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28/12/16

El nacionalismo es un chollo, es el paraíso del imbécil. Nosotros somos estupendos y nuestros vecinos, unos cabrones. Lo que nos sale bien es porque somos de traca; lo que nos sale mal, porque el vecino nos tiene manía

"Es un libro melancólico por lo lúcido, aunque se valga de la ironía más tronchante como para disimular.

Un manual de antiayuda, un desafío al estado del sentido del humor patrio, una invitación severa al exilio interior del que una vez habló Miguel Salabert. Idiocracia. Cómo cargarse una democracia en sólo treinta años (EdicionesB, 2016) es el último libro del incansable Ramón de España, empeñado en hacer amigos en el infierno.

 Un análisis de las causas por las que la idiotez campa por sus respetos en determinadas esferas de la vida española y las razones que han conducido a que esa estupidez se vaya generalizando de forma alarmante. Por eso, cuartopoder.es no ha perdido la ocasión de preguntarle unas cosillas.

— La lectura de su tesis deja alguna víscera encogida: ¿Tan negro ve el panorama?

— Hombre, la cosa no pinta muy bien. El brexit, Trump, la eternización del PP por culpa de una oposición lamentable… Es como si tuviéramos prisa por llegar a las manos, como si echáramos de menos una guerra mundial…

— Dice usted que la idiotización creciente de la sociedad española procede de la funesta moda de la corrección política: producto USA por excelencia.

— La corrección política empieza bien: no podemos ir por ahí llamando a la gente “negro de mierda” o “maricón chupapollas”. Pero de ahí a vivir en el reino del eufemismo hay un largo trecho que no hacía falta recorrer. Yo no soy un hombre de visión alternativa, soy un cegato, ¡joder!

— Parecía imposible, cuando se empezó a decir “empleada de hogar” por asistenta, “persona con dificultad visual” por ciego o “movilidad limitada” por cojera, que se iba a llegar a aceptar elefante como animal de compañía o que Cataluña (y ahora también Andalucía) es una nación.

— El nacionalismo es la única ideología de otros tiempos que ha sobrevivido, probablemente porque es la más imbécil. Es fácil de entender: nosotros somos estupendos y nuestros vecinos, unos cabrones. Lo que nos sale bien es porque somos de traca; lo que nos sale mal, porque el vecino nos tiene manía. El nacionalismo es un chollo, es el paraíso del imbécil.

— Una vez que implanta la corrección política en todo el mundo, va EEUU y elige a Trump… Quien, por cierto cree en la idiocracia y de ella se ha valido para llegar a presidente.

— Es incomprensible que semejante tarugo haya llegado a la Casa Blanca. ¡Y ya le han dado los códigos nucleares! Eso es como darle un AK47 a un crío de diez años.

— Teresa May, a premier británica; Boris Johnson, el exalcalde londinense… tampoco se quedan cortos.

— La actitud británica ante el mundo cada día resulta más ridícula.
— Por otra parte, en España a menudo se confunde el hablar claro con el insultar, ¿por qué será?
— Por burricie y falta de argumentos.

— ¿Qué es eso del síndrome Puerto Hurraco?

— Nuestra tendencia legendaria a eliminar a todo el que no está de acuerdo con nosotros. Franco es un claro ejemplo de esa tendencia. Y los nacionalistas en general.

— ¿Es la corrupción el problema moral de España, el mayor de todos? (Y no me refiero sólo a la de los políticos).

— La laxitud moral está muy extendida, pero la de los políticos es la más evidente.

— Rigor intelectual y jerarquía moral son dos agentes que escasean entre nosotros, aparentemente, y usted dice que son dos aguafiestas de la idiocracia.

— Claro que lo son. Hay mucha gente que considera la burricie una cultura alternativa.

— Por eso insiste usted en que el desafío para anular la idiocracia está en la educación y la cultura: justo lo que suele quedar fuera de los ámbitos de poder, ¿por qué será?

— Yo solo aspiro a que la educación y la cultura se aborden algún día como en Francia, país que no pasa por sus mejores momentos, pero que sigue considerando esos temas como asuntos de estado.

— El relato final está inspirado en la película Idiocracy, en el que despierta usted de una criogenización de cien años para toparse con descongelados indeseables, ¿un ajuste de cuentas?

— No, exactamente. El libro empieza hablando de la película de Mike Judge y concluye con un homenaje a la misma. Quería acabar de manera humorística un libro que, pese al tono a veces jocoso, no se distingue por su optimismo.

