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15/3/23

Castoriadis: Autonomía, imaginario social y socialismo libertario

 "Publicada en 1975 por primera vez en dos partes (Marxismo y teoría revolucionaria; y El imaginario social y la institución), tal vez sea La institución imaginaria de la sociedad la obra más conocida del filósofo y sociólogo greco-francés, Cornelius Castoriadis. Fallecido en 1997 en París, se cumple este año un siglo de su nacimiento. Lo que ya desde mediados de los años 60 este autor denominaba “lo imaginario social”, poco tenía que ver con reflejos, imágenes especulares, la mirada del otro o lo ficticio, según aclara en el prefacio de La institución imaginaria de la sociedad.

El autor considera “lo imaginario”, por el contrario, como “creación incesante y esencialmente indeterminada (histórico-social y psíquico) de figuras/formas/imágenes, a partir de las cuales solamente puede tratarse de ‘alguna cosa’. Lo que llamamos ‘realidad’ y ‘racionalidad’ son obras de ello”.

A finales de 1945 Castoriadis se trasladó de Grecia a Francia, donde vivió hasta 1997. Reivindicó el concepto de autonomía política, el socialismo libertario, el comunismo consejista e influyó en las revueltas de mayo del 68 francés; además ejerció como psicoanalista y en 1980 fue designado director de estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París.  

Las reseñas biográficas comienzan situando a Cornelius Castoriadis como integrante del Partido Comunista Internacionalista (PCI) en Francia, del que después se separó; fue además uno de los fundadores del grupo marxista –y antiestalinista- Socialismo o Barbarie, constituido en 1948 y disuelto en 1966 (también, junto al filósofo Claude Lefort, fundó la revista con la misma denominación); De la evolución en su ideario da cuenta la ruptura con el trotskismo y el abandono del marxismo.

Entre sus obras figura La sociedad burocrática; La experiencia del movimiento obrero; Los consejos obreros y la economía en una sociedad autogestionaria; o Proletariado y organización, publicadas en los años 70. Posteriormente vieron la luz otros volúmenes, por ejemplo Ante la guerra; Las encrucijadas del laberinto; El avance de la insignificancia; La creación humana; o Lo que hace a Grecia.

“Los actos reales, individuales o colectivos –el trabajo, el consumo, la guerra, el amor, el parto-, los productos inmateriales sin los cuales ninguna sociedad podría vivir un instante, no son (ni siempre ni directamente) símbolos. Pero unos y otros son imposibles fuera de una red simbólica”, explica Castoriadis en La institución imaginaria. “Es imposible comprender lo que fue, lo que es la historia humana, prescindiendo de la categoría de lo imaginario”, agrega el pensador nacido en Atenas.

Un ejemplo del peso de lo simbólico en el lenguaje y las instituciones se da en la Revolución de 1917, cuando -según relata Trotski en su autobiografía- Lenin prefirió la expresión “Sóviet de los Comisarios del Pueblo” a la de “Consejo de Ministros”, pues ésta denominación le recordaba los gobiernos de la burguesía.

“Realidad, lenguaje, valores, necesidades, trabajo de cada sociedad especifican en cada momento, en su modo de ser particular, la organización del mundo y del mundo social referida a las significaciones imaginarias sociales instituidas por la sociedad en cuestión”, afirma Castoriadis, filósofo nacido en Atenas crítico con las jerarquías y las burocracias.

De este modo, en abril de 1981, en el contexto de la Guerra Fría, realizaba en el libro Ante la guerra la siguiente advertencia: “(…) el ‘socialismo’ ruso equivale a la transformación de los países dominados por él en campos de concentración, y las pretendidas ‘democracias’ occidentales son en realidad oligarquías liberales seudorepresentativas”.

Algunas reflexiones sobre la sociedad instituidora y la imaginación social pueden hallarse en el primer volumen de La sociedad burocrática, titulado Las relaciones de producción en Rusia, de 1973. Así, “la imaginación es el origen de los esquemas y de las figuras que constituyen las condiciones últimas de lo que puede ser representado y pensado (…); es lo que se encarna en las significaciones imaginarias sociales que se imponen a todos los individuos y permiten que dejen de ser recién nacidos ruidosos de la especie homo sapiens y se conviertan en espartanos, dogons o newyorkinos”.

En 1981, en un artículo incluido en Los dominios del hombre, subraya que el magma de las significaciones imaginarias sociales es una “urdimbre” muy compleja que dirige toda la vida social y a los individuos que la constituyen. Se refería a significaciones como Dios, polis, ciudadano, nación, estado, partido, mercado, capital o pecado. Asimismo a hombre/mujer/hijo, tal como se especifican en una sociedad determinada.

El filósofo revolucionario concreta esta idea en dos ejemplos, el segundo tomado de Marx: “La hechicería era real en Salem hace tres siglos y aún más; el Apolo de Delfos era en Grecia una fuerza tan real como cualquier otra”. Toda sociedad es, en consecuencia, la creación de un mundo, de su propio mundo.

Y, en cuanto al contenido de un proyecto revolucionario, no consiste, a juicio de Castoriadis, en una sociedad sin instituciones, ni de “buenas” instituciones dadas para siempre; se trataría, por el contrario, de una sociedad capaz de modificar en todo momento sus instituciones, “que se autoinstituye explícitamente” y de manera continua.

Respecto a la cuestión de la autonomía social e individual, los conceptos de autogestión y autogobierno, Castoriadis apuntaba –en un texto de principios de los años 80- el caso de Rusia: “Los sóviets y los comités de fábrica creados por la población en 1917 fueron gradualmente domeñados por el partido bolchevique y por último privados de todo poder durante el periodo 1917-1921. El aplastamiento de la comuna de Kronstadt en marzo de 1921 ponía el punto final a este proceso (…)”. A partir de entonces, sería necesaria una revolución “plena” para desalojar del poder a los bolcheviques.

El argumento central consiste en que los principios de autonomía y autoorganización se contraponen a la heteronomía; el intelectual greco-francés lo concreta en el siguiente ejemplo: “Marx veía en la técnica algo positivo y otros sólo veían en ella un medio neutro que puede ser puesto al servicio de cualquier fin”. Pero, agrega el sociólogo, “sabemos que esto no es así, que la técnica contemporánea es parte integrante de la institución heterónoma de la sociedad, así como lo es el sistema educativo”. En cambio una sociedad autónoma se da su ley, sabiendo que lo hace."                  (Enric Llopis , Rebelión, 09/06/2022)

15/12/20

Abecedario de Simone Weil. De la a de Acumulación a la w de Wotan. Una introducción al pensamiento de Simone Weil a través de sus artículos, entrevistas en prensa y textos fundamentales.

"La llamaron La Terrible, La Virgen Roja. Khagneuse [alumna de clase preparatoria literaria para integrar una Grande École] e hija de cirujano, desfilaba en las manifestaciones con el puño en alto, un ejemplar de L’Humanité asomando por el bolsillo de la casaca. 

De genio ascético y fe ardiente, judía adherida al cristianismo, escribía con pausa, comía poco y en su período de profesora de filosofía, redistribuyó parte de su sueldo entre los profesores, en un gesto igualitario.

 Entregada a su sed de justicia social, tenía la Comuna de París como ejemplo “de la fuerza creadora de masas obreras en movimiento”, trabajó deliberadamente en una fábrica durante un año, en tres emplazamientos diferentes; entró en España con el propósito de apoyar a los anarquistas de la CNT frente al fascismo; llegó a Londres, bastión de la resistencia exterior, con la intención de incorporarse a la Francia libre, con la esperanza de integrar a largo plazo los grupos de oposición del interior: tenía 34 años cuando falleció de una crisis cardíaca, en un sanatorio, el verano de 1943. Emblema del socialismo antiautoritario e internacionalista, la rememoramos mediante 26 letras.

Acumulación: “Sea cual sea nuestra interpretación del fenómeno de la acumulación, lo que es obvio es que el capitalismo significa ante todo expansión económica y que no está lejos el día en el que dicha expansión acabe por embestir los mismísimos límites de la superficie terrestre”.

(Perspectivas, “¿Nos dirigimos hacia la revolución proletaria?”, 1933)

Alegría:
“Rimbaud se quejaba porque no pertenecemos al mundo y la verdadera vida está ausente; en instantes de alegría y plenitud incomparables vislumbramos que la verdadera vida reside ahí, todo nuestro ser experimenta que el mundo existe y que estamos en el mundo […]. Si puede suceder así en nuestra época, ¿qué maravillosa plenitud de vida no cabría esperar de una civilización en la que el trabajo se transformaría para ejercer plenamente todas las facultades, para constituir el acto humano por excelencia?”.

(Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, Editorial Trotta, 2018)

Burguesía: “La sociedad burguesa sufre de monomanía: la monomanía de la contabilidad. Lo único que le importa es aquello que pueda evaluarse en francos y céntimos. No duda en sacrificar vidas humanas por cifras que se ajustan en el papel, cifras del presupuesto nacional o balances industriales. En cierta medida todos nosotros estamos contagiados por esta idea fija, también nos dejamos hipnotizar por los números”.

(La condición obrera, Editorial Trotta, 2014)

“En cualquier circunstancia, la más vil de las traiciones consiste siempre en aceptar subordinarse a ese aparato y en pisotear todos los valores humanos”

Colonialismo: “Se debe examinar el problema colonial como un problema nuevo. Dos ideas esenciales pueden aclararnos un poco. La primera, que el hitlerismo consiste en la aplicación alemana de los métodos de conquista y dominio colonial en el seno del continente europeo, en los países de raza blanca, concretamente”.

(“Sobre la cuestión colonial en su relación con el destino del pueblo francés” [1943], Escritos históricos y políticos, Editorial Trotta, 2007)

Daños: “Ahora bien, para [Georges Battaille] la revolución es el triunfo de lo irracional, para mí, de lo racional; para él una catástrofe, para mí una acción metódica en la que debemos esforzarnos para limitar los daños; para él se trata de la liberación de los instintos, sobre todo aquellos considerados habitualmente como patológicos, para mí se trata una moralidad superior. ¿Qué hay en común?”.

(Citado por Christiane Rancé en Simone Weil — Le Courage de l’im­pos­sible, Seuil, 2009. Inédito en castellano)

Dedicación: “La dedicación de los misioneros no ha cristianizado África, ni Asia ni Oceanía, ha conducido esos territorios a una dominación fría, cruel y destructora de la raza blanca, que ha arrasado con todo. […] A los misioneros, a los mártires incluso, los acompañan siempre los cañones y los barcos de guerra para ser verdaderos testigos del cordero”.

(Carta a un religioso, Editorial Trotta, 2011)

“No podemos ser revolucionarios si no amamos la vida. […] La revolución es una lucha contra todo aquello que obstaculiza la vida. Solo cobra sentido como medio”

Enemigo prin­ci­pal: “Sea cual sea el nombre tras el cual se ampare, fascismo, democracia o dictadura del proletariado, el enemigo capital sigue siendo el aparato administrativo, policial o militar; no el de quien está enfrente, que no es nuestro enemigo, ni el de nuestros hermanos, sino aquel que se dice nuestro defensor y nos convierte en sus esclavos. En cualquier circunstancia, la más vil de las traiciones consiste siempre en aceptar subordinarse a ese aparato y en pisotear todos los valores humanos, los de uno mismo y los de los otros, para servirle”.

(La Critique sociale, n° 10, novembre 1933, “La guerra según Simone Weil”, Editorial Tandem, 2002)

Fábrica: “Estando en la fábrica, mezclada a los ojos de todos y ante los míos propios entre la masa humana, la desgracia de los otros entró en mi carne y en mi alma. Nada me separaba de ellos, ya que había olvidado realmente mi pasado y no esperaba ningún futuro, me resultaba difícil de imaginar la posibilidad de sobrevivir a semejante fatiga. Lo que experimenté allí me marcó de un modo tan perenne, que todavía hoy, cuando un ser humano, sea quien sea, en cualquier circunstancia, se dirige a mí sin brutalidad, no puedo evitar tener la sensación de que se debe de tratar de un error y de que desgraciadamente el error se va a disipar sin duda. Allí recibí para siempre la marca de la esclavitud, como la marca al fuego vivo que sellaban los romanos en la frente de sus esclavos más despreciados. Desde entonces, siempre me he visto como una esclava”.

(“Autobiografía espiritual”, Le Ravissement de la rai­son, Points, 2009)

Fin: “No podemos ser revolucionarios si no amamos la vida. […] La revolución es una lucha contra todo aquello que obstaculiza la vida. Solo cobra sentido como medio; si el objetivo que se persigue es vano, el medio pierde valor. En reglas generales, si la vida humana carece de valor, nada tiene valor”.

(Escritos históricos y políticos, Editorial Trotta, 20017)
 “Si deseamos convertirnos en invisibles, no hay mejor modo que convertirse en pobre, dice una canción popular española”

Grandes industrias: “El auge de las grandes industrias ha convertido las fuerzas productivas en una especie de religión que ha influido al propio Marx muy a su pesar a la hora de elaborar su concepto de la historia. Puede sorprendernos el término religión tratándose de Marx; pero creer que nuestra voluntad converge con una voluntad misteriosa que sería imperante en el mundo y que nos ayudaría a vencer, es pensar de modo religioso, es creer en la Providencia. De hecho, el propio vocabulario de Marx lo atestigua, ya que contiene expresiones cuasi místicas, tales como ‘la misión histórica del proletariado”.

(Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, Editorial Trotta, 2018)

Historia: “La aparición del geómetra Tales fue un hito histórico, el momento mayor de la historia, que renace en cada generación de escolares. Hasta aquel entonces la humanidad no había hecho más que experimentar y conjeturar. En el instante en el que, según palabras de Hugo, Tales, tras haber permanecido inmóvil durante cuatro años, inventó la geometría, la humanidad lo supo. Esta revolución, la primera de las revoluciones, la única, destruyó el imperio de los sacerdotes”.

(Sobre la ciencia, El cuenco de Plata, 2006)

Invisibilidad: “A los hombres les gusta la riqueza, el poder y la consideración social solo porque refuerza en ellos la facultad de pensar en primera persona. Aceptar la pobreza, en el sentido literal del término, tal y como lo hiciera San Francisco, aceptando que no somos nadie con respecto a nosotros mismos y a los demás, así como tampoco somos nada en realidad. Si deseamos convertirnos en invisibles, no hay mejor modo que convertirse en pobre, dice una canción popular española. Aceptarlo significa el grado más elevado de amor a la verdad”.

(Intuiciones precristianas, Editorial Trotta, 2004)

Kilómetros: “Imaginemos ahora que se ha establecido la semana laboral de 30 horas en todas las fábricas de automóviles del mundo, con una cadencia de ritmo más lenta. ¿Qué catástrofes provocaría? No habría un solo niño con menos leche, ni una familia con más frío, ni probablemente un solo patrón de fábrica de automóviles con una vida más corta. Las ciudades serían menos ruidosas y en ocasiones las rutas volverían a encontrar la gracia del silencio. A decir verdad, en semejantes condiciones, muchísima gente se vería privada del placer de ver desfilar los paisajes a una cadencia de cien kilómetros por hora; sin embargo, miles y miles de obreros podrían por fin respirar, disfrutar del sol, moverse al ritmo de la respiración, hacer otros gestos al margen de aquellos impuestos por el orden; todos esos hombres, que habrán de morir, conocerían de la vida, antes de morir, algo más que la prisa vertiginosa y monótona de las horas de trabajo, la pesadumbre del reposo demasiado breve, la miseria insondable de los días de paro y de los años de vejez”.

(La Condición obrera, Editorial Trotta, 2014)

Libertad de expresión: “La libertad de expresión total, sin límites, sea cual sea la opinión, sin ninguna restricción o reserva, es una necesidad absoluta para la inteligencia”.

(Echar raíces, Editorial Trotta, 2014)

Mártires: “Los mártires tan solo reemplazan pobres por sacerdotes”.

(“Examen crítico de las ideas de revolución y progreso”, 1937).
“Si empiezan a tratarte como a un hombre, se lo debes al sindicato […] El sindicalismo es un ideal en el que hay que pensar cada día, tenerlo en el punto de mira”

Nacionalismo: “En el seno del movimiento hitleriano hay obreros que no podemos describir como conscientes, pero que tienen, no ya concepciones, pero sí al menos sentimientos revolucionarios, que creen sinceramente en ese partido nacionalista, en servir a la revolución. Al exponer claramente las contradicciones internas del partido hitleriano, y denunciando, sobre todo, con un vigor implacable, el carácter contrarrevolucionario de toda propaganda nacionalista, podríamos en cierto grado, aislar a la clase obrera del partido hitleriano […]”.

(“Alemania en suspenso” [1932], Escritos históricos y políticos, Editorial Trotta, 2017)

Obreros del norte de África: “La mayoría de los franceses ignora las condiciones en las que viven y han vivido, sobre todo antes de 1936, los obreros argelinos que trabajan en nuestro país. Privados de casi todos los derechos de los que gozan sus camaradas franceses, sujetos siempre a la expulsión brutal hacia sus países de origen, que abandonaron expulsados por el hambre, abocados a las tareas más sucias y agotadoras a cambio de un sueldo miserable, tratados con desprecio incluso por sus propios compañeros de trabajo cuya piel es de otro color, resulta difícil imaginar mayor humillación”.

