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23/5/23

¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿Somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? Las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario... Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición

 "El cénit de la producción de petróleo tiene muchas aristas y, posiblemente, el impacto y las consecuencias sobre el sistema agroalimentario mundial, sea una de las cuestiones más complicadas de tratar y quizás por eso, se convierta en una cuestión que se suele quedar en un segundo plano.

Los combustibles fósiles son esenciales en el mantenimiento del sistema agroalimentario actual: maquinaria agrícola, bombeo de agua en el regadío, producción de fertilizantes de síntesis, todo tipo de plásticos de uso agrícola, etc. afectando a toda la cadena que va desde la producción, a la distribución y al consumo.

Alrededor del 30% del consumo de energía[1] se emplea en el mantenimiento del sistema alimentario mundial y produce 1/3 de las emisiones de GEI[2]. Algunos estudios cifran en 13 unidades de energía fósil las que se utilizan por cada unidad de energía alimentaria producida[3].

Esta abundancia energética que nos han proporcionado los combustibles fósiles nos ha permitido disponer —especialmente en los países occidentales— de una gran variedad de productos desestacionalizados en las estanterías de nuestros supermercados y poder elegir entre diferentes tipos de dietas, en función a nuestro estilo de vida. Esta supuesta capacidad de elección, si la observamos desde una perspectiva más larga, seguramente sea una ficción propia de las sociedades opulentas contemporáneas, que sólo se puede sostener en un corto período de la historia de la humanidad, gracias al proceso de Haber-Bosch. Convertimos calorías de combustibles fósiles en calorías de nuestros alimentos. Hay estimaciones de que al menos el 30% de los átomos de nitrógeno de nuestro cuerpo proviene de este proceso de síntesis.

Si analizamos la historia agraria de la Península Ibérica, veremos cómo a lo largo de la historia hemos desarrollado sistemas alimentarios de base territorial. Nos alimentábamos mayoritariamente a través de los recursos que teníamos en nuestro ámbito geográfico y esto estaba determinado por la capacidad de sostener con esos pastos, forrajes etc., una cabaña ganadera con la que cerrar el ciclo de fertilidad de los cultivos. Nuestros antepasados tenían un gran ingenio y conocimiento del medio que los llevaba a hacer un aprovechamiento muy eficiente y generalmente sostenible de los recursos del entorno. Se trata de un patrimonio cultural basado en la gestión agroecológica del territorio que será muy importante de recuperar de cara al descenso energético en el que nos encontramos (Columela, Al Awan, la gestión comunal, etc.). Estos modelos agroalimentarios tradicionales —de base agrosilvopastoril— no eran perfectos y alrededor del siglo XIX, con la crisis finisecular y diferentes sucesos políticos y sociales, comenzaron a chocar contra límites físicos de la geografía donde se desarrollaban, lo que llevó a trasladar la huella territorial de los sistemas agroalimentarios locales a otros países con sus consiguientes impactos: importación de guano, de nitrato de chile, etc. (Una mayor profundización sobre el metabolismo agrario se puede realizar en los estudios de González de Molina y el Laboratorio de Historia de los Agroecosistemas de la UPO[4] y de Enric Tello en Catalunya[5]).

Esta necesidad/disponibilidad de fertilizantes se dispara con el mencionado proceso de Haber-Bosch y de ahí a la intensificación de la mal llamada revolución verde que conforma el sistema agroalimentario que tenemos en la actualidad.

Me dedico a la regeneración de suelos que han sido degradados tras décadas de impactos derivados de las prácticas de la revolución verde. En zonas de cultivos de secano de la península es habitual encontrarse con suelos con porcentajes de materia orgánica que no llegan al 1%. Son suelos muertos, en los que los ciclos de fertilidad del suelo están rotos y, por si fuera poco, los niveles de diferentes contaminantes, son muy elevados. En el momento en que a esos suelos les quitas su dosis de fertilizante de síntesis, el rendimiento productivo cae de manera abrupta. Dentro del proceso de regeneración, utilizamos las técnicas más avanzadas del conocimiento científico que disponemos: abonos verdes, biofertilizantes, cultivos de microbiología, BRF, introducción de diferentes secuencias de animales en pastoreos rotacionales regenerativos… Los procesos de recuperación de la fertilidad de los suelos son muy lentos y en muchas ocasiones puede llevar hasta 4-5 años conseguir alcanzar porcentajes del 2-3% de materia orgánica (contenido mínimo para recuperar cierta fertilidad en un secano medio). Y esto contando aún con tractores y maquinaria que nos facilitan de manera increíble el trabajo. Imaginemos lo que sería todo este trabajo de regeneración sin la ayuda de los combustibles fósiles.

Hay ocasiones en las que mientras realizas trabajo de campo, te da por pensar en los miles de hectáreas que te rodean y que están siendo aún cultivadas con químicos, en el trabajo tan inmenso y el tiempo que será necesario invertir para recuperar en un grado mínimo su fertilidad. En que un aumento de los precios de los fertilizantes nos puede poner contra las cuerdas, como ya está pasando en muchos lugares del planeta. En esos momentos, son muchas las preguntas que te asaltan y para las que no tienes respuesta.

¿Cómo vamos a fertilizar sin químicos superficies tan grandes? ¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿De donde van a salir todos estos restos orgánicos? ¿Nos podemos arriesgar a basar toda nuestra reposición de la fertilidad en un proceso tan pobre desde un punto de vista termodinámico como el compostaje de restos vegetales? ¿Es posible fertilizar grandes territorios sin la intervención animal?

Aunque tuviéramos maquinaria, el reto sería colosal, pero si nos vamos a ver abocados a una menor disponibilidad de combustible, ¿somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? ¿Cuántas personas en las ciudades estarían dispuestas a hacer esos trabajos? ¿Cuantas estarían hoy preparadas físicamente para aguantar la cosecha manual durante 6 horas al día en julio en Castilla? ¿Quién va a hacer esos trabajos?

¿Podemos realmente elegir el tipo de alimentación que queremos tener, sin esa ingente cantidad de energía que nos aportan las fósiles, o la dieta vendrá determinada por las características de nuestros territorios y los recursos que seamos capaces de sostener en los mismos sin esquimarlos?

Las circunstancias derivadas del agotamiento de los combustibles fósiles y las dificultades de la adaptación a las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario. Y para ello, es necesario planificar la transición agroecológica de esos millones de hectáreas y poder superar las dificultades técnicas que esto supone. Se trata de un reto enorme al que como sociedad nos vamos a ver enfrentados. Las cadenas largas de producción, distribución y consumo basadas en la disponibilidad de combustibles fósiles baratos, nos permiten vivir una ficción que no va a ser posible mantener mucho en el tiempo. Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición."                   (, 15/15/15, 2023-05-12)

12/8/22

El despertar de los pastores: Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática

 "Llegará un día en que no podremos más, y entonces lo podremos todo”, decía el poeta Vicent Andrés Estellés. Pues ese día está llegando. Los pastores y las pastoras estamos hartos ya.

Señores y señoras, representantes políticos y administradores de los servicios esenciales para la ciudadanía: ¿Cuántos de los millones de euros que las comunidades autónomas han anunciado que van a invertir en la campaña para la prevención de incendios y limpieza de montes van a ir destinados a los pastores y a las pastoras del mundo rural? La ganadería extensiva se está tambaleando. Apenas nos tenemos en pie. Muchas de las explotaciones ganaderas han llevado ya a sus animales al matadero. Y otras, no se sabe cómo vamos a terminar.

No se trata de dar ese dinero por nada y para nada. Conocemos de sobra las razones por las cuales se producen los incendios. Las entidades sin ánimo de lucro que llevan años defendiendo el entorno rural y la naturaleza lo tienen muy claro: “El mejor bombero forestal es la ganadería extensiva”. Si hasta vosotros mismos nos estáis diciendo la importante labor que realizamos.

Las pastoras y los pastores de la Serranía Alta de Cuenca solo queremos mantener vivas nuestras explotaciones ganaderas, mantener vivos nuestros pueblos, seguir trabajando, seguir adelante. Pero estamos atravesando la tormenta perfecta: el cambio climático nos golpea con una dureza nunca antes conocida, tenemos que alimentar al ganado con cereales cuyos precios se han duplicado, somos el eslabón más débil de la cadena (víctimas de almacenistas, especuladores, intermediarios y gentes a menudo sin escrúpulos que viven a nuestra costa). Compramos por lo que nos piden, vendemos por lo que nos dan… Nuestros productos son perecederos y perdemos así cualquier posibilidad de presión a la hora de negociar los precios.

No queremos ser héroes. Solo queremos poder vivir con dignidad. Los pastores y las pastoras somos esclavos de nuestras ovejas, vivimos para ellas, sin horario ni calendario. Pero ¿hasta cuándo podremos aguantar esta situación? Si producir alimentos sanos y naturales en estas circunstancias nos cuesta dinero, si otro recurso como la lana ya no vale nada, si por vivir en zonas remotas hasta tengo que pagar por que se lleven el estiércol… Entonces ¿qué nos queda?

