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9/2/22

La humanidad primero conquistó la “ciudadanía civil” con las revoluciones americana y francesa en el siglo XVIII (libertad de expresión, derechos del hombre y del ciudadano). En el siglo siguiente se logró la “ciudadanía política” que reguló la participación ciudadana en el ejercicio del poder político... en el siglo XX, con la aparición del Estado de bienestar, se desarrolló la “ciudadanía social y económica”... frente a estos tres grandes avances aparecieron otras tantas tesis reaccionarias. Son las tesis de la perversidad, la inutilidad y la peligrosidad

 "Siguiendo al sociólogo T. H. Marshall, la humanidad primero conquistó la “ciudadanía civil” con las revoluciones americana y francesa en el siglo XVIII (libertad de expresión, derechos del hombre y del ciudadano).

 En el siglo siguiente se logró la “ciudadanía política” que reguló la participación ciudadana en el ejercicio del poder político, extendiendo el derecho de voto a grupos cada vez más amplios. En el siglo XX, con la aparición del Estado de bienestar, se desarrolló la “ciudadanía social y económica” que suponía el reconocimiento de los derechos sociales como la educación, la salud, el bienestar económico y la vivienda, básicos para la vida de un ser civilizado.

En base a este esquema, el economista Albert O. Hirschman expuso en una relevante conferencia Doscientos años de retórica reaccionaria: la tesis de la inutilidad, recogida en Vivir como iguales (1996), las duras respuestas a estas tres oleadas progresistas. Explicó cómo frente a estos tres grandes avances aparecieron otras tantas tesis reaccionarias, que desmenuza y ridiculiza con sutileza. 

Son las tesis de la perversidad, la inutilidad y la peligrosidad. 

La primera sostenía que las políticas públicas tenían un efecto contraproducente porque los programas de bienestar social crearían más y no menos pobreza. 

La tesis de la inutilidad afirmaba que todo intento de cambiar algo sería superficial y, por lo tanto, ilusorio “en la medida que las estructuras profundas de la sociedad permanecen completamente intocadas”. 

La tesis del peligro aseguraba que la ampliación de derechos que suponía el Estado de bienestar pondría en peligro las conquistas previas en libertad individual. (...)"             (Andreu Missé, El País, 07/02/22)

3/3/21

Más allá de los personajes de esta historia reciente, lo relevante es el modo en que subraya los errores políticos de la izquierda española y sus afinidades calvinistas. En esa tradición, los activistas buscan traidores y blanqueadores, como Daniel Bernabé, y los atacan personalmente. La izquierda activista ha regresado a los espacios minoritarios... enredados en discusiones que solo entienden ellos, acerca de la ley trans, el feminismo y el movimiento LGTBI

 "Es una historia menor, pero relevante, ya que es el reflejo de una generación y nos dice mucho sobre la evolución de la política. Es poco conocida para el público mayoritario, porque ha tenido lugar en ámbitos restringidos, pero ilustra la marea de fondo que atraviesa nuestra sociedad. Al fin y al cabo, como asegura Simmel, en los grupos de resistencia suelen reproducirse las formas y las estructuras de los grupos dominantes, y este caso no ha sido una excepción.

Es también la historia de un grupo de personas, unidas por sus ideas y por una edad similar, que creyeron firmemente que iban a heredar España, que en poco tiempo estarían ocupando cargos o generando una corriente intelectual insoslayable. Se situaron en la órbita de Podemos, al calor del 15-M, y traían nuevas formas de comunicación e ideas que abogaban por una gran transformación. 

Habían estado tiempo ocupando espacios de escasa visibilidad, y la irrupción de Iglesias les puso en el centro de los debates. No son la única generación de la última década que ha visto frustradas sus aspiraciones, y quizá González Férriz nos cuente pronto algo al respecto, pero forman parte de la que fue más notoria durante un tiempo.

Muchos de ellos son personas que se acercaron a la política, que creyeron que podrían revolucionarla y que se vieron expulsadas por la crudeza de la política misma. La mayor parte entraron, salieron y se olvidaron de la participación pública; otros ya solo operan en lo interno, porque han conseguido un cargo, y otra parte regresó al ámbito del que provenía, el activismo, con las redes y algunos medios de comunicación como lugar principal de difusión de sus ideas.

Sin embargo, es una historia interesante más allá de sus protagonistas, porque señala una dinámica, una forma de actuar, una marejada de fondo que sigue plenamente operativa. El caso de Daniel Bernabé refleja todo esto de una manera precisa.

1. El éxito y un mal movimiento

Bernabé es un escritor y periodista que estaba situado ideológicamente cerca de IU, que escribía en ‘La Marea’ y que había publicado un par de libros de narrativa. Era muy activo en redes, y para 2017 contaba con un gran número de seguidores. No estaba en la órbita de la nueva intelectualidad que había despuntado con Podemos, ya que le miraban con cierto desdén, el reservado a quien es considerado poco sofisticado, alguien de ideas anticuadas. Pero era hábil con la palabra y sabía tocar puntos clave, lo que le generó cierta popularidad en su sector. 

Un avispado editor de Akal, tras observar las discusiones que mantenía en Twitter, le ofreció escribir un texto sobre los debates entre la izquierda y la identidad. En la primavera de 2018 aparece ‘La trampa de la diversidad’. Como se trataba de un tema entonces polémico, el libro gozó de una acogida importante, con posiciones encontradas y muchos partidarios y detractores.

Un movimiento muy mal calculado por parte de Alberto Garzón contribuyó a que el libro lograse su despegue definitivo. El coordinador de IU publicó una extensa crítica del texto, realizada en términos cordiales, pero oponiéndose a las tesis de fondo. Es bastante probable que Garzón entrase en ese debate porque políticamente le interesaba. En un instante en que deseaba que su partido abrazase las tesis feministas, ecologistas e identitarias, el ensayo de Bernabé estaba siendo bien acogido en su partido, por lo que creyó conveniente desautorizarlo públicamente.

 Como suele ocurrir con estas cosas, la reseña de Garzón provocó aquello que quería evitar, y mucha gente de IU, o cercana a IU, salió en defensa de Bernabé. Al mismo tiempo, los activistas de distintos colectivos, al percibir que el libro cobraba popularidad, redoblaron su animadversión. Le llovieron las críticas, pero también las descalificaciones y los insultos. ‘La trampa de la diversidad’ se convirtió así en uno de los libros de ensayo más exitosos de ese año, y va por la undécima edición.

2. Un instrumento para la venganza

El éxito de Bernabé resultó irritante al activismo por muchos motivos, y uno de los más importantes fue que simbolizaba el triunfo de aquello que querían dejar atrás. La nueva izquierda había insistido en que el futuro pasaba por ella, que las viejas formas debían reconstruirse y que las ideas obreristas, salidas del mundo de las fábricas, de las cervezas después del trabajo y del orden sindical, habían sido superadas. Bernabé, con su insistencia en los aspectos económicos y de clase, les recordaba mucho a los viejos comunistas.

 Pero tampoco Bernabé atacaba la diversidad, esa que se había constituido en el centro ideológico de la izquierda activista, sino el hecho de que se convirtió en el mecanismo de olvido de las condiciones económicas, del modo en que el capitalismo funcionaba concretamente en esta sociedad y en este tiempo, y de la forma en que el sistema estaba generando muchos perdedores. Bernabé entendía que esa nueva ideología de la izquierda era un problema más que una solución.

El libro de Bernabé funcionó también por la acogida que tuvo entre buena parte de esa izquierda a la que se le había insistido que estaba vieja, que ya no servía y que debía desaparecer en el pozo de la historia. ‘La trampa de la diversidad’ se publicó en un momento adecuado porque, hasta entonces, esa izquierda había permanecido más o menos invisible. Dado que Podemos era la fuerza dominante, y los de Iglesias y los suyos habían mantenido esas tesis, las críticas de esta corriente ideológica eran ignoradas. 

 Pero para 2018 ya se era consciente de que la fórmula no funcionaba, que el cambio social no iba a llegar y que los de Iglesias iban a ser una fuerza minoritaria. Lo sabía hasta el propio Iglesias, que se apoyó en IU para lograr la estructura de partido que le faltaba tras las sucesivas expulsiones y peleas internas. Iglesias regresó al lado de quienes había despreciado, y aunque los dirigentes de la formación lo pasaron por alto por intereses coyunturales, las bases no lo olvidaron. El libro de Bernabé era un instrumento para su venganza.

