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15/6/26

¿Qué es el tecnofeudalismo? Es la hipótesis de que las plataformas digitales han transformado la economía tan profundamente que ya no es capitalista. En un sistema así, el poder y la riqueza no provienen de la producción de bienes, sino de la renta que un puñado de corporaciones cobran por el acceso a la infraestructura que poseen... Varoufakis ve una diferencia fundamental con el capital tradicional. Las máquinas de fábrica o los equipos agrícolas se utilizan para producir bienes. El capital nube no produce nada directamente: crea y controla el entorno digital donde la gente comercia, socializa y trabaja, y los dueños de las plataformas obtienen ingresos de su control sobre ese entorno y el acceso a él (forklog)

"¿Qué es el tecnofeudalismo?

### 1. ¿Por qué "feudalismo"?

El tecnofeudalismo es la hipótesis de que las plataformas digitales han transformado la economía tan profundamente que ya no es capitalista. En un sistema así, el poder y la riqueza no provienen de la producción de bienes, sino de la renta que un puñado de corporaciones cobran por el acceso a la infraestructura que poseen.

La analogía feudal es directa. En la Edad Media, los campesinos trabajaban la tierra propiedad de un señor y entregaban parte de la cosecha por el derecho a permanecer en ella. Sus defensores argumentan que las plataformas digitales son la nueva tierra. Los comerciantes, desarrolladores y usuarios dependen de ellas como los campesinos dependían de los feudos, y entregan una parte de sus ingresos a los propietarios.

### 2. ¿Quién acuñó el término?

El nombre más asociado con el tecnofeudalismo es Yanis Varoufakis — el economista, exministro de finanzas griego y autor del bestseller de 2023 "Tecnofeudalismo: Lo que mató al capitalismo". Pero la visión de las redes y plataformas digitales como una nueva forma de dominación surgió al menos dos décadas antes.

En 2002, Alexander Bard y Jan Söderqvist describieron a los "netócratas" —una nueva élite de la sociedad digital que controla los flujos de información— en su libro "Netocracia: La nueva élite del poder y la vida después del capitalismo".

En 2004, el teórico de los medios McKenzie Wark introdujo la "clase vectorialista" —propietarios de los canales de transmisión de información— en "Manifiesto Hacker".

En 2014, los investigadores Vasilis Kostakis y Michel Bauwens, en "Sociedad Red y Escenarios Futuros para una Economía Colaborativa", propusieron el concepto de "capitalismo netárquico" —un régimen en el que plataformas controladas centralmente organizan interacciones de usuarios para acumular capital. Lo llamaron una "forma neofeudal del capitalismo cognitivo": los usuarios crean valor, mientras los dueños de las plataformas lo monetizan.

La obra "Tecnofeudalismo: Crítica de la economía digital" (2020) del economista Cédric Durand ha influido fuertemente en la comprensión moderna del término.

La teórica política Jodi Dean, en "La tumba del capital: Neofeudalismo y la nueva lucha de clases" (2025), desarrolla la idea de que el capitalismo está dando paso gradualmente a un nuevo sistema de poder y dependencia.

El tecnofeudalismo, entonces, no es la teoría de una sola persona, sino un concepto moldeado por años de debate entre filósofos y estudiosos de la sociedad digital. Varoufakis lo llevó a un público más amplio y atrajo la atención de los medios, actuando más como un divulgador que como un pionero.

### 3. ¿Qué son el capital nube y la renta de la nube?

El capital nube es una nueva forma de capital materializada en plataformas digitales, algoritmos y conjuntos de datos. No solo extrae beneficios de la actividad del usuario, sino que también moldea preferencias al dirigir la atención y el comportamiento a través de motores de búsqueda, sistemas de recomendación y otros servicios. Wark llamaría a esto control sobre el "vector", mientras que Varoufakis lo describe como poseer los "medios de modificación de la conducta".

Varoufakis ve una diferencia fundamental con el capital tradicional. Las máquinas de fábrica o los equipos agrícolas se utilizan para producir bienes. El capital nube no produce nada directamente: crea y controla el entorno digital donde la gente comercia, socializa y trabaja, y los dueños de las plataformas obtienen ingresos de su control sobre ese entorno y el acceso a él.

Estos ingresos se llaman renta de la nube. Por ejemplo, un desarrollador distribuye una aplicación a través de la App Store, y el dueño de la tienda se queda con una parte de las ventas y las compras dentro de la aplicación. Desde la perspectiva del tecnofeudalismo, la fuente de estos ingresos no es la creación del producto en sí, sino el control sobre la infraestructura digital a través de la cual fluyen los datos y los pagos.

### 4. ¿Quiénes son los capitalistas vasallos, los proletarios de la nube y los siervos?

Varoufakis divide a los participantes en la economía tecnofeudal en cuatro grupos:

- **Propietarios del capital nube**: los dueños de las plataformas digitales y los sistemas algorítmicos. Controlan la infraestructura donde ocurren las compras, búsquedas, comunicaciones y el entretenimiento, y extraen renta de ella.

- **Capitalistas vasallos**: empresas que producen bienes y servicios reales pero dependen de las plataformas. Un fabricante de bicicletas eléctricas en Alibaba o un vendedor en Amazon entrega parte de su beneficio al dueño de la plataforma y termina subordinado, aunque formalmente siga siendo capitalista.

- **Proletarios de la nube**: repartidores, conductores de aplicaciones de movilidad, personal de almacenes y otros trabajadores cuyo trabajo es organizado por algoritmos. Se les paga por turno o tarea, pero no poseen la plataforma ni establecen las condiciones laborales.

- **Siervos de la nube**: los usuarios comunes. Cada publicación, "me gusta", comentario o consulta de búsqueda se convierte en datos y contenido que el servicio monetiza. A diferencia de los empleados, los siervos de la nube normalmente no reciben pago por ello.

"Cada vez que subes un video a TikTok, Facebook o Instagram, aumentas el valor de esas plataformas. Hacemos esto con nuestro trabajo, nuestra actividad y simplemente nuestra presencia. Así que no somos solo siervos. Somos siervos de la nube que crean capital. Y nada como esto ha existido nunca en la historia", dijo Varoufakis en una entrevista con WIRED.

### 5. ¿Realmente no es capitalismo?

No todos están de acuerdo con la afirmación de Varoufakis de que el capitalismo ha dado paso a un nuevo sistema. Los críticos reconocen que las plataformas digitales han cambiado radicalmente la economía, pero dicen que eso no implica necesariamente un giro hacia el feudalismo.

Una de las críticas más detalladas proviene del tecnólogo Evgeny Morozov. En su ensayo "Crítica de la razón tecnofeudal" y en una entrevista con Jacobin, argumenta que los defensores del concepto confunden características del capitalismo contemporáneo con señales de un orden fundamentalmente nuevo.

Cuando las corporaciones controlan plataformas, imponen tarifas, gestionan los datos de los usuarios y dictan las reglas del mercado, es tentador concluir: "Esto ya no es capitalismo".

Morozov califica esa conclusión de prematura. El capitalismo, señala, nunca se redujo a la libre competencia y la innovación. Las grandes empresas siempre han buscado consolidar su poder, acaparar recursos clave y utilizar su posición para obtener ganancias adicionales. Plataformas como Google, Amazon o Meta hacen esto de nuevas maneras, pero la lógica subyacente sigue siendo la misma.

Los gigantes tecnológicos continúan invirtiendo: construyen centros de datos, expanden la infraestructura digital, desarrollan nuevos productos, invierten miles de millones de dólares en investigación y contratan a cientos de miles de empleados. Para Morozov, esto es importante porque estas corporaciones no solo cobran rentas de plataforma; crecen y compiten entre sí.

Por lo tanto, sugiere ver la economía de plataformas no como un orden postcapitalista o feudal, sino como una forma de capitalismo contemporáneo. En su opinión, las plataformas digitales han amplificado las tendencias de larga data del sistema capitalista —concentración del poder, monopolización del mercado y extracción de rentas— sin crear una forma fundamentalmente nueva de organizar la economía.

### 6. ¿Qué dice Varoufakis sobre Bitcoin?

Varoufakis dedica un capítulo aparte a los activos digitales: "Las falsas promesas de las criptomonedas". Comienza con un paralelo histórico. En "Utopía", Tomás Moro reflexionó sobre cómo liberar a la sociedad de los vicios feudales. "La ciudad del sol" de Tommaso Campanella argumentaba que el poder debería pertenecer a los artesanos en lugar de a las élites parasitarias. El economista ve a los criptoentusiastas como herederos de esta búsqueda de un orden social más justo.

"[Su] fe en el poder de las criptotecnologías es tanto una reacción al tecnofeudalismo como la Utopía original lo fue al feudalismo", escribe Varoufakis.

Dice que, después de la crisis financiera de 2008, Bitcoin inspiró a una amplia gama de personas, pero con el tiempo prevaleció la "facción libertaria del movimiento cripto".

