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21/6/24

Y en una década Internet se llenó de basura... Google es solo el caso más evidente: ahora cualquier búsqueda devuelve un aluvión de contenidos optimizados por razones e intereses muy alejados de la calidad. Pero pasa también con las otras grandes plataformas que primero se adueñaron de la Red, y ahora la han convertido en un vertedero de anuncios, datos en venta y contenido sin verificar... ¿Y por qué no nos largamos? “El drama es que somos rehenes, audiencias cautivas, confinadas en motores globales de extracción de datos y además creemos que ya no tenemos donde ir”... “Google, Facebook, Instagram, Amazon operan con un modelo feudal extractivo que solo existe para mercantilizar todo lo que hace que la vida merezca la pena: los lazos familiares, la amistad, el amor, la solidaridad. Son organizaciones sociópatas”

 "Cómo estará la cosa para que la American Dialect Society, una sociedad académica fundada en 1889 para el estudio del inglés hablado en Norteamérica, eligiera como palabra del año 2023 un término larguísimo, de difícil pronunciación, derivado de la malsonante palabra shit (mierda), que alude, precisamente, al proceso por el cual un ente —en este caso, las plataformas de Internet— acaban llenas de ídem.

La palabra en cuestión es enshittification. En español diríamos enmierdamiento, mierdificación; la editorial Capitán Swing, que publicará este año un libro sobre el asunto, aún se debate en cómo traducirla. Apareció por primera vez en noviembre de 2022 en el blog Pluralistic, del activista y escritor canadiense Cory Doctorow, quien la creó para describir el patrón de deterioro que hace de Internet un lugar cada vez peor. Doctorow describió una curva de decadencia en tres estadios: “Así mueren las plataformas: primero son muy buenas para los usuarios; luego abusan de ellos para favorecer a sus clientes comerciales; después abusan también de esos clientes para quedarse, finalmente, con todo el valor. Luego mueren. Yo lo llamo enshittification”.

Si cada vez te fías menos de los resultados de Google es justamente por su mierdificación, que Doctorow diagnostica en estado avanzado. No son percepciones, los datos lo demuestran. Un equipo de investigadores de las universidades de Leipzig, Bauhaus y ScaDS demostraron que “la calidad de Google había empeorado notablemente después de controlar 7. 392 consultas durante un año. En su trabajo Is Google Getting Worse? A Longitudinal Investigation of SEO Spam in Search Engines identificaron las tres causas: la abrumadora presencia de contenido optimizado para SEO, el uso generalizado del marketing de afiliados, una estrategia de plataformas como Amazon, que recompensa a las páginas de asociados por vender sus productos, y la cada vez más confusa línea roja entre el contenido real y el spam creado por granjas de enlaces. Algo que viene empeorando sustancialmente desde hace tiempo, y que tampoco es que haya mejorado desde que Google anunció el 14 de mayo la nueva generación de su motor de búsqueda impulsado por inteligencia artificial.

A lo largo de los años, los portavoces de Google siempre han negado que los clics de los usuarios influyan en el posicionamiento de las webs que aparecen en sus búsquedas, pero los 2.500 documentos internos del buscador filtrados la semana pasada sugieren exactamente lo contrario. Al igual que una demanda antimonopolio del Departamento de Justicia de Estados Unidos que reveló la existencia de un factor de posicionamiento llamado Navboost, que premiaba los clics de los usuarios antes que la calidad, para elevar el contenido de las búsquedas.

Hace unas semanas, el buscador respondía a la pregunta de cuántas piedras debíamos comer cada día, recomendando al menos una diaria de tamaño pequeño para mejorar la salud digestiva y aportar minerales como el calcio y el magnesio. El descubrimiento lo adjudicaba a un equipo de geólogos de la Universidad de Berkeley. La realidad era que su nuevo modelo de AI lo había copiado de un artículo de The Onion, un periódico satírico tan popular en Estados Unidos como lo es en España El Mundo Today. Cualquier búsqueda en Google hoy arroja basura digital, a menudo toda la primera página, que hay que saltar antes de que empiece a aparecer algo potable. En las webs tecnológicas se empieza a recomendar añadir a las URL la línea de código “&udm=14″ para sortear las respuestas basura generadas por inteligencia artificial. Otro truco que empieza a hacerse popular para mejorar los resultados arrojados por Google es añadir “before 2023″ (antes de 2023) antes de la búsqueda.

A lo largo de 2023, la palabra enshittificacion se escuchó en foros y conferencias, y la usaron tecnólogos como Tim Hatford y John Naughton para aludir a varias plataformas que degradaron sin pudor su función principal en pos de la monetización y las ganancias de sus accionistas. A inicios de 2024, la Academia consideró que era “un neologismo exitoso y memorable, con capacidad para adaptarse a una variedad de contextos, aunque su uso original fuera describir cómo se iba degradando nuestra vida online”.

El mérito de Doctorow, además del de inventar una palabra, ha sido socavar la idea de que la decadencia es resultado de las misteriosas fuerzas que mueven la historia. En lugar de abrazar la idea del caos y la entropía, el escritor prefiere explicarlo como un fenómeno diseñado por personas reales que toman decisiones y tienen objetivos específicos.

Para definir el estado actual de internet a Doctorow le gustar citar un tuit del programador Tomas Eastman (@tveastman) que se hizo viral en 2018: “Soy lo suficientemente viejo para recordar aquellos tiempos en que internet no eran cinco webs gigantescas, cada una llena de capturas de pantalla de las otras cuatro”. En un loable esfuerzo pedagógico, el escritor explica la enshittification de casi todo en un artículo publicado bajo licencia Creative Commons, a través de casos emblemáticos, desde Amazon hasta el otrora Twitter.

Empecemos por Amazon. Durante años operó con pérdidas, prácticamente todo lo que vendía estaba subsidiado. Si buscabas algo, Amazon hacía todo lo posible por ponértelo delante. En su artículo, Doctorow explica que ante tantas ventajas acabamos comprando todo allí, y como consecuencia muchas tiendas físicas cerraron. Luego llegó Amazon Prime y nos hicieron pagar por adelantado los gastos de envío de un año; Amazon se convirtió en la tienda para todo, y la plataforma comenzó a subsidiar a los vendedores, que alcanzaron audiencias enormes con comisiones muy bajas.

“Cada vez era más difícil comprar o vender cualquier cosa fuera de allí. Entonces, cuando tenían a todos, vendedores y compradores, atrapados por Amazon, cambió las reglas del juego y comenzó a desviar todas las ganancias a sus accionistas. Ahora, si buscas en Amazon una cama para gatos las primeras cinco pantallas “estarán compuestas en un 50% por anuncios y porquería inútil”, detalla el escritor.

