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23/3/23

“O cambiamos el modelo, o la falta de recursos nos hará cambiar bruscamente el modelo”... La globalización actual, además del impacto ambiental de traer unos pantalones desde China, nos hace muy vulnerables. Tarde o temprano, y yo creo que más temprano que tarde, toparemos con estos límites... el pico de la mayor parte de los recursos puede llegar antes de que acabe este siglo, y muchos de ellos antes de 2050. Esto, contando con las reservas minerales que hipotéticamente existen en el planeta y que todavía no hemos detectado, y también con una tecnología futura que podría llegar a extraerlo... tendremos que volver cada vez más a las raíces de lo local

 "Alicia Valero (Zaragoza, 1978) es una referencia en el estudio del consumo de recursos. Hace 18 años que lo estudia desde el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (Instituto CIRCE). Dirige el grupo de investigación de ecología industrial de este centro, y también da clases en varios grados y másteres de la Universidad de Zaragoza. En 2021 ha publicado Thanatia. Los límites minerales del planeta (Icaria), un libro en formato de entrevista donde divulga la crisis de los materiales junto con su padre, también experto en la cuestión. En la vertiente académica, Valero ha sido más prolífica: 126 publicaciones y numerosos reconocimientos internacionales. Su campo de estudio puede parecer técnico y concreto, pero nos permite entender mejor qué pasa con las Play Stations, en la Seat o en el conflicto afgano.

La fábrica más grande de Cataluña, la Seat, está en un ERTE. El mayor productor de coches del mundo, Toyota, ha anunciado que bajará un 40% su producción mundial de coches este mes de septiembre. ¿Qué está pasando con los microchips? ¿Es una crisis de semanas o va para largo?

Las fábricas de microchips son muy pocas en todo el mundo y están concentradas en Asia. Ha habido una demanda brutal de microchips no solo a causa de la automoción, sino en general de todos los aparatos eléctricos y electrónicos. A ello, se ha sumado el hecho de que algunas fábricas tuvieron que estar paradas por la pandemia, y todo junto ha provocado serios problemas de abastecimiento. El sector está bastante preocupado porque no parece que esto pase rápidamente. En 2022 es seguro que continuarán las paradas, y es posible que se alargue a 2023. Además, hay el problema de que los coches tienen microchips relativamente baratos y sencillos, que solo tienen funciones como subir o bajar una ventanilla. La priorización de los fabricantes es hacia los microchips de mayor valor añadido, como los de los ordenadores. Los automóviles están al final de la lista. Hay algunas circunstancias puntuales relacionadas con la Covid-19 en esta crisis que no conozco bien porque no soy experta, pero no deja de ser la punta del iceberg de lo que vendrá en el futuro.

¿Por qué es la punta del iceberg?

Porque tenemos una demanda creciente exponencialmente y unos recursos del planeta que son los que son. No se puede soportar este crecimiento con los recursos que hay. Si haces cuentas, ves que la población aumenta con una tasa del 1% anual. Y que la depredación de recursos crece más, hasta un 3%. No solo hay más gente, sino que la gente que hay quiere más. En una generación habremos consumido tanto como en toda la historia del ser humano. Está clarísimo que esto estallará de alguna forma. Ya estamos viviendo estas consecuencias; los microchips son solo una muestra. Pero realmente todas las materias primas están sufriendo subidas brutales, porque la demanda sube de manera exponencial y no hay fábricas que sean capaces de dar abastecimiento ni recursos suficientes para proveerlas. Tenemos un problema serio que hay que abordar inmediatamente.

Pero, si no hemos pensado en comprar ningún coche… ¿esto nos puede afectar igual a corto plazo?

Para empezar, la economía de lugares como Martorell se puede ver muy afectada. Yo he visto afectaciones en mi entorno. Hay amigos de mis hijos que quieren una Play Station, y en la tienda no hay. O gente que necesitaba un sofá reclinable y este no llega porque faltaban microchips. No es un problema del sector del automóvil; ahora todo funciona con electrónica.

¿Cuál es tu previsión sobre los recursos que fallarán?

Si haces un análisis de cómo estamos extrayendo los recursos desde el año 1900 y de cuánta materia prima queda disponible para explotar, te das cuenta que, si seguimos a este ritmo, hay bastantes materias primas que tendrán un gran problema de suministro. Sobre todo, si consideras la transición digital y la transición a las energías limpias. Todo esto requerirá una serie de elementos que son escasos en la naturaleza.

Y, si estos materiales van buscados, ¿no se podrán encontrar nuevas minas?

No hay minas operativas suficientes. Y abrir una mina nueva implica, de media, unos 15 años, y muchos problemas ambientales asociados. Nadie quiere una mina cerca. No es tan fácil abrir una mina, como hemos visto en Cáceres. Aunque fuéramos capaces de encontrar nuevos yacimientos, que por supuesto se encontrarán, el problema está en el hecho que sus minerales estarán cada vez más diluidos. Esto es como el petróleo: la rentabilidad será cada vez peor. Es aritmética. Otra cosa es que no quieras ver el problema.

¿Quién no quiere ver el problema?

La Comisión Europea ya está diciendo que hay que apostar por nuevos yacimientos en el territorio porque dependemos de otros países. Pero, cuando he asesorado a comités de la Comisión Europea y explicaba que había que reducir, se me echaban a la yugular. Decían que se trataba de continuar creciendo económicamente. Pero tres más uno son cuatro. Y, si tienes cinco, solo te queda un margen de uno. Y, si sigues creciendo a un ritmo de uno, solo te queda un año. Algo hay que hacer. Ahora la transición energética está planteada para no superar los 2 grados y llegar a cero emisiones en 2050. O se invierte seriamente en minas y en la recuperación de materiales, o no llegaremos a estas cifras.

¿Debemos acostumbrarnos a no encontrar lo que buscamos en las tiendas?

Creo que será más el pan de cada día, sinceramente. Obviamente, todo esto se ha visto agravado por la Covid-19, y, cuando los precios suben mucho, al final vuelve a bajar la demanda y todo se vuelve a canalizar durante algún tiempo. La economía depende de muchísimos factores. Pero lo cierto es que, si existe un factor limitante, este factor es el físico, el de los recursos que hay. Tendremos que asumir que, si no tengo una Play Station, mala suerte y me aguanto, porque sencillamente no hay microchips para ofrecerme esta consola. Personalmente, estoy pendiente de que llegue el uniforme de gimnasia de mis hijos, y me han dicho que hasta enero o febrero no llegará porque los barcos chinos no están llegando. 

 Fíjate que estamos hablando de un textil, ni siquiera de una cosa electrónica. Esto será cada vez más cotidiano; tendremos que volver cada vez más a las raíces de lo local. La globalización actual, además del impacto ambiental de traer unos pantalones desde China, nos hace muy vulnerables. Tarde o temprano —y yo creo que más temprano que tarde— toparemos con estos límites.

¿Qué significa “temprano”?

Hemos realizado curvas de extracción de recursos minerales. La conclusión general es que el pico de la mayor parte de los recursos puede llegar antes de que acabe este siglo, y muchos de ellos antes de 2050. Esto, contando con las reservas minerales que hipotéticamente existen en el planeta y que todavía no hemos detectado, y también con una tecnología futura que podría llegar a extraerlo. Si contamos solo las reservas que conocemos actualmente, los picos se avanzan muchísimo. Aquí el problema es que la demanda está aumentando exponencialmente y no hemos entendido lo que significa el consumo exponencial. No lo tenemos interiorizado; pensamos en lineal. Pero, precisamente cuando llegó la pandemia, experimentamos en primera persona lo que implica una transmisión del virus exponencial. Sin confinamiento, en pocos días nos habríamos infectado todos. Con ritmos diferentes, pero es la misma lógica de lo que estamos haciendo con los materiales.

Volviendo a Seat: ¿esto quiere decir que la promesa de fabricar 500.000 coches eléctricos cada año es inviable?

Yo he trabajado con Seat analizando como diseñar vehículos para evitar estos cuellos de botella. Si la demanda de vehículos y la de energías renovables aumentan de la manera que se prevé en los ‘Acuerdos de París contra el cambio climático’, nos podemos encontrar con límite de suministro de plata, cadmio, cobalto, cromo, cobre, galio, indio, litio, manganeso, níquel, plomo, platino, telurio o zinc antes de 2050. Estos son los elementos necesarios para las baterías de los vehículos, pero también para las energías renovables y en general para toda la electrónica. Tu ordenador también tiene batería; todo compite con todo. Por ahora, no hay baterías suficientes. Yo creo que los fabricantes de vehículos saben que no habrá baterías para todos los coches que esperan. El cobalto, por ejemplo, es muy crítico y está concentrado en muy pocos países.

Si las empresas automovilísticas lo saben… ¿por qué no actúan de una manera diferente?

Los fabricantes están creando acuerdos con los países proveedores para asegurar el suministro de materiales. Renault y Volkswagen ya prevén que las baterías se quedarán en propiedad del fabricante. Esto te da una idea de lo preocupados que están, de lo estratégicas que son las baterías, y de lo escépticos que están los fabricantes respecto a las previsiones que ellos mismos dicen. Lo que no hará un fabricante es lanzar mensajes apocalípticos.

