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7/8/20

Santa Sofía y los motivos del 'nacionalislamista' Tayyeb Erdogan

"¡Casi como la voladura de la estatua de Buda en Afganistán por los Talibán!

Dos meses después de que su imagen apareciera en una pantalla gigante en la Santa Sophia junto a un imán recitando el Corán, y recibir el aplauso de una masa exaltada, y una semana antes del aniversario del fallido golpe de estado de EEUU contra su persona en 2016, un desafiante Tayyeb Erdogan declara la reconquista islámica del fue museo durante ocho décadas. La antigua catedral de Estambul volvía a ser testigo de la manipulación de la espiritualidad de los ciudadanos por las instituciones religiosas y los desesperados embusteros que representan el poder.

La turbulenta historia de Hagia Sofia es la de muchos espacios sagrados históricos. En Oriente Próximo, cuna de las principales religiones del mundo, las actuales estructuras sagradas llevan la huella de los credos que fueron derrotados siempre después de la masacre de sus fieles.

La Kaaba, un templo pagano, por ejemplo, se convirtió en mezquita en 630 tras varias guerras de Mahoma, quien destruyó los ídolos que acogía, preservando su forma cuadrada de templos tradicionales árabes: la estrategia respondía a la intención de no perder a los antiguos fieles y atrayendo nuevos creyentes que buscaban respuestas, felicidad y paz. En Irán, los conquistadores árabes levantaron sus mezquitas sobre los escombros de los Templos de Fuego (Atashkadé) zoroástricos y los Baharestán budistas, y al no conseguir que el pueblo vencido reconociera a Alá y siguiera adorando a su Jodá «Nacido de sí mismo», decidieron asimilar gran parte de sus mitos y rituales elaborados con sofisticación: 

Las mezquitas tendrán grandes patios a cielo abierto, y estarán adornadas con los mismos árboles que hacían de columnas para sujetar el cielo en el océano cósmico zoroastriano; tendrán minaretes (palabra árabe que significa "lugar del fuego", elemento central del credo mitraísta iraní, el culto a la diosa solar), y además en números pares, representando el dualismo filosófico persa, en el que el Dios Mazda estaba unido al anti-dios Ahriman, el Bien al Mal, y el paraíso al infierno. 

Los iraníes ya islamizados mantuvieron las "piscinas" llenas de aguas puras delante de las mezquitas, para así integrar en los ritos islámicos un elemento ausente en los desiertos árabes, que de paso duplicaba la imagen del santuario, como la manifestación de su doctrina dualista. También salvaron los azulejos, mosaicos y espejos de sus antiguos santuarios, y llenaron los nuevos con coloridas alfombras persas obligando a los fieles quitarse los zapatos al entrar para no ensuciar aquellas valiosas obras de arte, cuyos motivos representaba al paraíso, «jardín» en persa.

Este mestizaje arquitectónico de los templos, también se ve en las iglesias, levantadas en Europa sobre los mitrium, templos de Mitra, la diosa solar persa. Sus entradas en forma de cueva recuerdan la leyenda iraní del nacimiento diario de "la Sol" de estas cavidades y el lugar de su reposo cada noche; los sacerdotes cristianos se vestirán como los "Sabios Mogs", llamarán Mitra al gorro de su Papa y Natividad al solsticio de invierno. Los "disidentes" Cátaros también harán suya, con retoques, la doctrina de Mani, el profeta pintor. Hoy, la Haiga Sofía, el símbolo de este sincretismo, que es presentada como un trofeo de un pequeño hombre guerrero con delirios de grandeza, y mañana tendrá otro destino.

Demoler templos está de moda: Israel lo ha hecho con un centenar de mezquitas tras ocupar las tierras palestinas, y los hinduistas de la India lo practicaron con la Mezquita de Babri de Ayodhya (s.XVI), levantada sobre un templo sagrado hindú, devolviéndole a Rama su templo.

