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7/10/22

Lidia Undiemi: El manifiesto de la lucha de clases en el siglo XXI... La sociedad corre rápido hacia una inexorable interrupción de la capacidad de los trabajadores para generar ingresos, para ellos y sus familias... la verdad desnuda: la tecnología dejada al uso y consumo del capital ha hecho que los trabajadores sean altamente reemplazables, incluso con trabajadores extranjeros que cobran una décima parte de lo que cobran los trabajadores italianos... casi todos los empleos se caracterizan por esta deriva en la relación entre el trabajo, la tecnología y el capital...

 "Mientras el debate laboral continúa a buen ritmo sobre cuestiones insignificantes, la realidad corre mucho más rápido hacia una inexorable interrupción de la capacidad de los trabajadores para generar ingresos, para ellos y sus familias.

Hasta hace poco, hemos vivido en el mito del empleo "estable" que puede garantizar el bienestar económico, sin demasiadas exigencias.

Ahora estamos en la fase de anquilosamiento, aquella en la que todos, en mayor o menor medida, nos hemos dado cuenta de que el empleo va perdiendo sus dos atributos de "estabilidad" y "bienestar".

Sin entender el porqué, no tiene sentido discutir cuál es la alternativa.

Como explico detalladamente en mi investigación en el libro "La lucha de clases en el siglo XXI", las razones están básicamente relacionadas con la deriva del sistema capitalista globalista, que conduce inevitablemente a conflictos entre superpotencias, cuyas consecuencias podemos empezar a ver ahora con el peligroso aumento del coste de la vida debido a la guerra energética.

 La vuelta al trabajo tecnológico al estilo fordista

Por un lado, la tecnología ha mejorado indudablemente ciertos procesos de trabajo y la calidad de vida en general en muchos aspectos, pero por otro lado está perjudicando gravemente el bienestar de los trabajadores al volver a proponer modelos de organización del trabajo cada vez más parecidos a las cadenas de montaje de los siglos XIX y XX: tiempos de trabajo estandarizados por máquinas "virtuales", resultados cada vez más basados en la mera capacidad de los trabajadores de procesar papeles en el menor tiempo posible sin una aportación significativa de conocimientos, que en cambio se incorporan directamente al software de las máquinas en uso.

Muchos las llaman apps, pero en contextos más técnicos se las denomina más genéricamente software o aplicaciones, que no son más que engranajes de una compleja infraestructura tecnológica a través de la cual es posible procesar de forma estandarizada y altamente controlable los servicios realizados por los empleados, llamados a realizar tareas cada vez más repetitivas, que por tanto suelen requerir menos conocimientos técnicos que en el pasado, que en cambio son "adquiridos" por las máquinas, o mejor dicho por el gran cerebro "virtual", del que el trabajador es el último eslabón de la cadena.

Esta es la verdad desnuda: la tecnología dejada al uso y consumo del capital ha hecho que los trabajadores sean altamente reemplazables, incluso con trabajadores extranjeros que cobran una décima parte de lo que cobran los trabajadores italianos.

 Sin ir más lejos, la intercambiabilidad puede tener lugar incluso sin cruzar las fronteras nacionales, con trabajadores contratados por empresas de externalización que compiten entre sí, lo que puede garantizar una reducción rápida y poco conflictiva de los costes laborales.

En los albores del siglo XXI, se pensaba que esta forma de precarización inducida por la tecnología era un fenómeno limitado a ciertos trabajos considerados marginales, como los realizados en los centros de llamadas.

 De hecho, hoy en día casi todos los empleos se caracterizan por esta deriva en la relación entre el trabajo, la tecnología y el capital.

La consecuencia inevitable de esta involución es que el poder de negociación de los trabajadores disminuye.

"La flexibilidad, traducida en precariedad en nombre de la tecnología y de la renovación del mercado, se ha experimentado efectivamente a gran escala en sectores como el de la atención al cliente, que hoy representa un enorme negocio en todo el mundo. Con la ilusión de que sentarse frente a un monitor en vez de frente a un papel significaría realizar quién sabe qué función, los trabajadores pioneros de esta nueva realidad pronto se dieron cuenta de que era algo parecido a las cadenas de montaje de las grandes industrias que producen bienes materiales. Horarios de trabajo puntuados por sistemas de aplicación, formas de ejecutar el trabajo rígidamente predeterminadas y muy estandarizadas, y así durante toda la jornada laboral y las siguientes. Los trabajadores se convierten en meros ejecutores de una máquina tecnológica que guarda para sí el conocimiento del oficio, y detrás de la cual, por supuesto, se encuentra el equipo directivo que da entrada al sistema".                   (cit. La lucha de clases en el siglo XXI).