Nos queda el trabajo importantísimo que nuestros ganados llevan a cabo en el campo, aprovechando los pastos, abriendo sendas y caminos, evitando que se conviertan en combustible, ayudando a mantener el equilibrio en los ecosistemas, fomentando la diversidad, creando paisaje para el disfrute de todos. Es un trabajo que se nos tendría que reconocer, valorar y pagar. En ello va nuestra supervivencia.

No nos dejen caer. No dejen que desaparezcamos. La ganadería extensiva tendría que ser considerada como lo que es: una pieza esencial del operativo de prevención y lucha contra los incendios, junto con las cuadrillas forestales que desbrozan los montes. Las personas que lo hacemos posible reclamamos dignidad.

A menudo los pastores interiorizamos que “lo que hacemos no vale nada”, que “somos tontos como nuestras ovejas”, y por eso seguimos adelante sin esperar nada a cambio. Pero ni somos tontos, ni nuestras ovejas son tontas. Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática.

Señores y señoras, esa remuneración digna, ese apoyo que exigimos, no es para nosotros. Es para todos. Para todas. Por favor, rásquense el bolsillo. O mejor dicho, adminístrenlo bien. Solo se trata de eso, de administrarlo bien, de priorizar lo realmente esencial, y pensar, de una vez por todas, en el bien común."                

(Rodrigo Molinera Villanueva , Pastor de Poyatos, Serranía Alta de Cuenca, Laura Navarro , Hija de poyatera; El Salto, 10/08/22)

5/5/22

Tradición e innovación combaten el cambio climático en agricultura india... agricultura multicapa con métodos orgánicos naturales, la gestión integrada de plagas y los cultivos intercalados... El diseño incorpora una variedad de verduras y frutas plantadas en un espacio limitado. Esto significa utilizar árboles y plantas de distinta altura y tiempo de maduración diferente junto a otros, de modo que cada uno es interdependiente del otro

 "A pesar de que el clima errático y las temperaturas extremadamente altas aumentan las plagas y afectan a las cosechas, una combinación de métodos tradicionales innovados y manejo integrado de plagas, mediante cultivos intercalados y en multicapas está ayudando a los agricultores de dos distritos de India a afrontar estos impactos del cambio climático.

Los distritos de Ahmednagar y Aurangabad, en el estado occidental de Maharashtra, son regiones semiáridas del interior de India. El primero  se ubica en una zona propensa a la sequía y lluvias irregulares, mientras el segundo se ubica en la región de Marathwada, que directamente carece de agua.

La temperatura máxima media en esta parte de India es alta y la zona sufrió graves sequías en 2012 y 2014. Además salvo el Godavari, no hay ríos perennes en la región.

Como resultado, los agricultores lo pasan mal durante los meses del verano boreal, tratando de evitar que el suelo se agriete por el intenso calor. Las lluvias son erráticas, y las cada vez más intempestivas agravan la aparición de plagas.

Sin embargo, ambos distritos son líderes en la producción de legumbres, maíz y garbanzos.

Dado que estos cultivos son susceptibles a los pulgones y a los barrenadores de vainas, las altas temperaturas y las lluvias irregulares que ha traído el cambio climático han hecho que los agricultores recurran a un mayor número de productos químicos para controlar las infestaciones de sus plantas.

Pero una de las soluciones que han encontrado a estos problemas los productores de estos distritos ha sido el de la agricultura multicapa con métodos orgánicos naturales, la gestión integrada de plagas y los cultivos intercalados.

Y el éxito ya es perceptible entre los campesinos que han adoptado esta combinación de técnicas en sus parcelas, según comprobó IPS cuando se desplazó a varios asentamientos rurales desde Pune, una ciudad del estado de Maharashtra que es la séptima más poblada de India.

La reducción gradual de agroquímicos en sus explotaciones los últimos tres años, los agricultores optan ahora por la agricultura ecológica y natural, con la ayuda de los conocimientos técnicos de la organización no gubernamental  india Watershed Organization Trust (WOTR, Fideicomiso para la Organización de Cuencas Hidrográficas) y de los científicos de WOTR-Centro para la Resiliencia al Clima (W-CRES, en inglés).

El diseño incorpora una variedad de verduras y frutas plantadas en un espacio limitado. Esto significa utilizar árboles y plantas de distinta altura y tiempo de maduración diferente junto a otros, de modo que cada uno es interdependiente del otro.

Las plantas más pequeñas crecen bajo el dosel de los árboles altos y rinden bien, incluso cuando los árboles frutales altos se disparan hacia el sol. También se garantiza una sombra adecuada en los meses de verano para mantener las fincas frescas y propicias para el crecimiento.

El consumo de agua se mantiene al mínimo mediante un aspersor de lluvia que recorre la parcela.

El método también utiliza la gestión integrada de plagas para controlarlas mediante la elección de las plantas adecuadas en un grupo, y pesticidas naturales, sin utilizar ningún agroquímico.

Una gestión integrada de cultivos y plagas

Nitin Kumbhar, investigador principal de W-CRES, y Satish Adhe, investigador junior, explicaron a IPS en Pune, donde WOTR tiene su base, que la gestión integrada de plagas funciona a varios niveles.

“Opera a través de la elección de métodos naturales y orgánicos, trampas de feromonas naturales, cultivos intercalados (según una fórmula que hemos desarrollado), y el uso de fungicidas/pesticidas orgánicos que pueden ser fácilmente fabricados por los hogares agrícolas”, dice Kumbhar.

Se utiliza un diseño cuadrado simple, en el que los bananos se intercalan con la caléndula, el mango, el maíz y garbanzo negro (muy preciado en India), y las papayas se intercalan con la esa misma variedad negra de la leguminosa y guayabas.

Las cebollas, a su vez, se intercalan con jengibre; los tomates con espinacas y calabazas. El rábano se planta en una sola fila, mientras que la llamada calabaza de cresta, la hierba de limón (lemon grass) y el cilantro se cultivan en los flancos exteriores de las fincas.

El cilantro de tallo blando atrae a las plagas. Cuando es atacado, los tallos de cilantro afectados se desechan fácilmente. La caléndula destruye los nematodos (pequeños gusanos alargados) del suelo gracias a sus raíces alcaloides y protege los cultivos. También atrae a las polillas hembras que ponen huevos en la planta (dejando intactos otros cultivos). El maíz atrae insectos beneficiosos como el escarabajo mariquita, que se alimenta de los pulgones que destruyen los cultivos.

Esa gestión integrada de las plagas también incluye trampas de feromonas para atraer y matar a las más destructivas. Estas trampas pueden utilizarse contra insectos comedores de hojas, barrenadores de la vaina, cochinillas, pulgones, plagas chupadoras o moscas de la fruta.

Para todo ese sistema de cultivos controladores de plagas, es imprescindible que la plantación se haga en dirección norte-sur.  “Esto permite que los cultivos tengan acceso al sol durante todo el día”, precisa Kumbhar.

Una vez que los agricultores prescindieron de las variedades híbridas y optaron por las tradicionales, hubo menos crecimiento vegetativo y menos ataques de insectos.

“Parte del problema de las variedades híbridas es el mayor crecimiento vegetativo y los tallos más blandos. Esto hace que sean atractivas para que las plagas las ataquen. Las variedades tradicionales son más resistentes y pueden soportar las temperaturas extremas que ahora son comunes debido al cambio climático. Los agricultores no pierden fácilmente sus cosechas debido a los ataques de las plagas”, asegura Kumbha.

Cambios productivos en las fincas

La productora Dipali Bankar, cuya familia posee una granja de 1,5 hectáreas en Ambelohol, una aldea del municipio de Gangapur, en el distrito de Aurangabad. Miembro de Savita Bachat Gat (grupo de microfinanciación de Savita), Banjar utilizó sus ahorros para ampliar las variedades cultivadas en la parcela familiar, utilizando el modelo multicapa.

“Antes cultivábamos algodón de junio a octubre, Jowar en verano, soja y gandules en los monzones, garbanzos y cebolla en invierno. La escasa disponibilidad de agua limitaba nuestras opciones”, explicó a IPS la agricultora.

En febrero de 2020, “seguí el consejo de los expertos de WOTR y me dediqué a la agricultura multicapa en cuatro ‘gunthas (400 metros cuadrados de nuestra tierra)’. Plantamos papaya, moringa, bananos, mangos, guayaba, limón, higos, tomates, berenjena, chile y caléndula”, explicó a IPS.

