17/7/18

"Philip Roth casi gana el Nobel por sostener que las mujeres son un trozo de carne"

"Jessa Crispin (Kansas, 1978) habla rápido como si sujetase una ametralladora con los dientes, pero sus palabras generan un efecto más parecido al de la bomba atómica. Como ejemplo, su anterior libro Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista (2017), donde no dejaba títere con cabeza en un movimiento que, según ella, "ha perdido el rumbo".

 "Si es universal, si se puede apuntar cualquier hombre y mujer del mundo, entonces no es para mí", apunta.

Se refería a quienes tildaron a Hillary Clinton de candidata feminista solo por ser la mujer que se enfrentaba a Trump, a las que lucen camisetas de marca con consignas revolucionarias, a Beyoncé y a la creadora de Girls, Lena Dunham: "una cría blanca malcriada que no tiene ni puta idea de lo que dice". Muchos la tacharon entonces de pirómana y de lucrarse poniendo minas a su propio movimiento, pero ella se confesó más interesada en un feminismo transversal y que huya del victimismo.

Ahora, acaba de publicar El complot de las damas muertas (Alpha Decay), un cóctel literario breve y muy diferente a todo lo que había escrito hasta ahora. En él, mezcla pensamientos suicidas con cuidadosos ensayos sobre grandes figuras literarias como James Joyce, Igor Stravinsky, Rebecca West o Margaret Anderson.

Un cuaderno de bitácora fascinante, escrito durante más de diez años, y en una decena de países, que aúna su amor por la lectura, por sus referentes, por el esoterismo y, como no podía ser de otra forma, por el feminismo.

Reivindica mucho la figura de las esposas en El complot de las damas muertas, como a Nora Barnacle [la mujer de James Joyce] o Isabel Arundell [la de Richard Burton]. ¿Han sido los historiadores injustos con ellas?

Claramente sí, y cada vez hay más estudios y libros sobre las amantes y esposas de estos grandes artistas porque se han dado cuenta de que merece la pena devolverlas a la luz. Son interesantes por derecho propio, no solo porque estuviesen casadas con un tío.

A mí, por alguna extraña razón, me fascinan las figuras de Cósima Wagner, la mujer del compositor alemán, y la de Alma Mahler, la esposa de Gustav Mahler. Esta última era un genio y se tiró absolutamente a todo el mundo de la escena musical y artística de la época. Era una lunática delirante y a la vez una genia y una criatura fascinante. Era lo opuesto a todo lo que imaginamos de una esposa o una musa: nada recatada o silenciosa.

Y Cósima Wagner tampoco. Era sádica, malvada, brillante y rara. Quienes la conocían a través de su marido llegaban a la conclusión de que ella era el genio de la relación, mucho más brillante que él. Exudaba inteligencia. Es interesante acordarse de estas mujeres cuando asumimos lo que "una esposa" debe ser, porque nunca pensamos en Alma Mahler o en otras "enormes zorras" que obsesionaban tanto a los hombres que las llegaban a replicar en muñecas a tamaño real - como hizo Oskar Kokoschka con Alma-.

Dice en el libro que espera encontrar a un hombre para que se convierta en su "esposa". ¿Por qué no existe la figura del hombre muso del mismo modo que existe y existirá siempre la de la musa?

Para empezar, "querer una esposa" es un deseo corrupto. Lo que se presupone a una esposa en el imaginario patriarcal es alguien que se encargue de tu mierda y que no se queje. Ha de ser casi una asistente. Y es evidente que no deberíamos desear eso en una relación romántica, sino a una igual. Pero la figura de la musa es de por sí un rol pasivo. Creo que la sociedad ha inculcado al hombre que que debe la figura principal de la pareja y a la mujer el apoyo, la compañera.

Cuando hablamos de esposas no pensamos en mujeres que fueron más grandes que la vida misma o tan vibrantes como las que te decía antes. Pensamos en algún alma en pena sentada en una mecedora y cosiendo a la espera de que su marido vuelva a casa. Y eso dice mucho de cómo asumimos que puede ser la vida de una mujer.

Pero no solo hay esposas en su libro, también grandes escritoras. ¿Cuál fue la vida que le impactó más o con la que se sintió más identificada?

Conecté a un nivel muy personal con Margaret Anderson en el sur de Francia por razones obvias. Los primeros treinta años de nuestra vida fueron bastante similares: las dos somos del Medio Oeste de Estados Unidos, empezamos nuestra carrera en Chicago y las dos tenemos los mismos problemas mentales a raíz de vivir en Chicago [risas].

Me fascina leerla y me encantaría que escribiesen una biografía completa sobre ella. Al final, es una figura imprescindible en el modernismo y la mitad de la literatura modernista que conocemos no existiría sin ella. Dicho esto, a diferencia de Anderson, no me gustó demasiado vivir en el sur de Francia, fue uno de los sitios en los que me sentí más miserable.

A raíz de esto, habla sin tapujos del suicido y la depresión durante estos viajes. ¿Qué región le resultó más terapéutica?

Creo que en Trieste, en Italia, encontré un pequeño oasis mental. Y obviamente las islas griegas, tan preciosas e idílicas. En realidad el único sitio con el que no tuve una gran relación fue con Belgrado. No me gustó nada. No salía nunca de mi habitación porque odiaba esa ciudad. Pero la verdad es que cada una me ofreció algo único o me ayudó a pensar con claridad. Todas me sirvieron de apoyo de una forma u otra, excepto Belgrado [risas].

En su manifiesto, No soy feminista, defiende un feminismo académico y alejado del oportunismo. ¿Qué o quién le llevó a pensar que se estaba haciendo ese uso del feminismo en la actualidad?

Últimamente he leído a Emma Goldman, quien me ha llegado más por sus memorias que por sus escritos políticos. Ella fue muy crítica con el feminismo de la primera ola, porque habían centrado el foco en la clase media, en la adquisición de propiedades privadas, en el matrimonio o en el derecho al voto de las mujeres blancas.

Goldman intentaba señalar que, solo porque las mujeres conservadoras obtuviesen el voto, no se iban a solucionar los problemas de las pobres, las negras o cualquiera de la clase trabajadora en Nueva York, que era una ciudad increíblemente pobre en aquella época. Que alguien como ella pensase en llevar los asuntos y derechos de las mujeres a un ala más izquierdista del movimiento, antes que obtener pedacitos de feminismo, es algo a resaltar.

Creo que al feminismo contemporáneo le pasa lo mismo. Defiende que debemos centrarnos en nuestros propios derechos y no se está integrando un pensamiento más amplio en el que la sociedad sea reformulada para todas. El feminismo ha cojeado siempre de ese pie, pero ahora se ha convertido en un flagrante y enorme problema. En mi opinión, deberíamos dirigirlo de nuevo hacia la anarquía y el socialismo, y a pensar no solo lo que es bueno para las mujeres sino para todo el mundo.

¿Cuál sería, según usted, la mayor reivindicación feminista actual que se está planteando desde el individualismo?

En Norteamérica hay enormes partes del país donde resulta imposible abortar. Si lo necesitas, tienes que conducir como mínimo cuatro horas y cuesta miles de dólares. Así que hay una enorme parte de la población femenina que no tiene acceso a unos cuidados reproductivos básicos. Y al feminismo en EEUU no le importa una mierda el derecho al aborto.

Las feministas apoyan a candidatos supuestamente pro-elección, pero estos políticos no están interesados en mejorar la situación del acceso al aborto porque la mayoría vive en la costa, donde hay acceso incluso a "abortos de lujo".
Para mí es el ejemplo más notorio de cómo el feminismo deja tirado al 80% de las mujeres de mi país. 

De que su retórica está centrada por completo en ese pequeño segmento de mujeres que han tenido una buena educación, que son pudientes y que viven en áreas urbanas. Yo hablo mucho del derecho al aborto porque así fue cómo me introduje en el feminismo, como consejera en un centro de planificación familiar.

Hay un ejemplo elocuente sobre esto en la segunda temporada de El cuento de la criada, que muchas feministas están rechazando por ser demasiado explícita en las violencias sobre la mujer, incluyendo el aborto. ¿Es una postura propia del feminismo de clase alta?

Es un plomazo apabullante pensar en todo lo que queda por hacer. Así que es más sencillo pensar solo en nuestros propios problemas y en otras que sufren lo mismo que nosotras. Hay que reformar muchas capas de nuestra sociedad para llegar a conseguir una igualdad real. No es algo que se pueda cambiar con un plan a diez años vista, es un trabajo de generaciones.

