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27/11/13

Marinaleda...

 En la fábrica trabajan dos turnos de 50 personas al día. La mayoría son mujeres que, rodeadas de palés con latas de pimientos, limpian y envasan las alcachofas de una pequeña línea de producción, tan limpia y comprensible que parece de juguete

"(...) Ayer estuvo trabajando hasta las siete de la mañana pero hoy la máquina está parada porque los 70.000 kilos de aceitunas que son necesarias para activarla tardan en llegar. Las cuadrillas de recogida no están aún bien ajustadas.

- Tendremos que hacer una asamblea para arreglarlo –dice Gordillo resignado.

Asambleas. Así se resuelve todo en este pueblo de 2.600 habitantes, encarnación de la utopía del campo andaluz desde que en los ochenta consiguió que la Junta de Andalucía expropiara 1.200 hectáreas de tierra al duque del Infantado y se las cediera a jornaleros que hasta entonces vivían en un régimen casi feudal, sin más perspectiva que trabajar las tierras del aristócrata los meses que a este le conviniera. Ahora en Marinaleda todo requiere discusiones y una dedicación que puede consumir mucha energía.

En lo urbanístico el pueblo es poco más que una larga calle de casas bajas, cada una con un naranjo en la puerta en el que los vecinos cuelgan la bolsa de basura. Las visitas de los interesados en aplaudir o aprender del modelo de Gordillo se pueden trazar siguiendo las tapias del pueblo: grupos griegos, latinoamericanos, catalanes o asturianos firman murales de inspiración utópica. No hay hoteles, solo un vecino que alquila tres habitaciones, y el polideportivo acoge a los grupos numerosos.(...)

 Pero estos días las pintadas revolucionarias aparecen tachadas con espray negro. Hace unas noches recibieron la visita de un grupo de extrema derecha que dejó las paredes emborronadas de amenazas. 

Para unos lo más cercano a la utopía agraria, para otros un parque temático de la izquierda, Marinaleda ha vivido un año en el ojo del huracán: igual que se ha instituido en lugar de peregrinación, también se ha transformado en blanco de iras, escrutinios y ataques al papel que juegan las subvenciones públicas en su supervivencia.

 Marinaleda vive ante la necesidad de justificar su existencia cada día. (...)

El SAT es una construcción peculiar, sincrética, que aúna los ideales políticos de la izquierda radical con la tradición anarquista rural andaluza, el municipalismo y la resistencia civil de la contracultura estadounidense. Su brazo político es el Colectivo de Unidad de los Trabajadores (CUT), el partido de Gordillo y una fuerza desequilibrante dentro de Izquierda Unida en Andalucía.

 Las acciones del sindicato el último año hicieron la vía agraria atractiva para colectivos del 15 M y antisistema, que desde entonces han venido colaborando con el sindicato en proyectos como las corralas okupadas de Sevilla o la finca de Somonte (Córdoba), unos terrenos de la Junta de Andalucía en los que el SAT espera que se pueda replicar el modelo autogestionado de Marinaleda con un perfil de activista más moderno.

Esa parece la gran pregunta:¿por qué no se repite un modelo tan goloso en otros municipios? Delante de El Humoso, el antiguo cortijo de los duques, Gordillo se encoge de hombros de nuevo con aire melancólico. “Porque esto no es nada fácil. Conseguir los terrenos fue complicadísimo, y consolidarlo sigue siéndolo cada día, con zancadillas, malinterpretaciones y sinsabores”. 

 
 Con excepción de los que tiene negocios privados o los que trabajan sus propias tierras, todos los habitantes tienen el mismo salario (1.200 euros por seis horas y medias de trabajo al día seis jornadas a la semana) independientemente de que sean profesores de instituto o campesinos en la cooperativa, que emplea al 50% de la población

En 1979 los trabajadores andaban todos los días ocho kilómetros entre los olivos y bajo el sol desde el pueblo al cortijo para manifestarse. Después de conseguir la tierra para ellos se encontraron con que la batalla acababa de empezar.

Se instituyeron en la cooperativa El Humoso y eligieron los cultivos para los que era necesaria más mano de obra, como la alcachofa, el pimiento y la aceituna. Todo lo que gana la cooperativa se reinvierte en crear más empleo. Ante la evidencia de que con el dinero que se paga en el mundo moderno por los productos del campo no tenían suficiente, en 1999 abrieron una fábrica de envasado de sus. 

Pero ser comunistas no les coloca fuera de la lógica del mercado. También ellos están encerrados en la carrera de abaratar costes continuamente para que la competencia no los aniquile. Han necesitado automatizar al máximo los procesos, y todo el recorte de personal que hacen por ese lado intentan solucionarlo abriendo nuevas vías de negocio. Ovejas, cultivos ecológicos… 

La cooperativa bracea por sobrevivir buscando recetas para resistir los precios bajos que fijan las grandes compañías.  (...)

Solo el 30% de lo que producen se comercializa con la marca El Humoso porque el proceso implica demasiados gastos; el otro 70% se lo venden a compañías que fabrican las propias marcas que los hombres del SAT sustraen de los supermercados. “Así es lo del capitalismo: haces el aceite y se lo tienes que vender a una multinacional”, reconoce Gordillo.

