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14/12/21

El pleno empleo en nuestro país es posible... ¿Se imaginan ustedes que los gobiernos y los bancos centrales dieran un paso adelante y asumieran la Teoría Monetaria Moderna? No les quepa duda que en ese caso España alcanzaría el pleno empleo. Mario Draghi, al final de su período en el BCE asumió gran parte de las ideas de TMM y pidió explícitamente que se profundizara en la misma... El problema no es la austeridad. La batalla es de mayor calado. Se trata de determinar si el sector público tiene o no un papel en la economía, de mantener el “estado de bienestar”, de tener prestaciones sociales o leyes de pobres, de tener un buen sistema laboral o un modelo distópico

 "En nuestra querida España, las élites dominantes, sus redes de poder, y los mass media que esparcen “sus noticias” llevan años desinformando y secuestrando el artículo 20 de nuestra Constitución. Especialmente ese apartado donde explícitamente se reconoce el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. 

Son esos mismos mass media los que pretenden, cada 6 de diciembre, darnos lecciones sobre nuestra Constitución, esparciendo en temas económicos, sin empacho alguno, ideas falsas preconcebidas, meramente ideológicas. Sin embargo, la verdad emerge con fuerza, sale a la luz, y ni una triste línea de mea culpa. 

Pues bien eso lleva pasando en nuestro país alrededor de dos ideas que machaconamente llevan esparciendo a sus lectores. La primera, lo malo, malísimo que es la deuda pública. La segunda, lo malo, malísimo que es para nuestro país subir el salario mínimo, tal como ha hecho este Gobierno, de la mano del Ministerio de Trabajo bajo la batuta de esa peligrosa bolchevique llamada Yolanda Díaz.

Sin embargo, la realidad se acaba imponiendo. Es justamente el gasto público el motor que sacó a nuestra economía del pozo en 2014. El desapalancamiento del sector privado durante la Gran Recesión llevó a una profunda contracción económica que se tradujo en un incremento espectacular del déficit público (muchísimos economistas aún no han estudiando los balances sectoriales de Wynne Godley) que fue, y siempre es, el germen de la recuperación de toda recesión de balances. Cuando además, en 2014, se aflojo la cuerda de exigencias comunitarias en materia fiscal, y se “permitió” más deuda y déficit, la economía española empezó su expansión.

Y es exactamente lo que ha vuelto a suceder ahora, tras el impacto de la Covid-19. Si, además, se hace en un contexto donde el Banco Central Europeo compra en secundario esa deuda, e interviene en la fijación de tipos de interés, a través de los programas de recompra de activos, da igual lo que digan esos mass media, nunca habrá problemas de refinanciar la deuda pública. Personalmente preferiría, eso sí, que Europa diera un paso más y la actual política del Banco Central fuera permanente.

Los patriotas deberían exigir que las medidas actuales del BCE fueran permanentes

Por eso mismo, todo buen patriota, todo buen constitucionalista, en aras de garantizar los derechos de los ciudadanos reconocidos en la Sección II del Capítulo II del Título I de la Constitución -incluyen el derecho al trabajo (artículo 35.1 CE)- así como los derechos incluidos en el Capítulo III del Título I, bajo la rúbrica Principios rectores de la política social y económica, deberían ansiar y reclamar que el BCE hiciera lo que están haciendo los bancos centrales de aquellos países con soberanía monetaria -Reserva Federal de Estados Unidos, Bank of England, Bank of Japan, Bank of Sweden,…- de manera permanente. Todo lo demás, patriotismo de hojalata.

Lo mismo sucede con la subida del salario mínimo. Resulta sorprendente, extravagante, alucinante leer los relatos y análisis en estos mass media sobre los problemas y peligros que acechan a la economía española, y por ende a los ciudadanos que conforman nuestra querida España. Según los prismáticos que utilizan, la subida del salario mínimo, obviando los últimos resultados empíricos sobre su implementación en diferentes áreas del planeta, aumenta el desempleo entre los más desfavorecidos o reduce la tasa de creación de empleo. Bajo esos anteojos, además, la política fiscal debería abandonar su sesgo expansivo actual. De estos relatos de terror se derivan una serie de propuestas de política económica desconcertantes por no decir que distópicas, tremendamente dañinas para nuestro bienestar.

La realidad es tozuda y bajo la actual expansión fiscal, en un contexto de importante subida, aún insuficiente, del salario mínimo, la generación de empleo está batiendo récords históricos. Ello es coherente con los resultados obtenidos en distintos estudios académicos en los últimos años. Dos botones de muestra, Reallocation Effects of theMinimum Wage publicada en la revista académica económica de mayor impacto, Quarterly Journal of Economics, y el documento de trabajo del propio BCE Monetary and Fiscal Complementarity in the Covid-19 Pandemic. A pesar de ello las cifras de desempleo y paro en nuestro país siguen siendo excesivas, distópicas, estando, por cierto, muy alejados del pleno empleo.

El pleno empleo es posible

El pleno empleo en nuestro país es posible, pero jamás bajo la batuta de quienes promueven políticas que consideran dañino para nuestra economía, per sé, el gasto y la deuda pública, así como las subidas del salario mínimo. Es necesario, sin embargo, un paso más. Déjenme soñar. ¿Se imaginan ustedes que los gobiernos y los bancos centrales dieran un paso adelante y asumieran la Teoría Monetaria Moderna? No les quepa duda que en ese caso España alcanzaría el pleno empleo. Mario Draghi, al final de su período en el BCE asumió gran parte de las ideas de TMM y pidió explícitamente que se profundizara en la misma.

Permítanme terminar mis reflexiones de hoy desempolvando un viejo artículo de Michal Kalecki publicado allá por 1943, “Political Aspects of Full Employment”, donde exponía tres razones por las que “a los hombres de negocio” o a las élites no les gustaba, y sigue sin gustarles, la idea de utilizar la política fiscal como instrumento de política económica.

Ahí va la primera. Un sistema sin una política fiscal activa significativa supone colocar en el asiento del conductor a los hombres de negocios; y sus “animal spirits” pueden determinar el estado de la economía. Esto le da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno. Pero es que además, en segundo lugar, el gasto público pone en tela de juicio un principio moral de la mayor importancia para la élite: los fundamentos de la ética capitalista requieren que te ganarás el pan con el sudor -a menos que tengas los medios privados suficientes.

Finalmente, y quizás la más importante, a los hombres de negocio no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo. Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria… La disciplina en las fábricas y la estabilidad política son más apreciadas que los beneficios por líderes empresariales. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco sólido... y que el desempleo es una parte integral del sistema capitalista normal.

El problema no es la austeridad. La batalla es de mayor calado. Se trata de determinar si el sector público tiene o no un papel en la economía, de mantener el “estado de bienestar”, de tener prestaciones sociales o leyes de pobres, de tener un buen sistema laboral o un modelo distópico. Los defensores de la austeridad intentan cambiar el modelo social, privatizar todo -incluida la sanidad y la educación-, forrarse a nuestra costa. Y para ello el papel de ciertos mass media y determinados “expertos” es clave, porque al manipular y ocultar el origen de la última crisis permiten que esta agenda se alcance, aun a costa de los ciudadanos."                           (Juan Laborda, InfoLibre, 13/12/21)

6/9/21

La ciudad de Goldfield (Nevada) representó durante un año (1906-1907) la realización del sueño industrialista estadounidense, el socialismo de autogestión obrera

Jaime Caro @JaimeCaroM 

La ciudad de Goldfield (Nevada) representó durante un año (1906-1907) la realización del sueño industrialista estadounidense, el socialismo de autogestión obrera.

Desde 1906, el sindicato Industrial Workers of the World (IWW), y su sección minera los Western Federation of Miners (WFM), comenzó a sindicalizar a los mineros de todas las compañías que operaban en la ciudad de más de 20.000 habitantes.