— Se acaba de conocer la noticia de que una niña desahuciada por la ciencia médica ha conseguido, en Gran Bretaña, que se criogenice su cuerpo… ¿Habrá epidemia de cadáveres congelados de ahora en adelante?

— Yo solo espero a que descongelen a Walt Disney para decirle lo que pienso de él. Y créeme, no le va a gustar.

— ¿Se apunta a eso o prefiere usted asegurarse varias veladas con Pedro Burruezo para el resto de sus días?

— Los almuerzos con mi amigo el sufí me sientan muy bien: aunque siempre me lleve a un vegetariano, la serenidad que emana de ese hombre me dura toda la tarde.

— ¿Cuánto le paga usted a su guardaespaldas?

— Nadie me odia tanto como para tener que temer por mi vida. Estoy más acostumbrado al ninguneo, al “usted no existe y su libro nunca se publicó”.

— ¿Qué podría hacerle callar?

— Amenazas de muerte que no se producirán porque, como ya he dicho, yo no existo y mis últimos libros, los dos sobre el nacionalismo catalán y probablemente éste, nunca se han publicado."              (Entrevista a Ramón de España, Cuarto Poder, 28/11/16)

30/4/15

Las leyes fundamentales de la estupidez humana

"En 1988 el historiador y economista italiano Carlo Maria Cipolla publicó su obra Allegro ma non troppo en la cual realizó un análisis económico, demográfico e histórico sobre la estupidez humana. No fue su trabajo más formal, ni el que le dió mayor prestigio académico a su contundente obra (ver bibliografía completa), pero fue una muestra de gran originalidad y creatividad.  (...)

A continuación, una síntesis de su obra Allegro ma non troppo, tomada de la página de Eumed

Primera Ley Fundamental de la Estupidez Humana: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación

A primera vista esta afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Cipolla considera que por muy alta que sea la estimación cuantitativa que se haga de la estupidez humana, siempre quedaremos sorprendidos de forma repetida y recurrente por el hecho de que:
personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas;

día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.
La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las líneas que siguen se designará la proporción de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo σ.

Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.

No todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. Según Cipolla, el grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión. 

El profesor Cipolla realizó amplios estudios demográficos con muy diversos sectores de la población. Inicialmente afirma haber comprobado que entre los trabajadores "de cuello azul" existía una fracción σ de estúpidos y que esa fracción era mayor de lo que esperaba, con lo que se confirmaba la primera Ley. 

Sospechando que podía deberse a falta de cultura o a marginalidad social estudió muestras de trabajadores "de cuello blanco" y a estudiantes, comprobando que entre ellos se mantenía la misma proporción. Más sorprendido aún quedó al medir el mismo parámetro entre los profesores de universidad. 

Decidió por tanto expandir sus estudios hasta la élite de la sociedad, los laureados con el Premio Nobel. El resultado confirmó el poder supremo de la naturaleza: una proporción σ de laureados con el Nobel son estúpidos.

Tercera Ley Fundamental (o de Oro): Una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas. 


El análisis de costes y beneficios de Carlo M. Cipolla permite clasificar a los seres humanos en cuatro tipos de personas, cada uno de los cuales ocupa un cuadrante en un sistema de coordenadas. Si representamos en el eje de abcisas el beneficio, positivo o negativo, que obtiene el individuo y en el eje de ordenadas el beneficio (+) o coste (-) que causa a los demás, podemos definir y estimar las coordenadas de los siguientes tipos:
Desgraciado (D): aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás. Inteligente (I): aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás. Bandido (B): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás. Estúpido (E): aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo.

Distribución de Frecuencia

La mayoría de los individuos no actúa consistentemente. Bajo ciertas circunstancias una persona puede actuar inteligentemente y en otras actuar como desgraciado. La única importante excepción a esta regla es la de las personas estúpidas que normalmente muestran una fuerte tendencia hacia un comportamiento estúpido en cualquier actividad o empresa. 

Para los demás, podremos calcular su posición en el eje de coordenadas del gráfico 1 como una media de los resultados de sus acciones en términos de costes y beneficios causados sobre sí mismos y sobre los demás. Esta posibilidad nos permite hacer la siguiente digresión:

Consideraremos un "bandido perfecto" aquel que mediante sus acciones obtiene para sí mismo un beneficio igual al coste que origina en los demás. Es el caso del ladrón que roba a otro cien euros sin causarle ningún coste adicional. Esta situación puede ser definida como un "juego de suma cero" en el que el conjunto de la sociedad ni gana ni pierde. El "bandido perfecto" quedaría representado en el eje de coordenadas del gráfico 2 sobre la línea OM que bisecta el cuadrante B.