¿Seat os pide que analicéis si tendrán materiales para sus coches?

Sí, nuestro grupo de investigación ha hecho varios proyectos con ellos. Antes de que ocurriera el problema de los microchips, nosotros ya les hicimos un análisis de varios modelos de Seat diciéndoles cuales eran las piezas críticas que tiene el vehículo, y como habría que diseñarlas para mejorar. ¿Sabes cuáles eran las piezas críticas? Justamente la electrónica, los microchips. Esto fue en 2018. Ya les estábamos diciendo que “ojo con estas piezas”, porque dependen de unos materiales muy escasos. Y bien, ya lo ves. Los fabricantes son conscientes de que tienen que repensar la manera de fabricar, y ahora han visto las orejas al lobo con el tema de los microchips.

Y los gobiernos, ¿son conscientes del problema? ¿Cómo está preparado el Estado español en este tema?

No estamos preparados ni mucho menos. Nos hemos hecho vulnerables intentando fabricar de manera más barata en otros países. Si fabrican otros lo que es tuyo, aparentemente tú no tienes los problemas de emisiones contaminantes. Y hemos pensado: ¡que fabriquen los chinos! A corto plazo podía ser una estrategia, pero a la hora de la verdad, si los chinos dicen que no suministrarán chips o tierras raras, aquí se para la economía. No tenemos fábricas, ni materias primas, ni una industria capaz de obtener materias primas de la basura que estamos generando.

Pero hoy en día ya somos dependientes del petróleo y del gas de otros países, y no nos va tan mal.

El problema es que queremos dejar de quemar combustibles fósiles, porque es lo que hay que hacer, pero lo queremos hacer con el mismo ritmo de crecimiento. Los aerogeneradores, los vehículos eléctricos, las placas solares…, todo esto es necesario, y todo esto está basado en materiales que son muy críticos. Pasaremos de ser dependientes del petróleo a ser multidependientes de toda la tabla periódica. Puede haber escasez de litio, puede haber escasez de manganeso, de cobalto… No todos estos elementos están situados en Arabia Saudí.

¿Quién se está preparando mejor?

El litio está en Bolivia, Argentina y Chile. El cobalto, sobre todo en el Congo. Las tierras raras, en China. Pero sobre todo seremos dependientes de China. Ellos tienen o bien los recursos o bien el procesamiento y refinamiento de los recursos de otros países. Y está comprando terrenos ingentes de África y de América Latina que contienen recursos. Son la fábrica del mundo y saben que quien tenga los recursos tendrá el poder. China tiene, desde hace décadas, una política de acaparamiento, o como mínimo de asegurarse el suministro. Los otros países no lo han sabido ver. Nosotros seremos más bien unos espectadores.

Algunos países petroleros, en América Latina y en Oriente Medio, han sufrido inestabilidad política y guerras como consecuencia de la lucha por su petróleo. ¿Puede pasar lo mismo con países que tienen muchos recursos minerales?

Esto ya está ocurriendo en Marruecos. Los conflictos que hay por el Sáhara Occidental no son para apoderarse del desierto. Son porque tienen las mayores reservas de fósforo del planeta. El fósforo es el oro verde, porque es la materia prima de los fertilizantes, y quizás podemos vivir sin microchips pero no sin alimentación. Las plantas necesitan este fósforo. Hoy en día hay mucha menos hambre en el mundo porque hubo una revolución de la agricultura con los fertilizantes. La productividad de los campos aumentó mucho. Pero se han echado tantos fertilizantes en los campos que hay unos problemas de contaminación brutales. Y estamos viendo una desaparición de suelo fértil. O encontramos otra revolución verde en la que no necesitemos estos fertilizantes minerales, o lo tenemos difícil. En el caso de Afganistán, no me atrevería a decir que ha estado determinante porque desconozco el background del país. Pero en 2007 ya era uno de los países estrella en busca de nuevas reservas de elementos como el litio. Si ahora mismo los chinos la tienen a bien con los talibanes es porque hay unas reservas estratégicas que interesan. Obviamente, de trasfondo del conflicto puede haber otros muchos factores, pero por supuesto en Afganistán hay reservas de varias materias que son estratégicas.

Muchos economistas defienden que es posible seguir creciendo sin consumir tantos materiales, porque en una economía digital ya no harán tanta falta, y entonces no habrá que sufrir por la escasez. ¿Cómo lo ves tú?

Precisamente son las tecnologías digitales las que más materias primas escasas necesitan. Esto, para empezar, pero es que, además, la historia nos dice que, cada vez que hemos mejorado la eficiencia de algún equipo, ha ocurrido un efecto rebote. Los coches ahora son más eficientes que nunca, pero utilizamos la mejora para fabricar muchos más coches. Y, al final, lo que tienes es un aumento exponencial de la depredación de los recursos. Hay que buscar la eficiencia, evidentemente; pero, si eso no va acompañado de repensar el modelo de sociedad que tenemos, difícilmente lo cambiaremos. Hay que replanteárselo todo muy seriamente. En el fondo, la pandemia nos ha enseñado mucho sobre esto: lo que hay que hacer es bajar la curva.

¡Una de las apuestas podría ser que todos estos materiales se reciclen!

En el caso de los coches, hemos hecho estudios para ver como se podría hacer un reciclaje mejor. Y, actualmente, todos estos elementos que son críticos los estamos perdiendo. Cuando llevas un vehículo a desguazar, le sacan las ruedas, los fluidos, el catalizador…; esto, con suerte. Los aceros del coche, que son ultraresistentes, se juntan con las chapas de cualquier electrodoméstico, y el acero que queda es de baja calidad, con impurezas. De todo ello, se dice que actualmente se reciclan los vehículos en un 95%, que es a lo que obliga la legislación. Pero en realidad lo que se recicla es un 95% del peso, y los minerales críticos se pierden en el vertedero o quedan diluidos en la mezcla de aluminio. Hoy por hoy, no existen procesos mejores que recuperen estos elementos, los que están en los microchips y que son esenciales. No será fácil, pero hay que entender lo estratégico que es recuperar estos elementos. Ahora mismo estamos parando las fábricas de vehículos de 1.000 kilos porque nos faltan unos microchips que pueden pesar 3 gramos.

Di algún ejemplo de mineral desconocido para el gran público que utilizamos mucho y que echaremos de menos pronto.

El telurio, por ejemplo. Se emplea en los nuevos paneles fotovoltaicos, porque son más finos y eficientes. Pero no hay minas de telurio, porque son elementos que salen del refinamiento de otros elementos mayores, como el cobre. Es decir, que están supeditados a la producción de estos minerales mayores. No abrirás una mina específicamente para el telurio si lo que puedes sacar son unos gramos por tonelada. Con el indio pasa lo mismo: es un material que hace que puedas mover la pantalla del móvil con el dedo. Y es necesario para los LED. Y una sola compañía china suministra una gran parte de este indio.

¿Y las tierras raras? ¿Por qué son importantes?

Se llama tierras raras a un conjunto de 17 elementos de la tabla periódica. Algunas son muy críticas para las energías renovables, como el neodimio y el disprosio. Con estos dos materiales hacen imanes muy fuertes, unos imanes que son necesarios para cualquier motor. Todo motor eléctrico tiene tierras raras: ordenadores, cámaras, vehículos… Cualquier cosa que se mueva lo tiene: incluso un sofá reclinable. Pero no hace falta fijarse en materiales tan concretos para darse cuenta de la gravedad de la situación. El sector de la construcción está temblando por los precios de las materias primas que no son raras. La madera está subiendo muchísimo. El aluminio y el cobre, también. De momento, los promotores están asumiendo esta subida de precios, pero no sé cuánto tiempo aguantarán así. Al final nos lo repercutirán. Todo está relacionado con el consumo exponencial. Por algún lado tiene que explotar.

Si falla alguno de estos materiales, ¿es posible que encontremos alternativas para fabricar a partir de otras cosas?

Siempre se buscan alternativas. Todo es reemplazable. Pero en el sistema de producción actual no lo es, porque todo se basa en el just in time. Si necesito un pedido de microchips, es para mañana. Tenemos que ir hacia un modelo diferente, de stocks más grandes, de más flexibilidad, porque las cadenas de suministros cada vez son más débiles. China ya hizo un embargo de tierras raras en 2010 y los precios subieron de manera brutal. Puede volver a ocurrir que se frene bruscamente la circulación de cualquier de estos materiales, como estamos viendo ahora con los chips.

Si no hay bastante materiales para hacer la transición energética, ¿nos veremos forzados a incumplir los objetivos porque no habrá alternativa a quemar gas y petróleo? ¿Qué podemos hacer para dejar de contaminar sin agotar los materiales?

