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1/3/19

Mecano, ¿fraude o genio? Más allá de la honestidad de sus fines, la capacidad de Mecano para trascender géneros estaba en sintonía con genios como ABBA, donde el fin último era tan subjetivo como vibrante: moldear la canción pop perfecta...




"La progresiva reevaluación crítica de la trayectoria discográfica de Mecano, iniciada el día en que la revista Rockdelux incluyó Entre el cielo y el suelo (1986) como el 92 de los 100 mejores discos nacionales del siglo XX, invita a una reflexión sobre el valor de su legado artístico, más allá de la desorbitante cifra de ventas que cosecharon durante la segunda mitad de los años 80. 

No en vano, entre el álbum anteriormente mencionado y el archiconocido Descanso dominical (1988), llegaron a superar los dos millones, convirtiéndose en el grupo más exitoso en la historia del pop español.

Al plantear estos dos álbumes como la cúspide comercial y creativa de Mecano, siempre surgen las voces que recurren a su primera etapa como la más provechosa, rechazando la segunda por confundir pretencioso con ambiciones más cercanas al aura atemporal de los años 70 que a la aparente fugacidad de los new romantics. 

En sus comienzos, Mecano fueron adalides del synthpop de principios de los años 80. De su primer elepé, Mecano (1982), la periodista Grace Morales, colaboradora de El Salto , llegó a decir en su fabuloso ensayo Mecano 82 (Lengua de Trapo, 2013), que ““Hoy no me puedo levantar” sigue siendo muy significativo de los Mecano jóvenes, cuya única duda existencial era la indolencia y la apatía, signo de una generación de españoles”.

De interpretación bipolar, lo cierto es que el vacío existencial aludido se filtra bajo la apariencia moñas de canciones como “No me enseñen la lección” y “Perdido en mi habitación”, cuyos paralelismos se acercan más a los retratos de aparente frivolidad que remiten al John Foxx de los primeros 80 que a la algarabía juvenil de los Depeche Mode adolescentes. Cortes que, libres de maquillaje ochentero (o quizás por eso mismo), hoy en día siguen siendo tan representativos como lo fueron en su momento.

Aquellos primeros años de Mecano incluyen un ramillete de creaciones repletas de caras, como la fantasiosa “Barco a Venus” o el tecno pop antártico de “El amante de fuego”, la cual interpretaron el 17 de enero de 1984 en Tocata, bajo un escenario macabro, digno de una actuación de Soft Cell en su etapa de The Art of the Falling Apart (1983).

Tanto “Barco a Venus” como “El amante de fuego” definen la ambivalencia de una banda que jugaba con el estereotipo de la superficialidad, pero que en el fondo escondía intenciones repletas de aristas. De hecho, los hermanos Cano contaban con ansias proggys en sus gustos musicales, y únicamente contemplaban la vía synthpop como forma más fácil de alcanzar el éxito. Más allá de la honestidad de sus fines, su capacidad de trascender géneros estaba en sintonía con genios como ABBA, donde el fin último era tan subjetivo como vibrante: moldear la canción pop perfecta.





Pese a quien pese, Mecano invadieron el círculo de la excelencia en varias ocasiones. Y lo consiguieron empatizando desde esa extraña forma de cantar en primera persona del masculino de Ana Torroja que tanto extrañaba a Carmen Santonja: “Siempre nos ha chocado en Mecano que una mujer cantara como si fuera un hombre...”.

Precisamente, con la explosión comercial de Mecano, Jose María Cano dejó aflorar la inspiración de Vainica Doble en composiciones de poso clásico, tipo “Me cuesta tanto olvidarte”, aunque también a través de su gusto para jugar con géneros musicales prohibidos para el pop, caso de la marcha fúnebre integrada en “No es serio este cementerio”.

Siempre salvando las distancias, al igual que Vainica Doble con sus repetidas referencias literarias cervantinas y al Siglo de Oro, Mecano tradujeron lo culto en materia pop para todos los públicos. Como en “Héroes de la Antártida”, donde transforman en delicatessen pop el capítulo dedicado en Momentos estelares de la humanidad (1927), de Stefan Zweig, a la expedición realizada al Polo Sur en 1912.

