periódico de la ciudad para empezar una +

campaña de desprestigio contra el sindicato WFM. Vista esta campaña, los IWW decidieron sindicalizar a los trabajadores del periodico que se negaron a hacer esta campaña anti-IWW. Al cabo de meses, los IWW tenian sindicalizadas a la mayoria de los trabajadores de la ciudad.

Tomaron el ayuntamiento, dejando al alcalde en su puesto pero exigieron un salario mínimo para todos los trabajadores de $3 por jornada de 8 horas, queriendo ir reduciéndola en un futuro a 7. Nadie se pudo oponer puesto que todos los trabajadores apoyaban la medida.

Los camareros de los salones pasaron de cobrar $1'5 por 10 horas a cobrar el doble por 8 horas. Los mineros se vieron con salarios por encima de los $5. Lo mejor: los dueños de las minas huyeron a la ciudad de al lado y la producción se decidia por los trabajadores.

La ciudad marchaba bien, esto no gustó, ya no a los dueños de las minas, sino a sueños de salones y demás negocios que se aliaron y pidieron la intervención de la milicia nacional y la vuelta al libre mercado de salarios.

El sueño industrialista fue apagado a golpe de culata y a fuego de fusil. Los IWW supieron que su manera de proceder era correcta, su sueño realizable, pero necesitaban tomar poder y no restringirse a una ciudad únicamente, organizarían huelgas estatales.

Todo el proceso fue capitaneado por Vincent St. John (The Saint). Uno de los mayores sindicalistas que han existido en la Historia de los Estados Unidos. Fue secretario general de los IWW durante la época dorada del sindicato y cuando se imbricó con teoría marxiana.

6:38 p. m. · 30 ago. 2021
12 Retweets 1 Citar Tweet 36 Me gusta

14/6/17

Nancy Fraser: feminismo, “neoliberalismo progresista” y movimientos sociales

"¿Qué es el feminismo del 99 %?

En un nivel, es una suerte de reacción a la dirección que ha tomado el feminismo, especialmente en Estados Unidos, pero no únicamente aquí, hacia lo que yo considero una relación peligrosa con el neoliberalismo. La principal corriente se ha convertido en un feminismo corporativo, del “techo de cristal”, que llama a las mujeres a escalar posiciones en las empresas.

Ha renunciado a toda concepción amplia y sólida de lo que significa la igualdad de género o la igualdad social en general. En lugar de eso, parece estar centrado realmente en lo que yo llamaría la “meritocracia”. Y eso significa solo eliminar las barreras que impiden que las mujeres talentosas avancen hacia las posiciones más altas de las jerarquías corporativas, militares.

La clase de feminismo que yo siempre he apoyado –y debo decir que soy hija de los años ‘60 en este sentido– es un feminismo que trata de abolir las jerarquías corporativas, no de ayudar a una pequeña cantidad de mujeres a ascender en ellas.

Pero el feminismo empezó a dar un giro neoliberal hace alrededor de 20 años. Para mí no se trata simplemente de algo terrible que pasó con la elección de Trump, aunque eso ciertamente es muy malo. 

 Pero creo que bajo la punta del iceberg hay un conjunto más amplio de circunstancias relacionadas con aspectos estructurales de nuestra sociedad que han sido ignorados por casi todas las corrientes feministas, salvo algunas de izquierda relativamente marginales, con las cuales me identifico personalmente, pero que hasta ahora no hemos logrado amplificar nuestras voces.
 
Quizás tengamos que agradecerle a Trump el hecho de que éste sea un momento en el que se pueden escuchar voces más radicales. Parece que después de las grandes movilizaciones, la indignación y el deseo de participar en protestas y en la resistencia, que se manifestó en la Marcha de las Mujeres, esta puede ser una oportunidad para dar una dirección distinta al feminismo en Estados Unidos. Yo lo llamaría una corrección del rumbo, y no una mera resistencia.

Las marchas del 21 de enero fueron fantásticas. Hubo una energía enorme, una cantidad extraordinaria de gente y mucha creatividad, pero debo decir que a nivel político fueron un poco rudimentarias.

 No hubo una dirección clara, y quizás por eso tanta gente quiso participar.

Pero también es posible desarrollar un activismo de mujeres que tenga un perfil más claro, una orientación más clara, una plataforma. Y creo que en este contexto, puede empezar a atraer un apoyo más amplio. Porque hay mucha gente que se está radicalizando y politizando por primera vez. 

Gente que durante la presidencia de Obama mantuvo un perfil bajo. Nadie quería oponerse al primer presidente negro y, por supuesto, él hizo algunas cosas que se pueden considerar progresistas. Pero el activismo había decaído y ahora creo que se destapó y hay nuevas oportunidades.

Entonces hicimos el llamado a una huelga para el 8 de marzo como respuesta específicamente estadounidense al llamado internacional más amplio que ha recibido el apoyo de más de 30 países. Y pensamos que había que aprovechar la oportunidad y ver si podemos construir un feminismo de izquierda, radical. A eso nos referimos cuando decimos un feminismo del 99 %. Un feminismo para todas las mujeres por las que el feminismo corporativo no ha hecho prácticamente nada.

Hablas del fin del “neoliberalismo progresista”, ¿a qué te refieres con esa categoría y cómo ves que se desarrolla este “comienzo del fin”?

Durante mucho tiempo me resultó difícil caracterizar este desvío que acabo de describir de la corriente prevaleciente del feminismo hacia una especie de molde corporativo. Y debo aclarar enseguida que diría lo mismo acerca de todos los movimientos sociales progresistas.

No es solo un problema del feminismo. Es un problema en los movimientos antirracistas, que también incluyen un aparato político de la elite negra, por lo menos hasta la irrupción de Black Lives Matter. Creo que tenemos un ala corporativa y neoliberal del movimiento ecologista que promueve el capitalismo verde. Dentro de los movimientos LGTBI tenemos sectores que solo promueven la inclusión de homosexuales en las fuerzas armadas y en la vida corporativa, etcétera.

Tengo que decir que en EE. UU. tenemos una cultura de individualismo, de voluntarismo, de salir adelante con el esfuerzo personal y se considera que si no se lo logra, es culpa de uno. Es el camino normal que sigue la sociedad. Solo en períodos de crisis abierta los estadounidenses tienen un incentivo real para empezar a pensar en términos estructurales sobre cómo funciona la sociedad y cómo está compuesta desde el inicio. 

Bernie Sanders usó términos maravillosos. Dijo que es una “economía amañada,” una “sociedad amañada”, un “sistema político amañado”. Todo eso es cierto. Pero para comprenderlo, hay que caracterizar las estructuras que introdujeron esa situación.

Hace mucho tiempo que observo y escribo acerca del desvío neoliberal de los movimientos sociales. Pero de alguna manera, la última elección en EE. UU., la campaña, todo eso me ayudó a verlo con mayor claridad. Porque creo que Hillary Clinton lo encarnaba a la perfección. Y luego pude atar los cabos sueltos y dije, “¡Ajá!

Lo que tenemos en la carrera electoral entre Clinton y Trump es un concurso entre dos opciones horribles”, que yo denominé “neoliberalismo progresista” y “populismo reaccionario”. Y llegué a entender que lo que ha sido el bloque dominante, hegemónico en Estados Unidos por lo menos desde que asumió Bill Clinton en 1992 –mucho tiempo– representa una alianza nefasta entre corrientes mainstream corporativizadas de los nuevos movimientos sociales y ciertos sectores de la clase capitalista estadounidense.

