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10/8/23

El "problema"de la escasez de mano de obra: Si los patrones están "luchando por reclutar" es porque se absorbe demasiada mano de obra en hacer cosas que son producto del fracaso capitalista... del fracaso en aumentar la productividad recientemente; del fracaso en asignar el trabajo de forma eficiente; y del fracaso en ofrecer un trabajo satisfactorio. Por lo tanto, el problema del trabajo es en realidad un problema del capitalismo

 "El "problema"de la escasez de mano de obra.  Si los patrones están "luchando por reclutar" es porque se absorbe demasiada mano de obra en hacer cosas que son producto del fracaso capitalista.

 Uno de los trucos de la política burguesa es culpar a los trabajadores de los fallos sistémicos del capitalismo. Así ocurre con la afirmación de que hay un problema con el creciente número de personas mayores de 50 años que están fuera de la fuerza de trabajo. The Guardian, por ejemplo, dice:

    "Esto está ejerciendo presión sobre el mercado laboral, con muchos empresarios luchando por contratar, y es parte de la razón de la alta inflación, ha dicho el Banco de Inglaterra."

Las cifras, sin embargo, no lo confirman. Actualmente hay 3,47 millones de personas de entre 50 y 64 años económicamente inactivas. Aunque son 250.000 más que en el punto más bajo de 2019, son menos que hace un año y menos que la media de los 20 años anteriores a 2008.

 Lo que plantea la siguiente pregunta: si 3,5 millones de mayores de 50 años económicamente inactivos no era un problema antes de 2008, ¿por qué el Banco de Inglaterra y el Gobierno creen que lo es ahora?

Una razón de peso es que llevamos 15 años de productividad estancada. Tenemos que trabajar más, y que lo hagan más personas, porque no estamos trabajando de forma más inteligente.

Si el PIB por trabajador-hora hubiera crecido al mismo ritmo desde 2007 que en los 30 años anteriores, ahora sería un 28% más alto de lo que es en realidad. Eso significa que el trabajador medio podría estar más de 150 libras a la semana mejor, o que todos ellos podrían tomarse un día libre a la semana sin estar peor de lo que están ahora.

Pero somos un país pobre. Para producir lo que queremos - es decir, para superar la falta de capacidad que, según el Banco, provoca la inflación - necesitamos, por tanto, más trabajadores, simplemente para compensar nuestra ineficacia.

Una de las razones de esta ineficacia es que mucha gente ocupa los puestos de trabajo equivocados. Están los trabajos basura descritos por David Graeber; trabajos de guardianes como supervisores, guardias de seguridad y algunos mandos intermedios que son necesarios para superar la desconfianza engendrada por el capitalismo y la desigualdad; demasiados abogados y contables debido a la complejidad del sistema fiscal; demasiados empleados de la Border Force o del DWP debido a malévolas decisiones políticas; y un sector financiero hinchado debido a la contaminación de riesgos sin precio y a una percepción falsa e ideologizada de la industria de gestión de fondos.

Si los empresarios tienen "dificultades para contratar" es porque se absorbe demasiada mano de obra en hacer cosas que son producto del fracaso capitalista.

Pero hay algo más. Muy pocas personas pueden permitirse el lujo de tener trabajos cómodos y agradables en los que su jefe les permita escribir chorradas y acosar a sus compañeros de trabajo. Por el contrario, muchos cincuentones dejan el empleo porque es aburrido o estresante, cosas que a menudo son el resultado de una pésima gestión (y el sector público puede ser incluso peor que el privado en este sentido).

Fue Adam Smith quien escribió

 "El hombre que pasa toda su vida ejecutando unas cuantas operaciones sencillas, cuyos efectos son tal vez siempre los mismos, o muy parecidos, no tiene ocasión de ejercitar su entendimiento ni de ejercitar su inventiva para encontrar medios de resolver dificultades que nunca se presentan. Por lo tanto, pierde naturalmente el hábito de tal esfuerzo, y generalmente se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana se vuelva. La torpeza de su mente le hace no sólo incapaz de disfrutar o participar en cualquier conversación racional, sino de concebir cualquier sentimiento generoso, noble o tierno."

 ¿Por qué no querría escapar a este destino quien pueda permitírselo?

Sobre todo porque el capitalismo es el ladrón del tiempo. Como señaló Marx, debemos trabajar más de lo necesario para nuestros propios fines porque también debemos trabajar para los capitalistas y el Estado*. A medida que envejecemos nos damos cuenta de que nuestro tiempo se agota - un punto brillantemente planteado por Martin Hagglund en This Life - por lo que este tiempo de trabajo excedente se vuelve más oneroso.

 Lo que quiero decir es sencillo. En la medida en que el gobierno y el capital necesitan más gente trabajando, es sólo debido al fracaso del capitalismo; al fracaso en aumentar la productividad recientemente; al fracaso en asignar el trabajo de forma eficiente; y al fracaso en ofrecer un trabajo satisfactorio. Por lo tanto, el problema del trabajo es en realidad un problema del capitalismo. Sin embargo, los lacayos y los idiotas útiles del sistema se esfuerzan por negar esta verdad. (...)

Otra cosa. Algún tonto conservador dice que los mayores de 50 podemos convertirnos en conductores de Deliveroo. Después de haber sido derribado ayer de mi bicicleta por alguien que no se daba cuenta de que en este país se conduce por la izquierda, tengo una viva impresión de por qué la gente puede optar por no hacerlo."                 

(Chris Dillow es redactor de economía en Investors Chronicle, Brave New europe, 06/08/23; traducción DEEPL)

31/1/22

David Graeber: El valor social de las profesiones... los trabajadores que aportan más valor social son los investigadores clínicos, que añaden una media de 9 dólares de valor total por cada dólar recibido en su sueldo; y los que aportan menos valor son los empleados del sector financiero que sustraen un promedio de 1,80 dólares por cada dólar que les pagan (y, por supuesto, a los del sector financiero les pagan extremadamente bien)

 "(...) Muy pocos economistas han intentado seriamente medir el valor social general de las distintas profesiones, ya que la mayoría lo considera un esfuerzo inútil o una misión imposible, pero aquellos que sí lo han intentado tienden a confirmar que efectivamente parece existir una relación inversa entre utilidad y sueldo. 

En un artículo de 2017, los economistas estadounidenses Benjamin  B. Lockwood, Charles G. Nathanson y E. Glen Weyl analizaron en profundidad la bibliografía existente sobre «externalidades» (costes sociales) y «efectos colaterales» (beneficios sociales) asociados a una amplia variedad de profesiones muy bien pagadas, para determinar si era posible calcular en qué medida cada grupo profesional suma o resta a la economía en general. 

Descubrieron que, aunque en algunos casos —especialmente en los asociados con los sectores creativos— el valor era demasiado subjetivo para poder medirlo con precisión, en otros era posible ofrecer cifras aproximadas. 

Su conclusión: los trabajadores que aportan más valor social son los investigadores clínicos, que añaden una media de 9 dólares de valor total por cada dólar recibido en su sueldo; y los que aportan menos valor son los empleados del sector financiero que sustraen un promedio de 1,80 dólares por cada dólar que les pagan (y, por supuesto, a los del sector financiero les pagan extremadamente bien).

He aquí los datos correspondientes a algunas de las profesiones:

- Investigadores                                                                           +9
- Profesores de primaria                                                              +1
- Ingenieros                                                                               +0,2
- Consultores y profesionales de tecnología de la información     0
- Abogados                                                                                –0,2
- Publicistas y profesionales de marketing                                –0,3
- Gerentes                                                                                  –0,8
- Sector financiero                                                                      –1,5

Estos datos parecen confirmar claramente las sospechas de mucha gente sobre el valor de estas profesiones (...)"                    

(David Graeber: Trabajos de mierda. Una teoría. Ed. Ariel, 2018; págs. 278/280)

3/12/21

Si España reúne condiciones perfectas para el teletrabajo, por qué estamos por debajo de la media europea

 "El teletrabajo llego a la vida de los trabajadores españoles más por obligación que por devoción de las empresas hace más de un año. Desde que comenzó los confinamientos, muchos trabajadores se han visto obligados llevar su oficina a casa. 

 Trabajar desde casa ha creado diferentes hábitos que ahora se está viendo si volver o no a las oficinas, y como hacer para mantener lo bueno del teletrabajo en España. Pero la cuestión es que si es verdad que el teletrabajo se ha convertido en un habito tan habitual como piensa todo el mundo.

¿En qué países el teletrabajo se ha convertido en algo habitual en la vida de los trabajadores?

