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24/4/19

Manual para acabar con Vox: lo más importante no son las propuestas políticas en sí mismas, sino la negación o el aplauso que provoquen... su aceptación por parte de los ciudadanos no depende de lo razonable o disparatado del mensaje, sino de cómo sean percibidos quienes lo apoyan o rechazan... si quien se muestra contrario a la proposición provoca en nosotros un rechazo visceral, veremos con simpatía la propuesta por muy descabellada que, en principio, pudiera parecer... la izquierda tendría que lograr repercusión por la profundidad de las reformas propuestas, por lo imaginativas e innovadoras que resulten y por la voluntad real de llevarlas a cabo, algo que no preocupó demasiado a Trump ni a Vox...

"(...) Los think tanks creados desde los años ochenta, más de 500 distribuidos por todo el territorio norteamericano con infinidad de investigadores sociales generosamente remunerados, han sido especialmente activos en los principales centros de poder. Todo ello culminó con la adquisición o puesta en servicio de un importante aparato de propaganda que difundiera y aplicara las recetas elaboradas en aquellos centros. (...)

Con tamaña maquinaria para propagación de sus ideas, los republicanos han logrado ocupar la Casa Blanca, desde los años ochenta, tanto o más que los demócratas. 

Frente a la corriente general del pensamiento progresista, que sostiene que los seres humanos hacemos nuestras elecciones basándonos únicamente en el cálculo de la razón, los think tanks conservadores, basándose en estudios neurológicos, se percataron de que la razón viene a ser un factor ajeno a la motivación profunda que determina la mayor parte del pensamiento, de la palabra y de la acción de las personas. 

La neurociencia había demostrado que el pensamiento consciente de los seres humanos representa solamente el 2% y que el 98% restante era inconsciente. La intervención de la razón consciente acaece normalmente para justificar ex post facto las decisiones tomadas, insertándolas en una lógica discursiva, como racionalización ad hoc.

No se trata aquí de ninguna suerte de conjetura o desiderátum reaccionario.  (...)

Damasio sostiene que el pensamiento, todo pensamiento, tiene su origen en la emoción. Ese estudio constató que los pacientes que habían sufrido daños en los centros cerebrales de la emoción, de los sentimientos, pero cuyo raciocinio no había perdido un ápice de su capacidad lógica, pensaban, hablaban y actuaban como seres asociales, casi sociópatas, incapaces de articular una respuesta adecuada a los desafíos más simples de la vida cotidiana. 

Por ello, Reagan y su equipo de comunicación dirigieron sus mensajes a la mente emocional de los americanos. De ahí que sus discursos políticos se vieran siempre preñados de alusiones continuas y machaconamente recurrentes a la metáfora política que ve la nación como si fuera una familia, metáfora que permite hablar de “padres fundadores”, “madre patria”, etc.  Este ha sido el telón de fondo constante del discurso político republicano, desde entonces. Discurso mimetizado por M. Thatcher en Gran Bretaña, H. Khol en la RFA, J. Chirac en Francia o J. M. Aznar en España.

No pienses en el elefante republicano
La victoria de Trump en las elecciones de 2016 tomó un cariz especial pues las estrategias desarrolladas por el equipo liderado por Steve Bannon, derrotando al poderoso stablishment norteamericano (tanto al demócrata, como al republicano), se produjo aplicando los más recientes avances de la neurociencia cognitiva, algo que los demócratas y la izquierda europea en general aún no han sabido ver ni aprovechar. 

La estrategia desarrollada a partir de esos conocimientos es sencilla y tremendamente eficaz, la llamaremos la técnica del “no pienses en un elefante”, en reconocimiento al lingüista cognitivo George Lakoff por ser quien mejor, más lúcida y claramente la ha analizado. La aplicación de dicha técnica permite dominar la agenda política.

 Imponer una determinada agenda política significa hacer prevalecer el marco propio (el Estado como padre estricto de los republicanos o bien como padre cuidador de los demócratas) sobre el marco de los oponentes.

 Hacerse con las riendas de la agenda política se logra de forma aparentemente simple y sencilla: proponiendo iniciativas que atraigan el foco y provoquen la reacción mediática, generando un debate tanto dentro como fuera de las filas del partido. Numerosas investigaciones han demostrado fehacientemente que da igual el apoyo o el rechazo que genere una propuesta, su aceptación por parte de los ciudadanos no depende de lo razonable o disparatado del mensaje, sino de cómo sean percibidos quienes lo apoyan o rechazan. 

Si quien se muestra a favor de una determinada propuesta, que defiende públicamente, genera nuestro rechazo, la propuesta nos parecerá inaceptable por muy razonable que esa, y al revés, si quien se muestra contrario a la proposición provoca en nosotros un rechazo visceral, veremos con simpatía la propuesta por muy descabellada que, en principio, pudiera parecer.

(...) si quien se muestra contrario a la proposición provoca en nosotros un rechazo visceral, veremos con simpatía la propuesta por muy descabellada que, en principio, pudiera parecer.

Dicho con otras palabras, cada opinión que genera en los medios producirá una hueste de seguidores y detractores que aumentará en proporción directa al número de opiniones vertidas y difundidas. Lo más destacable de esta teoría es que la negación de un argumento no invalida en ningún caso los efectos cognitivos que induce, de ahí lo ingenioso del mensaje “no pienses en un elefante” que inmediatamente ilumina su imagen en nuestro cerebro, aunque intentemos evitarlo.

 Por consiguiente, lo más importante no son las propuestas en sí mismas, sino la negación o el aplauso que provoquen. Además, entra en juego otro factor de la máxima importancia: cuanto más relevantes sean los personajes que las comentan y con mayor fervor las avalen o rechacen, mayor será su impacto. La intuición artística de Salvador Dalí supo percibir esos efectos cuando comentó irónicamente que “lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”.

Teniendo en cuenta lo dicho, el gurú de la campaña de Donald Trump diseñó toda la estrategia victoriosa del magnate abatiendo, contra todo pronóstico, primero al stablishment republicano y luego al demócrata. 

Cada día Trump presentaba una propuesta o hacia una valoración sobre algún tema relevante tanto o más descabellada que la del día anterior, pero que, involucrando de alguna manera los sentimientos más inconfesados y recónditos del americano medio, fuera acumulando apoyos hasta la derrota de todos sus oponentes. Armar a los docentes en los institutos de enseñanza media como solución a la inseguridad que se produce en algunos centros escolares de los barrios más pobres para atajar episodios como la matanza de Columbine; construir un muro de 2.200 kilómetros para detener la supuesta invasión sigilosa de los inmigrantes latinos para robar, violar y asesinar americanos o, al menos, arrebatarles sus empleos, son dos ejemplos palmarios del tipo de iniciativas que incitaron la reacción, a veces histérica, de los medios, suscitando más y más adhesiones (con sus correspondientes rechazos). 

Lo crucial de este planteamiento, al margen del rechazo de quienes jamás lo admitirían, es que gente que antes no pensaba en Trump ahora sí que lo hacían, esto es, movilizaba a su favor a los indiferentes.

La estrategia, brillantemente descrita por Lakoff, forma parte de un programa conservador que intenta difundirse a escala global y ahí están los ejemplos de Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina o Salviani en Italia. 

Vox, que también fue asesorado por el equipo de Bannon en su campaña de las elecciones andaluzas, tomó buena nota de ello, y explotó ese tipo de mensajes impactantes, provocando a la opinión pública y a los líderes sociales más representativos, para que hablaran cada día de sus propuestas, imponiendo el qué, el cómo y el cuándo en la agenda política andaluza. 

De esa manera logró 12 diputados en la cámara y se volvió imprescindible para la formación del gobierno de derechas que ahora gobierna Andalucía, saliendo de la irrelevancia más absoluta de elecciones previas.

La misma estrategia (asesorado nuevamente por Bannon) es la que Abascal está aplicando a pies juntillas en esta precampaña para las elecciones de 28 de abril, y lo más grave es que la izquierda política y mediática ha mordido el anzuelo y están convirtiendo a una formación política, antes residual e insignificante, en un actor de primera división en el debate político español.

La cuestión debería ser ¿cómo se combaten este tipo de estrategias? Lo primero sería no caer en el error de rebatir o negar cada una de las palabras de Vox, sino más bien declararlas fuera de lugar, extemporáneas o simplemente reírse, sin mayor comentario. 

El humor, la sátira, la ironía y el sarcasmo son las opciones más corrosivas, deslegitimadoras y útiles para hundir el discurso político de la extrema derecha, sin olvidarse del lanzamiento de las propias iniciativas que, para atraer el foco de atención mediático y recuperar así la agenda política, deben ser lo suficientemente novedosas e impactantes como para imponer el relato propio.

Inconscientemente me temo, esa estrategia fue la que, en su debut, elevó a los cielos a Podemos. La descalificación del Régimen del 78, el cuestionamiento de la Monarquía, la salida del euro, de la Unión Europea y de la OTAN y el ataque inmisericorde contra los políticos corruptos del bipartidismo, eran el tipo de discurso radical e iconoclasta que movilizaba la reacción vociferante, imperiosa y convulsiva de los poderes fácticos (políticos, económicos y mediáticos) del Estado, generando un tsunami de adhesiones que, con la moderación y el acomodo posterior, se ha ido desinflando poco a poco. 

El victimismo que ahora exhibe el partido morado (aunque pueda beneficiarle en algo) no sirve para volver alcanzar aquellos resultados. Refrescar aquel discurso y proponer reformas radicales del sistema, claramente de izquierdas, debería preñar su discurso electoral si de verdad pretenden asaltar los cielos de nuevo.

Con una estrategia similar, aunque mucho menos agresiva y provocativa, José Luis Rodríguez Zapatero, asesorado por lo que se llamó en su día el “comité de sabios” (entre los que se contaban dos premios nobel, Helen Caldicott y Joseph Stiglitz y otros intelectuales progresistas como André Sapir, Mª Joao Rodrigues, Wolfang Merkel, Jeremy Rifkin, Nicolas Stern y el mismo George Lakoff), lanzó en la campaña de las elecciones de 2008 una serie de iniciativas rompedoras y claramente 
progresistas que desataron la histeria de la derecha mediática, pero que lograron, a la postre, imponer la agenda política socialista y llevarse de calle el voto de los electores.

