25/6/19

Así financian la desinformación las tabacaleras y petroleras. Una investigación del MIT reveló que las industrias del tabaco y los combustibles fósiles financian los mismos think tanks ultraliberales para atacar al consenso científico

"La historia de las empresas de combustibles fósiles está llena de ejemplos en los que han adoptado estrategias de relaciones públicas procedentes de la industria del tabaco. Sin embargo, un análisis revela que la relación entre las dos industrias va mucho más allá — incluso financian a las mismas organizaciones para que les hagan el trabajo sucio.

David Hsu, profesor asociado del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), analizó las organizaciones en la base de datos de desinformación de DeSmog y la base de datos sobre tabaco del diario The Guardian e identificó a 35 think tanks con base en los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda que promueven tanto los intereses de la industria del tabaco como la de los combustibles fósiles.

De estas organizaciones, DeSmog reveló que 32 han recibido donaciones directas de la industria del tabaco, 29 las han obtenido de la industria de los combustibles fósiles, y 28 las han recibido de ambas. Hay dos redes principales, una centrada en los hermanos Koch y la otra en Atlas Network, involucradas en la financiación de muchos de estos think tanks.

Al explorar la base de datos de The Guardian, Hsu se percató de que muchos de los nombres de las organizaciones que se oponían a la regulación del tabaco eran las mismas que “las que se dedican a fomentar el negacionismo climático”.

“Este es un movimiento financiado”, afirmó. “Las estrategias usadas en el debate del tabaco son, definitivamente, estrategias que se usan también en el debate climático”.

Complejo Industrial Anticientífico

Existe una red cada vez mayor de organizaciones que se autodenominan “de libre mercado” que crean informes, aparecen en los medios y diseminan información que la industria después usará para presionar a los políticos. El análisis muestra que muchas de estas organizaciones aceptan donaciones de las industrias sobre las que investigan e informan.

Como reveló una reciente investigación para The Guardian, realizada por Jessica Glenza con la colaboración de Sharon Kelly, estas organizaciones proporcionan “una voz potente para que los fabricantes de cigarrillos la usen en su lucha contra regulaciones más restrictivas”. Y como ya mostró DeSmog, las mismas organizaciones llevan mucho tiempo promoviendo el negacionismo de la ciencia del cambio climático para desanimar a los legisladores y que no implementen regulaciones que limiten las emisiones de carbono.

Según Hsu, la procedencia del dinero que reciben estos think tanks para realizar sus actividades tiene importancia: “Hay gran cantidad de investigación de calidad que muestra que independientemente de lo que uno piense sobre cómo el dinero afecta a sus actividades, quien recibe grandes donaciones responde a los intereses de sus donantes”.

“La industria de los combustibles fósiles y la del tabaco están financiando campañas de desinformación para que las sociedades y los países no puedan tomar acciones que, en general, beneficiarían a todo el mundo excepto a las industria de los combustibles fósiles y el tabaco”, añadió.

“Este es un hallazgo interesante, pero no inesperado”, declaró a DeSmog Robert Brulle, profesor de sociología de la Universidad de Drexel.

“Varios think tanks de corte conservador participaron en las primeras etapas del desarrollo y diseminación de la desinformación sobre la relación entre el tabaco y la salud. Las técnicas que usaron para diseminar dudas sobre los hallazgos científicos se desarrollaron en la campaña del tabaco,” afirmó Brulle, explicando además que “cuando apareció el asunto del cambio climático, esos think tanks conservadores estaban bien equipados y eran capaces de aplicar esas habilidades para impulsar una nueva campaña contra la regulación”.

De marginales y aislados a mainstream y transatlánticos

Los think tanks respondieron a preguntas de The Guardian, afirmando que son “totalmente independientes, no influídos por ninguna donación, y que apoyan posiciones en favor de las empresas, y la retirada de regulación e impuestos como parte de una filosofía de mercado libre más amplia”.

Sin embargo, estas organizaciones ven sus voces y su influencia amplificadas por la inestabilidad política a ambos lados del Atlántico, haciendo que ideas que antes eran marginales entren en la narrativa dominante.

La elección de Donald Trump en Estados Unidos supuso el nombramiento de varios oficiales con relación con estas organizaciones de libre mercado. Han sido situados en puestos de poder que les permiten dar forma a las políticas federales de energía y clima.

Entre ellos están dos exempleados de ALEC (Consejo Legislativo Americano de Intercambio), que ha sido descrito como una “fábrica de proposiciones de ley corporativas” por un exmiembro. Uno de ellos es Daniel Simmons, quien ahora dirige la Oficina de Eficiencia Energética y Energías Renovables del Departamento de Energía de Estados Unidos, una oficina que ALEC presionó para eliminar. Simmons también trabajó en el Centro Mercatus, que ha aceptado donaciones tanto de tabacaleras como de empresas de combustibles fósiles.

El otro es Todd Wynn, quien empezó trabajando para el Cascade Policy Institute (financiado por la industria del tabaco) y después pasó a dirigir el equipo de Energía, Medio Ambiente y Agricultura de ALEC. Hoy es el director de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales y Exteriores del Departamento de Interior de los Estados Unidos. El Departamento de Interior tiene competencia para permitir la extracción de combustibles fósiles de los enormes terrenos federales del país norteamericano.

Y aún hay más. El primer elegido por Trump para encabezar la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Scott Pruitt, presidió un Equipo de Justicia Civil para ALEC. Y Myron Ebell, que lideró el grupo que dirigió la transición de la EPA, es analista en el Competitive Enterprise Institute (CEI), una organización que ha recibido dinero tanto de los combustibles fósiles como de la industria tabacalera

El fenómeno no se limita a Estados Unidos. Al mismo tiempo que los políticos británicos buscan desesperadamente expertos que les den información sobre el Brexit, el perfil (y los ingresos) de organizaciones como el Instituto de Asuntos Económicos (IEA), el Instituto Adam Smith (ASI) y la Alianza de Contribuyentes también han crecido.

Estas organizaciones fueron acusadas en julio del año pasado de coordinar una campaña de mensajes apoyando un Brexit duro, como parte de una red británica de organizaciones con oficinas en el 55 de la calle Tufton, en Londres.

Las tres organizaciones aceptaron donaciones de empresas tabacaleras al mismo tiempo que realizaban lobby a favor de normativas favorables a la industria. El IEA y el ASI, además, han aceptado dinero de la industria de los combustibles fósiles.
¿El que paga manda?

Las pruebas sugieren que la investigación que procede de la red financiada por las tabacaleras y las empresas de los combustibles fósiles no es del todo imparcial. El año pasado, una investigación de Unearthed (el equipo de investigación de Greenpeace) indicó que el IEA estaría dispuesto a aceptar que alguno de los aspectos de su trabajo fuera dirigido por sus financiadores, ofreciendo contactos con ministros británicos a cambio de donaciones. El IEA niega las acusaciones.

El IEA también fue señalado por la Comisión de ONGs del Reino Unido por transgredir las normas de imparcialidad que existen en el país para evitar que las orgnizaciones sin ánimo de lucro se dediquen a actividades de lobby político.

Hans Gutbrod, Coordinador de Transparify (una ONG que evalúa a think tanks en función de la transparencia de su financiación), indica que esta no es una cuestión que pueda analizarse “en el eje de izquierda-derecha”. Sin embargo, Gutbrod afirma que las organizaciones que abogan por la liberalización de la economía han sido capturadas por empresas privadas. En declaraciones a DeSmog, afirmó: “Los padres del pensamiento liberal advirtieron en numerosas ocasiones de los riesgos de que intereses privados intentasen capturar a legisladores y reguladores. Y, aun así, ese tipo de capitalismo clientelista es exactamente lo que vemos con ciertos think tanks que supuestamente defienden el libre mercado”. “En lugar de investigar políticas, lo que hacen son tareas de lobby, que apenas disimulan, en favor de un puñado de empresas”, añadió Gutbrod.