 La política ha destruido las normas laborales para satisfacer las exigencias de beneficios de las grandes empresas

No es sólo una cuestión de tecnología y sistemas organizativos, el trabajo ya no es lo que era también porque la política no ha hecho otra cosa que destruir las leyes de protección laboral, que precisamente por la reproposición del trabajo fabril "virtual", podrían haber seguido desempeñando un papel muy eficaz contra las pretensiones del capitalismo global.

El ataque se produjo en dos frentes: el de las normas que consagran los derechos individuales de los trabajadores, como las normas sobre despidos, y el de la negociación colectiva. Las consignas han sido, y siguen siendo, la competitividad y la productividad. Términos utilizados con tanta facilidad (explico sus paradojas en el libro), detrás de los cuales está la arbitrariedad del gran capital al poder reducir los costes laborales a voluntad, con sistemas de control antes inimaginables. Por eso he definido el capitalismo del siglo XXI como la apoteosis del capitalismo del siglo XIX. Marx, después de todo, nos advirtió.

"La importancia del tiempo de trabajo crece en la medida en que la organización productiva, gracias a la tecnología, logra crear sistemas estandarizados de gestión del trabajo controlados en tiempo real por máquinas que transmiten los insumos al gerente de turno encargado de controlar a los trabajadores, amplificando lo que Marx sostenía en la relación entre los empleados y los medios de producción: "Ya no es el trabajador el que utiliza los medios de producción; son los medios de producción los que utilizan al trabajador"".                   (cit. La lucha de clases en el siglo XXI).

El encarecimiento de la energía y el aumento exponencial del coste de la vida son un aviso

Ahora bien, no hace falta que venga el experto a decirnos que el poder adquisitivo de los trabajadores y los pensionistas está a punto de verse gravemente comprometido. Por tanto, lo que debemos preguntarnos ahora es cuánto durará y hasta dónde llegará.

Por desgracia, no es posible hacer predicciones más o menos precisas. Depende de las relaciones con Rusia, de lo bueno que sea el próximo gobierno en el manejo de esta crisis (el de Draghi fue un desastre), del posible compromiso energético con Rusia y otros países proveedores.

 Está claro que cuanto más se prolongue esta situación, mayores serán los perjuicios para los empresarios y los trabajadores.

Aunque ya existen formas de indexación salarial, que en cualquier caso siguen siendo una miseria, actualmente no hay ninguna propuesta sobre la mesa para frenar la diferencia entre el crecimiento de los salarios y la inflación.

Con el coco de la espiral inflacionista de los años 70, la gente probablemente optará por soluciones extemporáneas, como las primas, la paga extra y luego ya veremos, y cosas parecidas a las limosnas, con la esperanza de que la crisis energética se revierta en poco tiempo (desde luego, no la pueden resolver los que la han generado).

En cualquier caso, no habrá una cobertura efectiva de esta brecha, por lo que la pérdida de poder adquisitivo debe considerarse como un hecho cierto, sólo queda cuantificar el daño (esto también es difícil por las razones de incertidumbre antes expuestas), que obviamente no será igual para todos, sino que dependerá del tipo de contrato, del tipo de actividad y de otros factores.

Todo esto debe ser visto como una advertencia, un anticipo de lo que está por venir: la hambruna y la privación de los derechos básicos.

De hecho, parece que alguien ha lanzado la hipótesis de más cierres (léase toques de queda) para permitir el ahorro de energía, como cerrar los locales por la noche a las 23 horas, reducir el alumbrado público, etc.

A estas alturas el sistema se está derrumbando, fuentes autorizadas hablan del fin de la globalización, así que es una pérdida de tiempo preciosa pensar que una vez que esta crisis energética termine (si es que termina) todo volverá a ser como antes. Nada será igual que antes, y cualquier cambio sólo será en sentido negativo. Al racionamiento energético podría seguirle el racionamiento de alimentos (que ya con la subida de precios la gente está empezando a hacer por sí misma), y quién sabe qué más.

 Reaccionar y no esperar

Hemos vivido décadas con el privilegio de la espera, de la ilusión del salvador de la patria. Ahora debemos reaccionar. La crisis laboral está estrechamente vinculada a la expansión incontrolada del capitalismo globalizado. La única manera de evitar lo peor es tomar medidas concretas para contrarrestarlo, primero socialmente y luego políticamente.

La vuelta al conflicto es inevitable.

 EL MANIFIESTO DE LA LUCHA DE CLASES EN EL SIGLO XXI


(extracto del libro La lucha de clases en el siglo XXI)

La lucha. La capacidad de lucha de los hombres, es un patrimonio de la humanidad, siempre ha sido el medio utilizado por los seres humanos para evolucionar, para mejorar. Desgraciadamente, el valor de la lucha se ha desvirtuado y degradado hasta quedar aprisionado en la idea de la violencia, la violencia por sí misma.