No creo que sigamos quemando combustibles fósiles al ritmo actual porque, como explica Antonio Turiel, ya hay desinversión por parte de las petroleras. Ya no buscan nuevas reservas. Y se están cerrando las centrales de carbón. Está en la mente de todos que tenemos que ir hacia las energías renovables. Pero hay un problema: la extracción de minerales necesarios para la transición energética es a base de energía fósil. Ahora mismo, la minería ya es el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si la demanda aumenta, también lo hará la extracción de minerales. El impacto climático de esta minería en el futuro será mayor. ¿Podremos descarbonizar la economía tal como está pensado? Yo creo que no, porque no se ha tenido en cuenta este factor, y descarbonizar el sector de la minería es muy complicado. Si no nos podemos desarrollar con las renovables, volverá el viejo debate de si alargar la vida de la energía nuclear. Pero esto último ya no es ciencia, sino mi opinión. En todo caso, creo que no nos podremos desarrollar tal como habíamos pensado. Habrá paradas económicas y bajará el PIB. O cambiamos el modelo, o la falta de recursos nos hará cambiar bruscamente el modelo."             (Entrevista a Alicia Valero, Rebeldes.info, 20/08/22)

30/7/21

Mazzucato: Para lograr la verdadera renovación económica y social que tanto necesitamos, los gobiernos centrales deben hacer más para empoderar a los ciudadanos, las comunidades y los gobiernos locales... el Ayuntamiento de Camden se comprometió formalmente a que ningún residente pasaría hambre o sería desalojado de su hogar... los gobiernos locales pueden abrir una nueva era de liderazgo cívico

 "Al mismo tiempo que expone y agrava las desigualdades de larga data, la pandemia ha dado lugar a una gran cantidad de iniciativas locales prometedoras.

 Las ciudades tienen la capacidad de ofrecer algo a todo el mundo", observó una vez la urbanista estadounidense Jane Jacobs, "sólo porque, y sólo cuando, son creadas por todo el mundo".

Hoy en día, tenemos que aplicar ese retazo de sabiduría a la elaboración de políticas tras la epidemia de cólera del 19. Si la recuperación de la pandemia no se percibe en los lugares donde vive la gente, no será un éxito, y no abordará las desigualdades e injusticias fundamentales que se encuentran en el corazón de esta crisis. Para lograr la verdadera renovación económica y social que tanto necesitamos, los gobiernos centrales deben hacer más para empoderar a los ciudadanos, las comunidades y los gobiernos locales.

Pensemos en Camden, uno de los distritos más interiores de Londres. Tras haber sufrido más de un año de pérdidas y dolor, sus residentes y el gobierno local se niegan a conformarse con volver a la "vieja normalidad" que estaba fallando a la gente y al planeta. Forman parte de un amplio y creciente consenso que aboga por una economía nueva, inclusiva y sostenible, y tienen un papel clave en su configuración. Ya en marzo de 2020, el mes en que la Organización Mundial de la Salud declaró el Covid-19 como una pandemia, el Ayuntamiento de Camden se comprometió formalmente a que ningún residente pasaría hambre o sería desalojado de su hogar, a que ningún trabajador de la salud perdería su medio de vida por estar enfermo y a que todos serían valorados y tratados con compasión.

Para cumplir estas promesas, el ayuntamiento se reorientó y movilizó a un equipo de personal redistribuido y a miles de voluntarios para prestar nuevos servicios que impidieran el hambre, apoyaran a las empresas en apuros, protegieran a los niños vulnerables y a los adultos aislados y garantizaran que los jóvenes pudieran seguir aprendiendo en casa. El municipio creó rápidamente centros locales de análisis de Covid-19 y unidades móviles de vacunación (incluido un autobús escolar reutilizado), ayudando a compensar algunos de los errores del gobierno nacional y a asignar los servicios allí donde se necesitan, en el corazón de la comunidad.

Soluciones eficaces

Camden no es un caso único. En todo el mundo, los ciudadanos y los gobiernos locales han colaborado de forma extraordinaria para gestionar la crisis. Mientras los sistemas centralizados se tambaleaban, los modelos y experimentos locales encontraron formas de ampliar el apoyo a los que se habían quedado atrás por los acuerdos de arriba abajo. Cuando los gobiernos y las comunidades locales disponen de los recursos que necesitan, y cuando se les faculta para actuar, idean soluciones eficaces que nadie a nivel nacional habría considerado siquiera, soluciones que aprovechan al máximo nuestras relaciones y nuestros recursos y capacidades compartidos.  

Deberíamos recordar esta lección cuando nos enfrentemos a otros problemas como el cambio climático y la injusticia socioeconómica. A medida que miles de personas desesperadas han acudido a sus gobiernos locales en busca de apoyo nutricional y financiero, las insuficiencias de las redes de seguridad en el Reino Unido (y en Estados Unidos) han quedado al descubierto. El hecho de que cada ola de Covid-19 haya recaído con más fuerza en las comunidades minoritarias habla de las desigualdades raciales sistémicas que exigen nuestra atención urgente.

Pero para que los gobiernos locales puedan hacer frente a estos retos, se necesita más inversión. En el Reino Unido, los ayuntamientos se enfrentan a enormes carencias tras una década de infrafinanciación y el gobierno central parece estar ya dando marcha atrás en los compromisos adquiridos durante la crisis. A nivel nacional, para 2021-22 hay un agujero de 2.600 millones de libras en las finanzas de los ayuntamientos debido a la pandemia y a las carencias existentes. Abordar estos problemas requiere ambición.

Objetivos comunes

Por su parte, el Ayuntamiento de Camden está adoptando un enfoque basado en la misión, según el cual las organizaciones públicas, privadas y cívicas compartirán recursos y trabajarán de forma cooperativa para alcanzar objetivos comunes. Esta puede ser una nueva era de la administración local, en la que los ayuntamientos no se consideren a sí mismos como solucionadores que se sientan al margen, interviniendo sólo cuando las cosas van mal, sino como forjadores del mercado que desempeñan un papel central en la forma de crear y compartir el valor a nivel local.

Los gobiernos locales pueden hacer esto de varias maneras. A través de los impuestos locales, se pueden crear fondos de riqueza, cuyos rendimientos se reinvierten en la comunidad. Y poniendo condiciones a las inversiones privadas, pueden garantizar que esas empresas sirvan a los intereses públicos. En Camden, esta labor se lleva a cabo mediante una asociación entre el ayuntamiento y el Instituto de Innovación y Propósito Público del University College London. Hemos puesto en marcha la Comisión de Renovación, un grupo de trabajo dedicado a ayudar a las organizaciones públicas, privadas, académicas y cívicas a invertir en todos los miembros de nuestra comunidad.

La comisión cree que la política empieza por escuchar. A lo largo de los últimos seis meses, hemos prestado atención a las aportaciones de nuestros socios y comunidades, y hemos generado misiones diseñadas para abordar los retos interconectados de la desigualdad racial, la pobreza alimentaria y el cambio climático. Estas misiones dirigidas por la comunidad cobrarán vida en las escuelas, las urbanizaciones, las calles principales, las empresas y los centros juveniles, es decir, en los lugares donde la gente vive, trabaja y se relaciona cada día.

 Liderazgo cívico

Trabajando con emprendedores sociales e investigadores comunitarios de todos los ámbitos, los gobiernos locales pueden abrir una nueva era de liderazgo cívico. Esto ya está empezando a suceder. En Kentish Town, en Camden, una nueva empresa cívica de gestión local ofrece un espacio para la creación de empresas, una cooperativa de alimentos y apoyo a los refugiados.

 Estamos revelando los poderes que ya tienen los ciudadanos para mejorar sus barrios, con el ayuntamiento en un papel facilitador y habilitador. Por ejemplo, tras escuchar a los jóvenes de raza negra que les costaba imaginarse a sí mismos en posiciones de poder porque sólo veían su historia a través de la esclavitud, las escuelas de Camden están trabajando para diversificar el plan de estudios.

Las asambleas de ciudadanos también pueden ayudar a forjar nuevas coaliciones para el cambio. Tras organizar la primera asamblea ciudadana del Reino Unido en 2019, Camden ha duplicado la longitud de su red de carriles para bicicletas y ha completado las obras de un proyecto de bajo consumo energético a gran escala y de nuevas viviendas municipales con bajas emisiones de carbono. Camden también está trabajando en las urbanizaciones para dar poder a los inquilinos y arrendatarios, ayudándoles a decidir cómo gastar los presupuestos comunitarios e invertir a largo plazo.

Todos podemos inspirarnos en los líderes locales del Reino Unido y de todo el mundo que están rompiendo las reglas y compartiendo el poder con sus comunidades. La experiencia de la pandemia de Camden ha demostrado la necesidad urgente de abordar la desigualdad, así como lo que puede lograrse con un propósito compartido y el compromiso de trabajar con las comunidades. Al fin y al cabo, la recuperación económica no se medirá únicamente en términos de nuevas empresas, producto interior bruto o puestos de trabajo, sino también a través de índices de conexión, pertenencia, educación informal, seguridad económica y equidad.