A pesar del impacto del confinamiento y cierre de actividades que provocó la pandemia de covid-19, la familia ganó una suma considerable con las frutas y verduras cultivadas. Los Bankar tuvieron su primera cosecha de chiles en abril de 2020 y han vendido una cantidad considerable cada 15 días, con lo que la familia ganó el equivalente a unos 200 dólares hasta ahora.

La papaya madura en nueve meses, mientras que las plantas de banano dan sus frutos en ocho meses, y las preciadas hojas y vainas de moringa están listas en siete meses. Con las primeras cosechas de estos cultivos, los Bankar ganaron ya unos 2600 dólares.

Pese a que los mercados estaban cerrados por la pandemia, la familia consiguió vender en las tiendas de comestibles locales y utilizó el resto para el autoconsumo. El marido de Dipali, Devidas Bankar, consiguió vender parte de sus productos en Surat y Mumbai, adonde viajó una vez que se flexibilizaron las medidas que restringían la movilización.

Devka Desai, de la aldea de Ambelohol, también en el municipio de Gangapur, en  el distrito de Aurangabad, reconoció a IPS que fue muy escéptica sobre el cultivo en capas. Así que inicialmente experimentó con solo 100 metros cuadrados de su parcela, donde moringa, bananos, plantó papaya, limón, mango, higos, tomate, chile, berenjena, hierba de limón, espinacas, cilantro, y plantas de curry y acedera.

Pero las ganancias fueron tan sustanciales que pronto cambió su opinión sobre la agricultura multicapa.

Explicó que tan solo con la primera cosecha ella y su esposo, Krihna, ganaron más de 230 dólares y pudieron ahorrar.

Gracias a ese ahorro los Desai han podido dejar de alquilar los bueyes que usaban en la granja y ahora tienen una vaca y dos bueyes, con un forraje nutritivo y cultivado en su parcela, lo que ha ayudado a que la vaca produzca buena leche. “El ganado lo disfruta, como puedes ver”, dijo ella señalando a la vaca que devoraba el alimento en un cubo.

La familia decidió duplicar el terreno dedicado al cultivo en capas, contó la productora.

La productora Sangita Krishna Ballal y su familia se habían dedicado al monocultivo de algodón hasta hace poco. Pero ahora se sumaron a la agricultura multicapa, en unos 100 metros cuadrados de su finca, y los nuevos cultivos mejoraron de buena forma sus ingresos. Un gran éxito fue la hierba limón, que fabricantes de esencias aromáticas recogen en su finca.

Dipak Dattatraya Mandle y su esposa Mangal Mandle, de Mahandulwadi, en el municipio de Shrigonda, también en en el distrito de Ahmednagar, descubrieron que, aparte de otros logros, las caléndulas tenían especial éxito.

Muy usadas en las fiestas y rituales de India, estas flores anaranjadas superan los 2,6 dólares el kilo y durante la última temporada festiva, en septiembre y octubre, treparon hasta los 92 dólares.

Otro matrimonio, el de Kavita y Aruna Bhujbal utilizaron el dinero extra obtenido para comprar ganado.

“Ahora tenemos 20 cabras, además de nuestras dos búfalas, y siete vacas. Hemos vendido la leche a la central lechera local. La leche de cabra tiene una gran demanda”, dijo Aruna.

Otros campesinos desvían sus ingresos extras para diversificar sus opciones de subsistencia. Por ejemplo, Kausar Sheikh ha utilizado sus ganancias adicionales para ampliar su negocio de brazaletes, mientras que Mira Mahandule y Sangita Popat Birekar han empezado a criar cabras.

Una aplicación como ayuda

Para ello, la aplicación FarmPrecise, desarrollada por WOTR, ha sido de gran ayuda.

FarmPrecise, una aplicación multilingüe, ayuda a cada agricultor con consejos relacionados con la cantidad de agua, fertilizante, fungicida o pesticida que debe utilizar para cada cultivo y en qué intervalos. Los agricultores también reciben instrucciones sobre los brebajes orgánicos para estimular el crecimiento y mantener sus cultivos libres de plagas.

Por ejemplo, los agricultores utilizan harina de garbanzo, “jaggery (azúcar de caña tradicional no procesado, muy usado en India)”, estiércol y orina de vaca para fabricar un fertilizante orgánico. Para los pesticidas orgánicos utilizan también productos provenientes de cultivos tradicionales y desechos de su ganado.

Esta combinación de métodos tradicionales, probados en el pasado y ahora en el presente, y una muy moderna aplicación tecnológica está ayudando a los agricultores de esta parte árida de India a combatir y ganarle al cambio climático, el nuevo azote de la agricultura mundial."                 (Rina Mukherji |  , Rebelión, 21/04/2022)

23/2/22

Jocelyne Porcher: "Se puede amar a las vacas y, luego, matarlas"... claro que es posible, es lo que han hecho los campesinos gallegos (y de todas partes), desde la noche de los tiempos... cada vaca gallega tiene su nombre, y todos conocen su sicología y sus manías... se vive con ella, se la cuida, y después se la mata... porque la familia tiene que comer carne, y la aldea, y la ciudad... la carne es la mejor receta contra el hambre... y en nuestro mundo tan rico existe el hambre... y ricos tan ricos que piensan que la carne sobra... La polémica ingeniera francesa, que critica con dureza las macrogranjas, ataca a los animalistas y aboga por una tercera vía de crianza animal: la ganadería tradicional... la gallega

 "La ingeniera agrícola Jocelyne Porcher (65 años) dispara críticas con cañón doble: por un lado, contra la ganadería industrial, a la que califica de “fábrica sin piedad” en la que los animales no son más que “cosas”, y por otro, contra los animalistas, a los que acusa de alejar a los humanos del resto de los seres vivos y de poner en peligro a la ganadería tradicional. 

Directora de investigación en el INRA (Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia), publica artículos en la prensa francesa que no pasan inadvertidos. Eso, en los últimos 10 años. Antes, predicaba en el desierto.

Sus argumentos contra los animalistas son afilados y están recogidos en el primer libro que ha publicado en español: Vivir con los animales. Contra la ganadería industrial y la “liberación animal” (Ediciones El Salmón, 2021). En él ataca al mismísimo Peter Singer, el filósofo que afirmó que los animales, como seres que sufren, tienen derecho a que los protejamos. “Es un pensador occidental que no conoce la crianza”, afirma. “Lo que escribe son solo teorías”.

La investigadora cree que la liberación de los animales nos haría peores personas, pues el trato con nuestros compañeros vivientes nos nutre mutuamente. Sostiene que los argumentos de este colectivo cada vez más nutrido beneficia a la industria de los sucedáneos de la carne, que no son más que productos altamente procesados. Pero va aún más allá: afirma que los animalistas pueden vulnerar el derecho a la alimentación de las personas.

Las animalistas reconocen la labor de Porcher ante la industria intensiva, pero critican que sea tan fiera contra ellos mismos. La activista Brigitte Gothière, de la ONG L214, señala que es difícil dialogar con la investigadora una vez se le señala la muerte de los animales para nutrirnos. “Se pone muy agresiva y se olvida de que la vida sin comer carne es posible”. Una pena, afirma esta activista, puesto que podrían pelear conjuntamente contra la ganadería industrial. A su juicio, Porcher dedica demasiada energía a criticar al movimiento antiespecista en vez de pelear contra un modo de crianza que mantiene encerrados a ocho de cada diez animales en macrogranjas.

Hija de un solador y una funcionaria, fue una niña distinta, alejada del patrón femenino, ella usa el adjetivo “marimacho”. Dice que en su adolescencia lo que más añoró fue “ser libre”. Es tímida pero con grandes convicciones, según un compañero del INRA. Trabajó ocho años como secretaria, pero acabó cambiando París por el campo. Crio pollos y conejos, empezó a cogerle el gusto y sumó a su pequeña granja ovejas y cabras. Más tarde quiso ir más allá y estudió ingeniería agrícola, hasta que logró su sueño de ser investigadora.

Sus comienzos en el INRA fueron difíciles. Sus ideas estaban muy despegadas de la mirada sobre la ganadería industrial que preponderaba en aquella época. Atacaba el sufrimiento de los animales en la ganadería intensiva y defendía la pequeña y mediana ganadería, un oficio que, afirma, está en peligro desde el siglo XIX. “Es un empleo precioso, pero hay que querer a los animales apasionadamente. Se puede amar a las vacas e igualmente matarlas”, sostiene. Si la muerte de un animal tiene sentido, argumenta, es porque ha tenido una vida digna, sana, cuidada y su muerte genera más vida.

La dirección del INRA no veía con buenos ojos las reflexiones de Porcher, cuenta su compañero el investigador Jean-Marc Touzard, pero poco a poco la situación fue cambiando. Los libros que ella publicaba iban teniendo más impacto y académicamente fue ganando prestigio. Hasta que los responsables se dieron cuenta de que lo que ella defendía era una tercera vía, una línea de pensamiento que permite sobrepasar el enfrentamiento entre la industrialización y la liberación de los animales.

