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5/10/22

Para una vez que unos urbanitas hacen algo bien en el campo (repoblarlo convirtiéndose en campesinos), las leyes de los urbanitas destrozan su obra... La frustrada reconstrucción de Fraguas, una pedanía abandonada en la España vacía: multa y cárcel para los repobladores

 "Acaban de recolectar las patatas y los ajos. Gonzalo Aracil lleva nueve años reconstruyendo y habitando las casas abandonadas de Fraguas, una antigua pedanía del municipio de Monasterio (Guadalajara), que fue expropiada en 1968 para plantar pinos en el monte. Era un lugar vacío y deshabitado cuando llegaron en 2013. Junto a cinco compañeros se enfrenta ahora a un grave problema: un proceso judicial en el que pueden ir a la cárcel por usurpación y delito contra la ordenación del territorio. Y deben hacer sus cálculos sobre cómo asumir las costas de demolición incluidas en la condena y valoradas en 109.841 euros, tras la sentencia, el pasado junio, del Juzgado de lo penal 1 de Guadalajara.

Un grupo de 15 personas llegó en 2013 al despoblado. La Asociación Fraguas Revive presentó varios proyectos a la Junta de Castilla-La Mancha sobre apicultura, agricultura y ganadería ovina para la prevención de incendios. Ninguno fue aprobado. Aun así, siguieron. “Sabíamos que no teníamos los permisos, pero pensábamos que nos verían con buenos ojos”, reconoce Aracil. No era ingenuidad, habían estudiado la zona: a 40 kilómetros al norte, una entidad similar tenía cedido el uso de pastos, cultivos, y edificios. Allí un grupo de arquitectos se rebeló hace más de 40 años contra la desaparición de los pueblos de la serranía de la provincia. Sin embargo, los de Fraguas no han conseguido la simpatía de las instituciones.

De las 50 casas que había en Fraguas, han rehabilitado dos para viviendas, otra como almacén y un antiguo gallinero, respetando la metodología tradicional y los diseños originales: “Solo hemos añadido elementos de seguridad a las estructuras”.

Un año después de su llegada, la Junta de Castilla-La Mancha —bajo el mando de Dolores de Cospedal (PP)— los denunció por usurpación de monte público. Los agentes forestales identificaron a 50 personas en el enclave. Llegaron a ser enjuiciadas, aunque solo seis fueron condenadas. En ellas recae el peso de la ley. Tras nueve años de proceso judicial, se ha ratificado la sentencia, condenándolos por este delito, y otro contra la ordenación del territorio que interpuso el siguiente equipo de Gobierno de Emiliano García-Page (PSOE).

Mercedes Álvarez, que coregenta una casa rural, única oferta de pernocta en los alrededores, comprende su estado de ánimo: “Son buena gente, generosa. Estas cosas queman, empiezas con mucha ilusión con un proyecto de vida y te encuentras que igual vas a la cárcel. Es un sinsentido”. Su marido y socio, Miquel Jiménez, les sintió vecinos desde el primer momento: “Venían aquí, les comprábamos sus productos artesanales (mermeladas, cremas…). Han bajado alguna vez, les hemos dado un caldito y cuando les hemos ido a visitar nos acogen”.

Aunque las denuncias han sido interpuestas por la Junta de Castilla-La Mancha, el matrimonio de hoteleros, que apoya desde su llegada al grupo, acusa también al Consistorio por su resistencia al cambio: “El Ayuntamiento podría hacer mucho más. Tendría que haberles empadronado”.

En una entrevista de Cuatro Al Día, la alcaldesa María Victoria Delgado aseguró que “ellos [los pobladores de Fraguas] saben que no se les ha podido empadronar porque el pueblo no existe”. Fuentes del Instituto Nacional de Estadística, entidad encargada del empadronamiento, corrigen a Delgado: “De acuerdo a la Ley, el padrón debe reflejar el domicilio donde realmente vive cada vecino. En consecuencia, incluso la ausencia total de techo puede y debe figurar como domicilio válido en el padrón”.

La Junta de Castilla-La Mancha incluyó en octubre de 2021 al municipio de Monasterio —donde se encuentra el despoblado de Fraguas— entre los que tienen “riesgo de extrema despoblación”. No es una excepción: la situación es dramática, con el 93% de los municipios de la provincia afectados. El colectivo no entiende cómo no ven con buenos ojos su propuesta, como sí se hace en otras regiones como Navarra, donde el Gobierno foral ha desarrollado un proyecto junto a la Red Ibérica de Ecoaldeas para recuperar pueblos abandonados, o en Aragón, donde la comunidad ha cedido municipios a colectivos para su repoblación, como Artosilla, Ibort y Huesca.

Jóvenes que no quieren ser urbanitas

Andrea Martín (23 años) lleva más de un año conviviendo en Fraguas. Es informática y teletrabaja desde el poblado. Se molesta cuando le dicen que ahí no hacen nada. “A veces se nos ve como personas que queremos huir y que hemos venido a sentarnos en el monte sin oficio ni beneficio. Este es un trabajo duro, hay que creer en el proyecto”. Siente que, en un contexto grave de despoblación y de falta de acceso a la vivienda, no se les deja vivir en el campo: “Somos gente joven que no queremos ser urbanitas. Si quieren que vengamos al campo, tenemos que poder vivir del campo. ¿Qué queréis, un hotel, un spa?”.

Desde hace años reforestan la zona con especies autóctonas, asesorados por asociaciones especializadas. La última replantación ha sido de robles, bellotas y encinas. En su defensa de la vuelta del ecosistema original han encontrado unos aliados de excepción. Se refieren a ellos con tono reverencial, como Los Antiguos. Son aquellos vecinos y vecinas que fueron expropiados en 1968 y que aún hoy vuelven al pueblo de visita, y hasta han declarado en los tribunales a su favor

El colectivo Fraguas Revive se ha enfrentado a tres gobiernos regionales. Entre 2017 y 2019, hubo cierto acercamiento durante el mandato conjunto de PSOE y Podemos. Tras la primera sentencia condenatoria, en junio de 2018, se puso la cosa complicada, pero se presentó ante el juzgado un acuerdo entre las partes que los jueces rechazaron. Un portavoz de la Administración regional reconoce que en dicho acuerdo se proponía “explorar la puesta en valor de usos y actividades permitidas en la normativa del parque natural. Pero, fue desestimado por el juzgado. Y aunque no compartimos la decisión judicial, hay que asumir que existe una sentencia judicial firme que se debe cumplir”.

“Desde que el juzgado no la aceptó, la Junta ha ido a por nosotros, se añadieron los delitos contra la ordenación del territorio y daños medioambientales”, asegura Aracil. El Gobierno regional afirma haber retirado el segundo de ellos. “Se retiró la acusación por delito de daños, evitando que pesara el ingreso en prisión sobre las personas condenadas”, explica un portavoz.

“Eso es una mentira horrorosa, es que me hierve la sangre”, rebate Aracil. “Lo retiró la Fiscalía y la Junta lo aceptó en sala durante el juicio porque los agentes forestales y del Seprona declararon que no había impacto medioambiental apreciable”.

