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26/11/21

Lo productivo se puede hacer con mucha menos mano de obra. Solo te vienen bien como consumidores y pagadores de impuestos. Para que eso funcione, la población tiene que tener algo para poder pagar... Por eso hablamos de renta básica... para que podamos tener cierta paz social, vamos a lanzar la renta básica. Por eso Silicon Valley fue de los primeros sitios en propugnarlo...

  "(...)  En el libro hay mucha geografía y menos demografía. Otro problema de Europa es el envejecimiento de la población, que tiene consecuencias para la sostenibilidad.

Es un problema enorme en muchos sentidos. Somos una población envejecida, lo cual sería un problema grande. Pero si uno examina el futuro y las previsiones que se están haciendo, te das cuenta de que la población que ahora mismo importa mucho tiene una relevancia menor de lo que parece. ¿Para qué necesitan los Estados población? Para tener soldados, mano de obra y en un momento determinado consumidores y gente que paga impuestos.

Ahora las guerras las grandes potencias las pueden hacer con muchos menos soldados, para eso está la tecnología. Lo productivo se puede hacer con mucha menos mano de obra. Solo te vienen bien como consumidores y pagadores de impuestos. Para que eso funcione, la población tiene que tener algo para poder pagar. Pero los otros elementos ya no están presentes. 

Por eso hablamos de renta básica. Como vamos a precisar mucha menos mano de obra, necesitamos un período de readaptación al nuevo modelo productivo que va a dejar fuera a mucha gente. Esa gente debe readaptarse, y para que podamos tener cierta paz social, vamos a lanzar la renta básica. Por eso Silicon Valley fue de los primeros sitios en propugnarlo.

 Esa población que antes era un elemento imprescindible ahora lo es menos. Y ahora el sector donde necesitas mano de obra intensiva, que puede ser servicios, requiere mano de obra más barata, algo a lo que en Occidente, por los derechos adquiridos, no queremos aceptar. Bueno, ahí tienes un problema social.

Al mismo tiempo, hablando de Europa, tienes la presión demográfica africana. Lógicamente, quieren penetrar en Occidente, y no sabes como darle solución. Dices: “Cierto nivel de inmigración me viene bien, pero no puedo soportarla toda”. Y tienes el caso del Mediterráneo. Se juntan la menor necesidad del sistema y el caso de los desfavorecidos que quieren irse para mejorar sus condiciones de vida. Es un problema de muy difícil solución.   (...)"                      (Entrevista a Esteban Hernández, Daniel Gascón, letras libres, 06/04/21)

11/11/21

Renta Básica Universal, ¿si o no? La discusión respecto del desarrollo industrial y de las vías de desarrollo para los países periféricos como modo de resolver el hambre y la pobreza aparece negada en los debates sobre la Renta Básica Universal. Se trata de si nos vamos a ubicar en un país con una economía de subsistencia, trabajadores pobres (aunque no indigentes) que recolecten basura y produzcan mermeladas, o en una patria grande soberana, industrializada y solidaria

 "La discusión acerca de un ingreso universal tiene ya varios años y forma parte del paquete de medidas que, cada cierto tiempo, se (re)ponen en discusión para pretender resolver un problema que tiene su dificultad intrínseca en la organización de la sociedad capitalista, particularmente en su etapa neoliberal: la masa cada vez mayor de trabajadores y trabajadoras que no tienen empleos o cuyos trabajos son tan informales y los salarios que perciben tan magros que no les alcanza siquiera para reproducirse a sí mismos. 

A principios de este siglo XXI intentábamos comprender –particularmente desde nuestra región– cómo se despliega el capitalismo realmente existente. Han pasado dos décadas desde los estallidos antineoliberales de fines de los noventa, y hoy podemos afirmar que la heterogeneidad tan pronunciada que exhibe la clase trabajadora en América Latina no es una anomalía sino la manera en que se desenvuelve el capitalismo en países periféricos como los nuestros [1]. Esto implica la existencia de trabajadores registrados con garantía (casi) plena de los derechos conquistados y salarios que cuadruplican el básico, hasta changarines que viven sin llegar a fin de mes, aun con el apoyo y la asistencia del Estado y los movimientos sociales.

En Argentina, la crisis general exacerbada por la pandemia se articula con la «pesadísima herencia» del gobierno de Mauricio Macri: fueron cuatro años de ajuste a las y los trabajadores, toma de deuda externa y fuga de divisas. La pandemia muestra las debilidades del sistema sanitario pero, además, las respuestas que se despliegan para evitar la propagación indiscriminada de un virus nuevo y muy contagioso consisten en inmovilizar de forma intermitente a gran parte de la fuerza de trabajo de nuestro país y del mundo. 

El aislamiento y el distanciamiento social preventivo y obligatorio (ASPO-DISPO) tuvo varios efectos respecto del trabajo: por un lado, la modificación de los ritmos de producción, como en el caso de aquellos trabajadores cuyas tareas se reorganizaron bajo la modalidad del teletrabajo, para quienes se intensificó y extendió la jornada laboral. Por otro lado, la parálisis total o parcial de sectores completos de la economía (por ejemplo, el turismo). Asimismo, la reducción por momentos drástica de la circulación de personas produce la parálisis de algunos sectores informales: desde cuentapropistas profesionales a vendedores ambulantes. Esto quedó evidenciado cuando el gobierno nacional dispuso el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) planificado para no más de 4 millones de personas y se inscribieron para recibirlo 11 millones, una cifra que dejó en evidencia la profundidad de la crisis económica y social. 

La enorme movilización de organizaciones sociales en la asistencia y solidaridad a través de comedores, ollas populares y distribución de bolsones de comida y artículos de higiene forma parte central de la contención de la crisis. Los movimientos sociales –como otros sujetos sociales– están poniendo sobre la mesa distintas salidas a la crisis. Muchas de estas salidas tienen que ver con ubicar en el centro de la discusión el hambre, y es frente a esta categoría que reaparece la idea del Ingreso Básico Universal, Renta Básica Universal, Ingreso Ciudadano o como se la quiera llamar. 

Los seguidores de la RBU, como plantea Alyssa Battistoni (2019), van desde «capitalistas de riesgo pro-Trump, como Thiel, hasta partidarios de un ‘comunismo de lujo totalmente automatizado’, como Peter Frase». La autora sostiene que es una «obligación moral» frente a los pobres, pero también una versión que cuestionaría la propiedad privada y la acumulación de riqueza capitalista. 

Recuperando el artículo de Luis Fernando Medina Sierra en esta revista, en este texto haremos un repaso de algunas de las versiones de la RBU impulsadas por distintas corrientes político-ideológicas. Como dijimos, el abanico es amplio y eso complejiza el análisis. Sin embargo, una síntesis de las perspectivas permitirá extraer conclusiones más ajustadas.

Banco Mundial

El pasado 2020, pandemia mediante, el Banco Mundial (BM) fortaleció su impulso al Ingreso Básico Universal (UBI, por sus siglas en inglés). Para ello, en 2018 realizó primero un estado de la cuestión, que le permitiera ubicarse como antagonista a algunas de las corrientes. Entonces recogió un abanico de miradas sobre la RBU, agrupándolas bajo seis categorías muy singulares: 

1) La pragmática, representada por Musk (2017) –CEO de Tesla–, quien sostiene que la RBU es una salida frente al desempleo causado por la automatización. 

2) La idealista, promovida por Guy Standing (copresidente de BIEN), quien plantea que la RBU es una salida contra la oleada neofascista y «populista», pues refuerza la libertad individual «dándole a la gente la sensación de control sobre sus vidas». 

3) La pronosticadora, de Subramanian, quien anuncia que en los próximos dos años algunos estados de la India ya van a tener implementada la RBU. 

4) La escéptica, representada por Piketty, quien afirma: «El problema con la discusión sobre el ingreso básico es que, en la mayoría de los casos, deja los problemas reales sin explorar y en realidad expresa un concepto de justicia social a bajo precio».

5) La provocadora (Ravallion), que propone mayor transparencia de las políticas públicas y, por tanto, mayor universalidad de la RBU.

6)  La cínica, cuyo exponente es Goldin, que sostiene que para transformar la desigualdad es necesario cambiar la manera de pensar los ingresos y el salario. 