Según el ‘Dossier de indicadores de teletrabajo y trabajo en movilidad en España y la UE’ de Junio de 2021 del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, ha recopilado datos a nivel europeo y a nivel de España donde se demuestra que existen grandes diferencias en el teletrabajo.

La medía europea se encuentra en el 12,3 por ciento de los trabajadores que están realizando su trabajo desde casa durante el año pasado. Un porcentaje en el que España se encuentra por debajo, en un 10,9 por ciento.

Los países nórdicos y centroeuropeos ocupan los primeros puestos del teletrabajo en Europa. Finlandia es el país de la Unión Europea con mayor porcentaje de trabajadores que realizan teletrabajo con un 25,1 por ciento. España se encuentra a más de 14 puntos de diferencia en la implantación de teletrabajo por parte de las empresas.

El perfil del empleado que teletrabaja en España

El perfil de los trabajadores que han teletrabajado más en España han sido las mujeres entre 25 y 55 años y que tienen a su cargo menores o personas dependientes, por tanto, el perfil es de teletrabajadora.

Desde antes que llegará el coronavirus a nuestras vidas, los que teletrabajaban en su mayoría era los hombres, algo que ha cambiado la tendencia, por un aumento de teletrabajo de la mujer. Esto se ha debido a las cargas familiares que tienen las mujeres en los hogares españoles.

Por ranking de comunidades autónomas la ganadora ha sido la Comunidad de Madrid con un 21,6 por ciento de trabajadores que se quedan en casa para trabajar, la siguiente comunidad has sido Cataluña con un 15,2 por ciento de los empleados.

 Por otra parte, nos encontramos que las pymes españolas superan a la media europea en preparación para el teletrabajo. En 2020 el porcentaje de las empresas de 0 a 9 trabajadores que dan un dispositivo portátil con fines labores fue un 41 por ciento. Menos de la mitad de las empresas en España.

Contrasta con que las empresas de 10 a 49 trabajadores proporcionan a sus empleados en un 71 por ciento dispositivos portátiles con fines laborales, las pymes de 50 a 249 trabajadores lo hacen en un 87 por ciento y las grandes empresas lo hacen en un 96 por ciento.

Las empresas españolas no tenían experiencia previa en el teletrabajo

Las experiencias en el teletrabajo en las empresas en España habían sido pocas, así como su preparación digital y los marcos normativos que regulan el teletrabajo, han sido los condicionantes por la baja implantación entre las empresas.

Aunque el teletrabajo ha sido un elemento fundamental para la coexistencia de la actividad de las empresas y las medidas de restricción impuestas por el gobierno para contener el coronavirus.

El coronavirus ha impulsado la implantación del teletrabajo en España, sobre todo durante los periodos del confinamiento. Aunque la adopción del teletrabajo ha disminuido después de los confinamientos, sobretodo cuando se han relajado más las medidas de contención.

Una buena cosa para el teletrabajo ha sido que por primera vez en España se regula el teletrabajo a través del Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, de trabajo a distancia, pero lo malo que no se había regulado antes y, por tanto, las empresas no lo tienen interiorizado.

Las empresas de mediano y grande tamaño han estado mucho mejor preparadas que las empresas pequeñas para que sus trabajadores hagan teletrabajo en cuanto a los equipamientos y la conectividad que proporcionan.

Reflexiones para realizar el teletrabajo en España

España tiene buenas infraestructuras a la hora de conexiones a Internet, pero debe invertir en mejorarla a través del 5G y aprovechar mejor las infraestructuras existentes, implantando políticas que incentiven a las empresas a realizar el cambio de presencial a teletrabajo.

Se puede realizar ciertas reflexiones para realizar este cambio de mentalidad para las empresas:

  • España necesita impulsar mucho más el teletrabajo a nivel nacional como a nivel de las Comunidades Autónomas, ya que la normativa que regula el teletrabajo no se ha asumido por las empresas.
  • La normativa que regula el teletrabajo no indica quién se va a ver afectado por la ley.
  • La normativa pretende regular el teletrabajo en un futuro, pero debe tener en cuenta que debe trabajar desde ya sobre el tema.
  • España necesita una normativa a largo plazo basada en la educación a las empresas y la capacitación de las nuevas tecnologías que permitan el teletrabajo.
  • España necesita un cambio en el tema de conciliación familiar y una mejor racionalización de la jornada laboral."                     (Raúl J. Maestre, El blog salmón, 02/12/21)

27/11/19

El primer español que vendió una empresa a Google: "La cultura del esfuerzo es mentira"... creo que basta con trabajar 4 horas al día.




"El 30 de mayo de 2007, hace ya doce años, el español Eduardo Manchón se hizo famoso. Él y Joaquín Cuenca, amigos desde el instituto, vendieron su 'startup' Panoramio a Google, convirtiéndose en los primeros españoles que realizaban una venta a un gigante tecnológico de ese tamaño. 

Con el tiempo, Manchón ha fundado varias 'startups' y actualmente es el CEO de Mailtrack, una de las más interesantes del panorama español.

Para Manchón, nacido en el municipio alicantino de Callosa de Segura (19.000 habitantes) e hijo de un albañil y una empleada de fábrica textil, conquistar a Google podría haberle habilitado para presumir de historia superación personal, de ascensor social, de meritocracia y de la importancia de la cultura del esfuerzo. Pero no lo hace. De hecho, está en contra de todos estos lugares comunes y los rechaza sin miramientos. 

Para él, la suerte ha jugado un factor primordial en su éxito. Y esa suerte, en el caso de muchos otros triunfadores, puede proceder de su clase social, el colegio al que hayan ido, los contactos o el dinero que tenga su familia. Hemos hablado con él de la manida meritocracia y el mito de la cultura del esfuerzo, tan presente en el sector emprendedor.

PREGUNTA. La llamada 'cultura del esfuerzo' parece haber enraizado en discursos muy liberales y, sobre todo, en la apología del emprendimiento, donde muchas veces se aboga por ese discurso de que puedes conseguir lo que te propongas si te esfuerzas lo suficiente. ¿Tú crees en eso? 

RESPUESTA. No, en absoluto. Por mucho que te esfuerces, no todo se alinea para conseguir tus objetivos. Tener éxito no depende casi nada de ti, y en la parte que sí depende de ti no todo se resuelve con más trabajo, sino con más eficiencia o haciendo la cosa correcta. He visto a gente que se ha esforzado muchísimo sin conseguir su objetivo y a otra a la que, trabajando muy poco, le ha ido muy bien, ya sea porque tiene talento, porque ha tenido mucha suerte o porque se le han alineado los planetas.

En todo esto hay mucha confusión. Claro que hay que saber esforzarse en determinadas circunstancias, pero ese esfuerzo continuo, ese pensar que todo se resuelve con más trabajo... Para resolver un problema puedes estar un día o una semana trabajando mucho, pero el esfuerzo continuo no es garantía de nada. Ni es sano. Hay gente que disfruta 'picando piedra' porque se siente muy realizado, por aquello de "No se dirá que no he picado suficiente piedra".

 Ya, oye, pero es que a lo mejor era más fácil hacerlo de otra manera. Muchos se ponen a trabajar sin parar y sin pensar si están teniendo buen foco, y luego llega otro con más visión, o al que se han alineado los planetas, y le supera.

P. ¿Hay mucho mito con esto del esfuerzo? Siempre se dice que es el único ingrediente del éxito, pero imagino que habrá más

R. Claro que hay más: el dinero, la familia, los contactos... pero todos se resumen en la suerte. Porque el dinero que tengas dependerá de la familia en la que hayas nacido; los contactos, del colegio al que hayas ido, etc. Muchas de esas cosas son derechos de nacimiento. Yo soy hijo de un albañil y una trabajadora de fábrica, y he tenido amigos muy brillantes, con premios de fin de carrera o becas de doctorado que, al ser de clase obrera y no tener acceso a estas cosas ni tener suerte, no han podido llegar más lejos.

Cuando tienes una familia con dinero, con negocios exitosos, que te lleva a un colegio cuyos compañeros serán gente bien relacionada... será más fácil, mucha gente que tiene éxito viene de esos círculos. Y algunos son totalmente humildes y entienden el rol que han jugado sus derechos de nacimiento, pero la mayoría tienden a mantener la narrativa de la cultura del esfuerzo porque es lo que les han dicho siempre. Y pueden pensar 'Somos más inteligentes porque hemos sabido lo que hay que hacer', pero la realidad es que, si vienes de un familia así, esa familia te va a ayudar a ser más capaz que la de un albañil. Al final es una profecía autocumplida.

