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20/7/20

¿El Covid-19 acabará con Londres, Berlín, Madrid...? El gran perdedor de hoy es la vida urbana, ya que las empresas y los empleados han descubierto los encantos de trabajar desde casa... grandes partes del sector de oficinas de Londres, como Canary Wharf, por ejemplo, se han convertido en pueblos fantasmas...

"Ciudad grande, R.I.P.

Nuestro enfoque en los micro cambios de la crisis se está convirtiendo en una miniserie improvisada. Hablamos sobre los medios de comunicación, los cambios entre pequeñas y grandes empresas, y los ganadores digitales y los perdedores analógicos. El gran perdedor de hoy es la vida urbana, ya que las empresas y los empleados han descubierto los encantos de trabajar desde casa. 

La primera de las empresas alemanas en obligar a los trabajadores a trabajar desde casa es Siemens, que tiene una gran sede corporativa en los centros de Munich y Berlín. Y Deka Bank ya está reduciendo el espacio de oficinas. Siemens ha pasado una orden a 140,000 empleados para trabajar en casa al menos dos o tres días por semana. La compañía lo llamó un cambio radical en una tendencia que ya había comenzado antes del cierre. La compañía contó que está llevando a cabo 800,000 conferencias en línea cada día.

En el Reino Unido, el gobierno ahora está tratando desesperadamente de que las personas vuelvan a trabajar precisamente debido al impacto catastrófico en los grandes centros urbanos, en particular Londres. Pero, al igual que Siemens, las compañías británicas también han descubierto los encantos y los ahorros de costos asociados, que resultan de la oficina en casa. Y esto también es popular entre la mayoría de los trabajadores de oficina, al menos hasta ahora.

Escribiendo en el Daily Telegraph, Alistair Heath habla sobre un evento a nivel de extinción para Londres. Es una gran inversión de una tendencia de urbanización que comenzó en el siglo XIX y que se aceleró con la edad de oro del capitalismo financiero global.

Trabajar desde casa fue una consecuencia muy predicha de la revolución digital en la década de 1990, pero nunca despegó a lo grande hasta ahora. Las tendencias a menudo permanecen inactivas hasta que se despierta por accidente.

Heath informa que grandes partes del sector de oficinas de Londres, como Canary Wharf, por ejemplo, se han convertido en pueblos fantasmas. Las finanzas como negocio y otros servicios continúan desde la oficina central; pero no los servicios auxiliares inmuebles, como la propiedad comercial y el turismo. Los precios de las viviendas aún no se ven afectados, pero supondríamos que las viviendas residenciales seguirán hacia abajo en Londres, y hacia arriba en el resto del país.

 No estamos de acuerdo con el análisis de Heath solo en un aspecto: su afirmación de que un renacimiento suburbano es la única esperanza del Reino Unido. Creemos que es más probable que el renacimiento ocurra en las ciudades de segundo nivel descuidadas y muy subestimadas del Reino Unido que en los suburbios todavía superpoblados y caros.

Los alemanes llegaron tarde a la tendencia global de la urbanización. Los precios de la vivienda en Berlín fueron planos desde 1980 hasta aproximadamente 2010, cuando despegaron como un cohete. Lo mismo hicieron en Munich. Si solo necesita viajar una o dos veces por semana, no hay necesidad de vivir en los suburbios. Pequeñas ciudades con conexiones menos que ideales desde el centro de repente se están volviendo viables.

El factor limitante para Alemania, pero no para el Reino Unido, es la falta de una infraestructura de datos móviles e Internet de alta velocidad adecuada. Es por eso que esperamos que este cambio sea mucho más abrupto en el Reino Unido, donde la infraestructura ya está a punto."           (
Wolfgang Munchau , Eurointelligence, 17/07/20)

28/10/16

Las ciudades generan el 80% del PIB mundial y sin embargo, también son las que consumen el 70% de la energía y emiten el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero

"(...) Las ciudades generan el 80% del PIB mundial y sin embargo, también son las que consumen el 70% de la energía y emiten el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 Como señala José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial, es llamativo que “la mayor parte de consumo de energía y materiales se realice en las ciudades cuando su población representa el 54% de la población mundial y las ciudades ocupan entre el 1 y el 3% del territorio global”. 