(“Ces membres palpitantes de la patrie”, Vigilancia, n° 63, 10 de marzo de 1938)

Ojos: “A la merced de jefes, patrones, ricos y poderosos que se lo pueden permitir todo. Sin derechos, mientras que ellos ostentaban todos los derechos. La opinión pública permanecía indiferente. Nos parecía normal que un patrón fuese amo absoluto en su fábrica. Dueño de unas fábricas de acero que no sufren; dueño también de las máquinas de carne, que sufrían, pero debían acallar sus sufrimientos bajo pena de sufrir aún más. Tu fuerza no reside en ti mismo. Si declinase la gran organización sindical que te protege, comenzarías a padecer las mismas humillaciones que antes, te verías obligado a la misma sumisión, el mismo silencio, volverías a suplicar cada día, a soportarlo todo, a no atreverte a alzar la voz, jamás. Si empiezan a tratarte como a un hombre, se lo debes al sindicato […] El sindicalismo es un ideal en el que hay que pensar cada día, tenerlo en el punto de mira”.

(La Condición obrera, Editorial Trotta, 2014)

Poesía: “Controlar como un contable. Someter como un juez, un verdugo. […]. Es la enfermedad oculta en la mentira que aniquila la poesía. Es la razón por la que los ricos necesitan el lujo como sucedáneo. […] Una pequeña taberna, que ofrece banquetes a cambio de cuatro perras, rebosa de poesía. Porque es realmente un refugio contra el hambre, el frío, el agotamiento; se sitúa en el límite, a modo de un puesto fronterizo”.

(Escritos de Londres y últimas cartas, Editorial Trotta, 2000)

Pregunta: “Pero cuando tras la puerta asoma el viejo Estado, la justicia queda lejos. A la hora de expresar el patriotismo moderno, no se trata ya de justicia, no se menciona nada que pueda permitir reflexionar a propósito de la relación entre patria y justicia. No nos atrevemos a afirmar que haya semejanza entre ambas nociones; sobre todo no nos atreveríamos a afirmárselo a los obreros que, a causa de la opresión social, sienten el frío metálico del Estado, y perciben de manera confusa que en las relaciones internacionales debe imperar un frío semejante. Cuando se habla mucho de patria, se habla poco de justicia” […].

(Echar raíces, Editorial Trotta, 2014)

Revolución española: “Efectivamente nada ha cambiado salvo un pequeño detalle: el poder pertenece al pueblo. Mandan los hombres de azul. Se trata de una de esas épocas extraordinarias, que hasta la fecha han durado poco, en las que asumen la responsabilidad quienes han obedecido desde siempre”.

(“Diario de España” [agosto de 1936], Escritos históricos y políticos, Editorial Trotta, 2017)

Siglo XX: “Sin embargo no debemos pasar por alto que Alemania es para todos nosotros, hijos del siglo XX, un espejo. Lo que percibimos ahí que nos resulta tan espantoso, es nuestro propio rasgo, simplemente pronunciado. Esta idea no debe mermar un ápice la energía de la lucha, todo lo contrario”.

(Escritos de Londres y últimas cartas, Editorial Trotta, 2000)

Sionismo: “¿Para qué crear una nacionalidad judía en Palestina: por qué crear una nueva nacionalidad? […]¿Se debe engendrar una nación que dentro de cincuenta años pueda convertirse en una amenaza para Oriente Medio y el mundo?”.

(Nouveaux cahiers, n° 38, 1de febrero de1939)

Termidor: “De hecho para que les sirvió a Robespierre y a sus amigos el poder que ejercieron antes del 9 de termidor? El objetivo de su vida no era hacerse con el poder, si no establecer una democracia real, democrática y social al mismo tiempo; una sangrienta ironía de la historia les obligó a dejar en suspenso la aplicación de la Constitución de 1793, a forjar un aparato centralizado, a ejercer un terror sanguinolento que ni tan siquiera pudieron orientar como oposición a los ricos, a aniquilar toda libertad, a convertirse en suma en heraldos del despotismo militar, burocrático y burgués de Napoleón”.

(“Réflexions sur la guerre”, La Critique sociale, n° 10, noviembre 1933)

Virilidad:
“Cuando se sabe que se puede matar sin arriesgarse a un castigo o a un sermón, matamos; o desde luego cercamos de sonrisas alentadoras a quienes asesinan. Si por casualidad sentimos al principio cierta repugnancia, nos la callamos y pronto la reprimimos de miedo de que nos tilden de falta de virilidad. Se trata de un entrenamiento, una embriaguez a la que no se puede resistir sin una fuerza del ama que me temo es extraordinaria, ya que nunca la he encontrado en ningún lugar”.

(Carta a Bernanos, fecha probable otoño de 1938)

Wotan: “Desde luego seríamos de una candidez extraña, más tontos aún que los jóvenes hitlerianos, si tomásemos en serio, por poco que fuese, el culto a Wotan, el romanticismo neo wagneriano, la religión de la sangre y la tierra y si creyésemos que el racismo no es más que un apelativo una pizca más romántico del nacionalismo”.

(“Algunas reflexiones sobre los orígenes del hitlerismo” [1939–1940], Escritos históricos y políticos, Editorial Trotta, 2017)

Artículo original publicado en Revue Ballast: L’abécédaire de Simone Weil. Traducido para El Salto por Xirimuni."                    (El Salto, 15/11/20)

5/5/20

“La hondura política y el compromiso social de Simon Weill son tan radicales como su misticismo”

"El filósofo de inspiración comunista Francisco Fernández Buey resultó, junto al periodista y escritor José Jiménez Lozano, uno de los lectores más atentos y estimulantes de la obra de la francesa Simon Weill, siendo el suyo un pensamiento entregado a los desarrapados del mundo. 

Ajena a lo profano (en su sentido etimológico, estar fuera de lo sagrado), Weill se sentía tan incómoda delante de la curia como frente a las altas instancias intelectuales del partido. De familia pudiente, abandonó sus clases para trabajar en una fábrica, acudió a la Guerra Civil Española (siendo antimilitarista, no pacifista) y tuvo su epifanía en la localidad francesa de Solesmes. Su pensamiento es uno de los más radicales del pasado siglo.

Salvador López Arnal y Jordi Mir García han realizado una compilación del análisis de Fernández Buey en Sobre Simone Weill. El compromiso con los desdichados (El Viejo Topo).


¿Tenía más de anarquista, de obrera o de religiosa, Weil?

Nos parece que al leer a Simone Weil y conocer su vida no podemos hacer una distinción entre estas características de su ser. No prima una sobre las demás. Van juntas. Hay textos o momentos vitales que se pueden asociar de claramente a una de ellas, pero eso no significa que las demás no estén presentes también. 

En cualquier caso, más que obrera, Simone Weil fue una pensadora que tuvo un interés permanente, y no sólo intelectual, por el mundo obrero, por el mundo de los más desfavorecidos, una filósofa que, en determinados momentos, abandonando el instituto donde impartía clases, trabajó como obrera, una decisión muy inusual en el mundo intelectual. Entonces y ahora. El profesor Fernández Buey destaca este punto en varios pasajes del libro que comentamos.

¿Cómo era la ética del sacrificio que propugnaba –y encarnaba- Weil?

Fernández Buey presenta la ética vivida por Simone Weil, y también la de Antonio Gramsci, como una ética del sacrificio. Ambos renuncian a situaciones que podrían suponer un privilegio para, de acuerdo con sus ideas, valores y principios, enfrentarse con aquello que consideran inaceptable, intolerable, contrario a la vida propia y a la del conjunto de la sociedad. 

Actuar de esta manera, tomar estas decisiones, les conlleva vivir con mayor sufrimiento que si hubieran renunciado a la coherencia con su manera de pensar y a la responsabilidad con la desdicha y opresión existente. 

El que fuera profesor en la Facultad de Humanidades de la UPF señala, por ejemplo, que Gramsci, en la cárcel, a pesar de la enfermedad, del aislamiento y de la soledad, se negó reiteradamente a firmar una petición de gracia al régimen mussoliniano. Su argumento: no quería disfrutar de una situación privilegiada en comparación con otros trabajadores encarcelados por el fascismo por los mismos motivos que él. No quiso convertirse, son palabras de Gramsci, en un pingo almidonado. De la misma forma, Simone Weil quiso vivir como entonces vivían los trabajadores de fábrica. Quiso compartir sus vivencias y sus sufrimientos. Iban en serio.

Más allá de que ambos consideraban peligroso el cientificismo y el espíritu tecnocrático, ¿qué une el pensamiento de Gramsci y Weil?

En uno de los textos del libro. Francisco Fernández Buey empieza diciendo que está por hacer un estudio comparativo de los escritos ético-políticos de Antonio Gramsci y de Simone Weil… Hay cosas ya hechas. Tal vez Fernández Buey hubiera vuelto sobre dos de las personas que más le interesaron de la historia política e intelectual del siglo XX. 