Ejemplos locales como el de Camden pueden convertirse en una historia nacional en muchos países. Pero primero los gobiernos nacionales deben ceder más poder y recursos a las autoridades locales. Las comunidades locales tienen la creatividad y la energía necesarias para transformarse a sí mismas, si las dejamos."   
               

( , Social Europe, on 27th July 2021;

 

29/12/20

Las alternativas locales al monopolio de Amazon

 "¡Por una Navidad sin Amazon! Es el nombre de la campaña viral impulsada en Francia para reducir las compras en la multinacional y promover el comercio local. Al llamamiento global se ha unido la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que reivindica la importancia de potenciar los establecimientos de proximidad, tocados por la crisis de la covid-19. 

Colau recuerda que "las grandes plataformas no aportan ningún valor añadido a la ciudad ni tributan los impuestos que generan". De hecho, el PSC, que forma parte del gobierno municipal de la capital catalana, quiere impulsar la creación de una tasa Amazon, para gravar a las plataformas de comercio electrónico.

Esta situación se produce en un contexto en que más de la mitad de las pymes y los comercios de proximidad sufren dificultades económicas para seguir adelante por la crisis del coronavirus. Ante las críticas, el gigante norteamericano, con ocho centros y estaciones logísticas y de distribución en Catalunya, justifica su política empresarial, asegurando en un comunicado que "las ventas de las firmas catalanas superaron los 100 millones de euros en 2019 y además se genera empleo para ingenieros, desarrolladores de software, científicos de datos y expertos en aprendizaje automático y almacenamiento en la nube, además de un centro de soporte para pymes del sur de Europa".

 Amazon ha facturado más de 81.700 millones de euros en el tercer trimestre de este año, lo que supone un incremento del 37,4% en relación al mismo periodo de 2019. Más allá del debate sobre las prácticas y las políticas fiscales de la compañía, existe otro sobre las condiciones laborales de sus empleados. La semana pasada, CCOO Catalunya anunció que iniciaba acciones legales contra la multinacional por el supuesto espionaje a sindicalistas durante la huelga de centros logísticos y transportistas de octubre del año pasado en su centro del Prat de Llobregat. El sindicato considera que vulneró los derechos fundamentales de los trabajadores y se plantea presentar una demanda penal contra la multinacional y la agencia de detectives Castor & Polux.

La vida más allá de Amazon

Pese al escenario de monopolio y de denuncias, de la apuesta creciente por la compra digital derivada del confinamiento, unida a la necesidad de adquirir todos los productos en un mismo espacio, han surgido alternativas locales y sostenibles que, salvando las distancias, utilizan las mismas armas tecnológicas que el gigante del comercio online. Una de estas es La Zona, impulsada por la cooperativa de economía social catalana, Opcions. Su responsable de comunicación, Joana Ariet, enmarca la creación del proyecto en "la necesidad de prolongar los servicios de consumo responsable que proporcionamos en la cooperativa".

Ariet detalla que la covid-19 ha dibujado una nueva realidad, en la que se han acelerado fenómenos como la compra por internet, el consumo de datos y los usos digitales. En esta coyuntura, La Zona ha aprovechado para madurar su iniciativa con el objetivo de "favorecer el comercio local, ecológico y sostenible". Para lograrlo, la entidad se presentó a un concurso público, con el que recibirá 160.000 euros de la Generalitat de Catalunya y 40.000 del Ayuntamiento de Barcelona, a los que hay que sumar los 50.000 que aportan como cooperativa.

El proyecto de La Zona ha buscado aliados en otros actores de la economía social, como la agencia de comunicación Talaia, la Federació d’Ateneus de Catalunya (FAC), la plataforma de micromecenazgo de la economía social, Goteo, y la empresa repartidora de mensajería Koiki, caracterizada por su compromiso social y ambiental. Ariet toma como ejemplo esta última para destacar el modelo que representa La Zona. "Colaboramos con Koiki porque utiliza un transporte sostenible en la última milla, ocupan a personas con discapacidad en un Centro Especial de Trabajo y potencias los puntos de recogida en detrimento de las entregas a domicilio".

 La filosofía del consumo responsable

En la línea de promover otro tipo de actitud ante el consumismo, Ariet revela que "reivindicaremos acciones que no se basarán en las rebajas o en el comprar por comprar, sino que potenciaremos fórmulas como el préstamo o el alquiler de productos". Para seleccionar los establecimientos que formarán parte de La Zona, desde la cooperativa Opcions se están llevando a cabo tareas de prospección para comprobar que estos cumplen una serie de criterios económicos, sociales o ambientales. Ariet comenta que, por el momento, se excluyen los productos alimentarios de la plataforma, pero se ofrecerán de otro tipo, incluyendo servicios y suministros básicos.

La Zona, que iniciará el periodo de pruebas de la plataforma a principios de 2021, tiene previsto ofrecer sus productos a partir de junio del año que viene. "Buscamos visualizar la filosofía del consumo responsable y que el comprador conozca a los productores que fabrican los artículos que adquieren". A la vez, la plataforma supone "una oportunidad para los pequeños comercios que no disponen de recursos para vender por internet".

En el mismo año 2021, pero durante el primer trimestre, se pondrá en marcha Amazcat, que se podría considerar el Amazon catalán. En este caso, el proyecto nace de nueve socios de una empresa privada, que ya ha firmado acuerdos con productores, tiendas y empresas de servicios. "Es una plataforma en la que comprará cualquier persona y en la que habrá una serie de socios premium, que recibirán determinados descuentos y no pagarán el coste del transporte". Así lo explica Andreu Mas, uno de los socios fundadores.

 Un centro comercial virtual

El criterio de proximidad y una oferta de servicios, como los seguros y los suministros de luz, agua y gas, son algunos de los aspectos que caracterizan a Amazcat. Andreu Mas precisa que los comercios, productores o tiendas que lo deseen podrán promocionar su web en la plataforma. "No solo potenciaremos a los productores locales, sino también a los establecimientos". La iniciativa se define como la tienda online de Catalunya o un centro comercial virtual.

En el momento de salir al mercado, Amazcat espera contar con 400.000 usuarios y un millar de productores, tiendas y empresas. Mas afirma que "es necesario crear una alternativa a Amazon, pero teniendo en cuenta la experiencia del usuario, de forma que pueda encontrar en un mismo espacio todo lo que quiera comprar". Los productos tienen un alcance por todo el territorio catalán, pero también garantizan la distribución al Estado español.

La aceleración del comercio digital ha favorecido la irrupción de estas plataformas de comercio local y con valores sociales, que ponen el foco en las pymes, las más afectadas por las consecuencias de la pandemia y las que más notan el impacto de Amazon. Sus impulsores comentan que, al empatizar con estas, entienden su problemática. Ahora, el reto pendiente es conquistar al cliente no habitual de estos servicios a través criterios como la sostenibilidad, las condiciones laborales o el fomento de un consumo responsable."                   (David Rodríguez, Público, 21/12/20)

10/6/20

El fin de la corporación como paradigma capitalista

"El Instituto Federal de Tecnología de Zúrich descubrió en 2011 que sólo 1.318 corporaciones de gran tamaño controlan el 80% de las ganancias empresariales. Estas corporaciones son, a su vez, propiedad de unos pocos: el 10% más rico de la población de Estados Unidos posee el 84% de las acciones de empresas que cotizan en Bolsa. El mismo estudio mostró que 147 empresas controlan el 40% de la riqueza total de la red.  

Resulta claro que pretender controlar el enorme poder de las corporaciones aprobando regulaciones, pero manteniendo intacto su objetivo de maximización de beneficios, no ha funcionado. Lo que debe cambiar es el diseño estructural y la propiedad de la propia corporación. Mientras la estructura corporativa se mantenga intacta no hay suficiente retórica o regulación externa que pueda alejar a las empresas de su objetivo actual: crear más riqueza para los ricos, a la mayor velocidad posible. 

En el delicado contexto actual, en el que acecha la emergencia climática y la desigualdad, es hora de hacer obsoleta la corporación maximizadora de ganancias y controlada por los accionistas. Necesitamos crear un concepto completamente nuevo de compañía, una empresa justa, diseñada de adentro hacia afuera con un nuevo mandato: servir al bienestar general.

Un nuevo paradigma

Para que nuestra civilización pueda vivir de manera segura con bienestar dentro de los límites planetarios se necesitarán procesos más democráticos de toma de decisiones económicas. En el epicentro de este cambio aparecen nuevos tipos de propiedad empresarial guiados por criterios de justicia. Una empresa es justa si tiene una propiedad amplia y ha evolucionado más allá de la norma de maximizar la ganancia para unos pocos hacia la incorporación de una nueva norma de servicio para la mayoría.

El propósito de la economía es satisfacer las necesidades humanas. Cuando las empresas existen únicamente para generar ganancias para el capital, la sociedad está en peligro. Hoy nos encontramos en una economía del 1%, por el 1%, para el 1%. Una economía de, por y para las personas requiere un nuevo arquetipo de empresa. Como señalé en Owning Our Future, el diseño empresarial se define a través de cinco elementos centrales: propósito, propiedad, gobernanza interna, capital y redes. Externamente, por encima y alrededor de ello está la relación de la empresa con el gobierno. Internamente, el diseño empresarial potencia el liderazgo ético o el liderazgo de extracción con la intención de acumular riqueza privada.