Este abanico, que el Banco Mundial propone como representativo de las polémicas sobre la RBU, tiene como representantes a economistas –varones todos ellos– de las universidades más poderosas del mundo (EE. UU., Gran Bretaña y Francia) y todas ellas circulan alrededor de los déficits, incorrecciones o dificultades que el neoliberalismo propone. Es decir, son las «opiniones mainstream de la RBU», las del establishment

Con estos antecedentes y a través de algunos informes, el Banco Mundial estipula para la RBU una serie de cuestiones:

La universalidad: El BM se pregunta si debe ser para todos o debe haber diferenciaciones. Así es que promueve el concepto de «universalismo progresivo» y la combinatoria de políticas de asistencia y seguridad social para alcanzar un «objetivo aspiracional».

Los aspectos constitutivos: Para el BM debe tomarse en consideración como punto de partida para el análisis de la viabilidad de la implementación lo siguiente: 1) los riesgos del mercado laboral, 2) las cuentas estatales y 3) los sistemas de protección social. 

Beneficios: 1) Cubre a todos, por lo tanto, ayuda a las personas a hacer frente a una variedad de riesgos; 2) No sufre errores de inclusión / exclusión; 3) Proporciona un ingreso mínimo a los adultos que posiblemente alivie algunos de los costos de búsqueda de empleo

Desventajas: 1) Es más costoso que las transferencias específicas (focalizadas); 2) No es una herramienta eficiente para la reducción de la pobreza; 3) Para cualquier presupuesto, las transferencias específicas (focalizadas) son más efectivas para reducir pobreza extrema.

Finalmente, los informes del Banco Mundial establecen una diferencia entre tres categorías de países: economías avanzadas, economías con mercados emergentes y países de bajos ingresos [2]. En esta categorización, existe una gradación inversamente proporcional en la inversión diferencial que estos países deberían realizar para incorporar la RBU. Por ejemplo, para países «del medio», se trata de redireccionar inversiones ya existentes en programas focalizados hacia la RBU. Asimismo, el impacto en la reducción de la pobreza también es relativo a cada segmento de países: «En general, encontramos que proporcionarle a la RBU presupuesto mayor como para que tenga un impacto significativo en la pobreza es financieramente prohibitivo en países de bajos ingresos, pero puede ser una opción relativamente más viable en algunos países de ingresos medios y altos».

Renta Básica Universal como piso

La Red Argentina de Ingreso Ciudadano (RedAIC), que integra la Basic Income Earth Network (BIEN), es una red de instituciones y fundaciones que impulsan la RBU, con legitimidad académica y vinculación con movimientos sociales, fundamentalmente desde Europa. Impulsan investigaciones, pero sobre todo construyen influencias y corrientes de opinión a través de la circulación mediática. La Red en Argentina nace en el marco de los debates sobre el ingreso universal que se dieron durante la crisis de 2001, pero en Europa, la BIEN surge a mediados de la década del 90. Aunque hay versiones más ubicadas desde la izquierda, básicamente el planteo es que existen dos modelos en el capitalismo ya fracasados: el Estado de bienestar y el neoliberalismo. El primero, derrotado por el segundo, nos encuentra con una pobreza y una indigencia que requieren «corrección», es decir, hace falta un modelo alternativo que elimine o disminuya ostensiblemente la pobreza y para ello se requiere un «ingreso mínimo». Impulsan una serie de parámetros

a) que debería existir una red de seguridad en el ingreso que garantice que ninguna persona caiga por debajo de ciertos mínimos; 

b) que esta red debería conformar una base desde la cual las personas puedan competir en mejores condiciones en el mercado laboral y asistir (y permanecer) en el sistema educativo; 

c) que esta red de seguridad debería ser de fácil acceso, no estigmatizar ni discriminar a los perceptores y evitar prácticas clientelistas; 

d) formar parte de un sistema de arreglos institucionales que favorezca el incremento de la demanda de fuerza de trabajo sin disminuir los estándares de vida de la gente; 

e) que el acceso a los beneficios de la red sea independiente de la actividad o condición ocupacional de las personas. 

Ya en 1977, en La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado, Robert Castel señalaba la discontinuidad de los institutos reguladores del trabajo asalariado creados post segunda guerra mundial a partir de la crisis de los 70. En este libro, y en sus posteriores, Castel postulaba la vulnerabilidad y la desafiliación social a partir de la pérdida del empleo. Sus planteos dieron lugar a una corriente muy profusa acerca de la precariedad (laboral, social, etc.) y, de alguna forma, cimentó en el sentido común dominante la idea de que hay incluidos y excluidos, afiliados y desafiliados a la sociedad [3]. 

Los parámetros de la Red suponen que la RBU tiene la virtud de construir un piso mínimo para promover la movilidad social ascendente o al menos evitar una caída masiva hacia la pobreza y la exclusión social. Recordemos la metáfora tan difundida de «quienes están dentro y quienes están fuera». Esta idea de los «caídos del mapa», tiene, tal como la metáfora propone, mucho de terraplanismo respecto a la dinámica histórica de la sociedad, a cómo se despliega el capitalismo en el mundo y en particular en los países periféricos. A este respecto, Abal Medina (2020) plantea:

Las propuestas de ingresos mínimos y rentas universales se desplegaron históricamente con una tonalidad emotiva de destino irremediable; la pérdida de puestos de trabajo se concibió como fulminante e irreversible, y las políticas públicas que surgieron de este diagnóstico fueron, de algún modo, formas de institucionalizar la pobreza (…) Quienes apoyan la implementación de este tipo de medidas esgrimen argumentos éticos (debemos garantizar un piso de dignidad para todo ser humano) o bien sostienen posiciones pragmáticas como la de Rifkin (cárceles o «voluntariado»). Lo cierto es que la disyuntiva convalida una suerte de amnesia colectiva sobre la construcción económica y social de la desalarización masiva. Sobre los modos activos de desvalorización del trabajo. 

Es decir que este enfoque plantea un ingreso universal que equilibraría el punto de partida de los individuos en su «carrera de vida». Es la utopía de la igualdad de oportunidades convertida en instrumento económico.  En este sentido, la otra fundación que lo promueve es la Friedrich Ebert, «bajo el lema de repensar el bienestar del Estado en el siglo XXI», ya que la universalidad de la RBU se propone como alternativa a los programas neoliberales. 

Uno de los ejemplos que esta corriente divulga es el Alaska Permanent Fund, un fondo de inversión creado por los impuestos de la renta petrolera del estado de Alaska. Este fondo, como tal, realiza distintas inversiones, pero tiene un «Permanent Fund Dividend» (PFD) que divide todos los años en partes iguales una porción de los beneficios para todos los habitantes de Alaska. Según los beneficios anuales de la renta petrolera alaskeña, hay años que los habitantes cobran más que otros. El ejemplo que más se difunde es que, en 2015, los residentes de Alaska cobraron USD 2000. Los fundamentos de este fondo de inversión se sostuvieron en que, como el petróleo es un recurso finito, las futuras generaciones no van a contar con él. Por lo tanto, su uso actual debe dejar beneficios hacia el futuro, y funciona de contralor para evitar el derroche de las ganancias. 

Este ejemplo no solo muestra los beneficios de un ingreso universal –derivado, en este caso, de la renta petrolera– sino que se articula con otros enfoques en boga, como el decrecionismo, las versiones de la ecología económica (ecosocialismo, ecofeminismo) y las distintas modalidades de «licencia social» de las empresas extractivistas. Luego nos meteremos con estas corrientes.

Otro de los ejemplos es Irán, que se supone que es el único país del mundo que tiene una RBU. En 2011, para compensar la eliminación de subsidios al pan, el agua, la electricidad y el combustible, se creó una «transferencia de efectivo», que también se financia con fondos de los recursos de hidrocarburos. «Pero aquí no existe un fondo de inversión destinado al pago del beneficio, sino que los recursos provienen de reformas realizadas al sistema de subsidios a los precios internos de los combustibles».