A grandes males grandes remedios

La conversión de Hagia Sofia en mezquita no se debe a su escasez en Turquía, sino a la suma de una serie de fracasos que han puesto en jaque al islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) y su presidente Erdogan, en un intento de reconstruir su imagen, con medidas y consignas panturquistas y ultrareligiosas:
  • Cuando los sondeos preelectorales del 2019 revelaron que PJD iba a perder la alcaldía de la estratégica ciudad de Estambul, Erdogan prometió en un mitin rezar en Hagia Sofia si iban a ganar. Aun así, perdieron: Marx ya habia advertido que la economía es lo que manda, y la preocupación de los "musulmanes" sin trabajo y sin una vivienda digna que encima aguantan una férrea dictadura no era dónde rezar.  Desde su trono en el Palacio Blanco de 1000 habitaciones, Erdogan decidió seguir con su plan, convencido de la fuerza reclutadora del sentimiento de nostalgia de los más fanáticos. Recuperar Estambul mediante este gesto se parece al traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén por Trump, en busca del voto evangélico.
  • Atraer la simpatía de los extremistas y los sectores subdesarrollados de la sociedad, mientras los liberales y centristas se alejan de él y su discurso.
  • La crisis económica agravada por la aparición del coronavirus, que ha golpeado duramente la industria turística turca que atendió el año pasado a 45 millones de visitantes, quienes dejaron unos 34.500 millones de dólares en el país.
  • La militarización de la política exterior ha agravado la crisis económica y social. Turquía que ya estaba implicada en las guerras de Siria el norte de Iraq se ha metido de lleno en el conflicto libio, pretendiendo recuperar la "patria Azul".
  • En Siria, Bashar el Asad sigue en su palacio, a pesar de que Turquía ha invertido miles de millones de dólares en desbancarlo. Ocupar la Santa Sofia es un intento  de resaltar la figura de Tayyeb Erdogan, como líder del inexistente "mundo islámico"
  • Profundizar el culto a su personalidad, para aislar las voces críticas en el seno de su partido, sobre todo por su gestión de la "cuestión kurda".
  • Aumentan las denuncias sobre las detenciones arbitrarias de cerca de 150.000 opositores -entre ellos cerca de 120 periodistas-, torturas, violaciones en las cárceles turcas por la Organización de Inteligencia Nacional (MIT) que recuerdan los peores años de las dictaduras militares. En protesta a esta situación, dos cantantes del grupo folk Grup Yorum perdieron la vida tras una larga huelga de hambre, cada mes miles de  mujeres protestan,  por los continuos ataques a sus derechos.
  • Tapar los escándalos de corrupción financiera y urbanística que involucraron a él y su familia.  
  • Impulsar, bajo la cortina de humo de restaurar las glorias pasadas, medidas impopulares económicas y políticas.
  • Reforzar el nacionalislamismo en el PJD.
  • Representar la toma de Hagia Sophia como una victoria no bélica, señalando a los cristianos y o "los occidentales" como los enemigos del pueblo, para que no vean a la clase burguesa corrupta, oscurantista, y militarista que le gobierna.
  • Vengarse a Europa, por haberle cerrado las puertas definitivamente. Los europeos, tras las guerras de EEUU en Oriente Próximo, se dieron cuenta que mejor tener a Turquía como Estado Tapón que compartir fronteras con Iraq, Siria e Irán. El abandono europeo  acercó a Turquía a Rusia, e Irán a China.
  • Buscar la condena internacional para demostrarla al pueblo como prueba de que el mundo está contra Turquía y él es el único capaz de defender su soberanía.
  • Es un contundente gesto no sólo contra el laicismo de Ataturk, sino contra el propio Padre de Turquía. El Tribunal que ha firmado la autorización para usar Hagia Sophia como mezquita afirma que la decisión del gobierno de Araturk fue una "traición a la historia".
  • El "líder espiritual" turco se queda sin ideas. 

    Los siguientes pasos "bomba" de Erdogan podrán ser recuperar la escritura árabe-persa, inhabilitar al padre de la nación Kemal Ataturk e incluso adelantar las elecciones presidenciales previstas para 2022, antes de que la situación se empeore aún más para su partido. 

    Hasta 2023, el centenario de la fundación del país, los ciudadanos tendrán más mezquitas y megaproyectos en vez de hospitales, puestos de trabajo y derechos, un megalómano Erdogan, patrocinador del Estado Islámico, construirá las mezquita más grandes de Albania, Kirguistán y Ghana  y va a levantar otras en Venezuela y Cuba, mientras los "musulmanes" yemeníes se mueren literalmente de hambre"        (Nazanín Armanian, Público, 05/08/20)

30/6/15

Existe una aceptación global del islam europeo

"(...) -J. Confavreux y C. Fouteau: ¿Existe una cultura musulmana europea común en los diferentes países de la Unión?

