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15/11/23

Andy Robinson: en Liverpool hasta hace diez años, ser tachado de antisemita habría resultado muy extraño... de repente, las acusaciones contra supuestos casos de odio antijudío empezaron a caer como bombas... sobre todo en el lugar más insospechado, el partido laborista, donde se desató una caza de brujas contra Jeremy Corbyn, un histórico luchador contra el racismo y defensor acérrimo de la causa palestina... Efecto de a estrategia de las embajadas israelíes para la manipulación de la opinión pública: "Usan las acusaciones de antisemitismo como una "cuña" (wedge) para dividir a los grupos más combativos en su apoyo a Palestina del resto"... son los políticos más comprometidos históricamente con la lucha contra el racismo y por los derechos humanos los que se eligen como blancos, tachándolos de antisemitas... otra 'cuña' es la de denunciar inverosímilmente, la supuesta colaboración de medios como la CNN, el New York Times y Reuters en los ataques de Hamas del pasado siete de octubre... la estrategia de división mediante la "cuña" sirve para dividir al enemigo... si cae el más fuerte, caen todos

 "Como en muchos lugares del mundo, en Liverpool hasta hace diez o quince años, ser tachado de antisemita habría resultado muy extraño. En gran parte porque nadie sabía, ni estaba especialmente interesado, en quienes eran judíos y quienes no.

A diferencia de Estados Unidos, donde Israel y sus influyentes lobbies de financiación electoral -liderados por el Comité americano israelí de asuntos públicos (AIPAC) y la Liga antidifamación (ADL)- utilizaban desde años atrás las acusaciones de antisemitismo como una herramienta política, no era un asunto de demasiado interés en el Reino Unido, donde el racismo había ido por otros derroteros. La islamofobia, sobre todo.

Pero, de repente, a mediados de la década pasada, las acusaciones contra supuestos casos de odio antijudío empezaron a caer como bombas, sobre todo en el lugar más insospechado, el partido laborista, donde se desató una caza de brujas digna de una obra de teatro de Arthur Miller.

Todo empezó con la llegada del diputado veterano de izquierdas Jeremy Corbyn, un histórico luchador contra el racismo y defensor acérrimo de la causa palestina, al liderazgo del partido de izquierda.

Con el acceso de Corbyn a la dirección laborista, empezó la avalancha de acusaciones

Muchos seguidores de Corbyn -los más veteranos de ellos, activistas de organizaciones antifascistas como la Liga Anti-nazi- se sometieron inverosímilmente a una avalancha de acusaciones de que sus denuncias contra las agresiones israelíes en Gaza y Cisjordania eran, en realidad, expresiones de un odio hacia los judíos.

"Yo me convertí en un blanco porque había militado en el movimiento contra la guerra en Afganistán y en Irak, y la campaña de solidaridad con Palestina", dijo Audrey Wright, concejal del partido laborista en Liverpool, que fue atacada despiadadamente desdela derecha del partido y en los medios de comunicación. "Me acusaron de ser un "jew-hater" (quien odia los judíos) …; es muy duro ser acusado de antisemita; como si te acusaran de ser pederasta, o algo así".

Wright se defendió en los tribunales y ganó un juicio contra la revista Jewish Chronicle. Pero, como ocurre con todas las cazas de brujas, las acusaciones sin fundamento son las que más mella hacen. Fue arrinconada y finalmente expulsada del partido. A muchas activistas antirracistas en Liverpool y en todo el país les pasó lo mismo.

"Era un caso de lo que el asesor político estadounidense Karl Rove siempre decía: atacar al enemigo por su punto más fuerte; éramos anti racistas y nos atacaron por antisemitismo", reflexiona Wright. La antes intachable imagen de Corbyn en áreas de tolerancia -clave para su auge de popularidad- no se recuperó y, tras abandonar el liderazgo del partido y perder las elecciones de 2019, fue expulsado y acusado -en una kafkiana parodia de la realidad- de ser antisemita.

"En Liverpool elegimos a una diputada (Louise Ellman) sin dar la más mínima importancia a su origen judío; años después, ya presidente de la organización Amigos laboristas de Israel, nos atacó a todos por ser antisemitas", recuerda Jeremy Hawthorn, otro miembro del partido en Liverpool y defensor de los derechos humanos de los palestinos, que fue suspendido del partido.

Parte de la caza de brujas respondía al deseo del establishment británico de deshacerse del corbynismo bajo cualquier pretexto. Pero había otro factor, según explica Hawthorn: . "Después de la invasión de Gaza en 2014 (con mil muertos civiles), la imagen exterior de Israel sufrió un fuerte revés y decidieron reactivar a los lobbies para reconstruirla". Se refiere a la densa red de organizaciones directa o indirectamente financiadas por el estado israelí con el fin de influir en la opinión pública en el Reino Unido y en otros países.

La caza de brujas era algo más que el deseo del 'stablishment' de echar a Corbyn

En el caso británico se trata de grupos como los Amigos (conservadores o laboristas) de Israel, La Voz Judía por el laborismo, el movimiento laborista judío, el proyecto Israel, o la campaña contra el antisemitismo. "No es una sola organización sino una red que tiene un vínculo más o menos estrecho según el caso con el estado de Israel", dice Asa Winstanley, autor de un nuevo libro titulado "Weaponizing antisemitismo" (OR books, 2023), que denuncia con pelos y señales como las acusaciones de antisemitismo impulsaron un golpe contra Corbyn en el partido laborista.