Fernández Buey destaca diferentes elementos comunes a ambos que también pueden verse en él: preocupación por la opresión, la libertad y la emancipación, por las condiciones laborales y el nuevo mundo industrial, el altísimo concepto de la ética, altruismo, saber que el hacer es la mejor manera de decir. No eran personas que se dedicaran a la política “profesional”, hacían política desde formas alternativas, estaban en contra de la mentira y piensan que decir la verdad es revolucionario, y viven la tragedia personal que implica una gran responsabilidad sociopolítica unida a su convicción ética. 

Por lo demás, ni Simone Weil ni Gramsci fueron pensadores anticientíficos. Simone Weil, su hermano André fue uno de los grandes matemáticos del siglo XX, tenía una sólida formación científica. 

Gramsci, en el Cuaderno undécimo por ejemplo, demuestra una fina sensibilidad filosófica para asuntos epistemológicos. Encarcelado, quiso estar informado de un célebre Congreso de Historia de la Ciencia celebrado en Londres a principios de los años 30 del siglo pasado. Piero Sraffa, un gran amigo y un gran científico, fue una de sus principales fuentes de información en estas temáticas.

Que Jiménez Lozano la calificase como una “mística de viernes santo especulativo”, ¿supone que esa aureola de misticismo que la rodea puede despistarnos de la hondura política de sus escritos y del compromiso humano que mantuvo la francesa?

Existe el riesgo de que nos quedemos con alguna de las facetas de Simone Weil sin atender a la relación que estas tienen con las demás. Ha ocurrido y seguramente seguirá ocurriendo… aunque sería un grave error. Fernández Buey demuestra en todos los artículos, comentarios y anotaciones que hemos recogido en su libro la hondura política y el fuerte y consistente compromiso social de la autora de Diario de España. Nadie debería confundirse en este punto por mucho que esté interesado, o quiera destacar, la indudable vertiente mística de la filósofa francesa.

Pese a que es una gran conocedora de la obra de Marx, salvo su método materialista, no parece entusiasmarla mucho, ¿no es así?

Desde la distancia temporal y a veces conceptual, dialoga con algunas de las ideas de Marx. Comparte con él la preocupación por la opresión existente y por la búsqueda de la emancipación. Nos parece que son especialmente interesantes las páginas que le dedica en Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social. 

Weil conocía bien la obra de Marx editada en los años en que ella vivió (no pudo leer los Manuscritos de 1844, por ejemplo, que probablemente le hubieran interesado mucho). Algunos de los conceptos marxianos son también centrales para ella. Lucha de clases, por ejemplo. Es su conocimiento de la obra de Marx el que, como comenta Fernández Buey, le permite realizar una de las críticas más agudas que nunca se han hecho a la concepción marxiana.

¿Cómo conjuga Weil las primeras del verbo, el yo con el nosotros?

Tal vez podríamos decir que es un yo que siempre tiene presente el nosotros, se preocupa por el nosotros, e incluso lo llega a anteponer al yo. Basta pensar en su biografía y en su trágico final. También Fernández Buey pone énfasis en este punto.

Su relación con los dirigentes católicos fue tan difícil y complicada como la que mantuvo con sindicalistas y marxistas. ¿Realmente era tan heterodoxa?

Como destaca Fernández Buey no es una política “profesional”. Como otras personas de quien podríamos decir lo mismo, Gramsci, o el mismo Fernández Buey, no dejan de hacer política “profesional” o “institucional” o “dirigente” por no querer hacer este tipo de política. El problema es qué política se hace desde estos lugares por parte de quien está en ellos. Una política que no pone como prioridad decir la verdad, atender a la coherencia entre el hacer y el decir, la explotación y la desdicha existente…

Para Weil, ¿dónde radica la infelicidad humana?

Sobre este punto, en nuestra opinión interesan especialmente sus textos y reflexiones sobre las necesidades humanas. El ser humano necesita que sean satisfechas. Son de diferentes características. Incluyen las condiciones materiales de vida pero también la verdad, que considera la más sagrada de todas, la libertad de expresión, la igualdad, la propiedad personal y colectiva, la obediencia consentida… Toda necesidad humana, nos dice Weil, genera la obligación de ser satisfecha. Son sagradas, no pueden ser desatendidas. Existe mucha infelicidad por las necesidades humanas y la falta de compromiso para satisfacerlas.

“La condición de los trabajadores es aquella en la cual el hambre de finalidad, que constituye el ser mismo de todo hombre, no puede ser satisfecha sino por Dios”. Para Weil, los obreros ¿eran los auténticos receptores del mensaje de Cristo?

En este fragmento Weil hacer referencia a una característica de la clase trabajadora que la hace más próxima, a su entender, a Dios, pero no necesariamente son los “auténticos receptores”. Tal vez deberíamos hablar de los desdichados del mundo.

¿Sólo la atención permite penetrar en la verdad?

Weil da mucha importancia a la atención. Habla de ella, especialmente, en sus textos más orientados a la religión, como los que se pueden leer en A la espera de Dios. Pero la atención es una preocupación que va mucho más allá de lo religioso. Nos dirá: “La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío y penetrable al objeto, manteniendo próximo al pensamiento, pero en un nivel inferior y sin contacto con él, los diversos conocimientos adquiridos que deban ser utilizados. (…) 

Y sobre todo la mente debe estar vacía, a la espera, sin buscar nada, pero dispuesta a recibir en su verdad desnuda el objeto que va a penetrar en ella.” 

El propósito de Weil de que los representantes del pueblo no piensen por él sino que sean parte de él parece haberse convertido en una utopía… ¿Había más confianza en el órgano judicial que el ejecutivo?

Weil puede ser considerada una pensadora utópica por lo alejado que están sus propuestas de la realidad hoy existente, pero como bien planteó Francisco Fernández Buey en su gran obra Utopía e ilusiones naturales: “Llamar «utópicos» por sistema a todos los perdedores de la historia es negar media historia. 

Y es precisamente esa media historia la que el amigo del pueblo tiene que recuperar para que el pueblo mismo llegue a saber que los derechos que hoy tiene, un día considerados utópicos por los que mandaban entonces, se los debe principalmente a estos perdedores (momentáneos) de la historia.”

Fernández distingue un sentido peyorativo en la definición de utopía que se utiliza para desprestigiar, ridiculizar… Weil pensó mucho en cómo sería otra sociedad. Puede ser utópica en un sentido positivo, pero nunca negativo. Weil desconfía mucho de los partidos políticos, tiene grandes y profundas reflexiones en textos muy breves escritos durante la II Guerra Mundial, en Londres, tras salir de la Francia ocupada, pensando en el mundo posterior a ello. Hoy pueden ayudarnos a pensar el mundo después de la crisis del Covid-19. Por lo demás, como señala Fernández Buey, Weil considera indeseable que la soberanía recaiga en la nación. La nación, propiamente, no existe. Por tanto, no podría ser soberana.

Por otra parte, la nación delega en el Parlamento o la Asamblea… lo que hace que la soberanía acabe constituyéndose en un atributo de la profesión del parlamentario. La soberanía, para Weil, debe recaer en la justicia. Cuando se acepta la delegación de la soberanía en el Parlamento no hay propiamente separación de poderes, señala Fernández Buey, todo el poder pertenece de hecho a la Asamblea. 

De este modo, tampoco hay poder judicial: los magistrados quedan entonces reducidos a la función de meros aparatos registradores. Para que lo haya, señala el que fuera nuestro amigo y maestro, “para que pueda hablarse en serio de un aparato judicial, los magistrados tendrían que recibir una educación espiritual y habría que admitir, además, que el juicio equitativo, inspirado en la declaración fundamental, es la forma normal del juicio”. 

Weil es partidaria de la tradición libertaria de unir trabajo manual e intelectual y se opone a un concepto meramente instrumental de la educación, práctica común en las organizaciones marxistas de la época. ¿Es suficiente ambas pautas para la liberación de la clase obrera? 

No parece suficiente. Weil no lo consideró así, tampoco Gramsci o Fernández Buey. No es suficiente, pero puede formar parte de los proyectos para el proceso de emancipación y lucha por la libertad. Por lo demás, la superación de la división clasista del trabajo manual e intelectual no es característica singular de la tradición libertaria sino de casi todas las corrientes emancipatorias, y también en aquellos años hay corrientes marxistas que no apuestan por una concepción instrumental, en términos políticas, de la educación obrera y popular. Recordemos, por ejemplo, la admiración que sintió Weil por la obra -y la vida- de Rosa Luxemburg.