La diferencia cardinal entre conservadores y progresistas en la utilización de las estrategias descritas más arriba debería ser de orden ético, mientras la derecha busca el impacto en el exabrupto rayano en la grosería, la izquierda tendría que lograr repercusión por la profundidad de las reformas propuestas, por lo imaginativas e innovadoras que resulten y por la voluntad real de llevarlas a cabo, algo que no preocupó demasiado a Trump ni a Vox."                   (José Carlos Fernández . Doctor en Ciencias Políticas y Sociología, Público, 18/04/19)

18/12/18

La hoja de ruta de la Revolución Conservadora en Estados Unidos... el tablero de juego del conservadurismo moderno y su estrategia desde la posguerra... Siempre ganan los hermanos Koch... con su estrategia para “salvar permanentemente al capitalismo de la democracia”...

"Nancy MacLean se encontró un tesoro por casualidad. La prestigiosa historiadora americana, profesora de Historia y Políticas Públicas en la Universidad de Duke, buceaba en un oscuro archivo de la Universidad George Mason, en Virginia, cuando dio con la hoja de ruta de la Revolución Conservadora en Estados Unidos. 

MacLean es una historiadora ecléctica: en su primer libro, Behind the Mask of Chivalry (1994), exploraba la formación y auge del Ku Kux Klan a principios del siglo XX a través de su discurso no sólo racista sino también anti establishment y pro familia. Su segundo libro, Freedom is not Enough (2006), compone un valiente trabajo sobre la lucha por la igualdad a partir de los años 50, principalmente en los puestos de trabajo de las mujeres, los afroamericanos y las comunidades latinas. 

Siguiendo esa línea de demarcación que atravesaba la raza, el género, el trabajo y los movimientos sociales, MacLean publicó en 2017 un volumen explosivo que mezcla la historia con el análisis económico y el periodismo de investigación. En Democracy in Chains cristalizan, en el fondo, todas sus preocupaciones sobre la derecha reaccionaria, que ataca desde su raíz misma. A través de la figura del premio Nobel de Economía James M. Buchanan, en cuyo archivo secreto terminó MacLean casi por accidente, el libro despliega con brillantez el tablero de juego del conservadurismo moderno y su estrategia desde la posguerra.

 MacLean alerta no solo sobre su astuta propaganda, sino también sobre secretas maniobras antidemocráticas de las élites libertarias que han armado ideológicamente el conservadurismo anti establishment del partido republicano, y así hasta la victoria de Donald Trump. Lo que parece una anomalía a brocha gorda, mirado con los ojos de McLean se revela como resultado de una estrategia de décadas. Siempre ganan los hermanos Koch.

Su exploración de la derecha estadounidense empieza con un repaso a la historia reciente de ataques militantes de la derecha contra los sindicatos y el estado de bienestar en Estados Unidos. Hubo muchos, dentro y fuera de EE.UU., que vieron la victoria de Trump como una suerte de anomalía y se preguntaban entonces: “¿De dónde sale todo este vigor ideológico de la derecha?” ¿Podría hacer un repaso a esa historia reciente de lo que viene ocurriendo en Estados Unidos?

Muchos estadounidenses no empezaron a tomarse en serio todo esto hasta que Trump salió elegido, lo cual les sumió en un tremendo shock. Ahora le prestan más atención a la política. Veo a Trump como el síntoma, mórbido si se me permite, de un problema que lleva cociéndose mucho tiempo. 

Es inconcebible que Trump pudiera haber alcanzado la presidencia sin el trabajo previo de toda una serie de intelectuales y de una red de financiación bien urdida durante muchos años para transformar las instituciones de Estados Unidos.

Incluso si hablamos en concreto de la elección de Trump, toda esta red preparó el terreno al presentar tenaz y concienzudamente al Estado como una ciénaga que había que limpiar, al hacer que fuese tomando peso la idea de que no hay nada que merezca ser preservado en Washington, nuestra capital, y que los grupos de interés campan a sus anchas allí, desangrando al contribuyente.

 Por supuesto que hay muchísimas corporaciones, pero esta red ha trabajado duro para, precisamente, abrir el grifo del dinero corporativo y que este pueda inundar la política, así que estamos hablando de algo completamente diferente.

Para entender ese proyecto, menciona como clave la vida y obra del economista James McGill Buchanan. ¿Quién fue Buchanan? ¿Qué importancia tiene su figura dentro del forjamiento de la derecha neoliberal?

Quizá haya oído hablar de la Sociedad Mont Pelerin, que promovió este pensamiento radical de libre mercado. Yo lo defino como el proyecto supremacista de los propietarios o supremacista del capital. La Sociedad Mont Pelerin se fundó en 1947, cuando Buchanan estaba terminando sus estudios en la Universidad de Chicago, al albur de los fundadores del proyecto, Friedrich Hayek, Milton Friedman, Frank Knight y algunos otros. Buchanan formaba parte sin duda de ese proyecto radical de libre mercado, pero era una figura mucho más oscura que, por ejemplo, Friedman. Pienso en ellos como el ying y el yang de esta causa. 

Friedman era el tipo afable y dicharachero al que le gustaba hablar de las grandes virtudes del libre mercado y de cómo a todos nos iría mejor si tuviéramos la libertad de escoger, etcétera. Siempre estaba en la esfera pública. Buchanan era una figura que se movía mucho más en las sombras, contento con trabajar en el mundo académico, entre bambalinas, lidiando con compañías, grandes donantes de la derecha y demás. Quería cambiar la manera de pensar de la gente respecto del Estado. Quería demostrar el fracaso del Estado. Estaba decidido a desenmascarar a figuras públicas y probar que no les movía el bien común o los intereses de los ciudadanos.

Hay algo que une a la gente como el multimillonario Charles Koch, que tiene una empresa multinacional y los agentes políticos a los que paga, la red de donantes que gestiona, instituciones como el CATO Institute, la Heritage Foundation, la Atlas Network y los académicos juristas, economistas y científicos políticos a los que financia: no tienen ningún respeto a la Historia.
De modo que dejaron abandonado un enorme archivo con documentos y pruebas de todas sus campañas estratégicas.

 Se mudaron de la Universidad George Mason a un edificio moderno de cristal más cerca de Washington y dejaron todo eso. Yo había descubierto, en otro proyecto de investigación, cosas sobre Buchanan en el contexto de la época de la batalla por los derechos civiles en Virginia que me habían dejado tan helada. 

Me dejaba estupefacta que la gente que decía estar a favor de una sociedad libre fuera cómplice de fuerzas archi-segregacionistas sin inmutarse. Y este proyecto se alineaba perfectamente con aquel. Así que no pude dejarlo de lado. Llegar a aquel archivo y descubrir todo aquello fue como una bomba… Todo lo que sospechaba se confirmó.

Describe en su trabajo como el multimillonario financiador de campañas conservadoras Charles Koch encontró en Buchanan el sistema de ideas que llevaba tanto tiempo buscando para transformar América. Parece que Koch, más allá de su propio interés de clase, cree de verdad en esas ideas. ¿Cómo forjaron Koch y Buchanan una alianza para desarrollar una estrategia para lo que usted define como “salvar permanentemente al capitalismo de la democracia”? ¿Mediante qué instituciones o redes trabajaron juntos para hacer realidad ese proyecto?

Creo que Charles Koch ha sido subestimado sumamente por sus críticos. Estamos ante alguien que ha sido capaz de tejer una red de donantes para campañas, que tiene la audaz ambición de transformar no sólo la política estadounidense, sino también la de otros países del mundo. Ha incrementado el tamaño de la empresa que heredó de su padre entre un mil y un cinco mil porciento. Ahora opera en sesenta países. 

Tiene tres títulos de ingeniería del MIT, la universidad de élite tecnológica del país. Es un hombre muy inteligente, al que no deberíamos subestimar, que siempre ha sabido jugar a largo plazo. Mucha gente de izquierdas, desgraciadamente, piensa en lo que dijo no sé quién ayer y que sale hoy en las noticias, pero no a diez, veinte, treinta años vista. Koch sí lo hace.

A finales de los 60, empezó a financiar el trabajo de intelectuales y académicos que, pensaba, podrían ayudarle a abrir camino con sus ideas. Cuando donó sus primeros diez millones de dólares a la Universidad George Mason, donde estaba Buchanan, dijo que llevaba tres décadas financiando a toda una serie de intelectuales, en busca de la “tecnología” que necesitaba. Cuando hablaba de tecnología –hay que recordar que se trata de un hombre con tres títulos del MIT— se refería al poder transformador de las ideas. 

Y al dar con Buchanan, supo que la había encontrado. De modo que cuando dio su primer donativo, dijo: “Quiero dar rienda suelta al tipo de fuerzas que impulsaron a Colón hasta sus descubrimientos”. También se ha comparado a sí mismo con Martín Lutero. La relación, el conocimiento, se remonta bastante más, pero la verdadera conexión arranca en todo su esplendor a finales de los 90.

Hemos hablado bastante sobre cuestiones raciales y educativas, pero también cabe resaltar la importancia los sindicatos en esta historia. ¿Qué papel jugaron los sindicatos en el desarrollo de las ideas de Buchanan y en el impulso de Koch y el resto de donantes de su investigación? ¿Cómo de explícito fue su empeño en derrotar a los sindicatos? ¿Y cómo de exitoso?

Para Buchanan, los sindicatos no fueron un uno de los elementos centrales de su trabajo. Al haberse centrado en finanzas públicas, se fijaba más en cuestiones de ingresos estatales, de cargas impositivas y gasto público. Pero siempre fue muy anti sindicatos. Hay que recordar que los sindicatos estadounidenses de mitad de siglo eran muy poderosos.

