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7/2/17

Antiguos cooperativistas exigen 47 millones de indemnización a Corporación Mondragón

"La Justicia examina a partir de este martes la demanda presentada por más de 900 antiguos cooperativistas contra Corporación Mondragón, a quien exigen el pago de 47 millones de euros en concepto de indemnización por los daños y perjuicios ocasionados por la pérdida de los ahorros que tenían depositados en forma de aportaciones voluntarias, préstamos mercantiles o reintegros pendientes en Fagor Electrodomésticos y Edesa. 

Los demandantes sostienen que en los dos años previos a la declaración de concurso que precedió a la caída de las dos cooperativas, el grupo “perjudicó de forma directa sus intereses como acreedores” con una actuación “engañosa”, ya que se les hizo ver “en todo momento” que estas compañías “tenían futuro”.

Al sentirse “estafados” por Corporación Mondragón, estos antiguos cooperativistas se agruparon para presentar la que es “la demanda acumulada de mayor cuantía de este tipo en Euskadi hasta la fecha”, según resaltan las asociaciones Ordaindu y Eskuratu, constituidas por los afectados para la defensa de sus intereses. 

Su reclamación inicia ahora el recorrido judicial con un proceso en los juzgados de Bergara (Guipúzcoa), que comienza más de un año después de la presentación de la demanda en diciembre de 2015, una demora que ha molestado a los demandantes, que esperaban por estas fechas contar ya con una resolución.

La petición del pago de esta elevada indemnización se sustenta en “el engaño” al que se vieron sometidos por el gigante vasco, que logró que los antiguos socios trabajadores mantuvieran el dinero depositado en Fagor y Edesa tras su baja en la cooperativa, en algunos casos “sus ahorros de toda la vida”, a pesar de la delicada situación que atravesaban estas dos compañías.

 Lo hizo con “mensajes tendentes a impedir que recuperaran” la cuantía confiada, principalmente en forma de aportaciones voluntarias y préstamos mercantiles. 

Los afectados esgrimen que, “en numerosas ocasiones”, el grupo Mondragón les trasladó que la situación económica de Fagor y Edesa “no era negativa” y que tenían “un futuro cierto”. Incluso, según alegan, se les comunicó “en todo momento” por parte de Corporación Mondragón que “apoyaría económicamente” estas dos firmas y que “no permitiría que desaparecieran”.

Estos mensajes, según denuncian, lograron la “legítima confianza” de los ahora demandantes, con una antigüedad media de 40 años de trabajo en las dos cooperativas, que optaron por dejar el capital depositado, en algunos casos de más de 40.000 euros, en lugar de retirarlo, a pesar de que en ese momento todavía Fagor y Edesa disponían de un “patrimonio suficiente” para hacer frente a todos los acreedores. 

Con su actitud, los antiguos cooperativas acusan a Mondragón de primar su “propio patrimonio” sobre “los intereses legítimos de los socios inactivos”, los cuales “confiaban plenamente en los ideales de intercooperación y solidaridad inculcados por la corporación” y que esta “jamás les engañaría ni abandonaría a su suerte”.

Los más de 900 antiguos cooperativistas decidieron activar la vía judicial ante la decisión de Corporación Mondragón de desatender sus peticiones para recuperar los ahorros depositados en Fagor y Edesa. La comisión permanente del congreso del grupo vasco resolvió que “no cuenta siquiera con competencias” para hacerse cargo de estas reclamaciones, al tratarse de “peticiones ajenas a la naturaleza y realidad” de la cooperativa.

 “No tiene sentido buscar en Mondragón un responsable de las decisiones sobre la continuidad de las cooperativas que solo corresponden a quien las adoptó, ni pedir a las instituciones de Mondragón, que son el principal acreedor de las sociedades concursadas, la devolución de cantidades que los socios individualmente aportaron a su propia cooperativa”, sentenció en una resolución en la que puso en valor que había hecho todo lo posible para “paliar las consecuencias negativas” de la situación económica de Fagor, “hasta que fue imposible seguir aplicando nuevos fondos”.

Sunion Abogados lleva las riendas de esta demanda colectiva, en la que los afectados tienen depositadas “grandes expectativas”, según aseguran desde las dos plataformas en las que se agrupan. Este despacho considera que la indemnización que se reclama es “asumible” por el grupo vasco, ya que apenas representa el 0,5% de la facturación total de Mondragón. Se trata, según resalta, de “voluntad política”. 

A este respecto, los demandantes recuerdan que la empresa siempre se ha negado a negociar una solución. Además, ponen de manifiesto su sospecha de que el grupo vasco “hizo todo lo posible para mantener artificialmente con vida a las dos cooperativas el tiempo suficiente para evitar un concurso desordenado”, algo que “acarrearía un sensible perjuicio” a sus intereses generales, a costa de dañar a los antiguos cooperativistas. (...)