Y después estaba el elemento ideológico: esas mismas bases, así como personas afines a la izquierda, se cansaron de los fuegos de artificio, los giros tácticos y la palabrería de Podemos y de sus escisiones, y se sintieron políticamente traicionados a cambio de nada. La nueva teoría no era más que otro giro del socioliberalismo, y no estaban dispuestos a tragar con ello.

Este conjunto de factores lanzó una polémica cuya resolución dice mucho del problema de fondo, porque no se solventó con discusiones teóricas, debates en redes o con facciones de un partido tratando de hacerse con el poder ni nada de eso. Simplemente, se atacó a quien había lanzado el debate, y casi siempre en términos puramente personales. Los insultos, descalificaciones y menosprecios se volvieron muy frecuentes, y Bernabé, que no cedió ante el ataque, respondió con una defensa firme y agresiva.

Fue curiosamente entonces cuando surgieron términos como rojipardismo, izquierda tricornio y similares, que extendían el desprecio a un espectro más amplio. En el fondo, no era más que una maniobra política, la de aislar a quienes no coincidían con su perspectiva, que convenía a casi todas las facciones: Iglesias evitaba movimientos en Izquierda Unida contrarios a la alianza, Errejón resguardaba su espacio y los anticapitalistas podían exhibir su arma preferida, el regreso del fascismo.

Todo eso pasó, la animadversión contra Bernabé 'et alii' se redujo, y quedó solo encuadrada en el entorno activista, ya de poder reducido. En los últimos días, ha vuelto a elevarse el tono, de nuevo con ribetes personales disfrazados de ideológicos. Ahora andan enredados en discusiones que solo entienden ellos acerca de la ley trans, el feminismo y el movimiento LGTBI, pero he desconectado por completo, en parte porque se necesita un cursillo para entender de qué están hablando, cuáles son los motivos reales de las disputas, dónde están las diferencias y por qué se odian tanto.

Estas peleas, no obstante, no pasan solo desapercibidas para mí, sino para la mayoría de la gente. La izquierda activista ha regresado a los espacios minoritarios, esos en los que estaba antes del 15-M, y la consciencia de sus límites les hace volverse más agresivos. Sin embargo, en esa hostilidad hay elementos políticos importantes.

3. Los traidores

El interés de todo esto es relativo, pero existe, porque ha dejado dinámicas muy perjudiciales. Más allá de los personajes que aparecen en este pequeño drama, nos habla de la frustración de una generación que aspiraba a más y ha ido quedándose, en lo que se refiere a la política, por el camino. 

Algunos de ellos han hecho carrera, otros no, y otros siguen donde estaban. Pero, en todo caso, no son una fuente de influencia ni en la vida pública ni en el debate ideológico; todo lo más, son el muñeco al que dispara la derecha. Así son las cosas: si eres español, te gustan la filosofía y la política, y además eres de izquierdas, es prácticamente seguro que resultarás invisible. 

Si eres economista anglosajón es otra historia, pero no es el caso. Lo normal, en este escenario, es aceptar que unas veces estás arriba, otras abajo y las más de las veces no estás; que solo te queda hacer tu trabajo y que las circunstancias irán diciendo si tus opiniones, tus ideas y tus aportaciones tienen algún recorrido o ninguno. En fin, la vida misma. Pero no puedes culpar al hombre al que odias, porque ha tenido cierto reconocimiento, de lo que va mal en tu vida política o del poco arraigo que tiene tu ideología.

Sin embargo, lo hacen, y no solo se trata de frustración, porque algunos han llegado bastante más lejos que Bernabé. Se trata de una lógica en la que están inmersos y que forma parte de una tradición política, esa que está mucho más pendiente de los de dentro que de los de fuera: el mayor peligro no lo representan los rivales ideológicos sino quienes son débiles y complacientes con los enemigos.

 En el fondo, y esto es lo que explica lo de Bernabé y lo de tantos otros (y otras), el problema está siempre dentro: son los traidores, los heterodoxos, los que miran hacia otro lado, la causa última de que las cosas vayan mal. Esa es la razón de que se centren en atacarlos y también lo es de que, en lugar de buscar los puntos de encuentro, que existen, prefieran subrayar las diferencias. Las disensiones no son consideradas como puntos de vista complementarios sobre un mismo asunto, sino el núcleo que debe destruirse para lograr el éxito. 

 Así se construyó Podemos, con expulsiones y caídas en desgracia: Iglesias ha llegado al Gobierno rodeándose de un núcleo muy reducido de fieles que son quienes constituyen hoy Unidas Podemos, ya que ha excluido a todos aquellos que no seguían al pie de la letra la línea oficial del partido, la suya. En esa tradición, los activistas buscan traidores y blanqueadores, como lo fue Bernabé, y los atacan personalmente. Es su particular exorcismo para lograr que el fascismo abandone el cuerpo social.

4. El señalamiento

En el ámbito activista esta tendencia se recrudece, ya que no están en el poder y sus diferencias son todavía más sutiles, de forma que resultan menos perceptibles para el profano y más hostiles para los cercanos. Y es normal, ya que la época les ha reducido el espacio.

En la izquierda, el discurso feminista, global, verde y diverso está mayoritariamente representado por el PSOE, que lo ha acogido como parte de su ideario. Por eso Sánchez confronta con el PP en primer lugar y le reprocha que haya alimentado a Vox. Podemos, que ocupa un lugar secundario, en el Gobierno y en el voto, acentúa ese discurso y se vuelve más feminista, más ecologista, más cercano a los separatismos; en el reparto de papeles, le toca interpelar a Vox y lanzar la alerta antifascista. 

Y los grupos minoritarios prosiguen la tendencia y se vuelven todavía más feministas, ecologistas y antifascistas, y como su entorno es reducido, solo pueden visibilizarse siendo hostiles y agresivos, señalando a personas concretas y encontrando machismo, racismo y nazis por todas partes, pero sobre todo entre los suyos: siempre aparecen blanqueadores, gente complaciente, banalizadores, que en el fondo no son más que fascistas, homófobos o racistas que no quieren salir todavía del armario.

El caso Isabel Peralta es significativo en este sentido. Un medio de izquierdas, muy combativo contra el fascismo, convierte en estrella a una joven de 18 años de gestos alterados que emite una arenga falangista y que señala al judío como responsable del mal en el mundo. Se produce en el contexto de un homenaje a los caídos de la División Azul, de esos que se han venido realizando todos los años, y siempre con escaso público. La Falange, por otra parte, dista muchísimo de ser una fuerza con un peso político mínimamente relevante en España.

 Una vez que la joven ha llamado la atención de todo el mundo gracias al artículo y al vídeo que han difundido, otros medios se hacen eco de la noticia y la entrevistan. Es entonces cuando sube el tono, y las críticas se desplazan desde la joven antisemita hacia otros medios, esos que han recogido y prolongado la noticia, a los que acusan de blanquear y banalizar el fascismo. 

Se ha convertido una fuerza marginal y a una de sus integrantes en 'trending topic', en noticia, en debate público, en materia para los telediarios. Era muy probable que ocurriera así, y todo el mundo era consciente. El efecto final iba a ser muy diferente del deseado por quienes pusieron a Peralta en el foco, pero para todo hay una explicación: son los otros medios, los blanqueadores, los complacientes, quienes le están dando cancha, los responsables últimos.

5. Los errores políticos

Es aquí donde aparece el segundo problema, el de la incapacidad de los activistas, siempre pendientes de lo personal, para poner el acento en lo estructural. Elevan la anécdota a categoría para después olvidarse de las categorías.

El regreso del fascismo no consiste simplemente en una joven falangista emitiendo proclamas ante 200 personas. Tiene que ver con un suelo social en el que ese tipo de mensajes puedan calar, con fallos institucionales que generen malestar, con intereses objetivos en las clases dominantes, con fuerzas sociales sin anclaje, con deterioro material, con costumbres enfrentadas.

 Y, cuando eso ocurre, se genera un magma que puede llevar a cualquier sitio. La crisis de 1929 llevó al poder a Hitler, pero también a Roosevelt. Y quizá sea políticamente mucho más sensato, y desde luego más pragmático, ofrecer propuestas de salida a los problemas de fondo que señalar e insultar a todo el mundo. 

Si la izquierda (como el resto de fuerzas políticas democráticas) quiere evitar que los totalitarismos regresen, tendrá que pensar en términos estructurales, comprender los problemas y buscar soluciones, mucho antes que apuntar con el dedo y colgar un cartel en el cuello ajeno; pero prefieren despreciar a quien no piensa como ellos, incluso cuando sea de una tendencia ideológica parecida, que buscar puntos de encuentro. El hombre al que odia la izquierda activista no es Bernabé, sino cualquiera que pase por allí y no actúe y se exprese de la manera que entienden correcta.