 Consiguieron amasar suficiente poder como para marcar la agenda pública y hacer que los empresarios, o por lo menos los grandes empresarios, tuvieran que cambiar su comportamiento. Establecieron un suelo salarial. Dieron más poder a la gente. Y Buchanan y sus centros de estudios entendían eso y se oponían férreamente a los sindicatos.

A partir de los años setenta, llegó a decir en un buen número de contextos que los empleados públicos no deberían tener derecho al voto, porque eso afectaría las condiciones de su trabajo. Por supuesto, no defiende que los directores ejecutivos de las empresas pierdan el derecho al voto, porque eso afecta a las operaciones de sus empresas. Es un argumento con el que solo apunta a la izquierda. 

Ha hecho alusión a la inconsistencia argumental de ser muy partidarios de la “libertad económica”, como la llaman, pero a la vez no tener problema alguno en apoyar regímenes o políticas autoritarias. Hay un par de episodios especialmente significativos a este respecto: la represión a los movimientos estudiantiles de los sesenta, liderados, entre otros, por Angela Davis en California y la relación del movimiento con el Chile de Pinochet. ¿Qué demuestran para usted estos episodios? 

Lo que he aprendido investigando este asunto es que el tipo de libertad que más les importa a los arquitectos de esta causa son, en realidad, una serie muy concreta de libertades económicas de ciertos actores. Invertir, consumir, producir, ser libre del yugo de los impuestos. Pero la mayoría de libertades que nos importan a los seres humanos, como la libertad política, o el derecho de organizarnos, esas no les conciernen.

Buchanan lo dejó muy claro en su reacción a las revueltas estudiantiles de los sesenta. En sus archivos, lo encontré aconsejando a los líderes universitarios que utilizaran la violencia contra los manifestantes y recriminándoles que no demostrasen “coraje estratégico”. Tenían que ser mucho más represivos; castigar a los manifestantes. Ensañarse con gente como Angela Davis.

Se ha escrito mucho sobre los viajes de Milton Friedman a Chile en 1975, apenas dos años después del golpe. Para entonces ya llegaban las noticias horribles sobre lo que allí sucedía. Chile se estaba convirtiendo en un paria por culpa de las violaciones de derechos humanos de la dictadura. Pero Buchanan fue en 1980. 

Después de que se purgasen las universidades y de toda una infinidad de barbaridades sobre las que Buchanan tuvo que hacer la vista gorda. Todo para cumplir su sueño de asesorar a la dictadura y sus aliados civiles sobre cómo solidificar las reformas posteriores al golpe con una constitución que los hiciera irrevocables.

En su trabajo se detalla cómo el de Koch-Buchanan es en realidad un proyecto revolucionario que, siendo minoritario, necesitaba anclarse tanto en el conservadurismo tradicional estadounidense como en la derecha religiosa. ¿Cómo emergió dicha alianza y qué enseñanzas podemos extraer de ellas para el presente? 

Murray Rothbard, el economista de la escuela austríaca, le insistió a Charles Koch en que leyera a Lenin para entender cómo una minoría podía lograr llevar a cabo una revolución sin necesidad de la mayoría. Y Koch cita a Lenin en uno de sus libros como un autor que ha influido en su pensamiento. Está claro que, para ellos, no iba a ser una revolución violenta, porque tienen tanto dinero que no les hace falta. 

Pueden hacerla por otros medios. Pero, sin duda, es un proyecto revolucionario. Creo que han transformado el Partido Republicano en una especie de Partido Leninista Libertario de Derechas, en el que la disciplina es extraordinaria en asuntos como el cambio climático o la sanidad. No hay duda en que es revolucionario.

Sobre la derecha religiosa, lo interesante es que es lo que les permite avanzar políticamente con su proyecto. Los libertarios de derecha representan sólo el tres o el cuatro por ciento del electorado estadounidense, algo absolutamente inerme. Pero la derecha religiosa, en especial la derecha evangélica protestante, es eminentemente fácil de cooptar. Sus líderes, al menos, lo han sido. Se han movido con mucha astucia. 

Koch sabe que hay ciertas concesiones que estos grupos buscan de un gobierno de derechas, incluidas las que ahora vemos que aprueba Trump: financiación para colegios cristianos, exenciones de cumplir con ciertas normas en base a valores cristianos. Saben perfectamente cómo capturar a esos votantes religiosos. Lo hacen de muchísimas maneras. En el fondo, es la misma estrategia que seguía Buchanan y su grupo en Virginia en los 60.

 Él estuvo dispuesto a usar el supremacismo blanco para hacer valer su proyecto de supremacía de los dueños del capital. Hoy en día se cierra el círculo cuando vemos que la gente está dispuesta a usar los prejuicios contra las lesbianas, los gays, los transexuales o los inmigrantes para solidificar la misma 
agenda.

Si hay una palabra que une a toda la gente que describe es la libertad. ¿Qué significa para ellos, en su opinión?

La respuesta breve es que su libertad extinguiría las libertades de la mayoría de nosotros. En inglés, liberty, a diferencia de freedom, se utiliza en el sentido en el que la empleaba John C. Calhoun, para defender la esclavitud, o para defender los derechos de propiedad por encima de la libertad, pongamos, de los trabajadores para organizarse colectivamente. O de la gente transexual para utilizar el baño que corresponde con su género. Nuestras libertades, han concluido, interfieren con su libertad; su libertad económica.

Si uno lee su libro, escrito antes de las elecciones de 2016, podría pensar que el presidente de Estados Unidos a finales de la década de los 2010 es Jeb Bush o Ted Cruz. ¿Cómo lee la elección de Trump en este contexto? O el hecho de que Trump lograse la nominación del Partido Republicano en primera instancia, que es incluso más sorprendente que su elección, a la luz de su trabajo.

No es concebible que Donald Trump hubiera llegado a la Casa Blanca sin el trabajo previo de esta causa. Ellos sentaron los cimientos en un sinfín de maneras, a través del cinismo prevalente y tóxico que cultivaron en la opinión pública sobre el Estado, cómo funciona y a qué intereses responde. Pero también es cierto que la Red de Financiación Koch había trabajado con tanto ahínco dentro del Partido Republicano para hacerlo el vehículo de entrega de estas ideas que habían preparado a todos los otros favoritos en las primarias para esta causa y se habían asegurado de su obediencia, en contradicción directa con lo que quiere la mayor parte del electorado.

 Los votantes republicanos vieron a todos los favoritos por un lado y por otro, a Trump, que decía: “Estas son marionetas de los Koch. Están a su servicio”. Y eligieron a Trump.

Ahora bien, desde que fue elegido, Trump se ha demostrado decidido a impulsar la agenda de los donantes de la red Koch, dejando de lado lo que le prometió a la gente. El 70% de sus nombramientos vienen de la Red Koch. 

Ha llenado las agencias gubernamentales y secretarías de Estado de gente que viene de esa red, en especial la Agencia de Protección Medioambiental, pero también el Departamento de Trabajo, el de Interior, y otros lugares estratégicos en los que los Koch y sus donantes tienen agentes nombrados por Trump.

Aunque perdieron, terminaron ganando.

Ni siquiera tengo tan claro que perdieran. Creo que queda mucho por saber sobre cómo Trump llegó a la Casa Blanca. Pero aunque no lo quisieran ni tuvieran nada que ver con ello, lo que importa es que se han ajustado perfectamente y lo han rodeado de sus aliados, empezando por Pence.

Como ha dicho, Trump aún candidato insistía una y otra vez en que él no necesitaba el dinero de grandes empresas para su campaña. Eso parece romper con el modelo de los Koch. ¿En qué medida cree que Trump representa una ruptura con el conservadurismo “tradicional”?

Seamos claros sobre dos asuntos: en primer lugar, Donald Trump no tenía cómo movilizar el voto en la jornada electoral. Nunca hubiera sido elegido sin que el grupo de los Koch, Americans for Prosperity, asegurase la movilización de las bases republicanas y su red de donantes inyectase de dinero las campañas para el Congreso o cargos secundarios, surtiéndoles de la base de datos de votantes más sofisticada que existe, la llamada i360.

En segundo lugar, Charles Koch no es en absoluto un conservador “tradicional”. Es un radical libertario, un reaccionario cuya red está financiando un aparato para deshacer un siglo de victorias populares democráticas. No se puede entender la crisis de la democracia estadounidense que vivimos si seguimos pensando en que el conservadurismo o el Partido Republicano son lo que un día fueron. 

La elección de Trump es fruto de una ofensiva desbocada durante décadas –en especial desde 2010— de las ideas de Buchanan. Buchanan llamaba a la mayoría de votantes “parásitos” que “toman como presa” a los demás. Y esta noción es ahora mayoritaria en la derecha. Pero eso es sólo una parte de cómo el proyecto Buchanan-Koch nos trajo a Trump. 

La otra parte es que la red de financieros de los Koch impuso su agenda en el Partido Republicano tan insaciablemente que Trump se convirtió en el único candidato al que los votantes republicanos leales podían apoyar si no querían los cambios radicales en Seguridad Social, atención sanitaria, educación y demás a los que se habían plegado el resto de favoritos, bajo presión de la red Koch.

Seguimos creyendo, como país, que existe un Partido Republicano, con sus propias tradiciones, su toma de decisiones interna y su rendición de cuentas a los votantes. Pero eso se acabó. Ya no hay nada del Grand Old Party, el Partido Republicano de toda nuestra historia. Ese partido lo ha tomado por asalto la derecha libertaria, financiada por multimillonarios.

En torno a la guerra comercial declarada a China por parte del presidente o los eventos recientes han llevado a muchos a sugerir un conflicto entre Trump y los Koch. ¿Qué les une y qué les separa? ¿Podrían llegar a ser los Koch arquitectos del derrocamiento de Trump?

Charles Koch expresó su desdén personal hacia Trump en 2016, llegándole a llamar “un monstruo”. Dudo que le invitase a cenar jamás. Pero, en lo sustantivo, Koch se ha felicitado en dos en cumbres de donantes de lo muchísimo que han progresado a la hora de aprobar su agenda, en especial en el último año, área por área, desde terminar con las políticas de acción contra el cambio climático hasta el diseño de una ley fiscal al más puro estilo Buchanan.