Desde un prisma de más actualidad, no se cortaban a la hora de abordar temas como el sida con desigual fortuna, ya fuera desde la lucidez del “Fallo positivo” o la ciertamente fallida “Una rosa es una rosa”. Siguiendo esta línea de acción, no deja de ser tremendamente revelador tocar un tema como el lesbianismo en pleno 1988, así como hicieron en “Mujer contra mujer”, y traducirlo en un éxito incontestable, incluso traspasando fronteras hasta países vecinos como Francia e Italia.





 A partir de Entre el cielo y el suelo, el tránsito entre fábula, costumbrismo y crítica social se impregnó en un cancionero que, a pesar de los brotes épicos recurrentes a toda producción encaminada a las zonas regias de las listas, germinó en frutos exóticos dilapidados a lo largo de los años por la crítica especializada de este país. 

En aquellos tiempos de límites definidos entre mainstream y música independiente, que un álbum superase el millón de ventas era una invitación directa al pozo de los prejuicios. A mayores, contaban con el odio tatuado en la frente de todo fan de Alaska y Dinarama, con quienes se produjo una brecha, más motivada por términos estéticos que musicales, amparada en una realidad: la grandilocuencia kitsch de los Berlanga y compañía contra la ausencia de carisma que desprendían Nacho, Jose y Ana.

En una época donde ser fan de un grupo de estrellas del pop estaba dictaminado por la herencia del “Beatles o Stones”, Mecano y Alaska partieron a la juventud española en dos. Si bien es cierto que Alaska solo tuvieron más popularidad que Mecano en la época de Deseo carnal (1984), su eco en las siguientes generaciones fue instantáneo. Decir que te gustaban resultaba hasta cool. Sin embargo, con Mecano ocurrió como con los votantes del PP: son millones, pero pocos lo reconocen. Dicha omisión es perfectamente aplicable a la gran cantidad de músicos que han bebido de su fuente, pero no lo expresan.

El paso del tiempo ha ido cambiando esta dinámica, apoyada por las comparaciones que surgían de medir méritos con supuestos sucesores tan inofensivos como La Oreja de Van Gogh y Alejandro Sanz.





Desde la orilla de sus herederos reales, hace años que figuras del indie nacional como Joe Crepúsculo, La Casa Azul o Meteosat no han dejado de enunciar las virtudes de un grupo que, en palabras de Guille Mostaza para Mecano 82, “no tiene una actitud atractiva, vamos, que no tiene actitud de nada, y eso hay gente a la que le molesta tanto como a otros les gusta.

 Esas cosas propician el éxito masivo, ya que tanta neutralidad hace que a nadie le parezcan excesivamente raros o freaks. Era un grupo que se preocupaba en hacer las mejores canciones posibles y ya está. De hecho, siempre he considerado tanto su lírica como su estética algo torpe, pero a nivel compositivo son de lo mejorcito que ha dado el país (...) Hay dos cosas que me marcaron mucho: el uso de los sintetizadores y la fonética”.

Alabanzas como las de Guille arman de razones a quienes la distancia del tiempo ha permitido ahogar prejuicios a la hora de decantarse por la segunda opción de la pregunta implícita ante la mera enunciación de la palabra “Mecano”: ¿fraude o genio? Parafraseando a mi editor en El Salto, Jose Durán Rodríguez, para fraude el de Ana Torroja con Hacienda."                  (Marcos Gendre, El Salto, 15/02/19)

25/10/11

El placer de la música

"Estudió psicología experimental y utilizó los métodos de la psicología para comprender qué es la música, de dónde viene y por qué existe. Cuestiones transcendentales que la mayoría de las personas ignoran porque se limitan a sentirla y disfrutarla. Pero Zatorre le confiere al tema un halo científico.
De entrada aclara: "Me interesa especialmente el estudio de la corteza auditiva, porque es una de las áreas que mayormente distinguen a los humanos de otras especies. Por eso me interesé por la música como vehículo para entender mecanismos básicos del cerebro, porque además toca casi todas las funciones neuronales (motoras, emotivas, memoria...)".   (...)

No tarda en hablar de música y emociones. La mayoría de la gente escucha música, y si se les pregunta el porqué darán una respuesta que tiene que ver con las emociones; les gusta, les hace sentir bien, les traen recuerdos... "Lo importante es que ayuda a comprender qué ocurre en el cerebro; y lo interesante de la música es que es un estímulo que provoca placer pero el desencadenante no es biológico [como por ejemplo la sexualidad] sino mental", asegura. (...)

