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30/12/25

Hoy en día, la Navidad parece ser pura purpurina, el estrés de las compras y las obligaciones familiares. Pero tras esta escena tan familiar se esconde una historia que, sorprendentemente, dice mucho sobre la esperanza y la resiliencia... La historia original de Navidad transcurre en un rincón remoto de un poderoso imperio. Un pueblo con una larga historia es aplastado por un ocupante tecnológicamente superior. Los soldados extranjeros controlan las calles, mientras que los poderosos locales se someten a la voluntad del ocupante... En este contexto, una joven soltera queda embarazada. Esto no es motivo de vergüenza ni miedo, sino de esperanza... canta un antiguo himno, el 'Magnificat' , imbuido de una expectativa radical: los poderosos caerán de sus tronos, los pobres comerán hasta saciarse y los ricos se irán con las manos vacías... El Magnificat resuena como el anuncio de un trastorno social... Las fuerzas de ocupación obligan a la joven y a su prometido a inscribirse en un censo. Esta medida es necesaria para recaudar impuestos a la población de la forma más eficiente posible... Se refugian en un establo, donde su hijo nace entre los animales. Es una imagen familiar, pero tras el lado "tierno" de la tarjeta de felicitación se esconde la dura realidad de la pobreza, la migración y la falta de vivienda. Entonces llegó el terror... El líder local, aterrorizado ante la más mínima resistencia, ordenó el asesinato de todos los jóvenes del país menores de cierta edad. La joven familia huyó precipitadamente a un país vecino, una historia dolorosamente similar a la difícil situación actual de los refugiados... El niño crece y se convierte en carpintero, pero resulta ser el organizador de un movimiento por el cambio social y económico. El grupo que ha reunido a su alrededor es una mezcla diversa: pescadores, extrabajadores sexuales, desempleados, funcionarios de bajo nivel, mujeres y hombres de diversos orígenes... Su programa es claro: enderezar los caminos torcidos, nivelar la tierra. Dar buenas nuevas a los pobres, liberar a los presos, devolver la vista a los ciegos. Libertad para los oprimidos. Una agenda radical que desafía directamente el orden establecido... Cualquiera que despoje el envoltorio empalagoso de la historia de Navidad no encontrará un cuento de hadas, sino la historia de personas en situaciones precarias, una realidad con la que millones de personas hoy se identifican... los primeros discípulos de Jesús vivieron una especie de protocomunismo... unían sus recursos y los distribuían entre viudas, huérfanos y cualquier persona necesitada. No se trataba de una simple caridad ocasional, sino de una auténtica forma organizada de bienestar social... Ya nadie consideraba sus posesiones como propiedad estrictamente privada. Vivían según el principio: de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades (Marc Vandepitte)

 "Un niño nacido en la opresión

La historia original de Navidad transcurre en un rincón remoto de un poderoso imperio. Un pueblo con una larga historia es aplastado por un ocupante tecnológicamente superior.

Los soldados extranjeros controlan las calles, mientras que los poderosos locales se someten a la voluntad del ocupante. Las revueltas de campesinos y esclavos son reprimidas de forma constante y brutal.

En este contexto, una joven soltera queda embarazada. Esto no es motivo de vergüenza ni miedo, sino de esperanza. Incluso canta un antiguo himno, el Magnificat , imbuido de una expectativa radical: los poderosos caerán de sus tronos, los pobres comerán hasta saciarse y los ricos se irán con las manos vacías.

El Magnificat resuena como el anuncio de un trastorno social.

No hay habitación en el albergue

Las fuerzas de ocupación obligan a la joven y a su prometido a inscribirse en un censo. Esta medida es necesaria para recaudar impuestos a la población de la forma más eficiente posible.

La pareja emprende un viaje desgarrador al acercarse el nacimiento. No les ofrecen alojamiento en los albergues. Se refugian en un establo, donde su hijo nace entre los animales. Es una imagen familiar, pero tras el lado "tierno" de la tarjeta de felicitación se esconde la dura realidad de la pobreza, la migración y la falta de vivienda.

Entonces llegó el terror. El líder local, aterrorizado ante la más mínima resistencia, ordenó el asesinato de todos los jóvenes del país menores de cierta edad. La joven familia huyó precipitadamente a un país vecino, una historia dolorosamente similar a la difícil situación actual de los refugiados.

Coalición Popular

Solo regresan tras la muerte del déspota. El niño crece y se convierte en carpintero, pero resulta ser el organizador de un movimiento por el cambio social y económico.

El grupo que ha reunido a su alrededor es una mezcla diversa: pescadores, extrabajadores sexuales, desempleados, funcionarios de bajo nivel, mujeres y hombres de diversos orígenes. Es una coalición de base de personas que, con demasiada frecuencia, permanecen invisibles.

Su programa es claro: enderezar los caminos torcidos, nivelar la tierra. Dar buenas nuevas a los pobres, liberar a los presos, devolver la vista a los ciegos. Libertad para los oprimidos. Una agenda radical que desafía directamente el orden establecido.

Navidad sin glaseado

Cualquiera que despoje el envoltorio empalagoso de la historia de Navidad no encontrará un cuento de hadas, sino la historia de personas en situaciones precarias, una realidad con la que millones de personas hoy se identifican. Personas que conocen su propia historia de lucha y se aferran a la posibilidad de cambio.

Marie, la joven madre, no duda de este futuro. Su canción es revolucionaria. Dice lo que tantas personas oprimidas repiten: este sistema no es inevitable. (Encontrarás la canción completa al final del artículo).