La noción de luchas de clases, la afirmación de la centralidad del trabajo y la idea de que la emancipación de los trabajadores correrá de su cuenta, pertenece tanto a la tradición libertaria como a la comunista marxista. ¿Estaba igual de cómoda Weil en ambas corrientes?

Fernández Buey se podía encontrar igual de cómodo en ambas tradiciones, la libertaria y la marxista, aunque, sin duda, fue centralmente un filósofo de inspiración marxista. Escribió sobre eso y sobre la necesidad de encuentro de ambas. También se podía encontrar igual de incómodo ante malas prácticas de ambas tradiciones. 

Me parece que lo mismo le ocurría a Weil, y su experiencia en la guerra de España en el frente de Aragón le hizo distanciarse críticamente de algunas prácticas de una tradición, la libertaria española que representaba la CNT, a la que estuvo muy vinculada.

En cualquier caso, como señala y destaca Fernández Buey, la gran mayoría de los escritos de Weil sobre cuestiones políticas y socio-históricas se mueven en el marco de la tradición libertaria y anarquista, tal como esta tradición fue practicada por una parte del sindicalismo revolucionario francés de los años treinta del pasado siglo. 

El pensamiento de la filósofa francesa se puede caracterizar como libertario justamente en la medida “en que ha puesto en primer plano la crítica del poder, de todo poder”. Para Weil, cualquier poder, independientemente del partido, colectivo o institución que lo ejerza, es siempre y sustancialmente conservador y, por tanto, desde su punto de vista, se opone y se opondrá a las reivindicaciones del pueblo.

Fernández Buey, nos recuerda que esta es una idea que Weil ha ido repitiendo desde 1927 en numerosas ocasiones, que se encuentra reiterada no sólo en los escritos reunidos en un libro titulado Escritos históricos y políticos sino también en lo que escribió tiempo después, ya en los años de la segunda guerra mundial y señaladamente en los escritos de Londres. Se puede afirmar, por tanto, que la orientación libertaria, críticamente pensada y vivida, ha sido una constante en ella y en su obra.

¿Qué aportó para su pensamiento luchar desde dentro del sistema –abandonar sus clases para entrar en una fábrica?

Su breve vida está llena de coherencias entre el decir y el hacer. Llena de momentos en los que encarna sus ideas en acciones vitales para conocer y transformar. La proletarización es uno de ellos, también su participación en la Guerra de España, su voluntad de participar en la II Guerra Mundial… Seguramente, su pensamiento se enriqueció mucho de esas experiencias. Es una pensadora que vive desde el pensamiento y piensa desde la vida. No habla ni vive de oídas. Va en serio, como diría Manuel Sacristán.

Sacristán, maestro y amigo de Fernández Buey, también fue lector y divulgador de Simone Weil. Reseñó cinco de sus obras que publicó en Laye (Gabriel Ferrater también comentó para la revista barcelonesa uno de sus libros, La condición obrera) y escribió un artículo sobre la filósofa francesa para una Enciclopedia que no llegó a editarse, dirigida por su amigo de juventud, Esteban Pinilla de las Heras.

¿Hay alguna figura actual que pudiese compararse a Weil?

Son muchas las singularidades de Weil. Fernández Buey ya ha apuntado la comparación con Gramsci los dos pensadores del siglo XX que probablemente más le conmovieron. Hay otras figuras con elementos comparables y que fueron de mucho interés para él. Podemos pensar, por ejemplo, en su maestro y amigo Manuel Sacristán, lector y divulgador también de Weil, como decíamos, en Pier Paolo Pasolini, Rosa Luxemburg, Rainer Werner Fassbinder… ¿Figuras actuales? Pensemos en la excepcionalidad de su vida, de entrada, por vivir la I Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la Guerra de España… Todo esto con solo 34 años de vida. No es fácil identificar figuras semejantes por ahora. En nuestra opinión, desde otra perspectiva, algunos nudos de la vida y compromiso de Ernesto Guevara, también editado y estudiado por Fernández Buey, pueden recordarnos a Simone Weil. 

¿Qué tiene la teología de la liberación del pensamiento de Weil?

Es posible que pese a la cercanía entre la teología de la liberación y el pensamiento y la acción de Weil se hayan relacionado poco. El teólogo Juan José Tamayo, vinculado a la teología de la liberación, recomendaba una mayor atención a la vida y obra de la pensadora francesa, paradigma, a su juicio, de “intelectual compasiva”, que, perteneciendo a una familia acomodada, “se encarnó” entre los excluidos para experimentar en su propia carne la opresión de la clase trabajadora.

 Por lo demás, más allá de las referencias directas a la obra de Weil, muchas de las acciones, del compromiso, del estar-en-el-mundo de teólogos, de sacerdotes de base, miembros y partidarios de esa corriente político-teológica, recuerdan el Ser con otros, la mirada sobre y la proximidad con los desfavorecidos de la Tierra de esta gran pensadora."                 

(Entrevista a Salvador López Arnal y Jordi Mir, Esther Peñas, Solidaridad Digital, 30/04/20)

22/5/18

Noam Chomsky: La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones

"Noam Chomsky (Filadelfia, 1928) hace tiempo que superó las barreras de la vanidad. No habla de su vida privada, no usa móvil y en un tiempo donde abunda lo líquido y hasta lo gaseoso, él representa lo sólido. 

Fue detenido por oponerse a la guerra de Vietnam, figuró en la lista negra de Richard Nixon, apoyó la publicación de los papeles del Pentágono y denunció la guerra sucia de Ronald Reagan. A lo largo de 60 años no hay lucha que se le haya escapado. Igual defiende la causa kurda que el combate contra el cambio climático. 

Tan pronto aparece en una manifestación de Occupy Movement como respalda a los inmigrantes sin papeles. Inmerso en la agitación permanente, el joven que en los años cincuenta deslumbró al mundo con la gramática generativa y sus universales, lejos de dormirse en las glorias del filósofo, optó por el movimiento continuo. No importó que le acusasen de antiamericano o extremista. 

Él siempre ha seguido adelante, con las botas puestas, enfrentándose a los demonios del capitalismo. Ya sean los grandes bancos, los conglomerados militares o Donald Trump. Incombustible, su última obra lo vuelve a confirmar.

 En Réquiem por el sueño americano (editorial Sexto Piso) vuelca a la letra impresa las tesis expuestas en el documental del mismo título y denuncia la obscena concentración de riqueza y poder que exhiben las democracias occidentales. El resultado son 168 páginas de Chomsky en estado puro. Vibrante y claro. Listo para el ataque.



—¿Se considera un radical?

—Todos nos consideramos a nosotros mismos moderados y razonables.

—Pues defínase ideológicamente.

—Creo que toda autoridad tiene que justificarse. Que toda jerarquía es ilegítima hasta que no demuestre lo contrario. A veces, puede justificarse, pero la mayoría de las veces no. Y eso…, eso es anarquismo.

Una luz seca envuelve a Chomsky. Después de 60 años dando lecciones en el Massachusetts Institute of Tech­nology (MIT), el profesor se ha venido a vivir a los confines del desierto de Sonora. En Tucson, a más de 4.200 kilómetros de Boston, ha abierto casa y estrenado despacho en el Departamento de Lingüística de la Universidad de Arizona. 

El centro es uno de los pocos puntos verdes de la abrasada ciudad. Fresnos, sauces, palmeras y nogales crecen en torno a un edificio de ladrillo rojo de 1904 donde todo queda pequeño, pero todo resulta acogedor. Por las paredes hay fotos de alumnos sonrientes, mapas de las poblaciones indígenas, estudios de fonética, carteles de actos culturales y, al fondo del pasillo, a mano derecha, el despacho del mayor lingüista vivo.

Una luz seca envuelve a Chomsky. Después de 60 años dando lecciones en el Massachusetts Institute of Tech­nology (MIT), el profesor se ha venido a vivir a los confines del desierto de Sonora. En Tucson, a más de 4.200 kilómetros de Boston, ha abierto casa y estrenado despacho en el Departamento de Lingüística de la Universidad de Arizona. 

El centro es uno de los pocos puntos verdes de la abrasada ciudad. Fresnos, sauces, palmeras y nogales crecen en torno a un edificio de ladrillo rojo de 1904 donde todo queda pequeño, pero todo resulta acogedor. Por las paredes hay fotos de alumnos sonrientes, mapas de las poblaciones indígenas, estudios de fonética, carteles de actos culturales y, al fondo del pasillo, a mano derecha, el despacho del mayor lingüista vivo.

El lugar nada tiene que ver con el rompedor espacio de Frank Gehry que le daba cobijo en Boston. Aquí, apenas cabe una mesa de trabajo y otra para sentarse con dos o tres alumnos. Recién estrenada, la oficina de uno de los académicos más citados del siglo XX aún no tiene libros propios, y su principal punto de atención recae en dos ventanas que inundan de ámbar la estancia.