Ese afeamiento de la persona como sustitución del pensamiento estructural es pernicioso políticamente porque lo centra todo en los actores y en sus actitudes. Es una reducción que se quedaría en otra forma de individualismo metodológico si no contuviera un elemento mágico, el de palabras que se convierten de inmediato en realidad.

 Puesto que creen demasiado en el poder del discurso y mucho menos en la manera en que las palabras y la sociedad encajan, es decir, en la interrelación permanente entre agencia y estructura, todo se sustancia en las cosas que dicen los individuos. Y esa misma perspectiva les autoriza a actuar como lo hacen: creen que llamando fascista a un fascista, el fascismo desaparece; es más, están convencidos de que si señalan como fascista a alguien que dice no serlo, cierran todas las puertas de entrada al fascismo.

No son los activistas los únicos que han contribuido a ensuciar las discusiones políticas desplazándolas al plano personal, porque es desgraciadamente algo muy común, pero fueron los pioneros en democratizar la tendencia. Es una buena manera de no tener debates políticos en absoluto y supone una forma muy calvinista de actuar."                      (Esteban Hernández, El Confidencial, 19/02/21)

28/7/20

Francisco Frutos, in memoriam




"Un luchador por las libertades, pero de los de verdad.

La primera sorpresa fue que un buen día, Paco Frutos, un luchador por las libertades, pero de los de verdad, no de los que llevan pajarita amarillo, me escribió para decirme que me leía y me seguía. La segunda fue cuando me dijo que, cuando fuera a Madrid a presentar mi libro, trataría de ir, ya que estaría en la capital por razones médicas.

Finalmente, el mismo día de la presentación, me escribió para decirme que seguía un tratamiento contra el cáncer, y ese día llegaba tarde, así que no podría venir.

Pero ... se apresuró, tomó un taxi y tuvo tiempo de presentarse a la librería Blanquerna, creo que con el acto ya comenzado. No nos habíamos visto nunca, y al final se acercó para saludarme, presentarse y animarme a persistir. Una mierda de cáncer no podía impedirle venir, a un hombre que se había jugado la piel por los trabajadores unas cuantas veces.

Ayer Paco se murió, y los derechos sociales de todo el mundo salen perdiendo." (Albert Soler, Diari de Girona, 27/07/20)

"Sin duda alguna, el que, en sus años jóvenes fue conocido como “el “pagés” del PCE”, fue el dirigente comunista español de los últimos tiempos más respetado por la mayor parte de la sociedad española.

Lo merecía sobradamente. Solamente la brutal enfermedad que acabó con su vida este domingo, 26 de julio, acalló la voz de Paco Frutos, contra lo que denominó “nazionalsecesionismo” y contra la falsa izquierda que, alejada por completo del internacionalismo, se convirtió en “palanganera” del nacionalismo supremacista catalán, como no cesó de repetir una y otra vez.

Hasta el final de su vida, Paco Frutos fue el ejemplo más acabado de la firmeza de convicciones, coherencia ideológica y política y austeridad en su vida personal. Unos rasgos de su personalidad que dejan en evidencia el oportunismo, el autobombo y el síndrome que siempre denunció Lenin, la enfermedad infantil de la que es expresión cabal la izquierda líquida instalada en la Moncloa con el apoyo de los secesionistas de toda laya con los que trata de dinamitar el legado de la Transición a la que él contribuyó decisivamente, desde su ingreso, en 1963, en el PSUC, del que fue secretario general en 1981.

Y, a pesar de haber sido Secretario General del PCE de 1998 a 2009, esa firmeza de convicciones y coherencia le llevó a abandonar, hace ya varios años, las filas del que durante tanto tiempo fue conocido como “el Partido”, precisamente por el apoyo de sus últimas direcciones al secesionismo y al podemismo. No fue para él una decisión fácil, sino realmente desgarradora, después de más de cincuenta años de militancia, pasar a engrosar la amplísima lista de “comunistas sin carnet”. Desde entonces, se propuso hacer llegar a la sociedad española otra voz comunista que ni falsificara al marxismo y la Historia, ni renegara del internacionalismo que caracterizó siempre a la izquierda, ni tirara por la borda la Constitución de 1978 en la que se plasmó, de modo no suficientemente reconocido, la política de “reconciliación nacional” aprobada por el PCE en 1956,

Y lo hizo, con el mismo brío que imprimió a su vida política, a través del blog personal que creó en 2009, con escritos que fue reproduciendo en sus páginas cada semana Crónica Popular, a cuyo Consejo Editorial perteneció desde hace muchos años. Un inabarcable trabajo político desarrollado durante la última década y que reunió en tres voluminosos tomos, el primero de los cuales tuve el honor de presentar en el CAUM el pasado 13 de diciembre.

Leí todos sus artículos de cabo a rabo, cada semana, para editarlos. Leyéndolos, aprendí a raudales. Y, tengo que decirlo, fueron para mí una gratificante, impagable y auténtica sorpresa. Paco era introvertido y parco, muy parco de palabras. Pero, siendo así, dio rienda suelta a las reflexiones que la situación española e internacional le suscitaban, tecleando cada día en su ordenador y escribiendo con una soltura y fluidez envidiables, artículos vibrantes, directos y claros, que encajan perfectamente en la mejor tradición del Periodismo político español.

Con el conjunto de sus escritos, Paco Frutos dio nuevamente una lección de coherencia política. No le tembló el pulso para reconocer en ellos los errores en los que incurrió en su dilatada vida política, algo realmente inusual en un país manejado hoy con los criterios del más burdo marketing político en cuyo marco los desaciertos se venden como triunfos dignos de prolongados aplausos de una clá bien pagada.

No cejó nunca en su denuncia de los nacionalismos, dedicando su más acerva crítica al secesionismo catalán, porque, para él, “en nuestra ideología, salvo que ésta sufra una degradación irreversible, los nacionalismos y racismos no pueden tener ningún papel, ni los viejos, ni los nuevos que, amparándose en cuentos e historietas sobre razas e identidades ancestrales superiores, conducen siempre a enfrentamientos violentos y a la liquidación de la lucha de clases como verdadero motor de la historia. Consecuentemente con lo dicho, continuaré desenmascarando a los embusteros, vividores y cantamañanas de la historia”.

Y no dudó tampoco en expresar abiertamente sus críticas al podemismo, sin que, el chantaje de que tales críticas pudieran ser “aprovechadas por el enemigo”, le hicieran bajar la cerviz y silenciar sus denuncias: “Iglesias salta como un zascandil de un lado a otro desde el principio del nacimiento de Podemos, con episodios que, puestos uno detrás del otro, parecen las notas de un acordeón desafinado, por contradictorios. En el corto espacio de cuatro años, la organización que nació, según sus creadores, para combatir y acabar con la casta política, acaba actuando como la casta más degradada democrática y políticamente en menos tiempo, pudiendo competir con la que venían a superar”.

Frente a los intentos golpistas del secesionismo y a los delirios demagógicos del podemismo y de sus aliados, en muchos de sus escritos propugnó la necesidad de una izquierda que no renunciara a serlo, tal como se afirmó en un Manifiesto presentado en el Ateneo de Madrid años atrás: “No puede haber otra alternativa que la de construir una opción de izquierdas en toda España, una opción plural, unida, coordinada y libremente disciplinada en torno a unos valores y principios. Una propuesta que haga confluir realmente a todas las personas y grupos que siendo comunistas y/o de izquierdas, se sienten, nos sentimos, huérfanos de organización, teniendo claros los objetivos a los que deseamos llegar, por difíciles que sean. En Madrid, en Catalunya y en otros sitios se está trabajando en ello. Es necesario unir y coordinar los esfuerzos, sin precipitaciones y sin pausas”. Era consciente de que el empeño no era sencillo pero no por ello dejó de impulsarlo.

En una especie de homenaje, hoy los medios de comunicación españoles recordaron sus palabras en la manifestación unitaria organizada en Barcelona por Sociedad Civil Catalana el 29 de octubre de 2017: “Los nacionalismos destrozan el mundo, destrozan el corazón: los grandes nacionalismos y también los pequeños. Yo os hablo en nombre de personas, de grupos, de organizaciones de la izquierda plural y no nacionalista. Suponiendo, permitidme la ironía, que exista la izquierda nacionalista Y además, haciendo un reproche a esta izquierda cómplice, que dice que no es nacionalista pero que se va detrás de los nacionalistas, que les baila el agua”.