Al cabo de meses, teniendo sindicalizados a, absolutamente, todos los mineros reclamaron un salario mínimo y una escala salarial, el mínimo seria $3 por jornada de 10 horas. Los dueños, sin alternativa aceptaron, aun así compraron el periódico de la ciudad para empezar una +

campaña de desprestigio contra el sindicato WFM. Vista esta campaña, los IWW decidieron sindicalizar a los trabajadores del periodico que se negaron a hacer esta campaña anti-IWW. Al cabo de meses, los IWW tenian sindicalizadas a la mayoria de los trabajadores de la ciudad.

Tomaron el ayuntamiento, dejando al alcalde en su puesto pero exigieron un salario mínimo para todos los trabajadores de $3 por jornada de 8 horas, queriendo ir reduciéndola en un futuro a 7. Nadie se pudo oponer puesto que todos los trabajadores apoyaban la medida.

Los camareros de los salones pasaron de cobrar $1'5 por 10 horas a cobrar el doble por 8 horas. Los mineros se vieron con salarios por encima de los $5. Lo mejor: los dueños de las minas huyeron a la ciudad de al lado y la producción se decidia por los trabajadores.

La ciudad marchaba bien, esto no gustó, ya no a los dueños de las minas, sino a sueños de salones y demás negocios que se aliaron y pidieron la intervención de la milicia nacional y la vuelta al libre mercado de salarios.

El sueño industrialista fue apagado a golpe de culata y a fuego de fusil. Los IWW supieron que su manera de proceder era correcta, su sueño realizable, pero necesitaban tomar poder y no restringirse a una ciudad únicamente, organizarían huelgas estatales.

Todo el proceso fue capitaneado por Vincent St. John (The Saint). Uno de los mayores sindicalistas que han existido en la Historia de los Estados Unidos. Fue secretario general de los IWW durante la época dorada del sindicato y cuando se imbricó con teoría marxiana.

6:38 p. m. · 30 ago. 2021
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5/7/21

Los indios prefieren la garantía de empleo a las ayudas económicas

 "La mayoría de los indios urbanos que se han quedado sin trabajo a causa de la pandemia de coronavirus quieren que el gobierno les garantice puestos de trabajo como hace con los habitantes de las zonas rurales, según un estudio de la London School of Economics.

Un abrumador 82% de los encuestados para el informe "City of dreams no more, a year on: worklessness and active labour market policies in urban India" (La ciudad de los sueños ya no existe, un año después: la falta de trabajo y las políticas activas del mercado laboral en la India urbana) está a favor de las garantías de empleo, seguido por un 16% de las transferencias monetarias.

Incluso la mayoría de los que habían recibido ayudas en metálico del gobierno tras la pandemia preferían que se les protegiera el empleo en lugar de la ayuda económica, escribieron Swati Dhingra y Fjolla Kondirolli, los autores del informe.

En la actualidad, el gobierno federal garantiza al menos 100 días de empleo en un ejercicio económico a todos los hogares de las zonas rurales. El año pasado se incrementó la asignación presupuestaria para el programa en medio de la pandemia, y las autoridades informaron de un aumento de hasta el 50% en la inscripción en el programa. (...)"       
       ( , Bloomberg , 02/07/21)

2/7/21

Paulina Tcherneva: Más de 150 zonas de Francia experimentarán con el programa Cero desempleo de larga duración

Pavlina R Tcherneva @ptcherneva 

More than 150 areas in France will experiment with the Zero Long-term Unemployment program.
(Más de 150 zonas de Francia experimentarán con el programa Cero desempleo de larga duración.)

 2:04 p. m. · 1 jul. 2021
19 Retweets 50 Me gusta

L Grandguillaume @LGRANDGUILLAUME

 Le décret d’application vient d’être publié au journal officiel. Plus de 150 territoires se préparent actuellement pour expérimenter @ZeroChomeurLD dans toute la France. Merci à @EmmanuelMacron d’avoir respecté ses engagements. https://legifrance.gouv.fr/jorf/id/JORFTEXT000043727941

"Décret n° 2021-863 du 30 juin 2021 relatif à l'expérimentation « territoire zéro chômeur de longue durée" (Bulletins Officiels, 01/07/21)

(El decreto de ejecución se acaba de publicar en el diario oficial. Más de 150 territorios se están preparando actualmente para experimentar @ZeroChomeurLD en toda Francia. Gracias a @EmmanuelMacron por haber respetado sus compromisos. https://legifrance.gouv.fr/jorf/id/JORFTE)

 7:32 a. m. · 1 jul. 2021
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7/6/21

¿De dónde vino el desempleo? La palabra no se volvió ampliamente utilizada hasta el siglo XIX... El desarraigo de los campesinos creó un "ejército industrial de reserva" y las altas tasas de desempleo se convirtieron en la norma del siglo XX... COVID puede ofrecer una oportunidad para reconsiderar la idea del pleno empleo, que durante tanto tiempo ha sido abandonada por los legisladores

 "En las sociedades agrícolas, incluso en las capitalistas, la mayoría de la gente trabajaba en la tierra. Un número menor trabajaba en pueblos y ciudades: zapateros y carpinteros, etc. Algunos pueden ir y venir del campo a la ciudad, dependiendo de la disponibilidad de trabajo. Si su trabajo en la construcción de casas en la ciudad se secó, podría regresar al campo para la cosecha. 

 El economista Mario Seccareccia, que ama la historia, señala que antes de la Revolución Industrial era impensable que alguien listo y capaz de trabajar no tuviera trabajo que hacer. Preguntas: Si alguna vez se desconocía el desempleo, ¿por qué lo aceptamos ahora? ¿De dónde vino el desempleo? 

 En aquellos tiempos anteriores a la Revolución Industrial, había pobres, en su mayoría personas que no podían trabajar por alguna razón, como una discapacidad. Estos fueron considerados merecedores de caridad. Un pequeño número de indigentes fueron considerados desviados y tratados con dureza, quizás obligados a trabajar en casas de trabajo públicas en condiciones viles. Seccareccia señala que los primeros economistas clásicos como Adam Smith y David Ricardo reconocieron que las personas sanas podían experimentar un desempleo temporal, pero no la variedad a largo plazo. 

La palabra "desempleo" no se volvió ampliamente utilizada hasta el siglo XIX. A medida que las ciudades crecían y la manufactura despegaba, la gente que vivía en ciudades y pueblos se separó. El movimiento entre los dos lugares se hizo menos fluido. El sector agrícola de la economía se estaba contrayendo.

 Al principio, si perdiera su trabajo en la fábrica, probablemente aún podría recoger algo en el campo para ayudarlo. Pero si hubieras crecido en la ciudad, como lo hizo cada vez más gente, es posible que no supieras cómo hacer el trabajo rural. A finales del siglo XIX, la mayoría de los habitantes de las ciudades ya no podían contar con recurrir al trabajo agrícola durante los tiempos difíciles.

 Karl Marx señaló que el movimiento de cercamiento de Inglaterra, que ganó impulso ya en el siglo XVII, había dificultado las cosas para los trabajadores agrícolas a medida que los terratenientes adinerados se apropiaban de los derechos sobre las tierras comunales que tradicionalmente se les había permitido usar a los trabajadores y que eran una parte vital de su sustento económico.

 El desarraigo de los campesinos de la tierra y las formas de vida tradicionales, observó Marx, creó un "ejército industrial de reserva", básicamente un grupo de personas que querían trabajar pero que no podían encontrar un trabajo en momentos en que los industriales retuvieron la inversión o cuando las máquinas se apoderaron de ciertas trabajos.

 Marx vio que este nuevo tipo de desempleo era una característica del capitalismo, no un error. Aún así, muchos economistas burgueses de la corriente principal pensaron que el mercado de alguna manera arreglaría las cosas y eventualmente proporcionaría suficientes puestos de trabajo para evitar el desempleo masivo. No resultó así. 

Prueba A: La Gran Depresión. 

Especialmente después de la Primera Guerra Mundial, muchos economistas posteriores, sobre todo John Maynard Keynes, advirtieron que las altas tasas de desempleo se estaban convirtiendo en la norma en el siglo XX. Keynes predijo que mucha gente seguiría sin trabajo a menos que el gobierno hiciera algo. Esto fue muy malo para la sociedad. 