El desencuentro es total. Desde el Ejecutivo de García Page aseguran que “solo una de las seis personas implicadas permanece allí y algunas viven en pueblos de la comarca donde se les había ofrecido vivienda”. Pero, Isabel Turina, otra de las condenadas, lo niega: “Cada uno nos hemos buscado la vida, no nos ofrecieron nada”.

Ella, Lalo Aracil y cuatro compañeros se enfrentan ahora a una pena de cárcel que sobrepasaría los cuatro años si no abonan, cuando el juzgado lo dictamine, los 110.000 euros por las demoliciones de las cinco reconstrucciones, según el cálculo de TRAGSA. Aracil aún espera un milagro: “Nos queda el último rayito de esperanza, hemos puesto el último recurso, a ver qué pasa”, explica mientras retira unos rastrojos de la calle principal del antiguo pueblo."                   (Merche Negro, El País, 24/08/22)

12/8/22

El despertar de los pastores: Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática

 "Llegará un día en que no podremos más, y entonces lo podremos todo”, decía el poeta Vicent Andrés Estellés. Pues ese día está llegando. Los pastores y las pastoras estamos hartos ya.

Señores y señoras, representantes políticos y administradores de los servicios esenciales para la ciudadanía: ¿Cuántos de los millones de euros que las comunidades autónomas han anunciado que van a invertir en la campaña para la prevención de incendios y limpieza de montes van a ir destinados a los pastores y a las pastoras del mundo rural? La ganadería extensiva se está tambaleando. Apenas nos tenemos en pie. Muchas de las explotaciones ganaderas han llevado ya a sus animales al matadero. Y otras, no se sabe cómo vamos a terminar.

No se trata de dar ese dinero por nada y para nada. Conocemos de sobra las razones por las cuales se producen los incendios. Las entidades sin ánimo de lucro que llevan años defendiendo el entorno rural y la naturaleza lo tienen muy claro: “El mejor bombero forestal es la ganadería extensiva”. Si hasta vosotros mismos nos estáis diciendo la importante labor que realizamos.

Las pastoras y los pastores de la Serranía Alta de Cuenca solo queremos mantener vivas nuestras explotaciones ganaderas, mantener vivos nuestros pueblos, seguir trabajando, seguir adelante. Pero estamos atravesando la tormenta perfecta: el cambio climático nos golpea con una dureza nunca antes conocida, tenemos que alimentar al ganado con cereales cuyos precios se han duplicado, somos el eslabón más débil de la cadena (víctimas de almacenistas, especuladores, intermediarios y gentes a menudo sin escrúpulos que viven a nuestra costa). Compramos por lo que nos piden, vendemos por lo que nos dan… Nuestros productos son perecederos y perdemos así cualquier posibilidad de presión a la hora de negociar los precios.

No queremos ser héroes. Solo queremos poder vivir con dignidad. Los pastores y las pastoras somos esclavos de nuestras ovejas, vivimos para ellas, sin horario ni calendario. Pero ¿hasta cuándo podremos aguantar esta situación? Si producir alimentos sanos y naturales en estas circunstancias nos cuesta dinero, si otro recurso como la lana ya no vale nada, si por vivir en zonas remotas hasta tengo que pagar por que se lleven el estiércol… Entonces ¿qué nos queda?

Nos queda el trabajo importantísimo que nuestros ganados llevan a cabo en el campo, aprovechando los pastos, abriendo sendas y caminos, evitando que se conviertan en combustible, ayudando a mantener el equilibrio en los ecosistemas, fomentando la diversidad, creando paisaje para el disfrute de todos. Es un trabajo que se nos tendría que reconocer, valorar y pagar. En ello va nuestra supervivencia.

No nos dejen caer. No dejen que desaparezcamos. La ganadería extensiva tendría que ser considerada como lo que es: una pieza esencial del operativo de prevención y lucha contra los incendios, junto con las cuadrillas forestales que desbrozan los montes. Las personas que lo hacemos posible reclamamos dignidad.

A menudo los pastores interiorizamos que “lo que hacemos no vale nada”, que “somos tontos como nuestras ovejas”, y por eso seguimos adelante sin esperar nada a cambio. Pero ni somos tontos, ni nuestras ovejas son tontas. Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática.

Señores y señoras, esa remuneración digna, ese apoyo que exigimos, no es para nosotros. Es para todos. Para todas. Por favor, rásquense el bolsillo. O mejor dicho, adminístrenlo bien. Solo se trata de eso, de administrarlo bien, de priorizar lo realmente esencial, y pensar, de una vez por todas, en el bien común."                

(Rodrigo Molinera Villanueva , Pastor de Poyatos, Serranía Alta de Cuenca, Laura Navarro , Hija de poyatera; El Salto, 10/08/22)

19/11/21

«La invasión fotovoltaica de los campos de España»... Las promotoras fotovoltaicas han diseñado silenciosamente la ocupación y despiece de productivas tierras agrícolas, para instalar en ellas grandes «parques» solares fotovoltaicos (PSFV), con el pretexto de la energía «verde» y la financiación de los fondos Nest Generation EU... los megaproyectos fotovoltaicos (y eólicos) amenazan con la expropiación forzosa de tierras —una «nueva desamortización agraria»—, y la eliminación de empleo agrícola... “¡Renovables sí, pero no así!”

 "Este libro nace de la preocupación por el atentado «ecológico» que se pretende perpetrar contra el patrimonio natural, cultural, económico y paisajístico, en muchos lugares de España, y el bienestar de sus habitantes.

Las promotoras fotovoltaicas han diseñado silenciosamente —a veces, más allá de nuestras fronteras— la ocupación y despiece de hermosas y productivas tierras agrícolas, para instalar en ellas grandes «parques» solares fotovoltaicos (PSFV), con el pretexto de la energía «verde» y la financiación de los fondos Nest Generation EU.

Estamos asistiendo así a un aluvión, una avalancha, una invasión de megaproyectos fotovoltaicos (y eólicos) que amenaza con la expropiación forzosa de tierras —una «nueva desamortización agraria»—, la eliminación de empleo agrícola y toda otra serie de perjuicios, incluida su repercusión en la factura eléctrica de las familias.

Esa arrolladora invasión queda recogida en numerosas noticias —una aportación bibliográfica del autor— que han ido apareciendo en los medios de comunicación, alertando y denunciando este proceso invasor que amenaza a muchos pueblos de España.

El libro apunta también diversos temas controvertidos que deberían servir para estimular la investigación y aportar soluciones en temas tan actuales y candentes como el oligopolio eléctrico, el precio de la luz, la despoblación, el empleo agrícola, la vivienda social, las residencias de mayores o el dudoso funcionamiento de algunos Ayuntamientos.

Y describe el modus operandi de las promotoras fotovoltaicas, tomando como ejemplo el caso paradigmático de la localidad toledana de Méntrida, en Castilla-La Mancha, completando el análisis con referencias al rechazo popular de los macroproyectos en otros muchos lugares de España, que defienden las energías limpias y renovables, pero discrepan del modo y extensión como están siendo implantadas e impuestas:

“¡Renovables sí, pero no así!”."    
                 (Rebelión, 18/11/21)

25/10/21

Nadie espera a la España Vaciada... Uno de los conflictos germinales de la modernidad fue el sostenido entre el campo y la ciudad que se resolvió con una victoria total e incontestable de lo urbano... con el horizonte de la descarbonización de la economía, las zonas mineras y las de instalación de renovables van a devenir en territorios tan estratégicos como Arabia Saudí o Texas en el siglo XX... Con todo lo que eso implica. Es esta una perspectiva desasosegante, pero también esperanzadora...