Así que están logrando, quizá, el noventa por ciento de lo que quieren. Eso pone la cuestión del comercio en perspectiva. Creo que deberíamos prestar atención al juego a largo plazo de la derecha liderada por los Koch, y no distraernos con cuestiones que, desde el punto de vista de la Historia, serán pequeñas trifulcas comparadas con la gran narrativa."                   (Entrevista a Nancy K. Maclean / Historiadora, CTXT, 12/12/18)

10/12/18

Los neo-fascistas se han vestido con la bandera del populismo y el nacionalismo . Y han convencido a sus partidarios que son los campeones de una lucha contra el globalismo , el elitismo y la corrupción del sistema político neoliberal...

"Está en todas partes y en pocos años, ha hecho metástasis como un cáncer en todos los continentes. Sus fervientes defensores y sus partidarios mal informados lo llaman populismo o nacionalismo.

Sin embargo, de la década de 1930, en la Italia, Alemania o España, esta ideología de la exclusión, el miedo, el odio al otro y la adoración por un poder ejecutivo tiránico, fue llamada por su nombre propio: fascismo. 

El neofascismo y el capitalismo.

Los neo-fascistas se han vestido con la bandera del populismo y el nacionalismo . Y han convencido a sus partidarios que son los campeones de una lucha contra el globalismo , el elitismo y la corrupción del sistema político neoliberal. Sin embargo, son fieros defensores del capitalismo y su abyecta explotación sistemática del trabajo.

Para los neofascistas, al igual que para los capitalistas, la riqueza debe concentrarse en pocas manos, y el dinero debe circular a través de las fronteras sin restricciones, mientras que la gente común no puede no hacerlo.  Apoyados por el capital financiero  y el complejo industrial-militar, los neofascistas niegan el cambio climático y promueven la super-explotación de los recursos naturales y la deforestación  (...)

Muros mentales de odio.

Trump, Salvini, Kurz, Orban y Bolsonaro fueron elegidos en gran parte con una premisa falsa. Escondidos tras una amenaza inexistente y una noción racista del choque de civilizaciones, han fomentado el mito que los inmigrantes, los extranjeros de piel oscura o de otras religiones, representan un peligro “existencial” para los países de acogida.

Los neofascistas han crecido construyendo muros mentales de odio en la “fortaleza Europa” y en la “fortaleza América”. La proliferación mundial del neofascismo constituye una nueva forma de globalización ideológica, y hoy el capitalismo global se apoya en ella. Por ejemplo, una vez que se hizo evidente que Bolsonaro sería elegido presidente de Brasil, el mercado de valores del país aumentó un 13 por ciento en dos semanas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los poderes del eje fascista fueron Alemania, Italia y Japón. Ahora son los Estados Unidos, Italia, Austria, Hungría y Brasil.  (...)

Jesús y América

“Dios está con nosotros” Estas palabras junto a un águila y una esvástica, fue la inscripción que adornaba las hebillas del cinturón del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. ¡Si hay un Dios, su poder ciertamente no ayudó mucho a los soldados del Tercer Reich! Dicho esto, definitivamente hay un camino religioso en el auge del fascismo global.

En los Estados Unidos y en Brasil, el voto de los cristianos evangélicos fue un factor primordial en las elecciones de Trump y Bolsonaro. Los fundamentalistas cristianos “renacidos” de los Estados Unidos se concentran principalmente en los Estados del Sur que anteriormente fueron los Confederados de la Guerra Civil.

Estas comunidades evangélicas fundamentalistas rechazan la evolución, el secularismo y el cambio climático. Muchos en estas comunidades creen que los Estados Unidos deben ser un estado cristiano. Estos fundamentalistas cristianos son el bloque de votación más confiable de Trump, tal como lo fueron para George W. Bush. Los think tanks de esta derecha extrema, bien financiados como La Fundación Heritage, han estado manejando las hilos de poder desde principios de los años setenta.

Patriotas

Bolsonaro , fue criado como católico, pero se convirtió – en lo que podría considerarse un cínico cálculo político- en un evangélico “renacido”. Posiblemente fue el bloque evangélico quien le dio una ventaja decisiva en las recientes elecciones presidenciales.

Mientras tanto, en la “fortaleza Europa”, los neofascistas esgrimen su herencia cristiana, y alimentan sentimientos anti-islamistas, creando una ideología mezcla de racismo y de intolerancia religiosa.
En Israel, bajo lo que se puede llamar el Judeo-fascismo del Primer Ministro Netanyahu, los palestinos son deshumanizados y perseguidos, como se perseguía a los judíos en los pogroms de Europa durante siglos. En Arabia Saudita, el islamo-fascista Mohamed bin-Salman hace lo mismo pintando a los chiítas de Irán como herejes y terroristas.

En India, el Primer Ministro Modi, también ha estado utilizando la religión para crear conflictos y justificar los gastos militares. En resumen, los fundamentalistas religiosos de todas las tendencias son hoy en día los mejores activos para que los neofascistas manipulen las personas, poniéndolas  a menudo, violentamente unas contra otras.

La huella ecológica del fascismo.

Los neofascistas son – como Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil- negadores del cambio climático. Después de todo, Dios o Alá tiene las llaves del destino de la humanidad .
Para el resto de nosotros, que no esperamos que Dios tenga un planeta Tierra adicional en su bolsillo, el ascenso del neofascismo global ofrece una perspectiva sombría para  la supervivencia.

Bajo las botas las tropas de asalto del neofascismo global lo poco que queda de nuestro ecosistema puede llegar a ser arrasado totalmente. De hecho Jair Bolsonaro amenaza con aplicar “tabula rasa” en el Amazonas, la foresta más grande del planeta y el gran pulmón de la tierra.

Mientras tanto los súper ricos que controlan el capitalismo global darán carta blanca a sus capataces neo-fascistas para que utilicen su enorme aparato policial y militar para reprimir a los miles de millones de refugiados del cambio climático y víctimas del colapso ecológico .

Las consecuencias de cambio climático, que los neofascistas  quieren convertir en un problema de seguridad nacional, probablemente desencadenará la etapa final del capitalismo. Todo el oro y los diamantes en el mundo no detendrán las tormentas ni protegerán la atmósfera de los rayos mortíferos de un sol ardiente e inclemente."                   (Gilbert Mercier. Editor Jefe  del diario News Junkie Post, en Krítica, 29/11/18)

19/1/17

Jones hablaba de “todos los niños que Hillary Clinton ha asesinado, descuartizado y violado”... cuatro días antes de las elecciones

 Edgar Welch, el que estuvo a punto de convertirse en el asesino del Comet Ping Pong de Washington, detenido por la Policía

"Cerca de una semana antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos en noviembre pasado, alguien publicó en Twitter que Hillary Clinton era parte central de un círculo pedófilo. 

El rumor se propagó por las redes sociales y un presentador de derechas llamado Alex Jones señaló varias veces que Clinton estaba implicada en abusos sexuales a niños y que su jefe de campaña, John Podesta, participaba en ritos satánicos. 

En un vídeo de YouTube (que ya se ha eliminado), Jones hablaba de “todos los niños que Hillary Clinton ha asesinado, descuartizado y violado”. Se publicó cuatro días antes de las elecciones y fue visto 400.000 veces.

Por los correos electrónicos difundidos por WikiLeaks se supo que Podesta cenaba a veces en una pizzería de Washington llamada Comet Ping Pong. Parece ser que por eso las acusaciones sobre el círculo pedófilo se centraron en ese lugar, dando origen al hashtag #pizzagate.

 Muchos de los retuits de las acusaciones se originan en “bots” o programas diseñados para difundir ciertos tipos de mensajes, ayudando así a dar la impresión de que mucha gente se estaba tomando el “pizzagate” en serio. Increíblemente, la historia también fue retuiteada por el General Michael Flynn, que pronto será asesor de seguridad nacional del presidente electo Donald Trump.

Incluso después de la elección de Trump (y a pesar de que el New York Times y el Washington Post la desacreditaran), la historia siguió difundiéndose. El Comet Ping Pong recibió llamadas telefónicas constantes, abusivas y a veces amenazantes. 

Cuando el gerente se comunicó con la policía de la ciudad, le dijeron que los rumores eran parte de la libertad de expresión protegida por la constitución.

Edgar Welch, uno de los oyentes de Jones, es un cristiano con versos de la Biblia tatuados en su espalda que el 4 de diciembre condujo unas 350 millas desde su hogar en Carolina del Norte hasta Comet Ping Pong, armado con un rifle de asalto, un revolver y un cuchillo. 

Esperó a que los clientes y el personal se marcharan para ponerse a buscar por los túneles niños supuestamente esclavizados. Disparó al menos una vez con su rifle para abrir una puerta cerrada. Tras no encontrarlos, se entregó a la policía.

Las noticias falsas (“desinformación activa” que se presenta como si procediese de un sitio noticioso serio) es una amenaza a las instituciones democráticas. Ha habido ejemplos menos absurdos, como un falso informe de una amenaza nuclear por parte del ministro de defensa israelí que llevó a su contraparte pakistaní a retuitearlo y advertir a Israel que Pakistán también es una potencia nuclear.

 El Presidente Barack Obama reconoció el peligro a las libertades democráticas al hablar con la prensa en Alemania poco antes de las elecciones estadounidenses. Le hayan costado o no la presidencia a Hillary Clinton, está claro que podrían hacer que un candidato pierda las elecciones y afectaran las relaciones internacionales. También son contrarias a uno de los pilares fundamentales de la democracia: el que los votantes pueden tomar decisiones informadas entre los candidatos en competencia.  (...)"             (Profesor de Bioética en la Universidad de Princeton, eldiario.es, 14/01/17)

"(...) El 28 de octubre, James B. Comey, director del FBI, informó al Congreso que reabriría la investigación, sobre el uso de un servidor privado de correos electrónicos por parte de Hillary Clinton cuando se desempeñaba como secretaria de Estado.