No todos, sino los sectores del mundo empresarial que dependen no de la industria manufacturera sino de un capitalismo “simbólico y cognitivo”, como se ha denominado. Eso es Hollywood, Silicon Valley y, obviamente, Wall Street y las finanzas. Las finanzas se han convertido en una parte enorme de nuestra economía y han desplazado a otros sectores.

A eso me refería al hablar del neoliberalismo progresista. A la forma en que este sector del mundo empresarial pudo crear una especie de cubierta progresista para políticas que, en realidad, están destruyendo el sustento y los modos de vida, las familias y las comunidades de los estadounidenses de clase trabajadora y pobres. Y también corroen la vida de la clase media.

Las dos grandes respuestas a este neoliberalismo progresista han sido, por supuesto, la victoria de Trump pero también la campaña extraordinariamente exitosa –que superó todas las expectativas– de Bernie Sanders, que casi derrota a Hillary Clinton, que contó con todo el aparato y el poder a su disposición. 

Fue un levantamiento muy potente contra el neoliberalismo progresista. Un polo a la derecha y un polo a la izquierda. Lamentablemente, triunfó el polo de Trump. Pero de alguna manera expuso esta alianza hegemónica y creo que eso es lo que ha allanado el camino hacia las movilizaciones actuales.

Y debería agregar un último punto. Uno de mis miedos con respecto a lo que está sucediendo ahora es que, en ausencia de una intervención fuerte y clara de la izquierda, toda esta resistencia, que es enorme, termine por reconstituir el neoliberalismo progresista en una forma nueva, con la dirección de alguna figura más aceptable que Hillary Clinton, que creo que está políticamente acabada, básicamente. Ese es uno de mis miedos. Fue al intentar impedir eso que escribimos el llamado a la huelga de la manera en que lo hicimos y que estamos intentando organizar este feminismo de izquierda.

Quisiera que ese fuera un modelo para otros movimientos sociales. Quisiera ver desarrollarse varias coaliciones antirracistas alrededor de un programa radical similar. Un antirracismo para el 99 %. ¿Por qué no tenemos eso? Para el movimiento de los gays, lesbianas y trans y para el movimiento ecologista. Creo que esta es la dirección.

Y Sanders, que no es una figura perfecta de ninguna manera, ha trazado de alguna forma un camino. Si se mantiene dentro del partido Demócrata o no es otro problema, pero proporcionó un lenguaje que ayudó a exponer lo que ha estado haciendo ese partido durante los últimos 30 años.

 Y siento que estamos tomando esa apertura que él ayudó a crear y que, a su propio modo perverso, está ayudando a crear Trump, y vamos a intentar profundizarla. Y, como dije antes, me encantaría ver a otros movimientos sociales hacer algo más o menos similar y coordinado.

En Fortunas del feminismo, decías que las luchas por el reconocimiento (así como por la redistribución) no tienen un carácter inherentemente anticapitalista, sino que debían aliarse a luchas anticapitalistas. ¿Cuáles son las consecuencias políticas de esta división y cómo seguir hacia delante?

Yo daría un paso atrás, históricamente, para contextualizar esos términos, “redistribución” y “reconocimiento”, que han sido términos clave para la forma en que he intentado comprender estos desarrollos durante varias décadas. Para mí, el término “redistribución” ya era una especie de concesión y de alguna manera una alternativa al socialismo o quizás un “socialismo light”. Es el socialismo que no se atreve a nombrarse a sí mismo.

En otras palabras, cuando los movimientos obreros y otros movimientos radicales, los movimientos socialistas, estaban luchando contra las reglas básicas de la sociedad capitalista, las relaciones de propiedad, la apropiación de la plusvalía, etc., no hablaban en realidad de redistribución, sino de transformación estructural. Creo que el término “redistribución” fue desarrollado dentro de la socialdemocracia y supone en realidad que el problema es la distribución injusta de bienes divisibles. No se trata de cambiar las reglas de base, por decirlo de alguna manera.

Yo diría que después de la Segunda Guerra Mundial, este paradigma redistributivo se volvió dominante en Estados Unidos, pero también en países socialdemócratas ricos, y en muchos Estados desarrollistas que no eran tan ricos, los Estados independientes que también intentaban “desarrollarse”. Y ciertamente corrientes importantes del movimiento obrero y de la izquierda, la izquierda socialdemócrata, retomaron este concepto de la redistribución.

Hay varios problemas con esto, evidentemente, pero un problema adicional es que este fue un período, de la posguerra, en el cual ese modelo redistributivo empezó a aparecer como demasiado restrictivo. Betty Friedan escribía sobre las amas de casa atrapadas en los suburbios, y se fundaba una nueva izquierda en contra de la ética consumista. Eran aspiraciones distintas a la distribución justa del ingreso, los salarios y el trabajo, etc.

Estaba la lucha contra la segregación racial, por ejemplo. Y comenzaban a acercarse a algunos problemas profundos y estructurales. Planteaban el problema de la ciudadanía de segunda y la pobreza de los afroamericanos y de esa manera exponían algunos aspectos terribles de la historia estadounidense que no quedaron totalmente en el pasado.

Entonces, creo que lo que sucedió como respuesta fue que se desarrolló un segundo paradigma junto con el paradigma dominante redistributivo, que yo y muchas otras personas han denominado “reconocimiento”, en el cual el problema no es solo que uno quiere ser tratado de manera igualitaria, sino que quiere que se reconozca, apruebe y valide su especificidad.

Uno no tiene que ser como otros ni vivir la vida de un hombre blanco heterosexual para ser un integrante pleno y válido de la sociedad, todo lo cual está muy bien en un sentido, pero una vez más la historia nos presenta muchas sorpresas. 

Porque el momento en el cual se desarrollaba el paradigma del reconocimiento también fue el momento en el que el modelo capitalista fordista en decadencia se encontraba con dificultades y cuando la redistribución socialdemócrata perdía su base económica.
Entonces había dos sectores, no me parece totalmente adecuado el término “de izquierda”, pero era lo que más se parecía a una izquierda, dos sectores que parecían estar en conflicto

. Thomas Frank escribió sobre un mundo industrial en decadencia de trabajadores sindicalizados predominantemente blancos, pero no solo blancos, que se sienten amenazados por el aumento de reclamos en una situación en la cual su sustento está en caída. No están en una situación cómoda para nada.

 Y luego surge la idea neoliberal progresista entre la gente que promueve el reconocimiento de que esos trabajadores son atrasados –“deplorables” como los denominó Hillary Clinton– racistas y misóginos.

Yo no negaría que hay elementos de racismo y misoginia en toda nuestra sociedad, pero la situación es más compleja y no se puede entender exclusivamente en términos morales. Tenemos que entender que es el desarrollo, la transición de una forma de capitalismo –la forma socialdemócrata administrada por el Estado– hacia otra, la forma financierizada y globalizadora. Esa transición es la que está creando las alianzas extrañas y los antagonismos muy poco productivos entre sectores de la población que tal vez se habrían aliado en otras circunstancias.

Cuando crecen varios movimientos y sentimientos nacionalistas, en el llamado que hicieron para el 8 de marzo, destacaron la importancia de construir un movimiento internacional, ¿por qué?

En primer lugar, diría que creo que todo movimiento social progresista y transformador debe pensar en términos internacionales. La izquierda apoya esta idea hace alrededor de 200 años, por lo menos de la boca para afuera.