Porcher no solo cree que las macrogranjas causan miedo y sufrimiento a los animales, sino también a los humanos que trabajan en ellas. “Querrían relacionarse con los animales de otra forma. Y eso les genera dolor moral”, dice, y subraya que lo ha visto con sus propios ojos. También ha puesto en marcha un proyecto que acaba de dar sentido a sus teorías: “Quand l’abattoir vient à la ferme” (cuando el matadero llega a la granja), un matadero portátil que se desplaza hasta las granjas, ahorrando a los animales su doloroso traslado hacia su final.

 Por ahora solo una ganadera ha obtenido el permiso para usar este método, y otra veintena de ganaderos están en plenos trámites para lograrlo. “El Estado ha estado en contra de este sistema durante mucho tiempo. Se hacían matanzas en las granjas, pero de forma ilegal”.

En los últimos años se ha puesto a desarrollar nuevos sellos de calidad alimentaria, como un certificado para unos huevos que, al terminar el ciclo reproductivo de la gallina, no acaban en la muerte del animal. O la carne de unos cerdos que han llevado una vida con libertad y agradable. A la pregunta de si come mucha carne, afirma que una media de dos veces a la semana. Y luego añade que lo que no come ni comerá son hamburguesas vegetales. “No entiendo por qué disfrazar al vegetal de lo que no es”.        (Carmen Pérez-Lanzac , El País, 18/02/22)

22/11/21

Dos agricultores de Brasil logran convertir un desierto en un bosque

  "En una zona remota y semiárida del interior de Bahía, en Brasil, han renacido arroyos que se pensaba que estaban secos, han retornado animales que se pensaba que estaban desaparecidos y las plagas se han convertido en aliados para el ser humano gracias a dos agricultores que han conseguido crear un bosque a partir de un suelo que estaba al borde de la desertificación.

El suizo Ernst Gotsch, que de niño soñó con ser agricultor, compró 500 hectáreas de tierra degradada y comprobó que es posible recuperarla sin usar productos tóxicos y además producir en ella. Junto a su «alumno» Nelson Araújo Filho han implementado un sistema agroforestal que reproduce el funcionamiento de los ecosistemas originales en cada región.

El periodista de la BBC News Brasil, João Fellet, viajó hasta allí para conocer más sobre su trabajo. Ernst Gotsch emigró a Brasil en la década de 1980 y logró replantar un bosque original en lo que en inicio eran tierras secas.

Agricultura sintrópica

El buque insignia de la producción de Gotsch es el cacao, un cultivo que sobrevive a la sombra de otras plantas. En vez de desarrollar un monocultivo, él decidió incluir a todas las especies que puedan habitar por encima y por debajo, incluso hongos, insectos y bacterias, que en vez de ser enemigos se convirtieron en indicadores de la salud del cultivo. Esta técnica que consigue la producción agrícola con reforestación se conoce como agricultura sintrópica.

Cuando Gotsch llegó a estas tierras, once arroyos habían desaparecido por la deforestación y la erosión. Él dice que sí se puede plantar agua porque lo que ocurrió luego de replantar el bosque original es que los riachuelos volvieron.

 Gotsch difundió su método en otras zonas e incluso recibió solicitudes de multinacionales interesadas en reproducirlo. Los campos degradados, tras ser plantaciones de yuca y maíz, ahora son espacios verdes y diversos.

Tres años después de la implementación del sistema las mejoras son notorias y hasta aparecieron animales, como por ejemplo venados, que rara vez se veían por el área. La clave para todo esto son los equilibrios naturales.

«Mientras no consigamos producir, adquirir aquello que precisamos para satisfacer nuestro metabolismo diario de un modo que sea benéfico para los ecosistemas, que sea enriquecedor para los ecosistemas, y con saldo positivo como todas las otras especies solas o en conjunto hacen, no vamos a tener futuro. Es un suicidio, es una tragedia de la humanidad», ha dicho Gotsch.

Nelson Araújo Filho ha hecho lo mismo en 1,8 hectáreas, un área equivalente a dos campos de fútbol. En un principio, plantó especies de la caatinga brasileña que sobreviven incluso en suelos degradados, como cactus forrajeros y avelós y, posteriormente, comenzó a podar la vegetación con frecuencia, utilizando todo el material cortado para cubrir y fertilizar el suelo.

Con la mejora de las condiciones, empezó a hacerles sitio a especies más exigentes, como árboles grandes y frutales. La abundancia de flores y frutos atrajo pájaros y abejas; y animales salvajes que hacía mucho tiempo que no se veían, como los ciervos, que volvieron a circular por la región."

 (Luna Izquierdo, Contraiformación, 19/11/21)

6/8/21

El malestar campesino: una reacción defensiva, de repliegue corporativista, de cerrar filas ante lo que perciben como un acoso (desprecio) desde fuera del sector agrario, especialmente del ecologismo... un movimiento de reacción emocional, difícil de contrarrestar con razones, y al que sólo le valen los hechos: mejores precios, reducción de costes, protección de los productos nacionales, relajación de los controles medioambientales, eliminación de las prohibiciones a las actividades tradicionales (como la caza)

 "El abastecimiento de alimentos, el cambio climático, la biodiversidad vegetal y animal, la despoblación rural, la digitalización, la renovación generacional, la nutrición, el paisaje, los recursos naturales… son temas que interesan a la sociedad en su conjunto. No son parte de un debate sectorial, sino integral, un debate de país, en el que los agricultores deben participar al ser un elemento fundamental en la producción alimentaria y la gestión de los territorios.

 Durante gran parte del siglo XX, y hasta los años 1970, el “agrarismo” era el discurso predominante en la mayoría de los países europeos occidentales, manifestándose de muy diversas maneras (en el folklore, la gastronomía, la política…) Según este discurso, la agricultura, y el mundo rural asociado a ella, representaba los valores esenciales de nuestra cultura y, por ello, y por su carácter estratégico en la producción de alimentos, se entendía que debía ser objeto de protección a través de las políticas agrarias.

En ese largo periodo, los agricultores eran el grupo social mayoritario en muchas comunidades locales, y sus organizaciones representativas (OPAs) eran reconocidas como interlocutores privilegiados en las instancias gubernamentales, tanto nacionales, como europeas. Los ministerios de agricultura encarnaban lo más granado del discurso “agrarista”, formando, junto a las OPAs, un “lobby” poderoso en los centros políticos de toma de decisiones.

Auge y caída del agrarismo tradicional

A escala de la UE, el agrarismo se manifestaría con nitidez cuando se creó la PAC (Política Agraria Común) a principios de los años 1960 y se implementó su estructura institucional. En ella, el COPA-COGECA adquiriría, como representante del sector agrario europeo, un estatuto privilegiado de interlocutor ante la Comisión Europea, participando activamente en el sistema de gobernanza de la PAC (comités consultivos agrícolas) y colaborando en la modernización productiva de la agricultura sobre la base de los avances tecnológicos y científicos impulsados por la entonces llamada “revolución verde” (mejora genética, fertilización con abonos químicos, plaguicidas, riego, mecanización…)

El citado proceso de modernización dio lugar a una situación paradójica. Si bien es cierto que el exponencial aumento de la producción agrícola y ganadera permitió asegurar en muchos países la suficiencia alimentaria, también lo es que comenzó en la opinión pública europea un proceso gradual de banalización de la agricultura, perdiendo el valor casi sagrado que se le había conferido durante siglos. Para las nuevas generaciones, asentadas en su mayor parte en las áreas urbanas, el lazo histórico entre producción agraria y consumo de alimentos comenzó a deshilacharse, diluyéndose ese vínculo emocional y afectivo que se tenía con todo lo que la agricultura y el mundo rural representaban.

Además, la aparición de los primeros efectos negativos en el medio ambiente hizo que los modelos intensivos de agricultura fueran objeto de críticas cada vez más fuertes por parte del movimiento ecologista. Asimismo, comenzaron a manifestarse en los mercados mundiales los primeros efectos disruptivos de las medidas proteccionistas de la PAC (precios de garantía, incentivos a la exportación…), atribuyéndosele a esta política la causa principal de tales efectos en los países en vía de desarrollo.

Asimismo, el cambio cultural (con la expansión de valores asociados, por ejemplo, al bienestar animal y a la protección del medio ambiente), así como las nuevas demandas de los consumidores (respecto a la nutrición, la calidad y salubridad de los alimentos) y la creciente percepción de los territorios rurales como espacios de ocio y recreación, contribuyeron a que la agricultura perdiera relevancia en tanto actividad productiva en la escala de valores de la población europea. La apertura de los mercados hacía que el abastecimiento alimentario ya no dependiera sólo de la producción nacional al poder recurrir a las importaciones de alimentos para satisfacer la demanda cada vez más variada de los consumidores.