 La novedad de la revelación de Comey fue que Anthony Weiner, exesposo de una importante asesora de Hillary, Huma Abedin, escribió correos electrónicos en donde incluía fotos de menores de edad. Dos días más tarde, desde la dirección de Twitter @DavidGoldberNY, se distribuyeron mensajes sobre el caso; supuestamente, el tema alcanzaba a Hillary Clinton en un bochornoso caso de pedofilia.

El rumor fue retuiteado más de 6,000 veces y fue creciendo hasta que un anónimo vinculó a John Podesta con rituales satánicos. “Cuando pienso en los niños que ha picado, violado y matado Hillary Clinton, no tengo miedo de cruzarme con ella en la calle”, dijo el 4 de noviembre a través de YouTube, Alex Jones, creador del sitio de conspiraciones InfoWars, y conductor del programa de radio “The Alex Jones Show”. 

De acuerdo con YouTube, el video se ha visto 427,000 veces.
Pocos días después de la comparecencia del director del FBI, una serie de información sobre Podesta fue liberada por WikiLeaks que apuntaba sobre sus rutinarias visitas a la pizzería. El 7 de noviembre apareció por primera ocasión el hashtag #Pizzagate.

Desde Chipre, Vietnam y la República Checa, miles de mensajes en Twitter fueron escritos con el mencionado hashtag, comentó Jonathan Albright, profesor asistente de Análisis de Medios de la Universidad Elon en Carolina del Norte. En algunos casos, agregó, los retuits provenían de robots y programas para ampliar noticias falsas.

 “El uso de robots tiene el objetivo de convertir en tendencia los mensajes en Twitter”. El viernes anterior a la elección presidencial, James Alefantis, que es dueño de la pizzería Comet Ping Pong, notó que semanas antes de la elección presidencial, en Instagram se divulgaban mensajes acusándolo de pedófilo.

Alefantis no ha sido ajeno a la política. En su pizzería se juntaron donadores de la campaña de Hillary Clinton y es amigo de David Brock, némesis de Clinton. Además, tiene clientes y amigos pertenecientes a círculos demócratas.

Pocos días antes de la elección, otros comerciantes de la cuadra donde se encuentra la pizzería recibieron llamadas telefónicas y correos electrónicos perturbadores. Varias personas se interesaron por los símbolos de los escaparates y fotos de las paredes.

Frente a la pizzería se ubica Terasol, un bistro francés cuya propietaria, Sabina Ousmaal, encontró en Goolge una nota sobre el rumor de que en ese lugar se tejía un complot para abusar sexualmente de niños. 

En la nota aparecía una fotografía de la propietaria del bistro junto a su hija y Hillary Clinton, en una visita que hizo la excandidata demócrata años atrás. Ousmaal, quien tuvo cáncer, y ha realizado donaciones al hospital infantil St. Jude, colocó en su página web el logotipo del corazón similar al del hospital infantil, por lo que los conspiradores de internet, vinculan a la dueña con abusos de niños. 

“Estos maníacos pensaron que era un símbolo de la pornografía infantil”, dijo el esposo de Ousmaal. “¿Qué podemos hacer?, se pregunta Ousmaal: “No hay un sótano. No hay túnel, no hay nada”.

El propietario del restaurante 4chan, Hiroyuki Nishimura, que también está en la misma calle que la pizzería y el bistro, dijo que “pizzagate me recuerda que todo un país fue engañado por el supuesto arsenal nuclear que tenía Sadam Husein en Irak, es la misma vieja historia”.

#PizzaGate es un caso más de la era de la posverdad. Formar a la opinión pública a partir de elementos subjetivos (mentiras)."             (Marc Fisher; John Woodrow 
y Peter Herman / The Washington Post, en El Confidencial, Dic 8, 2016


"(...) Al caso se le ha dado el sobrenombre de “Pizzagate”. Empieza así: este pasado domingo, un bombero voluntario de Carolina del Norte llamado Edgar Welch, de 28 años, dos hijos, coge su coche y a toda velocidad se va hasta Washington. 

Lleva con él un rifle de asalto. Llega ante la pizzería Comet Ping Pong, en uno de los barrios más ricos de la capital. Welch entra en el local, busca pasillos secretos, niños secuestrados y pederastas, y empieza a disparar. No hiere a nadie y es detenido por la Policía.

Luego, el diario Washington Post indagó en la actitud de Welch y resultó ser que se creyó una de esas teorías conspiratorias que los fanáticos de Donald Trump, tanto en Internet como en medios de comunicación, iban vertiendo contra Hillary Clinton y contra su jefe de campaña, John Podesta: que ella era la jefa de una Red de pedofilia y que a él le gustaban las prácticas satánicas. Y decidió ir él mismo a “investigar” el “Pizzagate”, al más puro estilo Charles Bronson. 

Quien más cuenta estas rocambolescas historias es Alex Jones, locutor de radio que deja a Jiménez Losantos y Tertsch como a corderitos, y al cual Trump, entrevistado muchas veces por él, tiene en un altar.

“Cuando pienso sobre los niños que Clinton ha asesinado personalmente, troceándolos y violándolos, pierdo todo el miedo para enfrentarme a ella”, dijo Jones en un vídeo colgado en YouTube con más de 500.000 visitas.

 El inefable locutor llegó a acusar a Obama de que la matanza de niños en la escuela de Sandy Hook fue “falsa”, entre otras barbaridades. Luego, si Welch sabía que Podesta comía en Comet Ping Pong, era por los famosos e-mails desvelados por Wikileaks.

Además, hubo alguien que escribió poco después en Twitter este texto: “Todo apunta a una red de pedofilia y Hillary Clinton está en el centro”. Alex Jones se hizo eco, y la mente calenturienta de Welch empezó a diseñar su plan justiciero. Mientras, como la pizzería recibió críticas por querer poner mesas en la calle por temor a “violaciones y asesinatos”, pese a ser un barrio tranquilo, la historia llegó a su cénit: llamadas telefónicas extrañas con amenazas. Luego, el resto.

Para rematarlo, Michael Flynn Jr., hijo del asesor de Seguridad Nacional elegido por Trump, difundió la historia en Internet. Lejos de disculparse, alardeó de ella: “Hasta que se demuestre que el ‘Pizzagate’ es falso, seguirá siendo una noticia. La izquierda parece olvidar los emails de Podesta y las muchas ‘coincidencias’ que muestran”. 

Ante la indignación en su contra general, el equipo de transición del magnate ha decidido despedirlo fulminantemente. Muchos creen que no por vergüenza, sino por que Flynn Jr. les deja en evidencia."            (Julián Juan Lacasa, blastingnews, 09/12/16)

"(...)  Dos días después de que el FBI decidiera reabrir las pesquisas contra Clinton por el asunto de sus emails, apareció un tuit que decía: “Todo apunta a una red de pedofilia y Hillary Clinton está en el centro”.

 El bulo se extendió por varios foros de la derecha alternativa como 4chan y webs como Reddit hasta que lo recogió el mayor propagandista de las conspiraciones en EE UU, el locutor radiofónico Alex Jones, el mismo que dijo que la matanza de niños en la escuela de Sandy Hook había sido un montaje falso del gobierno o que la Administración Obama pretendía meter a los ‘patriotas’ en campos de concentración.

“Cuando pienso sobre los niños que Clinton ha asesinado personalmente, troceándolos y violándolos, pierdo todo el miedo para enfrentarme a ella”, dijo en un vídeo colgado en Youtube y reproducido en casi medio millón de ocasiones. 

Jones sostuvo que la exsecretaria de Estado estaba envuelta en una red de pedofilia y que su jefe de campaña, John Podesta, tenía debilidad por los rituales satánicos. En contra de lo que podría parecer, el locutor no es un apestado. Trump le concedió durante la campaña varias entrevistas y llegó a a decir que tiene “una increíble reputación”.

A la conspiración le faltaban algunos cabos para acabar de tomar forma y esos salieron de los emails de Podesta publicados por Wikileaks. De ahí se extraía, que el veterano lobista y estratega demócrata comía ocasionalmente en la pizzería. Pero había otro elemento.

 Cuando el establecimiento abrió hace una década, un burócrata del Distrito de Columbia se opuso a que pusiera mesas en la terraza, arguyendo que podían dar pie a “violaciones y asesinatos” en un barrio libre de crimen. La paranoia ya estaba completa y el ’pizzagate’ se convirtió en trending topic. El teléfono empezó a sonar con llamadas inquietantes y amenazadoras y hasta algunos asesores de Trump, como Michael Flynn Jr, el hijo del militar que ha elegido para ser su asesor de seguridad nacional, propagaron la historia.

Y así hasta el pasado domingo, cuando Edgar Welch, el bombero de 28 años de Carolina del Norte, se presentó en el local frecuentado por numerosas familias de Washington para desenmascarar la ‘trama’ con su fusil semiautomático. Welch disparó varias balas sin herir a nadie y acabó siendo detenido por la policía. “Quería hacer el bien, pero no salió bien”, dijo después de ser arrestado al New York Times. “La inteligencia no era correcta del todo”.

 Poco después Michael Flynn Jr tuiteó: “Hasta que se demuestre que el pizzagate es falso, seguirá siendo una noticia. La izquierda parece olvidar los emails de Podesta y las muchas ‘coincidencias’ que muestran”. Ante la indignación que sus palabras despertaron, la campaña de Trump optó por despedirlo. No lo hizo porque estuviera abochornada por sus alegaciones, sino porque desvía la atención de la labor del equipo de transición de Trump."           (Ricardo Mir de Francia, El Periódico, 08/12/16)

5/8/16

Entendiendo a Trump... por George Lakoff

"(...) ¿Quién apoya a Trump y por qué?

Donald J. Trump ha logrado convertirse en el candidato republicano a la presidencia, ¿Por qué? ¿Cómo? Hay varias teorías: La gente está enojada y él le habla a su ira. La gente no gusta mucho del Congreso y desea a un no político. Ambas pueden ser verdad. ¿Pero por qué? ¿Cuáles son los detalles? y ¿Por qué Trump? Parece haber salido de la nada. Sus posiciones sobre las cuestiones no se ajustan al molde común. (...)