En Argentina existe un sector vinculado con el Ministerio de Desarrollo Social que propone la RBU como forma de resolver el tendal de desocupados y hambrientos que deja la pandemia. La propuesta general consistiría en una transferencia de dinero a todas las personas de la población económicamente activa que tengan ingresos inferiores al salario mínimo, vital y móvil (SMVM) [4]. En este caso, tendría un formato similar al seguro de desempleo (pero respecto del trabajo registrado y de salarios por debajo del SMVM). Tal como ocurrió con la AUH (Asignación Universal por Hijo), sería universal para aquellos que cumplan los parámetros establecidos y podría esperarse alguna contraprestación (la AUH supone escolaridad obligatoria certificada y vacunación obligatoria certificada).

Esta «manera argentina» de encarar la RBU es diferente de la planteada por la Red y la BIEN: la incondicionalidad y la universalidad como pilares. La condicionalidad de las políticas de asistencia (como el caso de la AUH) tiene, según estos enfoques, un carácter punitivo. No obstante ello, ambas versiones recuperan un elemento que sería uno de los impactos clave de la RBU: el aumento del poder de negociación de los trabajadores y de la «libertad» [6]. La conceptualización punitivista del rol del Estado como elemento disciplinador es una tradición en el liberalismo, tanto de izquierda como de derecha. 

La RBU impulsada por esta corriente empalma con las posiciones que el papa Francisco expresó en su encíclica Laudato si’, en la que hace una proclama particularmente ecológica incorporando las desigualdades humanas, siguiendo la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia. En ese marco, hay una defensa explícita del ingreso universal. En Argentina, por ser un país católico y dada la nacionalidad del papa, esto tiene una influencia fenomenal. Uno de los seguidores del Papa en los movimientos sociales, Juan Grabois, incorporó la RBU en un plan general que «se orientaría a actividades de la economía social, urbanización de villas y asentamientos con reconstrucción de espacios culturales, deportivos y de salud, desarrollo de la agricultura familiar (incluyendo la generación de colonias agrícolas) y el refuerzo de políticas públicas orientadas a la reinserción social de ex detenidos y atención a problemáticas de género, entre otras», al que denominó Plan Marshall Criollo [7]. 

Finalmente, en este marco, se incorpora otro debate: si la RBU es un derecho o no. La Red y la BIEN plantean que es un derecho humano asociado a otras lógicas y valores morales: un diseño no productivista para las políticas sociales frente al fin de la sociedad asalariada. El argumento para reforzar la categoría de derecho de la RBU es que actualmente, pandemia mediante, la llamada economía no monetaria cobra enorme relevancia: la jornada de trabajo de cuidado completamente extendida sostiene la garantía de la crisis sanitaria. 

La RBU, entonces, es recuperada por sectores de la economía feminista para ponderar el trabajo de cuidado como tal y como un derecho. Esto implicaría al Estado, las empresas y las organizaciones sociales. Para eso, proponen construir un «régimen de bienestar», es decir, una RBU que ponga de relieve aquellas labores que no están reconocidas ni valorizadas por el mercado (incluido el trabajo de cuidado). En este sentido, el propósito es que la RBU empodere, pues se supone que permite aceptar ciertas cosas y otras no. Y, finalmente, estabiliza la demanda en un momento de crisis.

RBU como «impugnación del capitalismo»

Desde una sector de la izquierda europea (anche latinoamericana) nos encontramos con interpretaciones o promociones de la RBU dentro del marco de enfoques o estrategias anticapitalistas, tales como el artículo de Medina Sierra. Estas perspectivas desde la izquierda se articulan con posiciones decrecrecionistas, ecofeministas y ecosocialistas [8]. Sin ir más lejos, las organizaciones de la izquierda europea que impulsan la RBU se inscriben dentro de estas corrientes. No así la izquierda comunista (o de tradición comunista) [9].

El primer punto que resaltan es la disminución cuantitativa y cualitativa del «ejército de reserva». Es decir, el propósito de la RBU sería producir una aumento del poder adquisitivo general y una disminución de trabajadores asalariados desesperados por vender su fuerza de trabajo al mejor postor. De esta forma, se busca aumentar el poder de negociación sindical para disminuir las desigualdades y la precariedad en el acceso a derechos, al tiempo que aumenta el trabajo libre. «Para que la renta básica universal sea realmente un instrumento o un arma contra el Capitalismo hay que entenderla en su sentido abstracto, es decir, como trasvase de poder hacia la clase trabajadora. El capital es una relación social y Marx lo explicó perfectamente cuando señalaba que el capitalismo domina a través de formas abstractas como la categoría valor».

La RBU, para estas corrientes, implica una conquista que cimienta la acumulación de fuerzas para la transición de una sociedad de predominancia del trabajo asalariado hacia una del trabajo libre. Estas corrientes no plantean rupturas con el capitalismo sino transiciones prefigurativas del socialismo. Lo que denominan «cuarta revolución industrial» implica que el pleno empleo y la relación salarial como centralidad del mundo actual son cuestiones anacrónicas y, por lo tanto, el trabajo hay que recuperarlo como elemento ontológico del ser humano. 

Un debate que establecen con lo que estas corrientes denominan «izquierda tradicional» o «izquierda ortodoxa» es que el valor de uso como aspecto de la vida ha sido desatendido. El feminismo lo ha ubicado como punto central y, al igual que la corriente que antes explicamos y se inscribe en la BIEN, el ingreso básico universal cobra particular relevancia respecto del trabajo de cuidado y la reproducción social. El «valor del trabajo» (dixit), compartir los bienes y utilizar el mínimo esfuerzo necesario para obtener lo que uno necesita es el planteo de los humanistas por la renta básica: que trabajen las máquinas

Para estas corrientes, la lucha por el pleno empleo no es posible pero tampoco deseable. Es indeseable buscar trabajo (y no conseguir), pero además es indeseable trabajar para el capital. Se articulan dos perspectivas: 1) la que propone expectativas con la robotización [10] («utilicemos la tecnología de forma eficiente, de forma equilibrada, para que no se produzca en base al mercado») y 2) el decrecentismo [11], que plantea que no hay que tener esquemas de crecimiento y desarrollo económico sino de decrecimiento. «La productividad es patriarcal»: para el ecofeminismo es significativa la expectativa de vivir dentro de un marco de subsistencia, que reponga lo femenino y lo masculino como unidad (Shiva y Mies, 1998). La idea de no producir más que aquello necesario para satisfacer las necesidades humanas contacta también con Harich (1975) con su propuesta  del «comunismo sin crecimiento». 

Estas corrientes, además, discuten con los sindicatos, que suelen oponerse a la RBU. En general, plantean que los sindicatos deben propiciar una jornada semanal de 30 horas, pues eso implicaría acabar con la desocupación. La disminución de la jornada laboral, acompañada por una fuente de ingresos distinta al empleo, sería la clave. El capitalismo implica vender la fuerza de trabajo para poder subsistir, pero con la RBU ya no hace falta: todos subsistimos y el trabajo comienza a ser libre. Esto, siempre y cuando el resto de los institutos del Estado de Bienestar estén vigentes (salud, educación, etc.). Aunque no es lo único, el planteo es que la RBU permitiría recuperar el control de la vida de los trabajadores dentro de un programa más amplio, que propone un republicanismo de libertad, de autonomía, de conseguir una «figura ciudadana». 

Críticas a la RBU

Una de las críticas más inmediatas a este tipo de proyectos gira en torno a de dónde salen los fondos para implementar una renta básica universal. Hay propuestas que proponen que la RBU no debería ser en dinero sino en especie: «la sanidad y la educación ya es renta básica en especie. Tendríamos que hacer lo mismo con la alimentación, el transporte, el alojamiento y podríamos pensar también en la energía o, por qué no, las telecomunicaciones. En lugar de dar dinero y que se busquen las habichuelas en un mercado contaminado por desequilibrios de poder, controlarlo y regularlo a través de decisiones democráticas, transportes, participativas y atendiendo a criterios sociales, ecológicos, de género».