Todo esto se fue reflejando en el ámbito político-institucional con la reforma de los ministerios de agricultura, dando lugar a nuevas áreas de gestión en las que iba aumentando la presencia de sensibilidades e intereses distintos de los estrictamente agrícolas (forestales, consumidores, ecologistas, conservacionistas, desarrollo rural, industria, comercio, distribución…) Junto a ello, la población agraria fue disminuyendo de forma inexorable en el territorio hasta ser en muchos municipios una minoría entre otras, reduciéndose su capacidad de influencia en las instancias de poder.

Asimismo, la tecnificación de muchas tareas agrícolas y ganaderas fueron aproximando los sistemas de producción agraria a los modelos industriales, generando procesos de diferenciación interna entre los agricultores y dando lugar a una amplia diversidad de tipos de explotaciones. Desde las muy tecnificadas y orientadas al mercado nacional e internacional, hasta las intensivas en mano de obra asalariada o las de base familiar vinculadas a los territorios locales, pasando por las que tienen a la producción ecológica como referencia, la diversidad es hoy el rasgo principal de la agricultura europea, diluyéndose el tradicional sentido de pertenencia a una comunidad de valores e intereses. Hay muchos tipos de agricultura y muchos perfiles de productores, variando sus demandas y la magnitud de los problemas que los acucian, y variando también sus discursos y actitudes.

No obstante, muchos agricultores, sobre todo los más vinculados a los territorios rurales, han ido percibiendo todos estos cambios con una sensación de pérdida, como una falta de reconocimiento social de su actividad. La alta valoración recibida por su contribución al abastecimiento alimentario durante la pandemia COVID-19 les satisface sin duda, pero la sienten como un reconocimiento más retórico que real, al ver que sus problemas siguen siendo los mismos que antes del coronavirus (precios bajos, altos costes de producción, asimetría en su relación con la industria y la distribución, escasa rentabilidad de las explotaciones, competencia de los productos foráneos…)

En ese contexto, se observan dos formas de reacción por parte de los agricultores y sus organizaciones: una, de repliegue hacia el “viejo agrarismo” corporativista (cohesionado en torno a sentimientos y emociones), y otra, de apertura hacia un “nuevo agrarismo” (que intenta comprender mediante el debate y la razón el complejo escenario en que se mueven los temas agrarios y rurales). Son discursos y actitudes que atraviesan todo el sector agrario y que no son identificables ni con un tipo específico de agricultor ni con una organización profesional concreta, ya que pueden encontrarse en todas ellas con más o menos intensidad.

Repliegue corporativista

Encontramos, en efecto, una reacción defensiva, de repliegue corporativista, de cerrar filas ante lo que perciben como un acoso (desprecio) desde fuera del sector agrario, especialmente del ecologismo. Es una reacción que en algunos países sintoniza políticamente con el populismo de derecha (FN en Francia, Vox en España), y cuyos partidos encuentran en el malestar de los agricultores un buen caladero de votos. Pero es también una reacción que amenaza con romper la unidad interna de los sindicatos mayoritarios, tal como ya está ocurriendo con la emergencia de nuevas organizaciones, cada vez más receptivas al discurso del agrarismo corporativista.

Es evidente que esta reacción corporativa no encaja con el signo de los tiempos, ni con las grandes tendencias de cambio económico y cultural, y que corre el riesgo de verse enquistada en un programa de reivindicaciones sin salida. Pero es también evidente que refleja el malestar que existe realmente entre amplios grupos de agricultores. Es un malestar que no puede, ni debe, ser ignorado, ni por los responsables políticos ni por los representantes del sindicalismo mayoritario, a fuer de ver un sector agrario en permanente estado de revuelta, con los disruptivos efectos colaterales que ello puede ocasionar.

Es, además, un movimiento de reacción emocional, difícil de contrarrestar con razones, y al que sólo le valen los hechos: mejores precios, reducción de costes, protección de los productos nacionales, relajación de los controles medioambientales, eliminación de las prohibiciones a las actividades tradicionales (como la caza), supresión de los ataques contra la producción cárnica, levantamiento de las restricciones a la actividad agraria…

Esa es su fuerza en tanto banderín de enganche para muchos “agricultores al límite”, más también su debilidad en tanto son reivindicaciones imposibles de canalizar y aceptar por parte de los poderes públicos, cuyas competencias son más limitadas y menos efectivas de lo que creemos.

Apertura hacia un “nuevo agrarismo”

De otro lado, vemos una reacción no corporativista, sino abierta y en constante búsqueda de alianzas con grupos y movimientos sociales no vinculados directamente con la actividad agraria.

Son agricultores de muy diversas características sociales y económicas, que se esfuerzan por comprender la complejidad de los tiempos actuales; que asumen los retos y desafíos que se les plantea en materia de innovación tecnológica, digitalización, cambio climático, renovación generacional…; que abogan por la integración activa en la cadena alimentaria mediante mejores y más eficaces fórmulas contractuales; que impulsan redes de colaboración con los consumidores; que apuestan por el acceso de las mujeres a la titularidad de las explotaciones y a los órganos directivos de las organizaciones profesionales y cooperativas, y que son conscientes de que estos retos no pueden afrontarlos ellos solos encerrándose en un mundo rural que ya no existe.

Son agricultores que apuestan por la PAC, aunque haya cosas que no les gusten de esta política y se esfuerzan por modificarlas, participando en sus estructuras de gobernanza. Les incomoda la entrada de productos foráneos, pero saben que los mercados abiertos son también una oportunidad para dar salida a los productos nacionales mediante la exportación.

No es ésta, por tanto, una reacción corporativista y excluyente como la otra, sino consciente de la complejidad del escenario en que les ha tocado vivir a los agricultores y abierta a la búsqueda de alianzas con otros grupos sociales. Por ejemplo, con los consumidores a través de fórmulas innovadoras de proximidad (física o virtual); con la participación en plataformas abiertas como el Foro de Acción Rural; o alcanzando acuerdos con la gran distribución (como el alcanzado por UPA con la empresa LidL para la venta del aceite de oliva a precios que no estén por debajo de los costes de producción).

En esa búsqueda de alianzas, el nuevo agrarismo se presenta ante la sociedad con el orgullo de ser y sentirse agricultores, pero no desde la pretendida supremacía moral del agrarismo corporativo, sino desde la conciencia de que la agricultura es un asunto de todos y no sólo de los que trabajan la tierra y gestionan lo mejor que pueden sus explotaciones.

Reflexiones finales

Entre el repliegue corporativista de unos y el agrarismo abierto y renovado de otros, discurren hoy los debates sobre el papel a desempeñar por la agricultura ante los grandes retos que tiene la UE y que tiene España como país. Y todo ello a la espera de que se implemente la nueva PAC post-2021, se aprueben los Planes Estratégicos, finalice el periodo de pandemia y sepamos aprovechar los fondos de recuperación y resiliencia (next generation) procedentes de la UE.

En ese contexto, es más necesario que nunca renovar las bases del discurso agrarista, realzando la importancia de la agricultura en el bienestar de la sociedad y en el desarrollo y cohesión de los territorios. Pero haciéndolo no desde un repliegue hacia valores de un mundo ya pasado, sino asumiendo el reto de la modernidad cultural y económica desde una apertura hacia el futuro, con todas sus contradicciones y oportunidades.

Para ello, es importante que ese discurso encuentre receptividad en los grupos sociales a los que se dirige y también en las correspondientes instancias políticas, transformando las palabras en hechos. Precisamente por no ser un discurso emocional, sino construido sobre la base de las razones y los argumentos, necesita que su esfuerzo, no fácil, de convicción dentro del propio sector, se traduzca en resultados tangibles para poder así contrarrestar el viejo, pero aún atractivo, discurso corporativista que se extiende entre muchos agricultores.

Poco ayuda a ello abrir debates sobre temas complejos en momentos inoportunos como el actual, donde lo prioritario es salir de la crisis provocada por la pandemia COVID-19. Y menos aún si se abren desde el ámbito de la política (como ha hecho el ministro Garzón con el vídeo “Menos carne, más vida” o la ministra Ribera con el tema del lobo) sin medir sus efectos en un sector como el agrario muy sensible a lo que entienden como acoso y muy castigado por la pérdida de rentabilidad de las pequeñas y medianas explotaciones.

No dudo de que sean debates necesarios sobre temas importantes, pero su complejidad y sus implicaciones territoriales exige que se planteen con y no contra el sector agrario si se quiere que los agricultores participen en ellos."