El IEA negó con firmeza que sus fuentes de financiación tengan un impacto sobre el trabajo que realizan. Un portavoz declaró a DeSmog: “La producción editorial y política del Instituto, tanto en nuestros informes como en nuestros materiales educativos, la deciden solo su equipo de investigación y el Consejo Consultivo Académico. Ninguna financiación de la que recibimos influye, bajo ninguna circunstancia, el enfoque o las conclusiones de nuestra investigación”. “Como think thank liberal, no es ninguna sorpresa que hayamos publicado investigación que abogue por la liberalización. Pero el IEA no asume una línea empresarial para sus políticas: en el pasado hemos publicado investigaciones que defienden la liberalización de diferentes sectores y mercados, desde los servicios financieros a la vivienda o los cuidados infantiles”.

Por la liberalización post-Brexit

En conjunto, muchas de las organizaciones que reciben donaciones de las industrias del tabaco y los combustibles fósiles están involucradas en un movimiento transatlántico por la liberalización cuando se produzca el Brexit.

For ejemplo, Shanker Singham, que formó parte de la lista de expertos del Instituto Heartland, es una de las figuras clave que abogan por este tipo de políticas una vez el Reino Unido abandone la UE sin acuerdo. El Instituto Heartland ha recibido donaciones tanto de empresas tabacaleras como de combustibles fósiles.

Singham tuvo un nivel de acceso sin precedentes al gobierno británico durante las primeras etapas de las negociaciones del Brexit, y fue el autor principal del informe ‘Plan A+’ del IEA, que estableció su visión por un “Brexit alternativo”. El IEA también fue una de las organizaciones que participó en un plan radical alternativo para el establecimiento de un tratado comercial post-Brexit entre el Reino Unido y los Estados Unidos, junto con el Instituto Cato, otra organización que ha aceptado donaciones tanto de la industria del tabaco como de los combustibles fósiles.

El informe acusa a la UE de cargar al Reino Unido con regulaciones que “afectan al crecimiento” y señala las normas de protección medioambiental como una de las áreas en las que la regulación comunitaria “avanza en una dirección anti-competitiva”.

Mientras tanto, la Fundación Heritage, con base en Washington DC, ha recibido a varios políticos británicos, incluyendo al Secretario de Comercio Internacional Liam Fox, el ex Secretario de Medio Ambiente Owen Paterson, y el líder del Partido del Brexit y anterior dirigente de UKIP Nigel Farage. La Fundación Heritage también ha recibido dinero tanto de la industria del tabaco como de la de los combustibles fósiles.

Relación con la red Atlas Network

Todas estas organizaciones se identifican como think tanks pro-libre mercado, y están coordinadas (hasta cierto punto) a través de Atlas Network. Atlas es un grupo, con base en Washington DC, que trabaja con más de 450 organizaciones de todo el mundo, conectándolas con “las ideas y recursos necesarios para avanzar en la causa de la libertad”, según su propia página web. Fue fundada en 1981 por Antony Fisher con el objetivo de ofrecer “perspctivas innovadoras y de mercado a asuntos de política pública”. Fisher también fundó el IEA.

El diario The Guardian reveló que más de una quinta parte de las organizaciones que forman parte de la red “presentaban algún tipo de argumentación contra el control [de la industria del tabaco], aceptaron donaciones de la industria, o ambas cosas”. De esas organizaciones, DeSmog ha identificado a 28 que también aceptaron donaciones de la industria de los combustibles fósiles. 

La propia Atlas ha recibido considerable apoyo de las dos industrias. The Guardian también informó de que Atlas recibió donaciones de British American Tobacco en 2015 y 2016, así como de Japan Tobacco International en 2016. Según PR Watch, el gigante del tabaco Philip Morris aportó más de 475.000 dólares a Atlas tan solo en 1995. Entre las donaciones que Atlas ha recibido de la industria de los combustibles fósiles, según ExxonSecrets, ExxonMobil ha donado un total de 1.082.500 dólares a la red desde 1998.

Al contactar con Atlas para obtener su punto de vista para este artículo, un portavoz de la organización dirigió a DeSmog a una sección de preguntas frecuentes para periodistas. El documento afirma que la posición de la red “en cuanto a transparencia de donaciones se guía por el Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos y las directrices que este proporciona, los cuales seguimos fielmente y sin excepción”.

 “Cualquier información que afirme o implique que Atlas Network es opaca u opera de cualquier manera que no se ajuste con total fidelidad a los requerimientos legales para las organizaciones sin ánimo de lucro como la nuestra es evidentemente falsa e indefendible,” afirma el documento.

Atlas afirma operar en 90 países. Allí donde va hay organizaciones organizadas contra el consenso científico, siempre que ese consenso debilite los argumentos de la liberalización de la industria.

En el Reino Unido, según informó DeSmog, Atlas está en el centro de una red de organizaciones que ejercen presión en pos de un Brexit duro. Atlas multiplicó por cinco su gasto en Europa entre 2015 y 2016 (el año del referéndum del Brexil), pasando de 340.000 dólares en 2015 a 1,7 millones al año siguiente.

La siempre presente influencia de los hermanos Koch

En el trasfondo de todo esto están los hermanos Koch. Koch Industries es la mayor empresa energética de carácter privado (que no cotiza en bolsa) de Estados Unidos. Copropietarios de un enorme imperio petroquímico e industrial, los los multimillonarios hermanos Charles y David Koch son importantes financiadores de organizaciones políticas de libre mercado tanto en los Estados Unidos como en otros países. De las 28 organizaciones que aceptaron dinero de las industrias del tabaco y los combustibles fósiles, 23 también recibieron donaciones de los Koch.

Atlas aceptó donaciones de los Koch por un total de 101.658 dólares en 2016, lo que significó un aumento desde los 82.426 dólares de 2015. De acuerdo con los datos obtenidos por Greenpeace Estados Unidos, Atlas recibió un total combinado de 348.560 dólares en donaciones de fundaciones ligadas a los Koch entre 1998 y 2015.

Los Koch también son importantes donantes del Instituto Cato, la Fundación Heritage, el Instituto Heartland, el Competitive Enterprise Institute, y ALEC. Todas estas son organizaciones que han aceptado fondos tanto de la industria del tabaco como de la de los combustibles fósiles.

Las organizaciones británicas que presionan por un Brexit duro también han recibido, indirectamente, dinero de los Koch. Estas donaciones las recibían a menudo a través de  Donors Trust (una fundación descrita por la revista Mother Jones como “el cajero automático de dinero oscuro del movimiento conservador”, y que ha recibido importantes aportaciones de los Koch) o de Epicenter, que funciona como la sucursal europea de Atlas Network.

DeSmog también reveló que los Koch estaban detrás del dinero oscuro que recibía un grupo de “defensores de la libertad de expresión” que difundían la ideología del libertarianismo y el negacionismo climático en el Reino Unido.

Según Hsu, la expansión de la financiación de los Koch podría tener consecuencias: “Las organizaciones, muchas de ellas financiadas por la red de los Koch, han usado ventajas fiscales reservadas a organizaciones filantrópicas, primero para ahorrarse impuestos, y segundo, para usarlos como un mecanismo de influencia en el debate público”, afirmó. “Muchos de estos supuestos think tanks o organizaciones filantrópicas son percibidos, probablemente, como más neutrales de lo que en realidad son. En realidad lo que reflejan son los intereses de los hermanos Koch”.

(Mat Hope, Climática, 11/06/19. Este artículo se publicó originalmente en DeSmog UK.

24/6/19

¿Debemos tener miedo de las aspiradoras Roomba? Sí, de todo lo que esté conectado

"(...)  ¿Debemos tener miedo de las aspiradoras Roomba?

Sí, de todo lo que esté conectado. Desde Check Point estamos promoviendo un nuevo enfoque del problema. Necesitamos una arquitectura de defensa que tenga en cuenta todos los vectores de amenaza de los aparatos conectados. 

