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24/2/23

Y el evangelismo cogió su fusil... los orígenes históricos de la actual hegemonía de los discursos belicosos, patriarcales y racistas en el seno del protestantismo estadounidense.

"Explica Kristin Kobes Du Mez que no se reconocía como una persona de la comunidad evangélica, aunque su juventud en Iowa y Florida estuviese marcada por ese entorno. Ahora, esta profesora de Historia y Estudios de Género en la Calvin University de Michigan ofrece una dura crítica de la cultura evangélica contemporánea, que presenta como corroída por el machismo, el supremacismo blanco y el militarismo: Jesús y John Wayne. Cómo los evangélicos estadounidenses corrompieron una fe y fracturaron un país (Capitán Swing, 2023).

Kobes Du Mez analiza décadas de solidificación de una cultura crispada y complacida por su propia beligerancia. En ese contexto, el apoyo masivo a un matón de patio de colegio caro como Donald Trump no debería leerse como una anomalía histórica sino como una especie de culminación simbólica de un proceso. “Cuando se divulgaron las grabaciones de Trump en ‘Hollywood access’ vanagloriándose de abusar de mujeres, muchos pensaron que sería imposible que se le continuara apoyando desde el evangelicalismo. Pero sí, se continuó haciendo”, recuerda la autora.
Soldados de la fe en el pop de masas

Los lectores tendrán en mente la presidencia de Trump, quizá también aquello que George W. Bush y Dick Cheney denominaron “guerra contra el terror”, y esa era Reagan perpetuada en el imaginario a golpe de bucle nostálgico de la cultura pop. Kobes Du Mez se remonta más atrás: su ejercicio de memoria abarca un siglo y comienza en los alrededores de la I Guerra Mundial.

Cuando se le pregunta qué destacaría como especialmente perdurable, o especialmente influyente, de la derecha evangelical previa a los años 80 del siglo pasado, la autora apunta a Billy Graham, un fenómeno popular que influyó en las presidencias de Eisenhower, Johnson y Nixon. Y también señala a James Dobson: “Aquí hay que apuntar que Dobson es un psicólogo y no es un teólogo. De alguna manera, es una muestra de un fenómeno general. Que el evangelismo ha sido tomado por discursos que son más políticos y culturales que religiosos”. Cosa que conlleva que, según la autora, el autorretrato de muchos cristianos como creyentes de la Biblia (bible-believers, en inglés) deba ponerse en tela de juicio porque “algunas de las creencias que defienden se oponen seriamente a ella”.

Algunos fenómenos pop abrazados con entusiasmo por el evangelismo estadounidense, como La pasión de Cristo que dirigió el católico Mel Gibson, se han exportado a otras latitudes. Orientar películas a este público es seductor incluso para una gran corporación como Sony, que mantiene su propio sello especializado. Pero los costes elevados de las producciones audioviduales, y la existencia de grandes redes de librerías evangélicas, facilitó que el libro haya sido una herramienta más útil para la difusión y el refuerzo de idearios. Una larga saga de thrillers literarios-apocalípticos, Left behind, ha sido llevada varias veces al cine, por ahora sin demasiado éxito. En el ámbito editorial, en cambio, ha generado decenas de secuelas y spin offs.

Las estanterías de las librerías religiosas se revelaron dispuestas a acoger todo tipo de propuestas, también una especie de autoayuda machirula con componentes de reacción antifeminista. Títulos como Wild at heart son declaraciones de intenciones de una masculinidad que se autorreivindica como guerrera y dominante. Kobes Du Mez ha llevado a John Wayne hasta el título de su ensayo, y no se trata solo de un gancho para llamar la atención. “A lo largo de mi investigación, me encontraba una y otra vez con su figura. Es un icono popular del hombre bueno que emplea la violencia para mantener el orden”, explica la autora.

Para la autora, Wayne es otro ejemplo de la prominencia de figuras populares entronizadas por la ciudadanía evangelical. También lo fue Theodore Roosevelt, quien “ayudó a fijar en el imaginario una cierta figura de cristiano viril, musculoso”. Roosevelt, de hecho, fue una de las figuras que inspiró un libro donde se utiliza a menudo la palabra “patriarcado”. No parece nada fuera de lugar, atendiendo a la férrea división sexista de roles y al liderazgo masculino indiscutido e incuestionable que defienden muchos de los escritores, comunicadores y políticos a los que se alude en el ensayo. Algunos de ellos han defendido más la castidad y otros pueden defender la abundancia sexual dentro del matrimonio, pero el liderazgo masculino raramente se discute.
Todo vale contra el mal

Kobes Du Mez cita encuestas que resultan dolorosas para quienes defienden un cristianismo del amor y el perdón. Los estadounidenses evangelicales dieron un apoyo a la tortura y a la doctrina de la guerra preventiva que era muy, muy, superior a la media del país. De alguna manera, su libro puede entenderse como un intento de explicar esa realidad. ¿Cómo se pasó del amor al prójimo y del poner la otra mejilla a la retórica belicosa de literatura de automachirulización como No more christian nice guy?

La escritora de Jesús y John Wayne afirma que el evangelismo moderado había quedado desterrado de la escena a principios de siglo mediante estrategias deliberadas en el seno de las comunidades y también mediante el poder de un mercado que premiaba la estridencia llamativa. Las redes sociales no ayudaron precisamente a revertir esta situación: “En los años 40, los evangélicos se unieron porque se dieron cuenta que si trabajaban separados se estaban marginando. Abrazaron la radio, abrazaron la televisión, crearon redes de librerías. Y también han trabajado en las redes sociales. El problema es que se acaba generando una cámara de ecos. Te dicen que no consultes medios de comunicación laicos seculares, porque no son de fiar, porque tienen intereses opuestos a los tuyos, etcétera”, explica.

“Se configuran comunidades que están vertebradas por esa fe, y que van mucho más allá de ir a misa una vez por semana. En paralelo, se consultan unos ciertos medios de comunicación, se consume un cierto tipo de entretenimiento…”, afirma la autora. Eso contribuye a generar un efecto envolvente que debilita los puentes y los puntos de encuentro con otras personas y otras maneras de ver el mundo: “Cuestionar algo puede convertirse en traumático, porque implica cambiar tu manera de relacionarte con toda la realidad que te rodea. Además, hay círculos muy proclives a apartar al que desentona”, añade Kobes Du Mez. Se experimenta la sensación de formar parte de una comunidad-fortín, asediada por amenazas exteriores variopintas como la Unión Soviética, el fundamentalismo islamista o el tique electoral formado por Barack Obama y Hillary Clinton.

La de Jesús y John Wayne es una lectura perturbadora. Aunque algunas citas de declaraciones pintorescas pueden robar una sonrisa estupefacta, muchos tramos del libro son nítidamente terroríficos. Hacia el final del volumen, la autora desgrana una serie escalofriante de denuncias de abusos sexuales que se leen como una consecuencia directa de décadas de estimulación de los liderazgos violentos, de las loanzas a la virilidad ruda y dura: “Dejé aparcado el proyecto de este libro durante más de diez años, pero durante todo ese tiempo estaba atenta a la evolución de todas esas voces que propugnaban una masculinidad agresiva. Fueron destapándose casos de abusos. Inicialmente me sorprendía la reacción de las comunidades, de los otros líderes, que protegían a los agresores o que solicitaban que se les perdonase. Al final, me quedó claro que había un patrón en todo ello”, afirma la académica estadounidense.