Sus palabras entonces, fueron un auténtico aldabonazo. Y lo siguen siendo hoy. Toda una lección de coherencia ideológica y de valentía política. Unas cualidades, desgraciadamente, extrañas y escasas y en peligro de extinción en estos convulsos momentos, pero que siempre caracterizaron a Paco Frutos, un comunista de una sola pieza." (Rodrigo Vázquez de Prada y Grande. Director de Crónica Popular, 27/07/20)

Francisco Frutos / Partido Comunista de España (fuente: Wikipedia)]

Enlace a la etiqueta “Franscisco Frutos Gras” de la Asamblea Social de la Izquierda de Cataluña

"Muere a los 80 años Paco Frutos, ex secretario general del PCE y exlíder de IU. Fue diputado en el Congreso desde 1993 hasta las elecciones de 2004.

 Francisco Frutos ha muerto este domingo en Madrid a los 80 años de edad víctima de un cáncer. Había sido secretario general del PSUC y del PCE y coordinador general de Izquierda Unida. Una de sus últimas intervenciones públicas se produjo el 29 de octubre de 2017 cuando intervino como orador en el acto contra la independencia de Cataluña organizado en Barcelona por Societat Civil Catalana. Ya antes, en 2014, había firmado un manifiesto contrario al proceso independentista.

Fernando Claudín sostenía la tesis de que una vez alguien se cae de la dirigencia de un partido comunista, no hay vuelta atrás. Nunca tuvo presente que el PSUC era diferente. De ahí que, cuando Paco Frutos dejó en 1982 la secretaría general del partido, tras haber sustituido a Antoni Gutiérrez Díaz, a quien él mismo había relevado un año antes, el puesto fuera de nuevo ocupado por su antecesor. Eran tiempos convulsos para los comunistas catalanes. Aquel mismo año el partido se dividiría en dos al formarse el Partit dels Comunistes de Catalunya. Frutos se encontró con la crisis que venía de lejos y no pudo capearla. Una vez realizada la sucesión en la secretaría del Partido dejó su Cataluña natal para instalarse en Madrid.

A partir de ese momento colaboró activamente con el PCE e Izquierda Unida, tanto con Gerardo Iglesias como con Julio Anguita. Entre 1982 y 1986 trabajó de forma denodada a favor de la celebración de un referéndum contra la entrada de España en la OTAN, promovida por el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, y una vez convocada la consulta, a favor de la salida de España de la organización militar.

Frutos, nacido en Calella en 1939, empezó muy pronto la militancia política. Ingresó en el PSUC en 1963 y pronto colaboró en la creación del sindicato Comisiones Obreras, desde su trabajo en la empresa SAFA, en Blanes, de donde sería despedido. Durante los primeros años de la transición, una de las visitas que más le satisfacían era la de la vieja fábrica, donde aprovechaba para recordar la aportación de los comunistas a la democracia.

Hombre tenaz en lo personal y de fuertes convicciones, además de una honestidad impecable, pasó por la política demostrando la absoluta falsedad de que todos los políticos ocupan el cargo para servirse de él. Al contrario, en su historial de militancia y de dirigente del PSUC, del PCE y de Izquierda Unida no hay una sola mancha.

Fue el primero de los dirigentes de Izquierda Unida, en cuya secretaría general había sustituido a Julio Anguita cuando este empezó a tener problemas de corazón, que defendió la unidad de la izquierda, lo que le llevó a firmar un pacto con el entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, en el año 2000. Los resultados de las urnas no ratificaron sus expectativas y la federación izquierdista sufrió un considerable batacazo. Poco después abandonaría el escaño y en 2009 fue sustituido al frente de la formación por Gaspar Llamazares. En ese momento inició un distanciamiento de IU y del PCE, sin llegar a romper los lazos, especialmente cuando Cayo Lara asumió la dirección.

Al iniciarse el proceso independentista en Cataluña, Paco Frutos se alineó decididamente en contra, promoviendo la unidad de la izquierda y afiliándose a Federalistes d’Esquerres. Posteriormente participó en cualquier iniciativa que supusiera hacer frente al secesionismo y, especialmente, que promoviera la unidad de las fuerzas de izquierda.

En el último año, cuando la enfermedad empezó a morder seriamente en su vida cotidiana, se centró mucho en su familia. Recientemente había sido bisabuelo, lo que le había producido una fuerte emoción y orgullo."                    (Francesc Arroyo, El País, 26/07/20)

22/5/19

Nancy Fraser: el auge de movimientos y líderes de extrema derecha en todo el mundo es una consecuencia del ‘neoliberalismo progresista’... una alianza peculiar entre dos fuerzas. El socio principal es el capitalismo financiero representado por Wall Street, Silicon Valley y Hollywood... grandes fuerzas simbólicas del capital que se presentan como moralmente avanzadas y se llevan bien con el feminismo, con gays y son supuestamente verdes. Un capitalismo con rostro progresista. Han logrado seducir al ala liberal de movimientos sociales progresistas, que les han proporcionado una coartada para que sus políticas económicas reaccionarias parezcan emancipatorias... el feminismo fue una especie de sirvienta del capital o de legitimación de este giro

"(...) Afirmas que el auge de movimientos y líderes de extrema derecha en todo el mundo es una consecuencia de lo que denominas ‘neoliberalismo progresista’. ¿Podrías explicar en qué consiste este fenómeno?  

Neoliberalismo progresista es el término que utilizo para describir el bloque hegemónico que dominó la política en la mayoría de los grandes países capitalistas durante los últimos 20, 30 y, en algunos casos, 40 años. El símbolo sería el nuevo laborismo de Tony Blair en Gran Bretaña, y las presidencias de Bill Clinton, Barack Obama y la [fallida] de Hillary Clinton en Estados Unidos.
Fundamentalmente, fue una alianza peculiar entre dos fuerzas. El socio principal es el capitalismo financiero. En los EE UU está representado por Wall Street, Silicon Valley y Hollywood. Son las grandes fuerzas simbólicas del capital, que se presentan como cosmopolitas, moralmente avanzadas, se llevan bien con el feminismo y con los gays, son supuestamente verdes... Un capitalismo con rostro progresista. 

Para ello han logrado seducir, para que formen parte de esta alianza, al ala mainstream, convencional y liberal de movimientos sociales progresistas. Estos movimientos han proporcionado una suerte de coartada para que estas políticas económicas reaccionarias parezcan emancipatorias. Eso es el neoliberalismo progresista.

Lo que en realidad hizo esta alianza fue empeorar los estándares de vida de los dos tercios inferiores de la sociedad. Enriqueció muchísimo al 1%, por supuesto, pero el 10% superior también se benefició de estas políticas. 

Todo esto fue acompañado de la extensión de la deuda, de prácticas que casi acaban con el sistema financiero mundial en 2008, de desindustrialización, precarización del trabajo, de una bajada de los salarios que ha obligado a los hogares a trabajar muchas más horas, a endeudarse para salir adelante… Han sido políticas desastrosas y, sin embargo se presentaban como políticas a favor de las mujeres, de los gays, del medio ambiente, de las personas racializadas…

Mucha gente se ha hartado. De hecho, me sorprende que estos movimientos populistas hayan tardado tanto tiempo en rebelarse. El problema es que han tomado las dos partes del neoliberalismo progresista como un todo, de forma que no solo rechazan la financiarización y la desindustrialización, sino también al feminismo, los derechos LGBTQ, la equidad racial, los derechos de los migrantes… Eso supone un gran problema para la izquierda.

 Tenemos que desarrollar un feminismo diferente, un movimiento LGBTQ, un ecologismo, un movimiento antirracista y por los derechos de los migrantes, etc., diferentes, que no se asocien más con estas políticas horribles y con la financiarización.

En este neoliberalismo progresista, el feminismo tiene un papel muy importante. ¿Cuál es su responsabilidad en todo esto?  

Una cuestión muy importante en la sociedad actual es la relación entre la producción con ánimo de lucro de bienes de consumo, por un lado, y la reproducción social —la producción, sustento y cuidado de seres humanos— por otro. Esta división siempre ha estado generizada en la sociedad capitalista; de hecho, estas dos cuestiones no estaban tan abiertamente separadas hasta la aparición del capitalismo. Pero para el capitalismo es fundamental que ambas esferas estén separadas, y que de una se encarguen las mujeres y, de otra, los hombres.
 
El neoliberalismo progresista ha exacerbado las dificultades para la reproducción social porque requiere la participación completa de las mujeres en la fuerza de trabajo con salarios bajos que conllevan muchas horas, requiere que los Estados apliquen la austeridad, que recorten las ayudas a la reproducción social, presionando al máximo. 