P. La suerte atrae más suerte, imagino

R. Claro. Si tu padre ha ido a la universidad, sabrá darte consejos sobre la universidad. La suerte se retroalimenta y, si te rodeas de gente que la ha tenido, es más probable que tú también la tengas. De alguna manera vas con los dados trucados. Los colegios reparten suerte: las escuelas privadas retroalimentan su propia suerte, pero un colegio sin buenos recursos lo que reparte mala suerte. Si no tienes dinero, no vestirás 'bien', el vecino no se fiará de ti, otro no te dará trabajo... es una concatenación. La gente con muchos recursos incluso sabe cómo hablar. Yo cuando he ido a eventos en esos círculos me he sentido como un marciano, como un aldeano con una gallina.

 Yo me alegro de que la gente tenga éxito y ayude a sus hijos, esto no es un resentimiento, pero tenemos que ser conscientes de esto y ayudar a que la gente tenga, de verdad, igualdad de oportunidades. La suerte está muy mal repartida. Tenemos muchos cerebros desaprovechados porque no han tenido igualdad de oportunidades, y eso empieza con la educación pública, con servicios sociales... Si a la gente le das dados malos, va a ser difícil.

P. En las historias de éxito siempre sacamos a triunfadores que se esforzaron mucho, que creyeron en su idea, que no se dieron por vencidos… pero también hay historias (que no contamos) de otros que hicieron exactamente lo mismo y fracasaron

R. Yo sé de mucha gente que no tuvo suerte y se la pegó. Una empresa española, por ejemplo, estuvo a punto de ser vendida a Google y la venta no se hizo porque en la reunión apareció un tipo al que no le gustaba la 'startup' y no la compraron. Fue el mismo, por cierto, que tampoco quería comprar Panoramio, aunque en esa ocasión no se impuso. Solo conocemos las historias de éxito, el sesgo del superviviente y el cisne negro, que nos hace ver como predecible lo que en realidad era muy improbable. De hecho, después de Panoramio, yo me metí dos hostias con dos proyectos de los que nadie habla, casi tampoco yo.

P. De toda esta filosofía quizá viene una de las frases más crueles de la historia: 'Si quieres, puedes'. Parece que el que no pudo es porque en realidad no quiso...

R. Piensa en una cosa: lo que lleva a la gente a vivir en la calle o a suicidarse es una cadena similar, pero en el otro extremo. Nadie considera que un sintecho se merezca vivir en la calle, nadie (o bueno, casi nadie) piensa que ha acabado en la calle porque no se ha esforzado lo suficiente. Entonces, ¿por qué tenemos que pensar que el que ha triunfado es porque sí se ha esforzado?

P. Te hiciste muy conocido en el sector de las 'startups' por vender Panoramio a Google. ¿Qué papel jugaron el esfuerzo y la suerte en aquella venta?

R. El esfuerzo nada o muy poco. En Panoramio no nos matamos a trabajar, ni mucho menos. Suerte y coincidencias hubo muchas. Yo conocí a Ubaldo Huerta, el fundador de Loquo, me hizo socio y la empresa se vendió a eBay, así que ahí pude aprender mucho de cómo funcionaba esto. Luego me asocié con Joaquín Cuenca, al que conocía desde los 14 años, y montamos Panoramio. Panoramio como idea era muy normal, pero tuvimos la suerte de que de repente Google Earth abrió su API y empezamos a usarla. 

Por esa época había un blog de un tipo que escribía sobre Google Earth y le pedimos que nos sacara. Nos dijo que a cambio le hiciéramos un KML, se lo hicimos a las pocas horas y nos sacó. Y de nuevo la suerte: en ese blog nos leyó John Hanke, actual CEO de Pokemon Go, que por aquel entonces acababa de vender Keyhole (que acabaría siendo Google Earth) a Google. Le gustamos mucho y nos estuvo ayudando hasta que Google nos compró en 2007. [El gigante de Silicon Valley pudo haber comprado la 'startup' un año antes, pero Panoramio rechazó la oferta]

Y como esta tengo muchas más. Todo esto son casualidades que en mi caso pueden llamar la atención porque vengo de clase obrera, pero son eso, casualidades. Yo no soy un ejemplo de superación, sino que tuve suerte y esa suerte me lo puso muy fácil. Muchos dicen que la suerte no tiene nada que ver con el éxito, pero no es cierto, claro que tiene que ver.

P. Esta filosofía parece estar muy presente en el sector de las 'startups'. ¿Es peligrosa?

R. Es donde está más presente y es muy peligrosa. Una narrativa basada en la suerte es muy aburrida, pero una narrativa basada en el esfuerzo hace que todas las piezas encajen y le gusta más a la gente. La cultura del esfuerzo tiene su parte positiva, pero no deja de ser una excusa para sentirte bien por estar trabajando demasiado y no poder conciliar con tu familia o hacer otras cosas. Creo que basta con trabajar 4 horas al día."               (Entrevista a Eduardo Manchón, El Confidencial, 23/11/19)

5/4/17

¿Qué podemos hacer contra la pobreza y la desigualdad rampante? Cuatro cosas, una combinación justa de: renta básica universal, el salario mínimo, el reparto de trabajo, y, finalmente, el trabajo garantizado

"Es evidente que la desigualdad aumenta día a día de manera escandalosa. Es evidente además que la desigualdad hace más frágil y vulnerables a los más pobres, a los más débiles, sumiendo en la desesperanza a multitud de familias que no tienen lo básico para garantizar una vida digna a sus hijos. (...)

Es evidente que en el trasfondo de todo ello se encuentran la puesta en práctica de todo un conjunto de políticas económicas, educativas, públicas y sociales profundamente injustas, imbuidas bajo un falso principio de libertad que como tal no existe y cuyo único objetivo es la acumulación de rentas y riquezas en muy pocas manos.  (...)

Pero hay algo todavía más deplorable, la estigmatización del más pobre, del que sufre. Hay una tendencia creciente por parte del poder de culpabilizar a quienes sufren y padecen una situación de pobreza, o de indignidad en el sentido más amplio del derecho, de que en el fondo ellos son responsables de su situación. (...)

La pregunta es qué podemos hacer. En la literatura económica existen y se explican diferentes mecanismos destinados a corregir los desequilibrios en términos de pobreza y desigualdad. Citaré cuatro instrumentos que aparecen, con más o menos intensidad, en las discusiones entre economistas y de los que se hacen eco, de vez en cuando, los medios de comunicación, aunque muchas veces esos mismos medios, por razones ideológicas y de defensa de los intereses de sus acreedores, desacreditan. Lo ideal sería en principio una combinación en dosis justas de varios de ellos. 

Estos cuatro instrumentos son la renta básica universal, el salario mínimo, el reparto de trabajo, y, finalmente, el trabajo garantizado.

Renta Básica Universal

La renta básica universal es la concesión a todo ciudadano, al margen de su situación personal, de un ingreso fijo que le permita cubrir sus necesidades vitales. De esta forma, nadie se verá forzado a aceptar cualquier tipo de trabajo para poder sobrevivir con un mínimo de dignidad.

 En una sociedad segmentada, con fuerte precarización y con una distribución desigual del empleo, la propiedad y las rentas, se debe reafirmar el derecho universal a una vida digna, el derecho ciudadano a unos bienes y unas rentas suficientes para vivir; por tanto, son necesarias unas rentas sociales o básicas para todas las personas sin recursos, para evitar la exclusión, la pobreza y la vulnerabilidad social; al mismo tiempo, se debe garantizar el derecho a la integración social y cultural, respetando la voluntariedad y sin la obligatoriedad de contrapartidas, siendo incondicional con respecto al empleo y a la vinculación al mercado de trabajo; pero estimulando la participación en la vida pública y reconociendo la actividad útil para la sociedad.

En España, al no disponer de soberanía monetaria, es muy difícil implantar una renta básica universal. Se trata de un problema técnico que tenemos los países del sur, de muy difícil solución dentro del euro. 

Pero al margen de ello, personalmente tengo mis dudas sobre la incondicionalidad total de la renta básica; y su universalidad, es decir, una renta básica igual, para todos, “ex ante” y sin comprobación de recursos. Mucho me temo que bajo estas condiciones lo único que podría salir es una renta básica universal insuficiente para su objetivo último, reafirmar el derecho universal a una vida digna.

Salario mínimo y reparto de trabajo

Para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. Esta relación positiva es paradójica -la paradoja de costes de Kalecki-.

Si dejamos que actúen solo las fuerzas del mercado, éstas conducirán a la economía a un equilibrio sub-óptimo con débil ocupación y bajo nivel de vida –véase España-. Dado que el equilibrio alto de empleo es inestable, tan solo la intervención del Estado podrá conseguir que la economía se mantenga cerca del mismo. Para ello el Estado debe intervenir para conservar unos salarios reales altos, incluso en períodos de paro, fijando un salario mínimo interprofesional garantizado que presione al alza a todo el abanico salarial.