Jesús y John Wayne aborda muchos problemas, desde la frustración derivada de la pérdida de estatus de los trabajadores hasta el racismo, un nacionalismo acrítico y militarista… Para su autora, la masculinidad patriarcal está en el centro del problema: “La masculinidad blanca, concretamente. La virilidad de los hombres afroamericanos o hispanos se ha tratado de otra manera, porque resultaba amenazante, etcétera. Y el poder, el ejercicio del poder”.

A la pregunta de qué enseñanza podría transmitir a Europa desde esos Estados Unidos seducidos por los liderazgos hipertestosterónicos y el nacionalismo beligerante, la ensayista comienza pidiendo “disculpas por la influencia que alcanza en el resto del mundo lo que sucede en mi país”. Y elabora un cierto elogio de la autocrítica: “Creo que lo que es muy importante es alzar la voz desde dentro de las comunidades. En el ámbito evangélico, por ejemplo las voces que provienen de fuera difícilmente son aceptadas. Por eso es importante hablar desde dentro, aunque corras el riesgo de ser arrinconado. Es lo que yo he hecho con mi libro”.                                  ( Ignasi Franch , El Salto, 23/02/23)

9/11/21

La serie sobre el papel de los evangelistas en la política que ha agitado la polémica en Argentina

 "La ansiedad de un político tradicional por ganar las elecciones es el punto de partida de la historia. En tiempos de pérdida de confianza en los partidos, aparece una estrategia electoral desesperada: sumar a un pastor evangélico a la fórmula presidencial.

En 'El Reino', la nueva serie producida por Netflix en Argentina, el pastor Emilio Vázquez Pena, interpretado por Diego Peretti, es el candidato a vice que no convence al presidente y que, en poco minutos, se convierte en el centro de la trama. Dentro del elenco de la afamada serie –que, en estos momentos es la más vista en el país latinoamericano– se encuentra nada menos que 'Chino' Darín, hijo del icono nacional del cine, Ricardo Darín. 

 La serie, dirigida por Marcelo Piñeyro y guionada por la escritora Claudia Piñero, tiene lugar en Argentina pero podría ocurrir en cualquier otro país de América Latina. 

El hecho de que hayan elegido ese país, donde los evangélicos no superan el 15,3%, según la segunda encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, confirma que se trata de una ficción aunque con rasgos de realidad.

Sería bien distinto que el escenario fuera Brasil, donde el poder de las iglesias evangélicas es otro y sus fieles representan el 31% de los brasileños.

Pero Brasil, a diferencia de Argentina, tiene un sistema electoral que facilita la representación de líderes regionales sin necesidad de estructuras de partido fuertes a nivel nacional. Además de que Argentina conserva una fuerte identificación con los partidos, que siguen estando por encima de las preferencias religiosas.

 En América Latina, casi una de cada cinco personas (19%) se describe como evangelista, de acuerdo con la encuesta de Pew Research Center, que analiza la afiliación, las creencias y las prácticas religiosas en América Latina y el Caribe.

La afiliación religiosa de los latinoamericanos es más fuerte en el evangelismo en países de América Central como Honduras (41%), Nicaragua (49%) y Guatemala (41%).

El salto al debate público

El estreno tuvo impacto. El miércoles pasado, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) publicó un comunicado en su página, que fue eliminado después, donde dicen que "se busca, desde ese pensamiento ideológico, tratar de segregarlos [a los evangelistas], marcarlos en listas, señalarlos como peligrosos, fundamentalistas, separarlos del resto para que, aislados, se debiliten y desaparezcan. En fin, un comportamiento de tipo fascista".

Si la serie alcanzó este alcance es por estar vinculada a un tema que todavía sigue caliente: el debate por la legalización del aborto en Argentina. Entre 2008 y 2019, ese país duplicó la proporción personas que afirman que el aborto es un derecho de las mujeres, mientras que las y los fieles evangélicos son quienes más se oponen al aborto, mucho más que los católicos. 

Claudia Piñeiro es una de las caras visibles de la lucha por la ampliación de los derechos de las mujeres. Es por eso que la denuncia fue directa a ella: "Es sabido el encono que ha expresado la escritora y guionista de esta obra desde su militancia feminista durante el debate de la ley del aborto hacia el colectivo evangélico de la Argentina, representado por millones de ciudadanos que no coincidían en su posición respecto del tema", dice el comunicado.

"Entiendo que puede caer mal, que haya alguien que no le gustara. Pero me shockeó el comunicado porque que te dice por dónde tenés que ir y amedrentarte. Solo se la agarraban conmigo. Mencionaban actores, al director, a la productora pero se la agarraban conmigo porque decían que yo había hecho porque quedaba resentida por el activismo feminista en la ley por la ley del aborto. Eso me pareció muy grave", respondió la escritora argentina a la prensa local.

Desde los distintos colectivos de mujeres feministas, como periodistas y actrices argentinas, "repudiaron los ataques que recibió por su trabajo como guionista" y denunciaron que "la gravedad de los ataques hacia Claudia se deben especialmente a su condición de mujer y militante feminista, defensora de los derechos de las mujeres".

Ficción o realidad

El salto de la ficción a la realidad abrió distintos tipos de debates.

Por un lado, si tomar a una ficción como espejo de la realidad. Y si tomar un caso particular, como el del pastor Emilio, como generalidad aunque existan otros personajes en la serie. Tal es el caso de Tadeo, un creyente dedicado al trabajo con los más pobres.

"Nosotros tratamos de tener muchísimo respeto por quien tiene una fe genuina dentro de esta religión y cualquier religión. Eso no tiene nada que ver con los creyentes, tiene que ver en todo caso con las iglesias y con algunos personajes dentro de esas iglesias que hacen esos pactos", dijo la escritora semanas atrás en un entrevista con la periodista Hinde Pomeraniec.

También aparecen las críticas a la "caricaturización" del mundo evangélico. "El pastor evangélico es una de las figuras más incomprendidas y, por ello, más estereotipadas del mundo religioso en Argentina", dice la coordinadora de la diplomatura sobre Diversidad Religiosa de la Universidad de Buenos Aires, Mariela Mosqueira, en este artículo.

"El pastor es un villano total. Ni un solo matiz. ¿Cómo complejizar esta mirada reificante? ¿Cómo son los pastores realmente existentes?", plantea Mosqueira como disparador.

Marcos Carbonelli, doctor en Ciencias Sociales e investigador en temas de religión y política en Argentina, comentó en Twitter que "un pastor presidente en Argentina es más que improbable" y que "la posibilidad se funda en una hipótesis ya refutada por las Ciencias Sociales: no hay continuidad entre adhesión religiosa y conducta política".

Pero también, sostiene que la simplificación del mundo evangélico solo puede entenderse en el marco de una ficción. "Si seguimos la idea de la serie como espejo, otro problema es la representación de los creyentes como un rebaño sin autonomía que vota lo que el pastor le dice porque 'fue rescatado'. Subyace aquí una mirada miserable de los creyentes evangélicos. Muy cercana, por no decir igual, a la mirada clientelar", sostiene Carbonelli.

Cuando la serie salta al debate público aparecen las amenazas e insultos que dejan atrás el debate de las ideas y pasa al plano de la violencia. Para la periodista en género, Luciana Peker, es un tipo de violencia que recae especialmente en las mujeres que disputan el espacio público.

Pablo Semán, sociólogo y autor de 'Vivir la fe', escribió en elDiarioar que "más allá del estatuto de la serie hay enunciaciones históricas que resultan agresivas y dolorosas para cada uno de los bandos en pugna. Hoy se condensan en una polémica, en la que cada uno de ellos tiene sus razones y sus yerros."

