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5/3/21

ETA y la teoría de la conspiración de la heroína... el presunto plan del Estado español para intoxicar a la juventud vasca. Una teoría de la conspiración muy extendida y consolidada que, sin ningún tipo de rigor histórico, ha conseguido una legión de adeptos dentro y fuera del País Vasco

 "En 2017, el año que empecé mi tesis doctoral, cuando uno buscaba información sobre la dura campaña de ETA contra el narcotráfico de heroína, la mayoría de entradas no hablaban de las víctimas de los atentados, sino de un presunto plan del Estado español para intoxicar a la juventud vasca y así destruir las bases del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV). Una teoría de la conspiración muy extendida y consolidada que, sin ningún tipo de rigor histórico o académico, ha conseguido una legión de adeptos dentro y fuera del País Vasco.

De hecho, la falta de una historia social de la crisis de la heroína ha hecho que con el paso de los años se consolide una visión deformada de los años 80 del pasado siglo, que está muy alejada de la realidad de los datos y las estadísticas.

Un ejemplo, en 1985 la primera investigación a gran escala del Ministerio de Sanidad estimó que en España el número de heroinómanos oscilaba entre 80 000 y 125 000. En cuanto a los consumidores habituales, en su Memoria de 1987, la Delegación del Plan Nacional de las Drogas calculó que aproximadamente podrían estar enganchados en torno a los 230 000. Para esas fechas, estamos hablando de un porcentaje de adictos inferior al 0.5% y menos de un 1% de consumidores habituales del total de la población española.

Pero este pequeño porcentaje tuvo un gran impacto social precisamente porque alimentó la grave crisis de seguridad ciudadana de la transición, en la que el Estado, en pleno proceso de transformación, no supo afrontar determinadas problemáticas sanitarias y sociales.

Para complicar aún más la cuestión, la aparición en escena del sida a mediados de los años 80 mitificó aún más el fenómeno por la elevada mortalidad de principios de los años 90 (por ejemplo, 736 muertes asociadas a la heroína en 1990), momento en que alcanzó su punto álgido llegando a ser según algunos estudios la primera causa de muerte entre los jóvenes de las grandes ciudades. Aun así, la heroína tuvo un exceso de protagonismo y distorsionó la visión de otras adicciones, como el alcohol, que según datos del Ministerio de Sanidad superaba las 12 000 muertes anuales.

ETA y la conspiración de la heroína

Por esta razón, en el libro que recientemente he publicado en la editorial Catarata, ETA y la conspiración de la heroína, analizo en profundidad el impacto de la crisis de la heroína en el País Vasco y explico las causas y factores que permiten comprender por qué tuvo una mayor incidencia de consumo que otras regiones de España. Factores tales como la configuración social en “cuadrillas”, los altos niveles de consumo de alcohol o la incapacidad de las fuerzas de seguridad del Estado para actuar en materia de drogodependencias por la necesidad de autoprotección.

Pero cualquier explicación razonada de la crisis de la heroína fue puesta en duda tras el primer atentado de ETA contra el narcotráfico en 1980. El 27 de abril la banda declaró oficialmente la guerra contra la “mafia de la droga” con la voladura del pub El Huerto, de San Sebastián. A la semana siguiente, el diario Egin difundió un largo comunicado para reivindicar esta acción contra este supuesto punto de venta de droga:

“Se corrompe a la sociedad vasca y se desorienta a la juventud en el verdadero objetivo de liberación personal y colectiva que se manifiesta en la lucha revolucionaria. Nuestros esfuerzos se dirigirán a realizar ataques de advertencia sobre establecimientos de distribución y consumo de tales productos, así como a realizar ataques de eliminación física sobre miembros significados de este alienante y corrompido mundillo de la droga”.

Por culpa de la intromisión de la organización terrorista y su entorno, la cuestión se politizó y se perdió toda objetividad. Los medios de comunicación, los partidos políticos y algunos médicos especialistas participaron del juego, la especulación sustituyó a la razón y, en este terreno, la izquierda abertzale se movió como pez en el agua.

En total, entre 1980 y 1994, la organización asesinó, utilizando la “excusa” de la droga, a cuarenta y tres personas repitiendo en sus comunicados el mismo mantra: la víctima era un confidente y traficante de droga que trabajaba para las fuerzas de seguridad del Estado.

Una idea ya presente en uno de los primeros atentados de la campaña:

“A partir de ahora combatiremos con todos los medios a nuestro alcance a todos aquellos traficantes y distribuidores de droga dura en Euskadi Sur que actúan en estrecha colaboración con la Policía y para quienes la libertad personal y colectiva del pueblo vasco no es sino un objeto de compraventa en el plano socio-político que se enmarca en la estrategia genocida del Estado español contra Euskadi”.

Muchos de los asesinados no tenían nada que ver con la heroína, como Agapito Sánchez Angulo, un joven peluquero de Portugalete asesinado en enero de 1985 por un rumor infundado de una excuñada que no tenía ningún tipo de prueba. A pesar de ello, ETA no dudó en acusarle en un breve y duro comunicado:

“Agapito era uno de los traficantes de heroína que más destacaban en la villa de Portugalete, que había sido elegida por los enemigos de la causa vasca para, a través de la droga, romper su ritmo”.

Las víctimas

La mancha del narcotráfico fue permanente para las víctimas y sus familias, quienes, impotentes ante las acusaciones de ETA, intentaron, la mayoría sin éxito alguno, defenderse de una acusación que no presentaba prueba alguna. Olvidadas y enterradas por “el algo habrá hecho” que, como a tantas otras víctimas, las ha relegado a la desmemoria.

Precisamente, sobre este hecho reflexionó en su momento Gregorio Ordoñez, quién, a raíz de uno de los atentados de esta campaña, el del matrimonio de Miguel Paredes y Elena Moreno en San Sebastián en 1990, afirmó a la prensa lo siguiente:

“Hasta en los muertos hay ciudadanos de primera y de segunda categoría, porque cuando el asesinado por ETA lleva banda de música, desde el ministro del Interior hasta el último concejal se empujan para salir en la foto, pero cuando los muertos son una pareja de desconocidos como Miguel y Elena no se ve a los políticos importantes por ninguna parte”.

ETA y las drogas

Al fin al cabo, una campaña de atentados llena de contradicciones por las implicaciones de la organización terrorista con el narcotráfico, puesto que la banda estuvo en constante contacto directo con este entramado internacional mafioso para poder blanquear dinero, conseguir armas y abastecer sus comandos.

Dos ejemplos recientes. En la década del año 2000 investigaciones de la jueza francesa Laurence Le Vert y la fiscalía alemana de Augsburgo determinaron que la organización terrorista vasca había lavado dinero con fondos procedentes del tráfico de cigarrillos y blanqueados en bancos suizos.

También en España, el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (SEPBLAC) desarrolló numerosas investigaciones sobre la financiación de ETA y sus mecanismos de blanqueo. Solo entre 2004 y 2006, ambos incluidos, el SEPBLAC llevó a cabo 296 operaciones relacionadas con ETA.

En cuanto al consumo de drogas, el frontal rechazo de la dirección de ETA a la heroína y otras sustancias no impidieron que dentro de sus filas surgieran diferentes problemas asociados a las toxicomanías. De hecho, la banda como parte de la sociedad vasca, tuvo que hacer frente a las mismas problemática y no comprendió que incluso ellos mantenían una relación compleja con las drogas. Casos como el del máximo responsable del “comando Txarito” que en 1987 ingresó por su adicción a la heroína en un centro de rehabilitación de El Patriarca en Mondoñedo (Galicia). Detenido dos años más tarde en casa de un nacionalista bretón cerca de Nantes, el 30 de noviembre de 1990 fue condenado por la justicia francesa a siete años de prisión, donde murió años después de VIH en una cárcel a las afueras de París.

Otro caso muy simbólico fue precisamente el de uno de sus últimos líderes, Garikoitz Aspiazu Rubina, Txeroki. La madrugada del 17 de noviembre del año 2008, el máximo responsable de la banda fue detenido por la Policía Judicial francesa en Cauterets, una localidad de los Pirineos al suroeste del país. Entre los documentos y material incautado en el piso, la policía encontró cerca de cien gramos de hachís, una pequeña piedra para consumo propio. El mismo día de la detención, el por entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, confirmó la aprehensión del hachís y valoró este hecho:

“Si históricamente ETA ha combatido con saña a los narcotraficantes con argumentos sobre la pureza de la juventud vasca, parece que en esto no tienen una moral muy clara. Por hablar de moral, que yo creo más bien que habría que hablar de amoralidad, pero, en fin, mientras persiguen narcotraficantes parece que ellos se fuman unos cuantos porros”.

La conspiración y sus adeptos

En definitiva, una serie de factores fueron aprovechados por ETA para atacar al Estado e instalar en el imaginario colectivo de la sociedad vasca la posibilidad de una conspiración a gran escala contra la juventud vasca.

Una teoría integrada en el pensamiento político de la izquierda abertzale y que reúne todas las características típicas de las conspiraciones: Unos hechos sin verificar, una explicación alternativa a la versión oficial, de marcado carácter sensacionalista, en la que nada ocurre por accidente, todo es un plan orquestado por los conspiradores y son ellos quienes controlan a la sociedad y los medios de comunicación para evitar que el plan se conozca.