(Eduardo Moyano Estrada , Profesor de Investigación (Catedrático) de Sociología del IESA-CSIC e Ingeniero Agrónomo, Crónica Popular, 02/08/21; fuente: eldiariorural, 10 de julio de 2021)

23/7/21

Laura Martínez, ganadera sostenible: “La ganadería sostenible no es viable económicamente... “El principal problema son los precios que impone el mercado. Son ridículos. Y no podemos hacer nada porque quienes lo imponen son los distribuidores y las grandes factorías... lo mejor es reducir el consumo de carne y exigir calidad... La carne de la ganadería extensiva, pastoreada y vendida directamente al consumidor es muchísimo más sana y está muchísimo más rica que la del supermercado

 "Bustarviejo es un municipio de 2.500 habitantes situado en las faldas de la Sierra de Guadarrama (Madrid). A la entrada del pueblo hay un camino de tierra que acaba a las puertas de La Caperuza, una cuidada finca que la suave brisa de la montaña refresca en las calurosas tardes del verano. Su dueña es Laura Martínez (Madrid, 1992), veterinaria de campo, pastora,  “y ganadera sostenible de un hermoso rebaño de cabras” que evitan que los incendios se vuelvan fieros e incontrolables. So

n 175 cabritas bomberas, cada una con su nombre en wólof, el idioma de su marido, también pastor. Brincan ladera arriba y limpian un área de 18 hectáreas de vegetación indómita. Un trabajo esencial para un mundo que se resiste a alterar su modo de vida y sus hábitos de consumo. “Creo que lo mejor es reducir el consumo de carne y que la que se consuma sea de calidad, procedente de proyectos sostenibles, de ganadería extensiva que trabaje con una orientación ecológica”, confiesa esta mujer que cuando habla de estas cosas mira a los ojos con la dureza que le exige el campo. 

“El principal problema son los precios que impone el mercado. Son ridículos.  Y no podemos hacer nada porque quienes lo imponen son los distribuidores y las grandes factorías”. Madre de un niño de nueve meses, compagina con su marido la conciliación de las tareas domésticas y profesionales. “No es que haya pocas mujeres ganaderas, sino que hemos estado silenciadas. Nadie nos tenía en cuenta. Y aunque eso está cambiando sigue siendo complicado”, concluye con una sonrisa de felicidad. “Es que soy feliz. Me siento libre”. 

¿Qué es “ganadería ecológica”?

La denominación correcta de nuestro proyecto es “ganadería sostenible”. No estamos certificadas como “ecológica” aunque la hemos equilibrado en todos los aspectos para que funcione sin exprimir los recursos naturales y sin causar daño al medio ambiente ni a los animales ni a las personas que trabajamos en ella. Nos importa muchísimo el trato a los animales. Las cuidamos, las queremos y trabajamos con ellas de forma que estén lo más a gusto posible. Y luego está el respeto a las personas que trabajamos aquí. Todos tenemos nuestro horario, nuestro salario digno y nuestras vacaciones.

Usted, además de ganadera, es pastora.

Sí. En la ganadería extensiva hay que salir todos los días a pastorear. Las cabras mantienen y regeneran la biodiversidad de la finca y contribuyen a la sostenibilidad del medio ambiente en toda esta zona.

Mantienen el monte limpio.

Sí, conservamos una franja cortafuegos de 18 hectáreas.

Es decir, lo que usted pastorea son cabritas-bombero.

Efectivamente (risas). Estos tres últimos años hemos mantenido esas 18 hectáreas sólo con la acción de las cabras. No hemos necesitado introducir máquinas, que son las que se cargan la biodiversidad. Pero es que, además, las cabras favorecen la resemillación del monte, abonan el campo y aportan un montón de beneficios a la sostenibilidad que sólo se pueden conseguir mediante la ganadería extensiva.

¿Cuántas cabras tiene?

Ahora 175. Tenemos 140 adultas en producción, cuatro machitos y el resto son chivas de reposición, es decir, cabritas pequeñas que se quedan en la granja por si se produce alguna baja y hay que sustituirla.

Supongo que cada una tendrá su nombre.

Las conozco a todas. Mi marido, que es de Senegal, les pone nombres muy bonitos. En wólof.

¿Habla con ellas?

Muchísimo. Luego digo, ¡cualquiera que me oiga! (risas). Pero, bueno, mantengo con ellas una relación diferente a la que puedo tener con un perro, que para nosotras es un compañero de trabajo imprescindible y forma parte de la familia. A las cabras las quiero mucho. Cada vez que una muere, me llevo un disgusto enorme.

También tendrá que sacrificarlas. ¿No le apena cuando llega ese momento?

Sí, los cabritos. A mí me cuesta mucho, y más procediendo de la ciudad. Al principio me decía pero cómo voy a sacrificar yo a un animal así. Pero todo es hacerte. La muerte es una consecuencia de la vida y la gente demanda carne. Quiero decir que la consume.

¿Cuál es su opinión sobre la reducción del consumo de carne?

Estoy de acuerdo. Creo que lo mejor es reducir el consumo de carne y exigir calidad. Es decir, que la que se consuma proceda de proyectos sostenibles, de ganadería extensiva que trabaje con una orientación ecológica que evite utilizar productos químicos en su producción. La carne de la ganadería extensiva, pastoreada y vendida directamente al consumidor es muchísimo más sana y está muchísimo más rica que la que usted puede encontrar en un supermercado.

 Pero la competencia de las macrogranjas industriales es brutal, ¿cómo se las arreglan para sobrevivir?

Sacando los permisos para vender carne directamente al consumidor, que es la única manera de sacar rentabilidad a proyectos como este. Y también trabajamos con otros ganaderos que manejan los mismos ideales que nosotros. Colaboramos con un ganadero de Bustarviejo a quien da gusto ver cómo cuida sus terneras. Además, pertenezco al colectivo “Ganaderas en Red”, un grupo de mujeres de toda España que trabaja la ganadería extensiva y que estamos unidas para prestarnos ayuda mutua.

Sin embargo, las dificultades para introducir sus productos en un mercado dominado por las grandes empresas deben de ser enormes.

El principal problema para nosotras son los precios que impone el mercado. Son ridículos. Vendes la carne y la leche por debajo de su coste de producción. Y no podemos hacer nada, porque quienes determinan esos precios son los distribuidores y las grandes factorías. Con esos parámetros, la ganadería sostenible no es viable económicamente. Así que para darle la vuelta tienes que exprimirte, transformar la leche en quesos y comercializar la carne directamente con el consumidor. Otro hándicap es que tampoco contamos con mataderos disponibles y para rematarlo están el lobo y el oso.

¿No me diga que le causan problemas?

No. Nosotras guardamos las cabras de noche y tenemos mastines que las cuidan. Así que no hemos tenido problemas. Si implantas medidas de seguridad, el riesgo de ataque es mucho más bajo. Además, esta zona no es de influencia directa del lobo. Suelen estar en el Puerto de Canencia y, aunque a veces pasan cerca, no viven aquí. Sin embargo, tengo compañeras que conviven con el lobo y el oso y para ellas es un inconveniente.

 Pero el lobo y el oso son especies amenazadas. No podemos sacrificarlos en aras de la producción ganadera. ¿Es imposible convivir con ellos, como siempre se ha hecho? 

Por supuesto que se puede. Que exista el lobo, el oso y el lince es imprescindible para la vida. Es que son depredadores necesarios para la fauna que tenemos. Pero a la hora de aplicar medidas se debería tener en cuenta la opinión de la gente que trabajamos en el medio rural. No puede ser que introduzcan estas especies en áreas donde son incompatibles con la subsistencia de agricultores y ganaderos. En lugar de introducirlas por decreto, deberíamos hablar entre todos para ver cómo podemos hacerlo sin que nadie sufra perjuicios por ello. Que sea bueno para la especie y bueno también para la gente que trabajamos en el campo. Le aseguro que ningún ganadero quiere que se extingan el oso y el lobo, pero ver como un día se comen todo el esfuerzo, el físico y el económico, invertido en tus animales sin que nadie te pague por ello resulta un poco duro. Es complicado, pero entre todos podemos encontrar un equilibrio.

¿Considera necesario el movimiento asociativo y el sindicalismo agrario?

Me parece imprescindible potenciarlo. En el campo deberíamos desarrollar más la mentalidad asociativa. Por eso me gusta tanto Ganaderas en Red. Es cierto que no peleamos lo suficiente en la mejora de los precios, pero trabajamos mucho en visibilizar la ganadería extensiva y en el protagonismo que tiene la mujer en este sector. La reivindicación es la única forma de hacerte oír y de que te hagan caso. Sólo unidas tendremos fuerza.

 El mundo del campo sigue estando muy estereotipado. Es un sector tradicionalmente asociado al hombre. ¿Por qué no hay tantas mujeres ganaderas?

No es que haya pocas mujeres, sino que hemos estado silenciadas. Hay tantas como hombres pero eran ellos los que estaban dados de alta y los que daban la cara en las gestiones. La mujer siempre ha estado ahí,  trabajando con los animales, cuidando de la casa y de los niños, pero sin reconocimiento. Nadie nos tenía en cuenta. 