A diferencia del monocultivo de la empresa controlada por el capital, se puede vislumbrar un nuevo modelo con una rica diversidad de diseños que incluyen cooperativas, empresas propiedad de los empleados, bancos comunitarios, cooperativas de crédito, empresas sociales, bancos estatales, empresas públicas y comunidades, entre otros. En ellos, la propiedad y el control no están en manos de la economía de casino, sino de las personas con un interés natural en las comunidades y ecosistemas saludables. Los diversos modelos actuales muestran que la arquitectura de propiedad define el propósito del negocio y determina en gran medida si las empresas operan teniendo en cuenta el bien común. 

Dichas empresas son precursoras de un modelo emergente que puede convertirse en nuestro guía hasta que podamos enfrentar el gran desafío de rediseñar las corporaciones. La generación emergente de empresas aún requieren capital, pero como su socio, no como su amo. Redes éticas como las redes mundiales de cooperativas respaldan a estas empresas. La mayoría de ellas generan ganancias, pero no las maximizan. Buscan equilibrar el beneficio con la misión.

Las empresas sociales también incorporan un claro propósito público y utilizan métodos empresariales para abordar problemas sociales, por ejemplo las creadas para contratar a los desempleados de larga duración. Tech Dump en Minneapolis, por ejemplo, entrena a exreclusos en el reciclaje de productos electrónicos.

Cabe destacar el contraste con las empresas controladas por el capital, donde sólo los accionistas –propietarios del capital– son considerados miembros. Los empleados de las empresas tradicionales no son miembros. Están marginados y desposeídos, no tienen derecho a reclamar los beneficios que contribuyen a crear y carecen de voz en el gobierno, ganando poder sólo a través de la afiliación sindical. Pero en una empresa propiedad de los empleados como JLP, la plantilla no está conceptualmente fuera de la empresa. Ellos son la firma.

El tipo de empresas alternativas más antiguo y extenso es el sector cooperativo –negocios propiedad de las personas a las que sirven– que incluye, entre otras, cooperativas de crédito propiedad de los depositantes, cooperativas agrícolas y cooperativas de consumidores.

También resulta vital para nuestro futuro quién posee el sistema bancario, un tipo de servicio que proporciona un bien público, y, por tanto, apropiado para que sea de titularidad pública. La Unión Europea (UE) tiene más de 200 bancos públicos y semipúblicos, con más de 80 agencias de financiación, que engloban el 20% de todos los activos bancarios. Las 413 cajas de ahorro municipales de propiedad pública de Alemania, Sparkassen, poseen más de 1,1 billones de euros en activos. Durante la crisis financiera mundial, estos bancos se mantuvieron al servicio del público, libres de las demandas de los especuladores que llevaron a otras entidades financieras a malas prácticas que casi hundieron la economía mundial. 

Nuestra sociedad se encuentra en un punto de ruptura, pero también en un momento de profunda innovación y rediseño. Estos modelos de propiedad alternativa tienen mucho que enseñarnos sobre lo que vendrá después: cómo se pueden aplicar sus lecciones de diseño al gran desafío de la corporación moderna.

De la regulación al diseño institucional

En un momento en que el planeta está al borde del abismo, millones de personas viven en la ansiedad económica y la extrema derecha crece en todas partes, es evidente que las viejas formas de regular el capitalismo ya no son adecuadas para enfrentar los problemas actuales. 

La economía contemporánea centrada en el capital está comenzando a resultar insostenible incluso para sí misma; es un sistema programado para su propia implosión. La comunidad financiera habla de la “burbuja de todo”, el aumento insostenible en el valor de las acciones, los bienes raíces y otros activos. 

Diez años después de la crisis financiera mundial, lo que ha cambiado es que los jóvenes se están movilizando de una forma que no se veía desde la década de 1960, y las ideas políticas radicales están sobre la mesa como nunca antes. 

Es posible que nos estemos acercando a un punto de inflexión en el que se vislumbra un cambio histórico importante. 

Una vez que un sistema pierde legitimidad, no importa cuán fuerte parezca, finalmente caerá. El sistema capitalista ya ha perdido gran parte de su legitimidad y este proceso puede profundizarse a medida que más gente vea cómo y por qué el sistema está fallando a la gran mayoría. 

Lo que a menudo mantiene en pie un sistema político-económico agonizante es el fracaso de la imaginación. Pero los principales pensadores y activistas de hoy están perforando la aparente invencibilidad del capitalismo con propuestas y enfoques audaces. Por ejemplo, en Estados Unidos, mi colega de The Democracy Collaborative, Thomas Hanna, ha propuesto que en la siguiente crisis financiera los bancos que quiebran deberían hacerse de titularidad pública. Sería una forma de desfinanciarizar nuestra economía, fragmentar grandes concentraciones de capital y proporcionar los fondos necesarios para prioridades como la energía verde.

Algo similar puede aplicarse al sector energético. Tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, está ganando impulso el compromiso con un sistema de energía renovable justo y controlado por la comunidad. En los últimos años, ha habido un aumento de las campañas de adquisición de servicios públicos, incluida la campaña Switched On London y la campaña #NationalizeGrid contra National Grid, una compañía británica con fines de lucro que opera tanto en Nueva Inglaterra como en el Reino Unido.

Otro sector donde se necesitan empresas de nueva generación es el de salud, particularmente el sector farmacéutico, en el que la escalada de precios, la escasez recurrente, los problemas de seguridad posteriores a la comercialización y el aumento de la financiarización son resultados naturales de las empresas diseñadas para maximizar ganancias. Mi colega Dana Brown ha propuesto desarrollar un sector farmacéutico público para los Estados Unidos, como un enfoque sistémico que reemplace la necesidad de reformas poco sistemáticas que luego podrían ser revertidas.

Además de las estrategias sectoriales, se pueden promover empresas de nueva generación a través de la propiedad de los empleados, una opción ya madura para aplicarse a gran escala. En Italia, por ejemplo, los trabajadores cuyas empresas cierran tienen el derecho prioritario de unirse a sus compañeros y adquirir la empresa, de conformidad con la Ley Marcora. El Partido Laborista ha propuesto un derecho similar en el Reino Unido, y Bernie Sanders hizo lo propio en los Estados Unidos.

También se necesitarán nuevos modelos en el sector de la tecnología. Existe un movimiento a favor de las cooperativas de plataformas propiedad de los trabajadores, como alternativas a las empresas de alta tecnología propiedad de multimillonarios. Un exejecutivo de Microsoft sugirió un modelo de “capital de usuario final”, en el que los usuarios obtienen capital en empresas como Facebook, ya que los datos de los usuarios agregan valor. Una start-up llamada Driver’s Seat ayuda a los conductores de viajes en automóvil a agregar y capturar el valor de sus datos, en lugar de que lo extraigan empresas como Uber. En estos variados enfoques podemos ver cómo se podría promover un nuevo paradigma de la empresa justa.

Reconceptualizar la empresa, rediseñarla, desplazar a la corporación tal como la conocemos es una tarea tan enorme como la eliminación de las emisiones de carbono, pero ambas son igualmente necesarias. La diferencia es que si bien el desafío climático está mucho más avanzado conceptualmente y es ampliamente aceptado como esencial, la tarea de rediseñar la corporación apenas se reconoce y sigue siendo muy poco teorizada. En todo esto, los movimientos sociales y ambientales tienen un importante papel que desempeñar. También son vitales los teóricos y los estudiosos del derecho, necesarios para avanzar en las teorías académicas de la empresa justa.

El bien común debe formar parte del ADN de las instituciones y sus prácticas económicas. Si podemos lograr tal transformación, significará que el bienestar económico de la comunidad y los trabajadores ya no dependerá de los caprichos legislativos o presidenciales en un momento determinado, sino que estará respaldado por un cambio duradero en la arquitectura subyacente del poder económico: el diseño de la propiedad y el control. Necesitamos pasar a un nuevo tipo de sistema económico eficiente, sostenible desde el punto de vista político y ecológico: una economía política moral y democrática diseñada para el bienestar de todas las personas.

Las corporaciones siguen teniendo el control con el único objetivo de generar ganancias a corto plazo. Es hora de comenzar juntos a imaginar el diseño de la empresa de la próxima generación."

(Marjorie Kelly es investigadora superior y vicepresidenta ejecutiva de The Democracy Collaborative (TDC) y destacada teórica en “diseño empresarial de próxima generación”. CTXT, 27/05/20)

14/11/14

Se pierden más empleos en las tiendas locales de los que se ganan en las grandes superficies

"El ciudadano medio suele mostrar admiración (o cuanto menos simpatía) por las grandes empresas productivas como El Corte Inglés, Mercadona, Ikea, o Inditex. (...)

Por supuesto que estas empresas generan puestos de trabajo, pero (y sin detenernos en analizar las condiciones laborales) resulta que también los destruyen. Dejémoslo claro: para generar empleo es necesario que acudan clientes a tu establecimiento, y estos clientes no aparecen de la nada; salen de algún sitio.