 Pero yo diría que es todavía más urgente hoy en día que en cualquier otro momento de la historia, porque ahora el sistema mundial capitalista está mucho más globalizado. Y creo que aun en la medida en que uno quiere hablar de cuál debería ser la política nacional en un país determinado, hay que partir del reconocimiento de que lo que es posible a ese nivel depende en gran medida de la estructura financiera global internacional del sistema mundial.

En ese sentido, lo que hizo posible un modelo de socialdemocracia a nivel nacional, en países ricos, como los escandinavos, que era más o menos igualitaria a nivel interno, fueron los controles de capitales de Bretton Woods. Y una vez que fueron desmantelados [los controles], ese tipo de socialdemocracia relativamente igualitaria, aunque restrictiva, es posible porque se apropia de parte de la riqueza del Sur mundial, depende de cierto tipo de imperialismo… Pero lo que sugiero es que lo nacional y lo mundial o internacional están estrechamente relacionados.

Y ese sería un argumento a favor de que si no pensamos cómo frenar las finanzas mundiales, y eso solo se puede hacer mediante un movimiento social mundial, un esfuerzo mundial, nuestra capacidad de hacer cualquier cosa a un nivel local será muy limitada. Otro ejemplo es el cambio climático. Obviamente no se puede enfrentar con un activismo local, independientemente de cuánto uno reduzca su huella de carbono aquí o allá.

Hay problemas como ese que solo se pueden abordar a nivel internacional. ¿Cuál es el nivel internacional hoy? Es Davos, es la OMC, es el régimen de propiedad intelectual del acuerdo sobre los ADPIC (Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual), entre otros. Entonces, ¿cuáles son las instituciones de la izquierda que puedan enfrentarse a ellas?

Al principio, me pareció muy prometedor el desarrollo del Foro Social Mundial, porque parecía apuntar a una respuesta a ese nivel. Hubo problemas que podemos discutir, pero quizás no para resaltar aquí. Pero creo que es muy importante pensar ahora en términos globales.

Lo que hace esta huelga internacional [de mujeres] es alentar la solidaridad y el aprendizaje mutuo. Algo que nos impactó mucho cuando escribimos la declaración que apareció en The Guardian, fue el lenguaje que estaban desarrollando las argentinas. Tenían una comprensión fantástica, integral y estructural de lo que comprende la violencia contra la mujer. No responsabilizaban simplemente a los “tipos malos”.

Y tomamos eso como perspectiva para pensar la violencia contra las mujeres de una manera que se dirigiera al 99 % de las mujeres. Creo que tenemos mucho que aprender los unos de los otros. Nadie tiene una visión completa.

Y es muy emocionante ver el apoyo mutuo y una de las cosas que están sucediendo con la marcha es que los grupos que se están organizando en distintos países van a filmar sus eventos y vamos a intercambiar los videos y eso crea una percepción de que está pasando algo, de que somos parte de algo mucho más grande.

¿Te gustaría agregar alguna reflexión sobre el movimiento de mujeres, decir algo más?

Agregaré un punto más. En mi opinión, la base estructural de la subordinación de las mujeres en la sociedad capitalista es la división entre la producción económica y la reproducción social. Esta división nunca había existido antes en la historia. 

Estas actividades siempre estaban mezcladas en el mismo lugar. Creo que la forma en que esa división se ha establecido e implementado ha cambiado de manera significativa en la historia del capitalismo, mediante una serie de distintos regímenes de acumulación.

Sin embargo, creo que ese es el eje central y diría que cualquier política feminista centrada exclusivamente en cualquiera de esos dos polos sin considerar su imbricación e interconexión profundas no podrá lograr la emancipación de las mujeres."                 (Entrevista con Nancy Fraser, Salir del euro, 07/06/17)

24/11/15

Manuel Castells: la tecnología, los movimientos, los migrantes moldean una nueva era

"(...) –¿Estamos comenzando una nueva era?

–En términos tecnológicos, económicos y culturales, la hemos comenzado hace tiempo. Ahora empezamos una nueva era en términos políticos e institucionales.

–¿Y cómo será?

–Lo que sabemos es que no será como antes. Las instituciones actuales no tienen legitimidad, y esto, en las sociedades democráticas, no puede durar mucho tiempo. De hecho, no está durando. Las instituciones serán, por un lado, cada vez más supranacionales, como la Unión Europea, pero por otro lado, las identidades, en su mayoría, serán cada vez más locales, específicas, nacionales o religiosas, o étnicas.

 Y aquí hay una contradicción fundamental: hay una sociedad global, una economía global conectada en red, pero al mismo tiempo la gente, ante ese cambio vertiginoso de lo que eran las coordenadas de la vida, se refugia en sus identidades y, entre medio, las instituciones tienen que relacionarse cada vez más. 

Los estados europeos no pueden funcionar por su cuenta sin la Unión Europea, pero al hacer eso se alejan de sus ciudadanos. Si no se establecen mecanismos de participación, control, representación, etcétera, entonces la europeización, que es la forma de globalización en Europa, se convierte en una amenaza para lo que la gente piensa sobre su vida. Se ven sin control.

–Una contradicción…

–Sí, y como no puede durar mucho tiempo, estamos asistiendo a la formación de nuevos actores políticos, de nuevas redes institucionales y de nuevas crisis, porque nadie dice que todo eso acaba en que la Unión Europea se consolida y se hace más democrática y participativa.

 Se puede romper. Se puede romper por identidades nacionales fraccionadas que no aceptan la soberanía compartida porque esa cosoberanía nunca es igual, porque hay poderes mayores que otros. (...)

–Entramos en época de cambios…

–Una cosa importante en Europa es que hay dos procesos de cambio: uno deriva de los movimientos sociales y por lo tanto apuesta por nuevos actores, y otro deriva de posiciones nacionalistas, xenófobas y defensivas contra la globalización, contra el extranjero en defensa de la nación. Hoy en Europa esas posiciones son mayoritarias. Europa del Norte es otra cosa que Europa del Sur, Europa se ha cortado cultural y políticamente entre el norte y el sur, y Francia se encuentra en medio por razones de historia y cultura política.

–Sorprende que pese a la crisis económica y de legitimidad de las instituciones y de los políticos, los ciudadanos hayan recurrido, como en España, a las urnas para expresar su voluntad de cambio optando por opciones prácticamente recién nacidas. Es la revolución en las urnas, no en las calles…

–Bueno, sí, pero al mismo tiempo recuerde que, primero, salieron a las calles y, segundo, están en las redes. Las urnas son la consecuencia de esto. Han salido a las calles y están en las redes y han constituido unos movimientos sociales que son los que han creado presión sobre la opinión pública. 

Entonces, es posible un cambio político como consecuencia de que hay un cambio de mentalidad ligado a los movimientos sociales. Ese cambio luego tiene que expresarse de alguna forma, y como los partidos tradicionales no aparecen a ojos de muchos ciudadanos como cauces posibles de ese cambio, buscan otras opciones. 

Además, también empujan a los partidos tradicionales a cambiar, porque algo está cambiando: primarias, medidas anticorrupción… Ahora bien, apuestan por nuevas opciones, pero dentro de marcos que legal y constitucionalmente no funcionan.  (...)

–Hay gente que cree que las primaveras árabes han fracasado, y así se lo han preguntado más de una vez. Usted defiende lo contrario.

–Estoy de acuerdo. Las revoluciones de verdad son un largo proceso, recordemos las revoluciones europeas del siglo XIX. Esto es un proceso que se ha iniciado y que sigue, que no sabemos adónde va. No se ha parado. Está en la mente y en los corazones de las personas. Lo mismo pasó en EE.UU.

