Mostrando entradas con la etiqueta s. Tristeza y dinero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta s. Tristeza y dinero. Mostrar todas las entradas

3/12/21

El capitalismo nos hace miserables a todos... incluso a los superricos... A menos que seas un psicópata, ser exorbitantemente rico suele implicar necesariamente dolorosas contorsiones del alma... hay algo profundamente antinatural en explotar y dominar a otras personas, al igual que es profundamente inhumano y antisocial que la mayoría de tus relaciones se definan por la proximidad al dinero

 "A principios de esta semana, The Guardian publicó una columna titulada "Soy terapeuta de los superricos: son tan miserables como lo hace Succession". A primera vista, el artículo es un puro clickbait: un ejemplo de libro de texto del tipo de titular que tiende a atraer tráfico en una economía de medios sociales que se nutre de la provocación. Y por supuesto, ha sido recibido por una avalancha de comentarios demasiado predecibles que expresan una mezcla de schadenfreude y falta de simpatía por los exorbitantemente ricos. 

Pero el artículo de opinión escrito por Clay Cockrell -un psicoterapeuta que por casualidad se convirtió en especialista en el tratamiento de personas ultra ricas y que ahora considera que la serie Succession de la HBO está más cerca del documental que del drama- merece la pena leerlo por el destello que ofrece de la vida interior de los superricos.

Tal y como sugiere el titular, a muchos de los clientes de Cockrell les resulta difícil alcanzar la felicidad, a pesar de la insondable libertad personal y la comodidad material que conlleva la riqueza. Después de haber mimado a sus hijos, algunos luchan por ser padres eficaces. Muchos tienen problemas para entablar relaciones no instrumentales o no transaccionales, les resulta difícil confiar en quienes les rodean y se sienten desprovistos de sentido o propósito en la vida. El tema del dinero en sí, por su parte, es espinoso e incómodo, y está claro, según las investigaciones existentes, que muchas personas ricas experimentan una especie de ansiedad perpetua por su estatus, en lugar de la sensación de seguridad que cabría esperar. Como escribe Cockrell

    Es incómodo hablar de dinero. El dinero está envuelto en la culpa, la vergüenza y el miedo. Existe la percepción de que el dinero puede inmunizarte contra los problemas de salud mental cuando, en realidad, creo que la riqueza puede hacerte -y a las personas más cercanas a ti- mucho más susceptible a ellos.
Lo que es digno de mención aquí es totalmente independiente de lo que la mayoría de nosotros sentimos con razón sobre la riqueza extrema, y mucho menos de una necesidad ardiente de aumentar nuestra compasión hacia los exorbitantemente ricos.

Ni que decir tiene que las personas con problemas reales siempre serán más merecedoras de simpatía que las que vuelan en aviones privados, residen en mansiones llamativas o se sientan en la cima de las doradas jerarquías directivas de las grandes empresas. Estar mal pagado y explotado es una experiencia mucho más común que ser rico, y el peaje psicológico que supone representa indiscutiblemente una mayor injusticia que cualquier patología que un puñado de propietarios de yates esté litigando actualmente con la ayuda de terapeutas bien pagados.

Tampoco creo que la verdadera conclusión sea un refrito trillado del viejo tópico de que la felicidad no se puede comprar. Lo que más llama la atención del artículo de Cockrell tiene que ver con lo que sugiere sobre la casi imposibilidad de conciliar la posesión de una riqueza extrema con los impulsos morales o éticos básicos u otros rasgos humanos. Algunas personas ultra ricas, por supuesto, son sencillamente incapaces de sentir empatía o compasión, y como tales, no sienten ningún remordimiento por explotar y manipular el mundo que les rodea. Según una estimación del periodista Jon Ronson, los casos de psicopatía son cuatro veces mayores entre los directores ejecutivos que entre la población general, lo que nos da muchas razones para creer que el mundo enclaustrado de la élite cuenta con un número desproporcionado de Patrick Batemans.