Las elevadas tasas de paro han llevado a numerosos economistas de izquierda y a los partidarios de la economía solidaria a proponer el reparto del trabajo. Sin embargo, el sistema de reparto de trabajo no puede producir estos efectos positivos sobre la ocupación a no ser que el salario horario de los trabajadores se incremente, por lo menos en proporción al aumento de la productividad por hora de trabajo.

Trabajo garantizado

Desde la Teoría Monetaria Moderna, la propuesta de trabajo garantizado o desempleo 0% es una consecuencia lógica. Bajo soberanía monetaria, con tipos de cambio flexibles, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo.

 Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero.

 A pesar de ello, los gobiernos sufrieron intensas presiones para mantener comportamientos y estructuras institucionales que limitaban sus capacidades de gasto. Uno de los objetivos de esas presiones era evitar el pleno empleo, ya que en este caso el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria.

Por lo tanto, como corolario, bajo soberanía monetaria, el trabajo garantizado es posible: necesitamos cuidar de nuestros mayores, de nuestros hijos, de nuestros enfermos; aumentar los servicios de ocio y de cultura; cuidar y mantener las infraestructuras, nuestros barrios; reforestar enormes extensiones de terreno; proteger la fauna y la flora de nuestro entorno; mejorar los servicios sanitarios; defender a los más vulnerables. 

Mediante el trabajo garantizado se otorga a los ciudadanos el derecho a trabajar si así lo desean. Bajo soberanía monetaria podría financiarse sin ningún problema a través de programas concretos que podrían ser gestionados por distintas organizaciones con experiencias en los mismos. Por lo tanto, al igual que en la renta básica universal, es necesario disponer de soberanía monetaria.

Todos estos instrumentos son de enorme utilidad, necesarios para garantizar el derecho universal a una vida digna. Y las autoridades deberían tenerlos en cuenta, aunque solo sea para mantener algo que tanto les gusta, el orden y una paz social duradera."             (Juan laborda, Vox Populi, 31/03/17)

9/1/17

El espejismo del ingreso universal con su adiós al pleno empleo

"Que una sociedad garantice un ingreso decente a todos sus miembros es, evidentemente, un objetivo legítimo. Pero ello no implica la adhesión a los proyectos de ingreso universal, de base, etc. Estos proyectos se basan en un postulado erróneo, conducen a un callejón sin salida estratégico y renuncian al derecho al empleo. 

Adiós al pleno empleo, viva el ingreso 

 La idea de un ingreso universal se encarna en múltiples proyectos/1. Pero, más allá de sus diferencias, todos se desarrollan en la intersección de dos propuestas más o menos explícitas. La primera es conocida: las ganancias de productividad hacen que no se pueda alcanzar el pleno empleo. Y como toda actividad humana es creadora de valor, hay que redistribuir la riqueza producida mediante un ingreso desconectado del empleo. 

 Admitamos durante un instante, aunque esa previsión es altamente discutible/2,que las ganancias de productividad ligadas a las nuevas tecnologías son portadoras de una hecatombe de empleos y que un empleo sobre dos será automatizado en los dos próximos decenios. 

Los partidarios del fin del trabajo dicen entonces: “veis claramente que ya no habrá empleo para todo el mundo, -por lo que-es necesario un ingreso universal para redistribuir la riqueza producida por los robots”. Hay que rechazar absolutamente ese “por lo que”. Otro razonamiento es en efecto posible: “Los robots hacen una parte del trabajo en nuestro lugar, -por lo que- nuestro tiempo de trabajo puede disminuir”. 

Es lo que ha ocurrido a escala histórica (no espontáneamente sino bajo la presión de las luchas sociales): las ganancias de productividad han sido, en gran parte, redistribuidas bajo forma de reducción del tiempo de trabajo. 

Pequeña economía política de lo numérico

 En la práctica nos encontramos con que las ganancias de productividad asociadas a las nuevas tecnologías tardan un tiempo en manifestarse.

 Los economistas se encuentran de nuevo confrontados con la “paradoja de Solow”: estas nuevas tecnologías se ven en todos los lugares, salvo en las estadísticas de productividad. Los intentos para salir de esta dificultad consisten en decir que el volumen de producción está mal medido por los métodos habituales: estaría subestimado, de tal forma que las ganancias de productividad serían finalmente más elevadas que lo que parece.

Los correctivos propuestos se basan en su mayor parte en un olvido de la vieja distinción entre valor de uso y valor de cambio que lo numérico estaría embrollando. El desarrollo de la economía de plataforma (Uber, etc.) y de los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) ha estimulado en efecto las innovaciones teóricas a menudo impresionistas pero que se apoyan en su mayor parte en nuevas definiciones de la producción o de la captación de valor.

 La cuestión que es necesario plantearse es la de saber si las nuevas tecnologías hacen verdaderamente necesario un tal “sobrepasamiento” de la teoría del valor. Aun a riesgo de conservadurismo es necesario, aquí, dar un paso atrás: es preciso discernir lo que es efectivamente nuevo a la vez que se toma distancia de la idea fácil según la cual las innovaciones técnicas determinarían mecánicamente los cambios sociales adecuados. Esta fascinación ante las proezas de la técnica conduce bastante rápidamente a la precipitada conclusión de que la clase asalariada está condenada. 

 Para quitarse de encima ese dispositivo ideológico, lo más simple es preguntarse cuál es el modelo de las empresas “numéricas”. Dicho de otra forma: ¿cómo ganan dinero? Apple vende smartphones y tabletas; su modelo se distingue en un casi-monopolio que se basa, por un lado, en una sobreexplotación de la mano de obra y, por otro, en la renta que le proporciona la adición de los consumidores a su sistema cerrado. Pero, a fin de cuentas, Apple gana dinero vendiendo mercancías. 

No hay pues nada nuevo bajo el sol desde este punto de vista y ello permite subrayar un resorte ideológico consistente en la mezcla de dos cosas: los resultados notables del producto y el hecho de que es una mercancía clásica. La misma cosa se podría decir de Amazon, que no es otra cosa que un distribuidor de mercancías almacenadas en inmensos hangares (o de grandes servidores para los bienes numéricos) que son manipulados por proletarios. La tipología de las plataformas es todavía más diversificada. 

Por ejemplo, Blablacar y Uber no tienen exactamente la misma lógica. En el primer caso, la plataforma pone en contacto a dos personas que han escogido hacer el mismo trayecto y comparten los gastos. Se trata entonces de una transferencia de renta entre personas individuales que no crea en sí misma valor. Por contra, la plataforma percibe una comisión que corresponde a la venta de un bien mercantil, en este caso el servicio de puesta en contacto. Uber, y otras muchas como TaskRabbit en Estados Unidos, funcionan más bien como agencias de trabajo temporal, poniendo a disposición a “asalariados” que van a realizar una tarea para un cliente que va a pagar por esa prestación.

 Las aplicaciones de puesta en relación hacen así posibles transacciones que habrían podido ser realizadas bajo otras formas pero a un precio más elevado o no se habrían realizado. Se podría hablar de empresa virtual que pone directamente en contacto al comprador del servicio con una persona “asalariada”. Desde un punto de vista estrictamente económico no hay verdaderamente nada nuevo bajo el sol. La plataforma rentabiliza su inversión y sus algunos asalariados, cobrando una comisión: la mercancía que vende es el servicio de puesta en relación. 

El trabajador recibe una remuneración, como lo haría un pequeño artesano. La gran diferencia es evidentemente la no aplicación (potencial pero no inevitable) de toda legislación social y fiscal. Este sector de la gig economy se asemeja al llamado sector informal o no declarado de los países en desarrollo y el estatuto de sus participantes es frecuentemente más próximo al de un jornalero del siglo XIX que al de asalariado o incluso trabajador autónomo. Ello es particularmente evidente en el caso del micro-trabajo que consiste, como explica el sitio web foulefactory.com, en automatizar las “tareas manuales más laboriosas” mediante una remuneración mínima. 

El ejemplo emblemático es el del Turco Mecánico (Mechanical Turk) de Amazon: esta plataforma (mturk.com) pone en contacto a particulares y empresas que proponen microtareas. La misma denominación de Turco Mecánico es reveladora. Hace referencia a la famosa superchería de finales del siglo XVIII: un autómata vestido a la moda turca jugaba al ajedrez (y ganaba la mayoría de las veces). En realidad era un ser humano que manipulaba al maniquí.