 A Chomsky, pantalones vaqueros, pelo largo y blanco, le gusta esa atmósfera cálida. La luz del desierto fue uno de los motivos que le hizo mudarse a Tucson. “Es seca y clara”, comenta. Su voz es grave y él deja que se pierda en los meandros de cada respuesta. Le gusta hablar con largueza. La prisa no va con él.

PREGUNTA. ¿Vivimos una época de desencanto?

RESPUESTA. Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. 

La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones.

P. ¿Y así surgen las fake news (bulos)?

R. La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie.

P. ¿Ni siquiera en los medios de comunicación?

R. La mayoría está sirviendo a los intereses de Trump.

P. Pero los hay muy críticos, como The New York Times, The Washington Post, CNN…

R. Mire la televisión y las portadas de los diarios. No hay más que Trump, Trump, Trump. Los medios han caído en la estrategia que ha diseñado Trump. Cada día les da un aliciente o una mentira para situarse él bajo los focos y ocupar el centro de atención.

 Entretanto, el flanco salvaje de los republicanos va desarrollando su política de extrema derecha, recortando derechos de los trabajadores y abandonando la lucha contra el cambio climático, que precisamente es aquello que puede terminar con todos nosotros.

P. ¿Ve en Trump un riesgo para la democracia?

R. Representa un peligro grave. Ha liberado consciente y deliberadamente olas de racismo, xenofobia y sexismo que estaban latentes pero que nadie había legitimado.

P. ¿Volverá a ganar?

R. Es posible, si consigue retardar el efecto letal de sus políticas. Es un consumado demagogo y showman que sabe cómo mantener activa su base de adoradores. A su favor juega también que los demócratas están sumidos en la confusión y puede que no sean capaces de presentar un programa convincente.

P. ¿Sigue apoyando al senador demócrata Bernie Sanders?

R. Es un hombre decente. Usa el término socialista, pero en él significa más bien new deal demócrata. Sus propuestas, de hecho, no le serían extrañas a Eisenhower [presidente por el Partido Republicano de 1953 a 1961]. Su éxito, más que el de Trump, fue la verdadera sorpresa de las elecciones de 2016. 

Por primera vez en un siglo hubo alguien que estuvo a punto de ser candidato sin apoyo de las corporaciones ni de los medios, solo con el respaldo popular.

P. ¿No advierte un deslizamiento hacia la derecha del espectro político?

R. En la élite del espectro político sí que se ha registrado ese corrimiento; pero no en la población general. Desde los años ochenta se vive una ruptura entre lo que la gente desea y las políticas públicas. Es fácil verlo en el caso de los impuestos. Las encuestas muestran que la mayoría quiere impuestos más altos para los ricos. 

Pero esto nunca se lleva a cabo. Frente a esto se ha promovido la idea de que reducir impuestos trae ventajas para todos y que el Estado es el enemigo. ¿Pero quién se beneficia de que recorten en carreteras, hospitales, agua limpia y aire respirable?

P. ¿Ha triunfado entonces el neoliberalismo?

R. El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege.

 Las grandes industrias energéticas reciben subvenciones de cientos de millones de dólares, la economía high-tech se beneficia de las investigaciones públicas de décadas anteriores, las entidades financieras logran ayudas masivas tras hundirse… Todos ellos viven con un seguro: se les considera demasiado grandes para caer y se los rescata si tienen problemas. 

Al final, los impuestos sirven para subvencionar a estas entidades y con ellas a los ricos y poderosos. Pero además se le dice a la población que el Estado es el problema y se reduce su campo de acción. ¿Y qué ocurre? Su espacio es ocupado por el poder privado y la tiranía de las grandes entidades resulta cada vez mayor.

P. Suena a Orwell lo que describe.

R. Hasta Orwell estaría asombrado. Vivimos la ficción de que el mercado es maravilloso porque nos dicen que está compuesto por consumidores informados que adoptan decisiones racionales. Pero basta con poner la televisión y ver los anuncios: ¿buscan informar al consumidor y que tome decisiones racionales? ¿O buscan engañar? Pensemos, por ejemplo, en los anuncios de coches.

 ¿Ofrecen datos sobre sus características? ¿Presentan informes realizados por entidades independientes? Porque eso sí que generaría consumidores informados capaces de tomar decisiones racionales. 

En cambio, lo que vemos es un coche volando, pilotado por un actor famoso. Tratan de socavar al mercado. Los negocios no quieren mercados libres, quieren mercados cautivos. De otro modo, colapsarían.

P. Y ante esta situación, ¿no es demasiado débil la contestación social?

R. Hay muchos movimientos populares muy activos, pero no se les presta atención porque las élites no quieren que se acepte el hecho de que la democracia puede funcionar. Eso les resulta peligroso. Puede amenazar su poder. Lo mejor es imponer una visión que te dice que el Estado es tu enemigo y que tienes que hacer lo que puedas tú solo.

P. Trump emplea a menudo el término antiamericano, ¿cómo lo entiende?

R. Estados Unidos es el único país donde por criticar al Gobierno te llaman antiamericano. Y eso supone un control ideológico, encender hogueras patrióticas por doquier.

P. En algunos sitios de Europa también pasa.

R. Pero nada comparable a lo que ocurre aquí, no hay otro país donde se vean tantas banderas.

P. ¿Teme al nacionalismo?

R. Depende, si significa estar interesado en tu cultura local, es bueno. Pero si es un arma contra otros, sabemos a donde puede conducir, lo hemos visto y experimentado.

P. ¿Cree posible que se repita lo que ocurrió en los años treinta?

R. La situación se ha deteriorado; tras la elección de Barack Obama se desencadenó una reacción racista de enorme virulencia, con campañas que negaban su ciudadanía e identificaban al presidente negro con el anticristo.

 Ha habido muchas manifestaciones de odio. Sin embargo, Estados Unidos no es la República de Weimar. Hay que estar preocupados, pero las probabilidades de que se repita algo así no son altas.

P. Arranca su libro recordando la Gran Depresión, un tiempo en el que “todo estaba peor que ahora, pero había un sentimiento de que todo iría mejor”.

R. Me acuerdo perfectamente. Mi familia era de clase trabajadora, estaba en paro y no tenía educación. Objetivamente, era un tiempo mucho peor que ahora, pero había un sentimiento de que todos estábamos juntos en ello. 

Había un presidente comprensivo con el sufrimiento, los sindicatos estaban organizados, había movimientos populares… Se tenía la idea de que juntos se podía vencer a la crisis. Y eso se ha perdido. Ahora vivimos la sensación de que estamos solos, de que no hay nada que hacer, de que el Estado está contra nosotros…

P. ¿Tiene aún esperanzas?

R. Claro que hay esperanza. Aún hay movimientos populares, gente dispuesta a luchar… Las oportunidades están ahí, la cuestión es si somos capaces de tomarlas.

Chomsky termina con una sonrisa. Deja vibrando en el aire su voz grave y se despide con extrema cortesía. Luego sale del despacho y baja las escaleras de la facultad. Afuera, le esperan Tucson y la luz seca del desierto de Sonora."           (Entrevista a Noam Chomsky, José Martínez Ahrens, El País, 10/03/18)

5/12/17

El Municipalismo Libertario o comunalismo, es la expresión política de la ecología social. Es devolver el poder al pueblo al nivel fundamental de la sociedad: la comuna o municipalidad

"Dice estar esperanzada con el municipalismo libertario y que abordar la desigualdad es más urgente que nunca. A Barcelona en Comú le pide “no caer en la idea de que el poder del estado llegará un día a ser suyo”. En EE UU, la exsecretaria de Prensa del candidato demócrata reconoce que apoyaría a Bernie Sanders como mal menor, pero alerta de la ingente cantidad de energía que requiere una batalla que solo produce pequeñas victorias.

Periodista y escritora, ha ganado diferentes premios por sus noticias y reportajes de investigación y escrito para medios como The New York Times, The Atlantic, New Scientist y The Nation. Llevó a cabo una investigación que dio lugar al libro The Virus and the Vaccine (del que es coautora junto a su pareja) y es autora de The Next Revolution: Popular Assemblies and the Promise of Direct Democracy. Bookchin participó en los II Encuentros Internacionales de Ecología Social de Bilbao.

¿Todavía es posible construir un mundo mejor?

Totalmente. Y ahora es más urgente que nunca antes. A día de hoy hay más gente que está sufriendo y se está dando la mayor desigualdad entre ricos y pobres que hayamos conocido en la era moderna. Además, nuestra existencia como especie depende de que nos pongamos en esta tarea, porque el ethos rapaz del capitalismo, “crece o muere”, amenaza con destruir los ecosistemas de este bello planeta del cual dependen nuestras vidas.