    Abandono de la lógica de la post-ideología.El primer paso es el abandono de la post-ideología, es decir, el vacío ideológico debido al abandono de las ideologías, que es la savia del engaño de la paz social: como ya no hay conflicto entre el capital y el trabajo, ya no hay necesidad de ideas, de post-ideología precisamente.

    Se ha olvidado, pero todo el orden democrático y constitucional, en Italia y en muchas partes del mundo, se ha construido sobre el valor de la conflictividad como elemento clave para garantizar el equilibrio entre los más fuertes y los más débiles. El reconocimiento del derecho de huelga en los sistemas constitucionales es la máxima expresión de ello.

III. Superar la idea falsa de un estado mínimo pro-capitalista y un estado de bienestar neoliberal. A menudo se piensa erróneamente que el capital quiere eliminar los derechos sociales, de cualquier orden y naturaleza, en verdad necesita un estado de bienestar mínimo para poder mantener un equilibrio sostenible y evitar la rebelión de las masas. Así que debemos aspirar a un verdadero estado de bienestar que no sea para el uso y consumo del capital.

 1 - La conciencia política de la existencia de un orden jurídico de mercado es una de las mayores ilusiones de los últimos tiempos tras las que se ha atrincherado la política. No existe un orden natural de mercado, las reglas económicas son las establecidas por el hombre a través de las leyes, es por tanto mediante la elección de éstas que se crea una economía, una crisis o un crecimiento.La responsabilidad por tanto es siempre de la política.

2 - Reorganización de la comunidad internacional en clave antineoliberal y respetuosa con la soberanía y la democracia interna de los estados. Los estados deben revolucionar las relaciones con las organizaciones internacionales, no es posible, no es democrático que hoy sean las organizaciones económicas internacionales las que decidan las reformas, las que sometan a poblaciones enteras a las lógicas del poder económico y financiero.

 3 - Redefinir la relación entre la política y los interlocutores sociales y cuestionar el interés superior. A pesar de ser históricamente la idea que subyace a los regímenes totalitarios, el interés superior de la nación o de Europa -a veces una crisis económica, a veces una emergencia sanitaria- sigue siendo la clave ideológica para silenciar la disidencia, para reprimir la protesta. Hay que preocuparse cuando la política desata el interés superior, hoy como en el pasado, el mismo método.

VII. Otro cambio de paradigma debe referirse a la forma en que se redistribuye la riqueza. El tan discutido método de la riqueza patrimonial, que actúa aguas abajo del sistema de producción, y en el que el pueblo no tiene ningún control porque requiere el filtro de la política, que le quita acciones que en todo caso son marginales al gran capital, con la promesa de redistribuirlas a las masas, es ineficaz y dispersivo. En cambio, habría que reconsiderar la idea de una redistribución ascendente, a través de un aumento del poder de negociación y económico de los trabajadores, para que el aumento de los salarios vaya inmediatamente a los trabajadores, lo que tendría entonces también una eficacia redistributiva mayor y más generalizada.

VIII. Reorganización interna del sindicato y su reposicionamiento ideológico.En esta revolución de las ideas, el sindicato es, o debería ser, el sujeto colectivo más importante, que debe necesariamente abandonar la inclinación a aceptar el interés superior para reabrir la temporada de la conflictividad.

1 - Relanzamiento y refuerzo de la no-derogación de la negociación colectiva a nivel nacional.Uno de los elementos clave a través de los cuales se ha debilitado el poder de los trabajadores ha sido la ampliación de los poderes de las empresas para decidir a nivel local y de cada empresa una reducción de los derechos de los trabajadores en sentido peyorativo.

2 - Contrarrestar la arbitrariedad del criterio de productividad en la fijación de los salarios.En concreto, la idea del interés superior de la nación o de Europa ha asumido el interés superior de la productividad de las empresas a la posibilidad de reducir los salarios, un juego demasiado fácil para el capital ya que dispone de tantas formas de desvincularlo artificialmente de los salarios.

3 - El reconocimiento del grupo empresarial como único ente empresarial con el que se puede negociar las condiciones de trabajo. Hay que oponerse al método de desarrollo de las multinacionales, mediante el cual logran tomar todo y dar sólo lo que creen conveniente. En este sentido, la subcontratación es una de las principales estrategias utilizadas por las grandes corporaciones y multinacionales para reducir los salarios, lo que hoy representa tal vez la mayor máquina de desigualdad social en el mundo.

XII. El lado oscuro de la tecnología ha llegado a considerar posible que los trabajadores que dependen absolutamente de las grandes empresas puedan ser considerados como autónomos, lo que supone una ganancia para el capital, ya que un trabajador autónomo cuesta menos que un empleado.

