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8/11/23

Michael Roberts: No existe una mano invisible que guíe los mercados, ni una institución estatal sabia que dirija la economía. La base del sistema es la competencia por las ganancias que surgen de la explotación, multiplicando la riqueza de las minorías y el sufrimiento de las mayorías... en el imperialismo moderno, la transferencia de valor de la periferia a las economías centrales a través del intercambio desigual en el comercio se debe principalmente a diferencias de productividad y superioridad tecnológica, y sólo en menor medida debido a mayores tasas de explotación en la periferia. Y no se debe a salarios más bajos per se

 "La teoría de la dependencia surgió en los años 60 y 70 como crítica a la teoría de la "modernización", que sostenía que los países pobres podrían desarrollarse siguiendo el mismo camino que los países ricos.  Los teóricos de la dependencia sostenían que esto no era posible porque los países pobres son sistemáticamente explotados por los países ricos.  La teoría se desarrolló principalmente en América Latina, cuando la llamada Edad de Oro del pujante desarrollo capitalista posterior a la Segunda Guerra Mundial en las principales economías capitalistas avanzadas llegó a su fin.

Parecía que el desarrollo económico de "Occidente" no se aplicaba a las economías de Sudamérica, Oriente Medio o África.  En 1945, países latinoamericanos como Argentina y Brasil tenían rentas per cápita no muy inferiores a las de las economías capitalistas más débiles del sur de Europa y se esperaba que, bajo gobiernos que pretendían seguir a las economías industriales del Norte, América Latina prosperaría.  Esa esperanza se evaporó con la caída de la rentabilidad y la inversión que sobrevino a finales de los años sesenta y durante el resto del siglo XX.

En su libro, publicado ahora en inglés, Claudio Katz, profesor de la Universidad de Buenos Aires y autor de numerosos libros sobre economía y sociedad latinoamericana, nos ofrece un amplio relato de la teoría de la dependencia tal como se ha expuesto principalmente en América Latina en los últimos 50 años.  Ganó el premio Libertador al Pensamiento Crítico en 2018.

Creo que podemos empezar a considerar la teoría de la dependencia a partir de una breve frase que Marx escribió en su prefacio de 1867 al Tomo uno de El Capital.  Escribió: "El país más desarrollado industrialmente sólo muestra, al menos desarrollado, la imagen de su propio futuro."  Marx escribía cuando Gran Bretaña estaba en la cúspide de su poder económico y su potencia industrial.  El Capital era un análisis de esa economía capitalista.  Y Marx pensaba que el capitalismo se extendería por todo el mundo, de modo que surgirían otras potencias capitalistas rivales, y tenía razón.  Alemania, Francia y, sobre todo, Estados Unidos alcanzaron a Gran Bretaña (a su "imagen") a finales del siglo XIX.

Pero ahora sabemos que sólo sería un pequeño grupo de economías capitalistas industriales y comerciales las que alcanzarían la predicción de Marx.  Esas potencias fueron entonces capaces, gracias a sus proezas militares, financieras y tecnológicas, de bloquear el progreso de los capitalistas y sus trabajadores en la mayor parte del resto del mundo.  Lenin escribió en 1915 que sólo había un puñado de países que controlaban la tecnología, las finanzas y los recursos del mundo.  Cien años después, esas economías "imperialistas" son prácticamente las mismas y, en líneas generales, siguen siendo dominantes.  Por tanto, podemos hablar de un bloque imperialista dominante y de un resto del mundo "dependiente".

Pero "dependencia" puede tener diferentes significados y Katz nos muestra que así es con su análisis de las variantes dentro de la escuela de la dependencia.  Los teóricos de la dependencia identifican dos grupos principales de países en el sistema económico mundial: el núcleo y la periferia. Los países centrales son países ricos que controlan la economía mundial. Los países periféricos son países pobres que dependen de los países centrales para el comercio, la inversión y la tecnología.  De hecho, la palabra "periferia" me parece mejor que "dependiente".  Esta última podría implicar que la clase capitalista de la periferia no desempeña ningún papel independiente en la explotación de su propia clase trabajadora y que la explotación es totalmente el resultado de la dominación imperialista y de las empresas extranjeras.

Donde la teoría de la dependencia desempeña un papel explicativo positivo es en la idea de que los recursos fluyen desde una "periferia" de Estados pobres y subdesarrollados hacia un "núcleo" de Estados ricos, enriqueciendo a estos últimos a expensas de los primeros. Esta teoría rechaza la teoría dominante de la "economía del desarrollo" en la que se basan las instituciones internacionales de las Naciones Unidas (UNCTAD - "comercio y desarrollo"), el Banco Mundial y el FMI, según la cual todas las sociedades progresan a través de etapas similares de desarrollo y, por tanto, las zonas subdesarrolladas actuales se encuentran en una situación similar a la de las zonas desarrolladas actuales en algún momento del pasado.  Por lo tanto, la tarea de ayudar a las zonas subdesarrolladas a "salir de la pobreza" consiste en acelerarlas a lo largo de esta supuesta senda común de desarrollo capitalista, por diversos medios como la inversión, las transferencias de tecnología y una mayor integración en el mercado mundial.  La periferia se describe así como economías "emergentes" o "en desarrollo".

Sería un error pensar que Marx adoptó la "economía del desarrollo" en ese sentido, como en la cita de El Capital.  Entonces se refería a las economías capitalistas industriales inmediatas de su época.  En sus escritos posteriores, hizo hincapié en cómo los países más poblados, como India, Rusia y China, fueron explotados y finalmente suprimidos en su capacidad de unirse a las principales naciones industriales.

Katz concentra su explicación de la teoría de la dependencia en su variante marxista, en lugar de la corriente principal que sostiene que la dependencia puede superarse mediante políticas nacionales de gasto estatal de tipo keynesiano, sustitución de importaciones de bienes extranjeros y regulación financiera. Esta variante ha demostrado haber fracasado en la práctica a la hora de llevar a países como Argentina o Brasil al nivel superior de las economías capitalistas. En cambio, la teoría marxista de la dependencia sostiene que estos países seguirán siendo “dependientes” debido a la enorme extracción de valor del trabajo en sus economías hacia el bloque imperialista a través del comercio, las finanzas y la tecnología. El “intercambio desigual” en el comercio internacional es un componente fundamental de la teoría del valor de Marx. 

Sin embargo, dentro de la teoría de la dependencia, surgen diferencias sobre la naturaleza de ese intercambio desigual: ¿se debe a diferencias salariales o a diferencias de productividad impulsadas por la tecnología? ¿Obtienen los países imperialistas, a través de sus multinacionales, beneficios excedentes de la mano de obra barata de los países periféricos o de su tecnología superior y menores costos unitarios en el comercio internacional? Katz reconoce que el más destacado de los teóricos marxistas de la dependencia latinoamericanos, Ruy Mauro Marini, “tenía mayores afinidades que aquellos que atribuían el intercambio desigual a diferencias en productividades más que a salarios”. Este sostenía que las brechas salariales se explicaban por disparidades en el desarrollo de las fuerzas productivas y no al revés. “El salario es un resultado más que un determinante de la acumulación, argumentando que los niveles salariales en cada país dependen de la productividad, los ciclos, el stock de capital y la intensidad de la lucha de clases”.

Si ésta era la posición de Marini, entonces estoy de acuerdo. Mi propio estudio empírico conjunto con Guglielmo Carchedi sobre el imperialismo moderno encuentra que la transferencia de valor de la periferia a las economías centrales a través del intercambio desigual en el comercio se debe principalmente a diferencias de productividad y superioridad tecnológica (...), y sólo a una en menor medida debido a mayores tasas de explotación en la periferia (RSV). Y no se debe a salarios más bajos per se.

Sin embargo, Marini propuso el concepto de superexplotación, es decir, cuando los salarios en la periferia caen por debajo del valor de la fuerza de trabajo o por debajo del salario internacional promedio. Según Katz, “fue la tesis central de la teoría de la dependencia inspirada en Marini”. Pero Katz sostiene que la “superexplotación” no puede ser el principal determinante de la transferencia de valor entre países ricos y pobres. “Diluye la lógica de la plusvalía” y sugiere un concepto Proudhoniano de robo en lugar de la “lógica objetiva de la acumulación”. Como señala Katz, la superexplotación también existe en las economías imperialistas neoliberales con “empleo precario” y contratos de cero horas, etc. En mi opinión, la cuestión es que la transferencia de valor al Norte imperialista se produce debido a su tecnología y productividad laboral superiores. Eso permite al Norte imperialista vender sus productos en los mercados mundiales a costos inferiores al promedio internacional. Los capitalistas de la periferia intentan compensar su menor nivel técnico y productividad reduciendo los salarios de sus trabajadores. De modo que la mayor tasa de explotación en el Sur, ya sea por superexplotación o no, es una reacción al fracaso en competir contra el Norte.