Las ciudades de hoy tienen también que hacer frente a la escasez de metales, minerales y combustibles, y a los impactos de un sistema de alimentación, transporte y edificación, entre otros, que se extienden más allá de la región y el país que albergan dicha ciudad. Gary Gardner señalaba esta mañana que hay que tener en cuenta también la generación de residuos de una ciudad ya que “son la tercera fuente de emisiones de metano directamente causados por los humanos”. 

Estos impactos se agravan cuando se trata de la organización de ciudades de más de 10 millones de habitantes. Según el informe, “las megaciudades han pasado de 2 en 1950 a 29 en 2016, y para 2030 está previsto que lleguen a ser 41”. 

Pobreza y desigualdad en la ciudad 

Según Gary Gardner, “las ciudades son motores de economía y, a la vez, centros de pobreza”, ya que a proximadamente 1 de cada 7 habitantes de zonas urbanas vive en la pobreza, generalmente, en asentamientos marginales de los países en desarrollo. 

Además, “el 10% de la población urbana en países en desarrollo carece de acceso a la electricidad y el 18% utiliza madera, estiércol o carbón para cocinar”, según el investigador.(...)

Hay alternativas: 7 claves para dar forma a las ciudades sostenibles 

Sin embargo, las ciudades de hoy en día están también en una interesante posición para asumir el liderazgo de construir economías sostenibles. 

Gary Gardner explicaba la dificultad para describir un único modelo de ciudad sostenible: “Las ciudades difieren en cuanto a geografía, clima, cultura, historia, riqueza y otra multitud de aspectos, cada uno de los cuales hace imposible plantear un modelo único para la sostenibilidad urbana”. Además, insiste el investigador, “no disponemos de ningún modelo maduro de sostenibilidad urbana en ningún lugar del planeta”. Debido a estas incertidumbres, describir una ciudad sostenible requiere un esfuerzo de imaginación. 

La Situación del Mundo 2016 no formula una única vía para lograr ciudades sostenibles, sino que ofrece ideas para avanzar hacia la sostenibilidad urbana. En este sentido, Gary Gardner resumía en 7 las claves para desbloquear la transición hacia la sostenibilidad: 

Reducir, hacer circulares, y no contaminantes los flujos de materiales; 

invertir en infraestructuras verdes que den espacio a la naturaleza; 

que el desarrollo de la ciudad sea compacto, conectado y a escala humana; 

dedicar espacios para el encuentro de la gente; 

fortalecer las ciudades como centro de bienestar cuidando los servicios sanitarios o evitando la contaminación atmosférica; 

que el desarrollo se centre en las personas; y, finalmente, 

 asegurar que la gobernanza es participativa.(...)"             (FUHEM, en Rebelión, 27/10/16)

8/10/14

Londres con 15 millones de habitantes, convierte recursos venidos de fuera, en 15 millones de toneladas de desperdicios sólidos y vierte 66 millones de toneladas de Carbono, y consume 22 millones de toneladas de petróleo cada año

"(...) Casi todas las ciudades grandes y todas las mega ciudades hoy, más que nunca antes en la historia, son ruidosas, congestionadas a pesar de que algunas tienen formidables autopistas y moderno transporte público, derrochadoras de recursos, devoradoras de agua, alimentos, combustible y energía y productoras de montañas de basura, polvo contaminante, esmog, ozono, monóxido de carbono, dióxido de azufre y más. 