La nueva serie de Netflix parece haber vuelto a abrir un debate que todavía no está para nada cerrado en la sociedad argentina."                   (Avelén Oliva, eldiario.es, 23/08/21)

29/10/21

Marcelo Piñeyro, director de 'El Reino': "Las religiones volvieron a ser una herramienta de la política"

 "Vos sos más malo que el pastor Emilio", escuchó decir en un programa de radio el cineasta argentino Marcelo Piñeyro mientras viajaba en taxi por Buenos Aires. No habían pasado ni diez días del estreno de la serie 'El Reino' pero en la calle muchos ya conocían al protagonista de la historia.

Fue un año antes de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, cuando la escritora Claudia Piñeiro y el director de cine argentino definieron que querían crear una ficción sobre la influencia de las religiones en la política. Pero nunca imaginaron que, en tan poco tiempo, la serie llegaría a ser el contenido más visto de Netflix en Argentina. 

 El estreno abrió un debate sobre el papel de las iglesias evangélicas en América Latina. Pero las críticas no tardaron en llegar. Unos dijeron que era una mirada "estereotipada" del mundo evangélico, algunos sectores de las iglesias evangélicas la catalogaron directamente como "un comportamiento de tipo fascista" mientras que, para otros, no es otra cosa que un reflejo certero de la realidad.

"Ese día lloré todo el día. Temblé todo el día. Me morí de miedo. Y después me fui recomponiendo pero cada tanto vuelvo a tener miedo", cuenta la guionista sobre las amenazas que recibió en redes sociales después de que la de Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) emitiera un comunicado repudiando la serie.

De lo que no hay dudas es que esta nueva producción de Netflix, con actores como Diego Peretti, Mercedes Morán y el Chino Darín, volvió a abrir el debate sobre la influencia de las iglesias en la política y lo hace desde el entretenimiento.

'El Reino' es el contenido más visto en Netflix en Argentina, ¿esperaban esa repercusión? 

Marcelo Piñeyro: Lo que sucedió con 'El Reino' es inimaginable. Ni en nuestras mejores proyecciones esperábamos esto. Tanto Claudia en la literatura como yo en el cine hemos tenido proyectos muy exitosos pero tenían otros tiempos y llegaban a menos gente. En cambio esto fue muy rápido. Nos sorprende la repercusión e incidencia que ha tenido en el debate público.

¿Cómo recibieron la discusión que generó sobre el vínculo de las iglesias evangélicas y el poder político en Argentina?

Claudia Piñeiro: Después del tsunami de espectadores llegó el debate. Es interesante cuando aparece algo que, desde el arte, produce una discusión. Esperábamos el debate, no pensábamos que esto iba a pasar virgen por la sociedad argentina sin que nadie lo discuta.

Y en lo personal, ¿cómo lo viviste?

CP: Después del debate llegaron las agresiones. Pienso que hay que ser muy cuidadoso en cómo uno desmenuza esas cosas. El comunicado de Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) estuvo hecho para manipular el odio. Y en la serie estamos hablando de la post verdad, de la manipulación de la gente y una de las formas de hacerlo es agredir con un batallón de gente.

¿En qué lo ves?

CP: Dijeron que eso no era censura y lo que están haciendo es una censura indirecta que se aplica mucho con las mujeres en las redes. Esto es agredirte de tal manera para que ya no quieras hablar. La actitud es disciplinar. Disciplinarme a mí pero también al resto. Ese día lloré todo el día. Temblé todo el día. Me morí de miedo. Y después me fui recomponiendo pero cada tanto vuelvo a tener miedo.

¿Pensaron esta serie desde el entretenimiento o para disputar sentido sobre el mundo evangélico?

MP:  Nosotros somos contadores de historias. En el momento en que empezamos a conversar con Claudia sobre esta idea veíamos la brutal manipulación de la sociedad por medio de los mecanismos de la posverdad y las religiones. Notamos cómo las religiones volvían a ser una herramienta de la política, que había zonas del mundo donde volvían las guerras religiosas que parecía que la humanidad había dejado atrás. También que en las tres Américas, estas nuevas iglesias evangélicas funcionaban como el ariete para lograr una restauración conservadora. No hay que confundirlas con el protestantismo clásico. Estas nuevas iglesias buscan restar derechos a la población con un objetivo claro que es consolidar poder político y económico. Es ahí cuando dijimos "qué pasaría si esto sucediera en Argentina", a partir de ahí fue empezar a construir la ficción.

¿Lo entienden como un fenómeno global?

MP: Sí, son fenómenos que están en el mundo. Hay una nueva derecha no tiene límites y que en cada territorio adquiere su propia forma. En Europa también vemos una restauración conservadora brutal en manos de las fuerzas de ultraderecha. Tal vez no tienen ahí a las iglesias evangélicas pero tienen a lo más extremo del catolicismo así como a los movimientos neonazis que vienen creciendo de manera bestial.  

¿Piensan que estos fenómenos encuentran algún tipo de límite?

CP: Puede haber países, sobre todo en Europa, donde cuenten con contrapesos institucionales mejores a los que tenemos en América Latina. En esta región tenemos países muy presidencialistas, con menos peso de los Parlamentos, creo que tienen resorte de algunas instituciones que funcionan mejor. 

Si pensamos en el crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina lo vemos sobre todo en los barrios más pobres ¿Por qué creen que pasa esto? ¿Crecen ahí donde falta el Estado?

MP: El crecimiento de las iglesias evangélicas tiene que ver sin dudas por un lado con zonas que el Estado abandona. Pero también por su forma. Las iglesias evangélicas al ser tan inorgánicas permiten que haya iglesias en cada barrio. Pero no son estas iglesias las que son el ariete de la nueva derecha, creo que son las empresas religiosas, generalmente a cargo de familias, cuyo negocio es la religión y que se arrogan un capital político.

¿Qué responden a las críticas que dicen que la serie no reconoce el trabajo de estas iglesias?

CP: No solamente no hablamos mal del trabajo que hacen las iglesias evangélicas, así como las católicas y seguramente otras que no conozco. Tenemos personaje como Tadeo o el Pescado, hablamos del trabajo de estas iglesias en las cárceles. Los que dicen eso no vieron la serie. 

Esta serie abrió debate también dentro de las distintas ramas de las iglesias evangélicas, algunos se opusieron al comunicado ¿Qué piensan de eso?

CP: Nos han llegado varios mensajes de pastores que nos escribieron para solidarizarse, que entendían que era una ficción. Pero esos pastores no están en esta Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas. De hecho, muchos de ellos hablan mal de ellos. Debe haber algo interno que desconozco y ni me interesa conocer.

¿Qué respuesta dan a los que desde la sociología dicen que es una versión muy estereotipada del mundo evangélico?

CP: No creo que esté bien lo que dicen. Hay un crítico literario que se llama Daniel Link que dice que la literatura de la época cuenta cómo una sociedad se ve a sí misma, no cómo es. Nosotros tenemos que hacer una versión verosimil de una historia de ficción que queremos contar. Vimos cantidades de videos y todos los pastores son distintos. Lo que está claro es que es un contrato ficcional. Hay pastores parecidos a Emilio y otros que no. La pregunta es por qué tengo que tomar uno distinto a Emilio si es que me interesa para esta ficción. Yo tengo que elegir uno y contar ese. No entiendo cómo se puede estereotipar cuando se cuenta una sola historia. 