"Para ellos, el enemigo número uno siempre fueron los bancos centrales, a los que retrataban como una especie de Iglesia Católica que insistía en mediar entre las personas y sus sagradas ganancias, mientras se presentaban a sí mismos como modernos Martín Lutero, proclamando una Reforma Protestante. Así, un movimiento cripto que inicialmente atrajo tanto a anarquistas como a socialistas se convirtió en un mercado de divisas extremadamente volátil donde cualquiera lo suficientemente hábil en la nueva tecnología blockchain acuñaba sus propias 'monedas', tratando de aumentar su valor en dólares antes de retirar su efectivo. Su desprecio ideológico por el dinero fiduciario, o creado por el estado, resultó ser un engaño para emitir su propio dinero fiduciario. Para cuando un bitcoin se negociaba por encima de los veinte mil dólares en 2017, el aura emancipadora inicial de la criptomoneda se había evaporado", dice el libro.

En opinión de Varoufakis, los principales beneficiarios de la tecnología se convirtieron en las mismas instituciones a las que inicialmente se oponía. Señala ejemplos como las plataformas blockchain de JPMorgan y Microsoft, y las soluciones de Goldman Sachs, Mastercard y Visa.

"En lugar de guiarnos gradualmente hacia la utopía, la criptomoneda se ha convertido en otro instrumento de las finanzas en la nube y en un motor de la acumulación de capital en la nube", concluye.

Varoufakis califica a blockchain como una respuesta brillante a una pregunta "que todavía no hemos formulado". Pero si la pregunta es cómo arreglar el capitalismo o derrocar el tecnofeudalismo, argumenta, no es la herramienta para ello.

"Esto no significa que las criptotecnologías nunca resulten útiles para los progresistas. Si y cuando logremos socializar el capital nube y democratizar nuestra economía, las tecnologías blockchain serán útiles", admite." 

(forklog, 12/06/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original) 

28/9/24

En el momento de negociar programas de precios en la Argentina, los gobiernos tienen que sentar en la mesa a productores industriales y supermercadistas... Las tierras están en manos de 20 terratenientes. Entre los que más concentran hay empresarios y grupos que tienen entre 100 mil y más de un millón de hectáreas de todo tipo, como Benetton, Eduardo Elsztain o Eurnekian... Ninguno de los complejos exportadores, donde el 42.1% de las ventas al extranjero son el sojero, maicero, triguero, girasolero y de la carne, son argentinos... el petroquímico o el automotriz están dominados por grandes transnacionales... Sólo extracción, liquidación y fuga de divisas y dependencia de materias primas y minerales... De esta manera, es imposible que un Estados-nación que no funcionan como tal, la democracia sea una vía alternativa de elección para mejorar. Si los Estados juegan a acatar lo que dicen las empresas, ¿quién controla a las empresas más poderosas del mundo? Vanguard y BlackRock, los dueños del mundo... Son dos empresas, dos gigantes del mundo financiero, que se esconden detrás de todas las Big Tech y de todas las grandes compañías del mundo. Dos fondos de inversión que gestionan un total de 17 billones de dólares. cifra similar al PIB de toda la Unión Europea... Estos dos gestores de fondos son el poder en la sombra de las principales empresas del mundo (Alejandro Marcó del Pont)

  "(...) Los golpes de Estado, las crisis económicas, el endeudamiento externo, la fuga de capitales, entre otras cosas, abrieron la posibilidad de la concentración y la hegemonía corporativa, que año tras año tuvo más incidencia en los lineamentos de políticas económicas locales, eliminando gradualmente a sus representantes políticos como mediadores. El caso extremo, sería la Argentina actual, donde la sociedad votó por que las empresas sean quienes determinen los destinos del país en base a los negocios particulares, con una absurda participación de resistencia en redes sociales. La democracia corporativa virtual.

¿Por qué se pierde la autonomía? Juan Carlos Puig (abogado y diplomático argentino que se destacó como teórico de la relación entre la dependencia y la autonomía de los países periféricos) estableció las categorías de dependencia y autonomía, la paracolonial: las élites que conducen ese Estado periférico se consideran un apéndice político, económico e ideológico de la metrópoli. Por lo que no hay proyecto de país, ni integración regional para obtener poder. No sirve como estrategia la unión o potencializar los BRICS o el Mercosur si no son sujetos de beneficio.

Así, internamente se pueden estudiar múltiples relatos de la generación de la inflación, pero al momento de negociar programas de precios en la Argentina, los gobiernos tienen que sentar en la mesa a productores industriales y supermercadistas. Allí, sólo necesita tener representantes de 20 empresas, entre fabricantes y comerciantes, para armar el tablero de los alimentos que deberían llegar a las mesas argentinas. El 74% de la facturación de las góndolas de los supermercados está en manos de apenas esa cantidad de compañías.

Las tierras están en manos de 20 terratenientes. Entre los que más concentran hay empresarios y grupos que tienen entre 100 mil y más de un millón de hectáreas de todo tipo, como Benetton, Eduardo Elsztain o Eurnekian. Elsztain tiene 538.822 hectáreas y ahora administra la Agencia de Bienes del Estado, el inventor del presidente Eduardo Eurnekian tiene 105.397 hectáreas. La mayoría de los dueños de las tierras son también de las mineras, por ejemplo, Integra Lithium, conglomerado presidido por José Luis Manzano, tiene 573.000 hectáreas, además de su participación en empresas energéticas y medios de comunicación.

 Ninguno de los complejos exportadores, donde el 42.1% de las ventas al extranjero son el sojero, maicero, triguero, girasolero y de la carne, son argentinos; el petroquímico o el automotriz están dominados por grandes grupos económicos o transnacionales, ninguno con ellos siquiera tiene una Dependencia racionalizada: donde las elites tienen un proyecto nacional pero dependiente del centro. Sólo extracción, liquidación y fuga de divisas y dependencia de materias primas y minerales.

De esta manera, es imposible que un Estados-nación que no funcionan como tal, la democracia sea una vía alternativa de elección para mejorar. Si los Estados juegan a acatar lo que dicen las empresas, ¿quién controla a las empresas más poderosas del mundo? No hay una respuesta absoluta a estas preguntas, pero sí hay una explicación muy cercana. Son dos empresas, dos gigantes del mundo financiero, que se esconden detrás de todas las Big Tech y de todas las grandes compañías del mundo. Dos fondos de inversión que gestionan un total de 17 billones de dólares. cifra similar al PIB de toda la Unión Europea.

Vanguard y BlackRock, los dueños del mundo. Estos dos gestores de fondos son el poder en la sombra de las principales empresas del mundo. Tal es así, que son los primeros accionista de Apple, Google, Amazon y el resto de Big Tech, también de Coca Cola, Disney y las principales empresas de nuestro país. BlackRock compró Global Infrastructure Partners por $12.5 mil millones, lo que la convertirá en la segunda mayor firma de infraestructura del mundo, y junto con Vanguard son el primer y la tercer inversor en empresas armamentísticas a nivel mundial (Las bombas evaporan la austeridad), o sea, pueden destruir Ucrania y reconstruirlo, todo en el mismo negocio entre Demócratas o Republicanos.

¿Por qué esta división del mundo no hizo realidad antes? La Doctrina Primakov, estratégica para la política exterior rusa, formulada por Yevgeny Primakov, un destacado diplomático y político ruso, se centra en la Multipolaridad: reemplazar el orden unipolar liderado por Estados Unidos con un sistema multipolar donde múltiples potencias, incluidas Rusia, China, la India, la Unión Europea y otros actores importantes, tengan una influencia equilibrada. Y se propone realizar alianzas estratégicas con el objetivo de fortalecer las relaciones con países clave como China y la India, así como con otras naciones que compartieran intereses similares para contrarrestar la influencia occidental. Y rechazo a la expansión de la OTAN.

Esta idea no germinó antes porque el poder de los EE.UU. y sus trasnacionales era demasiado grande y el de sus alternativas dema­siado débil. Pero, notoriamente, las cosas están cambiando. En todo caso, el plan es el mismo. Lo nuevo, que no lo es tanto, es que ahora comienzan a destacar organizaciones internacionales que, hasta la guerra de Ucrania, han tenido una existencia letár­gica, como la Organización para la Cooperación de Shanghai (OCS), creada en 2001, con la mirada puesta en evitar cualquier tendencia unipolar estadounidense. Ahí estaban, desde el principio, China y Rusia, así como India, y la mayoría de las exrepúblicas soviéticas de Asia Central, con Kazajistán a la cabeza. Pero se han ido sumando otros Estados, como Irán o Pakistán. Aunque también se debería pensar en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuyo acrónimo se ha quedado muy corto, ante el aluvión de nuevas peticiones de ingreso, incluyendo Argelia, Túnez, o… ¡Turquía!