XIII. Reorganización interna de los partidos coherente con la vuelta al reconocimiento de la conflictividad. Los partidos, especialmente los de izquierda, deben cerrar la temporada de la paz social para devolver la dignidad política a la conflictividad que nos llevó a la era de los derechos.

XIV. Cuestionar la globalización y el capitalismo moderno en su forma actual mediante investigaciones específicas sobre el terreno. En contra de la creencia popular, la globalización puede ser un proceso reversible, pero se necesitan ideas para aplicarla.

1 - Para cuestionar la globalización para el uso y consumo del capital, hay que admitir que la tecnología se ha convertido en un instrumento de explotación laboral que está haciendo retroceder las manos de la historia.

XVI. Reconocimiento del papel del poder judicial en la investigación del capitalismo actual.El poder judicial en Italia y en todo el mundo está desempeñando un papel muy importante para desvelar las estrategias del capital.

XVII. Otras propuestas para regular la globalización, incluyendo así la expansión de las multinacionales, dentro de los límites democráticos y constitucionales. Las ideas, investigaciones y estudios realizados en este campo deben concretarse en leyes y normas para situar a las multinacionales dentro de los rangos constitucionales y democráticos. Propongo una nueva teoría económica sobre la expansión de las multinacionales, para regular un fenómeno que genera desigualdad. (...)
          (Lidia Undiemi, L'Antidiplomatico, 29/08/22)

7/10/14

Lo que realmente se está dibujando en Europa es una fortísima segmentación de los trabajadores... los de bajísimo consumo, los de medio consumo y los de alto consumo

"(...) Pero al mismo tiempo ocurre un fenómeno que trabajar ya no está visto como algo normal. Me refiero a que... ya no es tan normal que la gente se levante por la mañana para ir al trabajo.
Yo diría que lo normal sigue siendo eso, pero también es cierto que los jóvenes se han acostumbrado a que no haya trabajo. Somos el país europeo que tiene la tasa de desempleo juvenil más alta junto con Grecia. 

En la mentalidad de mucha gente esto que tú dices podría ser verdad pero si tomamos el conjunto de la población y tenemos en cuenta los deseos de aquellos que no trabajan considero que lo normal sigue siendo que la gente piense que si quiere vivir razonablemente bien tiene que trabajar.
Claro pero aunque la gente que quiere vivir razonablemente resulta ahora que los sueldos ya no son los mismos. En consecuencia  al tiempo que se engrosa una nueva clase trabajadora de servicios crece  la sociedad fast food…Ya no se están encontrando otras posibilidades de trabajo ¿Usted qué opina?
Uno no puede analizar lo que ocurre en España sin tener en cuenta lo que pasa en el mundo. Yo creo que la crisis ha sido la manifestación del gran cambio que ha tenido lugar en los últimos 30 años, que ya había empezado en los años 80. 

Ahora la estructura productiva se ha hecho mundial de manera que una empresa puede producir aquí, en China o en Marruecos o puede no producir en ningún sitio y comprar en China en Marruecos, en Turquía o Brasil y ponerle la etiqueta de Zara o de quien sea y vender en Europa. 

Esta globalización de la producción ha provocado una presión fortísima sobre los salarios y las condiciones de trabajo. De manera que es muy probable que de los 5,5 mil millones de humanos que puedan trabajar a lo mejor 2 mil millones cobren buenos salarios y gocen de un poder adquisitivo normal a diferencia de los otros 3,5 mil millones que tendrán poco poder adquisitivo y unas condiciones de trabajo muy malas.
¿Y entonces qué podría pasar?
Pues que en vez de trabajar 40 horas tendrán que trabajar 50 en vez de comer mejor comerán peor; viajarán menos...
Hasta asimilarlo poco a poco...
Yo no digo que se vaya asimilando...hay movimientos sociales que a lo mejor logran darle la vuelta a esta situación, pero ocurre que en el sistema capitalista moderno ha habido otro cambio cultural importantísimo que es conseguir que el individuo se preocupe solo de sí mismo y de sus amigos y familiares.

 ¿Dónde están los grandes sindicatos de hace 50 años que tenían la capacidad de movilizar? Han perdido capacidad de movilizar a los trabajadores de sus países y, a diferencia del capitalismo no han sido capaces de internacionalizarse. A finales del siglo XIX Marx tenía clarísimo que la clase obrera o sería internacional o no sería nada.
¿Y esta nueva clase de trabajadores?
Yo creo que esta nueva clase de trabajadores españoles, no se sienten cercanos a los trabajadores alemanes y menos a los chinos... ¡Pero es lo que nos han hecho creer!
Encima sin representación sindical...
Pero es que los sindicatos tenían que haber  encontrar fórmulas que permitiesen enfrentarse a la nueva situación. Cuando me parece intuir que los sindicatos catalanes creen que con la independencia van a lograr un nuevo contrato social en Cataluña que les permitirá ser más potentes y por tanto garantizar mejor el trabajo y el bienestar de los trabajadores... ¡podrían equivocarse mucho!
¿Por qué?
Porque las dinámicas económicas fundamentales ya no son catalanas y españolas sino europeas y mundiales; por tanto las estrategias tendrían que ir a buscar plataformas europeas...