Lo positivo de la, por otra parte, deprimente situación actual es que ahora tenemos más ejemplos de los esfuerzos fallidos en el pasado, particularmente en la izquierda. Y si somos inteligentes, aprenderemos de esas experiencias y generaremos una mejor manera de responder al desafío al que nos enfrentamos.

Por eso estoy tan esperanzada con el municipalismo libertario, que ofrece una práctica y demuestra una vía para avanzar en el proyecto en el que todas creemos: construir una sociedad más igualitaria y utópica.

¿Cómo definirías la ecología social? Qué es el municipalismo libertario o comunalismo?

La ecología social es el término que mi padre [Murray Bookchin] utilizaba para describir la idea de que todos los problemas ecológicos se basan en relaciones sociales distorsionadas. Con esto quería decir que no podemos empezar a deshacer las muchas ofensas que imponemos al mundo natural hasta que nos ocupemos de las ofensas que nos hacemos entre nosotras mismas.

En otras palabras, la vieja idea de dominar la naturaleza proviene de la muy real dominación de humanas por humanas, algo que empezó hace muchos siglos con las jerarquías antiguas del chamán de la tribu, que fue extendiéndose a muchas otras formas de dominación jerárquica, y que aún seguimos combatiéndolas hoy: lo viejo sobre lo joven, el hombre sobre la mujer, la gente blanca sobre la de color, etc.

En la sociedad burguesa esto toma su forma más rapaz en el capitalismo, dónde las necesidades humanas son puestas a competir entre sí y todas ellas contra el mundo natural. Las ecologistas sociales insisten en que sólo resolveremos la crisis ecológica cuándo erradiquemos jerarquías sociales que incluyan dominaciones de género, etnia, orientación sexual o, por supuesto, distinciones de clase.

Afirman que si no se erradican estas otras formas de dominación, la mera paridad económica no traería la liberación, porque la libertad real significa más que igualdad económica; significa libertad de toda forma de jerarquía.

Mi padre, por ejemplo, encontró en esto el gran fallo del Comunismo y de otras ideologías radicales de izquierda: fijándose sólo en la desigualdad económica e ignorando las otras formas de dominación social, las sociedades que construyeron no eran ni igualitarias ni ecológicas. De facto, en muchos casos fueron al menos tan opresivas, si no más, como sus contrapartes capitalistas. Y su historial de explotación medioambiental es bien conocido.

El Municipalismo Libertario, al que mi padre se refería también como Comunalismo, es la expresión política de la ecología social. Sugiere que, en vez de organizar la sociedad de manera no jerárquica, deberíamos devolver el poder al pueblo al nivel fundamental de la sociedad: la comuna o municipalidad, de forma que la gente pueda tomar decisiones por ella misma a nivel local, en vez de ser “gobernados” por el estado.

Estas organizaciones municipales se confederarían entre ellas para tomar decisiones regionales. Vemos conmovedores ejemplos de esta forma de organización social a lo largo de la historia: en la Antigua Atenas, en las ciudades medievales, en la Comuna de París de 1871, así como en la colectividades anarquistas de España en 1936 y 1939, entre otras.

¿Jerarquía y dominación, como cambiamos estas relaciones sociales?

Bien, hemos hecho un largo recorrido para identificarlas. Creo que uno de los grandes logros de los movimientos sociales de las últimas dos o tres décadas es que hemos empezado a cambiar conscientemente estas relaciones sociales en la práctica de cada día.

Estas “políticas pre-figurativas” insisten en que vivimos en nuestros movimientos, los valores que queremos ver en la nueva sociedad que esperamos construir. La gente en Barcelona en Comú, por ejemplo, habla sobre feminización de la política, y se refieren no sólo a los asuntos que afectan a las mujeres, sino a un cambio fundamental en la forma en que se conduce la política.

El feminismo ha sido instrumental en este proceso, como son otros movimientos de liberación como el de las personas negras y la lucha LGTB. Pero debemos tener cuidado con no enfocar estas formas de opresión por separado, no sucumbir a la “política identitaria” que socava el cambio revolucionario.

Debemos recordar que todas esas formas de opresión son expresiones de un sistema capitalista que subyuga a la gente haciéndola luchar entre ellas por ver quién es más oprimida y victimizada, en vez de concentrar nuestra fuerza colectiva –porque somos más fuertes cuándo nos levantamos unidas– a combatir directamente el poder global de las corporaciones internacionales y su cortejo: el estado-nación, que sostiene un monopolio de autoridad y violencia.

Solo retando y en última instancia usurpando el poder del estado-nación podremos tener una verdadera auto-determinación y libertad.

¿Cómo fue la experiencia de democracia directa en el movimiento Occupy? ¿Fue un primer intento de municipalismo libertario en EE UU?

El movimiento Occupy era muchas cosas buenas, pero no era municipalismo libertario. Occupy hizo sentir a la gente como de estimulante puede ser reunirse cara a cara, y discutir y decidir, experimentar ese sentimiento de empoderamiento que viene con la auto-determinación.

El municipalismo libertario también pone el acento en reuniones y discusiones, pero va un paso más allá empoderando a las asambleas locales a elegir delegados que pueden llevar su mirada a nivel metropolitano.

Como parte del municipalismo libertario está el presentarse al ayuntamiento, tras haber trabajado con sus vecinos para desarrollar un programa que recoge las necesidades de la gente en la comunidad.

Pero las que se presentan no son candidatas en un sentido tradicional, son merecidas delegadas de la asamblea : no son empoderadas para tomar decisiones por ellas mismas, puede ser revocadas si no siguen los deseos de la asamblea; y rotan para que nadie se convierta en centro de poder. Su principal meta, siendo elegidas para el ayuntamiento, es devolver recursos a la base, fortalecer continuamente los movimientos sociales y las asambleas vecinales a las que representan.

Estamos hartos de los tories y de los labour en Inglaterra, republicanos y demócratas en EE UU. En Europa, la apuesta por Syriza o Podemos no anda ahora mismo muy bien... ¿Con Bernie Sanders habría habido alguna diferencia?

Claramente, estaríamos mejor si Bernie Sanders fuera presidente en vez de Donald Trump, y apoyo votar por el mal menor en las elecciones regionales y nacionales; cualquier pequeño paso que podamos dar para proteger nuestros derechos ya conquistados es importante. Pero no soy socialdemócrata.

Y creo que la política de la socialdemocracia nos ha fallado: estamos continuamente gastando ingentes energías en una batalla cuesta arriba que produce sólo pequeñas victorias. La política de la que hablo no gira alrededor de una personalidad “progresista” como Sanders tomando las riendas del poder, porque un único individuo, por muy bien intencionado que sea, está siempre limitado por las propias instituciones: la gigantesca burocracia gubernamental, las corporaciones, la necesidad de “comprometerse” para mantenerse en el poder.

La historia nos enseña que es el estado-nación el que se erige en oposición a la verdadera auto-determinación. Siempre que un partido de izquierda se ha focalizado en tomar el poder a nivel nacional, se han corrompido para encajar en el orden social neoliberal que el estado les exige.

Esto sucedió a mediados de los 80 con los Verdes alemanes, y el mismo patrón ha continuado, como hemos visto con Syriza. Plataformas como Barcelona en Comú están más cerca de un programa municipalista radical, pero todas esas experiencias deben ser vigilantes, no caer en la idea de que el poder del estado llegará un día a ser suyo. Debe ser totalmente desmantelado, junto al orden económico capitalista al que sirve.

¿Cómo puede el Comunalismo hacer su camino en tierra Kurda?

En los 90 mucho de los libros de mi padre fueron traducidos al Turco, en un país en el que viven 15 millones de Kurdos y en el que nació el líder Kurdo Abdullah Öcalan. Mucho Kurdos se familiarizaron con los textos de Bookchin, y Öcalan empezó a leerlos con atención cuándo fue a la prisión de la isla Imrali tras ser capturado en 1999.

Öcalan ha dicho que fue profundamente influenciado por las exploraciones de mi padre sobre jerarquía y dominación en las primeras sociedades Mesopotámicas, y también por su convicción de que el Marxismo-Leninismo estaba equivocado en creer que la libertad viene por la toma del poder estatal, observación que se ha probado verdadera una y otra vez, siendo quizá la URSS el más trágico ejemplo.

Tras leer estos libros, Öcalan instó a sus seguidores a abandonar la idea de crear un estado Kurdo separado, y respalda la idea no-estatista de Bookchin sobre el comunalismo, que Öcalan llamó confederalismo democrático.

Esto significa que los Kurdos en Syria y Turquía ya no buscan un estado separado, porque entienden que los estados son inherentemente represivos. Por lo que dentro de las fronteras estatales existentes están construyendo y modelando una autonomía regional para su gente y trabajando para construir un Oriente Medio democrático y no sectario.

¿Qué remarcarías de la nueva sociedad Kurda?