 "¿Tan importante es la relación que se da entre el mundo de lo lleno y de lo vaciado? Parece probable que sí, que sea necesario todo este despliegue orientado a disimular la naturaleza conflictiva de las relaciones sociales de lo vaciado, hacia dentro y hacia fuera, sobre todo porque todos los sujetos implicados arriesgan mucho en este juego.

1. NADIE ESPERA A LA ESPAÑA VACIADA

Lo que sigue es un relato de odio. Lo es, al menos, en la medida en que uno tiene que elegir entre a) y b) para definir el humor con el que escribe. Digamos, de manera más amable, que es una historia a la contra de toda esa corriente de opinión que, por lo que sea, necesita negar la España Vaciada. Ese "por lo que sea" abarca desde la compulsión de refutar el proceso de abandono para no tener que asumir la existencia de, al menos, un problema ("siempre estuvo vacía"), hasta el intento de captura de la España Vaciada como rehén de algún tipo de proyecto nacional (sutil, liberal, autoritario) que, como norma, tendrá poco que ver con los movimientos y reivindicaciones de esos territorios en trance de desertificación demográfica. En general, nos referimos a un mar de fondo que arrastran quienes vivieron con un cierto pesar la autodenominada "Revuelta de la España Vaciada" en 2019, por cuanto ésta suponía sacudirse unas tutelas (políticas, culturales, simbólicas) que se habían dado por supuestas sobre el universo de la despoblación.

...Y que no te sepa malo

Empecemos por el principio: la España Vaciada es un concepto incómodo, más que más porque no se deja atrapar ni se corresponde por completo con otros previos. España Interior, despoblada, desaprovechada, Serrania Celtibérica / Laponia española, el despectivo Tractoria en Catalunya o incluso el propio España Vacía han fracasado a la hora de cumplir con los dos objetivos de un apelativo, a saber: describir y ser aceptado por aquel a quien se describe. Algo en lo que fallaron en mayor o menor medida todos los nombres y adjetivos anteriores, y muchos otros

 Los nombres en los mapas (esto no es un paréntesis)

Antes de seguir, cuatro avisos. Primero, escribo como aragonés. No sé hacerlo de otra forma, y si existe algo como la España Vaciada, la estoy analizando con esas gafas. Segundo: soy urbanita; en tiempos fui eso que se ha dado en llamar "híbrido", pero ahora vivo en Zaragoza full time, y enseño en Teruel. Por consiguiente, intento hablar de los aspectos de la España Vaciada con los que se relaciona la "gente de lo lleno", o de los que me siento legitimado para dialogar; del resto, por respeto y decencia, me callo o solo pregunto. Tercero: a causa de lo anterior, no busco dar una definición de la España Vaciada más allá de una ad hoc que nos sirva de hilo conductor, a saber: aquellas zonas en las que, de acuerdo con la lógica neoliberal, es más razonable o rentable dejar de prestar un servicio que privatizarlo. No es la mejor definición del mundo, pero nos sirve para pensar ciertos malestares y ciertas luchas y las representaciones que llevan aparejadas.

Cuarto, y último, también caeré puntualmente en la confusión entre la España Vaciada (permitidme, de aquí en adelante, EV) y la rural. Muy al contrario, el movimiento de la EV se fundamenta en una alianza entre zonas rurales, gentes híbridas y la débil trama urbana con la que se articulan (resulta enternecedora, por cierto, la vehemencia de los opinadores al descubrir en 2021 -¡en 2021!- que las ciudades pequeñas de la EV también se están vaciando). En ese sentido, a pesar de reconocerse las mútuas diferencias y conflictos entre zonas rurales y urbanas, se ha desarrollado un marco de análisis y una identidad común, contrapuesta a una España llena, metropolitana y densa. De hecho, a lo largo del texto emplearé el par "lo vaciado" y "lo lleno" para expresar esa oposición.

 O al menos, nadie le había dado vela ni en su entierro ni en el del Régimen del 78, si es que llegaban a celebrarse. No es de extrañar. La Transición se fundó sobre una serie de pactos entre los cuales no figuraban la despoblación y la desigualdad territorial. Hubo varias razones para esta ausencia, empezando por que a nadie parecía importarle lo suficiente. De otro lado, la herida de la despoblación estaba todavía abierta -apenas habían pasado veinte años desde el inicio del gran éxodo rural- y aún no se tenía una idea clara de sus posibles derivadas en el futuro. Así, la perspectiva popular albergaba la esperanza de "revertir la despoblación", misión encomendada a partir de 1985 a las comunidades autónomas; el proyecto de la dirigencia, a su vez, estaba a algo muy distinto y ya aprestaba las reformas del campo -agrario no es rural, ni vaciado, pero...- previstas para el ingreso en la Comunidad Económica Europea.

Solo debatiendo su papel electoral le fue permitida a la EV una discreta presencia. Pues recordemos lo que el historiador Carmelo Romero nos ha repetido hasta la saciedad: el sistema electoral vigente desde 1977 privilegió la sobrerrepresentación de una serie provincias, no por corregir desequilibrios territoriales, sino por ser donde habían ganado las derechas en las últimas elecciones democráticas, las de febrero de 1936. Es decir, la EV era, de acuerdo con la cultura política de la Transición, la España sumisa o adherida al franquismo, y ese papel de brida conservadora era lo que la definía y la silenciaba; una ilusión, pues, de acuerdo con Berger, al menos el mundo campesino no se define tanto por la defensa del orden político como la de su significado: la continuidad. Puede, entonces, que la irrupción de el movimiento de la EV en 2019 fuera especialmente incómoda para ciertos actores -culturales, políticos- porque rompía con el principal papel que se le había asignado y de cuya representación tantos dependían.

2. SERÁ USTED MÁS FELIZ CON ESTA MODERNA ASPIRADORA

Arranca el conflicto, escúpelo

Uno de los conflictos germinales de la modernidad fue el sostenido entre el campo y la ciudad. En el Estado español -en general, en la Europa continental; más en general: el mundo- éste se resolvió con una victoria total e incontestable de lo urbano, hasta tal punto que numerosos autores dudan que se pueda seguir hablando, en propiedad, aquí y ahora, de lo rural. Ahora bien, por interesante que sea este debate académico, nuestro interés radica en que, muriera o no lo rural, seguimos ante un conflicto, y negar su existencia se ha transformado en una de las Bellas Artes.

 Esta relación antagónica tiene que ver, aunque no se limita, con los intereses de gentes en territorios históricamente desiguales; por ello, con su negación se buscará, en primer lugar, recluirla en un lugar del pasado donde no moleste: "aquello (desamortizaciones, desposesión, guerras, proletarización y empobrecimiento) existió, pero ya no existe". Ante la evidencia de las desigualdades en la distribución de renta, riesgo de pobreza, acceso a servicios o abandono escolar en zonas rurales, se pasará a hablar de "problemas", que pueden ser resueltos -la sombra del solucionismo es alargada- mediante la vuelta a, por ejemplo, la nación (liberal o autoritaria) como garantía de igualdad, que toma decisiones "correctas", pero sin violar nunca las jerarquías que separan lo lleno de lo vacío. Pero, en cualquier caso, es importante que los procesos de desposesión, metropolización y de mantenimiento de las desigualdades permanezcan en un segundo plano frente al pasado, ya felizmente superado, y a la promesa de una solución.