Conspiraciones secretas, como la del Informe Navajas, una serie de informes preliminares escritos por el fiscal Luis Navajas sobre un posible foco de corrupción de contrabando en el cuartel de Intxaurrondo, que nunca fue probado en sede judicial, pero que sirvió para alimentar todo tipo de elucubraciones desde la izquierda abertzale y desde el equipo de investigación de Egin encabezado por Pepe Rei.

Una teoría de la conspiración que para ser desmontada exige contrastar toda la información publicada sobre el tema, reunir todas las fuentes posibles, investigar y finalmente determinar que no hay ninguna prueba sólida para sostener que el Estado intoxicó con heroína a la juventud vasca.

En definitiva, mi ensayo creo que servirá para que mucha gente de todos los arcos ideológicos comprenda la complejidad de la crisis del fenómeno de la heroína y entienda que no hubo ninguna conspiración. Hay causas y factores que explican racionalmente la problemática; es tan simple como que el Estado no estaba listo para hacer frente a un fenómeno de tal magnitud y no se tomaron las mejores decisiones para desarrollar una política de drogodependencias efectiva."              

 (. Investigador externo universitario, Universidad del País Vasco, The Conversation, 03/03/21)

4/12/20

¿Cuándo se jodió la izquierda en España? Cuándo tras el juicio de Burgos, los terroristas pasaron a ser héroes y los cindicalistas, los Marcelino Camacho, los trabajadores en huelga, pasaron a ser currantes aburridos

 "“El proceso de Burgos favoreció al antifranquismo, pero también impulsó a ETA”. 

El juicio de 1970 generó una movilización de repulsa internacional contra el régimen que la organización terrorista capitalizó con alistamientos y mayor radicalidad. Medio siglo después, historiadores y protagonistas reflexionan sobre el hito.

 “El proceso de Burgos marcó un hito en la lucha antifranquista. Generó una inédita movilización en Euskadi, en España y a escala internacional. Unió a toda la oposición, profundizó en las grietas del régimen y reforzó el sentimiento antifranquista”, resume el historiador Luis Castells, en vísperas del 50º aniversario del inicio del juicio —fue el 3 de diciembre de 1970— por un tribunal militar en Burgos a 16 jóvenes militantes de ETA por el asesinato de Melitón Manzanas, jefe de la Brigada Político-Social de San Sebastián, la policía política del régimen.

 El juicio tuvo tintes dramáticos porque el fiscal militar pedía la pena de muerte a seis: Eduardo Uriarte, José María Dorronsoro, Mario Onaindia, Jokin Gorostidi, Francisco Javier Izko y Javier Larena. El tribunal militar pretendía un juicio ejemplarizante contra una organización armada incipiente, pero se le volvió en contra al régimen.

 El informe de 1970 del Gobierno civil de Gipuzkoa, conocido hoy, expresa la conmoción que el proceso supuso al régimen: ”Los incidentes y actuaciones subversivas han sido más violentas y más graves en número e importancia que los años precedentes pudiendo afirmarse que desde la Guerra de Liberación no se había creado una situación tan difícil y preocupante”. 

El informe precisa cómo los días de la vista del juicio la huelga fue general en Gipuzkoa y Bizkaia y destaca la extensión y combatividad inéditas de las manifestaciones. Proliferaron las barricadas y el lanzamiento de objetos a la policía que utilizó armas de fuego. Mató a un joven en Eibar, Roberto Pérez Jáuregui, e hirió de bala a otros tres. El régimen declaró inicialmente el estado de excepción en Gipuzkoa y Bizkaia, y luego lo amplió a España entera.

Las huelgas y manifestaciones se extendieron especialmente en Galicia, Asturias, Madrid, Sevilla y Cataluña. Sectores profesionales, como el Consejo de la Abogacía, criticaron la ausencia de garantías del juicio. La Conferencia Episcopal y el Vaticano exigieron que no se ejecutaran las penas de muerte. La movilización se extendió a Francia, con manifestaciones en ocho grandes ciudades; Alemania —Berlín. Munich y Bonn—; Suiza, Inglaterra, Bélgica, Dinamarca, Suecia e Italia; Nueva York y países latinoamericanos. Intelectuales y políticos europeos se manifestaron contra el régimen como Jean Paul Sartre, Olof Palme, Simone de Beauvoir, Pablo Picasso y Gisele Halimi, que estuvo en el juicio. El informe del Gobierno Civil de Gipuzkoa resalta la resonancia de los medios de comunicación franceses, que califica de “ataque reiterado y violento” al régimen.

“Las movilizaciones fueron contra la represión franquista. No a favor de ETA. Participó toda la oposición. Pero fueron Comisiones Obreras, el PCE y la extrema izquierda (ORT, PCI y Komunistak, luego MC) quienes protagonizaron las huelgas y manifestaciones. ETA no jugó ningún papel. El PCE influyó decisivamente en la repercusión internacional. Los comunistas sufrieron la mayor represión”, precisa Castells. José María Castañares, dirigente del PCE y Comisiones Obreras, señalaba tiempo después: “Defendimos a los de ETA desde posiciones humanistas porque les iban a matar y ese humanismo me costó tres años de cárcel”.

La pluralidad de la protesta se manifestó en las distintas ideologías y procedencias de los abogados. Junto a letrados vascos experimentados en juicios a militantes de ETA, como Juan María Bandrés, Miguel Castells o José Antonio Etxebarrieta, había socialistas como Juan Moreno; democristianos como Gregorio Peces-Barba; republicanos como Juan Antonio Castro; comunistas como Josep Solé Barberá y nacionalistas como Ibón Navascués y Elías Ruiz Ceberio. “Actuaron por solidaridad antifranquista con los procesados y les ayudaron a desarrollar un juicio de ruptura con el régimen”, añade Castells.

El impacto social y mediático fue extraordinario, pese a la censura franquista. Castells lo explica: “La vista se celebró en sesión pública y hubo una excelente escenificación de la defensa que evidenció la inconsistencia jurídica del tribunal militar que la prensa internacional denunció así como una actuación cohesionada de los procesados, con una denuncia muy potente de la dictadura que permitió a los medios presentarles como víctimas. La pretensión de los ultras de un juicio ejemplarizante a la oposición, con penas de muerte, revirtió en un juicio al régimen dónde los acusadores pasaron a ser los acusados”.

Tortura y destierros

Había también un clima propicio para que la movilización estallase, recuerda Eugenio del Río, uno de sus líderes, entonces dirigente de Komunistak, escisión de ETA. En agosto de 1968, tras el asesinato de Manzanas, el Gobierno declaró el estado de excepción en Gipuzkoa y Bizkaia, que prorrogó en noviembre y enero, extendiéndolo a España entera tras el asesinato policial del estudiante Enrique Ruano en Madrid. Hubo centenares de detenciones, especialmente en Euskadi, dónde proliferó la tortura, y destierros. Hubo también dos juicios militares a militantes de ETA con peticiones de muerte, en 1968 y 1969, saldadas con indultos de Franco.

“En los años sesenta, con el desarrollo industrial, cambió la sociedad española y aumentaron las movilizaciones obreras. Surge una clase trabajadora rejuvenecida, que carece de los temores de sus padres por la Guerra Civil, que se curte en la lucha sindical, que sufre la represión y por ello se identifica con los procesados de Burgos”, explica Del Río.

Eduardo Uriarte, condenado a muerte en el juicio e indultado (como el resto de los sentenciados), confirma que “la gran movilización la dirigió Comisiones Obreras. ETA estaba muy acosada policialmente y dividida”. “En la cárcel cambiamos. El nacionalismo presente en ETA se dejó seducir por el discurso marxista y antiimperialista, de moda tras el 68. Durante el juicio abogamos por la solidaridad internacionalista y algunos nos declaramos marxistas leninistas. La rama nacionalista del exterior eligió como portavoz a Telesforo Monzón, consejero del Gobierno vasco en la Guerra Civil y exiliado en el sur de Francia. Sus intervenciones tuvieron mucho eco internacional y dieron al proceso un sesgo nacionalista”, explica.

La rama etarra del exterior secuestró durante el juicio al cónsul alemán en San Sebastián, Eugene Beilh, lo que disgustó a los procesados porque interfería en el proceso. Pero le liberó antes de conocerse la sentencia. Los procesados expresaron sus diferencias con el exterior en una carta que enviaron desde la cárcel de Burgos en la que abogaban por una organización socialista y no por un frente nacional, recuerda Uriarte.

“Nos daba vergüenza matar”

Los procesados no hicieron apología de la violencia en el juicio. Uriarte subraya que eran distintos a la ETA posterior: “La decisión de matar a Manzanas se tomó en nuestro entorno. Pero nunca quisimos saber quién fue el autor. Es el secreto mejor guardado. Nos daba vergüenza matar porque no lo teníamos asumido y porque aquella organización todavía repudiaba el asesinato. El asesinato de Manzanas no fue el resultado de una estrategia. Tras matar la Guardia Civil a Etxebarrieta —primer líder de ETA muerto—, necesitamos responder para demostrar que ETA no estaba acabada”. Castells lo ratifica: “La ETA juzgada en Burgos apenas guarda similitudes con la posterior, nacionalista y progresivamente militarista que en 1974 asesina a 19 personas y comete la matanza indiscriminada de la calle Correo de Madrid. De los 16 de Burgos, solo uno reingresó en ETA”.