Hay por lo menos 16 formas distintas de atacar cualquier dispositivo, que además se apoyan en una veintena de tecnologías. Si lo combinamos todo tenemos casi 400 métricas de las que preocuparnos. Eso no es práctico.

 Debemos crear sistemas que integren todas esas tecnologías y tengan la habilidad de atajar todos esos vectores de ataque. Esa arquitectura debe ser lo suficientemente flexible como para absorber nuevas metodologías según se desarrollen.  (...)


Creo que el smartphone es el problema número uno en ciberseguridad. Contiene información muy sensible, está siempre encendido y nos escucha a todas horas. Muy poca gente tiene software antimalware en el teléfono, puede que uno de cada mil usuarios.

 Hemos visto robos de fotos y datos personales, también redes que han infectado millones de móviles, lo cual es devastador, pero el mundo ha sobrevivido. ¿Qué pasaría si en vez de sacar provecho económico de esos datos el atacante quisiera colapsar la infraestructura? Podría suceder.
 
¿Existe un prototipo de cibercriminal?

No. En el mundo físico, quienes tienen las armas más sofisticadas suelen ser los gobiernos, a los que al menos puedes situar. En el mundo cibernético eso no es así. La NSA, la organización de inteligencia más sofisticada del mundo, dedicó muchos recursos a desarrollar una serie de ciberarmas que, hace dos años, fueron filtradas en su totalidad. 

Hoy cualquiera puede tener acceso a ellas: un chaval aburrido, organizaciones criminales que quieran ganar dinero, terroristas, otros gobiernos… Si quieres preparar un ataque no necesitas a informáticos expertos, basta con entrar en la dark web y teclear en un buscador “herramientas de ataque”.

¿Es cierto que algunas de esas organizaciones criminales funcionan como empresas?

Sí. Y muchas de ellas se sirven de las criptomonedas para recaudar y mover dinero. Antes tenían problemas para conseguir fondos, ahora les resulta más sencillo monetizar el crimen. Esas organizaciones, además, son en algunos casos virtuales: sus integrantes no se conocen porque trabajan desde varios puntos del mundo, y eso hace más difícil todavía localizarles.

¿Hasta qué punto pueden los cibercriminales vivir seguros de que no les van a pillar?

Es muy difícil atraparlos. En el mundo físico siempre te podrán reconocer por restos biológicos o huellas dactilares; en el cibernético, puedes trabajar desde Bulgaria y conectarte a un servidor de África que esté conectado a otro de Europa que esté conectado a uno de EE UU y cometer el crimen en Asia. Es prácticamente imposible rastrear un caso así, a no ser que el atacante cometa varios errores. (...)"                 (Entrevista a Gil Shwed, ingeniero informático y CEO de Check Point, el gigante israelí de la ciberseguridad. Manuel G. Pascual, Retina, El País, 03/06/19)

21/6/19

Ciclos económicos, tasa de ganancia y huelgas en el capitalismo

"Jorg Nowak, miembro de la Universidad de Nottingham, Reino Unido, acaba de publicar huelgas de masas y movimientos sociales en Brasil e India: la movilización popular en la Depresión Larga. Nowak argumenta que en el siglo XXI y en esta larga depresión actual en las principales economías, la acción industrial ya no está dirigida por el trabajo organizado, es decir, los sindicatos, y ahora toma la forma de "huelgas de masas" más amplias que involucran a trabajadores no organizados y fuerzas sociales más amplias en la comunidad. 

Esta movilización popular está más cercana al concepto de huelgas de masas de Rosa Luxemburg que a la formación de sindicatos convencional "eurocéntrica".

La naturaleza de las luchas laborales mundiales contra el capital y las formas cambiantes del conflicto de clases es importante. Pero lo que también me interesó fue el capítulo de Nowak sobre la economía política de las huelgas de masas en la actual crisis capitalista global, y en particular la sección sobre huelgas y ciclos económicos (pp113-117).

En esa sección, Nowak desarrolla el argumento de que la intensidad del conflicto de clases entre el trabajo y el capital varía con las etapas del ciclo económico de las alzas y las revueltas económicas capitalistas. Cita a varios autores que tratan de mostrar que cuando el capitalismo está en una fase de crecimiento general, la inversión y el empleo, el conflicto de clases, como se expresa en el número de huelgas, aumenta, particularmente cerca del pico de la fase de expansión.

Nowak examina el trabajo de aquellos autores (incluido el mío) que afirman las pruebas de un ciclo de tipo Kondratiev u ola en la expansión capitalista. La duración más probable de un ciclo completo de Kondratiev se sitúa en 64-72 años (más de lo que se afirma tradicionalmente). Si ese ciclo K se divide en "temporadas"; primero está el período "primaveral" de recuperación de la depresión, con el aumento de la rentabilidad del capital y la reactivación de la organización laboral; luego hay un período de verano de rentabilidad decreciente y fuerzas laborales fuertes. 

Esas dos temporadas completan el repunte del ciclo K Luego, en la recesión, llega el otoño (el aumento de la rentabilidad, pero el trabajo se debilita) y, finalmente, el invierno (depresión económica). Nowak reconoce que los dos períodos de conflicto de clase más intensivo están en la cúspide de la primavera hasta las temporadas de verano (como en 1964-82, por ejemplo). Luego hay luchas locales más débiles hacia el final de la recesión en la temporada de invierno. Nowak presenta dos estudios de caso basados ​​en India y Brasil en el período 2010-2014 para defender esta teoría y generalizarla internacionalmente.
 En 2006, en mi libro, La gran recesión (2009), también argumenté que los ciclos K podrían correlacionarse con la intensidad de la lucha de clases. Lo desarrollé aún más en mi libro, The Long Depression (2016). Más recientemente, escribí un capítulo sobre el Reino Unido en World in Crisis (2018) en el que describí la trayectoria de la tasa de ganancia del Reino Unido desde 1855 y cómo se correspondía en términos generales con las "estaciones" en el ciclo-K.

En 2017, llevé este escenario más allá en un documento a la conferencia El Capital: 150, celebrada en Londres para conmemorar la publicación del Volumen Uno de la Capital de Marx. En ese documento, intenté trazar la lucha de clases en relación con el movimiento en la tasa de ganancia para el Reino Unido.
 Cuando Marx escribía Capital, la economía del Reino Unido estaba experimentando un auge en la rentabilidad y el crecimiento y el capital británico gobernaba el mundo y en su apogeo. Sin embargo, desde finales de la década de 1860, la rentabilidad disminuyó y el Reino Unido, junto con otras economías importantes, entró en una larga depresión hasta mediados de la década de 1880 (más en los EE. UU.). La depresión debilitó los viejos sindicatos y la lucha de clases se desvaneció. Después del aplastamiento de la Comuna de París en 1871, la primer internacional fue enviado a la jubilación en Nueva York por Marx.
 Si observamos la historia del capital británico después de la muerte de Marx en 1883, creo que podemos vincular la rentabilidad del capital a la intensidad de la lucha de clases, tal como se define en el nivel de huelgas. En el período comprendido entre la década de 1890 y la Primera Guerra Mundial, encontramos que las huelgas fueron inicialmente altas cuando se formaron nuevos sindicatos no calificados de masas a medida que la capital británica recuperó cierta rentabilidad después del final de la depresión de la década de 1880. 