¿Fue el poder monopolista la principal causa del dominio de las empresas imperialistas? Algunos teóricos de la dependencia así lo afirman. Sin embargo, Katz considera que no fue el caso de Marini. “Marini siempre estuvo más cerca de pensadores marxistas como Mandel, quienes resaltaron esta dinámica de competencia diferenciada entre monopolios. Mantuvo una mayor distancia de teóricos como Sweezy, que enfatizaban la capacidad ilimitada de las grandes empresas para gestionar los precios”. Pero Marini no llegó tan lejos como Shaikh, quien, según Katz, niega "la clara existencia de corporaciones gigantescas que obtienen ganancias extraordinarias en ciertos mercados a expensas de empresas más pequeñas".

Katz considera que Marini tenía lo que yo llamaría una comprensión ecléctica de la teoría del valor de Marx. “Pertenecía a una tradición de la economía marxista que no estaba de acuerdo con los enfoques centrados exclusivamente en el análisis del valor en la esfera de la producción. Ese enfoque cuantifica el valor sólo en la fase inicial de la creación de plusvalía, señalando insistentemente el peso que Marx dio a la lógica de la explotación y deduciendo todas las contradicciones del capitalismo desde esta esfera”. Marini quiso incluir “desequilibrios situados en la esfera de la demanda”. Katz resumió la visión de Marini sobre las crisis económicas como un “enfoque multicausal de la crisis, que combina desequilibrios de realización con la tendencia a la baja de la tasa de ganancia”. Los lectores de este blog sabrán que, como defensor de un análisis “monocausal” de las crisis, creo que la visión de Marini nos deja sin teoría alguna de la crisis.

Ésa no es la única debilidad de la versión de Marini de la teoría de la dependencia. Promovió fuertemente la idea del “subimperialismo”, una categoría de países intermedios entre la periferia dominada y el núcleo imperialista. Katz dedica varios capítulos a discutir la relevancia de esta categoría. En resumen, dice que “ayuda a comprender la estructura jerárquica del capitalismo contemporáneo” con “una cúspide de potencias centrales y una base de países dominados... en el medio están estas potencias subimperiales tratando de obtener hegemonía regional”.

Dudo que el subimperialismo nos ayude a comprender el capitalismo contemporáneo. Debilita la delimitación entre el bloque imperialista central y la periferia de los países dominados. Si cada país es un “poco imperialista”, si entra en guerra con un vecino por mercados, recursos y territorio, entonces el imperialismo comienza a perder su validez como concepto útil. Los países llamados subimperialistas no reciben transferencias enormes y sostenidas de valor y recursos desde economías más débiles. En nuestro propio trabajo sobre el imperialismo y en el trabajo empírico de otros, esta estructura jerárquica de transferencia de valor no se revela. India, China y Rusia en realidad transfieren cantidades de valor mucho mayores al bloque imperialista que América del Sur. (...).

 Tomemos como ejemplo a los BRICS, los mejores candidatos por ser “subimperialistas”. No hay evidencia de transferencias de valor significativamente grandes y duraderas hacia ellos desde economías más débiles y/o vecinas. Simplemente no tienen la superioridad financiera, tecnológica y militar para obtener tales transferencias. ¿Se pueden considerar imperialistas de algún modo útil las guerras entre países periféricos (por ejemplo, Irán contra Irak, Azerbaiyán contra Armenia)? ¿No sería mejor verlos como guerras entre países capitalistas débiles para obtener beneficios económicos y políticos? De hecho, Katz señala que Brasil no es subimperialista como lo veía Marini. No se ha convertido en una potencia industrial en ascenso que domina el subcontinente.  

La gran esperanza de la década de 1990, promovida por la economía del desarrollo dominante, de que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) pronto se unirían a la liga de los ricos en el siglo XXI, ha demostrado ser un espejismo. Estos países siguen siendo perdedores y todavía están subordinados y explotados por el núcleo imperialista. Y la brecha entre las economías imperialistas y el resto no se está reduciendo, al contrario. Y eso incluye a China, que tampoco se unirá al club imperialista.

Sin embargo, Katz quiere preservar el concepto de Marini: “En este contexto, las formaciones intermedias ocupan un lugar significativo que rompe el estricto paralelo entre potencias subimperiales y semiperiferias económicas, ya que el peso geopolítico de algunos países difiere de la integración en la producción globalizada. logrado por otros. La teoría de la dependencia es muy útil para comprender esa variedad de situaciones. Explica la lógica del subdesarrollo y la marginación de la periferia sin limitar su análisis a las polaridades globales, y también analiza las bifurcaciones y diferencias entre distintas formaciones intermedias”. No estoy seguro de que así sea. 

 Lo que sí muestra el amplio estudio de Katz sobre 50 años de teoría de la dependencia es que la teoría del valor de Marx de “la globalización productiva basada en la explotación de los trabajadores remodela las divisiones entre el centro y la periferia a través de transferencias de plusvalía”. Y es que “la omisión de ese mecanismo impide que los críticos de la dependencia comprendan la lógica del subdesarrollo”. Así pues, “reintegrar la teoría del valor en la explicación de la dependencia también es vital para descubrir el esqueleto oculto del capitalismo actual. No existe una mano invisible que guíe los mercados, ni una institución estatal sabia que dirija la economía. La base del sistema es la competencia por las ganancias que surgen de la explotación, multiplicando la riqueza de las minorías y el sufrimiento de las mayorías. La misma indignación y rebelión que impulsaron el estudio del subdesarrollo en el pasado orienta esa investigación en el presente”.

 (Michael Roberts, Brave New europe, 05/11/23; traducción google)

26/10/22

Mazzucato: el «triángulo del litio» es una región, encastrada entre Argentina, Bolivia y Chile, que alberga, junto con Perú, unas dos terceras partes de las reservas mundiales de litio. Pero a pesar del papel crucial de este elemento para la digitalización y la transición energética global, Chile, Bolivia y Argentina no han conseguido una gobernanza correcta del desarrollo regional, al permitir a la extracción de recursos impulsar un crecimiento carente de dirección... Convirtiendo un recurso natural como el litio en elemento central de una misión específica (por ejemplo, la descarbonización de la economía), los gobiernos pueden reconfigurar el sistema de incentivos. En vez de alentar una explotación insensata de los recursos naturales, pueden procurar que las rentas obtenidas se reinviertan en actividades más innovadoras y beneficiosas. Mediante un enfoque multisectorial estratégico como este, Argentina, Bolivia y Chile pueden transformar la maldición de los recursos naturales en una oportunidad de progreso social y ambiental acelerado

 "La guerra en Ucrania y la crisis mundial del costo de vida golpean con dureza a América Latina y el Caribe (AMC). El crecimiento regional, que después de la COVID‑19 exhibió una recuperación impresionante hasta alcanzar una tasa promedio del 6,8% en 2021, se reducirá a apenas 1,8% este año, con efectos paralizantes para las personas más vulnerables. En comparación con 2021, la tasa de pobreza de América Latina en 2022 aumentará 0,9 puntos porcentuales hasta el 33%, y la pobreza extrema subirá 0,7 puntos porcentuales hasta el 14,5%. 

 Pero muchos países de la región tienen una oportunidad para redefinir sus políticas económicas; y aunque todos son muy distintos, enfrentan un conjunto común de desafíos estructurales, que incluyen la dependencia respecto de los recursos naturales, baja productividad, debilidad del sector público y un margen fiscal estrecho. La solución de estos desafíos estructurales demanda gobernanza progresista y énfasis en objetivos económicos claros: crear empleo, aumentar la productividad, reducir la pobreza, eliminar la brecha digital y acelerar la transición a la energía limpia. 

Para sostener esta agenda, los gobiernos necesitarán una narrativa nueva que ponga en primer plano el crecimiento guiado por la innovación. No se trata de que los países de AMC necesiten innovaciones disruptivas por sí mismas (como las que vemos en Silicon Valley), sino innovación con sentido de propósito, para la solución de problemas concretos de vieja data, como la creciente brecha digital y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 Por eso, en un nuevo informe para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), titulado Cambio transformacional en América Latina y el Caribe: un enfoque de política orientada por misiones, intento ofrecer un plan realizable para la creación de riqueza en toda la región. El informe no traza una senda definitiva que todos los gobiernos deban seguir; en cambio, propone un marco y un vocabulario nuevos, e identifica las clases de políticas, herramientas e instituciones que se necesitan para impulsar un crecimiento guiado por la innovación. 

Para crear una economía inclusiva, sostenible y con prosperidad compartida, propongo que los gobiernos de AMC adopten estrategias industriales orientadas por misiones, con menos énfasis en el uso de políticas ya probadas (por ejemplo, aquellas que buscan fortalecer la sustitución de importaciones o conseguir competitividad de precios) y más énfasis en reconsiderar el papel del Estado. Hay que ver al Estado no como un obstáculo al crecimiento, sino como un configurador seguro y capaz del mercado, con una posición única para aplicar ambición y audacia a la solución de los mayores desafíos que enfrentan los países.

 Pero para que el Estado tenga éxito en este papel, los gobiernos deben fijar objetivos claros y demostrar voluntad de usar todos los instrumentos de que disponen, desde la compra pública hasta el otorgamiento de préstamos. Es la única forma eficaz de catalizar procesos de experimentación de carácter ascendente en una multiplicidad de sectores de la economía.