"si la música no fuera placentera no existiría", la pregunta es porqué es placentera. "Sabemos cómo funciona la música dentro del sistema nervioso y que lo hace igual que otras sustancias químicas [drogas, fármacos], lo que no sabemos es ni el porqué ni el cómo", concluye."        (ROBERT ZATORRE: "Si la música no fuera placentera no existiría". El País, 13/10/2011, última)

3/11/10

"Aquí (en el jazz) no hay emociones de contrachapado"

"Pregunta. ¿Diría que tocar el saxofón es su emoción favorita?

Respuesta. No hay nada de lo que esté más seguro. Y créame, lo sé hace nada menos que 72 años. Tenía ocho cuando vi un saxo por primera vez y sigo tocando con la misma pasión y el mismo entusiasmo. El día que acerté dos notas seguidas tuve claro que había nacido para esto.

P. ¿Qué sintió al ver por primera vez uno de esos trozos de metal dorado?

R. Era de un amigo de mi madre. Lo tenía bajo la cama. Entonces las cosas importantes se guardaban bajo la cama. Era un saxofón precioso, metido en una caja de terciopelo. Había visto instrumentos en fotografías centelleantes sobre la chimenea de las casas de los amigos de mis padres. Pero la emoción real lo superó todo.

P. ¿Siempre supo que tocaría el tenor?

R. Empecé con el alto, luego escuché a Coleman Hawkins y se acabó la discusión. Caí rendido a aquel sonido tan profundo, intrincado y colorido. (...)

P. ¿Qué problema tuvo siempre con el piano? Lo eliminó de su ecuación en 1957, en sus legendarias sesiones en el Village Vanguard.

R. El piano es demasiado determinante armónicamente. Me gusta saber hacia dónde se dirige la música y conducirla yo. (...)

P. ¿Se acostumbra uno con la edad a la regularidad con la que la muerte se presenta?

R. No creo en la muerte como algo malo. He compartido escenario con Monk, con Coltrane, con Miles... todos han muerto. Es el modo en el que funcionan las cosas, no merece la pena darle más vueltas. (...)

P. ¿Sintió en algún momento que competía con alguno de sus pares?

R. La gente decía 'Sonny está tocando mejor que Coltrane' y cosas así. Luego te haces mayor y te das cuenta de que solo un estúpido de remate deja de escuchar a Johnny Hodges al descubrir a Charlie Parker. Es una cuestión de madurez, el único antídoto contra la tontería. Esto no es pop, hijo, esto es jazz, es música de verdad, no hay emociones de contrachapado, las cosas suceden, la gente se hace daño, ríe y llora todo el rato.

P. ¿Considera el jazz una música culta?

R. Hay quien ve mi arte como algo complicado, a mí me resulta sencillo. Es difícil poner la música en palabras, pero yo la describiría con una escena. Tengo 10 años, estoy practicando en casa, es domingo, el resto de los chicos juegan en la calle, roban en las tiendas...

Llevo 10 horas en un rapto de conciencia. Toco y toco. Llega mi madre y dice: 'Sonny, cariño, es la hora de cenar, así que haz el favor'. Eso es la música para mí, algo que me hace olvidar que tengo que alimentarme para sobrevivir. (...)

P. Su última actuación en Nueva York ha adquirido ya la categoría de histórica.

R. Fue una noche genial, pero no estuve a la altura. El perfeccionismo es la madre de todas las fuentes de insatisfacción... Los Virgo somos así. No quiero llegar a la meta, me conformo con el camino. Si no creyese que puedo ser mejor cada día, ¿para qué demonios iba a despertarme?

P. Usted es ese célebre saxofonista que se retiró en 1959, en el pico de su carrera, porque se estaba defraudando a sí mismo.

R. Fue la mejor decisión de mi vida. Llevo a gala escuchar a mi voz interior. Esa voz no estaba afinada.

P. Y de todos los puentes de Nueva York, ¿por qué escogió el de Williamsburg para practicar sin que nadie lo viese?

R. Estaba cerca de casa. Subía al puente y tocaba y tocaba para los oficinistas que volvían de Manhattan derrotados, frustrados y borrachos después de unas copas al salir del trabajo.

P. Pasaría frío...

R. Cuando hacía frío de verdad, bajaba a una licorería de chinos del Lower East Side y me subía una botella de brandy... Los oficinistas, el brandy, el rumor del río... ¿Qué más podía pedirse en este mundo? Por lo que a mí respectaba, absolutamente nada.