Creo que es criminal que el feminismo mainstream no se haya ocupado de esta situación en conjunto, sino que se haya concentrado solo en que un pequeño porcentaje de mujeres relativamente privilegiadas ascienda en la jerarquía corporativa, ¡o incluso en los rangos del ejército estadounidense!

En definitiva, el feminismo liberal no ha prestado atención a las grandes transformaciones sociales, ha aceptado la estructura social existente y ha tratado de mejorar la situación de unas pocas mujeres en ella. No digo que sea completamente responsable del giro hacia la financiarización —la culpa es solo del capitalismo—, pero el feminismo fue una especie de sirvienta del capital o de legitimación de este giro. Creo que esto ha arruinado la reputación del feminismo en general, porque ahora se asocia el feminismo con el neoliberalismo.

 Esta versión capitalista del feminismo, ¿es sobre todo un fenómeno norteamericano o es una tendencia global?  

Creo que es común a varios países, especialmente aguda y visible en EE UU, pero desde luego también en Gran Bretaña, en Francia, en Alemania, en el norte de Europa y los países escandinavos. En el Sur de Europa no estoy segura, me lo tendrías que decir tú. También lo observo en América Latina en muchos casos.

 La clave es que el neoliberalismo puede adoptar diferentes facetas en función de la situación. Se puede aliar con el progresismo, como hizo en EE UU, pero también se puede alinear con el conservadurismo, como por ejemplo ha hecho con Angela Merkel en Alemania. Mucha gente piensa que el neoliberalismo tiene una política de partida, pero no, más bien es oportunista, se agarra a cualquier política que esté disponible.
 
En un artículo que publicaste en la New Left Review señalabas que “las luchas por la reproducción social han explotado en los últimos años” —movimientos por la vivienda, por la sanidad, por la renta básica, por el trabajo doméstico...—. ¿Por qué son tan importantes estas luchas hoy en día? 

 
En primer lugar, hay que tener en cuenta que la reproducción social es absolutamente fundamental para la sociedad. En una sociedad capitalista no tendríamos ninguna fuerza de trabajo a la que explotar, no tendríamos la posibilidad de expandir el capital, de sacar beneficio, si no tuviésemos todo este trabajo en la sombra que consiste en producir seres humanos, en educarlos, en proporcionarles las habilidades necesarias, los valores… 

Todo eso es fundamental y sucede fuera de la “producción”: en los hogares, en la educación pública, en la sociedad civil… Es un trabajo que el capitalismo no reconoce como tal y que trata con mucho empeño de no pagar, aunque a veces se vea forzado a pagar una parte. La reproducción social es absolutamente indispensable, ninguno de nosotros podría existir sin ella y el capital tampoco podría acumular sin ella.

El capitalismo actual, financiero, globalizado, neoliberal, es especialmente problemático por la presión que ejerce sobre la reproducción social. Por un lado, necesita que las mujeres en general trabajen con un empleo a jornada completa, y a veces más que una jornada completa, con más de un trabajo, para llegar a fin de mes. Y por otro, necesita que los gobiernos recorten el gasto social, que quiten las ayudas a la reproducción social. 

Esto supone una presión tremenda sobre la reproducción social. Lo vemos en el deterioro de las viviendas sociales, del transporte público, de los sistemas sanitarios, de la educación pública… Todas estas cosas están privadas de inversión y ayudas. Por eso ahora la reproducción social es una especie de foco de tensión, el lugar en el que estallan las luchas. Como tiene tanto que ver con el género, sitúa a las mujeres en la primera línea del activismo social. 

Es una situación novedosa e interesante, porque en épocas anteriores de crisis capitalista solían ser los trabajadores varones quienes estaban en primera línea, así como las organizaciones de trabajadores en la industria capitalista. Hoy en día, en el capitalismo neoliberal, hay un nuevo foco de crisis, la reproducción social, que pone en el centro a una nueva serie de agentes sociales. El feminismo es una fuerza muy importante en esta nueva arena de lucha.
 
¿Cómo podemos abordar esta crisis de la reproducción social? Algunos autores consideran que lo que hay que hacer es volver al Estado del Bienestar, crear trabajos públicos y de calidad en sectores como el de los cuidados. Pero, ¿es una estrategia realista?  

El Estado del Bienestar fue una especie de mezcla. A algunas personas, a una cantidad significativa de gente, les iba mejor de lo que les va hoy en día, eso está claro. Sin embargo, ese Estado del Bienestar estaba construido sobre la base de muchas exclusiones. 

Dependía de la idea del salario familiar, que significa que cada familia tiene que tener un varón proveedor y una mujer encargada de la casa, apuntalando la dependencia de las mujeres hacia los hombres. Excluía, desde luego en EE UU, a las minorías raciales, cuyo trabajo en la agricultura o en los hogares no estaba cubierto por la seguridad social. Su concepto de familia era heteronormativo, no estaba a favor de las familias o relaciones LGBTQ. 

Y finalmente, gran parte se pagaba a través del valor que el llamado Primer Mundo extraía del Tercer Mundo, por lo que también tenía una dimensión neoimperialista. No es un ideal que podamos adoptar hoy en día, aunque sí nos interesan las ayudas sociales y la socialización de la reproducción social que trataba de ofrecer.

Otro problema es que no podemos pensar solo en términos de marco nacional. Estados ricos, Noruega por ejemplo, que tiene mucho petróleo, pueden hacer un buen trabajo en su territorio nacional apoyando la reproducción social a través de políticas sociales, pero muchos Estados no están en esa situación. La mayor parte de la población mundial vive en países donde no hay un Estado que funcione, son Estados fallidos. Tenemos que pensar de manera transnacional cómo asegurar los derechos sociales para todo el mundo. 

La cuestión de la inmigración está muy relacionada con esto, ¿por qué hay gente tratando de emigrar a Europa o de cruzar la frontera sur de EE UU? Porque sufren situaciones invivibles, ya sea por la violencia, por empobrecimiento extremo o por desastres climáticos. Solo si pensamos de manera global, más amplia, podremos imaginar medidas que logren el objetivo de reconocer, validar y apoyar la reproducción social.

En la actualidad vivimos un momento boyante del feminismo. ¿Qué estrategias deberíamos adoptar?  

Creo que vivimos en una época muy emocionante. Es un momento de apertura, en el que las viejas certezas, el viejo sentido común, se están desmoronando y ya no creemos en cosas como “si los ricos se enriquecen, todo el mundo lo hará”, “si Hillary Clinton es presidenta, la situación de la mayoría de mujeres mejorará”. 

La gente ve más allá de estas viejas certezas y busca algo nuevo. Hay muchas fuerzas que están aprovechando este vacío y ofrecen un proyecto. Algunas, como decíamos, son muy malas, pero otras son prometedoras.

La situación para el feminismo ahora mismo está bastante abierta. Muchas jóvenes activistas buscan una alternativa al feminismo liberal. Puede que todavía no tengan un marco teórico acabado, pero están abiertas a pensar de manera mucho más radical y transformadora.

 Con otras colegas he tratado de ofrecer un proyecto, el feminismo del 99%, que es un feminismo anticapitalista, que pide cambios estructurales de calado, en la relación entre producción y reproducción, sociedad y naturaleza, sistema político y economía… 

Estar en un periodo de crisis también significa que vivimos una crisis de hegemonía y eso crea no solo el peligro de que los movimientos de extrema derecha prosperen, sino también la oportunidad de que emerja un feminismo de izquierdas."            

(Entrevista a Nancy Fraser, profesora de filosofía en la New School de Nueva York, Fraser es una figura destacada del feminismo en EE UU. Muy crítica con el feminismo liberal, dominante en su país, aboga por un feminismo del 99% que desafíe el orden capitalista. Irene G. Rubio, El Salto, 19/05/19)

17/9/18

El espacio político de la izquierda es la interpretación del fenómeno democrático basada en el reparto de las decisiones políticas, el reparto de los recursos materiales y económicos, el reparto del acceso a la educación y a la información y el reparto del acceso a un medioambiente saludable para las generaciones presentes y futuras

"(...) Utilizas en este trabajo conceptos como ciudadanía, sociedad civil, izquierda, perspectiva progresista. ¿Nos los puedes definir? Algunos de ellos, no digo todos. 

Ya te decía que no quiero hacer demasiada teoría pues, aunque me parece fundamental llenar los campos los semánticos con nuevos significados, hay un cierto peligro de que todo esto acabe, una vez más, en un simple debate entre intelectuales y académicos. 

El concepto de ciudadanía es profundamente republicano y nace de la convicción de que la única forma de combinar diversidad e igualdad y, por tanto, generar justicia social, es creando un espacio más elevado y abstracto en el que, hables la lengua que hables, seas hombre o mujer, negro o blanco, seas lo mismo que tus semejantes. 