Otro componente del lobby es el centro de comunicación Israel-Gran Bretaña (Bicom),  que ejerce fuertes presiones sobre periodistas y académicos. El polémico embajador israelí en Londres Mark Regev prestaba su apoyo a la campaña contra el supuesto antisemitismo en el partido laborista.

Forma parte de "una máquina de propaganda de Israel" que enmarca la narrativa en los medios, dijo en una entrevista, Dina Matar, experta en medios del centro de estudios sobre Palestina de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres(SOAS).

La campaña contra el antisemitismo corbynista "recordaba bastante al periodo de macartismo en EE. UU. Los debates fueron  controlados, la gente estaba preocupada por lo que decía porque no quería ser encasillada como antisemita y muchos temían ser perseguidos", dice Matar. La clave para el Bicom era -y sigue siendo- actuar para hacer un "framing" de las noticias favorable a Israel y "crear el marco de la cobertura mediática" antes de que lo hagan los propios medios.

La consigna en momentos de agresión a Palestina es denunciar agresivamente una cobertura mediática supuestamente sesgada contra Israel

La consigna para las embajadas en momentos de agresión israelí en Palestina es denunciar agresivamente una cobertura mediática supuestamente sesgada contra Israel para crear un marco más favorable para valorar sus actuaciones. "El número de quejas que recibíamos de la embajada de Israel siempre era superior a todos los demás", dijo hace dos semanas en una entrevista en televisión británica el ex director de la BBC Greg Dyke. Israel ha lanzado duras críticas en las últimas semanas al medio público británico por sesgo antiisraelí.

La estrategia de manipulación de la opinión pública se puso en marcha mucho antes y no solo en Inglaterra, según explicó Winstanley, en una entrevista mantenida desde su despacho en Wimbledon (Londres).

En el 2010, el Instituto Reut, un grupo de análisis financiado por el gobierno israelí, aconsejó a los servicios de inteligencia israelíes, como Mossad y Shin Bet y a los grupos lobistas en Europa y EE.UU., a emplearse a fondo para combatir las campañas que supuestamente "deslegitimaban" a Israel. Identificó una serie de "hubs de deslegitimación", destacando Londres, Madrid, Toronto y San Francisco como lugares donde hacía falta emplear lobbies y estrategias de comunicación para denunciar actitudes supuestamente antisemitas. "Barcelona se colocó en la punta de mira israelí también porque había participado en la campaña antiapartheid en Israel", dijo Winstanley.

"Usan las acusaciones de antisemitismo como un "wedge" (cuña) para dividir a los grupos más combativos en su apoyo a Palestina del resto; es lo que ocurrió en el caso del partido laborista", explica. En esta estrategia de dividir al enemigo, "las embajadas desempeñan un papel muy directo".

Esto ayuda a entender la carta enviada al gobierno español el mes pasado de la embajada israelí en Madrid, que acusa a algunos ministros de "alinearse con el terrorismo" y "poner en peligro a las ciudades judías en España, exponiéndolas al riesgo de (...) un ataque antisemita". La carta terminó con un llamamiento a Pedro Sánchez a "denunciar" a sus propias ministras, un ejemplo obvio de la estrategia de división mediante la "cuña".

Al igual que en Inglaterra, la intervención de la embajada fue utilizada después por políticos de la oposición conservadora y medios próximos a Israel para lanzar acusaciones aún más directas que en la carta de racismo antisemita. "No debería haber cabida para el antisemitismo en el Gobierno español", anunció el diputado del partido Popular Gonzalo Pons.

Al igual que en la caza de brujas en el partido laborista, son precisamente los políticos más comprometidos históricamente con la lucha contra el racismo y por los derechos humanos los que se eligen como blancos,  tachados de antisemitas por miembros de un partido en España cuyos fundadores participaron en una dictadura abiertamente anti judaísta.

Hay más similitudes. Mientras que el Icom sirve los intereses de la estrategia de comunicación israelí en el Reino Unido y en España, Israel ejerce presiones mediante el lobby Acción y comunicación sobre Oriente medio (Acom), que se define como una organización independiente que "refuerza la relación entre España e Israel".

Acom adopta la estrategia "cuña" también al denunciar -citando el medio de ultraderecha OKdiario- el supuesto "blanqueo del terrorismo" en el gobierno español. Así mismo, adopta una estrategia de "framing" - según el término de Dina Matar- de desplazar el marco de la cobertura mediática hacia un espacio más favorable a Israel al denunciar inverosímilmente la supuesta colaboración de medios como la CNN, el New York Times y Reuters en los ataques de Hamas del pasado siete de octubre.

Ni en las campañas más agresivas de los lobbies israelíes en el Reino Unido o EE.UU. se había llegado a acusar al New York Times de colaborar con  Hamas. Pero todo indica que la estrategia israelí en España es pisar muy fuerte el acelerador de la "máquina de propaganda".

La experiencia británica debe servir de advertencia en otros países, resume Winstanley. "El arma de antisemitismo no ha sido tan eficaz fuera de Inglaterra hasta la fecha, pero creo que fue el principal factor de la derrota del corbynismo en parte porque Corbyn y sus aliados no estaban preparados".