 No se acabó Occupy, se acabó sólo como forma de ocupación porque las ocupaciones físicas del espacio tienen un límite. Las últimas ocupaciones se pararon en- diciembre porque la gente estaba congelada. Empíricamente, todas las revueltas de 2014 y 2015, de Ferguson a Nueva York y Baltimore, contra los abusos de la policía, la campaña “las vidas negras también valen”, son los mismos activistas los que las han organizado y salido a la calle en contacto con movimientos negros y blancos. Esto es Occupy Wall Street de otra manera.  (...)"                

 (Entrevista Manuel Castells, Artículo de Alex Rodriguez en revistaenie.clarin.com , en  Ssociólogos)

11/9/14

Tomar el poder... o empoderar a la gente. La cuestión de la revolución

"Lo primero, John, sería preguntarte de dónde viene, dónde se sostiene, la idea hegemónica de revolución en el siglo XX, es decir, la del cambio social mediante la toma del poder. 

John Holloway. Creo que el elemento central es el trabajo, el trabajo entendido como trabajo asalariado, es decir, trabajo enajenado o abstracto. El trabajo asalariado ha sido y es la base del movimiento sindical, de los partidos socialdemócratas que eran su ala política y también de los movimientos comunistas. 

Ese concepto conformaba la teoría revolucionaria del movimiento obrero: la lucha del trabajo asalariado contra el capital. Pero su lucha era limitada porque el trabajo asalariado es el complemento del capital y no su negación.

No entiendo la relación entre esa idea del trabajo y la de revolución a través de la toma del poder del Estado. 

John Holloway. Una manera de entender la conexión sería la siguiente: si partes de la definición del trabajo como trabajo asalariado o enajenado, partes de la idea de los trabajadores como víctimas y objetos del sistema de dominación. Y un movimiento que lucha por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores (considerados como víctimas y objetos) se remite inmediatamente al Estado.

 ¿Por qué? Porque el Estado, por su separación misma con respecto a la sociedad, es la institución ideal si se busca conseguir beneficios para la gente. Así piensa la tradición del movimiento obrero y la tradición de los gobiernos de izquierda que hay actualmente en Latinoamérica.

Pero no es la única tradición para pensar la política de emancipación...

John Holloway. Desde luego que no. En los últimos veinte o treinta años encontramos muchísimos movimientos que afirman otra cosa: la posibilidad de emancipar la actividad humana del trabajo enajenado, abriendo grietas donde poder hacer de otra manera, hacer algo que nos parece útil, necesario y que merezca la pena, una actividad no subordinada a la lógica del beneficio.

Esas grietas pueden ser espaciales (lugares donde se generan otras relaciones sociales), temporales (“aquí en este evento, mientras estemos juntos, vamos a hacer las cosas de otra manera, vamos a abrir ventanas hacia otro mundo”) o relacionadas con actividades o recursos particulares (cooperativas por ejemplo o actividades que siguen una lógica no mercantil con respecto al agua, al sofware, a la educación, etc.). El mundo, y cada uno de nosotros, está lleno de estas grietas.

El rechazo del trabajo enajenado y enajenante implica al mismo tiempo una crítica de las estructuras institucionales, organizativas y de pensamiento que surgen de él. Así se puede explicar el rechazo de los sindicatos, de los partidos y del Estado que podemos observar en tantos movimientos contemporáneos, desde los zapatistas hasta los indignados griegos o españoles.

Pero no se trata de la oposición entre vieja y nueva política, me parece, porque lo que vemos en los movimientos de la crisis es que surgen las dos cosas al mismo tiempo: grietas como las plazas y también nuevos partidos como Syriza o Podemos. 

John Holloway. Creo que es un reflejo de que nuestra experiencia en el capitalismo es contradictoria. Somos víctimas y a la vez no lo somos. Buscamos mejorar nuestras condiciones de vida como trabajadores y también ir más allá, vivir de otra manera.

 Por un lado, somos efectivamente personas que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Pero, por otro, cada uno de nosotros tenemos sueños, comportamientos y proyectos que no caben en la definición capitalista de trabajo.

Lo difícil, ayer como hoy, es pensar la relación entre los dos tipos de movimientos. Cómo esa relación puede evitar la reproducción del sectarismo de siempre, cómo puede ser una relación fructífera sin negar las diferencias fundamentales entre las dos perspectivas.

Argentina en 2001 y 2002, los indignados en Grecia y España más recientemente... En cierto momento los movimientos por abajo se detienen, entran en crisis o impasse, se desvanecen... ¿Dirías que la política de las grietas tiene límites intrínsecos para durar y expandirse? 

John Holloway. No hablaría de límites, sino de problemas. Hace diez años, cuando publiqué Cambiar el mundo sin tomar el poder, se veían más los logros y las potencias de los movimientos de abajo, mientras que ahora somos más conscientes de los problemas. Los movimientos que citas son faros de esperanza de una importancia enorme, pero el capital sigue existiendo y es cada vez peor, implica cada vez más miseria y destrucción. No podemos limitarnos a cantar las glorias de los movimientos, no es suficiente.

¿Podría pasar una respuesta entonces por la opción que enfoca hacia el Estado?

John Holloway. Se entiende por qué la gente quiere ir para allá, se entiende muy bien. Han sido años de luchas feroces, pero no ha habido ninguna respuesta positiva por parte de las instituciones. Espero sinceramente que Podemos y Syriza ganen las elecciones, porque eso cambiaría el caleidoscopio actual de las luchas sociales.

 Pero mantengo todas mis objeciones con respecto a la opción estatal. Cualquier gobierno de este tipo implica una canalización de las aspiraciones y de las luchas dentro de conductos institucionales que necesariamente tienen que buscar la conciliación entre la rabia que estos movimientos expresan y la reproducción del capital.

 Porque la existencia de cualquier gobierno pasa por fomentar la reproducción del capital (atrayendo inversión extranjera o de otra forma), no hay otra. Esto implica inevitablemente participar en la agresión que es el capital. Es lo que ya ha pasado en Bolivia o Venezuela y será también el problema en Grecia y España.

¿Se trataría tal vez de complementar los movimientos por abajo con un movimiento orientado hacia las instituciones de gobierno? 

John Holloway. Es la respuesta obvia que se repite. Pero el problema de las respuestas evidentes es que suprimen las contradicciones. Las cosas no se pueden conciliar tan fácilmente. Desde arriba se puede tal vez mejorar las condiciones de vida de la gente, pero no me parece que se pueda romper con el capitalismo y generar otra realidad. Y sinceramente creo que estamos en una situación donde no hay soluciones a largo plazo para la humanidad entera dentro del capitalismo.

No descalifico la opción estatal porque yo tampoco tengo ninguna respuesta que ofrecer, pero no me parece que sea la solución.

¿Por dónde estás buscando esa respuesta?

John Holloway. Sin considerar a los partidos de izquierda como enemigos, que para mí desde luego no es el caso, yo diría que la respuesta hay que pensarla en términos de profundización de las grietas.

Si no vamos a aceptar la aniquilación de la humanidad, que es algo que me parece que está en la agenda del capitalismo como posibilidad real, entonces la única alternativa es pensar que nuestros movimientos son el nacimiento de otro mundo. Hay que ir construyendo grietas y buscando formas de reconocerlas, potenciarlas, extenderlas, comunicarlas. Buscar la confluencia o, mejor, la comunización de las grietas.