Cuando empezó la Unión Europea y sobre todo cuando dio un gran salto en los ochenta y los noventa y tuvo un gran crecimiento porque se integraron muchos países, muchísima gente pensaba que los nuevos países entraban en un camino que les llevaría a unos niveles de bienestar como tenían los países del núcleo de la vieja Europa: Alemania, Holanda, países escandinavos...¿qué ha pasado desde entonces?... no hemos dado pasos de unificación política, sólo hemos dado pasos de unificación de mercado.
Hace unas semanas en Estados Unidos trabajadores de Mac Donald ́s salieron a protestar para que les duplicaran el sueldo... antes un trabajador de una empresa así... donde carecen de sindicato, no protestaba.
Los conflictos locales se pueden manifestar a través de distintas formas, aquí por ejemplo con movimientos anticorrupción como Podemos o Guanyem, pero si estos movimientos no da un salto para hacerse más amplios y hacerse europeo quedarán ahogados. Las protestas y los cambios quedarán localizados, porque el gobierno español dice que tenemos que sujetarnos al dictado de la comisión europea y del BCE.  (...)

Ya vivimos en una sociedad del no consumo...
Sí pero no tan descaradamente porque todavía, si tomamos nuestro país, hay un 20% de personas a las que la crisis no ha afectado para nada, luego hay un 40% de personas que consumen lo que consumían antes pero con ciertas restricciones y un 40% que ha rebajado su consumo radicalmente. 

El consumo no puede bajar demasiado porque entonces pone en riesgo el crecimiento y los beneficios del sistema pero, por otro lado, si los salarios son muy altos las empresas no pueden competir con la producción de China, India, Indonesia o Brasil, ambas cosas son verdad... por lo tanto hay que buscar un equilibro que se quiere que recaiga sobre los trabajadores: que trabajen más horas, con más intensidad, menos protestas y más individualmente...
¿Y en caso de que los salarios aquí se siguieran reduciendo?
Las empresas de aquí perderían una gran capacidad de hacer beneficios porque somos un mercado acostumbrado a gastar mucho, por tanto es verdad que la estrategia de las empresas hoy es bajar los salarios de ciertos sectores pero evidentemente no bajarlos tanto como para poner en riesgo eso y he hablado de ciertos sectores porque yo creo que lo que realmente se está dibujando en Europa y dentro de poco en todo el mundo es una fortísima segmentación o  estratificación de los trabajadores, es decir los de bajísimo consumo, los de medio consumo y los de alto consumo.

 En China los salarios son muy bajos, ciertamente pero de los mil millones de chinos todo mundo sabe que hay 300 millones que tienen un poder adquisitivo importante y 100 millones que lo tienen altísimo.
Esto no tiene pinta que vaya a cambiar entonces por mucho que se salga a la calle a protestar...
Por lógica quienes están mal deberían aliarse con quienes están mal, de este y de otros países. Los cambios siempre han venido de los que están mal y no pueden ni quieren aguantar esa situación. Las cosas solo podrán cambiar con lucha y unión internacional.
¿Y quiénes están mal realmente ahora?
Los desempleados, los que tienen malos empleos, dentro de poco los jubilados, porque las pensiones irán a la baja porque si miras las estadísticas te das cuenta que de 50 años para arriba hay una tasa de desempleo muy elevada; esos trabajadores difícilmente volverán a  trabajar, por tanto aunque tengan algún tipo de subsidio (muchos de ellos con la nueva legislación del PP del año pasado ya no lo tienen), la cotización es tan baja que estás personas se van a presentar en la jubilación con diez años de cotización bajísima y por tanto sus pensiones serán ínfimas. 

Nosotros hasta ahora hemos tenido un proceso por el cual las pensiones medias han ido subiendo...en los últimos diez años antes de la crisis a lo mejor han subido de 600 a 800 euros en España. Lo normal es pensar que dentro de muy poco empiecen a bajar las pensiones. Ahí hay otro colectivo que deberá empezar a luchar seriamente por sus derechos. (...)"            (Entrevista a Faustino Miguélez Lobo, Rambla)

11/2/13

Las causas mayores del crecimiento de las desigualdades tanto dentro de cada país como a nivel mundial son políticas (es decir, relacionadas con las relaciones de poder) más que económicas

"Que las desigualdades en la mayoría de países de la OCDE (el club de países más ricos del mundo) han ido creciendo hasta alcanzar niveles no conocidos desde principios del siglo XX es una realidad que ya casi nadie cuestiona. (...)