(Andy Robinson , Liverpool, Londres, La Vanguardia, 13/11/2023)

15/2/23

Un globo... dos globos... tres globos... el asunto del globo chino y de los objetos volantes que le siguieron parece el prolegómeno de una de esas cintas de catástrofe, tan populares en EEUU, en las que una súbita y desconocida amenaza irrumpe de pronto en la vida apacible de los estadunidenses, la trastoca de golpe y coloca a su país –y, de paso, al resto del mundo– ante una perspectiva de inminente destrucción... entretenidos estamos

 "Tras las sobredimensionadas reacciones de las más altas autoridades de Estados Unidos ante el sobrevuelo de un globo aerostático chino, que a decir de Pekín era de observación meteorológica y que según Washington realizaba labores de espionaje, el gobierno que encabeza Joe Biden ha venido informando de episodios similares, alimentando la histeria colectiva.

(...)  El exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden tuiteó que la aparición de los globos busca distraer la atención de la investigación de los actos de sabotaje en los gasoductos Nord Stream, que hace poco el periodista Seymour Hersh vinculó al gobierno estadounidense.

Por otra parte, la aparición de los artefactos y su destrucción por la fuerza aérea de Washington dio margen para una epidemia de avistamientos de objetos volantes no identificados que se extendió por Sudamérica, España y la propia China.

La incertidumbre es tal, que la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, consideró necesario aclarar al comienzo de su rueda de prensa diaria que no tienen indicios de la existencia de extraterrestres o actividades extraterrestres. ¿Serán extraterrestres disfrazados de chinos?

Hace varios días que las noticias desde Estados Unidos pasan por el avistaje o derribo de globos chinos u objetos voladores no identificados y ocultan, por ejemplo, un desastre ecológico en el estado de Ohio done un tren descarriló en East Palestine, un pueblo de cinco mil habitantes, y desparramó miles de litros de cloruro de vinilo, un químico altamente tóxico que se utiliza en la fabricación de PVC.

 La población debió ser evacuada mientras se ponía en práctica una «explosión controlada» para evitar la propagación de mayores daños. Sin embargo, la liberación también generó peligrosos subproductos como cloruro de hidrógeno y fosgeno, un gas que fue utilizado como arma química durante la Primera Guerra Mundial.

Ahora se corre el riesgo de desarrollar cáncer de hígado y otros órganos para quienes estén expuestos a la «niebla ácida». Para colmo cientos de fotos de animales muertos por intoxicación aparecieron en las redes sociales.

En tanto que los adeptos a la ufología han aprovechado la circunstancia para regalarse un banquete de sensacionalismo, la esfera institucional y los medios de Estados Unidos han exhibido su proclividad a convertir casi cualquier cosa en amenaza a la seguridad nacional y han mostrado hasta qué punto la propaganda oficial y las historias de Hollywood son capaces de retroalimentarse con visiones tan apocalípticas como falsas.

En efecto, el asunto del globo chino y de los objetos volantes que le siguieron parece el prolegómeno de una de esas cintas de catástrofe, tan populares en EEUU, en las que una súbita y desconocida amenaza irrumpe de pronto en la vida apacible de los estadunidenses, la trastoca de golpe y coloca a su país –y, de paso, al resto del mundo– ante una perspectiva de inminente destrucción.

Por lo que puede concluirse de las declaraciones de altos funcionarios de la administración Biden, el objeto derribado el 4 de febrero, fuera científico o de espionaje, no representó en ningún momento una amenaza significativa para la seguridad de Estados Unidos. Pero el mero hecho de destruirlo desde una aeronave militar fue un acto de desmesura acompañado por discursos paranoicos desmesurados.

Lamentablemente, por la accion terrorista de los medios de comunicación, hipérboles de esta clase son tomadas al pie de la letra, y luego magnificadas, por sectores de la sociedad estadounidense que de por sí viven en estados de permanente agitación y temor por amenazas extranjeras ficticias y hasta por lo que perciben como tiranía de su propio gobierno, como en el caso de los grupos survivalists, que viven preparándose para alguno de los muchos posibles fines del mundo."                 (Aram Aharonian |  , Rebelión, 15/02/2023)

31/1/23

El "síndrome de Estocolmo" de Europa con respecto a Estados Unidos

 "Un 23 de agosto de 1973 fue asaltado un banco de Estocolmo por un atracador que, al verse descubierto por la policía, se encerró en el banco, con un pequeño grupo de rehenes, entre los que estaba una joven de veintidós años llamada Kristin Ehnmark. Pasaban los días y Kristin se fue identificando con el secuestrador y poniéndose de su parte. Kristin criticó a la policía, le pidió a otro rehén que se dejara disparar en una pierna para que la policía creyera que el secuestrador iba en serio -el tiro, finalmente, no se produjo- y llegó a discutir con el primer ministro sueco, por teléfono, defendiendo que el secuestrador "era bueno" y que tenían miedo de que un ataque policial "causara su muerte".

 Un año después, un periodista de la revista New Yorker entrevistó a parte de los secuestrados y encontró que todos ellos seguían manteniendo una actitud indulgente hacia el secuestrador, tanto, que sus respuestas contenían gratitud hacia él, como si "le debieran la vida". El jefe negociador con los asaltantes, Nils Bejerot, llamó 'síndrome de Norrmalmstorg' [Plaza de Normalm] al proceso psicológico que llevó a los rehenes a identificarse con su captor, a pesar del peligro que corrían. Después, el proceso psicológico de identificación de la víctima con el victimario pasó a llamarse "síndrome de Estocolmo".