Mientras los antiguos cooperativistas afectados por el dinero depositado en Fagor y Edesa pelean en los tribunales por sus ahorros, los trabajadores de la antigua fábrica de electrodomésticos, que recuperó su actividad en noviembre de 2014 en las instalaciones de Garagarza en Mondragón bajo el mando del grupo catalán CNA, luchan por mantener sus puestos.  

Los empleados de esta empresa, que contó con el decidido apoyo del Gobierno vasco en el proceso que culminó con la adquisición de la marca y las instalaciones de Fagor, han denunciado recientemente que la dirección prevé acometer 40 “despidos traumáticos”. Estas bajas se unirían al despido en verano de 19 cargos intermedios y a la aplicación de un ERE temporal en octubre, que ha afectado a una plantilla compuesta por unos 400 trabajadores."               (El Confidencial, 23/01/17)

23/12/16

“O de Fagor foi traumático, sobre todo no val de Mondragón”

"Leire Uriarte Zabala, profesora da Facultade de Humanidades e Ciencias da Educación da Universidade de Mondragón destaca nesta entrevista como foi a crise de Fagor, un xigante dos electrodomésticos que provocou unha fonda ferida en toda a comarca de Mondragón. “Quizais fallou a transmisión de valores que agora estamos a recuperar. Na idea orixinal de Mondragón a pata da educación era moi importante”, suliña.

 En outubro de 2013, Fagor presentou concurso de acredores e cesou a súa actividade. A insignia da cooperativa Mondragón cedeu no medio da crise económica despois de anos loitando pola súa salvación. “Aquilo foi unha conmoción, é certo”, recoñece Leire Uriarte, a quen o Instituto Lanki de estudos cooperativos encargou un informe, xunto a Igor Ortega, sobre as preguntas que deixou abertas a caída de Fagor.

 O estudo realizado en base a entrevistas con cooperativistas advertía que “en moitos dos casos, enténdese que o modelo actualmente non ten respostas” para retos como “conxugar o dimensionamiento coa implicación e o compromiso dos socios”.

- Que aprenderon coa crise de Fagor?, que pegada deixou aquilo nun xigante como Mondragón?

- O primeiro que teño que dicir é que Fagor foi unha cooperativa que axudou sempre moito ás demais. Nós, desde antes da crise de 2008, xa estabamos nun proceso de reflexión. Porque entendiamos que o mundo cambiara profundamente, que a sociedade volveuse máis individualista e os mercados, máis competitivos e feroces. 

O de Fagor foi traumático, sobre todo no val de Mondragón onde todo o mundo ten un familiar ou coñece a alguén vinculado directamente á corporación. Pensábase que Fagor era tan grande que non podía caer. Aquilo supuxo un punto de inflexión como se di no informe, porque soubemos que non había que durmirse e que debiamos coidar o que era Mondragón. Empezamos a cuestionarnos desde o modelo de gobernanza das cooperativas ata a súa dimensión. 

Máis que a pór límites a isto ou aquilo, aprendemos que nunca se debe apartar a vista dos valores. Algúns cooperativistas foron conscientes de que se relaxou o interese polos asuntos de xestión, que xa que había unha dirección, delegábase a responsabilidade. Eran traballadores e propietarios pero non se preocupaban das decisións. Agora imos recuperándonos daquilo sabendo que o cooperativismo debe asumir novos desafíos.

- Cales son eses desafíos?

- Pois ir construíndo o cooperativismo para este tempo que nos toca vivir. Houbo unha primeira etapa do cooperativismo da necesidade, na posguerra; logo veu o cooperativismo do benestar, ata os anos dous mil; e hoxe estamos nunha terceira etapa, con novos retos, entre eles os que expoñen esa sociedade individualista e os límites físicos do planeta, o cambio climático. Preguntámonos, por exemplo, que resposta pode dar unha estrutura como a de Mondragón, nacida en plena época industrial, ao reto do cambio climático.

- Novos valores?

- É verdade que os nosos valores foron establecidos nos anos cincuenta e sesenta, hai máis de medio século, e que entón non había nin a preocupación social polo cambio climático nin a urxencia de actuar. Con todo, opino que non son necesarios outros valores para ofrecer a nosa resposta a estes desafíos. A resposta pode engarzarse desde valores como o da solidariedade ou o da colaboración.

- Vostede coopera desde a educación, que foi o berce no que se criou Mondragón, considera que nalgún momento a corporación esqueceuse deste alicerce?