 Y ese sitio no es otro que las pequeñas empresas de barrio que siempre han vendido el mismo tipo de productos. Es decir, la gente que ahora compra alimentos en Mercadona, por ejemplo, antes compraba en una o más tiendas de su barrio que le ofrecían prácticamente lo mismo. 

Sin pasar a analizar por qué los clientes van ahora a ese gran supermercado en vez de a la tienda de barrio, lo que interesa señalar es que el primero consigue clientes a costa del segundo. 

Y junto con este transvase de clientes, se produce también el de puestos de trabajo. Las tiendas locales, al recibir menos clientes, se ven obligadas a despedir a trabajadores o a cerrar sus establecimientos a medida que los grandes supermercados van contratando nuevos empleados y abriendo nuevos espacios de venta.

Pero hay algo más: se pierden más empleos en las tiendas locales de los que se ganan en las grandes superficies. Esto es así porque las características propias de una gran empresa permite vender muchas más unidades recurriendo al mismo número de trabajadores (por cierto, la ganancia que se consigue así acaba fundamentalmente en el bolsillo del empresario y no de los trabajadores o de los clientes). (...)

Así lo revelan varios análisis realizados al respecto: un estudio publicado en 2007 en la Journal of Urban Economics reveló que en Estados Unidos por cada puesto de trabajo creado por Wal-Mart se destruyeron 1,4 empleos en pequeñas y medianas empresas locales.

 En Francia las estimaciones de la mano de Nicolás Ridoux son mucho peores al centrarse en la generación de puestos de trabajos en malas condiciones laborales: por cada empleo precario creado en las grandes superficies se pierden cinco empleos estables en el pequeño comercio. 

Otro estudio realizado en Fakenham, Reino Unido, puso de manifiesto que en esta localidad las tiendas locales vieron caer su cuota de mercado un 64% debido a la aparición de un gran supermercado, obligando a cerrar a 5 establecimientos medianos de los 18 que había. 

Un informe de Friends of the Earth señaló que en el año 2004, en el Reino Unido, las pymes tuvieron una facturación total de 21 mil millones de libras y emplearon a más de 500.000 personas, mientras que las grandes cadenas vendieron un 80% más que esas pequeñas y medianas empresas y sólo emplearon un 50% más que ellas.

Pero hay más, y es que el impacto en la comunidad local de una gran empresa es mucho menos beneficioso que el de una empresa de barrio.La explicación es sencilla: en el segundo caso un mayor porcentaje de la renta generada va destinada a salarios que luego se utilizarán en buena medida para comprar productos en otros establecimientos locales, contribuyendo así a mantener y desarrollar el tejido regional. 

En cambio, en el caso de una gran empresa este porcentaje es menor y, por lo tanto, mayor es el de los beneficios, que irán a los bolsillos de los accionistas (muchos de ellos establecidos en otras regiones del país y del mundo) y que en buena medida se reutilizarán para invertir a través de los mercados financieros internacionales, de forma que el territorio en cuestión se verá mucho menos beneficiado.

Por último, resulta importante destacar que la construcción de un imperio empresarial de las características comentadas es una aventura que no puede llevarse a cabo por muchas más empresas, y mucho menos por todas. ¡Cuántos pequeños y medianos empresarios sueñan con seguir los pasos de, por ejemplo, Amancio Ortega! 

Y, sin embargo, una buena comprensión de la economía basta para decirle a estos aspirantes que es técnica y categóricamente imposible que lo hagan. No olvidemos que la inmensa mayoría de los clientes que ha obtenido Inditex compraban antes en otros establecimientos, y que por lo tanto, su ascenso se explica en buena parte por la desaparición de muchos otros negocios del mismo tipo. El grande se hace grande porque se come a los pequeños.  (...)

En definitiva: claro que las grandes empresas de este tipo otorgan importantes beneficios a la comunidad, en términos de nuevos productos y servicios, menores precios, mejores prestaciones… pero no podemos olvidar que también conllevan importantes daños a la sociedad y a la economía en términos de destrucción neta de puestos de trabajo y particularmente de empleo y tejido local."          (

23/10/14

La economía del compartir es una forma sumamente eficiente de capitalismo sin intermediarios

"La creciente facilidad con que la gente puede intercambiar bienes, servicios y mano de obra directamente a través de Internet está transformando el funcionamiento de las economías modernas. Pero para garantizar que esta ascendiente “economía del compartir” funcione eficientemente y mejore la situación de todos, hará falta algo de regulación.

Ahora la gente tiene medios para eludir muchas de las empresas de servicio tradicionales. Puede compartir medios de transporte mediante Uber, Lyft o RelayRides; ofrecer alojamiento a través de Airbnb; subcontratar tareas hogareñas en TaskRabbit, Fiverr o Mechanical Turk; y organizar la entrega de las compras a través de Favor e Instacart. Asimismo, plataformas de crowdfunding como Kickstarter y Lending Club permiten a nuevas empresas obtener subvenciones, préstamos o inversiones de la población general, en vez de depender de intermediarios financieros.

Al eliminar la intermediación, estas plataformas electrónicas empoderan a la gente, reducen los costos de transacción y crean una economía más inclusiva. Pero su evolución no es para nada sencilla, y el éxito de muchos de estos servicios dependerá de una cuidadosa regulación (como quedó de manifiesto tras recientes protestas y fallos judiciales contra Uber en Europa).

Una de las razones del tremendo impacto de Uber y otros pioneros de la economía del compartir es que son una forma sumamente eficiente de capitalismo sin intermediarios, que permite a compradores y vendedores acordar el precio de cada transacción directamente, y donde la reputación de las empresas depende de comentarios sin filtro de los clientes, lo que genera una presión continua por mejorar el desempeño.

 La economía del compartir también estimula el espíritu emprendedor, conforme la gente encuentra nuevas formas de llenar los huecos del mercado. Lo que empezó como un modo sencillo de incrementar los ingresos hogareños (ofreciendo el departamento o auto propio en alquiler) se convirtió en una formidable fuerza disruptiva. 

La revista Forbes estima que en 2013, los ingresos de la economía del compartir superaron los 3.500 millones de dólares. Durante el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil (un país con escasez crónica de cuartos de hotel), más de 100.000 personas hallaron alojamiento a través de sitios web donde la gente comparte sus casas.

Además, el acceso a oportunidades de compraventa se volvió mucho más inclusivo: la mitad de los arrendadores estadounidenses en Airbnb son gente de ingresos bajos a moderados, y el 90% de los arrendadores mundiales alquilan su vivienda principal.

Varias ciudades ya reconocieron los beneficios que surgen de promover la economía del compartir. Por ejemplo, Seattle desreguló los sectores de transporte y hotelería, lo que supone un desafío a los monopolios de taxis y hoteles.

Pero un cambio económico de esta magnitud genera inevitablemente adversarios, cuyas inquietudes a veces son legítimas. Por ejemplo ¿son estos nuevos tipos de emprendimiento una competencia desleal para las empresas ya establecidas, al no pagar impuestos similares? 

¿Aprovechan su provisión de capital de riesgo para operar a pérdida y así ganar una cuota del mercado? ¿Debe permitírseles el acceso a datos de telecomunicaciones para obtener información sobre hábitos y movimientos de los clientes que les daría una ventaja inequitativa?

Algunas empresas ya tienen sus propias normas de funcionamiento. TaskRabbit, un sitio para la subcontratación de tareas hogareñas (por ejemplo, ensamblar muebles de Ikea), impuso el pago de un salario mínimo a los participantes y lanzó un sistema de seguros para proteger a sus trabajadores en Estados Unidos.

 Pero por otra parte, las plataformas tecnológicas que usan métodos algorítmicos para la asignación automática de turnos y horarios a los trabajadores según los ciclos de negocio siguen siendo un trastorno para la vida familiar y causa de estrés innecesario. Las autoridades deben anticiparse a estas tendencias en la economía del compartir.

La convergencia de los servicios y el software obliga a los funcionarios a mejorar sus conocimientos técnicos y cooperar con el sector privado para asegurar la equidad y la eficiencia del mercado. Por ejemplo, deben impedir la manipulación de los comentarios de los usuarios y otras prácticas que impidan a los consumidores hacerse una idea justa de la calidad de los servicios de las empresas.

 Airbnb y la agencia electrónica de viajes Expedia solamente permiten dejar comentarios a clientes que realmente hayan usado sus servicios, algo que podría convertirse en norma oficial para toda la economía del compartir.

Además, los gobiernos tienen por delante una tarea más amplia. Conforme más personas adopten “carreras de cartera” (es decir, depender de varias fuentes de ingreso en vez de un único trabajo), será más difícil reunir y analizar datos sobre el mercado laboral.

 Los gobiernos necesitarán otros criterios contables y estadísticos para el cálculo de salarios, la previsión de ingresos y la categorización de los cada vez más numerosos trabajadores autoempleados. Estos criterios, junto con pautas para el uso compartido de datos, ayudarán a determinar cuándo y cuánto debería tributar la economía del compartir.