¿Por qué eligieron Argentina como escenario? ¿Piensan que es posible que pase algo así en ese país?

CP: Elegimos Argentina porque pensamos “qué pasaría sí”, es una ucronía, no hacemos mención a ningún partido político para evitar caer en la grieta.

Hablando de grieta, antes de que se abriera la polémica por la religión hubo una fuerte campaña en redes por la afinidad política de algunos de los actores diciendo que eran "kirchneristas" y llamaron a no verla ¿Es posible esquivar la polarización política en Argentina?

MP: Eso fue unos días antes del estreno. Cuando la serie se estrenó, eso se diluyó porque fue categórico que había que verla sino quedabas afuera del debate público. Y además porque es entretenida. En todo momento, lo que intentamos hacer es no caer en la grieta. Estamos convencidos que toda discusión, por interesante que sea, si cae en la grieta banaliza y torna estúpida la discusión. La serie es un disparador de un debate. Bienvenido sea ese debate en la medida de que no caigamos en las coordenadas de amigo/enemigo y que lo mantengamos en la frontera de la racionalidad."               (Ayelén Oliva, eldiario.es, 28/08/21)

27/9/21

La imagen de una América Latina católica ya es insostenible... Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar... sus proyectos de evangelización se centran en problemáticas y espacios importantes para el despliegue de la vida social donde el catolicismo se muestra ineficaz (enraizamiento entre los pobres, acciones frente a la violencia doméstica y las adicciones, despliegue en las cárceles, en grupos de pequeños empresarios e incluso, algo más lento, en las fuerzas de seguridad)

 "Pablo Semán (Buenos Aires, 1964) viene escribiendo hace años sobre el crecimiento de los grupos evangélicos y pentecostales. 

Desde cuando para las capas medias urbanas argentinas este fenómeno se reducía a unos pastores que seguían un modelo “electrónico”, primero el del Club 700 y luego el de unos pastores con acento brasileño que, después de la medianoche, aparecerían en las pantallas de la televisión con sus programas de curación, mostrando iglesias llenas pero que parecían de otro país… Antropólogo dedicado a las religiones, Semán también vivió en Brasil, donde pudo ver de cerca el papel de la Iglesia Universal del Reino de Dios, la que logró mayor proyección política en toda América Latina. 

Recientemente publicó Vivir la fe. Entre el catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina (Siglo XXI) y habló con CTXT sobre evangelismo y política en América Latina. Él mismo progresista, al final interpela: “¿Qué piensa hacer el progresismo con todo esto?” 

¿Hasta qué punto el crecimiento evangélico desafía la imagen establecida de una América Latina católica? 

En Centroamérica, por ejemplo, los evangélicos son una minoría muy considerable que a veces está por encima del 40% y en algún caso ya están por ser mayoría. La dinámica y el origen de la evangelización de los evangélicos en Centroamérica es diferente a América del Sur. Pero en América del Sur también hay países con porcentajes de evangélicos arriba del 25% y no veo un techo inmediato. Esto, sumado al hecho de que los evangélicos son mucho más practicantes que los católicos. Entonces, como militancia religiosa van a ser la mayoría. Pero además, sus proyectos de evangelización se centran en problemáticas y espacios importantes para el despliegue de la vida social donde el catolicismo se muestra ineficaz –enraizamiento entre los pobres, acciones frente a la violencia doméstica y las adicciones, despliegue en las cárceles, en grupos de pequeños empresarios e incluso, algo más lento, en las fuerzas de seguridad–. La imagen de una América Latina católica ya es insostenible. La quiebra de la imagen católica también se ve en la debilidad de la reivindicación de la imagen de la América Latina católica. 

Cuando hablamos de evangélicos estamos hablando básicamente de evangélicos pentecostales… 

Sí. En el mundo evangélico, los pentecostales introdujeron dos grandes modificaciones en toda la demografía evangélica del planeta. Por un lado, un elemento cuantitativo: fueron el grupo que más creció. Y por el otro, a su propio peso cuantitativo hay que agregarle un elemento cualitativo: su predominio cultural. Antes, “evangélico” era un término analítico para analizar los grupos surgidos de la Reforma pero no era la identidad de cada uno de esos grupos (luteranos, metodistas, menonitas, etc.). Hoy “evangélico” funciona como término transdenominacional que abarca como mínimo al 80% de los descendientes de la Reforma protestante, que se han avenido más o menos a los parámetros de “avivamiento” religioso desplegados por los pentecostales. No es descabellado pensar un avance hacia una identidad post-denominacional en la que los evangélicos de diferentes denominaciones se asuman simplemente como “cristianos” en una zona de disputa con la mayoría católica.

Muy esquemáticamente: ¿qué es ser evangélico/pentecostal y cuáles son sus atractivos respecto del catolicismo?

Hay dos rasgos que se complementan y crean un círculo virtuoso. Y los dos están inscriptos en una teología que también está disponible en el mundo católico y protestante, solo que los pentecostales la tomaron en serio y la desplegaron al máximo. El primero es la actualidad de los dones del espíritu santo, que reencanta a la religión porque permite activar genéricamente una noción de milagro y de posibilidad de milagro en la vida cotidiana. Y hay un segundo elemento que es la universalidad del sacerdocio. Que cualquier creyente no solo es, sino que debe ser, pastor. Y para ser pastor, ese creyente va a movilizar la actualidad de los dones del espíritu santo creando un dialecto a la medida de su metro cuadrado, de su propio entorno. Eso estira enormemente la presencia evangélica y al mismo tiempo la diversifica. Se puede dialectizar ese lenguaje para adaptarse al minuto a minuto de los cambios socioculturales, de manera mucho más eficiente que la lenta burocracia celestial del catolicismo.

 Durante años, el progresismo latinoamericano ignoró el crecimiento de los grupos evangélicos en el mundo popular (a excepción de sociólogos o antropólogos de la religión) y de pronto aparece como una especie de comodín analítico para explicar cualquier giro conservador o avance de la derecha… ¿Todos andan buscando evangélicos? 

Los progresistas pusieron a los evangélicos en una agenda negativa o de los enemigos pero sin ver el tamaño potencial. Y, al mismo tiempo, eso se articuló con la teoría católica progre de las sectas, de la denuncia de las sectas, y con la separación de la verdadera fe y la fe inauténtica. Hay ateos que se ponen en el rol de religiones y objetivamente coinciden con el camino ya trazado por el catolicismo hace 40 años. Y como el progresismo tiene un contacto social débil con el mundo popular, no fue viendo paso a paso cómo crecía. Yo publiqué ahora el libro Vivir la fe pero los datos sobre el 20% de evangélicos en el mundo popular son de 1995, no de 2020. Eso ya estaba ahí. La segunda cosa es que por ese contacto débil, sumado a las teorías conspirativas sobre el avance evangélico, no pudieron ver qué tipo de presencia constituía. Se actuaba como si eso fuera a dejar de existir. Hoy no solo  los evangélicos existen sino que existen cada vez más. Había muchos mecanismos renegatorios, en términos freudianos, de desconocimiento activo de la realidad para sostener certezas previas, para abordar este fenómeno. 