La consecuencia inmediata del juicio fue el alistamiento de muchos jóvenes en ETA. “Entre 1971 y 1972, ETA se relanza con varios centenares, procedentes de las juventudes del PNV. El eco mediático nacional e internacional del proceso de Burgos favoreció al antifranquismo, pero en Euskadi impulsó la versión nacionalista y violenta de ETA”, señala Castells. Del Río lo explica: “La movilización fue dirigida por la izquierda, pero la gente tuvo como referente los militantes de ETA condenados a muerte”. Uriarte lo reconoce: “El movimiento obrero había sido el referente en la lucha antifranquista, pero el proceso de Burgos abrió paso al nacionalismo. Lo capitalizó la ETA más primitiva y Monzón jugó un papel muy importante en la nacionalización del antifranquismo en Euskadi”.

Del Río admite como consecuencia negativa del proceso “la legitimación de la violencia de ETA”. Pero contempla como parte positiva, “el reforzamiento de la lucha antifranquista hasta el fin de la dictadura”. Uriarte incide en la positividad: “Marcó el principio del fin de la dictadura que vivía una contradicción insalvable entre un liberalismo económico y un régimen autoritario que aquellos días recuperó el discurso más fascista de la posguerra. Europa descubrió que la España franquista era una asignatura pendiente tras la victoria aliada contra el fascismo”.

Castells concede mucha importancia al eco mediático internacional: “Su repercusión europea provocó un daño terrible al régimen dividido, que perdió la batalla informativa”. El historiador asegura que las presiones de los gobiernos europeos y del sector liberal del Gobierno, que miraba a Europa, fueron decisivas para que Franco indultara a los condenados a muerte.

Castells destaca que el proceso de Burgos “consolidó el sentimiento antifranquista y abrió una nueva etapa”. En esa nueva etapa jugará un papel importante el distanciamiento del régimen de uno de sus pilares, la Iglesia. Fue también la Iglesia, el Monasterio de Montserrat, la que acogió durante el proceso a representantes de toda la oposición política de Cataluña para firmar un manifiesto contra el régimen. Fue el embrión del primer organismo unitario contra el franquismo, la Asamblea de Cataluña. Tres años después se constituirían a nivel nacional la Junta Democrática y la Plataforma de Organismos Democráticos."                   (Luis R. Aizpeolea, El País, 28/11/20)

28/3/16

Los salafistas tratan de enfrentar a los musulmanes con el resto de la sociedad y eso no tienen ningún fundamento teológico

"Hocine Benabderrahmane es un conocido imán reformista de Bruselas que se siente derrotado. Historiador, de origen argelino, piensa que los salafistas están ganando la batalla, que si el islam no se reforma se estrellará contra un muro y que hace falta deconstruir el discurso extremista con argumentos teológicos. 

Benabderrahmane dirige un centro de reflexión islámica y da cursos para jóvenes en las mezquitas de todo Bélgica. “Todos los días veo chicos radicalizados que creen que solo hay una versión del islam”, se lamenta.

 
Pregunta. ¿Cómo es posible que haya tantos jóvenes musulmanes en Europa que crean a pies juntillas la distorsión del islam que propaga el Estado Islámico?

Respuesta. Desde los años ochenta, el islam europeo ha estado representado fundamentalmente por la escuela salafista y la de los hermanos musulmanes. Esa base teológica clásica nunca se ha cuestionado. 

Los imanes aquí imitaban a los de Arabia Saudí, empeñados en aislar a los musulmanes del resto de la sociedad. Han ido imponiendo fatuas [edictos] como las de que dar la mano a una mujer o decir a tu vecino feliz navidad es haram.

 Ese es el discurso que ha escuchado la juventud europea y para ellos eso es el islam. Empiezan a autoimponerse reglas que el islam no ordena porque creen que ese es el islam verdadero. 

Ese es el inicio de la radicalización y el movimiento yihadista se apoya en estas ideas. Los grupos radicales las instrumentalizan a favor de su causa. Todos los días veo chicos radicalizados que creen que solo hay una versión del islam.

P. ¿Qué hace que den el paso de la ideología salafista al terrorismo?

R. Ahí es donde entra en juego el reclutamiento que se hace en familia, entre amigos o a través de Internet. Es cuando empiezan a considerar el discurso de las mezquitas y de las instituciones ilegítimo. La mayoría son jóvenes ignorantes, que no conocen el islam.

P. ¿Cómo se les puede frenar?

R. Hay que hacer una deconstrucción de sus ideas con argumentos teológicos. Hay que hacer un trabajo de fondo para desmontar las ideas de la yihad, del martirio. La familia de Bilal Hadfi [uno de los terroristas suicidas de París] me vino a ver después de los atentados de París y me preguntó si su hijo era un mártir. Les dije que ni hablar, que era un criminal y punto.

P. ¿Están los imanes europeos en condiciones de hacer ese trabajo?

R. La mayoría de los imanes no se enfrentan ni conocen la realidad social. Para empezar porque no son europeos y porque importan fatuas de otros países, a miles de kilómetros de distancia y con una realidad social totalmente diferente.

P. Ustedes, los reformistas, ¿están perdiendo la batalla?

R. Sí. El discurso salafista ha conseguido deslegitimar a los imanes de las mezquitas. Hay que restablecer al confianza de los jóvenes, pero para eso, los imanes tienen que tener más nivel.

P. ¿Es necesaria una reforma del islam?

R. Es inevitable. Sin una reforma jurídica, de interpretación de los textos, nos estamparemos contra un muro. Tenemos que evolucionar al ritmo del resto de la humanidad. En el islam hay muchas voces progresistas, pero están dispersas. El islam tradicional está ganando la batalla y cada vez tiene más fuerza.

P. Los extremistas se alimentan de la confrontación y la creciente separación entre musulmanes y no musulmanes.

R. Ese es el gran caballo de batalla. Los salafistas no tienen un discurso de cohesión social, al contrario. Tratan de enfrentar a los musulmanes con el resto de la sociedad y eso no tienen ningún fundamento teológico. El discurso salafista ha lanzado una OPA sobre el islam.

P. ¿Qué le dice usted a los jóvenes que quieren irse a Siria para ayudar a sus hermanos musulmanes?

R. Que cuando el pueblo sirio se levantó [2011], no pidió el establecimiento de la sharía [ley islámica], pidió la libertad y la caída de Bachar el Asad. Yo les digo que Daesh nunca ha servido al pueblo sirio ni iraquí, que el único que se ha beneficiado de lo que ha pasado en París y en Bruselas ha sido El Asad. 

Que si quieren servir la causa justa del pueblo sirio no lo van a conseguir con la violencia. No se sirve una causa justa con medios injustos. Que los muertos del Bataclán o del aeropuerto [de Bruselas] no tienen ninguna culpa de lo que pasa en Siria.

P. Se habla mucho de que los padres han perdido el control de sus hijos.

R. Es verdad. Hay una ausencia de autoridad parental. Cuando cumplen 12 o 13 años, ya hacen lo que quieren. Para ellos sus padres no saben nada, que no se enteran. Ellos [los jóvenes] han nacido aquí, conocen la lengua, las instituciones.

P. A Salah Abdeslam, uno de los terroristas de París, la policía le encontró en Molenbeek. Es difícil pensar que la comunidad no le ha encubierto.

R. También hay que deconstruir el concepto de colaboración. Los colaboradores no están bien vistos. Hay que explicar que por el bien de nuestra religión tienen que informar."         (Ana Carbajosa, El País, 18/03/16)

19/1/16

La mítica Edad de Oro, la del etarra, la del yihadista, se contrapone a un mundo decadente que les obliga a recurrir al terrorismo

"Uno de los elementos más llamativos de la violencia religiosa y nacionalista que actualmente golpea el planeta es su utopía regresiva a una presunta Edad de Oro cuyo recobro la justificaría. 

Dicha mítica Edad de Oro, ya sea la del etarra, ya la del yihadista, se contrapone a un mundo decadente e impuro que contamina los valores de la perdida Arcadia y obliga a quien se aferra a ellos a recurrir a la fuerza de las armas, al terrorismo impuesto por una exaltación legítima. 

Un examen comparativo del paso del abertzale a etarra y del salafista a yihadista nos muestra la existencia de un elemento común: la de servirse del pasado legendario como un instrumento contra el presente, un salto atrás de varios siglos que les proyectaría a un futuro justiciero y feliz.

Para el padre fundador de la moderna nación vasca, el ultracatólico y xenófobo Sabino Arana, la utopía se articula en torno a raza, lengua y fueros cuya prístina pureza y homogeneidad étnica habrían sufrido de la contaminación de los que él denominaba “nuestros moros” o maketos que habría desvirtuado su genuino espíritu primigenio. 