Sin embargo los bandidos perfectos son relativamente escasos. Es más frecuente que haya bandidos inteligentes (Bi) que obtienen más beneficios que los costes que causan, o bandidos estúpidos (Be), que para obtener algún beneficio causan un coste alto a los demás. Desgraciadamente los bandidos que permanecen por encima de la línea OM son relativamente poco numerosos. Es mucho más frecuente el individuo Be. Ejemplo de este último puede ser el ladrón que destroza los cristales de un coche para robar su radio o el que asesina a alguien para irse a pasar un fin de semana en Montecarlo.

El poder de la estupidez

Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un bandido. Las acciones de un bandido siguen un modelo de racionalidad. El bandido quiere obtener beneficios. 

Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener beneficios para sí procurando también beneficios a los demás, deberá obtener su beneficio causando pérdidas a su prójimo. Ciertamente, esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones con un bandido son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se puede preparar la oportuna defensa.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque:
generalmente el ataque nos coge por sorpresa.

incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.
El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Y hay que tener en cuenta también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es inteligente; el bandido es consciente de que es un bandido y el desgraciado incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez.

 Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.

No hay que asombrarse de que las personas desgraciadas e incautas, es decir, las que en los gráficos 1 y 2 se sitúan en el cuadrante D, no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. 

El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni los bandidos consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. 

Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de que, a menudo, tanto los inteligentes como los bandidos, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante tamaña situación de peligro.

Uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir la estupidez por la candidez de los desgraciados.

A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:
está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y

da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio.
A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables. 

 Macroanálisis y Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. Las consideraciones finales de la Ley cuarta nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones del bienestar individual. 

Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental. No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales, la Quinta es, de largo, las más conocida.
El corolario de la ley dice así:
El estúpido es más peligroso que el bandido.
La formulación de la ley y el corolario son aún del tipo "micro". Sin embargo, tal como hemos anunciado anteriormente, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro". Si todos los miembros de una sociedad fuesen bandidos perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. 

Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.


El gráfico 3 muestra un sistema de clasificación simple entre las acciones que causan beneficio o perjuicio a la sociedad como un todo. Toda actividad representable a la derecha de la línea NOM implica una redistribución con beneficio social neto, mientras que las actividades que caen a la izquierda o debajo de dicha línea implican pérdidas sociales netas.

El profesor Carlo M. Cipolla, erudito historiador que ha investigado intensamente la sociedad clásica romana, la sociedad medieval y muchas otras de la antigüedad, está perfectamente cualificado para afirmar, como hace, que el coeficiente σ es una constante histórica. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos.

Más aún: en las sociedades en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a σ; sin embargo, en el resto de la población Cipolla observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un elevado porcentaje de estupidez. 

Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los desgraciados incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción σ y conduce al país a la ruina."             (Tomado de Eumed.net      Más sobre Carlo Maria Cipolla , en Jaque al neoliberalismo,  25/04/2015)

14/1/13

Mundo animal... y estupidez humana

"Son a veces las noticias menores las que mejor retratan a una sociedad. Bajo el ruido miope de los indicadores financieros, murmuran pequeños síntomas que nos conciernen.

 Leo que, en el hipódromo de Manacor, un hombre mató a golpes a su caballo. Ese mismo caballo había obtenido hasta el momento 24 victorias y casi 6.000 euros en premios. Su dueño lo apaleó tras perder una competición que repartía unos 500 euros. 

¿A qué nos suenan estas cuentas? ¿Cuántos despidos fulminantes se han consumado en empresas que jamás contabilizan sus beneficios anteriores? «Pagaría por volver atrás», ha declarado el animal (no el equino) sobre su comportamiento.

 Muchos patrones y directivos se absolverían con esa frase, mientras sacrifican a su fuerza de trabajo por no hacerles ganar tanto como ayer. Al ritmo que galopamos, la asociación tiene muy poco de metáfora. 

Por cierto: en la carrera donde se produjo el apaleamiento, ningún apostante acertó el caballo ganador. "    (Microréplicas, 11/01/2013)