Cómo Trump utiliza tu cerebro en su provecho

Cualquier vendedor eficaz sin escrúpulos sabe cómo usar tu cerebro en tu contra para conseguir que compres lo que está vendiendo. ¿Cómo se puede "utilizar tu cerebro contra ti"? ¿Qué significa?

Todo pensamiento utiliza circuitos neuronales. Cada idea está constituida por circuitos neuronales. Pero no tenemos acceso consciente a aquellos circuitos.

Como resultado, la mayoría de pensamiento -un estimado de 98 por ciento- es inconsciente. El pensamiento consciente es la punta del iceberg.

El pensamiento inconsciente opera por ciertos mecanismos básicos. Trump los usa instintivamente para convertir los cerebros de la gente hacia lo que quiere: absoluta autoridad, dinero, poder, celebridad.

Los mecanismos son:

1. Repetición.
Las palabras están neurológicamente vinculadas a los circuitos que determinan su significado. Cuanto más se escucha una palabra, más el circuito es activado y más fuerte se vuelve, y por lo tanto, más fácil es para disparar de nuevo. Trump repite. Ganar, Ganar, Ganar. Vamos a ganar tanto que te cansarás de ganar.

2. El encuadre: Hillary criminal. Encuadrar a Hillary con crímenes cometidos intencionalmente y con conocimiento para su propio beneficio, es lo que hace un ladrón. Repetir hace que mucha gente piense inconscientemente en ella de esa manera, a pesar de que se ha encontrado que ha sido honesta y legal por estudios exhaustivos por el comité de Bengazi de derecha (que no encontraron nada) y el FBI (que no encontró nada de que acusarla, excepto errar en la tecla (C) en el cuerpo de 3 de cada 110.000 mensajes de correo electrónico). Sin embargo, el encuadre está trabajando.

Hay una metáfora común que la inmoralidad es la irregularidad, y que actuar en contra de la moral del padre estricto (el único tipo de moralidad reconocida) es ser inmoral. Dado que prácticamente todo lo que Hillary Clinton ha hecho ha violado la moral del padre estricto, eso la hace inmoral.

Así pues, la metáfora tiene sus acciones inmorales, y por lo tanto ella es una delincuente. El canto "encerrarla!" activa toda esa línea de razonamiento.

3. Ejemplos bien conocidos: Cuando un desastre muy publicitado sucede, la cobertura activa el encuadre una y otra vez, fortaleciéndolo, e incrementando la probabilidad de que el encuadre se producirá fácilmente con alta probabilidad.

La repetición de ejemplos de disparos por los musulmanes, los afroamericanos y latinos hace temer que podría ocurrirle a usted y su comunidad - a pesar de la minúscula probabilidad real. Trump utiliza esto para crear miedo. El miedo tiende a activar el deseo de un padre estricto fuerte -es decir, Trump.

4. Gramática: Terroristas islámicos radicales: "Radical" pone a los musulmanes en una escala lineal y "terroristas" impone un marco en la escala, lo que sugiere que el terrorismo está integrado en la religión misma. La gramática sugiere que hay algo en el Islam que trae al terrorismo como inherente. Imagínese llamando al hombre armado de Charleston un "terrorista republicano radical".

Trump es consciente de esto al menos en cierta medida. Como dijo a Tony Schwartz, el fantasma-escritor que le escribió "The Art of the Deal", "Le llamo hipérbole veraz. Es una forma inocente de exageración - y es una forma muy eficaz de promoción”.

5. El pensamiento metafórico convencional es inherente a nuestro pensamiento en gran parte inconsciente. Tales modos normales de pensamiento metafórico no se advierten como tales.

Considere Brexit, que utiliza la metáfora de "entrar" y "salir" de la UE. Hay una metáfora universal de que los estados son lugares en el espacio: se puede entrar en un estado, adentrarse en algún estado, y salir de ese estado. Si entras a un café y después dejas la cafetería, estarás en la misma posición que antes de entrar. Pero eso no tiene por qué ser cierto en los estados del ser.

Pero esa era la metáfora utilizada con Brexit; Los británicos creen que después de salir de la UE, las cosas serían como antes cuando entraron en la UE. Estaban equivocados. Las cosas cambiaron radicalmente, mientras estaban en la UE.

Esa misma metáfora está siendo utilizada por Trump: Hacer América grande otra vez. Una vez que Estados Unidos sea segura. Y así. Como si hubo algún estado ideal pasado al que podemos volver simplemente mediante la elección de Trump.

6. También hay una metáfora de que un país es una persona y una metonimia del Presidente sostiene al país. Por lo tanto, Obama, tanto a través de la metáfora y la metonimia, puede relacionarse conceptualmente con los Estados Unidos. Por lo tanto, diciendo que Obama es débil y no respetado, se comunica que Estados Unidos, con Obama como presidente, es débil y no respetado. La inferencia es que es a causa de Obama.

7. El país como metáfora de la persona y la metáfora de que la guerra o conflicto entre países es una pelea entre personas, hace la inferencia de que sólo tener un presidente fuerte garantizará que Estados Unidos va a ganar los conflictos y las guerras. Trump acaba de lanzar golpes de knockout.

En su discurso de aceptación en la convención, Trump dijo en repetidas ocasiones que habían de lograrse cosas que sólo pueden ser hechas por personas actuando con su gobierno. Después de aquella declaración, hubo un canto desde el piso "Él lo hará".

8. La metáfora de que la nación es una familia fue utilizada durante la convención del Partido Republicano. Hemos oído que fuertes hijos militares se producen por fuertes padres militares y que "la defensa de país es un asunto de familia". Del amor de Trump de la familia y el compromiso con su éxito, hemos de concluir que, como presidente, él amará a los ciudadanos de Estados Unidos y estará comprometido con su éxito.

9. Hay una metáfora común que al identificarte con el patrimonio nacional de tu familia te hace miembro de esa nacionalidad. Supongamos que sus abuelos vinieron de Italia y que te identificas con tus antepasados italianos, es posible que declares cuán orgulloso estas de ser italiano. La metáfora es natural.

Literalmente, usted ha sido estadounidense durante dos generaciones. Trump hizo uso de esta metáfora vulgar al atacar al juez federal Gonzalo Curiel, que es estadounidense, nacido y criado en los Estados Unidos. Trump dijo que era un mexicano, y por lo tanto lo odiaría y tendería a fallar en su contra en un caso presentado contra la Universidad Trump por fraude.

10. Luego está el sistema de metáforas usado en la frase “to call someone out. (llamar la atención a alguien). En primer lugar la palabra "out". Hay una metáfora general de que el Conocimiento es Visión como en "Veo lo que quiere decir."

Las cosas que están escondidas en algo que no puede ser visto y por lo tanto desconocido, mientras las cosas no estén ocultos sino en público pueden ser vistas y por lo tanto conocidas. Decir "out" a alguien es hacer público su conocimiento privado. "Llamar la atención a alguien" es nombrar públicamente las fechorías ocultas de esa persona, permitiendo así el conocimiento público y las consecuencias apropiadas.

Esta es la base de la metáfora Trumpiana de que Identificar es Nombrar. Por lo tanto asignar nombres a los enemigos le permitirá identificar correctamente quiénes son, llegar a ellos, y por lo tanto le permite derrotarlos. Por lo tanto, sólo decir "terroristas islámicos radicales" le permite seleccionarlos, poder encontrarlos, y aniquilarlos.

Y a la inversa, si no lo dice, no serás capaz de escogerlos y aniquilarlos. Por consiguiente el hecho de utilizar esas palabras significa que está protegiéndonos de aquellos enemigos - en este caso los musulmanes, es decir, potenciales terroristas debido a su religión. (...)

Estas diez formas de uso de los mecanismos cerebrales cotidianos de la gente para sus propios propósitos ha logrado la nominación republicana de Trump. Pero millones de personas han visto y oído Trump y compañía en la TV y le han oído en la radio.

Los expertos en medios no han descrito estos diez mecanismos, u otros mecanismos cerebrales, que trabajan subrepticiamente en las mentes inconscientes de la opinión pública, a pesar de que el resultado es que las Grandes Mentiras repetidas una y otra vez están siendo creídas por un número creciente de personas.

Incluso si pierde la elección, Trump habrá cambiado los cerebros de millones de estadounidenses, con consecuencias futuras. Es de vital importancia que la gente conozca los mecanismos que se utilizan para transmitir las grandes mentiras y para pegarlas en los cerebros de las personas sin su conocimiento. Es una forma de control mental. (...)" (Extraído de la versión original en inglés: https://georgelakoff.com/2016/07/22/understanding-trump/ , en Socioideas)

30/3/16

¿Por qué Trump?

"Donald Trump está ganando las primarias republicanas presidenciales a tal velocidad que parece tener muchas posibilidades de convertirse en el próximo candidato republicano a la presidencia y tal vez en el próximo presidente.

 Los demócratas no alcanzan a comprender por qué está ganando —y tan cómodamente— e incluso hay muchos republicanos que no le consideran republicano y tratan de detenerlo, pero no saben cómo. Hay varias teorías: la gente está enfadada y él da voz a ese enfado. 

La gente no cree mucho en el Congreso y quieren a alguien que no se dedique a la carrera política. Puede que ambas teorías sean ciertas. Pero, ¿por qué? ¿Cuáles son los pormenores? ¿Y por qué Trump?

Mucha gente está perpleja. Trump parece haber salido de la nada. Su postura ante muchos asuntos no encaja en un patrón común.

Le gusta la Planificación Familiar, la Seguridad  Social y el Medicare (programa estadounidense de asistencia médica para mayores de 65 años), que no son los típicos postulados republicanos. 

Los republicanos odian el derecho de expropiación (el paso de propiedades privadas a manos del gobierno) y adoran el Acuerdo Transpacífico (TPP), sin embargo Trump opina exactamente lo contrario en ambos casos. 