 Los gobiernos pueden comenzar por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y luego idear misiones que impulsen la movilización colectiva multisectorial hacia el logro de cada uno de ellos. Como explica el informe, esto demandará una estrategia clara para fortalecer las capacidades dinámicas del sector público, mediante el aprovechamiento de nuevas herramientas y políticas orientadas a resultados y la creación de nuevas instituciones orientadas por misiones.

 Un enfoque de misiones exige reconocer el hecho de que las grandes transiciones (por ejemplo, de una economía basada en los combustibles fósiles a una economía sostenible) pueden llevar mucho tiempo. La industria gaspetrolera tiene habilidades y capacidades valiosas acumuladas que se pueden reorientar resignificando los subsidios a esos sectores como incentivos a un cambio en la dirección de la economía verde.

 El informe examina ocho casos de diferentes países de AMC en los que políticas e instituciones orientadas por misiones podrían satisfacer la necesidad de cambio. Piénsese en el problema de la dependencia de los recursos naturales, de la que sirve de ejemplo el «triángulo del litio». Esta región, encastrada entre Argentina, Bolivia y Chile, alberga, junto con Perú, unas dos terceras partes de las reservas mundiales de litio. Pero a pesar del papel crucial de este elemento para la digitalización y la transición energética global, Chile, Bolivia y Argentina no han conseguido una gobernanza correcta del desarrollo regional, al permitir a la extracción de recursos impulsar un crecimiento carente de dirección.

 Convirtiendo un recurso natural como el litio en elemento central de una misión específica (por ejemplo, la descarbonización de la economía), los gobiernos pueden reconfigurar el sistema de incentivos. En vez de alentar una explotación insensata de los recursos naturales, pueden procurar que las rentas obtenidas se reinviertan en actividades más innovadoras y beneficiosas. Mediante un enfoque multisectorial estratégico como este, Argentina, Bolivia y Chile pueden transformar la maldición de los recursos naturales en una oportunidad de progreso social y ambiental acelerado. 

Asimismo, los países del Caribe tienen una oportunidad para crear un sector turístico más verde en toda la cadena de suministro, desde el transporte hasta la construcción. Sus gobiernos pueden adoptar la ambiciosa misión de preservar los océanos y el lecho marino y así fomentar la innovación y la inversión en una variedad de sectores, siguiendo el ejemplo de Barbados bajo su inspiradora primera ministra, Mia Mottley. En última instancia, el informe sobre AMC tiene que ver con la creación de un nuevo contrato social entre el Estado, las empresas, los sindicatos y la ciudadanía.

 Un Estado con más audacia y capacidad puede ser un socio mejor para las empresas, al sentar las bases para nuevas alianzas público‑privadas que maximicen el beneficio público en vez de la mera ganancia privada. Un elemento crucial de este enfoque de misiones es que el nuevo Estado empoderado esté sometido a la rendición de cuentas por medio de una mayor participación ciudadana.

 Hoy más que nunca, se necesita claridad estratégica para enfrentar al mismo tiempo la crisis de costo de vida inmediata y los desafíos estructurales de la región a más largo plazo. Felizmente, en los gobiernos progresistas de AMC hay un creciente sentido de urgencia y propósito. Un enfoque de misiones puede servirles para empezar a redirigir el crecimiento hacia un futuro más inclusivo y sostenible, y espero que el informe resulte una guía útil en tal sentido."           (

8/8/22

Mariana Mazzucato: Construyendo en Colombia una economía orientada a la misión... Es hora de que el gobierno invierta en sí mismo y en una economía orientada por los desafíos... Para hacerlo, Petro debe centrar su atención en tres áreas clave... Primero, el servicio civil necesita nuevas capacidades dentro de las instituciones públicas, para implementar un cambio real (como el Laboratorio de Gobierno en Chile, un laboratorio público de innovación que tiene el mandato de experimentar y fallar)... En segundo lugar, se debe apoyar a los sectores basados en recursos naturales, hacia un enfoque económico que movilice múltiples ministerios, con una concepción de 'todo el gobierno’. Esta estrategia industrial orientada a la misión significa que los sectores de recursos naturales se convierten, a través de su transformación, en insumos para objetivos y desafíos en torno al clima, la salud y la brecha digital... En tercer lugar, tiene que existir un nuevo contrato social entre el gobierno colombiano y los empresarios encaminado a reducir las rentas y aumentar la inversión. Aprovechar instrumentos como subvenciones, préstamos y adquisiciones, y condicionarlos a resultados económicos sostenibles y justos, puede ayudar a dirigir de manera proactiva la economía para enfrentar los desafíos de Colombia

 "La economista Mariana Mazzucato es uno de los principales referentes del presidente Gustavo Petro en esta materia. En exclusiva para CAMBIO, la italiana habla sobre las políticas macroeconómicas que debe implementar el gobierno entrante.

América Latina, como el resto del mundo, enfrenta múltiples crisis: climática, de salud, financiera y, ahora, la crisis del precio de la energía y del costo de vida debido en parte a problemas en la cadena de suministro y en parte a la guerra rusa contra Ucrania. Los síntomas de estas crisis, como siempre, se sienten con mayor fuerza en los sectores más pobres y vulnerables de la población. El cambio necesita un gobierno progresista para fomentar objetivos económicos como el aumento de puestos de trabajo y productividad, y que al mismo tiempo aborde objetivos sociales como la transición del carbono, la disminución de la pobreza y la reducción de la brecha digital.

Es con este espíritu que el recién elegido presidente, Gustavo Petro, tiene una oportunidad de promulgar un verdadero cambio en el país. Impulsar una transformación industrial que promueva una justa transición verde debe estar en el primer renglón de la lista de prioridades. Petro puede utilizar un enfoque de estrategia industrial basado en desafíos para impulsar un cambio en el núcleo del gobierno, invirtiendo en las capacidades del Estado, encontrando nuevas formas de trabajar con el sector privado, e incorporando una agenda audaz y ambiciosa para los próximos cuatro años, y más allá. 

La economía colombiana ya mostraba grietas en sus cimientos desde antes de la pandemia del covid-19. La desigualdad se incrementó notablemente entre 2017 y 2020, y la reducción de la pobreza se reversó: entre 2018 y 2019 más de 660.000 colombianos cayeron en la pobreza. Y la productividad de Colombia está estancada desde el año 2000. Ambas problemáticas deben ser atacadas por la vía de la creación de nuevas formas de riqueza para que sea redistribuida con un enfoque social. Se necesita más inversión empresarial en sectores industriales dinámicos, en lugar de solo enfocarse en la extracción de recursos naturales. Y las rentas se pueden abordar asegurándose de que los rendimientos de la riqueza creada se compartan más ampliamente, en lugar de desviarse a unos pocos actores. Como ha mostrado el trabajo de investigación de Gabriela Palma, ese comportamiento que solo piensa en buscar renta no es exclusivo de América Latina, pero aquí ha habido una mayor propensión a las políticas que concentran los incentivos en torno a la búsqueda de rentas dentro de las grandes empresas multinacionales. 

Estos problemas estructurales ahora se ven agravados por las presiones inflacionarias actuales, que se han convertido en una verdadera crisis del costo de vida: los estimados muestran que en 2022 la tasa de pobreza latinoamericana aumentará a 33 % y la pobreza extrema a 14,5 %, con el impacto adicional de la inflación global de alimentos y combustibles. Los beneficios intermitentes para los productores colombianos que se han traducido en rentas aún más altas, como los precios más altos del petróleo, seguramente serán de corta duración y, en cualquier caso, no beneficiarán a todos en el país sino a unos pocos. Es hora de que el gobierno aproveche esta oportunidad para trazar un camino audaz, invirtiendo en sí mismo y en una economía orientada por los desafíos. 

 Para hacerlo, Petro debe centrar su atención en tres áreas clave. Primero, como muchos países de América Latina, el servicio civil dentro del gobierno colombiano necesita nuevas capacidades dentro de las instituciones públicas, para implementar un cambio real. Cualquiera puede hablar sobre mejores políticas públicas, pero no cualquiera puede implementarlas. Esto requiere al menos capacidad para adaptarse y aprender, para alinear el servicio público con las necesidades de los ciudadanos, para gobernar sistemas de producción resilientes y para gobernar con la data y las plataformas digitales. Un ejemplo interesante es el Laboratorio de Gobierno en Chile, un laboratorio público de innovación que tiene el mandato de experimentar y fallar, cualidades que nunca se imbuyen a los servidores públicos.

 En segundo lugar, el gobierno podría beneficiarse al adoptar una política industrial con una misión clara que le permita abordar sus más grandes desafíos económicos, sociales y ambientales. Es importante destacar que esto significa alejarse de las políticas industriales enfocadas en tecnología del siglo XX que buscaban 'elegir ganadores’. Se debe apoyar a los sectores basados en recursos naturales, hacia un enfoque económico que movilice múltiples ministerios y ámbitos para abordar los mayores desafíos del país de una manera más coordinada y colaborativa con una concepción de 'todo el gobierno’. Esta estrategia industrial orientada a la misión debe fortalecerse con nuevas herramientas e instrumentos de políticas que permitan trabajar de forma diferente con el sector privado y medir su impacto de manera dinámica, incluida, por ejemplo, la presupuestación y las adquisiciones orientadas a los resultados. Significa que los sectores de recursos naturales se convierten, a través de su transformación, en insumos para objetivos y desafíos en torno al clima, la salud y la brecha digital. Ya sea en la minería, el acero o el cemento: reducir su contenido material requiere inversión e innovación que puedan impulsar futuros empleos, habilidades y servicios.