Pero el primer paso para solucionar cosas como las que se muestran en El cuento de la criada, y que ocurren en la realidad, es ser capaz de mirarlas y que nos provoquen una mala sensación. Si ni siquiera estamos dispuestas a tener ese gesto, no sé a qué estamos contribuyendo al movimiento.

Es muy crítica con el feminismo mainstream, como el de Beyoncé o el de Lena Dunham. ¿No es complementario un feminismo light que llegue a más capas de la sociedad con uno académico que tenga menos alcance pero sea más crítico?

Uno de los argumentos que más escucho es que Beyoncé o una camiseta son una buena forma de introducir a la gente en el feminismo. "¿Qué hay de malo en eso?". Pero no creo que una persona que se compra una camiseta de Todos debemos ser feministas vaya a estar más comprometida con los grandes debates del movimiento.

Es como cuando la gente decía que Harry Potter iba a ser el libro light con el que la sociedad se iba a aficionar a la literatura en condiciones, cuando en realidad Harry Potter es una basura y no condujo a eso. Tampoco creo que una canción de Beyoncé o la camiseta sean la droga de la violación, quizá sean inocuas. Pero sí que creo que ahogan el verdadero mensaje del feminismo y permiten que la gente inapropiada se lucre con ello.

Pasó lo mismo cuando se estrenó Wonder Woman, las críticas perdieron la jodida cabeza por lo feminista que era esta película. Una película sobre violencia y cuya protagonista estuvo enrolada en las Fuerzas Armadas israelíes, donde se cometen crímenes de guerra contra los palestinos. En fin. 

Pero esta cultura del feminismo light es tan monolítica que no acepta las críticas. Si te atreves a hacerlo, te tacharán de traidora, de cascarrabias o de opositora a la hermandad, como han hecho conmigo.

En España, el feminismo se ha popularizado generando un movimiento social y cultural nunca antes visto: ya sea con una reacción solidaria ante una violación múltiple o en el Día de la Mujer. ¿No hay que aplaudir esto?

Se esgrimió mucho ese argumento durante la Marcha de las mujeres después de las elecciones de Donald Trump en Norteamérica. De acuerdo, fue bonito, pero todavía tenemos a Donald Trump. Las marchas de las mujeres tampoco crearon una agenda coherente ni muy alentadora.

También es cierto que hay más mujeres postulándose para cargos públicos en las próximas elecciones que en toda la historia americana. Y sería genial si esas mujeres tuvieran una política feminista de verdad o al menos progresista. Porque muchas de ellas son de centro-derecha, y apoyan cosas como la superpoblación de las prisiones o las terribles políticas de inmigración de EEUU.

Entonces, ¿cuál es el resultado real? Soy pragmática. ¿Cuál es el cambio social y la consecuencia final? Hasta ahora, con todo el feminismo mainstream que existe en mi país, no he visto que el mundo haya mejorado ni un poquito. Me sigue pareciendo una espiral de codicia, egoísmo y un montón de sandeces. Así que me atrevería a asegurar que el feminismo mainstream no ha conseguido absolutamente nada. No soy cínica, pero tampoco ingenua.

También defiende que el feminismo ha de ser incómodo. Eso inevitablemente lleva a que nos provoque contradicciones. ¿A cuáles se enfrenta a diario?

Casi te diría que a nivel romántico. Estoy trabajando en un proyecto que avanza algo lento con otra escritora llamado La heterosexualidad es una maldita pesadilla, porque si existes en una sociedad patriarcal, como hacemos todos, y quieres estar enamorada, ¿cómo estructuras la relación para que sea políticamente coherente?

La simple división de la tarea doméstica es política, el matrimonio es rabiosamente político, los asuntos del sexo son política, los desequilibrios de poder, la seducción, la dominación y el consentimiento. Las mujeres han sido educadas para no mostrar sus deseos sexuales y los hombres para usar la dominación como técnica de seducción. 

Y es muy difícil pensar en estas cosas cuando lo único que quieres que alguien te quite los pantalones por las noches o cuando te enfrentas a un tsunami de sentimientos.

Con la muerte de Philip Roth, ha vuelto esa contradicción entre el artista y su obra. Días antes, los medios publicaban columnas sobre su misoginia, pero casi nadie se atrevió a mencionarlo en los obituarios. ¿Prescribe la parte oscura de un escritor cuando muere?

Philip Roth es un maldito problema, pero también forma parte de toda una hornada de escritores norteamericanos de posguerra. Encuentro interesante que, durante la segunda ola feminista y mientras las mujeres reclamaban su derecho a ser tratadas como seres humanos, en la literatura proliferaron los hombres que les decían: "no, sois un trozo de carne". Roth, Norman Mailer y John Updike casi ganan el Nobel de Literatura básicamente por argumentar que las mujeres no son seres humanos, sino trozos de carne.

Lo que me gustaría es que su trabajo fuese revalorizado, con una comprensión más complicada sobre quiénes fueron y qué hicieron. Porque yo pienso que esos libros son basura. Los describen como una íntima y compleja visión de la masculinidad, pero son fanfarronerías en las que se jactan de tratar a las mujeres como si fueran mierda. 

No es heroico describir todas las formas en las que odias a la mujer, y por supuesto no contribuye a eliminar la misoginia. Pero no somos lo suficientemente perspicaces aún para verlo.

¿Apuesta, entonces, por analizar la obra junto a su contexto antes que por otras propuestas más radicales como el boicot o la censura?

Desde luego. Esta es una parte importante del debate feminista en EEUU, sobre todo desde el me too. ¿Qué hacemos con alguien que ha actuado de una forma inaceptable y dónde nos situamos entre el castigo y la rehabilitación? ¿Cuál es la respuesta proporcionada ante ciertos comportamientos? Es raro ver cómo las cosas se han ido de madre tan rápido.

Me viene a la cabeza el caso específico de un escritor llamado Junot Díaz, que da clases en el MIT. Varias mujeres le acusaron de conductas inaceptables, y seguro que en los próximos días seguirán saliendo porque es un caso bastante paradigmático. Sin embargo, el acto más grave del que ha sido acusado por el momento es de forzar un beso. Ahora la gente quiere que el MIT le despida y yo creo que es una respuesta desproporcionada, porque no es que haya acosado a una de sus estudiantes.

Si actuamos de forma desproporcionada, si la gente pierde su trabajo solo basándose en acusaciones públicas o si son despedidos por actos menores, nos encaminamos a una senda de venganza y represalias por la que no deberíamos. No creo que sea la manera de crear una sociedad más justa.

Algunas de las acusaciones que he leído son demenciales. Como la mujer que acusó a Morgan Freeman de acoso porque estaba embarazada y él le dijo que desearía estar ahí dentro. Es raro, pero puede ser tomado de mil maneras distintas. 

¿Por qué elegir el victimismo? Es un tema delicado, pero si nuestra meta es la justicia, necesitamos tener una conversación más amplia sobre qué hay que hacer con estas acusaciones.

¿Cree entonces que hay quien está haciendo un uso oportunista del me too?

Ya se ha demostrado que hay gente que ha hecho falsas acusaciones, y hay personas que se han enfrentado a consecuencias reales por ellas y otras que no. Pero creo que estamos creando una atmósfera de venganza. Vamos, si tienes un enemigo o quieres el trabajo de otro, solo tienes que decir que te ha tocado de forma inapropiada y lo tienes.

 Es un camino muy, muy peligroso por el que ir. Tenemos una historia muy larga de mujeres blancas denunciando a hombres negros por violaciones, que fueron ejecutados, y que más tarde se demostró que eran falsas acusaciones. Tenemos que alejarnos de esa senda demencial. Tenemos que ser justos y perseguir una justicia real por encima de todo lo demás.

Se define como pragmática, pero al mismo tiempo no esconde su gusto por el tarot y otras artes prestidigitadoras. ¿Para qué le sirven a la hora de analizar la realidad?

El tarot para mí tiene que ver con la intuición. Si no tengo algo claro de manera consciente, el tarot es una manera de descifrarlo desde el subconsciente. De la misma manera que creo que los sueños y las coincidencias tienen un significado para mí, la espiritualidad es una parte de las cosas, de la femineidad, de la cultura, y de todos los aspectos del mundo que han sido degradados bajo el patriarcado.