La OECD (Organización para la Cooperación al Desarrollo Económicos) estima que las ciudades hoy usan la mayor parte del flujo energético que se produce en el mundo -dominan el 82 por ciento del consumo mundial de gas natural, el 76 por ciento de carbón y el 63 por ciento del consumo de petróleo. Las 25 ciudades más grandes producen más de la mitad de la riqueza del mundo.

El escritor canadiense Andrew Nikiforuk en su libro “Energy of the Slaves” (La energía de los esclavos) nos muestra varios ejemplos de lo que él llama el metabolismo patológico de las mega ciudades, describiendo a Londres en Inglaterra (la madre de la mega ciudades) y citando al urbanista Herbert Girardet que nos informa que Londres con 15 millones de habitantes en su área metropolitana, convierte recursos y energía venidos mayormente desde fuera de Londres en 15 millones de toneladas de desperdicios sólidos y vierte 66 millones de toneladas de Carbono, al tiempo que consume 22 millones de toneladas de petróleo cada año.

 Londres monopoliza las tres cuartas partes de la energía de la isla de Gran Bretaña aunque sus habitantes ocupan solamente 1580 kilómetros cuadrados. Para alimentar a Londres se necesita cultivar alimentos, criar animales comestibles y proveer maderas en 196.800 kilómetros cuadrados, vale decir las tres cuartas partes de toda Gran Bretaña.

Un impacto conocido y gigantesco de ciudades grandes y mega ciudades es la polución del aire; en París esta se extiende por más de 100 kilómetros fuera del área metropolitana. Según el Clear Air Institute (Instituto de Aire Limpio) en América Latina, Ciudad de México, Santiago de Chile, San Salvador y Montevideo, tienen excesiva polución que causa serios problemas de salud a sus habitantes. 

El otro conocido impacto es con respecto al agua; en grandes y mega ciudades en promedio un tercio de sus habitantes vive en barrios pobres con pequeña o ninguna seguridad de suministro de agua. Con el fin del petróleo barato viene el aumento del costo de la energía por lo tanto se hace más difícil tratar el agua y obtener agua limpia. Ciudad de México con 21 millones de habitantes está cerca de secar sus acuíferos que ya están contaminados.

 El rio Riachuelo en Buenos Aires, donde viven 12 millones de personas y casi cuatro millones de ellas viven de su cuenca de drenaje, tiene 50 veces más metales pesados de lo permitido. Shanghai, con 23 millones de habitantes, tiene ríos contaminados con agua salada. Bangkok la gran ciudad de Tailandia, la llamada “Venecia del Oriente,” tiene contaminación de ruido y polución que superan todos los límites y el agua contaminada de sus canales se ha vuelto fétida.

 Como consecuencia del cambio climático, ha aumentado el nivel del mar afectando ciudades como Mumbai en la India ubicada en costas planas y con 25 millones de habitantes -afectados ya por las fuertes lluvias que hacen colapsar su sistema de aguas servidas. Un aumento del nivel del mar significa que eventualmente partes enteras de la ciudad quedaran sumergidas envenenando sus acuíferos.

A esta irracionalidad de crecimiento deformado en las zonas urbanas se suma la locura capitalista del crecimiento eterno al que sucumbe incluso China; según cálculos de sus autoridades y promotores en los próximos 25 años se construirán 50 mil rascacielos en ese país, la mitad de lo que se planea construir en todo el mundo –mas allá de que se haga esto realidad dado el creciente costo de la energía. 

China cuenta ya con 120 ciudades con más de un millón de habitantes que consumen 55 millones de toneladas de carbón cada año, ciudades pobladas por las más de 400 millones de personas que han abandonado el campo en busca de oportunidades.

La explosión de las megas ciudades ha creado una clase de asesores y académicos promotores activos del crecimiento de estas urbes con la idea de que de esta forma se crea riqueza; hay una complicidad que le sirve a los especuladores del sector inmobiliario y financiero, que aunque desprestigiado continúa promoviendo el crecimiento en base al crédito.