Si pensamos en términos de Estado y elecciones nos estamos desviando de eso, porque Podemos o Syriza pueden mejorar las cosas pero no crear otro mundo por fuera de la lógica del capital. Y creo que de eso se trata.

Por último, John, ¿cómo piensas la relación entre las dos perspectivas de que venimos hablando? 

John Holloway. Es necesario mantener un debate constante y respetuoso y que a la vez no suprima las diferencias y las contradicciones. Pienso que una base del diálogo podría ser la siguiente: nadie tiene la solución.

Nosotros por el momento debemos reconocer que no tenemos la fuerza suficiente para abolir el capitalismo. Y por fuerza me refiero aquí a construir maneras de vivir que no dependan del trabajo asalariado. A poder decir: “realmente no me importa si tengo empleo o no, porque si no lo tengo puedo dedicar mi vida a otras cosas que me interesan y que me dan el sustento suficiente para vivir dignamente”. Ahora mismo no es el caso. Quizá tengamos que construir eso antes de decir: “váyase al carajo, capital”.

En ese sentido, pensemos que una precondición de la Revolución Francesa fue que en cierto momento la red social de relaciones burguesas ya no necesitaba a la aristocracia para existir. De igual modo, debemos llegar trabajar para alcanzar el punto en que podamos decir: “no nos importa que el capital global no invierta en España, porque hemos construido una red de apoyo mutuo suficiente para vivir con dignidad”.

Hoy, la rabia contra los bancos se extiende por todo el mundo, pero me parece que el problema no son los bancos, sino la existencia del dinero como relación social. ¿Cómo pensar la rabia contra el dinero? Creo que ésta pasa necesariamente por construir relaciones sociales no monetizadas, no mercantilizadas.

7/1/14

Nosotros, como sociedad, tenemos mucho que aprender sobre el uso de nuestro poder colectivo

"(...) A día de hoy ya no quedan grandes grupos de activistas en el parque Zuccotti, a pesar de que se pueden encontrar personas acampando dispuestas a facilitar información y flyers sobre las actividades que Occupy tiene previstas.

En los diferentes barrios de Nueva York, en comparación con el movimiento 15M de España, OWS tuvo muy poco protagonismo y de los pocos que se recuerda con éxitos es la assemblea de Sunset Park. Esta aún está activa en términos de trabajo comunitario en la región de los Rockaways y Staten Island.

 “El carácter intenso y adrenalínico de la ocupación de las primeras semanas y meses no podía durar mucho. Y el movimiento no fue exitoso a la hora de desarrollar una fuerte estructura política de 'post-ocupación'. La gente se frustró y se dividió en proyectos más pequeños donde podían experimentar con otras formas de organización que podrían ser más efectivas y sostenibles”, dice Nathan.
     
Resultado de esta división han sido los proyectos como Occupy Sandy, la revista Tidal, Occupy University, cooperativas como The Screen Printer's Guild y Radix Media, campañas contra la subida de precio del transporte público, fracking, la brutalidad policial, la persecución de los 'whistleblowers' y mucho más

. “Hay demasiados proyectos como para poder enumerarlos y no siempre es fácil distinguir cuál de ellos son lo suficientemente serios para poder considerarse. Se ha llegado a proponer desde una tarjeta de débito de Occupy, una milicia no violenta Occupy o la creación de una plataforma contra los desahucios. Muy parecido a lo que se está haciendo en España”, añade Nathan. 

Otros proyectos fruto del movimiento que surgieron en otras zonas de Estados Unidos han sido por ejemplo las ocupaciones en California, las ayudas de auxilio en Oklahoma después de unos fuertes tornados este año o las ayudas en Colorado ante las recientes inundaciones devastadoras.

 “Durante las primeras reuniones los organizadores dejaron muy claro que su interés era el de inspirar a la gente de todas partes para construir el poder de forma local a través de la ocupación y el ensamblaje. 

Aún creo que es una estrategia necesaria, a pesar de que no necesariamente tiene que ser a través de la ocupación de las plazas públicas. Nosotros, como sociedad, tenemos mucho que aprender sobre el uso de nuestro poder colectivo”, concluye Nathan.

Al preguntarle a Sofía que ha significado para ella pertenecer a OWS, respondió: “Para empezar, fue la primera cosa que me hizo sentir como parte de la ciudad de Nueva York, la primera vez que tenía esperanza y orgullo en mi generación y el trabajo en Sandy es definitivamente la cosa más resolutiva que he visto jamás en mi vida. Me ha transformado completamente, me ha ayudado a informarme en profundidad sobre la política, mis ideas, mi participación en el mundo y hasta en mi lengua.

También me ha introducido en una red de inagotables luchadores y gente hermosa y valiente con quien estoy seguro que continuaré colaborando, conspirando y soñando. Occupy me ocupó la vida en gran parte durante dos años y se ha extendido a todo, hasta ahora que estoy en Puerto Rico”.
   
A pesar de la disolución de la acampada y la dispersión del grupo, el movimiento Occupy Wall Street aún está muy presente en los rincones de Nueva York, en los recientes graffitis del artista urbano Bansky o las banderas del movimiento que aún ondean en las concentraciones de los trabajadores de restaurantes Fast Food o manifestaciones contra la intervención militar estadounidense en oriente medio.

 “Si realmente quieres entender todo el movimiento, entonces vale la pena mirar todo lo que pasó con Occupy Nigeria, lo que salió de Occupy Méjico o porque se han dado protestas masivas recientemente en Brasil contra el transporte público donde también se ha utilizado el nombre de Occupy. El concepto de Occupy va más allá de nosotros”, resume Sofia.

Cuatro iniciativas del Movimiento Occupy

OCCUPY SANDY: Red de base social organizada por miembros de Occupy para ayudar en las zonas de Nueva York más afectadas por el huracán Sandy. Con más de 50.000 voluntarios, este proyecto de asistencia de desastres atiende a comunidades que no recibieron ayudas gubernamentales y ayudan a reconstruir casas y centros comunitarios que fueron destrozados.

TIDAL: Revista distribuida gratuitamente en diversos centros, eventos, actos o por las calles de Nueva York y en Túnez. Creada durante la ocupación del parque Zuccoti y Ocuppy Wall Street, esta publicación ofrece un espacio para la discusión y difusión de la teoría y la práctica del movimiento.
 
OCCUPY UNIVERSITY: Conjunto de talleres creados por el Movimiento Occupy abiertos a todo el mundo basados en el concepto que el aprendizaje debe nacer de la colaboración y el empoderamiento político. Organizan sus encuentros educativos ofreciendo métodos de aprendizaje diferentes y para responder a las crisis actuales y los intereses de la comunidad.
 
THE SCREEN PRINTER'S GUILD: Proyecto de pop-up serigrafía que se originó en la Plaza de la Libertad en el parque Zuccotti. Se ha convertido en una tienda de impresión personalizada de servicio completo. Imprimen estampados relacionados con el movimiento en diversas prendas de vestir, pañuelos, etc. en los diferentes eventos en Nueva York."                 (Entrevista a Sofía Gallisá, y a Nathan Schneider, Diagonal,09/11/2013)

13/12/13

El despertar global. La humanidad está políticamente despierta y en estado de agitación

"Zbigniew Brzezinski ha escrito durante años sobre el tema en revistas del sistema y ha disertado en grupos de reflexión de élite acerca de lo que él denomina el “despertar político global”.(...)

 Brzezinski escribió en 2005 que EE.UU. necesitaba hacer frente a “una nueva realidad global de importancia capital: el despertar político sin precedentes en alcance e intensidad que está experimentando la población mundial, cuyo resultado es que la política de los movimientos populares está transformando la política del poder.