En junio de 1944 se produjo el desembarco angloestadounidense en las playas de Normandía. Ningún otro episodio de la II Guerra Mundial ha sido tan insistentemente conmemorado, alabado, homenajeado y jaleado de mil formas, desde el cine a los discursos. A tal punto ha sido glorificado, que ese desembarco ha quedado, en el imaginario colectivo europeo occidental, como 'el' episodio que decidió la II Guerra Mundial, de lo que resultaba que EEUU había ganado la guerra y salvado a Europa, de los nazis (y de los soviéticos). Poco ha importado, en ese imaginario, alimentado interesadamente desde el otro lado del Atlántico, que el llamado Día D tuviera, realmente, un impacto menor en el desarrollo de la guerra. Para ese junio de 1944, el Ejército Rojo había destruido el espinazo del ejército nazi, de Stalingrado a Kursk.

Porque, entre julio y agosto de 1943, en Kursk, se enfrentaron tres millones de soldados, 6.000 tanques y 5.500 aviones, en una de las mayores batallas de la historia mundial, con victoria contundente del Ejército Rojo. En Normandía, unas 7.000 embarcaciones transportaron a 156.000 soldados. Pero será en Kursk, a 640 kilómetros al sur de Moscú, donde la Wermacht fracasó en su intento de infligir una derrota definitiva al Ejército Rojo.

La victoria soviética permitió lanzar una ofensiva abrumadora sobre Alemania. En junio de 1944, la Operación Bagratión terminó con la mayor derrota militar de la historia alemana. Cerca de medio millón de soldados germanos perecieron y el Cuerpo Central de la Wermacht fue destruido. Berlín estaba a un paso. El 12 de enero, el Ejército Rojo penetró en Alemania, mientras las fuerzas anglo-estadounidenses habían sido detenidas en las Ardenas, en Bélgica. A finales de enero, millón y medio de soldados soviéticos empezaban a desplegarse en torno a Berlín. El 2 de mayo de 1945, el general Weidling rindió Berlín ante el mariscal soviético Zukov.

Esa es la historia real. La contada es otra. Llegó el Séptimo de Caballería, desembarcó en Normandía y los invencibles herederos del general Custer derrotaron a la Alemania nazi y liberaron Europa. Luego trajeron zurrones cargados de dinero -el Plan Marshall- y cantidades infinitas de bienes -las futuras multinacionales- y la libertad y el bienestar brillaron en la Europa Occidental gracias a la generosidad infinita del tío Sam. En 1947, el tío Sam garantizó la seguridad de la temerosa Europa creando la OTAN y pasaron, europeos occidentales y 'americanos', a ser felices comiendo perdices sobre cañones. El cuento de hadas, como todos los cuentos, tiene otra lectura, que devuelve el sueño a la realidad, y, ya saben, mala cosa es confundir sueños con realidades. Aquí la otra lectura.

Ningún país del mundo se ha beneficiado tanto de las debacles europeas como EEUU. Durante las guerras napoleónicas, la movilización masiva de campesinos dejó desiertos los campos y las potencias en guerra estaban urgidas de alimentos. En EEUU se dieron prisa en llenar el hueco y pasaron años vendiendo todo lo vendible a la Europa en guerra. Los beneficios fueron tan altos que sembraron las bases del prodigioso crecimiento económico durante el siglo XIX. Hubo otro beneficio indirecto: la pobreza y las hambrunas que dejo la guerra obligaron a millones de europeos a emigrar a EEUU, país básicamente despoblado, que recibió a unos diez millones de parias en poco menos de veinte años. Con los emigrantes europeos llegaron nuevas tecnologías, nuevas ideas y mano de obra abundante, barata y dispuesta a hacer cualquier cosa. Un chollo.

No obstante, mayor fue el regalo que significó para EEUU la Primera Guerra Mundial (IGM). Con las grandes potencias autodestruyéndose, EEUU se aplicó a comerciar con los dos bloques en lucha, obteniendo beneficios astrales. No entró en guerra hasta meses antes de final del conflicto, por la presión desesperada del Imperio Británico, al que la guerra estaba desangrando humana, comercial y económicamente. Hasta ese momento, el comercio con el bloque británico había pasado de 824 millones de dólares en 1914 a 3.215 millones de dólares en 1916. Sus ventas a las potencias centrales -Alemania, sobre todo- pasaron de 169 millones a 3.214 millones en el mismo periodo.

Las tropas de EEUU entraron en Francia en junio de 1918 y Alemania, agotada y sin reservas, se rindió en noviembre de ese año. EEUU combatió únicamente cuatro meses y perdió en total menos soldados que Francia o Alemania en una única batalla. De 115.000 muertos estadounidenses sólo 50.000 lo fueron en combate. El resto murió por enfermedades. Europa quedó en ruinas y endeudada con EEUU. El negocio, para este país, fue tan pingüe que su PIB pasó de 33.000 millones de dólares en 1914 a 72.000 millones en 1920. Un incremento del 120% en apenas seis años. Desde su hegemonía económica, EEUU manejó a su antojo la Conferencia de Versalles, que condenó a Alemania a la ruina más total. En esa conferencia, guiada por el odio a lo germano, se gestó la Segunda Guerra Mundial (IIGM). Por lo demás, los soldados estadounidenses llevaron a Europa la mal llamada gripe española, que contribuyó a agravar todavía más el colapso europeo.