Y aunque eso está cambiando, sigue siendo complicado. Bustarviejo, por ejemplo, es un pueblo muy emprendedor, con un montón de iniciativas de gente que vino de la ciudad para tener una vida mejor y hay bastantes negocios gestionados por mujeres. Sin embargo, a veces parece que no te toman en serio cuando pides información y te preguntan por el marido, por el jefe, para cerrar un acuerdo. Cuando ven que la responsable es una mujer siguen quedándose un poco sorprendidos.

 Es madre de un niño de nueve meses. ¿Cómo lleva la conciliación una mujer ganadera?

Es difícil porque siendo tan pequeñito creemos que es mejor que esté con nosotras que en una guardería. Es verdad que es complicado, que tenemos que hacer una especie de tetris con nuestros quehaceres diarios para estar con él, pero es lo que toca en estos momentos. Yo me lo llevo todos las mañanas a la quesería y dos días a la semana se lo queda mi pareja para que esté con él. Nos turnamos según las necesidades de cada uno, porque con los animales hay veces que va todo bien pero otras, todo se tuerce.

¿Es caro el acceso a la tierra?

El acceso a la tierra es supercomplicado. Para mí fue la principal barrera para sacar adelante este proyecto. El problema es que los dueños no quieren vender terrenos ni tampoco alquilarlos. Y luego hay extensiones que ya no tienen propietario, que están abandonadas, pero no hay forma de acceder a ellas. Esta finca, por ejemplo, tiene 150 hectáreas y pertenece al Ayuntamiento de Bustarviejo. Por lo tanto es pública, pero se adjudica cada cuatro años. También tenemos los pastos comunales de toda la vida pero, claro, cuatro años de margen para que fluya un negocio es insuficiente. Por eso le digo que entre que es difícil encontrar tierra y que las condiciones que te ofrecen no son las más adecuadas, los proyectos sostenibles son inestables. Respecto al precio, depende. En Madrid, muchos son inasequibles. Te obligan a hacer grandes inversiones.

¿Qué es para usted vivir bien?

Pues tener una vida sencilla y digna. Para mí no es tener una mansión sino vivir como quiero. Tenemos una casa estupenda, en alquiler, con jardín pero no por capricho sino porque me gusta el campo. Contamos con el apoyo de mis padres. Mi madre, por ejemplo, viene por aquí y lo mismo ordeña a las cabras que las pastorea. Y mi padre, igual. Ahora lo que quiero es que mi hijo pueda tener todas las oportunidades posibles para que pueda elegir libremente qué quiere ser de mayor.

¿Es feliz?

Mucho, muchísimo. No cambiaba un sitio así por nada del mundo. Quitando el invierno, que en Bustarviejo es un poco duro y se hace largo, el resto es felicidad. Me siento libre."              (Gorka Castillo, CTXT, 20/07/21)

9/2/21

Stop Ganadería Industrial: “Se puede producir de forma más sostenible, sin que tus vecinos se tengan que ir y esté todo lleno de mierda y ruina”. “Los pequeños ganaderos venden porque no pueden competir. Así las macrogranjas se están haciendo con el mercado y al final imponen el precio”

 "¿Cuántos cerdos hay por persona en Castilla-La Mancha? “¿Y cuántos purines? En Albacete lo hemos calculado y tocamos a 2,5 litros de purines por cabeza al día”, responde Inma Lozano, agricultora ecológica, portavoz de la plataforma Stopmacrogranjas de Castilla-La Mancha, donde ya hay alrededor de un centenar de pueblos afectados por una ganadería industrial que “genera graves riesgos para la salud pública, el medio ambiente, el medio rural y el bienestar animal”.

 Por todo ello, la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial, de la que Inma es coportavoz, ha impulsado una petición al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación y a la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para el establecimiento de una moratoria a la instalación y ampliación de explotaciones ganaderas intensivas.

“No estamos en contra de la ganadería, sino de este tipo de industria, porque no son granjas, es ganadería industrial que afecta al entorno, a los recursos y a las personas. Se puede producir de otra forma, más sostenible, sin que tus vecinos se tengan que marchar y esté todo lleno de mierda y ruina. Apostamos por menos producción, pero de mejor calidad. No carne basura que asola nuestros recursos y nuestros pueblos”, defiende Lozano.

“No hay tierra que pueda absorber tanta mierda”

Porque los habitantes de Castilla-La Mancha ya no pueden soportar más macrogranjas. “No hay tierra que pueda absorber tanta mierda”, se quejan. En la Comunidad Autónoma presidida por el socialista Emiliano García-Page, hay decenas de pueblos afectados por este tipo de ganadería industrial intensiva que califican de depredadora. “Ni se sabe cuántas hay. Pero es que además las que están inscritas según el Gobierno de Castilla-La Mancha y el Gobierno central no coinciden. Nosotros pensamos que hay más, por todos los purines que se están vertiendo”, aseguran otros miembros de CLM Stopmacrogranjas consultados.

“La mitad de los pueblos se enteran cuando la macrogranja ya se está construyendo en su localidad o en el pueblo de al lado. Es David contra Goliat”, claman. “Ya hay médicos que están informando de los efectos nocivos sobre la salud de las personas. Y la gente nos estamos agrupando para pagar abogados que hagan alegaciones”, añaden.
“No genera empleo: Una macrogranja de 7.000 cerdos la puede llevar una persona. Está todo automatizado”

Y es que son muchas las consecuencias negativas de este modelo industrial de ganadería sobre un territorio ya de por sí vulnerable como es la llamada España vaciada. “Te venden que es bueno para la economía de la zona, para generar empleo, para fijar población, pero está demostrado que la población no crece. Pero es que además la gente se va”, afirma Lozano. Es el caso de Balsa de Ves, que en 2006, año de la llegada de la macrogranja, contaba con 222 habitantes. Hoy hay apenas 130 almas en un pueblo que en 2018 ya soportaba 2.600 porcinos madres, con posibilidad de criar 60.000 cerdos al año, lo que generaba más de 100 toneladas de residuos al día, según publicó en su día ‘El digital de Albacete’.

“Y luego se les llena la boca con la defensa del medio ambiente. Presuntamente, todo va con la agenda 2030, todo te lo venden como muy verde y muy sostenible, pero mientras, se publican todos los días ampliaciones y nuevas explotaciones altamente contaminantes. Cuando ya sabemos las consecuencias. Los números son desastrosos. En el pueblo de Pozuelo ya van por el segundo intento. Quieren poner 10.800 madres. Eso supone 400.000 cerdos al año. Las cifras son devastadoras. Lo hacen a través de lo que llaman ‘ampliación no sustancial’. En Cardenete (Cuenca) no paran de ampliar. Y cada vez hay más explotaciones. Suelen utilizar proyectos de corta-pega, con trámites administrativos dudosos. Se están autorizando barbaridades”, insisten desde la plataforma.

 Los afectados explican que las macrogranjas “actúan siempre igual: Piden un número x de cerdos y al año piden una ampliación no sustancial que dobla las cabezas de cerdos. Les vale el informe de impacto ambiental de la Junta de Castilla-La Mancha y cuando la granja se construye, no tiene nada que ver. Ha habido alcaldes del PSOE que por esto han perdido la alcaldía. Por ejemplo, Alfonso Escudero, exalcalde de Mota del Cuervo, al que luego le hicieron senador”. Las distintas personas consultadas repiten que “no se termina de entender cómo [desde la administración de García-Page] están empecinados en venderte la peste”.

Porque además -reiteran- este tipo de ganadería intensiva tampoco genera empleo: “Te dicen que es sostenible, que genera puestos de trabajo, pero la realidad es que una macrogranja de 7.000 cerdos la puede llevar una persona, porque está todo automatizado. Hablan de la dinamización de la zona y no es verdad. Y luego presumen de economía circular, de ecología, de sostenibilidad… Por eso no entendemos cómo la Junta de Castilla-La Mancha puede seguir apoyando este tipo de explotación. No nos entra en la cabeza cómo la Junta lo sigue aprobando. Porque es que no hay hectáreas suficientes para echar tantos purines. El número de cerdos producidos aumenta, pero cada vez hay menos explotaciones. Se están haciendo con todas las explotaciones familiares. Los pequeños ganaderos venden porque no pueden competir. Así las macrogranjas se están haciendo con el mercado y al final imponen el precio”.

“A lo primero que afecta es al agua. Cuando un acuífero se contamina, se contamina para siempre. Y al final, todos los acuíferos están unidos”

Otro de los graves problemas que genera este modelo industrial de ganadería es la insostenible contaminación del agua. De hecho, el agua de Torrejoncillo del Rey se contaminó por los purines de una macrogranja en el pueblo de al lado, en Huerta de la Obispalía, según una sentencia judicial. “Aunque la Justicia te dé la razón, el pueblo ya está contaminado. Por eso viene la despoblación”, aseguran las fuentes de Stopmacrogranjas Castilla-La Mancha.