 Por tanto, “la tarea fundamental a la que debe hacer frente EE.UU.”, señaló Brzezinski, “no es la que plantea el terrorismo global, sino más bien a las turbulencias causadas por la intensificación del fenómeno del despertar político global. Ese despertar es socialmente masivo y políticamente radicalizado”.  (...)

En un discurso de 2004 dirigido a la audiencia de élite del Carnegie Council, Brzezinski explicó que el despertar global estaba siendo parcialmente “impulsado por el impacto que producía EE.UU. en el mundo”, en virtud del hecho de que EE.UU. tiene la capacidad de “proyectarse hacia el exterior” y “transformar el mundo”, creando un “impacto inquietante” porque somos intrusivos económicamente y seductores culturalmente. “En otras palabras, el imperialismo estadounidense es – por su propia naturaleza – el creador de su antítesis: el despertar global.

El despertar global “está impulsado también por la globalización”. Explicó además Brzezinski “que EE.UU. propugna, favorece y proyecta en virtud de ser una sociedad global presionando hacia el exterior”. 

El proceso de la globalización, no obstante, “también contribuye a la inestabilidad y además está creando algo totalmente nuevo, a saber: algún nuevo desafío ideológico o doctrinal que podría llenar el vacío creado por la desaparición del comunismo”.  (...)

Brzezinsky señaló que “la población de gran parte del mundo en vías de desarrollo se encuentra en un proceso de agitación política y en muchos lugares esta agitación social y política está en plena ebullición, al haberse hecho totalmente consciente de una injusticia social en un grado sin precedentes, a la que a veces se une la percepción de falta de dignidad política. 

Se está creando una comunidad de percepciones compartidas que se transmiten por la radio, la televisión y el acceso a Internet, formando el potencial para galvanizar las energías que transcienden las fronteras soberanas y representan un desafío tanto para los estados, como para la jerarquía global, en la cúspide de cuya pirámide aún se encuentra EE.UU.”

Los jóvenes del Tercer Mundo representan una “revolución demográfica” particularmente inquieta, lo que a la vez representa una “bomba de tiempo política”. Según Brzezinsky, el potencial encabezamiento de la revolución es posible que surja en el Tercer Mundo, de entre los millones de estudiantes concentrados en las instituciones educativas de los países en vías de desarrollo.

Es probable que tenga su origen en gran parte de la clase media-baja socialmente insegura e inflamada por el sentimiento de indignación social de estos estudiantes…conectados por Internet. Su energía física y frustración emocional está a la espera de ser activada por una causa, una fe, un odio”.

En 2008, Brzezinski escribió en el New York Times que “el activismo global está generando un aumento en la búsqueda de respeto cultural y oportunidades económicas en un mundo marcado por los recuerdos de la dominación colonial y el presente de dominación imperial”.  (...)

Más adelante, en un discurso ante el Consejo Internacional Canadiense (CIC), un think tank de élite con sede en Canadá, explicó la “nueva realidad global” del despertar de la humanidad y dijo que “la mayoría de la gente sabe lo que generalmente sucede… en el mundo y es consciente de iniquidades y desigualdades globales, la falta de respeto y la explotación. La humanidad está políticamente despierta y en estado de agitación  (...)

“El anhelo de recuperar la dignidad humana en todo el mundo es la tarea fundamental inherente al fenómeno del despertar político global”. Y como dijo en Chatham House en 2008, las principales potencias del mundo, antiguas y modernas, también se enfrentan a una realidad: mientras que la letalidad de sus ejércitos es mayor que nunca, su capacidad para imponer la tiranía sobre las masas políticamente despiertas del mundo se encuentra en su mínimo histórico.

 Para decirlo sin rodeos: en otros tiempos era más fácil esclavizar a un millón de personas que matar físicamente a un millón de personas, hoy es infinitamente más fácil matar a un millón de personas que esclavizar a un millón de personas”. (...)"                (Andrew Gavin Marshall, Attac Madrid, 05/12/2013)

25/11/13

La alianza entre Bachelet y el movimiento social autónomo puede ser la clave de una reforma política que abra la puerta al cambio social.

"Las elecciones chilenas marcan una inflexión hacia el centroizquierda en un Chile democrático que se aleja definitivamente de la referencia al pinochetismo.  (...)

La importancia de este hecho reside en que la mayoría obtenida puede permitir las reformas prometidas por Bachelet sin tener que pactar con la derecha neoliberal.

 En contraste con algunas informaciones de la prensa española, Bachelet parece haber conseguido su objetivo. Nueva Mayoría y sus aliados disponen de suficientes votos para aprobar la reforma tributaria, clave para enderezar la desigualdad social en Chile, lacra del modelo de crecimiento que caracteriza el país. 

Se sitúa a tan sólo un voto para la aprobación de la reforma educativa y a cuatro de la reforma de la inicua ley electoral reminiscencia de Pinochet. En ambos casos existen posibilidades de pacto que deberían concluir con la aprobación de dichas reformas.

 Pero tal vez lo más notable de esta elección es la irrupción en la política de algunos dirigentes del movimiento estudiantil que desde el 2011 convoca a los chilenos desde la calle, reclamando educación gratuita y medidas contra la desigualdad social, en contraposición directa a la ortodoxia neoliberal.

 A diferencia de los movimientos sociales en red que han tenido lugar alrededor del mundo, incluida España, los estudiantes chilenos no han dudado en participar en el sistema político. En particular, los jóvenes comunistas han estado en primera línea del movimiento estudiantil, obteniendo el respeto y reconocimiento del movimiento sin por ello adherirse a su ideología. 

La líder mas popular del movimiento, la comunista Camila Vallejo, fue elegida al Congreso con una amplia mayoría en su distrito, así como Karola Cariola, secretaria general de las juventudes comunistas, y Daniel Núñez, otro dirigente estudiantil comunista.(...)

 Podría interpretarse que el Partido Comunista, que posiblemente formará parte del nuevo gobierno, ha conseguido cooptar y capitalizar al movimiento estudiantil. Nada más lejos de la realidad. Son los jóvenes dirigentes estudiantiles los que han visto la posibilidad de renovar ese partido a partir de sus propias posiciones y sin aceptar la vieja ideología comunista de utilizar los movimientos sociales como correa de transmisión del partido. 

Camila Vallejo, en particular, ha realizado una campaña crítica y distante con relación a Bachelet y está proponiendo la formación de un grupo parlamentario joven con otros miembros procedentes del movimiento estudiantil por encima de afiliaciones partidarias. En este sentido, la experiencia chilena puede ser del más alto interés para movimientos sociales en otros países. 
 
A saber: explorar la permeabilidad de partidos de izquierda a las demandas y al proyecto político de los jóvenes en movimiento. Si se produce realmente una apertura en ese sentido, en lugar de cooptación del movimiento estaríamos en presencia del paso de la protesta en la calle a las reformas políticas y sociales propuestas desde la sociedad. En principio, Bachelet se sitúa en esa perspectiva.

 Desde su atalaya en la agencia de las Naciones Unidas en defensa de los derechos de las mujeres pudo observar como el nuevo Chile, sin complejos ni miedos a los demonios de la dictadura, reclamaba una sociedad más justa, servicios públicos gratuitos y de calidad, y un modelo de desarrollo que fuera más allá del simple crecimiento económico mercantilizado para el beneficio del 20% de la población.