P. Si volviera a nacer, ¿cambiaría algo?

R. ¡Claro! He cometido un montón de estupideces. Pero, ¿sabe qué? Acabo de cumplir 80 años y estoy empezando a dejar de sentirme ignorante." (SONNY ROLLINS: "Aquí no hay emociones de contrachapado". El País, 31/10/2010, p. 40)

3/3/10

"Hay que evangelizar con la música"

"Ese peso, esa herencia se nota cuando abordan la Segunda sinfonía de Brahms como lo hicieron el martes en Madrid. Aunque se apreciaba también una tensión rejuvenecedora, un chorro de aire fresco, como si alguien la hubiese compuesto ayer. "Tenemos que pensar constantemente en cómo hacer de la música del pasado algo presente, actual", afirma Rattle. "Bruno Walter ya lo advertía: 'Cuidado con buscar la emoción recordada, recuperada. No es real. Hay que tender a crear una nueva en cada momento". (...)

La aventura de la improvisación le fascina. "En Madrid, con la segunda de Brahms, en el tercer movimiento, creo que logramos cosas que no habíamos conseguido antes. Una melancolía graduada". El gran momento del disfrute. La puerta abierta a la sorpresa: "Por más que ensayes, cuando la orquesta despega, debes dejarte llevar. No saber adónde va. Eso es lo bueno". (SIMON RATTLE: "Hay que evangelizar con la música". El País, ed. Galicia, cultura, 25/02/2010, p. 39 )

15/12/09

"Lo fantástico de la música es que da contenido físico a las pasiones"

"P. El escritor sevillano Romero Murube decía que Merimée quería que a Carmen, como a los mitos y los héroes, la hiciesen suya en muchos lugares.

R. Y no le faltaba razón. Hoy tendemos a pensar que el ser humano ha progresado y en realidad lo ha hecho. En lo social y no digamos en lo tecnológico. Las formas de expresión han cambiado pero las preocupaciones, las angustias, permanecen y seguirán existiendo. Ninguna ópera tiene un mensaje único. Tiene una imagen para el momento en que es creada y otra que se va proyectando hacia la eternidad de manera cambiante. Bizet luchó por la mujer libre en Carmen, eso es evidente. Pero esto se ve hoy de otra manera. Que Carmen pueda ser de muchos lugares da al mito su dimensión universal.

P. ¿Y la música?

R. Lo fantástico de la música es que es todo y a la vez lo contrario. Quiero decir, permítame una frase tópica, que la música ríe con una lágrima y llora con una sonrisa. La música da un contenido físico a las pasiones del alma. Convierte lo metafísico en sensorial.

P. ¿Qué le interesa más de Carmen?

R. Es una ópera que adoro. Ya la dirigí en Berlín hace cinco años con una puesta en escena muy interesante de Martin Kusej. Lo que más me interesa es el conjunto, la combinación de la sensualidad, la crueldad con los niños, el mundo gitano, la mujer independiente, los problemas sociales, el triángulo banal de amores imposibles, el conflicto entre deber y libertad, la atracción fatal." (DANIEL BARENBOIM: "Lo fantástico de la música es que da contenido físico a las pasiones". El País, ed. Galicia, cultura, 07/12/2009, p. 34)

30/10/09

"Sin la música hubiese sido un ser amargado"

"La música es mi vocación y para lo que sirvo. Es el equilibrio que me permite estar contento, de lo contrario me sentiría sumamente desgraciado. Hubiese sido una persona amargada"

"Cursé la carrera de Derecho a sabiendas de que lo mío no era estar entre legajos. Fui empleado de Iberia, hice algunas traducciones y hasta me dediqué a la enseñanza. Ah, y compuse música para películas que no me interesaban lo más mínimo y otras que resultaron estimulantes, como La caza. Menos mal que todo era temporal, porque si hubiese seguido por esa línea hubiese sido un desgraciado. (...)

¿Y qué le ha dado la música? "Felicidad. Me permite pensar, reflexionar, sentir. Y ser mejor persona de lo que hubiera sido si no hubiese estado enfrascado en este mundo. Raro es el día en el que las notas no deambulan por mi cabeza" (Luis de Pablo: "Sin la música hubiese sido un ser amargado. El País, ed. Galicia, Cultura, 20/10/2009, p. 43)