Sin embargo, incluso sobre la base de esta estimación algo asombrosa, seguimos hablando de una tasa de psicopatía inferior al 5%. Por lo tanto, la inmensa mayoría de los ultrarricos no son literalmente psicópatas, aunque muchos de ellos hagan regularmente cosas que causan un inmenso daño, estrés y sufrimiento a otras personas. Ser extremadamente rico es, por tanto, al menos para algunos, un constante tira y afloja psicológico. No es que los ricos estén oprimidos por el capitalismo, sino que están cautivos de él como todos los demás - y, como los mayores beneficiarios de nuestro sistema económico jerárquico, a menudo tienen una vista de pájaro de sus depredaciones.

Como dijo Meagan Day de Jacobin en 2017, el capitalismo, en última instancia, "obliga a todo el mundo, incluida la clase dominante, a una posición de dependencia y disciplina del mercado." El resultado, como sostiene Vivek Chibber, es la subordinación moral y ética a los dictados huecos del valor de cambio y la competencia rapaz:

El simple hecho de sobrevivir a la batalla competitiva obliga al capitalista a priorizar las cualidades asociadas al "espíritu empresarial". . . . Cualquiera que haya sido su socialización previa, aprende rápidamente que tendrá que ajustarse a las reglas asociadas a su ubicación o su establecimiento se hundirá. Es una propiedad notable de la estructura de clases moderna que cualquier desviación significativa por parte de un capitalista de la lógica de la competitividad del mercado se manifiesta como un coste de alguna manera: la negativa a verter lodos tóxicos se manifiesta como una pérdida de cuota de mercado frente a los que sí lo hacen; el compromiso de utilizar insumos más seguros pero más caros se manifiesta como un aumento de los costes unitarios, etc. Así, los capitalistas sienten una enorme presión para ajustar su orientación normativa -sus valores, objetivos, ética, etc.- a la estructura social en la que están insertos, y no al revés. . . . Los códigos morales que se fomentan son los que ayudan al resultado final.
A menos que seas un psicópata, ser exorbitantemente rico suele implicar necesariamente dolorosas contorsiones del alma. En la medida en que es posible generalizar sobre un concepto vago y controvertido como la "naturaleza humana", hay algo profundamente antinatural en explotar y dominar a otras personas, al igual que es profundamente inhumano y antisocial que la mayoría de tus relaciones se definan por la proximidad al dinero.

Con la introducción de algo así como un impuesto global sobre la riqueza, los miles de millones no ganados por los superricos podrían redistribuirse para aliviar las cargas reales a las que se enfrenta la gran mayoría actualmente explotada por el capitalismo. Aunque sólo sea por eso, los de la primera categoría podrían pasar menos tiempo sentados en el diván del terapeuta." 
            

(Luke Savage  , JACOBIN,  29/11/21; traducción DEEPL)

30/6/17

Ilegales: 'Ser políticamente correcto es una muy mala costumbre que tienen muchos grupos del momento y de mi quinta, pues no sólo acaba con las libertades, sino también con la cultura y con todo.'

"Jorge Ilegal tardó en comerse a Jorge Martínez el mismo tiempo que le llevó triunfar en la música.

(...) Ilegales jamás se ha arrastrado por los escenarios.
Nunca hemos sufrido un declive. Después de miles de conciertos, quizás hayamos dado uno o dos malos. Porque hubo meses en los que tocábamos casi todos los días. Ese ritmo te enferma y tanto dinero termina jodiéndote. Por no hablar de las carreteras de la época, que eran matadoras y estaban hechas de puro tiempo. Eso acaba con las relaciones entre los miembros del grupo.

¿Cómo se sobrelleva el cansancio y la resaca?
Lo llevábamos fatal. En el libreto de Mi vida entre las hormigas hablo de los peligros que pueden hacer que no crees canciones, y uno de ellos es tener demasiado dinero. A veces, es necesario sabotear tu propia carrera. Llegó un momento en el que la pasta era muy tóxica para nosotros, porque nos distraía muchísimo y nos ponía al alcance de la mano cosas perniciosas para el grupo. El dinero no es tan bueno como parece y a nosotros no nos sentó demasiado bien.

Sin embargo, siempre respetaron el directo.

Los grupos eran muy precarios. Se miraban mucho al espejo y cuidaban sus ropas y peinados, pero luego no sabían tocar. Los Secretos se sabían los acordes y Nacha Pop y Radio Futura se defendían, pero después el nivel bajaba. El problema era que, aunque algunos tocaban mínimamente, no sabían sonar ni tenían conocimientos técnicos. Muchos eran más famosos que nosotros, porque salían en la tele, pero Ilegales éramos los que más vendíamos. Incluso llegamos a alquilar salas para organizar conciertos por nuestra cuenta. (...)