Pero las huelgas disminuyeron después de finales de la década de 1890 a medida que aumentaba la rentabilidad y se satisfacían las demandas salariales. Sin embargo, a partir de la década de 1900, la rentabilidad del capital comenzó a disminuir y, en los años previos a la guerra, los sindicatos fuertes y un creciente movimiento obrero se involucraron en una lucha más intensificada.
 Después del final de la guerra, esa lucha se reanudó. Pero con la derrota de los sindicatos del transporte en 1921 y la huelga general en 1926, la rentabilidad del Reino Unido se disparó y la intensa lucha de clases se desvaneció hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
 El período posterior a 1945 comenzó con una alta rentabilidad y crecimiento (después de 1946), lo que llevó a una recuperación en los sindicatos (en nuevas industrias). Las huelgas aumentaron un poco, pero la lucha de clases generalmente se aminoró con concesiones y aumentos salariales. Sin embargo, desde mediados de la década de 1960, el capital del Reino Unido entró en una larga crisis de rentabilidad (como en otras economías). El capital necesitaba revertir esto aplastando la fuerza de trabajo. Los sindicatos fuertes enfrentaron el capital en la batalla de clases más intensa desde principios de los años veinte.
 Dos grandes depresiones y otras medidas neoliberales eventualmente derrotaron el poder sindical y la lucha de clases se calmó. El período neoliberal terminó en la década de 2000 y el capitalismo entró en una larga depresión después de la Gran Recesión. No ha habido recuperación en el movimiento obrero o en la lucha de clases (al menos según las tasas de huelga).
 Este mapa de la lucha de clases en Gran Bretaña implica que solo una recuperación sostenida de la rentabilidad en el capital que también permita que el trabajo recupere su fuerza organizada en nuevas industrias y sectores puede crear las condiciones para una lucha intensificada cuando la rentabilidad finalmente vuelva a caer, como quiera. Eso sugiere una generación por delante antes de que podamos ver una intensa lucha de clases como se experimentó en el período 1910-26 o en la década de 1970. Esta es una conclusión similar alcanzada por Nowak (p115).
 Nowak considera dos estudios de caso de olas de huelga de masas en la temporada de invierno del ciclo actual: la Depresión Larga. Presenté un documento a la Sociedad de Economía Política en Brasil el año pasado (La tasa de ganancia y la lucha de clases) que también analizó la experiencia de Brasil utilizando datos macroeconómicos. Noronha et al. (1998) realizaron un estudio sobre la evolución de las huelgas en Brasil, identificando algunas características clave observadas desde finales de la década de 1970 y hasta principios de la década de 1990 [i].
 Según esos autores, el fenómeno de las huelgas brasileñas comenzó alrededor de 1978 en la principal zona industrial del país e identificó tres ciclos principales de huelgas: el primer ciclo tuvo una trayectoria ascendente, que va desde 1978 hasta 1984, donde comenzó la organización de sindicatos en Sao Paulo y se extendió a otras regiones del país; el segundo ciclo ocurrió entre 1985 y 1989 y presenta una trayectoria de evolución plana; finalmente, el tercer ciclo se caracterizó por una disminución en los paros después de 1990. [ii] Por lo tanto, un aumento en las huelgas coincidió con un período de caída de la rentabilidad desde mediados de los años setenta hasta mediados de los ochenta. 

Las huelgas se aplanaron con el aplanamiento de la rentabilidad hasta finales de los años ochenta. El aumento de la tasa de ganancia en la década de 1990 y la adopción de políticas neoliberales vieron una disminución en la lucha de clases.
 En Brasil, las tasas de sindicalización experimentaron un pequeño descenso durante la década de 1990, pero entre 2000 y 2006 esta tendencia se invirtió. [Iii] El número de huelgas casi se triplicó entre 2002 (298 huelgas) y 2012 (873), mientras que el número de horas de trabajo perdidas subió a más del triple en el mismo período. Según las estimaciones de Brasil DIEESE, en 2002 las horas de trabajo perdidas debido a huelgas ascendieron a alrededor de 116,6 millones, mientras que en 2012 fueron alrededor de 381,7 millones.
 La rentabilidad del capital en Brasil alcanzó su punto máximo a fines de los años 90 y principios de los 2000 en las medidas anteriores. Pero el movimiento obrero de Brasil se fortaleció a principios de la década de 2000, por lo que cuando la rentabilidad comenzó a caer nuevamente y los empleadores ejercieron presión para controlar el costo de la mano de obra, hubo una reacción de clase a través de un aumento de las huelgas. La Gran Recesión no afectó gravemente a la economía de Brasil hasta que se desplomó el auge de los precios de las materias primas en 2011. La ola de huelgas se desvaneció en el período inicial de la crisis mundial, pero comenzó a aumentar nuevamente desde 2010 hasta 2016, según Nowak.

Por lo tanto, parece que la lucha de clases (medida por las huelgas) tiende a ser más intensa en la "temporada" de verano del ciclo K, cuando la rentabilidad ha estado disminuyendo, pero el movimiento laboral y la confianza de los trabajadores aún no han sido aplastados. Con el tiempo, las derrotas laborales y las crisis económicas marcan el comienzo de un período (neoliberal) en el que el conflicto de clases es moderado. 

Esto continúa en el período 'invernal' de baja rentabilidad y crecimiento débil, aunque Nowak proporciona evidencia de que también puede haber una ola de huelga hacia el final de este período (2010-2014), tal vez de nuevos sectores de la economía que no se habían visto afectados. en acción antes."                        (Michael Roberts, blog, 18/06/19)

20/6/19

El reto de convertir los residuos plásticos en herramientas para la vida cotidiana




 "El plástico parece haber desbordado la vida. No hay resquicio en el planeta que quede libre de este material. Las poblaciones africanas también empiezan a sufrir los efectos de estos residuos que contaminan la tierra y los mares.

 En Njombe, una pequeña localidad situada al sur de Tanzania, los plásticos multicolores comienzan a entremezclarse con la arena rojiza de sus calles. En algunos casos, la basura plástica se recoge para ser quemada. No hay más medios que el fuego. Otras veces, se sincretiza con la naturaleza y queda en el olvido, entre la maleza y los árboles.

"No se genera la misma cantidad de residuos que en Europa, pero la población no deja de crecer y los hábitos de consumo están cambiando", explican desde la ONG local SHIPO, para evidenciar que los plásticos están convirtiéndose en materiales cada vez más presentes en las costumbres cotidianas de la sociedad tanzana.

Al aumento del uso de plástico debemos añadir las cualidades de una sociedad en desarrollo en la que el tratamiento de los residuos brilla por su ausencia. Si en Europa el sistema de reciclaje no garantiza el tratamiento circular de los desperdicios plásticos –en España solo se recupera el 25%, según los datos de las comunidades autónomas–, en África la situación se presenta aún peor.

"Los camiones de basura sólo pasan por las calles céntricas de Njombe y no hay contenedores ni nada. La gente amontona el plástico y los desperdicios en agujeros en sus jardines y cuando se llena lo queman y lo entierran", expone Leire Díez, una ingeniera ambiental vasca que lleva trabajando en la zona para uno de los departamentos de SHIPO.

A escala nacional, la importación de plásticos efectuada por Tanzania se ha multiplicado un 400% desde el año 2000, según los datos del OEC (Observatory of Economic Comlexity).

¿Qué se puede hacer contra este problema de acumulación de plásticos? Esta es la pregunta que trata de resolver la ingeniera vasca, que junto con otros voluntarios trabaja par crear una herramienta que revierta la contaminación por plástico de este pueblo africano de cerca de 40.000 habitantes.  

Así es como ha nacido el proyecto Njombe Beyond que, de salir bien, podría exportarse a otras zonas de África Subsahariana. Desde SHIPO, ONG para la que trabaja Díez, son conscientes de que la solución al problema de los plásticos sólo pasa por el fin de su fabricación. No obstante, los residuos que hoy se acumulan deben tratarse de alguna forma y la economía circular se presenta como una alternativa factible en zonas como este pueblo tanzano.

"La idea central es que los residuos puedan servir a la gente de aquí", expone Díez.  Para que el plástico termine convirtiéndose en el mango de una azada o se transforme, por ejemplo, en una silla sobre la que descansar, utilizarán –si consiguen los fondos a tiempo– un modelo basado en el programa Precious Plástic. Éste nació en Holanda para establecer una red global a la que la gente puede sumarse para trabajar de manera cooperativa en la reconversión de los residuos plásticos en materiales útiles para la vida cotidiana.  