"Nuestra adhesión y nuestra gratitud"

El orden social de la modernidad distingue y clasifica los territorios, las gentes y los saberes. La eliminación u ocultación del conflicto se daría en falso si no hubiera mecanismos que legitimaran la diferencia que, de hecho, se da entre el mundo de lo lleno y de lo vaciado, y esto se consigue, fundamentalmente, por dos vías. En primer lugar, muchas de las relaciones sociales rural-urbanas, incluso urbano-metropolitanas se fundan en la discriminación de saberes, especialmente los saberes expertos; por otra parte, el (neo)caciquismo crea figuras relevantes y redes de patronazgo que, en realidad, disfrazan su posición subordinada mediante la integración en las gramáticas y redes sociales urbanas.

El resultado suele ser invariable, esto es, la pérdida de agencia, de capacidad para hacer, de lo vaciado frente a lo lleno; una pérdida, además, imbuida en un fatalismo (es algo "inevitable"), por el cual no habría alternativa a la metropolización del mundo: ante ella solo existen espacios atomizados. Por ello, desde el sistema educativo y las universidades a los partidos políticos, cada uno de los territorios tiende a dialogar con el centro individualmente y no como un conjunto y, además, de acuerdo con unas normas de representación muy específicas que excluyen la visibilidad y la autonomía. No es raro que cuando estas normas fueron cortocircuitadas en 2019-2020 (preferencia de España Vaciada frente a Vacía, presentación a elecciones de Teruel Existe, investidura de Pedro Sánchez) la reacción del mundo lleno, el metropolitano o el que está conectado con sus organizaciones, fuera visceral, casi furibunda.

Todos rasos

Visto en perspectiva, debería haber sido sencillo imaginar la emergencia de este fenómeno durante la última década. Por una parte, como toda desigualdad, lo territorial se vio acentuado después de 2008 con una degradación más intensa de las condiciones de vida y de los servicios. Pero, por otro, a raíz de un tímido flujo de retorno a los pueblos como fruto de la crisis -generalmente, en busca menos de nuevas experiencias que de vidas más baratas- se desplegó a partir de 2014-16 toda una corriente (idilista a veces, irónica otras) sobre lo rural de la que surgieron ensayos, novelas, programas de televisión o influencers; nótese, por cierto, como este proceso se ha repetido, y agudizado, con los movimientos de población durante la emergencia pandémica.

 Como norma, estos productos culturales eran creados desde entornos urbanos y llevaban en su ADN una visión de lo rural inmóvil, uniforme, no conflictiva y en la que la historia de estas comunidades era sustituida por algo parecido a la tradición o a fragmentos mutilados de memoria. Por ello mismo, en medio de esta marea creativa el papel de estos territorios no podía ser sino funcional a otros fines. ¿Quiere usted criticar la vacuidad y el estrés de la vida urbana? ¿Se siente agobiado por la pérdida de empleo, por la incertidumbre? ¿Necesita una esperanza y una seguridad, aunque sean modestas? ¿Añora la España de siempre? ¿Cuál de ellas? No se preocupe: en el campo / España Vacía / lo que sea, podrá usted encontrar una respuesta a todas esas preguntas. Claro, que, entre tanta respuesta a los malestares urbanos, quedaba poco sitio para responder a los rurales o vaciados, algo todavía más difícil porque estos son, al contrario que su representación, diversos y conflictivos, aunque, oh paradoja, esta homogeneización ha sido muy útil al movimiento de la EV para fomentar su identidad y su movilización.

Nascut a Denguin

Ahora bien, existe un cierto género de malestares que no pueden ser reducidos a la homogeneidad, someterse a una jerarquía ni, tampoco, extirparse, ya que el conflicto que los originó sigue vivo. Llegados a ese punto, el mundo de lo lleno necesita de un esfuerzo mayúsculo de ocultación y violencia simbólica para legitimar una situación dada. En este esfuerzo, la asimetría de fuerzas y el enmascaramiento de las necesidades del mundo de lo lleno tras grandes principios que faciliten la desposesión serán más visibles, escandalosamente visibles, hasta el punto de invisibilizarse; ante ésta, el mundo de lo vaciado podrá optar por la aceptación, el silencio o la resistencia más allá del margen de lo "aceptable".

Entre aquellos grandes principios que afectan con más fuerza al mundo de lo vaciado, podemos citar el "interés general" o la "utilidad pública", amén de la "rentabilidad", que justifica el cierre de servicios públicos ("los de la ciudad os pagamos los servicios": recordemos el traumático cierre de líneas férreas de 1985). En los últimos años le ha llegado su turno a la "transición ecológica", en cuyo nombre fondos de inversión y empresas energéticas -con la bendición de la administración e, incluso, de Greenpeace- están apropiándose de amplísimas zonas rurales para la instalación de energías renovables. Es importante subrayar que esta violencia simbólica no implica por fuerza falta de reconocimiento hacia las “gentes de lo vaciado”, sino que, cuando se da (durante el franquismo se prefirió el silencio), es simbólico y aparece como como ritual "de noble corazón", obligando al subalterno a situarse en una postura de, incluso, agradecimiento.

3. EL CORAZÓN DE LA BESTIA / LA BESTIA SIN CORAZÓN

Pero entonces, ¿por qué se necesita tanto velo, tanto trampantojo? ¿Por qué tantas molestias? Es decir: ¿tan importante es la relación que se da entre el mundo de lo lleno y de lo vaciado? Parece probable que sí, que sea necesario todo este despliegue orientado a disimular la naturaleza conflictiva de las relaciones sociales de lo vaciado, hacia dentro y hacia fuera, sobre todo porque todos los sujetos implicados arriesgan mucho en este juego.

La bestia sin corazón

Si hablamos del "hacia dentro", el hecho es que ciertas estructuras de la EV necesitan de su relación con esta desigualdad para perpetuarse. Como hemos visto, esto suele equivaler a ocultar ambas: desigualdad y estructura; éstas no se limitan a los fenómenos de neocaciquismo incrustados en distintas instituciones, aunque sean su expresión más llamativa. Un neocaciquismo al que, por cierto, haríamos mal en interpretar solo en un plano moral (una forma de corrupción), y muy bien en hacerlo en otro político y material (un régimen de gobierno), como nos recomienda Carmelo Romero; por favor, leamos a Carmelo Romero.

Las estructuras del vaciamiento de la EV, con frecuencia, son mucho más discretas y tienen que ver con (la crisis de) su opuesto, las que se ocupan del mantenimiento de población; por ejemplo, después del gran éxodo de los años 50-70, la constante mejora de la educación entre las mujeres en el ámbito rural (frente al estancamiento relativo de los hombres) y el consiguiente cambio de expectativas llevarán a la intensificación de la emigración del colectivo femenino, y a la masculinización de amplias zonas rurales de la EV. Si bien es cierto que en las generaciones más jóvenes -escasas, con frecuencia- operan otros imaginarios, entre la población masculina de más edad es frecuente el verse como depositarios de una libertad y a una autonomía que, sin embargo, requiere de todo un sistema de cuidados y un tipo de vida que hace tiempo que entraron en crisis.