Diversos historiadores (Juan Pablo Fusi, Juaristi, Elorza, etcétera) han analizado con pertinencia la transformación del pensamiento carlista de Sabino Arana en la ideología supuestamente revolucionaria del núcleo duro del extremismo etarra (el salto del idílico mundo de Amaya o los vascos en el siglo VIII, la novela de Navarro Villoslada que leí en mi niñez, a un discurso ideológico con ingredientes marxistas) y esto me dispensa de demorarme en ello.

 Señalaré no obstante que el odio a la supuesta opresión del etarra no abarcaba únicamente a quienes la encarnaba (policía, militares, funcionarios estatales) sino también a civiles que nada tenían que ver con ella.

En el caso de la violencia yihadista, primero de los talibanes, luego de Al Qaeda y ahora del autoproclamado Califato Islámico o Daesh nos hallamos así mismo ante una idealización del pasado, de un retroceso de 14 siglos ya sea al del mundo tribal de la Península arábiga en tiempos del Profeta, ya al del poder político y religioso velador de la fe islámica de los llamados cuatro califas justos de la dinastía rachidí.

 Dicha regresión ideal tampoco tiene en cuenta el hecho de que las luchas tribales y de clanes acarrearon el asesinato de tres de los cuatro califas y desmienten la Arcadia feliz de la pureza primigenia que reivindican. 

Sobre el cisma que enfrentó entre sí a los musulmanes a la muerte de Mahoma y ocasionó la ruptura definitiva entre suníes y chiíes, el lector de estas líneas puede acudir con provecho a la obra del historiador tunecino Hicham Djaït, La gran discordia.

Conviene recordar que el imaginario occidental en torno a los califas omeyas y sobre todo abasíes —el esplendor de la corte de Harún Al-Rachid evocado en Las mil y una noches— refleja un mundo que nada tiene que ver con el rigorismo extremo y el fanatismo llevado a los límites del delirio de Abu Bakr Al-Bagdadi y sus huestes de Raqqa y Mosul.

 La civilización árabe de los primeros siglos de la hégira es al contrario una civilización abierta a las culturas de los territorios que conquista, en las antípodas de quienes hoy destruyen los tesoros de Nínive y Palmira con un odio irracional a cuanto simboliza el saber y las artes.

 La actual utopía yihadista atenta no solo a cuanto representa el enemigo opresor aunque se trate de víctimas civiles situadas a miles de kilómetros de distancia sino también contra las creaciones del espíritu humano a partir de un borrón y cuento viejo de un totalitarismo ciego que se erige en paradigma aberrante de la destrucción del patrimonio creado por el ser humano desde que entró en la historia.

 Si el terrorismo etarra es por fortuna cosa del pasado el yihadista se extiende por cuatro continentes, azota a diario el orbe musulmán y no se prevé su extinción durante años o décadas. Tanto el Dar Al-Islam como en Occidente habrá que habituarse a contender con él. 

La guerra contra la barbarie terrorista engendra nueva violencia y a estas alturas no se le ve salida alguna. Nos movemos en un círculo vicioso: los ataques del Estado Islámico en Europa y Estados Unidos y su repercusión mediática, alimentan la fascinación nihilista de quienes se inmolan para alcanzar el glorioso Estatus de mártires. Ningún Gobierno se siente a salvo de un posible atentado y este es precisamente el objetivo de los yihadistas."           (  , El País, 17 ENE 2016)

8/1/16

Los terroristas judíos y los terroristas blancos cometen más atentados que los terroristas islámicos... en Estados Unidos

"Esta semana se conmemora el 150 aniversario de la fundación de la organización terrorista que más muertes ha causado en Estados Unidos, el Klu Klux Klan (KKK).
 
Desde el 11 de septiembre extremistas vinculados a diferentes ideologías de extrema derecha, incluidos el KKK y extremistas judíos, han asesinado a muchas más personas en Estados Unidos que los extremistas motivados por el Islam radical.

El tristemente célebre KKK es un ejemplo con siglos de antigüedad del doble rasero del gobierno estadounidense cuando se trata de terrorismo. El KKK ha aterrorizado y asesinado a muchas más personas estadounidenses que los terroristas islámicos y a pesar de ser la organización terrorista más antigua de Estados Unidos, el gobierno estadounidense nunca ha considerado oficialmente al KKK organización terrorista y se ha limitado a clasificarla como “grupo de odio”*.

Al clasificar las acciones del KKK como de odio en vez de terroristas, el gobierno permite a esta organización (a diferencia del ISIS) celebrar manifestaciones libremente, recaudar fondos e incluso aparecer en la televisión para promover su ideología. Recientemente Franc Ancona, un líder del KKK, apareció en la televisión nacional y amenazó que usaría “fuerza letal” contra los manifestantes negros.

El KKK se fundó unos pocos días después de que se aboliera la esclavitud en Estados Unidos y desde entonces el distintivo del KKK siempre ha sido los ataques con bomba, los linchamientos, el emplumar con alquitrán y otras formas violentas de terrorismo contra quienes desafíen la supremacía blanca. En su momento de apogeo durante la década de 1920 los miembros del KKK eran más de 8 millones de estadounidenses repartidos por todo el país.

El simple hecho de que hasta el momento el gobierno estadounidense se haya negado a calificar al KKK de organización terrorista nacional dice mucho acerca de la implicación de la nación en la lucha contra el terrorismo y la promoción de la igualdad racial.

El atentado terrorista más mortífero en suelo estadounidense antes del 11 de septiembre fue el atentado de Oklahoma, cuyo cerebro fue Timothy McVeigh, un hombre estrechamente vinculado con círculos militares nazis de extrema derecha. En 2011 Kevin Harpham, un veterano de guerra, puso una bomba en el recorrido del desfile del Día de Martin Luther King Jr. 

 En 2012 Wade Michael Page asesinó a seis personas inocentes en un tiroteo en un templo Sijh en Wisconsin. Page era miembro de una banda de supremacistas blancos y estaba asociado al violento grupo neonazi los Hammerskins. Hace unos meses un Gran Mago Imperial del KKK de Kansas empezó a matar a cualquiera que se le puso por delante mientras gritaba “Heil Hitler”. Una de las víctimas fue un chico de catorce años.

A pesar de la cantidad cada vez mayor de tiroteos contra masas y de ataques terroristas por parte de la extrema derecha los medios de comunicación eligen poner el foco de atención casi exclusivamente en una amenaza menor del Islam radical. 

De forma rutinaria los expertos de los medios exigen a musulmanes moderados que condenen los actos de violencia perpetrados por musulmanes. ¿Cuándo fue la última vez que ha visto usted presionar a sacerdotes blancos para que acudan a la televisión a denunciar la violencia de supremacistas blancos con el fin de demostrar que “no todos los cristianos” son así?

 ¿Cuánto tiempo se permitiría a un grupo musulmán que tuviera un historial violento como el KKK actuar libremente antes de ser cerrado por el Departamento de Seguridad Nacional? Está claro que el racismo exacerba la guerra contra el terrorismo tanto como el petróleo.

En gran medida la amenaza del terrorismo islámico nacional se ha elaborado de manera que la llamada guerra contra el terrorismo puede promover un militarismo lucrativo en el extranjero y erosionar las libertades civiles dentro del país.

Catorce años después del 11 de septiembre al Qaeda no ha cometido otro atentado dentro de Estados Unidos. Según un reciente informe de la Universidad de Harvard llamado The Exaggerated Threat of Home Grown Terror [La exagerada amenaza de un terrorismo nacional], “[…] desde 2001, a pesar de las advertencias de los funcionarios públicos y de analistas del terrorismo, sigue habiendo pocas pruebas de que el peligro de ataques terroristas en Estados Unidos por parte de musulmanes estadounidenses sea especialmente grave o creciente”.

Entonces, ¿por qué Estados Unidos ha gastado más de 6 billones de dólares en la guerra contra el terrorismo?

Datos del FBI desde 1980 hasta 2005 demuestran que los terroristas judíos cometieron el 7% de los actos terroristas dentro de Estados Unidos, lo que es más que el 6% cometido por extremistas islamistas. El hecho de que el FBI reduzca drásticamente los casos de terrorismo perpetrados por extremistas judíos debido al doble rasero racial institucional da más notoriedad a los datos estadísticos.

 ¿Cuántos estadounidenses conocen el nombre de Jewish Defense League [Liga de Defensa Judía] o Jewish Armed Resistance [Resistencia Armada Judía], dos grupos terroristas que han cometido más actos terroristas que sus homólogos musulmanes?

La tristemente célebre Jewish Defense League lleva actuando en Estados Unidos más de medio siglo. Un informe del Departamento de Energía sobre amenazas a instalaciones nucleares señala que “[…] durante más de una década la Jewish Defense League ha sido uno de los grupos terroristas más activos en Estados Unidos”. 

Sin que muchos estadounidenses lo sepan, estos extremistas judíos han enviado cartas bomba a la policía, atacado embajadas estadounidenses y lanzado bombas incendiarias a civiles que asistían a un concierto de la Orquesta Sinfónica.

Si el gobierno estadounidense se toma en serio la lucha contra el terrorismo nacional y los tiroteos contra masas, las estadísticas del FBI sugieren que debería vigilar agresivamente a varones blancos. 