En conversación con este diario, Doctorow confirma que no solo hemos perdido la confianza en las grandes plataformas ­—él sostiene que nunca tuvo demasiada—, sino algo más valioso: la fe. “Quizás nunca has creído que Google protegería tus datos pero esperabas que te diera buenos resultados de búsqueda. Ahora tenemos lo peor de ambos mundos: Google abusa de tus datos y además te muestra publicidad y contenido sintético en lugar de buenas respuestas. Facebook e Instagram comparten tus datos con terceros y, encima, en lugar de conectarte con tus amigos (que era su promesa y lo que hicieron en los primeros tiempos), te exponen a anuncios y a contenido promocionado. En resumen, ni confiamos ni creemos en las grandes plataformas”.

¿Y por qué no nos largamos? “El drama es que somos rehenes, audiencias cautivas, confinadas en motores globales de extracción de datos y además creemos que ya no tenemos donde ir”, dice Doctorow. La escritora irlandesa y experta en tecnología del futuro María Farrell describe las plataformas como “entornos altamente concentrados y controlados, similares a las granjas de cría intensiva de pollos”. “Google, Facebook, Instagram, Amazon operan con un modelo feudal extractivo que solo existe para mercantilizar todo lo que hace que la vida merezca la pena: los lazos familiares, la amistad, el amor, la solidaridad. Son organizaciones sociópatas”, explica por correo electrónico.

Para Farrell, “devolver la vida a Internet” es un reto “ecológico”. En abril de 2024, los navegadores de Google y Apple monopolizaban el 78% del mercado, y solo Google controlaba el 92% de las búsquedas globales, según Statista. “Así como necesitamos salvar la biodiversidad para combatir el cambio climático, necesitamos rescatar nuestra diversidad tecnológica y de infraestructuras para preservar nuestra libertad y construir y usar internet en nuestro beneficio”. Fa­rrell alerta en su e-mail: “Mientras los europeos dormimos, la infraestructura fundamental de internet —cables submarinos, satélites, fibra, etcétera— está siendo monopolizada por unas pocas empresas cuyo objetivo es controlar todas las comunicaciones durante el próximo siglo”.

Doctorow, a quienes algunos acusan de ser un activista radical, no se corta para advertir a los gobiernos de que el día que las plataformas colapsen —según su curva de enshittification pasará más temprano que tarde— “no merecen ser rescatadas sino evacuadas” con el menor daño posible para los usuarios. Un paradigma de abuso de una plataforma enshittificada que le gusta citar al escritor es el de la tienda de e-books de Microsoft, que cerró en 2019 y arrebató a todos sus usuarios los libros comprados a lo largo de varios años. Como por arte de magia se evaporaron cientos de miles bibliotecas en el mundo. Según Doctorow, Facebook o Instagram podrían dar un portazo un buen día y que las fotos más importantes de nuestras vidas se esfumen.

La sensación comienza a ser de estafa y trae “cierta saturación y hartura de lo digital”, observa Felipe Romero, socio de la consultora The Cocktail. Las cifras del informe global Digital 2023 avalan su intuición. En 2022 se registró por primera vez una caída del tiempo que pasamos en internet, a razón de 20 minutos diarios comparado con el año anterior.

Cuando Open AI anunció la salida al mundo de ChatGPT-4o, una interfaz digital que lo mismo suspira, susurra al oído, calma una crisis de ansiedad o se parte de la risa contigo, Sam Altman dijo Her —en referencia a la película de Spike Jonze de 2013— y fue como si leyera el pensamiento a media humanidad. Por lo que sea, Altman olvidó mencionar que aquella historia, sobre la relación entre un humano y la voz de un sistema de IA, no acabó precisamente bien para la parte humana.

Tras ese anuncio de Open AI, César Astudillo, asesor independiente de diseño e innovación, barruntó casi inmediatamente en X el riesgo de enshittification del nuevo invento. Para Astudillo no es casual que con la salida al mercado de GPT-4o también se anunciara que sería gratuito, concretamente para que los que ya estaban en ChatGPT. “Considerando el inmenso gasto que supone hacer funcionar estos modelos, OpenAI, que ya operaba con pérdidas en febrero, podría entrar en bancarrota con este acto de “generosidad”, ¿De dónde vendrán los ingresos?”, se pregunta en conversación con EL PAÍS.

¿Acaso estamos entrando en la fase de seducción tecnológica de la enshittification, aquella en que nos dan gratis o muy subvencionado un servicio? Astudillo recuerda el viejo adagio que desoímos una y otra vez al inicio de las redes sociales: “Si es gratis, entonces el producto eres tú”, y se pregunta si utilizará OpenAI el potencial persuasivo de su nuevo modelo o los enganches emocionales que podamos desarrollar con nuestros asistentes de voz para inaugurar una nueva era de la persuasión comercial. “En este momento es muy aventurado afirmarlo… pero los indicios se acumulan”, reflexiona.

De momento es gratis interactuar con un potente modelo de inteligencia artificial cuyo desarrollo ha costado muchos millones. ¿Por qué? Parece una buena noticia pero… puede que esta historia ya la hayamos vivido."                (Karelia Vázquez, El País, 09/06/24)

1/8/23

¿Cómo accedieron Meta y Google a datos fiscales privados? Las empresas de declaración de impuestos han estado compartiendo información confidencial de millones de contribuyentes con Meta y Google; algunas desde hace más de una década... Meta aseguró haber utilizado los datos para dirigir anuncios a los usuarios en sus plataformas y entrenar sus programas de IA

 "Uno podría pensar, o al menos esperar, que los datos confidenciales, como las declaraciones de la renta, se guardan con sumo cuidado. Hace unas semanas, supimos que las empresas de declaración de impuestos han estado compartiendo información confidencial de millones de contribuyentes con Meta y Google; algunas desde hace más de una década.

Las empresas fiscales compartieron los datos a través de píxeles de seguimiento que se utilizan con fines publicitarios, según reveló un informe de investigación del Congreso de EE UU el 12 de julio. Muchas afirman haber eliminado los píxeles, pero no está claro si algunos datos sensibles siguen en poder de estas empresas tecnológicas. Los resultados exponen los importantes riesgos para la privacidad que plantean la publicidad y el intercambio de datos. Por lo tanto, puede que los reguladores hagan algo al respecto.

¿Cuál es la historia?

En noviembre de 2022, Markup publicó una investigación sobre empresas de declaración de impuestos como TaxAct, TaxSlayer y H&R block. Se descubrió que estos sitios enviaban datos a Meta a través de Meta Pixel, un código informático de uso común que a menudo está incrustado en las webs para rastrear a los usuarios. La noticia dio lugar a una investigación del Congreso de EE UU sobre las prácticas sobre los datos de las empresas fiscales. Ese informe, publicado el 12 de julio, mostró que la situación era peor de lo que sugería el informe bomba de Markup.

Las empresas tecnológicas tenían acceso desde 2011 a datos muy confidenciales, como los ingresos de millones de personas, el importe de sus devoluciones de impuestos e incluso su estado de inscripción en programas gubernamentales. Meta aseguró haber utilizado los datos para dirigir anuncios a los usuarios en sus plataformas y entrenar sus programas de IA. Al parecer, Google no utilizó la información para sus propios fines comerciales de manera tan directa como Meta. Aunque tampoco está claro si la empresa utilizó los datos en otros lugares, según explicó un asesor de la senadora Elizabeth Warren a CNN.