- Poida que iso sucedese, quizá fallou a transmisión de valores que agora estamos a recuperar. Na idea orixinal de Mondragón a pata da educación era moi importante. Todo empezou coa creación dunha escola que pretendía sementar futuro no val. E xa lle digo que desde principios dos anos dous mil estamos nun proceso de reflexión sistemática. 

A Universidade da que formo parte, o Instituto Lanki, son iso. Estamos aí para formar e investigar. Queremos facer unha lectura crítica da realidade actual para xerar conciencia, pero tamén para producir accións, non quedarnos só na reflexión.

- Conciencia e acción para a transformación do modelo económico e social, ou perdeuse ese horizonte ideolóxico? 

- Non creo que se perdera, pero é certo que o vemos hoxe máis lonxe que cando empezou Mondragón ou que hai algunhas décadas. Este era un impulso máis claro nos inicios do cooperativismo moderno. Agora estamos nun mundo máis complexo. Creo que o que podemos facer é tentar enlazar o aspecto social co solidario, propor unha economía máis social e máis solidaria. (...)"            (Entrevista a Leire Uriarte Zabala, Galicia Confidencial, 19/12/16) 

15/9/14

La creación, e incluso multiplicación, de cooperativas no supone por sí misma la creación de un “postcapitalismo”

"(...) Las cooperativas de trabajo son empresas controladas por sus trabajadores y pueden demostrar que una empresa puede funcionar de manera asamblearia y con elementos de horizontalidad, convirtiéndose así en transmisores de un mensaje muy poderoso. Sin embargo, las actividades de las cooperativas se desarrollan en el marco del sistema capitalista, con todas las consecuencias que conlleva.

La consecuencia principal es la necesidad de ser competitivo para sobrevivir como empresa y el hecho de caer en la autoexplotación para conseguirlo. (...)

Si bien es cierto que las cooperativas de trabajo tienen estos límites, éstos no la invalidan como una salida laboral. En muchos casos, ha evitado la atomización de grupos de trabajadores después de luchas que desgraciadamente no terminan bien o simplemente sirven para generar una fuente de autoempleo, sin caer en la explotación de terceras personas y para organizar su actividad laboral con un mínimo de ética. Incluso en ciertas profesiones de tipo artístico, profesional o artesanal, marcadamente individualizadas, las cooperativas pueden convertirse en herramientas para agrupar personas que de otra manera estarían aisladas y desprotegidas.

Ahora bien, debemos ser conscientes de que la creación e incluso multiplicación de cooperativas no supone por sí misma la creación de un “postcapitalismo”, ni tampoco es sinónimo de “colectivización”. Es más, no sólo no representan un elemento revolucionario por sí solas, sino que incluso pueden llegar a jugar un papel socialmente pernicioso, como ha mostrado Mondragón Corporación Cooperativa.

Desde sus inicios a finales de los años cincuenta, cuando sectores de la iglesia en Guipúzcoa crearon la primera cooperativa de fabricación de cocinas, con la intención de alejar la clase trabajadora del cinturón industrial guipuzcoano del sindicalismo y sus luchas, hasta hoy día, que llega a su declive y ha comenzado a despedir a sus propios socios-trabajadores, sin olvidar toda su fase expansiva donde poco a poco fue diluyendo sus principios cooperativistas y asamblearios iniciales, para ir ampliando la brecha salarial entre gerentes y trabajadoras.

Sin embargo, cuando las cooperativas no dan la espalda a sus principios, los mismos que convirtieron en una pata del movimiento obrero- pueden llegar a constituir un espacio muy didáctico para interrelacionarse en un espacio de trabajo en condiciones de igualdad y generar un polo de pensamiento crítico. 

Eso sí, para acabar con el sistema necesitaremos herramientas mucho más potentes que la llamada “economía social”, ya que sólo con la confrontación directa se puede derrotar el capitalismo o, como mínimo, evitar que continúe avanzando y depredando nuestras condiciones de vida y trabajo."            (Ramon Samblas, Solidaridad Obrera, Economía crítica y crítica de la Economía, 09/09/2014)

20/11/13

El cooperativismo vasco de Mondragón: mito y realidad. Fagor

"El pasado 16 de octubre, la empresa Fagor Electrodomésticos, perteneciente al Grupo Mondragón, anunció que entraba en pre-concurso de acreedores, al haber acumulado una deuda de más de 800 millones de euros. 

Días más tarde, el 31 de octubre de 2013, la Corporación Mondragón anunciaba en un comunicado que no podía continuar apoyando económicamente a Fagor, lo que significa dar por hecho el cierre definitivo de la empresa. Pero lo sucedido en Fagor, nos obliga a hacer algunas reflexiones.

