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1/4/11

"Se asombraba... de que la maravilla coexistiese con el horror... somos conscientes de la matanza general que nos rodea y del encanto de Bach"

"Apreciaba especialmente la paradoja de que tanto yo, su traductor, como la mayoría de los jóvenes españoles que se interesaban por él fuésemos gente de la izquierda antifranquista.

Incluso le producía cierto asombro, porque para él la izquierda era un semillero de ilusiones vacuas y de un optimismo infundado -ese pleonasmo- de consecuencias potencialmente peligrosas, que había denunciado en Historia y utopía.

Y sin embargo le halagaba tan inesperado reconocimiento. En realidad el asombro nos aproximaba, porque a mí me dejaba boquiabierto que alguien pudiera vivir y demostrar humor (Cioran y yo nos reíamos mucho cuando estábamos juntos) con tan implacable animadversión a cualquier creencia movilizadora y tan absoluto rechazo a las promesas del futuro.

En cierta ocasión, tras haber demolido minuciosamente mi catálogo de candorosas esperanzas, me permití una tímida protesta: "Pero, Cioran, hay que creer en algo...". Entonces se puso momentáneamente grave: "Si usted hubiera creído en algunas cosas en que yo pude creer no me diría eso". Y acto seguido volvió a su cordial sonrisa habitual, ante mi desconcierto. (...)

Cioran permanecía en la tierra del asombro, perplejo incluso en sus negaciones y rechazos más viscerales. Nunca abrumaba con displicencia al creyente que balbuceaba frente a él, incluso parecía envidiarle a veces, aunque le cortaba decididamente el paso.

Se asombraba sobre todo de que en la vida la maravilla coexistiese con el horror, como ya señaló Baudelaire: somos conscientes de la matanza general que nos rodea y del encanto de Bach.

Sólo dos posibilidades permiten soportar los sinsabores de la existencia, ambas en permanente entredicho pero ambas también irrenunciables: la posibilidad del suicidio y la de la inmortalidad. Cioran permaneció siempre entre ambas, escéptico y atónito." (Fernando Savater: Un hombre asombrado... y asombroso. El País, 30/03/2011, p. 40)

"Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones"

"- Vida. "El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única, en realidad".

- Humanidad. "Amar al prójimo es algo inconcebible. ¿Acaso se le pide a un virus que ame a otro virus?".

- Dios. "Una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día".

- Muerte. "La naturaleza, buscando una fórmula para satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie".

- Amistad. "Con la edad lo que más se teme es que los amigos nos sobrevivan".

- Literatura. "Toda literatura empieza con himnos y acaba con ejercicios".

- Relativismo. "¿Qué sería de nuestras tragedias si un insecto nos presentara las suyas?".

- Filosofía. "Para poder vislumbrar lo esencial no debe ejercerse ningún oficio. Hay que permanecer tumbado todo el día, y gemir".

- Pueblo. "Un pueblo no representa tanto una acumulación de ideas y teorías como de obsesiones".

- Religiosidad.

"Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones".

- Tiempo. "No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas, lo cual vale más que tratar de llenarlas".

- Autodefinición. "Soy un filósofo aullador". (Aforismos de Cioran. El País, 30/03/2011, p. 40)

28/2/08

El nihilista y su polla

“P.- Sabemos bien qué es el fanatismo religioso, pero ¿qué es hoy el nihilismo?

R.- Como sabrá, nihil en latín significa nada, así que los nihilistas, para mí, son las personas que no creen en nada, que no respetan nada, que no tienen ni valores, ni principios, ni ideales. Hay un novelista, Michel Houellebecq, un autor con talento aunque bastante sórdido y antipático, que me parece interesante porque hace una descripción nihilista de una sociedad nihilista. En su última novela, por ejemplo, el personaje principal, que es el propio autor o al menos se le parece mucho, dice (es una expresión vulgar; lo siento mucho): “A mí sólo me interesa mi polla, nada más”. Un nihilista es eso: alguien al que no le interesa nada más que su pequeña trivialidad, sea el sexo, el dinero, el lujo. Lo que nos tiene que dar más miedo es que no tengamos nada que poder oponer al fanatismo de unos y al nihilismo de los otros.” (André Compte-Sponville: “La economía de mercado no es suficiente para crear una civilización”. El País, ed. Galicia, El País Semanal, 24-02-08, p. 41)