 Los expertos afirman que tanto las empresas de declaración de impuestos como las tecnológicas podrían enfrentarse a importantes consecuencias legales, como demandas privadas, desafíos de la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) e incluso cargos penales del gobierno federal estadounidense.

¿Qué son los píxeles de seguimiento?

En el epicentro de la controversia se encuentran los píxeles de seguimiento: unos fragmentos de código que muchas webs incrustan para obtener más información sobre el comportamiento de los usuarios. Algunos de los píxeles más utilizados son los de Google, Meta y Bing. Las webs que utilizan estos píxeles para recopilar información sobre sus propios usuarios a menudo acaban compartiendo esos datos con grandes empresas tecnológicas.

Los resultados pueden incluir información sobre dónde hacen clic los usuarios, qué escriben y cuánto tiempo se desplazan. De este tipo de actividades pueden extraerse datos muy sensibles, que se utilizan para orientar la publicidad en función de los intereses del usuario.

Los píxeles permiten que las webs se comuniquen con los servicios de publicidad a través de diferentes páginas y dispositivos, de modo que un proveedor pueda aprender sobre un usuario. Esto es diferente a las cookies, que almacenan información sobre el usuario, su ordenador y su comportamiento en cada web que visita. 

¿Cuáles son los riesgos?

Estos píxeles de seguimiento están por todas partes, y muchos anuncios online se colocan bajo su directriz. Así, contribuyen al modelo económico dominante en internet, que fomenta la recopilación de datos en aras de la publicidad selectiva y la hiperpersonalización online. A menudo, los usuarios no saben que las páginas que visitan tienen píxeles. En el pasado, los defensores de la privacidad han advertido sobre los píxeles que recogen datos de los usuarios sobre el acceso al aborto, por ejemplo.

"Este ecosistema incluye todo, desde recolectores de datos de primera mano, como aplicaciones y webs, hasta todas las herramientas de seguimiento y píxeles integrados, intercambios de publicidad online, corredores de datos y otros elementos tecnológicos que capturan y transmiten datos sobre las personas. Incluidos aquellos datos sensibles sobre salud, finanzas y, a menudo, a terceros", respondió Justin Sherman, investigador principal de la Escuela de Políticas Públicas Sanford de la Universidad de Duke (Carolina del Norte).

"El hilo subyacente es el mismo: los consumidores pueden ser más conscientes de cuántos datos recopila de manera directa una web, app o plataforma, pero la mayoría ignora cuántas empresas operan entre bastidores para recopilar datos similares o incluso más datos cada vez que se conectan", concluyó Sherman"               (Tate Ryan-mosley , MIT, 01 Agosto, 2023)

17/1/23

Alfabetización algorítmica o la necesidad de repartir el poder... Al igual que saber leer y escribir fue fundamental para la autonomía personal o el ejercicio de la ciudadanía plena, en este tiempo en el que la inteligencia artificial estará en todas partes, la alfabetización algorítmica será la que nos permita seguir siendo libres.... De lo contrario, habrá dos clases de personas, los que pueden usar los algoritmos y los que son usados por ellos... La ciudadanía digital hacia la que caminamos requiere educarnos en este nuevo contexto en el que las frases han sido sustituidas por líneas de código... La sociedad ha de ser capaz de razonar sobre los algoritmos y sus procesos; evaluar su influencia, comprender el efecto que tienen en contextos sociales, culturales, económicos y políticos; y, en definitiva, hacer que la persona sea codecisora... Esto no va de aprender a escribir código, esto va de ser parte activa del diseño social que se está codificando en la tecnología.

 "Es muy complicado desenvolverse en una sociedad en la que los algoritmos cada vez están más presentes, si no somos capaces de comprenderlos. Y no me refiero a las tradicionales competencias digitales, ni tampoco a la programación avanzada. Al igual que saber leer y escribir fue fundamental para la autonomía personal o el ejercicio de la ciudadanía plena, en este tiempo en el que la inteligencia artificial estará en todas partes, la alfabetización algorítmica será la que nos permita seguir siendo libres. De lo contrario, habrá dos clases de personas, los que pueden usar los algoritmos y los que son usados por ellos.

La ciudadanía digital hacia la que caminamos requiere educarnos en este nuevo contexto en el que las frases han sido sustituidas por líneas de código. Los sistemas automatizados se extienden rápidamente. Cada vez deciden o influyen en más aspectos de nuestras vidas. Es un espacio aún opaco, invisible. Hay un desconocimiento generalizado sobre qué son, dónde se usan, para qué y cuáles son sus impactos. Tampoco hay, de momento, auditorías o estándares que garanticen su calidad. ¿Cómo puede una persona decidir si está de acuerdo con las reglas de decisión integradas en la inteligencia artificial que controla su vida sin comprenderla? La opinión pública y política se entera de su existencia cuando rompe el escándalo, como en el caso del gobierno de Países Bajos, condenado por vulnerar derechos humanos al utilizar un algoritmo contra sus propios ciudadanos.

Las cifras hablan por sí solas. Más del 90% de todas las búsquedas del mundo son a través de un mismo sitio: Google. Cada día miles de millones de personas se encomiendan a su algoritmo para todo. Es una calle de doble dirección, la web da información a cambio de nuestros datos ¿Somos conscientes? ¿Conocemos formas de protegernos? ¿Y de influir sobre el algoritmo? Si no se comprende su funcionamiento se puede terminar atrapado en una burbuja de preferencias en la que la visión del mundo se reduce progresivamente. Y lo que no necesitamos, precisamente, son más trincheras. Y qué hay de los modelos generativos de inteligencia artificial como ChatGPT que en cinco días consiguió un millón de usuarios -Netflix tardó más de tres años-. ¿Estamos preparados como sociedad para detectar aquellos contenidos que no se ajusten a la realidad? ¿Comprendemos, aunque sea de forma básica, cómo aprende este modelo?

 La alfabetización algorítmica puede definirse como la habilidad de ser consciente del uso de algoritmos en aplicaciones, plataformas y servicios en línea. Entender cómo funcionan, ser capaz de evaluar críticamente la toma de decisiones, tener las competencias para hacer frente a las operaciones algorítmicas o, incluso, influir en ellas. Recordemos que un algoritmo es un conjunto de reglas u órdenes cuyo uso se ha intensificado con la inteligencia artificial. De hecho, ya hay una generación que solo ha experimentado un mundo mediado por ellos y de alguna forma están siendo dirigido por los datos que estos recogen, ya que sus preferencias están condicionando lo que se les muestra en las pantallas. ¿Quién les ayuda?