La quiebra de Fagor Electrodomésticos supone la destrucción de más de 4000 empleos, entre puestos de trabajo directos (socios cooperativistas y trabajadores asalariados) e inducidos, y afectará principalmente a la comarca guipuzcoana del Alto Deba aunque también repercutirá en otras zonas de Hegoalde y de otros países europeos. Además, Fagor era un símbolo del Grupo Mondragón, y uno de los principales referentes del cooperativismo vasco a nivel mundial.  (...)

Algunos sectores de izquierda también han idealizado y mitificado la organización de cooperativas. Incluso entre la izquierda soberanista vasca han surgido algunos neo- socialistas utópicos que consideran a las cooperativas como si fuesen una especie de “islas” de socialismo, a partir de las cuales se podría llegar a “construir” el poder de los trabajadores, sin necesidad de arrebatárselo a la burguesía.
Esta visión idílica de las cooperativas ha sido echada por tierra, de forma cruda y descarnada, por la propia realidad objetiva. Aunque las cooperativas que se desarrollan en el marco socio-económico del capitalismo tengan algunos aspectos positivos (como el posibilitar el autoempleo en periodos de crisis; o el demostrar, en la práctica, que los propios trabajadores pueden controlar y gestionar las empresas sin necesitar a los patronos); lo cierto es que se encuentran sometidas a las leyes del mercado y que, para sobrevivir, necesitan competir, de forma despiadada con otras empresas y también con otras cooperativas. 

Por ello, se ven forzadas a abaratar sus costes de producción y mejorar su productividad, para lo que deben incorporar los últimos avances técnicos y científicos (I+D+i) al proceso productivo. 

Al mismo tiempo, también se ven obligadas a buscar nuevos mercados (ya sea en el plano nacional o en el internacional). Todo lo cual las lleva a requerir una creciente financiación externa, para lo que deben recurrir cada vez con mayor frecuencia a los créditos bancarios. 

En fin, bajo el capitalismo, las cooperativas se ven sometidas a la acción de una serie de factores que condicionan su propio funcionamiento interno, que las llevan a adoptar formas organizativas y de gestión cada vez más complejas y, en definitiva, a alejarse cada vez más de sus iniciales principios democráticos y asamblearios; a requerir del trabajo de “expertos” que acaban resultando imprescindibles y que llegan a constituir una verdadera élite de tecnócratas que se superpone al conjunto de los trabajadores-cooperativistas y acaban gestionando las cooperativas según sus propios intereses.

 Es decir que las cooperativas, lejos de ser esas idílicas “islas” de socialismo, tienden a reproducir las relaciones de producción capitalistas y, como consecuencia de ello, a generar contradicciones entre el trabajo físico e intelectual, entre el trabajo de ejecución y el de dirección. 

Esto es, ni más ni menos, lo que ha ocurrido con Fagor Electrodomésticos, según denuncian algunos de sus propios cooperativistas. De hecho, esta cooperativa opera a través de 12 marcas comerciales, posee plantas de producción y filiales en varios países (España, Francia, Marruecos, Irlanda, Italia, Polonia, China, etc.) y vende sus productos en 130 países.

 Está integrada en el grupo Fagor que, a su vez, forma parte de la Corporación Mondragón (séptimo grupo empresarial del Estado español y el mayor grupo cooperativo del mundo) cuya producción supuso en 2010 el 3,1% del PIB de la CAPV y el 7,4% de su PIB industrial . 

En el 3er. Congreso del Grupo Mondragón (1991), se creó la Mondragón Corporación Cooperativa, que se constituyó como una federación. En 1993, el Parlamento Vasco aprobó la Ley de Cooperativas de Euskadi, que respondía a las necesidades del Grupo Mondragón y que permitía que las cooperativas pudieran disponer de nuevos medios de financiación, entre ellos la emisión de “participaciones especiales” y obligaciones, con lo cual se asemejaron más y más a otras empresas capitalistas. Algunas cooperativas, como ULMA, no se integraron en MCC.

El cambio en la legislación vino a favorecer la articulación sectorial de las cooperativas, así como su integración vertical, al mismo tiempo que se debilitaba la autonomía de las cooperativas individuales en beneficio del grupo, al facilitar la concentración y centralización de los órganos de decisión dentro del MCC. 

A partir de ese momento, los órganos básicos de gobierno del Grupo Mondragón fueron el Congreso, el Consejo General y el Consejo Permanente, situándose inmediatamente después los órganos de las divisiones. 