 En tercer lugar, tiene que existir un nuevo contrato social entre el gobierno colombiano y los empresarios encaminado a reducir las rentas y aumentar la inversión. Aprovechar instrumentos como subvenciones, préstamos y adquisiciones, y condicionarlos a resultados económicos sostenibles y justos, puede ayudar a dirigir de manera proactiva la economía para enfrentar los desafíos de Colombia. Por ejemplo, durante la pandemia del covid-19, el gobierno francés condicionó sus rescates financieros a Renault y Air France-KLM a compromisos de reducción de emisiones. Del mismo modo, Francia, Bélgica, Dinamarca y Polonia negaron la ayuda estatal a cualquier empresa domiciliada en un paraíso fiscal designado por la Unión Europea. Reducir las rentas y distribuir la riqueza de manera más equitativa solo se puede hacer a través de mejores "acuerdos" que pongan el interés público en primer lugar.

Petro se enfrenta a un clima político polarizado, lo que hará difícil impulsar sus reformas en el Congreso. Como el primer gobierno progresista de izquierda en la historia de Colombia, tiene la oportunidad de transformar la agenda progresista tanto en la producción y creación de riqueza como en la redistribución. De hecho, en última instancia, no hay nada que redistribuir si no se crea riqueza. Pero de manera similar, si esa riqueza se extrae o se entrega solo a unos pocos, la innovación sufre. Este es el momento de construir un país con una sólida capacidad de gobierno, herramientas dinámicas y orientadas a resultados, y un nuevo contrato social entre los sectores público y privado (lo que he llamado una Economía de la Misión). Un nuevo enfoque de la estrategia industrial y un contrato social renovado es un buen punto de partida."          

(Mariana Mazzucato, Profesora en University College London, Fundadora y directora del UCL Institute for Innovation and Public Purpose (IIPP; Cambio Colombia, 30/07/22)

28/4/22

Dani Rodrik: Los problemas de los países desarrollados se parecen cada vez más a los de los países pobres... tanto en los países de renta alta como en los de renta baja, el desarrollo económico tendrá que basarse en el futuro mucho más en los servicios y en las pequeñas y medianas empresas. Ambos tipos de economías necesitarán una nueva clase de políticas coordinadas dirigidas a los lados de la oferta y la demanda de los mercados laborales, que combinen programas de formación de habilidades con apoyo a las empresas

 "Cuando los economistas hablan de convergencia mundial, lo que suelen tener en mente es que las economías en desarrollo crezcan más rápidamente que las avanzadas y que los ingresos de los pobres del mundo aumenten hasta alcanzar los niveles de las economías más ricas. Lo irónico hoy en día es que estamos experimentando una convergencia hacia abajo en lugar de hacia arriba.

En el corazón de la economía del desarrollo se encuentra la idea del "dualismo productivo". Los economistas que fundaron el campo de la economía del desarrollo, como el economista caribeño W. Arthur Lewis, galardonado con el premio Nobel, observaron que las economías de los países pobres se dividen entre un estrecho sector "moderno" que utiliza tecnologías avanzadas y un sector "tradicional" mucho más amplio caracterizado por una productividad extremadamente baja.

 Durante mucho tiempo se consideró que el dualismo era la característica que definía a los países en desarrollo, en contraste con los países desarrollados, donde se suponía que las tecnologías de frontera y la alta productividad prevalecían en toda la economía. Esto marcó a la economía del desarrollo como una rama distinta de la disciplina, separada de la economía neoclásica convencional. 

La política de desarrollo, a su vez, se centraba tradicionalmente en la superación de las disparidades de ingresos, educación, salud y oportunidades de vida en general. Su tarea consistía en superar el dualismo productivo mediante nuevos acuerdos institucionales que modificaran el funcionamiento de los mercados y ampliaran el acceso a las oportunidades productivas. Aunque esta distinción pudo tener cierto sentido en los años 50 y 60, ya no parece ser muy relevante. 

Por un lado, los métodos utilizados para estudiar los países desarrollados y en desarrollo se han fusionado básicamente: la economía del desarrollo es hoy esencialmente la aplicación de los marcos estándar de las finanzas públicas, la economía laboral, la economía industrial o la macroeconomía a los entornos de bajos ingresos. Pero lo que es más importante (e interesante) es que el dualismo productivo se ha convertido también en una característica crítica y visible de las economías avanzadas, que requiere remedios que salen directamente de la caja de herramientas de la política de desarrollo.

 En su libro de 2017 The Vanishing Middle Class, el historiador económico del MIT Peter Temin señaló que el modelo de Lewis de una economía dual se había vuelto cada vez más relevante para las condiciones en Estados Unidos. Una combinación de fuerzas -la desindustrialización, la globalización, las nuevas tecnologías que favorecen a los profesionales y a los capitalistas, y la disminución de las protecciones para el trabajo- han producido, en efecto, una brecha cada vez mayor entre los ganadores y los que se quedan atrás. 

La convergencia entre las partes pobres y ricas de la economía se detuvo, el nivel educativo polarizó cada vez más los mercados laborales y las disparidades regionales aumentaron. En Europa, el aumento de la desigualdad no fue tan marcado, debido a un estado de bienestar más fuerte, pero allí también operaron las mismas fuerzas. Las diferencias entre los líderes y los rezagados entre las empresas y las regiones aumentaron, y la clase media se redujo.

 En consecuencia, los responsables políticos de las economías avanzadas se enfrentan ahora a las mismas cuestiones que han preocupado durante mucho tiempo a las economías en desarrollo: cómo atraer la inversión, crear puestos de trabajo, aumentar la cualificación, estimular el espíritu empresarial y mejorar el acceso al crédito y a la tecnología; en resumen, cómo cerrar la brecha con las partes más avanzadas y productivas de la economía nacional. 

Los puntos de partida pueden ser diferentes, pero los problemas de una región en la que han desaparecido los buenos puestos de trabajo resultan angustiosamente familiares para un economista del desarrollo: Escaso empleo productivo, proliferación de problemas sociales como la delincuencia y el abuso de sustancias, y escasa confianza en el gobierno por parte de diversos grupos sociales y de la comunidad empresarial. Los obstáculos que deben superar las minorías raciales o étnicas, los inmigrantes recientes o los trabajadores con escasa formación en estos entornos son el pan de cada día de la economía del desarrollo.

 No cabe duda de que las localidades rezagadas de las economías avanzadas pueden tener acceso a recursos financieros mucho mayores. En EE.UU., los gobiernos estatales y locales gastan decenas de miles de dólares, no muy eficazmente, en incentivos fiscales y otras subvenciones para atraer a las grandes empresas. Pero sus funcionarios suelen actuar con limitaciones estructurales y burocráticas que resultarían familiares a sus homólogos de las naciones pobres. Como dijo recientemente un experimentado profesional estadounidense en una reunión celebrada en la Universidad de Harvard, "estamos en el centro de todo, pero no controlamos nada". También se enfrentan a límites similares en los remedios disponibles.

 La industrialización ha sido el vehículo tradicional para superar el dualismo; a medida que los trabajadores son absorbidos por actividades manufactureras más productivas, los salarios aumentan y la productividad general de la economía se incrementa. Pero, tanto en las economías en desarrollo como en las avanzadas, la industria manufacturera ha perdido su capacidad de crear muchos puestos de trabajo, debido a la automatización y a otras innovaciones que ahorran mano de obra. El empleo en el sector manufacturero se ha reducido (como porcentaje del empleo total) incluso en países que han mantenido sectores industriales fuertes, como Corea del Sur o Alemania. 

Por tanto, tanto en los países de renta alta como en los de renta baja, el desarrollo económico tendrá que basarse en el futuro mucho más en los servicios y en las pequeñas y medianas empresas. Ambos tipos de economías necesitarán una nueva clase de políticas coordinadas dirigidas a los lados de la oferta y la demanda de los mercados laborales, que combinen programas de formación de habilidades con apoyo a las empresas. Los buenos empleos requieren buenas empresas, y viceversa.

Los marcos políticos nacionales tendrán que apoyar estos experimentos productivistas locales con recursos y políticas macroeconómicas propicias. En particular, esto significa reconsiderar las políticas nacionales de innovación que fomentan alegremente los cambios tecnológicos que se inclinan a favor del capital y de los profesionales altamente formados. Una nueva mirada a la dirección de la innovación y el incentivo a las tecnologías que aumentan, en lugar de reemplazar, las habilidades de la mano de obra actual, ayudaría en gran medida a abordar los desafíos del mercado laboral a los que se enfrentan los países ricos y pobres. 