De hecho, la coincidencia de Rusia, China e India en las dos insti­tuciones debería hacer reflexionar a EEUU acerca de la pér­dida de su centralidad geopolítica, así como retirarse por un tiempo de ser el gendarme mundial. La Casa Blanca han tomado nota de la existencia de al menos dos potencias revisionistas: Rusia y China, pero insertar ahí a la India, descompone la ecuación. Uno de los cambios provocados por la guerra de Ucrania se refiere a la creciente distancia que separa a la India, parte de la OCS y de los BRICS desde hace años, de los EE.UU. Pero la geo­metría variable a la que aspiraban en la Casa Blanca se ha hecho trizas en favor del realineamiento de India con las potencias dís­colas del sistema político mundial. (...)"                            (Alejandro Marcó del Pont, El tábano economista, 25/08/24)

28/2/24

Oxfam: “siete de las 10 empresas más grandes del mundo tienen un director general milmillonario, o a un milmillonario como su principal accionista. A base de exprimir a sus trabajadores y trabajadoras, evadir y eludir impuestos, privatizar los servicios públicos y alimentar el colapso climático, las empresas están impulsando la desigualdad y generando una riqueza cada vez mayor para sus ya ricos propietarios”... Únicamente el 0,4 % de las 1600 empresas más grandes e influyentes del mundo se comprometen públicamente a pagar a sus trabajadores y trabajadoras un salario digno y a abogar por el pago de salarios dignos en sus cadenas de valor

 "La organización Oxfam acaba de publicar un informe sobre la desigualdad en el mundo, “Desigualdad SA”, que lleva como subtítulo “Una enorme concentración de poder empresarial y monopolístico está exacerbando la desigualdad en la economía mundial”. Un trabajo que viene a aportar mucha luz en estos días en los que los medios se dedican a informar del Foro Económico Mundial o Foro de Davos. Como es sabido, este Foro, fundado en 1971, se reúne entre el 15 y el 19 de enero en la ciudad suiza de Davos.

Allí se encuentran los principales líderes empresariales, políticos, académicos y sociales para analizar los problemas más apremiantes que afronta el mundo. Abogan por un mundo globalizado gobernado por una coalición de corporaciones multinacionales, multimillonarios, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil seleccionadas en lugar de las estructuras democráticas clásicas. Allí estarán líderes empresariales destacados, como el fundador de Microsoft, Bill Gates, el director ejecutivo de Tesla, Elon Musk, y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, entre otros. Es decir, cualquier cosa menos democracia.

En la década de los noventa, la izquierda mundial y el activismo antiglobalización denunciaba y se manifestaba contra el Foro de Davos, acusándolo, con razón, de ser una élite poderosa que se reunía para manejar las finanzas y la política mundial. Las movilizaciones contra Davos se han ido apagando, pero las élites siguen igual de activas y separadas de los pueblos en su reunión anual. Y encima con el lema este año de “Reconstruir la confianza”.

De modo que Oxfam ha aprovechado la reunión de los ricos para explicar el panorama mundial entre ricos y pobres.

Comienzan contando que la riqueza conjunta de los cinco milmillonarios más ricos del mundo se ha duplicado con creces desde el inicio de la década actual, mientras que la riqueza acumulada del 60 % de la humanidad se ha reducido.

Oxfam advierte que “existe un peligro muy real de que estos extremos tan alarmantes se estén convirtiendo en la nueva normalidad. Como muestra este informe, el poder empresarial y monopolístico es una máquina implacable de generación de desigualdades”.

Estos cinco hombres son Elon Musk (Tesla y Twitter), Bernard Arnault (empresario francés del sector de artículos de lujo), Jeff Bezos (Amazon), Larry Ellison (del sector del software) y Warren Buffet (inversor estadounidense). Algunos de ellos estarán en Davos (o enviarán a algún “testaferro”) y desde allí nos contarán cómo arreglar el mundo en el cual ellos se enriquecen gracias a la pobreza de los medios.

Oxfam recuerda también que “siete de las 10 empresas más grandes del mundo tienen un director general milmillonario, o a un milmillonario como su principal accionista. A base de exprimir a sus trabajadores y trabajadoras, evadir y eludir impuestos, privatizar los servicios públicos y alimentar el colapso climático, las empresas están impulsando la desigualdad y generando una riqueza cada vez mayor para sus ya ricos propietarios”.

Veamos el ejemplo de Jeff Bezos, uno de esos cinco más ricos. Su fortuna, de 167.400 millones de dólares estadounidenses, ha aumentado en 32.700 millones de dólares desde 2020. Bezos viajó al espacio por 5.500 millones de dólares, y agradeció a los trabajadores y trabajadoras de Amazon el haberlo hecho posible. Oxfam recuerda que Amazon “lleva años esforzándose por evitar la sindicalización de los trabajadores”.

El informe también aporta algunos otros datos interesantes y elocuentes:

  • Si cada uno de los cinco hombres más ricos gastase un millón de dólares diarios, les llevaría 476 años agotar su riqueza conjunta.
  • A nivel mundial, los hombres poseen 105 billones de dólares más de riqueza que las mujeres: esta diferencia de riqueza equivale a más de cuatro veces el tamaño de la economía estadounidense.
  • El 1 % más rico de la población mundial posee el 43 % de los activos financieros globales. Es decir, las personas más ricas no solo son las mayores beneficiarias de la economía global, sino que también ejercen un control notable sobre ella en la medida en que controlan las finanzas mundiales.
  • Y para cuando oigas que todos estamos terminando con el planeta, recuerda que el 1 % más rico de la población mundial generatantasemisiones de carbono como los dos tercios más pobres de la humanidad.
  • En Estados Unidos, la riqueza de una familia negrapromedio representa solo el 15,8 % de la de una familiamedia blanca.
  • Únicamente el 0,4 % de las 1600 empresas más grandes e influyentes del mundo se comprometen públicamente a pagar a sus trabajadores y trabajadoras un salario digno y a abogar por el pago de salarios dignos en sus cadenas de valor.
  • Una trabajadora del sector sociosanitario necesitaría 1.200 años para ganar lo que un director general de una de las empresas de la lista Fortune 100 acumula en promedio en tan solo un año.

Para lograr mantener ese poder, e incluso aumentarlo, es necesario controlar la economía mundial. De ahí que también son muy oportunos los datos que ofrece el informe sobre la concentración de los mercados.

Cuando oigamos relatos conspiranoicos de fuerzas ocultas o clandestinas que manejan el mundo desde la sombra, recordemos estas cifras. Ni están ocultas, ni son clandestinas, ni operan en la sombra. Dominan el mundo, se adueñan de las riquezas, empobrecen a millones de personas de forma criminal y todo lo hacen a la luz del día y ante la mirada de gobiernos e instituciones democráticamente electas que, con su impasibilidad, terminan siendo cómplices de las desigualdades."                  (Pascual Serrano , El Viejo Topo, 25/02/24)

24/1/24

Las consecuencias de los monopolios intelectuales... ¿Hacia qué tipo de economía nos dirigimos? ¿Está experimentando el capitalismo una transformación cualitativa hacia un «tecnofeudalismo»?

 "¿Capitalismo a la antigua? Las consecuencias de los monopolios intelectuales

¿Hacia qué tipo de economía nos dirigimos? ¿Está experimentando el capitalismo una transformación cualitativa hacia lo que Cédric Durand ha denominado «tecnofeudalismo»? La economista Cecilia Rikap aborda estas cuestiones desde una nueva perspectiva, centrándose específicamente en las relaciones de producción en el seno de los gigantes del sector digital.

 ¿Qué tipo de régimen de acumulación se está configurando hoy en día? Los rasgos distintivos de la economía atlántica contemporánea -estancamiento prolongado, producción globalizada, financiarización, redistribución ascendente de la riqueza, revolución digital en curso- han dado lugar a diversas respuestas.

En Techno-feudalism, Cédric Durand sostiene que se está produciendo una mutación cualitativa del capitalismo en su frontera digital, en la que la depredación se está convirtiendo en la principal modalidad para extraer beneficios, como en el caso de las rentas o los monopolios resultantes de decisiones políticas. Ve una analogía con las relaciones feudales de expropiación, que difiere de la restricción económica de «acumular innovando» típica de la explotación capitalista.

Evgeny Morozov se ha opuesto a esta tesis formulando una serie de críticas a los intentos, tanto de derechas como de izquierdas, de entender la evolución actual, en el sector digital o más ampliamente, por referencia a la época feudal. El capitalismo», insiste, «se mueve en la dirección en la que siempre se ha movido; está aprovechando todos los recursos que es capaz de movilizar, y con mayor gusto porque son más baratos». Dado que el capital siempre se ha basado, hasta cierto punto, en métodos extraeconómicos de acumulación, no es necesario, para comprender su dinámica contemporánea, desarrollar conceptos innovadores -o incluso no tan innovadores[1].

¿Estamos asistiendo a un desplazamiento hacia formas no capitalistas, al advenimiento de un nuevo modo de producción? ¿O, como afirma Morozov, estamos sólo ante los últimos avatares del capitalismo de viejo cuño?

Nos proponemos contribuir a estos debates centrándonos en un elemento clave del paisaje contemporáneo: las nuevas relaciones de producción vigentes en el sector digital, que el economista italiano Ugo Pagano ha denominado «capitalismo monopolista intelectual»[2]. Los gigantes de la economía digital, tanto estadounidenses -Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft- como chinos -Baidu, Alibaba, Tencent, Huawei- están a la vanguardia de estos cambios, aunque puedan identificarse tendencias similares en otras industrias. A pesar del golpe asestado a sus acciones a finales de 2022 por el fin de las políticas de flexibilización cuantitativa, los gigantes tecnológicos siguen siendo actores dominantes en el escenario del siglo XXI.