Ahora está muy de moda ser ateo, incluso esos imbéciles, cabezas huecas, racistas y pedazos de mierda de la derecha como Donald Trump. Así que, sí, estoy a favor de recuperar aspectos de la femineidad que fueron degradados. Y la espiritualidad y la intuición son definitivamente parte de ella."           (Entrevista a Jessa Crispin, María Zas Marcos, eldiario.es, 04/06/18)

16/7/18

Se ha dicho muchas veces que los judíos no creen en Dios, pero sí que Dios eligió a los judíos. A los judíos se les enseña desde niños que pertenecen al pueblo elegido. El dato queda grabado inconscientemente en sus “almas” para todas sus vidas, aunque muchos acaben siendo absolutamente ateos

"Mientras en lo profundo del corazón palpite un alma judía […]”, así comienza la traducción oficial del himno nacional de Israel. 

En realidad, el original en hebreo dice “el alma de un judío” pero lo más probable es que el traductor diera en el clavo. La letra se refiere al alma judía.

¿Existe el alma judía? ¿Es diferente del alma de los demás? Y de ser así, ¿cuál es la diferencia?

Con toda franqueza, yo no sé lo que es el alma. Sin embargo, supongamos por un momento que existe una especie de psique común, un espíritu general que engloba a todos las personas que forman determinado colectivo, cada una de las cuales posee además un alma individual. ¿Qué diferencia a esa “alma” del “alma” de otros pueblos?

Un extranjero que observara el Israel actual se quedaría estupefacto. Para empezar, más del 20% de los israelíes de hoy ni siquiera son judíos. Pertenecen al pueblo palestino, que tiene supuestamente un “alma” distinta. Normalmente cuando la gente habla de los israelíes se refiere a los israelíes judíos.

Este hecho, por cierto, debería haber convencido hace mucho tiempo a los israelíes de cambiar el himno nacional y otros símbolos del estado para dotar a dicha minoría de un sentimiento de pertenencia. Los canadienses lo hicieron. 

Cuando se dieron cuenta de que podía suceder que los ciudadanos de ascendencia francesa se separaran y fundaran una nación propia, cambiaron la bandera y el himno para dar a la minoría francesa un sentido de pertenencia. Visto desde lejos, yo diría que la operación tuvo éxito. La verdad es que hay pocas posibilidades de que suceda lo mismo en Israel.

Incluso cuando hablamos exclusivamente de los israelíes judíos, nuestra psique nacional, es decir nuestra “alma”, resulta más bien desconcertante. Contiene elementos mutuamente excluyentes y contradicciones profundamente asentadas.

Por un lado, la mayoría de los israelíes judíos están enormemente orgullosos del poder del estado que han “construido de la nada”. Hace 150 años apenas había judíos en Palestina y los que había no tenían ningún poder. Hoy en día, Israel es el país más poderoso de la región, una potencia nuclear que destaca en muchos campos del saber humano, ya sea en lo militar, lo tecnológico, lo económico, lo cultural etc.

No obstante, si escuchamos a ciertos israelíes podríamos llegar a la conclusión de que Israel puede desaparecer del mapa en cualquier momento. El mundo está lleno de gente cuyo único objetivo es destruirnos. Por lo tanto, no nos queda más remedio que estar siempre listos para defender nuestra misma existencia en cualquier momento.

¿Cómo pueden convivir estas dos actitudes contradictorias? Sin problemas. Se combinan perfectamente.

Para empezar está la antigua creencia de que somos el pueblo elegido de Dios.
¿Por qué nos eligió Dios?

Dios sabrá. No tiene que andar dando explicaciones.
El asunto es complicado. Primero, los judíos inventaron a Dios. En realidad, los egipcios y los mesopotámicos también se disputan la autoría del invento, pero todo el mundo sabe que fueron los judíos.

Se ha dicho muchas veces que los judíos no creen en Dios, pero sí que Dios eligió a los judíos.

A los judíos se les enseña desde niños que pertenecen al pueblo elegido. El dato queda grabado inconscientemente en sus “almas” para todas sus vidas, aunque muchos acaben siendo absolutamente ateos. Es cierto que son muchos los pueblos que se creen mejor que los demás. Sin embargo, no tienen una Biblia para demostrarlo.

Estoy seguro de que muchos judíos ni siquiera son conscientes de que lo creen o por qué lo creen. El alma judía lo sabe, así de sencillo. Somos especiales.
El idioma refleja este extremo. Por un lado, están los judíos y después otros. La palabra hebrea para los no judíos es goyim.

 En hebreo antiguo el vocablo significa solamente pueblos, e incluía al antiguo pueblo israelita. Sin embargo, con el transcurrir de los siglos se le ha dado una nueva definición: por un lado, los judíos y por otro los otros, los gentiles, los goyim.

Según la leyenda, los judíos eran un pueblo como otro cualquiera que vivía en su tierra, la Tierra de Israel, cuando de pronto los malvados romanos los conquistaron y los dispersaron por el mundo.

 En realidad, la religión hebrea tenía un carácter proselitista y se expandió rápidamente por los cuatro costados del Imperio. Los judíos de Palestina eran una minoría entre los adoradores de Jehová cuando los romanos expulsaron a muchos de ellos, pero ni mucho menos a todos, de la región.

Pronto entraron en competencia con el cristianismo, una rama del judaísmo que comenzaba a ganar adeptos con gran rapidez. El cristianismo estaba construido en torno a una gran historia humana, la historia de Jesús, y por lo tanto lo tenía más fácil que el judaísmo para hallar eco entre las masas de esclavos y proletarios del Imperio.

En el Nuevo Testamento, además, aparece la historia de la crucifixión, en la que destaca la inolvidable imagen de los judíos exigiendo el ajusticiamiento del buen Jesús.

Dudo mucho que cualquier persona que escuche esta historia en su infancia consiga que la escena desaparezca de su inconsciente. El resultado es cierto grado de antisemitismo, ya sea consciente o inconsciente.

Esta no ha sido la única razón del odio a los judíos. El mismo hecho de haber sido dispersados por el mundo supuso una enorme ventaja para ellos, pero también una tremenda maldición.

Un mercader judío de Hamburgo podía hacer negocios con uno de Salónica, que a su vez conectaba con uno tercero que vivía en El Cairo. Pocos cristianos han gozado nunca de semejante privilegio. Sin embargo, la competencia expuso a los judíos a innumerables pogromos. En todos los países europeos las comunidades judías fueron víctimas de ataques, asesinatos, violaciones, hasta que finalmente fueron expulsados.

Estas vicisitudes han originado dos actitudes diferentes en el interior del alma judía: la convicción de que los judíos son especiales y superiores y la convicción de que los judíos están eternamente bajo amenaza de persecución y exterminio.
Mientras tanto, brotaba una rama más del judaísmo, el islam, y conquistaba gran parte del mundo conocido.

 Carente de una historia como la de Jesús, el islam no era antijudío por definición. Mahoma tuvo sus diferencias con las tribus judías de Arabia, pero durante largos períodos las relaciones entre judíos y musulmanes fueron buenas. Maimónides, uno de los más importantes pensadores judíos, fue médico personal de Salah-ud-din (Saladino).
Y entonces surgió el sionismo.

Los judíos no evolucionaron. Mientras las naciones europeas variaban sus estructuras sociales y pasaban de tribus a reinos multitribales, imperios, naciones modernas, etc, los judíos siguieron aferrados a su diáspora étnico-religiosa. Esto los diferenciaba de la población general y constituye el origen de los pogromos y, a largo plazo, del Holocausto.

El sionismo fue un intento de convertir a los judíos en un estado nación moderno. Los primeros sionistas incurrieron en las más furibundas maldiciones de los rabinos ortodoxos, pero se negaron a participar en una guerra cultural interna. Para ello se inventaron la ficción de que en el judaísmo la religión y la nación son la misma cosa.

Theodor Herzl, el fundador del sionismo moderno, era un imperialista europeo de pies a cabeza. Trató de ganarse el apoyo de una potencia colonial europea; primero lo intentó con el káiser alemán y posteriormente con el Imperio Británico. “Es una gran idea, pero imposible de llevar a cabo con los judíos” dijo el káiser a sus ayudantes. Los británicos, por su parte, se dieron cuenta del potencial del proyecto y en 1917 vio la luz la Declaración Balfour.

La población árabe de Palestina se dio cuenta demasiado tarde de que peligraba su misma existencia. Cuando comenzó a resistir, el sionismo se hizo con un ejército moderno. Muy pronto llegaría a ser la máquina militar más eficaz y la única potencia nuclear de la región.