El simple hecho de que las fuerzas de seguridad estadounidenses no se haya infiltrado en comunidades cristianas o judías conservadoras ni las haya espiado para impedir el extremismo violento de extrema derecha confirma que los musulmanes en Estados Unidos saben por experiencia que rezar a Ala hace que una persona sea sospechosa.

Los musulmanes estadounidenses tiene cada vez más la sensación de vivir en un Estado policial totalitario en el que el acoso, la creación de perfiles [de delincuencia] y la vigilancia son cada vez peores. 

El investigador Arun Kundnani ha demostrado que el FBI tiene un espía antiterrorista por cada 94 musulmanes en Estados Unidos, lo cual se aproxima a la ratio de la tristemente célebre agencia de espionaje de Alemania Oriental Stasi de un espía por cada 66 ciudadanos.

Los cristianos y judíos blancos no tienen que preocuparse de que un agente o informante secreto se haya infiltrado en sus iglesias, grupos de estudiantes o clubes sociales.

Durante siglos se ha permitido a los terroristas blancos en Estados Unidos un amplio espacio para difundir su ideología y para planificar y organizar sus atentados, lo que explica tanto la mayor letalidad relativa del terrorismo supremacista blanco como la mucho menor tasa de personas blancas condenadas por atentados.

En Estados Unidos se considera por acto reflejo que las personas de piel oscura y negra son terroristas, matones y pandilleros que merecen el desdén de la sociedad, mientras que las personas blancas que cometen atentados terroristas son simplemente “perturbados mentales” solitarios que necesitaban de la ayuda de la sociedad.

La decisión de la sociedad de denominar “terrorismo” un acto de violencia particular indica que el acto pertenece a un modelo más extendido que exige una consideración que va más allá de la lucha normal contra el crimen. El denominar los tiroteos contra masas por parte de supremacistas blancos como meramente “odio” o asesinato en vez de terrorismo resta importancia al significativo papel de las motivaciones racistas del autor y evita preguntas difíciles acerca del predominio del racismo en la sociedad estadounidense.

Hace poco James Holmes disparó contra 80 personas en un cine pero las fuerzas de seguridad lo detuvieron con vida y los medios de comunicación no calificaron su acción de terrorismo sino que en vez de ello se centraron en retratar a Holmes como “torpe” y tierno “solitario”. 

De forma similar, el supremacista blanco Dylan Roof asesinó a nueve feligreses en Charlestown y no solo fue detenido con vida, sino que además en el momento de la detención la policía describió a Roof como “muy tranquilo, muy calmado … no problemático”. 

 La policía llegó incluso a comprarle un almuerzo en Burger King momentos después de que hubiera desatado el terror entre los feligreses. Comparado con los innumerables linchamientos actuales cometidos por la policía de chicos y hombres negros inocentes y a menudo desarmados, es evidente que las fuerzas de seguridad estadounidenses son tan tolerantes con el terrorismo blanco como son institucionalmente racistas hasta la médula.

A todas luces existe una costosa e insana obsesión entre la sociedad y las fuerzas de seguridad estadounidenses con evitar la violencia perpetrada por musulmanes estadounidenses, una obsesión que ignora tanto la amenaza real del terrorismo blanco como el constante terrorismo de la policía respecto a los ciudadanos americanos negros.

* Según Wikipedia, un grupo de odio es “un grupo o movimiento organizado que defiende y practica el odio, la hostilidad o la violencia hacia miembros de una raza, etnia, nacionalidad, religión, sexo, identidad de género, orientación sexual o cualquier otro sector de la sociedad”. (N. de la t.)"              (Garikai Chengu  , CounterPunch , en Rebelión,  29/12/15)

20/11/15

Cómo surge el ISIS, cómo se financia, quiénes hacen la vista gorda y el paso al frente de Francia, el crecimiento del ISIS y las injerencias

"Los inicios de lo que después sería el ISIS
 
Los antecedentes que dieron lugar al ISIS surgen en el contexto de la ocupación de Irak. Tras la toma del país por las tropas británicas y estadounidenses (y españolas hasta 2004), se formaron diversos grupos armados para luchar contra los invasores.

Entre ellos aparece la autodenominada organización de la base yihadista en Mesopotamia (procedente de Jamaa al Tawhid wal-Jihad, nacida en 1999), conocida en la prensa como Al Qaeda en Irak. Posteriormente se uniría a otros grupos bajo el nombre primero de Consejo de Muyaidines y después, en 2006, Estado Islámico de Irak. 
 
El contexto en Irak
Miles de iraquíes fueron detenidos en cárceles secretas estadounidenses, donde recibieron torturas diarias. Algunos arrestados desaparecían para siempre. Otros reaparecían años después devastados por las torturas, y con una sobrevenida, inquebrantable y extremista fe religiosa. 

Tras la ocupación EEUU desarticuló inmediatamente las Fuerzas Armadas iraquíes, criminalizó el partido Baaz e integró a milicias sectarias en las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes para luchar contra la resistencia. Fomentó las divisiones y entrenó a integrantes de milicias policiales que sembraron el terror.

Fue lo que se llamó los escuadrones de la muerte, comandos que arrestaron a miles de jóvenes suníes, muchos de los cuales aparecían semanas después muertos en las calles de ciudades como Bagdad, con orificios de bala en la cabeza, pies o pulmones, con huesos rotos, cráneos aplastados, piel quemada o arrancada, signos de descargas eléctricas u ojos fuera de sus órbitas.

Cientos de miles de familias huyeron del país. En tan solo unos meses más de cinco millones de iraquíes se convirtieron en refugiados. Dos millones y medio de ellos se instalaron en Siria.

En poco tiempo Irak, que había sido un país donde muchos chiíes y suníes convivían juntos, donde un elevado porcentaje de los matrimonios eran mixtos, donde no había grandes tensiones sectarias, se convirtió en un infierno. Muchos antiguos integrantes de las Fuerzas Armadas desmanteladas compartieron celda con miembros de grupos religiosos que iban radicalizándose a medida que aumentaba la violencia y la represión.

El grupo de la cárcel de Camp Bucca
Abu Baker Al Bagdadi, que se convertiría en 2010 en el líder del Estado Islámico de Irak, fue arrestado por los estadounidenses en 2004 en la ciudad de Faluya, duramente golpeada por las fuerzas de ocupación, que bombardearon viviendas, mercados, escuelas, hospitales y emplearon fósforo blanco, un armamento letal que abrasa la piel de sus víctimas. El dolor provocado en aquella ciudad es recordado hasta día de hoy por sus habitantes.

Al Bagdadi fue enviado a la cárcel de Camp Bucca, donde las torturas estaban a la orden del día. Algunos se empaparon allí de las doctrinas más extremistas y desvirtuadas del Islam, como el wahabismo. De aquella prisión saldrían muchos hombres listos para integrar las filas del Estado Islámico (ISIS o Daesh).

Las revueltas en Irak
En 2010, en un Irak totalmente roto, irrumpió un movimiento pacífico de protesta contra el gobierno central, que tomó fuerza tras el estallido de las revueltas en Túnez o Egipto en 2011.

Entrevisté por aquél entonces a uno de los organizadores de aquellas manifestaciones iraquíes, Udai Al Zaidi, hermano del famoso periodista que arrojó un zapato a George Bush y fue encarcelado por ello. Al Zaidi, chií, se manifestaba en Irak con miles de suníes y chiíes más, contra un gobierno al que tachaban de corrupto y sectario.

El gobierno de Al Maliki, aferrado al poder, reprimió aquellas multitudinarias protestas empleando balas contra los manifestantes, y apoyado por el Ejército estadounidense. Murieron cientos de personas y miles fueron encarceladas.

Manifestantes iraquíes en 2011 tratando de derribar un muro de la Zona Verde controlada por EEUU. En la misma época en Siria estallaban las revueltas

El 'Estado Islámico' en Siria
La represión gubernamental iraquí contra todo tipo de queja o protesta aumentó y llevó al extremismo a algunos sectores de la oposición.

Lo mismo ocurrió en Siria, donde las revueltas habían estallado en marzo de 2011. El 'Estado Islámico' de Irak envió una delegación a Siria en agosto de 2011, cuando la guerra civil siria ya estaba en marcha, tras el aplastamiento de las revueltas por Bashar al Assad.
El líder del 'Estado Islámico' de Irak, el clérigo Al Bagdadi, formateado tras su paso por la cárcel de Camp Bucca y la guerra, anunció en 2013 la creación del 'Estado Islámico' de Irak y Levante (Siria). 

El auge del ISIS 
En 2014 el 'Estado Islámico' se hizo fuerte en Siria e Irak. Miles de hombres del ISIS, armados y protegidos con humvees y tanques, tomaron varias ciudades iraquíes sin apenas resistencia.

Contacté entonces con algunos antiguos efectivos de las fuerzas armadas iraquíes desmanteladas por EEUU y de varios grupos de la resistencia iraquí. En un momento en el que ellos mismos habían ganado posiciones en territorio iraquí, se hacían la siguiente pregunta:
¿Interrumpimos nuestra lucha contra nuestro enemigo, el gobierno de Al Maliki [apoyado por EEUU], para luchar contra el Estado Islámico, superior en número y fuerza a nosotros, o nos unimos al Daesh, a pesar de nuestras diferencias, para evitar ser derrotados?