Las advertencias de Alyssa Battistoni (2019) son bien interesantes:

(…) no es necesario ser Robespierre para sospechar de una propuesta que anuncia explícitamente su intención de proteger a los ricos frente a la furia de la clase trabajadora; sobre todo, cuando una de las principales preguntas en torno del ingreso básico es de dónde saldrá el dinero (…) la amplia coalición requerida por el ingreso básico será imposible de lograr si los ricos se oponen desde el comienzo (…) Lo que propone, en cambio, es financiar el ingreso universal sacando dinero de importantes programas de bienestar social (cupones de alimentos, asistencia para vivienda, crédito tributario por ingreso del trabajo) y cobrar un impuesto al valor agregado sobre bienes de consumo (…) si el ingreso básico se financia mediante la canibalización de programas sociales existentes y la aplicación de impuestos regresivos al consumo, la mayor carga del subsidio a los salarios bajos pasa entonces a recaer perversamente en los pobres y en la clase trabajadora.

El movimiento sindical también hace críticas a la RBU, y éstas tienen que ver con que el mismo debilitaría el poder de la acción colectiva, fortaleciendo las negociaciones individuales y profundizando el  «sálvese quien pueda». Coinciden, además, en preguntarse de dónde se extraen los fondos para el financiamiento, y señalan que las reformas fiscales promovidas parecieran impactar negativamente sobre la porción de la clase trabajadora registrada y sindicalizada. Lo mismo ocurre respecto de lo que Battistoni planteaba acerca de la educación y salud públicas: la RBU sería un «cheque de intercambio» para la privatización. Además, el sindicalismo plantea que con la RBU la presión para reducir salarios por parte de las patronales aumentaría significativamente. 

Un elemento a tener en cuenta es que el sindicalismo articula su existencia y su poder en relación con la centralidad del trabajo asalariado en el capitalismo. La RBU, plantean, iría contra el empleo, en este sentido. Resaltan el temor de que la RBU adormezca la lucha de clases y redunde en una mayor explotación de la clase trabajadora. 

La Confederación Sindical Internacional (CSI) plantea consecuencias negativas y positivas respecto de la RBU. Entre las positivas, indica que reduce el riesgo de aceptar condiciones laborales de baja calidad y explotación, apoya a las personas para que desarrollen sus habilidades y competencias, mejora el acceso al apoyo de ingresos y reducir el estigma y agiliza los esquemas de protección social y reduce los costos administrativos de los mismos. Respecto a las consecuencias negativas, indica la posibilidad de subvencionar trabajos mal remunerados y de baja calidad, la tendencia a socavar los sistemas de protección social existentes, los impactos distributivos regresivos, las dificultades de financiamiento y la reducción de estabilizadores automáticos durante recesiones económicas. Este último punto, evidentemente, refiere a los institutos de contención a las crisis que existen en los países desarrollados. 

Algunas reflexiones finales

Tener en cuenta de dónde salen los fondos para un Ingreso Básico Universal y cuál es el sujeto que pelea por esa renta es clave. Lo mismo vale para el alcance «universal» e «incondicional» de la misma. La totalidad de la riqueza del mundo es producida por la clase trabajadora, con lo cual un ingreso de estas características no saldría de ningún otro lado. La disociación entre dinero y valor, propia del liberalismo, impide comprender que si la RBU se implementa sería una distribución de la riqueza a través de un instituto nuevo en el mismo Estado moderno. 

Entre las corrientes que aquí describimos, el Estado se presenta como un sujeto omnipresente. Lo mismo que los monopolios y el imperialismo. Incluso las versiones que se ubican por izquierda asumen la existencia del Estado, de forma invisible o como regulador. La perspectiva de que el Estado es condensación o expresión cristalizada de las relaciones de fuerza históricamente determinadas no aparece. Por el contrario, el Estado es un instrumento invisible. Lo es para el Banco Mundial, pero también para los enfoques de izquierda, que además disocian el sujeto que reclama la RBU del conjunto de la clase trabajadora y sus tareas emancipatorias.

Resulta particularmente preocupante la perspectiva de futuro de todas las corrientes que aquí expusimos. Que el caso de Alaska sea el ejemplo mejor ponderado habla a las claras del lugar que ocupa la RBU en la discusión (al menos en nuestro país). Una porción de la renta sojera y minera se plantea para la redistribución a través de una RBU. No se plantea, por el contrario, en qué país y en qué región queremos vivir. 

Esto no implica que el hambre y la pobreza no sean una catástrofe a la cual atender urgentemente. Sin embargo, los trabajadores argentinos fuimos y somos capaces de producir el proceso completo de automóviles o heladeras y hoy aportamos en la construcción de satélites, elementos complejos de biotecnología y energía nuclear. La discusión respecto del desarrollo industrial y de las vías de desarrollo para los países periféricos como modo de resolver el hambre y la pobreza aparece negada en los debates sobre la RBU.

En todo caso, el problema central de la discusión acerca de un ingreso básico universal es la posibilidad de que la clase trabajadora asuma en sus manos la construcción de un país soberano, no dependiente, no inhibido por el imperialismo para construir sus caminos de desarrollo, de industrialización según sus necesidades, posibilidades y aspiraciones. 

De lo que se trata, en última instancia, es si nos vamos a ubicar en lo posible de un país con una economía de subsistencia, trabajadores pobres (aunque no indigentes) que recolecten basura y produzcan mermeladas, o en una patria grande soberana, industrializada y solidaria. El problema de la RBU como instituto de distribución de riqueza no debe ser pensado en sí mismo, sino en términos del proyecto político que ordenará el futuro."                       ( , JACOBIN américa Latina, 29/04/21

14/9/21

La renta básica universal: trampa para la izquierda

 "En un anterior artículo sobre la renta básica universal (RBU) exponía sus ideas básicas, defensa y crítica de ésta y viabilidad, y avanzaba algunas dudas sobre esta idea de la RBU como solución a la pobreza.

En este voy a ahondar en esas dudas, aclarar alguna idea y revisar otras ya expuestas. Por ejemplo:

1. ¿A qué cantidad debería corresponder la RBU?

2. ¿La salud mental mejora si se recibe una RBU?

3. ¿Es una medida progresista y de izquierdas?

4. ¿Es una medida que contribuye a la Igualdad mujer-hombre?

Vamos a ver punto a punto.

1. ¿La RBU debería ser igual, menor o superior al salario mínimo interprofesional (SMI), a la renta mínima de inserción (RMI), al ingreso mínimo vital (IMV), al indicador público de renta de efectos múltiples (IPREM) o al indicador de umbral de pobreza (IUP)?

Pues depende de qué fuente se consulte. Si tomamos el criterio de Arcarons, Domènech, Raventós y Torrens[1] “la cantidad de RB es igual o superior al umbral de la pobreza”. Como a 2020 ese umbral se situaba en España en 9.626 €/persona/año (802 €/mes)[2] el que se abonase en la RBU 850, 900 o 950 €/mes es una opción tan “realista” como cualquier otra; y, por supuesto, es más generosa que la RMI, que según autonomías va desde los 300 € de Murcia a los 665 € del País Vasco[3], el IMV[4] de 469,93 €/mes o al IPREM, que para 2021 será de 564,90 €/mes. Y más sencilla de obtener, pues no se piden requisitos algunos.

De modo que la cuantía de la RBU está abierta a diferentes valoraciones, y como dice ATTAC España[5] “es una asignación monetaria de cuantía suficiente, es decir, igual o superior al umbral de la pobreza”. Y al definir la “cuantía suficiente” especifica que “su importe debe ser al menos superior al umbral de pobreza y debe permitir un nivel de vida digno”.

Luego, decir que la RBU puede ser o debería ser equivalente al SMI -que es muy justito- no es ninguna idea descabellada ni fuera de lugar, salvo que se quiera una RBU de mínimos, de subsistencia. Algo con lo que la derecha que ahora defiende esta idea estaría de acuerdo. Pero sobre por qué la derecha y los multimillonarios como Elon Musk y otros ven con buenos ojos la RBU trataré más adelante.

Una crítica muy habitual a qué cuantía sería la adecuada es que en unos casos -si es muy cercana al umbral de pobreza- se queda corta para quienes más lo necesitan, y para quienes tienen mayores ingresos -y cuanto más alto más, que también la recibirían- no tendría casi ningún efecto de mejora siendo una cantidad insignificante respecto a sus ingresos totales.

2. ¿La salud mental mejora si se recibe una RBU?

Si se está con una IMV de 460 € y pasas a 800 o 1.000 € evidentemente que sí se despejan muchas preocupaciones, y como no hay que justificar nada ni andar con revisiones pues la tranquilidad que se gana es evidente.