En ese punto nos encontramos en la actualidad. Israel es regionalmente la potencia militar dominante de Oriente Medio y globalmente es un niño llorón y eternamente victimista que se cree muy especial y está convencido de que existen fuerzas oscuras que planean su destrucción en cualquier momento mientras oprime a una población colonizada que carece de los derechos más básicos.

Cuando a alguien se le ocurre sugerir que en Europa el antisemitismo está en retroceso y que lo que está en alza es el odio al islam, los judíos reaccionan con furia. Necesitamos el antisemitismo para nuestro equilibrio mental. Y nadie nos lo va a robar.

Hace casi 80 años, pequeños grupos de jóvenes judíos palestinos tuvimos la idea de la separación entre las comunidades. Los judíos de Palestina seríamos una nación mientras que los del resto del mundo seguirían siendo simplemente judíos. Algo así como la diferencia entre los estadounidenses y los australianos, dos naciones mayoritariamente de origen británico que ya no pertenecen políticamente al Reino Unido.

Entonces nos dio por lo “nativo”. A los 18 años cambiamos nuestros nombres judíos por nombres hebreos. Así fue como apareció Uri Avnery. Empezamos a considerarnos una nueva nación, una nueva “alma”, conectada al judaísmo, sin duda, pero sobre todo históricamente.

Sin embargo, todas aquellas ideas murieron cuando los horrores del Holocausto salieron a la luz pública en toda su extensión. El pasado judío comenzó a glorificarse. Hoy en día Israel se denomina a sí mismo Estado Judío. Con todos los atributos del ser judío, alma dúplice incluida.

Por eso los israelíes seguirán cantando “mientras en lo profundo del corazón…” en los partidos de fútbol."              ( , M'sur, 24 jun 2018)

13/7/18

Nuestra economía actual es una economía del dinero-bancario porque los bancos crean el 97% del dinero cuando un particular, empresa u organismo público solicita un crédito y el banco se lo concede... crean el dinero mediante un apunte contable. De la nada. No hay más... por eso, “nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de hacer”... no hay ninguna razón para que el crédito sea un bien escaso. Por ejemplo, debe haberlo para transformar la economía de los combustibles fósiles hacia formas sostenibles de energía...

"No se si sería hacia 2010 o 2012 en un momento en que la crisis pasaba en Esp por su momentos más duros, cuando me preguntaba – sentado en un bar con un colega – cómo era posible, si éramos las mismas personas, con los mismos conocimientos, incluso existiendo las mismas máquinas y equipos que hacía sólo un par de años, y por otra parte, estando allí la gente que tenía obviamente que comer, vivir, etc., cómo era posible que de pronto hubiésemos pasado de la euforia hiperactiva de la burbuja a estar en una situación en la que parecía que nada se podía hacer, en la que no había trabajo para los jóvenes y no tan jóvenes, las empresas cerraban a porrillo, no ya el futuro, sino que el presente parecía haberse clausurado… (...) 

Aquello no dejaba de sorprenderme, ¿no seguimos teniendo las mismas manos y las mismas cabezas para trabajar?, ¿por qué de pronto ya no podemos seguir produciendo cosas para luego consumirlas como antes? ¿Por qué la economía no continuaba funcionando más o menos “normalmente”, aunque fuera con un 2 o un 5% menos de volumen/intensidad? Cualquiera puede vivir un 5% menos bien y no le pasa nada… me preguntaba…  (...)

Y una década después de pronto me encuentro con Ann Pettifor, que enuncia, citando a Keynes, algo muy parecido a la pregunta aquella que yo me hacía: “Sí, nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de hacer”. Y además, la argumentación de lo enunciado me parece del mayor interés.

 Y se centra en algo que diversos autores y personajes – Juan Torres, Christian Felber, Moreno Yagüe… – me habían invitado a sospechar desde hace tiempo: tiene que ver con el dinero como tecnología… Aquello de la tecnopolítica… Paso a tratar de explicarlo.

Un comentario previo, sin embargo. La propia Pettifor habla de agnotología, la ¿ciencía? – que estudia la producción de la ignorancia – que igual podemos conectar con la fake news, aunque podría pensarse más bien en fake knowledge… También esto de la agnotología lo relacionaría con lo que se llaman caja negras en el ámbito de las ciencias y las tecnologías. 

Para Pettifor se trata de que domina una idea equivocada de lo que es y cómo se produce el dinero, una idea interesada que hace que el mundo de la finanzas y parte del mundo de la política se beneficien de la situación. Una idea producida y promovida naturalmente por sus principales beneficiarios.

Aunque lo sorprendente del discurso de Pettifor es que afirma que ni siquiera los economistas y académicos más reputados entienden del todo bien el asunto… ¡Increíble! Más personalmente me ha llamado la atención que he preguntado a diversos amigos economistas que han leído el libro de Pettifor que qué les parecía; y más o menos me han contestado que está bien, sin más. 

 A mí, como aficionado, me parece que algunas de las ideas que plantea son radicalmente diferentes y que me merecen ser pensadas con detenimiento: “Nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de crear”. ¿Quizás mis amigos lo han leído con un filtro de ideas preconcebidas por su propia formación y eso les haya impedido ver lo radical del análisis y las propuestas de Pettifor? O no se… Trato de explicarlas, entonces:

Los bancos crean el 97% del dinero en nuestras sociedades actuales: las nuevas economías del dinero-bancario 

El primer argumento de Pettifor-Keynes es que nuestra economía actual es una economía del dinero-bancario (bank-money economy), cualitativamente diferente de las economías anteriores. Una economía del dinero bancario sería aquella en la que el dinero – el 97% en el Reino Unido y una proporción parecida en nuestro entorno – es creado por los bancos cuando un particular, empresa u organismo público solicita un crédito y el banco se lo concede.

 Más o menos todos sabemos esto, aunque creo que no llegamos a interpretarlo como algo que da lugar a una economía cualitativamente diferente de los modelos anteriores con unas consecuencias muy relevantes que son las que trata de explicar Pettifor.

La deuda, el crédito, es lo que crea el dinero (y no al revés)

Es crédito, basado en el compromiso del que lo recibe – de que va a hacer algo que generará un valor que le permitirá devolverlo, es lo que crea el dinero, y no al revés, insiste Pettifor. 

La concepción convencional del proceso es justamente al revés: alguien tiene dinero (el banco, el capital acumulado), que lo presta a quien no lo tiene, – apareciendo así el capital acumulado, el ahorro del capitalista, puede decirse, como aquello que genera el valor.

Sin embargo, la realidad es que los bancos crean el dinero mediante un apunte contable; – hoy mediante una apunte contable digital. No hay más. De la nada, subraya Pettifor: out of thin air.

Para Pettifor esta dimensión de la economía existía al menos desde la creación del Banco de Inglaterra en el siglo XVII, pero se hace dominante y evidente a partir de la renuncia al patrón oro como referencia de la riqueza que tiene lugar en el siglo XX (primero para financiar las guerras mundiales y luego con los acuerdos de Bretton Woods, 1944). 

También aprendí cosas sobre esto leyendo a Galbraith (1987), en particular cuando explica las operaciones que se hicieron para financiar la Guerra Civil estadounidense (1861-65).

Pettifor subraya, además, que aquellos que crean el dinero no son propiamente los bancos sino las entidades y particulares que contraen las deudas en función del valor que confían en crear por medio de su trabajo.

Según reconoció Keynes – aunque Pettifor también cita una intuición similar de Marx en el Volumen III del Capital -, este cambio supone en primer lugar, que la economía, los empresarios, no tengan que depender de las grandes fortunas para acceder al crédito – Pettifor usa el término clásico de robber barons, que describe a los banqueros y grandes industriales despóticos de finales del siglo XIX en los Estados Unidos: los Morgan, Carnegie, Rockefeller, Hearst, Vanderbilt y demás.

 En este sentido, el sistema del dinero-bancario democratiza el acceso al crédito que puede ser más barato y que en teoría no debe estar condicionado por especiales relaciones entre las partes.

Frente a las explicaciones que vinculan el crédito, la creación de dinero, con la existencia en el banco de depósitos que lo respaldan, o de una cierta cantidad de depósitos en proporción al el volumen de crédito emitido por los bancos, – la llamada reserva fracccionaria -, Pettifor afirma que esto tampoco es así. La finalidad de esta reserva fraccionaria, que efectivamente existe, – en el caso del Reino Unido depositada por los bancos en el Banco Central -, es la de ser usada en las operaciones interbancarias. 