 Es más, Bachelet es consciente de la rémora que representan para el cambio social en Chile los partidos tradicionales de la Concertación Democrática, empezando por su propio Partido Socialista. La mayoría de los dirigentes siguen siendo políticos profesionales especialistas en clientelismo político para su perpetuación en el poder. 

De ahí el temor de los políticos al entusiasmo reformista de una presidenta cuyo corazón es de izquierda y cuyo cerebro recibe las señales de una sociedad civil que quiere ser protagonista de un Chile en el que los beneficios del crecimiento se repartan equitativamente.

 A lo cual los jóvenes añaden sus demandas por una calidad de vida ambiental y personal que no se supedite a la lógica de la ganancia. Porque tras un largo periodo en que la estabilización de la democracia era la prioridad, los chilenos han afirmado su derecho a utilizar esa democracia para mejorar la vida de la mayoría, empezando por el derecho a la educación gratuita de calidad, que se ha convertido en un clamor de la sociedad y que no admite más demora.

 De ahí la promesa de Bachelet de conseguir la gratuidad de la enseñanza pública universitaria en seis años, así como obligar a la enseñanza privada que reciba subvención publica a alinearse sobre el mismo principio. Con un crecimiento económico que debería mantenerse en torno a un 4%, a pesar de la ralentización de China, principal destino exportador de Chile, existe un margen de recursos para responder gradualmente a las ansias de reforma de la sociedad. 

Más conflictiva será la exigencia de participación ciudadana en una democracia aherrojada por los aparatos de los partidos. Pero la alianza entre Bachelet y el movimiento social autónomo puede ser la clave de una reforma política que abra la puerta al cambio social."                   (Manuel Castells, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 23/11/2013)

31/10/13

“El hiperconsumismo del capitalismo global nos está matando”... y el elitismo ecologista nos despista

"Además de una autora y analista de renombrado prestigio, Naomi Klein es sobre todo una reportera. En una entrevista concedida a Alternet, la autora se refirió a las investigaciones que ha realizado durante los últimos años respecto a los Big Green, las organizaciones ecologistas que forman parte del problema que desean evitar, y cuyo informe será dado a conocer (en forma de película y de libro) en el 2014. (...)

Y es que según Klein, los grupos que deberían servir como un contrapeso al abuso corporativo y a la ceguera gubernamental en asuntos sobre el medio ambiente están reproduciendo las mismas prácticas elitistas de los grupos de poder. Además, no parece ser que luego de una década de vigilar muy de cerca el cambio climático tales grupos hayan logrado hacer una diferencia:

“No sólo las emisiones [de contaminantes] han aumentado, sino que tenemos un montón de estafas que señalar… Creo que es una pregunta importante el por qué los ‘grupos verdes’ han decidido desestimar a la ciencia en sus conclusiones lógicas”, pues analistas como Kevin Anderson y Alice Bows “han estado diciendo al menos durante una década que llegar a la reducción de emisiones que necesitamos en el mundo desarrollado no es compatible con el crecimiento económico.”

Las verdaderas causas de la contaminación no se resuelven haciendo que la gente compre cosas orgánicas o “verdes” solamente, sino atendiendo al modelo al que el capitalismo global nos ha orillado, y a cómo podemos detenerlo. Parte de la solución para Klein es que “si el movimiento ambientalista ha decidido pelear, deberían dejar de lado su estatus de élite”, cosa que no se han permitido. “Creo que eso es gran parte de la razón por la que las emisiones están como están.”

Pero no todo está perdido. Sin señalar falsas esperanzas, Klein valora el trabajo de muchos grupos ambientalistas especialmente en Europa, los cuales llaman a que Estados Unidos no trate de arreglar su sistema fallido de emisiones de carbono, “sino a que de hecho lo abandone y comience a pensar en detener las emisiones en el país, en lugar de seguir con este timo. Pienso que es el momento en que nos encontramos ahora. No tenemos más tiempo que perder con estos timos que son muy astutos, pero que no funcionan.”                 (Attac Madrid, 04/10/2013)

3/7/13

25.000 empresas componen la economía social en Argentina, que supone ya el 10% del PIB del país y da trabajo a medio millón de personas

"La economía social se abre hueco en Argentina. Lo que hace una década era una salida desesperada a la quiebra de empresas y el caos económico, hoy es una realidad con un impacto importante en los grandes números de la economía nacional. Según datos del Instituto Nacional Argentino de Economía Social (INAES), en la actualidad hay más de 25.000 empresas sociales en Argentina que generan el 10% del PIB nacional. 

Estas cifras se traducen en unos 500.000 puestos de trabajo. Realidad que nació como “fruto natural de la necesidad y se han terminado por convertir en una opción más para los emprendedores”, destaca Patricio Griffin, director del INAES. Cifras que se sumergen en todos los sectores de la actividad económica; del agro a la computación; de la gestión de servicios públicos a la sanidad; de la fabricación de componentes para automóviles a la minería.

Las cifras que ilustran el 2001 argentino y el actual contexto económico español arrojan un paralelismo inquietante. Durante la crisis del corralito, el país sudamericano alcanzó tasas de desocupación que superaron el 25%. Y un 18,6% de la fuerza laboral sobrevivía a duras penas con ocupaciones precarias u ocasionales. 

 En España, hoy más de la cuarta parte de los ciudadanos y ciudadanas con edad de trabajar no encuentran donde ganarse la vida y las previsiones del Instituto de Estudios Económicos pintan un 2013 en el que el desempleo rozará el 28%. 

En aquel 2001, el PIB argentino cayó un 4,5%, preludio de la hecatombe de diciembre. Las grandes cifras arrojaron una contracción de la riqueza nacional del 10,9% en 2002. En la calle, donde la macroeconomía se convierte en datos reales, el golpe se saldó con un 53% de la población por debajo del umbral de la pobreza. 2012 dejó, para España, una contracción del PIB interanual del 1,4% con un 26% de la población por debajo de la línea roja de la emergencia social.

En Argentina, la economía social ha pasado de ser un remedio desesperado, a una opción más de participación en la actividad económica. De la fábrica con estructuras propias del siglo XIX, a germen de nuevos polos de crecimiento tecnológico. De la agrupación de productores, al trabajo colaborativo. Este modelo económico se ha convertido, en los últimos años, en una especie de mito.

 Aunque la Argentina cuenta con una experiencia de más de 100 años en la formación de cooperativas, ha sido en la última década cuando este modelo de producción ha pasado a ser una pieza importante del puzzle. De la cooperativa agrícola se pasó a la fábrica recuperada y, de ahí, a la empresa colaborativa por pura convicción.  

“Hay un nuevo modelo. Desde el principio, la cooperativa fue hija de la necesidad. Los trabajadores decidían optar por este sistema para conservar sus puestos de trabajo ante situaciones de vaciamiento empresarial. Ahora es una opción más para cientos de emprendedores, muchos de alta cualificación, que deciden optar por este modelo a la hora de crear sus empresas”, comenta Patricio Griffin. 

Esta transformación de fondo está teniendo especial incidencia en sectores clave de la nueva economía nacional. “Se puede decir que el futuro del desarrollo del software libre de la Argentina, en este momento, depende del movimiento cooperativo”, afirma el director del INAES.

Este es el caso de Gcoop, una pequeña empresa de programación que empezó hace seis años con un par de socios y que hoy da trabajo a una docena de informáticos. Junto a otras 20 compañías similares forma la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo, Innovación y Conocimiento (FACTIC), un embrión de lo que debe ser “un polo de actividad económica de alta capacitación y tecnología en torno a los compromisos de la economía social”, señala Leandro Monk, socio fundador. 