La Segunda Guerra Mundial obligó a EEUU a realizar un esfuerzo mayor y más temprano, pero, aun así, le dejó más beneficios que la primera. Fue cosa que la guerra estallara para que su producción industrial aumentara un 20%. En abril de 1940, EEUU había superado el nivel existente en 1929, cuando la Gran Depresión. Al concluir el conflicto, los muertos de EEUU sumaron un total de 404.399 soldados (cifras oficiales), menos de la mitad que las bajas soviéticas en Stalingrado. Era, además, era el único país beligerante cuyo territorio no había sufrido ningún daño. Merced a la destrucción europea, la marina mercante estadounidense representaba el 66% del tonelaje mundial y su superávit comercial era, en 1945, de 40.700 millones de dólares. Para que se haga una idea, un dólar de 1940 equivaldría a 20 dólares de 2022. Es decir, el superávit era de unos 800.000 millones de dólares actuales.

Europa, en cambio, estaba destruida. La producción industrial había descendido un 40% y la agrícola hasta un 50%, además de estar los países ahogados en deudas. El Plan Marshall acrecentó la riqueza de EEUU y, ciertamente, permitió a los beneficiarios levantarse, pero ese plan -empréstitos, en la realidad- fue pagado religiosamente por los europeos. Era negocio, no caridad (de ahí que el PIB per cápita medio en Europa fuera de 5.013 dólares, por 27.331 el de EEUU). Con el Plan Marshall llegaron las empresas estadounidenses, en lo que fue el acta de nacimiento de las transnacionales. Y con el plan Marshall llegó la OTAN, organización que tradujo a términos militares la hegemonía política y económica de EEUU.

La IIGM dejó a EEUU como amo y señor de Europa Occidental, como la Gran Guerra lo había reconvertido en la mayor potencia industrial del mundo. Como afirmaría el economista canadiense John Kenneth Galbraith, "Ningún país de los tiempos modernos surgió de una guerra en unas circunstancias económicas tan felices como EEUU en 1945". Tanto que, en 1950, EEUU poseía el 50% del PIB mundial, algo nunca visto en la breve historia del tiempo humano. Europa Occidental, en cambio, quedaba supeditada en todo a las políticas de EEUU. Si bien las raíces se remontaban a la IGM, la dependencia de Europa Occidental respecto a EEUU se crea en el marco de la Guerra Fría, y esa dependencia (repetimos, política, comercial, económica, militar e ideológica) se hizo patológica. La UE se convirtió en gallinero.

¿Ha cambiado eso en 2022? Sí, para peor. Le dejamos unos datos para que saque, el inteligente lector, las conclusiones que desee. El gallinero enfrenta una crisis energética sin -casi- solución, que EEUU aprovecha para venderle su gas a cuatro o cinco veces el precio de febrero pasado. La histeria armamentista deja un claro y total vencedor: el complejo militar-industrial de EEUU. El imperio está arrastrando al gallinero a la guerra con China; si hay guerra, el gallinero colapsará (Alemania la primera), pues la relaciones económicas con China son vitales para la UE, como vital es el gas ruso.

EEUU arrebató sus tierras a los indígenas y a México y se enriqueció con la esclavitud de los negros. Eso se conoce bien. Menos se conoce que el dinero líquido, fresco, dinero en cantidades ingentes, astronómicas, ha salido de Europa, ordeñada en cada guerra y conflicto por EEUU. A EEUU no le interesa el gallinero. Solo su dinero. El euro ha colapsado (el rublo no) y está a la par del dólar. Con pingües beneficios para EEUU, pues gas y petróleo se pagan en dólares, como centenares de bienes más. Esto quiere decir que al aumento del precio de los combustibles hay que agregarle un 20% extra, pues hasta hace pocas semanas se pagaban 1.20 dólares por un euro. ¿Lo capta?

Pero, atentos al hecho. En este siglo XXI no hay el binomio Europa/EEUU dominando el mundo. Hay otro mundo, plural, multipolar, industrial, esperando su oportunidad. Son China, Rusia, India, Indonesia, Irán, Brasil, Sudáfrica... En ese mundo la UE cuenta poco, cuenta nada. Su síndrome de Normandía puede acelerar su fin, pues la sumisión patológica a EEUU le ha llevado a renunciar a defender sus intereses.

Así, por ejemplo, EEUU tiene sus propias y autosuficientes fuentes de energía mientras que Europa carece de ellas. EEUU cobrará los miles de millones de euros que se paguen demás por el gas, el petróleo y las armas estadounidenses y, con ello, seguirá el trasvase de dinero fresco del gallinero europeo a los bolsillos del tío Sam. EEUU gana, la UE pierde. Una Europa cautiva que agradece su cautiverio e, incluso, se presenta dispuesta a morir por su captor, aunque ese captor jamás arriesgaría su seguridad por este triste gallinero envejecido y ciego.