No es religioso y desprecia las prácticas religiosas, no obstante los evangélicos (es decir, los evangélicos de raza blanca) le adoran. Cree que las aseguradoras médicas y las empresas farmacéuticas, así como los contratistas militares, obtienen demasiados beneficios y quiere que eso cambie. Insulta a los grupos de votantes mayoritarios, p. ej., los latinoamericanos, cuando la mayoría de los republicanos intentan cortejarlos. Quiere deportar a 11 millones de inmigrantes sin papeles y cree que es capaz. Quiere impedir que ningún musulmán entre en el país. ¿Qué está ocurriendo?

La respuesta requiere el análisis de algunos antecedentes que, hasta la fecha, los medios de comunicación no han abordado.

Algunos antecedentes…

Trabajo en ciencia cognitiva y del cerebro. En la década de 1990 me propuse responder a una pregunta relativa a mi ámbito de trabajo: ¿hasta qué punto son coherentes las diversas posturas políticas de conservadores y progresistas? 

En el caso del conservadurismo: ¿cómo se conjuga estar en contra del aborto con estar a favor de la pertenencia de armas?, ¿qué tiene que ver la pertenencia de armas con negar la realidad del calentamiento global?, ¿cómo encaja estar en contra de la injerencia del estado con querer unas fuerzas armadas más potentes?, ¿cómo se puede ser provida y defender la pena de muerte? Los progresistas opinan exactamente lo contrario. ¿Cómo encajan las opiniones de ambas ideologías?

La respuesta surgió al comprender que tendemos a entender la nación metafóricamente desde el punto de vista de la familia: tenemos padres fundadores. Enviamos a nuestros hijos e hijas a la guerra. 

Tenemos seguridad de la patria. Las visiones del mundo conservador y progresista que dividen nuestro país se pueden entender más fácilmente si nos basamos en las formas morales de ver el mundo que se sintetizan en dos formas muy diferentes de vida familiar: la familia de Progenitores Educadores (progresista) y la familia de Padre Estricto (conservadora).

¿Qué relación tienen los asuntos sociales y la política con la familia? En primer lugar nos gobiernan nuestras familias y, de este modo, crecemos comprendiendo las instituciones  que nos gobiernan según los sistemas de gobierno de las familias.

En la familia de padre estricto, el padre sabe qué es lo mejor. Él distingue lo que está bien de lo que está mal y es la máxima autoridad que se asegura de que sus hijos y su esposa hacen lo que él dice, que todos ellos asumen como lo correcto.

 Muchas esposas conservadoras aceptan esta forma de ver la vida, defienden la autoridad del padre y son estrictas en esos terrenos de la vida familiar que están a su cargo. Cuando los hijos desobedecen, el deber moral del padre es castigarlos con suficiente dureza de modo que, para evitar el castigo le obedecerán (harán lo correcto) y no harán únicamente lo que les gusta. 

Se supone que a través de la disciplina física se hacen disciplinados, fuertes por dentro y capaces para prosperar en el mundo de fuera. ¿Y si no prosperan? Significa que no son disciplinados, y por lo tanto no son capaces de ser morales y merecen su pobreza. Este razonamiento se manifiesta en la política conservadora, en la que los pobres están considerados vagos e indignos y los ricos merecedores de su riqueza.

 La responsabilidad se interpreta, de este modo, como una responsabilidad personal y no como una responsabilidad social. En lo que te conviertes solo depende de ti; la sociedad no tiene nada que ver en ello. Eres responsable de ti mismo, no de los demás —que son responsables de sí mismos.

Ganar e insultar

Tal y como dijo el legendario entrenador de los Green Bay Packers, Vince Lombardi: “Ganar no lo es todo. Es lo único”. En un mundo gobernado por la responsabilidad personal y la disciplina ganan los que merecen ganar. ¿Por qué Donald Trump insulta despiadadamente en público a otros candidatos y a líderes políticos? 

Es sencillo, porque sabe que puede ganar en un concurso de insultos en un plató de televisión. Ante los estrictos ojos de un conservador eso lo convierte en un magnífico candidato ganador que merece ser un candidato ganador. La carrera electoral se considera una batalla. Los insultos que calan se consideran victorias —victorias merecidas.

Analicemos la declaración de Trump de que John McCain no es un héroe de guerra. El razonamiento: McCain fue derribado. Los héroes son ganadores. Vencen a los chicos malos. No son derribados. Aquellos que son derribados, apalizados y  metidos en una jaula son perdedores, no ganadores.

La jerarquía moral 

La lógica del padre estricto va más lejos. La idea básica es que dicha autoridad está justificada por la moralidad (la versión del padre estricto) y que, en un mundo bien organizado, debería haber (y tradicionalmente ha habido) una jerarquía moral en la cual los que tradicionalmente han dominado deberían dominar. 

La jerarquía es: Dios por encima del Hombre, el Hombre por encima de la Naturaleza, Los Disciplinados (Fuertes) por encima de los Indisciplinados (Débiles), Los Ricos por encima de  los Pobres, los Patronos por encima de los Empleados, los Adultos por encima de los Niños, la cultura de Occidente por encima de otras culturas, Nuestro País por encima de otros países. 

La jerarquía se extiende a: los Hombres por encima de las mujeres, los Blancos por encima de los que No son blancos, los Cristianos por encima de los que no son cristianos, Los Heterosexuales por encima de los Gais.

Estas tendencias se observan en la mayoría de los candidatos republicanos a la presidencia, así como en Trump y, en general, las políticas conservadoras derivan de la forma de ver el mundo del padre estricto y de esta jerarquía.

Las formas morales de ver la vida basadas en la familia provocan opiniones encontradas. Puesto que la gente quiere verse a sí misma haciendo lo correcto y no lo incorrecto, las visiones morales de la vida tienden a ser parte de la autodefinición —quién eres de verdad. Y, de este modo, tu forma moral de ver el mundo te define cómo debería ser el mundo. Cuando no es así, puede llegar la frustración y el enfado.

Hay cierta flexibilidad en la visión de la vida del padre estricto y hay variaciones importantes. La mayor división se halla entre (1) cristianos evangélicos blancos, (2) conservadores liberales partidarios del libre mercado y (3) conservadores pragmáticos que no están ligados a ninguna creencia evangélica.

Evangélicos blancos

Aquellos blancos que tienen una personal visión del mundo del padre estricto y que son religiosos tienden hacia la cristiandad evangélica, puesto que Dios, según esta religión, es el Máximo Padre Estricto: si sigues Sus mandamientos, vas al cielo; si desafías Sus mandamientos, ardes en el infierno por toda la eternidad. Si eres un pecador y quieres ir al cielo, puedes “volver a nacer” declarando tu lealtad al escoger a Su hijo, Jesucristo, como tu Salvador personal.

Dicho modelo de religión es natural para los que creen en la moralidad de padre estricto. Los cristianos evangélicos acuden a la iglesia porque son conservadores; no son conservadores porque estaban por casualidad en una iglesia evangélica, aunque pueden haber crecido con ambas cosas.

El cristianismo evangélico gira alrededor de la vida familiar. Por consiguiente, hay organizaciones como Focus on the Family y una referencia constante a los “valores familiares”,  que son los valores evangélicos del padre estricto. Según la moralidad del padre estricto, es el padre quien controla la sexualidad y la reproducción. Donde la iglesia tiene control político, hay leyes que exigen la notificación paterna y conyugal en caso de una propuesta de aborto.

Los evangélicos están muy organizados políticamente y ejercen control sobre una gran cantidad de carreras políticas locales. De este modo, los candidatos republicanos generalmente tienen que avenirse con los evangélicos si quieren ser candidatos y ganar las elecciones locales.

Conservadores pragmáticos

Los conservadores pragmáticos, por otra parte, pueden no tener ninguna inclinación religiosa. En su lugar, puede que se preocupen principalmente por su propia autoridad personal, no por la autoridad de la Iglesia, ni de Cristo, ni de Dios. 

Quieren ser padres estrictos en sus propios dominios, con autoridad principalmente sobre sus propias vidas. De este modo, una persona conservadora, joven y soltera —hombre o mujer—puede querer mantener relaciones sexuales sin preocuparse por el matrimonio.

 Puede que necesite acceso a la contracepción, consejos sobre enfermedades de transmisión sexual, información sobre el cáncer del cuello del útero, etcétera. Y si una chica o una mujer se quedan embarazadas y no hay posibilidad o deseo de contraer matrimonio, puede que sea necesario practicar un aborto.

Trump es el conservador pragmático por excelencia. Y sabe que hay muchos votantes republicanos como él en su pragmatismo. Hay una razón por la que le gusta la Planificación Familiar. Hay montones de conservadores pragmáticos, jóvenes, solteros (e incluso casados)  que pueden necesitar lo que la Planificación familiar ofrece —de forma barata y confidencial.

De un modo similar, los conservadores pragmáticos jóvenes o de mediana edad quieren maximizar su salud. No quieren agobiarse con la carga económica de cuidar de sus padres. La Seguridad Social y el Medicare les relevan de la mayoría de dichas responsabilidades. Esta es la razón por la que Trump quiere mantener la Seguridad Social y el Medicare.

Partidarios del libre mercado y del laissez-faire

Las políticas conservadoras de la clase dirigente no solo las ha configurado el poder político de las iglesias evangélicas de blancos, sino también el poder político de aquellos que buscan mercados libres que permitan un laissez-faire al máximo, donde la gente adinerada y las  corporaciones establecen las reglas del mercado a su favor con una regulación e imposición estatales mínimas. 

No ven los impuestos como una inversión en recursos que ofrece el Estado a todos los ciudadanos, sino como si el gobierno les quitara sus ganancias (su propiedad privada) y les diera el dinero a aquellos que no se lo merecen a través de programas estatales. Este es el origen que determina las ideas de los republicanos en contra de los impuestos y a favor de la disminución del papel del gobierno. 