 Keynes enfatizó que el pleno empleo nunca sucederá por sí solo. Los economistas de la corriente principal pensaban que si los salarios caían lo suficiente, eventualmente prevalecería el pleno empleo. Keynes lo cuestionó. A medida que los salarios cayeron, la demanda se contrajo aún más, lo que llevó a una menor inversión empresarial y así sucesivamente en un ciclo interminable. No, el capitalismo, con sus ciclos económicos llevó al desempleo involuntario, según Keynes. 

Seccareccia observa que el economista Michał Kalecki estuvo de acuerdo en que el gobierno podría hacer políticas para ayudar a que más personas permanezcan empleadas con un salario decente, pero solo había un problema: los capitalistas ricos no lo iban a permitir.

 Se opondrían a los sistemas apoyados por el estado para mantener la demanda de modo que el miedo al desempleo frenara las demandas de los trabajadores de mejores salarios y mejores condiciones laborales. Durante un tiempo, después de la Segunda Guerra Mundial, los capitalistas estuvieron a la defensiva.

 La Gran Depresión y la amenaza comunista asustaron lo suficiente a los países occidentales como para aceptar el argumento de Keynes de que los gobiernos deberían tratar de fomentar el empleo haciendo cosas como la creación de grandes proyectos para que la gente trabaje. Se crearon redes de seguridad para evitar que las personas cayeran en la pobreza. El objetivo del pleno empleo ganó popularidad y muchos más trabajadores se afiliaron a sindicatos.

 Capitalistas contra pleno empleo Los economistas han hablado sobre varias definiciones de cómo debería ser el pleno empleo, explica Seccareccia: “Una definición muy conocida vino de William Beveridge, quien dijo que lo que querías eran tantos puestos de trabajo abiertos como personas que los buscaban, o incluso más puestos de trabajo. porque todas las personas no pueden aceptar todo tipo de trabajo ". 

 A mediados del siglo XX, cuando la economía iba bien, los economistas neoclásicos como Milton Friedman comenzaron a rechazar la idea del pleno empleo. Desalentó el uso de la política fiscal y monetaria para apoyar el empleo, argumentando que los intentos de reducir el desempleo más allá de lo que él insistió era su tasa "natural" en la economía simplemente conducirían a la inflación. En la década de 1960, sucedió algo de lo que Friedman advirtió. El empleo era bajo y los precios empezaron a subir levemente, especialmente durante la era de la Guerra de Vietnam. 

Sin embargo, el mayor impulso a la credibilidad de Milton Friedman se produjo con los aumentos del precio del petróleo del cartel de la OPEP de la década de 1970 que empujaron la tasa de inflación a niveles de dos dígitos y al mismo tiempo aumentaron el desempleo. Entonces, en los años 70, los países occidentales comenzaron a dejar de fomentar el pleno empleo y mantener fuertes redes de seguridad. 

Los defensores del nuevo marco neoliberal estaban a favor de cortar las redes de seguridad, eliminar los puestos de trabajo del gobierno y dejar que el mercado decidiera cuánto desempleo habría. Dijeron que tenía que ser así para evitar que la inflación subiera, aunque la causa de esa alta inflación de los años 70 no tenía nada que ver con el alto gasto público y la excesiva creación de dinero de la que hablaban Friedman y sus amigos.

 Seccareccia apunta a la prueba de que la lógica neoclásica no se mantuvo. En las dos décadas anteriores a la crisis financiera mundial de 2007-2008, la tasa de desempleo bajó, pero la inflación no aumentó. 

Eso demostró que los economistas neoclásicos estaban equivocados. Pero, desafortunadamente, los legisladores no lo asimilaron realmente antes de que golpeara la Gran Recesión. Por lo tanto, estropearon la respuesta al frenar el gasto público demasiado rápido debido a los temores de déficits presupuestarios excesivos y una inflación futura potencialmente más alta que nunca se materializó. 

Siguieron insistiendo en que el nivel de empleo volvería a ese estado "natural" del que Friedman había hablado si simplemente dejaban las cosas en manos del mercado. "Pero no funcionó de esa manera", dice Seccareccia. “El desempleo se disparó y tomó una década volver a los niveles anteriores a la crisis. Lo que nos lleva a la crisis del COVID-19.

 Una crisis es algo terrible de desperdiciar Seccareccia dice que tenemos que entender la diferencia entre la situación actual y la Crisis Financiera Global. Esta vez, realmente es diferente. “La crisis anterior comenzó en el sector financiero y se extendió a la economía real”, explica. "Pero en 2020, cuando surgió el coronavirus, los sectores financiero e industrial fueron golpeados al mismo tiempo". Esto significó que la gente de ambos sectores dejó de gastar. Los hogares no podrían gastar aunque quisieran porque viajar, salir a cenar y otras actividades estaban prohibidas. Las empresas recortaron la inversión ante la amenaza de la incertidumbre y la caída de las exportaciones debido a las restricciones en las fronteras.

 A menos que fuera Home Depot o una empresa de comercio electrónico, no podría vender nada. La crisis del COVID-19 también provocó que los trabajadores se retiraran de las actividades que se consideraban de alto riesgo para la propagación del virus. En todo el país, los trabajadores no esenciales fueron enviados a casa y se les dijo que se quedaran allí. La mayoría, especialmente en sectores como el ocio y la hostelería, no puede hacer su trabajo desde casa.

 Muchas de estas personas perdieron su salario y, debido a que la mayoría de ellos tenían salarios bajos para empezar, eran los que menos podían permitirse el golpe. Muchos solo pudieron mantener sus ingresos a través del seguro de desempleo del gobierno. Mientras tanto, las empresas se mantuvieron a flote con subsidios. Seccareccia señala que el desempleo tuvo un giro interesante en la pandemia porque fue tanto el problema como la cura inicial para la crisis de salud. El desempleo impidió la circulación del virus. Salvó vidas. 

 Avance rápido hasta fines de la primavera de 2021.

 A medida que Estados Unidos y otros países occidentales buscan dejar atrás la pandemia, la economía se está abriendo nuevamente. Los empleadores quieren contratar e incluso compiten entre sí por los trabajadores. Pero muchos buscadores de empleo esperan volver a trabajar. Hay muchas razones por las cuales: cuidar a los niños sigue siendo una carga enorme y la gente todavía está preocupada por enfermarse. Las rutas de tránsito se han interrumpido, lo que dificulta que las personas lleguen al trabajo.

 También es posible que algunos trabajadores se resistan a los trabajos que se ofrecen con salarios bajos y prestaciones inadecuadas. Los empleadores han comenzado a quejarse de que no pueden encontrar trabajadores y culpan a la red de seguridad social como el problema. Algunos empleadores, como los de la industria hotelera, están ofreciendo salarios más altos para atraer a los trabajadores de regreso.

 Tal como predijo Kalecki, los capitalistas ricos se están inquietando. La Cámara de Comercio, por ejemplo, ha presionado a Estados Unidos para que detenga la expansión de los beneficios del seguro de desempleo para que las personas se vean obligadas a regresar a trabajos de bajos salarios. Algunos estados dominados por los republicanos se han sumado a esta idea. 

El economista Larry Summers, por su parte, advierte sobre la inflación y le dice a la Reserva Federal que suba las tasas de interés para que los salarios no suban. Se queja de que cuando camina afuera, todo lo que ve son personas ansiosas por cubrir vacantes de trabajo. No está claro dónde estaba viviendo cuando dijo eso, o de qué personas está hablando.

 Otros argumentan que la expansión del seguro de desempleo no es el problema, sino los trabajos de mierda que se ofrecen. Seccareccia cree que es bueno que los empleadores aumenten sus salarios, incluso si eso significa un poco de inflación. El aumento de la desigualdad, enfatiza, es insostenible en una sociedad sana, y ya es hora de que la gente común tenga un poco de poder para mejorar su suerte. “Cuando a los empleadores les preocupa que la gente deje de fumar”, dice, “es cuando sabes que te estás acercando al pleno empleo.