El cine de Hollywood ha hecho el resto, con el bombardeo audiovisual de una industria que ha tenido lazos históricos directos con la CIA y el Pentágono. Fue así que surgió y se creó en Europa Occidental la visión de EEUU como una superpotencia inmortal que todo lo puede. EEUU es Superman, Batman, Spiderman, Aquaman... El análisis político se ha hecho obediencia ciega. En el inconsciente europeo quedó grabada la imagen del Día D y de un país que, en cualquier momento, puede llenar de suministros y armas a la Europa Occidental. El mito de todos esos superhéroes hecho síndrome, el síndrome de Normandía. Como el de Estocolmo, pero a nivel de plaga de zombis. Y, ya saben, esos muertos vivientes terminan, en las películas, muriendo todos. Tampoco se equivoquen. No habrá otro Séptimo de Caballería. Está ocupado con China. 'Happy end'."                      

(Augusto Zamora R. , Exembajador de Nicaragua en España, La Haine, 29/07/22)

15/10/18

El 12-O, entre la demagogia y la banalización... dos esclavismos se enfrentan... gana el español porque el azteca recurría a sacrificios humanos... y los pueblos indios subyugados por ellos prefieren apoyar a los españoles... seguirán siendo esclavos, pero sin ser carne de sacrificio... lo normal... en el siglo XX, los judíos preferirán el antisemitismo ruso que el alemán...

"Salvo error, quien construyó la primera pila atómica y consiguió la consiguiente pionera reacción nuclear en cadena fue el físico italiano Enrico Fermi.

 ¿Se le podría considerar en consecuencia culpable de los muertos en Hiroshima y Nagasaki? La asociación entre ambos hechos podría parecer forzada, por diversas razones, que sería prolijo revisar. 

Ahora bien, no lo es mucho más que los argumentos esgrimidos por sectores soberanistas, y afines, incluyendo la primera edil de Barcelona Ada Colau, en vísperas del 12-O de 2015, al identificarlo con el inicio del supuesto genocidio de los pueblos indígenas americanos. Supongo que este año vamos a tener más de lo mismo, a tenor de la propuesta de la CUP de demoler el monumento a Colón del puerto de Barcelona. Buen comienzo. 

Claro que con la iglesia han topado. Los de “Nova Història” han puesto el grito en el cielo, ya que es cosa sabida que “Cristòfor Colom fou català”, como reza un panfleto que circula desde hace ya bastantes años. También peligra la estatura de Antonio López que, como su cuñado Güell, mecenas de Gaudí, hizo fortuna al parecer con el tráfico de esclavos. Pero con Güell no se meten; quizá porque no se llamaba López. 

Y puestos a hacer, queda pendiente otro monumento de un racista, el del Dr. Robert. Claro que como él lo que intentaba demostrar era que los catalanes eran de una raza superior a la de los españoles, no se le tiene en cuenta.

Veamos. Empecemos por el sustantivo “descubrimiento”. Estoy bastante de acuerdo en que calificar el 12-O así, es en gran medida impropio. De manera más o menos fortuita, debió haber bastantes europeos que cruzaron el Atlántico antes que Colón. O quizá asiáticos por el Pacífico. 

También es impropio en la medida en que el almirante estaba convencido de haber alcanzado las costas de Cipango (Japón). El verdadero “descubrimiento” fue la evidencia de que la circunferencia terrestre era mucho mayor de lo que se había asumido, ya que la existencia de América alejaba necesariamente Europa de Asia.

Sea cual fuere el tipo de descubrimiento, el resultado fue la colonización de todo un continente por diferentes monarquías europeas, no solo la Hispánica. Y no creo que haya desacuerdo en considerar globalmente el colonialismo como una de las grandes vergüenzas de la historia.

Ahora bien, colonialismo no implica irrevocablemente genocidio sino, en cierta manera, algo totalmente contrario. En principio, al colonialista lo que interesa es sacar el máximo provecho de los recursos naturales, mediante la consiguiente explotación de la mano de obra nativa, sin interés especial en exterminarla. 

Y cuando esa mano de obra resulta insuficiente, por una u otra causa, se busca otra. Caso típico, el tráfico de esclavos de África a América. Las enfermedades introducidas por los europeos habían mermado considerablemente la población amerindia. Pero no tengo noticias de que en el siglo XVI haya habido Mengeles que les inocularan a los indios la viruela, por ejemplo, para exterminarlos.

 Las jornadas extenuantes a que estaban sometidos los mineros del Potosí boliviano, por ejemplo, se pueden calificar de crueles y despiadadas, pero no son propiamente un genocidio, en el sentido de cómo se estableció el concepto (voluntad de exterminio), como veremos enseguida.

Otro ejemplo, el “Estado Libre del Congo” de Leopoldo II. El rey de los belgas no estaba interesado en matar negros, sino en sacar el máximo provecho de su trabajo esclavo, para pagarse las francachelas. Asimilar explotación, colonial o no, a genocidio, nos llevaría a calificar también como tal el capitalismo llamado manchesteriano.

 ¿O es que vamos a ser más laxos al juzgar lo descrito por Engels que lo que denunciaba Bartolomé de las Casas? Que por cierto según “Nova Història” era también catalán y se llamaba Casaus. Sobre Engels, todavía no se han pronunciado.