Cuando los economistas hablan de convergencia mundial, lo que suelen tener en mente es que las economías en desarrollo crezcan más rápidamente que las avanzadas y que los ingresos de los pobres del mundo aumenten hasta alcanzar los niveles de las economías más ricas. Lo irónico hoy en día es que estamos experimentando una convergencia hacia abajo en lugar de hacia arriba. Los problemas de los países desarrollados se parecen cada vez más a los de los países pobres. Los modelos y marcos utilizados para estudiar las economías en desarrollo son cada vez más pertinentes para los problemas a los que se enfrentan los países ricos. "                   (

26/11/21

Manipulando deliberadamente algunas de las operaciones físicas y biológicas más básicas del planeta, los humanos estamos a punto de convertir un mundo que nos venía dado en un mundo construido por nosotros. Las tecnologías dominantes en esta nueva época cambiarán no solo el aspecto del planeta, sino también y sobre todo su funcionamiento. La naturaleza y los procesos que la conforman serán cada vez más algo diseñado por nosotros...

 "(...) Nadie puede negar que muchas e importantes transformaciones planetarias ya han tenido lugar. Pero hasta ahora, sin embargo, casi todos los impactos globales provocados por nuestra especie se han producido de forma no deliberada, inadvertidamente. 

Nadie había planeado contaminar con mercurio todas las calas de Alaska o permitir que sustancias químicas industriales penetrasen en la carne de las ballenas que nadan bajo el hielo del Ártico. Ni el calentamiento atmosférico atribuible a la quema de combustibles fósiles ni las extinciones masivas debidas a la destrucción de extensos hábitats han sido deliberadas. 

En todas las transformaciones que han tenido lugar hasta la fecha, los cambios globales estaban muy lejos de la mente de quienes los estaban perpetrando.

Pero de ahora en adelante las cosas serán diferentes. Una vez que nos hemos dado cuenta del carácter global de los daños que estamos infligiendo a la naturaleza, no tenemos otra opción que tomar las decisiones acerca de nuestras futuras acciones de un modo mucho más autoconsciente. Igual que el animal herido que hemos encontrado sufriendo en la cuneta, el planeta roto se ha convertido de pronto en nuestra responsabilidad. Ya no tenemos la alternativa de apartar la vista y pretender que no nos hemos dado cuenta de nada. La buena conciencia no nos lo permitirá.

En estos momentos, para colmo, la responsabilidad es especialmente grave. En el mismo momento en que estamos asumiendo esta carga moral, nuevas tecnologías hacen posible una transformación del mundo que nos rodea mucho más profunda que cualquiera que haya tenido lugar anteriormente. Algunas de las funciones más básicas de la Tierra –cómo se construye el ADN, cómo penetran en la atmósfera los rayos del Sol, cómo se forman los ecosistemas– estarán cada vez más determinadas por el diseño humano. Lo que solía ser el resultado no planificado de unos procesos naturales, será cada vez más el producto de nuestras decisiones conscientes. En el marco de la discusión sobre cómo será el futuro que vamos a habitar, el premio Nobel de química Paul Crutzen expresa de una manera contundente lo que nos espera: “Somos nosotros quienes decidimos qué es y qué será lo natural”.[3]

 La sustitución de los procesos naturales por los procesos sintéticos es el sello distintivo de lo que podríamos denominar la era del Plastoceno. La elección de este término no pretende sugerir un mundo lleno de plástico. Durante las próximas décadas la humanidad encontrará buenos motivos para alejarse de esta creación sintética particular. El término Plastoceno refleja el uso como adjetivo de la palabra plástico y alude a un planeta que se está volviendo cada vez más flexible y moldeable. La palabra Plastoceno apunta a un grado sin precedentes en la maleabilidad de la Tierra que están haciendo posible las nuevas tecnologías para aquellos que tengan los recursos para desarrollarlas e implementarlas.

Manipulando deliberadamente algunas de las operaciones físicas y biológicas más básicas del planeta, los humanos estamos a punto de convertir un mundo que nos venía dado en un mundo construido por nosotros. En el Plastoceno, el mundo será totalmente reconstruido, desde sus cimientos, por los biólogos moleculares y los ingenieros, lo que dará lugar al comienzo de la primera Era Sintética del planeta.[4]

La reconstrucción del planeta durante la Era Sintética no se limitará a una serie de cambios superficiales. Penetrará en lo más profundo del metabolismo de la Tierra. Las tecnologías dominantes en esta nueva época cambiarán no solo el aspecto del planeta, sino también y sobre todo su funcionamiento. La naturaleza y los procesos que la conforman serán cada vez más algo diseñado por nosotros.

Comprender el carácter de estas transformaciones es muy importante, porque tendremos que tomar decisiones cruciales. Los contornos exactos del camino a seguir todavía no están determinados. Hemos de decidir hasta qué punto queremos llegar en esta reconstrucción de la Tierra. Aunque un cierto nivel de gestión de los procesos naturales es ya inevitable, el Plastoceno puede todavía adoptar diversas formas en función de lo agresivamente que decidamos imponer nuestros diseños.

Según un enfoque, la nueva relación que vamos a establecer con la Tierra en la época que se avecina requerirá que rechacemos definitivamente la idea de dar un paso atrás y de tratar de disminuir nuestra huella en el planeta. Consistirá, al contrario, en una aceleración de la intervención humana en la naturaleza y en sus procesos. En vez de ejercer un impacto sobre la naturaleza de una manera irreflexiva y accidental, un Plastoceno “a tope” significa que le daremos forma deliberadamente, confiadamente, y en ocasiones implacablemente, siempre de acuerdo con las mejores habilidades de nuestros expertos técnicos. Nada estará fuera de límite.

 Otros se niegan a aceptar este elevado nivel de intervención y contemplan el amanecer de la nueva época como una oportunidad de hacer retroceder el dial de nuestra interferencia intrusiva. Aunque intensifiquemos nuestra gestión de la naturaleza en determinadas áreas, podemos implicarnos cada vez menos en otras. Eligiendo tratar determinados fragmentos de ADN como inviolables, por ejemplo, podríamos garantizar la protección de algunas porciones de lo que nos ha legado la evolución. Designando determinados paisajes como zonas enteramente vedadas, podríamos preservar algunos símbolos importantes de la independencia y del estado salvaje de la Tierra. Al mismo tiempo que alentamos el desarrollo de ciertas tecnologías a escala planetaria por razones humanitarias, podríamos contrarrestar otros aspectos de un mundo cada vez más sintético.

Con muchas de las preguntas acerca de la forma que tendrá esta Era Sintética aún por responder nos encontramos en un momento de transición crucial y tenemos una oportunidad fugaz de reflexionar mientras el planeta entra en un período diferente de su historia. En el mismo momento en que reconocemos finalmente la magnitud de nuestro impacto, mi sugerencia en las páginas de este libro es que el debate acerca de qué tipo de futuro deseamos todavía tiene que estar abierto durante un tiempo. En vez de asumir que la época que ahora se inicia tiene ya grabado de manera indeleble el nombre de nuestra especie, es preferible considerar que ocupamos un espacio de pensamiento breve pero importante. Invocando a Jano, el dios romano de las transiciones, que con una cara mira hacia el futuro y con otra hacia el pasado, este momento proporciona una ventana de oportunidad para examinar los impactos accidentales del pasado y para reflexionar meticulosamente sobre los impactos deliberados del futuro.

La reciente ola de populismo que recorre la política europea y norteamericana ha sido interpretada como significando que cada vez son más las personas que piensan que el control del futuro se les ha escapado de las manos. Tienen la sensación de que su vida está cada vez más en manos ajenas. Si no logramos comportarnos reflexivamente en este momento de transición, los contornos de la Era Sintética los determinarán efectivamente unos intereses económicos y unos expertos distantes. Las decisiones sobre hasta qué punto es preciso reconstruir la Tierra las tomarán una élite de expertos y el mercado, atraídos ambos por una determinada combinación de altruismo genuino y de la posibilidad de obtener nuevos beneficios de unas intervenciones cada vez más drásticas. En este caso, si nos dejamos arrastrar irreflexiblemente por unos intereses puramente comerciales hacia un Plastoceno a toda marcha, nos veremos abocados a un cambio trascendental. La Tierra y muchos de sus procesos fundamentales perderán su independencia respecto a nosotros, y en un sentido final y muy real nuestro entorno se verá privado de su carácter esencialmente natural. La biosfera quedará totalmente subsumida en la tecnosfera.

 Y esto tendrá consecuencias. Si le hacemos esto a la Tierra, nos lo estaremos haciendo de hecho a nosotros mismos.

Déjenme aclarar desde el principio que este libro no es un rechazo de las importantes áreas de investigación y descubrimiento en él descritas.[5]  Partiendo del nivel atómico y avanzando hacia la manipulación de la atmósfera en su conjunto, los capítulos que vienen a continuación tratan de manera elogiosa algunas de las poderosas tecnologías que están actualmente emergiendo. No cabe duda de que necesitaremos muchos de estos desarrollos para hacer frente a los impactos que está creando una población cada vez más urbanizada e industrializada. Dichas tecnologías permitirán a un número mayor de seres humanos vivir una vida mejor y con menos impactos negativos que ninguna de las tecnologías del pasado. Algunas de estas herramientas serán también esenciales para reparar los daños que ya le hemos causado al planeta. De un modo u otro, una determinada versión de la Era Sintética es algo inevitable.