-Nilüfer Göle: Se está creando, especialmente a través de la forma de hacerse visible, que es parecida para los musulmanes de todos los países europeos: alrededor de las mezquitas, del velo, del hecho de comer halal y de todos esos elementos que permiten seguir siendo musulmán viviendo en Europa. 

Esta cultura es diferente de la cultura musulmana donde el islam es la religión mayoritaria. Durante mucho tiempo, los musulmanes que vivían en Europa estuvieron acomplejados. Cuanto más piadosos eran, más difícil les resultaba ser a la vez musulmán y europeo, y pensaban que para ser un verdadero musulmán era necesario ir a un país mayoritariamente musulmán, a ser posible árabe.

Este complejo se ha atenuado. He encontrado a muchas personas que habían hecho ese viaje a un país de mayoría musulmana y se habían decepcionado. No lo habían soportado porque ciertamente se sentían musulmanes pero también europeos.

Muchos no aceptaban, en particular, algunos aspectos de la ley islámica sobre la desigualdad entre los sexos o los castigos corporales. No poder proyectar la fe en un Estado, él mismo islámico, modifica la forma de vivir esta fe.

El aprendizaje de la religión es también muy diferente. La emigración ha roto las cadenas habituales de aprendizaje de la religión vía el barrio, la mezquita, el imán, la comunidad, la familia... En todos los países europeos hay una floración de nuevos lugares de aprendizaje del islam, bajo la forma de institutos de cultura del islam.

No existe una condición homogénea de los musulmanes europeos, pero el hecho de vivir su fe en un contexto europeo, de estar confrontados a experiencias de vida a la vez seculares y religiosas, crea una cultura específica. Esta interfaz, esta doble pertenencia, este doble trabajo, dan una conciencia mucho más aguda a los musulmanes de Europa, de su fe y de sus prácticas, conciencia que, a su vez, transforma su cultura religiosa y social tanto en el espacio público, en la relación con el otro o en las relaciones entre los sexos.

Todo esto debe construirse y reconstruirse, porque cada vez que un musulmán europeo vive su fe como un elemento personal, al mismo tiempo está confrontado a una percepción pública que es muy diferente de la que sería si viviera en un país de mayoría musulmana y en un estado islámico. 

Los musulmanes de Europa deben hacer entrar en contacto su propia fe y la percepción pública de ésta, la cual cristaliza las controversias que conocemos sobre el velo, el burka o la construcción de mezquitas...

-Estas controversias alrededor del islam en Europa, ¿son convergentes en los diferentes países de Europa, aunque cada espacio nacional tiene una relación y una historia divergente sobre la posición de la religión, el pasado migratorio o la representación de la comunidad nacional?

-Durante mucho tiempo se ha pensado que existía una excepcionalidad francesa sobre la laicidad o una británica sobre el multiculturalismo. Sin embargo, en el nuevo paisaje europeo, incluso en Gran Bretaña y los Países Bajos, a priori más abiertos a la presencia pública de musulmanes en su suelo, se resaltan sus “valores”, su “identidad” a la hora de preocuparse.

 El giro identitario es general y las controversias circulan a nivel europeo como se ha visto a propósito de la construcción de mezquitas después del referéndum sobre la cuestión de los minaretes en Suiza. Pero algunas controversias son a nivel local, o nacional como la de la circuncisión de los niños en Alemania.

Sin embargo, incluso si las controversias sobre el islam se plantean y se repiten a escala europea, la forma como se enmarcan los temas de debate varían. En Francia gira alrededor de la laicidad. En Alemania, sobre la Leitkultur (“cultura de referencia”). En los países nórdicos, donde los derechos de las minorías sexuales son muy importantes, se pone el acento en ellos, mucho más que en la igualad entre los sexos. En Italia, la cuestión del islam pasa por el prisma de su relación con el catolicismo.

Pero cada país, con sus referencias, plantea la misma cuestión: “¿En qué condiciones pueden ser integrados los musulmanes?” Con todo, efectivamente, la presencia musulmana en Francia o Alemania no tiene la misma historia, porque en una nación es consecuencia de un proceso colonial, al contrario de la otra. Sin embargo, muchos de los interrogantes sobre el papel y la naturaleza de un islam europeo son hoy en día semejantes.

-¿Se notan cortes generacionales importantes entre los musulmanes europeos?

-No he hecho una encuesta cuantitativa, pero existe un efecto generacional. Por ejemplo, los padres insistían mucho sobre el haram, lo prohibido, mientras que las generaciones recientes insisten en el halal, lo que es posible hacer, lo lícito.