Al mismo tiempo que perdía peso la Asamblea General, por reducción de competencias, lo ganaban las cooperativas más representativas del grupo (Fagor, Eroski, Ikerlan,…) a través de las Agrupaciones Sectoriales. Con ello, el poder de decisión quedaba cada vez más alejado de las asambleas de base de las cooperativas y las decisiones más importantes escapaban a su control. (...)

Por último, el “pinchazo” de la burbuja inmobiliaria que tuvo lugar en 2008, afectó considerablemente a Fagor Electrodomésticos ya que de los aproximadamente 700.000 pisos que en aquella época se construían en el Estado español, la mayor parte estaban equipados con electrodomésticos de dicha empresa.

 Ello hizo que de tener una facturación anual de unos 1.800 millones de euros en los años 2006 y 2007, ese año bajase a unos 500 millones, con unas pérdidas adicionales de 60 millones."             (Santi Ramirez , Rebelión, 18/11/2013)

7/11/13

Fagor/Mondragón: "No ha habido ningún gestor valiente que ha dicho las cuatro verdades"

"Los más de 200 trabajadores de Fagor Electrodomésticos en su única planta en Bizkaia, en Basauri, están desde la noche del lunes en un encierro indefinido a la entrada de la fábrica en defensa de la viabilidad y sus empleos. (...)

“Este encierro no ha sido nada espontáneo. Cuando vimos lo que se avecinaba, ya montamos distintos grupos de trabajo para manifestaciones, prensa.. que siguen trabajando y con muchas ideas que vamos poniendo en práctica a menudo que salen las malas noticias”, aseguran casi al unísono. Como para muchos otros trabajadores, la crisis, para ellos, viene de lejos.

 Desde 2008 están en un Expediente de Regulación de Empleo Temporal, aunque en 2006 ya se encontraban en lo que llaman “calendarios a la baja”, con reducciones de horas de trabajo. “No es que se viera venir.

 Cuando una de las cooperativas va mal, se ayuda para remontar. Siempre ha funcionado así. El problema es que ahora la han dejado caer y no sabemos el por qué. Puede ser un motivo económico o político”, dice Isa.

“A ver desde 2001, veo la misma papeleta en las reuniones, que este negocio pierde este dinero y todos los años ha ido mal. Pero en los años de bonanza se tapado el agujero del negocio que perdía.

 Veíamos que todos los años seguían perdiendo y comentábamos cómo no se hacía una reestructuración fuerte en esa planta. Mala gestión, si. Ganas de no querer deslocalizar, también. Para salvar el empleo. También han pensado de que iba a remontar”, dice Cristina.

No tienen duda de que a esta situación drástica se ha llegado por mantener los puestos de trabajo. “Pero ahora no se pueden mantener”. “Y el problema están las formas. Que no ha habido transparencia. Eso lo sabemos todos”, tercia José Ignacio.

 Carlos, que ha entrado en el turno del encierro a las 3 de la mañana y se va a descansar una vez terminada esta entrevista, se refiere a la polémica compra de la firma francesa Brandt, en la que se sitúa una de las claves para la declive de Fagor Electrodomésticos. “Recuerdo que la compra nos costó paga y media.

 Entonces se vendía. Pero las ventas empezaron a bajar y en 2008 se fue agudizando, hasta que llegas a pérdidas de 89 millones de euros y no puedes aguantar. Cuando perdías 20, 30, decías que cortábamos un poco y nos ayudaban. Y ha ido esto como una bola de nieve. Mires donde mires, todos son problemas”.

La compra en Francia supuso la absorción de 5.500 trabajadores, “que no eran socios”, resalta José Ignacio. “Mantener 10.000 personas con el sueldo de 2.000 no se puede sostener”. Luis comentó que esta operación coincidió poco después con el reventón de la burbuja inmobiliaria “y ya nos pilló que estás metido hasta el cuello”. 

 Aseguran que los competidores están en una similar situación. “Hemos caído nosotros”, señala Isa, “pero los otros no están en mejor situación”.

Y la actitud que ha tenido la dirección tanto de Fagor Electrodomésticos como del Grupo Mondragón entra de lleno en este coloquio. “Han fallado. No han sido capaces de coger el toro por los cuernos”, afirma Carlos. “Se les ha escapado de las manos”, dice José Ignacio. 

Relatan la crisis de la rama productiva de frigoríficos, que “un año perdía 7 millones, otro 12, luego 17. Y había que tomar la decisión de reubicar a 300 compañeros”. Pero, asegura Luis, el resto de cooperativas “ponían pegas para acogerlos. ¿Cómo ibas a hacer así un plan de reestructuración?  