Los algoritmos están por todas partes, están integrándose en nuestras actuales estructuras socioeconómicas y en otros aspectos de la vida cotidiana, incluido el trabajo académico. No es algo negativo, al contrario, su aplicación a gran escala ha tenido un efecto neto positivo. La gente puede ser más productiva, saber más sobre más temas que nunca, identificar tendencias o comprender mejor el mundo que les rodea. Estamos descubriendo nuevas formas de relacionarnos con nuestra creatividad y con el conocimiento gracias a los últimos avances generativos. Y solo va a ir a más. Por eso precisamente debemos tener las habilidades de conducción necesarias que nos permitan dominar la máquina y no al contrario. Es el momento de avanzar en el conocimiento de la tecnología y redistribuir con ello el poder que tienen quienes la controlan.

Como siempre, las escuelas y los centros de enseñanza tienen un papel fundamental. Hay que empezar por el principio. Privacidad y cómo manejar los ajustes para que la intimidad se preserve. Seguir por cómo nos informamos, cómo se busca; por qué ves lo que ves y el orden en el que lo haces. Sería interesante que los estudiantes reflexionaran sobre como investigan para aprender a ser más críticos y a dominar la intención en el proceso.

 La sociedad ha de ser capaz de razonar sobre los algoritmos y sus procesos; evaluar su influencia, comprender el efecto que tienen en contextos sociales, culturales, económicos y políticos; y, en definitiva, hacer que la persona sea codecisora. Debemos estar mejor equipados para una realidad en la que se delega en estos sistemas automáticos. En definitiva, la necesidad de una alfabetización algorítmica surge de la necesidad de repartir el poder. Los algoritmos, especialmente los que utilizan machine learning y deep learning, son complejos, opacos, invisibles, y protegidos por la propiedad intelectual, pero sobre todo, tienen consecuencias sobre la vida de las personas. El control lo tienen quienes los crean y despliegan, no quienes los utilizan. Y eso es lo que hay que cambiar. Esto no va de aprender a escribir código, esto va de ser parte activa del diseño social que se está codificando en la tecnología."                       (Lucia Velasco, El País, 16/01/23)

16/9/22

La inteligencia artificial (propiedad de Google), predice la estructura de todas las proteínas conocidas y abre un nuevo universo para la ciencia

 "Una inteligencia artificial propiedad de Google ha predicho la estructura de casi todas las proteínas conocidas; unos 200 millones de moléculas esenciales para comprender la biología de todos los seres vivos del planeta y los mecanismos de algunas de las enfermedades más prevalentes, desde la malaria hasta el alzhéimer y el cáncer.

“Este trabajo da inicio a una nueva era de biología digital”, ha celebrado Demis Hassabis, el experto en programación y neurociencia de 45 años que es el principal creador de AlphaFold, el sistema de redes neuronales que ha sido capaz de resolver casi por completo uno de los mayores problemas de la biología.

El británico Hassabis fue un talento juvenil del ajedrez y los videojuegos que en 2010 fundó Deepmind, una empresa volcada en crear una inteligencia artificial capaz de aprender como los humanos. En 2013, este sistema demostró ser mejor que cualquier persona jugando a videojuegos de la empresa Atari. Al año siguiente, Google compró la compañía por unos 500 millones de euros. En 2017, AlphaGo arrasó ante los mejores campeones de Go, el complejísimo juego de tablero asiático similar al ajedrez. Desde entonces, Hassabis volcó sus esfuerzos en un reto mucho mayor: predecir la forma tridimensional que tendrá una proteína leyendo únicamente su secuencia genética, escrita en dos dimensiones con letras de ADN.

Conocer la estructura tridimensional de estas moléculas a partir de su secuencia genética es esencial para entender su función, pero supone un problema de inmensa dificultad. Es como terminar un puzle con decenas de miles de piezas sin saber qué imagen representa.

Hasta la aparición de este sistema, dilucidar la forma de una sola proteína compuesta por 100 unidades básicas —llamadas aminoácidos— podía llevar 13.700 millones de años, la edad del universo. En el mejor de los casos, los científicos tardaban años usando microscopía electrónica o enormes aceleradores de partículas como el sincrotrón europeo de Grenoble (Francia). En cambio, el algoritmo de Google predice la estructura de cualquier proteína en unos pocos segundos.

“Este universo de proteínas” es “un regalo para la humanidad”, ha resaltado Hassabis durante la presentación de la nueva base de datos, durante una rueda de prensa celebrada el martes, junto a científicos del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), una institución pública que ha colaborado en el desarrollo de AlphaFold.

Antes de la llegada de esta tecnología, se había conseguido determinar la estructura de unas 200.000 proteínas, una labor que llevó 60 años y la participación de miles de científicos. Esa base de datos ha sido el material de aprendizaje de la inteligencia artificial de Google, que ha buscado patrones válidos que predigan qué forma tendrán las proteínas de las que solo se conoce su secuencia bidimensional. En 2021, el sistema ya resolvió la estructura de un millón de proteínas, incluidas todas las humanas. La nueva remesa de este año amplía el récord a 200 millones: prácticamente todas las proteínas conocidas de todos los seres vivos del planeta.

El acceso a esta nueva base de datos es libre y gratuito y el código informático de su inteligencia artificial es abierto y descargable. Este Google de la vida muestra la secuencia bidimensional de cualquier proteína y un modelo tridimensional que indica el nivel de fiabilidad de la predicción, que tiene un margen de error similar o incluso menor que los métodos convencionales.

Es importante tener en cuenta que AlphaFold no determina la realidad, sino que la predice. Lee la secuencia genética y estima cuál es la forma más probable en la que se configurarán los aminoácidos. La predicción tiene una alta fiabilidad, lo que permite ahorrar mucho tiempo y dinero a los científicos para hacer trabajos teóricos sin necesidad de usar costosos equipos para determinar la estructura real de una proteína hasta que sea absolutamente necesario.

Las aplicaciones de esta nueva herramienta son casi infinitas, pues las proteínas microscópicas están involucradas en cualquier proceso biológico imaginable, desde la muerte en masa de las abejas a la resistencia de las cosechas al calor, pasando por una infinidad de enfermedades.

 El equipo de Matt Higgins, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), ha usado AlphaFold como parte de su proyecto para desarrollar un anticuerpo —un tipo de proteína— capaz de neutralizar una de las proteínas esenciales para que el patógeno de la malaria pueda reproducirse. Dentro de años, este tipo de investigaciones podrían conseguir la primera vacuna altamente protectora contra esta enfermedad, pues impediría la transmisión del parásito de una persona a otra a través de la picadura de mosquitos.

Logros conseguidos

Otro de los hitos ya logrados es la estructura más detallada hasta la fecha de los poros nucleares, un complejo de proteínas con forma de rosquilla que es la puerta de entrada y de salida del núcleo de las células humanas y que está relacionado con un sinfín de enfermedades, incluidas el cáncer y las cardiovasculares. Esta nueva herramienta permite un acceso sin precedentes a entender “cómo la receta de la vida [escrita en el genoma] entra en funcionamiento al traducirse en proteínas”, explicó a este diario Jan Kosinski, investigador del EMBL coautor de este hallazgo.