De hecho, es sorprendente observar que las empresas que tanto han prosperado en 2022 -ya sean los gigantes del petróleo (Big Oil), los gigantes farmacéuticos (Big Pharma) o los gigantes tecnológicos (Big Tech)- tienen una cosa en común: ejercen un poder de monopolio sobre otras empresas. Su diferencia radica en la naturaleza de lo que controlan -de lo que privan a los demás-, lo que tiene importantes implicaciones: los que monopolizan sistemáticamente el conocimiento y los datos ejercen un poder global de exclusión que los hace aún más resistentes.

A continuación examinaremos la novedad del poder monopolístico de los gigantes tecnológicos, los factores que lo originan y los mecanismos utilizados para consolidarlo. Me centraré en particular en Microsoft, que está codo con codo con Apple y Aramco en el podio de las tres mayores empresas del mundo en términos de capitalización bursátil.

El monopolio como relación de poder

La propiedad privada es una relación entre los que tienen y los que no tienen, a los que se priva de lo que necesitan. Como tal, la propiedad privada es la forma más general de monopolización en el capitalismo. Por lo tanto, los derechos de propiedad deben entenderse, no simplemente en términos de sujeto y objeto de propiedad, sino como una relación social. Como escribe David Graeber, pueden reducirse a «acuerdos o compromisos hechos por personas sobre cosas» -por «personas» podemos entender individuos, pero también colectivos, clases o empresas. En esta relación desigual, una de las partes puede ser la inmensa mayoría de la sociedad.

Desde este punto de vista, el monopolio, como relación de poder, incluye tanto a los que se benefician como a los que se ven privados de lo monopolizado. Esta es la concepción que se encuentra en el Estatuto de Monopolios inglés de 1623,[3] que abolió la concesión de monopolios debido a los «grandes agravios e inconvenientes» que infligían a los súbditos de Jacobo I. Estos «agravios» consistían en que los monopolios no se concedían a los súbditos. Estos «agravios» consistían en restricciones a la libertad de comprar (lo que se conoce como «monopsonio») o vender (la definición convencional de «monopolio»). Como Edward Coke, fiscal general del rey Jaime, se esforzó en señalar, la capacidad de dominar la fabricación, explotación o uso de una cosa también constituía un monopolio[4].

Como ha puesto de relieve la literatura reciente sobre el tema, el poder de monopolio no puede reducirse a un fenómeno de mercado; los sistemas jurídicos desempeñan un papel crucial en este sentido[5]. Sin embargo, también es crucial destacar los efectos de la monopolización como relación de poder. Esta fue una de las principales preocupaciones de los teóricos del «capital monopolista», que en la década de 1960 describieron una nueva etapa del desarrollo capitalista caracterizada por la existencia de gigantescas corporaciones, como General Electric, con suficiente poder de mercado para fijar los precios. El capitalismo, según la definición de Paul Sweezy, se produce «mediante la constitución, por un lado, de una clase de trabajadores sin propiedad y, por otro, de una clase capitalista de propietarios»[6]. Estos son los dos polos de una relación basada en el monopolio de los medios de producción por parte de los capitalistas, verdadera condición de posibilidad de la explotación de los trabajadores y de la apropiación del valor que crean.

Los medios de producción son heterogéneos, de modo que a la del capital sobre el trabajo pueden superponerse otras relaciones definidas por el poder del monopolio. Las particularidades de ciertas industrias, en términos de tamaño mínimo de la explotación o, más generalmente, de economías de escala, son capaces de crear monopolios naturales. La monopolización también puede referirse a un recurso, como es el caso de las empresas que monopolizan los combustibles fósiles -pensemos en Aramco y Exxon Mobil- en detrimento de quienes dependen de ellos. 

Los Estados modernos también son capaces de crear formas de relaciones monopolísticas, como las basadas en los derechos de propiedad intelectual (DPI).
La especificidad de este último tipo de monopolio, que se refiere a la propiedad intelectual, es doble. En principio, es posible que varios individuos hagan uso simultáneo de un mismo conocimiento sin privar a nadie más de él -mejor aún, se trata de una forma de multiplicar sus beneficios, como en el caso de la alfabetización universal- y sin que este uso esté circunscrito espacialmente. 

De este modo, la propiedad privada, cuando se refiere al conocimiento, genera un monopolio global sobre todas las aplicaciones que de él se derivan. Se producirá entonces una diferenciación estructural en la capacidad de las empresas para absorber nuevos conocimientos y aprender de ellos, de modo que las que se encuentren en la vanguardia del conocimiento concentrarán las mejores oportunidades de innovación futura. En segundo lugar, dado que el conocimiento interviene en todos los procesos de producción, es probable que se monopolice en cualquier sector o industria de la economía. (...)"

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18/10/23

Forbes publicó su conocido análisis de las 2.000 mayores empresas del planeta... todas ellas acumulan riqueza por valor de 231 billones de dólares y 538 financieras poseen 171 billones de dólares... sólo esas 2.000 grandes empresas tienen la mitad de la riqueza mundial y las grandes financieras el 37%... La economía capitalista no es de libre competencia, sino que provoca una enorme concentración del capital y de la riqueza, de modo que el poder, la capacidad de decisión, también termina estando en muy pocas manos. Y, como consecuencia de ello, tampoco es cierto que todos los individuos disfruten del mismo grado de libertad en el capitalismo

 "Uno de los mitos más extendidos en nuestra sociedad es que la economía capitalista en la que vivimos funciona o puede funcionar guiada tan sólo por una mano invisible que, a partir de la simple iniciativa individual, organiza todo el orden económico garantizando -automáticamente y sin necesidad de ninguna otra intervención- estabilidad y plena satisfacción de los intereses generales.

Es un mito porque la realidad muestra constantemente que las cosas funcionan de otro modo. La economía capitalista no es de libre competencia, sino que provoca una enorme concentración del capital y de la riqueza, de modo que el poder, la capacidad de decisión, también termina estando en muy pocas manos. Y, como consecuencia de ello, tampoco es cierto que todos los individuos disfruten del mismo grado de libertad en el capitalismo. Salvo en el sentido irónico de Anatole France: «Los pobres han de trabajar ante la majestuosa igualdad de las leyes que prohíben, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan»

En junio pasado, la revista Forbes publicó su conocido análisis de las 2.000 mayores empresas del planeta. Según sus datos, todas ellas acumulan riqueza por valor de 231 billones de dólares y 538 financieras poseen 171 billones de dólares. Teniendo en cuenta que la riqueza total que hay en el planeta es de 454,4 billones de dólares, según Credit Suisse, resulta que sólo esas 2.000 grandes empresas tienen la mitad de la riqueza mundial y las grandes financieras el 37%.

No es una mano invisible lo que mueve el mundo, sino esas grandes corporaciones que, disponiendo de esa inmensa riqueza, pueden comprar medios de comunicación, universidades, partidos, fundaciones, ong’s… y mantener en nómina a miles de periodistas, académicos, militares y políticos para que difundan la ideología y los mitos que permiten fortalecer su poder, como ese de la mano invisible.

El periodista estadounidense Thomas Friedman, tres veces ganador del Premio Pulitzer y columnista durante mucho tiempo de The New York Times, escribió un artículo en ese diario el 28 de marzo de 1999 en el que lo decía muy claramente, sin perder actualidad: «La mano oculta del mercado nunca funcionará sin un puño oculto: McDonald’s no puede prosperar sin McDonnell Douglas, el constructor del F-15. Y el puño oculto que mantiene al mundo seguro para las tecnologías de Silicon Valley se llama Ejército, Fuerza Aérea, Armada y Cuerpo de Marines de los Estados Unidos».

Esa es la realidad. No hay mano invisible sino un puño de acero que se oculta para defender los intereses de las grandes corporaciones. Eso es lo que hay, así se gobierna el mundo y eso es lo que explica el vasallaje de la Unión Europea y de los gobiernos en general ante el poder imperial de Estados Unidos. El gasto militar billonario (un negocio en sí mismo), los conflictos bélicos y la violencia no se producen en defensa de nuestras patrias, ni para defender a la gente corriente y hacerla más libre, como dicen. No es nuestra libertad la que defienden sino la de quien acumula riqueza y poder. A los ingenuos que no se dan cuenta de ello se les pueden aplicar las palabras de Goethe: «Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo».                (Juan Torres López, blog, 17/10/23)

3/8/23

Varoufakis: lo que ha matado al capitalismo es... el capital mismo. No el capital como lo conocemos desde los albores de la era industrial, sino una nueva forma de capital, una mutación tóxica... el capital en la nube es un medio de producción para la modificación del comportamiento. Nos convierte a todos en un tipo de siervo... A diferencia del capitalismo, cuyo combustible era la ganancia, nuestro mundo tecnofeudal funciona con rentas, como el feudalismo solía... excepto que la renta de la nube es posible no a través de la propiedad de la tierra sino a través de la propiedad de esta forma tóxica y novedosa del capital (nube), los espacios digitales cerrados de nuestra era

 "(...) Tecnofeudalismo

Pasé la mayor parte de la semana encerrado en un estudio grabando el audiolibro de mi próximo Technofeudalism: What killed capitalism. Fue un trabajo duro y muy divertido leer en voz alta un libro que, aunque escrito desde una perspectiva analítica marxista, está obligado a molestar a los izquierdistas tanto como molesta a los verdaderos creyentes en la inevitabilidad del capitalismo. ¿Por qué temo que los izquierdistas se enojen? En el centro de mi tesis hay una ironía que puede sonar, al principio, confusa: lo que ha matado al capitalismo es... el capital mismo. No el capital como lo conocemos desde los albores de la era industrial, sino una nueva forma de capital, una mutación tan tóxica que como un virus estúpido y demasiado celoso ha matado a su huésped. Al oírme decir esto, un encantador amigo del PST me lo dijo airadamente: "Si el sistema bajo el que vivimos ya no es capitalista, ¿por qué no es socialista?" ¡Lo es bastante!