“Nosotros somos una cooperativa por elección y no por necesidad; creemos en el cooperativismo como herramienta de mejoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores y como forma de contribución al cambio social”, indica.

Uno de los retos de este tipo de empresas es demostrar que son capaces de operar dentro de una lógica dominada por el libre mercado sin perder el compromiso social. Y Gcoop funciona. “En estos momentos tenemos más trabajo que manos; cada uno de nosotros cobra lo mismo que un empleado en relación de dependencia y somos nuestros propios jefes”, explica Monk, añadiendo que trabajan para grandes compañías, la administración pública y pequeñas y medianas empresas. 

Como encargo estrella, el emprendedor destaca “la elaboración de un sistema de gestión de clientes para uno de los mayores bancos de la Argentina”, trabajo que compatibilizan con un estricto compromiso con la comunidad. “Dedicamos el 20% de nuestro tiempo a proyectos destinados a asociaciones sociales que se cobran a mitad de precio”.

Plantar cara en un marco de feroz competencia. Esa es la clave. Medias del 70% y picos del 80 en ocupación son buenas cifras para cualquier hotel. “Son números que permiten competir con dignidad”, señala con orgullo Diego Ruarte, coordinador del área de comunicación del Bauen. Callao con Corrientes. Pleno centro de Buenos Aires.

 El resto bar de este hotel, símbolo de la lucha de los trabajadores para conservar sus puestos laborales, luce altivo el nombre de Utopía. “Esta fue la primera inversión fuerte que hizo la empresa como cooperativa para tratar de reflotar el establecimiento. Cuando alguien sugirió el nombre, la gente se entusiasmó”, recuerda.

Los números cuadran aunque “los criterios de rentabilidad del hotel no son los mismos que los de cualquier establecimiento comercial”. “Aquí prima lo humano y laboral sobre el beneficio económico; el compromiso social sobre la maximización de recursos”, dice Ruarte. El camino que siguió el Bauen es similar al de otras empresas: salarios impagados por parte de los propietarios, vaciamiento, deudas millonarias, mala gestión y el pánico de la plantilla al desempleo.

 “Empezamos con una planta y 20 trabajadores. Hubo que ir arreglando el hotel de poco a poco y la muestra de que esto funciona es que hoy contamos con 183 habitaciones en servicio y trabajamos 140 compañeros y compañeras”.

La mística de la recuperación

Todo empezó por el miedo al vacío. El colapso económico de 2001 dibujó un panorama sombrío para millones de familias argentinas. Ya en los años 70 se habían producido algunos intentos de control de empresas por parte de los trabajadores que, tras el golpe militar, quedaron en nada.  Tras el ‘corralito’ la ocupación por parte de obreros hastiados se convirtió en una opción real de conservar puestos de trabajo. 

Hoy, unas 300 compañías ‘recuperadas’ ocupan a más de 10.000 personas en todo el país. La antropóloga Natalia Polti coordina el programa ‘Facultad Abierta’ de la Universidad de Buenos Aires, una iniciativa que pretende arrojar luz sobre un proceso que, lejos de remitir con el actual ciclo económico expansivo, sigue creciendo.

“El camino suele ser similar en todos los casos; nóminas que no se pagan, procesos de venta o cambios sociales fraudulentos para no cumplir con las deudas. Al final los trabajadores deciden hacerse con el control de la empresa y autogestionar su funcionamiento”, incide la antropóloga.

 Pese a que el ejemplo tipo suele ser una Pyme de entre 20 y 50 trabajadores, hay verdaderos monstruos como la cerámica Zenon, en Neuquén, que tiene más de 400 trabajadores.

La Imprenta Chilavert no entra en el grupo de estas empresas grandes. Cuando todo se fue al traste, no era más que un pequeño taller de impresión en el que trabajaban apenas siete personas que había ganado justa fama como editor de libros y catálogos de arte. “El vaso se rebosó el 26 de abril de 2002”, destaca Gerardo Figueroa. “Llevábamos más de tres meses sin cobrar y nos enteramos por un vecino que se iban a llevar las máquinas”. 

Figueroa, uno de los que se embarcaron en la aventura de autogestionar la empresa, recuerda que aquel día el antiguo dueño del negocio tuvo la mala idea de llamarlos a trabajar. “Estábamos terminando el laburo y vino el mecánico para desmontar los equipos. Con él no pasó nada, pero cuando llegó un electricista para apagarlo todo explotamos; a ése sí que lo echamos mal”, relata.

Los trabajadores “montaron guardia en el taller durante varios días” y se “cambiaron las cerraduras de la puerta para que nadie se llevara nada”, asegura el impresor quien añade que “pese a algunos fallos de organización fruto de la inexperiencia, nunca se ha dejado de trabajar”. Los criterios de eficiencia capitalista quiebran. “Aquí no estamos para maximizar los recursos o para amortizar los equipos al límite. Aquí trabajamos para tener un sueldo decente y un trabajo que nos permita vivir con dignidad”, resalta Hernán Cardinales.

 “No queremos hacernos ricos”, puntualiza. Y aunque ellos mismos aseguran que “hay fallos de organización y de eficiencia”, la realidad es que, tras 10 años de experiencia, la Imprenta Chilavert da trabajo estable a catorce personas y cuenta con una nómina de clientes fijos que supera el medio centenar. “El laburo nunca falta. Mal no debemos estar haciéndolo”, finaliza con orgullo Figueroa. 

Un mercado para la utopía

La cooperativa agrícola funcionó en el país desde hace más de un siglo y, junto a las de servicio es una de las puntas de lanza del trabajo colaborativo del país. Pero fruto de las convulsiones económicas del cambio de siglo surgieron otras experiencias a pequeña escala que forman parte, aunque fuera de la oficialidad, de la economía social.

 Federico Arce gestiona ‘El Galpón’, un mercado diferente que nació al socaire de la crisis y que se ha consolidado como una de las experiencias de economía comunitaria más auténtica de la capital bonaerense. 

La asociación Mutual Sentimiento existía desde antes. “Un grupo de represaliados por la dictadura militar la creó viéndolas venir. Estaba claro que las políticas económicas de los 90 iban a acabar en desastre”. Según Arce, esa reflexión en busca de opciones permitió dar una “respuesta rápida y ágil” al derrumbe. “Fue un momento en el que había que probar otras alternativas, porque sencillamente no había dinero en circulación. Y volvimos al trueque”, sentencia.

De la noche a la mañana, un viejo edificio junto a la Estación Federico Lacroze se convirtió en un lugar dónde se podía cambiar prácticamente de todo. “Se intercambiaban desde alimentos a ropa; de servicios médicos a consejo legal”, explica Arce. Fue el germen del actual mercado de ‘El Galpón’, una iniciativa que ocupó los restos de las antiguas cocheras de la estación.

 El mercado, en el que los productores han “eliminado la especulación propia de los canales capitalistas de distribución”, ofrece sus productos de manera directa a los compradores. 

El espacio es autogestionado por los vendedores y gran parte de las ganancias se convierten en acciones formativas, solidarias o culturales. “Todo un reto”, destaca Arce quien señala que el principal objetivo “es lograr que muchos pequeños productores puedan vivir de su trabajo”.

 En la actualidad, una veintena de pequeños agricultores se ha instalado en El Galpón. “Durante toda la semana trabajan sus explotaciones agrícolas y los miércoles y sábados venden sus productos a unos 10.000 clientes al mes”.      (Canarias Ahora, 27/06/2013)