Pero esta diferencia generacional se ve también en la actitud frente a la sociedad europea. Las generaciones más antiguas a menudo preferían vivir su fe de forma discreta, retirados, porque no sentían que pertenecieran verdaderamente al país en el que vivían. Las generaciones más jóvenes, que se sienten europeas, piden más integración en la ciudadanía europea y a la vez están mucho más enfrentados a los valores públicos de Europa.

En el libro doy el ejemplo de una mujer musulmana que lleva pañuelo y que se presenta a las elecciones en Dinamarca insistiendo sobre su tolerancia frente a las minorías sexuales. Actualmente a los musulmanes se les pide que den pruebas de que se acomodan a esta cultura europea. 

Esta generación deseosa de vivir en los países europeos y de tener una presencia en la vida pública, que quiere aproximarse a los demás y no vivir replegada en su comunidad, continuamente es requerida a mostrar que comparte ciertos valores comunes, aunque está impregnada de esos valores comunes.

-¿Existen comunidades musulmanas en los países de Europa que ha estudiado; o bien su cotidianidad como ciudadanos y como creyentes o no creyentes es demasiado heterogénea para constituir un hecho comunitario? 

-No es posible identificar a los musulmanes europeos en tanto que comunidades. Los musulmanes europeos son difíciles de ser percibidos en su conjunto porque son ciudadanos corrientes pero que manifiestan también, en razón de su fe, algunas diferencias en la vida pública. 

Estas diferencias pueden crear errores de percepción porque la mayoría de los musulmanes europeos, la mayor parte de los cuales se dicen italianos o alemanes antes que turcos o marroquíes, no desean diluirse, sino integrarse en un planteamiento de la ciudadanía que no es una asimilación conforme y completa con los valores dominantes sino un acuerdo entre sus dos pertenencias.

Se habla siempre de los musulmanes como de un problema porque se evocan los espacios que plantean problemas: las cárceles, las escuelas, los barrios calificados como guetos... En todos esos lugares, efectivamente, se constatan problemas de marginalización y de delincuencia que es preciso asumir. Sin embargo, desde hace 20 o 30 años se manifiesta en la vida pública por toda Europa una presencia musulmana fuera de estos lugares problemáticos... 

¿Qué decimos de esas clases medias ya integradas, que no forman una comunidad homogénea u organizada pero que, sin embargo, viven su fe en un espacio público europeo del que ya forman parte, en la escuela, en las empresas, en los centros de la ciudad? No existe un lenjuaje, un reconocimiento, para hablar de todos esos musulmanes que no están ni en una proyecto comunitarista ni en una lógica de radicalización.

-¿Significa esto que, a pesar del rechazo a veces virulento encarnado por la derecha radical y las polémicas mediáticas recurrentes e histéricas, existe una aceptación global del islam europeo?

-Si se reduce el espacio público a una serie de polémicas mediático-políticas, no se puede ver lo que muestra nuestro estudio. Si nos interesamos por la cotidianidad de los musulmanes corrientes, se constata la capacidad de establecer lazos y hacer sociedad. Por ejemplo, construir una mezquita supone intensas relaciones con el ayuntamiento y el vecindario y también supone integrarse a partir de ahí en la vida diaria... 

Pero no existe el lenguaje político para hablar de esto y hay un desfase respecto de la experiencia real vivida, porque se retienen sobre todo los carteles de propaganda suiza con minaretes mostrados como fusiles, y no se presta atención a lo que pasa normalmente cuando se construye una mezquita... (...)

-¿Es necesario, y en caso afirmativo cómo, definir los contornos de un islam europeo en términos de dogma y de práctica? ¿Existen personas que llevan a cabo esteaggiornamento”?

-Tariq Ramadan es la única figura europea que destaca en este tema, porque ha desacomplejado el sentimiento de los musulmanes dándoles un marco teológico compatible con el hecho de vivir en un país europeo, siendo a la vez europeo y musulmán, con una doble pertenencia. 