Pero la mejoría de la salud mental no depende del nivel de ingresos -con ser importante- sino de las condiciones sociales en las que se desenvuelve la persona, de si el trabajo o actividad que realiza satisface, del tiempo y modo de ocio, de las relaciones interpersonales (pareja-amistades), de la participación social (asociaciones-partidos), si ve sentido a su vida, si siente que dirige su vida, etc. Ojalá el dinero fuese la solución. Por supuesto que quien está en la pobreza cualquier cantidad es “salud”, pero hay que valorar qué está siendo condicionado socialmente respecto al futuro. Lo comentaré a continuación en el punto tercero.

3. ¿Es una medida progresista y de izquierdas?

No. Así de simple. Entonces, ¿cómo es que tantas organizaciones progresistas como ATTAC, partidos como Podemos, PSOE, Ciudadanos, intelectuales de izquierda han defendido esta idea?

Pues porque es muy simple en su enunciado básico: El capitalismo no asegura trabajo para todos y expropia el capital del trabajador hasta niveles obscenos, pues que al menos asegure un nivel de subsistencia a ese trabajador. Si el 10% más rico de la población española concentra más riqueza que todo el 90% restante, que menos que distribuyan una parte de su riqueza para que ese 90% no piense en tomarla por su cuenta.

Y esta ingenua idea es la que está detrás de la renta básica universal: Rico, reparte un poco de lo que tienes o los que no tienen pueden ir un día a quitarte todo.

Y esa situación de acumulación de capital se va a ir agravando según avancen los procesos de robotización de la industria y de los servicios. En la industria manufacturera el proceso se inició hace décadas y en su extensión hoy llega con fuerza al transporte, la logística y a cualquier proceso que por efecto del desarrollo de la inteligencia artificial se pueda automatizar.

Y por efecto de esta automatización hay millones de personas, que hoy tienen trabajos de baja cualificación, y no sólo ellos, que pueden perder su puesto en breve. Sin que los procesos de formación o reciclaje puedan dar una nueva salida profesional a esta población.

Los defensores de la RBU se conforman con recibir esa caridad antes que preguntarse por qué se generan esas desigualdades escandalosas en la acumulación de riqueza, por qué se acepta que no habrá trabajo para todos y hay que arbitrar un pago que cubra lo imprescindible a los que no van a tener nada.

Y si se preguntan cómo es que existen esas diferencias abismales en el reparto de la riqueza y por qué se han generado parece que han desistido de cambiar la situación, y a lo que aspiran es a minimizar las consecuencias más graves de la miseria con un “salario” de subsistencia. Los defensores de la RBU aceptan que este estado de cosas continuará así antes que enfrentarlo y cambiarlo. La RBU es un bálsamo para aplacar el escozor social.

Los defensores de la RBU aceptan que aunque se desarrollen nuevos servicios para trabajos hoy mal atendidos como la dependencia, el reciclado y ecología, rehabilitación de espacios y entornos, sanitarios, etc., el incremento sin control de la población lleva a que se generen millones de personas sin trabajo ni visos de tenerlo, y a los que la robotización les va a ir haciendo cada día más difícil encontrarlo.

Se abandona la idea del derecho al trabajo como generador de progreso social y personal por el derecho a la subvención como dolce far niente que mantiene a sus perceptores pobres -los ricos se lo montan de otra manera-, en un estado de anomia e individualismo estéril negando la función social del trabajo como creador de unión y solidaridad entre las personas y comunidades.

Se ignora que la RBU es pan para hoy y hambre para mañana, porque el pago por no hacer nada conlleva aceptar varias trampas ideológicas y el reconocimiento de una derrota como es aceptar que la situación actual es inamovible y lo del pleno empleo o cambiar el modelo productivo o la propiedad de los medios de producción algo a olvidar por la izquierda. Cosas del s. XIX.

Y hay un contrasentido evidente en la defensa de la RBU, y es ¿quién consumirá lo que se produce en una industria robotizada si cada vez hay menos obreros y los que quedan ganan lo justo para sobrevivir? O ¿es que se va a incrementar la RBU con el IPC, o por encima, para mantener el poder adquisitivo de los que sólo reciben la RBU, cada vez más numerosos, y los que cobren un salario mínimo + RBU? Es una incongruencia económica notable.

Los Elon Musk, Amancio Ortega, Richard Bransom, Mark Zuckerberg pagando porque les compren sus productos, y pagando más impuestos para mantener la RBU. Absurdo. ¿Quién se cree que eso lo aceptarían sin pedir a cambio eliminar gastos en el Estado?

Bueno, pues esto es lo que se creen los defensores de la RBU -angelitos- Así leemos que “Es lo que hemos venido diciendo desde hace mucho tiempo aunque hay quien no ha querido entenderlo: todo el mundo recibe la RB, pero no todo el mundo gana; los ricos pierden”[6].

Justo en eso están pensando Amancio Ortega y compañía: en perder. Es un mal chiste. El que la experiencia finlandesa[7] en 2017 fuese un fracaso –y ya sé que fue muy limitada, porque no era una RBU tal cual- no parece tener impacto en la creencia de las virtudes de la RBU a escala nacional o mundial.

Pasemos al último punto.

4. ¿Es una medida que contribuye a la Igualdad mujer-hombre?

En principio y sobre el papel sí: lo reciben igual hombres que mujeres. Igualdad absoluta. Pero qué sucede: que se parte de una situación de desigualdad y con la RBU no se cuestiona esa desigualdad. Al igual que sucede con el reparto de la riqueza.

Pues al igual que en una situación en que se instaura la RBU a unos les pilla en la miseria y a otros bien acomodados, a las mujeres, como a los grupos tradicionalmente marginados en el mundo laboral les pillaría y enquistaría en esa situación. Porque lo que la RBU “soluciona” es el nivel de subsistencia, que no desprecio, al contrario, pero no añade ninguna opción de revertirlo.

Porque lo que la RBU muestra es la idílica situación de que quien recibe ese suplemento, aparte de su salario, ya no está sujeto a tener que aceptar unas malas condiciones de trabajo, sino que podrá irse a casa, a dedicarse a sus hobbies y a buscar tranquilamente ese trabajo que le llene o si no lo encuentra a trabajar en una ONG, montar una asociación de amantes de los campanarios románicos o dar la vuelta al mundo.

Y quiénes van a ser quienes tengan esa presión por irse a casa a “vivir mejor” ante una situación de escasez de trabajo y cobrar por no hacer nada: Exacto, las mujeres. A cuidar a los hijos, a dedicarse a sí mismas… En definitiva: a ser felices.

En la RBU se olvida que quienes tiene los trabajos más precarios, temporales, peor retribuidos y se ocupan del cuidado y mantenimiento de la casa son las mujeres,[8] como dijo en su momento Victoria Sau; y eso no cambia porque reciban el suplemento de la RBU, sino que puede agravarlo reforzando los estereotipos sociales.

La RBU no cambia, ni lo pretende, la estructura ideológica asociada al reparto de tareas en base al sexo, ni critica los procesos de socialización hombre-mujer. No es su campo, y como tal no entra a criticar lo que existe, ni a su transformación, sino más bien a mantenerlo dando un refuerzo económico al hecho de permanecer en casa, en el caso de la mujer.

En conclusión, la RBU:

  1. La cuantía es variable, y no hay una cifra acordada fija entre sus partidarios.
  2. Sí resuelve un problema inmediato para quien está en la miseria, si es que su cuantía es el SMI o por encima.
  3. Sí mejora, entonces la situación de angustia -salud mental- inmediata de quien la recibe, a corto plazo.
  4. No cambia la situación de paro estructural que hay ni modifica el sistema que permite la actual acumulación de riqueza.
  5. Acepta que la riqueza se genere como actualmente lo hace; es más, confía en que así siga siendo para que los ricos paguen con mayores impuestos esa RBU. Ingenuos.
  6. No explica qué pasa con los servicios públicos que mantiene el Estado y aseguran la estabilidad y bienestar de la generalidad de la población. Confían en que se mantengan."          (Ricardo Fernández, El Común.es, 10/09/21)

 "La renta básica universal (RBU)

 ¿Qué es la RBU?