Es un concepto imprescindible a medida en que el mundo se hace más complejo, se extiende la entropía social y en el que toca repartir cada vez menos recursos entre cada vez más personas. En sus orígenes, el término sociedad civil nace de la anteposición liberal entre individuos y Estado en un momento en el que este último sólo representaba a una parte de la sociedad real: la de la gran propiedad. 

La democratización de la vida social en la segunda mitad del siglo XX obliga a ver esta anteposición de forma distinta a como la enfocaban y siguen enfocando los liberales, aunque no cabe duda de que los estados nunca van a poder ser totalmente democráticos, que por mucho que se esmeren en representar al "país real" siempre van a obedecer a lógicas propias, distintas. 

Además la capacidad del estado de representar a toda la sociedad real está decayendo de nuevo debido al poder que han acumulado los grandes actores económicos y, en menor medida también los propios partidos políticos, que tienen cada vez más dificultades de representar realmente a la sociedad que aspirar a representar. Todo esto le da al concepto de sociedad civil una actualidad que trasciende su interpretación liberal primigenia.

 Izquierda tiene, al menos, dos grupos de significados que muchos izquierdistas entremezclan fatalmente en detrimento de sus propios objetivos programáticos. El primero consiste en una lectura del fenómeno democrático que se diferencia del de liberales y conservadores. 

 Lo que podríamos llamar el núcleo del espacio político de la izquierda es la interpretación "textil" del fenómeno democrático, es decir, su comprensión una especie de paño tejido por varios hilos distintos pero completamente interdependientes.  

¿Y qué hilos son esos? 

Estos hilos son 

a.) el del reparto de las decisiones políticas, 
b.) el del reparto de los recursos materiales y económicos, 
c.) el del reparto del acceso a la educación y a la información o 
d.) también el del reparto del acceso a un medioambiente saludable para las generaciones presentes y futuras etc. 

El argumento central de la "izquierda" en que sólo si todos estos hilos se entretejen en un paño es posible crear realmente un orden llamado "democrático": sólo si las personas tienen satisfechas sus necesidades materiales mínimas, si disponen de una educación mínima etc es posible crear una sociedad de este tipo, en definitiva: no hay democracia a largo plazo sin justicia social, educativa, ambiental de género etc. 

Esta forma de ver las cosas nació en el siglo XIX frente a la idea liberal de la democracia que insiste en la posibilidad de hablar de democracia en términos sólo políticos. 

La experiencia histórica ha confirmado que la idea del paño es correcta pues sólo con la creación de los estados del bienestar de la postguerra se pudo crear algo así como un orden democrático perdurable, sólo si la ciudadanía tiene satisfechas sus necesidades elementales y si está realmente informada sobre las opciones entre las que puede elegir supuestamente, puede implicarse en la toma decisiones, últimamente: sólo si existe un acceso generalizado a los recursos naturales, lo cual significa que estos tienen que ser tratados de forma completamente distinta, es posible crear un orden de tipo democrático etc. 

La degradación de la democracia política se produce, no por casualidad, tras la cancelación de los grandes consensos sociales de la segunda postguerra hacia principios de los años 1980 y las dinámicas democráticas se estancan porque la desigualdad expulsa a las clases populares de la participación política, por miedo a perder el trabajo, por falta de tiempo etc. 

El segundo significado de lo entendemos por izquierda es de contenido identitario: representa una suma de experiencias compartidas, referencias históricas, mitos y símbolos destinados a articular a los actores implicados en llevar adelante el programa del paño democrático.

 El problema es que cuando decae la capacidad efectiva de hacerlo, los elementos identitarios empiezan a ganar un peso excesivo hasta el punto de que pueden llegar a bloquear el avance hacia los objetivos programáticos. 

Esto obliga a actualizar continuamente las identidades políticas con el fin de evitar que se conviertan en una especie de arqueología discursiva destinada a mantener la cohesión conservadoras de las organizaciones. 

El término perspectiva progresista sugiere la reivindicación de que el futuro puede y debe llegar a ser mejor que el presente para la mayoría de la población y para el conjunto del planeta, una reivindicación que admite naturalmente muchas formas de interpretar la palabra "mejor", pero que choca en todo caso con la impugnación postmoderna de la idea de progreso. "

(Entrevista a Armando Fernández Steinko, Salvador López Arnal , Rebelión, 09/07/18)

30/3/16

¿Por qué Trump?

"Donald Trump está ganando las primarias republicanas presidenciales a tal velocidad que parece tener muchas posibilidades de convertirse en el próximo candidato republicano a la presidencia y tal vez en el próximo presidente.

 Los demócratas no alcanzan a comprender por qué está ganando —y tan cómodamente— e incluso hay muchos republicanos que no le consideran republicano y tratan de detenerlo, pero no saben cómo. Hay varias teorías: la gente está enfadada y él da voz a ese enfado. 

La gente no cree mucho en el Congreso y quieren a alguien que no se dedique a la carrera política. Puede que ambas teorías sean ciertas. Pero, ¿por qué? ¿Cuáles son los pormenores? ¿Y por qué Trump?

Mucha gente está perpleja. Trump parece haber salido de la nada. Su postura ante muchos asuntos no encaja en un patrón común.

Le gusta la Planificación Familiar, la Seguridad  Social y el Medicare (programa estadounidense de asistencia médica para mayores de 65 años), que no son los típicos postulados republicanos. 

Los republicanos odian el derecho de expropiación (el paso de propiedades privadas a manos del gobierno) y adoran el Acuerdo Transpacífico (TPP), sin embargo Trump opina exactamente lo contrario en ambos casos. 

No es religioso y desprecia las prácticas religiosas, no obstante los evangélicos (es decir, los evangélicos de raza blanca) le adoran. Cree que las aseguradoras médicas y las empresas farmacéuticas, así como los contratistas militares, obtienen demasiados beneficios y quiere que eso cambie. Insulta a los grupos de votantes mayoritarios, p. ej., los latinoamericanos, cuando la mayoría de los republicanos intentan cortejarlos. Quiere deportar a 11 millones de inmigrantes sin papeles y cree que es capaz. Quiere impedir que ningún musulmán entre en el país. ¿Qué está ocurriendo?

La respuesta requiere el análisis de algunos antecedentes que, hasta la fecha, los medios de comunicación no han abordado.

Algunos antecedentes…

Trabajo en ciencia cognitiva y del cerebro. En la década de 1990 me propuse responder a una pregunta relativa a mi ámbito de trabajo: ¿hasta qué punto son coherentes las diversas posturas políticas de conservadores y progresistas? 

En el caso del conservadurismo: ¿cómo se conjuga estar en contra del aborto con estar a favor de la pertenencia de armas?, ¿qué tiene que ver la pertenencia de armas con negar la realidad del calentamiento global?, ¿cómo encaja estar en contra de la injerencia del estado con querer unas fuerzas armadas más potentes?, ¿cómo se puede ser provida y defender la pena de muerte? Los progresistas opinan exactamente lo contrario. ¿Cómo encajan las opiniones de ambas ideologías?

La respuesta surgió al comprender que tendemos a entender la nación metafóricamente desde el punto de vista de la familia: tenemos padres fundadores. Enviamos a nuestros hijos e hijas a la guerra. 

Tenemos seguridad de la patria. Las visiones del mundo conservador y progresista que dividen nuestro país se pueden entender más fácilmente si nos basamos en las formas morales de ver el mundo que se sintetizan en dos formas muy diferentes de vida familiar: la familia de Progenitores Educadores (progresista) y la familia de Padre Estricto (conservadora).

¿Qué relación tienen los asuntos sociales y la política con la familia? En primer lugar nos gobiernan nuestras familias y, de este modo, crecemos comprendiendo las instituciones  que nos gobiernan según los sistemas de gobierno de las familias.

En la familia de padre estricto, el padre sabe qué es lo mejor. Él distingue lo que está bien de lo que está mal y es la máxima autoridad que se asegura de que sus hijos y su esposa hacen lo que él dice, que todos ellos asumen como lo correcto.

 Muchas esposas conservadoras aceptan esta forma de ver la vida, defienden la autoridad del padre y son estrictas en esos terrenos de la vida familiar que están a su cargo. Cuando los hijos desobedecen, el deber moral del padre es castigarlos con suficiente dureza de modo que, para evitar el castigo le obedecerán (harán lo correcto) y no harán únicamente lo que les gusta. 