Capital en la nube

 Entonces, ¿qué demonios es el capital en la nube? Para empezar, no vive cerca de las nubes, sino que comprende nuestra maquinaria en red, miles de kilómetros de cables de fibra óptica en los fondos oceánicos, algoritmos impulsados por IA y hardware de comunicaciones que cruzan el planeta. Así, como las vías férreas y los robots industriales, es una forma de capital. 

Pero, en lugar de ser simplemente un medio de producción, el capital en la nube es un medio de producción para la modificación del comportamiento. Nos convierte a todos en un tipo de siervo, al incitarnos a trabajar gratis para acumular sus existencias (por ejemplo, cuando subimos cosas en TikTok). Acelera el trabajo proletario en las fábricas y almacenes. Y, de manera crucial, reemplaza los mercados con plataformas, como amazon.com, que parecen mercados pero que ciertamente no son mercados. Los cloudalistas, sus propietarios, ahora tienen el poder de extraer rentas gigantescas de los capitalistas convencionales (por ejemplo, el 35% de Amazon, Apple, Alibaba, etc. cobran a los vendedores). 

A diferencia del capitalismo, cuyo combustible era la ganancia, nuestro mundo tecnofeudal funciona con rentas, como el feudalismo solía - excepto que la renta de la nube es posible no a través de la propiedad de la tierra sino a través de la propiedad de esta forma tóxica y novedosa del capital (nube), los espacios digitales cerrados de nuestra era.

Pero, ¿no es Amazon un mercado capitalista? 

Si no es un mercado capitalista, ¿en el nombre del Señor estamos entrando en amazon.com?" , un estudiante de la Universidad de Texas me preguntó hace unos años. Un tipo de feudo digital, respondí instintivamente. Una postcapitalista, cuyas raíces históricas permanecen en la Europa feudal pero cuya integridad se mantiene hoy en día por un tipo futurista y distópico de capital basado en las nubes.

¿No son Meta y TikTok competidores capitalistas?

 TikTok agotó a los usuarios y los ingresos de Facebook. ¿No es esta exactamente la competencia de mercado que enfrentaron Ford, Edison y Westinghouse? No, no lo es. Las batallas y rivalidades que llevaron al surgimiento y la caída de los feudos, fueron parte integral del feudalismo. Pero no debemos confundir la rivalidad entre feudos con la competencia basada en el mercado, donde los precios más bajos y las cualidades más altas gobiernan. Bajo el tecnofeudalismo, la rivalidad entre los miembros de la clase tecnofeudal está determinada por el poder que trasciende los mercados."           

( , New Statesmant, 18/07/23; traducción Reverso)

3/5/23

Enrique Palazuelos: “La teoría económica neoclásica construye una leyenda sobre la que los poderes pueden fabular”

 "Enrique Palazuelos, catedrático de Economía Aplicada de la UCM hasta su jubilación, defiende en su nuevo libro La economía del crecimiento en equilibrio (Editorial Akal) que las teorías neoclásicas construyen “una leyenda” sobre la que los poderes “pueden fabular”. La obra critica con contundencia las grietas de un pensamiento económico basado en un mercado “ilusorio”, o incluso “mágico”, que, por ejemplo, niega cualquier límite a los beneficios de las empresas aunque se perjudique el bienestar social.

La teoría económica neoclásica, y sus distintas versiones y adaptaciones de las últimas décadas, se edifican “en que si las empresas ganan más e invierten más... se crea más empleo”, advierte en una entrevista con elDiario.es. “Bueno, ya te puedes hartar luego de demostrar que a veces ocurre y muchas veces no ocurre, pero da igual. El punto de partida es que todo lo positivo que tenga que ocurrir en la economía tiene que ver con no abordar el comportamiento de los beneficios empresariales. Y puedes escuchar al gobernador del Banco de España 100 veces. Cada vez que dice que haya pactos entre empresas y trabajadores: se está refiriendo solo a los salarios”, sentencia.

“Si las empresas no ganan y no tienen perspectivas de ganar más, se acaba el juguete”, continúa. Según su análisis, esto hace que nuestras políticas económicas “no controlen nada que tenga que ver con los beneficios”.

“Yo me he cansado de explicar en la facultad que el mejor momento de la economía de Estados Unidos, prácticamente desde todos los puntos de vista de crecimiento económico: de productividad, de bienestar social, etc., fueron los años 60. En ese momento, el impuesto sobre los beneficios de las sociedades en términos efectivos estaba en torno al 40, 42% de promedio, hasta 1968. El 40%, 42%”, relata.

“Ahora debe estar en el 20%. Si es que se paga realmente”, continúa. Pero, con un 42% “ni se derrumbó el capitalismo, ni la economía norteamericana, ni las empresas ganaban poco. No se mató a la gallina de los huevos de oro”.

“Existe la posibilidad de otra alternativa, pero hoy por hoy, tal como funcionan las cosas, sabes que es un tipo de alternativa minoritaria. Por honestidad: si crees que es la que tienes que seguir, debes seguirla”, anima el economista. Eso sí, Palazuelos, profesor durante décadas, denuncia que “el debate intenso desde el punto de vista intelectual no es algo que se estila, desde luego, en la universidad española, en concreto en la que yo he conocido”.

El libro hace una extensa crítica a la tradición neoclásica que ha dominado el pensamiento económico durante siglo y medio.

La crítica fundamental que plantea el libro es que las teorías neoclásicas se basan en la existencia de un tipo de mercado que es radicalmente ajeno a cómo funcionan los mercados reales de productos, de trabajo, de capital y otros en una economía capitalista. Sin embargo, esas teorías pretenden explicar lo que sucede en esos mercados reales y servir de norma para las políticas económicas de los gobiernos.

¿Por qué ese mercado de competencia perfecta es la gran leyenda?

Las teorías neoclásicas suponen que un mercado de competencia perfecta proporciona un sistema de precios que garantiza el equilibrio económico y, como consecuencia, el crecimiento equilibrado de las economías. Para ello, parten de unas premisas ilusorias, unas por imposibles y otras por inverosímiles, a las que se pueden aplicar ciertas técnicas matemáticas para obtener que ese mercado de competencia perfecta posee propiedades virtuosas basadas en la autocorrección y el equilibrio. Construyen así una leyenda sobre la que pueden fabular. 

 Sin detenernos en su formulación técnica, esas premisas se refieren a unos agentes económicos (productores y consumidores), recursos productivos y productos que no tienen nada que ver con la realidad. Con ellas, construyen unos mercados perfectamente competitivos en los que, entre otras paradojas, no existen los conflictos de intereses y ni siquiera hay rivalidad entre las empresas, ya que todas ellas se comportan de la misma manera.

No es difícil prever los desastres teóricos y prácticos que acarrearía para el estudio de la anatomía humana que sus planteamientos fundamentales tomaran como referencia las características de un robot construido a partir de metales y cables eléctricos. ¿Cuál sería la validez teórica y la utilidad de semejante construcción a la hora de analizar el cuerpo de una persona real? 

 

Sin embargo, admite la capacidad de esta tradición neoclásica para adaptarse y sobrevivir... y conseguir ser la tradición dominante. ¿En qué pilares se ha basado este dominio?

La mayor parte del libro se dedica a examinar con detalle las sucesivas versiones de la tradición neoclásica que han dominado el pensamiento económico en cada época, indagando en varios tipos de causas que explican ese dominio. Para no extenderme en exceso, citaré sólo de pasada tres de ellas. En primer lugar, la pretensión de convertir la Economía en una ciencia con características similares a las de las ciencias que estudian la naturaleza física; para lo cual se han ido incorporando nuevas técnicas matemáticas que parecían dar esa prestancia científica, aunque fuera a costa de privar de contenido económico real a sus teorías.

En segundo lugar, los creadores de las nuevas propuestas pasaban a ostentar el poder en las instituciones académicas, por el cual controlaban los principios doctrinarios vigentes en los programas docentes, las líneas de investigación y los materiales bibliográficos de referencia; así como los mecanismos de promoción (y de exclusión) de los profesores e investigadores.

En tercer lugar, ese poder académico contaba con la protección de los círculos de poder político y económico. Esos círculos se beneficiaban de la defensa del statu quo que aportaban las teorías ortodoxas y los académicos obtenían promoción, prestigio y financiación.

El problema es que, según defiende, el enfoque dominante no sirve para explicar las economías reales ¿qué consecuencias sociales implica?

Las consecuencias se inician en los años de formación de los estudiantes, ya que el enfoque dominante cercena el interés y la capacidad para orientar sus conocimientos hacia lo que sucede realmente en la economía. Quienes sigan en el ámbito académico como profesores e investigadores se adiestran en trabajar con modelos que dejan de recordar cuáles son las premisas ortodoxas de las teorías que utilizan. Muchos de ellos se acostumbran a examinar los temas de actualidad desde posiciones que nada tienen que ver con tales teorías.