En cualquier caso, el proyecto tanzano busca establecer pequeños talleres y herramientas de fácil uso que puedan llegar a toda la población. Una trituradora, una inyectora y algunos moldes pueden servir para revertir esta realidad manchada de residuos. Con el banco de trabajo creado, la primera fase del proyecto pasa por el "entrenamiento", comenta Díez.

La idea que barajan los voluntarios es que primero empiecen a participar los trabajadores que recogen los residuos de Njombe y cambien la incineración por la transformación circular. Después, será el resto de la población la que se vaya incorporando a los talleres de aprendizaje con la intención de que la basura pueda ser útil para la agricultura o para las escuelas del pueblo.

"Esta es una oportunidad de hacer las cosas bien desde el primer momento y no caer en los errores en los que ya cayó en su momento Europa y los países occidentales", zanja la ingeniera. "             (Alejandro Tenaa, Público, 13/06/19)

18/6/19

“Hay 1.000 o más químicos sintéticos que pueden interaccionar con nuestras hormonas”... El impacto de los químicos que suplantan o compiten con las hormonas que ordenan nuestra vida es especialmente grave... “Hay tres estudios que han documentado que existe relación entre la exposición a pesticidas organofosforados durante la gestación y la disminución en el coeficiente intelectual en los niños. Además, en pruebas de imagen, se veían partes del cerebro menos desarrolladas”

"La conversación con Trasande discurre en español (es hijo de inmigrantes gallegos), horas antes de que tome un avión a Estados Unidos, donde dirige el departamento de Pediatría Ambiental de la facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. Ha participado en el Congreso de la Asociación Española de Pediatría, donde se dijo alto y claro que más del 95% de los niños españoles tienen en su orina estas moléculas que hackean el metabolismo.

“Hay 1.000 o más químicos sintéticos que pueden interaccionar con nuestras hormonas”, dice, “pero la evidencia es más fuerte para cuatro categorías: los plaguicidas, los bisfenoles, que se usan en papel térmico [el de las facturas de los datáfonos o cajas registradoras] y enlatados; los ftalatos que están en cosméticos y en varios tipos de envases de comida, y los retardantes de llama bromados en alfombras, quizá en muebles como este (toca la butaca tapizada en la que está sentado) y en las casas [también en productos electrónicos]. Se pensaba que solo eran dañinos a dosis altas, pero no es así”.

El impacto de los químicos que suplantan o compiten con las hormonas que ordenan nuestra vida es especialmente grave en mujeres embarazadas y también en niños, afirma el especialista, porque ellos consumen más alimentos y líquidos por kilo de peso, sus órganos (y las glándulas que producen las hormonas) están en formación, y además permanecerán expuestos más años. 

“Hay tres estudios que han documentado que existe relación entre la exposición a pesticidas organofosforados durante la gestación y la disminución en el coeficiente intelectual en los niños. Además, en pruebas de imagen, se veían partes del cerebro menos desarrolladas”, asegura. Lo mismo ocurre con los retardantes, que inhiben el funcionamiento de la tiroxina, la hormona del tiroides que regula el metabolismo. Tras exponerse durante el embarazo “se ha visto no solo una afectación cognitiva, también trastornos de autismo y atención e hiperactividad”.

Los disruptores hormonales se han asociado con alteraciones de la salud reproductiva, cánceres, diabetes y obesidad. En este último caso porque favorecen la creación de células grasas o ralentizan el metabolismo, cuenta el investigador. Nadie está a salvo. “Estos químicos nos afectan a todos. Y el beneficio de reducir la exposición es a corto, medio y largo plazo. Estamos hablando de cáncer de próstata, de mama, de efectos cardiovasculares en los hombres. Por ejemplo, los ftalatos inhiben la testosterona. 

Y la testosterona baja se relaciona con problemas cardiacos e ictus. 10.000 hombres mueren al año en Estados Unidos por tener baja esa hormona debido a ftalatos. Estamos hablando de vida o muerte: nos rodean productos químicos con los que nos jugamos la vida. No quiero ser alarmista. Pero hay una urgencia y con costes económicos de 163.000 millones de euros al año en Europa”, apunta el pediatra.

Trasande es sobre todo conocido por trasladar los efectos de estos químicos a números con seis publicaciones en The Lancet Diabetes and Endocrinology y The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism. “Si un niño tiene un punto menos de coeficiente intelectual (CI) la madre no lo nota, ni la pediatra, ni la profesora. Pero si hay 100.000 niños con un punto menos de CI, la economía lo nota. Cada punto menos se valora como un 2% de la producción de toda su vida, que será de un millón de euros. Eso son 20.000 euros. Multiplicado por los tres millones de niños nacidos cada año en Europa supone 60.000 millones de euros anuales. Y esos son costes estimados muy bajos teniendo en cuenta que hemos estudiado solo un 5% de los disruptores endocrinos”.

La buena noticia es que con medidas simples y baratas, dice, se puede hacer mucho: “No comer alimentos enlatados. Rápidamente bajan los niveles en orina de bisfenol A. También rebajar las comidas envasadas en plástico y ultraprocesadas. En dos o tres días disminuyen los ftalatos”. Lo mismo ocurre al eliminar ciertos cosméticos y al pasarse a los alimentos orgánicos. 

Otras precauciones incluyen no meter plásticos ni en el microondas ni en el lavavajillas, porque “a altas temperaturas se transforman de polímeros a monómeros que pasan a la comida y en último término al cuerpo”. Y ventilar 15 minutos al día para eliminar el polvo químico de alfombras y componentes electrónicos.




¿Y los denostados y contaminantes plásticos? Vidrio y tetrabriks en su lugar y, en caso de usarlos, fijarse en que dentro del triángulo con el que están marcados no figure el 3 (PVC), el 6 (poliestireno) o el 7 (policarbonatos que pueden tener bisfenoles). Y sustituir las sartenes antiadherentes por las de acero inoxidable o hierro, “las de toda la vida”.

Estamos rodeados por estos químicos. -"en el metro, en la escuela, en los centros de trabajo", aunque podemos controlar nuestras casas, esas ocho o 10 horas al día que pasamos en ella, los fines de semana, "pero otros entornos no los controlamos". Pero lo bueno, insiste, es que "se puede preguntar, ¿es esto comida orgánica?.¿ese olor es sintético o natural?"

 Poco podemos hacer fuera de casa aparte de eso y de no coger el recibo del súper —“al contacto con la piel los químicos pasan a la sangre”—. Durante la conversación dan ganas de salir corriendo a mirar en el fondo de los tápers, tirar el pescado envuelto en plástico en una bandeja y deshacerse de todas las cremas. “No se requiere un doctorado en química. Sugiero usar una app de las que indican la seguridad del cosmético".

Los beneficios de evitar la exposición son palpables desde el inicio, como ocurre cuando se deja de fumar. "Por ejemplo, si reducimos la exposición a los ftalatos en cosméticos hay un efecto sobre los senos nasales que se puede advertir inmediatamente. En una semana se notan cambios hormonales y en meses o años se reduce el riesgo de enfermedades crónicas"

Cree el experto que los consumidores ltenemos mucho poder con la capacidad de comprar o no determinados productos. Y existe, en su opinión, un lugar también para las políticas públicas de prevención. Y en eso Europa lleva la delantera en general a Estados Unidos. "En Europa se han eliminado más de 1.300 productos, en Estados Unidos, 11. En eso no me siento orgulloso de mi país", Aquí, asegura, un químico se veta si hay un estudio que lo relaciona con un daño, cualquiera que sea la dosis. Eso no ocurre en Estados Unidos.

¿Y en España? "Existe una oportunidad para impulsar la agricultura orgánica desde las autoridades,y liderar ese campo para aumentar la producción de estos alimentos libres de pesticidas", concluye."                  