 Y en una sociedad capitalista, es una situación extremadamente rara cuando el número de renuncias comienza a exceder el número de nuevas contrataciones a medida que una economía se acerca al pico de un ciclo económico ". En opinión de Seccareccia, “hay un acto de equilibrio entre los trabajadores 'temen al despido' y los empleadores 'temen el abandono'”. Observa que los capitalistas son muy buenos para asegurarse de que la primera situación sea más común, y han tenido un éxito espectacular en los últimos 40 años.

 “Es por eso que tiene salarios fijos y una desigualdad desbocada”, dice Seccareccia. "La productividad aumenta, pero los trabajadores no la comparten". Las ganancias se acumulan en la parte superior. En este momento, la inflación ha aumentado en algunas áreas. En un par de sectores, como los autos usados, está aumentando mucho. La pregunta es, más allá de un par de casos únicos, ¿qué pasará con la inflación en general? ¿Y será temporal? Muchos economistas piensan que la inflación será de corta duración y no será muy alta, así que no hay nada de qué emocionarse.

 Algunos economistas, como Antonella Palumbo, creen que la preocupación por la inflación es exagerada. Ella señala que con el desempleo todavía alto y un gran número de personas que anteriormente trabajaban pero aún están fuera de la fuerza laboral, las filas del famoso ejército de reserva de desempleados siguen siendo enormes. A medida que la economía se reinicia, están surgiendo todo tipo de cuellos de botella a corto plazo, pero ese ejército de reserva no va a ninguna parte rápidamente y continuará limitando los aumentos salariales.

 Seccareccia señala que los capitalistas ricos que intentan evitar que los trabajadores reciban mejores salarios y los conservadores que se quejan de la pereza no mencionan que, mientras tanto, el mercado de valores se está disparando, haciendo más ricos a los ricos. Además, el mercado de la vivienda está en auge porque las personas más pudientes que tuvieron la suerte de haber mantenido sus trabajos durante la pandemia ahora tienen dinero extra ahorrado para gastar en artículos caros. 

“¿Es realmente justo”, pregunta, “quejarse de unos cientos de dólares a la semana que reciben los que están en la parte inferior de la escala económica? En especial, ¿cuánto está ya titulada la economía a favor de los que tienen? " Entonces, ¿qué debería hacer exactamente el gobierno con respecto al desempleo? ¿Debería hacer algo en absoluto? Por parte de Seccareccia, cree que este es un momento perfecto para reconsiderar la idea del pleno empleo, que durante tanto tiempo ha sido abandonada por los legisladores en favor de una tasa de desempleo "natural".

 “Los formuladores de políticas deben comprender por qué COVID puede ofrecer una oportunidad que no se veía desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, dice. "De hecho, podríamos hacer que la economía sea más justa para la gente común".               (Lynn Parramore, Brave New Europe, 03/06/21; traducción google)

26/4/21

Abba P. Lerner: 'Para alcanzar el pleno empleo es necesario utilizar el gasto público para crear puestos de trabajo directamente, ya que las políticas fiscales y monetarias tradicionales son ineficaces para alcanzar tal objetivo'

 "Abba P. Lerner es un economista británico de origen ruso nacido en Bessarabia en 1903. Falleció el 27 de octubre de 1982.

A la edad de 26 años y con motivo de la quiebra de su negocio en 1929 como consecuencia de la crisis que se originase con el crack de la bolsa en Nueva York, decidió matricularse en la London School of Economics and Political Science. Entre los años 1934 y 1935 pasó una estancia de seis meses en la Universidad de Cambridge, donde entraría en contacto con las ideas de John Maynard Keynes siendo el primer economista “externo” al círculo de confianza de Keynes que comprendería plenamente el significado de su Teoría General.

Su primer destino como profesor asistente sería la London School of Economics en 1936. En 1937 decide emigrar a los Estados Unidos, donde enseña Economía en varias universidades. A pesar de la cantidad y la calidad de sus contribuciones no tuvo un reconocimiento adecuado en vida, quizás por su continuo deambular y su incapacidad de involucrarse en la dinámica interna de las distintas universidades americanas donde enseñó. Pese a ello, Lerner sigue siendo considerado un economista agudo y muy creativo, tanto en el terreno teórico como analítico

Basándose en el principio de demanda efectiva y la teoría chartalista del dinero, Lerner desarrolló el concepto de Finanza Funcional como marco en el que desenvolver las políticas para alcanzar el pleno empleo y la estabilidad de precios.

La Finanza Funcional en 10 puntos:

  1. El pleno empleo, la estabilidad de precios, y un estándar de vida decente para todos los individuos son objetivos macroeconómicos claves, y es responsabilidad de un Estado perseguirlos y promoverlos. Dejar estos objetivos al libre mercado es como conducir un coche sin volante. Las políticas deben ser valoradas por su capacidad para lograr los objetivos macroeconómicos para los que están diseñadas, no al hecho de ceñirse a ciertos dogmas. La política fiscal, el gasto del gobierno y sus impuestos, su endeudamiento, la emisión de nueva moneda, todos ello deben llevarse a cabo únicamente mediante la evaluación de los resultados de estas acciones en la economía.
  2. La capacidad del gobierno para llevar a cabo su propia política fiscal y monetaria de conformidad con los principios de las finanzas funcionales se hace posible por el hecho de que “el dinero es una criatura del Estado”. El gobierno no se financia a través de impuestos ni por la emisión de bonos del Tesoro. El propósito principal de los impuestos es apoyar el lanzamiento y circulación de una moneda e influir en el comportamiento de los ciudadanos. Por su parte, el objetivo principal de la venta de bonos del gobierno es el de ajustar la tasa de interés a un día.
  3. “Imprimir dinero” en sí mismo no tiene impacto en la economía. Sólo si el dinero nuevo se gasta en bienes y servicios, o es retirado a través de la emisión de bonos, habrá algún impacto en la economía.
  4. Sin una política de pleno empleo, el sector privado no puede beneficiarse de las ventajas derivadas del progreso técnico que mejoran la productividad, siendo probable que lo convierta en ineficaz. Con una política de pleno empleo el progreso técnico destinado a reducir el trabajo se hace muy útil para la sociedad.
  5. En condiciones de pleno empleo los recursos son escasos y por lo tanto, presentar una innovación técnica u organizativa que libera un poco de trabajo para otros usos constituye un beneficio en el uso de los recursos. Sin embargo, en una economía con un desempleo persistente, lo que sería eficiente llega a ser ineficaz. De hecho, cuando hay falta de trabajo no es importante la utilización de menos recursos para un mismo trabajo, no tiene sentido a nivel agregado poder realizar una tarea con menos trabajo si hay trabajadores desempleados disponibles, porque los trabajadores liberados de la mejora tecnológica no se pueden utilizar para otras actividades.
  6. En caso de desempleo, un aumento de la eficiencia en cualquier proceso de fabricación particular no implica un aumento de la eficiencia en la economía en su conjunto.
  7. Sin una política de pleno empleo un país debe someterse al aumento de las importaciones en comparación con las exportaciones en su balanza comercial; con una política de pleno empleo, no hay necesidad de preocuparse por la importar “demasiado” en comparación con las exportaciones.
  8. Los intentos para argumentar que el déficit y la deuda en realidad no son tan grandes como parecen, y que si se miden de una manera diferente no son tan malos, es contraproducente.
  9. Cuando hay desempleo el dinero es escaso, en lugar de los recursos.
  10. Para alcanzar el pleno empleo es necesario utilizar el gasto público para crear puestos de trabajo directamente, ya que las políticas fiscales y monetarias tradicionales son ineficaces para alcanzar tal objetivo. La creación de empleo directo en forma de obras públicas puede ser necesaria para lograr y mantener el pleno empleo y la estabilidad de los precios. Incluso el sector público que no produce buenos servicios o visibles es beneficioso, ya que crea puestos de trabajo para los desempleados y aumentar la producción y la renta agregada, con todos sus beneficios asociados. También hay tantos servicios y actividades públicas y sociales, que normalmente no son llevadas a cabo por el sector privado y son necesarias para la economía."                (red mmt)

11/3/21

Pavlina Tcherneva: Garantizando el derecho a un trabajo decente. La creación de empleo garantizado debe ser utilizada como una oportunidad para considerar las necesidades específicas de cada comunidad, mientras se da poder a la miríada de grupos locales que intentan abordar sus desafíos. Las nuevas ocupaciones no deberían ser solo trabajos, sino una forma de llenar un vacío en la vida pública. Existen numerosas necesidades y problemas, comenzando por la transición energética, que podrían cubrirse de este modo

 "La garantía de empleo es una propuesta ambiciosa que tiene como objetivo garantizar que todos los miembros de la sociedad tengan acceso a un trabajo decente y con un salario justo.