Ha explicado a los musulmanes que vivir en un país europeo no es un impedimento para su fe, en el momento que los musulmanes europeos se han definido poniendo distancia en relación con el país de origen de sus padres. Para mí, la crispación alrededor de esta figura muestra, más que sus ambigüedades, la dificultad de aceptar a los musulmanes europeos en la esfera pública."                     (Entrevista a Nilüfer Göle, socióloga franco-turca, Joseph Confavreux y Carine Fouteau , Mediapart, en Rebelión, 16/06/2015)

30/6/14

La 'Umma' musulmana... siempre en el recuerdo

"Hermano, hermano”, me llamó un joven mientras yo partía apresuradamente de una sala de conferencias en un centro comunitario en Durban, Sudáfrica. Esto sucedió durante el punto álgido de las guerras de Afganistán e Irak, cuando fallaron terriblemente todos los esfuerzos por detener los feroces ataques militares de EE.UU. y Occidente contra esos dos países.

El joven iba vestido de atavío tradicional afgano pastún, y acompañado por un amigo. Con evidente nerviosismo formuló una pregunta que parecía completamente ajena a mi conferencia sobre el uso de la historia de los pueblos para comprender prolongados fenómenos históricos utilizando Palestina como modelo.

“Hermano, ¿crees que existen esperanzas para la Umma musulmana?”. Preguntó por el futuro de una nación a la cual creía que ambos pertenecíamos indisputablemente, y esperaba ansiosamente cómo si mi respuesta tuviera algún peso, y pudiera calmar sus evidentes preocupaciones.

Tal vez más asombroso que su pregunta es que no me haya sorprendido en absoluto. La suya es una pregunta intra-generacional que jóvenes musulmanes han estado formulando incluso antes de la decadencia y colapso final del Imperio Otomano, el último Califato existente, con el fin de la Primera Guerra Mundial.

A pesar de importantes tumultos históricos, el Califato había existido consistentemente desde los califas Rashidun (los califas ‘bien guiados’) comenzando con Abu Bakr en 632 d.C., después de la muerte del Profeta Muhammad.

Las preguntas del joven invocaron tanta historia y una multitud de significados. Pocos historiadores y ‘expertos’ occidentales (especialmente los que intentaron comprender el Islam a fin de aplicar su conocimiento para propósitos políticos y militares) pueden posiblemente comprender el peso emocional de esa pregunta.

“Umma” en la pregunta del joven, no significa exactamente ‘nación’ en el sentido nacionalista relativamente moderno. Los musulmanes no son una raza, pero existen en todas las razas; no comparten un color de piel, o un estilo de vida per se, o un lenguaje común, incluso si el árabe es el lenguaje original del Sagrado Corán.

 Umma es una ‘nación’ que se basa en un conjunto de valores morales eternos, originados en el Corán, encarnados en las enseñanzas y el modo de vida (Sunnah) del Profeta Muhammad, y guiados por la Ijtihad ‘diligencia’ –explicada como el razonamiento independiente– de eruditos musulmanes (ulama) basados en el Corán y Sunnah.

Naturalmente, el fracaso del Califato creó una crisis que demasiadas dimensiones. Tuvo lugar la descomposición geográfica de la Umma musulmana, que a pesar de la singularidad cultural y lingüística de los diversos grupos de esa “nación”, la Umma siempre poseyó fundamentales marcos valóricos políticos y sociales. 

Sobre la base de ese legado antiguo, pero constantemente reanimado legado (de ahí ‘Ijtihad’), los musulmanes poseyeron su propia equivalencia de la Declaración Universal de Derechos Humanos, las Convenciones de Ginebra, códigos civiles y mucho más a partir de hace casi 14 siglos.

Lo que fue más crítico que la descomposición geográfica de la Umma fue el colapso del tejido mismo de la sociedad, la desintegración de las leyes que regían cada relación individual o colectiva, toda transacción comercial, reglas respecto al medioambiente, la beneficencia, la ley de la guerra, etc. 

Tuvo lugar otra disolución: la de los valores morales auténticos y orgánicos que permitieron que la Umma persistiera mientras tantos imperios fracasaban, y floreciera donde otros decaían. El sistema orgánico autopropulsado fue reemplazado por alternativas que se han deteriorado todas hasta la última.

Y ahí es donde comenzaron las raíces del ‘musulmán indignado’.

La Umma sigue viviendo como un ideal que transciende el tiempo y el lugar. Persiste a pesar del hecho que el último siglo había afectado increíblemente a todas las naciones musulmanas, sin excepción. Incluso el éxito de numerosas naciones en la obtención de su independencia de los poderes coloniales que destruyeron el Califato no enfrentó de ninguna manera la crisis original de la otrora predominante, integral, Umma musulmana. 

Las sociedades musulmanas colonizadas terminaron por adoptar las reglas y leyes de sus antiguos colonizadores, y siguieron oscilando dentro de su esfera de influencia.