Tenían que haber absorbido en esos años de bonanza. ¿Por qué no se presionó desde la dirección de Fagor a las demás empresas para que lo hicieran? Se quiso mantener aquí el trabajo porque no se podía dejar en la calle a esos 300”.

José Ignacio asegura que, desde 2001, cuando entraron en Fagor Edesa, la rama de frigoríficos “siempre daba pérdidas. Vamos arrastrando desde allí”. “Pero eso es una estrategia de empresa”, interviene Isa. 

“Podíamos haber dicho que no. Teníamos que tener cuota de mercado en todo, las gamas bajas, media, que es donde sacamos dinero, y la alta. La compra de Brandt fue para vender a los ricos. De hecho los chinos ricos solo quieren las marcas altas como Fagor”.

“No ha habido trasparencia”, reitera José Ignacio. “El 99,99% nos enteramos por las noticias de la deuda multimillonaria de Fagor Electrodomésticos. Nunca se nos ha dicho la cifra”. Cristina es categórica: “Yo vengo aquí a poner tornillos. Si me dicen que el cielo es verde me lo tengo que creer”, afirma, en alusión a las operaciones estratégicas.

 “Quien es el guapo que hace seis años, cuando las cosas iban bien, se planta en una asamblea ante 1.800 tíos que dice que va a cerrar [la rama de] frigoríficos. Se monta la del 15 de mayo”. “Las cuentas no se han hecho bien. No se ha querido deslocalizar y ya está”, añade Cristina.

“El núcleo de la cooperativa, de que todos somos iguales, eso se perdió hace tiempo”, lamenta Luis. “El modelo cooperativo tiene muchas ventajas, mucho más que una sociedad anónima”, agrega Cristina. “En 2009, con una sociedad anónima, ya no estábamos aquí, estábamos en casa”.

 “No ha habido ningún gestor valiente que en 2008 dijo que frigoríficos se cierra. Incluso antes. No ha habido ningún valiente que se ha plantado delante de la asamblea y ha dicho las cuatro verdades”.

Isa pone un símil. “Esto es como una madre de familia con varios hijos y uno drogadicto. Y los otros le dicen que le deje de lado. Para la madre, es su hijo”. Niegan cualquier falta de solidaridad en el resto de cooperativas, porque han bajado sueldos y han dado ayudas. Los 200 de Basauri tienen el mismo rango de cooperativistas que los otros 1.600 de las otras cuatro fábricas en Euskadi, todas ellas en Gipuzkoa.

 Pero la diferencia es que las cotizaciones son de la Seguridad Social (los otros 1.600 lo perciben del fondo del grupo cooperativo) y temen que se queden los últimos en las posibles soluciones. “Primero van a solucionar a los que tienen que pagar ahora todos los meses, no a nosotros que nos paga la Seguridad Social”.

Pese a todo, siguen optimistas. “Seguimos pensando con ganas de seguir trabajando. Esto se tiene que arreglar. Que luego no sale, ya veremos”. Y la situación personal. “Todos tienen hijos e hipotecas. Algunas son situaciones dramáticas”. Cristina relata que su hermana, trabajadora también en Basauri, “es el único sustento de la familia”. 

Y luego el  temor a que se pueda ver perjudicado incluso su patrimonio. “Ese es el miedo que  tenemos. La deuda [de Fagor Electrodomésticos] se nos puede imputar a nuestros bienes personales. La ley no lo deja claro”, señala José Ignacio. “Tenemos claro que nuestras familias es lo primero. Que eso les quede claro. Como dice la Belen Esteban, por mi hijo mato”.                (eldiario.es, 05/11/2013)

24/5/13

“El cooperativismo es mucho más que una empresa que únicamente mira por su crecimiento económico”

"Ivan Miró (Barcelona, 1975) es sociólogo, investigador y docente en economía cooperativa y movimientos sociales. Socio de la cooperativa ‘La Ciutat Invisible’ de Barcelona y dinamizador del ‘ Projecte Barri Cooperatiu’, (...)

Su tesis es que el cooperativismo puede ser una manera de hacer frente a los efectos más devastadores de la crisis y crear empleo a nivel local, “una forma de crear un mercado social donde la economía esté al servició de las personas y no al contrario”. Sus argumentos están en los proyectos que impulsa, que ya han convencido a miles de catalanes.

Pregunta: ¿Podría explicarme en qué consiste su alternativa?

Respuesta: Desde 2009 llevamos impulsando el proyecto barrio cooperativo en diferentes fases. Una de las primeras estrategias ha sido la recuperación de la memoria de nuestros distritos sobre el tema. En Barcelona el cooperativismo obrero histórico fue una alternativa económica muy importante hasta 1939, donde las clases trabajadoras autogestionaban el consumo de bienes y alimentos y con los fondos que adquirían también hacían políticas sociales autogestionadas.