 Thomas Belaich y Ulysse Lojkine: ¿Puede explicar qué es una garantía de empleo y por qué es necesaria? 

Pavlina Tcherneva: El objetivo principal de la política de garantía de empleo es "democratizar el trabajo" y empoderar a las personas, tanto dándoles la oportunidad de elegir su trabajo, como también creando puestos de trabajo cuyo objetivo no es obtener beneficios para una empresa. 

La mayoría de los puestos de trabajo en nuestras economías son creados por el sector privado y son cada vez más precarios. El mercado laboral no ha proporcionado a la mayoría de las personas un nivel de vida y una calidad de vida estables, y los trabajos son cada vez más difíciles de soportar. Por eso necesitamos un nuevo contrato social, una nueva promesa para las personas: si buscas trabajo, podrás encontrar una ocupación digna con un salario adecuado.

 No es solo el sector privado el que puede crear puestos de trabajo; el sector público sigue siendo completamente ignorado a este respecto. De hecho, muchas de las dimensiones públicas de nuestra vida social no se tienen en cuenta. En nuestras sociedades modernas, se ha aceptado ampliamente que debemos garantizar los derechos de pensión, por muy básicos que sean, la prestación de servicios de salud, excepto en los Estados Unidos, lamentablemente, y sabemos que un nivel mínimo de educación gratuito aumenta el bien público, al igual que la garantía. acceso a bibliotecas, información de calidad, etc.

 El trabajo es el determinante más importante del bienestar, sin embargo, solo garantizamos el seguro de desempleo o, a veces, solo la asistencia contra la pobreza, pero realmente garantizar un trabajo decente es mucho más empoderador para la vida y tiene un efecto mucho más fuerte y claro que el mosaico de políticas que tenemos. Es una política estructural más que una "medida adicional para el empleo".

 El sistema que proponemos se basa en tres pilares.

 En primer lugar, la garantía de empleo se basaría en la toma de decisiones participativa, partiendo del principio de que los desempleados y las comunidades saben lo que les conviene, por lo tanto, “de abajo hacia arriba”. 

A continuación, completaría el sistema de protección social al incluir el derecho básico al trabajo. 

Por último, sería una política de estabilización mejor que las distintas prestaciones que conlleva el trabajo y el desempleo, que es precisamente la finalidad del servicio público. 

 Ha habido iniciativas en el espíritu de su modelo. ¿Considera que el esquema argentino Jefes y Jefas, que se desarrolló entre 2002 y 2007, y el sistema indio iniciado por la Ley Nacional de Garantía de Empleo Rural Mahatma Gandhi de 2005 son buenos ejemplos de lo que está proponiendo? 

Sí, estos dos programas están totalmente de acuerdo con nuestras propuestas. De hecho, el plan Jefes se desarrolló a partir del modelo de garantía laboral que habíamos ideado con colegas de la Universidad de Missouri.

 Por supuesto, ninguno de los programas es universal: los beneficiarios del plan Jefes son personas desempleadas con hijos menores o discapacitados dependientes, mientras que los del plan indio son adultos de hogares rurales pobres que se ofrecen como voluntarios para tareas relativamente poco calificadas. 

Aun así, por lo general siguen el modelo que defiendo e ilustran perfectamente cómo se podría implementar una garantía de empleo en los países en desarrollo centrándose en los problemas particulares de un país. Por ejemplo, ambos programas tuvieron efectos beneficiosos significativos para las mujeres más pobres, y el programa indio creó trabajos ambientales esenciales.

 Hay algunas políticas que van en esta dirección en Europa, como en Francia con sus Territoires zéro chômeurs (cero áreas desocupadas), y de manera muy diferente, el esquema de obras públicas de Hungría, que parece haber contribuido a la fuerte caída del desempleo en Viktor Orbán. ¿Qué opinas de estos casos europeos?

 He seguido de cerca esta solución en Francia y, en mi opinión, es un modelo muy bueno para pensar en ampliar el programa a nivel nacional. Por otro lado, la política de Orbán es una política de workfare. Obliga a las personas a regresar al trabajo para recibir sus beneficios, condición que se aplica independientemente de su situación o de las características del trabajo.

 La pregunta fundamental es sobre el esfuerzo colectivo que estamos dispuestos a hacer para que quienes necesitan un trabajo, un trabajo digno, puedan beneficiarse de un mecanismo que lo garantice. Hay dos formas de hacerlo, democrática o no democráticamente; basado en el modelo de consulta, como en Francia, o en el modelo de workfare, como en Hungría. 

La confusión entre estas dos políticas se debe al hecho de que la garantía de empleo a menudo se confunde con un programa de empleo como cualquier otro, que abre puestos de trabajo a individuos, de forma punitiva o de otro tipo: ¡siempre se puede obligar a las personas a trabajar! Pero la garantía de empleo no es una política de empleo, es una adición a la red de seguridad que ya existe, o más bien una revisión de lo que la protección social debería tener en cuenta.

 El objetivo es repensar la protección social, y repensarla para que garantice más derechos fundamentales, de los cuales el trabajo es uno. El trabajo ha sido reconocido durante mucho tiempo como un derecho humano fundamental, pero debemos hacer un mayor esfuerzo para garantizarlo para todos, de manera voluntaria, con un enfoque de abajo hacia arriba, que es lo opuesto a los incentivos coercitivos y el enfoque de arriba hacia abajo del workfare políticas.

 Veamos las diferencias entre los experimentos francés y húngaro. En Hungría, este programa de empleo se puso en marcha a expensas de la protección social, en particular las prestaciones por desempleo. Además, las tareas no se definen de la misma manera: los alcaldes están a cargo de los desempleados, mientras que en Francia son los mismos desempleados quienes definen sus ocupaciones. ¿Qué opinas de esta democratización de las propias “tareas”?

 La gente sabe lo que necesita. En mi trabajo en Argentina, los que tenían sus propios proyectos eran los más interesantes: sabían exactamente lo que necesitaban las familias, sabían qué beneficiaría más rápidamente a los jóvenes y sabían exactamente cuáles eran las situaciones locales. En este sentido, para usar el concepto de Graeber, no eran "trabajos de mierda". 

No se trataba de construir una infraestructura en medio de la nada solo para mantener ocupada a la gente. Se trataba de responder eficazmente a las necesidades de la comunidad. El hecho de que las personas que realizan trabajos tengan algo que decir para definirlos está en el corazón de la idea de democratizar el trabajo. No se trata de que un administrador central asigne el trabajo consultando su hoja de ruta, sino que debe ser dirigido por la comunidad en la que se basa ese trabajo. 

 El mensaje principal es que las nuevas ocupaciones no deberían ser solo trabajos, sino una forma de llenar un vacío en la vida pública. Si una comunidad se ve devastada por el desempleo, no se trata simplemente de proporcionar una cierta cantidad de "puestos"; La creación de empleo debe ser utilizada como una oportunidad para considerar las necesidades específicas de cada comunidad - sus ancianos, sus niños, etc. - mientras se da poder a la miríada de grupos locales que intentan abordar sus desafíos. Por tanto, la garantía de empleo daría prioridad al trabajo de cuidados.