 Amazon reivindica orgullosamente la referencia a ese subterfugio, anunciando el slogan “inteligencia artificial”: se reconoce así que muchas tareas que parecen haber sido automatizadas son de hecho realizadas por pequeñas manos pero diseminadas a través del mundo y subpagadas. Amazon simboliza así el verdadero subterfugio ideológico consistente en transformar el recurso a esta sobreexplotación en maravilla de la tecnología. 

 Adiós a la teoría del valor

 Un paso suplementario se realiza con las teorías del digital labor. Ese trabajo gratuito realizado por los consumidores que surfean en internet sería explotado, ya que produce una información que se capta integralmente sobre el sitio web y que será revendida: hay pues captación de valor producida por los “pro-consumidores” (prosumers). Este esquema conduce a elaboraciones teóricas a veces descabelladas y que pueden incluso presentarse en un marco conceptual que evocaría la teoría del valor. Este es el caso de Christian Fuchs que lleva hasta el extremo la tradición operaria italiana: “la fábrica es el lugar del trabajo asalariado, la fábrica no está solamente en el edificio: está en todos los lugares”/3. 

 Para Antonio Casilli, otro teórico del digital labor, creamos valor sin saberlo, especialmente a través de los objetos conectados: “el simple hecho de encontrarse en una casa o en una oficina ‘inteligentes’. es decir equipadas de dispositivos conectados, es ya productor de valor para las empresas que colectan informaciones”/4. Es necesario entonces “reconocer la naturaleza social, colectiva, común, de todo lo que se produce en términos de contenido compartido y de datos interconectados y prever una remuneración que mida volver a dar al common lo que ha sido extraído. 

De donde la idea, que defiendo, del ingreso de base incondicional”. Esta justificación del ingreso de base se basa en una extensión ilegítima de los conceptos de valor y de explotación y, finalmente, de una incomprensión de las relaciones sociales capitalistas. El gran problema del capitalismo numérico es al contrario su incapacidad de mercantilizar los bienes y servicios virtuales que produce. 

Otros dos adeptos del capitalismo cognitivo van todavía más lejos al proponer un ingreso social garantizado que debería “ser concebido e instaurado como un ingreso primario ligado directamente con la producción, es decir como la contrapartida de una actividad creadora de valor y de riqueza en la actualidad no reconocida y no remunerada”/5. El término de “ingreso primario” remite a la distribución “primaria” de los ingresos, entre salarios y beneficios. Dicho de otra forma, el ingreso garantizado es pensado como una forma suplementaria de ingreso que debería agregarse al salario y al beneficio. 

Pero este ingreso correspondiente a una creación de valor ex nihilo nos hace entrar en un mundo paralelo fantasmágorico que ya no es el capitalismo. 

 Saldo de cualquier cuenta 

El primer impasse estratégico de los proyectos de ingreso universal se basa en una idea raramente subrayada que por otra parte reenvía al postulado de base, es decir que el pleno empleo está en lo sucesivo fuera de alcance. Sin embargo, es fácil mostrar, casi aritméticamente, que el pleno empleo es esencialmente una cuestión de reparto /6. 

Decir que el pleno empleo está fuera de alcance equivale pues a admitir que es imposible modificar la distribución del valor agregado de las empresas en el sentido de una creación de empleos por reducción del tiempo de trabajo. Sin embargo los proyectos de ingreso universal implican, también ellos, una modificación de la distribución de los ingresos necesaria para financiar el ingreso incondicional en un nivel “suficiente” para asegurar un nivel de vida decente. 

Pero, ¿por qué ese cambio en la distribución –al menos tan drástico- sería más fácilmente aceptado por los dominantes que un reparto del trabajo? Los partidarios del ingreso universal se encuentran a continuación confrontados con una contradicción fatal. Si el ingreso es “suficiente” o “decente”, su financiación implica redesplegar ampliamente la protección social, ya que no hay fuente autónoma de creación de valor. Ello supone una regresión social que consiste en remercantilizar lo que ha sido socializado. 

Si el ingreso se fija en un nivel modesto, como etapa intermedia, entonces el proyecto ya no se distingue de los proyectos neoliberales y les prepara el terreno. Al idealizar al precariado como si correspondiese completamente a un trabajo más autónomo que permitiría liberar las iniciativas, se ocultan las formas más clásicas y dominadas. Al proponer el sobrepasamiento de la condición salarial hacia un post-asalariado adosado a un ingreso de base se facilita la tarea de los que organizan en la práctica la vuelta al pre-trabajo asalariado.

 Los partidarios progresistas de un ingreso de 1000 euros mensuales tienen el riesgo de favorecer la puesta en práctica de un ingreso universal de 400 euros –como saldo de todas las cuentas- que permitiría, además, reducir ventajosamente los costos de funcionamiento del Estado de Bienestar. 

Adiós al programa de transición 

 La combinación de fundamentos teóricos erróneos y de orientaciones programáticas vacilantes conduce fatalmente a renunciar o a girar la espalda a los ejes esenciales de un proyecto coherente, que empiece por la reducción del tiempo de trabajo. 

Más allá de algunas posiciones conciliadoras (“eso es complementario”) los partidarios del ingreso universal ignoran o desacreditan esta palanca de acción. Para Philippe Van Parijs, uno de los grandes promotores de la renta universal, ella es “una idea del siglo XX, no del siglo XXI” porque “la realidad del siglo XXI” (a la que es necesario pues resignarse) es la “multiplición del trabajo atípico, del trabajo independiente, del trabajo a tiempo parcial, de los contratos de todo tipo”/7. 

 Proyectándose en un futuro indistinto, todos estos proyectos saltan por encima de la necesaria movilización alrededor de medidas de urgencia como el aumento del salario mínimo y de las rentas mínimas sociales (con su extensión a los jóvenes de 18 a 25 años). Al resignarse a la precarización dejan en realidad el campo libre a los proyectos liberales de un ingreso mínimo único e insuficiente que sustituiría a las rentas mínimas sociales existentes.

 Al favorecer el espejismo de un salario para toda la vida o un ingreso incondicional, estos proyectos obvian una versión radicalizada de la seguridad social profesional que asegure la continuidad del ingreso/8 (se entiende por seguridad social profesional la que tiene por objeto asegurar la continuidad del recorrido profesional y el mantenimiento de los ingresos frente a las rupturas unilaterales de los contratos, a la vez que se instaura el derecho a la movilidad de las personas; según algunas propuestas los ingresos correspondientes a los períodos de no trabajo se financiarían por cotizaciones mutualizadas a cargo de las empresas; ndt). En fin, estos adioses al pleno empleo impiden plantear la cuestión de las necesidades sociales y de adoptar una lógica de Estado “empleador en último término”. 

La cuestión ecológica permanece ausente, salvo que la frugalidad del ingreso de base sea suficiente para desencadenar el decrecimiento. De forma general, el éxito de estos proyectos se explica sin duda por las coordenadas de un período bastante de pesadilla. Parecen representar atajos que permitan sortear los obstáculos y pasar de nuevo a la ofensiva.

 Se encuentra esta misma búsqueda de soluciones milagro en terrenos conexos: las monedas mágicas (“libre”, “doble” o “refundadora”) para crear actividad, la vuelta a las monedas nacionales para salir de la crisis del euro, el sorteo aleatorio para restablecer la democracia, etc. 

Estas utopías encantatorias no son solamente estériles: son también, desgraciadamente, obstáculos a la construcción de una estrategia de alternativa encarnada en la realidad de las relaciones sociales."             (Michel Hudson, Viento Sur, 03/01/16)

28/4/16

La fragilidad del empleo se acentúa con la economía digital

"(...) Lo que el economista del MIT David Autor señalaba en 2010 está siendo confirmado por los hechos: el mercado laboral se esta “ahuecando” en las economías de la OCDE.

 Las oportunidades se concentran cada vez más, por un lado, en unos pocos empleos de alta calificación y salarios muy altos dedicados a tareas abstractas y, por otro, en una mayoría de perfiles de baja calificación, principalmente puestos de trabajo de la industria de servicios en el escalón peor remunerado (preparadores de alimentos, ayudantes de cuidados en el hogar y otros asociados a las diferentes formas de venta). Los roles funcionales se redefinen y el empleo se polariza.

Lo novedoso es que son los puestos de trabajo intermedios los que empiezan a desaparecer, lo que significa que están en peligro una buena parte de los empleos más cualificados ocupados por licenciados que hasta ahora representaban a las profesiones liberales independientes, como arquitectos, médicos, abogados o profesores. Los mismos que sustentaban las clases medias tradicionales. 

Ellos, y otros como ellos, se verán afectados en la medida que realizan trabajos de los que se pueden segregar funciones rutinarias o en los que nuevas aplicaciones puedan aprovechar, por ejemplo, su capacidad para analizar imágenes o comprender el lenguaje en contextos complejos. 