Además hoy hay un enfrentamiento más agudo entre evangélicos y progresistas porque el progresismo latinoamericano puso en el centro una agenda de género que, por otro lado, es bastante reciente. La verdad es que el matrimonio igualitario, igualdad de género y el aborto son bastante recientes en las izquierdas de la región, que además son en muchos casos izquierdas populistas. No es que no existieran núcleos militantes de larga tradición, pero no dominaban la agenda del progresismo, ni la del peronismo progresista en el caso argentino, ni eran el marcador decisivo de la identidad. El aborto muy pocos lo tenían como prioritario, la igualdad de género estaba pero tampoco se la militaba mucho y la diversidad sexogenérica a muchos les parecía una agenda sueca que sobraba. En 2015 hubo una performance post-porno en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y la izquierda se opuso. Yo escribí para intervenir en esa polémica en favor de la performance pero mi posición  era disruptiva.

 Por otro lado, en el mundo evangélico hubo una deriva relativamente inversa: los evangélicos en Argentina y en algunos países de América Latina en los 90 estaban delante del catolicismo en la agenda de igualdad de la mujer. Estaban a favor del preservativo y la Iglesia católica no, contenían y les daban a las mujeres un papel mucho más activo y central en la liturgia. No había un planteo ideológico de igualdad pero había una práctica relativa de igualdad. Había incluso facciones neopentecostales que se abrían a los temas del hedonismo sexual. En Brasil había, por ejemplo, una exmodelo evangélica que tenía una tienda de productos eróticos y aparecía en televisión. 

Respecto de la diversidad sexual, había una cosa muy interesante que era que evangélicos y disidentes sexuales tenían en común una experiencia que discutían que era la del rechazo. Incluso en la prensa evangélica salían entrevistas o diálogos entre un pastor y un disidente sexual. No era en un sentido de avanzar hacia la igualdad pero era darle un lugar bajo la premisa: “ellos son rechazados, nosotros también”. Todo eso, en estos últimos veinte años, fue desapareciendo. No tanto lo de la mujer, pero sí la apertura a elementos a la agenda de género que se intensificaron en la izquierda y desaparecieron en el mundo evangélico.

Esto demuestra que hay cuestiones históricamente constituidas e incluso contingentes. Hoy los evangélicos tienden a beneficiarse, y por eso hacen ese giro, de la reacción cristiana generalizada contra esa agenda progresista que incluye a los católicos. A veces la izquierda cree que el problema para la agenda de género son los evangélicos y no los cristianos en general, que capitalizan la imposibilidad de los católicos de poner la cara en estas cuestiones dada su trayectoria de abusos. Esta tensión se procesa de una manera diferente en los sectores populares. 

Cuando se piensa evangelismo y política se suele transferir el modelo brasileño a toda América Latina. Pero en verdad, en Brasil la iglesia exitosa fue la Iglesia Universal del Reino de Dios que para muchos evangélicos es la “menos evangélica” del subcontinente y si bien ahora es bolsonarista también fue muy pragmática en el pasado reciente. ¿Cómo pensar la articulación entre evangelismo y política?

En principio no hay un traslado inmediato de la identidad religiosa al campo político. En segundo lugar, cuando hay una activación política de una sensibilidad evangélica mayoritaria en favor de una opción política, eso ocurre siempre de una forma contingente, transitoria y variable. Mayoritariamente, los evangélicos votaron a Lula en Brasil y el Partido de los Trabajadores (PT) le dio dos veces las vicepresidencias de Lula a los evangélicos que también votaron a con Dilma Rousseff; en Perú hay un componente evangélico en la candidatura de Pedro Castillo (su mujer e hija son de la Iglesia del Nazareno y él se suma a menudo a las oraciones). En Centroamérica sí han apoyado más a la derecha pero esos proyectos conservadores se configuraron de manera tal que no todos los evangélicos los apoyan y hay católicos que los votan como reacción cristiana. Aparecen trasladando más “caudal religioso” del que en realidad trasladan. En el caso argentino, los evangélicos de sectores populares siguen votando al peronismo aunque viabilice agendas progresistas porque siguen dinámicas de voto de los sectores populares. Otros votan al macrismo por antiperonismo más que por conservadurismo o elementos religiosos. Y el crecimiento de una agenda de derecha es un fenómeno mucho más grande que el crecimiento evangélico. A la ultraderecha también se la vota contra “la catedral” (la religión, el atavismo y el estatismo) o con curiosos motivos neopaganos.

 Por otro lado, la Iglesia Universal es en efecto un caso verdaderamente excepcional en Brasil. No hay un partido político evangélico con tanta eficacia electoral como el Partido Republicano (que fundaron los pastores de esa iglesia) ni siquiera en sociedades con muchos más evangélicos que en Brasil. Y eso tiene que ver con la particularidad de la situación brasileña: un sistema de identidades políticas bastante débil, donde pesan mucho las novedades anticorrupción y el propio sistema electoral uninominal que permite maximizar minorías movilizadas. Y en tercer lugar, un sistema parlamentario hiperfragmentado donde los pequeños bloques consiguen una eficacia política sobredimensionada.

 Lo que hizo la Iglesia Universal fue, más que movilizar el voto evangélico, armar una fuerte superestructura política que le permite subordinar a todas las otras tentativas de politización evangélica. De esa forma, por ejemplo, la Unión de las Asambleas de Dios termina a remolque de la Iglesia Universal en política, lo que nadie admitiría en la Unión de las Asambleas de Dios de ningún país de América Latina. Esa superestructura política tiene eficacia política propia, pero tampoco tanta si tenemos en cuenta que la Iglesia Universal finalmente llamó a votar a Bolsonaro pero quince días antes estaba negociando con Marina Silva, una evangélica de izquierda (ex ministra de Lula). Votaron a Bolsonaro porque los fieles estaban llamando a votar a Bolsonaro. Y los fieles estaban votando a Bolsonaro porque una parte importante de los sectores populares que habían sido lulistas se habían transformado en antilulistas por el tema de la corrupción.

Es posible que los pastores de la Iglesia Universal se sientan más cómodos con ese rumbo ultraderechista, pero no lo trabajaron tanto como se podría pensar. Y ahora ocurre al revés. Están viendo que muchos de sus fieles se están distanciando de Bolsonaro mientras los jerarcas de la iglesia tienen que defender intereses creados en el Estado. La dirigencia de la Iglesia Universal seguramente no tendrá opciones al golpismo. Pero los fieles no necesariamente acompañarán. 

Antes se pensaban siempre las identidades católica y evangélica en competencia, ahora vemos personajes como el propio Bolsonaro, también Castillo y otros, que mantienen cierta ambigüedad entre catolicismo y evangelismo. Por ejemplo Bolsonaro se fue a bautizar al río Jordán con un pastor pero se identifica católico… ¿Hay cambio ahí? 

Yo creo que los evangélicos están conscientes del rol que algunos de ellos llaman catalizador de una reacción cristiana antiprogresista. Esta involucra porcentualmente más a los evangélicos que a los católicos pero en números absolutos tal vez convoque a más católicos, pero bajo la centralidad evangélica. Esto ocurre por lo que pasa con los evangélicos pero también con los católicos. ¿Con qué cara los obispos católicos van a salir a defender a la familia, a los niños…? Entonces hay una suerte de pacto implícito en la cual el catolicismo le cede la iniciativa en eso y hay colaboración en la superestructura pero a la vez una convergencia de intereses en las bases católicas y evangélicas. Pero también hay que ver las prácticas. Hay mucha gente “en pecado” en las iglesias evangélicas y conviven con eso. 

¿Algo más que dejamos en el tintero?