 

Los profesionales que trabajan en otras actividades, en su mayoría, adquieren el mismo mimetismo y tienden a considerar que aunque los mercados reales no sean exactamente iguales a los de la leyenda, se les pueden aplicar las teorías construidas desde esa leyenda. Una gran parte de los economistas que trabajan en la Administración están condicionados por los prejuicios adquiridos acerca de los posibles efectos negativos de las actuaciones económicas del Estado, sin que tengan la misma preocupación por los efectos que acarrean los mercados.

No es casual que con demasiada frecuencia sus posiciones sean coincidentes con las que interesan a los grandes poderes económicos.

En el mismo sentido, y desde su experiencia como profesor universitario, lanza un lamento por la situación en la que se encuentra la enseñanza de la Economía, ¿empeoró mucho desde que pisó por primera vez un aula?

Bueno, yo me estrené como estudiante universitario hace más de medio siglo. Por tanto, desde entonces las condiciones han variado notablemente. En la introducción del libro aludo a que sí hubo un tiempo, entre los años ochenta y noventa, en que el furor ultraliberal empeoró la formación universitaria. En ese sentido, lo peor que puedo decir de la situación posterior es que, a pesar de los procesos traumáticos que ha padecido la economía mundial en las dos últimas décadas, el enfoque que domina la formación universitaria no ha experimentado cambios positivos de cierta envergadura.

Hay un interesante capítulo dedicado a los hechos que han escapado a la agenda ortodoxa: los oligopolios, las diferencias entre sectores... ¿Cuáles son los 'silencios' más graves de la ortodoxia económica?

La lista es demasiado larga sobre las incapacidades de las versiones neoclásicas para interpretar los principales fenómenos de cada época. Siendo breves, con las teorías neoclásicas no se puede explicar el persistente dominio de las grandes empresas, su poder para desarrollar estrategias y elevar sus economías de escala desde finales del siglo XIX. La agenda neoclásica reconoce que existen oligopolios, pero no puede explicar por qué la mayoría de los mercados importantes funcionan como oligopolios. Tampoco puede explicar las causas y las consecuencias de que las empresas operen la mayor parte del tiempo por debajo de su plena capacidad productiva. Tampoco el sentido estratégico y recurrente de la participación de los poderes públicos, ni las relaciones de poder que atraviesan el funcionamiento de las economías, ni los condicionantes sociales e institucionales que intervienen en la distribución de renta, ni por qué la dinámica económica es estructuralmente cíclica, alternando momentos de intenso crecimiento con otros de crisis.

Si hablamos de la época actual, las teorías ortodoxas están en la inopia a la hora de interpretar la formación de las cadenas productivas internacionales, la financiarización de las economías y sus últimas crisis, la relación entre el progreso tecnológico y el débil aumento de la productividad, la emergencia de China como potencia mundial o, en el caso de la Unión Europea, la relación entre la liberalización exterior y el aumento de las divergencias estructurales de las economías de los países miembros.

En el libro también hay un lamento por las “disidencias ignoradas”... ¿Cuáles destacaría?

En el libro se van detallando para cada época, siendo numerosas y de distintos orígenes teóricos, por lo que aquí sólo puedo resumir la idea principal. Esas disidencias han sido, precisamente, las que consideraron la importancia que tenían los fenómenos mencionados en la respuesta anterior, así como otras que pusieron el dedo en la llaga de las inconsistencias que presentaban las teorías neoclásicas.

¿Qué claves marcarían una mejor explicación del crecimiento?

No soy capaz de resumir en unas frases el contenido del último capítulo del libro. En él propongo una aproximación a las preguntas que debe afrontar una buena teoría sobre el crecimiento de las economías capitalistas. Esa propuesta se sustenta en la necesidad de relacionar un conjunto de variables principales desde varias perspectivas: la demanda, la distribución de la renta, la estructura productiva, las finanzas, las instituciones y el sector exterior.

¿La respuesta ortodoxa del BCE a la actual crisis de inflación sirve de ejemplo del análisis que plantea su libro?

De forma implícita, sí por dos motivos. De un lado, la visión monetaria y financiera de los dirigentes del BCE responde enteramente a la ortodoxia neoclásica. De otro lado, a pesar de que las medidas aplicadas por el BCE desde 2012 (y antes la Reserva Federal de Estados Unidos) contradicen de manera frontal las recetas de la ortodoxia, sin embargo, lejos de reconocerlo, los informes y declaraciones de los dirigentes pretenden hacerlas pasar 'como si' se correspondieran con la ortodoxia.

¿Qué otras recetas ortodoxas deberían abandonarse urgentemente en este momento?

Una de carácter general, que responde al planteamiento del libro es dejar de considerar que los mercados reales funcionan “más o menos” como dice la leyenda neoclásica. Es necesario analizar de manera concreta la situación efectiva de esos mercados para valorar qué ventajas y desventajas ofrecen en cada caso; lo mismo que debe hacerse con las intervenciones del Estado, para decidir el funcionamiento que resulte más adecuado. Otra idea, también fundamental, que se debe abandonar es la de que la distribución de la renta entre salarios y beneficios, responde a las respectivas aportaciones del trabajo y del capital, ignorando los factores sociales e institucionales que condicionan ese reparto.

¿La emergencia climática debería ser razón suficiente para abandonar la ortodoxia?

Claro, es la enésima razón con la que argumentar que las premisas, las deducciones y las tesis neoclásicas no sirven para centrar el debate sobre las medidas con las que afrontar la gravedad de los problemas derivados del calentamiento del planeta."                 (Daniel Yebra  , eldiario.es, 26 de noviembre de 2022)

17/1/23

Los "hombres de Davos"... una manifestación del poder de la "superclase": un grupo minúsculo que, según los investigadores, no supera las 6.000 o 7.000 personas, o el 0,0001% de la población mundial, y que, sin embargo, es más poderoso que cualquier clase social que el mundo haya conocido jamás... los miembros de esta élite global "tienen poca necesidad de lealtad nacional, ven las fronteras nacionales como obstáculos que afortunadamente están desapareciendo y consideran a los gobiernos nacionales como residuos del pasado cuya única función útil es facilitar las operaciones globales de la élite" (Thomas Fazi)

  "Miles de miembros de la élite mundial se reúnen esta mañana en Davos para celebrar su encuentro anual más importante: la reunión del Foro Económico Mundial (FEM). Junto a jefes de Estado de todo el mundo, se darán cita los presidentes de Amazon, BlackRock, JPMorgan Chase, Pfizer y Moderna, así como el presidente de la Comisión Europea, el director gerente del FMI, el secretario general de la OTAN, los jefes del FBI y del MI6, el editor de The New York Times y, por supuesto, el infame anfitrión del evento: el fundador y presidente del FEM, Klaus Schwab. Es posible que se desplieguen hasta 5.000 soldados para protegerlos.

Dada la naturaleza casi caricaturescamente elitista de esta juerga, parece natural que la organización se haya convertido en objeto de todo tipo de teorías conspirativas sobre sus supuestas intenciones maliciosas y agendas secretas relacionadas con la noción del "Gran Reset". En realidad, no hay nada conspirativo en el FEM, en la medida en que las conspiraciones implican secretismo. Al contrario, el FEM -a diferencia, por ejemplo, del Bilderberg- es muy abierto sobre su agenda: incluso se pueden seguir las sesiones en directo por Internet. 

(...) resume perfectamente la filosofía básica del globalismo: aislar la política de la democracia transfiriendo el proceso de toma de decisiones del nivel nacional e internacional, donde los ciudadanos teóricamente pueden ejercer cierto grado de influencia sobre la política, al nivel supranacional, colocando a un grupo autoseleccionado de "partes interesadas" no elegidas y que no rinden cuentas -principalmente empresas- a cargo de las decisiones globales relativas a todo, desde la energía y la producción de alimentos hasta los medios de comunicación y la salud pública. (...)

Aunque el FEM ha centrado cada vez más su agenda en temas de moda como la protección del medio ambiente y el espíritu empresarial social, no cabe duda de qué intereses promueve y potencia realmente la creación de Schwab: El propio FEM está financiado en su mayor parte por unas 1.000 empresas miembros, por lo general empresas globales con volúmenes de negocio multimillonarios, entre las que se incluyen algunas de las mayores corporaciones mundiales del petróleo (Saudi Aramco, Shell, Chevron, BP), la alimentación (Unilever, The Coca-Cola Company, Nestlé), la tecnología (Facebook, Google, Amazon, Microsoft, Apple) y la industria farmacéutica (AstraZeneca, Pfizer, Moderna). También es muy reveladora la composición del consejo del FEM, que incluye a Laurence D. Fink, consejero delegado de Blackrock, David M. Rubenstein, copresidente del Carlyle Group, y Mark Schneider, consejero delegado de Nestlé. 

No hay necesidad de recurrir a teorías conspirativas para afirmar que es mucho más probable que la agenda del FEM esté hecha a la medida de los intereses de sus financiadores y miembros del consejo -las élites empresariales y ultra-ricos del mundo- en lugar de "mejorar el estado del mundo", como afirma la organización.