Obviamente, los puestos de trabajo que los sustituyen requerirán solo las capacidades suficientes para operar esas aplicaciones estandarizadas. Justo lo contrario que lo que vislumbraba la Sociedad del Conocimiento.

Dos conclusiones son destacadas por los expertos incorporados al panel del Pew Research: por un lado, seguirá ensanchándose el abanico salarial entre los diferentes tipos de trabajadores; por otro, muchos de los empleos perdidos en los últimos años no van a volver.

Cambios en la naturaleza del trabajo y el “contrato social”

Si esa nueva forma de producir acarrea profundas implicaciones en la organización del trabajo, también lo tendrá en la naturaleza del contrato social. 

 La industrialización acelerada de los servicios dará lugar, de un lado, a nuevos espacios de concentración de efectivos humanos, con sueldos base, potencialmente propensos a reivindicaciones colectivas, y, de otro lado, a la explosión de un nuevo perfil de autónomos, asociadas a la figura de lo que John Moravec denomina knowmads, nuevos profesionales nómadas, personas disponibles para trabajar a cualquier hora, en cualquier lugar.

Los think tank y otros centros de pensamiento estratégico se están ocupando ya de ensalzar el papel de esos freelance globales considerados modelo y ejemplo de la libertad del “nuevo trabajador” como la más adecuada a los nuevos tiempos.

Con ello, empiezan a dibujar un nuevo modelo social que hace evolucionar el paradigma neoliberal con nuevos mitos: en el futuro, la estabilidad en los ingresos familiares requerirá a los miembros activos asumir, “en plena libertad”, diferentes trabajos “a tiempo parcial”, con horarios dispersos y retribuciones variables, complementados con ingresos marginales obtenidos de compartir activos (casas, coches, tiempo) siguiendo las pautas de la denominada sharing economy. Con el resultado de una “más fácil conciliación de la vida familiar y laboral”.

¿Le preocupa el diagnóstico? Pues confiemos en que la sociedad, (o sea, nosotros mismos), encuentre el camino para que se repartan adecuadamente los incrementos de productividad generados por el cambio tecnológico, desde luego suficientes para mejorar los niveles de bienestar heredados siempre que su reparto entre capital y trabajo sea el adecuado."                 (Ignacio Muro, Economistas frente a la crisis, 29/10/15)

4/3/16

El capitalismo se acaba... esta vez va en serio, porque al final del proceso de automatización, muchas cosas serán o muy baratas o gratis: del agua a la electricidad

"El capitalismo ha mostrado en los dos últimos siglos una gran capacidad de adaptación a los cambios. ¿Qué le hace pensar que esta vez será diferente?
El capitalismo es efectivamente un sistema complejo y muy adaptativo, pero creo que ha llegado a los límites de su propia capacidad para adaptarse. El factor que a mi entender lo cambia todo es la tecnología de la información, que altera por completo la noción del trabajo. 
También está alterando la capacidad del mercado para poner precios correctos a las cosas: los mercados están basados en la gestión de la escasez, mientras que la información es abundante... El tercer factor es el ascenso espontáneo de la producción colaborativa, con bienes, organizaciones y servicios que no responden a los dictados del mercado o la gestión jerárquica. 
El mayor producto de información en el mundo es la Wikipedia, que está hecho por 27.000 voluntarios gratuitamente y que ha acabado con la industria de las enciclopedias y con un mercado de publicidad de más de 3.000 millones de euros. En el futuro vamos a ver más disrupciones al estilo Wikipedia que al estilo Facebook.
Pero hay gente que piensa que modelos como Uber (contratar coches con chófer vía internet) o Airbnb (para alojamiento entre particulares) son el capitalismo de siempre con un nuevo disfraz. ¿Acaso el sistema no ha cooptado (reclutado, asimilado...) ya a lo nuevo que emerge?
 
El mecanismo de autodefensa del capitalismo es la formación de monopolios, pero no van a durar porque nos estamos acercando al límite. Desde los tiempos de Marx, el capitalismo se ha enfrentado a su propia contradicción: cuanto más automatizas, menos mano de obra necesitas.
 Si quitas a la gente del proceso de producción, puede ser bueno para el proceso de producción, pero la sociedad va a necesitar dos cosas: 
a) buscar otro empleo para toda esa mano de obra, y 
b) crear nuevas necesidades, nuevos productos, nuevas industrias que permitan una adaptación del capitalismo a un nivel más alto. 
Eso es más o menos lo que ha venido sucediendo desde la revolución industrial. Así surgieron de la noche a la mañana colosos como Victor, la compañía que rompió moldes con las grabaciones acústicas y vendió un cuarto de millón de discos a primeros del siglo XX. 
Pero en la era la información la ecuación cambia, porque la necesidad de trabajo manual se reduce, y existe una separación creciente entre la propiedad y el control, y no quedan muchos más filones para seguir explotando con la clásica mentalidad capitalista... 
La tercera revolución industrial irá más allá de las relaciones sociales que crea el capitalismo y acabará cuajando en todo caso en una sociedad de redes. El capitalismo ha agotado su capacidad de adaptarse a los cambios y tiene que dejar paso a otra cosa.
¿Y cómo llamamos a eso nuevo que surge? ¿Llamarlo "postcapitalismo" no es acaso una manera de devaluarlo o de reconocer que aún no tiene forma?
 
Postcapitalismo tiene en cierto sentido una connotación negativa, desde el momento que implica dejar atrás el sistema anterior. La transición será larga, de varias décadas quizás, y lo que venga después está tomando aún forma, así que mejor llamarlo de un modo no concreto. Mi libro no es un plan, en todo caso el proyecto de un plan.
¿El Proyecto Cero?
 
Lo he llamado así con doble intención, porque estamos aún en el punto de partida y en fase experimental. Creo que avanzamos efectivamente hacia eso que Jeremy Rifkin ha llamado una "sociedad de coste marginal cero" que va a crear un nuevo paradigma económico en el que muchas cosas serán gratis o costarán poco. 
Pienso que otra de las metas tiene que ser la creación de un sistema energético de emisiones cero y basado en las renovables. Y creo por último en la reducción de las jornadas laborales a algo próximo a cero...
Si nos quitan el trabajo las máquinas, ¿qué es lo que hacemos y cómo nos ganamos la vida?
 
La naturaleza del trabajo está experimentando una gran transformación. El trabajo ha dejado de ser ya lo que nos define, como definía al trabajador de la fábrica a principios del siglo XX o al oficinista de los años 50 que juraba fidelidad a su empresa. 
Se puede ver claramente ese cambio de actitud hacia el trabajo en los millennials [los nacidos desde 1981 al 2004], incluso en situaciones de gran desempleo como la que está viviendo España. La gente de 20 años tiene ahora un espíritu emprendedor que no teníamos en nuestra generación.
 Son conscientes de que van a vivir peor que sus padres, que no van a tener estabilidad, que se enfrentan a un futuro incierto, pero están experimentando y buscan en todo caso una utopía basada en la identidad y no en el trabajo. Los millennials tienen un fuerte sentido de la individualidad: el sentido de la colectividad lo buscan en las redes. Son como nodos que se apoyan para intentar hacerse más fuertes en medio de una gran incertidumbre.
En su Proyecto Cero usted rompe una lanza por la Renta Básica, considerada aún como un tabú por la mayoría de los partidos políticos...
 
Es curioso porque la idea de "una paga básica incondicional para todos" ha surgido alternativamente tanto de la derecha como de la izquierda en las últimas décadas. Yo propongo la Renta Básica como una solución temporal, que va a ser necesaria para formalizar la separación entre trabajo y salario y para "socializar" los costes de la automatización y compensar la precariedad laboral. 
Pero la transición de la que yo hablo va a erosionar la economía de mercado, y va a dificultar que se recaude suficiente dinero en impuestos como para pagar la Renta Básica a toda la población. El objetivo será lograr que al final del proceso de automatización, muchas cosas sean o muy baratas o gratis: del agua a la electricidad.
¿Y cuánto tardará en cuajar esa transición?
 
La experiencia del siglo XX me hace sentirme un poco frustrado, la verdad. Hemos pasado décadas poniendo metas y dejándolas pasar. El cambio de modelo energético, por ejemplo, lo hemos aplazado hasta que hemos llegado a esta situación límite que está creando el cambio climático. 
No puedo decirlo, pero cuando tratamos con grandes sistemas humanos, siempre hay un gran elemento de imprevisibilidad. Estamos ahora en plena experimentación, en fase beta, y es difícil predecir qué saldrá de todo esto.
Usted habla del advenimiento de un "nuevo espíritu" como palanca de esa transición. ¿Dónde está ese "nuevo espíritu"?
 