Primero vamos a ver algunos conceptos básicos de qué es y qué no es la RBU. Y en la medida de lo posible voy a referirme a la situación en España.

La renta básica universal (RBU) también se la denomina ingreso básico universal (IBU), renta básica incondicional (RBI), ingreso ciudadano (IC), ingreso mínimo (IM)…

La RBU es una asignación mensual que el Estado entrega a cualquier ciudadano sólo por el hecho de vivir en ese país que le permita subsistir y con independencia de su nivel de renta, si está en el paro o no, si busca o no trabajo, quiere o no trabajar y cualquier otra condición.

Así es posible que se trabaje, gane mucho o poco, se abandone voluntariamente el trabajo, te despidan y se reciba este complemento equivalente al SMI, o al criterio que se establezca en cada país.

En algunas propuestas sí hay alguna condición para establecer la cuantía de ese RBU, como la edad: no se le daría lo mismo a un menor de 14 años (18 años en otras formulaciones) que a un adulto.

El pagador es el Estado y lo hace con los presupuestos generales del Estado (PGE), por lo que se nutre vía impuestos para ese fondo de la RBU, donde el presidente de La Caixa pagaría en función de su nivel de ingresos brutos totales y el jornalero de los suyos, o estaría exento.

La RBU no es un subsidio que se reciba condicionado a una situación de pobreza o marginación social, enfermedad, etc. Puedes ser el presidente de Mercadona o un reponedor con contrato temporal y recibirías la misma asignación.

No es “una prestación dirigida a prevenir el riesgo de pobreza y exclusión social de las personas que viven solas o están integradas en una unidad de convivencia y carecen de recursos económicos básicos para cubrir sus necesidades básicas” (Ingreso Mínimo Vital).

https://www.seg-social.es/wps/portal/wss/internet/Trabajadores/PrestacionesPensionesTrabajadores/65850d68-8d06-4645-bde7-05374ee42ac7

Tampoco la RBU es una medida complementaria de las rentas mínimas de inserción (RMI) que algunas CCAA han aprobado en España, ya que las rentas mínimas son maneras  atajar la pobreza extrema y no llegan a todos sus posibles usuarios por complejidades administrativas.

https://es.wikipedia.org/wiki/Renta_m%C3%ADnima_de_inserci%C3%B3n_(Espa%C3%B1a)

¿Quién defiende esta idea de la RBU?

Pues ahora parece que todo el mundo, desde el Foro Económico Mundial (WEF, en inglés) en su cumbre de anual de Davos (2017) al Papa pasando por los partidos políticos de derecha e izquierda, intelectuales de todo tipo y medios de comunicación; si bien con bastantes diferencias en sus formulaciones.

En España se presentó el 15 de enero de 2014 una Iniciativa Legislativa Popular por Unidas-Podemos que no prosperó, porque son necesarias 500.000 firmas para que fuese debatida en el Congreso de los Diputados y sólo recogieron 150.000, aun dando una prórroga para completar el expediente.

http://www.juntaelectoralcentral.es/cs/jec/ilp/legislaturas/Legislatura?idDocNumExp=22&p=1379061558559&sIdLeg=10&template=ILP/JEC_DetalleBD

Anteriormente, en 2013, la Comisión Europea había aprobado una Iniciativa Ciudadana Europea de recogida de firmas para incentivar la idea de la RBU. Se necesitaban un millón de firmas para tramitarla y no pasaron de 290.000 firmas, de las cuales 28.000 eran españolas.

¿Defensa y crítica de la RBU?

Defensa:
1. Es universal y sin criterios de discriminación.
2. Las personas en situación de pobreza “saldrían de ella” de forma permanente y sin necesidad de trámites ni revisiones en el tiempo.
3. Nadie tendría que aceptar un trabajo por un salario miserable, y si lo hace la RBU le compensaría esa miseria.
4. Los empleadores al ver que nadie coge sus ofertas de trabajo con salarios bajos los elevarían.
5. Se trabajaría en lo que realmente gustase y en mejores condiciones.
6. Si no se trabaja en algo remunerado se puede dedicar el tiempo a lo que verdaderamente llena las aspiraciones personales de cada cual sin perder esa RBU.
7. Mejoraría la opción de negociar las condiciones de trabajo al tener asegurada una RBU siempre.
8. Se eliminarían trabajos administrativos del Estado: perseguir el fraude en el cobro del paro, las condiciones insalubres, el cobro en “B”, IVM, RMI, etc, al ser un ingreso que se recibe sólo por el hecho de existir, con el consiguiente ahorro para el Estado.
9. Si quieres ser autónomo pues lo eres y si fracasas no te “arruinas” porque sigues con la RBU a salvo.

Crítica:
1. Se perdería mano de obra, ya que habría un número significativo de gente que se quedase en casa o dedicada a sus aficiones sin más.
2. Ni el esfuerzo personal, ni la formación tendrían el reconocimiento adecuado.
3. Se crearía un masa de dependientes del Estado que haría peligrar las conquistas sociales del movimiento obrero (Sanidad y educación universal, Pensiones, Dependencia…).
4. Los trabajos más penosos serían realizados por los que no tuviesen la ciudadanía del país y por lo tanto no recibirían la RBU.
5. Si se recibe la RBU en cualquier circunstancia, se podría emplear para apartar a las mujeres del mundo laboral. Quedarse en casa al cuidado de hijos estaría remunerado. Vieja aspiración de la derecha.
6. Si la RBU se tiene de por vida, se pueden eliminar mecanismos de protección social ya establecidos siendo al final la RBU un ataque a los servicios públicos, que podrían desaparecer.
7. Como consecuencia de lo anterior, se crearía una oportunidad de negocio privado para atender esos servicios que hoy compiten con lo público, que una vez desaparecidos, no tendrían freno a su actuación.
8. ¿La RBU sería equivalente a un SMI que asegurase la calidad de vida, o una cantidad menor que además no se actualizaría con el IPC?
9. La RBU no lucha contra la pobreza, sino contra las políticas por eliminar el origen de las desigualdades.
10. Consolida la pobreza en su estado actual sin cuestionar porqué se genera.

¿De dónde sale el dinero para pagar la RBU?

Pues hay distintas propuestas. De los presupuestos del Estado vía impuestos, incrementando los existentes como el IVA o al consumo de ciertos productos o una tasa especial sin determinar de qué tipo, impuestos a los robots -como una cotización de un empleado más-, tasas tipo Tobin, por contaminar, etc. El asunto no está nada claro y sin saber de dónde sale el dinero y de quién el resto es un brindis al sol.

¿Es viable este modelo?

Pues depende de cómo y de dónde salga el dinero, y lo que suponga de ajustes en otras partidas del Estado.

Para el caso español, y con datos de 2020 en un SMI de 1.108 € (en 12 meses) y para una población de 47 millones de habitantes el coste de la RBU -ajustado a que los menores de 18 años no recibirían íntegra esa cantidad- estaría entre los 500 a 600 mil millones €/año.

Si el PGE de España para 2021 es de unos 456.000.000.000 millones -contando la ayuda de la UE- hay un desfase de 50 a 150 mil millones. Y esto sólo en pagar la RBU, sin tener en cuenta que hay que pagar educación, sanidad, infraestructuras, defensa, investigación, dependencia, pensiones, paro…

Con estos datos no parece que el modelo de la RBU con un “salario” universal equivalente al SMI -que da lo justo para vivir y poco más- el sistema funcionase. Entonces, ¿dónde está el truco, el que esto se defienda por la derecha y multimillonarios como Elon Musk o la cumbre de Davos lo vean con buenos ojos?

Pues que ni se daría el equivalente al SMI -que ya es de por sí “mínimo”-, y que en partidas que hoy cubre el Estado quedarían anuladas o prácticamente testimoniales, en la línea de lo que defienden las políticas neoliberales: hacer del Estado lo mínimo posible o extinguirlo. Por supuesto las partidas para seguridad de policía y ejército se mantendrían o privatizarían, como ya sucede.