 Existen numerosas necesidades y problemas, comenzando por la transición energética. De hecho, la garantía de empleo sería muy propicia para la transición. El proyecto más eficaz del New Deal de los Estados Unidos fue la rehabilitación y conservación de los parques nacionales, que hemos heredado. Las personas que viven en regiones inundadas, quemadas o contaminadas son muy conscientes de esta necesidad.

 Si bien el objetivo principal de la garantía de empleo es ayudar a los solicitantes de empleo, un programa tan ambicioso también afectaría a los empleados. ¿Qué efectos tendría una garantía de empleo en el mercado laboral para los empleados? ¿No podríamos esperar una reducción en el poder de negociación de los empleados, particularmente entre los menos calificados?

 Todo lo contrario. Debido a que estamos en un paradigma de desempleo real, aceptamos niveles masivos, lo que nos hace subestimar sus efectos sobre los trabajadores. La existencia de desempleo crea y hace que la gente acepte una carrera a la baja en el mercado laboral. Pierden sus beneficios, su protección y, poco a poco, el precariado gana terreno, todo porque la existencia del paro genera una feroz competencia por un reducido número de puestos de trabajo. 

Los empleados se encuentran en una situación en la que tienen que aguantar su trabajo, por precario que sea, por miedo a no encontrar otro. Como dice el famoso refrán, nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo. Si tuviéramos que orquestar un cambio de paradigma afirmando que a todos aquellos que necesitan un trabajo se les debe ofrecer uno, la economía funcionaría de manera muy diferente. 

Por supuesto, los más capacitados no verán sus vidas transformadas, y una garantía de empleo no cambiaría mucho sus vidas. Pero si trabajo en McDonald's, ganaría más influencia. Tengo una opción, una alternativa. Entonces, si hay acoso en el trabajo, puedo decir que no y buscar otra oportunidad laboral, lo que no es el caso hoy. 

Muchos responderían que se puede hacer esto con una renta básica universal, porque dejar un trabajo no significa perder demasiados ingresos, pero el objetivo es ofrecer un trabajo, porque el mercado no crea suficientes ingresos. A diferencia de la RBU, la garantía de empleo no perpetúa la competencia por los puestos de trabajo y, por lo tanto, eleva el piso de empleo al proporcionar un trabajo decente e ingresos adecuados.

 Los empleadores que se aprovechan de la amenaza del desempleo para mantener bajos los salarios de los trabajadores deberán por lo menos igualar el estándar de la garantía laboral para seguir encontrando trabajo. Ahí está el efecto real para los empleados. Ya hemos visto este fenómeno en los Estados Unidos, donde aumentar el salario mínimo de un estado por encima del mínimo federal tiene un efecto dominó sobre los salarios en los estados vecinos.

 Básicamente, asegurar el pleno empleo ayuda a aumentar sistemáticamente el poder de negociación de los trabajadores menos calificados, de los más vulnerables, que generalmente son descartados por el mercado laboral en primer lugar y incluidos en último lugar.

 Si se mira a Europa, que tiene mercados laborales tanto nacionales como comunitarios, ¿cuál es el nivel más relevante para una garantía de empleo?

 Idealmente, deberíamos ser valientes y ambiciosos desde el principio, y pensar directamente a nivel europeo. Por supuesto, existen importantes limitaciones en la zona euro, la mayor de las cuales es la falta de un presupuesto europeo. 

Pero también hay cosas en las que podemos aprovechar: estoy pensando en el requisito legal de que la Comisión Europea publique información sobre el desempleo y la justicia social, y la Garantía Juvenil de la Unión Europea, que implementan los gobiernos nacionales. Mientras tanto, los gobiernos nacionales ya pueden actuar. Por ejemplo, Francia gasta miles de millones en subsidios para empresas, pero el impacto sobre el desempleo es bastante modesto. 

El gobierno podría utilizar parte de este gasto para contratar directamente a los desempleados, mejorando el efecto sobre el empleo. Obviamente, los gobiernos nacionales enfrentan restricciones presupuestarias debido a los criterios de Maastricht. Esto les impide impulsar el empleo tan ampliamente como lo hace Estados Unidos de forma regular en tiempos de crisis, y es una verdadera camisa de fuerza para los estados europeos. 

Sin embargo, ya gastan una cantidad considerable en seguro de desempleo y lucha contra la pobreza, dirigido especialmente a personas sin trabajo. Con estos costos deducidos, los programas de garantía de empleo no serían tan costosos como la gente dice que son.

 ¿Por qué optar por una garantía de empleo en lugar de políticas de estímulo keynesianas más convencionales? Después de todo, Europa vio el pleno empleo después de la guerra sin una garantía de empleo.

 Incluso durante la era keynesiana de las décadas de 1950 y 1960, no alcanzamos exactamente el pleno empleo perfecto; todavía había mucha pobreza y desempleo, que hemos tenido la tendencia a subestimar. Sobre todo, la proporción del desempleo de larga duración ha aumentado desde la década de 1960, lo que ha contribuido al retroceso gradual de las protecciones del mercado laboral. Es el clásico ejército de reserva de mano de obra, que tiene la amenaza del desempleo sobre la cabeza de la gente y rebaja los estándares laborales. Deberíamos apuntar a hacerlo desaparecer.

 En cuanto a las políticas keynesianas, tienden a reducir solo el desempleo entre los más empleables. Solo afectan a las personas más capacitadas que reciben los mejores salarios y que nunca experimentan el desempleo. Incluso durante la era keynesiana, persistió este fenómeno de "último en entrar, primero en salir"; los que estaban en la parte inferior de la escala de ingresos también eran los que tenían la experiencia laboral más precaria. El propio Keynes favoreció, mucho más que los keynesianos de la posguerra, las obras públicas en lugares donde la gente estaba desempleada. 

Es un mensaje en gran parte olvidado y reducido a la idea de que simplemente hay que inundar la economía con efectivo para impulsar el crecimiento, a pesar de que el crecimiento en sí es muy desigual y contribuye a la inestabilidad financiera y la destrucción del medio ambiente. Tenemos que adoptar políticas más quirúrgicas que apunten directamente al empleo, comprendan los límites del crecimiento y generen un crecimiento ascendente más sostenible.

 Otro candidato en términos de políticas progresistas es la renta básica universal, que es atractiva por muchas razones: su sencillez, el hecho de que nadie asigna tareas laborales, nadie es responsable de los programas de trabajo, etc. Creo que este atractivo está muy sobrevalorado. Decir que esta medida sería “universal” es una falsa promesa.

 De hecho, es la forma más rápida de deshacerse de las redes de seguridad ganadas con tanto esfuerzo y reemplazarlas. Muchos ven esto como un sustituto de lo que queda de protección social. Es más, no crea puestos de trabajo. 

Los ingresos son solo una de las muchas razones que empujan a una persona a querer trabajar. Ayudar a las personas con un ingreso universal no les dará trabajo. Seguirá habiendo muy pocos trabajos por los que la gente tendrá que seguir luchando.

 Una vez establecida la garantía de empleo, ¿qué debemos esperar a medio plazo? ¿Deberíamos esperar que el sector garantizado se llene primero y luego se extienda al sector privado?

 La respuesta más simple es que se trata de un programa contracíclico, simplemente porque el sector privado es cíclico. Lo que estamos viendo en programas a gran escala como los de Argentina o India es que contratan a un gran número de nuevos trabajadores durante las crisis. Durante los repuntes, la gente vuelve a recurrir al sector privado y mucho más rápido de lo que dejaría el desempleo.

 Hemos modelado nuestro programa en el Instituto Levy y, como todas las medidas presupuestarias, habría un efecto contracíclico y sin ningún efecto sobre la inflación. Para Estados Unidos, encontramos que la medida podría incrementar la inflación en un máximo de 0,74 por ciento, un efecto que rápidamente cae al 0,09 por ciento.

 Por lo tanto, limitará las fluctuaciones macroeconómicas, porque en una situación de desempleo masivo donde el futuro es incierto, el desempleo dura mucho más que si se ofrece un trabajo a los más vulnerables, lo que permite que la actividad económica continúe un poco mejor. 