 Hay una ideología dominante en favor del crecimiento eterno que se propaga gracias a la falsimedia que funciona más que como agencias de información como agencias de propaganda de un sistema que está claramente colapsando. Por ejemplo la revista Economist, y su pomposa “Intelligence Unit” (Unidad de Inteligencia) ha dado un reporte tan dudoso como fantasioso sobre las ciudades más habitables del mundo, que son por supuesto todas localizadas en el Primer Mundo, diciendo lo que muchos quieren escuchar, que hay ciudades paraísos y otras que están muy lejos de serlo, como Moscú, San Petersburgo y Caracas. (...)

El agotamiento comprobable de importantes recursos, como el combustible fósil y los minerales, la falta de energía y de agua; la proliferación de impactos negativos al medio ambiente consecuencia de la extracción y uso de los recursos naturales, el cambio climático que ha transformado ya regiones a través de habituales sequías o de inundaciones, y los trastornos financieros consecuencia de la incapacidad de nuestros sistemas monetario y bancario, y de la imposición de acarrear enormes deudas privadas y públicas pues gran parte del crecimiento económico del mundo occidental se ha debido a la generación de deudas de todo tipo en las últimas décadas, nos habla de este colapso. 

La solución a estos graves problemas no puede venir de manos de la tecnología, las comunicaciones o el internet. Se trata de problemas básicos y materiales que requieren soluciones también fundamentales y materiales, un plan racional que considere la realidad y no la fantasía y que tome en cuenta el tamaño del peligro de un colapso con potencialidad de terminar con la existencia humana. Una barrera importante que bloquea el entendimiento general sobre la severidad de los problemas que enfrentamos es sin duda la falta de ética reinante y la generalizada corrupción de las élites que manejan el poder y de sus administradores políticos en los países más agresores del mundo. (...)

Y sin embargo aunque sea difícil adaptarse a una vida más elemental, más sobria y balanceada, no debemos descartar la posibilidad en algunos lugares del mundo de que el sentido común se imponga y desarrollemos el potencial necesario para enfrentar las dificultades que nos esperan a nivel personal, de grupos humanos e incluso de países."          (Rebelión, Mario R. Fernández, en  Attac Madrid, 04/10/2014)

26/3/13

“El tipo de ciudad en que queremos vivir está ligado al tipo de personas que queremos ser”

"Creo que la propuesta de que el tipo de ciudad que queremos construir debería reflejar nuestros deseos y necesidades personales es una propuesta muy importante. Sabes, nuestro entorno social, cultural, económico, político y urbano es muy importante. ¿Cómo desarrollamos estas actitudes y tendencias? Esto es importante. 

Así, al vivir en una ciudad como Nueva York, tienes que viajar por la ciudad, transportarte, y tratar con otras personas de una manera muy determinada. Como todo el mundo sabe, los neoyorquinos tienden a ser fríos y bruscos con los demás. Eso no significa que no se ayuden entre sí, pero para tratar con el ajetreo diario, y las cantidades masivas de gente en las calles y en el metro, debes negociar con la ciudad de una manera determinada.

 En la misma línea, vivir en una urbanización privada en las áreas residenciales conduce a determinadas maneras de pensar sobre en qué debería consistir la vida diaria. Y estas cosas evolucionan hacia diferentes actitudes políticas, que a menudo incluye mantener ciertas urbanizaciones privadas y exclusivas, al precio de lo que pase en la periferia. Estas actitudes sociales y políticas son creadas por el tipo de entorno que creamos.

 Para mí esa es una idea muy importante: las respuestas revolucionarias al entorno urbano tienen muchos precedentes históricos. Por ejemplo, en París en 1871, había un tipo de postura en la que la gente quería un tipo de urbanización diferente; querían diferentes tipos de personas viviendo allí; era una reacción al desarrollo especulativo-consumidor de clase alta que tenía lugar en ese momento.