P: ¿Creen que aquel movimiento se puede trasladar a la actualidad?

R: La idea es hacer ver que ya ha habido ejemplos prácticos en nuestras sociedades donde la cooperación social ha tenido un peso importante y esto demuestra que es posible hacer otra economía. La 2º fase ha sido hacer una campaña de comunicación para dar a conocer el cooperativismo en institutos, universidades, asociaciones de vecinos, bibliotecas de barrio y etc. Y tenemos una última línea de actuación de apoyo a nuevos proyectos cooperativos de trabajo.

P: ¿Obtienen resultados?

R: Ahora mismo hay muchas dificultades de financiación, pero hay proyectos que están saliendo adelante. Por ejemplo, los grupos de consumo ecológico hace años que llevan funcionando en Cataluña. Se están creando también muchas cooperativas en el sector de las nuevas tecnologías donde hay mucha gente que viene del mundo del Software libre y ya está acostumbrada a esta forma de trabajo y colaboración. También hay otras iniciativas como el cooperativismo de energías verdes o el de crédito colectivo.

P: ¿En qué consiste el concepto de crédito colectivo?

R: Es una cooperativa de crédito donde se capta capital de ahorradores éticos, que quieren que sus ahorros sirvan para financiar proyectos sociales. Este dinero se destina a financiar proyectos de economía social y solidaria.

P: ¿Tiene éxito?

R: Ha crecido mucho durante los últimos dos años por la situación de crisis económica, el descrédito de la banca convencional capitalista y los mensajes de movimientos sociales como el 15M, por ejemplo. La gente se está cuestionando a qué se destina su dinero.

P: Al hablar de cooperativismo en Euskadi automáticamente se piensa en la Corporación Mondragón. ¿Cuál es la diferencia entre estas empresas y lo que ustedes proponen?

R: Nosotros defendemos un modelo de cooperativismo distinto, Mondragón juega un papel muy importante en la generación de puestos de trabajo y por eso entre otras cosas el paro es más bajo aquí, pero nosotros apostamos por un modelo donde la participación de todos los socios sea mayor y con un enraizamiento comunitario más fuerte. Creemos que el cooperativismo es mucho más que una empresa que únicamente mira por su crecimiento económico.

P: ¿Un cooperativismo que mire más allá de sí mismo?

R: Sí, eso es. Ahora con la crisis tenemos muchos ejemplos de cooperación social que van más allá de crear una empresa colectiva. Hay gente que se une para parar desahucios, hay huertos urbanos, se están impulsando proyectos culturales locales. Y es un movimiento que se da tanto en los barrios como en las redes sociales con fenómenos como el ‘ crowdfunding’. El nuevo cooperativismo debe estar trabajando codo a codo, no pensar tanto en grandes estructuras de grupos sino en proyectos de intercooperación.

 P: ¿Puede darse una convivencia entre esta concepción del mercado y el capitalismo?

R: A mi me gustaría que el cooperativismo cada vez le quitara más espacio. ¡Ojalá el modelo hegemónico fuera la economía social y solidaria! Ahora bien, de momento no lo es y tampoco hay unas políticas públicas ni urbanas que apuesten claramente por el cooperativismo.

P: ¿No percibís apoyo de los poderes públicos para generar empleo con estas iniciativas?

R: Ahora mismo en Cataluña tenemos un Gobierno de derecha-liberal y su política no es apoyar a la economía cooperativa de una forma real. Por ejemplo, en la República había leyes mucho más avanzadas que la que quiere cambiar ahora CIU. Desde algunas administraciones locales sí que están apoyándonos un poco más, pero sólo porque tienen el problema de los parados encima de la mesa.

P: En este sentido, ¿cómo ve a ciudades como Bilbao o Barcelona?

R: Lo que yo creo es que las ciudades deben cambiar su modelo económico. Durante los últimos años se ha mercantilizado la vida urbana de una forma en la que la ciudadanía no ha tenido ni participación ni beneficios. Estas ciudades de grandes marcas, como la marca Bilbao o la marca Barcelona, de grandes museos e infraestructuras han apostado por construirse de espaldas a los ciudadanos.

P: Con la crisis que vivimos, ¿han notado un mayor acercamiento hacia el cooperativismo?