No será tarea fácil. Aunque el autoempleo y el trabajo de media jornada no son fenómenos nuevos, la economía del compartir es diferente, porque permite a los autoempleados convertirse en “nanotrabajadores” que cambian de empleador varias veces, no en el transcurso de un mes o una semana, sino en un mismo día.

 Mientras las tasas de desempleo en Estados Unidos y Europa se mantienen altas y los salarios siguen estancados, cada vez más gente depende de estas fuentes de ingresos diversificadas. En la actualidad, casi 27 millones de estadounidenses viven de ingresos por trabajos de media jornada o ganados de proyecto en proyecto.

En momentos en que casi la mitad de los empleos de servicios en la OCDE corren riesgo de automatización, la economía del compartir puede suavizar el trastorno que sufrirán los trabajadores desplazados mientras actualizan sus capacidades. De hecho, los datos de la economía del compartir pueden ayudar a los gobiernos a identificar a los trabajadores más vulnerables y facilitar su reconversión.

La economía del compartir muestra la convergencia del espíritu emprendedor con la conectividad tecnológica. Aunque los choferes de taxi y los dueños de hoteles se sientan amenazados, la economía del compartir puede ayudar a aumentar y redistribuir los ingresos en ciudades que ya tienen serios problemas de pobreza y desigualdad. Promete crear un entorno más próspero e inclusivo donde los desplazados tendrán mejores perspectivas."                    ('Disciplinar la economía del compartir' por Ayesha Khanna y Parag khanna,  Extraído de Project syndicate, en Socioideas )

La economía del compartir es una forma sumamente eficiente de capitalismo sin intermediarios

"La creciente facilidad con que la gente puede intercambiar bienes, servicios y mano de obra directamente a través de Internet está transformando el funcionamiento de las economías modernas. Pero para garantizar que esta ascendiente “economía del compartir” funcione eficientemente y mejore la situación de todos, hará falta algo de regulación.

Ahora la gente tiene medios para eludir muchas de las empresas de servicio tradicionales. Puede compartir medios de transporte mediante Uber, Lyft o RelayRides; ofrecer alojamiento a través de Airbnb; subcontratar tareas hogareñas en TaskRabbit, Fiverr o Mechanical Turk; y organizar la entrega de las compras a través de Favor e Instacart. Asimismo, plataformas de crowdfunding como Kickstarter y Lending Club permiten a nuevas empresas obtener subvenciones, préstamos o inversiones de la población general, en vez de depender de intermediarios financieros.

Al eliminar la intermediación, estas plataformas electrónicas empoderan a la gente, reducen los costos de transacción y crean una economía más inclusiva. Pero su evolución no es para nada sencilla, y el éxito de muchos de estos servicios dependerá de una cuidadosa regulación (como quedó de manifiesto tras recientes protestas y fallos judiciales contra Uber en Europa).

Una de las razones del tremendo impacto de Uber y otros pioneros de la economía del compartir es que son una forma sumamente eficiente de capitalismo sin intermediarios, que permite a compradores y vendedores acordar el precio de cada transacción directamente, y donde la reputación de las empresas depende de comentarios sin filtro de los clientes, lo que genera una presión continua por mejorar el desempeño.

 La economía del compartir también estimula el espíritu emprendedor, conforme la gente encuentra nuevas formas de llenar los huecos del mercado. Lo que empezó como un modo sencillo de incrementar los ingresos hogareños (ofreciendo el departamento o auto propio en alquiler) se convirtió en una formidable fuerza disruptiva. 

La revista Forbes estima que en 2013, los ingresos de la economía del compartir superaron los 3.500 millones de dólares. Durante el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil (un país con escasez crónica de cuartos de hotel), más de 100.000 personas hallaron alojamiento a través de sitios web donde la gente comparte sus casas.

Además, el acceso a oportunidades de compraventa se volvió mucho más inclusivo: la mitad de los arrendadores estadounidenses en Airbnb son gente de ingresos bajos a moderados, y el 90% de los arrendadores mundiales alquilan su vivienda principal.

Varias ciudades ya reconocieron los beneficios que surgen de promover la economía del compartir. Por ejemplo, Seattle desreguló los sectores de transporte y hotelería, lo que supone un desafío a los monopolios de taxis y hoteles.

Pero un cambio económico de esta magnitud genera inevitablemente adversarios, cuyas inquietudes a veces son legítimas. Por ejemplo ¿son estos nuevos tipos de emprendimiento una competencia desleal para las empresas ya establecidas, al no pagar impuestos similares? 

¿Aprovechan su provisión de capital de riesgo para operar a pérdida y así ganar una cuota del mercado? ¿Debe permitírseles el acceso a datos de telecomunicaciones para obtener información sobre hábitos y movimientos de los clientes que les daría una ventaja inequitativa?

Algunas empresas ya tienen sus propias normas de funcionamiento. TaskRabbit, un sitio para la subcontratación de tareas hogareñas (por ejemplo, ensamblar muebles de Ikea), impuso el pago de un salario mínimo a los participantes y lanzó un sistema de seguros para proteger a sus trabajadores en Estados Unidos.

 Pero por otra parte, las plataformas tecnológicas que usan métodos algorítmicos para la asignación automática de turnos y horarios a los trabajadores según los ciclos de negocio siguen siendo un trastorno para la vida familiar y causa de estrés innecesario. Las autoridades deben anticiparse a estas tendencias en la economía del compartir.

La convergencia de los servicios y el software obliga a los funcionarios a mejorar sus conocimientos técnicos y cooperar con el sector privado para asegurar la equidad y la eficiencia del mercado. Por ejemplo, deben impedir la manipulación de los comentarios de los usuarios y otras prácticas que impidan a los consumidores hacerse una idea justa de la calidad de los servicios de las empresas.

 Airbnb y la agencia electrónica de viajes Expedia solamente permiten dejar comentarios a clientes que realmente hayan usado sus servicios, algo que podría convertirse en norma oficial para toda la economía del compartir.

Además, los gobiernos tienen por delante una tarea más amplia. Conforme más personas adopten “carreras de cartera” (es decir, depender de varias fuentes de ingreso en vez de un único trabajo), será más difícil reunir y analizar datos sobre el mercado laboral.

 Los gobiernos necesitarán otros criterios contables y estadísticos para el cálculo de salarios, la previsión de ingresos y la categorización de los cada vez más numerosos trabajadores autoempleados. Estos criterios, junto con pautas para el uso compartido de datos, ayudarán a determinar cuándo y cuánto debería tributar la economía del compartir.

No será tarea fácil. Aunque el autoempleo y el trabajo de media jornada no son fenómenos nuevos, la economía del compartir es diferente, porque permite a los autoempleados convertirse en “nanotrabajadores” que cambian de empleador varias veces, no en el transcurso de un mes o una semana, sino en un mismo día.

 Mientras las tasas de desempleo en Estados Unidos y Europa se mantienen altas y los salarios siguen estancados, cada vez más gente depende de estas fuentes de ingresos diversificadas. En la actualidad, casi 27 millones de estadounidenses viven de ingresos por trabajos de media jornada o ganados de proyecto en proyecto.

En momentos en que casi la mitad de los empleos de servicios en la OCDE corren riesgo de automatización, la economía del compartir puede suavizar el trastorno que sufrirán los trabajadores desplazados mientras actualizan sus capacidades. De hecho, los datos de la economía del compartir pueden ayudar a los gobiernos a identificar a los trabajadores más vulnerables y facilitar su reconversión.

La economía del compartir muestra la convergencia del espíritu emprendedor con la conectividad tecnológica. Aunque los choferes de taxi y los dueños de hoteles se sientan amenazados, la economía del compartir puede ayudar a aumentar y redistribuir los ingresos en ciudades que ya tienen serios problemas de pobreza y desigualdad. Promete crear un entorno más próspero e inclusivo donde los desplazados tendrán mejores perspectivas."                    ('Disciplinar la economía del compartir' por Ayesha Khanna y Parag khanna,  Extraído de Project syndicate, en Socioideas )

21/2/14

Trabajadores de fábricas autogestionadas se reúnen en Marsella

"Fralib es una fábrica de procesamiento y empaquetado de hierbas para infusiones situada a unos 20 kilómetros de la ciudad de Marsella, al sur de Francia. El antiguo dueño de la fábrica, la enorme transnacional de químicos y alimentos Unilever, decidió hace tres años trasladar al extranjero la producción del té Lipton con el fin de ahorrar costos. 

 Con intensas protestas y campañas de boicot, los 80 trabajadores demandaron que la fábrica permanezca abierta, y cuando vieron que esto no era possible, decidieron tomar la producción en sus propias manos.

Recientemente los trabajadores han reactivado las máquinas de la gran fábrica para producir un lote de té de tila basado en la producción local, y actualmente están buscando maneras de recomenzar la producción a plena capacidad. Fralib es solo una de un de un puñado de fábricas europeas que, teniendo o no un discurso transformador o radical, han avanzado hacia la autogestión de la producción por los trabajadores. (...)