Las explicaciones más frecuentes que se dan a este crecimiento de las desigualdades son predominantemente dos. Una es la introducción de nuevas tecnologías que eliminan muchísimos puestos de trabajo en los países más desarrollados económicamente, eliminación que se centra primordialmente en los puestos de trabajo de escasa cualificación. 

De ahí que, según tal argumento, haya un elevado desempleo en tales países en los sectores de trabajadores poco cualificados.  (...)

Tal argumento, sin embargo, explica muy poco el crecimiento de las desigualdades, pues la automatización de los puestos de trabajo de baja cualificación no es un fenómeno nuevo. Antes al contrario, la automatización ha existido desde el principio del trabajo asalariado, habiendo sido una constante en el diseño del trabajo. 

No parecería ser, pues, que tal automatización pudiera ser una causa mayor de la destrucción de los puestos de trabajo y de la extensión del desempleo.

 Es más, tal automatización está afectando también a puestos de trabajo de elevada tecnología y cualificación. Hoy, un técnico especialista en lecturas de radiografías, por ejemplo, sustituye en muchos hospitales a radiólogos con doctorados.  

En realidad, no hay evidencia de que las nuevas tecnologías estén afectando más a los trabajadores con menos cualificaciones que los que tengan más cualificaciones. Es más, según las estadísticas de empleo del gobierno federal de EEUU, los puestos de trabajo que están creciendo más son los primeros, los de baja cualificación, mucho más que los de elevada cualificación.

 No parece, pues, convincente que los cambios tecnológicos sean una causa de este enorme crecimiento de las desigualdades.
 
La segunda explicación más común que se da para explicar tal crecimiento es la globalización económica. Constantemente se hace referencia a los puestos de trabajo que se están yendo, por ejemplo, a la China, puestos de trabajo que por regla general son de escasa cualificación. Hay un elemento de verdad en este argumento.

 Pero sólo un elemento de verdad pues este argumento ignora que esta exportación de puestos de trabajo se centra primordialmente en puestos de trabajo de baja cualificación y ello a pesar de que en los países donde tales puestos de trabajo se instalan, también tienen muchos profesionales de elevada cualificación que harían gustosamente (y con menor salario) los trabajos de alta cualificación que existen en los países donde se exportan primordialmente trabajos no cualificados.

 El hecho de que sean estos últimos y no los primeros los que se exportan se debe, como bien dice Dean Baker (del Center for Economic and Policy Research de EEUU), que los profesionales de elevada cualificación tienen mucho más poder en los países que exportan puestos de trabajo que los trabajadores no cualificados. 

Tales profesionales, a través de sus organizaciones profesionales, son capaces de influenciar al Estado para que desarrolle políticas proteccionistas que no permitan tal competitividad con los profesionales extranjeros. Se me dirá, con razón, que tales puestos de trabajo cualificados también se están exportando. Pero está ocurriendo con menor frecuencia que entre los no cualificados.

Este hecho muestra como las causas mayores del crecimiento de las desigualdades tanto dentro de cada país como a nivel mundial son políticas (es decir, relacionadas con las relaciones de poder) más que económicas. (...)

El enorme crecimiento de las desigualdades es un indicador de la enorme influencia del capital financiero y empresarial sobre los aparatos del Estado a costa de la influencia del mundo del trabajo, que ha ido perdiendo su influencia sobre aquellos aparatos.

 La incorporación y desarrollo de la ideología neoliberal dentro de las políticas públicas de los partidos gobernantes, incluidas las izquierdas mayoritarias, es una consecuencia de este diferencial de influencias que tienen las distintas clases sociales sobre el Estado. 

En otras palabras, es la victoria del capital sobre el trabajo la que ha llevado a una enorme concentración de las rentas y de la propiedad, transformando la lucha de clases tradicional en otro conflicto que es mucho más amplio que el existente entre la burguesía por un lado y la clase obrera por el otro. 

A este último conflicto (que continúa existiendo) hay que añadirle el conflicto de una minoría de la población en contra de la gran mayoría. De ahí que la solución a este enorme crecimiento de las desigualdades sea la democratización de los aparatos del Estado convirtiéndolos en una institución al servicio de la mayoría, en lugar de al servicio a la minoría, como está ocurriendo ahora.

 La evidencia científica que apoya tal explicación del crecimiento de las desigualdades es abrumadora.  (...)