Ahora sí empiezan a salir las cuentas. Si eliminamos de los PGE todas esa partidas tan engorrosas de Pensiones, Paro, Sanidad, Educación, Dependencia, etc, hasta sobraría dinero al Estado, que como ya nos enseñó Marx es la representación política de la clase dominante."                  (Ricardo Fernández, El Común.es, 31/08/21)

9/3/21

Eduardo Garzón: Renta Básica Universal... diseño y riesgos de implementación

 Los peligros de las Rentas Básicas ya los advirtió Karl Polanyi: 
 
 
Garzón: "Resumen: La propuesta de Renta Básica Universal cada vez es más conocida tanto en el terreno académico como fuera de él y eso le ha llevado a recibir cada vez más atención y también más críticas. 
 
Es difícilmente cuestionable que la Renta Básica Universal presenta ventajas muy importantes frente a otro tipo de prestaciones públicas de protección social: su cobertura alcanza a toda la población y la seguridad económica y libertad que brinda a sus beneficiarios permite que nadie se vea obligado a aceptar míseros y precarios trabajos para poder cubrir sus necesidades básicas. Además, todo ello se puede lograr con un coste económico asumible y a través de una aplicación relativamente sencilla y rápida (especialmente en comparación con muchas prestaciones sociales condicionadas).
 
No obstante, la puesta en marcha de una Renta Básica Universal no está exenta de cuestionamientos ni de riesgos importantes a sopesar. Con este trabajo se pretende identificar y analizar algunos de ellos, con el objetivo último de superarlos para perfeccionar una medida que ya de por sí tiene un enorme potencial económico y social.

(...) en este trabajo partimos de la premisa de que la financiación de la RBU es perfectamen te factible y que entregar una renta a todo el mundo, incluyendo a los más adinerados, no supone un problema moral. En todo caso, el problema sería de carácter macroeconómico por las implicaciones que puede tener la inyección de renta a tanta gente en un contexto de relaciones laborales y económicas regidas por la lógica capitalista. Estas repercusiones, que han sido menos atendidas en el debate sobre la implementación de la RBU, son el objeto central del presente trabajo. (...)

La definición es la siguiente: “La renta básica es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. En menos palabras: una renta básica es una asignación monetaria pública incondicional a toda la población” (Red Renta Básica, 2020).

También partiremos de la base de que dicha prestación monetaria se financia a través de una reforma fiscal del Impuesto de la Renta a las Personas Físicas (IRPF) al modo que proponen Jordi Arcarons, Antoni Domènech, Daniel Raventó y Lluís Torrens (Arcarons et al., 2017): un tipo fijo del 49% para todos los contribuyentes, de forma que junto con la renta de aproximadamente 650 euros mensuales 2 en doce pagas el 20% más rico de la población tendría un resultado neto negativo mientras que el restante 80% se vería beneficiado en términos netos.(...)

A partir de estos mimbres conceptua les desarrollamos una crítica a la RBU que girará en torno a tres pilares que se abordarán en tres epígrafes distintos. El primero tiene que ver con la pertinencia de aprobar una RBU como respuesta a la robotización y mecanización de los procesos productivos -que supuestamente estarían reduciendo la necesidad de mano de obra. El segundo está relacionado con la supuesta incondicionalidad de la RBU, pues se argumentará que en función del tipo de implementación que se aplique dicha característica puede quedar en entredicho. 
 
En el tercero se presentan varios riesgos de carácter macroeconómico (pérdida de producción, tensiones inflacionistas, subordinación a los poderes de mercado...) asociados a la implementación de la medida. En el último epígrafe se resumen las conclusiones y se reflexiona sobre una posible forma de mejorar la RBU para reducir muchos de los riesgos presentados a lo largo del trabajo. (,,,)

¿Un futuro sin empleo?

(...) Frente a este hipotético horizonte en el que la fuerza de trabajo no será tan necesaria, suele esgrimirse que la RBU es la mejor política aplicable para asegurar un nivel de vida decente a todas esas personas que serán excluidas del mercado laboral. (...)

Pero ésta es solo una cara de la moneda, la más evidente, pero no podemos olvidarnos de la otra, aunque haya que esforzarse algo más para verla: la tecnología, incluyendo la robotización y mecanización, también permite que se creen nuevos puestos de trabajo.(...)

Es enormeme
nte complicado -por no decir imposible- hacer previsiones fiables sobre el nivel de mano de obra que se requerirá en el futuro.

(...)se suele señalar que la destrucción de empleo originada por la mecanización y robotización es compensada de sobra con la creación de otros puestos de trabajo.(...)

Lo único que sí parece claro hoy en día es que, de momento, elevados niveles de robotización no están reñidos con tasas de desempleo muy reducidas. (...)

Corea del Sur, Singapur, Japón y Alemania son los países con más robots y al mismo tiempo los que disfrutan de tasas de desempleo más reducidas, inferiores al 5% de la población activa. (...)
En definitiva, no es seguro que nos estemos encaminando hacia un horizonte en el que la necesidad de trabajo humano escasee. Y, aunque así fuese, sólo ocurriría en el ámbito del sector privado capitalista, pues al margen de él se podrían generar tantos empleos como fuesen necesarios para atender todas las necesidades de naturaleza social y ecológica que existirán (probablemente más graves que las actuales debido al desafío climático actual).(...)

¿Es la renta básica universal verdaderamente incondicional?


(...) En definitiva, la RBU sólo sería verdaderamente incondicional si se financiase a través de emisión monetaria o de endeudamiento, ya que si lo hiciese a partir de una reforma fiscal que detrajese sobre todo recursos de los más acaudalados, estos dejarían de ser beneficiarios netos de la prestación y, por lo tanto, quedaría violada la incondicionalidad de la medida, provocando que la RBU no se distanciase mucho de una prestación condicionada a la renta.

Riesgos

Tensiones inflacionistas y subvenciones a empresas


(...) Una de las ventajas de la RBU más señaladas por sus proponentes es que supondría un colchón de seguridad económica para estas personas y las liberaría de tener que aceptar dichos empleos. Muchos de estos trabajadores abandonarían sus puestos de trabajo para siempre y se dedicarían a otros menesteres, pero muchos otros se verían con mayor poder de negociación y reclamarían mejoras en las condiciones laborales. Frente a la amenaza de quedarse sin trabajadores, a los empleadores no les quedaría más remedio que ceder a sus exigencias. El resultado final no podría ser más positivo: libertad de decisión a la hora de trabajar en cualquier empleo, mayor poder de negociación, mejoras laborales y fin de los empleos precarios.

El único elemento negativo de todo este asunto sería que los empresarios tendrían menor margen de beneficio; sin duda un coste que merecería la pena asumir. (...)

Para aquellas personas que no ingresan absolutamente nada es evidente que la RBU tendría un efecto enormemente positivo: en vez de recibir 0 euros pasarían a recibir unos 650 euros cada mes. Además, puesto que estas personas no trabajan, no se produce ninguna alteración en el mercado laboral. En consecuencia, una RBU para aquellos que no ingresan nada sólo depara efectos positivos.

Ahora bien, con las personas que reciben un salario o un ingreso por su trabajo no ocurre lo mismo. De momento ignoraremos los ingresos que no se deriven del trabajo (alquileres, dividendos, intereses, etcétera) y nos centraremos únicamente en los que emanan del trabajo (asalariados y autónomos, fundamentalmente). (...)

¿Por cuánto dinero extra estaría la gente dispuesta a seguir en un empleo que te obliga a madrugar mucho, trabajar durante numerosas horas diarias, soportar condiciones adversas, realizar un esfuerzo físico y/o psicológico importante, y que no te depara apenas ninguna satisfacción? Es difícil saberlo, pero no parece descabellado asumir que prácticamente la única forma de compensar ese esfuerzo en la mayoría de los casos sería si se recibiese al menos el doble de esa cantidad: unos 1300 euros mensuales netos aproximadamente (lo cual le supondría al empleador un incremento muy notable en el coste laboral). En este caso es probable que el trabajador aceptase seguir realizando el mismo trabajo que no le agrada. (...)

Ahora bien, ¿todos los empleadores pueden permitirse el lujo de elevar tanto los salarios? Es evidente que no. Algunos sí podrán, especialmente los pertenecientes a grandes empresas con grandes márgenes de beneficio, como por ejemplo las de tele comunicaciones (podrían pagar más a los teleoperadores, por ejemplo ) o las grandes superficies (en el caso de empleadosde bajo rango). Pero no ocurriría lo mismo con empresas y negocios más pequeños y menos rentables (...)