Hassabis y el resto de responsables de Deepmind y el EMBL han asegurado que se han analizado los posibles riesgos que entraña publicar esta base de datos y hacerla accesible a todo el mundo. “Los beneficios son claramente superiores a las amenazas”, ha resaltado el creador del sistema, que ha añadido que en el futuro, a medida que se desarrolle esta tecnología, será la comunidad internacional la que deba decidir si debe limitarse su uso.

Una de las aplicaciones más tangibles es el diseño de moléculas a la carta que puedan bloquear proteínas nocivas o, mejor, modular su actividad, un efecto mucho más deseable en el diseño de nuevos fármacos, explica Carlos Fernández, científico del CSIC y líder del grupo de biología estructural de la Sociedad Española de Biología Molecular. Su equipo ha utilizado AlphaFold para dilucidar parte de la estructura de un complejo formado por varias proteínas esencial para la propagación del tripanosoma que causa la enfermedad del sueño que existe en países del África subsahariana.

Ahora quedan por delante años de trabajo para confirmar si las predicciones son correctas, explica el biólogo José Márquez, experto en estructura de proteínas del sincrotrón de Grenoble. “La próxima frontera será que AlphaFold pueda contribuir al diseño de fármacos bloqueadores de proteínas o activadores de ellas, un problema que ya están abordando”, explica. Otro escollo: el sistema no dice por qué una proteína obtiene su forma final, algo que puede ser esencial en la investigación de dolencias como el alzhéimer o el párkinson, relacionadas con un plegado incorrecto de las proteínas.

Alfonso Valencia, director de ciencias de la vida en el Centro Nacional de Supercomputación, habla de las carencias del sistema. “No todo está resuelto, porque AlphaFold solo puede predecir cosas que estén en el dominio de cosas conocidas. Por ejemplo, no puede predecir bien la estructura de un tipo de proteínas que protegen de congelación porque son raras y no hay muchos ejemplos en las bases de datos. Tampoco puede predecir la consecuencia de mutaciones, lo que es un punto muy negativo en medicina”, resalta.

También reconoce uno de sus puntos fuertes: que el código de todo el sistema es abierto, lo que supone que otros científicos pueden mejorarlo o modificarlo a su gusto, incluso si Google decide retirar el sistema de la red. “Es evidente que la gente de Deepmind está buscando ganar el Premio Nobel al actuar de esta forma tan transparente”, opina Valencia. “Por un lado, obtienen una gran imagen y una ventaja sobre sus competidores, como Facebook. Por otro, ya han sugerido que se reservan el uso privado de datos concretos sobre salud y para el diseño de fármacos”, añade."                 (Nuño Domínguez, El País, 28/07/22)

21/1/22

He mirado todos los datos que Google tiene sobre mí, y confirmo que es el Gran Hermano definitivo... Google sabe mucho más sobre mi que la propia Facebook... sabe por dónde te has estado moviendo... registrando cada parada que haces o cada establecimiento por el que pasas. Sabe tus rutas concretas... por ejemplo que este día que quedé con unas compañeras de trabajo en un mercado de Valencia, paré un minuto antes a sacar dinero en un cajero concreto y luego fuimos a este y otro sitio a tomar algo... saber dónde y cuándo sacaste las fotografías con tu móvil, y todo te lo va a mostrar de forma ordenada viendo cómo hiciste el camino y dónde hiciste las fotos... guarda un perfil con todos tus intereses... ¿sexuales, políticos, económicos? Es un suponer

 "Desde el escándalo de Cambridge Analytica en 2018, poco a poco todos nos hemos ido haciendo más conscientes de nuestra privacidad, y cómo las grandes empresas recopilan nuestros datos casi sin que nos demos cuenta. Ya no solo Facebook y las redes sociales, ya que hay otras empresas como Google que pueden recopilar muchos más datos sobre lo que hacemos cada día.

En parte, esto se debe a que es una empresa que ofrece una gran cantidad de servicios gratuitos que utilizamos casi sin pensar, y en otra, porque es la dueña de todo lo que buscamos en la red. Para hacerme una mejor idea de hasta dónde llega, he descargado todos los datos que tiene sobre mi y los he investigado para ver qué me encuentro. Y hay sorpresas que me llevan a la conclusión de que Google sabe mucho más sobre mi que la propia Facebook, como por ejemplo, por dónde he viajado y qué apps utilizo y cuándo.

 Algunos de estos datos los puedes encontrar fácilmente en algunas páginas de datos. Pero para otros, igual que hice con Facebook, he utilizado la herramienta Google Takeout para descargarme una copia de seguridad de todo lo que tienen sobre mí. Ya es bastante significativo que esta copia ocupe varios gigas. Algo que debes saber es que puedes configurarlo para que muchos de los datos que Google tiene sobre ti se autodestruyan cuando haya pasado determinado tiempo.

Una cosa que hay que tener en cuenta es que Google no tiene por qué estar vendiendo o revisando minuciosamente estos datos, aunque tampoco hay manera de asegurarse de que no lo hagan con alguno. Sin embargo, en algunos casos me parece excesivo incluso el simple hecho de que recopilen algunos de ellos. Para que sepas de lo que estoy hablando, aquí tienes una lista del tipo de datos personales que he visto que Google recopila.

Antes de empezar, he de decir que nosotros hemos realizado este artículo basándonos en la experiencia predeterminada de los servicios de Google. La empresa siempre te ofrece la posibilidad de eliminar ciertos datos o programar su eliminado recurrente para proteger tu privacidad. Podrás eliminar tu historial de búsquedas, de ubicaciones, y el de tu historial de actividades, aunque por defecto no está activado. Solo recuérdalo, nos basamos en la experiencia predeterminada, no en la definitiva.

 Dónde has estado en cada momento

 Lo primero que llama la atención al mirar los datos de Google, es que sabe por dónde te has estado moviendo. Por ejemplo, tiene una función de cronología en la que puedes ver yodos los movimientos que ha ido registrando sobre ti cuando tienes habilitado el historial de ubicaciones de Google Maps. Este suele estar activado por defecto en tus dispositivos, lo que quiere decir que si no cambias la configuración deliberadamente seguirá todos tus pasos a través de tu móvil, tableta o cualquier otro dispositivo con el que estés identificado con tu cuenta de Google.

Los datos además se te presentan de una manera de lo más visual. Cuando he entrado en la web, he podido ver un mapa sobre el que había varios puntos con todos los sitios en los que he estado. Hay algunos viajes que no ha ido registrando, posiblemente porque deshabilité esta opción en el pasado, pero con alguna u otra excusa como la de ofrecerte mejor información sobre los sitios en los que estás, Google siempre se las ha apañado para hacer que la vuelva a activar.