Pienso que ese nuevo espíritu está ya aquí con nosotros ¿Cómo se puso si no en marcha Wikipedia? De acuerdo con la economía convencional, algo así no debería haber tenido éxito en la economía capitalista. Jimmy Wales [fundador de Wikipedia] no ha actuado como un homo economicus, y ha demostrado, sin embargo, que hay otra manera de crear valor sin buscar a toda costa el beneficio. 
Yo he palpado este espíritu en Grecia y en España, donde están surgiendo modelos de autogestión e iniciativas de economía social que algún día serán algo más que meras alternativas marginales.
 Y veo ese nuevo espíritu en las nuevas generaciones, en mi propia ahijada de 12 años que es una nativa digital y podrá usar la tecnología de una manera infinitamente más creativa de lo que yo nunca seré capaz.
Usted habla también del advenimiento del «WikiEstado». ¿Utopía o realidad?
 
Lo tenemos a mano y no podemos desperdiciar esa oportunidad. En la transición que vamos a vivir, el papel de Estado como gesto es fundamental, tanto a nivel local como a nivel nacional. Hay que evitar que la transición caiga en manos de los banqueros y de la elite financiera y económica.
 Hay que innovar desde las instituciones y desde los ayuntamientos, y creo que en España hay en este sentido una buena oportunidad con el ascenso de partidos como Podemos o Barcelona En Común.
Hemos dejado hasta el final la cuestión política. En países como el Reino Unido el neoliberalismo campa a sus anchas. Tras lo ocurrido en Grecia, se habla también de cómo la izquierda puede ser cooptada por el sistema. ¿Hasta qué punto la sociedad está preparada para un cambio radical?
 
Yo viví desde muy dentro todo lo ocurrido en Grecia, y no aspiro ni mucho menos a asesorar desde aquí a Podemos. Soy de los que piensan que para cambiar las cosas hay que querer ganar, pero entiendo que el país del Opus Dei no se puede hacer «postcapitalista» de la noche a la mañana. 
Esta transición va a llevar su tiempo y hay que tomar posiciones para los grandes cambios sociales que se avecinan, pero el hambre de poder puede pasar factura.
Usted habla en su libro de dos salidas posibles a esta crisis social que ha venido después de la crisis económica. Una es el agotamiento del actual sistema en 10 o 20 años y la transición. Y el otro es un escenario apocalíptico como el de los años 30. ¿Cuál cree que es más probable?
 
Me preocupa el futuro, tengo que reconocerlo. Y las analogías con los años 30 [del siglo pasado], después del crack del 29, son por desgracia bastante evidentes, como vemos en el ascenso del populismo y del fascismo en algunos países europeos. En el Reino Unido, aunque me pese reconocerlo, teníamos un líder laborista como George Lansbury, pacifista y defensor de la justicia social, con el mismo perfil que Jeremy Corbyn... 
Las contradicciones objetivas del sistema se pueden exacerbar masivamente. Por un lado tenemos la elite financiera, velando por el orden económico desde lugares como Davos y Jackson Hole, y prometiendo que todo volverá a ir bien. Y por otro lado tenemos los problemas geopolíticos que nuestros líderes no son capaces de resolver, como la situación explosiva de Oriente Medio y el hecho de tener a Rusia y a Estados Unidos bombardeando el mismo país [Siria] y sin comunicación entre ellos. 
Y entre uno y otro, graves problemas como la crisis de los refugiados y la presión social creciente en Europa. Mi miedo es que la disfunción económica acabe colisionando con la disfunción internacional y geopolítica, y que el caos social ponga en riesgo todo esto que está surgiendo."               (Paul Mason   , Sin Permiso, 29/01/2016)

12/11/15

La conclusión de que en el futuro apenas habrá trabajo, pues los trabajadores serán sustituidos por robots, es falsa

"Una de las percepciones más extendidas que existen sobre las causas del desempleo en España es la que asume que la introducción de nuevas tecnologías, como robots, está destruyendo un gran número de puestos de trabajo, pues lo que antes hacían seres humanos ahora lo hacen máquinas. 

 De esta percepción se llega a concluir que en el futuro apenas habrá trabajo, pues los trabajadores serán sustituidos por robots. 

(...) los vaivenes en el tamaño de la población activa (es decir, personas que están en el mercado laboral) dependen muy poco de la introducción de nuevas tecnologías. 

Estoy hablando de toda la población ocupada o que busca trabajo y no de sectores específicos en los que el tamaño de la población activa sí que puede variar según la densidad tecnológica del sector. Pero las variables más importantes para determinar el tamaño de la población activa son variables políticas, no variables tecnológicas.

 La evidencia científica acumulada a lo largo del siglo XX muestra claramente que el porcentaje de la población que trabaja en un país depende en gran manera del contexto político que configura las relaciones laborales en dicho país. 

En general, en Europa, a mayor la fuerza de mundo del trabajo, mayor es el porcentaje de la población que trabaja, mayores son los salarios, mejores son las condiciones de trabajo y menores son las desigualdades de renta en un país. 

La importancia del contexto político

No es, pues, la tecnología en sí, sino cómo se utiliza y para qué objetivos, lo que afecta al proceso del trabajo. Los robots, por ejemplo, pueden sustituir personas en trabajos altamente repetitivos, pero necesitarán siempre gestión y dirección humana, lo cual quiere decir que destruirán puestos de trabajo, en general de poca cualificación, requiriendo, sin embargo, otros de elevada cualificación, que generarán mejores salarios, que quiere decir mayor demanda doméstica, produciendo mayor actividad económica y mayor número de puestos de trabajo.

Por otra parte, el aumento de la productividad puede generar mayor rentabilidad en la inversión productiva, con un aumento de beneficios que, en lugar de destinarse a enriquecer a unos pocos, se puedan dedicar a inversión de nuevo para crear empleo. Que se cree empleo o no depende primordialmente de quién controla el uso de los beneficios, es decir, de quién es el que controla el capital.

 No es, pues, la tecnología –los robots-, sino quién los posee, es decir, quiénes son sus propietarios, lo que determinan a qué usos se asigna el capital producido. En realidad, el enorme incremento de la productividad que ha habido en los últimos cien años no ha producido un descenso del número de trabajadores, ni siquiera un descenso de las horas trabajadas. 

John Maynard Keynes, por cierto, creía que a principios del siglo XXI, es decir, ahora, la gente trabajaría solo dos días a la semana. El potencial –es decir, la riqueza creada- para que ello ocurriera está ahí, pero no se está utilizando para este fin.

Hay que insistir en que el tiempo de trabajo (así como las condiciones del trabajo) no dependen de la productividad, ni de la tecnología, sino de la fuerza política que tenga el mundo del trabajo, tanto en las instituciones políticas como en las financieras, económicas, sociales y culturales de un país. 

La historia del siglo XX muestra que cada reducción del tiempo de trabajo ha sido consecuencia primordialmente de decisiones políticas, derivadas de la presión del mundo del trabajo.

Las necesidades humanas desatendidas

Depende también de decisiones políticas la configuración no solo del número sino también del tipo de trabajo que se cree. Por ejemplo, España tiene solo un adulto de cada diez que trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar (sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia y servicios domiciliarios, entre otros). 

Si tuviera alrededor de una de cada cuatro, como en Suecia, España tendría unos tres millones y medio más de puestos de trabajo, eliminando una parte muy importante del desempleo. El hecho de que España tenga tan poca gente en los servicios del Estado del Bienestar se debe precisamente a la enorme debilidad del mundo del trabajo. 

El mayor desarrollo del Estado del Bienestar en los países escandinavos se debe primordialmente a la mayor fuerza del movimiento obrero en aquellos países que no en el sur de Europa, donde históricamente el movimiento obrero ha sido débil y ha estado dividido.

 En realidad, las necesidades humanas desatendidas en los países del sur de Europa son enormes, siendo los servicios del Estado del Bienestar una de las canteras más importantes de puestos de trabajo. El hecho de que exista un desempleo tan alto en estos países del sur de Europa –como en Grecia y en España- no tiene nada que ver (repito, nada que ver) con la introducción de la tecnología, sino única y exclusivamente con el enorme domino que las fuerzas conservadores y liberales han tenido sobre los aparatos del Estado, responsables de unas políticas tributarias y fiscales enormemente regresivas, y de un escaso gasto público social. España tiene la riqueza para desarrollar un buen Estado del Bienestar.

 Si su Estado no la tiene (y la evidencia de que no la tiene es abrumadora), se debe a que el Estado (a nivel central, autonómico y local) no la recoge. Los ingresos al Estado están entre los más bajos de la Unión Europea.  (...)"            