La respuesta elegida por muchos fue la segunda. Prefirieron ser cómplices que enemigos.
Quién les iba a decir a algunos oficiales de las fuerzas del laico Baaz iraquí en 2003 que años después combatirían mano a mano con yihadistas extremos que proclamaban un Califato y dictaban las normas más violentas y medievales en nombre de un distorsionado e instrumentalizado Islam.

Abu Baker Al Bagdadi se convirtió en líder del Daesh (ISIS) en 2010. Iraquí arrestado en Faluya e internado en Camp Buca

La toma de más territorio
Grupos suníes de diversa procedencia, solo unidos por un enemigo común, terminaron integrando las filas del Daesh. Tomaron varias ciudades iraquíes y llegaron muy cerca de Bagdad. Apenas encontraron resistencia por parte del ejército iraquí, marcado por la corrupción:
“Los militares se fueron corriendo, no había aviones, no había nada que los parara. Para ser sincero, los únicos que hicieron algo para detener [al Daesh] fueron los militares iraníes y las milicias chiíes”, confesaba recientemente el exministro de Defensa iraquí Ali Allawi en un documental de Al Jazeera.

Desvincular Irak como contexto y desarrollo del Daesh sería hacer un análisis cojo de su evolución. En 2014, tras la toma de un amplio territorio en Irak, el Daesh proclamó el Califato del Estado Islámico de Irak y Siria, controlando un espacio similar al de Jordania. A sus filas se unieron chechenos, musulmanes procedentes de los Balcanes, del norte de África y de Asia. 

En agosto de 2014 llegó la respuesta internacional. Obama prometió acabar con el Daesh, y una alianza militar integrada por EEUU, Arabia Saudí, Emiratos o Jordania empezó a bombardear focos supuestamente controlados por el grupo terrorista.

La vista gorda y la financiación
El Daesh ha sido visto por algunos actores regionales -Israel, Turquía, Arabia Saudí, etc- como un arma potencial contra Irán. Ha mantenido débil al régimen chií de Irak y ha tenido ocupados a grupos enemigos de Israel, como Hezbolá, que lucha en Siria contra diversos grupos de la oposición, entre ellos el Daesh.

Turquía ha hecho la vista gorda ante el Daesh. El primer ministro Erdogan ha querido ver en movimientos islamistas radicales una forma de detener tanto la influencia chií en la zona como a los kurdos. Ha permitido el paso de yihadistas por su frontera, ha bombardeado a las YPG kurdas -unidades de protección popular- cuando se suponía que esos ataques tenían que dirigirse al Daesh, y ha permitido el flujo de camiones que cruzan la frontera cargados de petróleo procedente de los campos sirios controlados por el ISIS.

De ese modo cree evitar la posibilidad de una soberanía de los kurdos -que están luchando contra el Daesh- junto a su territorio.

La compra de petróleo en el mercado negro turco ha sido uno de los modos más eficaces de financiación para el Daesh, junto con el cobro de grandes sumas de dinero por el rescate de algunos secuestrados.

También recibe apoyo económico de individuos saudíes ante los que el régimen de Riad hace la vista gorda. Esas personas entregan dinero al Daesh y hacen lobby por él, presionando para que otros lo apoyen.

La guerra contra el terror
Los aliados de EEUU en Siria en la coalición que bombardea el país han sido entre otros la monarquía absolutista de Arabia Saudí, que sigue consintiendo el apoyo al Daesh desde su país.

Washington y los saudíes también operan juntos, con Emiratos, en la coalición que bombardea Yemen, donde están creando más caldo de cultivo para el terrorismo con ataques como el que el pasado septiembre mató a 131 personas e hirió a cientos más.
Las matanzas como la de París son habituales en Oriente Próximo y Medio, ya sea por ejércitos o por grupos terroristas. La llamada guerra contra el terror, la estrategia de las bombas y las intervenciones, se ha mostrado ineficaz: lejos de menguar, el terrorismo y la violencia crecen. 

François Hollande decía el sábado que la masacre de París es un acto de guerra. En realidad Occidente participa en una contienda desde que se involucró en Afganistán armando a los muyaidines que devinieron en los talibanes. Luego llegarían Irak, Libia, Siria, Yemen… Pero al ser guerras que se libran lejos de nuestras fronteras, solo nos acordamos de ellas cuando algún macabro eco llega a nuestros territorios. (...)

 El paso al frente de Francia

(...) Con la excusa de liberar una ciudad de las garras del ejército de Gadafi, una coalición militar liderada por Francia y Reino Unido -con compañeros de dudosa reputación- armó en 2011 a grupos yihadistas y a individuos que antes habían participado en la guerra contra EEUU en Afganistán.

Aquella operación prosiguió durante meses y no paró hasta que Francia y EEUU asesinaron extrajudicialmente a Gadafi. Fue llamativo que ambos países se disputaran, cual botín, la autoría de un asesinato que violaba la ley internacional.

“Llegamos, vimos, murió”
Libia quedó fragmentada y dividida en milicias armadas por Occidente, algunas de ellas extremistas. No importó. Hillary Clinton no pudo evitar aquello de “llegamos, vimos y murió”, comentando el asesinato de Gadafi. El salvaje oeste volvía a ser reivindicado. ¿Para qué hay cárceles y tribunales cuando se puede ejecutar a alguien sin más?

Libia se convirtió en arsenal de yihadistas armados que participarían en el horror actual que vive tanto ese país como Siria. (...)

Los papeles en Siria
 
Desde 2011 varios servicios secretos occidentales, así como unidades especiales de EEUU, estuvieron presentes en Siria, estudiando a qué grupos de la oposición apoyar y armar.

Ya en 2012 escribí en el libro “Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe” cómo Francia o Reino Unido, así como Arabia Saudí, Emiratos o Qatar, estaban ofreciendo apoyo logístico, militar o de inteligencia a diversos grupos “rebeldes”, algunos de ellos yihadistas.
La apuesta de Obama fue la estrategia del desgaste: dejar que los bandos implicados se debilitaran entre ellos, apoyando a determinados grupos de la oposición pero sin facilitar armamento pesado y evitando un desenlace.

En 2014 comenzó una campaña de bombardeos aéreos por EEUU y aliados del Golfo y en septiembre de este año se unió Francia. No es la primera vez por tanto que aviones franceses atacaban posiciones del Daesh. 

Irán y Rusia estuvieron presentes respaldando al régimen de Bashar al Assad, que no dudó en golpear duro en sus bombardeos sobre zonas urbanas en un intento por acabar con la oposición, a costa de muerte y destrucción, lo que contribuyó al aumento del extremismo.

El Daesh en Siria
Con la llegada a Siria de una delegación del “Estado Islámico” de Irak en agosto de 2011 se puso en marcha el “Estado Islámico” de Irak y Siria, que se asentó en varias áreas suníes del país, algunas de ellas cercanas a la frontera de Turquía, donde han operado los servicios secretos turcos, que han hecho la vista gorda ante las idas y venidas de los yihadistas. Como apuntaba en la primera parte de este artículo, varios actores regionales se han beneficiado de la existencia del ISIS.

En 2013, tras la toma de algunas ciudades importantes de Irak, el ISIS se hizo fuerte y popular entre algunos sectores de jóvenes musulmanes marcados por la guerra o por la desafección. A ello ha contribuido su sofisticada campaña propagandística a través de Internet.  (...)

El punto de inflexión
 
Y llegamos de nuevo al punto de inflexión: la guerra de Afganistán y los integristas islámicos que recibieron armas y financiación de EEUU o Arabia Saudí para combatir a la URSS en suelo afgano.

Al mismo tiempo Israel invadía Líbano, lo que provocó la creación de Hezbolá, que en 1983 perpetró un enorme atentado suicida contra el cuartel de los marines estadounidenses en Beirut y contra un puesto de mando francés.

A la vez en Palestina estallaba la primera Intifada y, al calor de la represión israelí, surgió la oganización de resistencia armada palestina Hamás. También nacían la Yihad Islámica y grupos extremistas egipcios.

Pocos años después en Argelia, excolonia francesa, se producía un golpe de Estado para impedir que el Frente Islámico de Salvación, que había ganado las elecciones en primera vuelta, pudiera gobernar. De ese modo nació el GIA, Grupo Islámico Armado, que protagonizó uno de los primeros atentados yihadistas registrados en Francia.

Todo aquello supuso la consolidación del islamismo y el extremismo en los grupos armados que luchaban o por la independencia, o contra la ocupación, o simplemente ya por la yihad. El remate final lo pusieron la invasión de Afganistán en 2011, la ocupación de Irak en 2003 y el infierno que provocaron.
 
En 2006 nuevamente Occidente no quiso reconocer al ganador de unas elecciones democráticas cuando Hamás arrasó en los territorios palestinos. Posteriormente en 2013 en Egipto un golpe de Estado respaldado por sectores occidentales derrocó al gobierno de los Hermanos Musulmanes elegido en las urnas e instauró una fuerte represión, lo que ha provocado que algunos jóvenes egipcios, radicalizados, hayan viajado a Siria para unirse a la guerra.