Si tomas el caso de países que experimentan pleno empleo durante largos períodos, como Suecia o Japón, ves que su actividad económica es mucho más estable que en países como Francia o Estados Unidos, donde el desempleo ha fluctuado durante décadas. El empleo es una fuerza estabilizadora de la actividad económica en general."                    

(Entrevista a Pavlina Tcherneva, Thomas Belaich and Ulysse Lojkine, Brave New Europe, 04/03/21)

8/2/21

Los estados no recaudan impuestos para poder gastar... Para gastar los estados hacen uso de tecleos informáticos en sus bancos centrales que crean dinero de la nada, por eso el dinero actual recibe el nombre de dinero fiduciario... la inflación no aparecerá hasta superado el nivel de pleno empleo de los recursos reales de la economía... el de pleno empleo sin inflación (punto Lerner), es el que debe marcar el nivel de gasto público correcto

 "El azar ha querido que dos hechos coincidieran durante este mes de enero. Por un lado, el famoso youtuber español El Rubius ha desatado la polémica por decir que se muda a Andorra para (entre otras cosas) pagar menos impuestos y por otro lado los economistas españoles Stuart Medina Miltimore y Miquel Bassart i Loré de la asociación de teoría monetaria moderna RedMMT han comenzado a traducir el libro de Warren Mosler con el título “Economía de la Divisa Blanda”.

 Esta coincidencia temporal es una oportunidad perfecta para desenmascarar la que a mi entender es la mentira más perniciosa y por desgracia más extendida en el campo de la política económica. Dicha mentira es, tal y como explica Mosler en su libro, aquella que sostiene que los impuestos recaudados por los estados son los que financian el gasto público. Esto es del todo falso y es absolutamente necesario que la población tome conciencia de ello. 

Los estados no recaudan impuestos para poder gastar, sino que lo hacen por tres motivos: dar valor a su moneda, intentar modular la inflación e incentivar/desincentivar las diferentes actividades económicas. Para gastar los estados hacen uso de tecleos informáticos en sus bancos centrales que crean dinero de la nada, por eso el dinero actual recibe el nombre de dinero fiduciario.

 Esto significa que el hecho de que El Rubius haya dejado de pagar impuestos en España no tendría que significar que España tuviera menos capacidad de gasto que antes si España abandonara el euro y la UE. Por consiguiente, los ataques que está recibiendo este famoso creador de contenidos deben cesar inmediatamente, no solo porque estos ataques están totalmente injustificados, sino porque además demuestran un total desconocimiento del sistema monetario actual.

La principal interesada en que la ciudadanía entienda las razones por las cuales es falso de toda falsedad que los impuestos financien el gasto corriente de los estados debería ser la izquierda, ya que esta mentira es la responsable del retroceso abismal en el que están sumidas actualmente sus posiciones. La idea de que en un sistema basado en el dinero fiduciario como el actual es el dinero de los contribuyentes el que determina las políticas de gasto público es una idea profundamente reaccionaria. 

Su origen se remonta a la década de 1970, cuando la derecha neoliberal inició su imparable revolución conservadora. La principal valedora de esta mentira fue Margaret Thatcher, quien en 1983 declaró: “no existe tal cosa como el dinero público, lo único que existe es el dinero de los contribuyentes”.

  La izquierda mordió el anzuelo. En vez de zafarse de esta idea, la apretó con fuerza entre sus mandíbulas hasta que el anzuelo se le clavó tan profundamente que se vio arrastrada hasta las redes conservadoras en las que sigue presa. Pero todo anzuelo necesita un cebo. El cebo utilizado por la derecha fue la equiparación de los estados a las familias.

 Así, igual que una familia necesita ahorrar para poder gastar y no puede vivir indefinidamente mediante unos ingresos menores que sus gastos, la derecha convenció a la izquierda de que con el estado (pese a ser el emisor de moneda) pasa lo mismo.

 Por tanto, el estado también tendría, según esta retórica, que recaudar impuestos para poder gastar, ya que los déficits públicos serían insostenibles en el largo plazo. Fue de nuevo la Sra. Thatcher la que defendió esta idea de forma más vehemente y afirmó: “no existe tal cosa como la sociedad; lo que hay son hombres y mujeres individuales, así como familias”.

 La reacción ya tenía preparado el anzuelo y el cebo de su mentira. La crisis del petróleo y el colapso de la Unión Soviética hicieron el resto. La pesca capturada fue la izquierda. A este ideario Margaret Thatcher lo denominó la doctrina TINA, acrónimo en inglés de There Is No Alternative [No Hay Alternativa].

Hasta ese momento, tanto la URSS como el keynesianismo sí que habían sido alternativas sólidas. El keynesianismo de posguerra, pese a desarrollarse antes de la desaparición del patrón oro, y por tanto antes de la aparición del dinero fiduciario no convertible, liberaba a los estados de la dictadura de los déficits públicos y permitía políticas de pleno empleo bajo la premisa de que si existe paro o recursos ociosos es que el gasto público no es lo suficientemente elevado.

 Por su parte, la URSS vivió varias décadas de relativo bienestar hasta que el empantanamiento gerontocrático surgido del golpe de estado de Breznev desembocara en el criptocapitalismo de Gorbachov.

El patrón oro desaparece definitivamente el 15 de agosto de 1971. Lo que podía haber sido la gran oportunidad de la izquierda para congeniar políticas keynesianas y socialistas se vio truncada por la crisis del petróleo. Los niveles de inflación y de paro aumentaron debido a un aumento en el precio de las materias primas que nada tenía que ver con las políticas de pleno empleo, pero que sin embargo fue la oportunidad que la derecha utilizó para lanzar su gran ofensiva. 

Al electorado se le dijo que las políticas de pleno empleo y de bienestar eran políticas confiscatorias que expoliaban el dinero de las denodadas familias trabajadoras para transferirlo a los vagos y maleantes que decidían no trabajar. Así fue como la crisis del petróleo se llevó por delante a James Callaghan y a Jimmy Carter y dejó paso a la revolución neoliberal de Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

 Por su parte, los partidos comunistas también fracasaron en sus intentos por defenderse del tsunami neoliberal. La URSS seguía embarrada en un modelo económico basado en un patrón oro que ya no existía, así como en una ley histórica que vaticinaba un colapso inevitable del capitalismo que nunca llegó a cumplirse. En occidente, el eurocomunismo intentó alejarse de dicha ley histórica y plantear una alternativa democrática hacia el socialismo.

 El fracaso del eurocomunismo se vio propiciado precisamente por su aceptación de que los impuestos financian el gasto público. La política fiscal pasó a ser la nueva forma tomada por la lucha de clases. Ya no se perseguía eliminar la propiedad privada de los medios de producción, sino llevar a cabo políticas redistributivas de la riqueza mediante la financiación de los estados del bienestar con el dinero recaudado de los impuestos.

El neoliberalismo ya tenía a toda la izquierda, tanto a la socialdemocracia como a lo que quedaba de los grandes partidos comunistas de posguerra, donde quería, es decir, defendiendo la mentira de que los impuestos financiaban el gasto público.

Para el neoliberalismo el resto del camino hasta el día de hoy ha sido muy sencillo. Los partidos de la derecha pasaron a ser los representantes de los trabajadores exitosos. Estos trabajadores defienden con orgullo que gracias a su esfuerzo y dedicación tienen trabajo. Por eso pueden proveer a sus familias de buenos estándares de vida. Se enorgullecen de no necesitar al sector público, al cual consideran como un expropiador de su dinero y de sus recursos. Para ellos, el sector público debe reducirse a la mínima expresión, ejército, policía, adjudicatura y poco más. El sector público es de pobres.