 De todos modos, la inevitabilidad de algunas de estas transformaciones va acompañada de una advertencia aleccionadora. Entre las promesas de las tecnologías acechan algunas seducciones peligrosas. A menudo implican unas fantasías exageradas sobre la idea de control. Nos colocan en un rol de gestores planetarios para el que estamos poco preparados. Y disuelven un antiguo pacto acerca de la forma en que los humanos deberíamos aspirar a tratar el mundo que nos rodea.

La reconstrucción de la Tierra y de nosotros mismos que nos ofrece la Era Sintética tiene todo el aspecto de ser un arma de doble filo. Ciertamente producirá muchos beneficios, pero también tendrá un coste importante. En algunos casos, significará una visión nueva y feliz de salud y opulencia, y una exploración optimista de nuevos tipos de relaciones con nuestro entorno. En otros momentos creará un intento desesperado de aferrarnos a nuestra cordura en un mundo que se estará volviendo cada vez más irreconocible en comparación con el que habitábamos en el pasado. Nos encontraremos corriendo desenfrenadamente y con los ojos vendados por un terreno inestable e irregular.

Tenemos la garantía de que el futuro que habitaremos será diferente, pero la forma concreta que adoptará aún está por determinar. En un mundo justo, esta forma la decidirá unas elección popular racional y bien informada. Este es uno de los mensajes centrales que espero transmitir en lo que sigue. No son decisiones que puedan dejarse en manos de un grupo selecto. Al fin y al cabo, es mucho lo que se juega en ello nuestra especie."                   

(Introducción del libro de Christopher J. Preston La Era Sintética. El Viejo Topo, 20/06/21)

4/8/21

América Latina podría convertirse en líder mundial de la ciencia abierta no comercial

 "Para hacer frente a los retos del próximo siglo –desde las pandemias hasta el cambio climático, pasando por la automatización y el big data–, la ciencia debe estar abierta a todas las personas del mundo. La ciudadanía deben tener el mismo acceso a la información que los investigadores, y estos necesitan acceder a repositorios de conocimiento de alta calidad e interconectados para avanzar en nuestra comprensión del mundo que nos rodea.

Estos son algunos de los principios rectores del movimiento de la ciencia abierta. La sostenibilidad y la inclusión son vitales para que este proyecto se haga cada vez más real lo que puede fomentarse mediante prácticas compartidas, infraestructuras y modelos de financiación que garanticen la participación equitativa de instituciones y países menos favorecidos en la búsqueda del conocimiento y su avance.

Tenemos que garantizar que los beneficios de la ciencia se compartan entre la academia y el público en general, sin restricciones. Pero, ¿cómo lograrlo? Parte de la respuesta está en la construcción de sistemas nacionales de ciencia capaces de compartir y potenciar una diversidad de conocimientos.

El nacimiento de los Sistemas Actualizados de Información de Investigación (CRIS)

Uno de los principales obstáculos para la ciencia abierta es la falta de integración entre las bases de datos existentes –desde las bibliotecas públicas hasta los conjuntos de datos gubernamentales y los archivos universitarios-, que se construyeron en épocas diferentes utilizando sistemas diversos y que no están vinculados entre sí.

Por ejemplo, los repositorios institucionales, que crecieron gracias al esfuerzo de los bibliotecarios durante generaciones, suelen estar desconectados de las bases de datos curriculares. No tienen identificadores ni enlaces permanentes a los metadatos, un elemento indispensable para compartir la información. En los últimos años, se ha hecho cada vez más necesaria la creación de sistemas de información nacionales capaces de recoger la información de investigadores, instituciones, repositorios de producción y datos abiertos, proyectos de investigación y de ciencia ciudadana.

Para satisfacer esta necesidad, en la década de 1990 surgieron en Europa las bases de datos conocidas como Sistemas Actualizados de Información de Investigación (CRIS, por sus siglas en inglés), que se expandieron principalmente a nivel institucional, dentro de las universidades. En 2002 se fundó la Organización Europea para la Información sobre Investigación Internacional (EuroCRIS), y a raíz de esto, empezaron a crecer sistemas similares en otras partes del mundo.

El caso de América Latina

América Latina tiene una larga tradición en el uso de catálogos y centros de documentación al servicio del desarrollo. Desde los años 60, surgieron índices bibliográficos, repositorios y bibliotecas regionales gestionados por grandes universidades públicas e instituciones regionales. En los años 90, nacieron nuevos repositorios y bases de datos que se convertirían en pilares de una sólida infraestructura de comunicación científica de acceso abierto.

Con el lanzamiento de las bases de datos de revistas de acceso abierto como Latindex, SciELO y Redalyc se dio un impulso a la digitalización de las revistas científicas y se otorgó un sello de calidad a las investigaciones publicadas bajo criterios estrictos de indización. Con una fuerte impronta pública, estos repositorios actuaron como trampolín para el desarrollo del entorno de acceso abierto no comercial que hoy es el sello de la región.

América Latina cuenta ahora con las condiciones óptimas para crear una infraestructura de ciencia abierta que capitalice estos esfuerzos anteriores. Y hay dos ejemplos de sistemas integrados nacionalmente que destacan.

El BrCris de Brasil fue desarrollado por el Instituto Brasileiro de Informação em Ciência e Tecnologia junto a los más importantes organismos públicos nacionales. Brasil es un país inmenso, con un sistema científico y tecnológico profesionalizado que ha producido muchas bases de datos a escala nacional, lo que hace que la integración sea un gran reto. Algunos ejemplos son el Portal de Datos Abiertos, la Plataforma Lattes y el directorio de grupos de investigación de CNPQ.

La arquitectura de BrCris prevé no sólo integrar estas grandes bases de datos existentes, sino también garantizar una infraestructura de ciencia abierta compatible con la Red de Repositorios de acceso abierto a la ciencia (LA Referencia), que reúne repositorios de diez países de la región. BrCRis también pretende repatriar datos brasileños de todo el mundo.

El segundo caso es el de la plataforma PerúCRIS. Se ideó por primera vez cuando Perú aprobó su Ley de Acceso Abierto en 2013. Entonces surgió la necesidad de integrar tres plataformas de información científica: el directorio de investigadores, el directorio nacional de instituciones y la red nacional de repositorios. La nueva plataforma también incluye todas las tesis de pregrado y posgrado.

Hoy, PerúCRIS tiene cinco directorios –talento humano, producción científica, proyectos, instituciones e infraestructura– y está pensado no sólo para la comunidad científica sino para la sociedad en su conjunto. Permite al público descubrir nuevas tecnologías, participar en la ciencia ciudadana o encontrar ideas creativas para generar oportunidades de inversión.

El hecho de que los proyectos piloto CRIS latinoamericanos sean nacionales y no institucionales, como en Europa, se debe a la forma en que se financian. La mayoría de las universidades que contribuyen a la investigación científica y tecnológica en la región son públicas y participan en los sistemas nacionales de información. Dada su dependencia de los fondos públicos, estas instituciones rara vez cuentan con los recursos necesarios para financiar un sistema CRIS institucional, y mucho menos para adquirirlo como paquete a las grandes empresas que ofrecen estos servicios.

Estos proyectos de sistemas CRIS nacionales que surgen en la región en el dominio público son una fortaleza para el camino de la ciencia abierta en el mediano y largo plazo. Los software abiertos como dSPACE, utilizados como base de la plataforma de Perú por ejemplo, garantizan que la información científica cumpla la promesa de la ciencia abierta, ofreciendo a la vez un camino fructífero para luchar contra las asimetrías en la circulación el conocimiento o la exacción de datos por parte de grandes compañías con fines de lucro.

Nuevas formas de colaboración

Los casos de Brasil y Perú demuestran que un CRIS nacional puede promover una verdadera integración de todas las plataformas y organizaciones científicas existentes en un país o incluso en una región. Estas bases de datos pueden utilizarse para la evaluación de la investigación, ya que cuentan con un registro completo de personas, instituciones, producciones y proyectos en el país.

Así, las bases de datos CRIS latinoamericanas darán visibilidad a los diferentes estilos de publicación y a los diversos perfiles de los investigadores, a la vez que potenciarán nuevas formas de colaboración científica, especialmente las devaluadas por las tendencias dominantes en la evaluación académica.

Este enfoque abre el camino a una ciencia cada vez más inclusiva y socialmente relevante, al tiempo que participa activamente en la conversación de la ciencia abierta con el resto del mundo. 

* El movimiento de la Ciencia Abierta ha surgido de la comunidad científica y se ha extendido rápidamente por las naciones, reclamando la apertura de las puertas del conocimiento. Académicos, editores, bibliotecarios, estudiantes, funcionarios y ciudadanos se están sumando a este llamamiento. La UNESCO está preparando un instrumento normativo y promoviendo marcos políticos sobre la ciencia abierta en sus Estados miembros."         