El error se prolonga cuando se asocia exclusivamente la idea de colonialismo y sus víctimas a pueblos no europeos. Como ha demostrado más de un historiador, los primeros en experimentar las consecuencias de la aventura colonial fueron los europeos, digamos, periféricos.

Veamos el caso inglés. Roma somete a la población celta. Cuando el Imperio retira sus legiones, los anglosajones arrinconan a los celtas en los confines occidentales, Gales y Cornualles. Luego, después de Hastings, son los normandos los que feudalizan el país, desposeyendo a los sajones de sus derechos y propiedades. El sojuzgamiento del espacio celta prosigue en Irlanda.

En el este europeo, son los Caballeros Teutónicos los que colonizan, a costa de los pueblos bálticos y eslavos.
Podemos encontrar situaciones no muy diferentes en nuestro entorno inmediato. Por ejemplo, la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, con las “gestas” almogávares en Grecia o la conquista de Cerdeña (¿por qué fue necesario repoblar L’Alguer?). También la Reconquista, en sentido global, tema válido para todas las coronas ibéricas. Un ejemplo.

El 9 de octubre de 1238, Jaime I entraba en Valencia. En realidad la ciudad se había rendido el último día de setiembre. El retraso se debió a la necesidad de expulsar la población musulmana, a fin de distribuir sus hogares entre los conquistadores

 ¿Fue mejor o peor la suerte de los musulmanes de las Baleares, muchos de ellos vendidos como esclavos? ¿No se asemeja más esto a lo que hoy llamamos genocidio, que hechos aludidos anteriormente? Será casualidad pero, hasta el momento, nunca he visto que en los círculos nacionalistas cunda el mismo nerviosismo cuando se acerca el citado 9 de octubre, o el 31 de diciembre (conquista de Mallorca), como ocurre en las vísperas del 12-O.

No creo que ningún historiador digno del calificativo acepte simplificar el fenómeno del colonialismo calificándolo de genocidio. Cuestión aparte son determinados hechos puntuales que pueden llegar a calificarse como tal, por características muy específicas. Es el caso de las situaciones de colonización unidas a la introducción de una población ajena, que exige “vaciar” previamente el espacio. 

Curiosamente, y volviendo al caso americano, los ejemplos más claros de dicho proceder se dieron más claramente después de que se hubiera obtenido la independencia. Un ejemplo sobre el que nos ha ilustrado largamente Hollywood, sería el “Go to West” en los Estados Unidos. Pero hay otros que nos son culturalmente más cercanos. Por ejemplo, Argentina.

La ocupación de las tierras aborígenes del sur, con los consiguientes perjuicios para sus habitantes, comienza no mucho después de la independencia, de la mano de Juan Manuel de Rosas. Culmina con la llamada “campaña del desierto” de Julio A. Roca. En ambos casos el proceso se lleva a cabo en beneficio de las familias criollas, las llamadas “patricias”, ya que les permite pasar a poseer enormes latifundios. 

Me gustaría saber si interpreta de igual manera la cuestión cierto “lobby” argentino establecido en Barcelona con, sospecho, unas más que probables raíces en el peronismo de izquierdas, dado que todo el justicialismo siempre ha sido ardientemente rosista.

Tampoco fue genocidio el idealizado sistema patriarcal de las reducciones jesuíticas, pero sí el exterminio de la etnia tupí-guaraní, especialmente en Brasil, cuando aquellas desaparecieron, cosa que tuvo lugar ya después de la independencia.

 En prácticamente todas las repúblicas sudamericanas se ha producido el mismo fenómeno: la “leyenda negra” de la colonización (ya de por si suficientemente negra) ha sido una construcción de un sector de la oligarquía criolla, los mismos que en muchos casos llevaron a cabo la política de expansión territorial para el asentamiento de los inmigrantes europeos y que, durante 200 años de independencia, han mantenido segregada a lo que quedaba de la población amerindia.

Se cuenta que Vicente Blasco Ibáñez, en una visita a un país sudamericano, tuvo que aguantar de un criollo una larga retahíla sobre las barbaridades que los conquistadores habían llevado a cabo. Su respuesta fue, más o menos, la siguiente: “Eso lo debieron hacer sus antepasados, porque los míos se quedaron en España”.

La expansión colonial en América, y luego África, fue sin lugar a dudas una vergüenza, como ya he dicho antes, pero probablemente también una fatalidad de la historia, determinada por la necesidad de expansión del naciente capitalismo europeo y el atraso tecnológico de los pueblos nativos, en ambos continentes. Resulta difícil, aunque quizá no sea imposible, pensar en que pudiera haberse dado una situación diferente

Recordemos además que la idea de genocidio es relativamente nueva. Fue establecido por el jurista Raphael Lemkin, judío polaco emigrado a Estados Unidos, en 1944, con la siguiente definición: “ La puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento” . La consecuencia es que se aplica el calificativo de forma retroactiva, a situaciones en un pasado más o menos lejano.

Durante el siglo XX ha habido bastantes casos que, desgraciadamente, se pueden calificar sin titubear como genocidio. La más evidente, por supuesto, es el exterminio nazi contra judíos y romaníes, o incluso homosexuales, aunque en este caso el apelativo de “grupo nacional” no sería aplicable, de tal manera que quizá la definición original resulte insuficiente. 