 Ahora el alcalde tiene el sueño de introducir cultivos como puerros y acelgas, crear una línea de frío y fabricar alimentos precocinados. “Queremos dar un salto y aumentar la parte de producción industrial, pero para eso necesitamos crédito, como todo el mundo, y los bancos no quieren oír del asunto porque prefieren darle el dinero a la Duquesa de Alba, que ofrece más garantías”. 

Banca ética, cooperativas de crédito, donaciones… Las salidas son estrechas. Y más cuando la crisis amenaza con tumbar muchos avances. En los últimos tiempos en la cooperativa han recibido muchos desesmpleados de la construcción. En las asambleas del pueblo se ha hablado tres veces de bajar los sueldos para seguir siendo competitivos.

El Ayuntamiento, con un presupuesto anual de unos tres millones, también sufre los recortes de aportaciones estatales y autonómicas. (...)

Es innegable que una parte fundamental de los ingresos de los vecinos proceden de los subsidios del Plan Fomento de Empleo Rural (antiguo PER) en una situación que comparten con gran parte de la Andalucía rural. Con la diferencia de que en esos otros pueblos no se vende que viven una situación de pleno empleo.

 
 150 viviendas del pueblo han sido levantadas por los vecinos apoyándose en un plan de subvenciones de la Junta, que paga los materiales de construcción si los vecinos se toman los dos años necesarios del grueso del trabajo

Las peculiaridades del pueblo son innumerables. Con excepción de los que tiene negocios privados o los que trabajan sus propias tierras, todos los habitantes tienen el mismo salario (1.200 euros por seis horas y medias de trabajo al día seis jornadas a la semana) independientemente de que sean profesores de instituto o campesinos en la cooperativa, que emplea al 50% de la población.

 No tiene policía local; y solo cinco administrativos, el interventor y el secretario cobran por el trabajo en el ayuntamiento. Los servicios como la guardería o la piscina son prácticamente gratuitos. Un grupo de cultivo ecológico provee de comida al comedor infantil. 

Y luego están las casas: 150 viviendas del pueblo han sido levantadas por los vecinos apoyándose en un plan de subvenciones de la Junta, que paga los materiales de construcción si los vecinos se toman los dos años necesarios del grueso del trabajo.

Ese proyecto estrella de vivienda, como explica el Ayuntamiento, podría realizarse en cualquier pueblo con habitantes con tiempo libre; el problema es poner a los vecinos de acuerdo. Y de eso tienen experiencia en Marinaleda. En el campo estos días con la aceituna hay unos 200 empleados.

 Los hombres del CUT los distribuyen en asamblea según criterios poco claros. Mientras, en la fábrica trabajan dos turnos de 50 personas al día. La mayoría son mujeres que, rodeadas de palés con latas de pimientos, limpian y envasan las alcachofas de una pequeña línea de producción, tan limpia y comprensible que parece de juguete. Fuera de los días de asamblea, cuando se decide todo (de los presupuestos a las fiestas) la vida del pueblo no aparece tan politizada como sería de prever.

Algunos vecinos críticos se lamentan porque no haya chicos que quieran ir a la universidad ante la certeza de que tienen la vida resuelta si trabajan para la cooperativa.(...)

 Sobre la forzada pureza ideológica de Marinaleda se ha hablado mucho, sobre todo a partir de unos detalles fácilmente corroborables: una televisión local (ahora cerrada) con desconexiones a canales chavistas y cubanos, los Domingos rojos de trabajo voluntario que sirven para cimentar la moral colectiva... 

Por eso sorprende entrar en un bar y ver sobre la barra un diario de línea editorial orgullosamente de derechas, o encontrar en casa de un vecino la misma imaginería religiosa que se puede ver en cualquier pueblo andaluz. El propio Gordillo reconoce que en los últimos años han ido llegando inmigrantes a los que se les ha dado trabajo “sin pedirles un carné político, porque hay que ser realistas”. (...)

Sin embargo, Mariano Pradas, portavoz del PSOE, avisa de lo peligroso de creer que en el pueblo se permite la disensión. (...)

Es sindicalista y asegura que vota a favor de la mayoría de reivindicaciones que Gordillo lleva al pleno municipal porque está de acuerdo en pedir mejoras para el pueblo. Aun así, no hay sesión en la que el público no termine gritándole fascista.

 “Porque ese es el problema: aquí no hay negociación ni hay espacio para la mínima crítica. O estás de acuerdo en lo que dice él y como lo dice él, o eres un fascista y no tienes derecho a la palabra ni a ver los papeles del Ayuntamiento”, cuenta en un bar del pueblo. (...)

Durante unos años probaron a que las decisiones municipales se tomaran en asamblea abierta, pero la Administración tumbaba por ilegales cada una de las actas que le llegaban. Por eso, desde hace años, antes de cada pleno los ciudadanos votan a mano alzada qué esperan que los diputados de IU amonesten (son nueve sobre un total de once), y estos luego cumplen el mandato.