17/6/19

El fútbol, la gran metáfora de la sociedad

"Apenas un siglo separa la legendaria mano de dios de Maradona de la victoria –por la mínima y en la prórroga– de un equipo de obreros del norte de Inglaterra –el Blackburn Olympic– frente al muy aristocrático club de los Old Etonians. Dos instantes de un mismo partido eterno cuyo balón se disputan desde el origen ricos y pobres, opresores y oprimidos. Un partido que –parafraseando al magnate Warren Buffett– existe y, por el momento, lo van ganando unos pocos en detrimento de los de siempre.

La Historia está hecha de tensiones, avanza como a trompicones y cuando te das cuenta el mundo que conocías ya no existe. Algo así le ha sucedido al fútbol. Aquel juego marginal y contestatario que en su día fue herramienta de emancipación quedó eclipsado de un tiempo a esta parte por una cultura balompédica que prioriza el espectáculo por encima de todo. “Ya no se habla de fútbol sino de individuos, se ha impuesto la atomización”, apunta un tanto lacónico el periodista e historiador francés Mickael Correïa, autor de Historia popular del fútbol (Hoja de Lata).

En efecto, el neoliberalismo campó a sus anchas también en los estadios y de aquellos barros estos lodos. Hoy, los clubes millonarios compran a precio de oro jugadores procedentes de los arrabales, los regímenes autoritarios intentan canalizar en su provecho las pasiones futbolísticas y las multinacionales aprovechan códigos del fútbol callejero para vender sus zapatillas de deporte. Una vorágine turbocapitalista que no invita al optimismo pero que Correïa prefiere leer e imaginar en clave empoderadora.

“En el mundo capitalista que vivimos, con las oligarquías haciendo y deshaciendo a su antojo, son los hijos de los poderosos los que acceden a puestos de privilegio que les perpetuán en el poder; el fútbol, en cambio, no permite fingir ni heredar nada, es el cuerpo la única herramienta de trabajo”. Es precisamente esa condición corpórea la que, en palabras de este historiador, confiere al fútbol “una dimensión popular inalienable”. 

Así, cuando CR7 tiene a bien remangarse la profusa musculatura del pernil en sus ya icónicas (y sonrojantes) carrerillas, Correïa identifica ahí un gesto de clase (obrera): “Se le critica mucho, pero para mí es como cuando un obrero se sube las mangas antes de empezar a trabajar, tiene esa misma entidad”.

El fútbol no deja de ser una gran metáfora de la sociedad. Codificado en su origen por la aristocracia británica, la working class no tardó en apropiarse del invento haciéndolo suyo. Se liberaba así de la tutela que imponía una patronal que vio en este juego la posibilidad de controlar a los parias de turno y cortar por lo sano sus veleidades emancipadoras.

 “La clase obrera adoptó este deporte en un momento en el que necesitaba crearse una identidad tras el éxodo rural a las ciudades que se produjo en los albores del siglo XIX”, explica Correïa. Se populariza de este modo un deporte que hasta ese momento era exclusivo de los gentlemen, una transición que supuso, también, un cambio de estrategia.

“Los aristócratas jugaban de forma muy individualista, prevalecía el honor, el autocontrol y la compostura, para ellos pasarse el balón era una muestra de debilidad”. Los desheredados, por contra, optaron de forma progresiva por un juego mucho más colaborativo, algo que en palabras de Correïa “transcribe su realidad en las fábricas”, trasladando al fútbol un modelo productivo basado en las cadenas de montaje. “Su objetivo era producir una victoria que pudiera ser compartida a nivel colectivo”, zanja Correïa.

 

Fair-play vs. Picaresca


El espíritu de la chabola se dio de bruces con esa finura atávica propia de las clases dominantes. Conceptos como honorabilidad y decoro están muy bien cuando no vives instalado en la miseria. Dicho de otro modo; cuando ni la ley ni el físico están de tu lado, el engaño pasa a ser una opción. “La mano de dios de Maradona ejemplifica ese imaginario callejero, ¿qué puede hacer un tipo como el Pelusa frente a la envergadura de un portero británico?”. Un gol inimaginable en tiempos de videoarbitraje. “La frialdad de la máquina al servicio de un escenario eminentemente humano como es el estadio”, añade Correïa.

Jugadores como Pelé o Garrincha hicieron también de la necesidad una virtud. Su juego no deja de ser el epítome de toda una tradición futbolística nacida en una sociedad profundamente clasista y xenófoba, no en vano la esclavitud no fue oficialmente abolida en Brasil hasta 1888. “Los principales equipos estaban conformados por blancos, cuando se enfrentaban a equipos de negros estos podían ser agredidos físicamente dado que el árbitro era siempre blanco”. 

Un inconveniente –no menor– que la comunidad negra tuvo a bien solventar del único modo posible: tratar de esquivarlo. Así nace ese dribleo tan característico de los cariocas, estilo que encuentra en las inocuas cabriolas de Neymar una suerte de parodia.

 

Un gol a la dictadura


«El FC Barcelona ha sido a la vez refugio y cuna, fluctuante y difuso, de la identidad de Cataluña», escribía el historiador Josep Solé i Sabaté.  El potencial propagandístico e identitario del deporte de masas no se puede obviar. El franquismo lo supo muy pronto, no en vano en 1939 el poder ordena a la Federación Española de Fútbol que cambie el nombre de la Copa del Rey por el de Copa del Generalísimo

Los silbidos en el estadio barcelonista al Cara el Sol se suceden convirtiéndose paulatinamente el club blaugrana en una caja de resonancia de las reivindicaciones catalanistas y republicanas. Se trataba, a fin de cuentas, de una dimensión simbólica de resistencia frente a la dictadura. Una dimensión que se complementaba con la capacidad de cohesión que encarnaron en su día los colores blaugranas para los millones de inmigrantes que se trasladaron a Catalunya en pleno boom industrial."                (Juan Losa, Público, 14/05/19)

14/6/19

Por qué una Renta Básica Universal es una mala idea... Además, ya hay una propuesta para una política más razonable: “ingreso básico garantizado”. En vez de darle a todo el mundo mil dólares al mes, un programa de ingreso garantizado sólo transferirá dinero a personas cuyo ingreso mensual sea menor a esa cifra...

"La falta de una red de seguridad social adecuada en Estados Unidos y otros países desarrollados impulsa el interés en propuestas para la creación de un ingreso básico universal (IBU). La brecha entre los ricos y el resto se ha ampliado considerablemente en años recientes, y muchos temen que la automatización y la globalización la ensanchen todavía más.

 No hay duda de que si la única opción es entre el empobrecimiento masivo y un IBU, es mejor lo segundo. Un programa de esta naturaleza permitiría a los destinatarios usar el dinero para los fines que les resulten más valiosos; crearía un amplio sentido de posesión y un nuevo electorado capaz de sacudir el sistema político plutocrático. 

En diversos estudios sobre programas de transferencia condicional de efectivo en economías en desarrollo se halló que esas políticas pueden empoderar a las mujeres y a otros grupos marginados.Pero la del IBU es una idea defectuosa, sobre todo porque sería extremadamente cara, a menos que se acompañara de grandes recortes en el resto de la red de seguridad. En Estados Unidos (población: 327 millones), un IBU de sólo mil dólares al mes costaría unos cuatro billones de dólares al año, cifra cercana a todo el presupuesto federal en 2018. 

De no mediar grandes ahorros en otras áreas, habría que duplicar la recaudación impositiva de los Estados Unidos, lo cual generaría enormes costos distorsivos sobre la economía. Y no: un IBU permanente no puede financiarse con deuda pública o emisión monetaria.Sacrificar todos los otros programas sociales en aras de un IBU es una pésima idea. 