R: En Cataluña tenemos la ‘ Xarxa d'economia solidària’, que tiene una comisión de trabajo territorial donde se suman algunas de esas iniciativas de los barrios. En octubre del año pasado celebraron la primera feria de economía solidaria de Cataluña, fue un evento al que acudieron miles de personas y sé que en Madrid y Aragón también se están organizando varias ferias similares, lo que da una idea de que existe mucho interés al respecto. Yo creo que son un modelo muy interesante que ofrece a la gente información sobre la economía social que se está desarrollando a su alrededor."         (El Diario Norte,

21/3/13

El sistema político-económico (capitalista) actual es una forma de plutocracia que diverge fuertemente de la democracia

"Hay capitalismo y luego el verdadero capitalismo existente. El término capitalismo se usa comúnmente para referirse al sistema económico de Estados Unidos con intervención sustancial del Estado, que va de subsidios para innovación creativa a la póliza de seguro gubernamental para bancos demasiado-grande-para-fracasar.

El sistema está altamente monopolizado, limitando la dependencia en el mercado cada vez más: En los últimos 20 años el reparto de utilidades de las 200 empresas más grandes se ha elevado enormemente, reporta el académico Robert W. McChesney en su nuevo libro Digital disconnect.

 Capitalismo es un término usado ahora comúnmente para describir sistemas en los que no hay capitalistas; por ejemplo, el conglomerado-cooperativa Mondragón en la región vasca de España o las empresas cooperativas que se expanden en el norte de Ohio, a menudo con apoyo conservador –ambas son discutidas en un importante trabajo del académico Gar Alperovitz. (...)

El sistema político-económico actual es una forma de plutocracia que diverge fuertemente de la democracia, si por ese concepto nos referimos a los arreglos políticos en los que la norma está influenciada de manera significativa por la voluntad pública. Ha habido serios debates a través de los años sobre si el capitalismo es compatible con la democracia. 

Si seguimos que la democracia capitalista realmente existe (DCRE, para abreviar), la pregunta es respondida acertadamente: Son radicalmente incompatibles. A mí me parece poco probable que la civilización pueda sobrevivir a la DCRE y la democracia altamente atenuada que conlleva.

 Pero, ¿podría una democracia que funcione marcar la diferencia? Sigamos el problema inmediato más crítico que enfrenta la civilización: una catástrofe ambiental. Las políticas y actitudes públicas divergen marcadamente, como sucede a menudo bajo la DCRE. La naturaleza de la brecha se examina en varios artículos de la edición actual del Deadalus, periódico de la Academia Americana de Artes y Ciencias.

 El investigador Kelly Sims Gallagher descubre que 109 países han promulgado alguna forma de política relacionada con la energía renovable, y 118 países han establecido objetivos para la energía renovable. En contraste, Estados Unidos no ha adoptado ninguna política consistente y estable a escala nacional para apoyar el uso de la energía renovable.

 No es la opinión pública lo que motiva a la política estadunidense a mantenerse fuera del espectro internacional. Todo lo contrario. La opinión está mucho más cerca de la norma global que lo que reflejan las políticas del gobierno de Estados Unidos, y apoya mucho más las acciones necesarias para confrontar el probable desastre ambiental pronosticado por un abrumador consenso científico –y uno que no está muy lejano; afectando las vidas de nuestros nietos, muy probablemente. Como reportan Jon A. Krosnik y Bo MacInnis en Daedalus:

 Inmensas mayorías han favorecido los pasos del gobierno federal para reducir la cantidad de emisiones de gas de efecto invernadero generadas por las compañías productoras de electricidad. En 2006, 86 por ciento de los encuestados favorecieron solicitar a estas compañías o apoyarlas con exención de impuestos para reducir la cantidad de ese gas que emiten... También en ese año, 87 por ciento favoreció la exención de impuestos a las compañías que producen más electricidad a partir de agua, viento o energía solar.

 Estas mayorías se mantuvieron entre 2006 y 2010, y de alguna manera después se redujeron. El hecho de que el público esté influenciado por la ciencia es profundamente preocupante para aquellos que dominan la economía y la política de Estado.

 Una ilustración actual de su preocupación es la enseñanza sobre la ley de mejora ambiental, propuesta a los legisladores de Estado por el Consejo de Intercambio Legislativo Estadunidense (CILE), grupo de cabildeo de fondos corporativos que designa la legislación para cubrir las necesidades del sector corporativo y de riqueza extrema.

 La Ley CILE manda enseñanza equilibrada de la ciencia del clima en salones de clase K-12. La enseñanza equilibrada es una frase en código que se refiere a enseñar la negación del cambio climático, a equilibrar la corriente de la ciencia del clima.

 Es análoga a la enseñanza equilibrada apoyada por creacionistas para hacer posible la enseñanza de ciencia de creación en escuelas públicas. La legislación basada en modelos CILE ya ha sido introducida en varios estados."            (Noam Chomsky, La Jornada, Rebelión, 18/03/2013)