El corazón de la bestia

Sin embargo, creo que es "hacia fuera", es decir, en su relación con el mundo urbano y metropolitano, donde se justifica todo el esfuerzo desplegado en disimular, es decir, en conseguir que la propia devaluación del “mundo-vaciado” se devalúe, que carezca de relevancia, que sea un mero “proceso” o “devenir” histórico, facilitando de paso la labor de desposesión. Es central esta doble pérdida de valor. Ejemplo: se puede tener la opinión que a uno le plazca sobre la Iglesia, o sobre el papel de los párrocos (con frecuencia los expolios de bienes culturales corrían de y para su cuenta), pero eran los encargados de mantener y actualizar los archivos parroquiales. Al tener que compartir sacerdote entre varios pueblos -con el consiguiente cierre de las Casas del Cura-, muchos archivos locales se echaron a perder, y con ellos, siglos de historia y memoria local. Otro tanto ocurre con las casas del Maestro, mantenidas y sostenidas por los ayuntamientos, y ahora en desuso debido a la mayor movilidad de muchos docentes que, además, cambian de destino año tras año. Otro tanto, en fin, con los cines rurales, clausurados en su mayoría. Pues bien, no solo pierde valor la institución y sus bienes, sino que se pierden el capital construido en común por los y las vecinas y su consideración. Sin esta pérdida de valor -y toda puesta en valor producida por los subalternos o que redunde en su favor será siempre cuestionada- no son posibles los procesos de desposesión, que son, al fin y al cabo, la columna vertebral del conflicto entre el mundo de lo lleno y el de lo vaciado.

"De buen grado beberé tu sangre"

El pantano de Mularroya (Morata de Jalón, Aragón) es una obra inacabada y así debería seguir. No por algún principio ético o ecológico, sino porque acumula cinco sentencias contrarias a sus obras por motivos ambientales. Cuando el pasado abril se hizo público el último fallo en contra del embalse, el diputado del PP aragonés, Eloy Suarez, cargaba contra la Directiva Marco del Agua (DMA) en la que se basaba la sentencia, aduciendo que la DMA "está pensada para las cuencas fluviales de países centroeuropeos, lluviosos y húmedos, pero no para las zonas más áridas". Estas palabras, en cierto modo, acarician la verdad, porque las leyes ambientales europeas se crean con la mente puesta en contextos de acumulación por desposesión en los que ya no es necesaria una ofensiva constante sobre "lo vaciado", v.g., secar ríos. Pero aquí, esa constante ofensiva hace falta para seguir inyectando recursos a la agroindustria.

 

Por eso, uno de sus principales mecanismos, la Ley de Expropiación Forzosa, en lo sustancial sigue siendo la franquista de 1954, que sustituyó a otras, aún menos garantistas, de 1879 y 1939; la ley otorga al Estado un enorme poder para llevar a cabo grandes expropiaciones siempre que medie la declaración de utilidad pública. En su preámbulo llega a garantizar la posibilidad de "referir sus beneficios [de la expropiación] a particulares por razones de interés social". Por leyes como esta y por el uso que se les dio es legítimo definir el franquismo como un régimen de desposesión.

Hoy en día, la severidad de este régimen ha decaído. Lo lleno necesita de lo vaciado (desde votos a paisajes y destinos turísticos pasando por comida o energía), pero lo necesita débil para que acepte de buen grado la explotación del territorio. Como resultado, la desposesión -primero, los comunales, luego, la proletarización; entonces, la expropiación y/o la emigración; por fin, los recortes y de nuevo el extractivismo- ha moldeado una visión y una forma de relacionarse con el mundo de lo lleno. Es en ese cambio estratégico, fruto de experiencias acumuladas y cambios sociales geológicos donde se entiende mejor la alianza entre zonas urbanas y rurales de la EV, compleja e inestable, pero basada en habitus compartidos.

4. PASEANDO A MISS VACIADA

Conocimiento del opresor

Los comunes, al igual que otros bienes y formas de capital, son sustancia viva que se alimenta de las relaciones sociales en las surgen. Hace, aproximadamente, ciento setenta años no existían bienes con vocación de común, tal que el paisaje o el patrimonio cultural. El medio natural, en la manera que lo entendemos, es incluso más reciente. A pesar de encontrarse con mayor frecuencia en zonas rurales, del mundo de lo vaciado, son invenciones urbanas. Otro tanto se podría decir del triángulo antagonista del anterior, desarrollo-energías (carbono)-movilidad (tren-autovías), y que forma con los servicios públicos el leitmotiv de buena parte de los discursos en las plataformas de la EV. Siempre resulta chocante como la EV y la ruralidad han terminado por necesitar de códigos urbanos para articular sus identidades.

 Nos hallamos ante una letra rural con música urbana, en cierto modo, pero que consiguen al fin y a la postre revitalizar y devolver dignidad al territorio que habitan, y esgrimirlo como arma de resistencia, a falta de un lenguaje propio que designe la naturaleza que realmente se le quiere otorgar a lo vaciado. Esa es, por cierto, una buena pregunta. Cuando hablamos de la España Vaciada, ¿hablamos realmente de ella? Es, después de todo, solo un término de fortuna creado al calor de una movilización en 2019, dándole la vuelta a una creación de 2016. Por tanto, ¿hay realidades más allá de esa situación de regresión y crisis secular y de esa fina pero firme red de activistas y plataformas que conforman la EV? ¿Cuáles?

El héroe de las mil caras

Es difícil de decir. En ocasiones parece acercarse o tener puntos de encuentro con la parte más suburbana o rural de los Chalecos Amarillos; alguna vez, parece beber de un federalismo de identidades periféricas dentro de las periferias de sus propias comunidades autónomas, y del hecho de que estas enarbolaron durante la Transición la bandera de la lucha contra despoblación, y fallaron. 

Hay momentos en que se diría que la EV es poco más que un lobby territorial centrado en las infraestructuras. De vez en cuando, incluso, nos encontramos con una manifestación -embrionaria, si se quiere- de una especie de "indigineidad débil", probablemente con muchos semejantes en Europa, entendida en un sentido no-étnico -ni mucho menos-, sino como la férrea voluntad de "vivir aquí" y de custodiar el territorio.

Hay muchas preguntas, algunas de las cuales afectan también al mundo-lleno. Las transiciones a las que nos enfrentamos, ¿nos abocan a un giro centrífugo, hacia una ruralidad más potente en la que nos refugiaremos? ¿Se reproducirá la desigualdad rural-urbana que creíamos superable? El rural proofing tan en boga implicaría tenerla en cuenta cuando se plantean medidas como, por ejemplo, la generalización de peajes, también cuando se plantean soluciones como dar ayudas (a las zonas rurales) para pagarlos, en lugar de eximirlos. Pero no. Si eres pobre, haz papeles. Si vives en un pueblo, haz papeles. Hay una presunción de abuso sobre el grupo subalterno que se tiene que refutar con copias compulsadas.