Lo mismo ha ocurrido en Siria, donde la guerra y la represión solo han engendrado fanatismo y dolor.

Con cada intervención...
El exgeneral estadounidense Wesley Clark dijo hace unos meses que “EEUU usó el Islam radical para luchar contra los soviéticos en Afganistán. Rogamos a los saudíes que pusieran dinero; y lo hicieron”.

También este año un antiguo enviado especial de la ONU, Lakdar Brahimi, que trabajó en Irak y Afganistán, atribuyó la emergencia del ISIS a la invasión de Irak:
“No había justificación para la guerra de Irak y todos pagamos las consecuencias”.
Las guerras en las que Occidente lleva años involucrado no solo no han parado el terrorismo, sino que este ha aumentado. 

Con cada bomba sobre determinadas zonas de Siria, con cada discurso desafiante, con cada retórica racista, el ISIS ganará nuevos adeptos no solo en Oriente Próximo, sino también en barrios deprimidos de Europa como en el que vivía uno de los terroristas de París.

Este escrito es un simple repaso, poco completo porque este formato lo impide, pero suficiente para mostrar que, a pesar de lo que algunos insinúan en programas y tertulias, el extremismo violento que se ejerce en nombre del Islam no procede de ningún ADN connatural a una religión o a una etnia; que no surge por ciencia infusa de la nada; que todo tiene un contexto político e histórico; que para buscar soluciones a los problemas hay que analizar sus causas."             (Olga Rodríguez , eldiario.es, en Rebelión, 20/11/15)
 

28/4/15

“El Estado Islámico lo ha creado Occidente”

“El término “guerra de civilizaciones” es una expresión ideológica y racista, sin ninguna base científica, para justificar la injustificable agresión de los Estados Unidos y de los poderes occidentales a los países de Oriente Medio con el fin de mantener los suministros de petróleo y a Israel” 

Con estas duras palabras Manuel Castells nos introduce a su actual visión del mundo contemporáneo, herido y humillado por numerosas guerras y por la plaga cada vez más dolorosa del terrorismo, encarnada en el espectro del humo negro, el EI. (...)

Castells nos introduce en un futuro problemático y de probable expiación para el mundo occidental: <

Creo que la situación actual es una combinación de dos factores: por una parte los jóvenes Musulmanes enfadados, humillados y discriminados globalmente y localmente durante mucho tiempo, por otra la repercusión de la absurda invasión a Irak por parte de Bush, que ha creado al monstruo del EI. Nosotros, Occidente, hemos creado nuestra propia Némesis y pagaremos su precio durante mucho, mucho tiempo.>> (...)

Los terroristas que han decapitado al periodista o quemado vivo al piloto jordano, han formado en la imaginación y en el inconsciente colectivo un tipo de “mito del terror”. Y este terror está condicionando la consciencia de los ciudadanos. El terror es la decapitación en si o en la difusión de su simulacro, ¿el video en YouTube?

<< El EI está muy especializado en la manipulación de las mentes, a través de imágenes. Saben cómo utilizar los medios de comunicación. Un documento escrito, o una declaración filmada, pueden ser ignoradas. Las implacables imágenes del horror no se pueden olvidar.

 Pretenden aprovechar el escenario de los medios de comunicación mundiales atrayendo a todos aquellos que están enfadados y que se sienten impotentes, al unirse a ellos, porque como dijo Stalin “para hacer una tortilla tienes que romper los huevos”.

Al mismo tiempo amenazan a aquellos que, en Oriente Medio,están indecisos entre mantener sus privilegios como defensores de Occidente o prepararse para aceptar, a largo plazo, una nueva revolución de las poblaciones árabes que ya se habían rebelado en 2011.>>

Sin embargo gran parte del mundo musulmán no se identifica con el EI… 

<>  (...)"            (Entrevista a Manuel Castells, Fuente original: espresso , en  Ssociólogos)

29/1/15

Salvemos a Peppa Pig, salvemos nuestra propia libertad

"(...)  El principal error consiste en plantear la disyuntiva entre la libertad de expresión y la ofensa a la religión, añadiendo aquí con frecuencia la necesidad de respetar el rechazo del islam a las imágenes, y sobre todo a la del Profeta, así como de hacerle objeto de representaciones satíricas. 

Es ‘la ofensa’, que saca a colación el propio papa Francisco en sus declaraciones sobre el asunto ‘de París’. El dilema encierra una falacia, por lo que concierne a la libertad de expresión, a la cual no deben ser puestos límites externos, léase censura, pero que como todo derecho se inserta en un marco normativo. 

Claro que de forma equivocada un juez puede invalidar este recurso (ejemplo: absolución de Otegi después de calificar al Rey de «jefe de los torturadores»). Es lo que ocurrió claramente con dos de las caricaturas danesas, la del turbante/bomba y la del musulmán con el alfanje, que debieron ser denunciadas, sino que ello afectara a la plena libertad de expresión. 

No por ser tratarse de la religión, sino por ser vulnerado el derecho de los creyentes a no ser presentados como terroristas.

Cosa bien diferente es que a la sombra de ‘la ofensa’, adoptemos nosotros la sharía. En su mundo, los musulmanes pueden perfectamente imponer la prohibición de la figura de Mahoma; no podemos ni debemos hacerla nuestra. 

De otro modo, terminaremos como la Universidad de Oxford, prohibiendo en sus publicaciones la figura de una simpática cerdita, Peppa Pig, «para no herir la sensibilidad de musulmanes y judíos» (incluidos para aderezar el irracionalismo). 

Cosas de tener por profesor al integrista disfrazado Tariq Ramadan. Autocensura hasta el delirio, olvidando que tal imposición de lo irracional allana el camino del terror en la mentalidad social. Tendremos a los tres cerditos convertidos en los tres corderitos. Así que salvemos a Peppa Pig, salvemos nuestra propia libertad."              (EL CORREO 20/01/15, ANTONIO ELORZA, en Fundación para la Libertad)

23/1/15

Noam Chomsky: Todos somos Charlie

"El mundo quedó horrorizado después del brutal ataque que sufrió la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En las columnas del New York Times, el corresponsal Steven Erlanger, presente desde hace mucho tiempo en Europa, describió de forma sobrecogedora las repercusiones inmediatas de lo que muchos describen como el “11 septiembre” francés.

 Fue “una jornada durante la cual se sucedieron sirenas ruidosas con los ires y venires de los helicópteros. Una jornada de frenesí mediático, de cordones policiacos, de muchedumbres en pánico y de niños alejados de las escuelas por cuestiones de seguridad. Una jornada, como las dos que le siguieron, de sangre y de horror en París y sus suburbios”. 

El inmenso repudio mundial provocado por el atentado fue acompañado por una reflexión sobre las raíces profundas de esta barbaridad. “Muchos son los que ven en estos hechos un choque de civilizaciones”, anunciaba un título del New York Times. 

Las reacciones de horror y de indignación respecto a estos crímenes son justificadas, al igual que la búsqueda de sus causas profundas, siempre y cuando guardemos en mente firmemente algunos principios. La reacción debería ser completamente independiente de la opinión que se puede tener de ese periódico y del material que produce.

 Los eslóganes omnipresentes de tipo “Yo soy Charlie”, no deberían indicar, ni siquiera insinuar, ninguna asociación con el periódico, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Deberían más bien expresar una defensa de al libertad de expresión a pesar de lo que se puede opinar acerca del contenido, y aunque éste sea calificado de hiriente o depravado.

Y esos eslóganes también deberían expresar la condena de la violencia y del terror. El dirigente del Partido de los Trabajadores de Israel y principal contrincante para las próximas elecciones, Isaac Herzog, tiene toda la razón cuando dice que “El terrorismo es terrorismo.

 No existen dos formas diferentes de considerarlo.” También acierta cuando dice “Todas la naciones que desean la paz y la libertad enfrentan un inmenso reto” respecto al mortífero terrorismo – si dejamos de lado su interpretación selectiva acerca de este reto.

Erlanger describe muy bien la horrible escena. Cita uno de los periodistas sobrevivientes: “Todo se desplomó. No había ninguna escapatoria. Había humo por todos lados. Fue terrible. La gente gritaba. Una verdadera pesadilla.” 

Otro periodista superviviente describió “una inmensa deflagración antes de ser sumergidos en la absoluta oscuridad.” La escena, según Erlanger, “no era más que un montón de vidrio roto, paredes caídas, maderas retorcidas, pinturas desgarradas y devastación emocional.” Por lo menos 10 personas habrían muerto a raíz de la explosión, 20 otras habían desaparecido, “probablemente enterradas bajo los escombros”.

Esas citaciones, como nos lo recuerda el incansable David Peterson, no son de enero del 2015. En realidad son extraídas de una nota de Erlander del 24 de abril de 1999, que solo alcanzó la sexta página del New York Times, es muy lejos de alcanzar la relevancia del ataque de Charlie Hebdo. 

Erlanger en realidad describía el resultado de “un ataque con misil sobre la sede de la televisión de estado de Serbia” por parte de la OTAN (es decir los EE.UU.) que “dejó fuera del aire Radio Television Serbia.”