Se supone que a través de la disciplina física se hacen disciplinados, fuertes por dentro y capaces para prosperar en el mundo de fuera. ¿Y si no prosperan? Significa que no son disciplinados, y por lo tanto no son capaces de ser morales y merecen su pobreza. Este razonamiento se manifiesta en la política conservadora, en la que los pobres están considerados vagos e indignos y los ricos merecedores de su riqueza.

 La responsabilidad se interpreta, de este modo, como una responsabilidad personal y no como una responsabilidad social. En lo que te conviertes solo depende de ti; la sociedad no tiene nada que ver en ello. Eres responsable de ti mismo, no de los demás —que son responsables de sí mismos.

Ganar e insultar

Tal y como dijo el legendario entrenador de los Green Bay Packers, Vince Lombardi: “Ganar no lo es todo. Es lo único”. En un mundo gobernado por la responsabilidad personal y la disciplina ganan los que merecen ganar. ¿Por qué Donald Trump insulta despiadadamente en público a otros candidatos y a líderes políticos? 

Es sencillo, porque sabe que puede ganar en un concurso de insultos en un plató de televisión. Ante los estrictos ojos de un conservador eso lo convierte en un magnífico candidato ganador que merece ser un candidato ganador. La carrera electoral se considera una batalla. Los insultos que calan se consideran victorias —victorias merecidas.

Analicemos la declaración de Trump de que John McCain no es un héroe de guerra. El razonamiento: McCain fue derribado. Los héroes son ganadores. Vencen a los chicos malos. No son derribados. Aquellos que son derribados, apalizados y  metidos en una jaula son perdedores, no ganadores.

La jerarquía moral 

La lógica del padre estricto va más lejos. La idea básica es que dicha autoridad está justificada por la moralidad (la versión del padre estricto) y que, en un mundo bien organizado, debería haber (y tradicionalmente ha habido) una jerarquía moral en la cual los que tradicionalmente han dominado deberían dominar. 

La jerarquía es: Dios por encima del Hombre, el Hombre por encima de la Naturaleza, Los Disciplinados (Fuertes) por encima de los Indisciplinados (Débiles), Los Ricos por encima de  los Pobres, los Patronos por encima de los Empleados, los Adultos por encima de los Niños, la cultura de Occidente por encima de otras culturas, Nuestro País por encima de otros países. 

La jerarquía se extiende a: los Hombres por encima de las mujeres, los Blancos por encima de los que No son blancos, los Cristianos por encima de los que no son cristianos, Los Heterosexuales por encima de los Gais.

Estas tendencias se observan en la mayoría de los candidatos republicanos a la presidencia, así como en Trump y, en general, las políticas conservadoras derivan de la forma de ver el mundo del padre estricto y de esta jerarquía.

Las formas morales de ver la vida basadas en la familia provocan opiniones encontradas. Puesto que la gente quiere verse a sí misma haciendo lo correcto y no lo incorrecto, las visiones morales de la vida tienden a ser parte de la autodefinición —quién eres de verdad. Y, de este modo, tu forma moral de ver el mundo te define cómo debería ser el mundo. Cuando no es así, puede llegar la frustración y el enfado.

Hay cierta flexibilidad en la visión de la vida del padre estricto y hay variaciones importantes. La mayor división se halla entre (1) cristianos evangélicos blancos, (2) conservadores liberales partidarios del libre mercado y (3) conservadores pragmáticos que no están ligados a ninguna creencia evangélica.

Evangélicos blancos

Aquellos blancos que tienen una personal visión del mundo del padre estricto y que son religiosos tienden hacia la cristiandad evangélica, puesto que Dios, según esta religión, es el Máximo Padre Estricto: si sigues Sus mandamientos, vas al cielo; si desafías Sus mandamientos, ardes en el infierno por toda la eternidad. Si eres un pecador y quieres ir al cielo, puedes “volver a nacer” declarando tu lealtad al escoger a Su hijo, Jesucristo, como tu Salvador personal.

Dicho modelo de religión es natural para los que creen en la moralidad de padre estricto. Los cristianos evangélicos acuden a la iglesia porque son conservadores; no son conservadores porque estaban por casualidad en una iglesia evangélica, aunque pueden haber crecido con ambas cosas.

El cristianismo evangélico gira alrededor de la vida familiar. Por consiguiente, hay organizaciones como Focus on the Family y una referencia constante a los “valores familiares”,  que son los valores evangélicos del padre estricto. Según la moralidad del padre estricto, es el padre quien controla la sexualidad y la reproducción. Donde la iglesia tiene control político, hay leyes que exigen la notificación paterna y conyugal en caso de una propuesta de aborto.

Los evangélicos están muy organizados políticamente y ejercen control sobre una gran cantidad de carreras políticas locales. De este modo, los candidatos republicanos generalmente tienen que avenirse con los evangélicos si quieren ser candidatos y ganar las elecciones locales.

Conservadores pragmáticos

Los conservadores pragmáticos, por otra parte, pueden no tener ninguna inclinación religiosa. En su lugar, puede que se preocupen principalmente por su propia autoridad personal, no por la autoridad de la Iglesia, ni de Cristo, ni de Dios. 

Quieren ser padres estrictos en sus propios dominios, con autoridad principalmente sobre sus propias vidas. De este modo, una persona conservadora, joven y soltera —hombre o mujer—puede querer mantener relaciones sexuales sin preocuparse por el matrimonio.

 Puede que necesite acceso a la contracepción, consejos sobre enfermedades de transmisión sexual, información sobre el cáncer del cuello del útero, etcétera. Y si una chica o una mujer se quedan embarazadas y no hay posibilidad o deseo de contraer matrimonio, puede que sea necesario practicar un aborto.

Trump es el conservador pragmático por excelencia. Y sabe que hay muchos votantes republicanos como él en su pragmatismo. Hay una razón por la que le gusta la Planificación Familiar. Hay montones de conservadores pragmáticos, jóvenes, solteros (e incluso casados)  que pueden necesitar lo que la Planificación familiar ofrece —de forma barata y confidencial.

De un modo similar, los conservadores pragmáticos jóvenes o de mediana edad quieren maximizar su salud. No quieren agobiarse con la carga económica de cuidar de sus padres. La Seguridad Social y el Medicare les relevan de la mayoría de dichas responsabilidades. Esta es la razón por la que Trump quiere mantener la Seguridad Social y el Medicare.

Partidarios del libre mercado y del laissez-faire

Las políticas conservadoras de la clase dirigente no solo las ha configurado el poder político de las iglesias evangélicas de blancos, sino también el poder político de aquellos que buscan mercados libres que permitan un laissez-faire al máximo, donde la gente adinerada y las  corporaciones establecen las reglas del mercado a su favor con una regulación e imposición estatales mínimas. 

No ven los impuestos como una inversión en recursos que ofrece el Estado a todos los ciudadanos, sino como si el gobierno les quitara sus ganancias (su propiedad privada) y les diera el dinero a aquellos que no se lo merecen a través de programas estatales. Este es el origen que determina las ideas de los republicanos en contra de los impuestos y a favor de la disminución del papel del gobierno. 

Este conservadurismo está bastante contento con la externalización para aumentar los beneficios enviando la fabricación y muchos servicios al extranjero donde la mano de obra es barata, con la consecuencia de que los empleos bien remunerados abandonan América y los sueldos bajan. Puesto que dependen de importaciones baratas, no estarían a favor de la imposición de aranceles elevados.

Sin embargo, Donald Trump no está en un negocio que fabrique productos en el extranjero que se importan aquí aumentándolos el precio para obtener un margen de beneficios. Como promotor inmobiliario construye hoteles, casinos, edificios de oficinas, campos de golf. Puede construirlos en el extranjero con mano de obra barata, pero no los importa. 

Por otra parte, reconoce que la mayoría de los propietarios de pequeños negocios en América son más como él —negocios americanos como tintorerías, pizzerías, cafeterías, fontaneros, ferreterías, jardineros, contratistas, lavacoches y profesionales como arquitectos, abogados, médicos y enfermeras--. Las tarifas altas no parecen un problema.

Muchos  pequeños empresarios son conservadores pragmáticos. Les gusta el poder del Estado cuando trabaja para ellos. Por ejemplo el derecho de expropiación. Los representantes republicanos lo ven como un abuso por parte del gobierno —el Estado que quita propiedad privada.

 Sin embargo, los promotores inmobiliarios conservadores como Trump dependen de la expropiación para que las casas y pequeños negocios de las zonas que quieren promover puedan ser confiscadas por el derecho de expropiación por el bien de sus planes urbanísticos. 