 Al hilo de estos cambios, me acecha el pensamiento de que, con el horizonte de la descarbonización de la economía, las zonas mineras y las de instalación de renovables van a devenir en territorios tan estratégicos como Arabia Saudí o Texas en el siglo XX o Alsacia y Lorena, Silesia o las Midlands para el XIX. Con todo lo que eso implica. Es esta una perspectiva desasosegante, pero también esperanzadora.

Hay muchas preguntas, pero se acaba mi tiempo, y mi texto. Solamente una mas: una de las derivadas de la "hipotesis Bott" es que territorios como los barrios obreros tradicionales o, incluso, los más eminentemente burgueses pueden ser espacios donde los individuos se ven sometidos a un control y a una censura social semejantes a la que se le achaca a los pueblos y "ciudades de provincias". Sitios donde todo el mundo se conoce, donde las familias extensas viven puerta con puerta, o calle con calle. La idilización de la comunidad rural, o de la pequeña ciudad nos devuelve siempre un debate sobre las condiciones (la presión, el acoso o la vigiliancia) que muchos grupos sufren. 

Ahora bien, ¿por qué no se da una idilización y un debate semejante respecto a territorios urbanos, y se asume, por el contrario, su riqueza? O, dicho de otro modo, sabiendo como sabemos de la gran pluralidad dentro del cuerpo social de lo rural y lo vaciado, ¿por qué sigue imperando una visión del mundo vaciado, idílica o infernal, pero siempre uniforme?"                         (Lorient Jiménez Martínez, ECCS, 24/06/21)

9/2/21

Stop Ganadería Industrial: “Se puede producir de forma más sostenible, sin que tus vecinos se tengan que ir y esté todo lleno de mierda y ruina”. “Los pequeños ganaderos venden porque no pueden competir. Así las macrogranjas se están haciendo con el mercado y al final imponen el precio”

 "¿Cuántos cerdos hay por persona en Castilla-La Mancha? “¿Y cuántos purines? En Albacete lo hemos calculado y tocamos a 2,5 litros de purines por cabeza al día”, responde Inma Lozano, agricultora ecológica, portavoz de la plataforma Stopmacrogranjas de Castilla-La Mancha, donde ya hay alrededor de un centenar de pueblos afectados por una ganadería industrial que “genera graves riesgos para la salud pública, el medio ambiente, el medio rural y el bienestar animal”.

 Por todo ello, la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial, de la que Inma es coportavoz, ha impulsado una petición al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación y a la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para el establecimiento de una moratoria a la instalación y ampliación de explotaciones ganaderas intensivas.

“No estamos en contra de la ganadería, sino de este tipo de industria, porque no son granjas, es ganadería industrial que afecta al entorno, a los recursos y a las personas. Se puede producir de otra forma, más sostenible, sin que tus vecinos se tengan que marchar y esté todo lleno de mierda y ruina. Apostamos por menos producción, pero de mejor calidad. No carne basura que asola nuestros recursos y nuestros pueblos”, defiende Lozano.

“No hay tierra que pueda absorber tanta mierda”

Porque los habitantes de Castilla-La Mancha ya no pueden soportar más macrogranjas. “No hay tierra que pueda absorber tanta mierda”, se quejan. En la Comunidad Autónoma presidida por el socialista Emiliano García-Page, hay decenas de pueblos afectados por este tipo de ganadería industrial intensiva que califican de depredadora. “Ni se sabe cuántas hay. Pero es que además las que están inscritas según el Gobierno de Castilla-La Mancha y el Gobierno central no coinciden. Nosotros pensamos que hay más, por todos los purines que se están vertiendo”, aseguran otros miembros de CLM Stopmacrogranjas consultados.

“La mitad de los pueblos se enteran cuando la macrogranja ya se está construyendo en su localidad o en el pueblo de al lado. Es David contra Goliat”, claman. “Ya hay médicos que están informando de los efectos nocivos sobre la salud de las personas. Y la gente nos estamos agrupando para pagar abogados que hagan alegaciones”, añaden.
“No genera empleo: Una macrogranja de 7.000 cerdos la puede llevar una persona. Está todo automatizado”

Y es que son muchas las consecuencias negativas de este modelo industrial de ganadería sobre un territorio ya de por sí vulnerable como es la llamada España vaciada. “Te venden que es bueno para la economía de la zona, para generar empleo, para fijar población, pero está demostrado que la población no crece. Pero es que además la gente se va”, afirma Lozano. Es el caso de Balsa de Ves, que en 2006, año de la llegada de la macrogranja, contaba con 222 habitantes. Hoy hay apenas 130 almas en un pueblo que en 2018 ya soportaba 2.600 porcinos madres, con posibilidad de criar 60.000 cerdos al año, lo que generaba más de 100 toneladas de residuos al día, según publicó en su día ‘El digital de Albacete’.

“Y luego se les llena la boca con la defensa del medio ambiente. Presuntamente, todo va con la agenda 2030, todo te lo venden como muy verde y muy sostenible, pero mientras, se publican todos los días ampliaciones y nuevas explotaciones altamente contaminantes. Cuando ya sabemos las consecuencias. Los números son desastrosos. En el pueblo de Pozuelo ya van por el segundo intento. Quieren poner 10.800 madres. Eso supone 400.000 cerdos al año. Las cifras son devastadoras. Lo hacen a través de lo que llaman ‘ampliación no sustancial’. En Cardenete (Cuenca) no paran de ampliar. Y cada vez hay más explotaciones. Suelen utilizar proyectos de corta-pega, con trámites administrativos dudosos. Se están autorizando barbaridades”, insisten desde la plataforma.

 Los afectados explican que las macrogranjas “actúan siempre igual: Piden un número x de cerdos y al año piden una ampliación no sustancial que dobla las cabezas de cerdos. Les vale el informe de impacto ambiental de la Junta de Castilla-La Mancha y cuando la granja se construye, no tiene nada que ver. Ha habido alcaldes del PSOE que por esto han perdido la alcaldía. Por ejemplo, Alfonso Escudero, exalcalde de Mota del Cuervo, al que luego le hicieron senador”. Las distintas personas consultadas repiten que “no se termina de entender cómo [desde la administración de García-Page] están empecinados en venderte la peste”.

Porque además -reiteran- este tipo de ganadería intensiva tampoco genera empleo: “Te dicen que es sostenible, que genera puestos de trabajo, pero la realidad es que una macrogranja de 7.000 cerdos la puede llevar una persona, porque está todo automatizado. Hablan de la dinamización de la zona y no es verdad. Y luego presumen de economía circular, de ecología, de sostenibilidad… Por eso no entendemos cómo la Junta de Castilla-La Mancha puede seguir apoyando este tipo de explotación. No nos entra en la cabeza cómo la Junta lo sigue aprobando. Porque es que no hay hectáreas suficientes para echar tantos purines. El número de cerdos producidos aumenta, pero cada vez hay menos explotaciones. Se están haciendo con todas las explotaciones familiares. Los pequeños ganaderos venden porque no pueden competir. Así las macrogranjas se están haciendo con el mercado y al final imponen el precio”.