Las naciones musulmanas posteriores a la independencia fueron una abominable mezcla de tribalismo y nepotismo, con una interpretación interesada del Islam y de leyes y códigos civiles occidentales que estaban todos adaptados con tanto cuidado para asegurar la supervivencia de un status quo totalmente corrupto; donde gobernantes locales aseguran la supremacía sobre colectivos derrotados, desorientados, y potencias occidentales sustentan sus intereses por todos los medios necesarios.

Como era de esperar, un status quo semejante no podía posiblemente ser sustentado. Una sociedad civil fuerte y coherente no tenía ninguna probabilidad de supervivencia bajo regímenes opresores, y con la falta de educación u oportunidad, o las dos cosas, generaciones de musulmanes padecieron extrema desesperación.

Como escape de sus infortunios inmediatos, numerosos musulmanes buscaron inspiración en otros sitios. Vieron en Palestina una bandera de lucha, porque la continua resistencia a la ocupación extranjera era una indicación simbólica de un pulso colectivo. 

El amplio apoyo que Hizbulá (un grupo chií) recibió entre musulmanes suníes por su resistencia contra Israel fue una indicación de que las divisiones sectarias empequeñecían al ser comparadas con la necesidad de que la Umma musulmana se reagrupara alrededor de principios como la justicia, reivindicando aunque sea un ápice de su pasada gloria.

Pero fueron las invasiones occidentales dirigidas por EE.UU. de Afganistán e Irak, las que marcaron la línea de lucha como nunca antes. Cuando Bagdad cayó en abril de 2003, y mientras soldados estadounidenses sumergían tan vanidosamente con sus banderas la antigua capital del Califato Abásida, muchos musulmanes sintieron que su Umma había alcanzado la más abismal humillación. (...) 

Sin embargo, los jóvenes musulmanes ‘indignados’, alienados, constituyen difícilmente un misterio, sino una inevitabilidad histórica totalmente comprensible. Para muchos de ellos, aunque insistan en algo diferente, la Umma y el Califato tienen más que ver con espacios incorpóreos que con verdaderas fronteras geográficas. 

Es un escape hacia la historia, de la pobreza, la alienación, la opresión y ocupaciones extranjeras. Entender esto es encarar verdaderamente las raíces de la violencia. Ignorarlo no puede posiblemente ser una opción."                (Ramzy Baroud, CounterPunch, en Rebelión, 30/06/2014)

18/8/11

"(El 'burka') muestra la imagen oscura del islam, en contradicción con sus valores reales y los de la República (francesa)"

"Hace poco más de un año copó las portadas de la prensa en Francia al convertirse en el primer imán en defender públicamente la prohibición del velo integral, que entró en vigor esta primavera. (...)

"Primero, el velo integral no es una obligación religiosa", dice cuando se le pregunta de nuevo por qué se opone al uso del burka. (...)

"En segundo lugar, muestra la imagen oscura del islam, en contradicción con sus valores reales y los de la República. Y mi deber como hombre de fe y como ciudadano es decir que no queremos esa imagen, y por la dignidad y el lugar de la mujer en el islam debo decir que el velo integral no tiene derecho a existir".

Tras meses de debate, el Parlamento francés aprobó el veto al burka en octubre de 2010. La ley, que prohíbe cubrirse el rostro en todo el espacio público, entró en vigor el 11 de abril, tras un periodo dedicado a la pedagogía. El uso de la polémica prenda se castiga con una sanción de 150 euros y/o con un cursillo de ciudadanía. (...)

Para el imán, que asegura que el islam en Francia está amenazado por la intervención de grupos extranjeros como los Hermanos Musulmanes y denuncia la influencia de los salafistas en el país en su libro Pour l'islam de France [Por el islam de Francia], la ley es "también una forma para el Gobierno de mostrar firmeza".

Pero lamenta que se haya perdido la oportunidad de acompañarla de la pedagogía necesaria. "Hay que dialogar y recuperar a esas mujeres. Dicen que son 2.000 en Francia, pero en realidad son más y la cifra va aumentado. En general, son mujeres convertidas al islam que quieren ser más papistas que el Papa". (...)