Pettifor cita dos informes de 2014 del Banco de Inglaterra en los que se confirma su explicación (p. 24), así como las explicaciones de Bernanke, entonces, responsable de la Reserva Federal de los EU, sobre cómo se creo el rescate de los bancos en 2007-08. 

Una explicación sobre cómo se crea el dinero que, por otra parte, no es una teoría de Pettifor sino la posición defendida por economistas históricos de renombre como Law, Thornton, MacLeod, Keynes, Schumacher, Galbraith o Minsky (p. 24 y precedentes).

Aún así, por motivos en buena parte  interesados según la autora, el poder financiero y la llamada ortodoxia económica mantienen otras explicaciones sobre el asunto, que son también las que siguen creyendo la mayor parte de los políticos y ciudadanos.

El sistema financiero y el dinero son un bien público (o común)

“El sector financiero tienen que ser el servidor, y el servidor inteligente, de la comunidad y la industria productiva, no su amo estúpido.” (Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista Británico, junio de 1944, documento de Política de pleno empleo y financiera, citado por Pettifor, p. 1)

Aunque los bancos sean los principales agentes de producción de dinero, Pettifor nos explica, son los estados  (y los ciudadanos que lo respaldan, entre otras cosas con sus impuestos) los que hacen viable el actual sistema financiero : sus sistemas legales y judiciales, los bancos centrales que velan por la estabilidad monetaria, y en casos como los que hemos vivido recientemente, y seguimos viviendo, la disposición de los estados para rescatar los bancos con problemas

El privilegio de la producción del dinero de los bancos, es un privilegio respaldado por el Estado; ___ y como ocurre con otras corporaciones, como por ejemplo, los profesores universitarios, jueces, notarios, médicos o farmacéuticos, éste privilegio sólo tiene sentido si se ejerce en beneficio público. Carece de sentido si se ejerce en beneficio exclusivo de aquellos que lo detentan. Y esto es lo que parece que viene ocurriendo en nuestros países desde hace unas décadas.

¿Cuál sería el beneficio o servicio público que debería aportar el sistema financiero a cambio de este cuasi-monopolio sobre la producción del dinero cedido por el Estado – siempre según Pettifor-Keynes? Precisamente éste era uno de los temas centrales de la principal obra de Keynes, La teoría general del empleo, el interés y el dinero. Eso al menos es lo que nos dice Pettifor.

Esta función para Keynes (y Pettifor) sería, fundamentalmente, la de facilitar crédito a precios asequibles para el desarrollo de las actividades productivas, generadoras de bienestar social y beneficiosas para la economía del país. Y hacerlo en colaboración con los gobiernos, su política financiera y monetaria, con el objetivo común del pleno empleo.

 De momento queda bien abstracto; más adelante intento aclarar un poco más sobre esto, aunque cabe adelantar que éstas fueron las prácticas que se implementaron en Occidente entre las décadas de 1940 y 1970, produciendo como resultado uno de los períodos de mayor prosperidad de la Historia. 

Según insiste Pettifor, ésta era la cuestión central de la teoría keynesiana, y no la cuestión del gasto público como motor económico, que era un asunto secundario de su teoría.

El dinero en una economía bancaria no es un bien escaso

Recuperemos el enunciado inicial: “Podemos permitirnos todo aquello que seamos capaces de hacer”. Si el dinero-deuda “se crea de la nada”, sobre la base del compromiso (deuda) de hacer algo que se estima que somos capaces de hacer, no debería haber ninguna razón para que el crédito fuera un bien escaso, nos dice Pettifor.

 Esta línea argumental contesta a las habituales discursos políticos del “No hay dinero para hospitales” o “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, tan propias de los gobiernos neoliberales.

Escribe la autora en la página final del libro: “Con las políticas monetarias adecuadas, podemos garantizar que la sociedad tenga las finanzas que necesita para transformar la economía de la dependencia de los combustibles fósiles hacia formas más sostenibles de energía. 

Puesto que no debería nunca haber escasez de financiación, podemos permitirnos involucrarnos en esta gigantesca empresa y también podemos permitirnos cuidar de nuestra población cada vez más mayor, de los jóvenes y los vulnerables.

Seguro que podemos permitirnos grandes obras de arte y música. En resumen, podemos permitirnos todas aquellas cosas que podemos hacer, dentro de los límites impuestos por las limitaciones humanas y los ecosistemas.” (p. 160)

¿Cual es el truco? ¿Qué hacer?

“No hay ninguna parte de nuestro sistema económico que funcione tan mal como nuestra organización monetaria y del crédito; ninguna cuyo mal funcionamiento sea tan desastroso socialmente; y ninguna para la que sea tan fácil proponer una solución científica.” (J.M. Keynes, diciembre de 1923, citado por Pettifor, p. 136)

El socialismo es, esencialmente, la tendencia inherente a una civilización industrial a trascender el mercado que se auto-regula mediante su subordinación consciente a la sociedad democrática.” (Karl Polanyi, La gran transformación, citado por Pettifor, p. 131)

Ya se ve, por la cita, que Keynes debía ser un tipo bastante “vasilón” (bajo-andalucismo)… Parece sensato pensar que el asunto tendrá sus limitaciones y, sonando a nuestros oídos de hoy tan inverosímil, que también tendrá unas condiciones especiales en que estas ideas puedan hacerse viables / reales…
Entiendo que viendo lo utópico del asunto, no tanto por su viabilidad técnica como por la situación socio-política en la que estamos, Pettifor plantea tres líneas de acción estratégica (pp. XV-XiX & pp. 157-160 )

(1) La primera, en la que considero que su libro, – y tantos trabajos actuales sobre el dinero -, están haciendo avances, es la de un mejor conocimiento por parte de profesionales, políticos, y del público en general, de los procesos de producción y gestión del dinero, para superar las interpretaciones mixtificadoras e interesadas hoy dominantes.

(2) La segunda sería la de la movilización social y política a partir del descontento general con el mundo financiero para la modificación de las políticas públicas monetarias y financieras. 

Pettifor dedica la parte central de su libro a tratar de explicar las políticas que considera adecuadas, fundamentalmente herederas de las propuestas y aplicadas por Keynes y sus seguidores en el período 1940-70.

Aunque Pettifor explica estas cuestiones razonablemente bien en la parte central del libro, no me siento capaz en estos momenos de exponerlas aquí salvo en líneas muy generales. Por un lado tienen que ver con lo que aparentemente se denominan macroprudential tools (¿herramientas macroprudenciales?), por otro, con la aplicación de la teoría de la demanda efectiva de Keynes. 

Finalmente, con la cita de Polanyi que encabeza esta sección: el Estado debe regular el sistema financiero para favorecer y estimular un cierto funcionamiento, y para desincentivar o incluso impedir otros. El dinero o  el capital, no circula abstractamente, explica la autora, sino que lo hace produciendo ciertos bienes y no otros, favoreciendo ciertas relaciones y paisajes sociales, generando riqueza local y estimulando efectos multiplicadores o no haciéndolo, haciendo emerger situaciones sostenibles o depredadoras del propio medio, etc.

Solo dos observaciones sobre esto. La primera  es que las herramientas y conocimientos para implementar este modo de funcionamiento existen, así como las experiencias que demuestran su viabilidad. La segunda es que Pettifor defiende la permanencia del sistema bancario privado y por supuesto de la bank-money economy, en marcado contraste con las propuestas monetarias alternativas, que proponen por un lado la nacionalización del sistema bancario, o por otra cuestiones próximas a la vuelta al patrón oro.

 Recibe múltiples críticas por estas razones. En cuanto a la primera, la del mantenimiento del sistema bancario privado, regulado, me parece de interés por varias razones: una de ellas es que resulta consistente con su idea de creación de valor bottom-up y distribuida; la segunda es que parece una propuesta realista y con mayor capacidad de integración de los diferentes agentes económicos y sociales que otras; y que no es incompatible, en cualquier caso, con la reconstrucción de un sector de banca pública. Una propuesta moderada a lo Keynes y Polanyi… 

(Largo paréntesis: Pero es que pienso desde hace tiempo que nos hace mucha falta un movimiento político conservador no-neoliberal, porque diría uno que la sociedad no parece ser radical de izquierdas, pero tampoco de derechas, y realmente no existe una opción así… En temas económicos el PSOE incluso ha actuado en sintonía con las prácticas neoliberales desde hace ya demasiados años… Me parece.)