Yo me pregunto qué piensa hacer el progresismo con todo esto. Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar. ¿Va a haber zonas de cooperación? ¿Esas zonas de cooperación son posibles? En las organizaciones populares argentinas conviven evangélicos, católicos y progresistas. Incluso verdes (pro legalización del aborto) y celestes (“pro vida”) sin llamarse asesinas o antiderechos. Plantean sus agendas sin confrontar todo el tiempo. Hay mujeres evangélicas militando agendas progresistas en el plano económico y mujeres de sectores populares abrazando una agenda feminista a su modo, con un lenguaje propio. Ahora bien, por ejemplo, ¿no hay una convergencia cuando grupos de mujeres van a rezar en solidaridad con una mujer agredida por su pareja a su casa y rompen el círculo de agresiones?, ¿qué se genera ahí?, ¿hay o no sororidad? Claramente intervienen sobre una situación de violencia para pararla. Y así. Hay que salir del círculo de reactividad y mala sociología. No es fácil, no es lo soñado para el progresismo, pero dividir a los sectores populares es peor."                    (Entrevista a Pablo Semán, antropólogo, Pablo Stefanoni, CTXT, 24/09/21)

22/1/21

El sufismo, ¿un remedio contra el radicalismo islámico?

 "El sufismo, dimensión esotérica del islam, es una experiencia espiritual profunda surgida en los albores de esta fe. El objetivo último del sufí es la anegación de su conciencia en la Divinidad a través de un camino en el que hay que seguir sucesivas etapas. Recitaba Rabi’a al-‘Adawiyya (717-801), una de las pocas mujeres sufíes de la historia antigua del islam los siguientes versos:

"Te amo con dos amores
Un amor hecho de deseo
Y el otro, el digno de Ti
El amor hecho de deseo me hace recordarte a cada instante
despojándome de todo lo que no eres Tú.
El amor digno de Ti
aparta de mis ojos los velos para verte".

Los sufíes se caracterizan por su sencillez y austeridad. Suelen ser críticos con el poder clerical y creen que el concepto de divinidad es fruto del pensamiento humano porque si no existieran las personas no habría dioses. A lo largo de la historia, destacados sufíes han defendido la unidad de las religiones. Decía al-Hallay (857-922): "Por mor de comprenderlas, mucho he reflexionado sobre las religiones, y las considero de un origen único con ramificaciones numerosas".

El murciano Ibn Arabi (1165-1240) afirmaba: "Mi corazón acepta todas las creencias. Prado es para las gacelas y convento para el monje, templo para ídolos, Kábila para peregrinos, tablas de Torá y libro del Corán. Profeso la religión del amor doquiera cabalguen sus monturas, pues el amor es mi sola religión y mi fe".

Defienden la libertad de conciencia y la unidad del universo. Dios, por lo tanto se manifiesta en sus criaturas, y cada una de ellas es un pequeño dios. El ser humano, en su opinión, goza de libre albedrío y es responsable de sus actos. Muchos sufíes, empujados por el carácter pragmático de su pensamiento, niegan la utilidad del rezo y la peregrinación a la Meca. Su preocupación, más bien, se orientaba hacia otras prioridades como la injusticia y la pobreza. Su máxima es acabar con los abusos del poder político y religioso, saciar el hambre de los pobres y ofrecerles una vestimenta digna.

La libertad es uno de los grandes valores del sufismo. El maestro sufí Abd al-Qader al-Yilani (1078-1166) proclamaba "un hombre íntegro no se somete a nadie, ni somete a nadie. No debe tener ninguna posesión ni ser poseído".

El sufismo rechaza la violencia, el radicalismo y el terrorismo. Gracias a los diferentes grupos sufíes, el islam se expandió en zonas del África negra, la India y el lejano oriente.

El salafismo y el radicalismo islámico, representados en las últimas décadas por Al Qaeda y DAESH e inspirados en el Jeque del islam Ibn Taymiyya (1263-1328), rechazan y condenan al sufismo y lo consideran una innovación inaceptable. Es la misma actitud del wahabismo, corriente político-religiosa seguida en Arabia Saudí desde el siglo XVIII y difundida en otros países del Golfo. Desde su aparición, los wahabíes han perseguido a los sufíes en los diferentes países del mundo musulmán. Los llaman kuffar, "infieles", porque, entre otras cosas, veneran a sus maestros y visitan sus tumbas. Los seguidores del wahabismo destruyen mezquitas sufíes, asesinan a sus hombres, toman a sus esposas como prisioneras y sus bienes como botín de guerra. A lo largo y ancho del mundo musulmán existen decenas de grupos sufíes o tariqas (vías o caminos), una especie de cofradías, cuyos seguidores se esfuerzan para encontrar la verdad espiritual. Algunos de los grupos más conocidos son: al-Qadiriyya, al-Sanusiyya, al-Ahmadiyya, al-Naqshabandiyya, al-Shadiliyya, etc.

 Con el auge del islamismo radical en los países de mayoría musulmana en las últimas décadas, muchos jóvenes se han refugiado en el sufismo, especialmente en los países del Golfo. Estos jóvenes justifican su elección con el argumento de que el sufismo estaba extendido en sus países antes de la aparición del wahabismo. Esta opinión encuentra seguidores en otros lugares como Egipto, pensando que es el mejor remedio contra los radicalismos y que podría ser el sustituto del islam político, un proyecto totalitario y extremista alejado de los valores del sufismo, que se encuentra más cercano a la tolerancia y la libertad. Pero no todo el mundo está de acuerdo con esta opción porque, según otros, hace falta un proyecto religioso-cultural y económico ilustrado y completo que adopten los diferentes gobiernos del mundo musulmán para erradicar el extremismo islámico.

El islam sufí es abierto, moderado en su pensamiento y en sus prácticas, y tiende a la paz y la convivencia. Justo por esta razón el sufismo encabeza la lista de los objetivos favoritos de los grupos yihadistas que asesinan a sus líderes y destruyen los mausoleos de sus figuras más destacadas. En 2016 Daesh publicó en las redes sociales un video que representa la salvaje ejecución del jeque sufí Sulayman Abu Hiraz, oriundo de Sinaí que tenía cerca de cien años.

Hay quien define el sufismo como el islam popular que suele interesarse por la política sin gran implicación. Los grupos y cofradías sufíes jugaron un papel importante en la lucha contra el colonialismo europeo en países como Egipto y el Norte de África. El emir Abd al-Qader al-Yazairi (1808-1883), héroe nacional argelino perteneciente al grupo sufí al-Qadiriyya, lideró la lucha de su pueblo contra el colonialismo francés. Lo mismo ocurrió con el líder Maa al-Aynayn en Mauritania en su lucha contra el colonialista francés o el grupo sanusí en Libia contra el colonialismo italiano.

Ciertos sectores del laicismo y el liberalismo, aunque en principio prefieren al sufismo frente al islamismo, lo observan con ojos críticos porque estos grupos en su mayoría se aíslan, huyen y no se enfrentan a la realidad de sus sociedades. Además, creen que los sufíes fueron utilizados por los colonialistas y los sistemas absolutistas como forma de adormilar a los pueblos. Pero lo cierto es que el sufismo es un modo de vida, una postura espiritual personal y minoritaria que nunca ha sido una práctica generalizada de masas a lo largo de la historia. El sufismo, a diferencia de los movimientos islámicos, no practica el proselitismo. Aquellos que se sienten interesados y atraídos por este pensamiento se pueden acercar al grupo para incorporarse de forma independiente. Además, un murid (discípulo) sufí necesita mucho tiempo y un gran esfuerzo para escalar los diferentes peldaños para alcanzar el grado de qutb (maestro). De ahí viene la dificultad de convertir el sufismo en un movimiento de masas que pueda tener una presencia efectiva en el mundo político, económico y social.