Quizá el ejemplo más simbólico del empuje globalista del FEM sea el polémico acuerdo de asociación estratégica que la organización firmó con la ONU en 2019, y que muchos consideran que ha arrastrado a la ONU a la lógica de cooperación público-privada del FEM. Según una carta abierta firmada por más de 400 organizaciones de la sociedad civil y 40 redes internacionales, el acuerdo representa una "preocupante captura corporativa de la ONU, que movió al mundo peligrosamente hacia una gobernanza global privatizada". 

Las disposiciones de la asociación estratégica, señalan, "prevén de hecho que los líderes empresariales se conviertan en 'asesores susurrantes' de los jefes de los departamentos del sistema de la ONU, utilizando su acceso privado para abogar por 'soluciones' lucrativas basadas en el mercado a los problemas mundiales, al tiempo que socavan las soluciones reales arraigadas en el interés público y los procedimientos democráticos transparentes".

(...) Estas coaliciones público-privadas y centradas en las empresas -todas ellas vinculadas al FEM, y fuera del alcance de la rendición de cuentas democrática- desempeñaron un papel crucial en la promoción de una respuesta a la pandemia centrada en las vacunas y orientada a los beneficios, y posteriormente en la supervisión del despliegue de las vacunas. En otras palabras, la pandemia puso de manifiesto las consecuencias del impulso globalista del FEM durante décadas. Una vez más, sería erróneo considerar que se trata de una conspiración, ya que el FEM siempre ha sido muy franco sobre sus objetivos: se trata simplemente del resultado inevitable de un enfoque "multistakeholderista" en el que los intereses privados y "filantrópicos" tienen más voz en los asuntos mundiales que la mayoría de los gobiernos.

Lo preocupante, sin embargo, es que el FEM está promoviendo ahora el mismo enfoque verticalista impulsado por las empresas en una amplia gama de otros ámbitos, desde la energía a la alimentación, pasando por las políticas de vigilancia mundial, con consecuencias igualmente dramáticas. (...)

En 2017, Schwab admitió haber utilizado a los Jóvenes Líderes Globales para "penetrar en los gabinetes" de varios Gobiernos, y añadió que, en 2017, "más de la mitad" del gabinete del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, habían sido miembros del programa. Más recientemente, tras la propuesta del primer ministro holandés, Mark Rutte, de recortar drásticamente las emisiones de nitrógeno en línea con las políticas "verdes" inspiradas por el FEM, lo que provocó grandes protestas en el país, los críticos llamaron la atención sobre el hecho de que, además de que el propio Rutte mantiene estrechos vínculos con el FEM, su ministra de Asuntos Sociales y Empleo fue elegida Joven Líder Global del FEM en 2008, mientras que su viceprimera ministra y ministra de Finanzas, Sigrid Kaag, es colaboradora del programa del FEM. En diciembre de 2021, el gobierno neerlandés publicó su correspondencia anterior con representantes del Foro Económico Mundial, lo que demuestra una amplia interacción entre el FEM y el gobierno neerlandés. (...)

En última instancia, no se puede negar que el FEM ejerce un inmenso poder, que ha cimentado el dominio de la clase capitalista transnacional hasta un grado nunca visto en la historia. Pero es importante reconocer que su poder no es más que una manifestación del poder de la "superclase" que representa: un grupo minúsculo que, según los investigadores, no supera las 6.000 o 7.000 personas, o el 0,0001% de la población mundial, y que, sin embargo, es más poderoso que cualquier clase social que el mundo haya conocido jamás. 

Samuel Huntington, a quien se atribuye la invención del término "hombre de Davos", argumentó que los miembros de esta élite global "tienen poca necesidad de lealtad nacional, ven las fronteras nacionales como obstáculos que afortunadamente están desapareciendo y consideran a los gobiernos nacionales como residuos del pasado cuya única función útil es facilitar las operaciones globales de la élite". Era sólo cuestión de tiempo que estos aspirantes a cosmócratas desarrollaran una herramienta con la que ejercer plenamente su dominio sobre las clases inferiores, y el FEM resultó ser el vehículo perfecto para hacerlo."                  ( ,  UnHerd, 16/01/23; traducción DEEPL)

26/8/22

¿Quién es el culpable del repunte de la inflación? La inflación es el resultado final de las políticas económicas y recetas expedidas por los economistas conservadores, liberales, y social-liberales (otrora socialdemócratas)... El aumento del poder de mercado y de la concentración empresarial ha sido documentado... ha habido un cambio estructural que ha debilitado la competencia. En ausencia de competencia, las empresas adquieren poder de mercado y consiguen precios elevados. Esto tiene implicaciones para el bienestar y la asignación de recursos. Además de reducir el bienestar de los consumidores, el poder de mercado disminuye la demanda de mano de obra y frena la inversión en capital, distorsiona la distribución de las rentas económicas y desalienta la dinámica empresarial y la innovación

 "Ustedes ya saben nuestro diagnóstico sobre qué ha provocado el repunte de precios, y que es previo a la invasión de Ucrania, que simplemente ha exacerbado y perpetuado dicho incremento. Nuestra hipótesis de partida es que la inflación es el resultado final de las políticas económicas y recetas expedidas por los economistas conservadores, liberales, y social-liberales (otrora socialdemócratas).

En primer lugar, la expansión y el acceso a los mercados derivados de materias primas a especuladores y a fondos institucionales. Como consecuencia, en determinados momentos, la evolución de sus precios no obedece a fundamentales económicos sino a burbujas especulativas y procesos de propensión o aversión al riesgo de los inversores, si bien no son simétricos, impactando mucho más en los precios, al alza, durante las fases de toma de riesgos excesivos, como la actual. Destacan por encima de todos los episodios 2004-2008, 2021-actualidad.

En segundo lugar, la reestructuración radical de determinados sectores industriales, sustentada en el dogmatismo del libre mercado, siendo el eléctrico un ejemplo destacadísimo. El sistema marginalista en el que se fundamenta ha fracasado. El coste marginal se ha alejado del coste medio, produciéndose una rápida escalada de los precios de la electricidad en los hogares y empresas. Sobre ello ya hemos hablado largo y tendido desde estas líneas.

Finalmente, un aspecto olvidado en los análisis, y que recobra fuerza como factor explicativo del repunte actual de precios, aprovechando la excusa de la guerra de Ucrania, es el aumento de poder de mercado de determinadas empresas, y que se da no solo en determinados sectores, sino en la economía en general.

En este blog pretendemos resumir aquella investigación que estudia el aumento del poder de mercado y sus efectos negativos sobre la participación del factor trabajo y del capital productivo en favor de los beneficios puros, mediante el establecimiento de precios muy por encima de su coste marginal. El aumento del poder de mercado medio permite explicar el descenso de las cuotas tanto del factor trabajo como del capital productivo, así como la disminución del dinamismo del mercado laboral, y los aumentos de inflación que se observan en el 2022.

Por otra parte, la disminución de la competencia es en parte responsable de que el sector empresarial haya invertido poco, en relación con lo que sugerían ciertos modelos de inversión neoclásicos, desde principios de la década de 2000. Además, las empresas de las industrias con los mayores aumentos de concentración del mercado han disfrutado de mayores márgenes de beneficio, vía precios, rendimientos anormales positivos de las acciones y operaciones de fusiones y adquisiciones más rentables, lo que sugiere que el poder de mercado se está convirtiendo en una importante fuente de valor (la teoría postkeynesiana de la empresa ya incorporaba este hecho hace varias décadas). Por último, los datos de la industria muestran que los aumentos de la concentración están asociados a descensos de la cuota del factor trabajo.

Efectos macroeconómicos

El aumento del poder de mercado y de la concentración empresarial ha sido documentado, especialmente en el caso de Estados Unidos (Gutiérrez y Philippon, 2017; Covarrubias et al., 2019; Grullon et al., 2019; De Loecker et al., 2020), aunque también hay estudios con datos no estadounidenses (Gutiérrez y Philippon, 2018). Los resultados obtenidos sugieren que ha habido un cambio estructural que ha debilitado la competencia. En ausencia de competencia, las empresas adquieren poder de mercado y consiguen precios elevados. Esto tiene implicaciones para el bienestar y la asignación de recursos. Además de reducir el bienestar de los consumidores, el poder de mercado disminuye la demanda de mano de obra y frena la inversión en capital, distorsiona la distribución de las rentas económicas y desalienta la dinámica empresarial y la innovación. Esto tiene ramificaciones para la política económica, desde la política antimonopolio, la política monetaria y la redistribución de la renta.

Uno de los principales problemas de esta investigación económica empírica es cómo medir la intensidad de la competencia en un mercado y el poder de mercado de las empresas individuales. Heidorn y Weche (2021) detallan diferentes posibilidades. Una alternativa es el cálculo de medidas de concentración para evaluar el grado de competencia en un mercado. Las más utilizadas son el índice Herfindahl-Hirschman (HHI) y los coeficientes de concentración (CR).