(3) La tercera estrategia, tan difícil como la anterior, es la del control de los flujos de capital financiero global…  

El sistema de regulación financiero-monetario de tipo keynesiano para la gestión interrelacionada de empleo, interés y dinero sólo es viable dentro de un espacio económico dotado de unas ciertas fronteras. Sobre esto entiendo que hay muchos trabajos e investigaciones y Pettifor, siguiendo una vez más a Keynes, lo relaciona la imposición de impuestos a los flujos de capital que atraviesa las fronteras (Tasa Tobin, p. 146).

 Me gustó su argumento para defenderlos: “Por supuesto los controles de capital son frecuentemente rechazados sobre la base de que pueden ser evadidos. Pero esto mismo ocurre con los impuestos (normales) – y todavía nadie (o pocos) han argumentado a favor de su abolición.”    (...)"              (Arquitectura contable, 08/07/18)

12/7/18

El aumento de los trabajos de mierda... algo distinto de los trabajos basura, muchos de ellos imprescindibles... son los trabajos lacayos, los fantoches, los cinta-adhesiva, los cumplimenta-casillas, los manda-faenas...

"(...) SW

Vayamos directamente a eso. ¿Cuál es la definición de un trabajo de mierda?

DG

Un trabajo de mierda es un empleo que es tan innecesario, incluso perjudicial, que hasta la persona que lo está haciendo cree íntimamente que este empleo no debería existir.  Naturalmente, tiene que fingir: esa es la parte estúpida, que de algún modo tienes que fingir que hay alguna razón para que este empleo exista. 

Pero por dentro, crees que si este trabajo no existiera, o bien nada cambiaría en absoluto, o el mundo de hecho sería un lugar un poco mejor.  

SW

En el libro, comienzas haciendo una distinción entre los trabajos de mierda absurdos de los trabajos basura. Quizás deberíamos comenzar haciendo eso justamente ahora, así que podemos hablar sobre  ello. ¿Qué son los trabajos de mierda?  

DG

Cierto, la gente a menudo comete este error. Cuando hablas sobre trabajos de mierda, ellos piensan justo en trabajos que son malos, trabajos que son degradantes, trabajos que tienen condiciones terribles, sin seguros, etc. Pero incluso, lo irónico es que esos trabajos de facto no son de mierda. Si tienes un mal empleo, es posible que estés en realidad haciendo algo bueno en el mundo. 

De hecho, cuanto más beneficioso sea tu trabajo para los demás, probablemente menos te paguen, y posiblemente sea en ese sentido un trabajo malo [en el sentido de explotador].  Así, puede verse casi como una contradicción.

Por un lado, tienes empleos que son trabajos explotadores, pero que son realmente útiles. Si estás limpiando baños o algo así, los baños necesitan ser limpiados, así que al menos tienes la dignidad de saber que estás haciendo algo beneficioso para los demás, incluso si no obtienes mucho más. Y por otro lado, tienes empleos donde eres tratado con dignidad y respeto, te pagan bien, tienes buenas prestaciones, pero sin decirlo, trabajas sabiendo que tu empleo, tu trabajo, es completamente inútil.  

SW

Divides los capítulos según las diferentes clases de empleos de mierda. Hay los lacayos, los fantoches, los cinta-adhesiva, los cumplimenta-casillas, los manda-faenas, y lo que yo pienso como contadores de frijoles. Tal vez podamos ir contando qué son estas categorías.
DG

Claro. Esto  viene de mi propio trabajo, de pedirle a la gente que me envíe sus testimonios. Reuní varios cientos de testimonios de personas que tenían trabajos de mierda. Pregunté a la gente, “¿Cuál es el trabajo más absurdo que has tenido? Cuéntame. Cuéntamelo todo de él; cómo crees que sucede, cuál es la dinámica, ¿lo sabía tu jefe?”. 

 Conseguí ese tipo de información. Hice pequeñas entrevistas con la gente después, material de seguimiento. Y así, de algún modo, ideamos un sistema de categorías juntos. La gente me sugeriría ideas, y gradualmente las junté en cinco categorías.

Tal como dices, tenemos, primero, los “lacayos”. Esa categoría es algo evidente. Un “lacayo” existe solo para hacer que algún otro luzca. O que se sientan bien consigo mismos, en algunos casos. Todos sabemos qué tipo de empleos son, pero un ejemplo obvio sería, digamos, un recepcionista en un lugar que realmente no necesita un recepcionista.

 Algunos lugares obviamente necesitan recepcionistas, que están ocupados todo el tiempo. En otros lugares el teléfono suena quizá una vez al día. Pero aun así tienen a alguien, a veces dos personas, sentados allí pareciendo importantes. Así que no tengo que llamar a nadie por teléfono, tendré a alguien que dirá “hay un bróker muy importante que quiere hablar con usted.” Eso es un lacayo.  

Un fantoche es un poco más sutil. Pero de algún modo tenía que hacer esta categoría porque la gente no dejaba de decirme que sentían que sus empleos eran una mierda, fueran un agente de televenta, fueran abogados corporativos, estuvieran en relaciones públicas, marketing, cosas así. Tenía que aceptar que se sentían de esa manera.

El esquema parecía ser que estos trabajos son realmente útiles en muchas ocasiones para las compañías para las que trabajan, pero ellos sentían que toda esa industria no debería existir. Son básicamente gente que está ahí para molestarte, para presionarte de alguna manera. Dentro de lo que sea necesario, solo es necesario porque otras personas los tienen.

 Tú no necesitas un abogado corporativo si tu competidor no tiene un abogado corporativo. No  necesitas un televendedor para nada, pero en la medida que puedas fabricar una excusa para decir que los necesitas, es razón para que los otros tipos tengan uno. Bien, así que es bastante fácil.

Los “cinta-adhesiva” son gente que está ahí para resolver problemas que ya en primer lugar no deberían existir. En mi antigua universidad, parece que teníamos solo un carpintero, y era realmente difícil conseguir uno. Hubo un momento en que la estantería se desplomó en mi despacho en la Universidad, donde yo trabajaba en Inglaterra. 

El carpintero se supone que vendría porque había un gran agujero en la pared, se podía ver el daño. Y él nunca parecía que se fuera a asomar por allí, siempre tenía algo más que hacer. Finalmente entendimos que habría un tipo sentado allí todo el día, lamentándose por el hecho de que el carpintero nunca venía.  

Hace muy bien su trabajo, es muy agradable aunque siempre parecía un poco triste y melancólico, y era muy difícil enojarse con él, que es, por supuesto de lo que va realmente su trabajo. Ser un frena críticas, efectivamente.  Pero llegado un punto pensé, si despidieran a ese hombre y contrataran a otro carpintero, no le necesitarían. Así que es el clásico ejemplo de un “cinta-adhesiva”.

SW

Y luego los ¿“cumplimenta-casillas”?

DG

Los “cumplimenta-casillas” están ahí para permitir a una organización que diga que está haciendo algo que realmente no está haciendo. Es una especie de comisión de investigación. 

Si el gobierno se ve implicado en algún escandalo  — digamos, policías disparando a un montón de ciudadanos negros — o hay alguien aceptando sobornos, hay algún tipo de escándalo. Se forma una comisión de investigación, fingen que ellos no sabían lo que estaba sucediendo, aparentan que van a hacer algo sobre ello, lo que es completamente falso.  

Pero las empresas hacen esto, también. Están siempre creando comités. Hay cientos de miles de personas alrededor del mundo que trabajan en conformidad con bancos, y eso de los comités es una fantasmada total. Nadie tiene la intención de seguir alguna de estas leyes que se les imponen.

 Su trabajo es simplemente aprobar cada transacción, pero por supuesto no es suficiente aprobar cada transacción porque parece sospechoso. Entonces, tienes que inventar razones para decir que hay algunas cosas que investigaste. Hay rituales muy elaborados de pretender investigar un problema, que en realidad no estás investigando para nada.

SW

Entonces entras en los “manda-tareas”.

DG

Los “manda-tareas” son la gente que está ahí para dar a la gente trabajo que no es necesario, o para supervisar a la gente que no necesita supervisión. Todos sabemos de quienes estamos hablando. Mandos intermedios, naturalmente, son un ejemplo clásico para esta categoría. Tuve gente que no tenía pelos en la lengua, “sí, tengo un trabajo de mierda, soy un mando intermedio. Fui ascendido. 