“A lo primero que afecta es al agua. Cuando un acuífero se contamina, se contamina para siempre. Y al final, todos los acuíferos están unidos”

Otro de los graves problemas que genera este modelo industrial de ganadería es la insostenible contaminación del agua. De hecho, el agua de Torrejoncillo del Rey se contaminó por los purines de una macrogranja en el pueblo de al lado, en Huerta de la Obispalía, según una sentencia judicial. “Aunque la Justicia te dé la razón, el pueblo ya está contaminado. Por eso viene la despoblación”, aseguran las fuentes de Stopmacrogranjas Castilla-La Mancha.

“Lo que consume un cerdo va entre 7 y los 10 litros de agua al día. Además del agua necesaria necesaria para limpiar las naves por el sistema ‘todo fuera-todo dentro’. También los detergentes químicos van a la balsa de purines. Así que orgánico no es. Ya hay muchos pueblos con los acuíferos contaminados. El acuífero va circulando y al final esa agua la vas a beber tú también”, explica Lozano.

“A lo primero que afecta es al agua. Cuando un acuífero se contamina, se contamina para siempre. Y al final, todos los acuíferos están unidos”, apuntan las fuentes, que añaden que se ha parado una macrogranja que querían construir encima del acuífero 23 de Daimiel, al lado de las Tablas de Daimiel, los famosos humedales de Ciudad Real, presuntamente protegidos en el Parque Nacional del mismo nombre.

Pero la presión extractivista no para. Y no se detiene ni siquiera ante zonas de altísimo valor medioambiental como las Hoces del Cabriel. Por eso Cuenca Ahora, Pueblos Vivos Cuenca y Serranía Celtibérica han presentado alegaciones ante la Confederación Hidrográfica del Júcar para que no se autorice a la empresa Porcialtollano S.L. instalar un grupo de autobomba sumergible que extraería un caudal continuo de agua subterránea de 25 millones de litros al año, que se destinaría a la instalación de una macrogranja porcina. Las asociaciones, en defensa de la zona Reserva de la Biosfera Valle del Cabriel de Cuenca, consideran que instalar una granja porcina de 2100 madres a 1,4 kilómetros del río Cabriel constituye un “riesgo elevado y un atentado inaceptable al ecosistema”. También alegan que el municipio de Cardenete se abastece de la citada masa de agua subterránea.


El informe recoge que la explotación estaría en suelo rústico no urbanizable de especial protección, y una parte de la finca entra dentro de la zona ZEPA Hoces del Cabriel, Guadazaón y Ojos de Moya. Ante el hecho de petición del sondeo, también se han manifestado en contra de su concesión Ecologistas en Acción, además de CLM Stop Macrogranjas, que han presentado asimismo sus escritos de alegaciones, según ha publicado encastillalamancha.es.

Reclaman a la Confederación Hidrográfica del Júcar que, en el ejercicio de sus competencias, asuma la protección de las aguas subterráneas contra la contaminación y el deterioro, conforme a la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea y de la legislación española de protección de las aguas subterráneas.

Los castellano-manchegos, que están conectados en red con el resto de territorios del Estado, saben de las consecuencias de las macrogranjas sobre el agua en zonas de Castilla y León, de Lleida y Girona, donde “llevan 30 años sin poder beber agua del grifo” o de Galicia, donde “en A Limia hay una contaminación del río brutal”. “En los purines es donde patinan todos. No hay tierra para absorber todo eso”, repiten hasta la saciedad.

Riesgos para la salud: “Favorece la resistencia a los antibióticos y puede ser vector de transmisión de varias enfermedades”

Pero es que este modelo de ganadería intensiva, a diferencia de la extensiva, también genera problemas para la salud. Lozano cita asmas, conjuntivitis, cefaleas en los niños, problemas respiratorios… Lo saben quienes lo sufren sobre el terreno y lo saben los médicos que han estudiado el fenómeno. El informe ‘Riesgos para la salud pública relacionados con la instalación de macrogranjas porcinas’, realizado por Ángela Prado Mira, médico intensivista del Hospital General de Albacete, concluye que “la contaminación del agua causada por la filtración de purines altera el equilibrio del ecosistema acuático, favorece la resistencia a los antibióticos y puede ser vector de transmisión de varias enfermedades. (…) Si suministramos antibióticos de forma indiscriminada a los animales destinados al consumo humano, estos animales desarrollaran cepas comensales resistentes a los antibióticos, que posteriormente podrían pasar al ser humano a través de los diferentes productos alimentarios”. (Ver el informe completo)

“En el hospital de Albacete hay un programa que se llama ‘Resistencia 0’, que analiza la resistencia a las bacterias. Se están destinando muchísimos recursos a este proyecto y luego resulta que a 30 km de ese hospital nos meten 160.000 cerdos hacinados que provocan lo mismo. Carne que además consumimos”, apunta la portavoz de CLM Stop Macrogranjas.

Las integradoras se encargan de todo y endilgan al ganadero el marrón de los purines. En Tarancón opera Incarlopsa, el carnicero de Mercadona

¿Quiénes son los actores beneficiarios de esta ganadería industrial? “Las explotaciones funcionan con el método de la integradora. Todo depende de estas empresas y el ganadero solo engorda al cerdo y se encarga de los purines. En la zona de La Manchuela opera el Grupo Sanchiz. El Pozo tiene la integradora Cefusa a 30 kilómetros de Albacete capital. También está Campofrío. En Cuenca, opera Incarlopsa, que suministra de carne a Mercadona. Incarlopsa consiguió con fondos públicos en Tarancón montar un matadero megamoderno que no sé cuántos cerdos mata a la hora. Todos los pueblos de Cuenca están sufriendo esa avalancha. Ya no solo en Tarancón, sino en La Serranía, que es todo monte, zonas de reserva natural, ZEPA… Hay que verter los purines. Tarancón está a 80 km de Madrid. Cientos de camiones todos los días surten a Madrid. El matadero de Tarancón necesita muchas granjas alrededor. Es todo un engranaje. No hacen ningún favor a la agricultura y a la ganadería de la zona”, valoran las fuentes consultadas.

Donaciones de Incarlopsa al gobierno de García-Page a través de la fundación Impulsa

Casualmente, “Incarlopsa, el carnicero de Mercadona, donó 400.000 euros al gobierno de García-Page”, según publicó Economíadigital.es en 2018, que añadía que “el fabricante cárnico es donante recurrente de la fundación Impulsa, que gestiona los anuncios publicitarios del gobierno” castellano-manchego.

No todos los políticos de la zona respiran igual. Por ejemplo, la Diputación Provincial de Albacete aprobó una declaración institucional en apoyo a los municipios posicionados en contra de la instalación de macrogranjas de cerdos y, más recientemente, la de Ciudad Real. Su presidente, el socialista José Manuel Caballero, aclaró que la Diputación no está en contra de las explotaciones ganaderas, pero sí de que se instalen macrogranjas de cerdos sin el necesario consenso social y que no son sostenibles medioambientalmente: “Exigimos que estos modelos de producción respeten el bienestar animal y que vayamos hacia otros cada vez más sostenibles y ecológicos. Somos defensores de un modelo agroalimentario que es muy potente en la provincia de Ciudad Real pero somos muy conscientes de que el modelo de macrogranja cuando no cuenta con el consenso social y cuando no reúne todas las garantías de sostenibilidad, es mejor que no se ponga en marcha porque los efectos que puede tener son muy perniciosos”, aseguró citado por ‘eldigitaldeciudadareal.com’.