 En consecuencia, hubo un levantamiento que exigía diferentes tipos de relaciones: relaciones sociales, relaciones de género y relaciones de clase.

En este sentido, si quieres construir una ciudad donde, digamos, las mujeres se sientan cómodas, por ejemplo, construirías una ciudad muy diferente de las que conocemos. Todas estas cuestiones están ligadas a la cuestión de en qué tipo de ciudad queremos vivir. No podemos divorciarla del tipo de personas que queremos ser; qué tipo de relaciones de género, de clase, etc.

 Para mí, el proyecto de construir la ciudad de una forma diferente, con una filosofía diferente, con intenciones diferentes, es una idea muy importante. Ocasionalmente esa idea ha sido emprendida en movimientos revolucionarios, como la Comuna de París. Y hay muchos más ejemplos que podríamos citar, como la huelga general en Seattle hacia 1919. El pueblo tomó el control de toda la ciudad, y empezaron a montar estructuras comunitarias.

 En Buenos Aires en 2001 estaban pasando estas mismas cosas. En El Alto en 2003 hubo otro tipo de erupción. En Francia, hemos visto las áreas suburbanas disolviéndose en revueltas y movimientos revolucionarios durante los últimos 20-30 años. En Gran Bretaña, hemos visto este tipo de revueltas y levantamientos una y otra vez, que son realmente una protesta contra la manera en que se vive la vida diaria.

 Ahora, los movimientos revolucionarios en áreas urbanas se desarrollan bastante lentamente. No puedes cambiar toda la ciudad en una noche. Lo que vemos, sin embargo, es una transformación en el estilo de la urbanización en el período neoliberal.   (...)

Así, hay que mirar a la urbanización como un producto de la búsqueda de formas en las que absorber la productividad y producción crecientes de una sociedad capitalista muy dinámica que debe crecer a una tasa del 3% de crecimiento compuesto si quiere sobrevivir. Ésa es para mí la pregunta:

 ¿Cómo vamos a absorber este 3% de crecimiento compuesto en los próximos años a fin de evitar los dilemas de urbanización/suburbanización del pasado? Es interesante conceptualizar cómo podría hacerse.  (Entrevista a David Harvey, Diagonal Global, 12/03/2013)

"Justo ahora, los chinos están intentando limitar su tasa de crecimiento. Así que, en vez de buscar una tasa de crecimiento del 10% del PIB, están apuntando a un crecimiento del 7-8% en los años que vienen. Intentarán “bajar las revoluciones”. Quiero decir, por favor, los chinos tienen como cuatro ciudades vacías. ¿Puedes creértelo? Ciudades completamente vacías.

 ¿Qué pasará en los próximos años? ¿Estas ciudades se convierten en áreas urbanas productivas? ¿Simplemente se quedarán así y se pudrirán? En cuyo caso, un montón de dinero se perdería y una gran depresión golpearía a China también."      (Entrevista a David Harvey, Diagonal Global, 15/03/2013)

10/2/13

El territorio como espacio emancipatorio

"Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por indígenas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimación del modelo neoliberal. (...)

Han jugado y jugarán también un papel decisivo en la construcción de un mundo nuevo. Si ese mundo, como señala Immanuel Wallerstein, será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas, las pequeñas mariposas capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegemónicas. (...)

El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de producción (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuestión no se agota allí. El sistema aprendió a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra acción) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. (...)

Ante esta situación compleja y difícil, crece la tentación de replegarse de los territorios en los que nacieron múltiples sujetos colectivos, buscando lugares más propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. (...)

Es cierto que lo territorial por sí solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer política donde la gente común decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonomía territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educación, vivienda y alimentación para todos y todas.

Pero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estratégicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifacéticas dimensiones; y porque la acumulación por despojo o guerra –que es el principal modo de acumulación del capitalismo actual– ha convertido a los movimientos territoriales en el núcleo de la resistencia. La mutación del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.