 ¿Lúcido después de tantos excesos?
La lucidez es una llamita inextinguible en medio del exceso, aunque hay momentos en que debes parar las máquinas, sobre todo si entras en coma porque te has pasado muchísimo. Es fácil ir hasta la muerte, porque estamos hechos para ello, pero el regreso de la muerte hasta la vida es difícil, porque no estamos hechos para regresar.

¿La ha visto de cerca?
Unas cuantas veces…  (...)

Siempre tuvo fama de repartidor de hostias. Las mejores, que diría Ordovás.
Bueno, algunas hostias sí que he dado, pero también he hecho muchas cosas buenas. Por ejemplo, he ayudado a muchos colegas, tanto en cuestiones técnicas como económicamente. Mira, no soy partidario de la violencia, pero de vez en cuando una hostia a tiempo soluciona el problema. (...)

 ¿Qué hizo con la pasta que amasó en sus años gloriosos?
Me lo gasté en guitarras, porque soy un apasionado de la música. Tengo todas las guitarras de mis sueños juveniles, un estudio, una casa en Oviedo y otro par en el campo, una pegada a otra para evitar que un vecino pijo me quiera cerrar el estudio. 

Me lo he gastado bien... ¿En droga y en bebida? Bastante, pero también he tenido la mala cabeza de dejar dinero a amigos que han tenido problemas y que no podrán devolvérmelo jamás. Pero he hecho bien: ¿para qué es el dinero, cojones? Yo creo que lo he gestionado correctamente.

Europa ha muerto fue una canción visionaria y muchas otras letras siguen vigentes y se ajustan a los tiempos (salvajes) que corren.
El truco es que la naturaleza del ser humano no ha variado en los últimos cinco mil años. La cultura en la que vivimos inmersos, que perdimos y luego recuperamos a través de la Escuela de Traductores de Toledo, se repite, al igual que el individuo. Las canciones de Ilegales entroncan con vicios y con querencias antiguas, por eso son tan certeras. 

Van en todos nosotros desde siempre, son inherentes a nuestra especie. Probablemente, dentro de cincuenta años sigan siendo actuales, mientras que el Sgt. Pepper's de los Beatles no lo era en 1967. No sé por qué hay un empeño tremendo en defender la contemporaneidad de sus canciones, cuando a nosotros entonces ya nos parecía música déjà vu. En fin, no sé por qué estoy hablando de esto...  (...)

Hoy algunas de sus canciones no serían bienvenidas por machistas, homófobas, violentas o no aptas para hippies.
Sí, porque se ha adocenado a la gente y porque los artistas no hemos ensanchado las fronteras de libertad, transgrediendo constantemente, algo que debería ser nuestro deber. Eso ha hecho que todos los biempensantes fueran constriñendo y menguando las libertades individuales y colectivas.

Bienvenido a lo políticamente correcto.

Ser políticamente correcto es una muy mala costumbre que tienen muchos grupos del momento y de mi quinta, pues no sólo acaba con las libertades, sino también con la cultura y con todo. Siempre hay un colectivo que se siente ofendido por cualquier tontería. Pues señores, oféndanse, porque eso significa que ustedes están vivos, pero la próxima vez háganlo por algo que no sea una gilipollez.

¿Le gustaría retirarse con Los Magníficos, su banda paralela de boleros, guarachas, joropos y chachachás? Casinos, verbenas, boîtes…

Es una banda interesante, pero en este momento tengo que ser tan honesto con ella como lo he sido con mi combo de siempre. Cuando la fuente dejó de dar música para Ilegales, el grupo paró. Ahora no tengo canciones para Los Magníficos, por lo que toca hibernar.

¿Le cuesta más hacer una canción redonda que cuando empezó?
No, ahora fluyen con más facilidad, pero me exijo más a nivel literario. Podría hacer canciones telegrama, como las de antes, pero prefiero que sean más literarias, aunque requieran un mayor esfuerzo. En fin, más que un compositor, soy un buscador de canciones.  