( Fernanda Beigel es investigadora del CONICET, Directora del Centro de Estudios de la Circulación del Conocimiento (CECIC, Universidad Nacional de Cuyo), The Conversation,  25/07/21)

31/10/19

Pikkety: con las diferencias de riqueza que existen en este momento, no es posible ninguna ambición ecológica... existen soluciones más ambiciosas con elementos clave como la transparencia financiera y el retorno a la progresividad fiscal para financiar la salud y la educación para todos, y la transición ecológica

"La idea de la economía circular con frecuencia trae a la mente problemas de reciclaje de residuos y materiales y el uso moderado de los recursos naturales. Pero para que surja un nuevo sistema que sea sostenible y equitativo, habrá que repensar todo el modelo económico. Con las diferencias de riqueza que existen en este momento, no es posible ninguna ambición ecológica. El ahorro de energía solo puede provenir de la moderación económica y social y no de fortunas y estilos de vida excesivos. 

Tendremos que construir nuevas normas de justicia social, educativa, fiscal y climática a través de la discusión democrática. Estas normas tendrán que decir no a la actual hiperconcentración del poder económico. Por el contrario, la economía del siglo XXI debe basarse en la circulación permanente de poder, riqueza y conocimiento.

Es la difusión de la propiedad y la educación lo que permitió que el progreso social y humano se hiciera realidad en el siglo XX. Un poderoso movimiento de reducción de la desigualdad social y una mayor movilidad (cuyos primeros signos intelectuales ya eran visibles en los siglos XVIII y XIX) cobraron impulso entre 1900-1910 y en los años 1970-1980, gracias a un nivel de inversión sin precedentes en educación. Se estableció un nuevo equilibrio con los derechos de los accionistas igualados por los de los asalariados (particularmente en el norte de Europa): la circulación de los ingresos y la riqueza estuvo acompañada de impuestos progresivos (en particular en los EE. UU.), Y así sucesivamente.

Este movimiento se interrumpió en la década de 1980-1990 tras el cambio de dirección a raíz de la desilusión poscomunista y la caída en el enfoque Reagan. El poscomunismo se convirtió en el mejor aliado del hipercapitalismo. Los recursos naturales fueron sobreexplotados y privatizados en beneficio de una minoría, los sistemas legales fueron sistemáticamente burlados a través de paraísos fiscales, cualquier forma de impuestos progresivos fue eliminada por completo. 

En la Rusia de Putín, el impuesto sobre la renta es del 13% si su ingreso es de 1000 rublos o mil millones de rublos. Los mismos excesos se pueden ver en China, donde aquellos cercanos a los que están en el poder, se han forjado imperios que transmiten a sus herederos sin impuesto a la herencia. Hong Kong es, por lo tanto, un ejemplo sorprendente de un país que se ha vuelto aún más desigual al someterse a la autoridad de un régimen supuestamente comunista.

 El enfoque de Reagan en la década de 1980 fue menos radical: redujo la tasa de impuestos aplicada a los más ricos del 70% al 30%. Reagan tenía la intención de poner fin a lo que expuso como redistribución excesiva e igualitarismo como resultado del New Deal y que, en su opinión, había debilitado el espíritu empresarial y la cruzada anticomunista de Estados Unidos. Al liberar las energías del emprendedor, Reagan prometió una nueva fase de crecimiento sin precedentes. 

Por supuesto, las desigualdades iban a aumentar, el número de millonarios aumentaría y serían más ricos, pero todo eso proporcionaría un grado de innovación que beneficiaría a las masas, lo que significa que todos ganarían con ello. De hecho, el dominio de los multimillonarios sobre la economía estadounidense ha crecido considerablemente desde la década de 1980, con una concentración de propiedad en los niveles cercanos a los observados en Europa a principios del siglo XX.

El problema es que el aumento dinámico en el crecimiento no ha tenido lugar: el ingreso nacional per cápita ha sido testigo de su progresión dividida en dos (2.2% anual entre 1980 y 1990, 1.1% entre 1990 y 2020). Los salarios se han estancado y un porcentaje creciente de la población comienza a dudar de los beneficios de la globalización. El endurecimiento del nacionalismo de Trump está directamente relacionado con este fracaso del reaganismo: dado que el liberalismo económico no es suficiente, los mexicanos y los chinos ahora están acusados ​​de robar el trabajo duro a la América blanca.

 En realidad, el fracaso del reaganismo demuestra principalmente que la hiperconcentración de la propiedad y el poder no se corresponde con los requisitos de una economía moderna y circular. No es porque una persona haya hecho una fortuna a la edad de 30 años que deba continuar concentrando el poder como accionista a la edad de 50, 70 o 90 años. La disminución del crecimiento también se explica por un estancamiento preocupante en la inversión educativa desde la década de 1990, así como por las inmensas desigualdades en el acceso a la educación y la formación tanto en los Estados Unidos como en Europa.

 El desafío del calentamiento global y la conciencia internacional de las crecientes desigualdades actúan como palanca para el cambio, pero todavía estamos lejos de la meta. Los proyectos de la OCDE para la tributación de las ganancias de las multinacionales solo se refieren a una pequeña fracción de estos últimos y la escala de la contribución propuesta es mucho más favorable para los países ricos que para los pobres (como lo demuestra el trabajo de ICRICT. Triumph of Injustice, un libro publicado esta semana en Estados Unidos por Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, demuestra que existen soluciones más ambiciosas con elementos clave como la transparencia financiera y el retorno a la progresividad fiscal para financiar la salud y la educación para todos, y la transición ecológica: el éxito de estas ideas entre los demócratas estadounidenses (en particular Warren y Sanders) permite el optimismo.

Pero Europa no puede simplemente esperar y esperar que el cambio venga de América. Si vamos a ir más allá de simplemente adoptar una postura, y finalmente dar sustancia al Green Deal, es urgente que se tomen medidas firmes para la justicia social y fiscal en Europa. Este también puede ser el precio a pagar por la esperanza de devolver al Partido Laborista británico a la órbita europea y evitar una desastrosa victoria conservadora en las próximas elecciones. Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, es hora de que la marcha hacia la igualdad, la economía circular y el socialismo participativo vuelvan a la normalidad."                     (Piketty, blog, 15/10/19)

4/10/18

¿Es Silicon Valley producto del libre mercado o de la mano activa y visible del Estado? El Estado ha intervenido en prácticamente todos los aspectos relacionados con Silicon Valley...

"Mariana Mazzucato es catedrática de Economía de innovación y valor público en la University College London.  (...)

Todos conocemos el relato típico: nuestras economías serían más dinámicas si el Estado se quitara de en medio. La economista Mariana Mazzucato sostiene lo contrario: la financiación pública de la investigación en las etapas iniciales ha permitido en gran parte el desarrollo de los sectores tecnológico, energético y farmacéutico. 

Sin embargo, el Estado se muestra muy poco eficaz a la hora de llevarse los laureles y, lo que es más grave, a la hora de rentabilizar su inversión. Sin embargo, ¿qué habría sido de Uber sin la financiación pública para el desarrollo del GPS? ¿Qué sería de Google si no se hubiera producido la financiación pública para el desarrollo de internet?

¿Qué diría ante afirmaciones como que el libre mercado es casi siempre bueno y el Estado casi siempre malo?

 Lo primero que preguntaría es qué entendemos por libre mercado. (...)

Lo primero que preguntaría es qué entendemos por libre mercado. Es curioso que Adam Smith, uno de los primeros economistas de finales del siglo XVIII, definiera el “libre mercado” no como algo libre de la intervención del Estado, sino libre de prácticas rentistas y de las actividades centradas en la extracción de valor. 

A aquellas personas que afirman que necesitamos menos intervención del Estado para generar más innovación y dinamismo les diría que se fijaran en Silicon Valley. ¿Es producto del libre mercado o de la mano activa y visible del Estado? Lo que yo defiendo es que el Estado ha intervenido en prácticamente todos los aspectos relacionados con Silicon Valley. 

Eso no significa, por supuesto, que no haya tenido algo que ver en todo ello el sector privado, de hecho, todos conocemos las importantes empresas asentadas allí. Pero los actores públicos intervinieron a lo largo de toda la cadena de innovación.

Se refiere a agencias como DARPA, NASA y los National Institutes of Health por ejemplo, ¿verdad?

Sí, me refiero a organismos encargados de desarrollar investigación puntera como la National Science Foundation, pero también a otros dedicados a la investigación aplicada, como DARPA y su organización hermana en los últimos tiempos, ARPA-E. Estas instituciones públicas son cocreadoras de valor.

 Es bastante curioso que nos hayamos acostumbrado a términos mucho más pasivos para describir al sector público. Hay que empezar a cambiar el vocabulario que empleamos. En lugar de decir que el sector público elimina el riesgo del sector privado, hay que decir que se trata de compartir los riesgos. En lugar de hablar de facilitar y permitir la actividad empresarial, hay que hablar de liderar la inversión como inversor preferente.

Uno de los argumentos centrales que defiende es que las instituciones públicas y cuasi públicas invierten, asumen riesgos y, sin embargo, apenas participan de los beneficios. ¿Hasta qué punto es esto problemático?

Es muy problemático y tiene que ver, de nuevo, con cómo hablamos de las cosas. A menudo recuerdo que ya Platón advirtió de que los contadores de historias dominan el mundo. De hecho, estos relatos sobre quién crea valor son los que han creado los relatos que justifican la extracción de valor. 