A ellas se podría agregar un tercer argumento: sólo es posible resistir en las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simbólicos. Si sólo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay.

 Cerrados los poros de la vida en las fábricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde –aun esos mismos trabajadores– se vinculan entre sí en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperación que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.

No es una cuestión teórica y por lo tanto sólo se puede mostrar. Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente.

 El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. Sólo queda hacerse fuertes y autónomos allí, neutralizando las políticas sociales que quieren destruir lo colectivo salvando al pobre individualmente. (...)

Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinación de guerra y domesticación son los modos de esterilizar las resistencias. 

Lo que diferencia esos territorios es que allí existen los modos de vida heterogéneos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegemónico. No nos engañemos: esa posibilidad no existe hoy ni en las fábricas ni en los demás lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.

Por eso las políticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que allí venían perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y jóvenes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. Allí sólo existen como representados, o sea como ausentes.

No hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer más corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuestión de pura voluntad."             (Tomado de La Jornada , en Jaque al neoliberalismo, 04/02/2013)

4/5/10

Metropólis sostenibles

"En 1950, Nueva York era la única ciudad del mundo con más de 10 millones de habitantes. En 1975, había cinco ciudades que superaban ese umbral; en 2010, se contabilizan 22, y las previsiones apuntan a que se llegará a 26 ciudades con más de 10 millones de habitantes en 2015.

Estos cambios se han traducido también en un mayor peso económico de las ciudades -el 20% del PIB mundial lo generan las 10 ciudades más importantes del planeta-.

Las ciudades generan grandes oportunidades para el desarrollo económico, el empleo y la creación de riqueza, pero su creciente importancia también tiene aspectos negativos y uno de ellos es el daño al medioambiente. Aunque sólo ocupan el 1% de la superficie terrestre, consumen el 75% de la energía mundial y generan el 80% de los gases de efecto invernadero. Esta situación exige replantearse el modelo de crecimiento urbano que se ha seguido hasta ahora, ya que en algunos casos se ha llegado a límites insostenibles.

Una de las razones que han llevado a esta situación es que las infraestructuras crecen de forma más lenta que la población y no pueden afrontar sus necesidades, lo que genera altos niveles de contaminación, escasez de agua y energía, problemas de acceso a una sanidad de calidad, dificultades en el transporte, seguridad o gestión de residuos, entre otros, lo que repercute negativamente en la calidad de vida de los ciudadanos.

La inversión en sistemas de eficiencia energética en edificios, por ejemplo, tiene una gran importancia, ya que éstos consumen el 40% de la energía mundial y generan el 21% de las emisiones de CO2. El Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático estima que la utilización de tecnologías más eficientes en edificios puede reducir sus emisiones hasta un 40% en 2030.

En Shanghai, Siemens es la encargada de la renovación del sistema de distribución de energía del distrito financiero de Yangpu. La utilización de sistemas de última generación para edificios reducirá la factura energética un 16% sin problemas financieros para los clientes, ya que recuperarán la inversión realizada a través de los ahorros generados.

El suministro de agua es otro de los grandes problemas a los que se enfrentan las ciudades. En 2015, más de 2.000 millones de personas sufrirán problemas derivados de la escasez de agua. La innovación, también aquí, es la mejor herramienta para combatir este problema. En Singapur cada día se procesan 40.000 metros cúbicos de aguas residuales que después se incorporan a la red de abastecimiento ciudadano, cumpliendo los estándares marcados por la Organización Mundial de la Salud.

Por otro lado, cuentan con una tecnología capaz de desalinizar agua con un 50% menos de energía que los sistemas tradicionales. Los habitantes de Singapur están orgullosos de este proyecto y el agua tiene una calidad tan buena que se utiliza en las recepciones del primer ministro." (FRANCISCO BELIL: Ciudades más competitivas y sostenibles. El País, Negocios, 02/05/2010, p. 29)