Podemos imaginar que hay autónomos y pequeños empresarios que realizan jornadas maratonianas (y que seguiremos considerando no agradables) en sus negocios para terminar ingresando menos de 1.300euros mensuales. ¿Qué pasaría con todos estos negocios si se implantara una RBU de unos 650 euros al mes? No parece exagerado imaginar que muchísimos autónomos y asalariados dejarían de realizar sus actividades. (...)

Se ofertarían menos bienes y servicios, y se produciría menos renta y riqueza. Una renta y riqueza que, por cierto, es el origen y la base que financia la RBU, ya que dicho flujo monetario es financiado gracias a los impuestos de las rentas de los que sí trabajan. (...)

Pero hay más. Cuando la oferta de bienes y servicios disminuye (por el efecto recién mencionado) y la capacidad adquisitiva de la población aumenta por el efecto de la RBU en las capas de menos recursos, se crean todas las condiciones para que se generen tensiones inflacionistas. Es decir, por la ley de la oferta y la demanda, más dinero -o el mismo- que antes dedica do a comprar menos productos y menos servicios que antes tiende a provocar que los vendedores de esos bienes y servicios se vean tentados a aumentar los precios para aprovecharse de esa nueva situación en la que tienen menos competidores.(...)

Ahora exploremos qué ocurriría con los puestos de trabajo que no son desagradables y que por lo tanto cabría pensar que no serían rechazados por sus ocupantes. (...)

Imaginemos el caso en el que un trabajador o trabajadora, sin intención de abandonar su empleo (ya sea porque está satisfecho/a, o porque le repara perspectiva profesional, o porque no quiere dedicarse a otra cosa, etcétera), tenga un salario de 1.000 euros brutos mensuales. En la actualidad, su ingreso neto sería de 1.000 euros, y tras la puesta en marcha de la RBU (incluyendo el pago del IRPF con el tipo del 49%) su ingreso pasaría a ser de unos 1.100 euros netos. En este caso, el empleador tendría incentivos a pagar menos por salario, ya que aunque le pagase 900 euros en vez de 1.000, el ingreso final del trabajador sería 1050 gracias a la RBU, todavía superior a los 900 que ingresaba antes, de forma que ganaría tanto el empleador como el empleado.

Lo mismo podría ocurrir para alguien que cobrase más dinero, como 1.300 euros brutos mensuales, ya que aunque el empleador redujese el salario a 1.100, el trabajador acabaría recibiendo más de lo que ingresaba sin la aplicación de la RBU.

Es decir, en este tipo de situaciones en las cuales el empleado no tiene interés en abandonar el puesto de trabajo, se corre el riesgo de que los empresarios aprovechen la existencia de la RBU para pagar menos por salarios. El dinero que recibe el trabajador ya no sólo sería pagado por el empresario, sino también por el sector público. La consecuencia que esto tendría es que el Estado estaría subvencionando a estas empresas a través de la RBU. (...)

Las subvenciones públicas a empresas deberían darse de forma diferenciada, atendiendo a las particularidades de cada una, y no de forma descontrolada como ocurriría en estos casos debido a la RBU. En resumen, en este tipo de situaciones no sólo el trabajador no ganaría poder de negociación frente a su empleador, sino que éste acabaría pagando menos en concepto de salarios, aumentando su margen de beneficio por el camino. Es decir, ocurriría precisamente lo contrario de lo que defienden los defensores de la RBU.

(...) las empresas que no pudiesen incrementar de forma suficiente los salarios o bien incrementarían los precios (originando tensiones inflacionistas) o bien desaparecerían, mientras que otras (de las cuales muchas seguramente sí podrían pagar más salarios) serían subvencionadas por el Estado. Perjuicio para algunas -probablemente pequeñas- empresas; ayudas para otras que quizás no las necesitasen ni mereciesen. A lo que habría que sumar el negativo impacto macroeconómico sobre la estructura productiva que tendría la desaparición de muchos negocios: menor producción, efecto recesivo, tensiones inflacionistas, déficit comercial, endeudamiento externo, etcétera.

En efecto, tal y como prevén muchos defensores de la RBU, la implementación de la medida cambiaría notablemente las relaciones de los agentes económicos. Pero lo que se ha querido poner de manifiesto aquí es que esos cambios podrían tener más efectos perniciosos que beneficiosos sobre la estructura empresarial y productiva de la economía al generar importantes desequilibrios económicos. La RBU se ajusta bastante bien para personas que no reciben ingresos pero no tan bien para aquellos trabajadores y trabajadoras que se sitúan en el extremo inferior del mercado laboral al alterar directamente el conflicto capital-trabajo, que es el núcleo de cualquier economía capitalista. (...)

Subordinación a los poderesde mercado

Al ser una prestación de carácter monetario, la RBU sólo puede ser de utilidad a sus beneficiarios a través del mercado capitalista. El Estado entrega una renta a los ciudadanos para que estos compren los bienes y servicios que quieran siempre que hayan sido producidos anteriormente y siempre que estén disponibles en el mercado y a precios asequibles. En consecuencia, la RBU no puede satisfacer las necesidades de los ciudadanos por sí misma, sino que necesita que la economía funcione adecuadamente para que el sector privado produzca todo lo que demande la ciudadanía. (...)

Otra posibilidad está vinculada al intento, por parte de los vendedores de productos, de beneficiarse parcialmente de la mejora adquisitiva de los compradores a través de incremento de los precios. Conscientes de que la ciudadanía tendría más capacidad económica gracias a la RBU, los vendedores podrían verse tentados a incrementar ligeramente el precio de sus productos con el convencimiento de que serían vendidos igualmente, aumentando así su margen de beneficio y reduciendo el potencial de la RBU.(...)

La última posibilidad que aquí apuntaremos es que el sector privado quedase incapacitado para proveer suficientes bienes y servicios, ya fuese por el surgimiento de una pandemia, por una catástrofe natural o bélica, o incluso por que se decidiese a paralizar la producción de bienes y servicios como forma de boicotear la propia medida de la RBU o por cualquier otro motivo. En todos estos casos el Estado perdería su capacidad de garantizar la satisfacción de las necesidades de la ciudadanía únicamente por estar supeditado al funcionamiento del sector privado al haber provisto solamente una renta monetaria. (...)

De hecho, creemos que buena parte de estos riesgos pueden ser mitigados notablemente con la introducción de dos modificaciones sustanciales a la medida.

La primera consistiría en diseñar la RBU para que dejase de ser exclusivamente monetaria y pasara a contemplar una parte en especie (retribución en bienes y servicios). En vez de percibir cada individuo 650 euros para comprar productos en el mercado, el Estado podría garantizar a cada persona determinados bienes y servicios considerados esenciales. 
 
Esto es precisamente lo que ocurre con la educación y sanidad públicas: el Estado no entrega dinero para pagar los servicios de educación y sanidad en el mercado, sino que ofrece la posibilidad de recibir esos servicios en centros sanitarios y educativos sin necesidad de que haya pago de por medio. Lo mismo podría ocurrir con una RBU que garantizase al ciudadano una vivienda, un consumo básico de energía, de transporte, de cuidados, de alimentación, de vestimenta, etcétera.

No habría necesidad de utilizar esos 650 euros para alquilar una vivienda, comprar alimentos, comprar ropa, desplazarse,adquirir servicios de cuidados, etcétera,sino que simplemente por el hecho de ser ciudadano se tendrían garantizadas esas necesidades básicas. De esta forma se resolvería parte de los problemas que habíamos detectado (...)

La segunda modificación consistiría en acompañar la prestación económica con la posibilidad de realizar alguna actividad beneficiosa para la sociedad y el medio ambiente. No necesariamente como condición ineludible para recibir la prestación, sino como opción voluntaria para contribuir al interés general. (...)"

(Eduardo Garzón: RENTA BÁSICA UNIVERSAL: CONSIDERACIONES DE DISEÑO Y RIESGOS EN SU IMPLEMENTACIÓN. Revista Internacional de Pensamiento Político. I Época, Vol. 15, 2020, (91-108); Texto completo: aquí)