Hubo una justificación oficial. “La OTAN y los representantes estadounidenses defendieron el ataque”, reportó Erlanger, “como parte del esfuerzo para debilitar el régimen del Presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic.

” El portavoz del Pentágono, Kenneth Bacon declaró durante una conferencia de prensa en Washington que “la televisión serbia formaba parte integrante de la máquina de terror de Milosevic, al mismo nivel que sus fuerzas armadas”, lo que la convertía por lo tanto en un blanco legítimo.

El gobierno de Yugoslavia declaró: “La nación entera apoya a nuestro presidente, Slobodan Milosevic”, según reporta Erlanger, quien añade que “no queda claro cómo el Gobierno sabe esto con tal precisión.”

Ningún comentario sardónico de ese tipo sería el bienvenido ahora que se puede leer en la prensa que Francia está en duelo y que el mundo está indignado ante los abominables acontecimientos. Tampoco resulta necesario interrogarse acerca de las causas profundas, ni de preguntarse quien representa a la civilización y quien a la barbarie.

Pero Isaac Herzog se equivoca cuando dice “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo.” Definitivamente sí existen dos formas de considerarlo: el terrorismo no es terrorismo cuando se trata de un ataque mucho más violento pero perpetrado por los que son Justos en virtud su poder. De la misma forma, la libertad de expresión no corre peligro cuando los Justos destruyen un canal de televisión que apoya a un gobierno que están atacando.

Asimismo, se entiende fácilmente el comentario del abogado de derechos cívicos Floyd Abrams, reconocido por su defensa apasionada de la libertad de expresión, publicado en el New York Times y en el que señala que el ataque contra Charlie Hebdo “es la agresión más grave en contra del periodismo de la que se tenga memoria.” 

Tiene razón de precisar “de la que se tenga memoria”, lo que divide cuidadosamente a los ataques contra el periodismo y los actos de terrorismo en dos categorías: los Suyos, que son horribles; y los Nuestros, que son virtuosos y fácilmente eliminados de nuestra memoria.

Vale la pena subrayar que esto solamente es uno de los numerosos ejemplos de ataques contra la libertad de expresión realizado por los Justos. Para mencionar únicamente otro ejemplo que fue fácilmente borrado de “nuestra memoria”, el ataque llevado a cabo por las fuerzas de los EE.UU en Falluja en noviembre del 2004, uno de los peores crímenes realizados durante la invasión a Irak, que inició con la ocupación militar del Hospital General de esa ciudad. 

La ocupación militar de un hospital representa en sí, por supuesto, un grave crimen de guerra, independientemente de la forma en la que fue llevada a cabo. Los hechos fueron trivialmente descritos en un artículo publicado en primera plana del New York Times, junto con una fotografía ilustrando el crimen. 

El texto señalaba que “soldados armados sacaron de las habitaciones a los pacientes y empleados del hospital, y les ordenaron sentarse o tirarse al piso mientras que las tropas los maniataban por detrás.”

 Esos crímenes fueron descritos como si fuesen altamente meritorios y justificados: “La ofensiva permitió clausurar lo que oficiales describían como una herramienta de propaganda para los militantes: el Hospital General de Falluja, con su flujo de informes sobre el número de víctimas civiles.”

Evidentemente, no se le podía permitir a una agencia de propaganda de este tipo que siguiera escupiendo sus vulgares obscenidades."               (Noam Chomsky , zcomm.org, en Rebelión, 17/01/2015)

19/1/15

Si Dieudonné hubiese dicho, a propósito de la matanza de Charlie Hebdo: «Si alguien dice una mala palabra sobre mi madre puede esperar un puñetazo», habria ido a la cárcel

"Ahora imagínate, mi añorado amigo, que un líder musulmán hubiera declarado, después de Charlie Hebdo: «Si alguien dice una mala palabra sobre mi madre, puede esperar un puñetazo. Uno no puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás, uno no puede burlarse de la fe.» Pero el que lo declaró fue el Papa Francisco.

Ahora observa el motivo por el que el cómico Dieudonné M'bala fue detenido el otro día en París y va a ser juzgado por un presunto delito de apología del terrorismo. Dijo Dieudonné: «Yo soy Charlie Coulibaly.» Una frase que parodia, obviamente, el «Yo soy Charlie Hebdo», pero que resulta de interpretación oscura. 

Amédy Coulibaly se llamaba el terrorista que mató a una policía municipal, irrumpió en un supermercado judío y asesinó a cuatro de sus rehenes antes de que la policía francesa lo liquidara. Es probable que Dieudonné lo considere tan víctima como las demás y de ahí su sincrético Charlie Coulibaly. Él sabrá.

Ahora bien. Si Dieudonné (que aunque lo parezca en estas tesituras no es nombre artístico, a diferencia del de Francisco) hubiese dicho, encogiéndose de hombros y a propósito de la matanza de Charlie Hebdo: «Si alguien dice una mala palabra sobre mi madre puede esperar un puñetazo», su justificación del terrorismo habría sido mucho menos alegórica. Y las probabilidades de una condena mucho mayores, razonablemente, que la que arriesga esa repugnante equidistancia entre Coulibaly y sus víctimas.

Pero que yo sepa, nadie se ha planteado llevar al Papa Francisco ante los tribunales. Llevar a un Papa ante los tribunales es difícil: tal vez sea el jefe de Estado más inmune. El último que lo intentó con un Papa (Benedicto) fue el añorado Hitchens a propósito de los curas pederastas. 

Aunque, francamente, creo que su base acusatoria era mucho más endeble. Nadie se ha planteado llevar al Papa ante el mismo tribunal francés que va a juzgar a Dieudonné, desde luego; pero es que ni siquiera van a llevarlo ante el tribunal de la opinión pública. La reacción de la opinión ante las afirmaciones más escandalosamente inmorales que un Papa moderno haya pronunciado ha sido tenue.

 El hecho es duro de asumir en España, que es el país que más sabe de terrorismo y de sus inmoralidades. Estoy ahora pensando que si ningún Papa dijo, sobre el cadáver de José Luis López de Lacalle o sobre la caja de puros que iba a explotarle en las manos a Carlos Herrera, «Te lo buscaste» es porque sus críticas y burlas se refirieron siempre a la Mater Vasca y no a la Mater Maria, y no por el hecho esencial de que a ninguna «mala palabra» debe corresponderle una bala.

 Y espero que nadie objete aquí diferencias de grado entre la Mater Vasca y la Mater María. Siguiendo al Papa, cada uno tiene su madre y su puñetazo.

Entre los silencios más dolorosos ante el tout comprendre, tout confondre, tout pardonner papal está el de los católicos. ¿No se han cansado muchos de ellos de reprocharle a los musulmanes su inhibición ante el crimen? ¿Y qué han hecho ellos ante la desmoralizante comprensión papal de la violencia?

 Habrá acaso que traerles la reacción del arzobispo de Canterbury, el jefe de la iglesia anglicana, para no ponerles el ejemplo de ningún ateo disolvente?: 

«Este es un acto de la más extraordinaria brutalidad y barbarie. Esta violencia es demoníaca en su agresión a los inocentes, y cobarde en su negación del derecho humano básico a la libertad de expresión. El pueblo de Francia, un país en el que he vivido, que conozco y que amo, se sobrepondrá valientemente al desafío de este vil ataque y seguirá demostrando la fortaleza y la confianza que surgen de su extraordinaria historia. Nuestras oraciones y pensamientos están especialmente con aquellos que han sido asesinados y heridos y sus familias. Rezo también por aquellos que participan en la persecución de los terroristas.» 

El anglicano y, justo es reconocerlo, también algunos jesuitas: la revista Études, que ha publicado viejas caricaturas anticatólicas de Charlie Hebdo en solidaridad con las víctimas, y otros grupos, en Francia y en Perú, que se han hecho también, digna y noblemente, lo mismo.

 Entre las reacciones críticas cabe destacar asimismo el sutil ejemplo español del escritor Juan Manuel de Prada que a su oblicuo modo de chanza, ¡ay, tan mal entendido siempre!, ha escrito que «el laicismo [hebdomadaire] es una expresión demente de la razón que pretende confinar la fe en lo subjetivo, convirtiendo el ámbito público en un zoco donde la fe puede ser ultrajada y escarnecida hasta el paroxismo, como expresión de la sacrosanta libertad de expresión.» 

Pero han sido reacciones minoritarias en un paisaje moral dominado por una inhibición que se ha visto facilitada, además, por las características especiales de este Papa. La derecha porque dios le libre y la izquierda por poverella han blindado a Francisco de un modo inédito en la reciente historia de la Iglesia.

Verás, querido amigo, que el episodio no solo revela la peculiar noción que el Papa Francisco tiene sobre la legítima defensa y sobre la relación entre las palabras y los puños. En realidad lo más abyecto es el oportunismo. 

El aprovechamiento de la matanza de París para lanzar una gélida y dogmática advertencia a los burlones. Hay algo mucho peor que comprender a los asesinos y es comprender, absolutamente y en toda su extensión, a sus víctimas.
Sigue con salud"                 (ARCADI ESPADA, El Mundo, 16/01/2015