Su objetivo es llegar a un "islam moderado, sin injerencia extranjera, sin políticos que manipulen los lugares de rezo y con imanes formados aquí". (El País, ed. Galicia, 11/08/2011, última)

7/4/11

"Si las cuidadoras de guardería pueden llevar velo, si las madres tienen derecho a llevarlo cuando vayan a buscar a sus hijos al colegio

"El debate celebrado ayer en París sobre la laicidad que monopolizaba -y monopoliza- la vida política francesa se cerró con una batería de propuestas. Algunas se convertirán en leyes pronto y otras, después de las elecciones de 2012.

Entre ellas destacan la de prohibir el rezo en la calle, los menús especiales por causas religiosas en los comedores en los colegios o el rechazo a un médico por su sexo o su religión en un hospital o centro de salud.

Los empresarios no deberán ceder a las exigencias de sus empleados en materia religiosa y los trabajadores que quieran que se respeten sus exigencias en cuanto a ayunos deberán prevenirlo en la entrevista de contratación.

También se regulará, entre otras cosas, la financiación de los centros religiosos y la forma de matar ganado por el rito musulmán. El debate no solo ha dividido a la sociedad francesa, sino a la formación de centroderecha del presidente Nicolas Sarkozy. (...)

Se trataba, en teoría, de proponer medidas para regular "algunos usos polémicos del islam en Francia". ¿Qué usos? Pues, entre otros, si se debe o no rezar en la calle, si las cuidadoras de guardería pueden llevar velo, si las madres tienen derecho a llevarlo cuando vayan a buscar a sus hijos al colegio o acompañen a los profesores en una excursión... (...)

También se le acusaba de tratar de regular prácticas minoritarias. Por ejemplo: es difícil ver en París a alguien rezando en la calle. Tampoco se sabe cuántas madres musulmanas con velo acompañan a las profesoras en las salidas escolares... Otro dato que encoleriza a los detractores del debate: fue Marine Le Pen, en diciembre, la que denunció los rezos en la calle, calificándolos de ocupación. (...)

(Alain Juppé) "Estas cosas se sabe cómo despegan, pero no cómo aterrizan".

Para colmo, una encuesta publicada por Le Parisien el domingo mostraba que el tema del laicismo era de los que menos interesaban a los votantes de la derecha francesa, por detrás de asuntos como el paro, el nivel de vida o la subida de los precios." (El País, 06/04/2011, p. 2)

8/11/10

"¿El velo? Crecí con monjas tapadas hasta el cuello"

"Este tipo de conferencias son importantes, hay que luchar contra ciertos estereotipos que afectan sobre todo a las mujeres musulmanas", empieza Blair, que ha insistido en que el encuentro gire en torno a este tema. "Solemos creer que están oprimidas, son inseguras o incapaces de pensar por sí mismas y no es cierto", dice expresiva y con marcado acento. (...)

Reputada abogada, hace años llevó el caso de una estudiante musulmana que quería llevar la túnica tradicional a clase. Perdió. "Una de las cosas que intento es ayudar a explicar que el islam es una religión abierta en la que las mujeres tienen influencia, oculten o no su cabello.

¡Yo crecí educada por monjas que iban tapadas hasta el cuello!", dice Cherie, que es una ferviente católica, religión a la que Tony se convirtió cuando dejó el cargo de primer ministro. Tanta sorpresa o más ha causado la conversión al islam de su medio hermana Laureen, habitual de los tabloides. "Es su elección", dice brevemente al respecto.

"Usamos la apariencia de las mujeres como metáfora de nuestro miedo hacia una supuesta amenaza islámica", continúa Cherie, que no olvida a qué ha venido. "En Europa hay miles de musulmanes que participan de nuestro estilo de vida y piensan seguir haciéndolo y si por sus creencias quieren vestir de cierta forma no debemos sentirnos amenazados". (CHERIE BLAIR:: "¿El velo? Crecí con monjas tapadas hasta el cuello". El País, 04/11/2010, última)

2/6/10

La libertad religiosa del velo islámico

"Decimos: "Marruecos no respeta la libertad religiosa, ¿por qué tenemos que respetarla nosotros?". A eso se responde: en materia de derechos humanos no cabe la reciprocidad. La libertad religiosa, nos guste o no, es un derecho fundamental. No son ilimitados, pero tienen un contenido esencial que debe respetar hasta el Parlamento. Tienen que regularse por ley orgánica y limitarse por ley orgánica. Nada más.

Sólo se puede limitar si atenta contra los derechos fundamentales de los demás o contra el orden público. ¿Atenta el velo de una niña a los derechos fundamentales de los demás? Eso nadie lo dice. ¿Atenta al orden público? La mayor concreción del orden público es el ordenamiento.