De hecho solía hacer este trabajo, me pusieron arriba y me dijeron que supervisara a la gente, que les hiciera trabajar. Y sé perfectamente bien que ellos no necesitan a nadie para supervisarlos o hacerles trabajar. Pero tengo que aparecer con cualquier excusa para existir de algún modo.”

 Así, finalmente en una situación como esa, dices, “Muy bien, vale, vamos a presentar estadísticas de objetivos, de modo que pueda probar que estás haciendo realmente algo que yo ya sé que estás haciendo, de manera que pueda sugerir que yo fui el tipo que te hizo hacerlo.”

De hecho, tienes gente rellenando todos estos formularios, de modo que están gastando menos tiempo en su trabajo. Esto sucede cada vez más en todo el mundo, pero en EEUU alguien hizo un estudio estadístico y descubrió, creo que como un 39% es el tiempo medio que un oficinista se supone que trabajaría en lo suyo realmente. Cada vez más, se ocupan de correos electrónicos administrativos, reuniones sin sentido, todo tipo de llenado de formularios, y de documentación, básicamente.

Administración inflada

SW

En el pensamiento marxista o radical, hay esta idea de trabajo productivo e improductivo. Me pregunto cómo conecta la categoría de trabajo de mierda con el concepto de empleos o trabajos improductivos.   

DG

Es diferente. Porque ese productivo o improductivo se refiere a si está produciendo plusvalía para los capitalistas. Esa es una cuestión bastante diferente. Nuestro trabajo de mierda es una valoración subjetiva del valor social del trabajo de las propias personas que lo hacen.

Por un lado, la gente acepta de algún modo la idea de que el mercado determina el valor. Esto es cierto en la mayoría de los países actualmente, de hecho. Casi nunca oirás de la gente empleada en ventas o servicios diciendo, “yo vendo palos de selfie, ¿Para qué quiere la gente palos de selfie?  Eso es estúpido, la gente es tonta.” 

Ellos no dicen eso. No dicen, “¿Bueno, por qué necesitas gastarte cinco dólares en una taza de café?” Así, la gente que trabaja en el sector servicios no cree que tengan trabajos de mierda, en casi ningún caso. 

Aceptan que si hay un mercado para algo, y la gente lo quiere, ¿quién soy yo para juzgarlo? Compran la lógica del capitalismo hasta ese grado.  
Sin embargo, entonces se fijan en el mercado laboral, y dicen, “espera un minuto, me pagan 40.000 dólares al año por sentarme y hacer memes de gatos todo el día y quizá contestar alguna llamada telefónica, eso no puede estar bien.” 

 Así pues, el mercado no siempre tiene razón; claramente el mercado laboral no funciona de un modo económicamente racional. Hay una contradicción. Tienen que idear otro sistema, un sistema tácito de valores, que sea muy diferente del productivo o improductivo para el capitalismo.

SW

¿Cómo se relaciona el aumento de estos trabajos de mierda con lo que nosotros consideramos trabajos productivos?

DG

Bueno, eso es muy interesante. Tenemos esta narrativa del aumento de la economía de servicios. Ya sabes, desde los años 80 nos estamos alejando de la industria manufacturera. Del modo que lo presentan, en estadísticas económicas, parece que el trabajo agrícola mayormente ha desaparecido, el empleo industrial ha caído — no tanto como la gente parece creer, pero lo ha hecho — y el empleo en el sector servicios se ha disparado. 

Pero eso también es porque ellos descompusieron el sector servicios para incluir empleos de oficina, gerenciales, de supervisión y administrativos. Si tú los diferencias, si miras el sector servicios en ese sentido, de gente que está cortándote el pelo o sirviéndote una comida, bien, la verdad, ese sector servicios ha permanecido muy constante en el 25% de la fuerza de trabajo durante los últimos 150 años. No ha cambiado para nada. Lo que realmente ha cambiado es esta gigantesca explosión de “traslada-papeles”, y ese es el sector de empleos de mierda.

SW

Tú llamas eso a la burocracia, al sector administrativo, al sector de mandos intermedios.   

DG

Exactamente.  Es un sector donde ambos, lo público y lo privado, más o menos se funden. De hecho, un área para la proliferación masiva de estos empleos es precisamente donde no está del todo claro lo que es público y lo que es privado: la interfaz, donde privatizan los servicios públicos, donde el gobierno está respaldando a los bancos.

El sector bancario es una locura. Hay un tipo con el que comencé el libro, de hecho. Yo le llamo Kurt, no sé su nombre verdadero. Él trabaja para una subcontrata de una subcontrata de otra subcontrata que trabaja a su vez para el ejército alemán. Básicamente, hay un soldado alemán que quiere mover su ordenador de una oficina a otra. 

Tiene que presentar una solicitud a alguien para que llame a alguien para que a su vez llame a alguno, esto va a través de tres empresas diferentes. Finalmente, tiene que conducir 500 kilómetros en un coche alquilado, rellenar los formularios, embalar el ordenador, trasladarlo, alguien más lo desembalará, y él firmará otro formulario y se marchará. 

Este es el sistema más ineficiente que posiblemente pudieras imaginar, pero está todo creado por esta interfaz de material entre lo público y lo privado, que supuestamente hace las cosas más eficientes.

SW

Así que la actitud, que tú señalas, desde la época de Thatcher–Reagan, es que el Estado es siempre el problema y en el Estado es donde están todos estos empleos. Por tanto, fue un ataque al sector público. Mientras que tu muestras que un montón de ellos vienen del sector privado, esta burocratización.

 ¿No es acaso la necesidad de maximizar beneficios y recortar costes — que es lo que pensamos en términos de capitalismo y la presión de la competencia — los que militan en contra de la creación de estos empleos inútiles en ese sector privado?
DG

Uno piensa que así sería, pero parte de la razón por la que eso no sucede es que, cuando nosotros imaginamos el capitalismo, aún estamos imaginando un puñado de empresas medianas implicadas en fabricación y venta, y compitiendo unas con otras.

 Y eso no es realmente lo que parece en el panorama actual, especialmente en los sectores financiero, de seguros e inmobiliario.
Igualmente, si miras lo que la gente realmente hace, hay toda esta idea de reducir y simplificar. Si tú eres un CEO (director ejecutivo), recibes elogios por la cantidad de personal que despides, que reduces, y a la que metes prisa.

 La plantilla que está siendo despedida y acelerada son los trabajadores, los productivos, los tipos que realmente están haciendo las cosas, moviéndolas, manteniéndolas, haciendo el trabajo real. Si estoy en UPS (United Parcel Service), los conductores están taylorizados constantemente.   

Sin embargo tú no le haces eso a los tipos en las oficinas. Sucede exactamente lo contrario. Dentro de la corporación, está todo este proceso de construcción de imperios, por el cual diferentes gerentes compiten entre sí, principalmente sobre la cantidad de personas que trabajan para ellos. No tienen incentivos, en absoluto, por librarse de personal.

Tienes a esos tipos, equipos de gente, cuyo trabajo al completo es escribir los informes que ejecutivos importantes presentaran en las grandes reuniones. Grandes reuniones que son una especie de encuentros equivalentes a las justas feudales, o como altos rituales del mundo corporativo. Entras ahí, y tienes todo este equipo, has logrado toda esta historia, tus puntos de poder y tus informes y etcétera. 

Así, hay equipos completos que están allí solo para decir: “yo hago las ilustraciones para el informe sobre estos tipos,” y “yo hago las gráficas,” y “yo hice y puse al día la base de datos”.

Ni siquiera nadie lee estos informes, solo están ahí para lucirse. Es el equivalente a un señor feudal.  Yo tengo un tipo cuyo trabajo es simplemente arreglarme el bigote, y otro tipo que está puliendo mis estribos, etc.  Sólo para demostrar que puedo hacer todo eso.

SW

También ves un paralelismo con el ascenso de los trabajos de mierda, que es el ascenso de los “no-trabajos de mierda.” Los llamas trabajos de cuidados. ¿Puedes describir estos empleos? ¿Por qué hay un ascenso en esos empleos, y en qué sectores están?  

DG

Estoy tomando el concepto fundamentalmente de la teoría feminista. Creo que es muy importante, porque la noción tradicional de trabajo, pienso, que es muy teológica y patriarcal. Tenemos esta noción de producción. Viene con ese concepto de que el trabajo debe ser penoso, es el castigo que Dios nos ha infligido, pero también es una imitación de Dios. 