 (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 5 de noviembre de 2015, en www.vnavarro.org, 05/11/15)

10/11/15

El trabajo es un bien cada vez más escaso. Si se observan las tasas de inversión a nivel global, se corrobora esta apreciación.

"(...) El primer aspecto que no explica claramente a la sociedad española es que el factor trabajo es un bien cada vez más escaso y más restringido. Si uno observa las tasas de inversión a nivel global puede corroborar esta apreciación, y así se deja notar en las principales economías del mundo desarrollado. 

Con el cambio del paradigma de las empresas productivas, por el de las empresas rentables, hemos optado por engordar las arcas, principalmente, de los accionistas y consejeros delegados, eso sí en las grandes empresas cotizadas. El gran problema es que estas empresas, especialmente en España, son las responsables de gran parte del empleo indirecto que se genera alrededor de las empresas de componentes y/o auxiliares. 

Hay comarcas enteras que están sufriendo la progresiva desinversión de las grandes empresas que utilizan sus filiales como moneda de cambio en sus estrategias de acumular más valor para el accionista, que en su mayoría desprecia los daños colaterales en forma de despido y pobreza que van dejando por el camino.

Este reguero de damnificados, que esta semana pasada he podido ver de primera mano en Asturias con el ERE parcial de Arcelor Mittal, muestra la tendencia del empleo a medio y largo plazo. 

La sociedad tiene que prepararse para que colectivos enteros de personas prácticamente no tengan ocupación remunerada a partir de cierta edad, el umbral de los 45 años es crucial, pero también que por la parte baja de la pirámide de población, tengamos que exportar mano de obra o soportar estoicamente entradas y salidas de los más jóvenes sin ninguna expectativa de futuro. 

Aquí surge siempre la discusión, desde mi punto de vista ya estéril, de cómo modificando los aspectos institucionales del mercado laboral, negociación colectiva, contratación o flexibilidad, unido al coste del despido, solucionaría completamente el desastre al no está abocando el modelo productivo globalizado sin reglas.

 Por tanto, parece inútil discutir qué tipo de contrato puedo tener, si las expectativas de inversión son tan ridículas como las que se vienen publicando. Si la inversión es una variable que dependen esencialmente de los fondos propios, y estos se invierten mayoritariamente por parte de muchas empresas, en compras de sus propias acciones, estamos abocados a un mercado laboral cada vez más pequeño, y con peores condiciones laborales. 

Resulta desolador comprobar que por cada euro que se invierte en autocartera, se deja de invertir 0,3 euros en la empresa, lo que da idea de la magnitud del problema y también el cambio en la gerencia de las grandes corporaciones, que se ha impregnado ya, incluso, entre empresas de distinto tamaño.  (...)

Hay que decir alto y claro a la sociedad, que vamos hacia un modelo mixto en materia laboral. Por un lado, la competencia asiática provoca, de facto, una devaluación salarial sin que medie nada, ni nadie en el sector exportador. 

Esto se deja notar en el sector textil en el que ya hace años que los salarios y las condiciones laborales se parecen mucho, salvando las barreras legales, a las de China. Solo les frena a las empresas de este sector los impedimentos legales que les obligan a pagar un salario mínimo de 648€ y los descansos semanales, las vacaciones y las bajas laborales.

 En el otro lado, el modelo anglosajón es también un espejo en el que algunos se quieren mirar. Ese modelo en el que no hay apenas subsidio de desempleo, no hay vacaciones pagadas, ni tampoco permisos retribuidos por maternidad/paternidad o por baja laboral. Esta parte de la reforma laboral es lo que echan de menos los grandes empresarios de este país, pero también la pueden compartir partidos como el PP, Ciudadanos y una rama liberal muy arraigada del PSOE (...)

En suma, cuando apenas va quedando industria en España, cuando los fondos de inversión especulativos van tomando posiciones en grandes corporaciones industriales, sin ninguna vocación industrial, las expectativas sobre el empleo de calidad, cualificado y bien pagado se van esfumando. (...)

 Las próximas generaciones en el mundo, pero también en España, verán cómo se trabajarán pocos años, habrá grandes colectivos expulsados de la cohesión social, la negociación colectiva será una rémora que apenas tendrá sitio en unas relaciones laborales completamente individualizadas y sin ningún poder de negociación por parte del trabajador. 

Ello va a conllevar que la sociedad tendrá que acostumbrarse a largos periodos de desempleo, rentas de inserción para grandes colectivos y derechos laborales históricos revocados sin ninguna resistencia. No es descartable que empecemos en la próxima legislatura por un recorte aún mayor del subsidio de desempleo, progresiva supresión de las vacaciones pagadas y de las bajas maternales. Al tiempo."               (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 01/11/15)

6/5/15

El trabajo doméstico de la mujer mantiene el resto de la economía, al proporcionar servicios gratuitos esenciales a gran parte de la población trabajadora

"(...) Oakley defendía que el trabajo doméstico, en su forma presente en Occidente, surgió con la separación entre hogar y lugar de trabajo. Con la industrialización, el ‘trabajo’ se alejó del hogar y la casa se convirtió en un lugar de consumo más que de producción de bienes. 

El trabajo doméstico se volvió ‘invisible’ a medida que el ‘autentico trabajo’ se iba definiendo cada vez más como aquel por el que se percibía un salario. Tradicionalmente, el trabajo doméstico se ha considerado patrimonio de la mujer, mientras que el ‘auténtico trabajo’ fuera de casa se reservaba para el hombre.

 Según este modelo convencional, la división del trabajo doméstico -la forma que tienen los miembros del hogar de compartir las responsabilidades domésticas- era bastante sencilla. Las mujeres se hacían cargo de casi todas, o de todas, las labores domésticas, mientras que los hombres ‘cubrían’ las necesidades de la familia al ganar un salario.  (...)

La época en la que se desarrolló la idea de la ‘casa’ como algo independiente también fue testigo de otra serie de cambios. Antes de que los avances de la industrialización empezaran a afectar la esfera doméstica, el trabajo en el hogar era duro y agotador. La colada semanal, por ejemplo, era una tarea ardua y exigía mucho tiempo y esfuerzo. 

 La introducción del agua corriente fría y caliente en los hogares elimino tareas que llevaban mucho tiempo; antes, la propia agua había de llevarse a casa y calentarse allí, como sigue ocurriendo en gran parte del mundo en vías de desarrollo.

 Las tomas de electricidad y de gas convirtieron en algo obsoleto las cocinas y estufas de carbón y leña, de modo que, en general, se eliminaron actividades como cortar leña, transportar carbón y limpiar constantemente las estufas.

Sin embargo, el promedio de tiempo que empelaban las mujeres en realizar las actividades domésticas no se redujo de forma muy considerable, a pesar de la introducción de máquinas que ahorraban tiempo. el tiempo que emplean las mujeres británicas que no tienen un trabajo remunerado en sus tareas domésticas se ha mantenido bastante constante en el último medio siglo, ya que las casas se limpian más a fondo que antes.

 Los electrodomésticos eliminaron algunas de las tareas más pesadas, pero se crearon otras para sustituirlas. Aumentó el tiempo dedicado a cuidar a los niños, almacenar compras en casa y preparar la comida. Este trabajo doméstico no remunerado tiene una enorme importancia para la economía. 

Se ha calculado que este tipo de ocupación supone entre un 25% y un 40% de la riqueza creada en los países industrializados. Una encuesta de ámbito nacional sobre uso del tiempo en 2002 estimaba que si el trabajo doméstico estuviera pagado en el Reino Unido, supondría 700000 millones de libras para la economía británica (Oficine of National Statistics). 

Para Oakley, este trabajo doméstico no reconocido no recompensado mantiene el resto de la economía, al proporcionar servicios gratuitos esenciales a gran parte de la población remunerada.

La dedicación plena de las mujeres a las tareas domesticas puede aislar y alienar y carece de una satisfacción intrínseca. A las amas de casa del estudio sus tareas les parecían enormemente monótonas, y les costaba trabajo escapar de la presión psicológica que ellas mismas se imponían para cumplir ciertos mínimos. 

Como las tareas domésticas no están remuneradas y no aportan ninguna recompensa monetaria en forma directa, las mujeres consiguen la satisfacción y una recompensa psicológica alcanzando niveles de limpieza y orden que cumplen reglas impuestas desde fuera. Pero, a diferencia de los trabajadores masculinos, las mujeres no pueden marcharse del ‘lugar de trabajo’ al acabar el día. (...)"           (Ann Oakley, el trabajo doméstico y el rol del ama de casa, por Anthony Giddens, Socioideas, 30/03/2015)