“Lo que consume un cerdo va entre 7 y los 10 litros de agua al día. Además del agua necesaria necesaria para limpiar las naves por el sistema ‘todo fuera-todo dentro’. También los detergentes químicos van a la balsa de purines. Así que orgánico no es. Ya hay muchos pueblos con los acuíferos contaminados. El acuífero va circulando y al final esa agua la vas a beber tú también”, explica Lozano.

“A lo primero que afecta es al agua. Cuando un acuífero se contamina, se contamina para siempre. Y al final, todos los acuíferos están unidos”, apuntan las fuentes, que añaden que se ha parado una macrogranja que querían construir encima del acuífero 23 de Daimiel, al lado de las Tablas de Daimiel, los famosos humedales de Ciudad Real, presuntamente protegidos en el Parque Nacional del mismo nombre.

Pero la presión extractivista no para. Y no se detiene ni siquiera ante zonas de altísimo valor medioambiental como las Hoces del Cabriel. Por eso Cuenca Ahora, Pueblos Vivos Cuenca y Serranía Celtibérica han presentado alegaciones ante la Confederación Hidrográfica del Júcar para que no se autorice a la empresa Porcialtollano S.L. instalar un grupo de autobomba sumergible que extraería un caudal continuo de agua subterránea de 25 millones de litros al año, que se destinaría a la instalación de una macrogranja porcina. Las asociaciones, en defensa de la zona Reserva de la Biosfera Valle del Cabriel de Cuenca, consideran que instalar una granja porcina de 2100 madres a 1,4 kilómetros del río Cabriel constituye un “riesgo elevado y un atentado inaceptable al ecosistema”. También alegan que el municipio de Cardenete se abastece de la citada masa de agua subterránea.


El informe recoge que la explotación estaría en suelo rústico no urbanizable de especial protección, y una parte de la finca entra dentro de la zona ZEPA Hoces del Cabriel, Guadazaón y Ojos de Moya. Ante el hecho de petición del sondeo, también se han manifestado en contra de su concesión Ecologistas en Acción, además de CLM Stop Macrogranjas, que han presentado asimismo sus escritos de alegaciones, según ha publicado encastillalamancha.es.

Reclaman a la Confederación Hidrográfica del Júcar que, en el ejercicio de sus competencias, asuma la protección de las aguas subterráneas contra la contaminación y el deterioro, conforme a la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea y de la legislación española de protección de las aguas subterráneas.

Los castellano-manchegos, que están conectados en red con el resto de territorios del Estado, saben de las consecuencias de las macrogranjas sobre el agua en zonas de Castilla y León, de Lleida y Girona, donde “llevan 30 años sin poder beber agua del grifo” o de Galicia, donde “en A Limia hay una contaminación del río brutal”. “En los purines es donde patinan todos. No hay tierra para absorber todo eso”, repiten hasta la saciedad.

Riesgos para la salud: “Favorece la resistencia a los antibióticos y puede ser vector de transmisión de varias enfermedades”

Pero es que este modelo de ganadería intensiva, a diferencia de la extensiva, también genera problemas para la salud. Lozano cita asmas, conjuntivitis, cefaleas en los niños, problemas respiratorios… Lo saben quienes lo sufren sobre el terreno y lo saben los médicos que han estudiado el fenómeno. El informe ‘Riesgos para la salud pública relacionados con la instalación de macrogranjas porcinas’, realizado por Ángela Prado Mira, médico intensivista del Hospital General de Albacete, concluye que “la contaminación del agua causada por la filtración de purines altera el equilibrio del ecosistema acuático, favorece la resistencia a los antibióticos y puede ser vector de transmisión de varias enfermedades. (…) Si suministramos antibióticos de forma indiscriminada a los animales destinados al consumo humano, estos animales desarrollaran cepas comensales resistentes a los antibióticos, que posteriormente podrían pasar al ser humano a través de los diferentes productos alimentarios”. (Ver el informe completo)

“En el hospital de Albacete hay un programa que se llama ‘Resistencia 0’, que analiza la resistencia a las bacterias. Se están destinando muchísimos recursos a este proyecto y luego resulta que a 30 km de ese hospital nos meten 160.000 cerdos hacinados que provocan lo mismo. Carne que además consumimos”, apunta la portavoz de CLM Stop Macrogranjas.

Las integradoras se encargan de todo y endilgan al ganadero el marrón de los purines. En Tarancón opera Incarlopsa, el carnicero de Mercadona

¿Quiénes son los actores beneficiarios de esta ganadería industrial? “Las explotaciones funcionan con el método de la integradora. Todo depende de estas empresas y el ganadero solo engorda al cerdo y se encarga de los purines. En la zona de La Manchuela opera el Grupo Sanchiz. El Pozo tiene la integradora Cefusa a 30 kilómetros de Albacete capital. También está Campofrío. En Cuenca, opera Incarlopsa, que suministra de carne a Mercadona. Incarlopsa consiguió con fondos públicos en Tarancón montar un matadero megamoderno que no sé cuántos cerdos mata a la hora. Todos los pueblos de Cuenca están sufriendo esa avalancha. Ya no solo en Tarancón, sino en La Serranía, que es todo monte, zonas de reserva natural, ZEPA… Hay que verter los purines. Tarancón está a 80 km de Madrid. Cientos de camiones todos los días surten a Madrid. El matadero de Tarancón necesita muchas granjas alrededor. Es todo un engranaje. No hacen ningún favor a la agricultura y a la ganadería de la zona”, valoran las fuentes consultadas.

Donaciones de Incarlopsa al gobierno de García-Page a través de la fundación Impulsa

Casualmente, “Incarlopsa, el carnicero de Mercadona, donó 400.000 euros al gobierno de García-Page”, según publicó Economíadigital.es en 2018, que añadía que “el fabricante cárnico es donante recurrente de la fundación Impulsa, que gestiona los anuncios publicitarios del gobierno” castellano-manchego.

No todos los políticos de la zona respiran igual. Por ejemplo, la Diputación Provincial de Albacete aprobó una declaración institucional en apoyo a los municipios posicionados en contra de la instalación de macrogranjas de cerdos y, más recientemente, la de Ciudad Real. Su presidente, el socialista José Manuel Caballero, aclaró que la Diputación no está en contra de las explotaciones ganaderas, pero sí de que se instalen macrogranjas de cerdos sin el necesario consenso social y que no son sostenibles medioambientalmente: “Exigimos que estos modelos de producción respeten el bienestar animal y que vayamos hacia otros cada vez más sostenibles y ecológicos. Somos defensores de un modelo agroalimentario que es muy potente en la provincia de Ciudad Real pero somos muy conscientes de que el modelo de macrogranja cuando no cuenta con el consenso social y cuando no reúne todas las garantías de sostenibilidad, es mejor que no se ponga en marcha porque los efectos que puede tener son muy perniciosos”, aseguró citado por ‘eldigitaldeciudadareal.com’.

“Se tienen que tener en cuenta todas las explotaciones de todo el territorio en conjunto, porque el efecto es acumulativo. Eso es lo que envenena”

Desde CLM Stopmacrogranjas continúan insistiendo en que “se tienen que tener en cuenta todas las explotaciones de todo el territorio en conjunto, porque el efecto es acumulativo. Eso es lo que envenena”. También, junto a las más de 40 plataformas de todo el Estado unidas en la coordinadora estatal Stopganaderíaindustrial.org, reiteran la necesidad de una moratoria de nuevos proyectos con el fin de poder realizar un estudio estratégico del territorio y un análisis exhaustivo de sus consecuencias.

Esta Coordinadora Estatal ha lanzado una recogida de firmas en apoyo de su petición de una moratoria a la ganadería industrial en España. En concreto, se pide al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación y a la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que, en base a sus competencias, se suspenda la concesión de licencias de nueva creación y ampliación para explotaciones de ganadería intensiva ante su proliferación desmesurada y descontrolada en España.

Para esta Coordinadora, que agrupa decenas de movimientos vecinales rurales de diversos lugares de España junto con organizaciones nacionales e internacionales, “la desmesurada y descontrolada expansión de la ganadería intensiva en España en los últimos años, que ha encontrado una fuerte contestación social, requiere que la Administración del Estado tome medidas para regular este sector con una visión de conjunto. Abogamos por frenar este crecimiento descontrolado del sector y orientarlo hacia un modelo que responda a las necesidades de las personas consumidoras, los y las ganaderas, la población del medio rural, el medioambiente y la urgente lucha contra la crisis climática. Para ello recogemos firmas con el apoyo de Food & Water Action Europe, Amigos de la Tierra, Justicia Alimentaria, València Animal Save, Ecologistas en Acción, Compassion in World Farming y ADDA”.

FIRMAR AQUÍ"                     ( FemeninoRural , 04/02/21)