Incluso en los villancicos populares, esta resistencia resuena. O Holy Night (Cuento de Navidad), escrita por el socialista francés Placide Cappeau y traducida por el abolicionista estadounidense John Sullivan Dwight, transmite un mensaje político explícito:

«Él romperá las cadenas, porque el esclavo es nuestro hermano; y en su nombre cesará toda opresión». No es precisamente insignificante.

Los conservadores estadounidenses lo comprendieron bien. Durante años, cantar estuvo prohibido en las iglesias y emisoras de radio del Sur. Incluso la música podía convertirse en una amenaza allí en cuanto hablaba de solidaridad y liberación.

El comunismo antes de su tiempo

El 25 de diciembre del año 336 se celebró oficialmente por primera vez el nacimiento de un refugiado judío y predicador radical de la actual Palestina. Irónicamente, la fecha se eligió siglos después, probablemente para apropiarse de las celebraciones paganas del solsticio.

Menos conocido es el hecho de que los primeros discípulos de Jesús vivieron una especie de protocomunismo . El historiador Roman Montero describe cómo unían sus recursos y los distribuían entre viudas, huérfanos y cualquier persona necesitada. No se trataba de una simple caridad ocasional, sino de una auténtica forma organizada de bienestar social.

Y fue aún más allá. Ya nadie consideraba sus posesiones como propiedad estrictamente privada. Vivían según el principio: de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades . Una ruptura radical con la lógica del mercado y el clientelismo, hacia una comunidad donde las personas se apoyan mutuamente de verdad.

Un mensaje de Navidad para hoy

La Navidad no tiene por qué girar en torno al frenesí de compras y la obligada socialización. Puede ser un momento para recordar que la esperanza fue una vez revolucionaria y que aún puede serlo. La historia de esta joven familia es una historia de sueños, huida, perseverancia, regreso y organización.

Esta es una invitación a comenzar el nuevo año con la misma determinación: la falta de vivienda, la pobreza, el racismo y la injusticia no son leyes de la naturaleza. Pueden desaparecer si luchamos contra ellas.

Quienquiera que seas, te deseo una Navidad cálida y llena de valentía. Y que el nuevo año sea uno en el que sigamos construyendo un mundo donde todos importen y nadie se vaya a casa con las manos vacías.

magníficat

 Mi corazón se regocija en Dios,

no puedo callarme ante este cambio radical.

Él ha puesto su mirada en alguien como yo,

invisible en un mundo de estatus y rendimiento.

A partir de ahora, la gente dirá

que son precisamente las personas humildes las que importan,

porque el Poderoso no elige los palacios,

sino a los que están en lo más bajo de la escala.

Su nombre es sinónimo de liberación,

de un amor que se niega a resignarse

a la pobreza, la violencia y la desigualdad.

No abandona a quienes confían en él, escribe sin cesar la historia con personas que habían sido descartadas.

Humilla la arrogancia

de quienes piensan que el dinero y el poder los hacen intocables.

 Rompe las burbujas

de su propaganda y su «no hay alternativa».

Derriba a los poderosos de sus tronos,

sus sistemas de explotación se tambalean.

Endereza a los que se mantienen pequeños,

las personas destrozadas recuperan su dignidad.

Al que tiene hambre, lo colma de verdadera abundancia:

derecho al pan, al trabajo, a la atención médica y al futuro.

Al que se ha atiborrado de riquezas

y cierra los ojos ante el sufrimiento de los demás,

lo despide con las manos vacías.

No olvida a su pueblo, todas las personas que luchan por la justicia y la paz.

 Se mantiene fiel a su sueño de un mundo sin opresión, sin racismo, sin excluidos.

Lo prometió hace mucho tiempo

 a las generaciones que nos precedieron,

 y esa promesa sigue vigente hoy en día:

 de humano a humano,

 de lucha en lucha,

 hasta que la justicia y la misericordia sean la norma

 y nadie más sobreviva en la sombra."

 (Traducción libre de Lucas 1:46-56)" 

(  , Investig'Action, 24/12/25) 

12/1/10

A mis 94 años, creo que la religión es... alegría

"A mis 94 años he llegado a la conclusión de que todo tiene importancia y nada tiene importancia, porque la buena vida sólo consiste en saber aprovecharse tanto de las cosas buenas como de las malas. (...)

Sostengo que todo lo que has de creer, orar y practicar está contenido en el Padre Nuestro. Y me inspiro en los discípulos próximos a Jesús y en ese pequeño libro del siglo I, la Didajé, que se traduce por Enseñanza o Doctrina y que nos muestra que toda conducta positiva ha de basarse en la regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras para ti". Igualmente, el Pastor de Hermás nos dijo en el siglo II que "todo el que está alegre obra bien y piensa bien".

La religión en la que creo no es cosa de tristes gruñones, sino apertura y ayuda mutua, que siempre repercutirá en un mundo mejor, sea cual sea nuestro pensamiento: por eso, con el tiempo, mi fe se ha vuelto más sencilla y más dependiente de lo interior y de una conducta abierta a los demás. Porque Dios, lejos de ser un amo exigente, es "poesía en la cual se cree". (Enrique Miret Magdalena: Porque Dios es poesía en la cual se cree. El País, ed. Galicia, opinión, 24/12/2009, p. 27)

3/6/09

Dios habita en el cerebro

"La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.

La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de "conceptos sobrenaturales" -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.

Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.

Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.

"El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas", dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. (...)

ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que "la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio". Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.

"Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados...", dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de "agentes no físicos", de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros "agentes no físicos" como espíritus, dioses y demonios, "intangibles pero implicados socialmente".

Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.

La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.

Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC). Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-. (...)

Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.

"Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural", dice Boyer, "los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión".

Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de "comportamientos rituales" constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría.

Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.

"Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación", dice Boyer. "Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas". (...)

"Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte", afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. "Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón". (El País, ed. Galicia, 23/02/2009, p. 28/9)