Este conservadurismo está bastante contento con la externalización para aumentar los beneficios enviando la fabricación y muchos servicios al extranjero donde la mano de obra es barata, con la consecuencia de que los empleos bien remunerados abandonan América y los sueldos bajan. Puesto que dependen de importaciones baratas, no estarían a favor de la imposición de aranceles elevados.

Sin embargo, Donald Trump no está en un negocio que fabrique productos en el extranjero que se importan aquí aumentándolos el precio para obtener un margen de beneficios. Como promotor inmobiliario construye hoteles, casinos, edificios de oficinas, campos de golf. Puede construirlos en el extranjero con mano de obra barata, pero no los importa. 

Por otra parte, reconoce que la mayoría de los propietarios de pequeños negocios en América son más como él —negocios americanos como tintorerías, pizzerías, cafeterías, fontaneros, ferreterías, jardineros, contratistas, lavacoches y profesionales como arquitectos, abogados, médicos y enfermeras--. Las tarifas altas no parecen un problema.

Muchos  pequeños empresarios son conservadores pragmáticos. Les gusta el poder del Estado cuando trabaja para ellos. Por ejemplo el derecho de expropiación. Los representantes republicanos lo ven como un abuso por parte del gobierno —el Estado que quita propiedad privada.

 Sin embargo, los promotores inmobiliarios conservadores como Trump dependen de la expropiación para que las casas y pequeños negocios de las zonas que quieren promover puedan ser confiscadas por el derecho de expropiación por el bien de sus planes urbanísticos. 

Lo único que tiene que hacer es conseguir que los funcionarios locales le secunden, con contribuciones de campaña y la promesa de un aumento de los impuestos locales que ayudan a adquirir los derechos de expropiación pública. Trump señala a Atlantic City, donde construyó su casino empleando el derecho de expropiación pública para conseguir la propiedad.

Si los negocios tienen que pagar las prestaciones de asistencia sanitaria de sus empleados, Trump querría que pagaran lo menos posible para maximizar los beneficios de los negocios en general. Por lo tanto, querría que las compañías de seguros de salud y las farmacéuticas cobren lo menos posible. 

Para aumentar la competencia querría que las aseguradoras ofrecieran planes de ámbito nacional, evitando los intercambios de seguros administrados por el estado según la Ley de Protección de Pacientes y Asistencia Asequible (ACA). Los intercambios existen para maximizar la cobertura sanitaria de los ciudadanos y ayudar a que las personas con bajos ingresos estén cubiertas, más que para aumentar los beneficios de los empresarios. 

Trump, sin embargo, quiere mantener la obligatoriedad de la ACA, ley que los representantes conservadores odian puesto que la consideran una extralimitación del gobierno, obligando a la gente a comprar un producto. Para Trump, sin embargo, la obligatoriedad para los individuos aumenta los consorcios de seguros  y reduce los costes de los negocios.

Causalidad directa vs. causalidad sistémica

La causalidad directa lidia con un problema a través de la acción directa. La causalidad sistémica reconoce que muchos problemas surgen del sistema en el que se encuentran y deben afrontarse a través de la causalidad sistémica. La causalidad sistémica tiene cuatro versiones: una cadena de causas directas. 

Las causas directas interrelacionadas (o cadenas de causas directas). Ciclos de retroalimentación. Y causas probabilísticas. 

La causalidad sistémica en el calentamiento global explica por qué el calentamiento global del Pacífico puede provocar enormes tormentas de nieve en Washington DC: masas de moléculas de agua sumamente cargadas de energía se evaporan sobre el Pacífico, vuelan hacia el noreste y sobre el Polo Norte y llegan en invierno hasta la costa este y partes de la región central de EE. UU. como masas de nieve. 

 La causalidad sistémica tiene cadenas de causas directas, causas interrelacionadas, ciclos de retroalimentación, y causas probabilísticas —a menudo combinadas.

La causalidad directa se entiende fácilmente y parece estar presente en las gramáticas de todos los idiomas del mundo. La causalidad sistémica es más compleja y no está presente en la gramática de ningún idioma. Hay que aprendérsela.

La investigación empírica ha demostrado que los conservadores tienden a razonar con la causalidad directa y que los progresistas tienen mucha más facilidad para razonar con la causalidad sistémica. Se cree que la razón, en el modelo del padre estricto, es que el padre espera que el hijo o la esposa respondan directamente a una orden, y que una negativa debe ser castigada lo más rápida y directamente posible.

Muchas de las propuestas políticas de Trump se expresan en términos de causalidad directa.

Hay una oleada de inmigrantes procedentes de México —construye un muro para detenerlos. En el caso de todos los inmigrantes que han entrado de forma ilegal, simplemente depórtalos —aunque haya 11 millones trabajando en todos los sectores de la economía y viviendo por todo el país. 

 El remedio para la violencia de las armas es tener un arma lista para disparar al directamente al agresor. Para evitar que los puestos de trabajo se vayan a Asia, donde la mano de obra es más baja y que los artículos más baratos invadan el mercado de aquí, la solución es directa: poner un arancel enorme en esos artículos para que sean más caros que los productos fabricados aquí.

 Para horrar dinero en productos farmacéuticos, haz que el mayor consumidor —el gobierno— acepte ofertas a los mejores precios. Si Isis está ganando dinero con el petróleo iraquí, envía tropas de EE.UU. a Irak para lograr el control del petróleo. Amenaza a los líderes de Isis asesinando a los miembros de sus familias (aunque sea un crimen de guerra).

 Para obtener información de los sospechosos de ser terroristas, emplea simulacros de ahogamiento o métodos de tortura aún peores. Si hay posibilidades de que algún terrorista entre con los refugiados musulmanes, simplemente prohíbe a todos los musulmanes la entrada al país. Todo esto es lógico para los que piensan en términos de causalidad directa, pero no para aquellos que ven las inmensas dificultades y las espantosas consecuencias de dichas acciones debido a las complejidades de la causalidad sistémica.

Lo políticamente correcto

En América hay al menos decenas de millones de conservadores que comparten la moralidad del padre estricto y su jerarquía moral. Muchos de ellos son personas pobres o de clase media, y muchos son hombres blancos que se consideran superiores a los inmigrantes, a los que no son blancos, a las mujeres, a los que no son cristianos, a los gays —y a la gente que depende de la asistencia pública. 

En otras palabras, son lo que los liberales llamarían “intolerantes”. Durante muchos años, dicha intolerancia no era admisible públicamente, especialmente a medida que llegaban más inmigrantes, a medida que el país era menos blanco, a medida que más mujeres estudiaban y se integraban en el mundo laboral, y a medida que los gays se hacían más visibles y se aceptaba el matrimonio homosexual. 

A medida que organizaciones liberales antiintolerancia han proclamado alto y claro y han hecho de la naturaleza nada americana de dicha intolerancia una cuestión publica, los conservadores se han sentido cada vez más oprimidos por lo que ellos llaman  “lo políticamente correcto” —la presión pública contra sus opiniones y contra lo que ellos consideran “libertad de expresión”. 

Esto se acentuó de un modo exagerado desde el 11 de septiembre, cuando los sentimientos antimusulmanes se hicieron más intensos. La elección del presidente Barack Hussein Obama provocó la indignación entre los conservadores, y se negaron a considerarlo un americano legítimo (como el movimiento birther), mucho menos una autoridad legítima, especialmente cuando sus ideas liberales contradecían casi todo en lo que creen como conservadores.

Donald Trump expresa en voz alta todo lo que siente —con fuerza, hostilidad, enfado y sin vergüenza--. Lo único que tienen que hacer es apoyar y votar a Trump y ni siquiera tienen que expresar sus opiniones “políticamente incorrectas”, puesto que ya lo hace él por ellos y sus victorias hacen que esas opiniones sean respetables. 

Él es su campeón. Él les proporciona un sentimiento de autorrespeto, autoridad y la posibilidad de obtener poder.

Cuando oigas las palabras “políticamente correcto”, recuérdalo.

Los biconceptuales

No hay término medio en la política estadounidense. Hay moderados, pero no existe la ideología del moderado, no hay una sola ideología con la que estén de acuerdo todos los moderados. Un conservador moderado tiene algunas posturas progresistas sobre ciertos asuntos, aunque varían de una persona a otra. 

De un modo similar, un progresista moderado tiene algunas posturas conservadoras sobre ciertos asuntos, y de nuevo varía de una persona a otra. En resumen, los moderados tienen ambas visiones políticas, pero generalmente usa una de ellas. Estas dos formas morales de ver el mundo en general se contradicen. ¿Cómo pueden residir en el mismo cerebro al mismo tiempo?

Ambas se caracterizan en el cerebro por un circuito neuronal. Están unidas por un circuito común: la inhibición mutua. Cuando uno se activa, el otro se desactiva; cuando uno se fortalece, el otro se debilita.

 ¿Qué los activa o desactiva? El lenguaje que encaja en esa visión del mundo activa esa forma de ver la vida, la fortalece, mientras que desactiva la otra visión del mundo y la debilita. Cuanto más se debaten las opiniones de Trump en los medios, más se activan y se fortalecen, tanto en las mentes de los conservadores a ultranza como en las mentes de los progresistas moderados.

Esto ocurre aunque estés atacando las opiniones de Trump. La razón es que negar que hay un marco activa ese marco, como señalé en el libro ¡No pienses en un elefante! Da igual que estés promocionando o atacando a Trump, estás ayudando a Trump.

Un buen ejemplo de que Trump está ganando con biconceptuales progresistas son ciertos trabajadores no sindicados. Muchos miembros de los sindicatos son padres estrictos en casa o en sus vidas privadas. Creen en “los valores familiares tradicionales” —una expresión clave conservadora— y puede que se identifiquen con los ganadores.

¿Por qué Trump ha estado ganando en las primarias republicanas?

¡Fíjate en todos los grupos conservadores a los que les gusta!

El Partido Demócrata no se está tomando en serio muchas de las razones por las que Trump recibe tanto apoyo, así como el alcance de ese apoyo. Y los medios no están analizando muchas de las razones por las que Trump recibe apoyo. Eso tiene que cambiar.