Aquí, aclarar que Google tiene herramientas para limpiar automáticamente el historial de ubicaciones de forma sencilla y de forma recurrente cada pocos meses. Sin embargo, en el caso de que no lo hagas, tus datos estarán expuestos.

 Arriba a la izquierda hay una pantalla en la que te muestra cuánto has caminado cada día, y si vas pinchando sobre los días va apareciéndote información sobre por dónde te has movido. No, esto no quiere decir que simplemente sepa que has salido de tu pueblo para ir a la ciudad de al lado, sino que va registrando cada parada que haces o cada establecimiento por el que pasas. Sabe tus rutas concretas.

Todos estos datos Google te los va presentando de forma ordenada y cronológica, mostrándote a qué hora has salido de un sitio, el medio de transporte por el que has ido y qué paradas has hecho. Sorprende la minuciosidad con la que Google lo registra todo, sabiendo por ejemplo que este día que quedé con unas compañeras de trabajo en un mercado de Valencia, paré un minuto antes a sacar dinero en un cajero concreto y luego fuimos a este y otro sitio a tomar algo.

 Además, en el caso de que te hayas ido de viaje sacando muchas fotos, Google también va a saber dónde y cuándo sacaste las fotografías con tu móvil, y todo te lo va a mostrar de forma ordenada viendo cómo hiciste el camino y dónde hiciste las fotos. Incluso distingue los trayectos que hiciste en coche y los que has hecho a pie. Esto lo hace utilizando los metadatos de tus fotos y cruzándolos con la información de ubicaciones que recopila.

 Y más allá de esta herramienta, con en la copia de seguridad de Google también me he encontrado otras sorpresas. Por una parte, hay una carpeta con un historial de ubicaciones, en la que puedes ver las coordenadas por las que te has movido en los últimos días y la manera en la que lo has hecho. Es como lo de Google Maps, pero con el código en bruto.

 También guarda las actividades que hayas registrado utilizando Google Fit. Aquí me he encontrado dos carpetas diferentes, una con todos los ejercicios que has hecho utilizando esta app, con horas y coordenadas, y otra con un archivo diario en el que se puede ver todos los movimientos agregados en cada momento. Da igual que lleves años sin utilizar la aplicación, ha registrado las pruebas que hice hace más de cinco años, o las los datos obtenidos de apps de terceros al vincularlas con el servicio.

Qué buscas y dónde entras en Internet

 Google también tiene una sección Mi Actividad en la que recoge y almacena todas las búsquedas que haces en Internet, así como el contenido que consumes dentro de portales pertenecientes a Google. Aquí no solo vas a encontrar las búsquedas hechas a través del buscador, sino las búsquedas realizadas en Chrome y tu Android.

La verdad es que al mirar mi cronología no he podido evitar sentirme un poco incómodo, sobre todo porque todos los datos están perfectamente organizados y van acompañados de enlaces. De esta manera, puedes saber que has buscado determinados términos y volver a pulsar sobre ellos para ver los resultados de búsqueda, pero también puedes saber qué perfiles de Twitter o Facebook has visitado o las páginas a las que has entrado.

 Además de esto, Google también recopila cuando utilizas otras plataformas como Stadia. Incluso si simplemente pulsas en el botón de Discover de la aplicación de Google para ver los temas que la propia Google considera importantes para ti, va recopilando cuáles son los temas sobre los que te ma mostrado información cada vez.

 Es más, dentro de algunas páginas también te dice en qué secciones has navegado. Por ejemplo, esta mañana he consultado mis feeds en Feedly, y me aparecen todas las secciones que he visitado. Esto se vuelve un poco más preocupante con el tema de los foros, ya que te dice el título de cada hilo que has visitado dentro de un mismo foro, e incluso te ofrece enlaces para volver a él.

 La web también registra cuántas veces utilizas cada aplicación móvil, e incluso en algunos casos como Just Eat también he visto los perfiles en los que he entrado dentro de la aplicación. Y lo que es peor, todos estos datos siguen apareciendo aunque borres el historial de Chrome. He probado borrar las páginas a las que he entrado hoy con el navegador, y estas seguían apareciendo en la página de My Activity.

¿Y qué implicaciones tiene esto? Pues no sólo que Google sabe exactamente TODO lo que haces en Internet si utilizas sus productos, sino que cualquiera que se ponga frente a tu ordenador va a poder saberlo, ya que al entrar a My Activity Google no pide que confirme mi identidad. Vamos, que si ya tienes la sesión iniciada por haber entrado en My Activity, no te la vuelve a pedir otra vez en las pruebas que hemos hecho. Te la pide cuando inicias sesión, pero luego puedes volver a abrir la pestaña y sigue ahí.

La parte positiva de esto es que puedes configurar una verificación adicional para Mi actividad, de forma que si estás compartiendo piso el historial de tu actividad no aparezca en el ordenador a no ser que hayas una verificación adicional de tu identidad. Sin embargo, tendrás que realizar esta configuración para protegerte, y esto no siempre todo el mundo lo sabe.

 Todo lo que subes a la nube, incluso lo que borras

 Es evidente que si utilizas la nube de Google, la empresa va a conservar todos los archivos que subes a ella. Y así lo he podido comprobar en la copia de seguridad de mis datos, donde en la carpeta Drive he podido ver todas las carpetas y archivos que tengo subidos a Google Drive. Eso sí, no he visto que estén los documentos compartidos conmigo.

Lo que sí había es algunos de los archivos que yo creía haber borrado de Google Drive. Al parecer, Google debe conservar algunos de ellos "por si acaso". Supongo que cubriéndose las espaldas por si quisieras recuperarlos a corto plazo.

Evidentemente, también hay una carpeta con todas mis notas de Google Keep, así como otra con todas y cada una de las fotos que he subido a Google Fotos. En este caso, por suerte parece que por lo menos las fotos que has borrado de la nube no sigue conservándolas.

 Actualmente tengo Google Fotos medio vacío, pero ahí he encontrado las fotos que tengo subidas ordenadas en una carpeta por cada año. Además de esas, también me he encontrado otra carpeta donde se guardan los momentos que crea Google Fotos a partir de lo que tienes subido.

Además, en la copia de seguridad también se pueden ver todos los correos electrónicos que se han enviado y recibido, incluso esos que hayas borrado ya o que se catalogasen como spam. Esto hay que "agradecérselo" a las interacciones con Gmail. Incluso están las firmas que tengo creadas en Gmail.

 Todos tus contactos telefónicos

Teniendo en cuenta que hasta Facebook lo hace, no es de extrañar que Google también almacene todos los contactos de tus móviles, de todos los móviles donde hayas utilizado tu cuenta de Google. En la carpeta Contactos, puedes ver la lista de todos los móviles que has utilizado, y en cada una de ellas hay una archivo con los contactos.

Se guardan todos tus contactos en un formato vcf que puedes importar fácilmente a cualquier gestor de correos. Lo más peculiar de esta carpeta es que también hay subcarpetas diferentes en las que se van almacenando las fotografías que les puedas haber ido asignando a cada uno de ellos.