Déjeme que ponga un ejemplo que creo que ilustra la idea: después de la crisis, el Gobierno de Estados Unidos decidió desarrollar una serie de medidas de estímulo fiscal de casi 800.000 millones de dólares. Y parte de esas medidas iban encaminadas realmente a potenciar la economía verde. 

Quizá recuerde que Obama financió a algunas compañías como Solyndra a través del Departamento de Energía, mediante un préstamo garantizado de unos 500 millones. La compañía quebró.


La gente dijo “¡Dios mío, el Gobierno es un caso perdido! Una panda de burócratas que no saben lo que tienen entre manos. No deberían apostar a los caballos sino ejercer de mediadores, hacer carreteras, invertir en educación e infraestructuras y quitarse de en medio”. Para empezar, este enfoque obvia el hecho de que el Gobierno de Estados Unidos ha sido el principal financiador en materia de energía solar y eólica –junto con otros Gobiernos– pero también de la energía nuclear. El propio fracking recibió financiación pública con anterioridad. 

De hecho, a la par que financiaba a Solyndra estaba financiando a Tesla con una cantidad similar de dinero. De modo que el coche Tesla S obtuvo un préstamo garantizado de 465 millones de dólares. Y cuando digo garantizado, me refiero garantizado por los contribuyentes. Contribuyentes a los que no les gustaba en absoluto tener que pagar la factura de la quiebra de Solyndra.

 Sin embargo, ¿por qué no sabían que habían financiado también a Tesla? ¿Acaso eso no habría cambiado el relato y la percepción de las acciones de aquellos burócratas de Washington? Lo cierto es que contaban con una cartera, como cualquier otro inversionista de riesgo. Cualquier inversor de riesgo te dirá que consigue un éxito entre muchos fracasos. 

Sin embargo, si realmente quieres dedicarte a esto tienes que elaborar una cartera que te permita obtener alguna ventaja de tus triunfos, precisamente para poder cubrir los reveses. El Gobierno de EE.UU. no lo hizo. No solo fracasaron en materia de marketing, no habían sido capaces de comunicar a la ciudadanía el éxito de algunas de sus inversiones, como en los componentes de tu iPhone o smartphone, internet, GPS, las pantallas táctiles, Siri: todos han recibido financiación pública.

 Pero en este caso concreto, la gente no sabía que el propio Elon Musk había recibido financiación para Tesla. Y Elon Musk, por cierto, ha recibido un total de 5.000 millones, con sus nueve ceros.

Por lo tanto, defiende que, por un lado, no se le atribuye lo suficiente el éxito al Estado por sus anteriores inversiones en organismos como DARPA y la NASA, o en el sector farmaceútico, etc. Y, por otra parte, defiende también que no está rentabilizando sus inversiones lo suficiente, todo ello bastante verosímil. Sin embargo, tampoco ayuda nada que el sector empresarial obtenga altos rendimientos y pague pocos impuestos. Me gustaría que ilustrara esto con algunos ejemplos. Me estoy refiriendo, como sabe, a EE.UU., porque ¿dónde están los Googles europeos? ¿Qué distingue a Estados Unidos de Europa, por qué no se dan allí compañías como Facebook y Google?

En primer lugar, EE.UU. contaba con un sistema de innovación que no tienen muchos países europeos, con un sector financiero paciente, y organismos muy activos orientados a cumplir una misión y preocupados por los grandes problemas. Para ir a la luna es necesaria la innovación en distintos sectores, incluido el de la ropa, no es solo una cuestión de aeronáutica. 

También se requieren otro tipo de instrumentos como los premios y las políticas de compra que permiten crecer a las startups. Y lo importante es contar con un sistema, con un ecosistema emprendedor, yo no creo en los emprendedores, creo en los ecosistemas de emprendimiento, que son los que permiten escalar a las startups. 

Es curioso que Europa haya aprendido lo peor de la experiencia de Silicon Valley. Y eso se debe en parte al discurso imperante en Estados Unidos, un país que habla como Jefferson pero actúa como Hamilton.

 Jefferson hablaba de cómo librarse del Estado y Hamilton, antes de su duelo con Burr, hablaba más bien de una estrategia industrial activa. Sin embargo, China sí ha aprendido la lección correcta. China está haciendo por la economía verde lo que Estados Unidos hizo por la revolución IT. Al mismo tiempo que sucede esto, Donald Trump desmantela lo que yo llamo el Estado emprendedor.

Pero la pregunta es: ¿a dónde van a parar los beneficios dado que todo se construye sobre las espaldas de infraestructuras financiadas con dinero público?

¿A dónde le gustaría que fueran a parar? Si pudiera diseñar y poner en marcha un marco de colaboración público-privada para los próximos 50 años, ¿qué mecanismos elegiría para que el Estado obtuviera rendimientos, que a su vez revertieran sobre los contribuyentes, en lugar de ver cómo el beneficio sigue fluyendo a manos privadas y de los accionistas?

Hay distintos mecanismos, no uno sólo. Sería absurdo pensar que sirve el mismo mecanismo para todos los sectores o las distintas fases del ciclo innovador. En el caso de las farmacéuticas, lo lógico es recurrir a los precios.

 Los precios que se fijan para los medicinas, los fármacos que las personas tienen que comprar para poder sobrevivir cuando contraen esas terribles enfermedades, ya sean diabetes, hepatitis C o cáncer, deberían reflejar esa aportación pública y así evitar que los contribuyentes paguen dos veces, por un lado por el gasto en investigación puntera, y por otro pagando los altísimos precios que fija la industria farmacéutica. Pero volvemos al tema de los contadores de historias de Platón. 

Si el relato que circula es contrario a ti y te convierte en un impedimento intervencionista, regulador y no te define como un inversor preferente, carecerás de la confianza, la seguridad y el mandato para poder influir sobre los precios.

¿Y teme un retroceso?

Exactamente. Los precios son un ejemplo. Otro sería generar las condiciones adecuadas para que los beneficios se reinviertan en las áreas que han recibido gran cantidad de ayudas y fondos públicos. Si las empresas quieren un libre mercado total, estupendo, que lo tengan, pero que no reciban un solo céntimo del Estado. 

Pero si vas a recibir esas enormes cantidades de dinero del Estado, entonces habría que imponer algunas condiciones para la obtención de valor público, porque de lo contrario, solo se trata de valor privado.

Por muy convincente que resulte su enfoque desde un punto de vista tanto económico como político, ¿no tiene la sensación de estar perdiendo la batalla? Porque, hasta dónde yo sé, la mayor parte de los gobiernos de los grandes países y las mayores industrias están precisamente empujando en el sentido contrario, ¿no es cierto?

Yo creo más bien que estas ideas están ganando terreno. Creo que resultaba mucho más difícil hace unos años. Volvamos al ejemplo de las farmacéuticas. Ya no pueden fingir que los precios elevados se deben al gasto en I + D porque ya hemos demostrado que eso no es así y que gastan mucho más en marketing y que su I + D es mucho más downstream que la del sector público.

Bien, para terminar, una pregunta un tanto odiosa. Pide que se valore más el gasto público, y que haya una mayor inversión en gasto público y mayores beneficios, pero a la vez es asesora de muchos Gobiernos y organismos, incluyendo el Gobierno escocés y la Comisión Europea. Cuando acusa a la empresa privada de estar plagada de rentistas, convénzame de que ni usted ni sus aliados gubernamentales lo son.

 En primer lugar, y no quiero que parezca que estoy a la defensiva, no obtengo un solo céntimo como asesora. Quisiera matizar mi punto de vista para que se entienda bien. Yo no digo que el Estado tenga que invertir más. Lo que digo es que el Estado tiene que entender cuál es su papel. No está solo para arreglar los problemas marginales ni para limitarse a esperar a que las cosas vayan a peor para poner un parche. 

Tiene que ser un co-creador y co-artífice activo. Mi papel ha consistido en mediar cuando se sientan a hablar el sector privado y el sector público, y que mantengan una conversación interesante. Y mi papel en el proceso político es ser la piedra en el zapato, que por desgracia no siempre se consigue sacar, y la piedra en el zapato de las empresas, para que nos les resulte tan fácil decir cosas como: “Ah, claro, es que el cortoplacismo se debe a las presiones del mercado”.

 A lo que yo respondo, “¿Qué quieres decir? ¿Qué el mercado es un resultado, el resultado de tus acciones? ¿Qué es el mercado?”. Y recibo palos por todas partes. En mi función de asesora, intento evitar la complacencia en torno a una mesa, la petulancia de los colectivos tanto públicos como privados. 

Y creo que se avecinan tiempos difíciles a los que solo nos podremos enfrentar juntos, y eso significa que hay que cambiar las palabras que empleamos, el relato y la historia hacia la necesidad de compartir los riesgos y las recompensas, y no de eliminar el riesgo."                

(Resumen de la entrevista radiofónica realizada por Stephen J. Dubner a Mariana Mazzucato el 5 de septiembre en Freakonomics y producida por Zack Lapinski. El programa llevaba por título ‘¿Es el Estado más emprendedor de lo que pensamos?’. CTXT , 30/09/18)