Esos programas están para encarar problemas concretos, por ejemplo la vulnerabilidad de ancianos, niños y personas discapacitadas. ¿Qué sería vivir en una sociedad donde hay niños que pasan hambre y personas con enfermedades graves carecen de atención adecuada porque toda la recaudación impositiva se dedica a mandarles un cheque cada mes a todos los ciudadanos, millonarios incluidos?Lo del IBU queda bien para un eslogan, pero como política, es una idea endeble. 

De la teoría económica básica se deriva que los impuestos a los ingresos son distorsivos en la medida en que desalientan el trabajo y la inversión. Además, un gobierno no debería transferir dinero a la misma persona a la que le cobra impuestos, pero eso es precisamente lo que haría un IBU. En Estados Unidos, por ejemplo, alrededor de tres de cada cuatro familias pagan algún tipo de impuesto a los ingresos o deducción salarial en el nivel federal, y una proporción todavía mayor paga impuestos en el nivel de los estados.

 Además, ya hay una propuesta para una política más razonable: el impuesto negativo sobre los ingresos, o lo que a veces se denomina “ingreso básico garantizado”. En vez de darle a todo el mundo mil dólares al mes, un programa de ingreso garantizado sólo transferirá dinero a personas cuyo ingreso mensual sea menor a esa cifra, de modo que su costo será muchísimo menor al de un IBU.

 Los defensores del IBU dirán que un programa de transferencias que no sea universal tiene el defecto de que no suscitará tanto apoyo en los votantes; pero es una crítica infundada. Un ingreso básico garantizado sería tan universal como el seguro nacional de salud, que en vez de hacer una transferencia mensual a toda la población, sólo beneficia a quienes hayan debido afrontar gastos médicos.

 Lo mismo se aplica a aquellos programas que ofrecen ayuda incondicional garantizada para la satisfacción de necesidades básicas, por ejemplo alimentos para los necesitados o el seguro de desempleo. Esas políticas cuentan con amplio apoyo en los países que las aplican.Finalmente, el entusiasmo que genera el IBU se basa en gran medida en una interpretación errada de las tendencias de empleo en las economías avanzadas. 

Contra lo que suele creerse, no hay pruebas de que el trabajo tal como lo conocemos vaya a desaparecer en poco tiempo. En realidad, la automatización y la globalización están el empleo, eliminando ciertos tipos de trabajo y aumentando la desigualdad. Pero en vez de crear un sistema en el que una gran fracción de la población recibe una limosna, deberíamos adoptar para alentar la creación de empleos “de clase media” bien remunerados y fortalecer nuestra deficiente red de seguridad social. El IBU no hace nada de esto.

En Estados Unidos, las prioridades políticas tendrían que ser la cobertura universal de salud, prestaciones de desempleo más generosas, mejor diseñados y una ampliación del sistema de crédito fiscal para personas de bajos ingresos (conocido por la sigla en inglés EITC): este último ya hace las veces de ingreso básico garantizado para los trabajadores mal remunerados, cuesta mucho menos que un IBU y alienta directamente el trabajo. 

Por el lado de las empresas, reducir los costos indirectos y las cargas sociales que pagan los empleadores al contratar trabajadores alentaría la creación de empleo, una vez más, por mucho menos que el costo de un IBU. La ampliación del EITC (con una suba del salario mínimo, para que los empleadores no se aprovechen del crédito fiscal dado a los trabajadores), sumada a una reducción de las cargas sociales, contribuiría en gran medida a la creación de empleos valiosos en todos los niveles de la distribución de ingresos.

Y en particular, estas soluciones potencian la política democrática. No puede decirse lo mismo de un IBU, repartido desde arriba para aplacar a las masas descontentas. Esta medida no empodera (ni siquiera consulta) a sus destinatarios. (¿Los trabajadores que perdieron sus empleos de clase media prefieren recibir dinero del Estado o la oportunidad de conseguir otro empleo?) Las propuestas para un IBU son totalmente similares al “pan y circo” de los imperios romano y bizantino: dádivas para desactivar el descontento y ablandar a las masas, en vez de ofrecerles oportunidades económicas y poder de decisión política. 

En cambio, el estado de bienestar moderno que tan bien funcionó en los países desarrollados no fue una dádiva de magnates y políticos. Buscaba proveer seguridad social y oportunidades a la gente. Y fue resultado de la política democrática. La gente de a pie exigió, se quejó, se manifestó y se involucró en la formulación de políticas, y el sistema político respondió. El documento fundacional del estado de bienestar británico (el Informe Beveridge de tiempos de la Segunda Guerra Mundial) fue una respuesta tanto a las demandas políticas cuanto a las penurias económicas. 

Se intentó proteger a los desfavorecidos y crear oportunidades, alentando al mismo tiempo la participación cívica.Muchos problemas sociales actuales derivan de que hemos descuidado el proceso democrático. La solución no es repartir migajas para tener a la gente en sus casas, distraída y apaciguada. 

En vez de eso, necesitamos rejuvenecer la política democrática, alentar el involucramiento cívico y buscar soluciones colectivas. Sólo con una sociedad movilizada y políticamente activa podremos crear las instituciones que necesitamos para tener prosperidad compartida en el futuro y proteger a los más desfavorecidos."                          

 (Daron Acemoglu.  Professor of Economics at MIT,  is co-author (with James A. Robinson) of Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty , Project Syndicate, 07/06/19)

13/6/19

Bill Mitchell: Todos somos emprendedores que marchamos hacia un futuro precario y empobrecido... Si hubiera un sistema de Trabajo Garantizado, los trabajadores podrían simplemente, abandonar los temporales... y emplearse a tiempo completo (o la fracción que eligieran) con un salario digno y una pensión

"Hace algunos años, fui orador en un evento en Sydney sobre el tema de la evolución de los salarios. Compartí el podio con una joven que era algo así como la NEW Joven del Año. 

Fue en un momento en que los grupos de empleadores estaban presionando al gobierno conservador para que abandonara las tasas de penalización para los trabajadores en industrias de bajos salarios (hospitalidad, turismo, etc.) y les quitara a los sindicatos los poderes. 

Hablé acerca de cómo esa agenda fue diseñada para promover sus intereses de clase y se ajustó directamente a la intención neoliberal de redistribuir el ingreso real de los trabajadores hacia las ganancias empresariales.

La joven después de mí anunció que la clase estaba muerta y que ya no existía tal cosa en los trabajadores. Dijo: "¡Ahora todos somos empresarios!". Antes de eso, cuando nuestro gobierno nacional estaba privatizando nuestras compañías públicas como Qantas y Telstra, nuestro primer ministro anunció que "todos somos capitalistas ahora", refiriéndose a la idiotez de las personas que compran acciones en las compañías de las cuales ahora somos colectivamente "dueños" y que antes estaban en manos públicas.

 La manifestación más reciente de esta ilusión de que la clase está muerta y que todos somos emprendedores es la llamada "economía del trabajo temporal".

 Parece que ahora tenemos millones de personas (primero jóvenes pero cada vez más mayores) que piensan que el espíritu empresarial consiste en comprar una scooter barata y en recorrer las calles para entregar pizzas con cualquier tiempo para ganar unos pocos dólares, mientras que las compañías que las "emplean" (en lugar de contratarlos) se llevan millones. 

Estos trabajadores, lo siento, los empresarios, enfrentan un futuro sombrío. Cuando no hay encargos de pizzas no tienen turnos. Cuando están enfermos no tienen paga. Cuando se van de vacaciones no tienen paga. Y cuando envejezcan no tendrán jubilación. Suena como un plan para hacer rico a alguien.

Los lectores habituales sabrán que no usaré servicios como ‘Uber’.  (...)

 Hubo un artículo reciente de The Guardian en el Reino Unido sobre los conductores de Uber: los conductores de Uber se vieron obligados a dormir en los estacionamientos para ganarse la vida dignamente (8 de mayo de 2019).

Fue en el contexto de Uber abriendo sus acciones al público que el artículo señaló que "convertiría a algunos millonarios en la junta en multimillonarios".