 En los últimos tiempos el sufismo ha atraído a muchas personas de otras religiones y culturas que abrazaron el islam desde la puerta de este pensamiento. El objetivo de la mayoría es encontrar por medio del sufismo la paz interior, la belleza espiritual y la necesidad de una convivencia con lo que los rodea. Recurren con frecuencia a los textos y las palabras de las figuras sufíes más destacados como al-Hallay, Rumi, Ibn Arabi…, palabras que suelen expresar sentimientos humanos que están por encima de cualquier religión, cultura o etnia. Textos alejados de todo tipo de odio, de enfrentamiento, de envidia o de rencor. Decía el fundador de al-Naqshabandiyya "tus manos están ocupadas con el trabajo y tu corazón menciona a la Divinidad". La gran lucha (yihad) del sufí no va dirigido al otro, al diferente, sino a su propio interior. Intenta purificarse por dentro, acercarse y unirse con la Divinidad. El sufí cree que el extremismo bebe de la esterilidad espiritual y de la falta de una moral profunda.

Después de los acontecimientos de Nueva York del 2001, muchos especialistas occidentales se centraron en el sufismo como una posible solución del radicalismo islámico. En 2007 el cantante francés de Rap Regis Fayette Mikano se convirtió al islam por medio del grupo sufí Budshisiyya de Marruecos y adquirió el nombre de Abd al-Malik. Este hecho llamó la atención de algunos estudiosos de las dos orillas del Mediterráneo que se preguntaron si el sufismo serviría como solución para los jóvenes procedentes de países de mayoría musulmana que viven en Europa y sufren de la marginación, del fracaso y del sentimiento de frustración. Una solución que evite que estos jóvenes caigan en las redes del radicalismo islámico. Alguno de estos especialistas ha depositado demasiado optimismo en este "despertar sufí" que se expande en el Norte de África desde Mauritania hasta Egipto y abarca países como Mali, Níger, Senegal, entre otros. Un sufismo que pretende, según muchos, mejorar la imagen del islam en el mundo, que ha sufrido un deterioro profundo por culpa de los grupos radicales y del islam político tanto suní como chií.

Es cierto que en un país como Marruecos, las autoridades han fomentado en las últimas décadas las corrientes sufíes y sus cofradías en detrimento del proselitismo chií, que procura encontrar un hueco en este país, y también frente al poder y la propaganda de los Hermanos Musulmanes y el salafismo que intenta extenderse entre la población. De hecho, un destacado personaje como Ahmed al-Tawfiq, ministro de los Bienes Píos y Asuntos Religiosos, pertenece a la cofradía Budshisiyya. Pero este optimismo no es compartido por todos los observadores, porque hay quien cree que el éxito del sufismo entre los jóvenes se debe a la desilusión en el ámbito político, económico y social. Es una especie de refugio y una huida de las duras condiciones que viven estos jóvenes.

 Se han organizado también encuentros y congresos sobre el tema, como el congreso celebrado en Nuakchot (Mauritania) el 8 de abril de 2015 bajo el lema "El sufismo, una garantía contra el radicalismo" y la conferencia internacional celebrada en Rabat los días 10 y 11 de junio de 2015 con el título de El papel de los sufíes en la protección de las sociedades del radicalismo. Participaron en dicho encuentro investigadores y académicos de cerca de veinte países.

En Egipto y después de la "revolución" o el levantamiento de 2011, Muhammad Salah Zayid fundó un partido político con el nombre de Hizb al-Nasr al-Sufi (Partido Sufí al-Nasr), como respuesta a los extremistas de las distintas confesiones religiosas.

También Estados Unidos se ha interesado por esta posibilidad. Varios centros de investigación han dado a conocer publicaciones que señalan la vía del sufismo como una posible solución del extremismo islámico. El Instituto Carnegie publicó un estudio en esta dirección que representa en cierta medida la visión de la Administración Norteamericana. El contenido de esta investigación anima a los gobiernos de países de Asia Central como Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán, Kazajistá, etc. a fomentar y apoyar las confradías sufíes para hacer frente a los grupos fanatizados y al wahabismo. El Centro Nixson para los Estudios celebró en marzo de 2004 en Washington una conferencia para debatir la aportación del sufismo a la modernización y democratización del mundo islámico.

Quizá sea demasiada la esperanza puesta en el sufismo para reemplazar a los islamistas radicales, que cuentan con el apoyo de muchos estados y reciben una financiación generosa para seguir acumulando poder y para incrementar el número de simpatizantes. Los radicalismos religiosos disminuirán solo cuando haya un proyecto amplio que combine la educación laica con sistemas democráticos y cuando se corten los flujos financieros de los grupos radicales y colaboren todos los estados en la lucha contra ellos por ser enemigos de la Humanidad."

(Waleed Saleh Alkhalifa , miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado además por Nazanín Armanian, Enrique J. Díez Gutiérrez, Francisco Delgado Ruiz, Pedro López López, Rosa Regás Pagés y Javier Sádaba Garay. Público, 19/01/21)

16/7/18

Se ha dicho muchas veces que los judíos no creen en Dios, pero sí que Dios eligió a los judíos. A los judíos se les enseña desde niños que pertenecen al pueblo elegido. El dato queda grabado inconscientemente en sus “almas” para todas sus vidas, aunque muchos acaben siendo absolutamente ateos

"Mientras en lo profundo del corazón palpite un alma judía […]”, así comienza la traducción oficial del himno nacional de Israel. 

En realidad, el original en hebreo dice “el alma de un judío” pero lo más probable es que el traductor diera en el clavo. La letra se refiere al alma judía.

¿Existe el alma judía? ¿Es diferente del alma de los demás? Y de ser así, ¿cuál es la diferencia?

Con toda franqueza, yo no sé lo que es el alma. Sin embargo, supongamos por un momento que existe una especie de psique común, un espíritu general que engloba a todos las personas que forman determinado colectivo, cada una de las cuales posee además un alma individual. ¿Qué diferencia a esa “alma” del “alma” de otros pueblos?

Un extranjero que observara el Israel actual se quedaría estupefacto. Para empezar, más del 20% de los israelíes de hoy ni siquiera son judíos. Pertenecen al pueblo palestino, que tiene supuestamente un “alma” distinta. Normalmente cuando la gente habla de los israelíes se refiere a los israelíes judíos.

Este hecho, por cierto, debería haber convencido hace mucho tiempo a los israelíes de cambiar el himno nacional y otros símbolos del estado para dotar a dicha minoría de un sentimiento de pertenencia. Los canadienses lo hicieron. 

Cuando se dieron cuenta de que podía suceder que los ciudadanos de ascendencia francesa se separaran y fundaran una nación propia, cambiaron la bandera y el himno para dar a la minoría francesa un sentido de pertenencia. Visto desde lejos, yo diría que la operación tuvo éxito. La verdad es que hay pocas posibilidades de que suceda lo mismo en Israel.

Incluso cuando hablamos exclusivamente de los israelíes judíos, nuestra psique nacional, es decir nuestra “alma”, resulta más bien desconcertante. Contiene elementos mutuamente excluyentes y contradicciones profundamente asentadas.

Por un lado, la mayoría de los israelíes judíos están enormemente orgullosos del poder del estado que han “construido de la nada”. Hace 150 años apenas había judíos en Palestina y los que había no tenían ningún poder. Hoy en día, Israel es el país más poderoso de la región, una potencia nuclear que destaca en muchos campos del saber humano, ya sea en lo militar, lo tecnológico, lo económico, lo cultural etc.