La izquierda se ha convertido en la opción de los marginales y de las clases medias con mala conciencia por, precisamente, haber logrado buenos estándares de vida en un sistema que consideran injusto, pero al cual ya no quieren renunciar. Por eso lavan su conciencia mediante la política fiscal. Pagar muchos impuestos es lo que nos tranquiliza por las noches para poder dormir, es la opción ética, es lo que nos reconecta con nuestros ideales de igualdad de nuestros orígenes, es, en definitiva, lo correcto.

Como no podía ser de otra manera, el que gana en este orden de cosas es siempre el neoliberalismo. Es la izquierda la que permanentemente tiene que hacer concesiones para ganarse a los electores de la derecha, nunca al contrario, y al final siempre gana la banca.

¿Dónde está la alternativa ganadora para la izquierda? En la obra de Warren Mosler y en la teoría monetaria moderna (TMM) en general. La TMM pone al descubierto el verdadero carácter del dinero fiduciario y su funcionamiento. Para empezar, los estados son los únicos emisores de moneda nacional. Por tanto, la moneda nacional utilizada para llevar a cabo el gasto público no surge de los impuestos, sino de los bancos centrales.

 Los estados no se pueden quedar sin su propia moneda por mucho que gasten, ya que el dinero no es una mercancía sino meros apuntes contables. Esto significa que todo aquello que esté a la venta en moneda nacional puede ser comprado por el Estado. Esto incluye la mano de obra desempleada.

 Por consiguiente, el Estado debería emplear a todo aquel que no encuentre trabajo mediante un plan de trabajo garantizado que sirva por una parte para garantizar el pleno empleo permanente por ley y por otra de estabilizador automático de los precios, de manera que el pleno empleo no implique un aumento de la inflación (punto débil de la propuesta keynesiana).

 En este orden de cosas, la inflación no aparecerá hasta superado el nivel de pleno empleo de los recursos reales de la economía. Ese punto, el de pleno empleo sin inflación (al que he bautizado como punto Lerner), es el que debe marcar el nivel de gasto público correcto. El nivel de déficit o de superávit público es irrelevante, lo único a lo que hay que atender es al pleno empleo sin inflación.

El modelo tributario que propone Mosler en su libro no es nada popular entre las mansiones de Galapagar, ya que se basa en un impuesto a los bienes inmuebles que sustituya a todos o la mayoría de impuestos actuales porque “hacer que se cumpla es mucho más sencillo, genera una demanda de gasto público más estable y no desincentiva las transacciones”. 

Una propuesta compatible con esta idea aplicada al caso de España la encontramos en el libro “La especulación inmobiliaria y el silencio de los Corderos” (de Fernando Scornik Gerstein y Fred Harrison). Allí encontramos una propuesta para reformar el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI) según estas líneas:

  • Aumentar mucho el impuesto inmobiliario hasta que sea similar al de otros países europeos.
  • Disminuir otras cargas fiscales y establecer eximentes para viviendas modestas ocupadas por su propietario.
  • El impuesto inmobiliario debe recaer sobre el valor del suelo libre de mejoras, ya que es el suelo y no las mejoras el que aumenta de precio.
  • A medida que se aumente el impuesto inmobiliario deben ir bajando o desapareciendo otros impuestos.
  • Gravar el plusvalor de la tierra urbana para luchar contra la especulación.
  • Gran aumento de los gravámenes sobre las transacciones inmobiliarias especulativas, es decir, las que se hacen dentro de un cierto período de años tras la adquisición, tal como y como por ejemplo pasa en Alemania y Austria.

En el caso de las viviendas en propiedad y en régimen de alquiler abierto, el Estado debería gravarlas con respecto a su valor catastral actualizado. Por ejemplo, si el valor catastral del suelo y de la vivienda en propiedad de una persona fuera de un 1.000.000 €, esa persona tendría que pagar en impuestos todos los años 10.000 € si el IBI fuera del 1%, 20.000 € si el IBI fuera del 2 %, etc. Las personas que residan en régimen de alquiler abierto no pagarían impuestos al estado, ya que el impuesto a los bienes inmuebles se lo repercutiría el dueño de su vivienda en el alquiler.

 A esto habría que añadir una política de vivienda garantizada de manera que todo el mundo pueda tener acceso a una vivienda de alquiler público. Una propuesta de estas características la encontramos en el libro de Bernie Sanders “Nuestra Revolución”, donde este senador norteamericano propone que el precio del alquiler público no debe superar el 25% de los salarios de sus inquilinos, lo cual considero que es un nivel razonable. 

Esta propuesta sumada al pleno empleo garantizado mediante los planes de trabajo garantizado cumpliría los tres cometidos de los impuestos: daría valor al dinero del estado porque los alquileres públicos y el IBI tendrían que pagarse en moneda nacional, serviría para modular la demanda agregada y por tanto la inflación, y evitaría la especulación inmobiliaria porque los alquileres en régimen abierto y la venta de viviendas en propiedad tendrían que competir con la oferta de alquileres públicos.

El nivel correcto del IBI sería el que le permitiera al Gobierno mantener la estabilidad general de precios. Además, el fraude fiscal disminuiría enormemente.

Fijémonos ahora en el caso de El Rubius. Esta propuesta que acabo de exponer es actualmente imposible en España debido a su pertenencia al euro y a la Unión Europea. España utiliza el euro, pero no lo emite de manera soberana, por tanto el esquema de la TMM no puede darse a nivel práctico en nuestro país. La Unión Europea es el organismo de mayor calado dentro de la revolución conservadora expuesta anteriormente. Sus reglas fiscales imponen un límite de déficit del 3%. Esto limita la capacidad de gasto de los estados, ya que les impide decidir libremente su nivel de déficit.

 Por consiguiente, los países que como España pertenecen a la UE eligen libremente renunciar a la posibilidad de gasto vía déficit ilimitado que tienen los países soberanos. Eso hace que el gasto del sector público dependa de la recaudación de impuestos. Por tanto, es cierto que la decisión de El Rubius limita la capacidad de gasto de España, pero solo porque España ha decidido formar parte del proyecto reaccionario y neoliberal de la UE, y eso no es responsabilidad de El Rubius.

 A esto habría que añadir una política de vivienda garantizada de manera que todo el mundo pueda tener acceso a una vivienda de alquiler público. Una propuesta de estas características la encontramos en el libro de Bernie Sanders “Nuestra Revolución”, donde este senador norteamericano propone que el precio del alquiler público no debe superar el 25% de los salarios de sus inquilinos, lo cual considero que es un nivel razonable. 

Esta propuesta sumada al pleno empleo garantizado mediante los planes de trabajo garantizado cumpliría los tres cometidos de los impuestos: daría valor al dinero del estado porque los alquileres públicos y el IBI tendrían que pagarse en moneda nacional, serviría para modular la demanda agregada y por tanto la inflación, y evitaría la especulación inmobiliaria porque los alquileres en régimen abierto y la venta de viviendas en propiedad tendrían que competir con la oferta de alquileres públicos.

El nivel correcto del IBI sería el que le permitiera al Gobierno mantener la estabilidad general de precios. Además, el fraude fiscal disminuiría enormemente.

Fijémonos ahora en el caso de El Rubius. Esta propuesta que acabo de exponer es actualmente imposible en España debido a su pertenencia al euro y a la Unión Europea. España utiliza el euro, pero no lo emite de manera soberana, por tanto el esquema de la TMM no puede darse a nivel práctico en nuestro país. La Unión Europea es el organismo de mayor calado dentro de la revolución conservadora expuesta anteriormente. 

Sus reglas fiscales imponen un límite de déficit del 3%. Esto limita la capacidad de gasto de los estados, ya que les impide decidir libremente su nivel de déficit. Por consiguiente, los países que como España pertenecen a la UE eligen libremente renunciar a la posibilidad de gasto vía déficit ilimitado que tienen los países soberanos. Eso hace que el gasto del sector público dependa de la recaudación de impuestos. Por tanto, es cierto que la decisión de El Rubius limita la capacidad de gasto de España, pero solo porque España ha decidido formar parte del proyecto reaccionario y neoliberal de la UE, y eso no es responsabilidad de El Rubius."                     (Carlos García, redmmt, 29/01/21)