El salario medio de los conductores es "$ US 8.55 por hora antes de impuestos", mientras que, por ejemplo, el salario mínimo de California es de $ US 11 por hora y el salario mínimo de Nueva York es de $ US15 por hora.

El artículo señaló que algunos conductores "tienen que conducir 70 u 80 horas por semana" para ganarse la vida. (...)

Un estudio de la Universidad de Chicago y la Universidad de Rice reveló que "su ... [Uber] ... la introducción en un área metropolitana lleva a un aumento económico significativo en el número total de muertes en vehículos de motor" a medida que los conductores intentan ganar más dinero mientras que Uber gana más .

 Un artículo del New York Times sobre la OPI de Uber: Strike All You Want. Uber no pagará un salario digno (10 de mayo de 2019): concluyó que:

    El problema para Uber, y para todos los demás, es que su propio modelo de negocios excluye un futuro de prácticas laborales justas.  (...)


Un Trabajo Garantizado alteraría dramáticamente la escena.

 Ha habido muchas peticiones para que se pague un ingreso mínimo garantizado para ayudar a estos trabajadores precarios. (...)

Si no nos gusta el comportamiento del mercado laboral: baja remuneración, baja inversión en capacitación y habilidades, subcontratación de la responsabilidad de la provisión de herramientas ('carros Uber'), falta de seguridad, condiciones de trabajo peligrosas, falta de derechos tales como pago por enfermedad, vacaciones pago, y disposiciones de pensiones, etc., entonces, como progresistas, no deberíamos exigir al gobierno que proporcione una miseria de UBI y dejar que el mercado laboral haga su trabajo.

Deberíamos estar trabajando en intervenciones de políticas que eliminen las prácticas que no nos gustan y consideramos perjudiciales para el bienestar.

Así, por ejemplo, Nueva York ha introducido regulaciones que obligan a Uber a pagar a los trabajadores un salario mínimo vital. ¡Uber ha dejado de reclutar conductores allí!

Deberíamos obligar a los empleadores de la economía de negocios que se esconden detrás del mito del contratista independiente a que incorporen a todos sus trabajadores a su fuerza laboral empleada y los sometan a derechos estándar. Si no les gusta, entonces pueden dejar de comerciar.

¡Vivíamos bien antes de que llegara Uber!

Y debemos exigir que el gobierno introduzca un Trabajo Garantizado que establezca todos los salarios mínimos y los beneficios no salariales y anule a los empleadores que solo proporcionaron empleos precarios que los trabajadores no tuvieron más remedio que aceptar.

Si hubiera un Trabajo Garantizado que proporcionara un trabajo significativo que contribuyera a la sociedad, entonces los trabajadores en arreglos temporales o alternativos que estaban descontentos con su situación podrían simplemente, abandonarlos y tomar un Trabajo Garantizado a tiempo completo (o la fracción que eligieran) con un salario inclusivo y responsable socialmente, y otros beneficios no salariales.

Ellos se sentirían seguros y se les proporcionaría un futuro a través de disposiciones de jubilación, etc. (...)
Lo que parece ser el caso es que un número creciente de trabajadores se están quedando atrapados en estos lugares que no van a ninguna parte y que no proporcionan nada para su futuro.  (...)"                     (Bill Mitchell, blog, 04/06/19)

Las plantas se están extinguiendo a un ritmo nunca visto antes. La pérdida de especies vegetales es 500 veces mayor que la ratio natural de extinciones

"Cerca de 600 especies de plantas se han extinguido en los últimos 250 años. Salen a 2,2 por año. La cifra puede no impresionar pero es más que las extinciones sufridas entre los mamíferos, aves y anfibios juntos. 

El ritmo de extinción es, según una revisión de lo que la ciencia sabe hasta ahora de la base vegetal del planeta, mayor que en cualquier tiempo pasado. Las zonas más afectadas son las islas, las selvas tropicales y las regiones de clima mediterráneo. Tras la mayoría de las causas parecen estar los humanos.

Investigadores del prestigioso Real Jardín Botánico de Kew (Reino Unido) y la Universidad de Estocolmo (Suecia) han recuperado una vieja base de datos con la situación las especies vegetales conocidas. Creada en los años 80 pero nunca publicada, sale ahora a la luz actualizada con los datos de estas últimas décadas. Los resultados del trabajo, publicados en Nature Ecology & Evolution, obligan a revisar a alza las cifras de extinciones incluidas en listados tan establecidos como la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Cuando el naturalista sueco Carlos Linneo catalogó en su Species Plantarum de 1753 todas las plantas, había entonces 5.940 especies conocidas (por los occidentales). Desde entonces, han desaparecido 571 especies, la mayoría en las últimas décadas. La cifra sin su contexto apenas dice nada. Desde Linneo, se han catalogado otras 300.000. Así que, en términos absolutos, pueden parecer hasta pocas.

"Sí, es difícil valorar si 600 especies son muchas o pocas", reconoce la profesora de la Universidad de Estocolmo y principal autora del estudio, Aelys Humphreys. Así que han recurrido a diversas comparaciones para poner la cifra en contexto. "La primera es que esto supone multiplicar por más de cuatro las especies vegetales consideradas como extintas hasta ahora. La segunda es que se trata de más del doble del número de especies extinguidas de aves, mamíferos y anfibios combinados", compara.

Humphreys está convencida además de que el número total debe ser aún mucho más alto. "Y es así porque, para la mayoría de las zonas del planeta, nuestro conocimiento botánico no es lo suficientemente bueno como para detectar las extinciones de plantas. Es especialmente cierto para las regiones tropicales con gran diversidad de plantas. Otro argumento que refuerza la idea de que es una cifra infraestimada es que para muchas especies solo se conocen un pequeño número de ejemplares vivos.

 Ni se reproducen o liberan semillas necesariamente, lo que significa que no están creando nuevas generaciones. En el estudio nos referimos a ellas como funcionalmente extintas. Puede llevar mucho tiempo que una especie vegetal funcionalmente extinta desaparezca por completo, debido al largo periodo (décadas o incluso siglos) que pueden vivir las plantas adultas", explica la profesora.

Ese fue el caso del sándalo de Juan Fernández (Santalum fernandezianum), un árbol de madera roja y, como otras especies emparentadas, muy aromática. Hasta los tiempos de Linneo, crecía en el archipiélago Juan Fernández, a 670 kilómetros frente a la costa del actual Chile. Sus aromas fueron su condena. 

Para mediados del siglo XIX ya solo se conocía un ejemplar en una de las islas, la de Robinson Crusoe. El botánico sueco Carl Skottsberg lo fotografió en 1908, experiencia que recogió en su libro La Patagonia salvaje. Pero cuando volvió a Juan Fernández una década más tarde ya no estaba. Aún hay proyectos para encontrarlo.

Las islas, en especial las pequeñas, son las que sufren un mayor número de extinciones. Según los autores del estudio, la mitad de las desapariciones se han dado en ellas. Y las consecuencias no son las mismas si la especie desaparecida era isleña o continental.

 "Muchas islas albergan una flora y fauna únicas, siendo el hogar de especies que no se encuentran en otra parte. Esto conlleva una gran variedad de interacciones vulnerables en la que la pérdida de una especie puede tener serias consecuencias para el rango de especies que depende de ella", explica Humphreys.

Tras las islas, son las especies leñosas (árboles y arbustos) de las selvas tropicales y áreas de clima mediterráneo las regiones del planeta con más extinciones. El estudio también ha estimado que, desde que los humanos tienen un impacto significativo en el entorno (inicios de la Revolución Industrial) la tasa de extinciones es 500 veces mayor que la que era en periodos anteriores.

 Aunque el estudio no analiza las causas, los autores señalan a la destrucción del hábitat mediante acciones humanas como la deforestación y tala masiva, la introducción de especies ganaderas o el avance de la agricultura."                 (Miguel A. Criado, El País, 10/06/19)