“Se tienen que tener en cuenta todas las explotaciones de todo el territorio en conjunto, porque el efecto es acumulativo. Eso es lo que envenena”

Desde CLM Stopmacrogranjas continúan insistiendo en que “se tienen que tener en cuenta todas las explotaciones de todo el territorio en conjunto, porque el efecto es acumulativo. Eso es lo que envenena”. También, junto a las más de 40 plataformas de todo el Estado unidas en la coordinadora estatal Stopganaderíaindustrial.org, reiteran la necesidad de una moratoria de nuevos proyectos con el fin de poder realizar un estudio estratégico del territorio y un análisis exhaustivo de sus consecuencias.

Esta Coordinadora Estatal ha lanzado una recogida de firmas en apoyo de su petición de una moratoria a la ganadería industrial en España. En concreto, se pide al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación y a la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que, en base a sus competencias, se suspenda la concesión de licencias de nueva creación y ampliación para explotaciones de ganadería intensiva ante su proliferación desmesurada y descontrolada en España.

Para esta Coordinadora, que agrupa decenas de movimientos vecinales rurales de diversos lugares de España junto con organizaciones nacionales e internacionales, “la desmesurada y descontrolada expansión de la ganadería intensiva en España en los últimos años, que ha encontrado una fuerte contestación social, requiere que la Administración del Estado tome medidas para regular este sector con una visión de conjunto. Abogamos por frenar este crecimiento descontrolado del sector y orientarlo hacia un modelo que responda a las necesidades de las personas consumidoras, los y las ganaderas, la población del medio rural, el medioambiente y la urgente lucha contra la crisis climática. Para ello recogemos firmas con el apoyo de Food & Water Action Europe, Amigos de la Tierra, Justicia Alimentaria, València Animal Save, Ecologistas en Acción, Compassion in World Farming y ADDA”.

FIRMAR AQUÍ"                     ( FemeninoRural , 04/02/21)

14/3/17

El rural... ‘Mientras estemos, aquí estaremos’

"La noche de este domingo, el programa 'Salvados' de Jordi Évole ha escogido un asunto tan desconocido como necesario. Nos referimos a la España rural, esa amplia zona geográfica a la que generalmente se mira con una mezcla de pena y desprecio desde los años ochenta, cuando se impusieron las ansias (un poco paletas) de integrarse a toda mecha en el sueño europeo y copiar en todo lo posible a ingleses, franceses y alemanes. (...)

Pedimos a Del Molino su opinión sobre la visión hegemónica, que presenta al campo español como patriarcal, derechista y atrasado. “El campo español -suponiendo que exista, yo lo dudo y casi lo doy por extinguido- es menos plural y diverso que las ciudades, pero hace tiempo que dejó de ser un territorio inculto, machista o reaccionario. 

En el plano político, las elecciones demuestran que la proporción de votos en las provincias rurales es muy similar a la de las grandes ciudades. Si da la impresión de que tienden a ser más conservadoras es por el reparto de escaños en la ley electoral, que hace que el sistema se comporte como mayoritario en las circunscripciones menos pobladas, haciendo inútiles los votos que no vayan a la lista que obtiene el primer puesto”. (...)

¿Cuáles son esas resistencias? Nos lo explica Paco Cerdá, autor del aclamado 'Los últimos. Voces de la Laponia española' (2017, Pepitas de Calabaza), publicado recientemente, pero que va ya por la tercera edición.

 “Para escribir mi libro, conocí la vida de los últimos resistentes de ese territorio tan deshabitado, que abarca al 13% del país y donde solo vive el 1% de la población española. También conocí muchas otras formas de vida, desmarcadas del capitalismo salvaje. Y comprobé que no hay bandera ni pancarta de amor a una tierra que iguale la dignidad y la defensa de un territorio que mantienen estos últimos habitantes, condensada en una frase que me dijo Antonio en Bubierca (Zaragoza, 25 habitantes): ‘Mientras estemos, aquí estaremos’. Aprendí que la despoblación extrema que afecta al interior de España está mermando la vida de estos resistentes”.  (...)

Cerdá explica con precisión la pinza de falsos mitos que atenaza la imagen del campo español. “El medio rural ha sido víctima de una campaña persistente de demonización, por un lado, y de falso espejismo bucólico, por el otro. 

En ‘Los últimos’ hay una voz que aparece para subrayar que las zonas gravemente despobladas tienen una parte de Belfast, en el sentido de que hay un conflicto político invisibilizado que genera desigualdades a sus víctimas, pero también de Toscana: tierra sin contaminación y reserva espiritual de valores en peligro de extinción a escala urbana como lo son el silencio, la ausencia de consumismo compulsivo, la 'tecnoadicción' o un ritmo de vida más humano”, explica.  (...)

Además, ofrece datos capaces de hacernos abrir los ojos. “No es conocido que casi 5.000 pueblos tienen menos de 1.000 habitantes en este país y todos juntos apenas suman el 3% de la población estatal. 

O que en estas diez provincias que conforman la llamada Laponia española hay una densidad de 7,3 habitantes por kilómetro cuadrado, la única zona de Europa junto a la Laponia escandinava con semejante nivel de desertificación humana (Barcelona supera los 15.000 habitantes por kilómetro cuadrado). O que en ese territorio, que dobla en tamaño a Bélgica y tiene 1.355 municipios, vive menos gente que en los distritos madrileños de La Latina y Carabanchel juntos”, señala. (...)

 Del Molino recuerda la inmensa obra de Miguel Delibes. De ella podríamos subrayar ‘El disputado voto del señor Cayo’ (1978), un clásico que contiene pasajes memorables, donde un político de la capital, candidato a las primeras elecciones democráticas, acaba rendido a la sabiduría del anciano protagonista, que sobrevive en un pueblo de solo tres habitantes.

 “Ese tío sabe darse de comer, es su amo, no hay dependencia, ¿comprendes? Esa es la vida, Dani, la vida de verdad y no la nuestra (...) Tú estás sofisticado, yo estoy sofisticado, este está sofisticado, todos estamos sofisticados. No hemos sabido entenderlos a tiempo y ahora ya no es posible. 

Hablamos lenguajes distintos”, lamenta el personaje. Poco después, se extiende con lucidez en plena borrachera. “Imagina, por un momento, que un día los dichosos americanos aciertan con una bomba como esa de neutrones que mata pero no destruye, ¿no? Bueno, es una hipótesis, una bomba que matara a todo dios menos al señor Cayo y a mí, ¿te das cuenta? Es una hipótesis absurda, ya lo sé, pero funciona. 

Pues bien, si eso ocurriera, yo tendría que ir corriendo a Curueña, arrodillarme ante el señor Cayo y suplicarle que me diera de comer, ¿comprendes? –casi sollozaba–: el señor Cayo podría vivir sin Víctor, pero Víctor no podría vivir sin el señor Cayo. Entonces, ¿en virtud de qué razones le pido yo el voto a un tipo así, Dani, ¿me lo quieres decir?”. (...)"              (Victor Lenore, El Confidencial, 12/03/17)