No podrá desarrollarse la ya escasamente desarrollada democracia en España a no ser que se rompa este lazo del mundo financiero y empresarial con el Estado. Cuando Endesa, por ejemplo, invita a una ex Ministra de Economía del PSOE a integrarse en su equipo de dirección, no lo hace por su conocimiento del sector energético, sino porque es una fuente de conocimiento y contactos en las estructuras del Estado que beneficia a tal empresa, una empresa cuyo servicio a la sociedad es muy cuestionable y poco ético, comportamiento facilitado por una excesiva influencia sobre el Estado.

 El número de dirigentes del PSOE que hoy ocupan puestos en las grandes empresas del país es enorme. Esta relación entre mundo financiero y mundo empresarial con los partidos conservadores y liberales ha sido la característica que ha definido a tales partidos de derechas. Lo que es preocupante es que esta relación se está produciendo también en los partidos

 mayoritarios de izquierda. Ahí está el origen del crecimiento de las desigualdades. Éstas son consecuencias de este maridaje de poder económico y político.  (...)

Las enormes desigualdades en España (España es el país que, después de Letonia, tiene mayores desigualdades en la UE) están basadas en la excesiva influencia de la banca y la gran patronal sobre el estado, realidad que es percibida por la ciudadanía correctamente. 

Según la Encuesta de Tendencias Sociales, los bancos y la CEOE son percibidos como los sectores que tienen más poder en España por la mayoría de la población española. La expresión de su abusivo poder sobre el Estado es la mayor causa de la pérdida de legitimidad de la democracia. 

Y es esta influenza que ha ya alcanzado unos niveles sin precedentes en el periodo democrático y que explica que, a pesar de que el porcentaje de la población activa ha ido aumentando, las rentas del trabajo como porcentaje de la Rentas Nacional haya disminuido siendo hoy, un porcentaje menor que las rentas del capital, es decir, que los beneficios empresariales, situación que se ha acentuado todavía más en estos años de crisis (desde 2007), en el que el porcentaje de la población con empleo ha disminuido."      

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 14 de enero de 2013, en www.vnavarro.org, 14/01/2013)

27/5/11

El patrón de acumulación (de consumo masivo y uniformidad de producto) ha quedado reemplazado por uno nuevo (de consumo y producción más flexible)

"Lo importante es reconocer que el patrón de acumulación precedente (de consumo masivo y uniformidad de producto) ha quedado reemplazado por un nuevo esquema (de consumo más flexible y producción más variada).

Desde la irrupción del neoliberalismo en 1978-80, este modelo se asienta en el incremento del desempleo, la feminización del trabajo, la polarización de las calificaciones, la segmentación del mercado laboral y el uso de las nuevas tecnologías.
Algunos enfoques reconocen la magnitud de transformaciones en curso en ciertos campos, como la disminución del campesinado o la penetración del capital en numerosos ámbitos de la vida social. Pero cuestionan la existencia de rupturas significativas en el campo económico, tecnológico o cultural [17] .
Pero la universalización geográfica y sectorial del capitalismo que ha llevado a cabo el neoliberalismo, no se restringe a una u otra esfera. Ha impactado sobre el conjunto del sistema, produciendo un giro comparable al observado a fin del siglo XIX y a mediados del siglo XX.
Este viraje se verifica también en los desequilibrios específicos que actualmente presenta el sistema. Las crisis del neoliberalismo difieren significativamente de las convulsiones que afloraron en los años 60 o 70.
Son contradicciones resultantes de nuevos problemas y no arrastres del pasado. Las tensiones que generaba el modelo keynesiano fueron clausuradas por el ascenso neoliberal, que inauguró otro tipo de desajustes.
La hipertrofia financiera actual obedece a mecanismos de titularización, derivados y apalancamientos, gestados al cabo de dos décadas de internacionalización de las finanzas, desregulación bancaria y gestión bursátil de las grandes firmas.
La sobreproducción de mercancías presenta un inédito alcance global, resultante de la competencia por abaratar costos, localizando plantas en países con bajos salarios y alta explotación de la fuerza de trabajo.
Las desproporcionalidades mundiales -que han creado los desbalances comerciales y el endeudamiento- se desenvuelven por carriles impensables hace cuatro décadas.
El neoliberalismo cambió el escenario económico. Redujo los ingresos salariales, pero expandió el consumismo, la riqueza patrimonial y el endeudamiento familiar.
Recompuso la tasa de ganancia acentuando la explotación y desvalorizando parcialmente los capitales obsoletos. Pero afectó potencialmente el nivel de rentabilidad, con aumentos de la productividad basados en tecnologías capital-intensivas que expanden el desempleo .
El nuevo modelo genera el tipo de crisis que salieron a flote durante la burbuja japonesa (1993), la caída del Sudeste Asiático (1997), el desplome de Rusia (1998), el desmoronamiento de las Punto.Com (2000) y el descalabro de Argentina (2001).
La eclosión financiera del 2008-09 constituye la manifestación más aguda de estos estallidos y abrió una posibilidad de ocaso del neoliberalismo, que hasta ahora no se ha verificado.(...)
También el rasgo geopolítico que más distinguió al imperialismo de posguerra de su antecesor clásico se ha reforzado en las últimas dos décadas. La ausencia de conflictos bélicos directos entre las principales potencias ha persistido sin modificaciones bajo el neoliberalismo.
El acompañamiento de Europa y Japón a las principales agresiones del Pentágono se ha mantenido como un dato clave del escenario internacional. (...)
El nuevo polo de acumulación asiática y la ausencia de subordinación militar a Estados Unidos por parte de Rusia y China (en contraposición a las restantes clases dominantes del planeta), constituyen dos novedades importantes, en comparación al imperialismo de posguerra. (...)