¿Le tiene miedo a la soledad?
Al contrario, la valoro muchísimo. La soledad es una forma de compañía. Para ver un cuadro de Velázquez —probablemente, el primer impresionista—, hace falta distanciarse un poco, una cierta perspectiva. Del mismo modo, la soledad también es necesaria para entender el mundo y la propia compañía."           (Entrevista a Jorge Ilegal, Henrique Mariño, Público, 19/06/17)



13/3/17

Los adictos a las compras sienten un placer al comprar equiparable al que produce el sexo

"Comprar es un acto habitual y diario en el ser humano, pero en algunas ocasiones, cuando se realiza sin control o de manera excesiva o compulsiva y sin necesidad, se puede convertir en un problema. Según un estudio del Hospital de Bellvitge (Barcelona), un 7% de la población española puede padecer este trastorno, y de ese porcentaje, ocho de cada diez son mujeres.

Según explica en un comunicado el psicólogo de Quirónsalud Campo de Gibraltar Ildefonso Muñoz, "el problema puede tener dos vertientes: por un lado la persona que experimenta un gran placer mientras compra y su cerebro libera una descarga de dopamina y endorfinas -las mismas sustancias que libera el cerebro cuando comemos chocolate o mantenemos relaciones sexuales, por ejemplo-; y por otro lado la persona que experimenta un malestar psicológico (e incluso físico) por no comprar y que únicamente puede evitar con la compra, es decir, el placer de comprar desaparece, algo que se puede diagnosticar como una adicción formal conocida como oniomanía".

"A la conducta compulsiva se llega a través del primer grupo de personas descritas", continúa Muñoz, "es decir, buscando la sensación de placer en las compras para compensar sensaciones desagradables de la vida diaria, como aquel que acude a la nevera y se da un atracón de comida".

En algunas ocasiones, la oniomanía suele ir asociada a otros trastornos psicológicos, como ansiedad, depresión, trastorno bipolar o trastornos de personalidad, aunque esta relación no se da siempre, ya que hay personas que sin ningún trastorno psicológico pueden presentar este problema.

Entre los síntomas para identificar la oniomanía están, entre otros, cuando las personas se sienten tristes, deprimidos o enojados y lo único que las calma es ir de compras; comprar con frecuencia cosas poco útiles, que después uno se arrepiente de haber adquirido; tener la casa llena de artículos que se han usado y que resultan inservibles; precipitarse a la hora de comprar porque se pueden controlar los impulsos; o del entorno familiar y de amigos llegan mensajes críticos por una desmedida afición a comprar. 

El especialista asevera que "debido a las nuevas técnicas de marketing que utilizan los centros comerciales, cada vez es más fácil caer en este problema, ya que determinados sonidos (música ambiente con bastante ritmo), luces, distribución de la tienda e incluso olores están estudiados minuciosamente para incitarnos a comprar, por lo que este problema está creciendo".

Recomendaciones para evitar comprar excesivas

Si las personas identifican estas características en su comportamiento a la hora de ir de compras, el psicólogo Ildefonso Muñoz recomienda, entre otros, algunos trucos que pueden resultar muy útiles como no utilizar tarjeta de crédito y llevar dinero en efectivo, para ser conscientes del importe que se gasta; hacer una lista con las compras que son imprescindibles; pasar un tiempo limitado en la tienda; antes de hacer la fila de la caja, hay que detenerse un minuto y analizar todo lo que se lleva en el carrito; o buscar un pasatiempo gratuito o barato para que comprar no sea el principal placer de su vida."                         (Público, 21/01/16)

9/9/10

"Dios nos creó para ser felices, no para sufrir"

"Hoy España le duele. No puede dejar de lamentarlo, él, un optimista. "Dios nos creó para ser felices, no para sufrir. Pues a ustedes los veo tristes, pese a tanta riqueza. ¿La crisis? Esta crisis es de ricos. A mis pobres les pilla ausentes. Están siempre metidos en ella. Pero tienen esperanza.

En el Norte sobran medios para vivir pero faltan razones para existir, mientras que en el Sur carecemos de los medios para vivir y sobran razones para existir". (NICOLÁS CASTELLANOS: "A ustedes los veo tristes pese a tanta riqueza". El País, ed. Galicia, última, 07/09/2010)