La parte Noreste de Syria, conocida en Kurdo cómo Rojava, acaba de ser renombrada Federación Democrática de Syria Norte, en reconocimiento de que la región incluye también sirios, árabes, turcos y gente de otras etnias, y todo su sistema se organiza como una democracia asamblearia del cara a cara.

La gente se encuentra en el barrio para tomar decisiones sobre cualquier aspecto de la vida, desde los horarios a los que niñas y niños deberían llegar a la escuela hasta que tipo de cooperativas servirán mejor a la sociedad. Las mujeres deben formar, por ley, parte al menos en un 40 por ciento de topo cuerpo gubernativo, y todas las oficinas administrativas están atendidas por una mujer a menudo de una minoría.

Las decisiones de usos de los recursos económicos se toman colectivamente a nivel de barrio. Los derechos humanos básicos están garantizados por todo el mundo, mediante un “contrato social” de 96 puntos que perfilan un núcleo de valores fundamentales, tales como la ayuda mutua, la cooperación, una economía ecológica y moral y, sobre todo, su compromiso con la auto-determinación mediante la democracia de base. La jerarquía es desafiada a todos los niveles de la sociedad.

Hay comisiones separadas de mujeres que pueden anular la asamblea cuándo ésta aborda asuntos que afectan específicamente a las mujeres, tal y como la salud. Todo el mundo tiene derecho a ser educado en su propia lengua, y ambas mujer y hombre sirven en las unidades de defensa que se encargan de proteger la región. Esta sociedad es la sociedad más democrática y revolucionaria que hayamos visto desde las comunidades anarquistas de 1936 a 1939 en España.

Y me gustaría enfatizar que creo que es trágico que este proyecto en Syria Norte no haya recibido más soporte de la izquierda y los progresistas en Occidente. Como la sociedad que los Zapatistas están creando en Chiapas, es un modelo que merece ser cuidado y alimentado, y criticado cuando proceda, pero ante todo protegido de las fuerzas geopolíticas que amenazan con destruirlo, especialmente con el fascismo que continua en auge en Turquía y otros países vecinos.

Debería haber una enorme protesta continua contra la destrucción sistemática de las comunidades kurdas en el sudeste de Turquía por parte de Recep Tayyip Erdogan, y una insistente exigencia de que Rojava Kurda tenga un asiento en la próxima ronda de las Conversaciones de Paz de Ginebra, de las que han sido completamente excluidas hasta el momento.

Todas deberíamos estar presionando a nuestras representantes para asegurar que Rojava no sea abandonadas ahora que se ha hecho retroceder al Estado Islámico, en unas batallas en Syria bañadas en sangre Kurda y Árabe.

¿Qué añadió Abdullah Öcalan a las teorías de Murray Bookchin?

Öcalan trajo un fuerte énfasis en el feminismo al dar luz estas teorías. A mi padre le preocupaba la opresión de la mujer, como parte de los muchos sistemas de mando y obediencia que alimentan toda forma de dominación, pero Öcalan, viniendo de Oriente Medio, dónde las mujeres son descaradamente la categoría más baja de los sistemas patriarcales, mostró que las mujeres están en una categoría exclusiva como las más explotadas y abusadas de la sociedad moderna.

Öcalan observó con certeza que una revolución de mujeres es el núcleo fundamental del proyecto socialista y determina hasta que punto una sociedad en su conjunto puede considerarse a sí misma liberada. Es este compromiso de auto-liberación, el que anima las extraordinarias unidades de defensa femenina que tan brillante y estratégicamente han luchado contra el autodenominado Estado Islámico.

Ambos, Bookchin y Öcalan, retomaban la idea Marxista de la libertad desde un punto de vista económico para llevarla a una visión más amplia.

Ambos defendían con entusiasmo que no es suficiente destruir el sistema de clase. Para ambos la libertad implica una visión más amplia con la meta de acabar con todas las formas de opresión. Para hacer esto, necesitamos construir una sociedad igualitaria que sea moralmente justa, ecológicamente sostenible y que respete y promueva todo el abanico de la experiencia humana.

En una sociedad libre de verdad, un artista y una maestra serán tan valiosas como una doctora o un programador informático. Todas las etnias, sexos y géneros tendrán todos los derechos. El trabajo podría ir reduciéndose por el uso de la tecnología, de forma que la gente experimentara su potencial creativo y, lo crucial, la gente podrá tener tiempo para el autogobierno: mediante reuniones para discutir asuntos que impactan en sus vidas y comunidades.

Aristóteles vio en eso el reto humano más importante, y a lo largo de la historia vemos que cuándo las gentes se liberan de los lazos físicos y psicológicos que nos impone el capitalismo, tienden a formar parte y cooperar con sabiduría en el gobierno de sus comunidades.

¿Es viable que esta idea de confederalismo democrático se extienda a diferentes partes del mundo?

Creo que no sólo es viable si no que es de vital importancia. Cincuenta años de política de izquierdas nos han enseñado que tenemos que tener una tercera vía, un tercer polo si lo quieres llamar así, que nos lleve más allá del estancamiento entre el estado y la calle. En otras palabras, tenemos que desarrollar un enfoque que no dependa ni de tomar el poder estatal ni de mantenerse en los márgenes de la sociedad como movimiento protesta.

Debemos crear la manera de llevar a cabo un cambio perdurable, empezando con un programa de mínimos en el que la gente se organice sobre cuestiones locales de vivienda, desplazamiento, urbanismo y otros asuntos que les conciernen, y se movilicen implicándose políticamente a nivel local, construyendo instituciones alternativas como las cooperativas y también estudiando, haciendo programa e impulsando plataformas que incluyan candidaturas a los ayuntamientos.

Esto puede ser hecho sin caer en la trampa de crear un partido político que se convierta en un fin en sí mismo. Un programa mínimo puede eventualmente ser dirigido hacia un programa de transición que, finalmente, se convierta en un programa de máximos que permita a las comunidades confederadas crecer en fuerza y en poder de decisión.

Así, de esta manera, se podrá crear un tipo de “poder dual” que desafíe y acabe desmantelando el poder del estado-nación. La manera de generar este tipo de cambio duradero es desarrollando una arquitectura en nuestras comunidades que anime a la gente a participar en el gobierno local, con la meta de constantemente estar enviando el poder hacia abajo, desde el estado a la municipalidad.

¿Podemos resolver problemas transnacionales trabajando a nivel local?

Ya lo estamos haciendo con el calentamiento global por ejemplo, que está siendo enfrentado con más fuerza en algunas ciudades y pueblos que a nivel nacional.

Pero el punto principal es que no hay razón para que esas comunidades no se puedan federar – mandar delegadas a discutir problemas regionales y a veces incluso “nacionales”. Estas delegadas pueden llevar los deseos de sus comunidades a asambleas regionales y traerlos de vuelta con sugerencias de delegadas de otras regiones, para discutirlas a nivel local. Obviamente la gente tendrá que encontrar formas de comprometerse.

Por ejemplo, habrá veces en que una comunidad puede perder la votación en una asamblea regional. Pero con tal de que se abra un debate y el pueblo sienta que tiene voz, creo que habrá un sentido de empoderamiento en esa forma de gobierno, sentido de control local y auto-determinación que pocas de nosotras experimentamos hoy.

¿Necesitamos coraje para unir teoría y práctica?

Necesitamos coraje, pero sobre todo necesitamos compromiso serio con la organización. Hace 50 años, mi padre instaba a la izquierda a tomarse en serio a sí misma, y a hacer en cada barrio, pueblo o ciudad, también en zonas rurales, el trabajo organizativo de instrucción y creación de asambleas populares en torno a cuestiones locales, desarrollando una agenda radical y lanzando candidatas a los ayuntamientos.

Desde ahí, proponía usar ese poder local para desafiar a los cuerpos gubernamentales regionales y nacionales. La meta era descentralizar el poder y debilitar, en última instancia disolver, el estado-nación. Él creía que era la única vía, en el mundo moderno, para crear cambios sociales perdurables.

Pero muchas de nosotras en la izquierda nos hemos enfocado en la política de calle – grandes manifestaciones que, siendo edificantes y positivas para sus participantes, desafortunadamente raramente producen cambios más allá de sí mismas– , o en la política representativa : elegir gente para cargos desde los que prometen protegernos y ser portadoras de nuestros deseos, pero que al final son corrompidos por dicho cargo.

La única forma de construir un cambio duradero es reinventando la política: traerla de vuelta al nivel local dónde la gente puede decidir por ellas mismas con sus barrios que es lo mejor para sus comunidades. Si la Izquierda hubiera empezado hace cinco décadas, estaríamos hoy viviendo en un mundo diferente."         (Entrevista a Debbie Bookchin, Ivan Batty, El Salto, 04/12/17)