No obstante, si escuchamos a ciertos israelíes podríamos llegar a la conclusión de que Israel puede desaparecer del mapa en cualquier momento. El mundo está lleno de gente cuyo único objetivo es destruirnos. Por lo tanto, no nos queda más remedio que estar siempre listos para defender nuestra misma existencia en cualquier momento.

¿Cómo pueden convivir estas dos actitudes contradictorias? Sin problemas. Se combinan perfectamente.

Para empezar está la antigua creencia de que somos el pueblo elegido de Dios.
¿Por qué nos eligió Dios?

Dios sabrá. No tiene que andar dando explicaciones.
El asunto es complicado. Primero, los judíos inventaron a Dios. En realidad, los egipcios y los mesopotámicos también se disputan la autoría del invento, pero todo el mundo sabe que fueron los judíos.

Se ha dicho muchas veces que los judíos no creen en Dios, pero sí que Dios eligió a los judíos.

A los judíos se les enseña desde niños que pertenecen al pueblo elegido. El dato queda grabado inconscientemente en sus “almas” para todas sus vidas, aunque muchos acaben siendo absolutamente ateos. Es cierto que son muchos los pueblos que se creen mejor que los demás. Sin embargo, no tienen una Biblia para demostrarlo.

Estoy seguro de que muchos judíos ni siquiera son conscientes de que lo creen o por qué lo creen. El alma judía lo sabe, así de sencillo. Somos especiales.
El idioma refleja este extremo. Por un lado, están los judíos y después otros. La palabra hebrea para los no judíos es goyim.

 En hebreo antiguo el vocablo significa solamente pueblos, e incluía al antiguo pueblo israelita. Sin embargo, con el transcurrir de los siglos se le ha dado una nueva definición: por un lado, los judíos y por otro los otros, los gentiles, los goyim.

Según la leyenda, los judíos eran un pueblo como otro cualquiera que vivía en su tierra, la Tierra de Israel, cuando de pronto los malvados romanos los conquistaron y los dispersaron por el mundo.

 En realidad, la religión hebrea tenía un carácter proselitista y se expandió rápidamente por los cuatro costados del Imperio. Los judíos de Palestina eran una minoría entre los adoradores de Jehová cuando los romanos expulsaron a muchos de ellos, pero ni mucho menos a todos, de la región.

Pronto entraron en competencia con el cristianismo, una rama del judaísmo que comenzaba a ganar adeptos con gran rapidez. El cristianismo estaba construido en torno a una gran historia humana, la historia de Jesús, y por lo tanto lo tenía más fácil que el judaísmo para hallar eco entre las masas de esclavos y proletarios del Imperio.

En el Nuevo Testamento, además, aparece la historia de la crucifixión, en la que destaca la inolvidable imagen de los judíos exigiendo el ajusticiamiento del buen Jesús.

Dudo mucho que cualquier persona que escuche esta historia en su infancia consiga que la escena desaparezca de su inconsciente. El resultado es cierto grado de antisemitismo, ya sea consciente o inconsciente.

Esta no ha sido la única razón del odio a los judíos. El mismo hecho de haber sido dispersados por el mundo supuso una enorme ventaja para ellos, pero también una tremenda maldición.

Un mercader judío de Hamburgo podía hacer negocios con uno de Salónica, que a su vez conectaba con uno tercero que vivía en El Cairo. Pocos cristianos han gozado nunca de semejante privilegio. Sin embargo, la competencia expuso a los judíos a innumerables pogromos. En todos los países europeos las comunidades judías fueron víctimas de ataques, asesinatos, violaciones, hasta que finalmente fueron expulsados.

Estas vicisitudes han originado dos actitudes diferentes en el interior del alma judía: la convicción de que los judíos son especiales y superiores y la convicción de que los judíos están eternamente bajo amenaza de persecución y exterminio.
Mientras tanto, brotaba una rama más del judaísmo, el islam, y conquistaba gran parte del mundo conocido.

 Carente de una historia como la de Jesús, el islam no era antijudío por definición. Mahoma tuvo sus diferencias con las tribus judías de Arabia, pero durante largos períodos las relaciones entre judíos y musulmanes fueron buenas. Maimónides, uno de los más importantes pensadores judíos, fue médico personal de Salah-ud-din (Saladino).
Y entonces surgió el sionismo.

Los judíos no evolucionaron. Mientras las naciones europeas variaban sus estructuras sociales y pasaban de tribus a reinos multitribales, imperios, naciones modernas, etc, los judíos siguieron aferrados a su diáspora étnico-religiosa. Esto los diferenciaba de la población general y constituye el origen de los pogromos y, a largo plazo, del Holocausto.

El sionismo fue un intento de convertir a los judíos en un estado nación moderno. Los primeros sionistas incurrieron en las más furibundas maldiciones de los rabinos ortodoxos, pero se negaron a participar en una guerra cultural interna. Para ello se inventaron la ficción de que en el judaísmo la religión y la nación son la misma cosa.

Theodor Herzl, el fundador del sionismo moderno, era un imperialista europeo de pies a cabeza. Trató de ganarse el apoyo de una potencia colonial europea; primero lo intentó con el káiser alemán y posteriormente con el Imperio Británico. “Es una gran idea, pero imposible de llevar a cabo con los judíos” dijo el káiser a sus ayudantes. Los británicos, por su parte, se dieron cuenta del potencial del proyecto y en 1917 vio la luz la Declaración Balfour.

La población árabe de Palestina se dio cuenta demasiado tarde de que peligraba su misma existencia. Cuando comenzó a resistir, el sionismo se hizo con un ejército moderno. Muy pronto llegaría a ser la máquina militar más eficaz y la única potencia nuclear de la región.

En ese punto nos encontramos en la actualidad. Israel es regionalmente la potencia militar dominante de Oriente Medio y globalmente es un niño llorón y eternamente victimista que se cree muy especial y está convencido de que existen fuerzas oscuras que planean su destrucción en cualquier momento mientras oprime a una población colonizada que carece de los derechos más básicos.

Cuando a alguien se le ocurre sugerir que en Europa el antisemitismo está en retroceso y que lo que está en alza es el odio al islam, los judíos reaccionan con furia. Necesitamos el antisemitismo para nuestro equilibrio mental. Y nadie nos lo va a robar.

Hace casi 80 años, pequeños grupos de jóvenes judíos palestinos tuvimos la idea de la separación entre las comunidades. Los judíos de Palestina seríamos una nación mientras que los del resto del mundo seguirían siendo simplemente judíos. Algo así como la diferencia entre los estadounidenses y los australianos, dos naciones mayoritariamente de origen británico que ya no pertenecen políticamente al Reino Unido.

Entonces nos dio por lo “nativo”. A los 18 años cambiamos nuestros nombres judíos por nombres hebreos. Así fue como apareció Uri Avnery. Empezamos a considerarnos una nueva nación, una nueva “alma”, conectada al judaísmo, sin duda, pero sobre todo históricamente.

Sin embargo, todas aquellas ideas murieron cuando los horrores del Holocausto salieron a la luz pública en toda su extensión. El pasado judío comenzó a glorificarse. Hoy en día Israel se denomina a sí mismo Estado Judío. Con todos los atributos del ser judío, alma dúplice incluida.

Por eso los israelíes seguirán cantando “mientras en lo profundo del corazón…” en los partidos de fútbol."              ( , M'sur, 24 jun 2018)