Sea Prometeus, o sea la Biblia, los humanos se rebelan contra Dios, y Dios dice, “Ah, querías mi poder, bien, puedes crear el mundo, pero va a ser miserable, sufrirás cuando lo hagas.”

Pero también es visto como esta quintaesencia del contrato masculino: las mujeres parirán y los hombres producirán cosas, es la ideología. Naturalmente, se invisibiliza todo el trabajo real que las mujeres hacen, de mantenimiento del mundo. Esta noción de producción, que se encuentra en el corazón de las teorías del movimiento obrero en el siglo XIX, la teoría laboral del valor es un poco engañosa.

Pregunta a cualquier marxista sobre empleo y valor del trabajo, siempre van inmediatamente a la producción. Bueno, aquí hay una taza. Alguien tiene que hacer la taza, es verdad. Pero hacemos una taza una vez, y la lavamos diez mil veces, ¿cierto? Ese trabajo precisamente desaparece completamente en la mayoría de esas cuentas, la mayor parte del trabajo no es produciendo cosas, es mantenerlas igual, es mantenerlas, cuidarlas, pero sobre todo cuidar la gente, cuidar las plantas y los animales.  

Recuerdo un debate que hubo en Londres sobre trabajadores del metro. Estaban cerrando todas esas oficinas expendedoras de tickets en el metro de Londres. Un montón de marxistas estaban diciendo, “Ah, sabéis, es probablemente en cierto sentido un trabajo de mierda, porque tu no necesitarías tickets realmente bajo un comunismo total, el transporte sería gratuito, así que quizá no deberíamos defender estos empleos". Recuerdo haber pensado que había algo bastante superficial allí.

Y entonces vi este documento que fue publicado por los huelguistas, donde decían, “Buena suerte os deseamos en el Nuevo Metro de Londres sin nadie trabajando en la estación de metro. Esperemos que vuestro hijo no se pierda, solo esperemos que no pierdas tus cosas, solo esperemos que no haya ningún accidente. Solo esperemos que nadie se asuste y tenga un ataque de ansiedad o se emborrache y empiece a acosarte.”   

Se repasa la lista de todas las diferentes cosas que ellos realmente hacen. Te das cuenta que incluso un montón de estos empleos clásicos de clase trabajadora son realmente trabajos de cuidados, se trata de cuidar de la gente. Pero no lo piensas como tal, no te percatas. Son mucho más como una enfermera que como un obrero de fábrica.

Mas allá de un trabajo de mierda

SW

Una de las cosas que dices en tu libro es que pensaste en que el movimiento Occupy podría ser el comienzo de la rebelión de la clase de cuidadores.

DG

Ahí está ese “somos el 99%” en una página del blog Tumblr, y era para las personas que estaban de hecho demasiado ocupadas trabajando para tomar parte en las manifestaciones de manera continua. La idea era: puedes escribir un pequeño cartel donde hables de tu situación vital y por qué apoyas el movimiento. Terminaría siempre con el “yo soy el 99%”. Tuvo una tremenda respuesta; miles y miles de personas hicieron esto.

Cuando lo repasé, me di cuenta de que casi todos ellos estaban en el sector de cuidados en algún sentido. Incluso si no lo estaban, los escritos parecían ser muy similares. Básicamente estaban diciendo, “Mira, yo quería un empleo donde al menos no estuviera haciendo daño a nadie. Donde estuviera realmente haciendo algún tipo de beneficio para la humanidad, quería ayudar a la gente de algún modo, quería cuidar de los demás, quería beneficiar a la sociedad.” 

Pero si acabas en el sector salud o en educación, servicios sociales, haciendo algo donde cuidas de otras personas, te pagarán tan poco, y te meterán tan profundamente en deudas, que ni siquiera podrás cuidar de tu propia familia. Esto es totalmente injusto.    

Fue ese sentimiento de una injusticia tan fundamental lo que creo que verdaderamente dirigió el movimiento más que ninguna otra cosa. Me di cuenta de que creaban esos trabajos fantoches, donde básicamente tu estas ahí para hacer que los ejecutivos se sientan bien con ellos mismos. Ellos tienen que recuperar trabajo para que otra gente lo haga.

 En educación, en salud, esto es increíblemente evidente. Siempre lo ves. Las enfermeras a menudo tienen que gastar la mitad de su tiempo de trabajo rellenando formularios. El profesorado, profesores de escuela primaria, gente como yo no es tan malo en la educación superior como lo es si estás enseñando quinto grado, pero sigue siendo malo.

SW

Todos soñamos con una sociedad que nos libre a todos de un trabajo que nos agote mentalmente, de modo que podamos perseguir nuestras pasiones y nuestros sueños y cuidar unos de otros. Por tanto, ¿Es solo una cuestión política? ¿Es algo que la RBU, Renta Básica Universal, pueda encarar?

DG

Bien, creo que sería una demanda transitoria, eso tiene sentido para mí. Marx  de hecho en alguna parte sugirió que no hay nada malo en las reformas, mientras sean reformas que mejoraran un problema, pero crean otro problema que solo puede ser resuelto mediante reformas más radicales. Si haces esto continuamente, puedes finalmente llegar al comunismo, dijo. Era un poco optimista, quizás.

Ya sabes, soy anarquista, no quiero crear una solución estatista. Una solución que hace que el estado sea más pequeño, pero al mismo tiempo mejora las condiciones y hace que las personas sean más libres para desafiar al sistema, eso me resulta difícil de discutir. Y esa es la razón por la que me gusta la RBU.  
No quiero una solución que vaya a crear más trabajos de mierda. 

Un empleo garantizado suena bien, pero, como ya sabemos por la Historia, tiende a crear puestos de gente pintando rocas de blanco, o haciendo cosas que no necesariamente necesitan ser hechas. Además también requiere de una administración gigante para gestionar eso. Frecuentemente parece que sea la gente con las actitudes de la clase dirigente profesional la que prefiere ese tipo de solución.

Mientras la renta básica universal trata de dar a todo el mundo suficiente para que pueda subsistir; a partir de ahí ya es cosa tuya (me refiero a las versiones radicales, obviamente; no estoy por la versión de Elon Musk). La idea es separar empleo de remuneración, en cierto sentido. Si tú existes, mereces una garantía de existencia. Podrías llamarlo libertad en la esfera económica. Puedo decidir cómo quiero contribuir a la sociedad.  

Una de las cosas que es muy importante del estudio que hice sobre los trabajos de mierda es lo deprimida que está la gente. Salió de manera contundente en las explicaciones que me dieron. En teoría, estás consiguiendo algo por nada, estás sentado ahí y te están pagando por hacer casi nada, en muchos casos. Pero esto solo desmoraliza a la gente. 

 Hay depresión, ansiedad, todas esas enfermedades psicosomáticas, espacios de trabajo terribles y comportamiento tóxico, que incluso empeoran por el hecho de que la gente no puede comprender qué motivos tienen para estar tan disgustados.

Porque, sabes, ¿de qué me quejo? Si me lamento con alguien me dirán simplemente, “Oye, estás consiguiendo algo por nada y ¿estás lloriqueando?” 

Pero ahí se muestra nuestra idea básica de la naturaleza humana, que se inculca a todos por los economistas, por ejemplo — que todos estamos intentado conseguir la mayor recompensa con el mínimo esfuerzo — que no es cierta.  La gente quiere contribuir al mundo de algún modo. Así, que se demuestra que si le das a la gente una renta básica, no van simplemente a sentarse a ver la televisión, que es una de las objeciones.

La otra objeción, naturalmente, es que, quizás quieran contribuir a la sociedad pero van a hacer algo estúpido, así que la sociedad va a estar llena de malos poetas y molestos músicos callejeros, mimos callejeros por todas partes, gente creando sus propios dispositivos de movimiento continuo y todo tipo de chismes. 

Estoy seguro que habrá algo de eso, pero mira: si el 40% de la gente ya cree que sus trabajos son completamente inútiles, ¿cómo va a ser peor que lo que ya hay? Al menos van a ser mucho más felices haciendo esas cosas que estando rellenando formularios todo el día."                   

(David Graeber  . Da clases en la London School of Economics, tras ser expulsado de Yale y ser rechazado de todas las universidades de su país, Estados Unidos, por declararse anarquista. Fue uno de los líderes del movimiento Occupy Wall Street. Sin Permiso, 06/07/18; fuente: Jacobin)