La mundialización financiera reduce drásticamente la capacidad que detentaban los estados, para afrontar de manera autónoma esos vendavales. Los dispositivos de contención que se utilizaban con instrumentos cambiarios o monetarios o bancarios han quedado seriamente afectados.

La misma interacción se verifica en el plano comercial. El grado de apertura de todas las economías se amplió significativamente, a través de un ritmo ascendente de las transacciones, que supera el nivel de actividad productiva. (...)

Por otra parte, el avance de la internacionalización productiva reestructura la división del trabajo y acrecienta la presencia de las empresas transnacionales en el comercio mundial.

Pero esta ampliación potencia también la velocidad de transmisión de los desequilibrios mundiales, especialmente en los cuellos de botella de la inversión y en los trastornos para asegurar la provisión de insumos estratégicos.

El imperialismo del siglo XXI está afectado por todos los desequilibrios de la etapa neoliberal. " (Claudio Katz: El imperialismo contemporáneo. Rebelión 27/05/2011)

15/1/10

¿Quién cuida a los hijos de los emigrantes que nos cuidan?

"¿Qué se esconde en realidad detrás de la etiqueta de inmigrantes ilegales? (...)

La ilegalidad provoca que estos ciudadanos nómadas sean objeto de chantaje y de explotación. No tienen ningún tipo de derecho, pero sus actividades y prestaciones son funcionalmente indispensables, por supuesto para la propia supervivencia y la de sus familiares que viven al otro lado de la frontera, pero también, ante todo, para la supervivencia de las sociedades del bienestar occidentales y de los países emergentes. Podemos y tenemos que indignarnos moralmente ante la situación desesperada de unas personas que lo único que quieren es hacer bien su trabajo para alimentar a sus familias y que, la mayoría de las veces, están obligados a vivir de manera hiperconformista en los países de Europa, porque a menudo han tenido que pasar desapercibidos durante décadas.

Pero esto no es lo más grave. Lo más grave de todo es que la arrogante humanidad de Occidente lleva en sí la ausencia de humanidad en el trato a los ilegales. Los ilegales son simplemente "necesarios para el sistema", como la gran banca o los tribunales que los condenan. Nos engañamos a nosotros mismos con la categoría de ilegales: no podemos olvidar que la criminalización de estas personas oculta el hecho de que no podemos renunciar a sus prestaciones funcionales.

El Gobierno de Berlusconi ha coronado la criminalización de los ilegales amenazando con multar a aquél o a aquellos que sepan de la existencia de inmigrantes ilegales si éstos no los denuncian a las autoridades. Hannah Arendt habló de los "apátridas", que adoptan el estatuto de los "proscritos" medievales en el mundo moderno.

Pero lo que ella no pudo prever es que el capitalismo moderno y la jerarquía global de la división del trabajo entre países ricos y pobres iba a restaurar un "mercado de trabajo de los desterrados" (la ilegalidad como explotación), incluso dentro de los Estados de derecho occidentales, y a institucionalizar este mercado por encima de las fronteras nacionales.

Ésta es una categoría de política interior mundial que rige tanto en el macrocosmos como en el microcosmos, es decir, en las familias o en los espacios de la felicidad íntima y de las promesas de igualdad. El compromiso de emancipación en los matrimonios con dos salarios que aspiran a la igualdad se sostiene implícitamente gracias a esta ilegalidad organizada: en el trabajo silencioso de sans-papiers, undocumented workers, clandestini e inmigrantes ilegales de las regiones pobres del mundo. También podríamos llamarlos "fuerzas pacificadoras" en la lucha de géneros.

¿Y quién cuida en sus países pobres de origen a los hijos, ancianos y enfermos de esas madres que hacen posible la tregua en la lucha de los géneros ("paz" sería demasiado decir) al ejercer de desterradas en nuestras sociedades? ("ULRICH BECK: ¿Qué hay detrás de los 'sin papeles'?. el País, opinión, 04/01/2010, p. 23)