El otro gran genocidio en la misma centuria es el de los armenios y cristianos asirios, emprendido hace un siglo por los Jóvenes Turcos, eficazmente ayudados por la población kurda, muy idealizada por cierta izquierda. Y también tuvo visos genocidas la acción del ejército japonés en China en la década de 1930. Recuérdese la toma de Nankín.

Hace ya más de 50 años Hanna Arendt teorizó sobre la banalidad del mal. En el tema que se aborda, asistimos a una banalización terminológica muy peligrosa, ya que vacía de contenido los conceptos correspondientes. Cuando a un mero reaccionario se le califica de “fascista”, se le está lavando la cara al fascismo, y lo mismo se hace con la Shoa, cuando se califica como genocidio algo que no lo es. 

Un análisis de los acontecimientos históricos implica documentarse en aras del máximo rigor conceptual, no ir por la vida de fetichista de fechas o hechos. Y en el caso concreto que aquí se trata, supone distinguir explotación, en sus diversos grados de crueldad y brutalidad, del puro fanatismo asesino.

No creo en la casualidad cuando veo que año tras año, cuando se acerca el 12-O, sea en Cataluña donde aparecen los elementos más radicales de ese sesgo demagógico con el que se juzga la colonización americana. Desengañémonos, en diversos ámbitos del nacionalismo catalán, el hecho de que la supuesta “lengua opresora” tenga la importancia que tiene, molesta en grado sumo.

 Cuando lo normal sería felicitarse de que los hablantes de una lengua minoritaria tengamos acceso, en nuestra condición de bilingües, a todas las ventajas que supone una de los pocos idiomas de carácter mundial. El terreno ha estado abonado por supuesto durante años por la historiografía nacionalista, reflejada convenientemente en el día a día. Sería interesante, por ejemplo, estudiar el fenómeno en la enseñanza, especialmente en el ámbito de las ciencias sociales.

En realidad, es pura hipocresía. Cuando oigo determinadas voces que reclaman una escuela con solo catalán e inglés, me pregunto cuántos de nuestros industriales, incluidos los del “Cercle Català de Negocis”, la patronal independentista, estarían dispuestos a renunciar a las ventajas que supone hablar castellano, para penetrar en el jugoso mercado latinoamericano. Quizá los que están fuera del juego. Al fin y al cabo, la inmersión no funciona en las escuelas de élite."                  (Gerónimo

4/12/09

La reputación

"En los últimos años han surgido conceptos como la reputación corporativa -la relativa a la imagen de empresas-, la reputación en Internet, o NetRep -relativa al prestigio que nosotros o nuestros productos generamos en la Red-, o, en fin, la reputación-país, que permite establecer clasificaciones de naciones según la admiración, el respeto y la confianza que despiertan en otros. (...)

La reputación -según la RAE, también "opinión, consideración, prestigio o estima"- se mueve por tanto en una horquilla delimitada, por un lado, por la mayor exposición pública, casi global, y, por otro, por su dimensión de herramienta para medir realidades más tangibles: la eficacia empresarial, o la confianza que suscita un país en inversores extranjeros. Existen instrumentos para determinar intangibles tales como el prestigio de un país, como los que utiliza el Reputation Institute (www.reputationinstitute.com) en clasificaciones como CountryRep: una muestra de cómo la reputación de los países influye en la opinión -y la acción- de inversores o visitantes. Los resultados son llamativos: los países que más confianza suscitan en el mundo son Suiza, Canadá y Australia, aunque a la hora de invertir los preferidos son Suiza, Suecia y Canadá. España, no obstante, no queda nada mal situada en esta lista (ver despiece).

La raíz de todas las reputaciones que en el mundo son radica en "la valoración exterior que se hace sobre un individuo . La reputación nos la dan los demás, y está muy relacionada con la imagen que uno quiere dar", pero no sólo, señala la psicóloga Laura Rojas-Marcos. "La reputación tiene mucho que ver con nuestro autoconcepto, con cómo nos percibimos a nosotros mismos y por tanto con nuestra autoestima, pero también con la imagen que los demás tienen de nosotros. Hay un efecto espejo: damos una imagen que vuelve a nosotros modificada o transformada por la opinión de aquellos con los que nos relacionamos", afirma Rojas-Marcos. (...)

La reputación como arma de doble filo es una realidad insoslayable; la exposición pública, con las distorsiones a que puede dar lugar, de nuestra fama, también. "Las nuevas tecnologías son tan nuevas para todos que aún no hay normas. Cualquiera de ellas puede destruir la reputación de una persona por completo, desde un comentario colgado en una red social a una imagen enviada por móvil. (...)

"Una buena gestión de la información que sobre uno corre por la Red es clave para que la reputación virtual se ajuste a la real. Además, no siempre se encontrará una perspectiva negativa, también una fotografía bastante real de uno mismo", advierte Magali Martínez, quien recomienda hacer un seguimiento frecuente de la Red para seguir la pista a la reputación personal, de la empresa, el colectivo o el producto en cuestión. "En Internet se alcanza un volumen enorme si no lo atajas, pero off-line es mucho más difícil hacerlo. Además, hay herramientas, tanto para individuos como para corporaciones, que te permiten estar informado sobre lo que se dice de ti en todo momento". Por ejemplo, la monitorización de la blogosfera, y otras tareas casi de espionaje en la Red." (El País, ed. Galicia, 22/11/2009, p. 38/9)