¿Puede también este modelo constituir una solución viable en Europa, no sólo para el creciente desempleo y pobreza, sino también para la verdadera explotación y alienación que caracterizan el modo capitalista de producción?

 Ésta fue la pregunta principal que el primer encuentro europeo de “La Economía de los Trabajadores”, que tuvo lugar el 31 de enero y 1 de febrero en la fábrica ocupada Fralib, intentó contestar. La idea detrás de estos encuentros independientes y autofinanciados nació hace siete años en Argentina, con su tradición de dos décadas de ocupación de fábricas. Mas tarde, eventos similares se realizaron en Brasil y en México.

Esta primera edición europea del encuentro reunió no sólo a los trabajadores de las fábricas autogestionadas de Europa (mayormente de Italia, Francia y Grecia), sino también a académicos, activistas, sindicatos y organizaciones que promueven y estudian la autogestión, como la Association Autogestion de Francia y el ICEA, proveniente del Estado español. (...)

Además de los anfitriones de Fralib, hubo participantes de Pilpa, una fábrica ocupada de helados de Carcasonne, Francia; de Officine Zero y Rimaflow, dos espacios ex-industriales ocupados por sus trabajadores y otros activistas en Roma y en Milán respectivamente; y de Vio.Me, una de las pocas experiencias de autogestión que hasta el momento han garantizado un estable --aunque limitado-- ingreso por sus trabajadores a través de la producción de detergentes ecológicos en su fábrica ocupada de Tesalónica, Grecia. (...)

Si bien la voluntad de democratizar la producción y de redistribuir la riqueza “está en el ADN de los trabajadores”, como señala Andrés Ruggeri --un investigador militante argentino y uno de los principales promotores del evento--, las experiencias de ocupación de fábricas y autogestión son tan diversas como los contextos políticos, económicos e históricos en los que ocurren. 

Usualmente, los trabajadores deben lidiar con una unidad de producción obsoleta o que produce mercancías que no tienen ninguna demanda (como es el caso de Oficina Zero). 

El ingenio y la creatividad de los trabajadores en estos casos, y lo que es más importante, la estrecha cooperación con la comunidad, puede ayudar a reconvertir la producción hacia productos más útiles y respetuosos con el medio ambiente. En el caso de las fábricas italianas, esta reconversión permitirá, entre otras actividades, rescatar y reciclar equipamiento electrónico.

Algunos de los desafíos habituales que deben enfrentar las fábricas ocupadas son la represión estatal, grandes trabas burocráticas, falta de un marco institucional apropiado, y la hostilidad de los antiguos dueños, los partidos políticos y los sindicatos burocráticos.

 A menudo operan en economías que ya están en severa recesión (tal es el caso de Vio.Me y de la mayoría de las fábricas argentinas en el comienzo del siglo XXI), y por ende reinsertarse en el mercado y asegurarse un ingreso son metas muy difíciles de conseguir.

También existen peligros en caso de éxito económico. ¿Cómo pueden los trabajadores proteger el carácter radical del experimento y evitar convertirse en una empresa capitalista cooperativa guiada por el principio de ganancia o usando trabajo asalariado? En torno a esto, muchos participantes resaltaron la importancia de las relaciones cercanas con la comunidad. 

No es suficiente que la producción esté bajo control de los trabajadores, aunque sí es un primer paso necesario para romper el círculo vicioso de explotación capitalista. La producción también debería ser controlada socialmente; debería ser sensibilizada en materia de política del medio ambiente y fundada en los valores del respeto y la solidaridad.

Los trabajadores de Vio.Me se hicieron eco de estas preocupaciones al anunciar que, en el estatuto de la naciente cooperativa que tiene como objetivo legalizar sus actividades tras el primer aniversario de la autogestión de los trabajadores, se reconoce la figura del “simpatizante-solidario”. 

 Éste es cualquier miembro de la comunidad que se compromete a consumir cierta cantidad de productos de la fábrica, y que a cambio tiene el derecho a obtener información de primera mano sobre la lucha, a participar en las asambleas de los trabajadores, y a ayudar en la toma de decisiones a través de un voto consultivo. Un puente se construye así entre el control obrero y el control social de la producción.  (...)

Incluso se habló de un fondo de solidaridad que puede surgir del excedente que las fábricas ocupadas puedan tener, el cual ofrecerá financiación a los nuevos emprendimientos y así ayudará a cortar los lazos con el sistema de financiación capitalista.

Cuando se trata de crear una actividad económica humana basada en la igualdad y en la solidaridad, no hay reglas preestablecidas. La imaginación de los trabajadores y su voluntad de luchar por un mundo mejor son los límites. El evento de “La Economía de los Trabajadores” en Fralib inspiró y motivó todos los involucrados, y quizá haya desencadenado la creación de un movimiento europeo amplio por la ocupación de los medios de producción y por una autentica autogestión obrera."            (Diagonal, 17/02/2014)

6/8/13

“La economía social es una alternativa al capitalismo”

"María Jesús Reina Fernández (Pedrera, Sevilla, 1953) es trabajadora de la economía social desde los 18 años, cuando, en 1971, con un grupo de amigas, decidió crear una pequeña cooperativa de confección textil. Ahí empezó a relacionarse con los movimientos organizativos aún ilegales, en reuniones clandestinas. 

“Esa cooperativa fue un hito que marcó mi vida profesional”, recuerda. No tiene estudios superiores, aunque confiesa que le encantaría realizarlos. Actualmente es vicepresidenta de la Federación Empresarial Andaluza de Sociedades Laborales (Feansal), presidenta de la Federación Empresarial de Mujeres para la Economía Social y miembro del consejo rector y de la comisión ejecutiva de la Confederación de Empresarios de Economía Social de Andalucía.

 La Junta ha aprobado esta semana un decreto que destina seis millones de euros al apoyo de este modelo económico, que ya supone el 13% del PIB andaluz.  (...)

¿Y cómo afecta la crisis?
Nos afecta, pero la enfrentamos de distinta manera que el resto de empresas porque tenemos más capacidad de resistencia. Nuestro trabajo depende de nosotros mismos, somos todos los dueños de nuestras empresas. Por eso, antes de cerrar o despedir a alguien tomamos medidas conjuntas como trabajar más horas o cobrar menos entre todos. Aguantamos mejor.
¿Qué características tiene la economía social andaluza?
De entrada, Andalucía es la comunidad autónoma española con más empresas basadas en economía social. En la región hay 7.126 empresas, más del 60% en el sector servicios, y el 11% en la agricultura. Aunque creo que tenemos un potencial muy importante en el campo que no nos han dejado explotar al máximo. 
 Hay grandes extensiones de tierra que si se cedieran a trabajadores en régimen de economía social, se podría crear empleo. Aquí no distribuimos ni transformamos, no sacamos el valor añadido de nuestros productos. Hay que trabajar en eso.  (...)
Usted pertenece a un grupo de trabajo para la creación de una banca pública andaluza.
La necesitamos para que fluya el crédito de nuestras empresas y para que el ahorro revierta en Andalucía.
¿Y evoluciona la economía social andaluza?
Algunas empresas están cerrando, pero otras nacen. Ahora hay muchos jóvenes cualificados que están emprendiendo en nuevas tecnologías. A los jóvenes les gusta nuestra filosofía. También aumentan las iniciativas de empleados despedidos porque sus directivos no conseguían los beneficios deseados.
¿Qué diferencias hay entre los principios cooperativistas que vivió en la clandestinidad y los actuales?
Los principios son los mismos: la democracia, las decisiones en consenso, la participación, la solidaridad y el arraigo en el territorio, no es como una multinacional que se desmantela rápido. Quizás lo que haya cambiado es que entonces era algo incipiente y casi prohibido. 
 Nos parecía ilusionante por todo lo que quedaba por conseguir, y hoy se puede ver como algo más normal. Por lo que luchábamos entonces ya se ha conseguido.
¿Y cómo se plantea ahora?
Nos seguimos empeñando en basarnos en criterios éticos, de respeto al medio ambiente, de prevención de riesgos laborales, de igualdad…
¿En qué beneficia este modelo a las mujeres?
De esta forma, las mujeres no tenemos que enfrentarnos al techo de cristal social y profesional que nos impide ascender. Marcamos nuestras propias metas, y como gestionamos nosotras, es más fácil la conciliación.
¿Y en qué se caracterizan las fundadas por mujeres?
La mayoría son mixtas y no conviene diferenciar. Pero en general, arriesgan menos, por lo que resisten mejor; son más flexibles, y promueven el apoyo entre empresas. Representamos el 47% del modelo en la región.  (...)
Usted cree en la política.
He sido concejal de mi pueblo —Pedrera— 16 años y sé que hay políticos que son muy honrados y con ideales, que luchan sin lucrarse. Aunque a los corruptos habría que castigarlos lo máximo posible para que no ocurra más. Los sindicatos hoy más que nunca son el único instrumento de defensa que nos queda a los trabajadores."        (María Jesús Reina, Attac España, 06/06/2013)