Todas las apps que utilizas en Android y cuándo

A nivel personal, lo que más me ha impresionado de todo lo que me he encontrado es una cronología completa de cada aplicación que abro en Android. Está en la copia de seguridad de Takeout, en la carpeta Mi actividad. En ella hay varias carpetas con información, y en la denominada Android hay un archivo HTML con todo lo que hago en el móvil.

De esta manera, Google sabe por ejemplo que el día 2 de abril a las 15:11 abrí Telegram, y que sólo 11 minutos antes había abierto Slack. También sabe las horas a la que he encendido el móvil, cuándo he estado mirando fotos de la galería, cuándo se realizan acciones de mantenimiento del dispositivo o cuándo instalo una aplicación.

Google registra cuándo y a qué hora utilizas cada app de tu móvil Android.

Sinceramente, he encontrado una explicación para la mayoría de los datos que almacena Google, ya que al final es una empresa que ofrece servicios online, y tiene que manejar los datos de todo lo que hacemos en ello. Pero es que no me cabe en la cabeza la razón por la que Google necesite saber todo lo que hago en todo momento con mi móvil.

 Google también tiene un historial de aplicaciones con permiso de acceso a tu cuenta, al cual en este caso puedes acceder online sin tener que descargártelo. En él aparecen todas las apps a las que le has dado acceso a tus credenciales de Google, y te específica a qué tipo de datos accede cada una.

Esta lista sin embargo puede resultar bastante útil a la hora de cuidar un poco de tu privacidad, ya que te dice a qué tipo de datos tiene acceso cada una. Por ejemplo, Feedly sólo se lleva mi información básica de cuenta, mientras que he visto que algunos aparentemente inocentes juegos acceden a mi cuenta de Google Drive, de Google+ y Google Play.

Lo que haces en el resto de sus servicios

 Como he comentado antes, Google es una empresa que vive de sus servicios online, por lo que es lógico que guarden copias de lo que hacemos en ellas. Por ejemplo, aunque no son servicios que utilice hay carpetas de Android Pay, G Suite Marketplace, Google My Business o las transacciones de Google Pay Send. También he podido ver fichas de los libros comprados en Google Play Libros, aunque no los libros en sí, así como de mis pistas de Google Play Música.

Y un ejemplo en que da igual el tiempo que lleves sin utilizar una aplicación me lo he encontrado al ver que Google conserva datos de un blog que tuve hace años en Blogger. Concretamente está la plantilla del blog, así como las imágenes que utilizaba de portada.

Además, si utilizas o has utilizado Google Groups alguna vez, Google también mantiene una copia de tus búsquedas, o conversaciones de Hangouts, e incluso puedes ver los comentarios que has dejado en YouTube o tus mensajes en chat directo si llegaste a usar la característica. Esto se complementa con la web de Mi Actividad, tan minuciosa que incluso puedes ver los textos escritos en Google Translator o cualquier cosa hecha dentro de los servicios de Google.

De nuevo, aclarar que Google te va a permitir borrar los datos de búsquedas y de YouTube, pero que es una configuración que tendrás que realizar a mano. Por eso, es importante que si te preocupa tu privacidad gastes un tiempo en revisar todas las configuraciones.

Un perfil con todos tus intereses

 Y por último, Google también tiene un perfil con todos tus intereses. Este está orientado a los anuncios, por lo que es el que utiliza para mostrarte anuncios concretos que crea que pueden interesarte. Evidentemente, este perfil lo ha ido creando basándose en tus interacciones en la red, y en el tipo de contenido que sueles buscar online.

El perfil lo puedes ver AQUÍ. En mi caso he de decir que prácticamente acierta en los temas que me asigna, aunque también es verdad que son todos bastante genéricos. No tiene temas tan concretos ni tan minuciosos como los que me encontré al ver mi perfil de publicidad en Facebook, aunque también es verdad que el número de aciertos en los sugeridos es mayor.

 Además de los temas que me gustan, Google también tiene una lista con los que no. El único problema es que cataloga como que no me gustan muchos temas que sí lo hacen, o sea que algo tiene que está fallando. Supongo que esto se debe a algunos anuncios concretos que no me han gustado de temas que sí me interesan, que Google habrá pensado que al reportarlos como poco interesantes lo que no me gusta es su temática.

Google ofrece algunas soluciones

Antes de que terminemos, quiero aclarar que todo este artículo es para hablar sobre los datos que Google tiene sobre ti, y cómo funciona la exposición de tus datos en las configuraciones que vienen por defecto. Afortunadamente, Google tiene algunas configuraciones de privacidad con las que evitar, por ejemplo, proteger con una verificación extra el acceso a tu historial de actividad. No para que Google no acceda, sino para que otras personas en tu ordenador no lo hagan.

Y si no quieres que Google recopile tantos datos sobre ti, tienes la opción de programar el borrado automático de los datos de tu historial de actividad, así como el de Google Maps. Así, cada determinados días Google borrará estos datos y no te tendrás que preocupar de hasta qué punto va recopilando información sobre ti."                  (Yubal Fernández, Xataca, 18/01/22)

6/10/21

Escándalo en Google: así "espía" a millones de niños en el colegio y en su casa... los datos que Google acumula se guardan en perfiles atribuidos a cada estudiante y Google los utiliza para sus propios propósitos comerciales...

 "Los servicios del gigante de Internet se utilizan en colegios españoles. Recopila datos sobre la localización de los menores, las páginas web que visita, sus grabaciones de voz y su agenda de contactos.

 Google ha estado espiando a millones de niños y a sus familias en Estados Unidos y en España. Recopilando su información personal que incluye: "dónde se encuentran físicamente, las páginas web que visitan, lo que buscan en el motor de búsqueda de Google y los resultados en los que hacen click, los vídeos que ven en YouTube, su información personal de contactos, sus grabaciones de voz, las contraseñas que guardan y otra información sobre su comportamiento".

Estas duras acusaciones forman parte del escrito de imputación de 24 páginas que Hector Balderas, el Fiscal General de Nuevo México (Estado Unidos), ha presentado contra Google y al que PIXEL ha tenido acceso. 

 La acusación legal del fiscal de Nuevo México se muestra muy dura en su lenguaje. Acusa a Google de "espiar" y de tener "propósitos deliberadamente oscuros" a partir del uso de datos de niños con edades "tan tempranas como el jardín de infancia" y que no tienen "relación con los propósitos educativos".

En el documento se acusa a Google de haber vulnerado distintas leyes federales y estatales, además de saltarse sus propios términos de uso utilizando Google for Education, al que también nombran como G Suite for Education o, simplemente, Google Education en su escrito.

Google Education es un paquete de la multinacional norteamericana destinado a estudiantes de primaria, secundaria y estudios superiores que funciona como un campus virtual en la nube que incluye correo electrónico, procesador de texto, slides de presentaciones y hojas de cálculo, entre otros.