 Es solo cuando todo está consensuado que entran a la sala los miembros de la oposición. “La gente ya está caliente contra nosotros”, se lamenta Pradas, “y hay veces que no podemos ni hablar”. El PSOE no tiene sede municipal, pero al PP le falta hasta el candidato. Solo algún político sevillano se presenta simbólicamente sin haber pisado nunca el pueblo. (...)"               ( Marinaleda , El País, 22 NOV 2013 )

4/9/12

Marinaleda, la utopía comunista de Sánchez Gordillo


“Una utopía hacia la paz”. Este es el lema que esgrime el escudo de Marinaleda. Un pueblo sevillano de 2.700 habitantes, cuyo alcalde, Juan Manuel Sánchez Gordillo, ha aparecido en todos los medios después de participar en una “expropiación” a un supermercado para suministrar alimentos a un comedor social.

El caso de este pueblo, un “oasis comunista”, como lo definió en el año 2009 el New York Times, es actualmente lo más parecido a los falansterios ideados por Charles Fourier en el siglo XIX.

No hay paro en Marinaleda. La mayoría de habitantes trabajan en una cooperativa agrícola (propiedad de los trabajadores) 35 horas a la semana por un sueldo aproximado de 1200 euros. Todos los trabajadores públicos cobran lo mismo en el pueblo. Desde el administrativo del Ayuntamiento hasta el que trabaja en el campo. Las decisiones (empleo, vivienda, impuestos…) se toman en asamblea.

 “La gente no debe votar cada cuatro años, sino cada vez que algo le afecta”, dice Gordillo en un vídeo para la televisión belga. En Marinaleda tampoco hay policías ni multas.

El camino de este municipio hacia “la utopía” se inició en el año 1979 con la elección de Sánchez Gordillo como alcalde por el CUT (Colectivo de Unidad de Trabajadores), partido integrado en Izquierda Unida. Por aquel entonces, Marinaleda era un pueblo de jornaleros muy pobres, sin apenas ingresos ni perspectivas de futuro. 

En los años 60 prácticamente la mitad del pueblo emigró a Barcelona y otras ciudades europeas para sobrevivir. “Hemos pasado mucha hambre”, reconoce Rosario Sánchez, una vecina del pueblo, en el documental Marinaleda, el sueño de la tierra.

El pueblo emprendió entonces una serie de protestas para reclamar la propiedad de las tierras que rodeaban el municipio, explotadas por grandes terratenientes que abusaban de la población local. Huelgas de hambre, ocupaciones de fincas, aeropuertos (Sevilla y Málaga), estaciones de AVE e incluso el Banco de España. 

A mediados de los 80 ocuparon el cortijo de El Humoso, un terreno agrícola de 1.200 hectáreas propiedad del Duque del Infantado donde establecieron la cooperativa. La propiedad del terreno fue reconocida a los habitantes de Marinaleda en 1991.

En las tierras de El Humoso trabajan unas 400 personas, otros cientos trabajan en la cooperativa que se formó a raíz de la primera, una planta de transformación de los productos agrarios. 

El resto de habitantes que no trabajan para el sector público también vive indirectamente de las cooperativas: son estas las que proporcionan los sueldos que luego se gastan en los bares, tiendas y demás comercios del municipio.

La gestión de la vivienda en la localidad también ha despertado el interés de los medios internacionales. En una época en la que la especulación urbanística ha llevado a España a una situación límite, con un gran número de ciudadanos ahogados por hipotecas inalcanzables, los habitantes del pueblo pagan sólo 15 euros al mes por su domicilio.

El Ayuntamiento proporciona los terrenos, los albañiles y el arquitecto. La Junta de Andalucía los materiales y el ciudadano su trabajo. Así, en Marinaleda una vivienda cuesta 400 días de trabajo, la renta de 15 euros al mes sirve para cubrir los materiales aportados inicialmente por la Junta. Una vez construida la casa, se puede transmitir de generación en generación, pero nunca venderla. En el pueblo no se permite la especulación.

CRÍTICAS AL MODELO

El modelo implantado en este pueblo andaluz no ha quedado exento de crítica, incluso por parte de alguno de sus habitantes. Hay gente que considera que el pueblo se ha estancado, pero sobre todo critican el populismo y caciquismo de Sánchez Gordillo, que lleva 30 años como alcade. 

El jefe del consistorio, además, tiene un programa en el canal local, donde cada sábado y durante una hora adoctrina a la población al más puro estilo Chávez.

“Ahora el mayor terrateniente de Marinaleda es el alcalde” dijo Hipólito Aries, concejal en el pueblo por el PSOE al New York Times. Sánchez Gordillo, sin embargo, dice no ser propietario de nada más que su casa y se defiende en el hecho de que la gente le vota. “Si obtengo la mayoría absoluta en todas las elecciones, será por algo”.

También se critica que el pueblo depende en exceso de la subvenciones estatales -recibe 325.000 euros anuales del PER- y autonómicas. A su vez, se cuestiona la focalización de toda la economía en el campo, un sector que muchos consideran anacrónico y sin futuro el día que se acaben las subvenciones."             (Attac Madrid, 18/08/2012, Pol Pareja