Lo único que tiene que hacer es conseguir que los funcionarios locales le secunden, con contribuciones de campaña y la promesa de un aumento de los impuestos locales que ayudan a adquirir los derechos de expropiación pública. Trump señala a Atlantic City, donde construyó su casino empleando el derecho de expropiación pública para conseguir la propiedad.

Si los negocios tienen que pagar las prestaciones de asistencia sanitaria de sus empleados, Trump querría que pagaran lo menos posible para maximizar los beneficios de los negocios en general. Por lo tanto, querría que las compañías de seguros de salud y las farmacéuticas cobren lo menos posible. 

Para aumentar la competencia querría que las aseguradoras ofrecieran planes de ámbito nacional, evitando los intercambios de seguros administrados por el estado según la Ley de Protección de Pacientes y Asistencia Asequible (ACA). Los intercambios existen para maximizar la cobertura sanitaria de los ciudadanos y ayudar a que las personas con bajos ingresos estén cubiertas, más que para aumentar los beneficios de los empresarios. 

Trump, sin embargo, quiere mantener la obligatoriedad de la ACA, ley que los representantes conservadores odian puesto que la consideran una extralimitación del gobierno, obligando a la gente a comprar un producto. Para Trump, sin embargo, la obligatoriedad para los individuos aumenta los consorcios de seguros  y reduce los costes de los negocios.

Causalidad directa vs. causalidad sistémica

La causalidad directa lidia con un problema a través de la acción directa. La causalidad sistémica reconoce que muchos problemas surgen del sistema en el que se encuentran y deben afrontarse a través de la causalidad sistémica. La causalidad sistémica tiene cuatro versiones: una cadena de causas directas. 

Las causas directas interrelacionadas (o cadenas de causas directas). Ciclos de retroalimentación. Y causas probabilísticas. 

La causalidad sistémica en el calentamiento global explica por qué el calentamiento global del Pacífico puede provocar enormes tormentas de nieve en Washington DC: masas de moléculas de agua sumamente cargadas de energía se evaporan sobre el Pacífico, vuelan hacia el noreste y sobre el Polo Norte y llegan en invierno hasta la costa este y partes de la región central de EE. UU. como masas de nieve. 

 La causalidad sistémica tiene cadenas de causas directas, causas interrelacionadas, ciclos de retroalimentación, y causas probabilísticas —a menudo combinadas.

La causalidad directa se entiende fácilmente y parece estar presente en las gramáticas de todos los idiomas del mundo. La causalidad sistémica es más compleja y no está presente en la gramática de ningún idioma. Hay que aprendérsela.

La investigación empírica ha demostrado que los conservadores tienden a razonar con la causalidad directa y que los progresistas tienen mucha más facilidad para razonar con la causalidad sistémica. Se cree que la razón, en el modelo del padre estricto, es que el padre espera que el hijo o la esposa respondan directamente a una orden, y que una negativa debe ser castigada lo más rápida y directamente posible.

Muchas de las propuestas políticas de Trump se expresan en términos de causalidad directa.

Hay una oleada de inmigrantes procedentes de México —construye un muro para detenerlos. En el caso de todos los inmigrantes que han entrado de forma ilegal, simplemente depórtalos —aunque haya 11 millones trabajando en todos los sectores de la economía y viviendo por todo el país. 

 El remedio para la violencia de las armas es tener un arma lista para disparar al directamente al agresor. Para evitar que los puestos de trabajo se vayan a Asia, donde la mano de obra es más baja y que los artículos más baratos invadan el mercado de aquí, la solución es directa: poner un arancel enorme en esos artículos para que sean más caros que los productos fabricados aquí.

 Para horrar dinero en productos farmacéuticos, haz que el mayor consumidor —el gobierno— acepte ofertas a los mejores precios. Si Isis está ganando dinero con el petróleo iraquí, envía tropas de EE.UU. a Irak para lograr el control del petróleo. Amenaza a los líderes de Isis asesinando a los miembros de sus familias (aunque sea un crimen de guerra).

 Para obtener información de los sospechosos de ser terroristas, emplea simulacros de ahogamiento o métodos de tortura aún peores. Si hay posibilidades de que algún terrorista entre con los refugiados musulmanes, simplemente prohíbe a todos los musulmanes la entrada al país. Todo esto es lógico para los que piensan en términos de causalidad directa, pero no para aquellos que ven las inmensas dificultades y las espantosas consecuencias de dichas acciones debido a las complejidades de la causalidad sistémica.

Lo políticamente correcto

En América hay al menos decenas de millones de conservadores que comparten la moralidad del padre estricto y su jerarquía moral. Muchos de ellos son personas pobres o de clase media, y muchos son hombres blancos que se consideran superiores a los inmigrantes, a los que no son blancos, a las mujeres, a los que no son cristianos, a los gays —y a la gente que depende de la asistencia pública. 

En otras palabras, son lo que los liberales llamarían “intolerantes”. Durante muchos años, dicha intolerancia no era admisible públicamente, especialmente a medida que llegaban más inmigrantes, a medida que el país era menos blanco, a medida que más mujeres estudiaban y se integraban en el mundo laboral, y a medida que los gays se hacían más visibles y se aceptaba el matrimonio homosexual. 

A medida que organizaciones liberales antiintolerancia han proclamado alto y claro y han hecho de la naturaleza nada americana de dicha intolerancia una cuestión publica, los conservadores se han sentido cada vez más oprimidos por lo que ellos llaman  “lo políticamente correcto” —la presión pública contra sus opiniones y contra lo que ellos consideran “libertad de expresión”. 

Esto se acentuó de un modo exagerado desde el 11 de septiembre, cuando los sentimientos antimusulmanes se hicieron más intensos. La elección del presidente Barack Hussein Obama provocó la indignación entre los conservadores, y se negaron a considerarlo un americano legítimo (como el movimiento birther), mucho menos una autoridad legítima, especialmente cuando sus ideas liberales contradecían casi todo en lo que creen como conservadores.

Donald Trump expresa en voz alta todo lo que siente —con fuerza, hostilidad, enfado y sin vergüenza--. Lo único que tienen que hacer es apoyar y votar a Trump y ni siquiera tienen que expresar sus opiniones “políticamente incorrectas”, puesto que ya lo hace él por ellos y sus victorias hacen que esas opiniones sean respetables. 

Él es su campeón. Él les proporciona un sentimiento de autorrespeto, autoridad y la posibilidad de obtener poder.

Cuando oigas las palabras “políticamente correcto”, recuérdalo.

Los biconceptuales

No hay término medio en la política estadounidense. Hay moderados, pero no existe la ideología del moderado, no hay una sola ideología con la que estén de acuerdo todos los moderados. Un conservador moderado tiene algunas posturas progresistas sobre ciertos asuntos, aunque varían de una persona a otra. 

De un modo similar, un progresista moderado tiene algunas posturas conservadoras sobre ciertos asuntos, y de nuevo varía de una persona a otra. En resumen, los moderados tienen ambas visiones políticas, pero generalmente usa una de ellas. Estas dos formas morales de ver el mundo en general se contradicen. ¿Cómo pueden residir en el mismo cerebro al mismo tiempo?

Ambas se caracterizan en el cerebro por un circuito neuronal. Están unidas por un circuito común: la inhibición mutua. Cuando uno se activa, el otro se desactiva; cuando uno se fortalece, el otro se debilita.

 ¿Qué los activa o desactiva? El lenguaje que encaja en esa visión del mundo activa esa forma de ver la vida, la fortalece, mientras que desactiva la otra visión del mundo y la debilita. Cuanto más se debaten las opiniones de Trump en los medios, más se activan y se fortalecen, tanto en las mentes de los conservadores a ultranza como en las mentes de los progresistas moderados.

Esto ocurre aunque estés atacando las opiniones de Trump. La razón es que negar que hay un marco activa ese marco, como señalé en el libro ¡No pienses en un elefante! Da igual que estés promocionando o atacando a Trump, estás ayudando a Trump.

Un buen ejemplo de que Trump está ganando con biconceptuales progresistas son ciertos trabajadores no sindicados. Muchos miembros de los sindicatos son padres estrictos en casa o en sus vidas privadas. Creen en “los valores familiares tradicionales” —una expresión clave conservadora— y puede que se identifiquen con los ganadores.

¿Por qué Trump ha estado ganando en las primarias republicanas?

¡Fíjate en todos los grupos conservadores a los que les gusta!

El Partido Demócrata no se está tomando en serio muchas de las razones por las que Trump recibe tanto apoyo, así como el alcance de ese apoyo. Y los medios no están analizando muchas de las razones por las que Trump recibe apoyo. Eso tiene que cambiar.