P. ¿Y cuando venga una estudiante con burka o con nikab?

R. Ahí el orden público indica que la niña que va al colegio se integre en el sistema educativo, se comunique. Eso no se puede hacer con un burka

P. ¿Erraron el centro de Najwa y la Comunidad de Madrid?

R. Sí. Lo puedo decir porque ya no estoy en el ministerio. Creo que la Comunidad de Madrid vulneró sus derechos fundamentales, básicos. Es muy fuerte que una niña tenga que cambiar de colegio, de amigas y que haya sufrido ese acoso mediático. Con estas actuaciones se incide en el desconocimiento y en los prejuicios.

P. ¿La futura ley de libertad religiosa debería regular los símbolos religiosos en las aulas?

R. No, debería dejar criterios claros sobre el contenido esencial del derecho fundamental y sobre cuál es la posición de un Estado laico ante lo religioso. Según la Constitución tiene dos matices: laico o aconfesional y cooperador con las confesiones. Cualquier Gobierno debe respetar esos matices que hacen nuestro sistema peculiar y modélico. Antes del caso de Najwa, el debate del velo no existía en nuestro país. Se estaba resolviendo de una forma ejemplar, como en Ceuta y Melilla." (El País, ed. Galicia, sociedad, 16/05/2010, p. 42)

15/12/09

El velo... la cruz... lo público... lo privado...

"La primera gran diferencia entre el caso del crucifijo y el del velo apunta al espacio en el que cada uno se sitúa. Ni el laicismo como ideal de tolerancia ni el liberalismo como teoría política subyacente tienen problema alguno con el crucifijo en sí, sino con el lugar en el que algunos se empeñan en colocarlo: la escuela pública. Porque, aunque esos algunos no parezcan querer entenderlo, "público" significa "obligado para todos".

Un crucifijo en un centro público (sea un hospital, un juzgado o una escuela) supone adscribir una y sólo una determinada religión a todos y cada uno de los usuarios de tal centro.

Y, claro, una cosa así choca con la libertad religiosa, porque algunos usuarios adoran a otro Dios, otros no adoran a ninguno y otros no acaban de saber a qué o a quién adorar. De ahí que el fundamento jurídico de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo haya sido precisamente ése: la libertad religiosa.

La gran diferencia entre el velo y la cruz es que el velo es algo privado. No es un símbolo religioso que se quiera imponer en ciertos espacios públicos, sino una prenda que algunas personas deciden lucir (y soy consciente de todo lo problemático que encierra este "deciden" cuando estamos hablando de niñas o adolescentes).

Un aula, cuando es pública, no puede adornarse con trajes religiosos pertenecientes a una determinada confesión. Nada público puede hacerlo: ni las aulas, ni los libros, ni los temarios, ni (por cierto) los juramentos de los funcionarios, ni (por cierto) los funerales de Estado, ni (por cierto) la declaración de la renta, ni... en fin, nada que obligue a todos. Ésa es la gran diferencia: el velo es algo privado, el crucifijo -el que se ha prohibido en Estrasburgo, quiero decir- pretendía ser público.

Por eso, para enfocar con justicia la cuestión, al velo no habría que compararlo con los gruesos crucifijos de pared de las aulas, sino con los diminutos que muchos de nuestros estudiantes llevan colgados al cuello, con las medallas de la virgen, con las estampas de santos, con la kipá que lucen los judíos, etcétera. Es decir, con símbolos religiosos, sí, pero perfectamente privados. ¿Hay algo en el laicismo que implique prohibir los símbolos religiosos privados? No, en absoluto.

De hecho, si el laicismo garantiza la neutralidad de los espacios públicos lo hace precisamente para que cada uno podamos hacer uso de nuestra libertad individual en el ámbito privado. Es gracias al laicismo que unos pueden lucir una cruz y otros un velo, y ésa es su grandeza civilizatoria.

Contra lo que mezquinamente nos venden algunos en este país, el laicismo no se opone a ninguna religión, sino todo lo contrario: lo que viene a hacer es garantizarlas todas. El laicismo es sinónimo de tolerancia, de igualdad, de respeto. Es el gran invento de la modernidad para facilitar la convivencia entre los diferentes credos: saca a Dios del salón público del trono y lo instala en el corazón privado de los hombres y de las mujeres libres." (JORGE URDÁNOZ: El velo y la cruz. El País, ed. Galicia, Opinión, 02/12/2009, p. 27 )