Sin embargo, sacar conclusiones sobre la intensidad de la competencia a partir de las medidas de concentración puede ser engañoso. Por ejemplo, los mercados pueden estar concentrados debido a la realización de economías de escala y de alcance. Por lo tanto, es posible que los competidores de los mercados concentrados no disfruten de un gran poder de mercado, sino que se enfrenten a una fuerte competencia. Una alternativa natural para medir el poder de mercado de las empresas de forma más directa es estimar los beneficios económicos a partir de los datos de producción. La idea teórica subyacente es que el poder de mercado se manifiesta en los precios que superan los costes marginales de forma similar al índice de Lerner.

Gutiérrez y Philippon (2017), utilizando los márgenes precio-coste (índice de Lerner), así como estimando el coste de utilización de la mano de obra y el capital, muestran para Estados Unidos que los márgenes comerciales han aumentado para los líderes de la industria. Aunque ninguna de estas estimaciones es perfecta, son totalmente informativas, ya que ambas sugieren que los márgenes comerciales aumentaron más en las industrias que se han concentrado más.

Covarrubias et al. (2019), utilizando medidas de concentración (CR8) y márgenes comerciales, analizan el aumento de la concentración en las industrias estadounidenses durante los últimos 40 años, distinguiendo dos períodos de tiempo distintos. Durante la década de 1990, y con bajos niveles de concentración inicial, encuentran evidencia de un aumento de la concentración eficiente impulsada por la competencia de precios, el aumento de la inversión intangible y la mayor productividad de los líderes. Sin embargo, después del año 2000, los datos sugieren una concentración ineficiente, una menor competencia y un aumento de las barreras de entrada a medida que los líderes se afianzan y la concentración se asocia con una menor inversión, mayores precios y menor productividad.

Grullon et al. (2019) examinan la evolución de la concentración del mercado de productos de las industrias estadounidenses a lo largo de los últimos 40 años, y documentan que las industrias estadounidenses se han concentrado más desde principios del siglo XXI. Muestran que el aumento de la concentración del mercado, utilizando el índice de concentración Herfindahl-Hirschman (HHI), y la desaparición de las empresas públicas, coinciden con la consolidación a gran escala de las empresas que cotizan en bolsa.

De Loecker et al. (2020) en, desde mi modesto punto de vista, el artículo de investigación más interesante sobre el aumento de poder de mercado, documentan la evolución del mismo basándose en datos a nivel de empresa para la economía estadounidense desde 1955. Constatan que los márgenes de beneficio han aumentado desde niveles del 21% por encima del coste marginal en los años 80 hasta el 61% actual. El aumento se produce básicamente en la cola superior de la distribución de márgenes. En cambio, y sorprendentemente, la mediana no ha cambiado. Además, hay una reasignación de la cuota de mercado de las empresas con márgenes bajos a las que tienen márgenes altos. Este aumento se produce sobre todo dentro del sector. También hay un aumento de la tasa media de beneficios del 1% al 8%.

Las consecuencias económicas del aumento del poder de mercado son diversas, y van desde la disminución de las cuotas de trabajo y de capital (Autor et al., 2020; Barkai, 2020, De Loecker et al., 2020), a favor de los beneficios puros (Barkai, 2020), así como la disminución del dinamismo del mercado laboral (De Loecker et al., 2020), hasta una menor inversión empresarial en relación con la Q de Tobin (Gutiérrez y Philippon, 2017; Crouzet y Eberly, 2019). Además, las empresas de los sectores con mayor aumento de la concentración del mercado han disfrutado de mayores márgenes de beneficio, rendimientos anormales positivos de las acciones y operaciones de fusiones y adquisiciones más rentables, lo que sugiere que el poder de mercado se está convirtiendo en una importante fuente de valor (Grullon et al., 2019).

¿Y en España, qué ocurre?

Intuitivamente, viendo la composición del Ibex 35, dominan sectores que han aumentado la concentración y el poder de mercado, desde el bancario, a los otrora monopolios naturales -sector eléctrico, petroleras…-, pasando el lobby de la construcción. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), por ejemplo, multó este verano con 203,6 millones de euros a seis de las mayores constructoras españolas por alterar la competencia en las licitaciones de construcción de infraestructuras durante 25 años, desde 1992 al 2017.

 Quizás sea la concentración empresarial, asociada al poder de mercado, la principal razón del incremento de los precios en los últimos meses en nuestro país. Debería abrirse una amplia discusión sobre el papel de los organismos reguladores de la competencia, la composición de sus miembros, y la necesidad de dotarles con todos los instrumentos necesarios para su labor. Deben disponer de equipos amplios que identifiquen el aumento de poder de mercado, y tener la capacidad ya no solo para imponer multas acordes con el daño causado por prácticas oligopolísticas, sino, sobre todo, llegado el caso, trocear y vender negocios y unidades de empresas demasiado grandes para quebrar e imponer precios. Permítanme que sea escéptico sobre ello, las puertas giratorias trabajan a pleno rendimiento."              (Juan Laborda , Vox populi, 25/08/22)

14/7/22

A los neoliberales no les gusta el mercado libre, pero quieren que pienses que sí... Los neoliberales están de acuerdo con todo tipo de intervenciones gubernamentales que redistribuyan los ingresos hacia arriba. Sólo se molestan cuando el gobierno interviene de manera que redistribuye de los de arriba al resto de nosotros... Los neoliberales han estado encantados de rebajar las barreras comerciales que protegen los salarios de los trabajadores menos formados, pero cuando se trata de las barreras que apoyan el salario de gente como ellos, son los más proteccionistas que existen... Cuando la gente compra ropa o comida en la mayoría de los lugares paga un impuesto sobre las ventas. Pero no es el caso de las compras de activos financieros. Supongamos que acabamos con el tratamiento especial para el sector financiero y que imponemos un modesto 0,1% sobre las ventas de acciones y otros activos financieros. Esto reduciría radicalmente los ingresos de muchos tipos muy ricos de Wall Street

 "Fue muy frustrante leer el perfil de Noam Scheiber sobre Jaz Brisack, la persona que dirigió la primera campaña de organización sindical con éxito en un Starbucks. Brisack parece una persona impresionante y es bueno ver que recibe la atención que merecen sus esfuerzos. Sin embargo, Scheiber arruina la historia al decir repetidamente a los lectores que los neoliberales, que han dominado el debate político en las últimas décadas, quieren un mercado libre. Nada más lejos de la realidad.

Comenzaré la acusación con su apoyo a la propiedad intelectual. Los monopolios de patentes y derechos de autor concedidos por el gobierno transfieren muchos cientos de miles de millones de dólares anuales del resto de nosotros al 10 por ciento más alto, y especialmente al uno por ciento más alto. Bill Gates seguiría trabajando para ganarse la vida si el gobierno no amenazara con arrestar a cualquiera que hiciera copias del software de Microsoft sin su permiso.

Luego tenemos el "libre comercio". Los neoliberales convirtieron en su máxima prioridad facilitar la entrada de productos manufacturados baratos de los países en desarrollo. Esto costó millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero y presionó a la baja los salarios de los trabajadores sin formación universitaria en general.

Por el contrario, si se habla con la mayoría de los neoliberales sobre la eliminación de las barreras que dificultan el ejercicio de la profesión de los médicos extranjeros en Estados Unidos, o de otros profesionales muy bien pagados, la mayoría se pone repentinamente muy estúpida, como si no supiera lo que es el "libre comercio". Los neoliberales han estado encantados de rebajar las barreras comerciales que protegen los salarios de los trabajadores menos formados, pero cuando se trata de las barreras que apoyan el salario de gente como ellos, son los más proteccionistas que existen.

El sector financiero es otro ejemplo. Cuando la gente compra ropa o comida en la mayoría de los lugares paga un impuesto sobre las ventas. Pero no es el caso de las compras de activos financieros. Supongamos que acabamos con el tratamiento especial para el sector financiero y que imponemos un modesto 0,1% sobre las ventas de acciones y otros activos financieros. Esto reduciría radicalmente los ingresos de muchos tipos muy ricos de Wall Street, al tiempo que tendría un impacto mínimo en la capacidad del sector financiero para llevar a cabo sus fines productivos.

Tampoco es el mercado libre dar a Facebook y a otros gigantes de las redes sociales la protección de la Sección 230 contra las demandas por difamación de la que no gozan los medios de comunicación impresos y audiovisuales. Mark Zuckerberg y otros miembros de Facebook serían mucho más pobres sin esta protección, pero al quitarla estaríamos avanzando hacia un mercado libre.

 Podría seguir (ver Rigged [es gratis]), pero la cuestión debería estar clara. Los neoliberales están de acuerdo con todo tipo de intervenciones gubernamentales que redistribuyan los ingresos hacia arriba. Sólo se molestan cuando el gobierno interviene de manera que redistribuye de los de arriba al resto de nosotros.

Es comprensible que los neoliberales quieran ser vistos como grandes defensores del libre mercado. Después de todo, suena mucho mejor decir que se está a favor del libre mercado que ver que se está a favor de redistribuir desde los pobres y la clase trabajadora hacia los ricos y muy ricos.

Pero la autodescripción de los neoliberales no es exacta, y gente como Scheiber no debería repetirla. Los neoliberales necesitan ser expuestos por lo que realmente son."
             

(Dean Baker,   Brave New Europe, 23/06/22; traducción DEEPL)