Reclamo de excelencia escolar en España

Google Education es utilizado por multitud de colegios en España (puedes consultar la lista completa en este enlace para buscar el colegio de tus hijos a partir de tu ciudad o del código postal de la institución educativa).

 Los centros de enseñanza españoles suelen publicitar su asociación con Google como un sinónimo de excelencia con el objetivo de captar más alumnado utilizando la etiqueta de "Google Reference School".

Sin embargo, es en Estados Unidos, el país en el que se ha iniciado el proceso judicial, donde ostenta una posición casi hegemónica en el ámbito educativo y se estima que se utiliza en la mitad de las escuelas del país.

 Según el escrito presentado por el Fiscal, en Estados Unidos lo emplean más de 80 millones de educadores y estudiantes en todo el País.

En la versión para España de su web, Google for Education presume de ser "compatible con el cumplimiento de rigurosos estándares" entre los que menciona a COPPA, la Ley de Protección de la Privacidad Infantil en Internet de 1998.

COPPA forma parte de la legislación norteamericana y el escrito de acusación de la fiscalía de Estados Unidos señala que la compañía norteamericana estaría vulnerando estas leyes al tiempo que asegura cumplirlas de forma engañosa.

Espionaje sistemático a padres e hijos

"A pesar de que Google Education se promociona a colegios, padres y estudiantes como una herramienta educativa gratis, el uso de Google Education y otros productos de Google tienen unos coste muy real que Google oculta a propósito", indica el fiscal en su escrito.

Asimismo, señala que "Google ha estado haciendo declaraciones y promesas para convencer a padres, profesores y personal escolar de que Google se toma muy en serio la privacidad de los estudiantes y que solo recoge datos relacionados con la educación de su plataforma. Además, Google ha anunciado y prometido públicamente que nunca minaría los datos de los estudiantes para fines comerciales".

Una serie de promesas que Google también recoge en su versión para España.

"Sin embargo", prosigue el escrito, "Google ha roto esas promesas y ha engañado deliberadamente a padres y profesores sobre su compromiso con la privacidad".

A continuación, la fiscalía enumera las formas que Google ha tenido de espiar a los niños de Nuevo Mexico y sus familias.

La mención específica a Nuevo México se debe a que esta es la jurisdicción a la que el fiscal Balderas está adscrito y por las que tiene potestad para reclamar legalmente a la empresa. Sin embargo, los procesos de recolección y tratamiento de datos de Google Education son globales.

Además de los datos reseñados en el primer párrafo, la fiscalía apunta que, hasta abril de 2014, Google también "minaba los las cuentas de email de los estudiantes, extrayendo información sobre ellos y sus datos con propósitos publicitarios".

Para la fiscalía, "Mientras que Google proporciona Googe Education como una herramienta benigna para responder a las escuelas faltas de recursos en todo el país, utiliza de forma secreta Google Education como una herramienta para monitorizar a los niños mientras buscan en internet, incluyendo las búsquedas que hacen en sus casas, en sus ordenadores personales, en sus teléfonos y en sus redes privadas".

Un espionaje que la fiscalía tilda de "especialmente preocupante" ya que los adolescentes recurren a Internet para buscar sobre asuntos sobre los que tienen miedo o vergüenza para preguntar a padres, amigos o familiares como información relacionada con la salud, educación sexual, consejos sobre dieta, como lidiar con el bullying, la ansiedad o la depresión entre otros".

De hecho, el propio Google prohíbe a los menores de 13 años abrir cuentas en sus servidores. Sin embargo, según la fiscalía de Nuevo México, Google emplea "Google Education para tener acceso y atesorar información" de los niños.

Google lo reconoció ante el Congreso

Para armar su escrito de acusación, la Balderas hace referencia a declaraciones que directivos de Google hicieron en comisiones de investigación del Congreso de Estados Unidos relacionadas con Google Education.

En este sentido, señala que "los datos que Google acumula se guardan en perfiles atribuidos a cada estudiante y Google los utiliza para sus propios propósitos comerciales, según reconoció la propia Google en un interrogatorio del Congreso sobre las practicas asociadas con Google Education".

A diferencia del contenido de las comisiones de investigación del Congreso y el Senado de España, las personas llamadas a declarar ante los comités del Congreso y el Senado de Estados Unidos están obligadas a decir la verdad so pena de prisión.

En caso de demostrarse que los comparecientes mintieron ante los representantes de la ciudadanía, no resulta extraño que acaben entre rejas. Recientemente se dio a conocer la condena contra Roger Stone, el asesor de campaña del presidente Trump, que fue condenado a 40 meses de privación de libertad por mentir ante el Congreso.

Perfiles familiares

Uno de los aspectos más preocupantes que está presente en la demanda es la capacidad de Google de relacionar los perfiles, y toda la información sensible que estos contienen, con las cuentas de los padres. Algo que sucedería de forma habitual cuando los padres ayudasen a sus hijos a hacer los deberes.

"A los estudiantes se les anima a conectarse a sus cuentas de Google Education en el buscador de Chrome los ordenadores personales de sus familiares. Cuando lo hacen, existe una opción para encender Google Sync y asociar el uso de datos de Chrome de la familia con el perfil de estudiante de Google Education, que asocia todavía más datos a su perfil de estudiantes", asegura el escrito.

 Unos perfiles que el propio Google publicita que seguirán disponibles incluso años después de que los chavales hayan terminado sus estudios.

"Además", señala la acusación, "una vez que los estudiantes están dados de alta en sus cuentas de Google Education, Google utiliza las cookies para identificar a los estudiantes y empieza a recopilar esencialmente todo lo que hacen en Internet".

Google responde a la fiscalía

Tras la publicación de este artículo, Google España se ha puesto en contacto con Pixel para responder a las acusaciones del Fiscal General de Nuevo México, Hector Bladeras.

"Estas alegaciones parten de hechos que no son ciertos. GSuite for Education permite a los colegios controlar el acceso a cuentas, y les requiere que busquen el consentimiento paterno cuando sea necesario. No utilizamos información personal de usuarios en las escuelas primarias y secundarias para fines publicitarios. Los colegios son los que al final deciden cómo sacarle el máximo provecho a Google for Education en sus aulas, y estamos comprometidos a trabajar con ellos", afirma Google.

 El pleito, que puede incluso durar años, se resolverá en un tribunal de Nuevo México (EEUU).

Llueve sobre mojado

De prosperar la acusación de la fiscalía de Nuevo México no sería la primera ocasión en la que Google acabaría condenada por recopilar y hacer uno uso indebido de los datos personales de niños.

En septiembre del año pasado, Google aceptó pagar una multa de 170 millones de dolares para zanjar un proceso que le acusaba de vulnerar leyes federales y del estado de Nueva York por recopilar ilegalmente datos de los niños que habían estado viendo vídeos en YouTube."                     (Daniel J. Ollero, El Mundo, 25/02/20)